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La Tragedia de Empédocles (fragmento)

“¡Adiós!: esta es la última palabra de un mortal que os ama y que en estos


instantes vacila entre vosotros y sus dioses que le llaman. Nuestro espíritu se
resiste a la despedida. Los que no vuelven dicen siempre la verdad.

¿No conocéis el lenguaje de los dioses? Yo lo percibí al nacer a la vida y


contemplarla, aún antes de aprender el lenguaje de los padres.

Siempre que meditaba en esta hermosa vida mi corazón sólo pedía una cosa a
los dioses, que cuando mis fuerzas juveniles ya no pudieran soportar la
sagrada dicha y, como a los antiguos favoritos del cielo la plenitud de mi
espíritu se transformase en locura, entonces que enviaran a mi corazón un
inesperado destino, como señal de que había llegado el tiempo de la
purificación y el momento de salvarme y caminar hacia una nueva juventud,
para que el amigo de los dioses no sirviese de juego a los hombres, ni fuese
objeto de su burla y escarnio.

Por eso, no exijáis el retorno del hombre que os amó y vivió entre vosotros
corto tiempo como un extraño, No exijáis que entregue lo sagrado de su alma a
los mortales.

¡PALLAKSCH!

Quizás, así como el político o el científico buscan un discurso “convincente”, el


poeta puede jactarse de vacilar en el lenguaje, de no estar seguro, de
arriesgarse a ese peligro que abre el habla a sus bordes y abismos.

Quien tropieza en el lenguaje es quien no ejerce su fuerza totalitaria. El poeta


se mueve en ese peligroso margen entre el sentido y el sinsentido. Hölderlin
durante sus años de locura y su encierro en la torre, pronunciaba una única
palabra carente de sentido para el resto de los mortales: “Pallaksch”.

Paul Celan, con su lengua balbuciente, propia de quien debe deconstruir un


idioma tan poderoso como el alemán para evidenciar sus potencias y
flaquezas, escribe este poema en los límites mismos del lenguaje:

“Si viniera,/ si viniera un hombre,/ si viniera un hombre al mundo,/ hoy, con / la


barba de luz de/ los patriarcas: debería,/ si hablara de este/ tiempo,/ debería/
sólo balbucir y balbucir,/ siempre-, siempre-,/ asíasí// (“Pallaksch, Pallaksch”.)
La nietzscheana destrucción del dios – gramática que Huidobro lleva a cabo en
el Altazor, culmina con la vasta imagen creacionista transformada en apenas
glosolalias que evidencian ese lugar donde el poeta juega con los restos del
lenguaje

¿Quién está seguro en el lenguaje? No los poetas, afortunadamente. A estos


tropiezos, estos intentos del tal vez, a todo lo que como posibilidad destituya
las certezas, intentamos dedicarnos

Deleuze considera a la lengua como un sistema en desequilibrio

Citamos estas palabras del filósofo Hans- Georg Gadamer sobre Hölderlin.

"Ningún otro de nuestros grandes poetas ha buscado como él la palabra,


casi balbuciendo, ni interrumpido una y otra vez esa búsqueda tan
desesperanzado.
Ningún otro estuvo como él tan penetrado por la incapacidad, por la
imposibilidad de expresar aquello que vislumbraba. Quizá sea eso lo que en la
palabra de este poeta nos conmovió en lo más profundo, a nosotros y al
espíritu de nuestro tiempo. Es probable que eso tenga que ver con el hecho de
que todos lo leyéramos y pensáramos en él como en alguien que, atravesando
la distancia que nos separaba de nuestros poetas clásicos, era uno de los
nuestros. Para Rilke y Trakl era algo natural escuchar esa manera de decir de
un poeta que intenta fijar en la palabra, en visiones siempre nuevas cada vez,
su propia y oprimida imposibilidad...y lo consigue.
Para nosotros fue también y siguió siéndolo, el precursor del descubrimiento
nietzscheano del sustrato de lo dionisíaco de lo apolíneo en la cultura griega.
Lo que para él significaba hablar es quizás la forma primigenia de hablar en
términos absolutos. Hablar es buscar la palabra. Encontrarla es siempre una
limitación. El que de verdad quiere hablar a alguien lo hace buscando la
palabra, porque cree en la infinitud de aquello que no consigue decir y que,
precisamente porque no se consigue, empieza a resonar en el otro. Algo de
esta sabiduría del balbucir y enmudecer sea tal vez la herencia que nuestra
cultura espiritual deba transmitir a las próximas generaciones".

