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Historia social Argentina y Latinoamericana – Ficha de Cátedra

EL RADICALISMO ARGENTINO David Rock - Capítulos 1 a 3.

1. Elementos componentes de la Sociedad Argentina, 1890-1914.


La elite:
La economía argentina estaba modelada según los modelos de libre cambio y de la especialización internacional. El auge de las exportaciones
que produjo el aumento del valor de la tierra y de su renta tuvo como consecuencia la consolidación de la estructura latifundista y el surgimiento
de una elite poderosa. La elite terrateniente surgió como consecuencia de las actividades mercantiles de Buenos Aires. A medida que aumentaba
el comercio exterior, la riqueza de aquel fue canalizada a través de la acumulación de tierras. Las mejores tierras se hallaban ubicadas en el litoral
marítimo de la zona pampeana, tierras más aptas y productivas y medios de comunicación más baratos. En el periodo primario exportador la elite
terrateniente te dedico políticamente a sacar provecho de esta ventaja y conservarla. El origen del liderazgo debe buscarse en el
aprovechamiento de las favorables condiciones externas. A partir de 1880 surgió un sistema relativamente estable: los sectores más poderosos
lograron controlar el aparato estatal y lo emplearon para crear sistemas crediticios, impositivos y monetarios favorables a sus intereses.

PERIODO DE LA OLIGARQUIA: 1880-1912: concentración del poder económico político.


La multiplicidad de actividades, hacía de la elite tanto una entidad urbana como un grupo de interés rural.

El capital extranjero: Inversiones en tres formas: inversiones en ferrocarriles, servicios públicos, en bancos compañas inmobiliarias y obras
portuarias. Las inversiones y la propiedad dieron prominencia a Gran Bretaña. El grupo de presión constituido por los ingleses era junto con los
ganaderos el más fuerte del país.

La industria y la distribución de la población:


Las unidades productivas eran las ligadas al sector exportador: los frigoríficos. Técnicas primitivas, formas de producción intensivas en mano de
obra, establecimientos organizados en pequeña escala. La primacía de la exportación se reflejaba en la distribución de la población,
concentración en la zona pampeana. Dentro de la población rural, por un lado la regiones pampeana (sistema de propiedades arrendadas a
inmigrantes) y en el interior (grandes plantaciones, economías de subsistencia).

La sociedad urbana de Buenos Aires:


El crecimiento fue resultado de su posición como puerto principal para el comercio mundial y como principal cabeza ferroviaria. Era un centro de
comercio, centro para el capital financiero, la banca y el comercio. Se radicaban allí las industrias.

La inmigración:
Puede considerarse el año de 1889 como el punto máximo de la inmigración en la Argentina. El origen debe buscarse en la demanda de mano de
obra para las cosechas y los arrendamientos rurales. Muchos lograron movilidad social y otros quedaron en las filas de la clase obrera. Esta
inmigración fue alentada por el Estado en apoyo de la elite. La mayoría de la población europea trabajaba en estancias como arrendatarios. Los
inmigrantes se enfrentaban a dos situaciones:
 Por un lado el deseo de la elite de atare inmigrantes pero impidiendo que los salarios alcancen su nivel real.
 Por otro lado los inmigrantes estaban sometidos al fuerte influjo de la sociedad urbana: más oportunidades de movilidad social y de
habilidades y propiedades.

Estas características determinaron una fuerte concentración urbana y la saturación del mercado de trabajo. La elite no estaba interesada en
apoyar las aspiraciones económicas de los inmigrantes, no controlaba la distribución del empleo en las ciudades. Dado que no existía un nexo
ocupacional entre la elite y los inmigrantes el sistema político se inclinó a la represión, la restricción y la oligarquía. Estas condiciones sumergían a
los inmigrantes en la incertidumbre y como consecuencia no se naturalizaban. En definitiva, dichas condiciones que conspiraban contra la
radicación se materializaba en la imposibilidad de adquirir tierras, la inestabilidad ocupacional y la vida nómada. La clase dirigente no podía hacer
de los inmigrantes, el instrumento de control político para el apoyo del orden, por eso no alentaba la naturalización. La relación entre la elite y los
inmigrantes fue el rasgo más conflictivo de la sociedad argentina: lucha de clases: cuanto más bajo era el nivel social mayor era la cantidad de
inmigrantes que en el había.

