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6 / EL PAIS CULTURAL / N° 1174

Jean-Michel Basquiat

Fernando García

(desde Buenos Aires)

L A MUESTRA “Bye Bye

American Pie” que despliega

en la sala más grande del

Malba de Buenos Aires la

obra de seis artistas fundamentales de los últimos 30 años del arte de los Es- tados Unidos es, probablemente, el guión expositivo más audaz y corrosi- vo que se haya visto en este museo porteño desde su fundación en 2001. Si bien la colección permanente no le corre el bulto al arte político —de Ber- ni y Portinari a León Ferrari— o ha re- cibido obra de la vanguardia más anti- artística (la antológica del grupo Fluxus, por ejemplo), nunca había es- tado tan cerca de cuestionar desde sus paredes la propia dinámica social que lo funda. Curada por el canadiense Philipp Larratt-Smith (a quien se comisionó en 2009 una muestra sobre Andy Warhol que batió todos los récords de asistencia del museo), “Bye Bye Ame- rican Pie” toma su nombre prestado del hit de Don Mc Lean que fijó el amargo ocaso de los 60. La estereoti- pada familia feliz de la tapa del catálo- go toma la forma de la cáscara que oculta el monstruo social desplegado en la sala. Fotos de heroinómanos (La- rry Clark), la perversión del sistema informativo-publicitario (Jenny Holzer y Barbara Kruger), una monstruosa es-

2012 Jean-Michel Basquiat ADAGP París SAVA Buenos Aires
2012 Jean-Michel Basquiat ADAGP París SAVA Buenos Aires

Basquiat, 1984

15 junio 2012

cultura mecánica de Paul McCarthy (algo así como George Bush entre So- doma, Gomorra y El Exorcista) o el gabinete sedicioso de Cady Noland se articulan con las visiones distópicas de Ballard en frases que figuran en el ca- tálogo de la muestra (“Charles Man- son presidente”) y los ensayos sobre la caída de la economía productiva que se despliegan en dicho volumen. El catálogo en sí es casi una obra más de la muestra. En este contexto brilla por contras- te la obra pictórica del legendario Jean-Michel Basquiat. Frente al resto, su sección es un extraño remanso te- niendo en cuenta que se trata de una pintura hiperactiva, marginal y osten- siblemente brut. Durante el montaje mismo de la muestra Larrat-Smith dia- logó sobre la vida por detrás de los cuadros de Basquiat, que murió de una sobredosis en 1988, a los veintisiete años, y cuya obra se ve por primera vez en Buenos Aires.

EL PROBLEMA RACIAL. —¿Cómo diría que el trabajo de Basquiat refleja los cambios dramáti- cos de la cultura americana que están en el corazón del concepto de la mues- tra American Pie? —El asunto racial es la rajadura mayor de la historia americana. Que ahora haya un presidente mestizo a cargo de la Casa Blanca no ha alterado este hecho central. Basquiat abrazó su identidad de negro americano y sus obras están repletas con referencias a la historia, la cultura, el deporte y la música negras. Su trabajo habla inevi- tablemente de la posición de los ne- gros en Estados Unidos. Creo que esta es una de las razones que lo empujó a tomar drogas. Debió ser duro estar en la piel de Basquiat. La presión debió haber sido increíble. Ahí estaba él, la gran cosa nueva del mundo del arte y aún así los taxis de Nueva York no se le detenían porque era negro. De los seis artistas de la muestra hay algunos que operan en la superficie del yo: me refiero a Basquiat, Larry Clark y Nan Goldin. Los otros tres están trabajando en el campo del superego: las ambi- guas prohibiciones y preceptos de Jenny Holzer, la yuxtaposición impac- tante entre el lenguaje del marketing y el estilo visual del agitprop (propagan- da de agitación) en Barbara Kruger y

“El pintor más o

da de agitación) en Barbara Kruger y “El pintor más o la crítica cultural implícita en

la crítica cultural implícita en la de- construcción que hace Paul McCarthy de los mitos y las narrativas de Ho- llywood y Washington. Puestas juntas, estas trayectorias ofrecen un diagrama del cambio de valencias en la cultura americana desde los 60, y revelan el deseo de muerte bajo la superficie del sueño americano. —Los críticos ciertamente están di- vididos acerca de la obra de Basquiat aun en sus colaboraciones con Warhol. ¿Podemos ver en esa actitud cierto prejuicio por sus comienzos como una bestia del graffiti? —En los años 80 hubo galerías y

Basquiat, Untitled, 1987

museos que se resistían a tomar a Bas- quiat en serio. Esta es una de las razo- nes por las que su trabajo está muy mal representado en las colecciones de los museos. Su escalada a la fama fue tan relampagueante y explosiva que mucha gente lo tildó de oportunista. El hecho de que su lugar en el mercado fuera fuerte mientras carecía de sopor- te crítico, solo refuerza la percepción de que sus precios altos fueron solo el resultado de una burbuja especulativa. El mercado del arte realmente despegó en los primeros 80 y un grupo de pin- tores fueron arrastrados en el momen- to: Julian Schnabel, Eric Fischl, David