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Universidad Nacional del Altiplano Puno

Facultad de ciencias jurídicas y políticas

MONOGRAFIA
LAS ACCIONES Y EL PROCEDIMIENTO CIVIL ROMANO

ESTUDIANTE: EDWIN ALEJANDRO QUISPE SUCASA


DOCENTE:
SEMESTRE: III
GRUPO: A
CODIGO: 174647
AÑO: 2018

PUNO-PERU

PROCEDIMIENTO CIVIL ROMANO 1


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ÍNDICE
INTRODUCCIÓN ......................................................................................... 3
DEDICATORIA ........................................................................................ 4
1. GENERALIDADES ........................................................................... 5
2. HISTORIA DEL PROCEDIMIENTO CIVIL ROMANO .................. 9
3. CONCEPTOS GENERALES ......................................................... 14
a) Derecho privado y Derecho procesal .................................... 16
b) Proceso público y privado ....................................................... 17
c) Procedimiento penal y Procedimiento civil ......................... 18
CONCLUSIÓN ....................................................................................... 21
AGRADECIMIENTO ............................................................................. 22

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INTRODUCCIÓN

El rasgo más saliente y característico de la organización y mecanismo del


procedimiento civil de los romanos, desde los primeros tiempos hasta
Diocleciano, es la división de las funciones judiciales entre el magistrado y el
juez. De esta manera el procedimiento se dividía en dos partes distintas y
separadas: una, ante el magistrado (in iure), y otra, ante el juez (in iudicio). Como
también empezaremos a conocer algunos temas resaltantes sobre el tema.

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DEDICATORIA
Dedico este trabajo principalmente a Dios, por haberme dado la vida, y a mi
madre quien es el pilar de mi motivación, también por demostrarme su cariño y
el amor incondicional que me brinda día a día

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1. GENERALIDADES
En una primera etapa histórica del Derecho romano se recurre a la
violencia indiscriminada por la venganza privada. Más tarde, esa violencia
se ve sometida, en la Ley de las XII Tablas, a diversos ritos y ceremonias
sociales, Legis actio sacramento in rem: duelos u ordalías, vigilados por
los sacerdotes, en que los dioses se demostraban favorables al que mejor
los realizaba. Las ordalías se ven limitadas después, en defensa del débil,
por la llamada Ley del Talión, que autoriza a imponer al ofensor la misma
lesión o daño causado a la víctima, que posteriormente se sustituye por
una compensación o pago marcado por la Ley de las XII Tablas
(composición legal). La división del proceso del ordo iudiciorum
privatorum en las dos fases, in iure o ante el magistrado y apud iudicem
ante el juez, representa el equilibrio entre la justicia pública, personificada
por el pretor, y la justicia privada administrada por un juez o árbitro
designado por las partes. La Lex Atinia, del siglo II a.C., y la Lex Plautia,
del siglo I a.C., prohíben la usucapión de las cosas arrebatadas con
violencia y de la res furtivae o cosa hurtada. Un Decreto de Marco Aurelio
establece que los acreedores deben acudir siempre al juez para reclamar
a los deudores y que si emplean la violencia pierden su derecho al crédito.
En derecho posclásico se generaliza el principio de que es necesario
acudir ante los órganos jurisdiccionales para el reconocimiento y sanción
de los derechos.

En el procedimiento civil romano se dan naturalmente los dos


componentes que inciden siempre en la organización procesal de la
defensa de los derechos. Por un lado el elemento privatístico, el interés
particular del titular, representado en la acción y por otro la intervención
política del órgano adecuado. Se puede afirmar que en el litigio romano
clásico y que entendemos como más representativo, se manifiesta con
mucha más primacía lo privado que lo público. Solamente en los últimos
años del proceso romano, en el llamado procedimiento cognitorio se
invierten los términos y la presencia política y estatal en el litigio empieza
a ser lo más importante.

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Históricamente, el procedimiento civil presenta dos épocas perfectamente


diferenciadas. A la primera, importante y larga, se le designa con el
calificativo de ordo iudiciorum privatorum y a la segunda,
cronológicamente más tardía y breve, se le conoce con el nombre de
procedimiento cognitorio. Dentro del ordo iudiciorum privatorum, cuyo
inicio podríamos remontarlo a épocas precívicas, cabe distinguir a su vez
como dos períodos o sub-épocas. En primer lugar, el sistema de las
acciones de la ley, que constituye la más antigua manifestación arcaica y
ritual del proceso romano, pero donde ya tomó éste su tipicidad y sus
grandes líneas maestras y más tarde, abriendo la época preclásica, el
procedimiento formulario o per formulas, donde se despliega para siempre
toda la estructura jurídica del Derecho clásico. Esta segunda parte del
ordo iudiciorum privatorum vendría a coincidir con los siglos más brillantes
de la jurisprudencia romana, extendiendo su vigencia incluso en el alto
Imperio.