Escribe Albert Beguin en su célebre ensayo El alma romántica y el sueño:


"Entre todos los poetas de su tiempo, Hölderlin fue acaso el único que tuvo el
sentido íntimo del mito, el sentido de los dioses hasta el punto de percibir en
los hombres menos realidad que en las figuras celestiales (…) La noche no es
para Hölderlin el reino sagrado del las revelaciones. La noche simboliza para él
la larga época de la historia humana de la cual se retiraron los dioses y vive en
espera del alba nueva que vendrá...”

Sophie y Diótima. La noche y el día.

Novalis pierde a su amada adolescente, la Sofía, y el cementerio donde se le


aparece la niña es llamado por el poeta "tierra santa" y el lugar donde está
enterrada "el santo sepulcro". Novalis alcanza la eterna noche de bodas es la
muerte, la noche, ese camino donde seguir los rastros del amor. En cambio
Diótima es aludida como la atenea y deificada, helenizada como una deidad
griega, Hölderlin escribe. que algún día su nombre irá unido a lo sagrado o será
pronunciado junto a los dioses:"Mis mortales ojos verán brillar el día en que tu
nombre , oh Diótima será pronunciado junto a los dioses y con el de los héroes,
ya que tú lo eres". Tengamos en cuenta que Novalis sobrevive a su amada
cuatro años en los que la nombra, se inmortaliza y la inmortaliza en su poesía.
En cambio, Hölderlin sobrevivirá a Diótima más de treinta años. Solo y sin
dioses.

Este conocido poema, como toda la obra de Hölderlin. marca una inflexión en
su vida, la mitad justamente, pero también vislumbra.

"Lo que buscas ya te sale al encuentro", "A menudo es preciso callar, faltan
nombres sagrados" escribe el poeta en su larga elegía "Retorno a la patria".

"Creo en una futura revolución de las ideas y modos de representación que


hará enrojecer de vergüenza a todo lo anterior".

De los retratos

En el retrato célebre de Arthur Rimbaud vemos la soberbia adolescente, en


Baudelaire la furia y la voluptuosidad, algo de niñez aterrorizada en Pizarnik, en
Novalis podemos percibir su visión febril, la decisión de acompañar a la amada
en la muerte. Mientras tanto, en el relato que conocemos de Hölderlin
distinguimos la lejanía, como esas personas que cuando nos miran están
viendo más allá de nosotros, algo esquivo y temeroso, algo azul en la mirada
como un mar en torno a Grecia...

…comprenda el lenguaje de los dioses, el cambio y el acontecer;


y si el tiempo impetuoso conmueve demasiado violentamente mi cabeza,
y la miseria y el desvarío de los hombres estremecen mi alma mortal,
¡déjame recordar el silencio en tus profundidades!

(fragmento de la elegía El Archipiélago).

Inventario de noches.

El idealismo mágico de Novalis. El idealismo absoluto de Hegel que nombra


"esa noche que vemos cuando miramos a un hombre a los ojos". La noche
oscura del alma en San Juan de la Cruz ("oh noche que guiaste, noche amable
más que el alborada, oh noche que juntaste amada con amado, amada en el
amado transformada").
La noche de García Lorca donde "la luna, luna", vela al niño gitano que muere,
(el aire la vela vela, el aire la está velando).
La noche del galés Dylan Thomas que le escribe a su padre moribundo "No
entres dócilmente en esa noche buena. Enfurécete. Enfuréce ante la agonía de
la luz".
La noche pesadillesca, tenebrosa del gótico, el hijo siniestro del romanticismo,
en la cumbre del gótico inglés que propicia el Frankestein de Mary Shelly, en la
otra noche, la noche de tormenta en el castillo y los cuentos góticos entre Lord
Byron y Percy y Mary Shelley. Pizarnik cuando, mucho más fiel a la escuela
romántica que a la surrealista escribe "corazón de la noche, habla".
Todo este inventario de noches tiene particularidades en las cuales predomina
algo de misticismo. La noche de Hölderlin es la de vivir en un mundo sin
dioses, sin héroes, sin mitos. Por eso es la noche sagrada. Pero apunta a un
alba, a un día, lejos, atrás hacia el futuro.

