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SINGULARIDADES HIDROGRÁFICAS Y POBLACIONALES

EN ANTIGUAS CARTOGRAFÍAS DE LA PAMPA

(*)H. Wálter Cazenave


Cátedra de Geomorfología
walcazen@cpenet.com.ar

Resumen

Los rasgos físicos característicos del actual territorio pampeano no aparecen cartografiados
con algún detalle y corrección esquemática sino hacia el primer tercio del siglo XIX. Sin
embargo, en antiguas cartografías jesuíticas que se remontan al siglo XVII, y acaso antes,
aparecen sorprendentes detalles de parte de la hidrografía pampeana, precisamente en uno
de sus sectores más complejos, como es el sistema palustre de la depresión de Puelches. A
ese detalle puede agregársele otro muy importante, que es la indicación de una población
cristiana –Desaguadero—en el área. En el presente trabajo al análisis de los mapas más
destacados se le agrega una lista de singularidades históricas y cartográficas que avalarían
una presencia cristiana en el actual territorio pampeano a finales del siglo XVI y/o
principios del XVII. Un reciente estudio fotointerpretativo agrega particularidades en la
misma dirección.

Palabras clave

Cartografía; Jesuítica; Desaguadero; Mapas; Poblamiento.


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Hydrographical and population singularities in old cartographies of La Pampa.

(*)H. Wálter Cazenave


Geomorphology chair
walcazen@cpenet.com.ar

Summary.
It is in the first third of the XIX century that the characteristic physical features of the
actual pampean territory appear charted with a certain degree of detail and schematic
accuracy. However, in old jesuitical cartographies from the XVII century –and even before-
surprising details of part of the pampean hydrography are revealed; especially of one of its
most complex areas: the Puelches palustre depression system. Another detailed can be
added to the previous one, which is the pointing of a Christian settlement (Desaguadero) in
the zone. In the present paper, a list of historical and cartographic singularities is added to
the analysis of the most outstanding maps, which would uphold a Christian presence in the
actual pampean territory at the end of the XVI or beginnings of the XVII. A recent photo-
interpretation research adds similar singularities.

Clue words.
Cartography; Jesuitical; Desaguadero; Maps; Peopling.

(*) Docente cátedra de Geomorfología; Universidad Nacional de La Pampa, Facultad de


ciencias Humanas (6300) Santa Rosa. LP. walcazen@cpenet.com.ar
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Introducción

Si observamos cualquier cartografía anterior a la segunda mitad del siglo XIX advertiremos

que, en lo atinente al territorio de la actual provincia de La Pampa, solamente se percibe

una gran calva, matizada en ocasiones con rasgos más o menos vagos o con aportes de la

“Geografía legendaria” (Martínez Sierra, 1973). Solamente el río Colorado suele ser un

rasgo permanente, aunque no del todo completo, dada la gran confusión que existió

respecto a la hidrografía del interior del territorio argentino hasta mediados del siglo XIX.

El primer elemento de pertenencia claramente pampeana que aparece, incluso con caminos

de acceso, son las Salinas Grandes, que desde fines del siglo XVII eran conocidas y se

ubicaban sobre el importante “Camino de los Chilenos”. (Fernández et al, 1919; Martínez

Sierra, 1973)

Esta pobreza cartográfica, justificada por las circunstancias históricas nacionales y

continentales, tiene sin embargo, algunas misteriosas excepciones. Ellas indican claramente

la presencia cristiana en nuestro territorio por lo menos desde finales desde el siglo XVII, y

acaso desde antes. Esa presencia se ve apuntalada por una serie de indicios que va desde la

mera observación hasta lo histórico-documental y anecdótico. (Molinari, 1968)

Lo más sugestivo de esos mapas son las antiguas fechas en que vieron la luz pero, al

analizarlos, debe tenerse muy en cuenta al menos dos condiciones propias de la época: 1)

que a menudo solían estar copiados o basados en otras piezas cartográficas, obviamente

anteriores en el tiempo; 2) que el proceso, desde el relevamiento a la impresión, era muy

largo --años como mínimo--, y que la exploración del terreno que generó el mapa solía ser

muy anterior a la expresión cartográfica.


