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/ ABC Color

El primer día el niño clavó 37 clavos en la cerca...pero poco a poco fue calmándose
porque descubrió que era mucho más fácil controlar su carácter que clavar los clavos en
la cerca.

Finalmente llegó el día en el que el muchacho no perdió la calma para nada y se lo dijo
a su padre, entonces el padre le sugirió que por cada día que controlara su carácter
debería sacar un clavo de la cerca.

Los días pasaron y el joven pudo finalmente decirle a su padre que ya había sacado
todos los clavos de la cerca...entonces el papá llevó de la mano a su hijo a la cerca de
atrás.

─Mira hijo, has hecho bien, pero fíjate en todos los agujeros que quedaron en la cerca.
Ya la cerca nunca será la misma de antes.

Cuando decimos o hacemos cosas con enojo, dejamos una cicatriz como este agujero en
la cerca. Es como clavarle un cuchillo a alguien, aunque lo volvamos a sacar la herida
ya está hecha.

Los amigos son verdaderos tesoros a quienes hay que valorar. Ellos te sonríen y te
animan a mejorar. Te escuchan, comparten una palabra de aliento y siempre tienen su
corazón abierto para recibirte.
Es así que este cuento nos enseña la importancia de saber cuidar a quienes queremos y
nos rodean y si cometemos una falta debemos buscar la forma de pedir «perdón» para
que esa amistad no se pierda.

¡La amistad entre las personas es un valor que hay que saber cultivar!

Actividades
1. Marca las alternativas adecuadas.
a. El problema del niño era:

. Su irresponsabilidad.

. Su maldad.

. Su mal carácter.

b. El niño aprendió la lección del padre:

. Clavando y sacando clavos.

. Pidiendo disculpas.

. Golpeando la cerca.

c. La intención del cuento es:

. Educar.

. Informar.

. Entretener.

2. Escribe 5 reglas para una mejor convivencia en la clase.

a.…………………………………………………………………………………………
……

b.…………………………………………………………………………………………
……
c.…………………………………………………………………………………………
……

d.…………………………………………………………………………………………
……

e…………………………………………………………………
Cuento sobre convivencia

Cuento sobre convivencia_96670 / ABC Color

Durante la era glacial, muchos animales morían por causa del frío. Los puercoespines, percibiendo
esta situación, acordaron vivir en grupos; así se daban abrigo y se protegían mutuamente. Pero las
espinas de cada uno herían a los vecinos más próximos, justamente a aquellos que le brindaban
calor. Y por eso, se separaban unos de otros.

Pero volvieron a sentir frío y tuvieron que tomar una decisión: o desaparecían de la faz de la tierra o
aceptaban las espinas de sus vecinos. Con sabiduría, decidieron volver a vivir juntos. Aprendieron
así a vivir con las pequeñas heridas que una relación muy cercana les podía ocasionar, porque lo
realmente importante era el calor del otro. Y así sobrevivieron.

La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas; es aquella donde cada uno acepta los
defectos del otro y consigue perdón para los suyos propios. Donde el respeto es fundamental.

Actividad

Respondemos

1.¿Cuál era el problema con que se enfrentaban los animales?


2.¿Cómo enfrentaron el problema la primera vez?
3.¿Cómo lograron sobrevivir?

Reflexionamos

¿Qué nos enseña este texto?


…………………………………………………………………………………
…………………………………………………………………………………
…………………………………………………………………………………

Escribimos sinónimo de estas palabras

abrigo: …………..
sabiduría: ……....
frío: ………………
ocasionar: ………………

Escribimos el antónimo
mejor: ………………………
unir: …………………………
perfectas: …………………..
frío: ………………………….
a ridícula crema invisible
Llévate estos cuentos

Cuento
Cuentos con valores similares
 Palacio a la fuga
 El león afónico
 Un enfado incontrolable

Mario era un niño bueno, pero tan impaciente e impulsivo que pegaba a

sus compañeros casi todos los días. Laura, su maestra, decidió

entonces pedir ayuda al tío Perico, un brujo un poco loco que le

entregó un frasco vacío.

- Toma esta poción mágica que ni se ve, ni se huele. Dásela al niño en

las manos como si fuera una cremita, y dejará de pegar puñetazos.

La maestra regresó pensando que su locuelo tío le estaba gastando una

broma, pero por si acaso frotó las manos de Mario con aquella crema

invisible. Luego esperó un rato, pero no pasó nada, y se sintió un poco

tonta por haberse dejado engañar.

Mario salió a jugar, pero un minuto después se le oía llorar como si lo

estuvieran matando. Cuando llegó la maestra nadie le estaba haciendo


nada. Solo lo miraban con la boca abierta porque… ¡Le faltaba una

mano!

- ¡Ha desaparecido! ¡Qué chuli! ¡Haz ese truco otra vez! - decía Lola.

Pero Mario no había hecho ningún truco, y estaba tan furioso que

trató de golpear a la niña. Al hacerlo, la mano que le quedaba también

desapareció.

Laura se llevó corriendo a Mario y le explicó lo que había ocurrido, y

cómo sus manos habían desaparecido por usarlas para pegar. A Mario

le dio tanta vergüenza, que se puso un jersey de mangas larguísimas

para que nadie se diera cuenta, y ya no se lo volvió a quitar. Entonces

fueron a ver al tío Perico para que deshiciera el hechizo, pero este no

sabía.

- Nunca pensé darle la vuelta. No sé, puede que el primo Lucas sepa

cómo hacerlo…

¡Qué horror! El primo Lucas estaba aún más loco que Perico, y además

vivía muy lejos. La maestra debía empezar el viaje cuanto antes.

- Voy a buscar ayuda, pero tardaré en volver. Mientras, intenta ver si

recuperas tus manos aguantando sin pegar a nadie.

Y Laura salió a toda prisa, pero no consiguió nada, porque esa misma

noche unas manos voladoras -seguramente las del propio Mario- se la

llevaron tan lejos que tardaría meses en encontrar el camino de vuelta.

Así que Mario se quedó solo, esperando a alguien que no volvería.

