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A) Corriente Estructuralista:

Esta corriente estuvo representada por Raúl Prebish, Secretario General de la CEPAL,
en la década de los años cincuenta, y la misma estaba basada según Ocampo (1998)
“en el énfasis que se colocaba en la forma en que las instituciones y la estructura
productiva heredadas, condicionaban la dinámica económica de los países en vías de
desarrollo, y generaban comportamientos diferentes a los de las naciones más
desarrolladas” (p. 23).
Esto es, según esta teoría no había estadios de desarrollo uniformes, puesto que el
desarrollo tardío de los países de América Latina, tenía una dinámica radicalmente
diferente a la de aquellas naciones que experimentaron un desarrollo más temprano.
En virtud de ello, la CEPAL (1951), a través de Raúl Prebish, presentó las siguientes
características de esta corriente estructuralista latinoamericana, con relación al vínculo
establecido entre los países centrales y la periferia:
1) La CEPAL sostenía, que si bien América Latina estaba integrada por economías
nacionales, con sus respectivas especificidades, no se las podía comprender si no era
en función de su inserción estructural en el sistema económico mundial, la cual estaba
caracterizada por la excesiva especialización productiva ligada a la elaboración de
productos primarios (mayoritariamente para la exportación), el escaso desarrollo
industrial y de los servicios y la satisfacción de buena parte de la demanda interna
mediante la importación de bienes manufacturados provenientes de los países
centrales.
2) Igualmente señalaba que, por la concurrencia de factores de diversa índole (los
importantes diferenciales de productividad existentes entre los sectores dinámicos en
ambos tipos de economías, las asimetrías de propiedad de la innovación científico-
tecnológica, las distintas elasticidades de los precios y de los niveles salariales
existentes en los dos grupos de economías, la fortaleza político-institucional de los
diferentes factores de producción, entre otros), existía una tendencia secular a la
disminución en los precios de los productos exportados por los países de América
Latina, en relación a los productos exportados por los países centrales (o en otras
palabras un deterioro en los términos de intercambio de los bienes elaborados en la
periferia).
3) Esto se veía potenciado, por los importantes niveles de proteccionismo vigentes en
las economías centrales y por las fuertes fluctuaciones en la demanda mundial de los
bienes provenientes de la periferia. Todo ello conllevaba una significativa transferencia
de excedente desde los países periféricos hacia los centrales, y muy débiles bases de
sustentación del crecimiento en los primeros. Se argumentaba adicionalmente, que
este tipo peculiar de inserción de los países periféricos en las corrientes
internacionales de circulación de mercancías, sumado al tipo de perfil productivo
prevaleciente en los mismos, tenía impactos directos sobre el mercado laboral, que
tendía a desarrollar situaciones de desocupación y subocupación.
En función de las características presentadas, la CEPAL elaboró una propuesta de
desarrollo para los países de América Latina, estructurada en torno de cuatro puntos
básicos, relacionados entre sí:
1) En este primer punto, se vincula con el fortalecimiento del proceso de
industrialización por sustitución de importaciones (con fuerte apoyo estatal), que se
venía registrando en muchos países de la región en respuesta a las alteraciones
registradas en el funcionamiento de la economía mundial a partir de la primera guerra
mundial. Según los técnicos de la CEPAL, coordinados y dirigidos por Prebish, ello
constituía el principal mecanismo para la superación del subdesarrollo de las
economías latinoamericanas. Tal como señalan en el famoso Estudio Económico para
América Latina (1949), “no basta con incrementar la productividad para elevar el nivel
de ingresos, también es decisivo el impulso al desarrollo de la industria y sus
actividades asociadas” (p. 5).
2) Para la CEPAL (ob. cit.), este punto se relacionaba con la excesiva concentración
de la propiedad de la tierra, característica de casi la totalidad de los países de la
región. Esta situación era vista como un freno al proceso industrializador que se
intentaba impulsar y esta situación se intensificaba, debido a la negativa de los
grandes latifundistas a destinar al sector manufacturero los excedentes de
exportación, por tal motivo, este proceso de industrialización debía ir acompañado de
una reforma agraria, para que hiciera más equitativa la distribución de la propiedad de
la tierra.
3) En este tercer punto, la intervención estatal debía asumir un rol protagónico, con la
finalidad de superar el subdesarrollo y la pobreza de las sociedades latinoamericanas,
ello debía manifestarse en los siguientes aspectos: planificación del desarrollo, diseño
de un sistema de cuentas nacionales, proteccionismo y promoción de aquellas
actividades que se intentaba desarrollar y fortalecer, inversión pública, empresas de
propiedad estatal y fomento a la creación de empresarios industriales. De esta forma
se consideraba, que en el marco brindado por las condiciones estructurales propias de
la periferia latinoamericana, el aparato estatal contribuiría decisivamente al desarrollo
económico de la región.
4) El cuarto punto, se asocia al reconocimiento de que ese accionar estatal, debía
procurar adicionalmente, la integración económica latinoamericana. Adicionalmente,
este impulso a la integración latinoamericana, tenía por objetivo fortalecer el
posicionamiento de los países de la región, frente a los centrales.
En definitiva, lo que interesa destacar, es la indudable influencia de la CEPAL en
impulsar muchas políticas de carácter desarrollista, aplicadas en la región durante la
década de los años cincuenta, ello contribuyó a afianzar el proceso de
industrialización, aunque valga decir, no siempre se logró ese fin, debido entre otras
causas, a la naturaleza intrínseca de las economías en vías de desarrollo.

