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Municipality, the Cargo System, and

Indigenous Autonomy in Bolivia: The Case


of Jesus de Machaca, Department of La Paz
By
Francisca Fernández
Universidad Academia de Humanismo Cristiano

Resumen
El objetivo de este artı́culo es discutir sobre la configuración de Jesús de Machaca como
municipio aymara, identificando los puntos de convergencia y conflicto entre el espacio
municipal institucional y el sistema de cargo andino. Para ello se realizó una etnografı́a
del Eestado a través del desarrollo de una serie de observaciones de campo y entrevistas
a profundidad a distintos actores locales. En la primera parte se abordará la historia de
Jesús de Machaca y su vinculación con el contexto histórico de Bolivia, y a continuación
su conformación como municipio y la caracterización de la organización del ayllu y
el sistema de cargo indı́gena, para finalizar con el análisis de la incidencia de la figura
alcalde, la participación de los partidos polı́ticos y la propuesta de autonomı́a indı́gena.
[autonomı́a indı́gena; Aymara; Bolivia; municipio; sistema de cargo]

Abstract
The aim of this article is to discuss the establishment of Jesús de Machaca as an Aymara
municipality by identifying points of convergence and conflict between its institutional
municipal space and the Andean cargo system. For this purpose, an ethnography of the
state was carried out through a series of field observations and in-depth interviews with
several local actors. In the first part, we will discuss the history of Jesús de Machaca and
its relationship to the historical context of Bolivia, and then analyze its transformation
into a municipality and its characterization as an ayllu organization with an indigenous
cargo system. We will conclude with an analysis of the interactions between the mayor
of this district, the participation of political parties, and the indigenous autonomy
proposal. [Aymara; Bolivia; cargo system; indigenous autonomy; municipality]

The Journal of Latin American and Caribbean Anthropology, Vol. 00, No. 00, pp. 1–14. ISSN 1935-4932, online ISSN
1935-4940. 
C 2018 by the American Anthropological Association. All rights reserved. DOI: 10.1111/jlca.12323

Municipality, Charging System, and Indigenous Autonomy in Bolivia 1


En estas últimas décadas, en paı́ses de América Latina se han iniciado diversas
reformas encaminadas hacia una descentralización polı́tico-administrativa que ha
involucrado a nivel local el reposicionamiento de comunidades y organizaciones
indı́genas. Surge un nuevo espacio polı́tico, el municipal, que permite consolidar
una nueva dinámica de poder a través de la participación e instalación de
autoridades indı́genas según prácticas propias, pero al mismo tiempo se consolida
una polı́tica de reconocimiento desde un modelo multicultural, que promulga
la defensa del individuo y la propiedad privada (Tischler 2005), en cuando
a homogeneización cultural, unidad polı́tica y social. Se cooptan dirigentes,
se desgastan y marginan otras formas reivindicativas no institucionales, en
desmedro de demandas de autonomı́a y territorialidad (Toledo Llancaqueo
2005) ante un proceso de municipalización de lo indı́gena sin los componentes
polı́tico-culturales de lo indı́gena.
La década de los noventa se erige como un perı́odo de reemergencia indı́gena
ante la promulgación de convenios internacionales y leyes nacionales en la defensa
de los derechos de los pueblos indı́genas, destacando la aprobación por parte de la
76ª Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 27 de junio
de 1989, del Convenio 169, donde se reconocen derechos colectivos y territoriales.
El estado boliviano es uno de los primeros en aprobar y ratificar este convenio, en
julio de 1991.
Los actores internacionales como las ONGs jugaron un rol clave, combinando
conceptos neoliberales con nociones multiculturales y locales. Los saberes y las
prácticas comunitarias se convierten en fuente de capital social a través de la
inversión y el apoyo de redes transnacionales (Adolina, Radcliffe y Laurie 2005,
Bretón 2008), compatibilizando los derechos de grupos con idearios del liberalismo
polı́tico (Hale 2007).
En este contexto, y en relación al discurso de los derechos indı́genas, se instala
con fuerza un modelo multiculturalista de corte neoliberal que permite consolidar
los diversos procesos de democratización y expansión de derechos culturales, sin
embargo, esto más bien incentivó el reconocimiento de ciertos derechos como
válidos, los que eran patrocinados por el Estado en cuestión, criminalizando y
marginalizando otras reivindicaciones (Hale 2002, Speed 2005).
Los estados neoliberales se apropian de un conjunto de demandas indı́genas
volcándolas en polı́ticas de etnodesarrollo, mediante la creación de organismos,
servicios y leyes afines, y la intervención de organismos internacionales como el
Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), instaurándose
un supuesto modelo de descentralización, fortalecimiento y participación de la
sociedad civil (Toledo Llancaqueo 2005) al alero de una visión estandarizada y
esencialista de los pueblos indı́genas, consolidando un staff de dirigentes profe-
sionalizados, una etnoburocracia (Boccara y Bolados 2010).