Esperó días y días, y en todo ese tiempo aguantó sin pegar a nadie, pero
no recuperó sus manos.Siempre con su jersey de largas mangas,

terminó por acostumbrarse y olvidarse de que no tenía manos porque, al

haber dejado de pegar a los demás niños, todos estaban mucho más

alegres y lo trataban mejor. Además, como él mismo se sentía más

alegre, decidió ayudar a los otros niños a no pegar, de forma que cada

vez que veía que alguien estaba perdiendo la paciencia, se acercaba y le

daba un abrazo o le dejaba alguno de sus juguetes. Así llegó a ser el

niño más querido del lugar.

Con cada abrazo y cada gesto amable, las manos de Mario

volvieron a crecer bajo las mangas de su jersey sin que se diera

cuenta. Solo lo descubrió el día que por fin regresó Laura, a

quien recibió con el mayor de sus abrazos. Entonces pudo

quitarse el jersey, encantado por volver a tener manos, pero más

aún por ser tan querido por todos. Tan feliz le hacía tanto cariño

que, desde aquel día, y ante el asombro de su maestra, lo

primero que hacía cada mañana era untarse las manos con la

crema mágica, para asegurarse de que nunca más las volvería a

utilizar para pegar a nadie


Evitar el bullying
Enseñanza
Los testigos y espectadores del bullying pueden hacer mucho por prevenirlo sin necesidad de
enfrentamientos directos

Ambientación
Una selva

Personajes
Varios leones, un tigre, un ratón y un mono

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Adiós a la ley de la selva (III): El


mono
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Cuento
Cuentos con valores similares
 Adiós a la ley de la selva (II): El ratón
 Adiós a la ley de la selva (I): El león
 El niño que insultaba demasiado

A Mono no le caía muy simpático. Solo era un ratón egoísta, solitario y

gritón. Pero aún así no se merecía lo mal que lo trataban. Y se


sentía fatal por no hacer nada para impedirlo y quedarse solo mirando.

Pero, ¿qué podía hacer él, un simple mono, frente a aquellos leones

brutos y crueles?

Igual nunca hubiera hecho nada si no hubiera llegado a oír aquella

conversación entre dos leones bajo el árbol en que descansaba. Allí fue

donde el antiguo rey de la selva, muy malherido por un combate

perdido, contó a un joven león que todo era parte de una estrategia para

mostrar a los demás su fuerza y su poder, y que por eso siempre

atacaba a animalillos miedosos y solitarios a los que nadie saldría a

defender. Dijo también que lo hacía delante de otros para contagiarles el

miedo y convertirlos en sus cómplices, pues nunca se atreverían a

reconocer que habían estado allí si no habían hecho nada para

impedirlo.

Mono se revolvió de rabia en su árbol, porque él podría ser muchas

cosas, pero nunca cómplice de aquellos malvados. Así que ese día

decidió que haría cuanto pudiera para acabar con el reinado del

terror. Por supuesto, no pensaba pegarse con ningún león: tendría que

usar su inteligencia.

Lo primero que pensó para ponérselo difícil al león fue evitar que hubiera

en la selva animalillos solitarios, así que buscó la forma de hacerse

amigo del ratón. Le costó un poco, porque era un tipo huraño y poco

hablador, pero encontró la excusa perfecta cuando escondió unos

plátanos entre unas piedras a las luego no podía llegar. El ratón tenía el

tamaño perfecto y accedió a ayudarle, y luego el mono pudo darle las


gracias de mil maneras. De esta forma descubrió Mono que el ratón

no era un tipo tan raro, y que solo necesitaba un poco de tiempo para

hacer amigos. Pero una vez que fueron amigos, el ratón resultó tener

un montón de habilidades y Mono no dudó en ayudarle a unirse a

su grupo de amigos.

Lo segundo era vencer el miedo del ratón, así que inventó un

entrenamiento para él. Comenzó por mostrarle dibujos de leones y

tigres. El pobre ratón temblaba solo con verlos, pero con el tiempo

fue capaz de permanecer tranquilo ante ellos. Luego fueron a ver a

animales grandes pero tranquilos, como las jirafas y los

hipopótamos. Cuando el ratón fue capaz de hablar con ellos e

incluso subirse a sus cabezas, el mono aumentó la dificultad, y así

siguieron hasta que el ratón fue lo suficientemente valiente como para

acercarse a un león dormido y quedarse quieto ante él.

Por último, decidió unirse a todos los animales a quienes sabía que no

les gustaba lo que hacían los leones con el ratón ni con los demás. Estos

se sintieron aliviados de poder hablar de los abusos del león con

otros que pensaban lo mismo. Al final, llegaron a ser tantos, y a estar

tan enfadados, que una noche se unieron para castigar al rey del

selva, y con la ayuda de algunos animales grandes consiguieron

encerrarlo en una gran jaula mientras dormía profundamente.

Pensaba el mono que allí se acabaría todo, pero al anterior rey de la

selva le sucedió un tigre aún más fuerte y cruel, que no tardó en ir a por

el ratón. Este caminaba con su nuevo grupo de amigos y el tigre lo


separó de ellos con muy malas maneras. A punto estuvieron de

lanzarse a defender al ratón, pero aún no eran tan valientes, y se

quedaron allí protestando en voz baja y poniendo mala cara.

De pronto, un joven león, que había visto lo sucedido, pensó que

podría ganarse la simpatía y el respeto de aquel grupo de

animales saliendo en defensa del ratón, y pidió educadamente al

tigre que lo dejara tranquilo. Como el tigre no quería meterse en una

pelea peligrosa, y el león no le había desafiado directamente, decidió

irse de allí viendo el poco apoyo que tenía atacando a un ratón con

tantos amigos.

La aparición del león le dio a Mono una gran idea, y desde aquel

día Mono no hizo otra cosa que hablar a todo el mundo de la suerte que

habían tenido de encontrar un león protector, y pidió al león que les

ayudara a acabar con cualquier pelea. Al león le encantó aquel papel,

pues Mono y su grupo de amigos le respetaban y admiraban.

Además,hablaban tanto de su amabilidad y valentía a todo el

mundo, que su fama se extendió y empezaron a acudir animales de

todas partes para vivir en aquella selva segura en la que ya no había

ataques.

Pero al tigre no le gustó nada todo aquello, y un día decidió atacar

directamente al león delante de todos. El tigre era mucho más fuerte, así

que el joven león tendría pocas opciones. Entonces Mono se dio

cuenta de que le había llegado la hora de ser valiente, y decidió

salir en defensa de su amigo el león protector.


