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El Pordiosero Loco

de
Susana López de Gomara

9 Hombres
Personajes: -Arlequín 1 4 Mujeres
-Arlequín 2
-Chico
-Pordiosero loco
-Pepita
-Moro
-Glin-Glin
-Fe-Chin
-Chun Chun
-Golondrina
-Vigilante
-Señora
-Muchacha
Primer Acto

Se corre el telón sobre un escenario que parece una plaza. Hacia atrás, al medio, un
banco. Se apaga la luz. Reflector adelante, a la derecha, sobre una especie de arlequín.

ARLEQUIN 1: (Con música y casi cantando.) ¡El pobre hombre tenía sed! (Otro
reflector a la izquierda, sobre un arlequín igual al primero).

ARLEQUIN 2: (Igual que el primero) ¡El pobre hombre tenía hambre! (Se miran).

ARLEQUIN 1: ¡Tenía sed!

ARLEQUIN 2: ¡Tenía hambre!

ARLEQUIN 1: (Mímica de beber.) ¡¡¡Bebía, bebía…y tenía sed!!!

ARLEQUIN 2: (Mímica de comer.) ¡¡¡Comía, comía…y tenía hambre!!! (Otro reflector


al medio, sobre un chico lo más chico posible).

CHICO: (Se dirige al Arlequín 1.) ¿Y después…? (Se dirige al Arlequín 2.) ¿Qué paso?

ARLEQUIN 1: ¡Esa es la historia del Pordiosero Loco!

ARLEQUIN 2: ¡Del Pordiosero Loco…!

Se apagan los tres reflectores. Se encienden las luces, la plaza está sola. Aparece el
Pordiosero Loco. Limpio, pero mal vestido. Lleva una bolsa de arpillera.

PORDIOSERO: ¡Alfajores! ¡Ricos alfajores de alegría! ¡Alfajores de sol! ¡Alfajores de


cielo! ¡Dorados alfajores de nube! A ver… a ver. Me parece que se me acabaron los
alfajores… (Mira adentro de la bolsa). Sí, se terminaron… Pero aquí tengo otra cosa…
A ver… a ver… Sí, aquí están. ¡Ricas estrellas de dulce y alegría! Estrellas grandes,
chicas y medianas… Estrellas blancas, verdes y plateadas… ¡Ah, qué cansado estoy!
Vengo de tan lejos… Hace tanto tiempo…Allí hay un precioso banco, me sentaré un
rato… (Se sienta. Se escuchan voces de niños.) Me parece que se acercan unos chicos…
Sí, aquí vienen. Me haré el dormido para no asustarlos…Reconozco que mi aspecto no
inspira mucha confianza que digamos… (Simula dormir).

Entran Pepita y el Moro. Son hermanos, aunque ella es muy rubia y él muy moreno. Él
es muy serio y mandón: es el mayor. Van a la escuela.

MORO: Te digo, Pepita, que no sabes bien la tabla del ocho. Empieza de nuevo.

PEPITA: Bueno… Las vacaciones me han mezclado los números adentro de la


cabeza… Yo no sé por qué las clases empezarán el primero de marzo y no el primero
de…

MORO: ¿De cuándo?

PEPITA: De… Bueno, de cualquier mes…


MORO: A ver esa tabla del ocho.

PEPITA: (Muy ligero.) Ocho por uno ocho, ocho por dos dieciséis, ocho por tres
cuarenta y dos, ocho por cuatro veintitrés…

MORO: (La interrumpe.) ¡No, señorita! Está mal: ocho por tres no es cuarenta y dos y
ocho por cuatro no es veintitrés…

PEPITA: ¿Ah no? ¿Y entonces cómo es?

MORO: (Doctoral.) Ocho por tres es veinticuatro y ocho por cuatro es treinta y dos.

PEPITA: ¡Y bueno! ¡Si son los mismos números está casi bien!

MORO: ¡Casi bien! ¡Casi bien! ¿Cómo puedo tener una hermana tan ignorante?

PEPITA: (Ve al Pordiosero Loco.) ¡Moro, Moro! Déjate de rezongar y mira a ese
hombre…

MORO: (Mira, lo ve, se asusta, reacciona y, protector, se pone delante de su hermana)


¡No te acerques!

PEPITA: ¿Quién es?

MORO: ¿No ves? ¡Es un pordiosero!

PEPITA: ¡Pobre hombre! ¿Le damos nuestras monedas?

