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LA BELLEZA VUELVE

A LA CASA DEL P A D R E
El gusto por la belleza pareciera caer bajo la suspicacia de los guardianes
de la fe. En este texto, el autor quiere restaurar el lugar que les correspon-
de a las cosas bellas como camino y propuesta del Espíritu para gozar del
único Señor de la Belleza .

//.I I
Pablo Walker, S.J. ¿LJsted me dijo que busca la verdad? gamos de la sensualidad. Allí, en el centro del
Adelante, Dios se dejará encontrar". "¿Hace el placer y de la melancolía, en medio de la fasci-
bien? Felicitaciones, el Reino se acerca". "¿Goza nación y del gozo, en medio del erotismo y del
usted con las cosas bellas? ¡Mmrn, tenga cuida- desgarro, en medio de cualquier tensión que
do!" pueda producir en nosotros un determinado
¿Ha oído estas voces? Se repiten desde hace objeto estético, allí entre sus tentaciones y pro-
tiempo. De hecho, el gusto por saborear la be mesas, habla, inquieta, alegra, purifica y prepa-
Meza ha provocado en ciertos cristianos mucha ra el Espíritu de Jesucristo. Aun cuando lo bello
más sospecha, bastante más silencio y ceño frun- en cuestión no tenga ninguna pretensión reli-
cido, que el esfuerzo por pensar lo verdadero o giosa, aun cuando "sólo" sea la fuerza de un
por practicar las "buenas obras". ¿Por qué? ballet contemporáneo, la agresividad de un
Mire su propia vida. ¿Qué se estremece en Picasso o la nostalgia de una noche repleta de
su alma ante una sonata de Schubert o ante el grillos, allí el Espíritu Santo nos trabaja el cora-
perfume de un jazmín? ¿Y por qué ello revive la zón, allí va instaurando el señorío de Cristo en
celosa vigilancia de los guardianes de la fe? Lo este mundo redimido.
sabe. Fs el peligro del encantamiento, el riesgo ¿Pero cómo hace Su tarea? Con la paciencia
de confundir a Dios con un gran ídolo donde de una abeja. En un prolijo esfuerzo por ir con-
reposar la cabeza, de cambiar a Yahvé por el virtiendo nuestra sensibilidad, en su ir
becerro de oro, a la fuente de todo consuelo por cristificando ya no sólo nuestro esfuerzo por
un hermoso sustiluto. En fin, el riesgo de canjear actuar sino por sentir y gustar todas ¡as cosas, al
al Salvador por alguna belleza fugaz de este mun- modo como el mismo Señor lo hizo en este
do: mujer, hombre, eco, brisa, suave dibujo, cima mundo. El Espíritu inspira en nosotros una con-
Esta es una versión
resumida del texlo altísima... pero no Dios. tinua renovación de nuestro modo espontáneo
que apareció con el y todavía "pagano" de valorar lo sensible. Él
título "El Señor de la EL TRABAJO DEL ESPÍRITU transforma nuestro juicio sobre lo bello y lo feo,
Belleza" en la lo noble y lo vulgar, lo¿igraciadoy lo miserable,
publicación del
Centro de Espiritua- Y, sin embargo, ¿somos capaces de imaginar lo trágico y lo cómico que aparece ante nues-
lidad Ignaciana, la fecundidad de un camino hacia el Señor que tros sentidos. En esos desplazamientos de nues-
N"119, de enero reconcilie y ordene, sin condenarla, toda la pa- tro sentir Fl va haciendo realidad las palabras
último, dedicada al sión de la belleza "mundana"?Y decimos "mun- de Pablo: "Tengamos los mismos sentimientos
lubileo 2000. El de Cristo Jesús".
dana" para que no quepa duda de lo que esta-
autor, jesuíta,
esludió estética y mos hablando. Que el Espíritu Santo prepara una Consideremos nuestra vida. Atrevámonos a
tiene experiencia lenta instauración del reinado de Cristo también reconocer algunos rastros de dicha
como pintor. en medio de la experiencia más profana que ten- cristificación...
espiritualidad