Todos debían estar pensando lo mismo, porque en cuanto Mono dio el

primer salto, los demás animales también se abalanzaron sobre el

tigre, haciéndole huir humillado y dolorido. Instantes después Mono

y sus amigos proclamaban al joven león como nuevo rey de aquella

selva en la que habían acabado para siempre los abusos y el miedo.

Y cuando años más tarde alguno se preguntaba cómo había podido

ocurrir algo así, aunque nadie sabía exactamente la respuesta, todos

sabían que un sencillo mono que al principio solo miraba había tenido

mucho que ver.


Evitar el bullying
Enseñanza
La fuerza no sirve para ganarse el respeto de nadie si no es usada al servicio de la justicia y el bien
de los demás

Ambientación
Una selva

Personajes
Tres leones y un tigre

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Adiós a la ley de la selva (I): El león


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Cuento
Cuentos con valores similares
 Adiós a la ley de la selva (III): El mono
 Adiós a la ley de la selva (II): El ratón
 El niño que insultaba demasiado
Iba un joven león por la selva pensando que había llegado su hora de

convertirse en rey, cuando encontró un león malherido. Aún se podía

ver que había sido un león fuerte y poderoso.

- ¿Qué te ha sucedido, amigo león?- preguntó mientras trataba de

socorrerlo.

El león herido le contó su historia.

- Cuando llegó el momento de convertirme en el rey de la selva, decidí

demostrar a todos mi fuerza y mi poder, para que me temiesen y

respetasen. Así que asusté y amenacé a cuantos animales

pequeños me encontré. La fama de mi fiereza era tal que hasta los

animales más grandes me temían y obedecían como rey. Pero entonces

otros leones quisieron mi reino, y así pasé de golpear de vez en cuando

a pobres animalitos a tener que enfrentarme a menudo con grandes

leones. Gané muchos combates, pero ayer llegó un león más grande

y fuerte que yo y me derrotó, dejándome al borde de la muerte y

quedándose con mi reino. Y aquí estoy, esperando que me llegue la

muerte sin un solo animal al que le importe lo suficiente como para

hacerme compañía.

El joven león se quedó para acompañarlo y curar sus heridas antes de

proseguir su camino. Cuando al fin se marchó de allí, no tardó en

encontrar un gigantesco león encerrado en una jaula de grandes

barrotes de acero. Tuvo que haber sido muy fuerte, pero ahora estaba

muy delgado.

- ¿Qué te ha sucedido, amigo león? ¿Por qué estás encerrado?


El león enjaulado le contó su historia.

- Cuando llegó el momento de convertirme en el rey de la selva,

usé mi fuerza para vencer al anterior rey, y luego me dediqué a

demostrar a todos mi poder para ganarme su respeto. Golpeé y humillé

a cuantos me llevaron la contraria, y pronto todos hacían mi

voluntad. Yo pensaba que me respetaban, o incluso que me admiraban,

pero solo me obedecían por miedo. Me odiaban tanto que una noche se

pusieron de acuerdo para traicionarme mientras dormía, y me

atraparon en esta jaula en la que moriré de hambre, pues no tiene

llaves ni puerta; y a nadie le importo lo suficiente como para traerme

comida.

El joven león, después de dejar junto a la jaula comida suficiente

para algún tiempo, decidió seguir su camino preguntándose qué podría

hacer para llegar a ser rey, pues había visto que toda su fuerza y fiereza

no les habían servido de nada a los otros dos leones. Andaba buscando

una forma más inteligente de utilizar su fuerza cuando se encontró con

un enorme tigre que se divertía humillando a un pequeño ratón. Estaba

claro que ese tigre era el nuevo rey, pero decidió salir en defensa del

ratoncillo.

- Déjalo tranquilo. No tienes que tratarlo así para demostrar que eres el

rey.

- ¿Quieres desafiarme, leoncito? - dijo burlón y furioso el tigre.-

¿Quieres convertirte en el nuevo rey?

El león, que ya había visto cómo acababan estas cosas, respondió:


- No quiero luchar contigo. No me importa que seas tú el rey. Lo

único que quiero es que dejes tranquilo a este pobre animal.

El tigre, que no tenía ninguna gana de meterse en una pelea con un

león, respiró aliviado pensando que el león le reconocía como rey, y se

marchó dejando en paz al ratoncillo.

El ratoncillo se mostró muy agradecido, y al león le gustó tanto esa

sensación que decidió que aquella podría ser una buena forma de usar

su fuerza. Desde entonces no toleraba que delante de él ningún animal

abusara ni humillara a otros animales más débiles. La fama del león

protector se extendió rápidamente, llenando aquella selva de

animales agradecidos que buscaban sentirse seguros.

Ser el rey de una selva famosa y llena de animales era un orgullo para el

tigre, pero pronto sintió que la fama del joven león amenazaba su

puesto. Entonces decidió enfrentarse a él y humillarlo delante de todos

para mostrar su poder.

- Hola leoncito - le dijo mostrando sus enormes garras- he pensado

que hoy vas a ser mi diversión y la de todos, así que vas a hacer

todo lo que yo te diga, empezando por besarme las patas y limpiarme

las garras.

El león sintió el miedo que sienten todos los que se ven amenazados por

alguien más fuerte. Pero no se acobardó, y respondió valientemente:


- No quiero luchar contigo. Eres el rey y por mí puedes seguir

siéndolo. Pero no voy a consentir que abuses de nadie. Y tampoco de

mí.

Al instante el león sintió el dolor del primer zarpazo del tigre, y comenzó

una feroz pelea. Pero la pelea apenas duró un instante, pues

muchos de los animales presentes, que querían y admiraban al valiente

león, saltaron sobre el tigre, quien sintió al mismo tiempo en sus

carnes decenas de mordiscos, zarpazos, coces y picotazos, y solo

tuvo tiempo de salir huyendo de allí malherido y avergonzado, mientras

escuchaba a lo lejos la alegría de todos al aclamar al león como rey.

