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Sánchez Parada Madaí

El impresionismo de Entre naranjos de Vicente Blasco Ibáñez.

La obra Entre naranjos de Vicente Blasco Ibáñez ha sido catalogada por la crítica dentro de

la corriente literaria del naturalismo (Portalés, 2005), sin embargo, no es una obra que se

pueda enmarcar dentro de una sola corriente. Ubicada temporalmente en 1900, coincide en

el momento histórico donde naturalismo, realismo, costumbrismo y otras corrientes

estilísticas confluyen en la España finisecular. Según Sales Dasí (2009):

La obra de Vicente Blasco Ibáñez no presenta nunca un rostro unívoco, ni su

autor se alía con una sola corriente artística. Junto a su tendencia naturalista, el

poso folletinesco de su juventud se resiste a desaparecer de sus escritos, del

mismo modo que los elementos melodramáticos discurren a la par de un estilo

impresionista con que el autor enriquece esa técnica realista por la que más se le

conoce.

También Smith (2017) reconoce que Blasco Ibáñez “es un escritor ecléctico y no discípulo

de una sola escuela, ni de una sola doctrina”. Por tanto, su obra Entre naranjos tiene

importante influencia de muchos estilos y los reconoce y los explota para lograr la mezcla

perfecta que nos regala el escritor valenciano.

Después de un acercamiento a la crítica que existe en torno a Blasco y sus novelas, se

consideró hacer el estudio de los elementos impresionistas presentes en su obra Entre

naranjos. Mas (2001), nos da un acercamiento general al modo en que el escritor hace uso

del estilo y que se halla presente en todas las novelas de Blasco Ibáñez, sin embargo no se

detiene en ninguna obra en específico. Es por ello que el trabajo que a continuación se

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muestra, se centrará en analizar las principales características de la corriente impresionista

y su ubicación en el lenguaje descriptivo de los paisajes y escenarios dentro de la obra ya

mencionada.

La corriente impresionista: principales características

El impresionismo como estilo pictórico nació a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Este

movimiento se caracterizó por intentar plasmar la luz y el instante, sin importar demasiado

la identidad de aquello que la proyecta; en intentar capturar imágenes de forma no objetiva,

en las que se lograra plasmar sensaciones en lugar de imágenes realistas. Por ello los

impresionistas se centraron principalmente en la pintura al aire libre, buscando plasmar el

cambio de la luminosidad, el momento.

Lo que le caracteriza ante todo es precisamente que trata de hacer de la vida una obra

de arte, es decir, “algo precioso e inútil, algo que corre libre y pródigamente, algo consagrado

a la belleza, a la forma pura, a la armonía de los colores y las líneas.” (Hauser, 1974 p.217).

Siguiendo al autor, lo que se busca primordialmente es resaltar “el predominio del momento

sobre la duración y la persistencia.” (Hauser, 1974 p.203). Es por ello que toda imagen

impresionista es “la expresión de un momento en el perpetuum mobile de la

existencia.”(Hauser, 1974 p.203).

Otro aspecto muy importante de la corriente es que “la acentuación del color y el deseo

de transformar la superficie pictórica en una armonía de efectos de luz y color, absorben el

espacio y disuelven la tectónica de los cuerpos.” (Hauser, 1971 p.209). El impresionismo

reduce la imagen habitual de la realidad a un plano bidimensional donde los objetos pierden

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sus formas definidas y su claridad, para integrarse a un conjunto armónico que resulta muy

atractivo a la vista.

Al momento de pintar paisajes, los seguidores de este estilo buscan expresar las formas

“sin contornos, con ayuda de efectos de color y luz, y dan a la vivacidad de los pormenores

un valor más grande que a la unidad de la impresión total.” (Hauser, 1974 p.210)

El impresionismo como estilo literario es un fenómeno que no se encuentra muy bien

definido. En lo cronológico no hay una total correspondencia entre el impresionismo

pictórico y el literario. Los escritores impresionistas, siguiendo a los artistas plásticos,

buscaron dar un mayor valor a la descripción de los efectos sensibles; de este modo, las

situaciones narradas están cargadas de fuerza emocional que conectan al lector con las

historias a través de lo que perciben los sentidos de los personajes: colores, olores y

sensaciones físicas y emocionales, por ello el impresionismo en su forma escrita tiende a

hacer extensivo uso de recursos como la sinestesia, la metáfora, la comparación y otras

figuras retóricas que le sirvan para resaltar estos detalles.