MORO: Está durmiendo…

PORDIOSERO: (Hace como si se despertara y sonríe a los niños.) ¿Qué tal, Moro?
¿Qué tal, Pepita?

MORO: ¿Cómo sabes nuestros nombres?

PORDIOSERO: Muy fácil: en tu cara dice Moro y en la tuya dice Pepita.

Los dos se tocan la cara.

MORO: ¡Eso no es cierto!

PORDIOSERO: ¿Cómo no? Lo que pasa es que hay que saber leer…

PEPITA: ¿Y tú, cómo te llamas?

PERDIOSERO: El Pordiosero Loco.

MORO: Eso no es un nombre.

PORDIOSERO: ¡Sí, señor! “Pordiosero” es el nombre y “Loco” es el apellido…


PEPITA: ¿Y “el”? ¿Qué es “el”?

MORO: ¿“El”? ¿“El? ¡Ahí sí que me embromaste…! ¡Ya sé! ¡“El” es un artículo!

PORDIOSERO: ¡Eso si que es verdad! Veo que estás bien en gramática…

PEPITA: ¡Déjense de gramáticas! Ya tengo bastante en la escuela… ¿Por qué no nos


cuentas dónde vivías antes y qué hacías?

PORDIOSERO: Yo vivía en una enorme casa… Y tenía muchísimo dinero… Pero…


¡estaba enfermo! Y la verdad es que de una rarísima enfermedad… Algo nunca visto…
Comía, comía, y siempre tenía hambre. Bebía, bebía, y siempre tenía sed. Hasta que un
día, hace ya mucho, salí de aquella casa enorme, la cerré con llave, tiré la llave al río, y
me eché a andar por esos caminos de Dios…

MORO: ¿Sabes que eso no me convence nada? ¡Si comías, no podías tener hambre y si
bebías, no podías tener sed!

PORDIOSERO: ¿Y por qué no?

PEPITA: ¿Y por qué no?

MORO: ¡Porque no!

PEPITA: ¡Él tiene razón!

MORO: ¡Yo tengo razón!

PEPITA: ¡Yo tengo razón!

PORDIOSERO: Bueno… No discutan… Yo los voy a ayudar: los dos tienen razón. ¡y
ya está!

LOS DOS: ¿Cómo?

PORDIOSERO: ¡Claro! Pepita dice que ella tiene la razón, y tú, Moro, dices que la
razón es tuya…¿No es así?

LOS DOS: ¡Sí!

PORDIOSERO: Entonces, los dos la tienen…¿¡y ya está!

PEPITA: Hablemos de otra cosa…¿Habrás viajado mucho?

PORDIOSERO: He dado catorce veces y media la vuelta al mundo.

LOS DOS: ¡¡¡Catorce veces y media ¡!!!

PORDIOSERO: ¡Sí!
MORO: Entonces , debes ser muy viejo…

PORDIOSERO: Estoy por cumplir trescientos quince años.

PEPITA: Vamos. Vamos…Me parece que esta vez exageraste un poco…

PORDIOSERO: (Ríe) Bueno, está bien…Sólo tengo treinta y uno, pero le había
agregado un cinco para que quedara más lindo…

MORO: Me imagino que con tantos viajes habrás aprendido muchas cosas.

PEPITA: Y que sabrás muchos cuentos…

PORDIOSERO: ¿Cuentos? No…No…Me parece que no…

PEPITA: ¡No puede ser! Aunque sea uno…

PORDIOSERO: ¡Ah sí ya sé! Escuchen. (Los niños se acomodan, expectantes). Una


vez, eran tres, un francés y un inglés…¿Quieren que se lo cuente otra vez? (Se ríe. Los
niños permanecen mudos).

LOS DOS: Eso no nos hace ninguna gracia. Queremos un cuento de verdad.

PORDIOSERO: ¡Un cuento de verdad! Pero si no sé ninguno…Tengo un agujero en la


cabeza…¡Y por ahí se me escapan todas las ideas…!

PEPITA: Entonces… ¡tendrás que inventarlo!

PORDIOSERO: Eso ya me gusta un poco más…Pero…escuchen bien lo que les voy a


decir: ustedes tienen que cerrar los ojos y mantenerlos bien apretados. Así podrán ver
todo lo que yo les cuente…

MORO: ¿Así?

PEPITA: ¿Así?

