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Mesa familiar

Sebastián Herrera Gajardo

COLECCIÓN POESÍA
A mi familia.
Era un día cualquiera. No había ocurrido nada especial.
Los padres ejercían su oficio de padres,
Los niños ejercían su misión de hijos.

Amélie Nothomb
alguien se olvidó de las cosas que se secan las aves
comenzaron el vuelo un movimiento hiere la niebla

me tiendo abro la boca ella se convierte en la


escenografía

antes de la huida de la gran guerra mi padre se marcha


y mi madre queda en la habitación

pienso aún no escribo

la silla se mueve aunque es solo el invierno

alguien ha vuelto de una guerra para construir este espacio


un trayecto que trace el cuerpo inquieto entre los muros

alguien ha vuelto el cielo sabe de un nombre cuando una


bandada cruza el retorno

la mesa la silla no hay lugar seguro

la insistencia del cielo en las aves que emigran su abrigo

ya sabes siempre estuvo mi padre bajo el corte

camino las edades de la mano desaparecen

en la habitación en la mesa solo platos

mis padres aprendieron a domesticar la luz

hay aves que se pierden frente al sol

la liana se ovilla un presagio para quien ensombrece un


muro y su inscripción

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jugué a tachar una historia hoy no diré tu nombre
jugaré en casa

el abrazo que buscó la voz no hubo voz

el rostro decidió dibujar el pecho esconder la infancia


bajo la mesa

mi hermano observa el atardecer como si buscara una


forma de extender lo que el párpado cubre luego dice un
nombre piensa en un cisne quebrado en el jardín una
reunión familiar cuando la confusión de la muerte se disipa

una voz retorna mientras se desprenden rastros entre


las uñas

mi hermana se sienta frente a una vasija colmada de maleza


se levanta luego de dibujar una marca similar a un ave que
observa su sombra sobre un matadero

una puerta se abre pero eso no es lo que importa

ciertas aves mueren bajo la mirada indiferente de la madre


aun así alguien decide

la escena tras el brazo de fondo el paso que no me


encuentra

alguien dice familia palabras

mi madre se hunde justo en el instante en que recojo un


amancay de mi garganta

la voz arranca a pedazos la piel una marca que dejaron


los objetos

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no hay más historia que la espalda y su curvatura

dejaré que hable para que desaparezcas

mi cuerpo se torna púrpura sobre el tronco de un naranjo

duermo con una idea y despierto escupiendo cardos sobre


el fregadero

como aunque no hay un aroma que preceda al hambre

cierran la reja y las palabras se desploman

¿una luz intermitente muestra o esconde?

quizás cuando el cuerpo se descompone un bosque de


cipreses crece sobre la tierra

hablo del peligro de olvidar todo aquello que ensombrece

un tronco envejecido bajo la piel mi padre desperdigado


en un aromo mi madre se deshilacha en la maleza

un cuarto se llena de claveles antes del amanecer

una llamada irrumpe el sueño la bilis que tiñe el cuerpo


bajo las sábanas

se establece el movimiento cuando los nombres forman


un paisaje

recoger la mesa limpiar los ceniceros lavar la loza y


ver cómo una idea se diluye en el desagüe

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el sonido que se arranca de la carne la sangre que
se coagula sobre el piso mi hermana duerme en su
habitación

mi madre ventrílocua de animales mis hermanos


crecieron en silencio

pienso en el amanecer cuando las luciérnagas iluminan la


humedad de lo que envejece

te escucho sobre el filo de las persianas que cortan un color

¿qué será de una sombra cuando se vuelve a la casa de los


padres?

mis abuelos se enteran de que su oficio ha sido trabajar con


la muerte la contradicción de no temer a la enmienda de
un lugar traspasado por el sol

las piedras despellejan sus propias sombras más adelante


tras una puerta un sillón se enfría

¿a qué sabe el boldo entre las manos de mi padre?

la madera demora en perder la forma el mismo tiempo que


los niños tardan en temerle a la lluvia

guardé una infancia en la rutina promesas que se pierden


cuando el labio muta la piel de un río

la ventana se empaña cuando llaman a la cena

nunca olvidaré el brillo del piso minutos antes de que mi


madre decidiera volver a encerar

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¿cuánto de lo que queda en las hojas se pierde en un rostro?

