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Eugenio

Hernández-Bretón:
“No hace falta ser viejo
para saber de lo
que uno hace, sino
que lo que hay
que proponerse
desde temprano es ser
mejor de lo que
se puede ser” 1
1

1 Entrevista del Director de la Revista, Carlos García Soto, al profesor Eugenio


Hernández-Bretón.
Eugenio Hernández-Bretón

El profesor Eugenio Hernández-Bretón es una autoridad mun-


dial en temas de Derecho Internacional Privado. Ha sido el
Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la
Universidad Monteávila por diez años.

Profesor de Derecho Internacional Privado en la Universidad


Central de Venezuela (desde 1992); Coordinador de la Maestría
en Derecho Internacional Privado y Comparado de la Univer-
sidad Central de Venezuela (desde 2009); Profesor fundador de
la cátedra de Derecho Internacional Privado en la Universidad
Monteávila (2003); Decano de la Facultad de Ciencias Jurídi-
cas y Políticas de la Universidad Monteávila, Caracas (desde
2007); Profesor en la Academia de La Haya de Derecho Inter-
nacional (2004); Doctor iuris utriusque (summa cum laude) de
la Universidad de Heidelberg (Alemania); Master en Derecho
(magna cum laude) de la Universidad de Tübingen (Alemania);
Master en Derecho de la Columbia University (New York);
Diplomado en Derecho Comparado de la Facultad Internacio-
nal para la Enseñanza del Derecho Comparado (Estrasburgo,
Francia); Abogado egresado de la Universidad Católica Andrés
Bello (summa cum laude); Socio de la Firma Internacional
Baker & McKenzie; Individuo de Número de la Academia de
Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela (Sillón N° 11, 2005),
de la que fue Presidente entre los años 2015 y 2016; Miembro
del Instituto Hispano-Luso-Americano de Derecho Interna-
cional (2004); Asociado de la Academia de La Haya de Dere-
cho Comparado (2008); Miembro de Honor y Presidente del
Comité Consultivo de la Asociación Americana de Derecho
Internacional Privado (2010); Premio de Investigación Funda-
ción de la Procuraduría General de la República (1993); Presi-
dente del Comité Venezolano de Arbitraje (2004); autor de tres
libros y más de 100 artículos.

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Eugenio Hernández-Bretón

1. ¿Cómo fue su proceso de formación jurídica en la Universidad y


en el postgrado?

Comencé a estudiar Derecho por descarte. Realmente Derecho no


era mi preferencia, pues a pesar de interesarme las cosas de letras y de
humanidades, estudié Bachillerato en Ciencias y sentía especial atrac-
ción por las cosas de la naturaleza, especialmente por el mar. Y de allí
mi interés por la Oceanografía. Pero en ese tiempo había que estudi-
arla fuera de Caracas y la verdad es que no me sentí en condiciones de
irme de Caracas en ese momento. También me hubiese gustado estudiar
Medicina, pero no me sentí con las condiciones para estudiarla. Por eso
estudiar Derecho apareció como una alternativa principalmente porque
tenía algunos ejemplos cercanos: mi padre, un tío y uno de mis abue-
los fueron o se desempeñaban en actividades jurídicas. Me parece que a
mi padre no le habría entusiasmado que yo estudiase Derecho. El sabrá
por qué no. Entré a la Facultad de Derecho en la Universidad Católica
Andrés Bello sin mucha certeza de cómo serían los estudios o de qué
metodología se aplicaría. Yo era totalmente ignorante de lo que me espe-
raba en la Facultad. Me imagino que muchos estudiantes se encontraban
y se encuentran en la misma situación. Creo que el primer profesor que
escuché en la Universidad fue el Dr. José Guillermo Andueza, un hom-
bre que me mostró lo importante de ser puntual y fue un correctísimo
expositor de su materia que tenía que ver con Derecho Constitucional y
Derecho Político. Los apuntes que uno tomaba de sus clases eran como
luego leer un libro. Es un hombre muy culto jurídicamente hablando y
con un inmenso sentido de responsabilidad. También recuerdo las clases
de Derecho Romano y de Derecho de Personas del Dr. Hermes Hart-
ing, de quien aprendí muchísimo Derecho Privado. Fue un muy buen
expositor, con una didáctica ejemplar y muy metódico y ordenado en sus
exposiciones. Me costó al principio familiarizarme con la terminología
jurídica y con las frases en Latín, pues como estudié Ciencias no tenía
conocimientos previos de Latín. Sin embargo, creo que me emparejé
bastante rápido. Agradezco mucho que la casualidad me haya puesto en
la misma sección de Derecho en que cursaba Ignacio De Sola, a quien
había conocido en el Colegio san Ignacio de Loyola donde el estudió
Humanidades. Uno de los primeros días de clase en la universidad se me

