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PORNOVÁLIDOS Y MINUSGRÁFICOS

Lechedevirgen Trimegisto1

"Hay que activar políticamente la noción de tullido, porque, de algún


modo, la presión de los distintos regímenes somatopolíticos que
operan sobre nuestros cuerpos y nuestras subjetividades, nos
convierte a todxs en tullidxs potenciales". Beatriz Preciado.

"Serendi-pity" fotoperformance de
Lechedevirgen en colab. con la fotografa
Elisa Negrete

Herculine Barbin, fue tratado(a) cómo mujer y performó la feminidad a lo largo de su adolescencia y parte de
su edad adulta rasurándose la barba y bigote, sin pechos prominentes y sin menstruación. En 1860 tras una
revelación médica, se descubrió que Barbin era intersexual: poseía una vagina pequeña, un cuerpo
masculinizado, un diminuto pene y dos testículos en el interior de su cuerpo; cambió entonces su nombre a
Abel, renunció a la vida que hasta entonces había construido y 8 años más tarde decidió suicidarse dejando
la llave del gas de su apartamento abierta. El conserje del edificio encontró su cuerpo inerte.

Este personaje emblemático de la intersexualidad del siglo pasado, es retomado por Michael Foucault
y Judith Buttler debido a su «interseccionalidad biotecnológica» y al peso que tiene un cuerpo que existe,
late y respira, pero que no se ajusta a la norma de lo que el discurso hegemónico incluso ha dado en llamar
natural.

1
Pornoalquímista y croptozoologo de género. Performans cuir y arte extremo.
«Herculine introduce una serie de discontinuidades irreparables en esa cadena causal de producción
de sexo, que la llevarán a convertirse no so lo en un espectá culo mé dico, sino tambié n en una
monstruosidad moral. » (Beatriz Preciado, 2006)

Herculine Barbin habita su cuerpo como un espacio simbólico violentado, invadido e intervenido por la
presión médica de ajuste normativo. La decisión que toma al convertirse en Abel es un cambio originado por
la somatopolítica del siglo XVII bajo la necesidad rigurosa de mantener la relación entre genitalidad,
identidad sexual y performatividad del género. El cuerpo de Herculine es un campo de batalla, pero al
mismo tiempo es un cuerpo que sobrevive a sus supuestos defectos; a pesar de ser pensado(a) como un
error de la naturaleza, su organismo es completamente funcional dentro de los límites de la intersexualidad a
nivel de salud. Lo que mató a Herculine no fueron los fuertes dolores que le sobrevenían por su condición
fisiológica intersexual, sino la presión ejercida por dispositivos de control y mecanismos «patologizadores
heterocentrados y corpo-colonizantes».

Los cuerpos anormales, discapacitados, o inválidos, son justamente inválidos en dos sentidos: el
primero implica una supuesta deficiencia física al compararlos con los cuerpos políticamente correctos,
completos y normales; la segunda habla de una invalidez socio-política, donde estas subjetividades fisuradas
no están legitimadas ante el poder, y no forman parte de las representaciones culturales de los cuerpos y las
sexualidades. Particularmente, esta invalidez es causada por un estratégico mecanismo de invisibilización y
espectralización de lo «no-normativo» pues dentro del imaginario de la producción y reproducción
tecnológica del género y la sexualidad, no se piensan cuerpos que no sean compatibles a los estándares
culturales legitimados ya que estos representan abominaciones que conviene mantener en las periferias ––
minorías marginadas por la falta o sobra de elementos físicos-fisiológicos–– que en su mayoría no pueden
cumplir con el fin último gestionado por el biopoder: la reproducción. Esta carencia de fuerza de trabajo y de
reproductibilidad de cuerpos válidos para el sistema es lo que mantiene a los deformes sin capacidad y sin
valía. El miedo que guarda el poder ante la posible deformación del género, el sexo y los cuerpos; está
vinculado a la espectacularización de las prácticas sexuales entre discapacitados. El morbo que ocasiona ver
a dos amputados sosteniendo relaciones sexuales es gestionado por el estado y el poder, algo que bien
podríamos llamar: «Acrotomopolíticas de la visualidad».
Performance “Procesión" de Lechedevirgen fotografía de Pavel Lara.
Desde el fenómeno conocido como Cripples Movement (La teoría de los tullidos) ––movimiento por los
derechos de los discapacitados, desarrollado en Alemania al rededor de los años 80´s–– se han venido
estableciendo líneas de acción en oposición a la forma de colocar en categoría de inservibles a los cuerpos
diferentes; al igual que la lucha por mejores condiciones y trato en los hospitales y centros médicos como
demanda por el abuso de poder por parte del sector salud sobre los menos favorecidos. Justo ahora viene
siendo tiempo de crear un nuevo “Cripple Tribunal”, una ética de los deformes, un plan de ataque que no sólo
dignifique y resalte los cuerpos “dañados”, sino que incluso desarrolle un eje de acción a través de la auto-
deformación.

