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MATERIA: ANALISIS DE LOS TEXTOS TEOLOGICOS I


PROFESSOR: D. RAMIRO PELLITERO
ALUMNO: FR. RAYMUND FAJARDO ALCANTARA
FECHA: 13 NOVIEMBRE 2018

ORTODOXIA, GILBERT KEITH CHESTERTON

Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) fue uno de los personajes más extraordinarios
de la literatura y del periodismo británico. Firmaba sus escritos con las siglas G.K. Es
admirado por su inteligencia, alegría y sencillez, aspectos de su personalidad que dejó
plasmados en todas las áreas literarias donde se desempeñó: novelista, ensayista, biógrafo,
poeta y crítico.

I. DATOS BIOGRÁFICOS Y SUS OBRAS 1

‘Ortodoxia’ es el libro más central de Chesterton, el que mejor define su vida y


pensamiento. Es un itinerario personal y una muestra de cómo la fe cristiana brilla entre la
humareda de algunas cosmovisiones del siglo XX.

G.K. Chesterton es considerado, con toda razón, uno de los autores más
significativos del pensamiento cristiano del siglo XX. Y Ortodoxia (1908), un libro que define
el debate entre el cristianismo y muchas ideas contemporáneas, que, en parte, como le
gustaba considerar, son ideas cristianas “que se han vuelto locas” al perder su relación con
la fe y, en la misma medida, con el sentido común. Lo admirable de Chesterton es que
parece que él, sin ponerse tenso, sin increpar a nadie, puede con todos mediante un sentido
común literalmente aplastante. Con contrastes audaces y llenos de humor muestra lo
ridículo de tantas ideas, al mismo tiempo que abraza a las personas.

a. Su familia

Arthur Chesterton fue padre de seis hijos, el mayor de ellos de nombre Edward,
quien contrajo matrimonio con Marie Louise Grosjean. Los Chesterton tenían una agencia
inmobiliaria y topográfica radicada en Kensington, a la cual estaba dedicado Edward, pero su
inquietud era el arte y la literatura. Tras contraer matrimonio, los Chesterton Grosjean se
mudaron a Sheffield Terrace, Kensington, donde concibieron a Beatrice y a Gilbert.

Gilbert Keith nació en Campden Hill, Londres, el 29 de mayo de 1874, en el seno de


una familia de clase media. Chesterton da comienzo a su Autobiografía relatando el día, año
y lugar de su nacimiento. La forma en la que ofrece esa información permite apreciar su fe
en la tradición humana, ya que, en su opinión, sólo a través de ésta se pueden conocer
muchas cosas que de otra forma no se podrían saber.

Su educación se iniciaría en la preparatoria «Colet Court», en 1881; su enseñanza en


aquel lugar duró hasta 1886, y en enero de 1887 ingresó a un colegio privado de nombre
«St. Paul» en Hammersmith Road. Gilbert describiría el sistema educativo, o mejor dicho, lo

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Juan Luis Lorda, Revista Palabra
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que él opinaba de este como «ser instruido por alguien que yo no conocía, acerca de algo
que no quería saber».4

Luego estudiaría dibujo y pintura en la «Slade School of Art» (1893-1896), se volvió


diestro como dibujante y más adelante llegó a contribuir con ilustraciones tanto para sus
propias obras, como es el caso de Barbagrís en escena, cuanto para los libros de su amigo
Hilaire Belloc.

Durante esta época se interesó por el ocultismo. En su Autobiografía señala que dentro
del grupo de los que realizaban espiritismo, ocultismo o «juegos con el demonio», él era el
único de los presentes que realmente creía en el demonio. Luego de un periodo de
autodescubrimiento, se retiró de la universidad sin alcanzar un título y comenzó a trabajar
en diferentes periódicos. Trabajó como editor de literatura espiritista y teosofía, asistiendo
a reuniones de ambos campos.

b. Del agnosticismo y anglicanismo a la plena comunión con la Iglesia Católica 2

En su juventud fue agnóstico, luego se convirtió al anglicanismo encaminado por su


esposa Frances Blogg, una anglicana practicante.En ese tiempo conoció al político y religioso
anglicano Conrad Noel, que se consideraba un "socialista cristiano" y despertó en
Chesterton una preocupación por los temas religioso y social que nunca abandonó.