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En el caso boliviano la situación es distinta, con la descentralización y la
municipalización el Estado ejerce una presencia más efectiva en territorios
fronterizos y alejados de los centros de poder nacional, sin embargo se produce
la tensión de que a mayor integración se tiende a una institucionalización que
agota los poderes locales tradicionales (Albó 2007). Por ejemplo, La ley de
Participación Popular de 1994, que crea los municipios indı́genas en Bolivia,
limita la acomodación de usos y costumbres obligando a los candidatos a alcalde
y concejales a ser presentados vı́a partidos polı́ticos. Del mismo modo, la Ley del
Instituto Nacional de Reforma Agraria creada en 1996, conocida como Ley INRA,
dispone un proceso simultáneo de expropiación, reversión y redistribución de las
Tierras Comunitarias de Origen (TCO), sin embargo, la mayorı́a de los recursos
se han destinado exclusivamente al proceso de saneamiento y titulación mediante
la contratación de empresas privadas (Urioste 2003).
Desde el primer gobierno de Evo Morales, se ha hecho un intento por conciliar
el estado con los pueblos indı́genas, haciendo compatibles el sistema de cargo
con la lógica occidental del municipio, como es el caso de Jesús de Machaca, del
departamento de la Paz, siendo propuesto como una de las primeras autonomı́as
indı́genas a reconocer por la Nueva Constitución de Bolivia.
En este artı́culo se problematizará la configuración de Jesús de Machaca como
municipio aymara, visibilizando una serie de convergencias pero también de con-
flictos entre la institucionalidad municipal y el sistema de cargo originario de la
zona.
Especı́ficamente, esta investigación es producto de diversas instancias: la real-
ización de una pasantı́a en la Fundación Machaca Amawta, en la ciudad de La Paz
y en la comunidad de Jesús de Machaca, durante el año 2009, el desarrollo de la
tesis doctoral entre los años 2009 y 2012 (Fernández 2013), y la realización de un
peritaje cultural para la Defensorı́a Penal Pública de Chile en el año 2016, en la
zona de los tres pueblos de Machaca.
Metodológicamente se llevó a cabo una etnografı́a del estado (De la Maza
2009), describiendo e interpretando las vinculaciones entre las instituciones del
estado y los actores en el espacio local, y en este caso en particular municipal,
poniendo atención en el ámbito cotidiano y su cruce con la polı́tica, como espacio
de disputa y articulación cultural (Escalona 2011). Para ello se desarrollaron
una serie de entrevistas a dirigentes originarios, comuneros y funcionarios
municipales, además de observaciones en reuniones, asambleas y festividades del
pueblo, y la sistematización de bibliografı́a relacionada a las temáticas abordadas.
A continuación se abordará en una primera parte del texto la historia de Jesús de
Machaca en el marco del contexto histórico boliviano, luego su conformación como
municipio indı́gena, para en un segundo momento caracterizar la base organizativa
aymara a través de la figura del ayllu y el sistema de cargo, su incidencia en la

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estructura de la alcaldı́a y la propuesta del municipio como autonomı́a indı́gena
por parte del estado boliviano.

Jesús de Machaca en la Historia Boliviana

El municipio de Jesús de Machaca es parte de la provincia de Ingavi, departamento


