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EL OJO IZQUIERDO

Chile: tendencias complejas. Coyuntura y perspectivas.

Patricio Quiroga Z.

Introducción. Este documento tiene por objeto contribuir a la reflexión/discusión en un momento


internacional, latinoamericano y nacional muy complejo. Los problemas de la guerra (Siria), los
golpes de Estado blandos (Brasil), la diferencia de ingresos (Chile), son algunos de los problemas
que afectan a la humanidad. Se trata, entonces, de una contribución orientada a como aportar para
resguardar la sobrevivencia del planeta, a meditar sobre las tendencias en la región y desencadenar
la discusión sobre el Buen Vivir para Chile. El norte de esta comunicación es poner el tema de la
crisis planetaria que se vive, advertir sobre la mercantilización de la vida social, incentivar la disputa
sobre relaciones sociales basadas en la reciprocidad, ayudar a la recuperación de los vínculos entre
los seres humanos y la naturaleza, de construir una relación entre territorios y democracia directa.
En fin, se trata de desplegar un debate que tenga como foco recuperar el humanismo, enterrado por
el mercado.
Pero esto no es todo, vivimos una crisis civilizatoria que se está ahondando y que por ahora tiene
dos salidas.
Por un lado, se contempla el incremento de la guerra. En efecto, es posible que la guerra en Oriente
Medio se expanda por el conflicto entre Irán e Israel y que también llegue a Venezuela. Ahora bien,
estos peligros no se producen por un choque de civilizaciones, ni por el altruismo de reponer la
democracia, se trata de lo que se denomina como la acumulación-militarizada, es decir, una salida a
la crisis de la economía-mundo, a través de la inversión en medios militares, la destrucción de fuerza
viva del enemigo e infraestructura y la consiguiente reconstrucción de los territorios asolados. Así se
salió de otras crisis de acumulación, solo que hoy se considera como guerra, o parte de esta, el
enfrentamiento con el terrorismo, las drogas, las deportaciones de migrantes, la vigilancia fronteriza,
la construcción de prisiones, etc.
La otra vía de salida, es ahondar en la especulación financiera. Los efectos de la recesión 2014-
2016 tenderán al agotamiento luego del repunte de 2017 y probablemente 2018. Pero los riesgos
financieros están aumentando por la reaparición de la inflación, la debilidad del mercado de bonos y
el caos del mercado bursátil. La baja de intereses hace que la productividad esté en caída y vaya
acompañada con la profundización del desempleo estructural, por lo que la desigualdad seguirá
creciendo. Aunque lo fundamental es que se viene una nueva oleada de especulación financiera,
sostenida en los avances tecnológicos que se prevé podría reemplazar muchas de las actuales
fuentes de trabajo.
Chile. Tras la derrota de la Nueva Mayoría, se ha producido una inflación de notas en las redes
sociales, abundantes, por cierto, de lamentos, recriminaciones y mucha frase pomposa. Pero ya

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pasado el vendaval es necesaria la reflexión, partiendo por recopilar la información y procesarla
antes de emitir juicios apresurados, se trata de buscar la explicación con toda la carga de pena y
frustración que significa que muchos compatriotas modestos hayan optado por Piñera. Incluso habrá
que preguntarse, ¿por qué miles de chilenos humildes votaron por la salida extremo-neoliberal?,
¿por qué, miles de chilenos, abandonaron la reforma que ofrecía la Nueva Mayoría? El tema
entonces, no es recriminar, sino tender una mano con una invitación creíble, es decir, un nuevo
proyecto de país.
Perspectiva difícil porque, por ahora, no se cree en las propuestas de los derrotados.
Más aún, la opinión pública percibe un derrumbe sin autocrítica. Lo que ve es una democracia
cristiana dividida, al borde del colapso y sin proyecto. Ve un PC estancado, con poco trabajo
territorial y sin proyecto, ve al PS como la sumatoria de fracciones institucionalizadas, adscrito al
neoliberalismo financiero, afectado por el narcotráfico y sin proyecto; ve al Frente Amplio intentando
organizarse. En este campo el PPD vendría a ser la suma de todos los miedos. Pero, a pesar del
inmovilismo de los partidos, y de la clase política, con errores y matices se ha construido una
sociedad sólida y estable. La macroeconomía funciona (aunque millones no la comparten), la
democracia, que técnicamente es una poliarquía (casi democracia), funciona y avanzó con el cambio
del sistema electoral. Las relaciones internacionales son normales. No hay terrorismo ni grupos
paramilitares de derecha operando y las organizaciones y los partidos de la futura oposición tienen
un arma sólida en el reconocimiento y en la mantención de la vía político-institucional. Incluso siendo
extremadamente crueles, podríamos decir que ahora administrarán y conducirán el sistema sus
“propios dueños”.
Pero tras estas constataciones se esconde la posibilidad de que la derecha, aprendiendo de sus
errores, consiga quedarse más de un período en el gobierno. Esa será la carta que jugará a
sabiendas del estado de postración, fragmentación y desideologización de la izquierda.
¡Es lo que hay que enfrentar!
La derecha. Este es un buen momento para el credo derechista, aunque podría verse aún más
favorecido en el largo plazo.
En primer lugar, por los errores de la Concertación que parten de un acuerdo mantenido en el
tiempo. Como es sabido, para posibilitar la transición, debió renunciar a una política comunicacional
propia. No fue todo, a poco andar terminaron asfixiando a sus propios medios de comunicación, así
fue como desaparecieron, diarios (La Época), revistas (Apsi) y se transfirieron o vendieron radios
(Corporación). Al abandono de la política comunicacional se agrega, por diversos motivos, la
cancelación de la reflexión teórica al interior de los partidos, como asimismo la formación política,
reemplazadas por el pragmatismo-operativo. Súmese el poco apoyo a las ciencias sociales en las
universidades y la supresión (hasta hace poco) de la formación ciudadana en los colegios y se
comprenderá como el conocimiento para la acción política se descompuso. De esa manera al
abandonarse el campo ideológico-cultural se tornaron, con el correr de los años, difusos los
contornos que diferenciaban a izquierdas y derecha preparándose la derrota.
El peso de la noche neoliberal, de una u otra forma, envolvió a los analistas de la NM.
Acostumbrados a mirar la superficie no lograron ver las corrientes internas. Ni los observadores de
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los partidos, ni los analistas de Palacio, lograron percatarse que desde su salida del gobierno, para
posicionar su futura candidatura, Piñera comenzó a poner en ejecución un plan comunicacional que
durante cuatro años se dirigió a desmoralizar a las huestes de la NM, mostrando un panorama
deprimente del país, estrategia acompañada del quiebre de la imagen presidencial.
Simultáneamente ese sector se concentró en la arquitectura de un nuevo discurso. Finalmente, en la
construcción de una nueva visión de país, ha logrado unificar a diversas corrientes provenientes del
liberalismo, del nacionalismo, neoliberales, integristas y grupos autoritario-militares; sectores a los
que se suman las diversas representaciones del empresariado.
El nuevo relato tiene campo abonado por los años de abandono ideológico de la izquierda, lo que
seguramente posibilitará la irrupción de un autoritarismo social, que sin abandonar la legalidad,
oriente su norte a la expulsión de las mayorías del precario contrato social de la sociedad chilena, a
través de la eliminación de derechos sociales, políticos, económicos y culturales en un agudo
equilibrio entre democracia y autoritarismo. Probablemente, el nuevo gobierno, intentará arrasar con
parte de las precarias conquistas sociales, la composición del nuevo gabinete con figuras
neoliberales extremadamente ideologizadas lo confirma. Aunque este desmontaje podría ser
gradual, porque saben que para mantener sus niveles de riqueza y evitar la movilización y la
protesta deben reformar el sistema, no obstante convivir con el pinochetismo, el racismo y la
manipulación del miedo. Y para imponer gradualmente su modo de vida, jugarán la carta de la
unidad nacional, para a través del consenso llegar a acuerdo con sectores vacilantes y neoliberales
de la maltrecha Nueva Mayoría. Ahora bien, en todo caso, es poco probable una regresión
autoritaria como la que se vivió. La sospecha es más grave, porque la expansión por la vía del
convencimiento de la visión-de-mundo de la derecha, podría terminar por captar a la mayoría por
largo plazo.
Los fríos datos marcan una tendencia preocupante, el nuevo gabinete demuestra que el próximo
presidente articuló un proyecto de gobierno, sustentado en un acuerdo con las dos vertientes de la
derecha: la política y la económica; renunciando a su anterior propuesta de fortalecimiento de una
derecha liberal. Sobre la base de esta unidad, a la que se suman pinochetistas y ultranacionalistas,
aspira mediante la teoría del crecimiento económico, base a su juicio, de la creación de empleos, a
ejercer el poder por ocho años. Dicho en otras palabras, el nuevo gobierno está decidido a
profundizar el neoliberalismo, aumentar las ganancias y forzar a un mayor “chorreo” para lo cual
existe la acumulación de la sobreexplotación por casi 45 años.
La tendencia internacional también le es favorable. La crisis del sistema-mundo se intenta remontar
con más neoliberalismo y específicamente con una combinación de medidas económicas
(alargamiento de la vida laboral), mensaje cultural (pos verdad), violencia destructiva de carácter
militar (guerras en Oriente Medio) y destrucción del medio ambiente. Además, ya es una tendencia
aceptada reconocer que la economía mundial funciona lentamente y que permanentemente se está
descubriendo como hacerla funcionar. La situación tiene además correlato con el resurgimiento de la
extrema derecha en Europa (Austria, Alemania, Holanda, Francia) y en Argentina, Brasil, Colombia
y Perú. En Brasil acompañada por un golpe blanco y en Venezuela con un cerco mediático y una
posible invasión.