la saliva cálida en un día de verano el paladar seco y la


sensación de que la boca apesta

mastico hasta olvidar la mano de mi padre en mitad de


la calle

restos pequeños rituales para olvidar la nieve que jamás vi

mi sombra se pierde en el mismo instante que pienso en la


mirada de mis abuelos enfriarse en el té del velador

el sonido del cuchillo sobre el plato a la hora de almuerzo


un domingo la forma en que se abanica la puerta de una
habitación el movimiento sinuoso del aceite en la sopa
un montón de platos sin lavar las sombras que producen
las flores que se amontonan sobre el jardín el volumen
del cuerpo sobre la cama deshecha

¿y si todo esto no es más que una manera de retrasar los


acontecimientos?

alguien escupe sin gracia un fragmento de uña

mis padres se enfrentan a un cardumen que pierde la


carnada

la noche es larga para quien ronda la sospecha

quizás hay que decir del mismo modo en que se voltea el


rostro cuando piensas que alguien llama

un orden estrecho en el ocaso un hombre que piensa el


suicidio frente al fuego

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un niño observa cuando aún no sabe de las palabras

los objetos se reproducen bajo una capa de hielo un


rostro complaciente enfrenta una mano astillada

un montón de libros sobre un acuario la belleza antes


de rasgar la garganta

¿una taza de té sin té sigue siendo una taza de té?

tal vez quien pinta no busca un color sino una vocablo


difuso en el aire

solo es necesario un punto para saber cualquier cosa el


sabor de la ruda cuando se repliega en el hambre

afuera una voz erige la belleza de la arquitectura el follaje


de los árboles que se pierden cuando un ciruelo está a
punto de deshojar

el cielo es solo una mano que se acaricia dentro del bolsillo

tal vez el error esté en las cosas bellas una cuerda tensa
que sostiene el cuerpo que se ilumina de luciérnagas

¿la pobreza de una imagen o la imagen de la pobreza?

mi madre busca una manada de cristal sobre el comedor

mi hermana calla hasta que su rostro adquiere el


movimiento del vapor en la cena

¿y si es el cielo el que habita a las aves?

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un buzo en una fosa la pólvora en los dedos antes de
acariciar un rostro un montón de cuerpos que pierden
sus nombres cuando los objetos colman

hablo del tiempo que tarda una piedra en desplazarse en


una pecera

el piso nunca parece lo suficientemente limpio para abrir


la puerta a sus visitantes

después de un tiempo hay cierta opacidad en los platos

¿y si alguien detuviera a la primera persona que decidió


dormir durante la noche?

la mano tibia de mi madre que intenta alcanzarme

una habitación igual de honda que un jardín de coigües

¿cuántas horas son necesarias para que las manos sostengan


el peso exacto de un hogar?

el orden del color en un recuerdo que se oxida

quizás todo nombre sea una distancia cuando la boca


solo dice lo que llega tarde

después de un tiempo te das cuenta de que los números


son a lo sumo palabras

las manos siempre quedan sucias cuando se hunden en


la tierra

escribo sin saber lo que se pierde en la costumbre

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antes de la despedida mi padre dice algo incomprensible

un recuerdo una familia un ave difusa sobre el agua

mis ojos se humedecen después de largas horas expuestos


frente al televisor

las enredaderas conforman una arquitectura una imagen


que llega y al mismo tiempo comienza a desaparecer

limpio los muebles hasta que un rayo de luz se cuela por


la ventana

¿de qué hablamos cuando el espino ensombrece a una


bandada de choroyes?

imaginar un dolor al costado luego de inutilizar la mano


que no importa a quien apuntó ni menos qué horizonte
indicará

la sombra de mi cuerpo deja de proyectarse tras la idea


de una familia

¿cuánto tiempo dedicamos a deglutir las palabras frente


a la mesa?

aprendemos a comer pero jamás a tener hambre

decir una promesa así como un cuadro cubre una grieta

la idea de la huida un montón de lombrices sobre la cara


mi prima perdida en la acequia mi hermano que duerme
en el costado más frío del sueño la dedicación con que
se limpia una pantalla la imagen que ilumina una zona
olvidada del cuerpo

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¿cuál fue la voz que realmente cerré en el velador?

la geometría de las hojas un recuerdo que cae en silencio


sobre el suelo

el volumen de las sábanas sobre el tendedero el pasto


oscurece mientras mi madre duerme

hablo del sonido que se esparce en la mesa

una niña pregunta si puede llamar padre a los brazos que


la sostienen

se abre la puerta del mismo modo en que la sangre se


manifiesta cada vez que transita la garganta

palabras el ojo que fija el cuerpo de su ejecutor

la piel enrojecida de litre bajo una lámpara que ilumina


los objetos de un cajón

siempre se muere un poco dice alguien que resguarda


la noche en un sueño

¿cuál es la mitad del cielo?

