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4.

LA EFICIENCIA DE LOS CONTRATOS Y LOS PRESUPUESTOS DEL


SISTEMA DE MERCADO.

Es necesario mirar todo desde la óptica de la maximización de los beneficios


sociales, los cuales pueden determinarse sólo tomando en cuenta criterios que
vayan de la mano con la eficiencia económica, para encontrar así la solución
más adecuada.

Para Polinsky, el término eficiencia se refiere a la relación existente entre los


beneficios agregados de una situación dada y los costos agregados de esa
misma situación. Esta noción es, como el propio POLINSKY reconoce, intuitiva.
Siendo más concretos, y refiriéndonos al aspecto contractual, diremos que una
operación de intercambio (es decir, un contrato) es eficiente cuando, como
consecuencia de éste, los bienes y/o servicios involucrados quedan asignados
a usos más valiosos a los que tenían antes que el intercambio operara.

Como vimos al analizar el Criterio de PARETO, bajo un diseño simple, el


sistema contractual funcionando entre individuos racionales, nos llevará a un
resultado eficiente. En otras palabras, el libre mercado sería, en principio, el
mejor mecanismo para alcanzar esta meta.

En términos contractuales, una operación de intercambio (contrato) es eficiente


cuando como consecuencia de éste los bienes y/o servicios involucrados
quedan asignados a usos más valiosos a los que tenía antes que el
intercambio operara.

Por ejemplo, cuando el propietario de una casa la transfiere porque necesita


dinero para hacer un negocio: para el comprador porque requiere de la casa
por la ubicación, ya que quiere instalar un resturante.

En el ámbito contractual la valoración de las prestaciones trasciende lo que


usualmente se conoce como el concepto económico de eficiencia, esto es “el
mayor resultado con la menor cantidad de recursos utilizados”. Desde esta
óptica el efecto perseguido por una de las partes será que se le entregue
determinado bien o que se cumpla determinada prestación, para lo cual está
dispuesta a sacrificar una parte de su patrimonio (onerosidad), y la otra parte
está dispuesta a sacrificar una parte del suyo (prestaciones recíprocas), pues
desea lo ofrecido por la otra parte.

Carlos Soto Coaguila, al referirse al principio de eficiencia, expresa que en


relación con la realidad jurídica él supone un sistema de asignación de
recursos que garantice su apropiación, en donde “este sistema, que reconoce y
garantiza esta asignación de recursos, no es otro que el derecho contractual.
Así, el derecho de los contratos es el medio que permite el intercambio de
derechos y obligaciones, y garantiza la seguridad de dichos intercambios; por
consiguiente es necesario un sistema de exigibilidad eficiente (…) que no debe
tener costos de transacción elevados, por que ello ocasionaría que el contrato
no se celebre o, aun celebrado, sea ineficiente. Por tanto, el cumplimiento de la
obligación debe ser a un costo mínimo, razonable, que viabilice y haga posible
el tráfico de bienes y servicios”. Como lo expresa Calabressi, “En un mundo
donde los recursos son escasos, desperdiciar es injusto”.

El análisis económico del Derecho de Contratos parte de una constatación


correcta: la justificación del mismo es instrumental. Dicho de otra forma, el
Derecho de Contratos es valioso porque contribuye a producir consecuencias
socialmente deseables. Esta es la gran fortaleza del análisis económico como
perspectiva instrumentalista148.

Sin embargo, es precisamente esa constatación correcta acerca del sentido del
Derecho de Contratos lo que debe llevarnos a rechazar la perspectiva (que en
este trabajo he denominado instrumentalismo de reglas) del análisis económico
respecto a los remedios. En efecto, el incumplimiento eficiente es una
justificación inadecuada de la indemnización compensatoria, puesto que
genera significativos costos sistémicos que, en estricto rigor, no son
necesarios. Asimismo, él es inconsistente con el papel de los remedios que
pretende justificar. Todo lo anterior es aplicable, también, a la versión más
reciente de la teoría, la tesis del “cumplimiento alternativo”.

