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Enfoque Territorial de la Participación Ciudadana

(ET-PC): referente teórico-práctico para la comprensión


situada de la participación en Medellín.

Este texto tiene como propósito dar cuenta del lugar desde el cual se construye el enfoque
territorial de participación ciudadana en términos prácticos, conceptuales y analíticos, en
función de comprender la participación y dar soporte teórico-práctico a las nuevas
metodologías de análisis que tienen desarrollo actualmente en la ciudad. Para ello el texto se
divide en tres partes interrelacionadas: la primera presenta de manera sucinta las principales
dimensiones y elementos que componen el enfoque; la segunda presenta las tensiones que
históricamente se han señalado en torno a la participación ciudadana en su relación territorial
a escala nacional, municipal y territorial (comunal, corregimental), y los elementos que a
partir de allí le dan soporte; finalmente, presenta a manera de síntesis los principales retos a
los que pretende responder el enfoque territorial de participación ciudadana.

¿Qué es? ¿Cómo se define el enfoque territorial ?

El enfoque territorial de Participación Ciudadana es una construcción teórico-práctica que


sirve de referente conceptual a la necesidad de comprender la participación ciudadana en
Colombia, en Medellín, en las comunas y los corregimientos. Aporta a la construcción de un
modelo analítico que permite darle tratamiento de objeto a la participación ciudadana, con el
propósito de medir su calidad y generar conocimiento territorialmente útil en función de la
construcción de lo público y el fortalecimiento de la democracia.

Este enfoque permite leer la experiencia de participación ciudadana en Medellín desde un


punto de vista situado en unas coordenadas territoriales e históricas, es decir que parte de
reconocer la realidad particular de configuración histórica de la experiencia participativa en
la ciudad, la cual, a su vez, no es posible de concebir sin tener en cuenta la importancia
determinante de la dimensión territorial en el análisis de la participación ciudadana. En este
sentido, el Enfoque Territorial de Participación Ciudadana se constituye en un referente para
la comprensión y acción, no sólo del IPCM y el SIGC-PC1, sino para la política pública de
participación de la ciudad.

¿Cómo se entiende la Participación Ciudadana desde el enfoque territorial?

Desde el ET-PC, la participación ciudadana se entiende como una práctica política situada,
individual o colectiva, de involucramiento con los asuntos públicos de interés en una o
varias escalas territoriales (local, municipal, nacional), cuyos efectos o resultados
dependen de las condiciones político-territoriales pre-existentes en las que se agencia, y
del tipo de acción que establecen los actores2.

Este carácter territorial de la participación ciudadana (el territorio entendido como una
producción social, es decir, que trasciende su dimensión normativa) implica hacerla
aprehensible en lo que hemos denominado tres ámbitos de la práctica política de la
participación. Estos ámbitos se comprenden en cuanto el interés que motiva las prácticas3.

1
El Índice de Participación Ciudadana de Medellín (IPCM) y el Sistema de Información y Gestión del
Conocimiento para la Participación Ciudadana (SIGC-PC) son los dos componentes del proyecto Nuevas
Metodologías para la Participación Ciudadana de Medellín.
2
En el Enfoque Territorial de la Participación Ciudadana (ET-PC), la participación ciudadana se entiende como
una práctica política concomitante con la democracia en su forma institucional actual y expresa
fundamentalmente la naturaleza de la relación política entre el Estado y la ciudadanía; la forma en que configura
esa relación política está signada, por un lado por el ordenamiento jurídico y normativo existente y, por otro,
por la dimensión sociopolítica y subjetiva de los actores, lo cual establece para la democracia su carácter
representativo y participativo. La PC en tanto práctica política expresa y sintetiza intereses, subjetividades y
relaciones entre actores que configuran la arena de lo público-territorial, unas veces de manera colaborativa y
otras de manera contenciosa.
3
Es de aclarar que estos ámbitos no pueden entenderse de manera separada, se encuentran interrelacionados en
función de las condiciones, las prácticas, acciones y efectos que estos tiene en la construcción de lo púbico en
la toma de decisiones en las que se ven involucrados los actores, de ahí que sea posible comprender que la
participación pasa por dimensiones estratégicas, cognitivas, expresivas, y morales (Ramírez Gallegos, 2008).
Modelo analítico ET-PC

Los dos primeros ámbitos abarcan la diversidad de prácticas políticas que articulan algún
tipo de relación directa entre ciudadanía y Estado. Estos son los dos ámbitos verticales de la
participación ciudadana: Estado – Ciudadanía (Top-down) y Ciudadanía – Estado (Bottom-
up). El Top-down se refiere fundamentalmente a las vías institucionalizadas y abiertas por el
Estado para intervenir o interactuar con la ciudadanía; mientras que el Bottom-up se refiere
a las vías institucionales (o no institucionales) de movilización, autogestión y reivindicación
de los actores sociales, que pueden tener como destinatario o interlocutor directo al Estado.

