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Unidad 1.

Conceptos generales

Introducción
El propósito de esta unidad es identificar los conceptos generales que
conforman el derecho romano, en la contextualización de sus principios e
importancia dentro de la disciplina.

A lo largo de la unidad abordaremos los subtemas

1.1. Características del derecho romano

1.2. ¿Por qué estudiar el derecho romano?

Derecho Romano 1
Conceptos generales
El derecho romano muestra cómo se formaron las instituciones jurídicas,
principalmente en el ámbito del derecho privado.

La formación histórica de las instituciones se llega también al conocimiento de


la occasio legis o sea, a la razón de ser del fenómeno jurídico; en otras
palabras, se precisa su fuente real, lo cual proporciona un auxilio valiosísimo
en el conocimiento íntimo de tales institutos, que abre la puerta al jurista hacia
la ratio legis de la norma.

El derecho romano ha influido en mayor medida en las zonas más técnicas de


nuestro derecho privado tales como las obligaciones, contratos bienes y
sucesiones y en menor medida tratándose de la familia. (Beatriz Bernal y José
de Jesús Ledezma, 2008, pág. 26).

El Derecho romano es el conjunto de disposiciones jurídicas que rigieron a la


comunidad política romana desde su fundación (753 a.C.?) hasta la muerte del
emperador Justiniano (565 d.C.).

A pesar de que el derecho romano no es el derecho más antiguo que se


conoce, presenta en su sistema, sus fuentes, concepciones e instituciones,
ciertas particularidades que lo hacen aparecer como autónomo e inconfundible
frente a los otros derechos de la antigüedad. (Sara Bialostosky, 2014, pág. 1)

En sentido restringido, entendemos por derecho romano el orden normativo


que rigió a la sociedad romana desde sus orígenes hasta el año 476 D.C. en
que se extingue el Imperio Romano de Occidente. Desde un punto de vista
más amplio, el derecho romano debe considerarse bajo los siguientes aspectos
según Bernal y Ledesma (2010):

Derecho Romano 2
El Derecho romano originalmente, es el derecho reconocido por las autoridades
romanas hasta 476 d. de J.C. y, desde la división del imperio, el reconocido
por las autoridades bizantinas –estrictamente hablando, hasta 1453- dentro de
su territorio. Conocemos este derecho, sobre todo, por la gran compilación
realizada por juristas bizantinos en tiempos del emperador Justiniano (527-
565) y llamada, desde la Edad Media, el Corpus iuris civilis, para distinguirla
del Corpus iuris canonici. (Guillermo Floris, 2014, pag.11).

El derecho es un orden que se expresa normativamente para regir a la


sociedad y tiene como principal función permitir una vida organizada del
conglomerado humano que conduzca al progreso colectivo, que no es otra cosa
que el bien común público. No es exacto, como generalmente se afirma, que el
derecho sea un conjunto de normas, la norma es la expresión del derecho pero
no el derecho mismo. El derecho es el ordenamiento de la vida social que se
inspira en los valores de justicia y equidad especialmente; sin él, la
organización de la vida gregaria no resultaría posible. De aquí, que desde

Derecho Romano 3
tiempos inmemorial es, los pueblos hayan sido regidos por estos principios. A
través del derecho, expresado en conjunto organizado de normas, se logra un
ajuste entre personas, cosas y acciones, mediante la colaboración de
gobernantes y gobernados (Bernal y Ledesma, 2008, pág. 19).

1.1 Características del Derecho Romano


Las características del Derecho Romano de acuerdo con Bialostosky (2014:1-
2), son las que a continuación se enumeran

La separación entre norma jurídica y religiosa – la distinción entre ius y fas es


antiquísima. El fas es lo no prohibido, lo que la religión considera lícito, el ius lo
puesto en orden como justo; nefas lo prohibido por la religión. No obstante la
relación del derecho arcaico con los ritos religiosos, el derecho romano se
presenta como un orden secular.
La presencia de un sistema unitario integral regulador de las manifestaciones
sociales y no simple elaboración de normas jurídicas. A pesar de la
yuxtaposición de capas a través de su larga historia jurídica, en todo momento
se delinea e individualiza el derecho vigente.
La constante transformación y evolución jurídica, que sin romper con el
pasado, hace que el sistema jurídico romano se adapte a nuevas situaciones y
prevea futuras necesidades. Los romanos no abolían instituciones obsoletas,
por el contrario colocaban a su lado, instituciones que se acoplaban más a las
nuevas exigencias; respetando así el apego a la tradición y adaptando la
mentalidad jurídica a los cambios políticos, religiosos y económicos
imperantes. La convivencia del ius civile y el ius honorarium durante varios
siglos formó un dualismo jurídico, similar a la coexistencia del Common
Law y la Equity del sistema anglosajón.
La participación activa que en su formación tuvieron los juristas, quienes
diferenciaron la norma jurídica y su aplicación al caso particular y distinguieron
la norma de la sentencia del juez. Los jurisconsultos1 romanos no sólo se

