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Viaje a San Rafael

¡Cómo han cambiado las cosas, Don Cosme! Cuando yo


empecé a cantar, por Coro, del latín chorus (aunque con
origen más remoto en la lengua griega), se entendía al
conjunto de las personas que, en una función
musical, cantan simultáneamente una misma pieza. Luego
del encuentro de San Rafael, entendemos que ha de
reverse este concepto, porque para algunos “coro” ha de
venir del siciliano choreus, de ahí al lunfardo “choreo” y por
analogía, lo que vimos en Mendoza. Y también están
confundidos muchos integrantes y directores de estas
agrupaciones, que piensan que cantar simultáneamente es
hacerlo a una voz así sean 75 integrantes (y a pesar de ello
en algunos casos nos entró la duda de si estaban
cantando, simultáneamente, una sola pieza).
Analicemos algunas de las actuaciones que tuvimos el no
buscado honor de presenciar. La primera tarde se presentó
el Coro de la Sagrada Familia de San Justo, que siendo
unos once integrantes puede ser considerada familia
numerosa aunque no bien avenida. Su directora Morticia
dio la entrada a una canción que no supimos nunca cuál
fue, porque tanto ella al anunciarla como el grupo al
perpetrarla lo hicieron en bocca chiusa, literalmente. A
continuación, en un derroche de alegría indescriptible,
hicieron “Las manos de mi madre”, que de haber estado la
señora presente seguro las usaba para acogotarlos uno por
uno. No cejaron en su intento, y acometieron luego con una
canción sobre la paz, o del Manco Paz, o del Paz Martínez,
no se supo bien. Y por fin, en la actuación en la que fuera
su primera gira y esperamos sea la última, dieron cuenta de
la bonita pieza “Para los ojos más bellos”, que no para los
oídos más sanos. La preparación vocal está a cargo de una
joven oriental, y se sabe que los orientales son muy
metidos para adentro, de allí la introspección, el clima
recoleto y esa sensación de que todas las obras eran un
silencio de cuadrada con calderón.
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Le tocó luego el turno a un coro de niños bajo la dirección
de Miseria Espantosa. Aquí queremos hacer una reflexión,
más que criticar la interpretación de las obras y su
coreografía. Estamos en total desacuerdo con la existencia
de coros de niños, porque con ellos se corre el riesgo de
que sigan cantando, se vengan grandes y terminen siendo
parte del Coro de San Justo, por decir una guarangada. No
aprobamos sin embargo la propuesta de Ica Portela, que
cual Herodes de este siglo propone pasar a cuchillo a los
infantes, pero sí acordamos con él en que si eso que
cantaron los 98 pequeños lo hicieren adultos, no se
salvarían de la guillotina. Que todo hay que decirlo.
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El siguiente grupo que se presentó fue el oriundo de
Cipolletti, Coral Canto Esperanza. Lamentamos
profundamente que sea la esperanza lo último que se
pierde, porque seguirán asolando los escenarios de todos
aquellos lugares a los que los inviten. Arrancaron con una
canción de Marcelo Berbel, un prócer del valle, que desde
esa noche pasó a ser un valle de lágrimas. Fue
impresionante la participación en esta obra de dos solistas
que nos hicieron acordar de Plácido Domingo y José
Carreras y nos pusimos a llorar. Luego rindieron un
homenaje a su ciudad ajusticiando “La 3 de octubre”,
canción que más parecía por su interpretación dedicada a
Vaca Muerta o por cómo no las dejaron, a El Bolsón. Y
finalizaron con dos bonitas piezas, “El rancho de la
cambicha” y “Ojos de cielo”, la primera de Noel Guarany y
la otra de Víctor Heredia, cuyos autores no las podrían
haber cantado peor. La característica de este conjunto
vocal suplente es que estaba formado por 115 personas, la
cuarta parte a la izquierda del espectador, que cantaban al
unísono, la mitad son los del medio, que cantan también al
unísono pero haciendo más ruido, y a la derecha los
Muppets, una especie de Corte de los Milagros con la
responsabilidad de solos en los que ni ellos creen.
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Berisso envió una delegación, el G-9, Asociación lituana
católica apostólica romana deportiva, cultural, de
beneficencia, fomento y socorros mutuos, con la misión de
denunciar la atroz intervención de la Unión Soviética a
Lituania. Represión que no logró sin embargo que los osos
polares de Siberia permitieran que les mandaran a este
grupo, bastante es lo sufren con el frío. Hicieron una
canción en su idioma original, otra de Fandermole, una que
no recuerdo y “Cuando tú no estás”, que lo que mejor tuvo
fueron los silencios de blanca y redonda. Lo más
destacable de este conjunto es cómo consiguieron que
todas las piezas, incluido el himno lituano, fueran
arregladas para barítono solista, capaz de hacer hasta la
escena de la locura de Lucia de Lammermoor si se lo
piden. Por suerte en el micro que compartimos durante
todo el viaje no abrieron la boca.
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Y el último grupo de estas presentaciones fue Unicanto, de
Germania. Escapados saltando el Muro de Berlín, recalaron
en el noroeste de la Provincia de Buenos Aires, y se fueron
relacionando con pueblos vecinos hasta lograr juntar 16
cantantes, que a diferencia de Los Chalchaleros, que eran
cuatro y cantaban a dos voces, éstos que son cuatro veces
más lo hacen a una sola, y eso a veces. De lo interpretado,
aún resuenan en nuestros oídos las sentidas canciones
“Eterno amor”, que se nos hizo realmente eterna, y
“Pídeme la luna”, de Leo Dan, con un recitado que hizo
recordar a un jugador de fútbol balbuceando el himno
nacional e inteligentemente acompañada a lo largo de su
duración por las palmas del público, en un infructuoso
intento de taparlos. Llegamos al paroxismo con la ejecución
de “Entra a mi hogar”, de los Carabajal y gran éxito de Los
Manseros; claro que esta interpretación pareciera hecha
después de que el grupo se hubiera bajado dos
damajuanas de aquellos vinos Mansero y Soy Cuyano
envenenados. De todas maneras, y si me dan a elegir, me
quedo con el director de este grupo, humilde, entusiasta,
agradecido a la vida por haber conocido a tan maravillosa
gente y acérrimo defensor del apotegma de que los gustos
hay que dárselos en vida.
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De la última jornada nada diremos, fue lo mismo sólo que
más larga. De lo que pudimos conocer de San Rafael, que
es muy linda y limpia; del público poco, porque no fue
nadie; del lomo por metro que es riquísimo; del sincretismo
musical, que de un Leo Dan, una Gilda y un Brahms hasta
puede salir algo parecido a un Ricardo Arjona; y en lo
personal, de mis compañeros de habitación que son
desordenados, incordiosos y hacen extraños ruidos por las
noches. Pero por favor, no dejen de llevarme a la próxima
gira. Gracias
.-.-.-.-.-
Sorpresa: invité a un dúo de sordomudos, “Cantamos si se
nos canta”, que quedaron en llamarme para confirmar:
Varias veces sonó el teléfono, pero no sé si eran ellos,
porque nadie contestaba