Y así fue cómo el joven león encontró la mejor manera de usar

toda su fuerza y fiereza, descubriendo que sin haberlas

combinado con justicia, inteligencia y valentía, nunca se habría

convertido en el famoso rey, amado y respetado por todos, que

llegó a ser.
Enseñanza
Las víctimas del bullying pueden cambiar su situación rodeándose de amigos y adoptando
actitudes valientes

Ambientación
Una selva

Personajes
Varios leones, un tigre y un ratón

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Adiós a la ley de la selva (II): El


ratón
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Cuento
Cuentos con valores similares
 Adiós a la ley de la selva (III): El mono
 Adiós a la ley de la selva (I): El león
 El niño que insultaba demasiado

Ratoncito no sabía por qué, pero siempre lo elegían a él. Apenas tenía

amigos, porque como él se sentía pequeño e insignificante


prefería dedicarse a lo suyo para no enfurecer ni decepcionar a

nadie. Pero daba igual, cada vez que llegaba a la selva un nuevo rey, él

era el objeto de las burlas y los golpes. Gritar, correr, morder o

insultar tampoco servía de nada, porque cuanto más lo hacía más

disfrutaban sus agresores. Y aunque alguna vez había pensado en pedir

ayuda a los elefantes, tenía miedo de lo que pudiera pasar.

Cierto día, mientras un gigantesco león estaba divirtiéndose a su

costa agarrándolo por el rabo y girándolo como un ventilador, se

soltó y salió volando por los aires. El ratón rebotó largo rato de árbol en

árbol, bajando por la montaña, hasta quedar suspendido de una

rama, ¡precisamente un par de metros por encima de otros dos leones!

Ratoncito quedó inmóvil, sujetándose con su rabito a la rama con todas

sus fuerzas para evitar ser visto, pues conocía de sobra a uno de los

leones. Era el anterior rey de la selva que, tras perder la lucha con el

gigantesco león, había cambiado su puesto de rey por un montón de

heridas y cicatrices.

Lo que escuchó el pobre ratón colgado de aquella rama casi hizo

que se soltara.

- Mira - contaba el antiguo rey- yo llegué a ser el rey después de

llenar de miedo a todos. Tal y como me enseñó mi padre, busqué un

animalillo miedoso y solitario, alguien sin amigos que no se atreviera a

buscar ayuda, y lo castigué para mostrar mi fuerza y mi crueldad. Tuve

suerte, porque en esta selva hay un ratoncillo perfecto para eso,


que además llora mucho y se llena de rabia, así que también era muy

divertido fastidiarle…

Tanto lloró Ratoncito en silencio, colgado de su rama, que los leones

pensaron que comenzaba a llover y se marcharon. Pero luego el

ratón se sintió aliviado, pues aquel león cruel había recibido su mismo

castigo, y además ahora ya sabía que no lo elegían a él por mala suerte

o por casualidad. Estaba claro, necesitaba nuevos amigos y

aprender a controlar su miedo.

Como nada de eso se le daba bien, miró qué hacían los demás animales,

y aprendió que nadie hacía amigos dedicado a sus propios asuntos con

gesto triste, como solía hacer Ratoncito, sino mostrándose

alegres, preocupándose por los demás y ayudándoles con sus

problemas. Consiguió un aire más alegre tras horas de ensayo ante un

espejo. Y encontró cómo ayudar a los demás tras descubrir que, aunque

no fuera muy rápido ni muy fuerte, su tamaño y su fino oído eran de

gran utilidad para muchos otros animales.

Así pudo por fin, con buenas dosis de esfuerzo y paciencia, hacer su

primer amigo: un simpático mono a quien ayudó a recuperar unos

plátanos. Y este, que tenía muchos y buenos amigos, le ayudó

conocer a muchos otros animales y a sentirse mucho más feliz en la

selva.

Desgraciadamente para el pequeño ratón, no tardó en llegar un nuevo

rey que quiso volver a infundir el miedo a costa de Ratoncito. Este se

había entrenado con su amigo el mono para controlar su miedo y


sus gritos, pero aún así estuvo a punto de desmayarse al sentir las

garras del tigre acariciando sus orejitas. Consiguió aguantar sin gritar ni

llorar, y también se mantuvo tranquilo cuando el tigre lo insultó y lo

empujó. El tigre se enfureció, pues no se estaba divirtiendo y se

preguntaba por qué le habrían dicho que ese ratón era ideal para

provocar miedo en los demás… ¡ni siquiera él parecía tenerlo!

Además, los amigos del pequeñajo empezaban a llenar el lugar, y

sus caras mostraban más enfado según subía el tono de las amenazas y

provocaciones…

Entonces ocurrió lo impensable: un león recién llegado, viendo el poco

apoyo que tenía el tigre, pensó que podría ganarse la simpatía de

aquellos animales fácilmente, así que intervino para pedirle al tigre

que dejara tranquilo a Ratoncito. Para sorpresa de todos el tigre le

hizo caso, entre otras cosas porque ya se había convencido de que aquel

ratoncillo valiente y alegre no le serviría para infundir el miedo en el

resto de animales. Y aquella fue la última vez que nadie quiso abusar de

Ratoncito, que lo celebró con una gran fiesta llena de amigos a la que no

faltó el león salvador, con quien se mostró muy agradecido y del que

terminó siendo un gran amigo.

Desde entonces, cada vez que Ratoncito ve a algún animalito

convertido en el centro de los ataques y las burlas, corre a ser su

amigo y le cuenta su historia para animarlo a convertirse en

alguien valiente y alegre que esté siempre rodeado de buenos

amigos
Respeto y educación
Enseñanza
El trato irrespetuoso no solo perjudica a quienes lo reciben, sino a quienes lo realizan

Ambientación
Una pequeña ciudad antigua

Personajes
Un mago y un niño

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El niño que insultaba demasiado


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Cuento
Cuentos con valores similares
 Adiós a la ley de la selva (III): El mono
 Adiós a la ley de la selva (II): El ratón
 Adiós a la ley de la selva (I): El león

- ¡Oh, Gran Mago! ¡Ha ocurrido una tragedia! El pequeño Manu ha

robado el elixir con el hechizo Lanzapalabras.


- ¿Manu? ¡Pero si ese niño es un maleducado que insulta a todo el

mundo! Esto es terrible.. ¡hay que detenerlo antes de que lo beba!

Pero ya era demasiado tarde. Manu recorría la ciudad insultado a

todos solo para ver cómo sus palabras tomaban forma y sus

letras se lanzaban contra quien fuera como fantasmas que, al

tocarlos, los atravesaban y los transformaban en aquello que hubiera

dicho Manu. Así, siguiendo el rastro de tontos, feos, idiotas, gordos y

viejos, el mago y sus ayudantes no tardaron en dar con él.