La segunda parte de la historia procesal romana, la ocupa el


procedimiento cognítorio al cual se le califica también como procedimiento
extra ordinem o extraordinario, sin que esta última denominación lleve
implícita ninguna significación que pudiera entenderse como algo anormal
o excepcional. Dentro de lo puramente litigioso, extra ordinem, al menos
literalmente, no quiere decir más que algo que está situado fuera del ordo,
es decir procesos no encajables dentro de las características propias del
ordo iudiciorum privatorum. Eso es exactamente lo que supone el
procedimiento cognitorio del bajo Imperio, que se extiende hasta la época
final del ordenamiento romano llegando incluso al Derecho Justinianeo y
que por su especial estructura, nada o muy poco tiene que ver ya con la
organización clásica de los litigios. Naturalmente el procedimiento
extraordinario que sustituyó al ordo iudiciorum privatorum no supuso
nunca una derogación de lo anterior ni una ruptura abierta y manifiesta
con el sistema clásico, por el contrario, el nuevo modo de litigar convivió

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durante mucho tiempo -varios siglos-, con el procedimiento formulario
solapándose uno y otro durante un largo período de años.

El procedimiento extra ordinem tuvo ya sus primeras manifestaciones en


el alto Imperio, siendo realmente muy difícil poder precisar con exactitud
cuándo sería su momento inicial. Sin embargo, sea cuál fuera el origen de
este modo de litigar, tanto si derivó de los actos magis imperii quam
iurisdictionis del propio pretor urbano como si nació como consecuencia
de los litigios tramitados ante los gobernadores o praesides de las
provincias imperiales lo cierto es que ambos sistemas litigiosos, el viejo y
clásico del ordo iudiciorum privaiorum y el nuevo proceso cognitorio,
convivieron juntos dentro de la misma legalidad procesal, posible
seguramente a instancia de los interesados, litigar válidamente por
cualquiera de los dos sistemas. Teóricamente incluso, el proceso clásico
estuvo en vigor hasta el siglo IV.

El ordo iudiciorum privatorum.Características comunes a las acciones de


la ley como al procedimiento formulario.

a) La primera característica que podríamos señalar es sin duda


conflictiva y polémica, ya que no todos los especialistas del proceso
romano coinciden en la -misma. Se puede observar que, no obstante
la presencia cada día más clara del elemento jurisdiccional dentro del
proceso romano, la acción se manifiesta siempre, tanto en las viejas
acciones de la ley como en el agere per formulas, como el elemento
más importante y característico.

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b) La segunda característica común a las acciones de la ley y al


procedimiento formulario, la podríamos concretar en la trascendencia
que en todo el ordo iudiciorum privatorum manifiesta la litis contestatio,
verdadero punto neurálgico del litigio y eje central de toda su
tramitación. Esta misión esencial de la litís contestatio es una
consecuencia del papel primordial que en el litigio juegan los intereses
particulares de los litigantes, sobre cualquier otro elemento. Por lo
mismo, la sentencia y su valor como afirmación jurídica que sirve de
base a la futura ejecución, tiene su principal apoyatura en la lifis
contestatio, verdadero acuerdo o convenío privado que existe siempre
en todo litigio.

c) La tercera característica del ordo iudiciorum privatum y sin duda la más


representativa y básica radica en la curiosa bipartición del litigio en dos
fases: la fase in iure y la fase apud iudicem. La primera, que constituye
propiamente el inicio del litigio, está presidida por el magistrado
iusdicente, auténtico representante del poder político y del interés
público que todo proceso de algún lleva implícito. En esta fase se
concreta el asunto litigioso, la pretensión del actor y la vía procesal
adecuada según los casos. Por el contrario, en la segunda parte que
está presidida por el iudex, cuyo carácter, tanto difiere de los jueces
actuales, ha de tener lugar la prueba de los hechos como base para la
futura sentencia.

