Está en la página 1de 21

Cuestiones de Sociología economía y política

Clase 1:

Texto: Portantiero J.C: introducción a la sociología clásica. Durkheim y Weber.

El origen de las primeras ciencias sociales:


Si bien los problemas y cuestiones referentes a las sociedades han tenido consideración
por parte del hombre desde tiempos antiguos, no es hasta finales del siglo XIX cuando
surge la disciplina destinada a ocuparse de dichos fenómenos específicamente, sin
embargo su origen se encuentra entrelazado e influido por áreas de conocimiento que
surgieron con anterioridad .
Las formas organizativas de las sociedades de la Europa medieval, en las cuales la
religión tenía el papel principal en la producción de verdad que encausa su desarrollo,
no necesitaban de ciencias sociales que en particular dieran explicaciones o intentaran
determinar los orígenes y destinos de las comunidades, ya que tanto destino como
origen se encontraban prefijados, inamovibles o bajo intervención divina. Su existencia
y veracidad no dependían de los hombres que habitaran el planeta. Les era ajena, puesto
que no podían influir sobre ella, al mismo tiempo, que les era propia puesto que cada
sujeto poseía una posición determinada y única dentro del mundo la cual, se recuerda,
era imposible de cambiar.
Con la llegada del Renacimiento, cuyo despliegue actúa como disparador para un
posterior cambio en la autoridad dominante (del poder eclesiástico al burgués o secular),
se vuelve necesario para el sector en ascenso crear un nuevo sistema de valores y
representaciones del mundo que pusiera en tela de juicio al existente a la vez que
postulara como válidas y verdaderas aquellas premisas de vida que tendieran a imponer
y reproducir las causas de su poder.
Así es como Maquiavelo sienta las bases para la ciencia política como tal, la cual es
uno de los primeros campos de conocimiento secularizado, libre en teoría de toda
influencia religiosa o filosófica, que además, condiciona y estipula las relaciones
sociales.
En ese sentido, son aquellos autores contractualistas (Montesquieu, Rosseau, Hobbes,
Locke) quienes plantean las primeras formas de organización del poder y la sociedad
bajo la esfera del capitalismo, en un contexto en el cual las condiciones de lo social y lo
político no eran producto de la acción divina, sino una construcción humana y colectiva
sobre la cual se podía tener algún tipo de injerencia. Son acuñadas así las ideas del
contrato social y soberanía popular que con innumerables modificaciones sobrevivirán
hasta la actualidad.
Corresponde a la economía política ser la expansión de estos ideales hacia el plano
económico, y gracias a los aportes de Adam Smith, William Petty y David Ricardo en
esa área, se diagraman y postulan posiciones en cuanto a las relaciones entre sociedad
poder y economía, configurando una escena donde, contrariamente a considerarse a
ambas ciencias por separado, se las entendía como partes que poseían comunicación
entre si y a su vez conformaban a una única ciencia social mucho mas amplia y
abarcativa.
El origen de la sociología
Durante el siglo XIX, se observa un despliegue de las capacidades, ideales y modelos
socio-económicos del capitalismo, que irán expandiéndose conforme avance el siglo.
Esta situación como se sabe, trajo aparejado un conflicto ineludible y que amenazaba
con destruir la tranquilidad social necesaria para la vida que, sin importar sus
deficiencias en otros aspectos, el antiguo régimen había conseguido mantener.
La sociología aparece pues, a raíz de las problemáticas en las relaciones sociales que el
modelo capitalista había generado. Sin embargo, contrariamente a lo que pueda llegar a
intuirse, no fue intención de la primera sociología (o sociología clásica) generar un
cambio radical en las sociedades, sino más bien, eliminar las deficiencias creadas
(resentimiento del lazo social) y encausar el desarrollo del capitalismo.
De ésta manera, a diferencia de las otras ciencias sociales (como la política y la
económica) quienes nacen como las encargadas de generar los conceptos, ideas y
preceptos con los cuales se regiría el mundo bajo el domino capitalista, la sociología
aparece como un intento de conciliación de las diferencias creadas para reconstruir el
orden social en decadencia el cual se veía fuertemente amenazado por la lucha de
clases. Por lo que podría afirmarse que no fue objetivo de la primera sociología lograr
una reestructuración de las relaciones sociales, sino realizar los cambios necesarios para
arribar a los objetivos de estabilidad social de las clases dominantes. Distinto es el
rumbo que toman la sociología y la economía Marxista de la época, aunque su
consideración utópica y reformista no encaja dentro del resto de la sociología clásica,
netamente conservadora.
Para lograr su cometido, se basa en una ética positivista y cientificista en la que la
realidad no debe de someterse a juicios de valoración o filosóficos, sino que debe de
aceptarse tal cual es, para poder así convertirse en un idóneo objeto de estudio que
pueda ser observado, medido, y tratado conforme corresponda. Es decir, se tratará de
reducir las problemáticas, pero no se cuestionará el origen de las mismas.
Con dichas condiciones (positivismo, organicismo, etc.) la sociología clásica se asemeja
a las ciencias naturales como disciplina meramente científica. Sin embargo, conduce a
una naturalización de las condiciones de la realidad, que adquieren un carácter
dogmático, semejante al dominio teológico del anterior régimen al que desplazó. Por
tanto, se la considera una ciencia principalmente conservadora del estado de cosas
imperante.
Tanto es así, que sin importar cuan disímiles sean los orígenes y medios postulados por
los autores de la época, todos poseen el afán en común de reencausar las relaciones
sociales a fines de perpetuar el régimen o como se verá en algunos casos, promover un
regreso al anterior orden.