En definitiva, se ha intentado proveer una crítica que, compartiendo la


comprensión instrumentalista que el análisis económico propone, muestra
algunas de sus insuficiencias como matriz de análisis. Al realizar dicho intento,
mi propósito también ha sido contribuir a la comprensión del análisis económico
del Derecho y su aplicación en nuestro medio. En este sentido, este trabajo
puede ser interpretado, también, como una advertencia frente a la sugerencia
de modificar la perspectiva tradicional de la dogmática civil y asumir el
paradigma del análisis económico del Derecho149. Asumir dicho paradigma
como el adecuado, sin cuestionar previamente su impacto en la operación del
Derecho Privado, constituye un error que puede tener, como se ha
argumentado, importantes costos.

Lo dicho en el punto anterior no es, sin embargo, completamente cierto. No


siempre el estricto cumplimiento del contrato nos llevará a una situación
eficiente. Una primera situación es cuando el contrato tiene efectos negativos
respecto a terceros, es decir, cuando genera externalidades. Así, si Jorge
compra la casa para poner un restaurante, los olores de la comida pueden
perjudicar a un hospital vecino, obligando a este último a cerrar si los perjuicios
para el propietario del hospital y para los enfermos son mayores que los
beneficios que el restaurante obtiene. Entonces, el contrato no nos habrá
llevado a un resultado eficiente.

Una segunda situación se da cuando los individuos se comportan


irracionalmente. Así, Jorge sobrevalúa el rendimiento del restaurante o Juan el
rendimiento del dinero, de manera que la casa y/o el dinero quedan, luego del
intercambio, asignados a usos menos valiosos.

Una tercera situación, que es la que nos interesa en el presente artículo, se


presenta cuando, entre el momento de celebración del contrato y el momento
de su ejecución, se han presentado cambios de circunstancias que hacen que
lo que parecía eficiente en un primer momento, se torne menos eficiente. En
otras palabras, el cambio de circunstancias puede llevarnos a que incumplir
pueda ser más eficiente que el cumplir. Por ejemplo, puede ser que entre la
celebración de la compraventa de la casa de nuestro ejemplo y la entrega de la
misma, se dé una disposición municipal que prohíba instalar restaurantes en el
área donde se encuentra el inmueble. De ser así, puede ser que la valorización
de S/. 125,000 que hizo Jorge de la casa, caiga a S/. 50,000 (porque ya no le
interesa), y que es un valor que se encuentra por debajo del que el anterior
propietario le daba. O, puede ser que Juan reciba una oferta de un tercero que
ofrece por la casa un precio mayor (por ejemplo S/. 150,000) porque puede
utilizarla para instalar una galería de obras de arte que tiene un rendimiento
superior al restaurante. O también puede ser que Jorge encuentre una casa
mejor ubicada para los fines que persigue por el mismo precio, y que, por tanto,
implique una mejor inversión para sus S/. 100,000.

En estos casos, es eficiente incumplir el contrato, resolverlo, y por esta vía,


evitar una transferencia de recursos a usos menos valiosos. De hecho, existen
varias instituciones que pueden estar vinculadas al cambio de circunstancias
entre la celebración del contrato y su ejecución y que podrían encontrar como
un justificativo el evitar resultados ineficientes. Tal podría ser el caso de la
imposibilidad, la frustración del fin del contrato o la excesiva onerosidad de la
prestación. Sin embargo, estos temas serán analizados en la siguiente
sección6. En esta sección, vamos a concentrarnos en el tema de qué remedios
se pueden dar al incumplimiento para permitir una mejor asignación de
recursos.

Estaríamos, pues, frente al caso conocido como incumplimiento eficiente.


Como COOTER y ULEN señalan, «el rompimiento del contrato es más eficiente
que el cumplimiento del mismo cuando el costo de su cumplimiento excede los
beneficios para todas las partes involucradas». Caracterizando la definición
teórica, se puede decir que el costo del cumplimiento del contrato excede sus
beneficios cuando aparece una contingencia que hace que los recursos
necesarios para ejecutar el contrato son más valiosos en otro uso alternativo.
Estas contingencias pueden ser de dos tipos. Primero, que ocurra un golpe
inesperado de suerte que haga que el incumplimiento genere más beneficios
que el cumplimiento. Segundo, que se dé un desafortunado accidente, que
imponga un mayor costo al cumplimiento que al incumplimiento7.

Como bien dicen SCOTT y LESLIE: «Una vez que la inesperada contingencia
se materializa, el deudor enfrenta una desagradable pérdida atribuible al
cumplimiento de su obligación, que ahora cuesta más de lo que vale, o puede
romper el contrato y aceptar el costo de cualquier sanción que corresponda. En
resumen, la opción es, o ‘cumplir y perder’ o ‘incumplir y pagar’. Podemos
presumir que el deudor elegirá la opción que le resulte más barata»8.