de La Paz, y se encuentra a 3780 metros de altura, en las cercanı́as del lago Titicaca y
en una zona tri-fronteriza (Bolivia, Chile y Perú). Hoy en dı́a está conformado por
26 ayllus y 76 comunidades. El ayllu corresponde a la organización social, jurı́dica,
económica, cultural, territorial y polı́tica básica del mundo andino, que aglutina a
un grupo de familias circunscritas a un territorio unidas por lazos de parentesco, de
reciprocidad y ayuda mutua, configurando un sujeto colectivo. Esta territorialidad
formaba parte del señorı́o aymara pacaje. Producto del proceso de desestruc-
turación en la Colonia, se conformaron tres markas coloniales: San Andrés de
Machaca, Santiago de Machaca y Jesús de Machaca, división que actualmente se
mantiene. Según los propios comuneros, la tripartición se origina como producto
del asentamiento de tres hermanos, mito que ha fomentado un imaginario de
parentesco común entre los pueblos colindantes (Choque y Albó 2003).
En el siglo XVII, los Warachi junto a los Llanqui, se instituyen como los
principales cacicazgos de la región, quienes iniciarán la compra de tierras a la
Corona, correspondientes a la mayorı́a de los ayllus constitutivos del actual pueblo
(marka). En este perı́odo, la figura del cacique constituirá el principal elemento
intermediador entre la república de españoles con la de indios, embestido de la
autoridad originaria del mallku, máximo representante del ayllu o comunidad, sin
embargo, será más proclive su lealtad al sistema colonial, cumpliendo la principal
función de garantizar la ejecución de la mita minera de Potosı́, a través del cobro
de impuestos a los miembros de los ayllus. Esta situación se agudiza durante el
siglo XVIII, tal es ası́ que en 1781, durante la rebelión de Julián Apaza, conocido
como Tupac Katari, Felipe Guarachi, cacique de Jesús de Machaca, es asesinado
por los propios indı́genas por su condición de aliado de la Corona (Ticona y
Albó 1997), dando término a esta figura de autoridad entre 1824 y 1825, con la
conformación de la República. En décadas posteriores la máxima autoridad pasará
a ser el corregidor, al mismo tiempo que se consolida el cabildo de autoridades
indı́genas, bajo la figura rotativa de autoridades, como organización horizontal y
primordial del mundo aymara (Astvaldsson 1994).
Con la Ley de exvinculación de 1874 y de 1881, se inicia la usurpación de
tierras ancestrales dando fin a los ayllus en amplias zonas del paı́s, lo que propició
la expansión de la Hacienda en el altiplano. Sin embargo, esto no aconteció en
Jesús de Machaca donde se mantuvo tanto el ulaqa o parlamento de las autoridades
originarias (jilakatas, mallkus, mama t´allas y mama t´aykas), organizado por las

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parcialidades que conformaban el pueblo, como el esquema de cargos comunales
de mayordomos y altareros para las fiestas patronales y el cuidado del templo.
Veinte años después, bajo el gobierno de los liberales, se conforman los caciques
apoderados o llamados también apoderados generales, quienes cumplirán sus car-
gos según las bases comunales mediante la reactivación de un linaje cacical an-
cestral. En 1919 Faustino Llanqui es elegido como apoderado general de Jesús de
Machaca, creándose al año siguiente el primer gobierno comunal con la partici-
pación de las autoridades de los ayllus (Ticona y Albó 1997), y es quien encabezará
el 12 de marzo de 1921 junto a Marcelino Llanqui, una sublevación que dará muerte
al corregidor Luis Estrada y a 16 vecinos del pueblo. Al dı́a siguiente el regimiento
Avaroa inicia una represalia dando muerte a centenares de machaqueños. Con ello
se da término al sistema de caciques de apoderados y se inician diversos conflictos
entre ayllus y haciendas.
Con la revolución de 1952 en Bolivia y como mecanismo de modernización,
se sustituyen y desplazan los modos tradicionales de organización de los ayllus por
el sindicalismo agrario. Se produce la castellanización de manera masiva en las co-
munidades y el rechazo al sistema de autoridades tradicionales (Chuquimia 2006).
Las demandas indı́genas quedan relegadas a un sindicalismo rural y corporativista,
además de potenciar una fuerte migración campo-ciudad de comuneros aymaras
a ciudades como La Paz y Oruro. Es ası́ que en 1953 se crea la Confederación
Nacional de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CNTCB) (Rivera 1986).
En los años setenta, el estado del bienestar de la Revolución del 52 entra
en crisis, resurgiendo las demandas indigenistas enraizadas en lo que se llamará
el katarismo, reivindicando la figura de Tupac Katari. Se resignifica lo indı́gena
como espacio de lucha y resistencia para la consolidación de un proyecto polı́tico
autónomo. El katarismo derivó en tres corrientes: una sindical campesina vin-
culada al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR); una cultural rela-
cionada a festivales y radios comunitarias; y otra polı́tica, de corte campesino
con el Movimiento Revolucionario Tupac Katari (MRTK), e indianista con el
Movimiento Indio Tupac Katari (MITKA). La primera rama, dirigida por Jenaro
Flores, fue la que tuvo más influencia en Jesús de Machaca (Ticona y Albó 1997).
En este mismo perı́odo los ayllus de Jesús de Machaca renovaron sus tı́tulos a través
de las brigadas móviles de la reforma agraria. El cabildo de autoridades originarias
se mantuvo, cumpliendo funciones menores, donde ciertas carteras sindicales y
cargos cantonales fueron adecuados al sistema de cargos rotativos.