¿una luciérnaga que ensombrece la habitación de quien


duerme?

¿la lluvia que advierte las costumbres?

pienso en una casa no hay casa

afuera siempre será más tibio que cualquier día

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si lo último que vi fue una espalda por qué es el rostro
el que vuelve

alguien piensa en las heridas que guarda el hábito un


cardumen de sargos sobre el gesto de mi madre antes
de la partida

una hoja cae una luciérnaga cruza el cielo amanece


en una imagen que pierde su cotidianidad

¿cuánto del paisaje hay en los nombres que se tiñen?

la mirada se posa en un recuerdo el aroma de un cuerpo


opaco a punto de ahogarse en el pantano la bombilla que
se cimbra bajo los pasos de una familia que retira los platos
de la mesa

hablo de la forma en que la luz se cuela e ilumina los


objetos cuando no estamos en casa

algunos hábitos mirar el movimiento de los mosquitos


enfriar la leche sobre el plato despegar las bolsas secas
de té de una taza ver a mi madre frente a las ligustrinas
oír las goteras durante la noche rasgar la saliva sobre la
almohada

¿dónde aprendí a tartamudear los recuerdos?

las olas se quiebran en un montón de gusanos que caen


del entretecho

un sueño interrumpido por el sonido de mi madre


limpiando el televisor

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la piel opaca dentro del maletín la luz que se cuela entre
las manos la boca no alcanza a salivar frente al matadero

quizás el calor de una silla espera que la comida se pudra


entre las muelas y la palabra casa

una bandada se pierde en el muro mientras la humedad


se acumula en las uñas

el paladar seco antes de que el sonido despierte a quien


observa la imagen tras una ventana que se proyecta desde
el televisor

mi madre dijo hogar     mi padre imagina una casa    mis


hermanos en sus habitaciones

en aquellos años los estantes guardaban la frialdad rota


sobre el rostro

la piel se raja del mismo modo en que una ciudad se


ilumina de neones

el sonido eléctrico de un queltehue el óxido que se


desprende de los metales

mi madre huele a hortensias cuando mi padre cierra la reja

la ropa sucia en la silla una nube que se disuelve en el


cielo un cuchillo comienza a extrañar

hablo de la frialdad con la que dos manos se entrelazan


en la rutina de la infancia

alguien da vuelta el rostro y no encuentra más que ropa


húmeda frente al eucaliptus que se quema en la estufa

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quizás una familia no sea más que un delgado rayo de luz
que ingresa entre las cortinas

la madera cruje mientras se enfría el té la puerta cerrada


tras quien desaparece

una voz rota de espalda a un crepúsculo de luciérnagas

pienso en todas aquellas cosas que se dividen una hoja


que cae del árbol el polvo entre los estantes los brazos
de mi padre sobre el mantel el sabor del cloro en las
manos de mi madre

una bandada de cuervos anidan bajo los párpados de mis


hermanos en la mesa

una imagen en el televisor mientras los insectos huyen ante


el más leve sonido

alguien dice casa palabras

un pichón se estrella en la baldosa la ruda se seca a


un costado de la reja un par de naranjas ruedan hasta
proyectar una forma el olor del cemento cuando se
parte una ventana se rompe en la habitación mi
madre recuerda aquella vez que desperté sin saber a quién
pertenecía mi mano

pienso en la palabra familia mientras observo los moldes


de mi cuerpo sobre el sillón

quizás solo espero que alguien diga que la humedad


del cuerpo es producto de la lluvia o de un centenar de
escupitajos lanzados en la adolescencia

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la infancia llena de objetos oblicuos sobre la sombra el té
que quema hasta amanecer frío en la porcelana

la lluvia se detiene del mismo modo en que busco alejarme


de la fotografía del velador

los nombres que se acumulan entre las muelas para no


sentir el aliento cálido en verano

la ventana quebró la lluvia y una idea se agota en el olor


de la carne

he aprendido entre las manos de un niño que juega en


la arena

la sombra tras la caligrafía que se repite sin desobedecer


la gramática

¿qué sé de aquello que envuelve el hambre?

el césped se torna amarillo cuando una puerta parece


inabarcable

¿qué tan curvo es un amanecer sobre un muro que se


descascara?