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Entrevista del Director de la Revista al profesor Eugenio Hernández-Bretón

acercó Ignacio y me propuso que hiciéramos un grupo de estudio para


reunirnos en las tardes, luego de clases, para preparar los exámenes par-
ciales. El grupo lo completaba Augusto Egoavil, a quien conocía de antes
por su hermano Luis. Nos reuníamos de lunes a viernes en el Despa-
cho del Dr. René De Sola, un muy ilustre abogado y profesor universi-
tario que después fuera Presidente de la Corte Suprema de Justicia, cuyo
ejemplo profesional también me ha marcado. No se por qué dije que si
al estudio en grupo, tal vez por novedad o por hacer algo en las tardes.
Lo cierto es que varias semanas antes de los primeros exámenes parcia-
les ya nos habíamos estudiado y aprendido todas las materias. Ignacio
era muy dictatorial en la manera en que condujo el grupo de estudio, y
Augusto y yo creo que nos la pasábamos muy bien en nuestras reuniones
de estudio. Me acuerdo que una de esas tardes nos hicieron pasar a la
biblioteca del Despacho para que presenciáramos la firma de unos doc-
umentos ante Notario Público por un cliente del Dr. De Sola, y Arturo
De Sola, abogado y hermano mayor de Ignacio, nos explicó la mecánica
del acto a medida que se realizaba. También estudiar en grupo nos sirvió
para interesarnos en la lectura de libros jurídicos. Teníamos la biblioteca
del Despacho del Dr. De Sola y también los libros de la biblioteca de
mi padre, quien había fallecido unos años antes. Y así comenzamos el
grupo que se mantuvo durante el segundo año y tuvimos muy buenos
resultados. Comencé con buen pie en mis estudios de Derecho y eso se lo
debo a mis amigos Ignacio De Sola y Augusto Egoavil. A mediados de
ese primer año hice los arreglos para cambiarme a Derecho en la UCV
en donde también había sido admitido. Hice mi inscripción, pagué los
derechos correspondientes, pero como ya estaba avanzado el curso en la
UCAB, que había comenzado en septiembre y en la UCV debía esperar
unos cuantos meses más, decidí seguir en la Católica, sobre todo porque
los resultados en los exámenes habían sido muy buenos. Para algunos
exámenes estudié junto con Rafael Clemente Arráiz Lucca, hoy famoso
escritor e historiador. Me gustaba estudiar con él porque tenía un grupo
de estudios bien heterogéneo, que incluía a estudiantes de años superi-
ores, y conversábamos con ellos de muchos temas muy interesantes.

En segundo año conocí a Miguel Sadovnik, un tipo especial y muy


culto, quien no cursó el primer año con nosotros y que estaba regresando

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Eugenio Hernández-Bretón

a Caracas luego de un año en Israel. Nos hicimos buenos amigos y cierto


tiempo después armamos otro grupo de estudio junto con Maritza Bas-
copé, a quien conocí ya en primer año y era una muy buena estudiante, y
con Froilán Ignacio Núñez, también muy apreciado amigo, algo mayor
que nosotros. Compartí los dos grupos de estudios y con cada uno de
ellos aprendí mucho, pues mis compañeros me obligaron a estudiar más
y a discutir y analizar los problemas que comenzábamos a estudiar. Los
años siguientes los compartí con mis actividades de pasante, desde el
inicio del Tercer Año, en el Despacho de Abogados miembros de Baker
& McKenzie, donde todavía ejerzo de abogado. Trabajar de pasante me
permitió tener un buen ingreso y además ver las cosas en acción y seguir
aprendiendo mucho más, ahora con otra dimensión, la de los casos inter-
nacionales. Agradezco mucho el tiempo que me dedicaron mis jefes en
el Despacho y entre ellos a Eduardo Machado Iturbe por todo lo que
me hizo pensar, lo que me enseñó en cuanto a método y porque con él
aprendí a investigar y a redactar en materia jurídica. En mi último año
de estudios compartí mucho con José Mateo Raicic, compañero de curso
y de partidos de béisbol, quien venía de Barquisimeto. Estudiábamos los
dos y a veces nos quedábamos días estudiando y sin dormir. Con Luis
Miguel Otero, Federico Carmona y Joe Mishkin también montamos
grupos de estudio, pero algo más informales y también eficientes.