PORDIOSERO: ¡Muy bien! A ver, a ver…esperen que sacuda un poco esta cabezota
mía a ver si se le ocurre algo…(Sacude fuertemente la cabeza mía y se oye ruido de
cascabeles) Bueno…¡Ya está! Este cuento pasa en la China donde todos, todos, son
chinos y además amarillos. Reinaba allí a principios del siglo doce, el poderoso
emperador Chun-Chun.

PEPITA: (Se ríe) ¡Qué nombre más raro!

PORDIOSERO: ¡No interrumpa y cierren bien los ojos! ¿Ven algo?

LOS DOS: ¡Nada!

PORDIOSERO: ¡Claro! Eso pasa por interrumpir…Empiezo de nuevo…Si es que me


acuerdo…En la China, donde todos, todos son chinos y además amarillos, reinaba, a
principios del siglo doce, el poderoso emperador Chun-Chun, y la preciosa princesita
Glin-Glin…(Se van apagando las luces) Preciosa, sí, pero muy consentida por su padre
y por lo tanto sumamente caprichosa…

Se apagan totalmente las luces de atrás y se encienden las de adelante. Amarillas.


Aparece Glin-Glin llamando. Es toda una belleza amarilla.

GLIN-GLIN: ¡Fe-Chin! ¡Fe-Chin! ¿Aisu ataqui ina ofusí ianaki?

PEPITA: (Trata de habalra bajo. Mientras tanto, la princesa permanece muda e


inmóvil como un muñeco. No hay cambio de luces).
¡Pordiosero! ¡Pordiosero!

PORDIOSERO: ¡Te dije que no interrumpieras!

PEPITA: ¡Es que no entendemos nada!

PORDIOSERO: (Ríe) ¿No será que hoy se olvidaron de limpiarse las orejas?

MORO: ¡No! Mi mamá siempre nos revisa antes de salir para el colegio…

PEPITA: ¿Sabes una cosa?

LOS OTROS DOS: No…¿Qué?

PEPITA: Me parece que hablan en chino…

PORDIOSERO: ¡Y bueno, yo no tengo la culpa de que el cuento pase en China…!

MORO: ¿No puedes hacer que entendamos? Anda… ¡sé bueno!

PORDIOSERO: ¡Ya se! Sacudiré un poco más mi cabezota loca, a ver qué pasa…
(Ruido de cascabeles igual que antes)

GLIN-GLIN: ¿Aisu ataqui ina ofusí ianaki?

PEPITA: ¡No hay caso! ¿Qué podríamos hacer?

PORDIOSERO: Lo único que se me ocurre es esperar un poco, a ver si los cascabeles


surten efecto…(Se oyen cascabeles, Glin-Glin permanece quieta)

SEGUNDO ACTO

GLIN-GLIN:¿Aisu ataqui…? (Cascabeles repetidos. Empieza a moverse)

GLIN-GLIN: ¡Fe-Chin! ¡Fe-Chin! ¿Dómde se ha escondido esta mujer? ¡Fe-Chin!

FE-CHIN: ¿Qué deseas, mi princesa?


GLIN-GLIN: Saber dónde estabas.

FE-CHIN: Pues estaba buscando las siete colas de gato que se te ocurrieron esta
mañana.

GLIN-GLIN: ¿Siete colas de gato? ¿Y para qué querría yo siete colas de gato?

FE-CHIN: ¡Eso es lo que yo digo! (Suspira) ¡Tienes cada ocurrencia!

GLIN-GLIN: ¿Has visto? Yo mismo me admiro… (Muy contenta) ¿Y sabes lo que


quiero ahora?

FE-CHIN: ¡Tiemblo solo al pensarlo!

GLIN-GLIN: ¡Pues una estrella!

FE-CHIN: ¿Una estrella?

GLIN-GLIN: Sí, una estrella. Pero no es necesario – mira qué prudente me estoy
volviendo, debe ser la edad – que sea una estrella enorme… (camina de un lado al otro
del escenario. Fe-Chin camina a su lado con una cara asustadísima) de esas que parecen
faroles encendidos…Claro que tampoco tiene que ser de las más pequeñas.

FE-CHIN: ¡Claro, claro!

GLIN-GLIN: ¡Me conformo con una mediana!

FE-CHIN: ¡Mediana! ¡Qué bien! ¡Una estrella mediana! (Se interrumpe). Y dime,
princesita mía, ¿quién irá a buscarla?

GLIN-GLIN: ¡Ah eso no losé! ¡Que venga mi padre! (Este entra antes de que Glin-Glin
termine la frase. Es gordo y cómico.