Los Inicios del Municipio de Jesús de Machaca

Jesús de Machaca, en los años ochenta pertenecı́a al municipio de Viacha,


percibido como un espacio más bien urbano, por lo que las autoridades originarias

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comienzan a trabajar para constituir un municipio propio que cuente a su vez con
fondos públicos asignados de manera directa, viéndose la posibilidad de crear
una provincia que reuniera Santiago, San Andrés y Jesús de Machaca, idea que
finalmente se desecha.
En 1986, por discrepancias internas en la elección de la máxima autoridad de la
región, el jach’a mallku, las parcialidades de Jesús de Machaca se organizan en dos
cabildos diferenciados, correspondientes a la parcialidad de abajo (manqha suxta)
y la parcialidad arriba (arax suxta).
Hacia 1990 se da inicio al plan Machaca (plan de Desarrollo Micro-regional
de Jesús de Machaca), que cuenta con la participación de amplios sectores, co-
munidades y organizaciones para la conformación de un espacio micro-regional.
Este plan es fruto de dos años de diagnóstico de diversas instituciones locales de
la situación actual de la marka que deriva finalmente en una propuesta integral
en producción, infraestructura, salud, educación y mujer, en que se reconoce la
organización comunal aunque bajo una mirada desarrollista.
En 1994 se promulga la Ley de Participación Popular, adquiriendo re-
conocimiento legal (personalidad jurı́dica) las organizaciones tradicionales territo-
riales, lo que incluye a los ayllus, mediante la noción de Organización Territorial de
Base (OTB), a través de tres figuras: pueblos indı́genas, comunidades campesinas
y juntas vecinales. Las comunidades de Jesús de Machaca quedan registradas como
comunidades campesinas.
En este perı́odo proseguirá el debate interno respecto de crear un municipio
propio o de conformar una provincia con todas las Machacas, con un perfil indı́gena
rural, lo cual no logra concretarse. Unos años después, en 1997, se crea el Consejo
Nacional de Ayllus y Markas del Qollasuyu (CONAMAQ) (Mansilla 1998), dando
inicio a una serie de movilizaciones a nivel nacional, lo que incide en la necesidad
de conformar un municipio propio e indı́gena.
Finalmente, el 7 de mayo del 2002 se crea el municipio de Jesús de Machaca,
sin embargo, su reconocimiento será efectivo recién en las elecciones municipales
de diciembre del 2004, año en que se crea la Ley de Agrupaciones Ciudadanas
que reconoce la categorı́a de pueblos indı́genas, lo que posibilita una participación
polı́tica desde los usos y las costumbres aymaras. Desde ahora los comuneros de
Jesús de Machaca pueden postular a sus propios candidatos en la corte electoral.
Al año siguiente Evo Morales es elegido presidente de Bolivia y se inicia la gestión
municipal de Adrı́an Pari, el primer alcalde.
En el 2009, Jesús de Machaca se convierte en el primer municipio a ser prop-
uesto como autonomı́a indı́gena de Bolivia, en mayo del 2010 es electo el se-
gundo alcalde, Moisés Quizo, y en abril del 2015 asume el tercer alcalde, Fidel
Ramı́rez.

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El Ayllu como Base Organizativa Aymara

Jesús de Machaca Se Conforma por 26 Ayllus


En algunos casos, durante la Colonia se mantiene el ayllu y su control sobre
la tierra a cambio de que los comuneros realizaran una serie de servicios a los
encomenderos u otros agentes del Estado colonial. Finalmente, la mayorı́a son
convertidos en reducciones, concentrando a la población indı́gena en pueblos
como mecanismo de control social. El resultado de este proceso es que en aymara el
término ayllu y comunidad hacen referencia a situaciones distintas, pero al mismo
tiempo manteniendo elementos en común (Carter y Albó 1988), en cambio desde
el Estado, el nombre de ayllu fue sustituido por el de comunidad, primando en
ambas categorı́as la importancia del rol al acceso a las tierras, aglutinador de un
conjunto de fuerza de trabajo y de relaciones sociales (decisiones compartidas,
festividades y otras instancias).
En cuanto a su dimensión económica, en el proceso productivo los ayllus op-
eran como unidades de producción y como dispositivos de poder. Es la comunidad
completa la que decide el tipo de producción, rigiendo las formas de organización
del trabajo. La reciprocidad es la base del proceso productivo, conocido como
ayni, trabajo mutuo entre familias al interior de un ayllu; como minka, entre ayl-
lus, preparando las tierras de cultivo, la siembra y la cosecha; como mit´a, para la
reproducción de la marka (pueblo), y finalmente, como qamaña, para el manejo de
los diversos pisos ecológicos y la diversificación de la producción bajo el principio
de vivir bien (suma qamaña) (Untoja 2001).
A nivel espacial los ayllus cuentan con un área central para llevar a cabo
actividades públicas y ceremoniales, donde se ubican además las capillas y calvarios
(zonas de colocación de cruces), las sedes sociales para las asambleas, las escuelas,
los locales para las fiestas, una cancha de fútbol y sedes de los servicios públicos.
Especı́ficamente el mantenimiento de los terrenos comunales está vinculado a las
reglas matrimoniales, en la medida en que los miembros de la comunidad se casan
entre sı́ las tierras seguirán en las mismas manos.
La lógica de territorialización del ayllu es movible, cambiante, correspondiendo
a zonas diversas y a su vez dispersas, por lo que muchas veces es difı́cil expresar
con claridad dónde comienza o finaliza un ayllu. La colonización ha sido el pro-
ceso que ha impuesto la idea de la propiedad comunal delimitada jurı́dicamente,
sin embargo desde el imaginario aymara sus fronteras son movibles y por ende
cambiantes (Rengifo 1996).
Según este mismo autor, el ayllu no posee lı́mites fijos, ya que en ciertas
situaciones la comunidad es considerada como un ayllu, el término puede ser
usado como sinónimo de linaje (ej: pertenezco al ayllu de mi lı́nea paterna), o
como perteneciente al sector en que se vive o del apu (cerro tutelar) de referencia.

