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Propuesta para desarrollar el valor de la amistad

C. García. Experto en educación

Indudablemente cada niño es distinto y su personalidad


dependerá de muchos factores. De todas formas, el niño de
Educación Infantil se encuentra en una etapa ideal para
educarle en la amistad.

Es una necesidad que siente, y es una obligación del


maestro el facilitarle el camino que conduce hacia el valor
de la amistad. En este campo, encontramos que suelen ser
una constante las siguientes características psicológicas:

1. Fuerte egocentrismo, por el que no separan su “Yo” del


mundo que les rodea. Presentan dificultad para tener en
cuenta el punto de vista de los otros.

2. Todas las cosas tienen vida para él y llega a pensar que


las cosas actúan y desean de la misma manera que él.

3. Su pensamiento está organizado en torno a unos esquemas


mentales sencillos y básicos.

4. Se van adaptando a las normas y fácilmente adquieren


hábitos de convivencia.

5. A los tres años les gusta jugar al lado de otros niños,


pero no con ellos. Es a los cuatro cuando el niño adquiere
mayor independencia y mayor seguridad en sí mismos. Pasan
más tiempo con su grupo de juego. A los cinco años realizan
solos las tareas cotidianas. Prefieren los juegos
asociativos. Aparecen los juegos de reglas y el sentimiento
de culpabilidad.

Dadas estas características básicas, ¿cómo podemos


favorecer su crecimiento en el valor de la amistad?

Un instrumento indispensable para el maestro son los juegos


colectivos, en los que todos los niños dependan de los
otros, para construir un resultado colectivo valioso. Por
ejemplo, un mural en el que cada niño debe pintar o
colorear una parte; el trabajo de uno beneficia a otro. O,
por ejemplo, una breve representación de un cuento o una
canción.

En la medida en que el tiempo nos lo permita, procuraremos


que la mayoría de los juegos y actividades tengan como
referente a los demás. Es decir, el niño debe ver que el
fin último no es él mismo, sino el agradar o beneficiar al
compañero. Por ejemplo, no se trata de hacer comiditas sin
más, se trata de alimentar a un pobre náufrago que ha
venido a su isla (y así potenciamos la imaginación).

Para potenciar el valor de la amistad y el de la


imaginación, podemos servirnos de cuentos específicos. No
se trata de contar simplemente, no, se trata de que, a
partir del cuento que les hemos contado y mostrado, ellos
lo comentarán, lo dibujarán, lo escenificarán en grupo...

Desde aquí proponemos Un ladrón en casa de Rindert


Kromhout, S.M, 2000 (El Barco de Vapor, serie blanca, nº
81). Veamos cómo podemos trabajarlo.

El cuento narra la historia de dos niños, Bil y Wil. Estos


dos niños están en casa y creen haber oído algo extraño.
Por supuesto, creen que ha entrado un ladrón. Bien, pero
¿qué puede robar? Ambos saben que los ladrones pueden robar
cosas a las que quieras mucho. Bill piensa que para él lo
más querido es Will y cree que lo podrían secuestrar. Así
que Bill pide a Will que se aleje de la casa para que no le
encuentre el ladrón. Pero éste no quiere dejarle solo y se
esconde en el armario. Luego, los dos intentan meterse en
el armario, pero no caben, ni el baúl tampoco. Al final
deciden irse de la casa y sólo al amanecer deciden volver.
La casa ha sido robada... pero, les ha quedado lo mejor:
ellos mismos.

En este caso, con la ausencia de los adultos, los dos


amigos luchan contra un miedo, con base real, juntos. Sobre
esta historia, podemos proponer las siguientes actividades
por grupos de dos o tres:

1. Dibujando todos los componentes del grupo, se ilustrará


una parte del cuento (la que ellos elijan
democráticamente). Por ejemplo, el momento en que escuchan
los ruidos o el momento en que regresan a la casa.

2. Cada niño tiene un papel asignado ( Bill, Will, ladrón)


y dramatizará el cuento (puede ser sin palabras, sólo con
gestos sin son muy pequeños). En esta actividad, la
supervisión de la maestra será constante. De todas formas,
es muy divertida y gratificante, tanto para los actores
como para el público ( sus compañeros) que les verá.

3. En un coloquio con los niños, el maestro preguntará qué


otras actuaciones podrían haber hecho para luchar juntos
contra el miedo. ¿Disfrazarse de fantasmas? ¿Atacar al
ladrón? ¿Llamar a la policía? ¿Poner una trampa? Con niños
de cuatro y cinco años, las propuestas son muy simpáticas y
originales. Sólo es preciso que el maestro esté muy atento
para sacarles jugo y comentarlas desde el punto de vista de
la amistad.
Los niños de Educación Infantil son muy pequeños para hacer
complejas actividades. Sin embargo, las tres propuestas son
muy sencillas, sirven para fijar una hermosa historia de
amistad y les educan en el trabajo compartido. ¿Se puede
pedir más?