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LA COMPRENSIÓN DE LECTURA

Leer es una actividad presente en la vida diaria, sin embargo, no todas las lecturas

involucran una completa comprensión de las mismas. Ya sea que se lea por deber, por

ejemplo, para una tarea escolar; o sencillamente por gusto o interés personal, es necesario

entender claramente las ideas presentadas por el autor para que la lectura sea realmente

provechosa.

Es posible encontrar en gran cantidad de materiales, recomendaciones enfocadas en

desarrollar las habilidades necesarias para lograr una buena comprensión de lectura; no

obstante, generalmente las mismas se quedan ahí, no pasan de ser “recomendaciones”,

puesto que la lectura es una actividad compleja, una experiencia que varía de persona a

persona, en donde la adopción de determinados hábitos no garantiza una lectura eficiente, ni

la ausencia de ciertas condiciones conlleva necesariamente a fracasar en la comprensión.

El subrayado de ideas dentro del texto es una de las técnicas más recomendadas. Desde

luego, resulta útil resaltar las ideas importantes de un escrito para poder revisarlas

nuevamente al término de una lectura, de esta manera se tienen más presentes y resultará

más fácil recordarlas cuando sea necesario. Sin embargo, subrayar ideas no implica

forzosamente comprender un texto. Si se lee una novela histórica, por ejemplo, y se

desconoce el contexto en el que se desarrolla la historia, es posible omitir una gran cantidad

de detalles importantes, como el punto de vista del autor acerca de determinado

acontecimiento histórico; entre líneas podría estar emitiendo una crítica que seguramente

pasaría inadvertida, y que tal vez representaría el máximo atributo del libro.
Otra recomendación consiste en utilizar el diccionario para buscar las palabras cuyo

significado se desconoce. Por su puesto resulta muy benéfica dicha práctica, porque además

de incrementar el vocabulario, puede ayudar a comprender enteramente un texto. Pero, ¿qué

pasa si se trata de un poema, o si las ideas leídas son abstractas? Nuevamente, hacer uso

de esta herramienta no garantizaría una total comprensión del texto. Al leer un poema se

entiende que las ideas plasmadas no están escritas para interpretarse literalmente, pero

muchas veces este recurso se presenta en otras formas de literatura sin que se llegue

siquiera a sospechar, ante lo cual un enunciado puede carecer, aparentemente, de sentido o

relación con el tema abordado. Hasta aquí es visible la necesidad de la familiaridad con el

contexto, y la habilidad para interpretar analogías, metáforas y demás recursos literarios,

para desentrañar ciertos textos.

Ahora bien, las anteriores habilidades y otras tantas, permiten a un buen lector entender

verdaderamente cuanto leen, sin necesidad de encontrarse en un lugar iluminado, ventilado,

cómodo; o leer a una hora determinada y en una posición específica. Es muy común

observar a personas leyendo en el transporte público, en dónde regularmente el calor, el

ruido y los montones de personas conforman un ambiente poco agradable; incluso, hay quien

lo hace de pie. Son muchas las personas que no encuentran otra oportunidad en medio de

sus actividades cotidianas para poder leer; situación que aunque incómoda, no les impide

comprender su lectura. Desde luego, para algunos es más fácil llevar a cabo esta hazaña

que para otros, y es donde se manifiesta que la experiencia de la lectura no es igual para

todos.

Aunque, señalar estos detalles en la aplicación de los consejos para mejorar la comprensión

lectora, no les resta mérito. Son recomendaciones muy valiosas, pero se debe considerar
también que existen diferentes tipos de textos, algunos requerirán un mínimo de

conocimientos previos para poder entenderlos totalmente, mientras que otros nos remitirán a

otras lecturas, y algunos más, nos exigirán habilidad de abstracción.