El tercer ámbito horizontal: Ciudadanía - Ciudadanía, comprende las prácticas políticas entre
la ciudadanía y sus colectivos, teniendo como interés primordial la construcción de
relaciones, procesos y sentidos de comunidad, lo que implica la construcción de una esfera
pública propia y una apropiación territorial autónoma.4

4
Este ámbito emerge del conocimiento de la experiencia territorial de participación ciudadana en Medellín (los
dos anteriores tienen una amplia bibliografía teórica de respaldo)
Los ámbitos verticales expresan las prácticas políticas de participación ciudadana en las que
la relación Estado-ciudadanía construye el territorio; por su parte, en el ámbito horizontal, la
relación con el Estado es indirecta, en tanto está por fuera de los escenarios, instancias y
procedimientos institucionales que éste ofrece, sin una movilización explícita para exigir una
actuación estatal; aunque de manera implícita asuma la estructura social y la normatividad
político-estatal, enmarcadas en la constitución nacional.

También tenemos vectores de sentido político, que partiendo de intereses y subjetividades,


transfieren sentido y dotan de significado las prácticas que se dan en cada ámbito, entendidos
como gramáticas, formas de hacer y formas de relacionarse. La relación entre ámbitos y
vectores determinan la calidad de la Participación Ciudadana en el ET-PC, en términos de
condiciones, prácticas-acciones y efectos.

(i) Las condiciones de la participación ciudadana se refieren a la configuración


territorial pre-existente, las estructuras y procesos sociopolíticos necesarios para
que la participación se pueda dar y tenga agencia.
(ii) La práctica-acción se refiere al ejercicio concreto de la participación y a la
relación que se da entre Estado, ciudadanía y territorio, por tanto muestra las
lógicas institucionalizadas (o no institucionalizadas) de movilización, e incluye
lo relacionado con las características de los actores, su articulación y dinámica en
el territorio.
(iii) Los efectos se refieren a la capacidad de resolver problemas concretos y a la
agencia tanto de actores de la sociedad civil como del Estado.

Por tanto, la calidad de la Participación Ciudadana (PC) es una variable territorial que
expresa el equilibrio dinámico de la participación en sus diversas relaciones (directas e
indirectas) entre Estado y ciudadanía y entre la ciudadanía misma. Esta calidad se relaciona
directamente con la forma como se configura la participación ciudadana en cada territorio,
determinando los caminos o estrategias específicas de construcción y fortalecimiento de lo
público y la democracia a nivel comunal, corregimental y municipal.
La calidad de la PC se mide entonces a partir de tres dimensiones:

i) Condiciones territoriales: Conjunto de condiciones del entorno de los actores que


facilitan, propician o dificultan el derecho a participar; expresadas en garantías y
oportunidades.
ii) Acciones y prácticas: Procesos de agencia mediante los cuales los actores eligen
participar y desarrollar experiencias concretas de participación, en escenarios
específicos y con un repertorio de estrategias y recursos; expresados en
gobernanza y lideranza.
iii) Efectos: Resultados del ejercicio de la participación que se materializa en
términos de inclusión de temas ciudadanos en la agenda pública, el mejoramiento
de la calidad de vida en los territorios locales y de ciudad, la democratización de
la gestión pública, y el empoderamiento de los actores.

La calidad en este caso no es un valor abstracto o un tipo ideal, sino una conjunción de
relaciones que deben tender al equilibrio dinámico entre los distintos niveles y vectores de la
participación (Bottom-up, Top-down y horizontal). Así, se le da sentido a la naturaleza
política de la PC, la cual no es un fin en sí misma sino un medio para consolidar la
democracia.