1
Jurisconsulto: Experto en derecho dedicado a su estudio, interpretación y aplicación
Derecho Romano 4
encargaron de aplicar el derecho, sino que, participaron activamente en su
desarrollo.
La densa casuística2 de los jurisprudentes es un claro y vivificante ejemplo de
razón y del amplio criterio que lo justo y lo injusto tenían. La colección de los
escritos hecha por el emperador Justiniano y las leyes emanadas de los
emperadores romanos, forman una compilación de ius y leges que desde el
siglo XII se denomina Corpus Iuris Civilis

1.2 ¿Por qué estudiar Derecho Romano?


Entre las razones por las cuales es indispensable y fundamental el estudio del
Derecho Romano, se encuentran las siguientes:

a. Para completar nuestra cultura juridicohistórica en general. Pobre es el


hombre que con su espíritu no abarca tres milenios como mínimo. La
visión histórica forma parte integral de la cultura contemporánea; da a
nuestra existencia cierto sentimiento de relatividad y modestia, ya que
nos muestra la época actual como un mero eslabón de una enorme
cadena: y también nos ayuda a desarrollar el sentido de lo que es
constante y de lo que es variable en la herencia que nos trasmite el
pasado. Sin embargo, el derecho romano no debe confundirse con la
historia del derecho. Por una parte, ofrece un terreno más amplio, lleno
de temas de un interés mucho más dogmático que histórico, y por otra,
es evidente que, visto desde un ángulo netamente histórico, sólo cubre
una pequeña parte de la historia jurídica en general.
b. Para conocer los antecedentes de nuestro derecho actual. Con excepción
de las regiones del derecho musulmán e hindú, del derecho clásico
chino, de derechos primitivos consuetudinarios y de los sistemas
comunistas, el mundo está repartido en dos grandes familias de
sistemas jurídicos: la anglosajona y la romanista. México pertenece a la

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Casuística: Norma legal que rige casos especiales y no es de aplicación general
Derecho Romano 5
segunda. El derecho romano influyó en el derecho mexicano por cuatro
conductos principales:

 El derecho español; por ejemplo, las Siete Partidas, que en parte tenían
carácter de derecho vigente en México hasta la expedición del Código
Civil de 1870.
 El derecho napoleónico y los otros grandes códigos europeos, todos los
 cuales contienen mucho derecho romano y sirvieron de inspiración a las
codificaciones mexicanas.
 El estudio intensivo del Corpus iuris que realizaron generaciones
anteriores de juristas mexicanos.
 El influjo de la dogmática pandectística y la gran autoridad científica de
los grandes romanistas alemanes del siglo pasado, como von Savigny,
von Jhering, Windscheid, Dernburg y otros. Por todos estos contactos,
basta ya una ligera vuelta del caleidoscopio jurídico para convertir el
derecho romano en el moderno derecho mexicano, especialmente en
materia de derechos reales, obligaciones y sucesiones. Sin embargo, la
circunstancia de que el derecho romano se estudie muy seriamente en
las universidades inglesas demuestra que no es sólo el carácter de
antecedente lo que motiva la inserción del derecho romano en nuestros
planes de estudio.

c. Para crear una plataforma jurídica, donde juristas de diversos países de


la familia romanista puedan encontrarse. El derecho romano nos ofrece
los conceptos fundamentales de una ciencia jurídica supranacional, las
principales reglas según las cuales se combinan estos conceptos y las
bases terminológicas. Por el acceso de todos los juristas a estos
fundamentos, los especialistas de diversas naciones se entienden a
menudo con medias palabras. Según una frase feliz de Maine, el derecho
romano ha llegado a ser la lingua franca de los juristas.