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Si estos factores continúan combinándose y sin repuesta, es posible que tengamos gobiernos de
derecha dura para más de cuatro años.
El cuadro interno. En el contexto señalado anteriormente, la perspectiva es favorable para la
derecha, por lo cual es necesario ubicar los factores que permitieron su triunfo… ¡idealmente, para
no repetirlos!
Entre estos se registran las querellas al interior de la alianza de gobierno, la ansiedad por ocupar
cargos de representación, la tardanza en ungir al candidato, la no realización de primarias y por lo
tanto la no participación en la franja electoral, la falta de conducción del gobierno, la disociación
entre el candidato y los responsables del área económica, la inercia sustentada en la sobre
satisfacción de las realizaciones, el interés personal por sobre el colectivo (en la primera vuelta los
dirigentes que eran candidatos no estuvieron presentes en la campaña), la decepción que produjo la
irrupción del tema narcotráfico en el PS y la participación en el mercado de capitales, la falta de un
programa coherente con las aspiraciones de los electores en temas como el de las AFP y otros, el
empleo de un lenguaje equivocado (“meter la mano al bolsillo”), la falta de mística movilizadora, la
burocratización partidista (lo que chocó con la independencia del candidato) y los errores pos-
primera vuelta (permanecer en lo institucionalizado sin hacer concesiones al Frente Amplio). Por otra
parte, el miedo a la rebaja del status, la campaña del miedo y la poca oferta laboral, sellaron la
suerte.
Entre otros factores debe tomarse en cuenta el abandono del rol mediador del PS. La derrota de
Lagos fue un momento rutilante, si se quería levantar un nuevo proyecto-país. Pero no fue más que
una maniobra-operacional de tres “lotes” del socialismo para desplazar al proyecto y actores por
actores sin proyecto. Aquí estriba la responsabilidad principal, porque esa operación, no obstante
mantener la representación parlamentaria, impidió las primarias y la participación en la franja,
produjo el alejamiento de la DC y condujo a candidaturas paralelas para la presidencial y
parlamentarias. A través de una maniobra-operacional, se desplazó un proyecto que, aunque
insuficiente, estabilizó al país, e incluso obligó al primer gobierno de Piñera a permanecer dentro de
los márgenes del neoliberalismo corregido. En suma, no obstante el malestar ciudadano, se persistió
en la mantención del modelo…y tampoco se hizo caso de la progresiva pérdida de votación durante
años.
Por otra parte, al no haber una postura sobre las transformaciones mundiales, se generó una severa
incomprensión de los cambios producidos en medio de una crisis civilizatoria. La permanencia por
tanto tiempo en el gobierno de la Concertación/Nueva Mayoría, rutinizó su mensaje, permaneciendo
en categorías y conceptos propios de los primeros años. Esto le impidió ver, que su propio cuerpo
de ideas, se transformó en pensamiento universal. Pero al carecer estas ideas de profundización y
renovación fueron tomadas por todos los actores del sistema político y por la ciudadanía en general.
Dicho de otra forma, en tiempos de crisis civilizatoria, viejos conceptos propios de la izquierda,
pasaron a ser parte del acervo de la derecha, desprovistos de su contenido original. Este descuido,
impidió ver que la derecha se había apropiado del discurso de la izquierda, sin posibilidad alguna de
ser contrarrestado por el abandono teórico que se había experimentado anteriormente. Un ejemplo
de esto es la utilización del concepto “Funa”, empleado para denunciar a quienes cometieron delitos
que conculcaron los derechos humanos.