En mis años finales de estudios de Derecho me fui definiendo hacia


el Derecho Internacional Privado aun antes de estudiar la materia por
primera vez, aunque el Derecho Procesal Civil me atraía considerable-
mente y esto último por el profesor Alberto Baumeister. Tuve mala for-
mación en Derecho Administrativo, tal vez muy mala, y lo que aprendí
fue porque lo estudié por mi cuenta. Tuve ejemplares profesores de
Derecho Mercantil, los profesores Alfredo Morles Hernández y Hugo
Mármol Marquís, ambos de enorme sabiduría y gran compromiso uni-
versitario. También tuve en Derecho Minero y Petrolero a un profesor
cultísimo en cualquier área del Derecho, con una bondad extraordinaria,
el Dr. Román Duque Corredor. Con el profesor Luis García Montoya
me inicié en el mundo del Derecho Tributario, y aprendí bastante. En
Derecho Civil recuerdo además del profesor Harting a los profesores
Natán Zaidman, León Henrique Cottin, Luis Alfredo Araque y Chibly

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Entrevista del Director de la Revista al profesor Eugenio Hernández-Bretón

Abouhamad Hobaica, quienes me hicieron estudiar mucho y aprender


mucho. Les estoy muy agradecido a todos ellos.

Me gradué con gente muy estudiosa, ocupé uno de los primeros


puestos de mi graduación y recibí la mención summa cum laude. Inmedia-
tamente después de graduarme ejercí como abogado por un año y me fui
a los Estados Unidos de América, en donde cursé el Master of Laws de la
Columbia University. Esto me permitió conocer el sistema del Common
Law, mejorar mi inglés, iniciarme en el método del caso y conocer al
profesor Willis Reese, uno de los grandes sabios del Derecho Internacio-
nal Privado del siglo XX, quien fue mi profesor de Conflict of Laws. Mi
idea, sin embargo, era estudiar en Alemania, pero esto es otra historia
que contaré más adelante. Luego de mis estudios en Nueva York regresé
a Caracas y seguí ejerciendo como abogado. Y al poco tiempo me inscribí
en la Especialización en Derecho Administrativo de la UCV. Allí mejoré
notablemente mis conocimientos de la materia al estudiar con profesores
como Gonzalo Pérez Luciani, Allan Brewer-Carías, Luis Henrique
Farías Mata, Hildegard Rondón de Sansó, Nelson Socorro, Armando
Rodríguez, Judith Rieber de Bentata, entre otros, todos grandes pro-
fesores. En ese tiempo mi inserción en los postgrados de la UCV me
permitió dar a la publicidad mis primeros trabajos sobre La personalidad
Jurídica de las academias nacionales y el principio de irretroactividad de los
actos administrativos no normativos. También pude tomar cursos del Doc-
torado en Derecho con la Dra. Tatiana de Maekelt, persona maravillosa
en todos los sentidos de la vida. Y con ella llegó el empuje para irme a
Alemania. Lo primero que hice fue mejorar mi alemán que había apren-
dido de niño. Luego fui a la Eberhard-Karls Universität de Tübingen
en donde hice la Maestría en Derecho con mención magna cum laude y
luego continúe en la Karl-Ruprechts Universität de Heidelberg, doctorán-
dome summa cum laude bajo la dirección del profesor Erik Jayme. Fui el
primer doctor extranjero bajo la guía de quien es la primera autoridad
mundial en Derecho Internacional Privado de nuestros tiempos. Tuve
entonces la ocasión de investigar durante un par de años en el Instituto
Max-Planck de Derecho Internacional Público y Público Extranjero de
Heidelberg, en el Instituto de Derecho Internacional Privado y Dere-
cho Privado Extranjero de la Universidad de Heidelberg y en el Insti-