La clase media urbana:


Lentamente se fue conformando una incipiente clase media, enraizada en sectores del comercio internacional y de servicios, es decir funcionales
al modelo agroexportador, trabajando en el puerto, en la construcción de vías ferroviarias, o en los servicios ligados al modelo. Esta clase media
apoyaba el modelo agro exportador y el libre cambio. En el aspecto interno la elite demandaba servicios administrativos y jurídicos, o que se
convirtió en el factor de influencia en la formación de la clase media urbana. Su relación clientelista con las clases dominantes les permitía gozar
de un nivel de ingresos razonables. Sin embargo, este nuevo sector social, aunque poseía un instintivo espíritu de iniciativa empresarial, era
dependiente y clientelista. Sus aspiraciones de movilidad social no estaban en oposición a la clase dirigente, estaban regidas por el acceso a
carreras profesionales. Cuando ésta clase comenzó a exigir, directa o indirectamente, una mayor participación política, se originaron los primeros
conflictos. Pero su aspiración primera era hacer carrera dentro de la administración pública: la ruta más directa hacía el prestigio, la riqueza y la
influencia. De ésta manera el Estado controlaba todos los canales de movilidad social de la clase media. La elite lo controlaba mediante la
decisión del gasto público y la fijación de la matrícula universitaria.

2. La oligarquía y la reforma institucional, 1880-1916.


Analizar los sucesos de 1912 es significativo como reflejo de la capacidad de la elite para adaptar la estructura política del país a nuevas
condiciones y para hacer lugar a nuevos grupos. La ampliación de los mecanismos de participación política surge, más que como una demanda
de las clases populares, como una respuesta a sectores conservadores marginados de los espacios de poder.

La oligarquía
La elite adopto un sistema de represión disfrazada, con controles que reducían al mínimo la influencia política de otros grupos. El sistema político
giraba en torno al fraude organizado, el cual permitía mantener el mito de las libertades constitucionales, pero se lo privaba de todo contenido
práctico. También existía la práctica de crear lealtades políticas mediante recompensas personales. El principal mecanismo era la distribución de
cargos dentro del Estado. Este sistema de patronazgo oficial y distribución de cargos públicos, mantuvo cooptada a gran parte de la clase media,
obturando su acceso al poder político.
Las inversiones extranjeras eran un mecanismo económico para fortalecer alianzas. Estas inversiones se distribuían para el crédito y para
favorecer a determinadas zonas con la llegada del ferrocarril. Durante la década del `80 se produce la expansión uniforme dela oligarquía. A partir
de la presidencia de Julio A. Roca se termina de consolidar un Estado realmente unificado y un claro monopolio del poder y la autoridad. Desde
entonces, la autoridad presidencial deja de ser cuestionada. Realmente el sistema funcionó porque la expansión económica permitió ampliar la
base del PAN. Cuando el Partido Autonomista consigue el apoyo de las oligarquías provinciales, se transforma en una fuerza nacional, y así el
sustento del poder político estuvo asegurado.

El desafío de la oligarquía
Hasta 1900 la elite conservadora terrateniente era el único sector verdaderamente politizado, pero luego resulto socavado por la politización de
los sectores urbanos, la clase media nativa y los obreros inmigrantes. La presión de la clase media provenía de un nuevo partido: la Unión Cívica
Radical. Este sector, que agrupaba a una creciente proporción de clase media nativa, estaba controlado y manejado por un remanente de la
fracción que se había rebelado ante Juárez Celman en 1890.
Es decir que la U.C.R. nació como un segmento de la propia elite, que no podía acceder a instancias de poder ni había logrado ser cooptado por
la oligarquía. La fuerza del radicalismo provenía del apoyo de los grupos de clase media y planteaba un peligro para el régimen conservador: la
cierta posibilidad de desplazar a la oligarquía e instaurar una democracia popular. El radicalismo puede considerarse entonces, el primero de los
partidos de masas de la Argentina. Como resultado de la inmigración y la llegada de nuevas ideologías, pronto otra fuerte oposición al régimen se
concretó en el anarquismo que rápidamente sedujo a la clase obrera. Frente a esta realidad compleja, la elite se escindió: por un lado el ex
presidente Roca que seguía apoyando el régimen y aconsejaba reprimir toda oposición al mismo. Por otro lado Figueroa Alcorta que proyectaba
un gobierno representativo, más abierto y transparente.