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El extravío teórico. No obstante sus errores, la Concertación/Nueva Mayoría logró estabilizar el
país, insertarlo en los mercados mundiales y mediante la teoría del crecimiento y los mecanismos
del “chorreo”, evitar la protesta por la abusiva mala distribución del ingreso. Pero cegada por sus
logros y por el apego al poder, olvidó la importancia del factor ideológico y sus consecuencias,
siendo el más importante de estos, el no haber dimensionado el significado y la consecuencia
política y cultural del neoliberalismo.
Necesariamente, para resituar el problema, hay que retrotraerse a la historia, un aspecto de la vida
social un tanto desconocido para las nuevas generaciones que actúan hoy-y-ahora.
En circunstancias muy complejas, como fue el de la transición institucional, había poco espacio para
reformas profundas ante un poder militar intacto y con apoyo civil. Por eso se negoció, pero esa
negociación contenía el germen del conflicto. El precio, fue el abandono del Programa de la
Concertación, el denominado “Programa Olvidado”. La salida fue apresurada porque la transición a
una nueva etapa de desarrollo del capitalismo, ya la habían iniciado los militares y sus asesores
civiles. La fase abierta en el gobierno de Aylwin, pese a declaraciones y enmascaramientos
(supuestamente la suya fue una economía social de mercado), admitió las propuestas
fundamentales de la Escuela de Chicago, pasando por alto que esta se basa en la tesis de que los
precios están determinados por la cantidad de dinero circulante en el mercado, que las ventajas
comparativas deben regir las relaciones comerciales, que la economía debe tolerar el juego oferta-
demanda, que había finalizado la industrialización quedando trunca. Como si fuera poco se olvidó,
que fueron reducidos los salarios y los sueldos, que el país se abrió al capital extranjero sin
condiciones, que se inició el desarrollo de un fuerte sector financiero y que se liquidaron las reformas
económicas y sociales.
Así, en el convencimiento que no existía otra alternativa (idea puesta por los neoliberales), se inició
la transformación ignorándose las otras dimensiones de la decisión.
En este caso no se advirtió la dimensión de la ideología, concepto que permaneció en el olvido por
un cuarto de siglo, reducido a polvo ideológico al irrumpir el concepto sobre-ideologización
(proveniente del ultra nacionalismo). Al tomarse la economía como una ciencia cerrada en sí misma,
se perdió de vista la totalidad de la sociedad; la apostasía de la izquierda a la dimensión ideológica y
cultural terminó por sellar el camino. La renuncia a la teoría social crítica (en cualquiera de sus
dimensiones), debilitó al proyecto nacional-popular. Al olvidar a viejos y nuevos autores, como
Gramsci y Althusser o Zizek y Harvey, que recomiendan no descuidar el rol de los aparatos
ideológicos de Estado (medios de comunicación, escuelas, es decir, las instituciones que forjan la
opinión), despojó al subalterno de mirada crítica y relegó el tema del sentido común. Autores no
marxistas, pero de mirada crítica como Düssel, desde la filosofía de la liberación, recomendaban lo
mismo. Incluso Bourdieu fue más allá, recomendando enfrentar el sentido común del grupo
dominante, confrontando frases como, “mano dura, no es la falta de trabajo sino la flojera, todo está
mal nosotros lo compondremos, los ricos tienen la plata cuidémoslos, etc.”
Dicho de otra manera, la izquierda gubernamental contribuyó al adormecimiento social, dejando el
campo ideológico para que el sentido común del capitalismo neoliberal, se trasformara en sentido
común incluso de la izquierda.

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El abandono de la reflexión teórica posibilitó la expansión de la violencia simbólica; una forma sutil e
inadvertida de violencia, que permitió la colonización mental del otrora subalterno, es decir, de
aquellos ciudadanos que luchaban contra el sistema con un proyecto de sociedad. Así, miles de
dominados adhirieron al orden establecido, incluso sin darse cuenta asumieron gustos y
modales…cambiando incluso el lenguaje, olvidando que la palabra no es neutral. La otra parte de
este cambio dramático, es que desde la colonización de la mente se está produciendo el
disciplinamiento social que conduce a un extremo individualismo, hecho que hizo germinar un nuevo
tipo de ciudadano dispuesto a votar por los dueños de Chile, perdiéndose por esos vericuetos la
presencia del sujeto histórico, es decir, del actor de cambio de un determinado período, reemplazado
ahora por una poco estudiada clase media, alejándose las posibilidades de la emancipación popular;
en circunstancias que la libertad de mercado terminó concentrando el poder
económico/político/simbólico, generando una creciente incompatibilidad entre neoliberalismo y
democracia; tendencia que de no tener contrapeso acrecentará el despotismo histórico de la
derecha.
Entonces, el neoliberalismo no fue la solución a los problemas de Chile. Los teóricos de la transición
(Boeninguer, Foxley), al parecer vieron solo una cara de la medalla… la del funcionamiento del
sistema económico. Pero existía un trasfondo no contemplado por el reduccionismo economicista y
que surgió al cabo de varias décadas. En otras palabras, las ventajas obtenidas en el plano de la
economía por la derecha, por la vía de la manipulación (pos verdad), el control (de los aparatos
ideológicos) y la colonización (de la subjetividad), han puesto en tensión la profundización de la
democracia y traen de vuelta la práctica autoritaria apoyada por ahora, por la “mano invisible” de la
violencia simbólica. El tema entonces, es como enfrentar esta grave perspectiva, habida cuenta que
esta no es una simple alternancia en el poder, sino un proyecto de largo plazo que puede hacer
desaparecer lo que queda de izquierda.
La recomposición universal. Por lo expuesto más arriba, también debe explorarse el tema de las
crisis del capitalismo contemporáneo.
En efecto, salvo contadas excepciones, la intelectualidad de izquierda/centro izquierda/progresista
(?) se alejó del tema internacional y lo entregó a especialistas, desapareciendo la temática de la
recomposición mundial del capitalismo (iniciado en 1974). Una omisión grave en circunstancias que
durante décadas se había debatido sobre el carácter de la época, una discusión fundamental en
plena guerra fría. Aún más, un sector mayoritario de esa generación concluyó que el desplome del
capitalismo era inminente, que este estaba en su última fase y que se vivía “bajo las condiciones de
una transición universal del capitalismo al socialismo a escala mundial” (E. Correa). Por entonces no
se vislumbró que el sistema había entrado en una depresión cíclica (1968-1974), que finalmente
llevó a la cancelación de la fase del capital monopólico. En otras palabras, en coincidencia con los
golpes de Estado en Chile y Argentina, el capital monopólico cedió espacio al financiero. Fueron los
años en que el sistema-mundo cambió, pero esto no estuvo en el centro de la reflexión de las
direcciones de la izquierda de antaño.
Lo que se perdió de vista no es menor, porque desde mediados de los años setenta, fueron
derrotados todos los movimientos de contrapoder en América Latina (modernización desarrollista,
estrategias político-institucionales y procesos guerrilleros); contexto en que surgió un nuevo tipo de