Orientar la pregunta hacia la calidad de la participación ciudadana implica entenderla como


un proceso dinámico que oscila en un continuum con diferentes graduaciones enmarcadas
entre los puntos extremos, que: por un lado representa la ausencia de correspondencia entre
la práctica de participar y el efecto deseado; y por el otro, la total correspondencia entre la
práctica de participar y el efecto deseado5.

5
La participación ciudadana, en abstracto, no produce mejor democracia, sino que a mayor calidad de la
participación ciudadana en un territorio, mayor calidad de los procesos democráticos. Cuando la PC tiende a
posibilitar el fortalecimiento de la democracia y la construcción de lo público, significa una mayor calidad de
la participación ciudadana, por el contrario cuando la PC se configura de manera tal que dificulta la democracia
y la construcción de lo público hay menor calidad de la participación ciudadana.
Ningún efecto de Total efecto de la
la PC por ausencia PC por presencia
de las condiciones CONTINUUM DE LA de las condiciones
y de la práctica – y de la práctica –
acción y/o
CALIDAD DE LA PC acción y
correspondencia correspondencia
entre estas. entre estas.

Tensiones históricas de la calidad de la Participación Ciudadana

En el ET-PC, la calidad de la participación ciudadana aumenta en la medida en que dadas


ciertas condiciones territoriales pre-existentes, las prácticas que emergen o se realizan dan
cuenta de una acción que logra efectos positivos sobre la construcción de lo público y el
fortalecimiento de procesos democráticos en el territorio. A la inversa, la calidad de la
participación ciudadana disminuye cuando las condiciones pre-existentes no corresponden
con las prácticas y limitan su acción, impidiendo sus efectos sobre la construcción de lo
público y el fortalecimiento de la democracia en el territorio.

A esta tesis de la calidad de la PC le subyace la siguiente argumentación sociopolítica: ciertas


tensiones históricas que tienen su expresión territorial en la escala país, ciudad y a nivel local,
configuran el escenario de limitantes y potenciadores de la calidad de la participación
ciudadana.

Diversos estudios que han tenido por objeto analizar la experiencia de participación en la
ciudad, han coincidido en señalar la necesidad del reconocimiento histórico y contextual que
desde los años de 1990 se viene configurando en términos de participación y movilización
política y social con sus diferentes dinámicas en la ciudad y el país. De igual manera, han
coincidido en señalar tensiones que han caracterizado el trasegar de esta experiencia, entre
las cuales ubicamos las siguientes:

i) La necesidad de mayor descentralización, fortalecimiento institucional y


gubernamental: De acuerdo con algunos autores (Velásquez y González, 2003;
Velásquez C., Rodríguez P., González R, 2008), el auge de la participación está
estrechamente relacionada con la llamada “crisis de la representación”, que se
referencia en el país a partir de finales de los años 80 cuando fueron instituidos los
primeros dispositivos de participación en un contexto de recrudecimiento del
conflicto armado. De manera que los procesos de descentralización y la promoción
decidida de la participación ciudadana -“institucionalización de la participación
ciudadana en la gestión pública” (Velásquez, et al, 2008), fueron vistas como salidas
a la crisis de legitimidad del régimen político colombiano. La constitución política de
1991, marca entonces las pautas para la reestructuración del Estado en función de
abrirse hacia prácticas democráticas de distribución del poder y de toma de decisiones
políticas a través de la institucionalización de diversos dispositivos de participación
ciudadana6; esto tuvo su reflejo en la ciudad de Medellín,

“en 1996 el Gobierno nacional puso a funcionar la Consejería Presidencial para Medellín
destinada a impulsar específicos proyectos organizativos e inversiones sociales en barrios de alta
conflictividad. Se propuso un plan de acción, con ingentes recursos estatales, con proyectos de
participación social, educación, espacio urbano, empleo, generación de ingresos y promoción de
la convivencia pacífica” (Restrepo, 2003. Citado por Ramírez G, 2008).