Citamos entonces la gran elegía "Pan y vino"

"Pero hemos llegado tarde, amigo mío. Sí, los dioses viven,
pero allá, más allá de nuestra frentes, en el seno de otro mundo.
Allá cumplen eternamente sus actos, y el cuidado que tienen de nosotros
parece tan leve, porque son muy delicados esos huéspedes del cielo.
Un vaso frágil no es capaz de contener su perpetua presencia:
sólo en breves instantes puede el hombre sufrir la plenitud divina"

"y tú dices ¿para qué poetas en tiempo de penuria?


pues ellos son como los sacerdotes del dios del vino
que peregrinaban de tierra en tierra en la noche sagrada"

Por su parte, Octavio Paz, en "Los hijos del limo" (1986), afirma: "El tema de
Hiperión es doble: el amor por Diótima y la fundación de una comunidad de
hombres libres. (...) El punto de unión entre el amor a Diótima y el amor a la
libertad, es la poesía. Hiperión no sólo lucha por la libertad de Grecia sino por
la instauración de una comunidad de hombres libres. La palabra poética es
mediación entre lo sagrado y los hombres, y así es el verdadero fundamento
de la comunidad".

“Las preguntas de los ángeles son las que han provocado la irrupción de los
demonios".
(René Char)

"Fue la suya una creación profética. Su obra es la precursora del estilo rítmico
de un Nietzsche, de la lírica de Verlaine, un Baudelaire y de todo lo que hoy
pugna por encontrar la más moderna poesía. Sentado junto a los tranquilos
arroyuelos, que acompañaban con su suave murmullo la canción de su alma,
recreando en sus ritmos las líneas serenas y dulces de las montañas del sur de
Alemania, Holderlin fue encontrando poco a poco esta nueva forma".
(Wilhem Dilthey)

"Leí a Hölderlin. Tiene algo de oracular..." "Gusto por expresiones como "lo
incierto" "lo devastado" "lo sagrado", frecuentes en Trakl, Hölderlin,
reminiscencias de la metafísica, de vida antigua..."
(Alejandra Pizarnik, Diarios)

"En la inacabada tragedia Empédocles, el poeta nos despliega su naturaleza


propia. La muerte de Empédocles es una muerte nacida de un orgullo divino,
de un desprecio hacia los hombres, de un estar harto de la tierra, y de un
panteísmo. La obra entera siempre que la he leído, me ha conmovido de una
manera muy especial: una majestad divina alienta en ese Empédocles".
(Friedrich Nietzsche, a los 17 años, recomendando a su poeta preferido cuando
Hölderlin aún era casi desconocido).

He mantenido una breve correspondencia con el prestigioso y joven


dramaturgo argentino Alejandro Tantanián. Ganó un premio por su obra sobre
Hölderlin llamada "Un cuento alemán". Ante las palabras que le manifesté "a
veces es mejor la pluma de un buen dramaturgo que la de cualquier biógrafo",
me envió gentilmente el texto completo de su obra. Cito el pasaje donde
describe la muerte de Diótima.

“Frente a la casa Gontard, frente a la boca abierta de la sirvienta horrorizada


dice Hölderlin son tiempos finales, gentil señora, y por eso vengo a rescatar a
la única persona que puede descansar sobre mi cuerpo, usted sabe a quién
me refiero, y mira a la sirvienta, mira los ojos de la sirvienta y dice yo soy aquel
que amó a la señora de esta casa, ella me enseñó una verdad, leve, como la
respiración de los dioses, la verdad de los labios buscando otros labios y son
tiempos finales, dice sobre el rostro en tensión de aquella pobre mujer, llame a
la señora y dígale, Honorable Excelencia, que tenga a bien presentarse a esta
puerta, frente a mi humilde persona que yo sabré tomarla entre mis brazos y
conducirla hasta el lecho donde descansará, dice, por siempre, junto a mí, dijo.
La sirvienta dijo entonces: la señora Susette ha muerto, señor, hace seis
meses.
Y él baja la cabeza, así, lentamente.
Y calla.
Un largo silencio se apodera de la casa.
Es el silencio de Hölderlin.
Y de alguna extraña manera el tiempo se detiene.