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Algunos autores como Chuquimia (2006) definen al ayllu como una democra-
cia directa limitada. Es democrática en cuanto la asamblea comunal es la máxima
autoridad donde se aprueban las decisiones del ayllu y donde se eligen las máximas
autoridades, jilakatas y mallkus. Es limitada ya que únicamente participan per-
sonas casadas, los que poseen tierras y los hombres fundamentalmente (Adolina,
Radcliffe y Laurie 2005).
La gran mayorı́a de las definiciones de ayllu lo concibe como una unidad
social que agrupa familias y que vive en un determinado territorio, sin embargo
es importante señalar que no sólo abarca a familiares consanguı́neos sino también
hace referencia a otras formas de parentela, como lo es el compadrazgo, siendo
además extensivo el término pariente a elementos de la naturaleza, como chacras,
cultivos. Todos los elementos de la naturaleza además de los espirituales son
vivenciados como familiares.

El Sistema de Cargo Aymara

En Jesús de Machaca los ayllus y el sistema de cargo aymara siguen vigentes. El


servicio prestado por un miembro de la comunidad a su colectividad se conoce
con el nombre de cargo, abordando las esferas económico-productivas, jurı́dicas
y espirituales. Los cargos originarios son servicios y obligaciones que se cumplen
para beneficio de la comunidad y por ello se los entiende como cargos, al ser
“carga” que la autoridad debe cumplir. Hacen referencia a múltiples tareas a
realizar en un determinado tiempo (un año por lo general). Son cargos que en
forma secuencial y ascendente van hacia un proceso creciente de responsabilidad,
permitiendo la adquisición de experiencia y conocimiento por parte de quienes lo
ejercen (Guzmán 2011). Quienes realizan los cargos no reciben pago asociado al
perı́odo de servicio, sino más bien la mayorı́a de las veces deben invertir tiempo y
recursos económicos para realizar sus servicios a la comunidad, a cambio del gran
prestigio que le otorga el desempeño de esta labor (Korsbaek 2009).
Referirnos al sistema de cargos implica necesariamente hablar en plural (sis-
temas de cargos), ya que no responde a una categorı́a homogénea ni única, re-
mitiendo más bien a realidades locales, regionales e históricamente situadas. Hay
pueblos indı́genas en que los cargos son expresión de un cristianismo popular
escindidos de poder polı́tico, en unos casos ambas dimensiones se articulan y en
otros, los cargos de tipo religioso son separados del ámbito civil. Por ello hablar
de sistemas de cargos es referirse a una amplia gama de posibilidades de organi-
zación socio-polı́tica, de formas de distribución del poder, y de conformación de
autoridades (Topete 2010).
Por otra parte, cabe destacar el carácter dinámico, creativo y cambiante de todo
sistema de cargos, por lo que no se remite exclusivamente a una época prehispánica