La ley Sáenz Peña


Sáenz Peña creía firmemente que había que democratizar las instituciones, sobre todo porque era una forma de desarticular la creciente
oposición que generaba el radicalismo con sus mecanismos de resistencia: la revolución y el llamado a la abstención. Sáenz Peña planeaba
organizar un partido conservador popular mayoritario, legitimando su control y eliminado el descontento social. Es así que propone leyes que
promuevan esto: la preparación de un nuevo padrón electoral, la introducción del voto secreto y la instauración de un nuevo sistema de sufragio.
Se trataba de inculcar una tradición de participación democrática e instruir a la ciudadanía, creando una opinión publica culta y moderada. Se
buscaba la promoción de partidos políticos modernos, capaces de vincular los intereses de diversos grupos. Una mayor representación y
participación, aumento del porcentaje de votantes, formación de partidos políticos que reflejan tendencias concretas: finalidades para
institucionalizar la participación política y en establecer la urna como árbitro principal del cambio político.
Se buscó la incorporación de minorías al régimen parlamentario mediante el sistema lista incompleta, aunque solo se concedía el sufragio a los
nativos. El objetivo era permitir un desarrollo limitado del Partido Socialista, como válvula de escape a los reclamos obreros, reduciendo así el
poder de los anarquistas, reacios a la participación institucional, pero sin estar dispuestos a renunciar al control obrero. Sin embargo la ley apenas
modificó el sistema. Se incorporaron propietarios nativos de clase media y algunos trabajadores, pero no se modificó la situación de los
inmigrantes.
Secuelas de la reforma:
La principal modificación institucional fue que radicales y socialistas comenzaron a participar en las elecciones. Y pese a los esfuerzos del
régimen, no se materializo el partido conservador popular, el anhelo de la elite dominante. Asi fue que entre 1912 y 1916 la actitud hostil y
combativa del radicalismo se fue modificando y también la visión que tenía de ellos la clase dirigente: ya no se los veía como una fuerza
insurreccional y disruptiva, sino que empezó a considerarse como una fuerza útil para unirse nuevamente a los grupos de clase media. La elite se
dio cuenta que muchos radicales eran terratenientes y estaban comprometidos en la defensa de los mismos intereses y su base social le permitía
cerrar el paso a las masas obreras inmigrantes. La ley Sáenz peña no había hecho nada por afectar la distribución económica. Los
conservadores seguían manteniendo una actitud explotadora y represiva frente a la clase obrera.

3. El ascenso del radicalismo, 1891 -1916

Cuando la Unión Cívica Radical presiono a la élite conservadora para que promulgase las medidas de reforma (1912) y obtuvo la presidencia de la
Nación en 1916, una nueva era se inició en la Argentina. El radicalismo fue la primera fuerza política nacional importante en la Argentina, y uno de
los primeros movimientos populistas latinoamericanos. Tuvo sus orígenes, en la década de 1890, en una minoría escindida de la élite; sólo después
de iniciado el nuevo siglo desarrolló sus rasgos populistas, al convertirse en un movimiento de coalición entre el sector de la élite e importantes
sectores de las clases medias. Se pueden considerar cuatro etapas fundamentales en la evolución del partido: 1891-1896 / 1896 -1905 / 1905 –
1912/ 1912 – 1916.

Los orígenes del radicalismo (1890-1896)