Largo silencio.
La cabeza baja, el mentón casi sobre el pecho, el viento sobre los cabellos
inmóviles de barro. Luego levanta los ojos del piso y los cierra, se deja
acariciar por el perfume que sale de la casa.
Hölderlin abre los ojos y los hunde más allá de aquella mujer, más allá de
aquella puerta y dice suavemente: Diótima, querida Diótima, ése era el nombre
que él supo darle en las cartas, el nombre de papel, decía ella, Diótima dice, tal
vez puedas oírme, quizás me confunda en tu nombre por siempre, me disuelva
sin pausa entre las letras de tu nombre, digo, dice él, Diótima. Ya es tarde, ha
caído la sombra sobre el día y ahora reinará el sueño, para siempre. Pongo fin
a este camino, aquí, delante de esta puerta, frente a esta Excelentísima Dama,
yo decido perderme en un laberinto de madera, Diótima amada, eres aire hoy y
yo seré aquello que acaricies, una ventana sobre las aguas del río, unas pocas
palabras sobre unos pocos papeles, melodías sobre un piano, un lugar en el
silencio y esta carne que se disuelve, se duerme, amada Diótima. Llegué tarde,
dice, no pude besar tus labios que ahora besan la tierra, sólo resta decir
gracias, Dignísima Dama, hacer esta profunda reverencia, dice e inclina su
cuerpo así, y dar la espalda a esta puerta, a este jardín, a esta calle, dice.
Dar la espalda, dice.
Y se dirige a la casa del carpintero, a orillas del río y pide un cuarto para toda
la eternidad.”

Lamentaciones de Menon por Diótima

"Día tras día, mi alma se esfuerza en busca de algo nuevo,


Y hace tiempo he interrogado a todos los senderos del país;
he visitado todas las alturas, las sombras
Y los manantiales; implorando tranquilidad...
¿nadie Puede alejar de mi frente el sueño doloroso?...
...Y a aquellos que aman les es concedida una vida diversa.
Porque todos ellos, los días y años de las estrellas, estaban Ligados a
nosotros,
Diótima, con lazos íntimos y eternos...
...Por eso vago errante, y así como las sombras debo vivir...
...Insensible y mudo como los niños, paso sentado todo el día,
...Mucho es encontrar lo grande, y mucho queda aún, y quien así
Ha amado, debe seguir por la ruta que lleva hacia los dioses.
Y vosotras, horas sagradas, ¡acompañadnos!
¡Vosotros, graves Adolescentes!
¡Ah!, quedaos, presagios divinos,
Allá donde están las musas, de donde provienen héroes y amantes,
O también aquí, en esta isla húmeda de rocío, nos encontremos,
Donde los nuestros están reunidos en jardines floridos,
Donde los cantos son verdaderos y son más largas las bellas primaveras,
Y donde de nuevo se inicia un año de nuestra alma....”
(fragmentos de la elegía de Hölderlin)
Entre dos cartas.

1798 es el año en que Hölderlin fue echado de la casa de su amada


Susette Gontard o Diótima, por el esposo de la dama, publicado ya el primer
tomo su novela Hiperión. Un año antes se publicó la primera parte del Fausto
de Goethe. Hölderlin está trabajando en La Tragedia de Empédocles y en
parte de lo mejor de su obra. Puede decirse que ha alcanzado una madurez
incuestionable como poeta. Se muda a Hamburgo, cerca de la amada, para
experimentar algún tipo de cercanía.
En esa época de plenitud creativa escribe a un amigo una carta cuyo tono
sombrío no parece coincidir con los logros de su obra:

Noviembre de 1798

"Lo que más ocupa ahora mi pensamiento y mi mente es lo vivo en la poesía.


Noto hondamente lo lejos que estoy todavía de encontrarlo y sin embargo toda
mi alma aspira a ello y muchas veces me emociono y tengo que llorar como un
niño cuando siento reiteradamente que a mis descripciones les falta una u otra
cosa, pero con todo no puedo encontrar los medios para salir del error poético
por el que voy vagando.
Ah, el mundo ahuyentó mi espíritu retrayéndolo a su interior desde la temprana
juventud y todavía padezco ese mal. Existe desde luego un hospital al que
puede retirarse con honor cualquier poeta malogrado como yo: la filosofía.
Pero no puedo abandonar a mi primer amor, a las esperanzas de mi juventud,
y prefiero caer sin mérito alguno, antes que separarme de la dulce patria de las
musas de la que solo el azar me ha apartado.
...me acobarda demasiado la parte común y vulgar de la vida real..."

