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¿Por qué sigue habiendo hambre en el mundo?

El mundo vive una nueva crisis de hambre que está poniendo en peligro la vida de millones de
niños. ¿Por qué se repiten estas emergencias nutricionales?
¿Por qué sigue habiendo hambre en África?
El hambre está amenazando de manera creciente la vida de millones de niños en el mundo.
Sudán del Sur, Nigeria, Somalia, Yemen... Son solo algunos de los países en los que la
desnutrición infantil ha alcanzado niveles muy preocupantes.

Como sabemos, no es la primera vez que el hambre es una amenaza de primer nivel para los
niños del mundo. Por ejemplo, en 2011, la crisis nutricional del Cuerno de África nos dejó
durísimas imágenes de niños y familias intentando sobrevivir sin apenas alimentos. ¿Por qué se
repite la historia?

El hambre y la guerra
Los conflictos armados son una de las principales causas que explican por qué el hambre está
llevando al límite a millones de niños en el mundo. La violencia provoca un efecto dominó que
acaba dinamitando el estado nutricional de los niños. Estos son algunos de sus principales
efectos:

La inseguridad alimentaria aumenta durante los conflictos porque la población, que muy a
menudo practica la agricultura de subsistencia, no puede cultivar. Además, es habitual que la
inflación se dispare, como en el caso de Sudán del Sur, donde ahora mismo supera el 800%. El
precio de los alimentos se vuelve inalcanzable para las familias.
La guerra destroza los sistemas de agua y saneamiento, esenciales para evitar diarreas y
enfermedades que impiden que los niños asimilen los nutrientes de los pocos alimentos que
pueden comer.
Muchos centros de salud quedan inutilizados, por lo que los niños no pueden recibir la atención
médica que necesitan para tratar la desnutrición.
Además, los conflictos dificultan la entrega de ayuda humanitaria, tan necesaria para luchar
contra las hambrunas.
El hambre y el cambio climático
Los países con mayor incidencia de desnutrición infantil suelen ser muy propensos a sufrir
sequías. Esto no solo perjudica a las cosechas, sino que también reduce la disponibilidad de
agua potable, con el consiguiente riesgo de padecer diarreas al beber de fuentes contaminadas.

En los últimos años, el cambio climático está agravando los efectos de las sequías. Además,
añade nuevos factores de riesgo ya que también provoca inundaciones inesperadas que
destrozan los cultivos de un día para otro.

El hambre y la inestabilidad política


La inestabilidad política en muchos de los países afectados es también parte del problema del
hambre. La debilidad de las instituciones impide tomar medidas para luchar contra la
desnutrición de la población, como por ejemplo, el almacenamiento de alimentos para hacer
frente a las épocas de escasez.

El hambre y la inestabilidad política


En UNICEF luchamos contra el hambre
Desde UNICEF estamos trabajando sin descanso en las principales emergencias nutricionales de
la actualidad. Llegamos hasta las zonas más aisladas para distribuir alimento terapéutico de
urgencia para los niños que sufren desnutrición aguda.

Durante 2016, proporcionamos este tipo de tratamiento a 730.000 niños en Sudán del Sur,
Nigeria, Yemen y Somalia. Y 2017 ya está siendo un año de mucho trabajo: calculamos que más
de 1 millón de niños necesitarán alimento terapéutico para sobrevivir.

Lo más urgente ahora es salvar vidas, pero en UNICEF no dejamos de lado el trabajo de
prevención para evitar futuras crisis nutricionales a largo plazo. La promoción de la lactancia
materna, la distribución de agua potable y el acceso a los servicios sanitarios son pilares clave
en nuestra labor diaria en todo el mundo.
El hambre es una lacra recurrente, pero eso no significa que no podamos acabar con ella. Un
dato esperanzador: alrededor del 80% de los niños que reciben tratamiento contra la
desnutrición aguda se recuperan.

Por eso, con la voluntad de los líderes políticos y con la ayuda de gente como tú, ¡es hora de
plantarle cara al hambre!