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Eugenio Hernández-Bretón

tuto Max-Planck de Derecho Internacional Privado, Derecho Privado


Extranjero y Derecho Económico de Hamburgo. Así conocí lo que son
las buenas bibliotecas jurídicas del mundo, dentro de las que también
se cuentan las de Columbia University. Para no perder el tiempo, mien-
tras vivía en Heidelberg tomé clases en la Facultad de Internacional de
Derecho Comparado de Estrasburgo en Francia. Con ese bagaje regresé
a Venezuela a reincorporarme a la docencia y a seguir con mi profesión
de abogado. Vine con mi mejor buena voluntad y sin un centavo, pero
con una mujer extraordinaria, mi esposa Uxua. Ella ha sido el real y más
activo motivo para hacer lo que haya podido hacer, la más valiente, la
más divertida. La mejor.

2. ¿Quiénes han sido los profesores y/o autores que más han influen-
ciado en su vida académica y por qué?

Sin proponérmelo creo que encontré en el Dr. Gonzalo Parra-Aran-


guren un gran ejemplo. En otra parte he narrado esto, pero vale la pena
repetirlo. Creo que yo no había cumplido 15 años de edad cuando encon-
tré en la biblioteca de mi padre un libro de tapa dura y azul, en cuyo texto
se alternaban páginas escritas en alemán y en castellano. El autor de ese
libro fue Ein qualifizierter junger venezolanischer Jurist. Ese “joven vene-
zolano, de calificadas dotes jurídicas” era el Dr. Parra-Aranguren y se
convertiría para muchos otros venezolanos en un gran ejemplo a seguir,
como profesor universitario, como abogado, como hombre, como vene-
zolano. Por ese tiempo había comenzado yo de niño a aprender alemán y
sin duda ese encuentro fue una razón muy importante que me llevó -sin
yo saberlo- a seguir sus pasos y a doctorarme en Alemania unos años
después y a dedicarme al Derecho Internacional Privado. La profesora
Maekelt es para mi un modelo de vida académica, indoblegable, imba-
tible, siempre entusiasta, inmejorable. La conocí en el Doctorado de la
UCV y me llevó a publicar mi primer trabajo sobre Derecho Internacio-
nal Privado y me animó a hacer realidad mis deseos de estudiar en Ale-
mania. Con el Dr. Parra-Aranguren y la Dra. Maekelt conocí las obras y
la manera de ser de los profesores Lorenzo Herrera Mendoza y Joaquín
Sánchez-Covisa. Estos dos últimos son también fuente de inspiración
docente y académica. Hoy creo que simplemente continúo el camino que

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Entrevista del Director de la Revista al profesor Eugenio Hernández-Bretón

ellos siguieron, siguiendo ellos a su vez a quienes los precedieron, y de esa


manera también sigo los pasos de Herrera Mendoza y de Sánchez-Co-
visa, quienes fueron ejemplo para quienes para mí son ejemplo. Con la
Dra. Maekelt me inicié en el estudio formal del Derecho Comparado,
cosa que sigo practicando aún hoy en día. Finalmente debo mencionar
al profesor Luis Henrique Farías Mata por su inmejorable capacidad
docente, envidiable pero inimitable. De mis profesores en el extranjero
sin duda que el profesor Jayme ha tenido una inmensa influencia. Hoy le
sigo estando muy agradecido por todo lo que aprendí con él. En Alema-
nia también estudié con los profesores Wolfgang Graf Vitzthum, Peter
Ulmer, Jochen Frowein, Gert Reinhart, Wolfgang Hefermehl, Günter
Püttner, Rolf Schütze. Y tuve compañeros de discusión incomparables,
entre ellos el ahora profesor y Director del Instituto de Derecho Interna-
cional de la Universidad de Colonia Dr. Heinz-Peter Mansel, la actual
Magistrada del Tribunal Constitucional de Berlín Dra. Daniela Brück-
ner, el Dr. Werner Mangold, uno de los mejores abogados corporativos
de Alemania. En Nueva York tuve de profesores además del profesor
Reese a George Bermann, Alejandro Garro, Harlan Blake, Allan Far-
nsworth, entre otros. De todos los autores que leí o he leído para mi
siguen siendo un modelo los textos del profesor Luis Loreto y los de
Sánchez-Covisa. Al leerlos lo que se recibe es sapiencia, ciencia, dominio
del conocimiento, método y disciplina. He tratado de seguir su estilo.
Tal vez no lo he alcanzado, pero que conste que he tratado. En cuanto
al orden y a la minuciosidad en la investigación ninguno como el Dr.
Gonzalo Parra-Aranguren. Lo admiré mucho y lo seguiré admirando.