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2. HISTORIA DEL PROCEDIMIENTO CIVIL ROMANO


Una de las materias en las cuales se refleja más nítidamente la evolución
que experimentó el Derecho romano, es en el procedimiento civil, que
pasa por tres etapas perfectamente diferenciadas: las que, empero no se
sucedieron radicalmente, en el sentido de que el principio de una hubiera
coincidido con el fin de otra, sino que frecuentemente coexistieron,
ofreciendo medios concurrentes para la tutela derechos subjetivos, hasta
que prevaleció aquella que respondía mejor a las exigencias de la defensa
real de las situaciones necesitadas de protección jurídica.

Fueron tres los procedimientos civiles que reguló la legislación romana: el


de las acciones de la ley (legis actiones); el procedimiento formulario (per
formulam), el procedimiento cognitorio (extraordinaria cognitio). Los dos
primeros se conocieron bajo la más amplia denominación de “orden de
los juicios privados” (ordo indiciorum privatorum). Estos términos
encuentran su justificación en el hecho de que en estos sistemas
procesales, el de las acciones de ley y el de las fórmulas, eran
prevaleciente la acción de un juez privado, elegido por la partes para
dirimir el litigio mediante una sentencia que los contendientes se habían
obligado a acatar.
En los sistemas que integraban el ordo indicaciorum privatorum el
procedimiento era bifásico, pues se desarrollaba en dos etapas o
instancias. La primera, llamada in iure, tenía solo el fin de crear la relación
procesal y fijar los términos de la controversia. Esta fase inicial, que la
tramitaba el magistrado –generalmente el pretor-, se cerraba con la litis
contestatio. La segunda fase del proceso, denominada in indieto o apud
indicemn. La segunda fase del proceso, denominada in indicio o apud
indicem, se desarrollaba ante un juez privado y se destinaba a todo lo
concerniente a la prueba y a la sentencia, ajustándose al programa
procesal que había sido ordenado en la anterior etapa.

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Esta característica de los procedimientos del ordo indiciorum privatorum


coincidía con la distinción fundamental del Derecho clásico de acciones
entre jurisdictio y indicatio, luridictio (sus dicere) significaba en el ámbito
del procedimiento civil la autoridad para decidir si a un actor, en un caso
concreto, debía serle permitido o no deducir su demanda ante un juez.
Era una emanación del imperiu, o sea, aquella alta potestas que el pueblo
delegaba en el magistrado mediante la ley de imperio y que le daba el
derecho de coerción al magistrado que de él estaba investido. Iudicatio
(iudicare), en cambio, importaba la autoridad para decidir o sentencia en
un proceso. Como regla general la iurisdictio y la iudicatio no se
presentaban en la misma persona, ya que la primera se otorgaba a un
magistrado –propiamente el pretor- y la segunda a uno o varios jueces
particulares.

El sistema de las acciones de la ley, caracterizado por un riguroso


formalismo verbal en el que las partes hacían sus respectivas
declaraciones por medio de solemnes recitaciones, tenía su fundamento
legal en las acciones que derivaban de las XII Tablas, aunque Gayo nos
informa que hubo casos en que la legis actio se apoyaba en la costumbre.
La reforma de este procedimiento, apto para una pequeña sociedad de
economía agrícola, pero inadecuado para un Estado que transforma su
régimen económico y social con la conquista de los pueblos de la cuenca
del Mediterráneo, se inicia con la sanción de la Lex Aebutia (130 a.C.),
que introdujo como facultativo el procedimiento formulativo.

Con el advenimiento de este nuevo sistema se desecharon las palabras


rituales propia de las acciones de la ley, eliminándose el peligro de la
pérdida del litigio por no haber elegido la parte adecuadamente los
términos solemnes o por no haberlos pronunciado correctamente. En el
procedimiento formulario, la actio elegida por el actor tuvo como columna
vertebral la fórmula que se redactaba por escrito y suministraba al juez la

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precisa información sobre el objeto y contenido del juicio que tenía que
sentenciar. Esta fórmula, en cuya confección prodigaron su talento los
jurisconsultos romanos, ofrecía una gran elasticidad y fue a diferencia de
las rígidas acciones de la ley, susceptible de adaptarse a las múltiples
necesidades de un complejo ordenamiento jurídico.