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Estado, el Estado de excepción, que barriendo la democracia preparó el camino para la
recomposición. Además, en otras latitudes, doblegado el movimiento obrero (Inglaterra), se
expandió la revolución neoconservadora por Europa y luego por Asia, compitiendo así tres modelos
que llevaban en sus alforjas, la recomendación neoliberal y la hegemonía del capital financiero. En
los ochenta se produjo una coyuntura inversa, mientras la economía norteamericana se estabilizaba,
luego de una fuerte recesión, la crisis de la deuda se enseñoreó en América Latina. Así
Norteamérica en 1992 logró tomar el camino del crecimiento, pero ese impulso fue gracias a una
creciente burbuja especulativa que finalmente condujo a la crisis a México, Turquía, Rusia, Brasil,
Argentina, a los “tigres asiáticos”, etc. En otras palabras, la recomposición no se estabilizaba, porque
no había crisis globales, sino dificultades ubicadas geográficamente. Pero fue un efímero sueño, la
crisis de las subprime en 2008 desató un nuevo vendaval que tres años más tarde llegó a Europa
afectando la economía global, tendencia profundizada desde 2015.
Años después, aún estamos pagando las consecuencias de la obsecuencia. La crisis de 2008 se
enfrentó con capitales estatales (apalancamiento) y con profundización del modelo neoliberal,
garantizando los “derechos” del 1% de la población mundial; dicho en otras palabras, la situación fue
sorteada afectando a los “de abajo”, aunque sin lograr restablecer la rentabilidad del capital,
quedando espacio libre para nuevas crisis. Diez años después la situación sigue siendo compleja y
aunque los especialistas del FMI vaticinan un crecimiento estable, otros auguran una recesión
mundial en los próximos cinco años. Aún más, de acuerdo a sus cálculos la probabilidad sería del
70%. La economía norteamericana que mostraba signos de recuperación (en los parámetros
neoliberales), se debilitará con los acontecimientos que se han producido en Medio Oriente, con las
recientes tendencias inflacionarias, con el posible reventón bursátil y el del mercado de bonos.
Hipótesis.- En fin, a todo nivel el panorama es sombrío. China se ve más promisoria, pero sin
alcanzar los niveles de hace unos pocos años, aunque la penetración en los mercados con
tecnología de punta y la ofensiva financiera que iniciará con los Petroyuanes, la seguirán
fortaleciendo. Que la tendencia no es halagüeña, lo muestra que Japón aún está en contracción y
que en Alemania (según Der Spiegel) está reapareciendo la pobreza. Por otra parte, la guerra,
entendida como un mecanismo de acumulación económico, con diversas variables, se extiende. A
la desmembración de Estados (Libia, Irak) se suman ahora las guerras olvidadas (Yemen), la
transformación de territorios en zona de desolación (Afganistán) y las guerras étnicas de la
decapitación masiva (República Democrática del Congo), etc. Todo un festín para los capitales que
operan con comodities, para los que intervendrán en la reconstrucción y para la industria de
armamentos.
En fin, nuestra hipótesis es que en los últimos cien años el sistema-mundo experimentó tres
grandes crisis (1874-97,1929-46, 2008?), las dos primeras fueron sorteadas con cambios en la
modalidad de desarrollo del capitalismo, en tanto, la tercera aún es incierta, porque con el paso del
tiempo no ha logrado superarse y pareciera estar guiando a la humanidad hacia su holocausto. He
aquí el desafío de pensar desde donde no hemos pensado. Las dos primeras crisis trajeron brutales
consecuencias, tanto para la región como para nuestro país. Ahora bien, a nuestro juicio la tercera
crisis no ha logrado estabilizarse viviéndose bajo las condiciones de crisis intermitentes, por una
sencilla razón: no logró cerrar el ciclo prosperidad/recesión/depresión/recuperación, quedando
abierto el camino a una sucesión de crisis. De la última caída de la tasa de ganancia, el sistema aún

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no se recupera y está saliendo de ella con más neoliberalismo. Es decir, la combinación entre el
capital financiero, la guerra, la depredación de la naturaleza y la expansión de la naturalización de
las formas de vida neoliberales.
La tarea entonces, es reflexionar sobre como contribuir no solo al cambio mundial, sino a evitar la
destrucción de un planeta al borde de una nueva guerra mundial; además de otras carencias como
el agotamiento del agua, un efecto terrible anticipado por la ciencia ficción y que ahora se hace
realidad en Sudáfrica. Al igual que las economías nacionales, que dependen de una economía-
mundo, los países dependen de un sistema-mundo, lo que implica el esfuerzo de comprender en
forma interrelacionada las fases de desarrollo del capitalismo histórico y hacer la tarea desde Chile.
El gobierno que viene. Si el nuevo gobierno no logra éxitos arrolladores desde un principio, podría
ser un gobierno de transición hacia un nuevo espacio político. En ese caso, antes de entrar al nuevo
espacio, lo que seguramente predominará son cuatro años de probable inmovilismo y de guerrilla
parlamentaria. Por ejemplo, en el caso de un supuesto acuerdo entre NM/DC/Independientes/FA,
podrían sumarse los votos de 24 senadores y 83 diputados; cifra que solo alcanzaría para leyes
simples. En el senado, leyes de más envergadura requieren de 25, 26 y 29 votos. Para leyes
orgánicas o reformas en la cámara de diputados se requieren 89, 93 y 103 votos, lejos de los 79
que tendría ese hipotético conjunto. Por su parte, para Piñera, será más complejo porque tiene 19
votos en el senado y 72 en la cámara de diputados, lo que no alcanza ni para una ley simple.
Aunque, probablemente la última palabra la podría tener la DC, independientes y descolgados.
Por lo tanto, no estamos solo ante un nuevo ciclo, sino probablemente ante el inicio de un cambio
de período histórico, mediado por un periodo transicional (2018-2022). Los ciclos marcan momentos
de continuidad, los período marcan rupturas trascendentes. Pero estos no se incuban solos, tienen
etapas de maduración. En fin, estamos pasando de un momento apacible a otro en que todo se
acelerará y en que probablemente aparecerá un sujeto de cambio movilizando a la sociedad y
probablemente ocupando la calle para hacer sentir su voz.
Ahora bien, para continuar con esta previsión de acontecimientos, debe despejarse un tema clave, el
de la transición. La transición a un nuevo modelo de desarrollo capitalista la condujeron los militares
y sus colaboradores civiles, estrategia favorecida por la recomposición universal. La transición a un
nuevo estadio de desarrollo capitalista, entonces, la iniciaron los militares jugando un rol de primer
orden el Estado de Excepción que perduró entre 1973-1990. Luego vendría la transición a la
democracia con P. Aylwin a la cabeza, fase que ha dado lugar a numerosas polémicas respecto a su
extensión. Desde nuestro particular punto de vista, a diferencia de lo que opinan numerosos
analistas, lo que terminó con el reciente triunfo de la derecha no es la transición, la transición a la
democracia se produjo con el cambio de un gobierno militar autoritario con apoyo de civiles a un
gobierno democrático liberal, dejando para una fase siguiente la eliminación de los enclaves
autoritarios (1990). Ahora bien, esto fue posible por la aplicación del modelo sociológico
funcionalista. Por su parte, las políticas de la Concertación/Nueva Mayoría consolidaron (con
correcciones) ese modelo culminando con la aparición de un nuevo Estado en Chile. Se trata de un
Estado neoliberal en lo económico, acompañado en lo político con la aparición de una poliarquía
(casi una democracia, pero no una democracia sustantiva/plena) y conservador en lo cultural