hablo de la temporada en que los peces abusan del marco


referencial del ojo

dos manos se amordazaban ante la inmensidad de la falta

la puerta cruje a la velocidad de lo que se demora en


despedir

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aún espero el día en que la lluvia oxide todas aquellas cosas
que dijeron que eran bellas

si alguien deja de caminar ¿se puede llamar a eso destino?

hace frío en invierno y no hay ninguna novedad al respecto

una hoja siempre dice hubo una vez

escucho mi nombre sobre un punto que no he sabido


cómo llamar

no es la luz sino la oscuridad que la anuncia

el brazo se mueve del mismo modo en que la arena rueda


entre los labios

un cuerpo reclama su nombre mientras la lluvia deforma


las huellas en el barro

las voces de una casa se pierden en el sonido agrietado de


un día de enero el pasto se decolora cuando enfrenta el
sol la piel pierde cierta candidez después de pasar meses
bajo una lámpara aun así una voz inanimada pregunta
¿qué dice un lápiz que rueda sobre el escritorio cuando
nadie ha abierto la puerta?

lo sé es fría la espera que guarda la lluvia sobre la pantalla


entonces ¿a quién corresponde decir lo que callo?

la lengua se seca al reproducir una ciudad una calle una


casa no importa

dije peces dije aves dije un paisaje lleno de árboles padre


dime entonces ¿dónde extravié los nombres?

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las cosas no se trizan no basta decir los colores que cubren
las vocales tampoco calma imaginar la nieve no es
suficiente la luz nada alcanza cuando la distancia se
interrumpe en un bullicio que nadie está dispuesto a
atender

esto no es un corazón es un plagio pequeño una familia el


color del césped sobre un ojo que dice negro cada vez que
se anuncian días secos

recuerda dice alguien no te fíes de las luciérnagas


suelen iluminar cualquier piel desprovista de carne

no son los cuerpos no es el viento es solo una mano


que quita el olor de un naranjo talado entre las rejas

madre ¿cuántas veces se tendrá que secar la ruda para no


volver a abrir la puerta?

durante la noche sobre la madera mi mano apaga la


llama y el sonido del gas inunda una habitación que me
sacas de la boca

las promesas revisten cierto color un sonido por la


ventana cuando el cielo dibuja la silueta habitual de las aves

de un tiempo a esta parte las palabras envejecieron

un círculo sobre la arena antes que el sol oscurezca la piel

el sonido de una cuchara que golpea las curvas de una taza

algo se pierde cuando una ola se recoge y la piel se eriza


bajo una lámpara en mitad de la noche

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la repetición del color sobre un pelícano que ennegrece el
mar antes de comenzar la masacre

son los modos una ola revienta sobre las rocas mientras
una habitación acumula polvo en las esquinas

más lejos mis padres un hogar iluminado tras la


rompiente

hablo del recorrido y de cómo la brisa castiga el cuerpo


enrojecido por el sol

visité el mar posando mi oído sobre una fotografía llenas


de caracoles

bajo la cama las algas se esparcen alrededor de una silla


oblicua frente a una mesa también oblicua

¿en qué momento lo que se desliza por la madera mancha


un paisaje de púrpura?

Alguien piensa no tengas hijos ten perros

el rostro pierde su curvatura una mano se distancia de


sus costados el cuerpo de los cangrejos rodeados de
mosquitos el sudor que transita frío durante la noche

¿cuánto de la pequeña mancha en la alfombra habrá en la


voz que narra esta historia?

pienso en el modo de erigir una espalda cuando callas

los peces se pierden en el pacífico con la misma facilidad


que el invierno se difumina sobre el cemento

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quizás siempre la palabra ave se desprende de un ocaso

un montón de rocas se deshacen en el agua mientras el


mar revienta en el instante que se ilumina la cena que se
olvidó retirar

palabras en el polvo que rodea los estantes

bajo el silencio las preguntas rondan la porcelana que se


trizó en el piso

alguien se queda dormido observando la puerta atrás los


colores y un muro que sostiene el sonido de los platos que
nadie ocupará

la mano divisa un punto entre los dedos la textura de la


piel en un bosque de algarrobos

el olor del eucaliptus luego de salir del mar

hablo del extravío de una imagen

¿qué se recuerda al humedecer los labios?