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Además cabe la singularidad de que todas las piezas aquí considerados fueron básicamente

elaborados por miembros de la Compañía de Jesús, orden que siempre se caracterizó tanto

por su férrea vocación como por sus inclinaciones científicas. (Furlong, 1937)

Materiales y métodos

Se ha aplicado un análisis comparativo a las cartografías más significativas al respecto,

poniendo el acento en la hidrografía, orografía, poblamientos y caminos que constan en

esas piezas en relación al territorio pampeano, refiriendo esos accidentes a coordenadas

cuando figuran en las cartas. A continuación se consignan, siguiendo un orden cronológico,

las menciones de textos, cartografías y viajeros que avalan lo central de esta exposición.

Finalmente se indican los detalles generales de una anomalía aerofotográfica detectada por

el autor, sugerente aunque sin comprobación efectiva a nivel científico.

El mapa de Ovalle

El más antiguo antecedente cartográfico –el tema no está agotado— lo constituye la

“Tabula Geográfica Regni Chili”, compuesta por el padre Alonso de Ovalle y publicada en

1646. En lo que nuestro interés respecta corrobora lo dicho: una gran calva de información

sobre la provincia de Buenos Aires y este de La Pampa pero con un interesante esquema

hidrográfico que evidencia “la Babel de los ríos”, que mencionara tan gráficamente Luis de

la Cruz y que él mismo develara a comienzos del siglo XIX, aunque la ciencia oficial

desestimó su explicación. (De la Cruz, 1960)


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En principio se advierte un gran río que baja de NO a SE, comenzando en la lagunas de

Guanacache, nominadas, y finalizando en el océano Atlántico; a todas luces se trata del

Desaguadero. Más al sur se observan otros dos cursos que bien podrían ser el Colorado

(con su particular delta de dos brazos) y el Negro.

Sin embargo lo que llama poderosamente la atención es el grupo de lagunas que se ubican

al comienzo del tercio final del Desaguadero. Ellas constituyen un primitivo pero claro y

adecuado esquema del sistema lagunar de Puelches el cual, conviene señalarlo, no se

clarificó totalmente hasta bien entrado el siglo XX. En el mapa se aprecia con claridad al

llegar al área palustre de Puelches, la división del río en dos brazos (en realidad también

aparece un tercero, cuya existencia no es descartable del todo en épocas en que el sistema

no había sufrido alteraciones) y dos cuerpos mayores e interconectados en el brazo norte

que pueden referenciarse como el conjunto de lagunas La Brava-La Leona y Urre Lauquén,

en tanto que el brazo suroccidental entra y sale de otro cuerpo ácueo que bien puede

identificarse como la laguna La Dulce. Todas las lagunas tienen emisarios que van a dar a

otra, mucho mayor –supuestamente La Amarga—de la que se desprende un segmento

hídrico de clara dirección SE hasta alcanzar el océano Atlántico, lo que permitiría

identificarlo con el Curacó y su continuación en el Colorado.

Le Chili

La siguiente pieza cartográfica de acuerdo a un ordenamiento temporal es la titulada “Le

Chili”, un mapa elaborado también sobre la base de la carta de Ovalle, pero “modificado
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por N. Saffond, geógrafo del rey” (de Francia). Su edición se remonta a comienzos del siglo

XVIII y está dividida en latitudes desde los 25 hasta los 48 grados.

Esta pieza es, posiblemente, la más interesante en cuanto a contenidos en lo que a La

Pampa se refiere. En principio el mismo largo curso fluvial que comentábamos en el

apartado anterior también aparece aquí, pero nominado como “río Desaguadero”, con su

origen en las múltiples lagunas de Guanacache, también con el topónimo consignado, y sus

afluentes, los ríos Mendoza, Tunuyán y Diamante, aunque sin consignar los nombres. Este

último supone un error cartográfico ya que, hasta 1806, desaguaba en el Atuel y no en el

Desaguadero. Es de hacer notar que esta última confluencia se verifica sobre los 36º S, lo

que sugiere una confusión con la primera de las varias uniones del Atuel con el

Desaguadero-Salado-Chadileuvú, que se registra sobre ese valor geográfico.