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Entonces, lo que está a la orden del día no es el fin de la transición, ni el inicio de una II transición,
como ha sido planteado recientemente, sino, ¿el cambio de Estado? Claro, solo la historia dirá qué
tipo de Estado emergerá; pero, ese es un dilema aún no resuelto.
Cambio de Estado. El tema del cambio de Estado es algo normal desde un punto de vista
histórico. Sociológicamente corresponde a las necesidades de cambio en sociedades que requieren
expandirse y a las que la sociedad anterior les quedó estrecha. El problema reside en el ámbito
político, porque cualquier tipo de Estado representa intereses y esos intereses se convierten en
oposición a la transformación. Es lo que explica los conflictos del cambio del Estado excluyente
(1880-1920), las tensiones que mostró el Estado “gelatinoso” (1920-1938) y su transformación en
capitalismo de Estado (1938-1973). En otras palabras, el Estado no es inmutable y puede y debe
transformarse cuando ha cumplido una etapa; siendo el indicador del cambio la exigencia de la
mayoría de la sociedad que mostrando el malestar que la corroe demanda la transformación. El
Estado, entonces, es una forma de organización transitoria y dependerá de la fuerza del subalterno
su cambio y trasmutación en otro tipo y forma.
El Estado, filosóficamente hablando, es una categoría que cambia permanentemente. Ahora bien,
en Chile hemos experimentamos varios cambios en el siglo XX, algunos convulsos. Pero el
momento más terrible en que se empleó la violencia aniquiladora fue en 1973, prolongada hasta
1989. El resultado fue una dictadura, que desde un Estado de Excepción (1973-1990), que emergió
de la reacción capitalista ante la posible transformación, en sentido socialista, posibilitó la aparición
del Estado neoliberal. Ese Estado, favorecido por la recomposición universal del capitalismo, es el
lugar en que en trance de agotamiento, se iniciará una gran pugna durante los próximos cuatro años.
Ahora bien, esto da lugar a una hipótesis que debe perfeccionarse, porque deja en entredicho la
exigencia de una mera lucha contra el neoliberalismo, exigencia que nos llevaría ¿a donde?, ¿a la
reconstrucción del capitalismo de Estado?, ¿a un neoliberalismo con “rostro humano”?… ¿a una
nueva forma de Estado capitalista?, o ¿simplemente a lo que exigen vastos sectores socialistas
como es la construcción de un Mundo Posible para el Buen Vivir?
Como es sabido, numerosos personeros han asumido una cruzada contra el neoliberalismo, ¿pero
basta ésta sola exigencia?, ¿no es el neoliberalismo una fase en el desarrollo del capitalismo?
Entonces, ¿no habrá que retomar una visión más amplia, que tiene que ver con la teoría de la
existencia del capitalismo histórico?, es decir, con una trayectoria que proviene desde los siglos XV
XVI, y que ha ido atravesando por distintos momentos históricos, para solventar sus crisis de
crecimiento. Pareciera entonces, que la exigencia anti neoliberal, se inscribe en la reforma posible y
no el cambio sistémico y profundo, que se requiere para llegar a un estadio más avanzado de
convivencia humana como sería un Estado de derechos sociales (diseño que aún no está).
En suma, una ofensiva y alianza anti neoliberal, debería entenderse como una propuesta para
enfrentar el gobierno que se viene encima, a condición de proyectarla como una lucha anti
capitalista. En otras palabras, lo que sigue estando en el horizonte, es la confrontación con el
capitalismo, cuya fase actual es el neoliberalismo. En el inicio de esta lucha están las exigencias de
derechos universales y de igualdad de oportunidades, en educación, salud, vivienda, empleo,
satisfacciones culturales, así como el combate a la discriminación racial, a la extrema pobreza, la
dignificación del rol de la mujer y la defensa de quienes emigran buscando una mejor calidad de