- ¡Deja de hacer eso, Manu! Estás fastidiando a todo el mundo. Por

favor, bebe este otro elixir para deshacer el hechizo antes de que

sea tarde.

- ¡No quiero! ¡Esto es muy divertido! Y soy el único que puede hacerlo

¡ja, ja, ja, ja! ¡Tontos! ¡Lelos! ¡Calvos! ¡Viejos! - gritó haciendo una

metralleta de insultos.

- Tengo una idea, maestro - digo uno de los ayudantes mientras

escapaban de las palabras de Manu- podríamos dar el elixir a todo el

mundo.

- ¿Estás loco? Eso sería terrible. Si estamos así y solo hay un niño

insultando, ¡imagínate cómo sería si lo hiciera todo el mundo! Tengo

que pensar algo.

En los siete días que el mago tardó en inventar algo, Manu llegó a

convertirse en el dueño de la ciudad, donde todos le servían y obedecían

por miedo. Por suerte, el mago pudo usar su magia para llegar hasta
Manu durante la noche y darle unas gotas de la nueva poción mientras

dormía.

Manu se despertó dispuesto a divertirse a costa de los demás.

Pero en cuanto entró el mayordomo llevando el desayuno, cientos de

letras volaron hacia Manu, formando una ráfaga de palabras de las que

solo distinguió “caprichoso”, “abusón” y “maleducado”. Al contacto con

su piel, las letras se disolvieron, provocándole un escozor terrible.

El niño gritó, amenazó y usó terribles palabras, pero pronto comprendió

que el mayordomo no había visto nada. Ni ninguno de los que surgieron

nuevas ráfagas de letras ácidas dirigidas hacia él. En un solo día aquello

de los hechizos de palabras pasó de ser lo más divertido a ser lo peor del

mundo.

- Será culpa del mago. Mañana iré a verle para que me quite el

hechizo.

Pero por más que lloró y pidió perdón, era demasiado tarde para el

antídoto.

- Tendrás que aprender a vivir con tus dos hechizos: lanzapalabras y

recibepensamientos. Bien usados podrían ser útiles…

Manu casi no podía salir a la calle. Se había portado tan mal con

todos que, aunque no se lo dijeran por miedo, en el fondo pensaban

cosas horribles de él y cuando esos pensamientos le tocaban eran como

el fuego. Por eso empezó a estar siempre solo.


Un día, una niña pequeña vio su aspecto triste y sintió lástima. La

pequeña pensó que le gustaría ser amiga de aquel niño y, cuando aquel

pensamiento tocó la piel de Manu, en lugar de dolor le provocó una

sensación muy agradable. Manu tuvo una idea.

- ¿Y si utilizara mi lanzapalabras con buenas palabras? ¿Funcionará al

revés?

Y probó a decirle a la niña lo guapa y lo lista que era.

Efectivamente, sus palabras volaron hacia la niña para mejorar su

aspecto de forma increíble. La niña no dijo nada, pero sus

agradecidos pensamientos provocaron en Manu la mejor de las

sensaciones.

Emocionado, Manu recorrió las calles usando su don para ayudar y

mejorar a las personas que encontraba. Así consiguió ir cambiando

lo que pensaban de él, y pronto se dio cuenta de que desde el principio

podría haberlo hecho así y que, si hubiera sido amable y respetuoso,

todos habrían salido ganando.

Tiempo después, las pociones perdieron su efecto, pero Manu ya

no cambió su forma de ser, pues era mucho mejor sentir el

cariño y la amistad de todos que intentar sentirse mejor que los

demás a través de insultos y desprecios.


Respetar las cosas de los demás
Enseñanza
Muchas veces no tenemos en cuenta a los demás, y provocamos en los demás sentimientos que
nunca querríamos para nosotros

Ambientación
Una ciudad moderna

Personajes
Un ladrón y la policía

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El misterioso ladrón de ladrones


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Cuento
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 Historia de Tom Cabeza Vacía, el buscador de tesoros
 Un encigüeñado día de boda
 El flautista de Hamelin

Caco Malako era ladrón de profesión. Robaba casi cualquier cosa, pero

era tan habilidoso, que nunca lo habían pillado. Así que hacía una vida

completamente normal, y pasaba por ser un respetable comerciante.

Robara poco o robara mucho, Caco nunca se había preocupado

demasiado por sus víctimas; pero todo eso cambió la noche que robaron

en su casa.

Era lo último que habría esperado, pero cuando no encontró muchas

de sus cosas, y vio todo revuelto, se puso verdaderamente furioso, y

corrió todo indignado a contárselo a la policía. Y eso que era tan

ladrón, que al entrar en la comisaría sintió una alergia tremenda,

y picores por todo el cuerpo.

¡Ay! ¡Menuda rabia daba sentirse robado siendo él mismo el verdadero

ladrón del barrio! Caco comenzó a sospechar de todo y de todos. ¿Sería

Don Tomás, el panadero? ¿Cómo podría haberse enterado de que Caco

le quitaba dos pasteles todos los domingos? ¿Y si fuera Doña Emilia, que

había descubierto que llevaba años robándole las flores de su ventana y

ahora había decidido vengarse de Caco? Y así con todo el mundo, hasta

tal punto que Caco veía un ladrón detrás de cada sonrisa y cada

saludo.
Tras unos cuantos días en que apenas pudo dormir de tanta rabia, Caco

comenzó a tranquilizarse y olvidar lo sucedido. Pero su calma no duró

nada: la noche siguiente,volvieron a robarle mientras dormía.

Rojo de ira, volvió a hablar con la policía, y viendo su insistencia en

atrapar al culpable, le propusieron instalar una cámara en su casa

para pillar al ladrón con las manos en la masa. Era una cámara

modernísima que aún estaba en pruebas, capaz de activarse con los

ruidos del ladrón, y seguirlo hasta su guarida.

Pasaron unas cuantas noches antes de que el ladrón volviera a

actuar. Pero una mañana muy temprano el inspector llamó a Caco

entusiasmado:

- ¡Venga corriendo a ver la cinta, señor Caco! ¡Hemos pillado al ladrón!

Caco saltó de la cama y salió volando hacia la comisaría. Nada

más entrar, diez policías se le echaron encima y le pusieron las

esposas, mientras el resto no paraba de reír alrededor de un

televisor. En la imagen podía verse claramente a Caco Malako

sonámbulo, robándose a sí mismo, y ocultando todas sus cosas

en el mismo escondite en que había guardado cuanto había

robado a sus demás vecinos durante años... casi tantos, como los

que le tocaría pasar en la cárcel.