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o colonial, sino más bien supone una transformación constante de los elementos
que lo constituyen (Topete y Dı́az 2014).
Jesús de Machaca se ha caracterizado por la organización de sus autoridades
originarias bajo un sistema de cargos rotativo, mediante la figura de un cabildo,
conformado por las autoridades, los mallkus de los ayllus de ambas parcialidades,
por lo que existen dos cabildos, quienes trabajan conjuntamente con el ejecutivo,
el concejo municipal y el comité de vigilancia, compuesto por cinco representantes
electos de los cinco grupos territoriales que conforman el municipio, basándose
en sus usos y costumbres del thakhi.
El thakhi es el camino que todo sujeto debe transitar para convertirse en autori-
dad a través del cumplimiento progresivo de cargos y responsabilidades públicas.
Este proceso se inicia con el matrimonio de una joven pareja y su conformación
como dualidad complementaria, chacha-warmi, quienes se convierten en jaqui
(persona) a través de esa unión, siendo habilitados y obligados a cumplir servicios
a la comunidad además de acceder al uso de la tierra (Astvaldsson 1994, Chuquimia
2006). Para iniciar el thakhi la pareja se compromete a entrar en la fila o lista para
cumplir las obligaciones con la comunidad bajo un sistema de turnos.
En algunas comunidades de Jesús de Machaca el dı́a jueves de Carnaval los
comuneros de turno se comprometen a entrar a la fila, y en otras, el dı́a de cambio
de autoridades es al principio del año.
La máxima figura es el mallku o también conocido en algunas comunidades
como jilakata, quien se inserta en cuatro niveles diferenciados: mallku de un ayllu,
jiliri mallku de varias comunidades, jacha mallku, como máximo representante de
cada parcialidad de Machaca, y finalmente como apu mallku, en cuanto a autoridad
regional. Veremos más adelante que este sistema de cargos se aplicará también para
la elección del alcalde.
La elección del jacha mallku por parte del cabildo de autoridades se realiza
durante la celebración del Machaq Mara (año nuevo aymara), el 21 de junio,
sin embargo, su asunción se genera el primero de enero. Vemos en este hecho
la combinación de dos años nuevos, el andino y el occidental, dos referentes
temporales culturalmente diferenciados pero a su vez articulados en este hito.
Las autoridades originarias tienen un año para ejercer su cargo, constituyendo
un punto conflictivo ya que muchos comuneros perciben esta duración como una
limitante, en cambio el alcalde, al contar con cinco años, tendrı́a un mayor grado
de conocimiento de la realidad circundante.
Uno de los primeros cargos a cumplir son los religiosos, vinculados a la or-
ganización de las fiestas patronales, quienes luego pueden ser elegidos para ser
mallkus, lo que refleja la articulación entre la dimensión religiosa y polı́tica en el
mundo aymara. Cuando la pareja ha cumplido con los cargos, entran al tiempo
de descanso, al pasäru. Algunos son nombrados consejeros especiales dentro de la
comunidad, por el prestigio de haber sido autoridad.

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La Alcaldı́a en el Sistema de Cargo

La articulación entre la alcaldı́a y las autoridades originarias es vista por la co-


munidad como el eje de la gestión polı́tica municipal pues es deber del alcalde
consultar a las autoridades originarias sobre todos los proyectos para la región.
El concejo municipal es la entidad fiscalizadora del actuar del alcalde, pero es el
cabildo quien ejerce el control de sus prácticas, y es además quien delimita los
criterios de elección para el primer alcalde y los concejales del municipio. Según
los propios comuneros, lo que constituye a Jesús de Machaca como municipio
indı́gena, es que la elección responda a la forma tradicional, en que el cabildo
elige a sus autoridades originarias sin que participen de este proceso los partidos
polı́ticos, aún si están presentes en la elección del concejo municipal.
El alcalde es elegido sobre la base del sistema de cargo, luego de haber cumplido
roles como mallku, jiliri mallku o jach´a mallku, pero sobre todo, habiendo sido
una buena autoridad, y se lleva a cabo a través de una votación directa y a mano
alzada.
La primera elección de alcalde duró tres meses, y comenzó con la organización
de las comunidades para presentar a sus candidatos. En la primera elección mu-
nicipal, Jesús de Machaca se dividió en cinco grupos en función de la población y
no por referentes históricos territoriales, para ası́ asegurar un equilibrio propor-
cional al número de habitantes. Finalmente se presentaron diez candidatos, cinco
titulares y cinco suplentes, quienes realizaron una presentación de sus propuestas
y del trabajo comunitario previo que habı́an realizado. En la plaza de Jesús de
Machaca se realiza el hito donde finalmente es electo el alcalde. Cada comunero
debe ubicarse en una fila detrás de su candidato, y gana quien posea la hilera más
larga, al igual que en la elección de las autoridades originarias. Como señalan al-
gunas de las personas entrevistadas, el eje de la elección es el consenso y el carácter
dinámico y directo de negociación entre ayllus y los diversos actores.
La gran mayorı́a de los entrevistados apoyan el modo de elección del alcalde,
sin embargo, también podemos encontrar una serie de crı́ticas por la casi nula par-
ticipación de jóvenes, percibidos como el rango etáreo donde hay mayor presencia
de profesionales, ya que la mayorı́a de los mallkus son adultos. Otro elemento de
tensión es la participación de los partidos polı́ticos en la zona.