3. ¿Puede señalar cinco libros fundamentales para su formación


como jurista?

Creo que encontré en el libro de Derecho Romano de Pietro Bon-


fante una excelente referencia en mis años iniciales. Luego descubrí a
Luis Loreto y su “Contribución al estudio de la excepción de inadmis-
ibilidad por falta de cualidad”, un modelo de estilo jurídico preciso. De
Sánchez-Covisa lo primero que leí fue su “Vigencia de la ley en el tiempo
en el ordenamiento jurídico venezolano” y me impacto la lógica de sus
planteamientos, hoy en día me impresiona más pues me doy cuenta de

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Eugenio Hernández-Bretón

lo joven que era Sánchez-Covisa y las difíciles circunstancias que vivió


como exiliado político cuando escribió la tesis.

Otros textos que me han ayudado mucho son Interpretazione della


legge e degli atti giuridici de Emilio Betti y el Diritto Processuale Civile
Internazionale de Gaetano Morelli. En los textos de esos libros encontré
que no solo se puede ser científico sino elegante en la prosa jurídica. El
profesor Pérez Luciani nos recomendó un libro que todavía reviso con
provecho; es el libro Istituzioni di Diritto Privato de Rosario Nicoló. En
Alemania encontré los textos jurídicos más rigurosos, más minuciosos.
Allí leí a Gutzwiller, Lewald, Raape, Wengler, Kegel, Zitelmann,
Canaris y por supuesto que también a Federico Carlos de Savigny y su
Tomo VIII del Sistema de Derecho Romano Actual, pero también encontré
la vasta y culta obra del profesor Jayme.

4. ¿Cuáles han sido las investigaciones que ha realizado que han


sido más formativas para usted?

Mi tesis doctoral me permitió agrandar mi cultura jurídica hasta lo


insospechado. No solo me formé en materia de Derecho Procesal Civil
Internacional y Derecho Internacional Privado sino que estudié los orde-
namientos de todos los sistemas jurídicos suramericanos, con énfasis en
Argentina, Brasil y Venezuela. Y complementé esos estudios con lecturas
de la más variada literatura de esos países. Me convertí en un south-ame-
rico-maniac, para usar la expresión de Sir Arthur Conan Doyle.

5. ¿Cuál ha sido el trabajo (libro o artículo) que más ha disfrutado


escribiendo?

De las más recientes el trabajo que escribí sobre El Amargo de Angos-


tura y otro con el título de Los amores del Capitán. El primero tiene que
ver con un litigio en Venezuela relativo a la famosa marca que nació en
Angostura (hoy Ciudad Bolívar) y la cuestión de la jurisdicción de los
tribunales venezolanos con ocasión de un pleito marcario. El otro trata
de las peripecias jurídicas de Pablo Neruda y sus esposas. Me sirvieron
para integrar los temas jurídicos y los temas históricos y literarios de mi

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Entrevista del Director de la Revista al profesor Eugenio Hernández-Bretón

interés. También me he dedicado en los últimos años a estudiar el tema


de la historia de la cátedra de Derecho Internacional Privado en la UCV
y de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, en esas actividades he
pasado muchas horas que he disfrutado mucho. Y también he estudiado
por varios años a Andrés Eloy Blanco como abogado, que también lo fue,
entre tantas cosas que fue ese gran venezolano. Todas estas investigacio-
nes me han ayudado a encontrarme como venezolano.

6. ¿Puede dar tres consejos para la investigación en su área de tra-


bajo académico?

Sin pretensión de originalidad: Trabajo, trabajo y más trabajo; estu-


dio, estudio y más estudio. Y tal vez, muchísima curiosidad, paciencia y
honestidad intelectual.

7. Cuáles son algunas líneas fundamentales del desarrollo y/o invo-


lución que ha tenido su área de trabajo académico en las últimas
décadas?