un árbol incrustado en el cemento la forma en que


acontece un momento cuando encuentras tu mirada al
interior de una habitación

no tengo hambre pero como según la costumbre que exige


el cuerpo

rituales limpiar una mesa regar un pitósporo


observar el mar

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son los modos con los que se desprende el servicio sobre la
mesa mientras el sonido inunda una habitación que inventa
un movimiento

¿es la piel sobre los dedos o los surcos de una mano quien
dice la palabra rostro?

el oleaje se avecina sobre una ventana y el polvo envejece


la vista

pienso en el camino mientras la arena carcome la piel de


las gaviotas que no alcanzaron a saciar el hambre

imaginar un curso sobre la calle antes de quedarse dormido


la forma en que se retira una ola y la distancia que observa
cualquier partida menos la tuya

el aroma de un recuerdo en la velocidad de los pelícanos


que caen en picada tras las olas

¿cuándo fue la última vez que despedacé una carta?

la madera que se contrae en invierno

el interior de una habitación que no alcanza en el marco de


una ventana

antes de que el cuerpo se recoja una boca oscurece

tras la tercera ola un par de luciérnagas escapan de un


costado de la palabra hogar

el púrpura se desprende hasta que dices una calle un


momento que la arena no alcanzó a secar

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la mirada del pez ante la carnada

un hombre dice colmado de algas y a punto de cruzar el


umbral de una puerta

el metal que se parte sobre el fuego una mesa que espera


en la orilla de la playa

son las marcas los peces que no se nombran cuando se


extraña el hambre

el olor del eucaliptus entre la madera la mirada que


parece inmensa cuando un ave se extravía en cualquier
nombre que se difumina en el horizonte

tras el mar alguien dice decoro cuando decido correr y la


idea de un sonido queda entre los dientes y el tímpano

la sal estría el cuerpo los nombres se han ido cuando se


recoge el mar

se deglute una idea así como la piel se agota junto a las


docas

un secreto se corroe mientras la arena se desprende de una


mano que se aprisiona

sobre la boca un paisaje un sonido que se agolpa cuando


el trino vuelve opaco el cuerpo

la carnicería de las aves que desgarran la posibilidad de un


corte sobre el aire

un cuerpo se sumerge y bajo el agua la marcha es solo el


retorno de quien carga imágenes

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la profundidad de la madera crece a medianoche el
oleaje astilla las manos mientras el papel se desprende de
los muros

llamo distancia a todo lo que captura el lente un cuerpo


que bracea entre la madera

alguien dijo ante el alba mientras una delgada capa de


costras se formó bajo el párpado y el pacífico

cavar el nombre bajo los nombres bracear el agua entre


las aguas

¿de qué frío se guardarán los cuerpos de una imagen?

las manos húmedas sostienen la silueta de una madre


mientras la resina se vela borrosa en la superficie del labio

palabras sin luz sobre el químico una sombra envuelve


el océano en el que nadie se baña

la espalda detrás de la boca más lejos entre el líquido


que recorre las vértebras mis padres retratan el último
paisaje marino

alguien humedece sus labios y un montón de aves se


deslizan sobre las aguas

una imagen que espera la luz una cruz en los labios para
que la piel no se agriete entre los dientes

no bastan las nubes el viento debe ir hacia el norte

un niño imagina mientras las gaviotas buscan extraviadas


su presa

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el nácar que sostiene el oleaje y el cuerpo húmedo cubierto
de arena

el presagio del eucalipto sobre el fuego

el agua que humedece un cristal salobre frente a los labios

la idea entre las grietas de un hueso enquistado sobre


un retrato

sobre la cerámica un botón de camelia se abre

a kilómetros de distancia un barco encalla cuando en el


jardín la fotografía ha terminado

los árboles persisten en el olor del puerto

¿el sonido del tren o la mano que escapa de las piedras?

no hay nombres solo un montón de pelícanos desgarrando


la piel de los peces sobre el comedor

las aureolas que se esparcen conforme la arena se


desprende del cuerpo

una toalla se olvida entre las dunas una piedra que rueda
sobre la calle las sábanas se recogen tibias en la mañana y
se levantan frías en la noche

hablo del oleaje del párpado cuando la lámpara se apaga y


la chaqueta de mi padre cuelga en el perchero

el ladrido de los perros deshoja la frondosidad de cualquier


ciprés

Mesa familiar 31
quizás es cierto y es otro el calor cuando el sol deslumbra
las aguas y las gaviotas huyen al tendido eléctrico