CHUN-CHUN: ¿Qué quiere mi princesita? ¿No te trajeron ya las siete colas de gato
que pidió esta mañana?

GLIN-GLIN: Sí, pero ya no se para que quería…Ahora quiero una estrella del cielo.

CHUN-CHUN: (Asombrado) ¿Una estrella? No sé si querrá venir…Ellas están bien


alla´arriba…

GLIN-GLIN: ¿Osarán desobedecer una orden del poderoso emperador Chun-Chun?

CHUN-CHUN: Y…yo soy poderoso en la Tierra, pero en el cielo las cosas marchan de
otro modo…De todas maneras, no importa. Veremos que se puede hacer…Mandaré a
todos los pájaros de mi enorme imperio a navegar por el cielo y alguno trerá la estrella
de mi adorada princesita Glin-Glin…(Se apaga la luz amarilla y se enciende la de atrás.
Todos permanecen en la misma posición. El pordiosero sigue narrando)
PORDIOSERO: Pero no tuvo éxito el plan del emperador Chun-Chun. Los pájaros
volvieron desolados: ninguna estrella quería venir a satisfacer el capricho de la
princesa. ¡No señor!...decían. Aquí estamos bien, respiramos un aire fresco y puro.
¿Qué vamos hacer en ese planeta gris y aburrido que es la Tierra? ¿Y con esa princesita
tan consentida? ¡No señor! ¡Aquí estamos, aquí nos quedamos! Entonces Glin-Glin se
puso a llorar y tanto lloró y lloró que el caudal de sus lágrimas inundó la China entera.
Y los súbditos del emperador vinieron en canoa a quejarse. Pero…¡no había nada que
hacer! L a caprichosa Glin-Glin seguía llorando. Hasta que a una golondrina
inteligente se le ocurrió la idea salvadora…¡Se apaga la luz de detrás y se enciende la de
adelante, amarilla, sobre la golondrina que va dando vueltas y moviendo los brazos
delante del emperador, la princesa y Fe-Chin. Se detiene y dice:

GOLONDRINA: ¡Yo encontré la solución!

CHUN-CHUN: ¡A ver, a ver, querida golondrina, te prometo que si traes la estrella te


nombraré Golondrina Real!

GLIN-GLIN: ¡Y yo te regalaré una linda coronita de oro para tu cabeza!

FE-CHIN: ¡Y yo te daré de comer todos los días!

GOLONDRINA: Escuchen, mi plan es éste: en vez de ir de noche. Como lo han hecho


los demás pájaros, yo me acercaré a una estrella durante el día, que es cuando duermen,
y sin hacer el menor ruido, para no despertarla, me la traigo rápido en un vuelo hasta,
aquí. ¿Qué les parece?

CHUN-CHUN: ¡Excelente!

GLIN-GLIN: ¡Tanto que les prometo que éste será mi último capricho!

FE-CHIN: ¡Ojala sea eso cierto!

GLIN-GLIN: ¡Sí señora! ¿No te das cuenta de que esto también será un capricho? ¡El
extraordinario capricho de no ser ya caprichosa!

GOLONDRINA: ¡Y me voy ahora mismo, aprovechando que es de día! (Sale girando y


moviendo los brazos. Se apaga la luz de adelante y se enciende la de atrás. Todos en la
misma posición. Sigue el Pordiosero).

PORDIOSERO: La golondrina inteligente tuvo un éxito rotundo. Y así todos fueron


felices: la princesa Glin-Glin porque tenía su estrellita, el emperador Chun-Chun porque
de los preciosos ojos de su hija las lágrimas ya no brotaban: la estrellita porque era muy
curiosa y además le gustaba terriblemente el amarillo, la golondrina porque la
nombraron Golondrina Real y le pusieron una coronita de oro: Fe-Chin porque
terminaron los caprichitos de la princesa, y los súbditos del emperador Chun-Chun
porque pudieron finalmente abandonar sus canoas y caminar por las calles como antes.
Y se acabó el cuento. ¿Vieron bien?

MORO: ¡Muy bien! ¡Qué linda era Glin-Glin! (Suspira)


PEPITA: Y Chun-Chun, ¡qué gordo! (Ríe. Se oyen campanas).

MORO: (Saliendo de su ensueño.) ¡La campana de colegio! ¡Vamos a llegar tardísimo!

PORDIOSERO: No se preocupen… No han perdido ustedes ni un solo minuto… Van a


ver cómo llegan a tiempo a la escuela.