Una amplia reforma en la esfera procesal fue llevada a cabo por las leyes
augustales lulia iudiciorum privotorum et publicorum, que abolieron
totalmente el sistema de las acciones de la ley. A partir de entonces solo
subsistió el procedimiento formulario para hacer valer toda clase de
pretensiones, pero junto al mismo se desarrolló a partir de Augusto un
procedimiento basado en el derecho imperial, en el que la indagación y la
sentencia incumbían a un funcionario público (cognoscere). Este sistema
cognitorio prescindió de la bipartición del proceso y se sustanció ante un
juez funcionario público que podía delegar sus funcione en subalternos
(iudex pedaneus). No se hallaba sujeto a formas rígidas y otorgaba a las
partes y al jugador una mayor libertad que en el procedimiento formulario.

A consecuencia de la introducción de esa forma de proceso, en Roma y


en Italia surgió un procedimiento extraordinario (extraordinaria cognitio),
que se llevaba a cabo ante el cónsul, un magistrado especial o un
funcionario a los que el emperador atribuía la facultad de decidir en
asuntos considerados dignos de protección (alimentos, honorarios por
ejercicio de profesionales liberales, fideicomisos). Tal procedimiento
coexistía con el formulario que fue el usual en las provincias senatoriales
y en las llamadas provinciae Caesaris, a menos que se trataba de las
materias antes enunciadas, propia del extra ordinem.

Avanzado el principado, el sistema formulario fue cayendo en desuso,


primeramente en las provincias, después en Italia y en la primera mitad
del siglo III en la misma Roma. El proceso por fórmulas fue

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paulatinamente asimilándose al extraordinario, hasta llegar a confundirse
con él. Desde Diocleciano el proceso cognitorio, prácticamente eliminó al
formulario, el cual recibió el golpe de gracia cuando en el año 342
Constancio suprimió las fórmulas en la impetración de la acciones. En
tiempo de Justiniano la cognitio extra ordinem completó su desarrollo y se
convirtió en un procedimiento en el que la preeminencia del juez
funcionario frente a las partes se acrecentó considerablemente.

Notas diferenciales y propias de cada uno de los dos modos de litigar del ordo
iudiciorum privatorum.

a) En primer lugar, el sistema procesal de las acciones de la ley, como


sucede con todo el ordenamiento romano arcaico, fue entendido de modo
nacionalista y propio. Del mismo modo que la religión, la estructura familiar
o el lenguaje, el pueblo romano como cualquier otro pueblo de la
antígüedad entendió que todo aquel sistema de ritos y palabras, sacral y
eficacísimo y que constituía un verdadero sistema organizado de litigios,
sólo podía ser utilizado por los propios quirites ciudadanos romanos. Por
el contrario, el procedimiento de las fórmulas, nació ya con un signo mucho
más universal y en donde esta idea nacional y exclusivista había quedado
totalmente superada por una sociedad múltiple y variada que exigía un tipo
de proceso que fuese apto para todos. Tal vez incluso -al menos dentro
de la teoría más tradicional-, el procedimiento formulario ideado por los
pretores, viniera a la vida jurídica precisamente como una respuesta al
estímulo social que supuso la insuficiencia de aquel viejo tipo arcaico de
ordenamiento procesal apto tan sólo para los romanos y que fueron las
acciones de la ley.

b) Otra gran diferencia entre los dos grandes sistemas procesales que
constituyen el ordo iudiciorum privatorum la constituían sus respectivas
exigencias formales. Así, mientras que las acciones de la ley presentan un
formalismo rígido y peligroso, precisamente por su carácter

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eminentemente sacral, el procedimiento formulario ofrece ya unos
requisitos de forma más humanos y más técnicos. Por lo mismo, al centrar
el proceso antiguo el éxito de las reivindicaciones en el cumplimiento
exacto del rito, todo podía quedar sin valor a causa del descuido o error
más pequeño en el uso de las palabras y gestos, cosa que lógicamente no
era tan grave en el procedimiento de las fórmulas desprovistas
prácticamente de todo aquel viejo valor arcaico. También en el litigio

clásico, los litigantes debían someterse al cumplimiento de una serie de


actos procesales, pero éstos no tenían ya un fundamento puramente
formal sino el propio de cualquier organización procesal, ya que la misma
seguridad y garantía de los derechos en litigio requiere siempre un mínimo
de actuación externa en cuya observancia radica precisamente la
legitimidad de los actos litigiosos.

c) Finalmente, mientras las acciones de la ley se nos muestran dentro de


su arcaismo como un sistema pobre de acciones, el procedimiento
formulario aparece ya en sus orígenes muy rico y con un gran espectro de
posibilidades y vías procesales propias. Frente al viejo sistema legal en
donde cualquier reclamación tenía que ser necesariamente encajada en
un par de acciones, el procedimiento formulario, aun partiendo
históricamente de una analogación de las viejas acciones, logró un rico y
amplísimo sistema de vías litigiosas tan variado y una base procesal tan
extensa que a él prácticamente se le debe toda la admirable riqueza del
Derecho romano clásico.