A partir de este año se establece el acuerdo 043, el cual da soporte normativo al


tránsito que marca la constitución hacia la Planeación Participativa, a través de la cual
se institucionalizan, en los municipios y departamentos del país, los Sistemas de
Planeación, de esta manera se empieza a hacer evidente la relación
territorio/participación ciudadana, en tanto las distintas dinámicas del proceso de
descentralización en el país manifestaron la realidad de un sistema político cerrado
que tenía en cuestión su legitimidad y la necesidad de mirar y aproximarse7 a los

6
Rocio Annunziata (2013) analiza desde Argentina el auge de la participación que se expandió en los diferentes
países de América Latina y del mundo: “Este “despliegue participativo” se caracteriza por una importante
variedad de dispositivos, puestos en marcha en los cinco continentes, con algunos rasgos comunes: las nuevas
instancias de participación son creadas y reguladas por las autoridades gubernamentales, conciernen
habitualmente a los problemas ligados al entorno inmediato, y son sobre todo consultivas. Se trata de una
participación ciudadana que se desarrolla por fuera de los partidos y de los colectivos de identificación de
antaño, que se produce, sobre todo, a partir de la singularidad de la experiencia de los ciudadanos de tal o cual
barrio. Si el faro del Presupuesto Participativo de Porto Alegre despertó todo un conjunto de ilusiones sobre
“otro mundo posible”, habilitado por una nueva participación ciudadana, ésta devino luego una “receta” de los
organismos internacionales. Hoy en día parece haberse establecido un consenso global sobre el hecho de que la
participación de los ciudadanos sería una de las novedades mayores de las democracias contemporáneas.” (p.
249)
7
De acuerdo con Annunzianta (2011 y 2013), los asuntos de gobierno y legitimidad en las sociedades
contemporáneas se ha caracterizado por la demanda cada vez más presente de que los gobernantes sean seres
humanos cercanos a las realidades de la ciudadanía que conozcan los territorios y escuchen los problemas que
territorios para reconstruirla. Sin embargo este sería el inicio de la historia de una
tensión que aun hoy no se resuelve entre las fuerzas que mueven la participación entre
la institucionalización y la movilización.

ii) La tensión existente entre las necesidades e intereses generales del municipio-ciudad y
lo particular de lo local (comunal-corregimental: Las divisiones político-
administrativas sub-municipales, como las comunas y corregimientos, son
configuraciones territoriales y espacio-institucionales de la propia comunidad política,
que afectan tanto (i) la autopercepción que esta tenga de sí misma en el espacio-tiempo
sobre su calidad y formas de vida, como (ii) la posibilidad o no de ciertos procedimientos
político–democráticos autónomos en el espacio físico de su cotidianidad comunal (Urán,
2014). En este sentido, ciudadanía y territorio están vinculados muy estrechamente, pues
la mayor de las veces la capacidad de decir/hacer de los individuos y colectivos sociales
se da sobre cosas y asuntos que acontecen en sus espacios vitales-cotidianos, es decir que,
el sentido y posibilidad de las mismas se configura en la relación del individuo-colectivo
con su entorno socio-espacial; la cual se configura como el escenario-proceso territorial
de las condiciones, prácticas-acciones y efectos de la participación ciudadana y el proceso
democrático, de donde el territorio es su vez un resultado-efecto en permanente cambio,
fruto de la participación ciudadana, entendida como una forma democrática del ejercicio
de la territorialidad de los grupos-colectivos que integran la comunidad política (Polity)
en sus diferentes acoples escalares-espaciales (nación, municipio, comuna, barrio, entre
otros).

iii) La autonomía de las organizaciones sociales versus la dependencia que puede causar
la financiación estatal: Esa tensión entre las necesidades o proyectos de ciudad versus
las necesidades y los proyectos construidos a nivel local –comunal, corregimental- pasa
también por la evidencia manifiesta frente a la falta de correspondencia en la priorización

aquejan de manera particular a los diferentes actores, de esta manera la “legitimidad de proximidad” (concepto
que retoma de Pierre Rosanvallon, 2008), se convierte en el principio que da sentido a la institucionalización
de diferentes dispositivos de participación, clasificados a su vez de acuerdo con los rasgos predominantes de
cada uno de ellos en 5 tipos; esto es: dispositivos de participación experiencia (como el PP); presencia (como
los consejos barriales); denuncia; inmediatez (como los foros de seguridad); Reconocimiento (como los
consejos consultivos).
de proyectos y asignación de recursos en los debates que se hacen a escala comunal y
decisión presupuestal final desde la Alcaldía; esta dependencia financiera de las
organizaciones y colectivos sociales frente al Estado se evidencia en la tendencia de la
Administración Municipal –de acuerdo a las quejas de las mismas– de buscar que todas
las necesidades identificadas en la comunidad sean solucionadas por PP, sin tocar así el
presupuesto ordinario para solventarlos (Villegas, Gómez & Torres, 2014). Este hecho
contrasta con los procesos de organización comunitaria de los barrios de las laderas altas
de la ciudad8, en donde puede encontrarse desplegado el ejercicio de una ciudadanía que
exige una participación real y efectiva en las decisiones que se toman en su territorio,
organizándose de manera autónoma y paralela a la oficial que les permita, no sólo hacerle
frente a los intereses de actores ajenos a su territorio (el Estado es uno de ellos), sino
también estar en capacidad de no depender económicamente de la financiación estatal,
solventando así sus necesidades a través del trabajo comunitario, la organización social
y política y la asociación con redes de colectivos comunitarios de la ciudad. En definitiva,
es una participación ciudadana no institucionalizada, con autonomía y una fuerte
incidencia política en la comunidad, de la que se fundamenta para disputar la planeación
de su territorio (Raigoza & Zapata, 2015).