I A BELLEZA CODICIOSA
A IA BELLEZA DEL GOZO

Ciertas cosas, por la gracia de sus formas, provo-


can en nosotros el deseo de capturarlas, la codicia
de asegurárnoslas para un disfrute futuro: esa rosa
recién abierta, un dibujo locamente trazado, aquel
prendedor de pinta en el traje de una mujer mapuche,
dejan de ser un misterio por contemplar y se con-
vierten en objetos por poseer. La codicia agiganta en
nuestro corazón la necesidad de atraparlos y de ex-
hibirlos cual trofeos, cual mariposas muertas, pin-
chadas en ahileres y expuestas a nuestro dominio.
Algo obsesivo nos dice que lo bello no es gozable si
es de otro o si pasa de largo para posarse sobre otros
hombros. Así, por esta aproximación codiciosa a la
belleza, se instala en nuestra alma la desconfianza y
la tristeza del hombre avaro. Y llegamos a ser uno de
esos turistas que han visto lodos los museos del mun-
do pero que nunca levantaron los ojos de su máqui-
na fotográfica.
Pero el Espíritu nos dice que la belleza es más
dichosa (uando se acepta y se deja pasar libre, como
un don. La joven escritora holandesa Etty Hillesum
narra el gozo que para ella significó, en aquellos años
negros de la ocupación nazi, el dejar de alrapar la
belleza pasajera del atardecer sobre la plaza del
Rijksmuseum de Amsterdam: "Yo me cebaba literal-
mente con la belleza del paisaje y eso me agotaba...
era en el fondo una suerte de onanismo. Pero la otra
tarde, al contrario, reaccioné de una manera total-
mente distinta. Acogí' con gozo la intuición de la
belleza de la creación divina... ya no buscaba mase!
poseerla".
¿Y cómo avanza en nosotros aquel sendero que
lleva de la codicia al gozo? El Espfritu Santo nos lo
susurra: "¿Confías? Yo te quiero dar la belleza que
saciará tu corazón sin límites. Pero mira, esta hermo-
sura que ahora te estremece, aquel poema de dos
palabras, esa enredadera roja, son sólo vestigios de
la belleza cuya nostalgia pongo hoy en tu corazón.
No los exprimas como fetiches, pues no te saciarán.
No tos retengas. Gózalos como curiosos embajado-
res de un país remoto. Tu alegría será completa. Es la
regla del don, ¿la entiendes?"
Y así comienzo a gozar de lejos al Señor de la
Belleza. Comienzo a saborear respetuoso un peque-
ño anticipo de su gloria. Esa naranja sobre un mantel
azul, el reflejo de In luz sobre un abeto, un refrán
humilde y repleto de años, bellezas fugaces que ha-
blan de un Poeta aún no aparecido. Y mi vida va
cambiando. Descubro que todas las flores son un
regalo. ¿Para qué las voy a robar? Ya no las escondo