Ya en plena Pampa, ateniéndonos a las latitudes, el mapa presenta sus rasgos más

sorprendentes: en la margen derecha del Desaguadero, entre los 37 y 38 grados se observa

una serranía –las Mahuidas pampeanas— y un grado después el río pasando entre dos

sistemas serranos, que bien pueden ser las Carapachas. Un poco más al sur el curso se

divide (en dos brazos, no en tres como en el mapa anteriormente comentado) y genera

bañados sobre su orilla izquierda, (tal cual ocurre en la realidad) además de dos lagunas

considerables, las que pueden identificarse como La Leona-LaBrava y Urre Lauquén,

además de los lóbulos lagunares que caracterizan la zona. El brazo derecho del curso aporta

a una laguna –La Dulce—y continúa hasta confluir, como el izquierdo, en otro cuerpo

mucho mayor, más extendido en el sentido de los paralelos, que sería La Amarga, donde
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ambos desembocan en forma separada. De esta última laguna sale el emisario que alcanza

el océano, aunque aquí en una costa con golfo y una isla en medio.

Otro dato sobresaliente de este mapa es un camino que cruza la cordillera en la latitud de

Angol y se prolonga por las Pampas cruzando unas elevaciones, que podrían ser las de San

Luis o bien los campos de médanos pampeanos, mal diferenciados. Sin forzar la idea puede

interpretarse esta senda como uno de los famosos “caminos de chilenos”, en este caso el

llamado “De las Víboras”.

También cabe destacar que al norte del sistema de lagunas se identifican unas sierras que,

por su ubicación, corresponden perfectamente a Lihué Calel.

Sin embargo lo que avala el calificativo de asombroso dado a esta pieza es la presencia,

entre lo que serían las lagunas La Dulce y La Amarga, de un símbolo correspondiente a un

pueblo cristiano, y el nombre respectivo: Desaguadero.

Si la cartografía es, también, correcta en esto, nos hallaríamos en presencia del primer

poblamiento cristiano en La Pampa, acaso el mismo que dio fundamento parcial a la

leyenda de la Ciudad de los Césares o la mítica Trapalanda, nombre que aparece en este

mapa aunque más al norte, sobre el paralelo 35 con el agregado “o de la sal”.

El mapa de D LIsle

El tercer mapa de interés a nuestro tema es el atribuible a Guillaume De L Isle, “Primer

Geógrafo del Rey (de Francia) y miembro de la Academia de Ciencias de París”. La

referencia señala que está basado, también, en la obra cartográfica de los padres Techo y
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Ovalle y las relaciones y memorias de algunas personas a quienes se puede suponer viajeros

y exploradores. La edición se remonta a 1703.

En consideraciones generales y con relación a los anteriores el mapa ha ganado desde el

punto de vista cartográfico, ya que cuenta con división de paralelos y meridianos, aunque

los errores se dan por corrimientos latitudinales.

En lo que a nuestro interés respecta vuelve a manifestarse con toda claridad el eje del río

Desaguadero, con sus extremos lagunares de Guanacache y depresión de Puelches. Los

tributarios intermedios (Tunuyán, Diamante y Atuel) han desaparecido y el sistema palustre

del tercio inferior vuelve a copiar el esquema más antiguo de Ovalle, con tres brazos

desembocando en el nivel de base intermedio, que sería La Amarga. También hay un

emisario de marcado rumbo SE –que sería el Curacó— que alcanza el mar, aunque en esta

pieza lo hace bajo una desembocadura asimilable a un estuario.

Junto al grupo lagunar de Puelches hay una inscripción que dice “el curso de este río

después de Guanacache no es bien constante” (La traducción es nuestra). La más notable

de las singularidades señaladas en la pieza anterior, la presencia de sitio cristiano y el

nombre Desaguadero, no figuran ya en este mapa.

