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—Seas quien seas, sé que estés ahi —murmuré un viejo oso que estaba echado sobre un {rio ¢ incémodo trono labrado en la roca de la mon- taiia—. Sé que ests muy cerca, pero no te puedo oler. ;Acaso eres la Sombra de la Montaiia que viene para llevarme, la misma que se Ieva a las ratas por la noche para chuparles la sangre? ,O eres esa otra sombra que endulza cada noche los oidos del viejo Gotadiamante’? Aquel que se paseaba por Bocanegra se tom6 su tiempo para contes- tarle, y cuando lo hizo {ue sin miedo alguno, algo que sorprendis hasta a las propias paredes de la cueva —Asi que es verdad lo que se dic =dijo una vor no muy lejos del Trono de Piedra. El oso, nada mas escucharla, negs con la cabeza y resoplé malhumorado—. Te has quedado ciego, Osomonte, pero a buen seguro que atin conservas esa prodigiosa fuerza que te ha hecho famoso enel mundo entero. Dentro de todo Io malo, eso es bueno, — {A qué vienes tti ahora, Viento de la Tristeza? —se retorcié en el Trono de Piedra, rascéindose la espalda—. Ya decfa yo que no te podia oler. Los seres malditos como tii no huelen a nada. Y si, me he quedado ciego. Tal vez pasar demasiado tiempo en esta horrible montafia ha he- cho que mis ojos se apagaran. Todo gracias a ti. La Corona Fria que me diste solo me ha traido desgracias —La codicia, Osomonte. Yo ya te avisé en su dia —le contest6— ) {, Acaso no codiciabas estar cerca del est6mago caliente de esta montatia —{Y quién no? Todos lo desedbamos —dijo intentando escudrifiar algo con aquellas pupilas grises, pero era intitil—. Fuiste sineero, eso no te lo voy a negar. Pero por aquel entonces yo cra un miserable rey sin corona y tii bien que te aprovechaste de ello. Finalmente, aquel que habia entrado sin permiso en la Bocanegra, tras dar un par de pasos, se dej6 ver a la luz de la luna que entraba por el gran baleon, Era un hombre. {Un hombre? Si, de los pies ala cabeza. Joven y apuesto. Con capa y sombrero. —Seiior de la Montafia y Guardiin de sus Entrafias —continué aquel hombre aceredndose un poco mas al trono—. Solo vengo para anunciarte que una guerra est en camino —Dando buenas noticias, como siempre... —resoplé el viejo oso— Nunca has dicho mentiras, asf que si hay guerra, espero, por lo menos. que sea la tltima para mi. Estoy harto de todo esto. Es como aquel que suefia encerrado en una cdrcel de oro. No vale la pena. Nada de esto lo vale. Podria estar comiendo miel de las Abejas Duleemelosas mas all de los prados... Y ahora tan solo son lejanos suefios que nunca cumpliré —Detendrisa los ejércitos que Hleguen ala Montaiia —dijoel hombre Detener yo? —aquello hizo refr sin ganas al oso—. Por mf como si me quieren descuartizar y Hevarme a la Sombra de la Montaiia, o tirarme por el barranco del Bosque de Espinas. Ya nada me importa {Crees que este trono me quita el suetio? —Vienen a por El. Al ofr aquello el oso se enderez6 un poco mas en el trono: —Repite eso, pajaro de mal agiiero. —Algunos si que vendran para matarte a ti y vengar lo que hiciste en el pasado —dijo Viento de la Tristeza—, pero otros vendran expre- samente a buscarlo a El El viejo oso no dijo nada, tan solo se sumis en un profundo silencio que enfrié Bocanegra como si hubiera entrado un aire gélido del norte —, Esta avisado el Clan de las Ratas? —pregunts —De eso ya me ocupo yo, pero de la guerra deberdn encargarse otros, sobre todo aquellos que se sientan en tronos y gobiernan —No me vengas con esas, Viento de la Tristeza —le recriminé el oso—. Crees habernos dado un don con esta montatia, pero nos has condenado a sonar despiertos mientras nuestros corazones se pudren Yo no detendré ejéreitos. Ni tengo fuerzas para ello, ni animos. Como mucho respetaré el pacto y lo defenderé a El. Pero el viejo Osomonte no recibiG mas respuesta que un silencio que se alarg6 hasta que la paciencia se le aeabé: — Ati estas ahi, mago maldito’? —pregunté por preguntar, pues nadie mejor que él sabsfa cudndo se encontraba solo en su cueva. Gruiié enfurecido y volvid a echarse en el trono. No le gustaba nada ese tal Viento de la Tristeza porque todo lo que deefa, tarde o temprano, se acababa cumpliendo. Asf que como no querfa pensar en las palabras del mago, cerré Jos ojos con Ia intencin de dormir y pasar una noche tranquila, no tardando mucho en sumirse en un agradable suetio donde le untaban el hocico con una deliciosa mie! de su infancia. En el Clan de los Gatos casi nunca se mencionaba al Sefior de la Mon- taiia. Ellos eran muy suyos, y los rumores del norte ni Hegaban, ni inte- resuban demasiado. Lo que sucedia en la Montaiia hacia afios que dejé de importarles cuando vieron que el Gran Oso pactaba con las ratas, un clan rival. Fue entonces cuando los gatos empezaron a alejarse de las cuestiones politicas que ataifan a la Montafa y buscaron la paz y