En estas circunstancias, el remedio que dé el Derecho al incumplimiento debe


de ser de tal naturaleza que permita al deudor no ejecutar su prestación. Pero a
su vez, sólo debe ser razonable incumplir en aquellos casos donde el
cumplimiento lleva a un resultado menos eficiente9.

Para los defensores de la regla del common law10 la ejecución forzada de la


obligación no asegura este resultado. Si el deudor es obligado a ejecutar la
obligación, la reasignación de recursos se dará de todas maneras, sin importar
que ello sea ineficiente. Este es el problema que pretende enfrentarse con la
teoría del incumplimiento eficiente.

5. LAS PROMESAS.

La promesa es una declaración de voluntad unilateral que genera obligaciones


y que crea únicamente una vinculación del promitente, con valor probatorio,
pero que no crea un nexo contractual entre las partes.

Aunque en el Código Civil no se refleja como fuente de obligaciones, la


promesa es la declaración de voluntad unilateral que genera obligaciones.

Es necesario mencionar, que lo mismo en la "promesa unilateral" como en la


"declaración de voluntad unilateral" y en la de otras formas de relación jurídica,
se engendra únicamente una situación de vinculación del promitente o del
declarante, que posee un simple valor probatorio de la final constitución de la
misma, que requiere en todo caso no sólo una aceptación del acreedor que
refleje con claridad la concordancia de voluntades exigida por Código Civil para
la creación del nexo contractual, sino también, y esto es lo esencial, la
justificación de toda atribución patrimonial, que en la llamada "causa" tiene la
razón de ser del deber de cumplir la obligación que corresponde al deudor.
5.1.¿Qué tipos de promesas existen?

a) Promesa Abstracta, en la contratación comercial las promesas contrastan


con el contrato sinalagmático. En este ámbito de promesa abstracta, se pone
como ejemplo al agente comercial como intermediario independiente de forma
continuada en nombre y por cuenta de un empresario principal.

b) Promesa de aval, aparece regulada en el Código de Comercio Alemán


(H.G.B.), cuando se estipula que el cumplimiento de una parte tendrá lugar
precisamente en cierto plazo o durante cierto plazo, la otra parte puede, si el
cumplimiento no tiene lugar en ese plazo o período, resolver el contrato o, en
caso de que sea el deudor quien esté en incumplimiento reclamar de éste los
daños y perjuicios por su incumplimiento en lugar de demandar el
cumplimiento, Puede sólo demandarse el cumplimiento si inmediatamente
luego de la expiración del plazo se da noticia a la otra parte que la parte
cumplidora insiste en el cumplimiento.

c) Promesa de contrato, significa un enorme progreso frente a la forma del


contrato, ya que se pone por delante de la prestación concreta la mera palabra,
como declaración unilateral de voluntad, por lo que se exime a los contratantes
de la condición previa del poder y tener simultáneos, se les garantiza la
posibilidad de tomar como base para la operación del futuro poder (Rudolf Von
Ihering).

Lo que ocurre es que las partes se reservan, bien ambas o bien una sola de
ellas, la facultad de exigir en un momento posterior la puesta en vigor del
contrato proyectado (Díez Picazo).

d) Promesa de ejecución diferida. Es la declaración de voluntad que realiza


una persona titular de un crédito a otro, que le permite el pago diferido de la
ejecución a cambio de una promesa actual, un pago o contraprestación. Las
partes podrán acordar un plazo limitado para el cumplimiento del contrato. Un
contrato que se encuentre sujeto a un plazo para su cumplimiento podrá ser
exigible en cualquier momento antes de la expiración del mismo, así como
intercambio de prestaciones de futuro. Por tanto cuando la promesa de
ejecución diferida no se encuentra aceptada, se considera una oferta
revocable, por cuya causa puede ser retirada o revocada en cualquier
momento. Basada nuestra sociedad en la publicidad pueden aparecer riesgos
de confusión en los consumidores y usuarios, que podrían entender que estén
ante ofertas concretas entendidas como promesas vinculantes. Pero oferta es
una declaración de voluntad que muestra el deseo del oferente de entrar en un
contrato con otra parte y la indicación de la voluntad es acorde con el contenido
concreto y definido; el oferente está obligado desde que se produzca la
aceptación por parte del destinatario.

e) Promesa de venta. Es un auténtico contrato que tiene por objeto celebrar


otro en el futuro, del que constituye una ley de bases. Es decir que la promesa
de venta es una primera fase de un supuesto negocial complejo de formación
sucesiva, y cuando se tiene el supuesto totalmente realizado, se entra en la
segunda fase para consolidación del contrato realmente querido, y previsto en
la primera fase.