Los primeros Autores


Los ideales iluministas que dieron paso a la revolución francesa acabaron con el
régimen monárquico y feudal a expectativas de terminar con la desigualdad y lograr un
equilibrio social. A pesar de ello, el desarrollo de la civilización industrial capitalista no
produjo tales resultados, sino que por el contrario desencadenó un conflicto social de
magnitudes nunca antes vistas.
Como reacción a tales hechos, algunos autores como De Bonald o Maistre proponían
como medio para restaurar el orden social, el regreso al antiguo régimen feudal en el
cual la religión era un elemento cohesivo que brindaba armonía a las sociedades. Si
bien sus inquietudes fueron dejadas a un lado por los autores subsiguientes, éstos
últimos tomaron el hecho de que debía existir un elemento de cohesión el cual fuera
común a la sociedad entera para poder lograr así la unidad y el restablecimiento del
orden cívico.
Tal es así que ese lugar fue conferido a la ciencia conforme a los preceptos de
evolución y progreso tomados de teorías de las ciencias naturales de la época. Saint
Simón, y luego Comte encaminarán el estudio de la sociología a un nivel increíblemente
cientificista que determinará una atomización de los procesos y conocimientos que
terminará por separarla de las otras ciencias sociales como la economía y la política. El
vinculo que mantienen con el positivismo y las ciencias se observará perfectamente en
Spencer quien se vale de la teoría Darwnista de la selección natural y supervivencia del
mas apto para justificar el imperialismo británico a la vez que se dedica a consagrar los
ideales del individualismo capitalista durante el período Victoriano con el propósito de
encausar orden y progreso dentro de una lógica que tendiera a conservar las relaciones
de poder existentes.
Orden y progreso entonces, no serán fruto del azar ni de revoluciones violentas ni de un
cambio en la forma de organización, sino que metódicamente tratada, una sociedad sería
curada de sus dolencias específicas manteniendo una misma dirección. La dirección del
capitalismo.
En Alemania el camino que recorren los autores de la época se encuentra signado por
una realidad social e histórica diferente a la que se vive en Francia e Inglaterra. No es
difícil entender entonces porque sus métodos sean considerablemente dispares.
El rechazo al cientificismo positivista y al Marxismo deriva en un abordaje historicista y
comparativo el cual tiene en consideración básica a las relaciones entre los individuos
como formadoras de la sociedad, aunque sus conclusiones de establecer cohesión social
y de encontrar el paradigma que lo lograra son similares entre ambas corrientes.