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3. CONCEPTOS GENERALES
Los derechos subjetivos otorgaban a sus titulares un cúmulo de facultades
que debían ejercitarse en la vida en relación, saliendo así del marco de lo
meramente potencial para hacerse realidad en el mundo de los hechos.
Pero el ejercicio de los derechos subjetivos no dependía exclusivamente
de la voluntad de sus titulares, sino que requería el respeto y acatamiento
de otras persona que con actos positivos u observando una conducta
negativa permitían hacer eficaz la facultad jurídica que tales derechos
implican. Cuando se lograba esa cooperación se producía el supuesto
ideal de un cumplimiento espontáneo y normal del derecho; mas si esta
hipótesis no se presentaba, desconociéndose la existencia de los
derechos o perturbándose su libre ejercicio con actos que violen o
vulneren la situación jurídica de sus titulares, era menester arbitrar medios
que conduzcan a la protección de los derechos subjetivos.
La forma primigenia de protección de los derechos fue la defensa privada
del propio ofendido que hacía uso, si era preciso, de la violencia. Era la
llamada “autotutela” o “autodefensa” que tenía aplicación tanto en el
campo del Derecho penal como en el del Derecho privado ya sea como
defensa contra el ataque ajeno o como ofensiva para lograr la efectividad
de los derechos de que el particular se creía asistido. La autotutela
provocaba así una situación de lucha entre individuos que llevaba
implícita los gérmenes de su ineficacia, a la vez que atentaba contra el
Estado, que debía considerar como una razón de su existencia el
impedirla, garantizando a sus súbditos el mantenimiento del orden jurídico
privado por medio de un procedimiento estatal.

En un pueblo que alcanza un alto grado de madurez en su civilización no


puede admitirse la justicia por manos propia. El derecho tiene que

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defenderse acudiendo a una autoridad superior, a la fuerza pública, para
obtener el mantenimiento del orden entre los particulares que,
ciertamente, se resentiría si estuviera permitido que cada cual hiciera
valer por sí mismo sus derechos. Nadie puede ser juez de su propio
derecho, a riesgo de llegar a la lucha de todos contra todos (bellum
omnium contra omnes), imponiendo el caos social.

Sin embargo, no es posible aplicar sin atenuaciones estos principios,


suprimiendo totalmente la defensa privada. En Roma se reconoció el
derecho a esta en los casos de legítima defensa; es decir, cuando se
trataba de repeler una agresión actual e injusta, en que era ilícito usar la
violencia contra la violencia (vim vi repellere lict) y, aunque
excepcionalmente, también en forma de ataque como en el caso de
sospecha de fuga del deudor. Más allá de estos límites, la autotutela de
los derechos llegaba a ser arbitraria y prohibida. La reacción que contra
ella comienza a sentirse al final de la época republicana, se manifiesta
primeramente como sanción penal contra la violencia en la leyes dictadas
por Augusto y más adelante por un decreto de Marco Aurelio, se añadió
a la sanción penal otra civil, consistente en la pérdida del derecho cuya
eficacia alguien hubiera tratado de imponer violentamente.

De esta forma se fue restringiendo en Roma, progresivamente, la defensa


privada de los derechos e imponiendo correlativamente la justicia dirigida
y controlada por la autoridad pública, de manera que aquella quedara
reducida a casos excepcionales y esta constituyera el procedimiento
normal para dilucidar las controversia planteada en el campo del derecho
privado. Es entonces cuando adquiere relevancia la acción, o sea, el
instrumento jurídico mediante el cual se pone en movimiento el organismo
estatal para otorgar protección a los derechos; el proceso, este es, el
camino que desde la acción hasta la sentencia y su ejecución y,
consecuentemente, el procedimiento es el conjunto de formalidades que
deben observarse durante la marcha del proceso.