Es una etapa de búsqueda para Chesterton, todas sus indagaciones lo condujeron al


deísmo, a las sociedades teosóficas y éticas. Llegó a la conclusión de que no existían las
religiones nuevas, y dos años más tarde volvió a la religión de su infancia, al anglicanismo.

Antes de su conversión al catolicismo, en 1922, Chesterton había empezado a


profundizar en la teología cristiana general, que lo llevaron a combatir doctrinas que
consideraba erróneas: el materialismo, la teosofía, los espiritistas, el capitalismo plutócrata,
el socialismo, el escepticismo y todo aquello manifestaba la "disgregación espiritual y moral
de nuestro mundo", que muchos odiaban y pocos estudiaban. Como ensayista y pensador
comprendió que las verdades universales y perdurables que buscaba se encontraban en el
catolicismo.

c. Su obra más famosa, basada en un sacerdote católico

El personaje más famoso de Chesterton es el “Padre Brown”, un sacerdote católico y


formidable detective, protagonista en más de 50 historias publicadas entre 1911 y 1935.En
2013 la BBC tomó esta gran obra y la convirtió en una serie de televisión con dos
temporadas.

El personaje del Padre Brown está inspirado en el sacerdote John O´Connor, un párroco
de un barrio pobre de Bradford, a quien G.K. conoció en 1907 cuando visitó el poblado de

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https://www.aciprensa.com/noticias/hace-80-anos-fallecio-el-escritor-y-apologeta-catolico-gk-chesterton-
84327
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Keghly. Este sacerdote influiría en su conversión al catolicismo, al igual que el Cardenal John
Henry Newman que le mostró, a través de sus obras, a Santo Tomás de Aquino.

D. El fin de su vida

El 12 de junio se encontraba con el E.C. Bentley, y más tarde llegó el párroco


Monseñor Smith para ungirle con los santos óleos. Tras la partida de éste, apareció el
reverendo Vincent McNabb, quien entonó el “Salve Regina” junto a la cama del
convaleciente que se encontraba inconsciente.

En su biografía, Joseph Pearce señala que el padre McNabb «…vio la pluma de


Chesterton sobre la mesilla de noche y la cogió y la besó». Frances, quien estuvo durante
toda su convalecencia al lado de su marido, lo vio despertar por última vez, estando
presentes ella y Dorothy, la hija adoptiva de ambos. Al reconocerlas, Chesterton dijo: «Hola,
cariño». Luego, dándose cuenta de que Dorothy también estaba en el cuarto, añadió: «Hola,
querida». Estas fueron sus últimas palabras.

Este autor continúa el relato diciendo que estas últimas palabras no son lo que
muchos esperarían de uno de los más grandes escritores del siglo XX, y señala: «Aun así, sus
palabras fueron sumamente apropiadas; en primer lugar, porque estaban dirigidas a las dos
personas más importantes de su vida: su mujer y su hija adoptiva; y en segundo lugar,
porque eran palabras de saludo y no de despedida, significaban un comienzo y no el final de
su relación».

Chesterton murió el 14 de junio de 1936, en su casa de Beaconsfield,


Buckinghamshire, Inglaterra, luego de agonizar varios días postrado en su cama, al lado de
su esposa Frances y de su hija Dorothy.

II. IDEAS PRINCIPALES DE CHESTERTON3

“Chesterton ha sido etiquetado como conservador porque destaca valores de la


tradición y del mundo antiguo —sobre todo medieval—, pero su método es esencialmente
moderno y original: tras una crisis de juventud, estableció unas condiciones y un ideal para
la vida humana, al que siempre fue fiel. Cuando se dio cuenta de que ya existía —y era el
propuesto por el cristianismo— comenzó su acercamiento al mismo, aunque hasta 1922 no
se hizo católico.

Chesterton escribe desde una perspectiva cristiana: para él, el cristianismo es como
la llave que permite abrir la cerradura del misterio de la vida, porque hace encajar las
distintas piezas (Autobiografía). Los dogmas no son una jaula, sino que marcan un camino
hacia la verdad y la plenitud; de hecho, todos tenemos dogmas, más o menos inconscientes,
que es otra de sus tesis recurrentes.