iv) La tendencia socio-histórica a la elitización de los liderazgos sociales frente a la


necesaria renovación y diversificación de los mismos: Las evaluaciones y estudios
recientes han encontrado este como uno de los principales problemas para la
democratización de los procesos locales y la generación de nuevos liderazgos y prácticas
políticas, en cuanto se combinan dos razones que -para ellos- lo explican: (i) una cultura
política que observa la gestión de lo público y social sólo a través de liderazgos
unipersonales, fuerte y patriarcales, con fuerte raigambre discursivo en la historia política
nacional, y (ii) el cerramiento intencionado de espacios de gestión y decisión a líderes
emergentes procurando la centralización y aprovechamiento personal de recursos, por lo
que todo liderazgo emergente se observa como una competencia innecesaria (Urán,
2010). Además de ello, afirma Font (2001):

8
Un ejemplo claro de esto es el caso de la comuna 3, la comuna 6 y otras que se han caracterizado por tener
experiencias de organización y participación históricamente importantes en la ciudad.
La falta de educación y la falta de acceso a la información se relacionan con la
elitizacion de la política, “pequeñas elites políticas que contaban con los
conocimientos necesarios y la información necesaria, y grandes masas de población
para las que la “ignorancia racional” parecía la solución más obvia: el partido, las
élites políticas y las organizaciones secundarias se convertían en los provedores de la
escasa información necesaria para movilizarse y votar. Pero la generalización de la
educación secundaria, acceso de grandes sectores de población a la universidad y el
papel desarrollo por los medios de comunicación de masas, han venido a alterar este
panorama, dando lugar a lo que se ha llamado “movilización cognitiva”, (…)” (p.25)

Este proceso de elitización y su tensión con la democratización de la participación


ciudadana, es una tensión casi siempre presente en las formas de organización social
política y ciudadana: la capacidad de liderazgo y los logros efectivos mostrados por
algunos individuos que con el tiempo, su experiencia y legitimidad lograda, tienden
a minar o bloquear la emergencia de nuevos liderazgos debilitando el tejido
democrático de la propia organización o proceso colectivo.

v) Corporativismo, democratización de la contratación pública y emergencia de


nuevas formas de clientelismo hacia abajo, ya no entre partidos políticos sino entre
liderazgos y representantes político-comunitarios con respecto a organizaciones
sociales y comunitarias de su propio ámbito comunal o corregimental. Se ha
observado y criticado (i) que muchas organizaciones sociales hacen campaña por
proyectos que no son estrictamente de interés comunal sino que básicamente se
orientan a sus propios intereses (corporativismo) y sostenibilidad económica, para lo
cual ofrecen trabajo o proyectos orientados a un sector determinado a cambio de
votación por líneas o proyectos que les favorezcan y (ii) representantes a las JAL y
otros liderazgos que ofrecen su apoyo social y político a cambio de poder participar
a modo propio o de terceros representados en (o de) los proyectos que se aprueben.
Ello ha llevado a preguntarse cómo se hacen más estrictos los modos de aprobación,
contratación y monitoreo de los proyectos, ello sin descuidar u olvidar que esta nueva
problemática es resultado de atacar una mayor que era la de falta de planeación local
y un clientelismo más concentrado cuando los proyectos comunales y
corregimentales eran definidos básicamente a partir de la presión de los concejales
ante el Departamento de Planeación, de acuerdo a la representatividad que tuvieran
en las diversas Juntas Administradoras Locales.