PEPITA: ¡Es cierto! Son las ocho igual que antes… ¿Estarás aquí cuando volvamos?

PORDIOSERO: ¡Aquí estaré!

MORO: ¿Y nos contarás otros cuetos de Glin-Glin?

PORDIOSERO: ¡Eso no lo sé!

PEPITA: ¡No importa! La cosa es que estés…

PORDIOSERO: ¡Estaré!

LOS DOS: ¡Hasta luego, entonces! ¡Hasta luego! (Salen)

PORDIOSERO: ¡Hasta siempre! (Les dice adiós con la mano. Vuelve al banco. Se oyen
pitidos lejanos. Mira). ¿Quién vendrá ahora? (Pitidos más cercanos). Debe ser la
autoridad… Veremos cómo me trata… (Se queda sentado. Luz dorada. Sensación de
otoño. Entra el vigilante. Mayor, aunque no viejo. Satisfecho de sí mismo).

VIGILANTE: ¡Qué precioso día! Lindo solcito… lástima que se acabe… Hojas
doradas… calles tranquilas… Así es mi pueblo. Aquí nunca pasa nada… Ni viene
nadie… (El pordiosero tose para llamar la atención). ¿Eh? ¿Y esa tos? (Lo ve). Y ése,
¿quién es? ¡Santo Dios! Si es un pordiosero… Y con una bolsa. ¡Y en mi pueblo!
¡Ahora vamos a ver! (Encarándolo.) Señor mío, ¿se puede saber quién es usted?

PORDIOSERO: ¿Quién? ¿Yo?

VIGILANTE: ¡Sí, usted!

PORDIOSERO: ¿Usted? Pues… déjeme pensar… (Da vueltas alrededor.) ¡Ya sé! Sin
lugar a dudas es usted el Vigilante.

VIGILANTE: ¡Claro que soy el Vigilante! ¡Y por eso mismo no me gustan los
pordioseros como usted! De manera que se levanta ya mismo de este banco y se va
ligerito…

PORDIOSERO: ¿Adónde?

VIGILANTE: Adonde tenga usted que ir.

PORDIOSERO: Yo no tengo que ir a ninguna parte. Además… ¿el banco es suyo?

VIGILANTE: ¡No!
PORDIOSERO: Y entonces, ¿por qué me lo pide?

VIGILANTE: (Duda) Pues… Vamos a ver… ¿De veas no tiene usted adónde ir?

PORDIOSERO: ¡Y tan de veras!

VIGILANTE: (Se pasea por delante del banco. Asombradísimo.) ¡Sí que es raro! Todos
tenemos que ir a alguna parte… Los niños a la escuela, los padres al trabajo, las madres
al mercado, los ladrones a la cárcel… ¿Cómo es posible que usted…?

PORDIOSERO: ¿Y si le dijera que donde yo tengo que ir es aquí, a este banco?


¿Me dejaría usted quedarme?

VIGILANTE: (Cada vez más perdido.) Este… Bueno… no sé, ejem… tendría que
pensarlo…

PORDIOSERO: Piense, piense, es muy saludable hacerlo de vez en cuando… (El


Vigilante se pasea por el escenario, pensando. Mientras tanto, el Pordiosero busca en su
bolsa y saca un botón dorado.) Tome… le regalo este botón.

VIGILATE: ¡Gracias! ¿Y para qué sirve?

PORDIOSERO: ¡Para mucho! Cuando usted encuentre a un sospechoso, para saber si es


culpable o no, le pasa este botón por un ojal. Si es inocente, el botón queda dorado. Si
es culpable, el botón se pone negro. ¿Qué le parece?

VIGILANTE: ¡Maravilloso! Pero… tengo que acercarme mucho al sospechoso para


ponerle el botón en el ojal… ¿No es cierto?

PORDIOSERO: ¡Claro! Pero… ¿Qué?... ¿Tiene usted miedo?

VIGILANTE: ¿Miedo yo? ¡Jamás! Simple prudencia… Me voy ya mismo en busca de


algún sospechoso. Puede usted quedarse cuanto quiera en el banco… No seré yo quien
lo eche de ahí… ¡Adelante! ¡March…! ¡A la carga…!

Sale marcialmente tocando el pito. El Pordiosero se acerca al banco, lo mira con cariño,
lo toca. Mientras tanto, cambia la luz. Sensación de invierno. Viento. Aparece una
señora vieja con bastón. Camina con dificultad. Se queda.