«La modificación de los cuerpos y sus prácticas está llena de matices; mientras los cuerpos “sanos”
son gestionados por procesos somatopolíticos y técnicas de control represivo, los cuerpos raros que
no se ajustan a dichos procesos son obligados a normalizarse, de manera que incluso los activistas
del movimiento Cripple (tullidos) están poniendo en jaque a la industria médica al negarse a que se
les implanten prótesis cocleares electrónicas que les permitirían oír. Inspirados por la tradición
política de los movimientos feminista, negro o queer, estos activistas defienden su derecho a
permanecer en la cultura de la sordera, entendiendo el acceso al sonido a través de la prótesis como
una imposición normativa que les fuerza a integrar la cultura audista dominante. » (Beatriz Preciado,
2007)

Siguiendo el pensamiento de estos grupos en oposición a la normalización y estandarización de sus


cuerpos, podemos pensar en una forma de resistencia que no sólo se conecte con la performatividad o los
procesos de deconstrucción identitarios, sino con una intervención real ––quirúrgica, farmacológica o
prostética–– del cuerpo como modo discursivo de desestabilización y estrategia de empoderamiento; al
igual que instituir un código pornográfico de interés más amplio que el masturbatorio, que dé rescate a los
cuerpos discapacitados, mutilados, deformes y marginados visibilizándolos y entablando una red de acción
política que dignifique y legitime a los cuerpos por sus singularidades, y los conecte con las post-identidades:
el cyborg, lo trans, cuerpos parlantes, softwares en oposición que cobran dimensión en cuerpos venideros,
cuerpos aún ocultos, cuerpos que por permanecer lejos de la norma son ininteligibles de acuerdo con la
construcción visual de lo completo y bien diferenciado; la ambigüedad y la monstruosidad permanecen
ilegibles para el ojo colonizador e invasivo de los sujetos alienados por las bio-tecnologías del género y de la
construcción visual, la «Acrotomopolítica del imperio heterocentrado».
Latinoamerica inválida.

Hace falta hablar del desplazamiento político hacía el sur: las incorporaciones de una “Queer Theory” al
espacio latinoamericano-sudaca-mextizo, sin construir un debate y aplicar reconfiguraciones substanciales
en sus planteamientos, resulta un intento estéril de poca incidencia; y en el peor de los casos un accidentado
proceso de colonización desde la violencia epistémica. Es imposible hablar de estos mecanismos de
desactivación de la normativización del cuerpo en las Américas, sin antes rescatar la dimensión chamánica de
sus realidades, lo mágico-ritual del imaginario simbólico latino y sus respectivos pasados precolombinos en
relación a sus convulsos climas actuales. Se trata pues de paisajes contradictorios que alojan espacios de
primermundo y cuartomundo, megaciudades y casas de cartón. México, lo mex-o-americano, es compuesto
por un mosaico multicultural caleidoscópico, dónde la violencia y la fiesta conviven de manera pánica. El
país surrealista por excelencia, como afirmaría André Bretón, se expresa en una serie de problemáticas de
desigualdad y opresión que van desde la gama de las microviolencias (micro-machismos,
violenciahechaencasa, la crisis educativa y económica, abortos obligados con té de perejil, narcomenudeo, el
abandono del campo, el bulin, la explotación laboral, etc.) hasta los genocidios, la homo/lesbo/bi/transfobia,
el endoracismo, el clasismo, la narconación, la necropolítica entre otras derivas consecuentes de un
patriarcado capitalístico dominante y opresor.