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https://es.wikipedia.org/wiki/G._K._Chesterton
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El punto de partida de Chesterton es el asombro por la existencia, pues podríamos


no ser. Hay un mundo real ahí fuera que —a pesar de sus contradicciones— es
esencialmente bueno y hermoso, y por tanto hay que estar alegres y llenos de
agradecimiento.

Pero ni el mundo, ni la existencia personal ni la colectiva están resueltas, en el


sentido de comprenderlas perfectamente. Son un misterio —o conjunto de misterios— que
tenemos que desentrañar. Por eso, a Chesterton le gustan tanto las novelas de detectives, y
por lo mismo, sus escritos tienen un importante contenido filosófico (por su método y su
profundidad) y sociológico (por la agudeza de su análisis social). La razón es un instrumento
para conocer el mundo, pero sólo uno más: el arte, la imaginación, el misticismo o la
experiencia de la vida son otras tantas herramientas imprescindibles. Como el mundo
moderno sólo confía en ella, genera comportamientos o ideas más o menos irracionales o
cuando menos, poco racionales; "Loco es aquél que lo ha perdido todo menos la razón"
(Ortodoxia, Cap.1). Por lo mismo, Chesterton es profundamente enemigo del
sentimentalismo, la contrapartida del racionalismo.

El ser humano anda siempre en busca de un hogar: algunos lo tienen más claro, pero
otros buscan y buscan durante toda su vida: al fin y al cabo, cada uno tiene que resolver su
misterio —él lo hizo a los 22 años—: los seres humanos tenemos la libertad —"Dios no nos
ha dado los colores en el lienzo, sino en la paleta" (Los países de colores, Cap.7)— para elegir
nuestras ideas y configurar nuestra vida. El papel de la mujer en el desarrollo de la familia es
para Chesterton tan importante que su forma de hablar sobre ella puede malinterpretarse si
nos limitamos a la literalidad de las palabras. Esto es así porque nuestro tiempo da mucho
mayor valor al individualismo y más todavía a una forma de entender lo público, como
superior a lo privado. Sin embargo, el ámbito de la amistad y las relaciones sociales es más
verdadero y más gratificante: familia, amigos, vecinos, constituyen esa ampliación del hogar
que genera el patriotismo –que no nacionalismo, que conduce al imperialismo.

Para que todo el mundo tenga un hogar en condiciones, es preciso que la propiedad
esté adecuadamente repartida. Capitalismo y socialismo reducen la propiedad de los
hombres porque ambos tienden al monopolio (sea en manos privadas, sea estatales), y así
propone un sistema alternativo a ambos: el distributismo, en el que el papel del Estado es
subsidiario y los seres humanos tratan de resolver sus problemas en lugar de abandonarlos
en manos del mercado, políticos y técnicos especialistas.

En el ambiente cientifista del mundo moderno —con su reducción del hombre a mera
naturaleza—, la cuestión del modo de conocer, percibir e interpretar de la gente es una de
las que más atraen a Chesterton, que se asombra paradójicamente del desprecio de lo que
es dado por supuesto —las pequeñas maravillas cotidianas— y de cómo las personas
tienden a valorar más determinadas situaciones extraordinarias. Su alegre vitalismo de la
vida corriente es opuesto al del superhombre de Nietzsche tanto como al carpe diem
materialista. La virtud por excelencia del hombre es la sensatez, que nos hace saber estar
ante la vida y el mundo (Herejes).

La idea de progreso —tan querida al mundo moderno— es irónicamente criticada


por Chesterton: es falsa como tendencia y como creencia, y confunde nuestra percepción,
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ya que todo es relativo a los ideales que se poseen y dirigen nuestra acción. Optimismo
(moderno) y pesimismo (postmoderno) son dos conceptos recurrentemente criticados en
los escritos de Chesterton: tienen que ver con la forma de ver y de organizar el mundo”.

III. ANALISIS DE LOS CONTENIDOS

A. LOS ENEMIGOS

1) El orgullo del materialismo.