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El Derecho procesal civil, que exige la exposición de las distintas
transformaciones del procedimiento civil romano y de la organización
judicial, con la particular evolución que ella experimentó en el curso de la
Historia del Derecho romano.

a) Derecho privado y Derecho procesal

Dada la estrecha relación que existió en Roma entre el lus


privatum, concebido como un sistema de derechos subjetivos y el
procedimiento que sirve de base para dar efectividad a ese
ordenamiento normativo, la exposición del derecho privado romano
requiere, para su mejor comprensión, el estudio del derecho
procesal.

Los romanos no distinguieron sistemáticamente el Derecho privado


del procesal, ni tampoco poseyeron denominación alguna para
designar a este último. Las Derecho Romano fuentes del Derecho
procesal aparecen en el edicto mezcladas con las del derecho
privado. Esta unidad de ambos ordenamientos fue de carácter
interno, puesto que ciertos conceptos fundamentales del Derecho
romano, especialmente el de actio y el de exceptio eran comunes
ambas esferas del derecho. Por ello, ius privatum y derecho
procesal presentaron rasgos uniformes y las distintas
significaciones que en nuestros días tiene la actio en el terreno
procesal (acto procesal, acción) y en el ámbito del derecho privado
(pretensión), son en definitiva reflejos de antecedentes que se
conocieron en el mundo romano.

En Roma no se concibió el derecho como algo sistemáticamente


construido, sino más bien como un conjunto de figuras jurídicas
singulares. Toda actio constituía una unidad en la que, con los
supuestos y consecuencias de orden jurídico privado, se implicaba

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el procedimiento para conseguir la efectividad procesal de los
derechos. Esta concepción tuvo en la antigüedad su apoyo en el
hecho de que para determinados grupos de pretensiones hubo
procedimientos especiales. Añádase a esta circunstancia que una
de las más importantes fuentes de Derecho escrito, el edicto de los
pretores, expuso la parte verdaderamente enjundiosa del derecho
privado en forma de actiones y de excepciones, además de otros
medios procesales.

El conocimiento del Derecho privado, se basa, además de las


fuentes generales, principalmente en las Instituciones de Gayo,
sobre todo después del descubrimiento de la obra del enigmático
jurisconsulto en el año 1816.

La aparición de tan importante fuente de conocimientos del


Derecho romano constituyó un valioso aporte, ya que en el Libro IV
se ocupa específicamente de las acciones bajo el título de iusquod
ad’actiones pertinet. En conjunto la exposición gayana es fuente
fidedigna para el estudio del Derecho Procesal clásico, si bien sería
absurdo considerarla definitiva e intangible puesto que, como toda
la obra, es de carácter elemental. Por otra parte, no faltan
interpolaciones que justifican una labor crítica.

b) Proceso público y privado

Tanto en el Derecho antiguo como en el clásico hubo una neta


diferenciación entre el proceso público y el proceso privado. El
proceso público presentaba dos caracteres distintivos: el primero,
que era siempre iniciado por el magistrado o por cualquier
ciudadano, lesionado o no, que actuaba en representación de la
colectividad interesada en que el hecho delictuoso obtuviera la
debida sanción; el segundo, que la decisión del juicio correspondía
en todos los casos a un órgano estatal investido de jurisdicción. El
proceso privado se iniciaba siempre a instancia de la parte

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demandante, pues en el mismo predominaba el interés particular y
la decisión no estaba a cargo de un órgano jurisdiccional, sino de
un juez privado que los litigantes designaban, y a cuya sentencia
se comprometían a someterse en virtud de una convención arbitral
(litis contestatio). Debe agregarse que en el proceso privado la
actividad de los litigantes desempeñaba un papel fundamental y el
magistrado limitaba su actuación a una tarea de dirección y
encausamiento de los actos procedimentales.
Aquella diferencias, empero, se atenuaron manifiestamente en la
época imperial, porque en el llamado procedimiento cognitorio o
extraordinario, por el que se dilucidaban los litigios de Derecho
privado, ya no era un juez particular designado por los
contendientes el que tenía la potestad de juzgar, sino que la
sentencia la pronunciaba un funcionario público investido de
poderes jurisdiccionales. Sin embargo, en ambos procesos se
mantuvo la diferencia en cuanto al sujeto que instaba la actividad
procesal.

c) Procedimiento penal y Procedimiento civil

El procedimiento penal se desarrollaba en un juicio público


promovido por iniciativa del magistrado o por acción popular,
ejercitable por la víctima o por cualquier otro individuo. A este
sistema procedimental se sometían los actos punibles que se
denominaban delitos públicos (crimina), por oposición a los delitos
privados (delicta, maleficia) los que, por referirse a casos en los
que se había inferido un daño a un particular, eran sancionados
con penas pecuniaria que debían reclamarse por medio del
proceso privado.