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De la misma forma, la discusión jurídica en el interior de una nación
ahorra explicaciones por el dominio general de las ideas romanistas,
condensadas a menudo en forma muy concisa. Cuando el jurista oye:
Nemo plus… o Cuius commodum, eius etiam incommodum, comprende
inmediatamente a qué alude su colega. Breves indicaciones, como mora
creditoris, dolus incidens, etc., establecen en seguida una firme base de
comprensión. Es como si, en ajedrez dijéramos “apertura escocesa”, en
ver de “P4R-P4R; C3AR-C3AD; P4D”, etc. Un lenguaje breve para
iniciados es un requisito en toda ciencia es un requisito en toda ciencia,
y el derecho romano nos lo ofrece tanto para el uso nacional como para
el internacional.

Además, un indispensable instrumento para el trabajo jurídico es la


claridad en la expresión; sólo ella permite claridad en el pensamiento.
Que el derecho romano se encuentre ligado a un idioma tan concentrado
y transparente como el latín, es a este respecto, una gran ventaja.
Asimismo, el hecho de que sea el latín una lengua muerta no constituye
inconveniente alguno. Al contrario. De esta forma, nuestra terminología
profesional queda sustraída precisamente a los cambios que provoca el
uso cotidiano de las lenguas vivas.

d. Para conservar cierta unidad supranacional en la ciencia jurídica.


Es importante que todos continuemos desarrollando nuestro sistema
positivo y nuestra doctrina prudentemente, al hilo de una tradición de
más de dos milenios, conservando un equilibrio entre dos extremos: una
ciega fidelidad a lo antiguo y un igualmente ciego entusiasmo por
fantásticas innovaciones revolucionarias en el derecho privado. Como en
tantas ramas de la cultura, debemos primero conocer cuánto han
producido las grandes escuelas del pasado; y luego, con todo el tacto
que requiere una materia tan delicada como la nuestra, se deben
preparar, mediante una amplia discusión entre especialistas, las
innovaciones estrictamente necesarias, siempre en íntimo contacto con
aquellos dos grandes tesoros de experiencia jurídica, el derecho romano
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y el comparado, dos materias que además for man el cordón
umbilical que une la ciencia jurídica nacional a la supranacional.
e. Para darnos cuenta de ciertas particularidades del propio derecho
positivo. “Quien sólo sabe de su derecho, ni su derecho sabe.” A este
respecto, el derecho romano ofrece una ventaja que le es común con el
comparado.
f. Para afinar nuestra intuición jurídica, estudiando los casos concretos que
presenta el Digesto, preguntándonos si comprendemos las soluciones
propuestas por los jurisconsultos antiguos y si estamos conformes
con ellas. El contacto directo con el Corpus iuris puede enseñarnos la
habilidad de los clásicos en el manejo de los conceptos jurídicos, “la
capacidad de convertir sin dificultad lo abstracto en lo concreto y
viceversa”. Es también un ejercicio saludable buscar el fondo dogmático
de los diversos casos en que nos relata el Digesto, en conexión con un
solo tema jurídico: la latente, tácita y quizá subconsciente, teoría
general que los romanos tenían a este respecto.

En muchas ocasiones, los puntos de vista dogmáticos que así


descubrimos, ofrecen “normas de decisión completamente satisfactorias
todavía para relaciones y cuestiones que sólo el mundo moderno ha
producido”.

No resisto la tentación de insertar aquí una cita del gran humanista


Melanchton, quien observó en 1525 el hecho de que muchos jóvenes
ingleses iban a estudiar a Alemania el derecho romano, “y a la pregunta
de por qué razón se empeñaban tanto en conocerlo, ya que no tenía
validez en su propio país, contestaban que aprendían del derecho
romano el alma y el espíritu de las leyes en general, es decir, se
ilustraban sobre el poder y la esencia de la equidad, para poder luego
juzgar mejor sus propias leyes nacionales”.

g. Para encontrar un campo ideal en los estudios de sociología


jurídica. Precisamente, del antiguo mundo mediterráneo

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conocemos el ciclo completo de su vida jurídica, política, religiosa,
filosófica, artística, etc. Hallamos, pues, aquí una magnífica oportunidad
para elaborar y contrastar teorías sobre las relaciones mutuas entre el
derecho y otros aspectos de la vida social. (Guillermo. F.,2014 ,págs.
11-13)

Utilidad de la legislación romana


En primera instancia, ella tiene desde luego una utilidad histórica. Nuestro
Derecho actual tiene, sobre todo, por orígenes: las costumbres y el
Derecho Romano. Títulos enteros de nuestro Código Civil, especialmente la
teoría de las obligaciones, han sido sacados de esta última fuente. Para
comprender bien sus disposiciones, es por consiguiente, esencial conocer las
leyes antiguas de donde ellas nacen; éste es el medio más seguro de
apoderarse de su verdadero espíritu y de apreciar su valor.