El primer enemigo que ha enfrentado Chesterton es la mentalidad que acepta solo


las cosas en el alcance de los sentidos. Su primer enemigo es “un materialismo que
impregna desde abajo la mentalidad de la época y tiene un fundamento científico difuso. Ha
arrinconado sin batallar otras fantasías anteriores del pensamiento, idealistas por ejemplo, y
las ha convertido en antiguallas sin crédito. Este materialismo se basa en el sencillo hecho
de que la ciencia moderna, desde hace doscientos años, ha llegado a comprender con
seguridad cómo se han hecho los objetos materiales y los seres vivos que observan nuestros
sentidos. Y con eso cree saberlo todo, aunque todavía no comprende ni puede explicar por
qué se ha producido un milagro semejante a partir de la nada y sin ningún designio. Y
tampoco puede explicar lo que somos y pensamos los humanos, porque nuestra conciencia
con nuestro pensamiento y libertad no es material. Pero está tan seguro y orgulloso de lo
que sabe que no se da cuenta de lo que no sabe”. Al final este intento de saber todo desde
el punto de vista materialista se rebela contra sí mismo, ya que llega el punto de no saber, lo
que el uno sabe.

2) Las dos “herejías” de escepticismo y el relativismo moral.

El segundo enemigo es lo opuesto del primero. Ya no es el orgullo sino el cansancio


y la desconfianza a la razón y la pérdida de la verdad objetiva en la vida moral del hombre.
“La segunda gran “herejía” que combate Chesterton es el escepticismo filosófico y el
relativismo moral que, bajo múltiples formas, se extendieron en su época y han seguido
extendiéndose en la nuestra. En parte surgieron como cansancio ante la sucesión de
fantasías del pensamiento filosófico. Se generó una sospecha universal sobre el valor de la
verdad filosófica y moral. Sospecha agudizada después por el hundimiento del sistema
comunista en 1989, tras invertir ingentes esfuerzos políticos y económicos en convencer y
manipular a millones de personas en todo el mundo, con una atención especial a los
intelectuales, que resultaron ser los más manipulables de todos, porque, aparte de
compensaciones económicas interesadas, les faltaba el recurso intelectual que Chesterton
apreciaba más: el sentido común del hombre normal.

El escepticismo ha mostrado siempre su debilidad congénita al afirmar con seguridad


que no se pueden hacer afirmaciones seguras. Chesterton explota de múltiples maneras
este paradójico y recurrente vicio de origen.

Además, está todo el inmenso cúmulo de críticas modernas a la Iglesia que, en parte
están justificadas por las miserias de los cristianos. Pero en mucha parte son expresión de
resentimientos y envidias innobles. Chesterton llegará a la conclusión de que toda esa
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inmensa madeja de objeciones contradictorias entre sí no solo no quitan, sino que dan
razón a la fe cristiana”.

B. EL ITINERARIO DE LAS AVENTURAS DEL PENSAMIENTO

Después de enumerar los enemigos, Chesterton identifica el itinerario de su


pensamiento a un aventurero que ha llegado su casa después de descubrir nuevos
territorios. “Tras excusar en la introducción el libro como la respuesta a un reto, reconoce
que representa el itinerario de su vida. Poniendo el simpático ejemplo de un descubridor
que creyendo haber descubierto una tierra nueva resulta que ha llegado a su casa, el libro
quiere contar como después de muchas aventuras del pensamiento, se encuentra creyendo
en la misma Ortodoxia que lleva dos mil años sobre la tierra. Este paso supuso para él salir
del pesimismo radical y agnóstico en que había caído en su juventud, y convertirse en una
persona que mira la vida con agradecimiento. Así lo reconoce al final de su autobiografía:
“Es la idea principal de mi vida, no diré que es la doctrina que he enseñado siempre, sino la
que siempre me hubiera gustado enseñar. Es la idea de aceptar las cosas con gratitud y no
como algo dado sin más”.

Ese itinerario le proporciona una capacidad singular para encontrar los puntos
débiles de posiciones que, en alguna medida, han sido las suyas. Y por eso sus paradojas son
tan certeras”.