Estructuralistas.
Se llama estructuralistas principalmente a los economistas latinoamericanos que
piensan que los problemas de los países en América Latina son estructurales, es
decir, se derivan del propio funcionamiento del sistema económico. Esta perspectiva
se interesará por proponer justamente reformas estructurales para mejorar la situación
de los países de América Latina, agudizada luego de la Segunda Guerra Mundial.

La problemática particular de Latinoamérica pretende ser solucionada a partir de su


propia realidad, reflejada en puntos específicos:
· Distribución de las tierras y eliminación de latifundios y minifundios, sustitución
de éstos por espacios donde se explote adecuadamente la agricultura.
· Producción y comercialización de productos agrícolas.
· Fomentar la diversificación de la producción y comercialización en los distintos
países.
· Acabar con la concentración y distribución inequitativa de la riqueza.

Se debe modificar también la estructura de la economía internacional, especialmente


el comercio y las finanzas, para que su funcionamiento no sólo beneficie a los países
industrializados sino también a los países de América Latina.

Algunos de los principales estructuralistas son Raúl Presbich, Víctor Urquidi, Celso
Furtado, Osvaldo Sunkel, Aldo Ferrer, Leopoldo Solís y Aníbal Pinto.

B) Corriente Dependentista:
En esta corriente destacan los aportes de Henrique Cardozo y Enzo Faletto, a finales
de la década de los años 60, teniendo su origen en la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL) y el objetivo de esta teoría fue:
Promover la discusión sobre los beneficios que comportaba el crecimiento de las
economías exportadoras de materia prima, la naturaleza de su conexión con el
mercado internacional, las causas del desarrollo y subdesarrollo de las naciones, y el
rol del Estado y de los diversos actores políticos y sociales presentes en los países del
tercer mundo (p. 54).
Los mismos autores señalan, que una de las premisas de la que partía la Escuela
Dependentista, era que el impacto nocivo de los procesos de crecimiento económico
en los regímenes de los países del tercer mundo, tenía que ver con la forma en que
éstos estaban insertos en el mercado internacional, y con la articulación y naturaleza
de sus actores políticos. Por lo tanto, no podía inferirse una relación directa entre
crecimiento y desarrollo, y de éste con la emergencia y consolidación de sistemas
democráticos.
Igualmente manifiestan, que conforme las economías del tercer mundo se volvían mas
complejas, más penetradas por el capital y la tecnología foránea, y más dependientes
de bajos salarios para mantener su ventaja comparativa, actores como las fuerzas
armadas, los tecnócratas o la burguesía internacionalizada, adquirían una mayor
centralidad, en detrimento de actores con mayor representatividad, como los partidos o
los sindicatos.
Quiere ello decir, que una mayor integración económica de un país en el mercado
internacional, no necesariamente tendría que suponer un mayor desarrollo de ese
país, y tanto más, si la demanda de productos importados necesarios para el consumo
interno, podía significar una erosión de las ventajas comparativas que ofrecía el país al
mercado internacional.
Esta erosión de las ventajas comparativas, tiene su origen en la tesis Cepalina de que
las economías de los países del tercer mundo, centrados en la exportación de
productos primarios, habían experimentado históricamente un deterioro en los
términos de intercambio, respecto a las economías exportadoras de productos
industriales y tecnológicos. En base a ello, se elaboró la hipótesis de que en el orden
internacional, existe un Centro y una Periferia, que están relacionados comercialmente