La técnica descriptiva de los paisajes y escenarios de Entre naranjos

La novela hace uso de la técnica impresionista en las descripciones de los paisajes desde el

comienzo. El primer momento descriptivo de un paisaje con que nos encontramos es el de

Rafael, ya convertido en diputado, caminando por las calles de Alcira y desviándose hacia la

campiña para ir a la casa azul que tanto lo atrae y lo perturba. Al momento de encontrarse al

aire libre, respira el aire puro del campo y contempla el escenario que se yergue delante de

él:

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Los huertos de naranjos extendían sus rectas filas de copas verdes y redondas en

ambas riberas del río; brillaba el sol en las barnizadas hojas; sonaban como

zumbidos de lejanos insectos los engranajes de las máquinas de riego; la

humedad de las acequias, unida a las tenues nubecillas de las chimeneas de los

motores, formaba en el espacio una neblina sutilísima que transparentaba la

dorada luz de la tarde con reflejos de nácar.(Ibáñez, 1977 p. 9).

La ubicación de Rafael ante los huertos de naranjos descritos y las nubes de humo que

provocan las máquinas de riego, hacen que el paisaje se encuentre difuminado en el ambiente.

No hay formas totalmente definidas, sino difusas y no hay especial atención a un objeto en

concreto sino a todo el conjunto que forma la perspectiva del lugar que tiene el personaje; es

la descripción de una situación única, de plasmar el instante, uno de los aspectos principales

del estilo impresionista. Aunado a eso, la luminosidad causada por el sol previo al ocaso le

da a la descripción el efecto de observar una obra de arte.

El método impresionista, trae consigo una serie de reducciones, un sistema de

limitaciones y simplificaciones. “Nada es más significativo de una pintura impresionista que

el hecho que deba ser contemplada a una cierta distancia y describa las cosas haciendo caso

omiso de la lejanía.” (Hauser, 1974, p. 206)

Blasco Ibáñez, siguiendo el estilo de esta corriente, hace una descripción del paisaje de

Alcira en el momento en que Rafael, hastiado de la monotonía de su pequeña ciudad, sube a

la montaña de San Salvador. El personaje ubicado en lo alto de la montaña le da la perspectiva

al lector para que tenga la sensación de estar observando a la lejanía ese escenario:

Rafael se abismaba ante la contemplación del hermoso panorama […]

En el inmenso valle, los naranjales como un oleaje aterciopelado; las cercas y los

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vallados, de vegetación menos obscura, cortando la tierra carmesí en geométricas

formas; los grupos de palmeras agitando sus surtidores de plumas, como chorros

de hojas que quisieran tocar el cielo, cayendo después con lánguido desmayo;

«villas» azules y de color rosa entre macizos de jardinería; blancas alquerías casi

ocultas tras el verde bullón de un bosquecillo; las altas chimeneas de las máquinas

de riego, amarillentas como cirios con la punta chamuscada. (Ibáñez, 1977 p. 39).

En esta descripción del valle de Alcira visto desde la montaña de San Salvador es bastante

clara el afán de semejar el paisaje con una pintura. Es evidente que la visión que se obtendría

si el lector se situara a esa altura resultaría difusa. No hay formas definidas ni focalización

hacia un objeto en concreto, al contrario, todo el panorama forma un todo indisoluble; un

conjunto luminoso que nos recuerda los cuadros de Monet o Van Gogh, y que el autor

reafirma en párrafos siguientes ante la marcha de Leonora y Beppa, quienes llevan sombrillas

coloridas y que a medida que se van alejando de la montaña se van convirtiendo en puntos

de color, que poco a poco van desapareciendo hasta perderse en el verde de los huertos de

naranjos:

Volvió Rafael a seguir con la vista las dos sombrillas, que descendían la

pendiente como insectos de colores. Disminuían rápidamente. Ya no era la

grande más que un punto rojo…, ya se perdía abajo en la llanura, entre las verdes

masas de los primeros huertos…, ya había desaparecido. (Ibáñez, 1977 p. 50).

Para el impresionismo la experiencia de los sentidos es algo final e irreductible. Una nueva

visión impresionista del paisaje la obtenemos de nuevo en el capítulo IV de la segunda parte

de la obra. Rafael, ante la imperiosa pasión que lo embarga y la vergüenza ante Leonora por

haber intentado forzarla, sale a la calle a mitad de la noche, decidido a despedirse de la artista

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en una última contemplación de la casa donde pasó anteriormente momentos felices. Es

primavera y la ciudad por la noche está cubierta por un velo en el que se mezclan el

embriagador perfume y el color blanco inmaculado del azahar de los naranjos:

Comenzaban a florecer los naranjos. La primavera hacía densa la atmósfera. El

azahar, como olorosa nieve, cubría los huertos y esparcía su perfume por los

callejones de la ciudad. Al respirar se mascaban flores. (Ibáñez, 1977 p. 167).

