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¿El Loto o la Cruz? 1

Enrique Chávez V.

El Buda dijo: "No se guíen por lo que escuchen decir a otros,… ni tampoco por las
palabras de un asceta o de un maestro. Pero si ustedes mismos llegan a comprender que
esto es equivocado,..repruebenlo entonces. Si por el contrario comprenden que...esto es
verdad, entonces aceptenlo y vivan conforme a ello". (Anguttara-Nikaya, IV,193).

¡Felices palabras! Si hemos de creer a la autenticidad de ellas, atribuidas al


“iluminado”, tendremos que recelar de las enseñanzas de los maestros -incluído él
mismo-, y ponerlas bajo examen. Aceptar sin comprender y analizar la enseñanza
de este gran pensador, sería ir en contra de su propio consejo.

Mas allá del romanticismo que nos despierta la lectura de la historia del Buda
(todavía recuerdo las intensas emociones que me provocó en la universidad el
“Siddhartha” de Hermann Hesse a mis 19 años), abandonándolo todo incluso a
“Rahula” (estorbo) su hijo recien nacido, debemos analizar concienzudamente su
doctrina. Es tanto, después de la lectura de algunas porciones del Canon Pali y del
Dhammapada lo que tengo que preguntar como cristiano que soy, acerca de la
filosofía budista. Sin embargo, en este ensayo únicamente bosquejaré once
inconvenientes importantes sobre la enseñanza de este ideólogo nepalés, que no
pueden ser explicados satisfactoriamente por sus seguidores.

¿Qué esperanza hay para nosotros, la gente normal? Buda, de acuerdo a la


leyenda, logró la iluminación después de mas de 500 reencarnaciones
dedicándose solo a ello y a ninguna otra cosa. ¡Ay de nosotros que tenemos que
trabajar, estudiar, cuidar a nuestros hijos y convivir diariamente con las presiones
de la vida! Jesús oró a favor de nosotros: “No pido que los saques del mundo, sino
que los guardes del mal” (Juan 17;15).
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¿Cómo renunciar aun a los buenos deseos? ¿Qué sería de nuestra civilización en
cuanto a los avances tecnológico, industrial, médico, educacional, social, etc., si
hubiésemos renunciado a desearlos, aunque son buenos y legítimos? Según Buda
todo deseo -incluídos los buenos deseos-, debe ser eliminado para ya no
reencarnar (o transmigrar, si lo prefiere) y alcanzar así el Nirvana. Incluso él
deseaba no desear, para así alcanzar la iluminación. Entonces, ¿a través de un
deseo (algo “malo”) alcanzó la iluminación (algo "bueno")? El cristianismo enseña
que hemos de desear cosas buenas como la Palabra de Dios y los dones
espirituales que Él nos da, para crecer en salvación y servir a los demás (1 Pedro
2;2 y 1 Corintios 14;1).

¿Quién te cobra? ¿a quién le pagas la deuda kármica que arrastras en esta


existencia y que proviene de errores en tus vidas pasadas (la reencarnación)? En
el budismo, técnicamente no hay divinidad a quien pagar tus culpas. «El acreedor
ronda pero no está presente». Aquellos a quienes hiciste mal, ya no están contigo
para pagarles. ¿Quién te asegura que en esta vida alcanzarás a pagar todos tus
errores pasados? Cristo ofrece perdón y limpieza completos aquí y ahora, si crees
que su sangre derramó por tí y te vuelves a Él en arrepentimiento sincero (1
Corintios 6;9-11 y Hebreos 10;10).