Pasó el tiempo en que nuestro Código Civil era considerado como la última
palabra del derecho, y las dificultades prácticas que él hizo nacer, como objeto
esencial de las preocupaciones del jurista. La enseñanza que se reducía al
comentario árido de los textos y de la jurisprudencia pudo formar prácticas que
aplicasen la ley, pero no jurisconsultos que supiesen el derecho. Pero
iluminado por la historia, el estudio de nuestras leyes se ensancha y se eleva;
se descubren los lazos que las unen con el pasado, las causas de sus
imperfecciones, y se está mejor preparado para asegurar su progreso.

En segundo término el Derecho Romano debe ser estudiado como un


modelo. En los monumentos que nosotros poseemos no se incluyen
solamente leyes, sino también y sobre todo, las aplicaciones que se hicieron
por los jurisconsultos, todas las cuales se distinguen por una lógica
notable y por una gran delicadeza de análisis y de deducción. Por tanto, no
se encuentran ejemplos más perfectos de interpretación jurídica que ofrecer a
los principiantes del estudio del derecho. Esta perfección no es nada que deba
sorprendernos. Los romanos tuvieron, en efecto, una aptitud especial para el
derecho, así como los griegos para la filosofía. Si se añade que el Imperio

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romano ha abarcado en su dominación todo el universo civilizado, que sus
jurisconsultos tenían los orígenes más diversos, se comprende fácilmente que
este derecho es el resultado del trabajo del espíritu humano en lo que tiene de
más culto, uno de nuestros antiguos autores, Cristóbal de Thou, ha podido
llamarle justamente la razón escrita. Bajo semejante escuela, la inteligencia
jurídica se forma y se desarrolla. El espíritu adquiere cualidades de precisión y
de claridad que facilitan singularmente el estudio de las legislaciones
modernas.

Un tercer elemento es que desde otro punto de vista, el conocimiento del


derecho romano es además para este estudio, un poderoso auxiliar. En efecto,
si se exceptúa Inglaterra, donde la ley común deriva de las costumbres locales
y donde domina el elemento feudal, el Derecho Romano constituye el fondo de
las principales legislaciones de Europa. De este modo es el derecho alemán
originado de la mezcla del derecho germánico y del Derecho Romano; España
que ha pedido prestadas sus leyes al derecho romano y al derecho canónico, e
Italia en que los redactores del Código Civil de 1865 se han inspirado, sobre
todo, en las leyes romanas, este es por consiguiente, el lazo que une a la
nuestra con las diversas legislaciones, y en gracia al cual puede ser posible
que llegue un día en que por mutuas concesiones se realice la unidad
ciertamente deseable del derecho internacional privado.

A estas consideraciones viene a añadirse otra de orden secundario, pero que


tiene también su valor. El derecho es indispensable para comprender la
historia y la literatura romanas. En Roma, más que en cualquiera otra parte,
los ciudadanos estaban iniciados para la práctica del derecho: era éste el
efecto de su inclinación natural y de su sistema de organización judicial.
También el lenguaje de los historiadores y literatos de Roma está
profundamente impregnado de dichas dos características, quedando muchos
pasajes sin comprender por parte de quienes ignoren el Derecho Romano, de
lo cual dan fe, desgraciadamente las traducciones (Petit, 2014:17-18).
Ilustración 1 Importancia del estudio del derecho romano.

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Dogmática
Por su relación con el Derecho positivo mexicano. Es el antecedente de las
instituciones jurídicas básicas, sobre todo en materia de Derecho privado, por
ejemplo las acciones edilicias: quanti minoris y la recisoria.-El mundo jurídico
está repartido en familias: romano-germánica, anglosajona, socialista y la de
los Derechos religiosos (México pertenece a la primera de estas)-El Derecho
romano influyó en el mexicano a través de cuatro conductos:

1. Derecho español. Las Siete Partidas, estuvieron vigentes en México hasta la


expedición del Código Civil de 1870.
2. Derecho napoleónico. Contiene gran parte del derecho romano, sirvió de
inspiración a nuestras codificaciones.
3. El estudio intensivo del Corpus Iuris Civilis3 inspira a generaciones de
juristas mexicanos.
4. La influencia que los grandes romanistas alemanes del siglo pasado:
Savigny, Ihering, Windscheid y Derburq, entre otros, tuvieron en nuestros
tratadistas.