de forma asimétrica en cuanto a la distribución de la ganancias del intercambio.
La otra premisa es, la Teoría del Intercambio Desigual, la cual supone la inviabilidad
de un proyecto nacional interclasista, es decir, la imposibilidad de gestar un proyecto
democrático, sin antes haber quebrado el modelo de dominación política existente,
tanto a nivel internacional como interior.
En base a ello, muchos de los teóricos partieron de las ideas marxistas y esgrimieron
la necesidad de una ruptura de los países del tercer mundo con sus élites, para poner
fin a la dependencia de los países periféricos, y por ende, conseguir el desarrollo y la
democracia, en el caso de países que estén bajo otra forma de dominación política.
Por tal motivo, la corriente dependentista, combina elementos Neo-Marxistas con la
Teoría Económica Keynesiana (ideas económicas liberales que surgieron en Estados
Unidos y Europa como respuesta a la depresión de los años 30). A partir del enfoque
económico de Keynes, la Corriente Dependentista está compuesta por cuatro puntos
fundamentales: a) Desarrollar una considerable demanda interna efectiva en términos
de mercados nacionales; b) Reconocer que el sector industrial es importante para
alcanzar mejores niveles de desarrollo nacional, especialmente porque este sector
generará mayor valor agregado a los productos en comparación con el sector agrícola;
c) Incrementar los ingresos de los trabajadores como medio para generar mayor
demanda agregada dentro de las condiciones del mercado nacional; d) Promover un
papel gubernamental más efectivo para reforzar las condiciones de desarrollo nacional
y aumentar los estándares de vida del país. (Kalmanovitz: 1980:279).
Finalmente, cabe destacar, que aunque en Venezuela, se han realizado intentos a
través de la implementación de políticas destinadas a superar el estado de país menos
desarrollado en que se encuentra, entre ellos la aplicación del modelo de sustitución
de importaciones en la década de los años sesenta y setenta, y la implementación de
programas destinados para tal fin en épocas recientes, no se ha logrado cumplir los
objetivos de desarrollo, puesto que para ello, es necesario que se involucren todos los
sectores del país, entre ellos, el sector publico y privado, para la consecución de
objetivos comunes, que tengan como norte lograr un crecimiento sostenido en la
economía y generar mecanismos idóneos de estabilidad macroeconómica, que
coadyuven en la mejora de la calidad de vida de la población.

La escuela dependentista.
La escuela latinoamericana del pensamiento económico denominada dependentista
surge a partir de las explicaciones y soluciones de la escuela estructuralista y de las
ideas de los nuevos marxistas. Para esta escuela, los problemas del subdesarrollo son
consecuencia de las condiciones de dependencia de los países de América Latina con
los países industrializados. Esta dependencia se da casi en todos los niveles, es decir,
desde el económico hasta el cultural.
Los países latinoamericanos dependen de los países avanzados en el comercio, los
aspectos financieros, la tecnología, la ciencia y la cultura. Esta dependencia hace que
los países industrializados puedan influir y hasta controlar el avance de la economía
de América Latina.

La estructura económica actual de los países de nuestro continente responde más a


las necesidades de los países centrales que a las propias. Las soluciones que propone
esta escuela del pensamiento pata resolver los problemas del subdesarrollo
latinoamericano van desde una mayor y mejor industrialización (un desarrollo
tecnológico propio que rompa con la dependencia exterior), hasta la sugerencia de
prohibir las inversiones extranjeras y sustituirlas por inversiones que sí respondan a
las necesidades propias y locales.