En 1802, viaja a Francia por un preceptorado. Repentinamente huye de


Burdeos, donde cuentan que se lo ha visto haciéndole reverencias a las
estatuas. Se aparece en su tierra natal con un aspecto que asusta a los suyos.
Es el momento donde se entera de la muerte de su amada Diótima. Hölderlin
busca refugio en la casa de su madre. La madre se escandaliza al abrir la valija
de Hölderlin y leer las cartas de Diótima, esa relación "inmoral" con una mujer
casada y se lo reprocha al poeta sin saber que su "amada inmortal" había
muerto. En un viaje sin retorno. Hölderlin echa violentamente a su madre de la
casa. Esta es la ruptura definitiva de la relación. La madre no se opondrá a que
el poeta sea internado en Tubinga y ya no lo visitará en su posterior encierro.
En esos momentos de dolor y desgarramiento de la conciencia escribe,
paradójicamente una carta a un amigo que es como una revelación o una
iluminación. Esta carta, tanto como los textos que el poeta escribe en su
colapso, son los que tomará Heidegger para sus célebres análisis.

"Querido mío:

Hace mucho que no te he escrito; mientras tanto, he estado en Francia y he


visto la triste y solitaria tierra; los pastores del sur de Francia y algunas
bellezas hombres y mujeres, que han crecido en la angustia de la duda
patriótica y del hambre.
El poderoso elemento, el fuego del cielo y la calma de las gentes, su vida en la
Naturaleza, y su limitación y contento, me han impresionado constantemente y,
como se cuenta de los héroes, bien puedo decir que me ha herido Apolo.

...Lo atlético de la gente del Sur, en las ruinas del espíritu de la Antigüedad, me
hizo más familiar con el ser auténtico de los griegos; conocí su naturaleza y su
sabiduría, sus cuerpos, el modo como crecían en su clima, y las reglas con que
defendían el genio demasiado animoso frente a la violencia de los elementos.

Me fue necesario, después de muchas agitaciones y sacudidas del alma,


establecerme fijo, por algún tiempo...

La naturaleza de la patria me invade con tanto más poder cuanto más la


estudio. La tormenta, no sólo en su aparición más alta, sino precisamente bajo
este aspecto, como potencia y como figura, en las restantes formas del cielo, la
luz en su actuación, nacionalmente y formando como principio de modo de
destino, para que algo se nos haga sagrado, su impulso en ir y venir, lo
característico de los bosques y la coincidencia en un lugar de diversos
caracteres de la Naturaleza, de modo que todos los lugares sagrados de la
tierra están reunidos en un lugar y la luz filosófica en torno a mi ventana es
ahora mi gozo; ¡ojalá pueda retener cómo he venido hasta aquí!

¡Querido mío! Pienso que nosotros no vamos a comentar a los poetas hasta
nuestro tiempo, sino que el modo de cantar en general va a tomar otro
carácter, y que nosotros no prevalecemos porque nosotros, desde los griegos,
empezamos otra vez, de modo ancestral y natural, a cantar propiamente con
originalidad.

Pero escríbeme pronto. Necesito tus puros acentos. La psique entre amigos, el
surgir del pensamiento en el diálogo es necesario a los artistas. Si no, no
tenemos ninguno para nosotros mismos; por el contrario, pertenece a la
imagen sagrada que formamos. Que te vaya bien.

Tu H."

“Pero tú, inmortal, aunque ya no te festeje la canción de los griegos, como


entonces, resuena a menudo, ¡oh dios del mar!, con tus olas en mi alma, para
que prevalezca sin miedo el espíritu sobre las aguas, como el nadador, se
ejercite en la fresca dicha de los fuertes, y
De las amistades

Hegel escribe en su diario tras una excursión por lo Alpes suizos que es
incapaz de describir lo que ha visto. Para eso están los poetas y en especial
para eso estaba su amigo Hölderlin. Como es lógico, Hölderlin jamás podría
haber escrito un monumental tratado de filosofía como Hegel. Porque su
pensamiento como sus ojos lejanos cristalinos casi agua tienden a la
desintegración.La poesía es lo que no puede ser tomado, lo que se sustrae a
toda sistematización. Y si hay alguien capaz de describir un paisaje ese es
Hölderlin. Aún así Hegel le dedica un hermoso poema a su amigo. Y Hölderlin
filosofa. Tanto que bien puede ser llamado el poeta filósofo o el poeta de los
filósofos.