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vida. Para esto, Chile lo tiene todo, pero debe disponer de sus recursos desprivatizándolos para
garantizar los derechos sociales. Insistimos: en educación, salud, vivienda, seguridad social,
reponiendo –además- los derechos de los trabajadores. Dicho de otra manera, se trata de asegurar
un buen pasar para todos.
Ahora bien, no se trata de proponer la construcción de un Estado socialista en la hora presente, pero
sí de recordar que en 1938, la fuerza del Frente Popular logró sentar en la mesa de negociaciones a
la derecha, para iniciar la industrialización y por ende la construcción de una nueva forma de Estado
que mejoró la condiciones de vida de amplios sectores (Capitalismo de Estado).
La “familia” socialista. ¿Podrán los socialistas ponerse a la altura de estas demandas? Pregunta
gravitante porque hace ya largo tiempo que sus direcciones se distanciaron de los principios
proclamados en su acta de fundación (1933).
Con el correr de los años, se produjo la pérdida del horizonte de lucha contra el capitalismo histórico,
leyéndose la realidad del Chile profundo en clave capitalista. Sin embargo, esta es también una
gran oportunidad para un debate franco, con el objetivo de recuperar el sitial de izquierda.
Favorecería esta posibilidad; i) el declive de la estrategia DC/Renovación que se impuso por treinta
años; ii) la cuasi desaparición del pensamiento ortodoxo; y, iii) la falta de programa y proyecto.
Entonces, este es también el momento ideal para colaborar con la construcción de una fuerza de
cambio en la que confluyan todas-las-izquierdas, por-la-izquierda. Chile lo necesita y la vía político
institucional lo permite, además, no somos un país en crisis, por lo tanto, hay tiempo político antes
que el vendaval arrase, ¿pero lo permitirán los apetitos personales que necesitan del cascaron
socialista para sus objetivos?
Aunque una propuesta de esta naturaleza debe tomar en cuenta que el socialismo, progresivamente
abandonó la teoría crítica del conocimiento, se acercó a la socialdemocracia, se alejó del
latinoamericanismo, olvidó a S. Allende, perdieron la relación con los movimientos sociales e
hicieron suyo el credo neoliberal (intentando reformarlo). Todo esto los llevó a perder su vigencia
histórica, es decir, la representación de los sectores más postergados. Acto seguido, transformado
en un partido compuesto por militantes-fichas, se convirtió en una organización al servicio de los
intereses personales de los dirigentes de una diversidad de fracciones, incluidos los sectores de
izquierda. Así, el partido abandonó la decisión-discutida y fundamentada por la maniobra-política de
corto alcance. Bajo estas condiciones se comprenderá que la legalidad partidaria es una fachada
para legitimar la opinión y decisiones de los “barones” invitados a la mesa del confite.
La actuación del socialismo entre los Comités Centrales de enero de 2017 y enero de 2018 así lo
confirma. Los acuerdos tendenciales pasaron por alto las resoluciones de un Congreso y dos
Comités Centrales, en el sentido de llamar a Elecciones Primarias para llenar los cargos de
representación, luego en medio de trifulcas entre ellas mismas, voltearon la candidatura de Lagos,
proclamaron - sin programa - a Guillier; mientras tanto las tendencias se repartían proporcionalmente
los cupos parlamentarios, sin incidencia ni de la ciudadanía ni de la militancia. Pero esto no es todo,
ya pronto explotarían varios escándalos graves; a saber: las trampas en el reclutamiento de la
militancia, la compra de votos para los cargos del Comité Central, la participación en el mercado de
capitales, y la presencia de la narco-política. Mientras tanto, se seguía perdiendo apoyo ante una

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militancia estupefacta, que en un par de años vio cómo su coalición perdió el soporte de 900.000
compatriotas.
El resultado fue la pérdida de las elecciones presidenciales.
Bajo estas circunstancias es posible que se establezcan cuatro vías para resolver los temas de
futuro; a saber, i) la-respuesta-desde-el silencio, ii) la posible izquierdización-oportunista, iii) la salida
socialdemócrata, y iv) el reclamo desde las bases. La respuesta-desde-el-silencio, es ya una vieja
táctica conocida y practicada a todo nivel, las cosas quedan inmóviles y como están, porque el
reclamo se termina disolviendo en el aire, como está ocurriendo. La izquierdización-oportunista es
muy posible porque viene una oleada de reclamos y perfectamente la actual dirección, podría
ponerse a la cabeza por la izquierda, en este caso tendría que optar entre una opción de cambio o
movilizar al socialismo para que nada cambie y mantener las cuotas de poder. La salida
socialdemócrata es muy posible porque une centro e izquierda y mantiene el statu quo. La
movilización desde las bases, podría revertir la tendencia, pero es también la más difícil de las
probabilidades, dado el control del aparato partidario por las tendencias.
Ahora bien, también es posible que se produzca una combinación de estas posibilidades. Pero sea
cual sea, esta es una inmejorable oportunidad para revisar una serie de tópicos, en la perspectiva de
afinar el análisis para enfrentar lo que viene. Políticamente sería útil, examinar las responsabilidades
en la toma de decisiones sobre el tipo de transición que se experimentó y sobre todo del Estado que
emergió. Ideológicamente sería útil, examinar el abandono del ideario socialista y la consiguiente
entrega de la hegemonía cultural. Orgánicamente sería útil, examinar la transformación del partido
en caja de empleo, la mutación del militante en militante-ficha y la irrupción del individualismo
aspiracional. Internacionalmente sería útil, examinar la inserción de Chile en el sistema-mundo, lo
que implica ir más allá de la integración en los mercados.
Esta podría ser la gran tarea de la actual dirección, pero ello demanda democracia interna. Ahora
bien, este no es solo un procedimiento orgánico, la democracia tiene un sustento fundamental en los
partidos políticos; pero ¿puede haber democracia si los partidos políticos no la practican? El partido
político, se entiende, debe ser una escuela de democracia para contribuir a su profundización en la
sociedad y proyectar cambios; pero ¿qué pasa si el partido no es democrático? El resultado no es
otro que la pérdida de vigencia, la transformación en una orgánica de clientela y la conversión en
una empresa de administración de aspiraciones personales.
Esa exigencia debería estar en manos de la Izquierda Socialista, pero como toda fuerza emergente
está afectada de tensiones que aún debe depurar: nepotismo, fraccionalismo interno, personalismo,
carencia de proyecto, falta de audacia, silencio ante el tema de la autodeterminación de los pueblos,
silencio ante situaciones complejas al interior del propio PS; además, algunos sectores, sin
dimensionar el peso de su derrota, han responsabilizado al FA de la debacle, en tanto, otros intentan
convertirse en el puente de plata con ese sector. Por otra parte, tampoco se ha escuchado una
crítica profunda sobre los errores de los gobiernos de la Concertación/Nueva Mayoría, sus
opiniones son emitidas aún, desde un presente sin pasado…algo muy cercano a la postura pos
moderna y lejano de la autocrítica. En ese contexto siguen considerando a la organización-madre
como de izquierda, sin reconocer que pasó al bando de la centro-izquierda, con todo lo que implica
táctica y estratégicamente. No obstante aún constituye una esperanza.
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En fin, el abandono del giro hacia la centro izquierda puede corregirse retomando, con voluntad
política, el eje central del allendismo; es decir, un proyecto de sociedad (Mundos Posibles), un
programa de gobierno nacional-popular (para las mayorías), una estrategia que contemple
claramente el tiempo político (vía institucional), una política de alianzas amplias (desde la izquierda),
con vistas a la creación de un Instrumento/partido-movimiento que amplíe, organice y proyecte la
oposición con convicción, desde la institucionalidad (parlamento), y recupere la épica de la izquierda
desde los territorios movilizados social y políticamente. Aunque este último aspecto demandaría un
trato muy cuidadoso, habida cuenta del fracaso del partido de ciudadanos, así como la cuasi
imposibilidad de volver al centralismo democrático por la irrupción de las nuevas formas de
organización desde la base y de las tecnologías de la comunicación. Pero nada de esto será posible
si no se reinician los embates/desconocimiento de la Constitución de 1980, la fuente de poder de la
derecha.
¿Estrategia sin autocrítica? A simple vista, la perspectiva para enfrentar los desafíos se ve
compleja.
En efecto, después de la derrota, en forma soterrada, se están enfrentando varias concepciones. En
primer lugar, están aquellos sectores que han levantado la alternativa de construcción de un frente
que abarque desde la DC hasta el FA (PC, PS). Su debilidad es que es una respuesta coyuntural
bajo los efectos de la derrota y que no contempla autocrítica, ni muchos menos la formulación de un
proyecto. Ahora bien, hasta ahora su principal detractor es la propia DC. En un proyecto popular, los
proyectos políticos responden a las necesidades originadas en el mundo del trabajo, o sea, en
sujetos políticos y sociales que no se inventan. Por lo tanto, llamar a la constitución de una alianza
de esta naturaleza, sin proyecto de sociedad y sin programa, no es sino, la constitución de una
estructura cuya finalidad es captar votos para mantenerse en el sistema. Es seguir en la política
desde arriba.
Por otro lado, importantes intelectuales (Arrate) y muchos socialistas históricos (Benado) abogan
por la unidad entre el FA/PC/PS (sectores). Propuesta interesante porque cambiaría por completo el
panorama político con la construcción de una nueva izquierda. Incluso si tienen éxito, podrían
reconstruir el tercio histórico de la izquierda. Pero el Frente Amplio aún está en proceso de
definiciones, el PS está transformado en una organización de centro izquierda y el PC en un partido
republicano. De manera que, ¿qué podría salir de esta alianza?, ¿no sería más importante iniciar
una discusión sobre un proyecto y un programa común, de acuerdo a la realidad de estos días?,
¿una alianza para qué?, ¿para rebasar el orden establecido o para permanecer en el sistema?
También desde sectores que mordieron el polvo de la derrota, preocupados por un cambio en la
política de alianzas, comienza a levantarse la propuesta que sigue optando por el diseño de la
unidad entre socialdemócratas y social cristianos (centro-izquierda). Sin ejercer la menor autocrítica
en foros y seminarios, defendiendo la política económica de estos años, afirmando haber
desarrollado la economía social de mercado, y sin reconocer el rol del neoliberalismo, dando un giro
lingüístico hacia la izquierda, están planteando que es la falta de unidad la que ha llevado a esta a la
derrota, preparando el reencuentro desde Chile 21, la emblemática organización financiada por
SQM. Estamos ante una clase política que intenta evitar reconocer su responsabilidad en el
deterioro de la izquierda y que se aferra al poder.