C. LA LOCURA Y EL SUICIDIO DEL PENSAMIENTO

La locura para Chesterton es poner mucha confianza a la razón hasta llegar el punto
que lo solo se puede aceptar es la razón. Y también para el suicidio de pensamiento es la su
ruptura radical con la fe. “El libro comienza mostrando que la locura no es, como se suele
decir, la pérdida de la razón, sino precisamente “cuando se pierde todo menos la razón”. En
algunos dementes, se observan efectivamente razonamientos excesivos e implacables, pero
estrechos y privados de los recursos del sentido común y de la experiencia que compensan a
una persona normal. El mismo defecto lo percibe en algunas filosofías que se encierran en
círculos demasiado estrechos y quieren desde allí comprender el mundo.

“Veo que la mayor parte de los ‘sabios locos’ están realmente locos. Todos tienen esa
característica que hemos visto: la combinación de una razón agitada y exhaustiva y de un
sentido común colapsado. Se dedican a la ciencia universal. Pero son universales sólo en el
sentido de que descubren una explicación pequeña y luego la extienden todo lo que pueden”.
Sin atender a otros indicios de la vida, extrapolan la explicación que han obtenido para una
parte del mundo y quieren meter allí todo lo que hay en el universo. Es lo típico, por
ejemplo, de las explicaciones materialistas, un ejercicio combinado de extrapolación y
reduccionismo.

El capítulo siguiente, El suicidio del pensamiento, está dedicado a mostrar las


paradojas del escepticismo. Empezando por esta: “Es bastante absurdo plantear siempre la
disyuntiva entre razón y fe, porque la razón, en sí misma, es asunto de fe”. En este capítulo
dedica una particular atención a las posiciones rompedoras de Nietzsche, demasiado
rompedoras para poder después sostenerse encima”.
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D. LA ETICA DE LOS ELFOS

El mundo de los Hadas es lo que enseña Chesterton de distinguir el bien del mal y
también es el mundo que hace ver los vicios de los pensamientos deterministas. “Después
de haber hecho espacio al sentido común, Chesterton vuelve a su itinerario personal que
comienza en el cuarto de los niños. Allí, y en contacto con su niñera, adquirió los
fundamentos de una mente sana. No solo le sirve la ética del país de las Hadas, que
distingue el bien del mal, sino también su lógica, que le permite identificar los vicios en que
suele caer el pensamiento determinista, que supone que una cosa viene necesariamente
detrás de otra, sólo porque se ha acostumbrado a verlas así. Entonces no distingue entre
una necesidad natural y una necesidad lógica. Y, precisamente por encerrarse en una lógica
implacable, se ve privada de apreciar la gratuidad del mundo, con lo que reclama de
humildad y agradecimiento.
A esta enseñanza de los años infantiles, se añadirán las experiencias que recuerda de
la siguiente época: la lectura de las novelas de aventuras. Es el momento de la superación
definitiva del pesimismo que le convierte en un “patriota cósmico”, un decidido patriota, no
del imperio británico (que no era), sino de la maravilla del cosmos. Ese amor patriótico,
lleno de lealtad, por el mundo, es también el único impulso que puede llevar a
comprometerse por mejorarlo, y en ese mismo sentido, el mejor soporte de la libertad
personal. Descubre entonces que esto es precisamente el fundamento de la épica cristiana
que ve la maravilla del mundo, es consciente del pecado que lo afea, y se empeña en
superar el mal con el bien. Posición muy lejana de los pesimistas que se conforman con
lamentarse, de los estoicos que aceptan el mundo sin luchar por cambiarlo, o de los
hedonistas naturalistas que se acomodan a él, intentando ignorar su parte oscura”.

E. EL CRISTIANISMO: ASIENTO DE PARADOJAS

Abrazando la fe cristiana, sus adversarios le acusan de simpatizar con las enseñanzas


del Cristianismo que para ellos son contradictorias. “Chesterton se siente ya un optimista y
un patriota cósmico, se acerca a la idea de un creador. Y entonces, también con la ayuda de
muchas lecturas, se encuentra con el enorme debate que el mundo moderno (de otra
manera que el mundo antiguo) ha emprendido contra el cristianismo. Un auténtico griterío
de objeciones.