Del pensamiento

El pensamiento lo atravesó, lo visitó se posó en él como un ave dubitativa, se


multiplicó, se disgregó, se desdobló, mostró sus facetas más misteriosas; pero
no se quedó, no podía quedarse no podía hacerlo
Entonces se hace lógico creer en eso del puro devenir o que “el hombre es un
dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa.”
Que hermoso sería comprender que no se es dueño de ningún pensamiento,
de ningún conocimiento, que ello está allí, simplemente no ser dueño de ningún
saber supuesto o fantaseado

Epitafio en la tumba de Holderlin

"Que en lo más sagrado de la tempestad


caigan los muros de mi mazmorra,
ennoblecido y libre peregrino
mi espíritu hacia la tierra desconocida".

Volvemos sobre unas frases del Hiperión por sus múltiples resonancias…
¿budistas? ¿panteístas? ¿fichteanas? ¿románticas? ¿presocráticas?
¿proféticas?¿revolucionarias?

...A menudo alcanzo esa cumbre. Pero un momento de reflexión basta para
despeñarme de ella...
...¡Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas!...
...En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a
diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea....
...¡Oh sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando
reflexiona...

Y a propósito retomo a otro fragmento de la novela Hiperión que un


concurrente al encuentro relacionara con Heráclito:
"Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de
la naturaleza, esta es la cima de los pensamientos y alegrías,
¡Ser uno con todo lo viviente!"

Leemos entonces este fragmento de Heráclito:

"Si no me habéis oído a mí sino al sentido,


entonces es sabio decir en el mismo sentido: Uno es Todo".

Nos lleva por lógica a la gran conferencia de Heidegger (Logos, fragmento


50) que analiza este fragmento del filósofo presocrático:
"Una vez, en los comienzos del pensar occidental, la esencia del lenguaje
destelló a la luz del ser. Una vez, cuando Heráclito pensó el Logos como
palabra directriz para, en esta palabra, pensar el ser. Pero el rayo se apagó
repentinamente. Nadie tomó la luz que él lanzó ni la cercanía de aquello que él
iluminó.
Sólo veremos este rayo si nos emplazamos en la tempestad del ser. Pero hoy
en día, todo habla en favor de que el único esfuerzo del hombre es hacer a un
lado esta tempestad. Se hace todo lo posible para disparar contra las nubes
con el fin de tener calma ante la tempestad. Pero esta calma no es ninguna
calma. Es sólo una anestesia; una anestesia contra el miedo al pensar".

El rayo, la tempestad, las tormentas de Dios, vamos hacia este poema de


Hölderlin no por oscuro menos bello:

EL POETA (Wie wenn am Feiertage...)

Como cuando en día de fiesta, a ver el campo


va un labrador, por la mañana, después
que en la noche tibia los rayos helados cayeron
sin cesar, y a lo lejos aun suena el trueno,
entra el torrente de nuevo en sus márgenes,
y fresco el suelo verdea,
y de la lluvia alegre del cielo
gotea la viña, y brillando
en el tranquilo sol se alzan los árboles del bosque:

así estáis bajo la tempestad fertilizadora


vosotros, los que no educa ningún maestro, sino
maravillosamente omnipresente, en leve abrazo,
la potente Naturaleza de hermosura divina.
Por eso cuando ella parece dormir, en ciertos tiempos del año,
allá en el cielo o bajo las plantas o los pueblos,
también se entristece el rostro de los poetas;
parecen estar solos, pero la presienten siempre.
Pues presintiéndose reposa ella misma.

¡Pero ahora amanece! Yo esperé y lo vi venir,


y sea mi palabra lo que vi, lo sagrado.
Pues la naturaleza, que, más antigua que los tiempos,
está sobre los dioses del occidente y del oriente,
ha despertado ahora con ruido de armas,
y desde lo sumo del éter hasta lo hondo del abismo,
según firmes leyes, como otrora, engendra en el sagrado Caos,
se siente de nuevo la exaltación,
de nuevo, la creadora de todo.