Buenos modales y educación
Enseñanza
Los buenos modales facilitan tanto la comunicación con los demás que se pueden conseguir
muchas más cosas que a través de la autoridad y la discusión

Ambientación
Un antiguo reino

Personajes
Un rey, un mago, y un joven

Otros idiomas
Inglés

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Los dos conjuros


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Cuento
Cuentos con valores similares
 El alegre barrendero
 El niño que insultaba demasiado
 Barba Flamenco y el recortador de cuentos

Había una vez un rey que daba risa. Parecía casi de mentira, porque por

mucho que dijera "haced esto" o "haced lo otro", nadie le obedecía. Y

como además era un rey pacífico y justo que no quería ni

castigar ni encerrar a nadie en la cárcel, resultó que no tenía nada

de autoridad, y por eso dio a un gran mago el extraño encargo de

conseguir una poción para que le obedecieran.

El anciano, el más sabio de los hombres del reino, inventó mil

hechizos y otras tantas pociones; y aunque obtuvo resultados tan

interesantes como un caracol luchador o una hormiga bailarina , no

consiguió encontrar la forma de que nadie obedeciera al rey. Se enteró

del problema un joven, que se presentó rápido en palacio, enviando a

decir al rey que él tenía la solución.

El rey apareció al momento, ilusionado, y el recién llegado le entregó

dos pequeños trozos de pergamino, escritos con una increíble tinta de

muchos colores.

- Estos son los conjuros que he preparado para usted, alteza.

Utilizad el primero antes de decir aquello que queráis que vuestro


súbditos hagan, y el segundo cuando lo hayan terminado, de forma que

una sonrisa os indique que siguen bajo vuestro poder. Hacedlo así, y el

conjuro durará para siempre.

Todos estaban intrigados esperando oir los conjuros, el rey el que más.

Antes de utilizarlos, los leyó varias veces para sí mismo, tratando de

memorizarlos. Y entonces dijo, dirigiéndose a un sirviente que pasaba

llevando un gran pavo entre sus brazos:

- Por favor, Apolonio, ven aquí y déjame ver ese estupendo pavo.

El bueno de Apolonio, sorprendido por la amabilidad del rey, a quien

jamás había oído decir "por favor", se acercó, dejando al rey y a

cuantos allí estaban sorprendidos de la eficacia del primer

conjuro. El rey, tras mirar el pavo con poco interés, dijo:

- Gracias, Apolonio, puedes retirarte.

Y el sirviente se alejó sonriendo. ¡Había funcionado! y además,

¡Apolonio seguía bajo su poder, tal y como había dicho el extraño!. El

rey, agradecido, colmó al joven de riquezas, y éste decidió seguir su

viaje.

Antes de marcharse, el anciano mago del reino se le acercó,

preguntándole dónde había obtenido tan extraordinarios poderes

mágicos, rogándole que los compartiera con él. Y el joven, que no era

más que un inteligente profesor, le contó la verdad:

- Mi magia no reside en esos pergaminos sin valor que escribí al llegar

aquí. La saqué de la escuela cuando era niño, cuando mi maestro repetía


constantemente que educadamente y de buenas maneras, se podía

conseguir todo. Y tenía razón. Tu buen rey sólo necesitaba buenos

modales y algo de educación para conseguir todas las cosas

justas que quería.

Y comprendiendo que tenía razón, aquella misma noche el mago

se deshizo de todos sus aparatos y cachivaches mágicos, y los

cambió por un buen libro de buenos modales, dispuesto a seguir

educando a su brusco rey.


Ficha del cuento
8.6
Valores
Aprender a no burlarse de los demás
Enseñanza
Burlarse de los demás, por divertidas que sean sus situaciones, provoca la ira y el enfado más
grande en ellos y su respuesta más violenta

Ambientación
La sabana africana

Personajes
Un rinoceronte, una tortuga y unos monos

Otros idiomas
Inglés

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Nunca te burles de un rinoceronte


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Cuento
Cuentos con valores similares
 El mago alérgico
 Tomás Tarambana y su tambor
 Los duendes malvados

Hubo una vez en la sabana africana, un rinoceronte con mal humor que

se enfadaba muy fácilmente. Cierto día, una gran tortuga cruzó por

su territorio sin saberlo, y el rinoceronte corrió hacia ella para

echarla. La tortuga, temerosa, se ocultó en su caparazón, así que

cuando el rinocerante le pidió que se fuera no se movió. Esto irritó

mucho al gran animal, que pensó que la tortuga se estaba burlando, y

empezó a dar golpes contra el caparazón de la tortuga para hacerla salir.

Y como no lo conseguía, empezó a hacerlo cada vez más fuerte, y con

su cuerno comenzó a lanzar la tortuga por los aires de un lado a

otro, de forma que parecía un rinoceronte jungando al fútbol, pero en

vez de balón, usaba una tortuga.

La escena era tan divertida, que enseguida un montón de monos

acudieron a verlo, y no paraban de reírse del rinoceronte y su lucha con

la tortuga, pero el rinoceronte estaba tan furioso que no se daba ni

cuenta. Y así siguio hasta que, cansado de dar golpes a la tortuga

sin conseguir nada, paró un momento para tomar aire.

Entonces, al parar su ruido de golpes, pudo oír las risas y el

cachondeo de todos los monos, que le hacían todo tipo de burlas. Ni


al rinoceronte ni a la tortuga, que se asomó para verlo, les hizo ninguna

gracia ver una panda de monos riéndose de ellos, así que se miraron un

momento, se pusieron de acuerdo con un gesto, y la tortuga volvió a

ocultarse en el caparazón. Esta vez el rinoceronte, muy tranquilo, se

alejó unos pasos, miró a la tortuga, miró a los monos, y cogiendo

carrerilla, disparó un formidable tortugazo, con tan tremenda

puntería, que ¡parecía que estaba jugando a los bolos con los monos

burlones!.

El "strike" de monos convirtió aquel lugar en una enfermería de

monos llenos de chichones y moratones, mientras que el

rinoceronte y la tortuga se alejaban sonriendo como si hubieran sido

amigos durante toda la vida... y mientras le ponían sus tiritas, el jefe de

los monos pensaba que tenían que buscar mejores formas de divertirse

que burlarse de los demás.