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en los bolsillos, no lloro porque no Ella late también en el arte que te sentencia a rumiar
están en mi casa ni porque queden las heridas colectivas. La muerte, la guerra, ol ham-
atrasen el camino... Alguien las hará bre, la peste, el absurdo, la injusticia del rico engen-
brotar para mí, donde quiera que me dran pintura y poesía, dramaturgia y música, a veces
encuentre, todas las primaveras. ¿Y tanto más hermosa y genial cuanto más amarga. La
las obras maestras? ¿Y las arrugas de belleza ya no te llama a la ira santa ni a la lucha ra-
los viejos? ¿Y el esplendor del lóma- biosa por la vida; canoniza tu destino trágico y sin
le:1 ¿Y el amarillo triste de nuestro es- sentido. Así nos remecieron a veces, y nos dejan des-
pino? También. Todo es mío. Nadie armados, los poetas malditos o ciertos dramaturgos
me lo podrá quitar. Me lo regaló Al- del absurdo, los maestros del dadaísmo o de otras for-
guien que se chifló de amor por mí y mas expresionistas; en fin, mucha instalación de van-
que me dedica cada una de sus obras guardia indescifrable. Allí nuestra alma se cerró al don
maestras. ¿Sabes? Creo que un c\í^ Él futuro y se transformó en un cementerio, adornado
me mostrará su r< >str< i y que esa será con flores de luna muerta.
la única Belleza que saciará mis Y sin embargo, esos mismos objetos amados y
ojos... Y hasta ese día gozo gratis el perdidos, irrepetibles y fugaces, incluso muchas de
regalo de sus anticipos, una fiesta estas mismas obras maestras que gritaban desde la
para el camino. herida, suscitaron en nosotros el sentimiento de otra
hermosura, abrieron el rastro del Señor de la Belleza
Dh LA BHLLhyA DEPRESIVA ¿Qué irrumpió, entonces, sin aviso previo, transfigu-
A LA BELLEZA DE LA ESPERANZA rando ol abatimiento en rebeldía, la desazón en ple-
garia, ol desencanto on clamor de salvación? Era el
¿Conoces algo del romanticismo? No mires tan Espíritu transformando la melancolía en nostalgia do
lejos, lo llevas dentro. El exalta en ti el sentimiento gracia y de futuro. Él nos susurraba una voz más: "¿Y
trágico de los amantes. A menudo nos hemos senti- si tras la belleza triste do la casa perdida so agigantara
do personajes de un hermoso y triste drama ,il con- en ti la nostalgia de una patria definitiva? ¿Y si tras la
templar las cosas que usábamos en un pasado perdi- belleza terrible del Guernica se anunciara la prometi-
do. Por ejemplo, al conlemplar ese columpio aún da supresión de todos los sacrificios? ¿Y si allí te lla-
balanceándose bajo el damasco del patio de tu ni- mara a alistarte la ira sania de Dios?" "¿Y si, tras el
ñez, ¿lo ves? Posee una belleza estremecedora. Una tono pálido de esa flor que te estremece, se transpa-
belleza que sólo tú comprendes, que sólo tú puedes rentara la fuente invencible de toda ternura?" Enton-
saborear porque habla de tu historia. Pero puede ser ces allí, en el centro de la belleza que honra nuestras
que esta belleza no sólo produzca en ti conciencia pérdidas, el Espíritu te haría mirar, nos haría mirar, de
de identidad, sino también amargura. Entonces ella lejos, al Señor de la Belleza.
no te hace exclamar: "Yo soy el niño que jugaba en
este sitio, yo amé este lugar, yo amo esta vida que r LA BELLEZA ANESTÉSICA
me fue dada". Fila te hace murmurar: "Yo nunca vol- A LA BELLEZA DEL COMPROMISO
ví a sor feliz". Allí la belleza te viste de negro, consa-
gra tu vocación do víctima, de huérfano. Es una be- Si alguna vez has contemplado una arboleda noc-
lleza de luto, enferma do melancolía, do ausencia y turna y te has detenido a saborear la luz lunar sobre
de sentimiento de pérdida: la belleza depresiva. las cortezas, si to has dejado arrullar por el canto de
Y sin embargo es verdadera belleza, es un cierto las ranas del estanque y te has descalzado para cami-
encanto y resplandor de las cosas. Muebles, fotos, nar calmadamente sobre el musgo, si alguna vez te
cuadros, relojes, melodías que te dejan por años pa- has dejado empapar por una lluvia de estrellas hasta
gando tributo a la melancolía. Así, idealizando, ma- perderte en su infinito..., tal voz sepas qué es esa ho-
quillando lo perdido, la belleza triste te hace jurar lleza envolvente que ensancha el corazón hasta ha-
que todo tiempo antiguo íue mejor. Las cosas que certe perder tus límites. Si esto es así, tú también has
usaste ayer quedaron transfiguradas con un aura,. sentido el deseo de fusionarte, de ser uno con la natu-
convertidas en símbolos, en bellas alhajas de fantas- raleza. ¡Extraña y fascinante experiencia!
mas, en estandartes clavados en tu corazón para que Miremos esta belleza de tramposa apariencia mís-
ningún duelo termine. tica. La encontramos hoy especialmente explotada en
No sólo en esas cosas comunes, testigos de un la creación musical perteneciente a la New Age, pero
pasado perdido, se da este singular tipo de belleza. ella estaba ya presente en la propuesta de algunos