Sin embargo es claro que los engranajes sobre los cuales se desarrolla la discusión al rededor de las
corporalidades fisuradas, llegan a latinoamerica incidiendo en la configuración de relaciones de poder y de
visualidad. En México las políticas públicas albergan un espacio para discapacitadxs, mujeres y niñxs, pero
desde un eco del estado-benefactor, con políticas que no solucionan el problema de raíz, sino que
proporcionan cierto tipo de servicios o herramientas que dan oportunidades superficiales y poco reflexivas
sobre las necesidades reales de dichas comunidades marginadas: rampas para sillas de ruedas, separación de
los vagones del metro entre hombres y mujeres, programas de integración cultural para invidentes que
contemplan la utilización del barro para que los “pobres ciegos” se expresen por medio del tacto, etc.
Entonces, ¿Cuales son las estrategias que pueden ser tejidas desde nuestros supuestos espacios de
desventaja? ¿Cómo trazar alianzas con estas comunidades o grupos, físicos o simbólicos, para actuar desde
nuestros defectos y nuestras minusválias? ¿Cómo convertir nuestros cuerpos en armas que combatan los
tratamientos médicos-clínicos-científicos y culturales qué nos asumen como “enfermos”, “incompletos” o “de
capacidades especiales”?
Se trata pues de generar discursos que rescaten estos cuerpos raros, sin caer en una discusión
plenamente transformativa que deconstruya por completo a dichas identidades latinas, de encontrar las
armas que desmantelen la casa del amo, de hablar de un apocalipsis chilango, de cuerpos diferentes y de la
activación política de los que no somos más que el blanco preferido de las acrotomopolíticas y el ojo
morboso que insiste en espectacularizarnos y exotizarnos como “otros”, “extranjeros”, “extraños”,
“incompletos”, “fracasados”, etc.
Existe desde México, dentro del espacio del arte disidente y contestatario diferentes artistas que reivindican
dichos cuerpos invalidados, rescatándolos de los márgenes para darles voz. El trabajo de mexicanxs pochxs
chicanxs-defeñxs como “La Pocha Nostra” y Guillermo Gomez Peña, Rocío Boliver “La Congelada de Uva”,
Hector Falcón, Teresa Margolles, Fershow Escarcega, Lorena Wolffer, Ricardo Dominguez; entre muchos otros,
se emparenta al de chilenxs como Acción Sudaca, Hija de Perra y La Coordinadora Universitaria de Disidencia
Sexual, o al de peruanxs como Giuseppe Campuzano y Javier Sotomayor, o al de colombianxs como Nadia
Granados “La Fulminante”, que buscan justamente está resurrección del cuerpo insurrecto, desde sus
“diferencias”. Será el arte entonces una buena vía para el rescate de los cuerpos fisurados, para la
reestructuración del tejido social a partir del imaginario, de lo simbólico. Es quizás el arte del cuerpo el
espacio más acertado para insertar nuevas posibilidades de modificación corporal que descentralicen la idea
del “cuerpo sano y completo” como el cuerpo hegemónico, que logren descomponer los yugos de la
exotización mediatizada; como parte de un importantísimo dialogo entre las teorías vertidas desde el norte y
las traducciones chafas, wachas, piratas, chacas y pochas de lo queer a lo cuir, en tanto la luchas en contra de
la opresión y las desigualdades.
Latinoamérica es inválida, devaluada va en silla de ruedas, muletas, con moretones, con diálisis, con
puntos, con costuras, con balazos, con dedos mutilados, decapitada, secuestrada, violentada. Latinoamerica
es inválida para el proyecto político de occidente, y lo ha sido desde siempre, colonizada, afrancesada,
vendida. Latinoamérica fue inválida para las feministas blancas de la primera ola, para lxs teoricxs de nueva
orden, para lo queer y para sus exigencias, Latinoamérica es inválida pero útil como ama de llaves, afanadora,
como obrero sin prestaciones, como narcomenudistas, como sicarios, como coyotes, como indocumentados.
Latinoamérica se desplaza hacia el sur con la fuerza de desprendimiento de baja California SUR.
Latinoamérica es inválida y habremos de hacer pesar lo inválido.