Pero lo curioso es que es acusado, al mismo tiempo, de lacras contradictorias:


demasiado violento y demasiado blando; demasiado ascético y demasiado jolgorioso,
demasiado serio y demasiado ligero. Esto, por una parte, le lleva a considerar que, quizá
precisamente por eso, el cristianismo está en el centro. Después, que el cristianismo
contiene efectivamente pasiones contrastantes, a diferencia de la moderación estoica, que
por puro moderada acaba no teniendo fuerzas para nada. El heroísmo de los mártires es
distinto del de los cruzados, pero los dos rinden homenaje a algo que es más importante
que la vida”.
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F. LA ETERNA REVOLUCION

Dicha revolución es lo que se encuentra dentro del hombre. Chesterton advierte que
el verdadero sentido de la libertad del hombre es lo que presenta el cristianismo. No es una
ley necesaria de la naturaleza, sino es lo que se encuentra del hombre haciéndole capaz de
elegir entre el bien y el mal.

“El capítulo VII es un amplio ajuste de cuentas con la mitología moderna y liberal del
progreso, aumentada con el pensamiento evolucionista y, más tarde, con la retórica
comunista. Chesterton ve con una prodigiosa claridad cómo no tiene sentido un progreso
sin referencias. Y un relativismo que quiera basarse en la noción de progreso para suponer
que se mejora. Es evidente que la idea de mejora supone un patrón o bien de referencia. Si
se declara que la idea de bien es relativa o que está continuamente cambiando, no tiene
sentido hablar de mejora. Y tampoco tiene sentido si el progreso resulta ser una ley natural
y necesaria, porque no hay punto de comparación posible: es solo lo que tiene que ser. En
nada queda interpelada la voluntad humana, que lo único que puede hacer es someterse a
la ley inexorable. Y la misma idea de libertad carece de sentido si la ley es, efectivamente,
inexorable.

El progreso, la mejora y la distinción del bien y del mal nos sitúan ante el fondo del
problema moral y también ante la realidad de la libertad del hombre, tal como la presenta
el cristianismo. No como una ley necesaria de la naturaleza, sino como un combate épico
entre el bien y el mal que pasa por la voluntad de cada persona”.

G. LA AUTORIDAD Y EL AVENTURERO

Después de evitar los peligros del materialismo y del determinismo moral, Chesterton ahora
ve su vida, su relación con el mundo y a los demás y , sobre todo su relación con Dios, con
los ojos de fe cristiana. Esto es una vida nueva para el que tiene como su centro en la misma
persona de Cristo, que es el centro de la religión cristiana. “Después de haber rescatado de
la implacable necesidad materialista la magia y maravilla del mundo, y de haber librado a la
libertad humana de los determinismos y despistes naturalistas, Chesterton presenta con
trazos gruesos los rasgos épicos de los misterios cristianos, con la vida de Dios en la
Trinidad, la maravilla de la creación, el abismamiento de la Encarnación y la muerte del
Señor abandonado en la cruz.

Y se enfrenta con la idea de que, más o menos, todas las religiones son iguales y
predican una especie de amnistía y trascendencia universal. No hay tal cosa. Ni siquiera
cuando se pueden encontrar algunas cercanías con la serenidad del budismo, que no quería
ser una religión, el misticismo hindú o la trascendencia de Dios en el islam. El cristianismo
tiene un protagonista, que es Cristo, centro absoluto de la religión cristiana”.

III. CONCLUSION: VALORACION DE LA OBRA

En esta obra se demuestra un itinerario de pensamiento que quiere buscar y amar la


verdad. Este itinerario es también como el camino de la vida donde hay muchos desafíos y
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dificultades a lo largo del camino. En cuanto que uno está abierto a la verdad y su corazón
está lleno de sinceridad nunca perderá el sentido de su búsqueda hasta llegar a su fin.

Chesterton ha demostrado en esta obra la aventura de esa búsqueda sincera de la


verdad que para nuestra época servirá también para decir a todos los hombre que ser
cristiano no es una locura, sino que es el verdadero camino de la vida.