Los Partidos Polı́ticos

Los partidos polı́ticos se hacen presente con la Revolución Nacionalista de 1952 en


Jesús de Machaca, a través del ingreso del MNR en las comunidades rurales, aunque
en este espacio su participación se verá restringida por la permanencia de ciertos
mecanismos básicos de representación comunitaria. El sindicalismo agrario influyó
en que actualmente algunos comuneros vean con desconfianza la participación de
partidos polı́ticos en la elección del alcalde ya que la lógica partidista es asociada

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con los años en que se prohibieron las autoridades originarias. En este perı́odo la
decisión de nombrar autoridades municipales para el 2004 sin partidos polı́ticos
responde a la percepción generalizada de que la lógica partidista está determinada
por una visión occidental, urbana, y al mismo tiempo que atenta contra la forma
de hacer polı́tica en las comunidades aymaras.
A pesar de lo anterior, los propios comuneros fueron conscientes de que no
podı́an prescindir absolutamente de éstos, con lo que las autoridades originarias
se vieron en la necesidad de conformarse en un partido, MACOJMA (Marka de
Ayllus y Comunidades Originarias de Jesús de Machaca), la cual fue creada en el
2004 y compuesto de la parcialidad de abajo, correspondiente a 55 comunidades
originarias, articuladas en 18 ayllus aymara y un ayllu iruhito urus. Posteriormente
se crea en el 2006 MACAOS (Marka de Ayllus y Comunidades Originarios de Arax
Suxta), de la parcialidad de arriba, la que agrupa a 21 comunidades originarias que
conforman siete ayllus aymaras. La creación de ambos partidos permitió además
que participaran del proceso partidos como el MAS (Movimiento Al Socialismo)
y el MNR, siendo elegidos dos concejales del MAS.

La Autonomı́a Indı́gena

Como se señala anteriormente, el municipio de Jesús de Machaca es elegido para


ser una de las primeras autonomı́as indı́genas de Bolivia, lo que fue ratificado
en el 2009 en un referendo municipal. La autonomı́a se presentó como uno de
los pilares del movimiento indı́gena en Bolivia hacia el tránsito de un Estado
plurinacional, mediante una serie de polı́ticas percibidas como descolonizadoras
(Rosales 2015), las cuales se insertan en un sistema de reconocimiento autonómico
que funcionan en cuatro niveles (departamentos, provincias, distritos, Territorio
Indı́gena Campesino Originario), in embargo, Bolivia está subdividida en cinco
unidades territoriales (que incluyen a estas regiones) (Tomaselli 2015).
El fundamento jurı́dico de la autonomı́a indı́gena es el derecho a la autodeter-
minación a través del derecho al autogobierno. Especı́ficamente, los requisitos para
establecer este tipo de autonomı́a según la nueva Constitución Polı́tica del Estado,
es que el pueblo indı́gena viva en un territorio ancestral, que la comunidad acceda
a su creación y que en ello se apliquen las normas y las costumbres indı́genas. Se
establece como requerimiento la adopción de un estatuto propio que debe ser eval-
uado a través de una revisión constitucional y validado por un referéndum dentro
de la municipalidad, siendo redactado según las reglas y procedimientos propios
de los pueblos indı́genas pero siguiendola Ley de Autonomı́a (Tomaselli 2015).
A través de la autonomı́a indı́gena, el estado plurinacional de Bolivia reconoce
la posibilidad de coexistencia entre diversos pueblos que a su vez pueden ejercer
autodeterminación mediante sus estructuras polı́ticas tradicionales adaptadas a
esquemas institucionales. Fueron 11 los municipios que aceptaron, vı́a referéndum,
convertirse en Autonomı́as Indı́gena Originario Campesinas.