Mención de Villagra

Hay constancias escritas de que hacia fines del siglo XVI entró a las Pampas siguiendo el

curso del río Diamante (y por consiguiente el Atuel y luego el Salado-Chadileuvú) una

expedición española proveniente de Chile, al mando del capitán Villagra, uno de los

subordinados de Valdivia. Según Zeballos, que cita el hecho, únicamente regresó a Chile el

capitán, completamente loco, quien señaló haber alcanzado un mar al norte del cual había
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montañas, cita que podría caber a una interpretación del paisaje de la depresión lagunar de

Puelches y las sierras de Lihué Calel. (Zeballos, 1961)

Los náufragos del Colorado

El padre Tomás Falkner, en su famoso libro, menciona la aventura de un barco español que

naufragó en el siglo XVII en cercanías de la boca del río Colorado. Los sobrevivientes,

remontando el curso hasta el Curacó y por éste hacia aguas arriba, habrían llegado hasta

Mendoza. (Falkner, 1963)

Singularidades en Lihué Calel

En el interior de la sierra de Lihué Calel, en la llamada “Casa de Piedra”, pudimos observar

años atrás un tipo de estufa hogar que no se parecía a ninguno de los conocidos. El origen

de ese poblamiento era anterior al siglo XX y cabía la posibilidad de que el fogón siguiera

un modelo foráneo. (Comprobación personal, 1972)

En el sector suroeste de la sierra, en el paraje conocido como Bajo de la Estafeta, existen

restos de una construcción cuyas paredes seguían un patrón no común en La Pampa: se

compone de dos hileras de piedra del lugar con tierra apisonada en el medio. Paredes

semejantes solamente las hemos visto dentro de La Pampa en las llamadas “represas” de

Cuchillo Co, aunque en una versión mucho mayor, prácticamente megalítica.

(Comprobación personal, 1975)

Siempre en el ámbito de la sierra de Lihué Calel, en uno de los cerritos ubicados al este de

la ruta, frente mismo al poblamiento actual, se puede observar todavía un socavón,

seguramente excavado ya que la roca de la formación no genera cavernas. Actualmente la


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longitud que tiene es poca, ya que se ha visto rellenada por la acumulación, aunque hay

testigos que dicen haberla recorrido por casi una veintena de metros. (Ambrosetti, 1893)

En su libro Zeballos, que da la primera referencia, afirma que se trata de un cateo minero

realizado por los jesuitas, cuyo antigua presencia en la sierra da por un hecho. A ellos les

atribuye la vieja y extensa plantación de duraznos del lugar y durante su estadía en los

valles interiores de la sierra asegura haber hallado los restos de un poblamiento cristiano.

Esa plantación representa otra singularidad histórico-geografica muy significativa. Ya era

extensa y productiva en 1810, y tan referente que, para el viento del suroeste, era válida la

expresión “sopla el viento del lado de los duraznos”. En la expedición del coronel Pedro

Andrés García a Salinas Grandes sus informantes indios se los mencionan, agregando que

allí había restos de ladrillos. Ambrosetti avala la teoría de la mina de origen lejano,

agregando que, en épocas modernas, perteneció a un tal Cerda. (Ambrosetti, 1893;

Zeballos, 1961)

El dato de D Orbigny

En su libro Viajes por la América Meridional el francés Alcides D Orbigny consigna una

clara referencia de un grupo militar que, hacia 1820, cruza el desierto pampeano desde el

río Colorado al norte, hasta dar con un sitio sobre el Chadileuvú, donde hay árboles y

restos de población.(D Orbigny, 1998)

Olascoaga, en su libro Topografía andina, entre algunas consideraciones discutibles sobre

el poblamiento del interior argentino, señala que “La inmigración debió ser numerosísima o

tan antigua, que tuvo tiempo de multiplicarse hasta el estado de densidad que manifiestan

los indicios encontrados: repetidas situaciones de arboledas y reductos ordenados de la


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Pampa; (…)”. Aunque sin precisiones la afirmación empalmaría con la anterior cita de D

Orbigny. (Olascoaga (a), 1901; 108)

Origen de las minas de cobre

Ambrosetti, en su viaje a la zona en 1893, visita las minas de cobre ubicadas al sur de la

sierra deLihué Calel, en plena explotación en ese tiempo, y cita palabras del propietarios,