ahí la mano se empuña donde falta un nombre y un hilo


de cobalto pende de los labios

se despliega la hoja un par de niños se pierden tras


un riel

después de la guerra el desuso abandonarse

forjar un cielo la escena en el piso bajo el paladar

alguien dice una vuelta para no cambiar la amplitud de


un regreso

el cuerpo en el estante los nombres que no encuentran


su lugar

sé de las aves que escudriñan el bolsillo

sobre la mesa la boca llena ser víctima de la gran


depuración

se podría abrir la puerta y encontrar la voz un recuerdo


en los cristales el ojo envuelto sobre la piel que lleva a
cuestas el interior de la casa

la disposición del cuerpo la mano dibuja el paladeo de la


piel el curso y sus cenizas

disolver el rojo para no decir los restos sobre la ropa

quizás el ojo será quien crea llenar el vacío antes de


agotarse en la imagen y sus momentos

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abrir la puerta y sentir el recorrido de una casa la
habitación bajo la piel entre la luz que traspasa la
radiografía

callo la ciudad en la que me convertí

el sudor frente al espejo la sangre que vela el movimiento


de la saliva

pienso en el olor de un limonero cuando te encuentro


derramado en la hierba

quizás siempre fuiste escritura un coágulo de sangre que


cae en la noche y su tránsito

una mirada se apaga en la frondosidad de los árboles

no hay sonido cuando la mano recobra el color de la partida

el rostro en la costumbre del umbral una calle habitada


por el grito una marca sobre los objetos y las palabras
que albergan

solo supe tener una idea sobre la mesa masticar el


alimento sonreír y evidenciar restos

después de la demolición los corredores pasillos la


mesa familiar

estrellar el labio en el horizonte un secreto en el eriazo

me sentaré en la mesa cuando la boca deje ver a las aves


descender en la traición de las rocas

desde el precipicio siento el arraigo

Mesa familiar 33
ha concluido la guerra he vuelto tras el viaje una
extremidad aferrada al labio

diré muertos para eludir la incógnita

alguien ha vuelto aunque esto suponga el extravío

no es necesario el gesto cuando el muchacho camina hacia


la casa

una batalla en el césped mi madre enfrenta el riego


mientras se humedece un nido sobre el naranjo

no hay aves otro silencio que supone el regreso una


casa rodeada de agua una ciudad que flamea en el
tendedero entonces ¿qué será de mi padre?

sabes de una casa por el recuerdo del eco que se cuela entre
los estantes que nunca existieron

leo no sé leer escribo no sé escribir solo sé de estas


manos que me piden cansadas que ya muera

no vivo en esta ciudad quizás la escribo al construir algo


similar a una arquitectura

el hábitat y su vacío un relato que se pierde después de


rondar el fuego y convocar la llama en su ceniza

una carta permanecerá en el cuaderno

la biblioteca siempre estuvo vacía espectáculo en la bruma

coronar la frente con la mordaza que suspende el labio de


la calle

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quizás no hay más descuido que el hallazgo de una
estructura y los estantes que ensombrecen el costado de
cualquier rostro

cruje el hambre en la mano cuando diez horas hacen rutina


en el párpado

el plato sobre el fregadero la cuna en el último vagón la


historia de mi padre en esa distancia

a pesar del estricto silencio nunca se abandonaron las


palabras

una noche sobre un coágulo un aviso para que los


cangrejos saliven la infancia

las manos de mis padres sobre la ventana de un automóvil


que espera mi impacto

mi padre anida entre los edificios mi madre se deshoja


en el cemento alguien preparó el hambre porque las cosas
groseras les pasan a los seres delicados

me llevo la comida a la boca una historia que no importa


más que los espacios que habita

la voz en su madeja para que llegue el hambre y lama un


movimiento

alguien se marcha y una hoja prolonga lo que observo un


ritual en la cocina

sobre el cielo el verde es solo un color un modo de


ordenar lo que jamás fue nuestro

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una casa inmensa para que alguien nombre los objetos
hasta la repetición de la forma

entre el cajón y la mano un tenedor un plato las


tablas que crujen en los estantes

¿a quién llamamos cuando el labio hace contacto con


la taza?