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Finalmente, comienza a emerger una propuesta que demanda acuerdos para la elaboración de un
programa mínimo, que enrumbe la estrategia para la construcción de una nueva sociedad, acorde
con los tiempos actuales. Se trata de una fórmula que contempla, previa formulación de un proyecto
histórico de carácter democrático y popular, la confluencia entre sectores del FA/PC/PS
/Movimientos Sociales/Colectivos-Territoriales-anti-sistémicos y la recuperación de los cientos de
miles de votantes inactivos. Evidentemente esta propuesta demanda estudios actualizados de la
estructura social, porque lo que se vislumbra, es la construcción de un Instrumento/partido-
movimiento. ¿No habrá llegado la hora de pensar que de esa confluencia podría emerger la
organización del cambio para el siglo XXI? Empero, el desconcierto, el temor a la reedición de los
viejos 3/3, el rechazo a repetir la subordinación de la izquierda a la DC (que llevó a la izquierda al
centro), el individualismo, la inexperiencia y la falta de lineamientos, por ahora, evidentemente se
convertirán en un obstáculo.
La esperanza. La irrupción del Frente Amplio está conteniendo precariamente la oleada cultural que
se impuso. La emergencia de una fuerza aún en construcción, pero con nuevas miradas de la
sociedad, formas de organización, de alianzas y proyecto, contuvo la mirada derrotista.
Lo que logró el Frente Amplio en este campo no es menor, llega en el preciso momento en que los
límites del pensamiento de la izquierda y de la derecha tradicional, se tornan difusos, y en que está
reapareciendo el autoritarismo y en que la propuesta liberal intenta generar un mito movilizador, que
vaya más allá de las fórmulas de la economía. Otro importante mérito del Frente Amplio, es
demostrar que existe una alianza con representación nacional y movilizada por transformaciones
profundas, y que esa aspiración de cambio está conectada con el cambio cultural y generacional,
que jubiló de facto al partido del orden, y a una generación de intelectuales pro-orden. En fin, aquí
radica otro éxito del Frente Amplio. Además sacó la sociología a la calle, iniciando la recuperación
del sentido común, emergiendo sin miedo a la movilización social, contenida desde 1988.
Pero esto no basta. Lo que apareció es un primer muro de contención ante la ofensiva de la
derecha. No puede relativizarse el hecho que el FA no es una fuerza homogénea y que su tiempo
político es corto para soportar los embates que vendrán desde el gobierno y de las diversas
agrupaciones de la NM. Pero, este no es el único desafió que deberá enfrentar. Los desafíos
teóricos producto de la convivencia entre liberales, con posmarxistas y socialdemócratas, se
convertirán en un obstáculo. Por otra parte, también serán asediados por un tema recurrente y en
expansión, como es la relación con el tema de género. Además, estará presente la tensión interna
entre corrientes de mayoría (RD) y corrientes en proceso de contracción (ND); tensiones que
seguramente conducirán a procesos de convergencia, como es el caso de la intención manifestada,
entre otros, por MA/ND/Libertarios. Tendencias sumamente complejas, porque estarán cruzadas por
razonamientos ideológicos, políticos y personales, cuestión que no puede asombrar porque el FA,
también refleja la triste realidad nacional.
Epílogo. El momento actual es lo que podría denominarse como una coyuntura compleja.
La derecha se jugará por la mantención en el gobierno a largo plazo, con un neoliberalismo
profundizado y bendecido por la ola derechista y belicosa desencadenada por D. Tramp. Ahora bien,
este contrapunto se dará en medio de importantes problemas no resueltos, como el malestar
ciudadano, el conflicto mapuche, la autonomización de las fuerzas armadas (baste citar el caso de
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Carabineros de Chile), las desigualdades sociales, el clima de desconfianza que abarca a todas las
instituciones de la nación, la fractura de las eticidades nacional y los temores a una regresión
respecto a las reformas de la Nueva Mayoría.
La derecha intentará quebrantar el contrato social, pero sabe que para mantener las cuotas de
acumulación, requiere de reformas y estabilidad laboral, solamente así evitará la movilización social
y la protesta política, de manera que jugará la carta de la unidad nacional, buscando consensos.
Esta es una vieja idea que ronda en ese sector, la cual, se está desarrollando en el nuevo discurso.
Por primera vez en mucho tiempo la derecha armará un relato con tinte social, que profundizará la
colonización mental, con el objetivo de subordinar la política y lo simbólico a la economía,
profundizando así la incompatibilidad entre neoliberalismo y democracia. La dominación se
continuará ejerciendo a través del balanceo, en un hilo muy delgado entre los aparatos ideológicos y
los aparatos represivos de Estado, es decir, entre consenso/consentimiento y represión. Por las
posturas enunciadas por los nuevos ministros, pareciera que es la derecha quién está reponiendo la
olvidada lucha de clases, en función de sus intereses.
Para la izquierda lo que está en juego, de no mediar una profunda reacción, es el paso a convertirse
en intrascendental. Ahora bien, apostar por la recuperación, implica tocar un tema incómodo, como
es el de la historia reciente, olvidada y relegada.
En ese sentido, debe tomarse en cuenta que la vieja izquierda, perseguida y aislada desde 1973,
solo tuvo tiempo para sobrevivir y escasamente para especular. Además, sus dirigentes erraron el
análisis, al calificar el cambio como “fascista” (habidas excepciones). En fin, en medio del repliegue,
el proyecto político alternativo al capitalismo fue derrotado y desde allí la izquierda se quedó sin
proyecto, proceso finalizado con el certificado de defunción de la Unidad Popular en 1982. La
incapacidad de levantar un nuevo proyecto, que reemplazara las tesis del Frente Antifascista y de
reconstruir la fuerza política, posibilitó la cooptación de un sector importante por parte del centro
político, diluyéndose la izquierda histórica; tanto que, desde mediados de los ochenta, una pequeña
elite, aglutinada tras el concepto renovación, terminó aceptando las nuevas condiciones históricas,
asumiendo la responsabilidad de incorporar a Chile al cambio neoconservador, bajo las presiones de
los Acuerdos de Santa Fe (el encuadre norteamericano para las transiciones latinoamericanas) y del
recién aparecido Consenso de Washington.
En conclusión, la subordinación a otras visiones-de-mundo, las presiones norteamericanas, las del
Vaticano, las de la socialdemocracia y la urgencia de estabilizar la economía nacional, hicieron
perder su punto de vista al conjunto de la izquierda. Así, mientras la renovación iniciaba el
peregrinaje, que terminó en las catedrales neoliberales, sectores de la ortodoxia se convirtieron en
furgón de cola del nuevo fundamentalismo. Mientras tanto, grupos ya marginales, seguían sin decir
adiós a las armas…miles de izquierdistas fueron aislados… otros tantos, presos de la confusión,
pasaban a concentrarse en el tesoro de sus recuerdos.
Los procesos sociales son así. Pueden terminar abruptamente, como en este caso. Pero las derrotas
pueden revertirse.
La izquierda ya no puede seguir disfrazando que está fracturada entre izquierda y centro-izquierda.
La primera, es una sombra confusa de lo que fue al haber perdido el sujeto histórico al que