El Derecho Internacional Privado venezolano es hoy en día una


referencia mundial. Estamos en esta materia entre las grandes potencias
del mundo. Así somos reconocidos y estimados por nuestros colegas de
otros países. Esto es resultado del trabajo y del estudio de quienes nos
precedieron, en especial del Dr. Gonzalo Parra-Aranguren y de la Dra.
Maekelt, pero también de quienes trabajaron con ellos y de aquellos a
quienes les ha tocado seguirlos. La promulgación de la Ley de Derecho
Internacional Privado de 1998 y la creación de la Maestría en Derecho
Internacional Privado y Comparado en 1997 contribuyeron a potenciar
el nombre de Venezuela entre los más importantes países del mundo en
esta materia. La producción doctrinaria nacional también se ha multipli-
cado como nunca antes, tanto en cantidad como en calidad. Lástima que
haya ahora tanta limitación de material que impide que se publiquen más
obras y que sea tan oneroso y difícil tener acceso a publicaciones extran-
jeras. Una de las cosas más lamentables es la pobreza de las bibliotecas
jurídicas venezolanas. A pesar de los intentos no hay una sola que pueda
colocarse al nivel de las universidades europeas o de los Estados Unidos

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Eugenio Hernández-Bretón

de América. Pero a pesar de ello los profesores de la cátedra hacemos


enormes esfuerzos y malabarismos por estar al día. En esto, debo reco-
nocer, hemos tenido la inmensa fortuna de contar con el apoyo desinte-
resado de nuestros compañeros profesores de otros países, especialmente
de los países de Iberoamérica.

8. ¿Puede señalar algunas líneas fundamentales para orientar la


reforma y/ o reconstrucción en Venezuela de su área de trabajo
académico?

Mi deseo es poder crear un super centro mundial de investigaciones


de Derecho Internacional Privado y Comparado en Venezuela, que sea
envidia del mundo científico. Hoy tenemos al recién nacido Instituto
Maekelt, para lo cual contamos con todos los profesores de la cátedra
de Derecho Internacional Privado de la UCV, UCAB, UMA, UNI-
MET. Pero para hacer del deseo una realidad necesitamos una sede muy
buena y muy bien situada, con seguridad y facilidad de acceso, que pueda
estar abierta al público todos los días hasta de noche y también sábados
y domingos. También una super biblioteca actualizada y personal que la
organice y mantenga al día, con investigadores a tiempo completo. Para
ello hace falta mucho dinero, pero más aún requiere pensar y actuar en
grande, pensar en un país de primera para gente de primera.

9. ¿Por qué se decidió a ser profesor de Derecho?

Recientemente en un discurso dije lo siguiente: Cuando decidí tra-


tar de ser profesor universitario lo hice en la convicción de que podía
serle útil al país, a su universidad y a los venezolanos. Ya mucho tiempo
antes de decidirme a entrar a la carrera docente universitaria había des-
echado expectativas de ser un político de profesión, que es como mucho
creemos que se ejerce o se tiene acceso a la función pública. Me angus-
tiaba, como a todos, el tema económico. No sabía cómo responderme la
pregunta acerca de cómo iba a procurarme el sustento propio y el familiar
si un político no tiene sueldo. Así que preferí renunciar a ese camino y a
esa profesión. Pero quise serle útil al país. Parafraseando a Andrés Eloy
Blanco quise contribuir a hacer de nuestro país un país mejor de lo que

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Entrevista del Director de la Revista al profesor Eugenio Hernández-Bretón

fue, mejor de lo que es y mejor de lo que habrá de ser. En la Universidad


descubrí a sus profesores. Algunos nunca me entusiasmaron, otros falta-
ban mucho o eran absolutamente impuntuales, otros menos -por suerte-
ni siquiera se preocupaban por dar su materia. Pero también hubo los muy
buenos, los que me enseñaron con su palabra y con su ejemplo, con su
inteligencia y con su conocimiento de las cosas. A medida que avanzaba
en mis estudios me di cuenta que el Derecho puede tener una inmensa
utilidad para las sociedades y servir para orientar cívica y moralmente
a los pueblos. También me di cuenta que los profesores eran el primer
ejemplo del Derecho que reciben los abogados en formación. Y así pensé
que la labor del profesor universitario podía ayudar a formar un mejor
país. De allí nació mi fantasía de tratar de ser un profesor universitario.

10. ¿Cuáles han sido las materias o cursos qué más le ha gustado dic-
tar?