Y continúa haciendo énfasis en la impresión que el paisaje le da a los sentidos:

Los naranjos, cubiertos desde el tronco a la cima de blancas florecillas con la

nitidez del marfil, parecían árboles de cristal hilado; […] Las ondas de perfume,

sin cesar renovadas, extendíanse por el infinito con misterioso estremecimiento,

transfigurando el paisaje, dándole una atmósfera sobrenatural, evocando la

imagen de un mundo mejor, de un astro lejano donde los hombres se alimentasen

con perfumes y vivieran en eterna poesía. (Ibáñez, 1977 p. 169).

Aquí el recurso sinestésico crea una atmósfera de ensueño que no representa una realidad

plana y vacía, sino que a través de la experiencia de todos los sentidos, logra plasmar un

instante único e irrepetible; paisaje de ensoñación que determinará el comportamiento de

Leonora y Rafael.

Otro ejemplo de un paisaje descrito con esta técnica es cuando el diputado y la artista,

ya consumado su amor, recorren el Júcar en una pequeña barca para pasar la noche en una

isla idílica:

Un pequeño río tributario se unía al Júcar, desembocando mansamente bajo una

aglomeración de cañas y árboles: un arco triunfal de follaje. Y en la confluencia

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de las dos corrientes emergía la isla, una pequeña porción de terreno casi al ras

del agua, pero fresca, verde y perfumada como un ramillete acuático, con espesos

haces de juncos sobre los cuales zumbaban de día los insectos de oro, y unos

cuantos sauces que inclinaban sobre el agua sus finas cabelleras formando

bóvedas sombrías, bajo las cuales se deslizaba la barca. (Ibáñez, 1977 p. 182).

Conclusiones

En la corta extensión de este análisis, se trató de dar una visión de la corriente impresionista,

sus principales características y su ubicación dentro de la obra Entre naranjos del escritor

valenciano Vicente Blasco Ibáñez. La propuesta inicial fue que Entre naranjos era, además

de una novela perteneciente al naturalismo, una novela impresionista. Sin embargo, después

de un acercamiento a la corriente, tanto pictórica como literaria, se comprende que la novela

no es de ningún modo una novela hecha siguiendo este estilo. Ni la estructura responde a

ello, ni la temática principal. No obstante, una lectura más detallada nos hará observar

elementos que sí pertenecen a este estilo impresionista: las descripciones de algunos paisajes,

principalmente los del campo de la ciudad de Alcira.

El uso de recursos como la comparación, la sinestesia y la metáfora hacen que el lector,

en su imaginación, haga uso de todos los sentidos al momento de la contemplación de estos

escenarios. Por otra parte, los panoramas casi siempre aparecen detallados desde una

perspectiva del personaje ubicado a una buena distancia, lo que hace que se forme un cuadro

donde ningún objeto destaca, sino que todo, como conjunto, forma una pintura de la realidad.

Agregado a esto, la sensación de casi siempre estar viendo estos paisajes a través de una

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cortina de humo, o inmerso dentro de la neblina, logran que las formas se encuentren difusas

en el ambiente; característica primordial del estilo impresionista. Además, el carácter

irrepetible del momento en que se describen estos paisajes, la captura del instante, hacen que,

aunque no sea una novela impresionista, tenga mucho de esta corriente dentro de ella.

Si bien, al principio se tomó la hipótesis de que la corriente podría estar expresada en

la obra, de manera ideológica en el personaje de Leonora Brunna y el tipo de vida bohemia

que lleva; no se consideró ahondar más en este aspecto por falta de pruebas que lo respalden,

tiempo para estudiarlas más a fondo y espacio para plasmar esos resultados. Sería necesario

otro trabajo de investigación que por el momento dejaremos de lado.

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Referencias

Hauser, A. (1974). Historia social de la literatura y el arte. Tomo III. Madrid: Guadarrama.

Ibáñez, V. B. (1977). Entre naranjos. Barcelona: Plaza & Janes .

Mas, J. (2001). Vicente Blasco Ibáñez : ese diedro de luces y de sombras. Recuperado de

Biblioteca Valenciana Digital: http://bivaldi.gva.es/es/consulta/registro.cmd?id=318

Portalés, C. B. (noviembre de 2005). Vicente Blasco Ibáñez y el Naturalismo. Recuperado

de Espéculo. Revista de estudios literarios N°31. Universidad Complutense de

Madrid: http://webs.ucm.es/info/especulo/numero31/viblasco.html

Sales Dasí, E. J. (2009). Bajo el encanto de lo novelesco: Blasco Ibáñez ochenta años

después. Recuperado de Biblioteca Valenciana Digital:

http://bivaldi.gva.es/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=1004805

Smith, P. C. (2017). Cien años de crítica en torno a Blasco Ibáñez: consideraciones

literarias y no literarias. Recuperado de Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes:

http://www.cervantesvirtual.com/obra/cien-anyos-de-critica-en-torno-a-blasco-

ibanez-consideraciones-literarias-y-no-literarias-774689/