SEÑORA: ¡Ay, ay, ay! Este reumatismo no me deja tranquila… Casi no puedo
caminar… ¡Quién tuviera cincuenta años menos!... O cuarenta… O diez… O uno…
¡Ay, ay, ay!

PORDIOSERO: (Se ha ido acercando, curioso) ¿Qué le pasa, señora? ¿Necesita algo?
Tengo ricos alfajores de alegría, lindas nubes de colores, doradas estrellas de sol…
margaritas azules.

SEÑORA: No, gracias, muchacho, no quiero nada… ¿Qué haría yo con una estrella? ¿O
con una nube? ¿O con una margarita azul? ¿A ver? ¿Qué haría?
PORDIOSERO: ¡Pero señora! Se pueden hacer muchas cosas… Infinidad de cosas… A
la estrella, por ejemplo, se la puede… mirar, admirar, amar, pintar… A la nube… se la
puede soplar, para que se vaya lejos… a llevar la bendición del agua allí donde la
necesiten… Y a la margarita… bueno, a la margarita se la puede deshojar para ver si
alguien nos quiere mucho, poquito o nada.

SEÑORA: ¿Y el alfajor? (Riendo) ¡Te olvidaste del alfajor!

PORDIOSERO: ¿El alfajor? Pues… eso es lo más simple de todo. Al alfajor lo


podemos comer…y como es un alfajor especial, bien rellenito de alegría, nos
pondremos alegres, alegres como aquella niña negra que…bueno, eso no viene al caso.
Volvamos a lo nuestro…¿Qué le doy señora?

SEÑORA: Nada, muchacho…nada. ¿No comprendes que el problema nuestro, el


problema de los viejos, es que ya no deseamos nada?

PORDIOSERO: (Admirado) ¿Qué no desean nada? ¡No puede ser! Piénselo bien,
señora…Algo tiene que haber…

SEÑORA: (Riendo) ¡Pero qué muchacho cabeza dura éste! ¡Te digo que no!

PORDIOSERO: (La interrumpe) ¡Ya sé! ¿No querría usted volver a ser joven?

SEÑORA: (Deja de reír) ¡Ah sí! ¡Eso sí! Aunque sea un ratito…

PORDIOSERO: (Triunfante) ¡Ya se lo decía yo! No podía ser de otro modo…


Bueno…yo tengo un espejo mágico que, si usted lo mira, se va a ver igualita que
cuando tenía veinte años…

SEÑORA: ¿En serio?

PORDIOSERO: ¡En serííísimo! Pero, eso sí, mientras yo busco el espejo en mi bolsa,
usted cierra los ojos y piensa bien fuerte su deseo. ¿De acuerdo?

SEÑORA: (Entusiasmada) ¡De acuerdo! ¡De acuerdo!

PORDIOSERO: (Busca en la bolsa, saca un espejo y lo pone delante de la cara de la


señora) ¿Ya está?

SEÑORA: ¡Ya está!

PORDIOSERO: ¡Abra los ojos!

SEÑORA: (Agarra el espejo y mirándose, camina por el escenario sin bastòn y casi sin
dificultad) ¡Ay que maravilla! ¡Sí! (Mirándose al espejo, sale)

PORDIOSERO: ¡Pobre señora! ¡Qué contenta se ha puesto! (Suspira) ¿Y por qué?


(Piensa) ¿Por qué? ¡A ver, a ver…! (Sacude la cabeza. Se oyen cascabeles). ¡No eso
no! (Se ríe. Cascabeles mientras cae el tejón).
TERCER ACTO

PORDIOSERO: ¡Y bueno! Yo preguntaba por qué y dicen que por que… (Canta).
Todos viajan
todos viajan
en el Arca de Noé,
al país de No-sé donde
por el mar de No-sé-qué,
Van los gordos
y los flacos
con los buenos
y los malos
en el Arca de Noé.
Van los lindos
y los feos
con los pobres
y los ricos
en el Arca de Noé.
Van los perros
y las perras
con el lobo
y con la cebra
en el Arca de Noé.
Las conejas
y conejos
con los chicos
y los viejos
en el Arca de Noé.
Van las brujas
y los brujos
con loa yanquis
y los rusos
en el Arca de Noé.
Entre las olas
enormes
se va el Arca de Noé
al país de No-sé-donde
por el mar de No-sé-qué…

Mientras canta, cambia la luz verde. Sensación de primavera.