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e s p i r H u a l i d a tf

precursores de la pintura no figurativa y aun antes. Al L A BELLEZA DEL S E Ñ O R


ritmo de melodías astralmente sugerentes o simple-
mente infantiles, mecidos por colores cálidos y de No, el Espíritu provocará en nosotros la búsque-
contornos imprecisos, obras con evocaciones célti- da de otra belleza, aquella que diga la nostalgia de
cas y sonidos de la naturaleza, composiciones con lo que la vida ordinaria nos oculta, aquella que pro-
figuras apenas reconocibles y que posibilitan un ili- voque a la rebeldía contra todo lo que no sea eter-
mitado juego de fantasías, nos fueron sumergiendo no, aquella que nos dé motivos para amar ese com-
en un estado de relajación perfecta. Por unos ins- bate. ti Señor de la Belleza llenará de gracia el ca-
tantes sentimos que la armonía con el cosmos era mino hacia nuestra propia pascua, preñándolo de
posible. Más aun, experimentamos un sorprendente valentía y de nostalgia de Vida Elerna. Y para ello
estado de fusión con nuestro entorno, los límites de será ese Espíritu el que nos susurre una vez más:
nuestro cuerpo desaparecían, como si volviésemos "No te duermas, ve más allá de este pequeño ob-
a un estado acuático y cálido donde nos ensanchá- jeto que tus ojos aman. Crees que ya encontraste
ramos sin medida y sin que ninguna amenaza fuera lo que buscas, pero todavía no".
sentida. Era la belleza anestésica que nos traía de Así nos atrae, ya en esta tierra pero aún sólo
regreso a la paz del vientre materno. "desde lejos", el Señor de la Belleza. Porque "la
Esta belleza promete a sus amantes la supresión creación se queja y sufre como una mujer con
de todo aislamiento, de toda individualidad diferen- dolores de parto. Y no sólo ella sufre, sino también
ciada, de todo antagonismo. Y aun más que eso: por nosotros... porque hemos sido salvados, pero sólo
una exaltación estética de la armonía, los conflictos en esperanza" (Rom 8, 22. 24).
quedan eliminados del paisaje. El "éste soy yo" y En fin, nadie en este mundo conoce la hermo-
"éste es el otro", el hombre y las cosas, el mundo y sura del rostro de Jesucristo en gloria. Ese gozo
Dios, todo queda reducido a "lo mismo". A un gran queda para después de los últimos tiempos... y
todo englobante y sin distinción donde nos fundi- aquella será la ilimitada contemplación feliz. Mien-
mos sin dolor. Yendo aun más lejos, si a este "todo" tras vamos de camino, podemos hacer de Fl millo-
lo divinizamos, habitaremos ya en la atmósfera nes de hipotéticos retratos. Pero la "belleza del
panteísta a la que tantos genios de! arte llegaron. Señor", aquella que intentamos reconocer o plas-
Pero difícilmente nos dejaría el Espíritu Santo mar en colores y líneas, en libreros y partituras, no
anestesiados en esta belleza regresiva. Allí donde deberá convertir la salvación én un amuleto dispo-
perdiéramos la propia identidad personal, allí don- nible ni en un refugio nostálgico ni en una paz
de quedáramos aletargados y ciegos ante tanta muer- anestesiante. Si algún futuro existe para la creación
te de este mundo, difícilmente podría estar actuan- de arte sagrado, si alguna fecundidad va a tener el
do el Espíritu que lleva al Señor de la Belleza. Por el gustar y sentir de las cosas bellas de este mundo,
contrario, la belleza anestésica no dudaría en dejar- ello será fruto de la acción del Espírilu y provocará
nos cómodamente instalados en una suerte de cielo en nosotros la lenta cristificación de los sentidos.
Así irá Él preparando los corazones, a través de un
mundano donde ninguna apertura al Otro se haría
arte santo, para que un día reine Aquel que hoy
necesaria, donde ningún hermano sufriente se haría
sólo divisamos de lejos, el Señor de la Belleza.
presente.
Pero mientras llegue
ese d'\3it no nos quede-
mos en ayunas. Ll cami-
no es largo y para avan-
zar requerimos de toda la
hermosura de este mun-
do. ¿Alguno no encuen-
tra suficiente alimento?
¡Encomiéndeseal Espíritu
y abra los sentidos!
Y ojalá algún día tam-
bién se escuche en e.l
confesionario: "Padre, me
acuso de no haber olido
las flores".^'
(Tomado ele la revista Vida Nueva)

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