Durkheim
Como partícipe de la primera ola sociológica es misión de Durkheim encaminar Francia
hacia un orden social y moral similar al del antiguo régimen pero basándose en otros
principios. Al percibir un resquebrajamiento en los lazos sociales de la sociedad
industrial, el primer interrogante que le surge es como reestablecer dichos lazos que
unen a un individuo a su comunidad. Plantea entonces que un individuo intrínsecamente
no posee límites para sus aspiraciones ni reconoce las aspiraciones ajenas, por tanto, es
menester que le sea brindado un límite moral que le indique hasta donde debe pedir y
hasta donde debe brindar. Este límite no puede ser fijado por él mismo, sino que debe
ser externo y debe de tener la autoridad moral suficiente como para ser respetado por el
individuo. Es la sociedad entonces, la institución con dichos atributos, ya que, según
Durkheim, “es el único poder moral superior al individuo y cuya superioridad es
aceptada por éste”. Se recuerda que la sociedad en términos de Durkheim es una
institución que incide sobre las consciencias de los individuos y cuya exterioridad,
independencia y anterioridad con respecto a éstos la libera de toda influencia de los
mismos.
En términos de la relación individuo-sociedad Durkheim distingue dos tipos de
“solidaridad” entre individuos, a saber:

Solidaridad Orgánica: Se considera su carácter natural, espontáneo, no obligado y


responde a las formas mas primitivas de relación entre los individuos, y se obtienen
cuando éstos se saben poco diferentes entre sí, por lo que puede decirse que se
construye a través de semejanzas.
Solidaridad Mecánica: Se establece como la solidaridad propia del modelo industrial,
es de carácter obligatorio y supone de antemano una diferencia entre la naturaleza de los
participantes, lo que, naturalmente le confiere una mayor predisposición a los
conflictos. Es aquí donde la conciencia colectiva y moral de la sociedad, cuya
exterioridad y posesión de creencias y valores comunes se recuerdan, debe fijar límites
morales que tiendan a diluir o evitar los conflictos.

El suicidio como modelo de las relaciones sociales y sus consecuencias


Como análisis del grado de integración a los valores, creencias y límites impuestos por
una sociedad en los individuos, Durkheim realiza un estudio sobre los suicidios
tipificándolos y confiriéndoles relación directa con el grado condicionamiento social de
los sujetos. Especifica tres tipos:

Egoísta: Es el provocado por el menor grado de integración del individuo, aquellos que
no sienten lazos de solidaridad social para con ellos.
Altruista: Contrariamente al anterior, es aquel que por su fuerte grado de
compenetración se siente profundamente herido al notar algún tipo de anomalía en los
lazos de solidaridad lo que desencadena el impulso suicida.
Anómico: Se observa en aquellos sujetos que no han podido soportar o aceptar los
límites impuestos por la sociedad, aquel que aspira a más de lo que puede obtener.

Como resumen final, se recuerda que dado el pensamiento positivista y cientificista de


Durkheim, quien afirmara que sólo por medio de tratar a los hechos sociales como
“cosas” la sociología podría ser emparentada con otras ramas de la ciencia, la
objetividad y exterioridad de la institución social, le brinda a ésta un carácter natural y
dado que posee una finalidad similar al orden estamental-religioso de la era feudal.

Weber
Partiendo desde un punto de vista opuesto al de Durkheim, Weber tomó como punto de
partida para sus estudios en sociología al individuo al considerarlo como lo único capaz
de tener intenciones y fines en sus acciones. Utilizando el citado método historicista y
comparativo, promueve que no es sólo cuestión de un contexto económico que el
capitalismo se halla impuesto como modelo de organización social en Europa,
aludiendo a que otros pueblos atravesaron condiciones económicas similares y no
arribaron al capitalismo. La diferencia era, que en ninguno de esos pueblos existió un
conjunto de valores y creencias que determinaran a los actos de los individuos a ser de
tal forma que impulsaran el desarrollo del sistema. En cambio, en Europa, los valores
promovidos por el protestantismo y las alteraciones en los estilos de vida, comenzando
por las acciones de los individuos sentaron base para la expansión capitalista.
Según Weber las regularidades de la conducta humana se deben principalmente al
reconocimiento por los actores de la existencia de un orden legítimo que les otorga
validez. Dicha legitimidad puede estar garantizada por la tradición, por la entrega
afectiva, por el acatamiento a valores absolutos o por la adhesión a la legalidad vigente.
Texto: Rosseau; El Contrato Social o principios de derecho político, Libro primero.