Respeto y humildad
Enseñanza
Las faltas de respeto se extienden cuando no se hace nada, y es responsabilidad de todos tratar
de evitarlas

Ambientación
Un pueblo

Personajes
Un payaso y un niño insolente

Otros idiomas
Inglés

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El misterioso payaso malabarista


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Cuento
Cuentos con valores similares
 El mago alérgico
 Nunca te burles de un rinoceronte
 Finales felices

Había una vez un pueblo al que un día llegó un payaso

malabarista. El payaso iba de pueblo en pueblo ganando unas

monedas con su espectáculo. En aquel pueblo comenzó su

actuación en la plaza, y cuando todos disfrutaban de su

espectáculo, un niño insolente empezó a burlarse del payaso y a

increparle para que se marchara del pueblo. Los gritos e

improperios terminaron por ponerle nervioso, y dejó caer una de

las bolas con las que hacía malabares. Algunos otros comenzaron

a abuchearle por el error, y al final el payaso tuvo que salir de allí

corriendo, dejando en el suelo las 4 bolas que utilizaba para su

espectáculo.

Pero ni aquel payaso ni aquellas bolas eran corrientes, y durante

la noche, cada una de las bolas mágicamente dio lugar a un niño

igual al que había comenzado los insultos. Todas menos una, que

dio lugar a otro payaso. Durante todo el día las copias del niño

insolente anduvieron por el pueblo, molestando a todos, y

cuando por la tarde la copia del payaso comenzó su espectáculo

malabarista, se repitió la situación del día anterior, pero esta vez


fueron 4 los chicos que increparon al payaso, obligándole a

abandonar otras 4 bolas. Y nuevamente, durante la noche, 3 de

aquellas bolas dieron lugar a copias del niño insolente, y la otra a

una copia del payaso.

Y así fue repitiéndose la historia durante algunos días, hasta que

el pueblo se llenó de chicos insolentes que no dejeban tranquilo

a nadie, y los mayores del pueblo se decidieron a acabar con todo

aquello. Firmemente, impidieron a ninguno de los niños faltar ni

increpar a nadie, y al comenzar la actuación del payaso, según

empezaban los chicos con sus insultos, un buen montón de

mayores les impidieron seguir adelante, de forma que el payaso

pudo completar su espectáculo y pasar la noche en el pueblo. Esa

noche, 3 de las copias del niño insolente desaparecieron, y lo

mismo ocurrió el resto de días, hasta que finalmente sólo

quedaron el payaso y el niño auténtico.

El niño y todos en el pueblo habían comprobado hasta dónde

podía extenderse el mal ejemplo, y a partir de entonces, en lugar

de molestar a los visitantes, en aquel pueblo ponían todo su

empeño para que pasaran un buen día, pues habían descubierto

que hasta un humilde payaso podía enseñarles mucho.


Consideración y respeto por los demás
Enseñanza
El respeto y la consideración a los demás son fundamentales para vivir en grupo, porque siempre
habrá algo que nos moleste a todos

Ambientación
Un aula de un colegio

Personajes
Un muñeco de plastilina, un tambor y otros juguetes de una clase

Otros idiomas
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Tomás Tarambana y su tambor


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Cuento
Cuentos con valores similares
 Nunca te burles de un rinoceronte
 Los duendes malvados
 El mago alérgico

Tomás Tarambana era un niño de plastilina naranja y azul que vivía en

un colegio. Aunque tenía muchas cosas buenas, había empezado a

perder un poco el respeto a los demás, y cuando su tía Agata, una

gran bola de plastilina de colores, le regaló un tambor por su

cumpleaños, aquello fue terrible. Daba igual cuánto le pidieran todos

que tocara más bajo, o que fuera a hacerlo a otro lugar: Tomás se

paseaba por toda el aula aporreando el tambor, sin que las molestias

que causaba a los demás le importasen ni un pimiento. Así que el resto

de figuritas del aula dejaron de querer jugar con Tomás, y

sufrieron mucho con su ruidoso tambor hasta que Coco Sapio, un

muñeco listísimo hecho con construcciones, inventó unos tapones

especiales para los oidos que dejaban oir los ruidos normales, pero

evitaban los más molestos.

Tomás, al ver que los demás ya no le hacían caso, y que ni siquiera se

molestaban,se enfadó mucho con Coco Sapio, y tras una gran pelea,

el inventor terminó cayendo al suelo desde lo alto de una mesa,

rompiéndose en sus mil piezas. Aunque fue un accidente,todos se


enfadaron tanto con Tomás, que ya nadie quiso volver a saber nada

de él, aunque a él tampoco le importó mucho.

Y todo habría quedado así si no fuera porque a los pocos días, colocaron

en la clase un precioso reloj de cuco, justo al lado de la estantería en

que dormía Tomás. El cuco sonaba constantemente, "tic, tac, tic, tac", y

para colmo cada hora salía a hacer "cucú, cucú", así que Tomás no

podía descansar ni un poquito, pero los demás, con sus tapones

especiales, estaban tan tranquilos.

Entonces Tomás empezó a darse cuenta de lo muchísimo que

había molestado a todos con su tambor, y de la tontería que

había hecho peleándose con Coco Sapio, que sería el único que

podría ayudarle ahora. Y decidido a cambiar la situación, y a que

todos vieran que iba a convertirse en el niño más bueno y

respetuoso, dedicó todo el tiempo a ir reuniendo las piezas de

Coco Sapio para reconstruirlo en secreto. Le llevó muchísimos

días y noches, hasta que terminó justo cuando ya casi no podía

más, de tan poco que dormía por culpa del reloj de cuco. Y

cuando Coco Sapio estuvo reconstruido y volvió a tomar

vida, todos se llevaron una estupenda sorpresa y felicitaron a

Tomás por su trabajo, quien pidió perdón a todos por su falta de

cuidado y por no haber tenido en cuenta lo mucho que les

molestaba. Así que aunque Coco Sapio estaba algo enfadado con

Tomás Tarambana, le convencieron para que inventara unos

tapones para él, y a partir de aquel día, pudo por fin Tomás
Tarambana descansar un poco, y nunca más dejó que nadie

volviera a ser tan desconsiderado como lo había sido él mismo.