Y como brilla un fuego en la mirada del hombre


cuando se arroja a lo alto, así
por los nuevos signos y los hechos del mundo
ahora un fuego se enciende en el alma del poeta.
Y lo que ocurrió antes, pero apenas fue sentido,
ahora por fin se hace manifiesto,
y las que nos labraban riendo el campo,
en apariencia de siervo, son reconocidas,
las vivificadoras, las fuerzas de los dioses.

¿Les preguntas? En la canción clama su espíritu,


al crecer con el sol del día y la tibia tierra,
y los temporales que van por el aire y otros
que, más preparados en las honduras del tiempo,
y más henchidos de numen, y más comprensibles para nosotros,
marchan entre el cielo y la tierra y entre los pueblos.
En paz están lográndose pensamientos del espíritu común
en el alma del poeta.

Para que súbitamente tocada ésta, conocedora


de lo infinito ha largo tiempo, sacudida
por el recuerdo e inflamados vosotros por sagrado rayo,
el fruto nacido en el amor, la obra de los dioses y los hombres,
el cántico encendáis, que de ambos dé testimonio.

Así cayó, según cuentan los poetas, su mirada en la casa


de Semele cuando ella anheló ver realmente al dios
y, divinamente tocada, parió
al fruto de la tormenta, el divino Baco.

Y por eso ahora beben fuego celestial


sin peligro los hijos de la tierra.
Pero a nosotros nos toca, bajo las tempestades de Dios,
¡oh poetas!, permanecer con la cabeza descubierta,
tomar el rayo del padre, a él mismo, con nuestra propia mano,
y entregar al pueblo, velados en la canción,
los dones celestes. Porque sólo nosotros somos de corazón limpio
como los niños, y nuestras manos son inocentes;
participando del rayo del padre, que, puro, no lo quema,
y de los dolores de un dios, con hondo sacudimiento,
permanece empero firme el eterno corazón.

(Versión de José Mª Valverde)


Citamos un pasaje de un reportaje a George Steiner,:
"Heidegger: ¿cómo puede ser que los presocráticos, y tal vez Platón,
Aristóteles, Píndaro, hayan dicho ya lo esencial, reduciéndonos a nosotros al
estado de nota preliminar? Respuesta de Heidegger: se estaba todavía en un
momento de la Historia del hombre en que el lenguaje guardaba relación con
su origen misterioso, en que el ser era una luz a través del lenguaje".

Pensamos entonces, en este diálogo entre poesía y filosofía, que el poeta


parece ser el encargado de tomar el rayo donde alguna vez alumbró la palabra
inicial para entregarlo a un pueblo como un mediador entre hombres y dioses,
tal la misión del poeta.

"Desde la mañana". Tal vez cuando el lenguaje tocaba el ser.

LO QUE SALVA EN EL PELIGRO

Somos un signo sin interpretación


estamos sin dolor y casi hemos perdido
el habla en lo extraño

Fragmento de Mnemosynne

Un signo somos sin interpretación, indescifrable.


Sin dolor estamos y, casi hemos
Perdido el idioma en el extranjero
El anhelo de disolución búdico- panteísta expresado en el Hiperión: ser uno
mismo con todo lo viviente, toca lo mortecino en un feliz olvido de sí mismo. La
fusión con el todo: la naturaleza, la amada, lo divino, la revolución. Luego del
intento crístico de una fusión suicida con el elemento fuego en La tragedia de
Empédocles, Hölderlin entra en una locura sin retorno. Es entonces cuando
hace su aparición un nuevo y crucial elemento en su poética: la medida.
Así articula su idea de «la huida de los dioses». Se hace necesario vivir esa
distancia, esa «noche sagrada». Soportar la noche del mundo. Los «tiempos de
indigencia». El «ya no» de los dioses que se marcharon y el «aún no» de la
hora del retorno.
El sacrificio crístico, expresado en la figura mítica del filósofo Empédocles, la
ruptura con Susette Gontard y con el mundo todo, da lugar a las elegías, odas
e himnos en las que Hölderlin despliega sus alas hacia el otro lado.
Pero algo diferencia este salto o «puesta en acto» de la actitud de otros poetas:
en lugar del intento de fusión con el mito de origen; acontece la distancia justa.
Ya no se trata de Rilke y la rosa ni de Pizarnik y la muñeca suicida que hace el
poema con su cuerpo ni de Rimbaud y las profecías salvajes autocumplidas ni
de Vallejo en París con aguacero ni de Alfonsina y el mar. No en este caso.