Condiciones y características del Contrato Social


Siendo parte de los autores contractualistas, Rosseau explicita los principios y
condiciones necesarios para la correcta conformación de un cuerpo civil o estado
mediante un contrato por el que los “contratantes” abandonan el estado de naturaleza
para formar parte de una asociación cuyo fin es reemplazar una natural desigualdad de
hecho por una instaurada igualdad de derecho.
Utiliza como analogía de sociedad política a la familia al considerarla la primer y única
asociación natural, Rosseau, establece que una vez que un sujeto ya no depende de sus
progenitores para conservar su vida, y se encuentra en condiciones de proveerse
sustento, éste ya no tiene obligación de convivir con sus padres., y a su vez éstos
últimos tampoco tienen obligación de protegerle, si permanecen uno en compañía de
otro es porque no lo hacen de manera natural, sino voluntaria.
Al promover la creación de una asociación política entre los hombres, la opone al estado
de naturaleza, y al del “derecho” del más fuerte, término al que vacía de contenido al
sostener que sólo proviene de la fuerza física y cesa en cuanto ésta desaparece, por
tanto no conforma un derecho ya que no se debe obedecer mas que por obligación.
Concluyendo que, la fuerza no genera derechos y que sólo a través de convenciones
entre poderes legítimos es posible generar tales derechos y obligaciones que funcionen
como autoridad real entre los hombres.
Contrastando a Grocio, Hobbes, Locke y otros autores, esboza argumentos por los
cuales tampoco existe un “derecho” a la esclavitud ya que dentro de sociedades civiles
éste implicaría algún tipo de convenio el cual resulta nulo en cuanto a sus condiciones
mismas de conformación. “Hago contigo un convenio en perjuicio tuyo y en beneficio
mío, que respetaré mientras me plazca y que tu acatarás mientras me parezca bien”.
La necesidad de proceder a la conformación del cuerpo social se ve fundamentada por
aquel instante en el cual para los sujetos libres su capacidad física no llegue a abarcar lo
necesario para la supervivencia. Es allí donde mediante el pacto social, cada individuo
relega su voluntad natural de poder hacer con los seres y posesiones del mundo lo que
su instinto dicte, a cambio de que(al ser para todos los contratantes las mismas
condiciones) el resto de los hombres abandonen su voluntad natural sobre él y sus
posesiones. Todas estas fuerzas mancomunadas bajo la misma premisa dan vida a lo que
Rosseau llama voluntad general o cuerpo moral colectivo o modernamente República,
Estado, etc.
Este acto de conformación del cuerpo social, genera en los contratantes una dualidad de
condiciones, a saber, son súbditos del cuerpo social soberano del que evidentemente
forman parte. Es decir, cada contratante tiene su deber como soberano frente a los
súbditos y como súbdito frente al soberano. Si bien admite que una voluntad particular
puede ser contraria a la voluntad general ejercida por el soberano, Rosseau afirma que si
dicha condición se manifiesta en actos mediante los cuales sujetos gocen de su derecho
de soberano pero rehúsen de su deber como súbditos, la permanencia de esta condición
provocaría la ruina del cuerpo político y desharía el pacto social. Será en ese entonces el
poder del soberano de someter las voluntades particulares a la voluntad general clave
para la supervivencia y éxito del pacto social.
En resumen, podría decirse que mediante el pacto social, los contratantes se deshacen de
su libertad natural, la cual los habilita a poseer y someter a aquello que puedan mantener
en esa condición, por una libertad civil convenida, la cual intrínsecamente posee una
limitación dictada por la voluntad general que garantiza las posesiones y derechos de
cada uno de sus súbitos con respecto a otros súbditos y en relación a los no contratantes.
“El contrato social sustituye con una igualdad moral y legítima lo que la naturaleza
había podido poner de desigualdad física entre los hombres, que pudiendo ser
desiguales en fuerza o en talento, se convierten en iguales por convención y derecho”.

Clase 2:

Texto: Marx K.; “Contribución a la crítica de la economía política”, “Manuscritos


economía y filosofía”.