tal vez los objetos regresan pero qué traen

la silla sigue en el mismo lugar

entre la ventana y el sillón una taza tras ella todas


las palabras

quizás una taza es la posibilidad de su vacío los nombres


que se olvidan a la hora del té

no quedan más que envíos una carta sobre la mesa para


que nunca se enteren de nada

la tregua en la distancia un hecho eso decir eso sin


saber qué

decir hogar frente a una ventana mientras la silla estará


en el mismo rincón expectante a mi llegada

hace frío pero esperaré el tercer ciclo sobre las ramas para
que el cemento cubra los gritos bajo el puente

no fui un color hasta que reconocí la mirada dentro de


la boca

dije verde una casa al interior de la grieta

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quizás debería enviar una carta observar y empañar
el vidrio

la mesa a la hora de almuerzo de un domingo la posición


del brazo antes de que llegue el momento las arrugas de
mis padres la distancia entre lo que diré y sus respuestas

la ventana está abierta escribo aunque esto sea solo


un decir

el sonido de los platos el hambre que arrecia a sus


visitantes

no estoy lo suficientemente sucio alguien se encargó de


lavar la ropa

un soplo a oídas para escapar de la guerra

trina la lejanía la promesa y su silencio

levantar la vista y encontrar la sombra de un cadáver

pienso en la arena y cavo una fosa

tal vez las palabras se encontraron con la prontitud de


quien viaja sin hablar

un ave muerta sobre el suelo un naranjo y un limonero


talados hasta la huida

no supiste de mi infancia mientras las calles buscaron lo


que se les arrebató sin aviso

el cariño fue una forma de enfrentar la memoria y su


enfermedad

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un nombre para encontrar el inicio un primer paso para
olvidar la lejanía descifrar las huellas para volver a decir
un cuerpo y su voz

alguien viaja cuando el tiempo es un largo pozo sobre los


ojos y la marcha no implica el regreso del movimiento
sobre una casa

quizás todo curso no sea más que un labio que intenta


vocalizar la pérdida de un paisaje que se observa desde una
silla heredada

se viaja siempre de traficante escondiendo las palabras y


la sospecha tras ellas

encontré el silencio entre los primeros gestos un


movimiento que designe la distancia entre la forma y
la tierra

un árbol perdió su nombre para convertirse en un aroma


y un color

escribo sin probar bocado otra forma de decir que hoy me


he reconciliado con la noche

el azul trina en la profundidad un sonido para


acostumbrase al encuentro del objeto inmóvil

de espalda a las olas confrontando el viento no importa


alguien no sobrevivirá

atrás las palabras al frente el pensamiento aquí todas


las imágenes

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hurgo en los momentos hasta hallar la palabra rostro no
hay rostro

hablo del curso de los disparos para caer rendido ante


un naranjo

frente a la ventana una voz olvida de qué se cubre y esconde

alguien pinta un velo y el labio se descascara

¿de qué guerra huirá el rostro?

la mirada escribe su devenir una lectura destruye sin el


estrépito de la destrucción

a partir de cierta edad hacemos como que no nos importan las


cosas que más deseamos

una forma de decir que quizás existimos porque siempre nos


esperamos

alguien dice tienes que ver una película tanto como ella te ve a ti

el registro la historia del cuerpo roto

¿sabes? ayer estaba tratando de terminar un autorretrato la


oreja no me salía bien entonces me la corté y la tiré

nadie sabe lo que filmas

¿si cerrar los ojos fuera un corte un segundo en negro


un momento que la cámara no registró?

cada movimiento cada gesto lo guardo para luego decir


es suficiente

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¿qué fue lo que la cámara no pudo registrar?

trabajo me esclavizo me conduzco como si fuera una locomotora

registraré porque quizás no exista más que un brazo


desplegándose sobre la noche y una mano que olvidó decir
el curso de su piel sobre los metales

¿dónde se compra un huerto entero de durazneros en flor?

aquí ahora la memoria

mis ojos se formaron en la batalla

hablo del curso de los disparos para caer rendidos ante


un naranjo

algunos dicen que la vida es dura son solo palabras

decir una distancia un alfiler sobre la ropa

¿en qué momento envejecimos?

escucha soy un hombre un hombre no es como un niño


pequeño y me resulta difícil dormir solo lo entiendes ¿no?

como y los restos se estrellan sobre el piso el


desplazamiento entre la mano y su huida

mis ojos leen siempre lo que ven partir

palabras la mano se agita entre las ramas

empañé el vidrio cuando pensé en tus ojos en el sueño


otra forma quizás de dibujar la lejanía

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los árboles se agitan ¿de qué recuerdos se protegen?

pienso en la ejecución o en el simple recogimiento

es verde un color siempre será igual

hace frío y alguien se pregunta ¿qué caminos se impregnan


en la piel?