vi) Lo social y lo político, en término de aquellas acciones que se despliegan en ámbitos


privados-comunitario (lo social) frente aquellas otras que se despliegan o realizan
ante o frente agencias o instituciones estatales y gubernamentales, pudiendo
contribuir ambas al bienestar, bienvivir y reconocimiento de los sujetos. Acciones de
término social pueden devenir fácilmente políticas, en tanto precisan para su
realización intervenir en otras esferas públicas e igualmente, las acciones en el ámbito
de lo político se traducen muchas veces en la dinamización u obstaculización de
prácticas en las esfera social y privada. En ese sentido, la participación ciudadana no
se reduce a los procesos institucionalizados, especialmente aquellos relativos a la
planeación local y el presupuesto participativo. Es necesario reconocer que Medellín
ha venido avanzando significativamente en la promoción de la participación
ciudadana, y en la generación de espacios y escenarios para su ejercicio, lo cual, desde
el Estado, en cumplimiento de estándares de legalidad, ha significado un alto grado
de formalización de la misma, dejando otras formas organizativas menos
institucionalizadas por fuera de estos ámbito/escenarios, de reconocimiento y
legitimación, que sin embargo, juegan un papel muy importante en la dinamización
de la participación en el ámbito de la ciudad y sus comunas-corregimientos,
especialmente en asuntos emergentes, como lo son la cultura juvenil, nuevas
tecnologías y medio-ambiente.

vii) La participación ciudadana en la gestión de lo público: Coinciden los informes de


gestión de las últimas administraciones y los estudios académicos, que la
participación ciudadana se ha incrementado cuantitativamente en Medellín en cuanto
número de ciudadanos y de organizaciones sociales que están involucrados en la
diversidad de escenarios, procedimientos e instrumentos que conllevan la planeación
local y el presupuesto participativo, no obstante en cuanto a la gestión y la calidad de
dicha participación ciudadana hay diversas posiciones, algunas que defienden la
bondad de la sinergia entre administración y organizaciones para el fortalecimiento
de la democracia local por el involucramiento en los procesos de planeación y otras
voces que argumentan que ese proceso ha estatizado la participación y la ha confinado
a los temas de planeación, y que han quedado excluidas muchas expresiones y
dinámicas de participación ciudadana, invisibilizándo aquellos actores y acciones que
no tienen el interés puesto en la planeación participativa sino en otras dinámicas de la
participación ciudadana.

¿A qué retos responde el Enfoque Territorial de Participación Ciudadana?

Delimitar la participación ciudadana como objeto, no es una tarea que se resuelva


exclusivamente por la vía teórica o por la vía empírica, es un ejercicio intermedio que debe
aprovechar el conocimiento teórico y el acumulado sobre participación ciudadana, situándolo
espacial e históricamente en el territorio.

De acuerdo con lo expuesto anteriormente, es posible afirmar que los retos que alientan la
construcción de este enfoque se concentran en los siguientes aspectos:

i) Superar miradas que restringen la participación ciudadana al campo de la


necesidades, es decir, a lo mínimo que debe hacer el Estado para que se pueda dar la
participación, generalmente suscrito a lo jurídico normativo; o que la participación se
da sólo por la carencia de bienes materiales o percibidos, ignorando otro tipo de
motivaciones no atadas a este campo, sino al de las oportunidades.
ii) Convertirse en una herramienta pertinente que sirva para entender la participación
ciudadana en Colombia, en Medellín y en las comunas y corregimientos y, además,
que permita darle tratamiento de objeto a la participación ciudadana, con el fin de
medirla y generar conocimiento territorialmente útil.
iii) Contribuir, en tanto referente teórico-práctico, al análisis del IPCM y el SIGC como
metodologías innovadoras que tienen el propósito de aportar a la generación de
conocimiento de, desde y para la participación, generando inteligencia territorial para
la toma de decisiones a nivel de ciudad, contribuyendo, a su vez, a la democratización
y construcción de lo público.
En ese sentido, el enfoque territorial para la participación ciudadana, a través de la
implementación de sus metodologías, atenderá al reto de promover la generación de
un sistema orgánico con capacidad para dinamizar experiencias, conocimientos,
información, espacios y artefactos en función de contribuir al desarrollo de la
participación ciudadana y, por esta vía, contribuir a la política pública de
participación y al sistema municipal de participación para la ciudad de Medellín y
para otras ciudades a escala nacional y global.
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