Los orígenes del partido se encuentran en la depresión económica y la oposición política a Juárez Celman del año 1890. Hasta 1896 el partido fue
conducido por Leandro N. Alem; este período coincidió con una sucesión de tentativas de rebelión para derrocar al gobierno. El resentimiento que
alentaban contra Juárez Celman, distintas facciones de la provincia de Buenos Aires se debe a su exclusión de los cargos públicos y del acceso al
patronazgo estatal. Este denominador común de estar excluidos de los beneficios del poder a pesar de contar con antecedentes patricios, es
evidente en muchos de los manifiestos de la Unión Cívica.
El núcleo principal de la coalición estaba integrado por jóvenes universitarios, hijos de familias patricias, cuya carrera política y de gobierno había
sido puesta en peligro por la pertinaz resistencia de los dirigentes tradicionales en participarlos en la vida política activa. Un segundo grupo estaba
formado por facciones dirigidas por diferentes caudillos que controlaban la vida política en la Capital Federal y en gran parte de Buenos Aires. Eran
"políticos en disponibilidad" unidos por el rasgo común de no tener cargos oficiales. Entre ellos dos subgrupos: uno, el de Bartolomé Mitre,
representaba a los principales exportadores y comerciantes de la ciudad de Bs.As.; el otro de Alem, apoyado por hacendados. En tercer lugar
había algunos grupos clericales enfrentados con Juárez Celman Los adherentes entre los sectores populares eran pequeños comerciantes y
dueños de talleres artesanales. Todos el movimiento era controlado por elementos patricios, a quienes los católicos y los grupos de clase media les
estaban subordinados.
Lo novedoso de la Unión Cívica radicaba en su tentativa de movilizar en su favor a la población urbana. De todas formas el apoyo popular con que
contaban era en extremo incierto y no logró establecer una base institucional. La revuelta de julio de 1890 fracasó, y la solución vino por vía de un
simple ajuste de la distribución del poder dentro de la edite. Pellegrini, dio cargos públicos en busca de una buena relación con los opositores y
Mitre fue uno de los beneficiados. Alem y sus partidarios se vieron excluidos del plan de Pellegrini y por consiguiente forzados a continuar su
búsqueda de sustento popular y de una base de masas. Alem se retiró de la Unión Cívica y se proclamó defensor de la democracia "radical": nacía
así la Unión Cívica Radical.

1896-1905
Durante todo el período que se extendió entre la muerte de Alem y 1905, el radicalismo perdió posiciones. Hasta 1900, los sucesos más destacados
fueron, en primer lugar, el surgimiento de Yrigoyen como sucesor de Alem y, en segundo lugar, el hecho de que el eje central del partido volviera a
situarse en la provincia de Buenos Aires. Yrigoyen comenzó, alrededor de 1903, a planear otra revuelta. Se concretó en febrero de 1905, y puso de
manifiesto que si bien habían conseguido cierto apoyo militar, los altos mandos del ejército seguían adhiriendo al gobierno conservador. Dicho
fracaso sirvió para recordarle a la oligarquía que el radicalismo no estaba muerto: todos los gobiernos que se sucedieron se vieron asaltados
constantemente por el temor de que los radicales los derrocaran. También permitió que el radicalismo se diera a conocer a una nueva generación.

Desarrollo de la organización y la ideología partidaria (1905-1912)


Entre el golpe abortado de 1905 y la Ley Sáenz Peña de 1912 los radicales avanzaron a grandes pasos en el reclutamiento del favor popular. Sus
organizaciones comenzaron a expandirse, se constituyó un conjunto de dirigentes locales intermedios, se afiliaron entre 1906 y 1912 los futuros
líderes provenientes de la clase media. Los actos públicos y manifestaciones del partido empezaron a contar con buena concurrencia. Hacia 1908
las organizaciones fueron "comités". Organizados antes en organizaciones clandestinas, se convirtieron lentamente en organismos de conducción
en la tarea de la movilización popular. El crecimiento del radicalismo de comienzos del siglo XIX estuvo estrechamente ligado al proceso de
estratificación social que concentró los grupos dirigentes de alta jerarquía en las clases medias urbanas dedicadas a las actividades terciarias.
Yrigoyen se dirigió a los argentinos hijos de inmigrantes, empleados en su mayoría en el sector terciario. El contenido efectivo de la doctrina y la ideología
radicales era muy limitado: no pasaba de ser un ataque eléctrico y moralista a la oligarquía, al cual se le añadía la demanda de que se instaurase un gobierno
representativo. Uno de los rasgos más destacados del radicalismo a partir de esta época, fue tratar de evitar todo programa político explícito. El
partido constituía por entonces una coalición, no se ataron a determinados intereses sectoriales. El objetivo era poner de relieve el carácter
coaligante y agregativo del partido. Los radicales no apuntaban a introducir cambios en la economía del país: su objetivo era, más bien, fortalecer la
estructura primario-exportadora promoviendo un espíritu de cooperación entre la élite y los sectores urbanos.