Mediante ese precontrato quedan obligadas las partes a obligarse en el futuro


conforme al proyecto perfeccionado. Es plenamente diferenciable del contrato
definitivo de compraventa, extremo que depende de la voluntad de los
interesados y de los pactos a través de los cuales hayan constituido sus
recíprocas relaciones. Esta disimilitud, esencialmente volitiva, hace que la
promesa carezca de eficacia real por no ser título hábil para transmitir la, ni
generar en el futuro adquiriente el derecho a que le sea entregada la cosa
hasta la perfección del contrato de compraventa, sin que tampoco provoque el
nacimiento de derechos de adquisición preferente de terceros, y, en fin, su
régimen jurídico también es diferente, pues mientras a la promesa le son
aplicables las reglas generales de las obligaciones y contratos, la compraventa
queda sujeta a las reglas específicas de este contrato. A su vez la promesa se
distingue de los tratos preliminares o preparatorios por la carencia en estos de
vinculación jurídica, constituyen la primera etapa de la formación progresiva de
un único negocio, mientras que aquella supone el desenvolvimiento de una
fase superior.
f) Promesa hecha al público. Es la prestación unilateral que se hace en
determinadas circunstancias, no requiere una aceptación para su validez. La
persona que efectúa la acción indicada puede reclamar la cantidad ofrecida.

El Código Civil italiano establece que la promesa conserva eficacia vinculante


durante un año, y con anterioridad a su caducidad, no puede ser revocada sin
justa causa.

En cambio la oferta al público tiene un valor indefinidido en el tiempo y es


siempre revocable, para lo cual se toma en consideración el principio de buena
fe, la revocación debe tener la misma publicidad que la oferta realizada.

En España no está regulada la promesa hecha al público, para lo cual se


deberá de tomar en consideración el contenido del Código Civil, que establece
el contrato existe desde que una o varias personas consientes en obligarse,
respecto de otra u otras, a dar alguna cosa o prestar algún servicio, siempre
con las consecuencias que puedan derivarse de la buena fe.

g) Promesa pública de recompensa. Se conoce también como ofertas al


público, es una de las fases de la perfección de algunos contratos, se pueden
presentar de distintos formas:

1) Basado en facilitar la conclusión de contrato, cuando la oferta al público se


perfecciona con un acto del cliente, sin que sea necesario un acto posterior del
empresario, para la compra de mercancías o para la obtención de servicios.

2) Basado en la conclusión del contrato, conocidos como tráfico de ventanilla, o


por negociación verbal directa reducida al mínimo, pero no puede olvidarse que
aunque puede que no exista mediación de palabras, estamos ante una
verdadera relación contractual.

3) Basado en la imposibilidad de rehusar celebrar contratos, que tiene el


contratante, si bien se admite que por razones de carácter objetivo pueda el
empresario negar la admisión en su establecimiento; pero no por una
restricción al orden contractual privado, sino basado en un principio distinto
como es el de orden público; si se puede establecer la limitación en la
contratación con menores o incapaces.
En España no esta regulada la promesa pública de recompensa, pero cuando
se haga a través de un patronato, organizador se podrá exigir su cumplimiento,
para lo cual será requisito previo justificar su personalidad.

En la Compilación Foral de Navarra se incluye un capítulo relativo a la


promesa, y define la misma "toda promesa sobre cosa y bajo condición lícitas
obliga al que la hace desde que es objeto de publicación suficiente, aunque
nadie haya notificado su aceptación. Si el promitente no hubiera fijado plazo, se
entenderá mantenida la oferta durante el tiempo que parezca necesario según
el arbitrio del Juez. Si una persona determinada hubiere notificado al
promitente su aceptación antes de caducar la oferta, ésta se entenderá
mantenida, respecto al aceptante, durante un año y día, a no ser que en el
momento de la aceptación se hubiere convenido otro plazo".

5.2.¿Cómo debe llevarse a cabo una promesa?