Escribe Maurice Blanchot:


«La inspiración ya no consiste en recibir el sagrado rayo de luz y apaciguarlo
para que no queme a los hombres. Y la labor del poeta ya no se limita a esa
mediación demasiado simple, por la que se le pedía que se mantuviera de pie
frente a Dios. Es frente a la ausencia de Dios que debe mantenerse esa
ausencia de la que debe instituirse en guardián, sin perderse en ella y sin
perderla, es la infidelidad divina que debe contener, preservar; es «bajo la
infidelidad», dónde hay olvido de todo, que entra en comunión con el Dios que
se aparta».

Giorgio Agamben da como fecha de nacimiento de lo que llama la «ateología


poética»* de la modernidad (ver nota al pie), el día en que a principios del siglo
XIX, Hölderlin corrigió los últimos dos versos del poema «Dichterberuf»
(Vocación de poeta).

Und keiner Waffen brauchts, uns keiner


Waffen, solange der Gott nich fehelet.

(Y (el poeta) no tiene ninguna necesidad de ninguna dignidad,


de ningún arma, mientras no le falta Dios.)

Veamos la corrección:

Und keiner Waffen brauchts, uns keiner


Listen, so lange, bis Gottes Felh hilft

Y no tiene ninguna necesidad de ningún arma, de ninguna


astucia, hasta lo ayuda la falta de Dios.

El viraje consiste, justamente, en que la falta de Dios ayuda.


¿Hay «una traición de estirpe sacra»?
Escribe Agamben: «La infidelidad holderliniana» se basaba precisamente en la
idea de que «la memoria de los seres celestiales» no se acaba, aquí domina
una sobria «determinación de prescindencia».
Citamos nuevamente a Blanchot, quien trabaja en sintonía con el trabajo de
Beda Allegan, Hölderlin et Heidegger:.
«Viviendo puramente la separación, siendo la vida pura de la separación
misma, porque ese lugar vacío y puro que distingue a las esferas es lo
sagrado, la intimidad del desgarramiento que es lo sagrado».

Se produce entonces el último vuelo, el de las odas e himnos de la locura, para


dejar luego paso a la simpleza de los escritos de los últimos años, en la torre
del carpintero Zimmer, en pacífica comunión con la naturaleza y a distancia
también del resto de los hombres.
«Cuanto más sometido está Hölderlin a la prueba del «fuego del cielo», más
expresa la necesidad de no entregarse a ella sin medida.» escribe Blanchot.
Tanto Blanchot como Agamben y Beda Alleman remarcan un cambio en un
verso, apenas un cambio en un verso de Hölderlin que tendrá enormes
implicancias: «la falta de Dios ayuda»...

Continuamos con Blanchot:


«Hoy el poeta ya no debe mantenerse como intermediario entre los dioses y los
hombres, sino mantenerse entre la doble infidelidad, mantenerse en la
intersección de esa doble inversión divina, humana, doble y recíproco
movimiento por el cual se abre un hiato, un vacío que desde ese momento
debe constituir la relación esencial entre los dos mundos.»
¿Continuidad histórica?
Hölderlin morirá un año antes del nacimiento de Nietzsche…

A través de himnos como Patmos, El único, Germania o El Rhin, vuela sobre el


clasicismo y el romanticismo para constituirse en el poeta que fue, es y será, es
decir, articula su idea de la retirada de los dioses.

Cerca está y difícil de aprehender el Dios


Pero allí donde está el peligro crece lo que salva… »
…Danos, oh agua inocente, alas, para con el más fiel sentido
Pasar al otro lado y retornar…

Esa última lucidez del poeta que vuela, para con el más fiel sentido pasar al
otro lado. Y retornar. Y no.

* Según Agamben: «Lo propio de la ateología poética, en contraste con toda


teología negativa, es la singular coincidencia de nihilismo y práctica poética,
por la cual la poesía se vuelve el taller en el que todas las figuras conocidas
son desmontadas para dejar espacio a nuevas criaturas para-humanas o
subdivinas: el semidiós hölderliniano, , la marioneta de Kleist, el Dionisio
nietzschiano, el ángel y la muñeca de Rilke, el Odradek kafkiano, hasta la
«cabeza de medusa» y el «autómata» de Celan y la montaliana «huella
madreperlácea del caracol».