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Neftali León Cruz Mesoamérica 23 de noviembre de 2017

“Los reyes del Tollan” de Graulich

El siguiente texto no es en sí un resumen del artículo antes mencionado, es más bien


una conjunción de opiniones y datos significativos con el fin de presentar una visión
del dios-personaje Quetzalcóatl. En mi conocimiento previo a esta lectura, el ya men-
cionado personaje, siempre me había parecido un misterio, esta conjunción de dios-
sacerdote, entendiéndolo como dios y hombre. Pero sobre todo porque Quetzalcóatl
siempre parece ser el bueno de la historia, el que ayuda al hombre a erigirse en el
tiempo, aun combatiendo con su antagónico hermano, Tezcatlipoca.
Esta relación de Quetzalcóatl-Tollan, coincide con la ascensión y caída del “im-
perio” tolteca, y pongo entre comillas imperio, porque para algunos estudiosos del
tema, Tollan no lo fue. La duración de la civilización tolteca corresponde a la Cuarta
Edad o Cuarto Sol (del s. VIII al s. XII), simbolizando Quetzalcóatl, dios de los toltecas,
el cielo azul portador de este Sol, es decir, parecería que los toltecas duraron lo que
la vida del dios. Recordemos que la alternancia de las Edades o Soles resulta de la
lucha entre los hermanos Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, siendo el primer, tercer y quinto
Sol Tezcatlipoca, mientras que el segundo y cuarto Quetzalcóatl.

La serpiente emplumada, por un lado, el alter ego de Quetzalcóatl, representa


al personaje-dios antropomorfo, y por el otro, el reptil cubierto de plumas de quetzal
simboliza el cielo diurno (la serpiente representa en la iconografía mesoamericana la
bóveda celestial), siendo su opuesto la serpiente jaguar, quien representa la tierra y
la noche. Entendiendo su representación como el día, proporcionando la luz y calor
del sol, que seguramente y en mi opinión significaban la vida para nuestros antepa-
sados prehispánicos, se encontraba en oposición con la noche (la serpiente jaguar).
Esto refleja la complementariedad que el autor menciona necesaria en las civilizacio-
nes de Mesoamérica, la lucha constante entre el bien y el mal, el día y la noche.

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Con respecto a la edad de Quetzalcóatl, básicamente concibo, por un lado, al
joven guerrero, con bríos de conquistador, aquel que enseña a su pueblo y lo protege,
capaz de viajar por los huesos de su padre Mixcoatl y enfrentar a los que trataban de
evitar el fuego nuevo en Mixcoatepec. Y por el otro, el Quetzalcóatl viejo, aquel que
se siente enfermo y cansado, que fue engañado por Tezcatlipoca, al grado de sentirse
avergonzado de sus actos, marchándose y dejando a su gente, significando el fin de
su pueblo. Se dice que inicio su viaje al inframundo, al Mictlán, donde ardería para
convertirse en la primera estrella de la mañana, relacionándolo con el planeta Venus,
aquel que le abre paso al gran Sol para iniciar un nuevo día.

Cabe señalar que durante la revolución sinódica del planeta Venus, como lo
llaman los astrónomos, cada 584 días la Tierra y Venus se alinean con el Sol, por lo
que 236 días Venus aparece como la primera estrella de la mañana y 250 como la
primera estrella de la tarde, el resto del tiempo no lo vemos por las posiciones de
ambas orbitas con respecto al Sol. La quinta alineación es el punto de partida nueva-
mente (días más, días menos), y esto sucede después de 8 años. Es decir, la tierra
dio 8 vueltas al sol mientras que Venus dio 13 vueltas para reencontrarse en el mismo
punto de inicio. ¿Por qué menciono esto?, parecería que nuestros antepasados, rela-
cionaban la partida de Quetzalcóatl con la primera estrella de la tarde (Venus), dando
paso a la puesta del Sol, y posteriormente a la noche. Como si durante ese lapso
reinara la oscuridad. Y, por otro lado, relaciono al renacer del dios, después de la
noche, como aquel que avisa de un nuevo amanecer, un nuevo día para nuestros
antepasados, siendo la primera estrella de la mañana (Venus).

Además, si multiplicamos esas 13 vueltas a la órbita de Venus por 4, que re-


sulta ser un numero misterioso que aparece muy seguido en las lecturas que hemos
realizado, el resultado es 52. Para el pueblo tolteca cada 52 años debía asumir el
poder un nuevo gobernante. Da la impresión de que el fuego nuevo antes mencio-
nado, debía ser renovado cada 52 años, donde el nuevo gobernante debía realizar su

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sacrificio simbólico para ser digno de guiar al pueblo. Este ritual del fuego nuevo rela-
cionado con la caza y el autosacrificio (Olivier G., 2015), en pro de la colectividad social,
es relacionado con los movimientos astronómicos y la ascensión de un nuevo gober-
nante.

Regresando al mito de la partida de Quetzalcóatl, otros dicen que tomo rumbo


a la costa y ahí se embarcó hacia al este prometiendo regresar. Fernando Delgadillo
(Delgadillo F., 1997) en su canción “Primera estrella de la tarde” hace alusión a esa
partida del dios-personaje en algunas de sus estrofas:

“…Mostrabas con tu ciencia


la paciencia
y cuando llegó la hora de irte
todos sintieron pesar
Te despediste de los que te amaban
diciendo que no lloraran
que jurabas regresar

Y aún prometes volver


con la primera estrella
que eres tú al atardecer
desde la barca viva
de tu exilio, donde el mar
y en donde nadie te vio regresar

Y prométeme volver
con la primera estrella

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que eres tú al amanecer
con el conocimiento
que un día fue y ahí donde está
se aparece el lucero Quetzalcoatl…”

Desde mi punto de vista, Quetzalcóatl resulta ser el salvador, por un lado, el que en-
seña, guía y protege a su pueblo, mientras que asume su rol de deidad sacrificándose
también para darle paso a un nuevo Sol o Edad. Así mismo, lo concibo como el repre-
sentante de los pueblos en Mesoamérica durante el fulgor de las culturas tolteca y maya.
Florescano (Florescano, 2017), hace un recuento de las actividades y funciones que Quet-
zalcóatl realiza en diferentes momentos históricos, desde el dios creador del mundo físico
y de los hombres, hasta el prototipo del gobernante sabio, fundador de reinos legenda-
rios. Quetzalcóatl resulta un símbolo, un mito que se extendió por toda Mesoamérica.

Web y Bibliografía

 Carrasco Esperanza y Carramiñana Alberto. (1996). “Venus y los ciclos de Kukul-


cán”, Diario Síntesis. Recuperado de http://www.inaoep.mx/~rincon/venus2.html
 Fernando Delgadillo (1997). “Primera estrella de la tarde”. En álbum Primera es-
trella de la tarde (CD). México D.F. Producción Independiente.
 Florescano Enrique. (2017). “Quetzalcóatl y los mitos fundadores de Mesoamé-
rica”. México. Editorial Debolsillo.
 Graulich Michael. (2002). “Los reyes de Tollan. Revista Española de Antropología
Americana, p.p. 87-114.
 Olivier Guilhem. (2015). “Cacería, sacrificio y poder en Mesoamérica. Tras las hue-
llas de Mixcóatl, Serpiente de Nube”. México. FCE, UNAM, CEMCA.

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