Municipality, Charging System, and Indigenous Autonomy in Bolivia 11


Según Cordero (2015), en estos municipios se dio una convivencia y retroal-
imentación relativamente fluida entre las estructuras comunitarias tradicionales,
como el cabildo y el concejo municipal, sin embargo, la misma convivencia también
dio origen a diversos conflictos. Uno de estos tiene relación con la división admin-
istrativa del territorio, donde la forma distrital de dividirlo no se condice a la forma
tradicional de los ayllus de configuración en dos parcialidades. Si bien el sistema
de distritos se adaptó al sistema de cargos en la elección de sus autoridades, en
la elección del 2009 esto permitió que el MAS obtuviese la mayorı́a en el concejo
municipal (tres concejales), quedando MACOJMA en desventaja (dos concejales),
y por ende contando con menos autoridades originarias elegidas desde el sistema
de cargo rotativo.
Los actores estatales, como el gobierno central, el MAS y las ONGs, como el
Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) y la Fundación
Tierra, han cumplido un rol central en el proceso de autonomı́a indı́gena de Jesús de
Machaca, contribuyendo con recursos humanos y materiales, pero esto también
ha acentuado ciertas tensiones. Un foco ha sido la ambivalencia del MAS en la
implementación de la autonomı́a indı́gena. Aunque los miembros de este partido
oficial del gobierno han apoyado este proceso, en las comunidades indı́genas lo
han cuestionado por poner trabas en la elaboración de los estatutos de autonomı́a
y limitando los pocos recursos disponibles (Tockman 2016).
Finalmente, en 2015 MACOJMA resolvió no validarse como autonomı́a
indı́gena, ya que se optó por elegir a sus autoridades mediante votación en urnas
y con representación de partidos polı́ticos, lo que por su parte MACOAS rec-
hazó. Sin embargo, al ser estos últimos minorı́a, se resolvió rechazar la autonomı́a.
Esta decisión fue presentada a través de un informe al Tribunal Constitucional
Plurinacional.
El secretario de Actas de la Coordinadora Nacional de Autonomı́as Indı́gena
Originario Campesinas (CONAIOC), Oscar Vargas, señaló a diversos medios
de prensa que la decisión de MACOJMA nunca se oficializó y que no
se habrı́a presentado ningún documento sobre el rechazo de la autonomı́a
indı́gena ante el Tribunal Constitucional, por lo cual el proceso continuarı́a
vigente.
Oscar Vargas acusó al ex-alcalde de Jesús de Machaca y candidato a re-
elección del MAS en el 2015, Moisés Quizo, de obstaculizar la transición de
un gobierno municipal a uno autónomo indı́gena. Recordó que Quizo respaldó
inicialmente una nueva modalidad de gobierno e incluso hizo de esa jurisdicción la
primera en aspirar a la autonomı́a indı́gena en Bolivia. Finalmente, Fidel Ramı́rez,
representante de MACOJMA, es elegido en abril del mismo año como alcalde
hasta el 2020, y se compromete, como parte del plan de desarrollo municipal, a
reactivar el proceso de autonomı́a mediante la socialización de los estatutos en las
comunidades y sus respectivas autoridades.

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Comentarios de Cierre

El caso de Jesús de Machaca nos aporta una compleja comprensión en torno


al vı́nculo entre estado, gobiernos locales municipales y comunidades indı́genas,
delimitando una serie de contradicciones y tensiones. Si bien hoy el espacio mu-
nicipal indı́gena constituye un ámbito de poder local, también se ha convertido en
un aparato más de los estados para la homogeneización de las prácticas polı́ticas,
a través de la regulación e institucionalización de sus autoridades y formas de or-
ganización tanto territorial como de su sistema de cargos. Es ası́ que la experiencia
de las autonomı́as indı́genas en Bolivia pone de manifiesto la gran dificultad de
articular las formas tradicionales de hacer polı́tica de los pueblos con las polı́ticas
públicas de turno.
Históricamente la marka de Jesús de Machaca se ha destacado por la man-
tención y adaptación del sistema de cargo aymara y la figura del ayllu, contando
con autoridades originarias rotativas y con responsabilidades crecientes, que se han
establecido como uno de los principales mecanismos de control y fiscalización,
por medio del cabildo por parcialidad, y por otra parte, de la institucionalidad
municipal. Es ası́ que desde la creación del municipio los alcaldes han sido electos
de manera similar al mallku o jilakata, sobre la base de su participación en el
sistema de cargo.
Uno de los temas controversiales y que ha generado mayor tensión ha sido la
participación de los partidos polı́ticos en las elecciones de las autoridades munici-
pales. Si bien en sus inicios la mayorı́a de los comuneros rechazaba su integración,
luego se permitió la candidatura de concejales partidistas, llegando incluso a rec-
hazar la propuesta de configurarse como autonomı́a indı́gena, por poseer como
requisito la elección de autoridades por usos y costumbres.
Hoy nos enfrentamos con una tercera alcaldı́a desde su reconocimiento como
tal, iniciándose nuevamente un camino hacia la validación de la autonomı́a
indı́gena, a través de la creación de un estatuto propio. Queda el gran desafı́o
de ir construyendo una propuesta a partir del aprendizaje generado en estos años
de su conformación como municipio, defendiendo sus propios mecanismos de
poder, pero al mismo tiempo abriéndose a diversas transformaciones en un Estado
plurinacional en constante elaboración.

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