El derecho romano es una plataforma jurídica supra nacional la lingua franca


dice Maine – el común denominador de los juristas –.

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Corpus Iuris Civilis: es el cuerpo del derecho civil
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Dialéctica
Porque el conocimiento y comprensión de los principios fundamentales
del derecho romano, la claridad y la logicidad de la jurisprudencia romana, son
una escuela de la mentalidad jurídica, ayudan a la formación del criterio
jurídico, a desarrollar la intuición jurídica, a comprender la esencia de la
justicia, la equidad, etcétera. Ejemplos: en materia sucesoria el testamento
posterior deroga al anterior; el que puede lo más puede lo menos y no
viceversa, etcétera.

Histórica
En la época actual del derecho positivo en particular, no es más que un
eslabón en la historia. Para saber dónde estamos y determinar hacia dónde
vamos, tenemos que saber de dónde venimos. El hombre sin pasado, sin
conciencia, es un esquizofrénico; la conciencia del derecho, es el derecho
romano.

La razón histórica se puede analizar dentro de tres facetas:

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•El derecho romano en sentido estricto, es el conjunto de disposiciones jurídicas que
rigieron a la sociedad romana desde su fundación en 753 a.C.? hasta la muerte del
emperador Justiniano en 565 d.C. En un sentido más amplio, el derecho romano se
prolongaría a través de los glosadores y post-glosadores, pandectistas alemanes,
Duración en el
etcétera, hasta las grandes codificaciones del siglo pasado. Se le suele llamar primera
tiempo
y segunda vida del derecho romano. Casi catorce siglos de vigencia para la primera
vida y a partir de entonces a la época actual, la segunda. Al derecho romano se le
debe ver no como una fotografía, sino como una película. Hoy en día no conocemos
ningún otro sistema jurídico tan longevo

•Debido a las características de conquistadores y expansionistas que distinguió a los


romanos, sobre todo a finales de la república y principios del imperio, llegó un
Extensión en momento en que todo el mundo antiguo conocido estaba bajo la férula del derecho
el espacio romano. Hoy en día, a pesar de que el imperialismo norteamericano o la égida
socialista ocupan grandes extensiones territoriales no se comparan aún con los
dominios territoriales romanos

•Las grandes crisis que registró el derecho romano, han sido las que cambiaron la
Profundidad historia de la civilización

Sociología Jurídica
El derecho romano nos muestra el ciclo completo de una vida jurídica-no se
produce por generación espontánea ni crece como hongos después de la lluvia,
comprende elementos religiosos, filosóficos, estéticos, políticos y sociológicos.

Nos enseña que un sistema jurídico no sólo se debe adaptar a los grandes
cambios, sino que puede ser el promotor de los mismos, o estar al servicio de
esas transformaciones sociales.

Política
Considerando que la conexión entre derecho y política en Roma era tal, es
imprescindible profundizar en el estudio de las instituciones no sólo privadas
sino también las públicas, desde su génesis y sus subsecuentes cambios a la
luz de los fenómenos sociales, religiosos y económicos. Ante las crisis de las
diferentes formas de gobierno que en los tiempos recientes se viven, debemos

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pensar en la posibilidad de un futura homogeneización jurídica-económica
latinoamericana cuya base sea el derecho romano, plasmada en una
Constitución que comprenda en su articulado instituciones como la revocación
de mandato, el plebiscito, el referendo, el referendo, organismos autónomos,
etcétera, características del ordenamiento republicano romano, que Juan
Jacobo Rousseau proclamó como “un modelo de Constitución de todos los
pueblos libres” (Bialostosky, 2014:6 - 8).

Referencias

Bernal, B., y Ledesma, J. (2010). Historia del Derecho Romano y de los


Derechos Neorromanistas. México: Porrúa.

Bialostosky, S. (2014). Panorama del Derecho Romano. México: Porrúa.

Floris, G. (2014). El derecho privado Romano. México: Esfinge.

Petit, E. (2014). Derecho Romano. México: Porrúa.

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