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representaba y haberse subordinado a otras hegemonías. Desde la coyuntura podría reconstruirse a
condición de reponer el tema ideológico, dotarse de un proyecto de sociedad, un programa, una
política de unidad y una línea para el período que se avecina. Condicionantes que podrían conducir
a la formación del Instrumento/partido-movimiento conductor de una amplia alianza. Pero nada de
esto será posible sino contempla una estrategia en dos niveles, uno desde la institucionalidad
parlamentaria y otro movilizando la sociedad desde fuera de la institucionalidad. Por su parte, la
centro-izquierda persistirá en la alianza con el centro. Pero el resultado de la transición, el peso de la
reciente derrota, el debilitamiento de la democracia cristiana, los cambios en el centro, los retrocesos
mundiales de la socialdemocracia y la maduración de una nueva estructura social, dificultarán sus
perspectivas… pero tiene una gran maquinaria, relaciones y experiencia.
Ahora bien, nada de esto podría ser posible si no se sale del “Ojo de Dios”, es decir, de la
hegemonía cultural euro-norteamericana. Lo que no quiere decir que haya que desechar los
pensamientos provenientes de esas regiones; muchos de ellos convertidos en universales del saber.
Se trata de recobrar la conciencia de lo que es una lucha liberadora, entender que el socialismo al
abandonar su teoría social, le quebró la mano a su producción de conocimientos, facilitando el credo
liberal, habidas excepciones, por supuesto. Por eso, le ha costado tanto, desde un lenguaje propio,
navegar por grandes temas, como la interculturalidad, género, sexualidad, espiritualidad, etnicidad,
eticidad, colonialidad, etc. Temas lejanos al reduccionismo económico. Se trata, en suma, de
recobrar con nuevos lenguajes y propuestas el latinoamericanismo en época de globalización, en
una perspectiva de lucha contrahegemónica; aun cuando se deba abandonar los códigos y
categorías eternizados en discursos ya superados del siglo XIX y XX.
Indudablemente esta podría ser una operación dolorosa, porque requiere una crítica al
eurocentrismo y al pensamiento colonial, que han tapado los patrones de poder, en el moderno
sistema-mundo. Implica abandonar incluso la idea de modernidad, que ha rebajado
significativamente nuestras posiciones, al considerarnos pre-modernos y atrasados. Se trata de
encontrar nuestro sitio en la epistemología del SUR, es decir, en la producción de conocimiento para
los “Condenados de la Tierra”, como diría F. Fanon. Esto significa que la historia no está pre-escrita
y que por lo tanto, las categorías socialdemócratas, así como las ortodoxas, deben ceder espacio a
una historia construida por seres humanos, desde su propia realidad, seres humanos sufrientes, que
también tienen anhelos, sed de cambios y proyecto de vida, lo cual significa abandonar toda
pretensión de que solo algunos poseen la verdad e iniciar el intercambio de ideas.
En suma, se trata de derribar viejos paradigmas, con el fin de revertir una situación que puede y
debe superarse, como tantas veces lo ha hecho la izquierda.
En fin, recuérdese que la derecha y la centro izquierda dejaron en un limbo la participación del 51%
de los chilenos… quien los movilice tendrá el futuro en sus manos. De paso, terminará con la
legalidad institucionalizada en la Constitución de 1980 y la reemplazará por una nueva legitimidad
social.

Marzo/2018.
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