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AyarBernardo

Ukhupi: Ch´aska Qoyachakuna


Introducción a la tercera edición:
Pumallalli:
El Puma Victorioso
El Willka Mayu o Río Sagrado hasta su ulterior maduración en el
Valle Sagrado de los Inkas, está ligado a los mitos fundacionales
de la Cultura Andina; es la ruta que parte del mítico Tiwanaku en
la peregrinación y el recorrido del Apu Illa Q'on Teqse Wiraqo-
cha Pacha Yachachiq, configurando pueblos y territorios,
recreando la vida, los hombres, animales y productos; pero sobre
todo construyendo una nueva visión civilizadora, cuyo punto
más alto se consolida con la llegada del Apu Inka Pachakuteq
Kusi Yupanki, arquitecto del Qosqo, P'isaq, Yucay, Ollanta,
Moray y Maras y Machupichu.

El cruento genocidio del Tawantisuyo, expresado en el martiro-


logio del Apu Inka Atawallpa en Cajamarca el año 1533 y el Apu
Inka Thupa Amaro en el Qosqo el año 1572, en manos de villanos
invasores de la espada y la cruz, fue el catalizador sentimental y
racional, para comprender que había un bien perdido y que la
recuperación de ella, era un asunto de honor y conciencia.

La Elegía Apu Inka Atawallpaman, de acuerdo a José María


Arguedas y los extraordinarios estudios y traducción de Odi Gon-
zales, señalan que probablemente sea el primer testimonio de la
tragedia y el grito de la incertidumbre quechua, sus versos con-
vocan también a la búsqueda del Inkari, como fundamento recu-
perador de la identidad y del bien perdido; este harawiku o dis-
curso de la resistencia brotó en el Valle Sagrado, semilla trasmiti-
da oral y sacramente entre todas las generaciones, en las reunio-
nes clandestinas y subversivas, entre padres e hijos, como parte
de la preparación emancipadora y rebelde, que asolaron los pue-
blos de Maras, Yucay, Pisaq, Calca, Quiquijana y otros pueblos,
como preámbulo a la Revolución de los Thupa Amaro de 1780.

De esta leche materna bebió el adolecente Bernardo, en la casa


materna de los Tambowaqso y en la preparatoria del Colegio San
Francisco de Borja, para los hijos de los caciques; el temple de los
intrépidos proviene de la mano paterna de los Pumallalli, familia
de los pumas vencedores y guerreros.

Era natural que dentro de los pueblos levantiscos, los conspira-


dores jugaran un activo rol de organización y liderazgo social y
militar; aprovechando su condición de letrados, utilizaron la
denuncia, la legalidad y las proclamas, para construir en medio
de la precariedad y la persecución del sistema de vigilancia y
delación encargada a los curas y frailes, la contracultura a la idea
dominante; la desobediencia frente al aumento de impuestos y el
abuso de las reparticiones, con que la colonia quería solventar la
guerra imperial que perdía en su metrópoli española; los comu-
neros sobre todo añoraban su libertad para el Allin Kausay basa-
do en el trabajo, conocimiento y solidaridad que representan el
llank'ay, yachay y el munay de sus padres del Tawantinsuyo.

Bernardo era el elegido y la figura en la columna de los andinos,


responsable de la asonada y cerco militar que revitalizaría la
Rebelión de los Plateros en 1780, en la que participaban destaca-
dos criollos, artesanos y comerciantes del Qosqo. Tomar la deci-
sión rebelde, en un escenario político y militar de alta represión,
era retar a la muerte y así respondieron los revolucionarios de
entonces, pagando con su vida en una muerte cruel y pérfida, su
derecho a reivindicar la justicia.

Hasta los timoratos y creyentes del “fin del mundo” asociado a


los tres números 7 finales del fatídico 1777, justificaron una forma
de milenarismo de entonces, para no sustraerse a todo el ciclo
expansivo de rebeliones, revueltas y revoluciones de distinta
magnitud, tonalidad y duración; no fue casual el resurgimiento
por esos años nuevamente del Taki Onqoy, como el canto coral
para el cambio de la enfermedad de la sociedad y el poder.

El escarnio con Bernardo capturado luego de traiciones, con jui-


cios amañados, fue siniestro y maldito para cualquier conciencia
humana; las autoridades civiles, militares y religiosas, quería fre-
nar y escarmentar el secreto rebelde que recorría en todos los pue-
blos, de unos Amarus e Inkas que aparecían en proclamas, aren-
gas, tertulias, en la cadena de sublevaciones, que se desarrollaron
en Quito, Tucumán, La Paz, Chiclayo, Lima y Cusco.

La pena de muerte del Cacique de Pisaq, acelera los preparativos


y acciones del levantamiento de Thupa Amaro II, esperar un tiem-
po significaba la derrota, en tanto que la dispersión de rebeliones
podía ser sofocada por el régimen colonial; el Valle Sagrado fue
uno de los frentes de guerra en marcha, asignado y bajo el mando
de Diego Cristóbal Thupa Amaro, quien debía bajar con sus tro-
pas desde Paucartambo, controlar el valle y cercar el Qosqo; sin
embargo la respuesta fue violenta y sangrienta; los caciques trai-
dores y colonialistas bañaron en sangre a sus pueblos, antes que
ellos participaran de la gesta libertaria.

El relato histórico de Bernardo, el mártir y elegido, esta recreado


en el marco social, político, militar, cultural, religioso de aquellos
tiempos; es la mirada y la voz originaria desde los Qosqo Runas,
escrito en el español, pero reflexionado orgánicamente desde el
quechua como idioma, identidad y filosofía; tampoco es un
drama de la derrota o el texto de los vencidos como señalan algu-
nos amigos y especialistas, en sus críticas a las primeras edicio-
nes; estas páginas recogen un eslabón en el tiempo y el territorio
de una batalla mayor, que es la emancipación de los peruanos,
como soñaba: el Cacique de Pisaq en su corta y enriquecedora
vida, los Thupa Amaro, Los Hermanos Angulo y tantos otros Ber-
nardos que entregaron su vida en Junín y Ayacucho.

Ahora que marchamos a las celebraciones del Bicentenario de la


Independencia el 2021, debemos comprender que la emancipa-
ción es un proceso complejo y rico, de victorias y derrotas de nues-
tros pueblos, diverso y plural en sus ideales y conductas, regada
y fructificada desde nuestra plurinacionalidad quechua y andi-
na, criolla y mulata; somos a todo orgullo, los peruleros de todos
los tiempos los que forjamos y conquistamos la libertad, en el
marco de la Emancipación Americana.

La Independencia no tiene fecha inicial o final, en rigor todavía


no somos independientes, para cumplir con dicho proceso se
necesita articular la participación de las nuevas circunstancias,
espacios y tiempos, diversos contingentes populares, mirando
que cumpliremos el deber en este nuevo siglo.

Cusco, Diciembre del 2018.