¿Cómo llevar una carga tan pesada? La enseñanza original de Gautama, el así
llamado budismo Theravada (dogma de los ancianos o “El vehículo pequeño”), era
tan estricto y tan estrecho al ofrecer la “iluminación” a sus partidarios, que solo
unos cuantos -monjes todos ellos-, podían tratar de practicarlo. Es por ello que
surgió tiempo después el llamado budismo Mahayana (“El gran vehículo”). Este es
un desarrollo posterior mas liberal, con una senda ancha y poco severa hacia la
iluminación. El Mahayana permitiría la posibilidad de acceso al Nirvana a mas
personas y laicas. Mas adelante surgiría también el Tantrismo al ingresar el
budismo a China. El Tantrismo es una mezcla de algunas enseñanzas del
budismo con prácticas mágicas. Y es que los chinos consideraban el concepto
budista de renuncia a la familia, como una forma de irresponsabilidad y escapismo
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cobarde. Así que el ala budista Mahayana, tuvo que diluirse aún más para
adaptarse a los lugares a los que iba entrando, ya que los chinos tampoco
aceptaban muy bien el concepto de celibato. Ahora tenemos una adaptación
budista “a la carta”, casi para cada gusto. Ejemplo de ello lo tenemos en el
Nichiren y el Zen, muy popular este último entre algunas estrellas de Hollywood.
En cambio Jesús dijo: "Vengan a mí los que estén cansados y agobiados, que yo los
haré descansar. Acepten la misión que les doy y aprendan de mí que soy paciente y
humilde. Conmigo encontrarán descanso para sus almas. La misión que les doy es facil y
la carga es ligera de llevar”. (Mateo 11;28-30). Helena Li (ahora cristiana y antes
budista de nacimiento), nacida en Hong Kong, dijo cuando aceptó a Cristo:
“Experimenté el mayor alivio en mi vida. Mis pecados habían sido perdonados y Dios iba
a ser el que llevara en sus manos las cargas de mi vida. Eso es algo que Buda nunca hizo
por mí. Toda mi vida había llevado mi carga de culpa. Ahora ya no existía mas”2.

¿De quién recibió la luz Gautama? Fue un buscador excepcional de respuestas.


Buscaba la verdad. Y al creer que la alcanzó, instruyó a sus seguidores que
siguieran el camino de esa verdad. Jesús no buscó la verdad. Jesús es la verdad:
“Yo soy…la verdad…” (Juan 14;6). Buda “alcanzó” la iluminación. Recibió (de quién,
me pregunto, si técnicamente no hay dios en el budismo) la luz después de tanto
esfuerzo. Jesús es la Luz. Él dijo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no anda
en las tinieblas…” (Juan 8;12).

¿Cómo puede un “salvador” con pecado, salvar a alguien? Las mas de 500
reencarnaciones de Buda implican sus errores previos, su pecaminosidad. ¿Cómo
puede salvarnos no solo de la oscuridad sino también del pecado, alguien en cuya
vida hubo error y pecado? Sabemos por las narraciones budistas que aún
despúes de recibir la iluminación, Siddhartha hizo muchas correcciones a su
doctrina y praxis. Jesús es sin pecado: “¿Quién de ustedes puede demostrar que yo
tengo algún pecado?...” (Juan 8;46). Sus enemigos, detractores y ejecutores dijeron
lo mismo de Él. Y lo más difícil, sus amigos más cercanos también.
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¿Misoginia budista? Al principio de su ministerio Buda no permitió mujeres en su


orden monástica, hasta que su madre se rapó y le rogó, presentándose ante él
junto con otras muchas mujeres, que la aceptara en su sangha (congregación).
Cuando por fin lo hizo, les puso más reglas a ellas que a los hombres. ¿Por qué?
Jesús desde siempre aceptó mujeres discípulas en su ministerio, y las elevó a un
nivel digno que jamás, ni en lo mejor de la cultura grecorromana, tuvieron
anteriormente (Marcos 15;40-41).