En los Principios de Unidroit sobre los contratos comerciales Internacionales,


publicados en el Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado
de 1995, se establece que para lo fines de la presente Convención, una
promesa será independiente cuando la obligación del garante/emisor frente al
beneficiario:

a) No dependa de la existencia o validez de una operación subyacente, ni de


ninguna otra promesa.

b) No esté sujeta a ninguna cláusula que no aparezca en la promesa ni a


ningún acto o hecho futuro e incierto, salvo la presentación de documentos u
otro acto o hecho análogo comprendido en el giro de los negocios del
garante/emisor (artículo 3).

La emisión de una promesa acontece en el momento y lugar en que la promesa


sale de la esfera de control del garante/emisor de que se trate. Se puede emitir
una promesa en cualquier forma por la que se deje constancia del texto de la
promesa y que permita autenticar su origen por un medio generalmente
aceptado o un procedimiento convenido al efecto por el garante/emisor y el
beneficiario. Desde el momento de emisión de una promesa, una reclamación
de pago podrá hacerse de acuerdo con los términos de la promesa, a menos
que la promesa establezca un momento diferente. Una promesa es irrevocable,
a menos que se disponga en el momento de su emisión, que es revocable
(artículo 7).

Además se debe tener en cuenta que:

 A través de la promesa, el promitente crea una vinculación con valor


probatorio, pero no un nexo contractual con la otra parte.
 La constitución final de esa obligación requerirá, además, una
aceptación del acreedor y la justificación de toda atribución patrimonial.
 La promesa de contrato garantiza la posibilidad de tomarla como base
para la operación del futuro poder.
 Para ser válida, la promesa no ha de depender de la existencia o validez
de una operación subyacente.
 Tampoco puede estar sujeta a ninguna cláusula externa ni acto o hecho
futuro e incierto.

5.3.¿Qué promesas pueden ser materia de un contrato?

La teoría de la negociación presenta como respuesta para esta interrogante al


principio de la negociación: “Una promesa es legalmente exigible cuando se
formula como parte de una negociación; de otro modo, una promesa no es
exigible”. Se entiende como promesa a los intercambios diferidos, es decir, a
las transacciones que requieren el paso del tiempo para su terminación”

La teoría de la negociación clasifica a las promesas como “negociaciones” o


“no negociaciones”. Dicha teoría requiere una especificación exacta de las
condiciones necesarias y suficientes en determinados casos, para que el
tribunal concluya que hubo una negociación.

Los teóricos de la negociación distinguieron tres condiciones: oferta, aceptación


y consideración. “Oferta” y “Aceptación” tienen en esta teoría el mismo
significado: una de las partes debe formular una oferta y la otra parte debe
aceptarla.

6. EL INCUMPLIMIENTO DE LOS CONTRATOS Y LA EXIGIBILIDAD.

Siguiendo con la aplicación de la teoría de la negociación, debemos decir que


el receptor de los beneficios tiene derecho a su cumplimiento.
Las promesas como dijimos pueden exigirse legalmente, de acuerdo con la
teoría de la negociación, si forman parte de una negociación; y el remedio para
el incumplimiento de una promesa legalmente exigible es un premio por el valor
esperado de la negociación. El hecho de una negociación establece la
obligación legal, y el valor esperado de una negociación mide los daños.

La ley otorga el pago de “daños de expectativa” como una compensación por el


incumplimiento. En otras palabras, el pago perfecto de los daños de
expectativa se iguala al beneficio perdido por el receptor de la promesa en la
posición que habría disfrutado si se hubiese cumplido la promesa. El pago hace
que el promitente internalice los costos de incumplimiento.

En consecuencia, el pago perfecto de los daños de expectativa crea incentivos


para el cumplimiento y el incumplimiento eficientes.

En el sistema de Derecho Civil Peruano se entiende que el acreedor de una


obligación puede optar, ante el incumplimiento del deudor, entre exigir el
cumplimiento de la obligación o resolver el contrato, solicitando el pago de los
daños correspondientes en uno u otro caso. Esto es más claro en el caso del
incumplimiento de una obligación en un contrato de prestaciones recíprocas1.
Así, el acreedor de una obligación tiene la opción de acudir al aparato
jurisdiccional para conseguir que la obligación se ejecute de acuerdo a los
términos pactados, o simplemente resolver el contrato y solicitar daños y
perjuicios.