Juan de Dios Sepúlveda, chileno, quien le dice haber tenido noticias de la veta por parte der

su descubridor, Tomás Bovadilla, que llegó de Chile guiado por un antiguo mapa de los

jesuitas que indicaba el itinerario seguido por ellos en sus viajes desde Valdivia al Paraguay

(sic). (Ambrosetti, 1893)

El mapa de Dellachaux

En 1908 el geógrafo francés Enrique Dellachaux visita Lihué Calel y levanta un mapa

expeditivo de la sierra. En la escasa toponimia que consigna figura “Jagüel del Cura”,

ubicado en aledaños del duraznal, en el interior de la formación. (Dellachaux, 1908)

Las fotografías de Ruez

El médico alemán Luis F. Ruez menciona la presencia de la orden religiosa en la sierra en

su libro “Los indios araucanos de la Pampa”, y publica una fotografía del sector de Lihué

Calel conocido en la época como “Quinta de los Jesuitas”. (Ruez, s/d)


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El estudio de Molinari

Más cercano en el tiempo el historiador Ricardo Luis Molinari cita el hallazgo en una isla

de la laguna Urre Lauquén, de una piedra muy bien tallada con el nombre “San Bernardo”.

Que sepamos es la única mención de un hallazgo semejante. (Molinari, 1968)

Una anomalía

Como corolario a todo lo expresado señalamos que, algunas referencias de pobladores

zonales y lecturas complementarias, nos llevaron al análisis aerofotográfico de parte de la

región. Para nuestra sorpresa detectamos una anomalía muy llamativa, consistente en un

trazado de forma cuadrangular y cuya razón de ser y antigüedad fue imposible constatar.

Una visita al sitio demostró que los rasgos son prácticamente imperceptibles a nivel del

suelo. (Comprobación personal, 2006, inédita)

La anomalía a la que hacemos referencia se ubica en el valle inferior del Chadileuvú, en un

sitio elevado y defendido por las aguas por tres lados. Sin forzar las inferencias llama la

atención su correcta alineación norte–sur y que las dimensiones de sus lados medidas en

metros, al ser llevadas a cuadras españolas dan exactamente ocho de largo por cuatro de

ancho. Algunos otros indicios que sugiere la foto entendemos que deberían ser pasibles de

comprobación en un estudio a cargo de especialistas.

Hasta el momento carecemos de otros elementos como para afirmar taxativamente que

pudiera ser una comprobación del primitivo poblamiento cristiano al que alude este trabajo.

Al respecto se ha interesado a profesionales de la arqueología, que están considerando esa

posibilidad.
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Resultados

El análisis de los mapas considerados y las inferencias indudables que de ellos se

desprenden, más los detalles bibliocartográficos mencionados y las evidencias recogidas en

el terreno, imponen una pregunta: ¿existió un nuestro territorio un remoto y desconocido

poblamiento cristiano? La idea no es nueva y ha sido barajada en distintas oportunidades y

formas, especialmente en menciones periodísticas (Morisoli, 2004) aunque también

académicas (Molinari, 1968). Al margen de los mapas propiamente dichos la historia y la

geografía pampeanas tienen una serie de datos dispersos (algunos con carácter de

evidencias) que contribuyen a cimentar la idea de una temprana presencia del hombre

blanco en La Pampa

Discusión

Las evidencias mencionadas apuntan a pensar con un alto grado de probabilidad que hubo,

efectivamente, una muy temprana presencia del hombre occidental en las Pampas del Sur, .,

que podría remontarse a finales del siglo XVI, dentro de lo que actualmente es territorio de

la provincia homónima. Al margen de las noticias aisladas, el esbozo cartográfico referido

al sistema fluviopalustre Chadileuvú-Curacó en la antigüedad, es tan esquemáticamente

correcto que diluye en su elaboración la posibilidad del azar o la mera referencia, la cual,

por otra parte, también confirmaría en última instancia alguna presencia cristiana.