¿“Hágalo usted mismo”? Buda te dice qué hacer, pero no te da el poder para
hacerlo. En el “Camino de ocho pasos” te pide que tengas puntos de vista,
aspiraciones (¡deseos!), hablar, conducta, vida, esfuerzo, conciencia y
concentración correctos. Pero pídele a un drogadicto, a un alcohólico, a un tahur
empedernido que practique esto, y le será imposible. Imposible a menos que
alguien desde fuera le ofrezca un poder para que lo lleve a cabo. El budismo es
como recibir información de The Home Depot sobre cómo armar un mueble
complejo (en este caso tu vida), pero después tratar de armarlo por tí mismo sin
herramienta alguna. Jesús dice cómo debemos vivir, pero también nos da el poder
de su presencia en el corazón para que lo hagamos (Juan 16;7-15, Romanos 8 y
Gálatas 5). Personalmente conozco a varios alcohólicos que fueron liberados de
este vicio con la ayuda del Espíritu de Jesús, sin haber entrado en tratamiento
medicinal o haberse sometido a programa de rehabilitación alguno.

¿Quién decide lo bueno? Buda nos invita con frecuencia a practicar el bien y evitar
el mal (leer el “Dhammapada”cap. IX ). Pero surge una pregunta: Si no hay en el
budismo un legislador moral más allá de nosotros (Dios), ¿de dónde proceden las
nociones de "bueno" y "malo"? El Visuddhimagga 16 dice: “Ningún hacedor está
allí;…”. Si no hay Dios todo está permitido, como escribiera Feodor Dostoievsky
en su novela “Los hermanos Karamazov”. El Dios cristiano, como legislador
universal, ha puesto sus leyes en el corazón: “Pondré mis leyes en sus corazones, Y
en sus mentes las escribiré,…” (Hebreos 10;16).
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¿Enfrentamiento o escape del dolor? Buda dedicó gran parte de su vida a filosofar
acerca del dolor. Ese fue el centro de su búsqueda. La visión que tuvo cuando
salió de palacio y que después le impulsara a su indagación espiritual, tenía que
ver con el tema del sufrimiento. Pero curiosamente no sufrió en lugar de nadie,
sino solo de sí mismo en los primeros años de su peregrinaje místico (cuando
subsistía con muy poco alimento). Pero su pensamiento tiene una connotación
escapista respecto a la aflicción. Buscaba a toda costa erradicarla de la
humanidad y para tal efecto, dio con su ideología de la eliminación del deseo para
ya no sufrir mas: “Esto es lo real,…la extinción del intenso anhelo…” (Anguttara-
Nikaya V;322). Pero no fue una batalla o enfrentamiento contra el mal y el
padecimiento del mundo, sino una evasión, una huida de ellos. Jesús no se dedicó
a discurrir acerca del dolor. Se sumergió en nuestro desolación. Participó de ella.
Llevó nuestra aflicción sobre sus espaldas. Y ese padecimiento experimentado por
Él, tiene carácter redentor. “Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con
nuestros dolores… fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras
iniquidades. El castigo por nuestra paz cayó sobre El, y por Sus heridas (llagas) hemos
sido sanados” (Isaías 53;4-5). Coincido de todo corazón con el teólogo inglés John
Stott cuando escribió: "Jamás podría creer en Dios...si no fuera por la cruz".

¿Valió la pena morir? Cuentan de Gautama que murió, al parecer de disentería a


la edad de ochenta años mientras viajaba cerca de Benares, por haber ingerido
carne de cerdo en mal estado. Una muerte del todo ordinaria. La muerte de Cristo
es, creo yo, la mas famosa del mundo. Y lo es por el significado que tiene. Un
significado redentor. “En cambio, Dios nos demostró su amor en que Cristo murió por
nosotros aun cuando éramos pecadores”. (Romanos 5;8). Amable y paciente lector, Él
murió por ti y por mí para que pudiéramos tener vida por siempre. Resucitó para
que también podamos, al final de los tiempos, vencer a la muerte misma y estar
con Él eternalmente. ¿Creerás en esto y te arrepentirás de tus pecados de todo
corazón?

Por todo lo que el budismo tiene que explicar aun y por todo lo que Cristo ofrece,
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al preguntarme ¿el loto o la cruz?, definitivamente me quedo con la cruz. ¿Y tu?

1
Debo la idea del título al Dr. Ravi Zacharias.
2
Rainer, Thom. Un giro inesperado. Vida, E.U., 2007. p. 133.