dos personas desaparecieron en la habitación y una casa se


incendia mientras pienso en el discurso del viento

quizás no se debe esperar el concilio con la razón y habrá


que arrojarse a la satisfacción de esa primera imagen

como aunque no tengo hambre

comenzar la gran depuración

palabra y plagio en esta carta

los muebles al interior de una habitación se desplazan y las


tablas crujen en el movimiento vacío del cuerpo

alguien escribe sobre un pequeño papel que guarda en su


bolsillo mientras piensa en la inevitable quietud de
los muebles

los nombres rotos bajo una ventana abierta

todo cruje antes del inicio del duelo

frente a la ventana alguien se pregunta si ante su llegada


una casa será siempre inconmensurable

Mesa familiar 41
una carta una silla sobre la esquina el rostro que
avecina su pendiente

agotar la mirada sobre el cielo seducir la humedad hasta


su dureza

la boca agria que arruga el contorno del rostro un ojo


que se desliza en la posibilidad acuosa del movimiento la
distancia en la piel que se muda hasta morder su horizonte
un nombre que pierde su enunciación el olvido da paso
a las generalidades al mártir

si callara no habría cuerpo y aun así los nombres entre


las transparencias

el encuentro solo evidencia lo que aún se espera

un hombre descascara la madera y sabe que todo


será extravío

la habitación espera que la puerta nuevamente se cierre


una forma de mover el cuerpo para no enfermar

un búho dice que los muertos lloran porque no quieren morir

¿cuándo la voz se convierte en un pensamiento?

el labio que ya no pertenece a quien viaja

se diluye una imagen que jamás pensé que se iría

una mariposa agita sus alas sobre la córnea de un niño que


intenta ahuyentarla con la mano extirpada

zurcir la carne tendido bajo una lámpara que estalla

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de todos modos qué guardan los estantes

mi padre se sienta al centro del sillón frente al jardín


mi madre golpea los cojines para quitar la costumbre
del cuerpo

atardece aún nadie llega a casa una idea en el ocaso

en los cristales claroscuros marcas refugios

la lámpara resalta la falta de luz

alguien busca luciérnagas entre las grietas del paladar

una costra pende del cuerpo cuando el ruido del


rostro palidece

a pocas cuadras del matadero el vientre de un animal


es abierto antes de la cena

quizás solo sea costumbre un paisaje en el revés del


amanecer

un cuerpo es lo que lo viste una descripción apócrifa o


la simple parodia que hay entre los cuerpos cuando no se
confrontan

un cerdo ajusticiado en el entrecejo un recuerdo en


blanco y negro

la cavidad resplandece para quien cierra los ojos bajo las


sábanas

la boca que empaña un acuario donde los peces practican


la coreografía del hambre

Mesa familiar 43
quizás la oscuridad no es ausencia de luz sino su exceso

un coral en las profundidades de la pecera la nostalgia


de un buzo a punto de desconocer el nombre de un pez al
fondo del mar

tu rostro tras la pecera se asemeja a una catedral en un día


de otoño

pienso en el canto metálico de un brazo ortopédico el


sonido de las aves descuartizando un pez

¿qué tiende mi madre en el patio?

alguien observa los peces mientras escucha la voz de un


niño que dice cualquiera de los rostros que me convocan
podrían ser mi padre

luego de la lluvia una familia desaparece

¿cómo imaginar que el cuerpo se tornaría palabras?

se necesita cualquier excusa para dar sentido al regreso

¿qué es un territorio sino la suma de todas nuestras


vestimentas? una forma de decir aquí cargaré las
palabras la tela que jamás usé solo me utilizó para
luego decir aquí un cuerpo habitado en su intimidad

quizás una mano suspendida sobre una maleta sea una


forma de representar lo que no se alcanza

supongo que nada de lo que he dicho es verdaderamente


lo que debería decir pero ese es el juego lo que no he
escrito escrito está aquí su huella su salvación

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ahora escribo que es una forma de decir que comenzamos
a extrañar los objetos

quizás deje de observar las nubes para comenzar a ver el


verdadero color de la hierba

alguien piensa mañana saldré de casa

he vuelto nada traigo

si llamas cuánto de mí irá en tu búsqueda

Mesa familiar 45
Agradezco a todos los que fueron parte de este proceso:
Julieta Marchant, Nicolás Labarca, Nadia Prado, Luz M.
Astudillo, Mariela Malhue, Fernando Guzzoni, Rodrigo
Camiruaga y Angelina Dotes.