Quedan por analizar las causas de esa presencia. Todo parecería apuntar a la orden jesuita

aposentada en el sur de Chile. En efecto, los padres de la provincia de Chiloé debían rendir

periódicamente informes a sus superiores de la central de la compañía, que se ubicaba en


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Asunción del Paraguay y Córdoba. Esa circunstancia duró al menos hasta comienzos del

siglo XVIII, cuando se le dio jurisdicción propia a la provincia chilena. (Martín M. Morales

s.d.J., comunicación personal)

Por otra parte se sabe que existían caminos prehistóricos que unían ambas márgenes

oceánicas, senderos peatonales primero y ecuestres después que utilizaban los indios de

ambas vertientes cordilleranas y que recorrieron (y dejaron constancia de ellos) algunos

cristianos en época más tardía. Esos caminos prácticamente desaparecieron de la memoria

cristiana tras las grandes insurrecciones mapuches del sur de Chile, de los siglos XVII y

XVIII , quedando reducido su conocimiento a los paisanos y los lugareños.

Con lo dicho bien cabe la posibilidad de que los padres jesuitas hubieran utilizado alguna

de esas rutas en sus periódicos viajes a la jurisdicción del Paraguay, haciendo estación

intermedia en un sitio estratégico hacia la mitad del recorrido, con agua, fácil de defender y

ubicar, donde pudieran tener recambios y reponer fuerzas para continuar el viaje. Su natural

inclinación científica los habría llevado, como primera facie, a esbozar un esquema

orohidrográfico de la región.
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Bibliografía citada

AMBROSETTI Juan Bautista: Viaje a la Pampa Central. Editorial Biedma. Buenos Aires,

1893.

DE LA CRUZ Luis: Viaje a su costa (…) T.II. Plus Ultra. Buenos Aires, 1960.

D ORBIGNY Alcides: Viajes por la América Meridional. El Elefante Blanco. Buenos

Aires, 2001.

FALKNER Thomas: Descripción de la Patagonia (...). Hachette. Buenos Aires, 1963.

FERNÁNDEZ Aquilino; PIZZURNO Carlos H.: Pequeño atlas general de la República

Argentina. Compañía General de Fósforos. Buenos Aires, 1919.

FURLONG Guillermo: Cartografías jesuítica del Río de la Plata. Peuser. Buenos Aires,

1936.

GARCÍA Pedro Andrés: Viaje a Salinas Grandes, en De Angelis Pedro: Colección de obras

y documentos. Plus Ultra. Buenos Aires, 1960.

MARTÍNEZ SIERRA Ramiro: El mapa de las Pampas. Edición oficial. Buenos Aires,

1973.

MOLINARI Ricardo Luis: Viajes poco probables pero posibles (...) Boletín de la

Academia Nacional de la Historia. T XLI. Buenos Aires, 1968.

OLASCOAGA Manuel J.(a) : Topografía andina. Jacobo Peuser. Buenos Aires, 1901.

OLASCOAGA Manuel J. (b) : Estudio topográfico de la Pampa y Río Negro. Eudeba.

Buenos Aires, 1974.

RUEZ Luis F.: Los indios araucanos de la Pampa. S/d. Buenos Aires, 1929.

ZEBALLOS Estanislao S.: Viaje al país de los araucanos. Hachette. Buenos Aires, 1961.
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Cartografía citada

DE OVALLE Alonso: Tabula Geographica Regni Chili (...). En Cartografía jesuítica del

Río de la Plata. Peuser. Buenos Aires, 1936.

D LISLE Guillaume: Carte du Paraguay du Chili (...). En Cartografía jesuítica del Río de

la Plata. Peuser. Buenos Aires, 1936.

DELACHAUX Enrique: Plano de la sierra de Lihué Calel. Separata revista del Museo de

La Plata. 1908.

NASA: Satélite Landsat: Imágenes satelitarias multiespectrales Landsat TM5: 227-087;

228-087; 229-087; 230-086. Año 2001.

SAFOND N.: Le Chili. En Cartografía jesuítica del Río de la Plata. Peuser. Buenos Aires,

1936.

Artículos en revistas

MORISOLI Juan Pablo: Desaguadero ¿realidad o fantasía?. 11 de enero de 2004, Pgs. 2 y

3. En Caldenia, suplemento cultural del diario LA ARENA. Santa Rosa.


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