PORDIOSERO: ¡Por allí viene una muchacha!...¡Que cara triste tiene! (Se sienta en el
banco) ¿Qué le pasará?

MUCHACHA: (Llora. Tiene el pelo suelto, muy largo. Se sienta en el banco, sin ver al
Pordiosero) ¡Qué desgraciada soy! Mi novio no me quiere…Me hace llorar y llorara
siempre…

PORDIOSERO: ¡Hola!
MUCHACHA: ¡Hola! (Después lo ve, se asusta, se levanta, grita)
¿Quién es usted?

PORDIOSERO: Alguien que sabe que estás muy triste porque tu novio no te quiere…

MUCHACHA: ¡No me quiere…!

PORDIOSERO: ¡Y te hace llorar y llorar…!

MUCHACHA: (Llora.) Pero…usted. ¿Cómo lo sabe? ¿Quién se lo dijo?

PORDIOSERO: Tu cara triste…

MUCHACHA: Y como no voy a tener la cara triste…¿Sabe que quiere mi novio que
yo haga?

PORDIOSERO: No.

MUCHAHCHA: ¡Que me corte el pelo!

PORDIOSERO: ¿Y por qué?

MUCHACHA: ¡Porque a él se le ocurre!

PORDIOSERO: Sería una pena…Un pelo tan bonito…¡Y tan largo!

MUCHACHA: (Consolada) ¿No es cierto que sí? ¡Qué suerte que usted opina como
yo! Todos me dicen: ¡Tienes que hacerle caso! Si a él le gusta el pelo corto, te lo
tienes que cortar…Para eso es tu novio…Y patatán…, Y digo yo: ¿Acaso él es novio
mío o novio de mi pelo? (Se queda pensando y vuelve a llorar desconsoladamente).

PORDIOSERO: No llores así, muchacha, que se me parte el corazón…

MUCHACHA: ¿El corazón?

PORDIOSERO: Sí

MUCHACHA: Es incómodo tener razón…¿no es cierto? Duele tanto a veces…

PORDIOSERO: Sí, a veces duele… Pero en cambio, otras, se siente tan liviano, tan
liviano como una pompa de jabón…Y entonces sube, sube, hasta que llega al cielo, y
allí cerquita del Sol…¡bum! estalla…y baja de nuevo a la Tierra transformado en
brillantes gotitas de alegría…Pero…espera, que adentro de mi bolsa debe haber algo
que solucione el asunto de tu pelo.

MUCHACHA: ¿Sí? ¡Ay, por favor, fíjese enseguida…! Estoy cansada de llorar y
llorar…
PORDIOSERO: (Mira y saca peines y horquillas) ¡Aquí está lo que buscaba! Y
ahora…con un poco de paciencia y otro pococ de habilidad, ¡todo se arreglará! Tienes
que sentarte y quedarte quieta un ratito…

MUCHACHA: (Se sienta) ¿Me va a doler?

PORDIOSERO: No. (Le hace rápidamente un moño). ¡Ya está!

MUCHACHA: ¿Tan rápido?

PORDIOSERO: ¡Claro! Las soluciones tienen que ser rápidas, si no, no sirven.

MUCHACHA: ¿Estará contento mi novio?

PORDIOSERO: Sí, sobre todo sí sonríes un poquito…

MUCHACHA: ¿Así?

PORDIOSERO: ¡Eso es! Ya vas a ver que con esa sonrisa nunca más volverás a
llorar…

MUCHACHA: Voy corriendo a buscar a mi novio…¡Debe de estar tan triste el pobre!


(Sale)

PORDIOSERO: Adiós, muchacha, adiós…Y no te olvides de sonreír siempre,,,(Entran


los niños)

PORDIOSERO: ¿Tan pronto de vuelta? ¿Qué tal esas tablas, Pepita? No traes una cara
muy contenta que digamos…

PEPITA: (Muy malhumorada.) ¿Cómo voy a estar contenta? A ti te pasaría lo mismo…


¡A que no sabes lo que se ha ocurrido a la maestra después de terminar con la maldita
tabla del ocho!

PORDIOSERO: ¡Ya sé! ¡Enseñarles la del nueve!

PEPITA: ¡Eso mismo! ¿Cómo lo sabes?

MORO: Porque es una persona inteligente, no una tonta como tú…

PEPITA: (Le saca la lengua) ¡Mmmm!

PORDIOSERO: No se peleen…Pepita, esto es para ti. (Saca de la bolsa un caracoly se


lo da) Es un caracol sabio… Conoce las tablas a la perfección. No tienes más que
ponértelo en la oreja y él te las ve a decir.