Creo que los cursos que más me ha gustado dictar son los Talleres
de Tesis de la Maestría en Derecho Internacional Privado y Comparado
de la UCV, todos los jueves por la tarde desde hace varios años. Cada
semestre aprendo mucho y variado compartiendo con los estudiantes y
sus proyectos de investigación. Me ilustro y me actualizo con la diversi-
dad de intereses de los estudiantes que no solo son de la Maestría, sino
del Doctorado en Derecho y del Doctorado en Ciencias Políticas y de
todas las Especializaciones, aunque por supuesto la capacidad es limitada
a unos doce estudiantes por Taller, y no más porque de otra forma sería
imposible atenderlos bien y llevarle el paso a sus investigaciones.

11. ¿Puede dar tres consejos a los jóvenes profesores de Derecho?

En una conferencia reciente dije que quien quiera ser profesor debe
saber que serlo requiere más que una dosis de fantasía y enfrentar las
penurias económicas del profesor universitario. Ante todo hace falta
conocimiento y mucho conocimiento. Y decidí aprender más y mejor.
Me dediqué a estudiar y aprender. Me gradué de abogado y seguí estu-
diando. Y sigo estudiando y aprendiendo.

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Eugenio Hernández-Bretón

12. ¿Cuáles lecciones le dejó el período inicial de su carrera profesio-


nal?

Ante todo que no hace falta ser viejo para saber de lo que uno hace,
sino que lo que hay que proponerse desde temprano es ser mejor de lo
que se puede ser. Que no hay límite al conocimiento y que no hay que
desaprovechar el tiempo. Que el tiempo es un recurso no renovable. Pero
también me di cuenta que también hay vida más allá del Derecho, que
el Derecho es interesante y útil, pero que el Derecho no es toda la vida.
Que siempre debe haber tiempo para las cosas más bellas de la vida.

13. ¿Cuáles han sido las etapas que usted considera más importantes
de su actividad profesional?

Cada día ha sido importante en mi ejercicio profesional, cada día es


un reto, debo enfrenar cada día como un nuevo reto y cada día debo tratar
de salir victorioso. No he tenido rutina sino una maravillosa secuencia de
desafíos profesionales que espero que nunca termine. Me he mantenido
muy entretenido con lo que hago y con lo que me han permitido hacer
como abogado. Y esto a pesar de las inevitables decepciones propias de
una profesión que toca tanto a la parte más noble, pero también a la más
miserable y baja del ser humano.

14. ¿Cuál aspecto de su trabajo como abogado es el que más ha dis-


frutado?

El contacto con abogados extranjeros y con casos que involucran


otros sistemas jurídicos, sin duda. Ello me ha permitido vivir en toda
su intensidad el problema de la internacionalidad del Derecho, de los
problemas jurídicos propios de la vida internacional de las personas que
actúan como particulares, que son esencialmente los temas de la deter-
minación de la jurisdicción de los tribunales y del Derecho competente
y el examen de la eficacia de las sentencias y actos extranjeros. No me
imaginé que iba a poder reunir mis conocimientos teóricos con tan rica
experiencia práctica. Y esto me ha servido para serle útil a los demás, a

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Entrevista del Director de la Revista al profesor Rogelio Pérez Perdomo

los que han confiado en mí. He sido muy afortunado en mi profesión de


abogado y de profesor.

15. ¿Puede dar tres consejos para el ejercicio de la profesión de abo-


gado?

La profesión de abogado es una profesión en que la confianza de


la gente es fundamental. Y la confianza se gana en cada cosa, aun en
las más sencillas. Hay que ser puntual, empezar temprano el día y ter-
minarlo tarde; responder pronto y con precisión a las consultas que nos
hagan, ser cortés con nuestros colegas, respetuosos con la autoridad. El
estudio nos acompaña siempre, no hay forma de dejarlo, abandonarlo o
ponerlo de lado. De otra forma el abogado renuncia a ser abogado. Hay
que saber darle la razón al contrario. Los intereses del cliente van por
delante de los del abogado, pero el comportamiento ético y apegado a
la deontología profesional es principalísimo. Si vas a hacer algo que te
genera dudas en cuanto a su legalidad o moralidad, mejor es no hacerlo y
dormir tranquilo. La honestidad intelectual no es negociable. Creo que
hay que no hay que ir por la vida haciéndose propaganda, pero si hay que
saber quiénes somos y dónde estamos. No hay que buscar honores, pero
si saber lo que merecemos.

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