Hipólito Yrigoyen:
La gran novedad fue el surgimiento de Hipólito Yrigoyen como líder de un partido que había adquirido hacia 1912 su carácter populista. Yrigoyen
era un representante bastante típico de los primeros radicales, que aspiraban a crear una coalición popular para restaurar su suerte política.
Yrigoyen se hizo fama de figura misteriosa, salvo una vez, nunca pronunció un discurso. Pero por otro lado, hacía todo lo posible para auto
conferirse un aire de superioridad. Su estilo político consistía en el contacto personal y la negociación cara a cara. Esto le permitió crear una cadena
muy eficaz de lealtades personales. Yrigoyen, como estratega político, obligó a la oligarquía a conceder la reforma mediante la amenaza de
rebelión, al par que ampliaba su control del partido gracias a sus condiciones para organizar las masas. El radicalismo se desarrolló menos como
un partido político, en el sentido estricto de la palabra, que como un “movimiento de masas” que fundaba su fuerza en una serie de actitudes
emocionales.

Estrategia de la movilización de masas (1912-1916):


En 1912, los radicales abandonaron finalmente su política de abstención y comenzaron a postular candidatos para las elecciones. El rasgo principal
del período que va de 1912 a 1916 fue la intensificación de la organización partidaria. En este sentido la ventaja de los radicales era su vaguedad:
se presentaron como un partido nacional, por encima de las distinciones regionales y de clase. Yrigoyen demostró su sagacidad política: luego de
1912 se las ingenió para convertir una confederación de grupos provinciales en una organización nacional coordinada. La fuerza del radicalismo
estribaba en su organización en el plano local y los amplios contactos con la jerarquía partidaria que le ofrecía el electorado. Surgió un sistema de
"caudillos de barrio". Establecieron un sistema de patronazgo útil para conquistar sufragios. El caudillo de barrio se convirtió en la figura más
poderosa del vecindario y el eje en torno del cual giraba la fuerza política y la popularidad del radicalismo. En esta tarea colaboraban los comités,
organizados según líneas geográficas y jerárquicas en diferentes lugares del país. Se fue conformando el Comité Nacional y los Comités
Provinciales, dominados por los terratenientes, y los Comités Locales, por la clase media. En 1916 la organización partidaria se había convertido
en un eficaz sustituto de un inexistente programa política bien definido y en un dispositivo conveniente para superar los conflictos objetivos de
intereses entre los terratenientes y los grupos de clase media. El radicalismo era un movimiento de masas, manejado por grupos de alta posición
social, más que un movimiento de origen popular que operara impulsado por las presiones de las bases. Había en sus posiciones algo de las
tradicionales actitudes conservadoras de jerarquía y armonía social.

Relaciones entre los propietarios de las tierras y la clase media


La presión para participar en las elecciones provino en buena medida de los grupos urbanos de clase media. Esto planteó por la cuestión de si la
autoridad dentro del partido le correspondía a los "viejos" radicales o a los nuevos grupos de clase media. A la candidatura de Yrigoyen se
opusieron muchos de los antiguos adeptos de Alem en el noventa, pero finalmente aquel logró el triunfo explotando la popularidad de que gozaba
en la clase media. Este episodio puso de relieve las fricciones existentes entre las dos alas del partido, y dejó entrever que Yrigoyen ya había
comenzado a apuntalar su posición apelando a los grupos de clase media.

El radicalismo en la sociedad argentina: la inmigración y el capital extranjero.


En 1916 el radicalismo era una especie de partido democrático conservador, que combinaba la adhesión de los intereses de la élite con un sentido
de identificación de la comunidad en general. Estuvo impregnado de ideas paternalistas y comunitaristas, se proyecto como una alianza entre
distintos sectores. La UCR se aproximaba bastante a la alianza que los conservadores habían estado buscando entre los magnates de la élite y los
profesionales de la clase media. Los terratenientes querías medidas conservadoras y estabilidad política, a cambio de lo cual se mostraban
predispuestos a ampliar el acceso de la clase media a las profesiones liberales y a la burocracia.
La posibilidad de establecer lazos efectivos con los inmigrantes también estaba desalentada por la Ley Sáenz Peña, que había excluido a estos al
derecho al sufragio, dejándolos por consiguiente fuera del sistema político. El radicalismo surgió como el principal movimiento político del país en un
momento en que la economía primario-exportadora ya había alcanzado la madurez. Carecían de un contacto organizado con los representantes del
capital extranjero Los radicales no eran nacionalistas en lo económico; aceptaban y reconocían la dependencia del país de sus conexiones en
ultramar para contar con mercados y fuentes de inversión.