La diferencia entre delitos públicos y delitos privados que aparece


en la Ley de la XII Tabla, es más destacada aun en la época
republicana: en la cual, por distintas leyes se atribuyó el
juzgamiento de los crimina a magistrados especiales y se fijó el
trámite procesal a seguir en su caso. El delito de alta traición
(perduellio) era juzgado por los duoviri perduellionis, y el parrieidio,
que primero fue la muerte de un hombre libre y después la de un

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pariente, por los quaestores parricidii. Los condenados a muerte
por la comisión de tales delitos podían apelar de la sentencia ante
el comicio (provocatio ad populum), en virtud de una lex Valeria del
año 300 a. C.).

La Lex Acilia del año 123 a. C. creó tribunales permanentes


(quaestines perpetuae) para sancionar el delito de concusión de
los magistrados provinciales (repetundae). Las quaestiones
perpetuae fueron extendiendo su competencia a los delitos
castigados con pena de muerte. Así, el homicidio, desde la lex
Cornelia de sicariis el beneficiis, de la época de Sila, fue materia
de una quaestio perpetuae. Pero a su lado coexistió la jurisdicción
de los magistrados y la de las asambleas populares hasta la Lex
Lulia indiciorum publicorum de Augusto, que atribuyó competencia
al senado en materia criminal, mientras simultáneamente el
emperador se reservaba la coercitio, que ejercía directamente o
delegaba en otros magistrados.

De tal suerte las atribuciones conferidas a los integrantes de las


quasetiones perpetuae fueron siendo absorbidas por el poder del
príncipe y, paralelamente a lo que aconteció en el proceso privado,
el procedimiento que en aquellos tribunales se seguía, comenzó a
ser reemplazado por un sistema extraordinario (cognitio extra
ordinem), caracterizado por la libre y discrecional decisión del
sentenciante.

Las quaestiones perpetuae perdieron definitivamente su


competencia en los últimos años del siglo II del Imperio. Los delitos
públicos se persiguieron primordialmente por iniciativa de la
autoridad pública (inquisitio) y no por acción popular (accusatio). El
sistema penal llegó a unificarse y la discrecionalidad de la pena,
característica de la cognitio extra ordinem, desapareció casi

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totalmente. Se amplió, además, el concepto de los delitos públicos,
entrando dentro de su órbita cualquier hecho que importara
infracción a una norma jurídica, pasando así a la jurisdicción
criminal muchos de los actos punible que antes caían en la esfera
del proceso privado. Como consecuencia, la distinción clásica
entre proceso privado y proceso público se sustituyó por la de
proceso criminal y proceso civil, cercana ya a la moderna
concepción procesal.

Por lo que se refiere al procedimiento civil, comprendía las


controversias relativas los derechos privados de los particulares
entre sí y las que surgieran a consecuencia de la comisión de los
llamados delitos privados. Presentaba, por consiguiente, un campo
más amplio que el del proceso civil actual, en el que toda clase de
delitos deben ser perseguidos únicamente a través del proceso
penal. El especial desarrollo que alcanzó en el Derecho romano el
Derecho privado determinó que el procedimiento civil, en sus
distintas etapas históricas, tuviera un vigor y un relieve que excedió
en mucho al que logró el proceso penal. Esta es una de las razones
más valederas que nos lleva a centrar nuestro estudio en este tipo
de proceso.

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CONCLUSIÓN

Podemos darnos cuenta que el derecho romano influyo mucho en nuestras leyes
y normas jurídicas, ya que se podría decir que gracias a roma son conocidos los
derechos y ciertas normas que hasta hoy nos sirven de mucho, una de las
materias en las cuales refleja más nítidamente la evolución que experimento el
Derecho Romano, es en el procedimiento civil,

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AGRADECIMIENTO

Quiero agradecer a todos mis maestros, ya que ellos me enseñaron a valorar


los estudios y así poder compartir un poco de mis conocimientos con ustedes y
compañeros, y vuelvo agradecer a Dios por darme una buena salud y esto
seguro que mis metas planteadas darán fruto en el futuro.

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