Existen, sin embargo, posiciones que sostienen que tal opción no debe existir,
o que, en todo caso, de existir la elección, debería corresponder al deudor o, en
el peor de los casos, a las Cortes. Tal es el sistema imperante en el sistema
anglosajón o common law2. Para estas posiciones, la regla general es que todo
incumplimiento debe resolverse en el pago de una indemnización, salvo que el
deudor esté dispuesto a cumplir específicamente la obligación que asumió.
Sólo en contadas excepciones se permite al acreedor exigir la ejecución
forzada de la obligación.

6.1. ¿CÓMO ACTUAR ANTE UN INCUMPLIMIENTO DE CONTRATO?

El concepto de contrato viene determinado por el acuerdo entre dos o más


sujetos, (partes del contrato) por el que se comprometen entre sí a una
determinada conducta, llamada prestación, que persigue un beneficio o
ventaja. Se trata de un compromiso que genera obligaciones entre las
partes, con lo cual supone cumplir con la conducta pactada.
Por generalidad se presume que los negocios se realizan de buena fe,
pensando que ambas partes van a cumplir con lo pactado, pero
lamentablemente esto no es así y en la mayoría de los casos los acuerdos se
ven traicionados. De ahí la importancia de plasmar por escrito, con la ayuda
de profesionales especializados en la materia, de forma concreta y clara los
acuerdos y voluntades convenidos por las partes para proteger y delimitar los
derechos y obligaciones de las mismas.

Cuando alguna de las partes del contrato incumple sus obligaciones nos
encontramos ante un incumplimiento contractual, el cual jurídicamente cabe
entender en dos sentidos:

 Sentido material: el incumplimiento del contrato viene dado por cualquier falta
de realización, realización irregular, defectuosa o incompleta de las conductas
asumidas contractualmente. Lo que determina este incumplimiento es el propio
contrato, no hay incumplimiento si se realiza lo pactado.

 Imputación del incumplimiento: es imprescindible una conducta o situación


que permita atribuir las consecuencias del incumplimiento a aquella persona a
quien le corresponde realizar la previsión contractual incumplida. Son 3 los
criterios de imputación del incumplimiento en sentido material a un contratante:

 Dolo: incumplimiento consciente y voluntario, que no precisa intención especial


de causar daño, malicia, fraude o mala fe. El Tribunal Supremo reconoce para
la mayoría de las resoluciones que todo incumplimiento voluntario es doloso.

 Culpa o negligencia: basta con que la parte contractual incumplidora no haya


ajustado su comportamiento a las conductas contractuales, medidas de
cuidado, atención o desenvolvimiento exigidas por el contrato, los usos o la
buena fe.

 Responsabilidad objetiva: aún sin culpa, el incumplimiento es imputable a la


parte contractual si existe alguna conexión relevante entre el incumplimiento y
el sujeto.
Como límite a la responsabilidad por incumplimiento de contrato la
Jurisprudencia recoge el caso fortuito y de fuerza mayor como exoneración de
la responsabilidad contractual, ya nadie responderá de aquellos sucesos que
no hubieran podido preverse o que, previstos, fueran inevitables.

 Cumplimiento en forma específica o cumplimiento forzoso: supone una


actuación formal del perjudicado dirigida al órgano competente por la cual
reclama la ejecución por la parte incumplidora de la prestación a que está
obligado y que no ha cumplido voluntariamente. Para poder solicitar el
contratante insatisfecho el cumplimiento forzoso basta con que se hubiera
producido el incumplimiento.

 Indemnización de daños y perjuicios: supone el pago de una cantidad de


dinero para resarcir a la parte perjudicada de los perjuicios derivados del
incumplimiento. Es necesario que se trate de un incumplimiento imputable.

 Cláusula penal: Se trata de una indemnización de daños y perjuicios que


viene fijada por las partes en previsión de un incumplimiento del contrato.
Las partes contratantes pueden establecer sus propios remedios frente al
incumplimiento al amparo de la autonomía de la voluntad.

 La resolución por incumplimiento: la parte contractual perjudicada del


incumplimiento puede optar por resolver el contrato con la consecuente
indemnización de daños y perjuicios. La acción resolutoria se trata de una
acción principal que sólo puede ser accionada por las partes intervinientes en
el contrato y está sujeta a un plazo de prescripción de 15 años.

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