Limpieza, orden y alegría en el trabajo
Enseñanza
Es mejor ser ordenado y limpio desde el principio, que tener que limpiar todo al final, y cualquier
puede hacerse con alegría e ilusión

Ambientación
Un parque de atracciones

Personajes
Una chico gamberra y un barrendero

Otros idiomas
Inglés

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El alegre barrendero
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Cuento
Cuentos con valores similares
 Los dos conjuros
 La sopa de letras
 El niño que insultaba demasiado

Estaban un chico un poco gamberro y sus amigotes pasando el

día en un parque de atracciones. Habían ido muy temprano y

todo estaba vacío y limpio, cuando vieron al barrandero del

parque, cantando y bailando mientras barría. Como todo estaba

tan limpio, les hizo mucha gracia verle trabajar tan alegre desde

tan pronto, y no dejaron de contar chistes y gastarle bromas

pesadas. Pero él no se molestaba y seguía barriendo su limpia

calle, así que comenzaron a tirar papeles y bolsas al suelo, "para

darle trabajo". Cuando llegaron más visitantes, y vieron al chico

y sus amigos tirando bolsas y basura al suelo, pensaron que era

uno de los juegos del parque, y lo mismo pensaron los

siguientes, y los siguientes, y antes de que nadie pudiera darse

cuenta, el parque estaba hasta arriba de basuras, y el buen

barrendero no daba abasto.

A nadie parecía importarle, pero empezó a ocurrir algo extraño.

Según pasaba el tiempo, las atracciones del parque se iban

vaciando, y cada vez había más personas cabizbajas mirando el

suelo, hasta que al final del día, nadie hacía cola en los divertidos
juegos del parque, y todo el mundo se dedicaba a mirar al

suelo. "Pero bueno", se decían los encargados del parque, "¿qué

estará pasando?"

Pues... ¡que todos estaban buscando algo!.

Resultó que a lo largo del día, a todo el mundo se le terminó

cayando algo al suelo, pero como estaba lleno de bolsas, papeles

y suciedad, en cuanto algo caía.. ¡era casi imposible encontrarlo!

Y como aquello no tenía remedio, tuvieron que ponerse de

acuedo para limpiar el parque entre todos y luego encontrar sus

cosas. Pero animados por el barrendero, lo hicieron cantando y

bailando, y le pusieron tantas ganas y fue tan divertido, que

desde aquel día crearon un juego nuevo en el parque donde

todos, armados de escobas y bolsas, se dedicaban a limpiar un

rato riendo y bailando.


Respeto y el resto de valores fundamentales
Enseñanza
El respeto es el valor que relaciona el resto de valores fundamentales sobre los que se sustenta la
sociedad.

Ambientación
El centro de la tierra

Personajes
Un niño

Otros idiomas
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Las columnas de la tierra


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Cuento
Cuentos con valores similares
 Un regalo muy pesado
 Quebrant@risas, el rompefamilias
 ¿Y si no fueron felices y se hartaron de perdices?

Érase una vez un niño que siempre trataba a su madre con gritos

e insultos, sin importarle lo mucho que esto la entristecía. Un

día, sin saber cómo, despertó en un lugar inmenso y solitario,

sentado sobre una roca de la que surgían cuatro columnas que

parecían sustentar el mundo entero. Estaba allí solo, cuando al

poco vio llegar una inmensa bandada de cuervos con picos de

metal que se lanzaron contra la roca, picoteándola con fuerza.

Cuando volvió a estar sólo, misteriosamente se abrió una puerta

en una de las columnas, y de ella salió una niña simpática y

preciosa.

-¿Has venido a ayudarnos? ¡qué bien! nos hace falta toda la

gente posible.

El niño no comprendía, y viendo su extrañeza, la niña le explicó.

-¿Así que no sabes dónde estás? Esto es el centro de la

tierra, estas columnas lo sujetan todo, y la piedra sobre la que

estás las mantiene unidas

-¿Y a qué queréis que os ayude?- dijo el niño extrañado.

- Pues a cuidar la piedra, claro. Se te ve en la cara que eres la


persona ideal-respondió la niña-.Los pájaros que has visto son

cada vez más numerosos, y si no cuidamos esta piedra un día se

romperá y todo se vendrá abajo.

- ¿Que se me ve en la cara?-exclamó el niño sorprendido-¡Pero si

nunca he cuidado una piedra!

- Pero aprenderás a hacerlo, igual que hasta ahora no lo has

hecho. Toma, mírate en este espejo- respondió la niña mientras

le ponía un espejo frente a la cara.

Entonces el niño se vio reflejado, y pudo ver claramente cómo su

rostro parecía el de un pájaro, y su nariz comenzaba a estar

metalizada. Quedó allí parado, asustado y preocupado, sin decir

palabra.

- Todos esos pájaros fueron niños como tú y como yo-explicó la

niña-pero ellos decidieron no cuidar este lugar. Ahora que son

mayores, se han convertido en pájaros malvados que sólo lo

destruyen. Hasta ahora, tú no has hecho mucho por cuidarlo,

pero ahora que ya lo sabes, ¿me ayudarás a conservar todo esto?

- dijo con una sonrisa mientras le tendía la mano.

El niño no terminaba de comprender todo aquello, pero entonces,

al mirar de cerca las columnas, vió que cada una estaba hecha de

miles y miles de figuritas representado los grandes

valores: sinceridad, esfuerzo, honradez, generosidad.... Y al

acercarse al suelo,comprobó que la enorme roca estaba formada

por las diminutas historias de niños respetando a sus madres,

abuelos, hermanos, ancianos... sobre la que los cuervos trataban


de grabar escenas de gritos e insultos. Y junto a sus pies, pudo

ver su propio dibujo, el de la última vez que había gritado a su

madre. Aquella imagen, en aquel extraño lugar, le hizo ver que

era el respeto lo que mantenía unidas las columnas de los

valores que sostienen el mundo.

El niño, arrepentido, permaneció allí cuidando la roca durante

días y días, con alegría y buenas obras, reponiendo el daño que

causaba cada aparición de los pájaros, sin llegar a dormir un

minuto. Así estuvo hasta que, agotado por el esfuerzo, cayó

rendido.

Al despertar, volvía a estar en su casa, y no sabía si todo aquello

había sido un sueño; pero de lo que sí estaba seguro, era de que

ningún cuervo volvería a grabar un dibujo suyo gritando a su

madre.