PEPITA: ¿La del nueve también?

PORDIOSERO: También la del nueve.


PEPITA: ¿A ver? ¿A ver? (Se lo coloca en la oreja). ¡Es cierto!...Nueve por tres,
veintisiete… Nueve por cuatro…treinta y seis…¡Qué suerte! Se acabaron mis
problemas…¡Gracias! (Le da un beso)

MORO: ¡Claro!...¿Y a mí?

PORDIOSERO: (Interrumpiéndolos) Y a ti, para que no rezongues, te doy esto que


viene directamente de la China…(Saca de la bolsa un retrato).

MORO: ¡Un retrato de Glin-Glin! (L e da también un beso al Pordiosero) ¡Glin-Glin!


¡Glin-Glin! En mis oídos suenan campanitas…

PEPITA: Mmmmmm…Nueve por ocho...mmmmmm. Nueve por nueve, ochenta y


uno…

Salen los dos, Moro mirando el retrato, Pepita con el caracol en la oreja. Se oyen
pitidos. Pasa corriendo un hombre que lleva una gallina, seguido por el Vigilante.

VIGILANTE: ¡No vas a ir muy lejos, ladrón de gallinas1 Nadie se resiste a mi botón
dorado…Pero, un momentito, que voy a saludar a mi amigo…¡Se acerca al Pordiosero
que sonríe, sentado en el bamco. Le da un beso) Desde que me dio usted el botón, he
atrapado ya cuatro ladrones…

PORDIOSERO: Lo felicito…Es usted un valiente.

VIGILANTE: ¡Me tiene miedo!...En cuanto me acerco, levantan las manos y se


entregan…¡Corro…!No vaya a ser que se me escape este ladrón de gallinas…(Sale
tocando el pito)

PORDIOSERO: ¡Vaya! ¡Vaya!

Entra la señora.

SEÑORA: (Muy contenta. Trae el espejo.) ¡Qué habrás pensado de mí, muchacho! Me
fui sin agradecerte…Sin decirte nada…Pero he vuelto para saludarte…Y para decirte
que estoy mucho mejor…El reumatismo no me molesta casi…(Se acerca y le da un
beso).

PORDIOSERO: Está usted muy rejuvenecida, señora.

SEÑORA: Gracias a tu maravilloso espejo, muchacho…¿Me lo prestas un rato más?

PORDIOSERO: ¡Se lo regalo!

SEÑORA: ¿Me lo regalas?

PORDIOSERO: ¡Claro! ¿Yo para qué lo quiero?

SEÑORA: ¡Que bueno eres, muchacho! Te agradezco tanto tu regalo, ¡tanto!...(Sale


sin dejar de mirarse al espejo).
Entran corriendo la muchacha y el novio. Ella lleva flores en el pelo.

MUCHACHA: ¡Todo arreglado! Etas flores ma las regaló él…¡Somos tan felices! (La
besa).

PORDIOSERO: No se olviden de sonreír…

MUCHACHA: Además, ahora nos reímos por cualquier cosa…¿Se miran y se ríen.
Salen. Se apaga la luz reflector adelante sobre los Arlequines).

ARLEQUIN 1: ¡El pobre hombre tenía sed1

ARLEQUIN 2: ¡El pobre hombre tenía hambre!

ARLEQUIN 1: ¡Tenía sed!

ARLEQUIN 2: ¡Tenía hambre!

ARLEQUIN 1: ¡Bebía, bebía, y tenía sed.!

ARLEQUIN 2: ¡Comía, comìa y tenía hambre!

ARLEQUIN 1: ¡Ahora ya no tiene sed!

ARLEQUIN 2: ¡Ahora ya no tiene hambre!

ARLEQUIN 1: ¡No tiene sed!

ARLEQUIN 2: ¡No tiene hambre!

Esta escena, tanto como la primera, tiene que tener mucha mímica, casi exagerada.
Girar o saltar, pero cuando hablan, permanecer quietos. Se apaga el reflector, Luz atrás.
Atardecer. El Pordiosero sonríe y coloca la bolsa sobre el banco, como almohada. Se
acuesta cómodamente y canta.

PORDIOSERO:

Todos viajan, todos viajan


en el Arca de Noé,
al país de No-sé-donde
por el mar de No-sé-qué…
Al país de No-sé-donde
Por el mar de No-sé-qué…

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