Introducción
Podría situarse al pensamiento Marxista como una alternativa contemporánea a los
métodos conservadores de la sociología clásica, ya que, lejos de promover un modelo
organicista basado en ideologías positivistas para subsanar el conflicto social y así
permitir el desarrollo de una existente realidad “dada” conforme a las reglas ya
establecidas por el capitalismo, Marx encuentra que las causas de dichas alteraciones en
las relaciones sociales, es decir las relaciones de los hombres con los hombres, se
originan ligadas a las características mismas del modelo de producción capitalista.
Contrario en las bases a los estudios historicistas alemanes, el discípulo de Hegel,
afirma que tanto las relaciones jurídicas como las de estado no pueden analizarse y
comprenderse completamente mediante su evolución histórica, sino que se hayan
relacionadas mucho más fuertemente a las condiciones materiales de vida. Condiciones
que subordinadas a distintos modelos de organización social y de producción
determinan la calidad de las relaciones sociales que los hombres tienen a lo largo de sus
vidas, que a su vez, conforman la existencia de una conciencia social .
En consecuencia se observa que el modo de producción vigente de la vida material de
los hombres moldea su vida social, política e intelectual al determinar el tipo de
relaciones que mantienen a lo largo de sus vidas. De esto se sigue que “no es la propia
conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, es su ser social
(conciencia social) el que determina su conciencia”.
Por estos motivos, serán sus estudios de economía política la base para su crítica al
modelo vigente, ya que se recuerda, son las condiciones materiales de vida, signadas
por los procesos económicos las que determinan los tipos de relaciones sociales
prevalecientes determinando así la existencia y conciencia de los individuos.
En tanto a los principios de la economía política existentes, esgrimirá que se ésta se vale
de conceptos y fundamentos de los que no da cuentas de su origen, como por ejemplo
la propiedad privada, la separación de trabajo capital y tierra, división del trabajo, etc.,
sino que los sabe como preexistentes para establecer a partir de ellos sus teorías, cuando
lo que intentará probar Marx es que en muchos casos, no son preexistentes ni axiomas a
partir de los cuales pueda fundamentarse y analizarse el modelo capitalista, sino que por
el contrario son consecuencias de las condiciones materiales de vida que éste sistema
impone.
Primer Manuscrito, el origen de la propiedad Privada
En su primer manuscrito, Marx intentará relacionar al trabajo enajenado con la
propiedad privada de manera en que sea ésta ultima fruto de la acción del primero, el
cual es producto natural y necesario de las relaciones de trabajo en el modelo capitalista.
Para comprender más fácilmente su razonamiento, será necesario encadenar y definir de
manera lineal los conceptos que Marx propone para llegar a dicha conclusión.
Sabiendo que Marx opone trabajo enajenado a una noción de trabajo en sí, será
necesario entonces definir trabajo a fines de entender su posterior enajenación.
Se considera trabajo a toda aquella actividad humana productiva y conciente cuya
finalidad es ella en si misma y que como consecuencia de su realización, quien la lleva a
cabo obtiene medios para proveerse sustento y prolongar su existencia al mismo tiempo
que usa su resultado para responsabilizarse del mismo, y de ésta manera, tomar
conciencia de su propia existencia. Según Marx, es en ésta actividad donde reside el
carácter genérico de la especie humana, es decir, aquello que lo identifica como género
y diferencia de las actividades vitales realizadas por los animales cuya única finalidad
es prologar su existencia, en otras palabras, la actividad vital animal no se diferencia de
la vida del animal ya que forman un todo no discriminable. En cambio, la actividad
productiva humana es conciente y no sólo se limita a la mera subsistencia física, porque
como se sabe el hombre es capaz de producir por gusto, belleza, diversión, etc. y así es
como transformando la naturaleza que lo rodea, para luego contemplar su trabajo, al
entenderlo como propio toma conciencia de su ser.
Según Marx, bajo las relaciones de trabajo que nacen del capitalismo, ésta actividad de
deshace y deja lugar a una versión enajenada de ella. En primer lugar el trabajo
asalariado es externo al trabajador ya que no le pertenece puesto que otro se lo brinda,
además la relación no es voluntaria sino forzada debido a que no representa un fin en si
mismo, sino un medio para satisfacer necesidades que nada tienen que ver con esta
actividad. Por lo tanto la finalidad de este tipo de trabajo no es la expresión creativa que
conllevaría a la identificación del sujeto, sino sólo un medio para prolongar su
existencia empleando el salario para conseguir víveres, similar a la actividad vital
animal. Si la actividad propia de trabajar ya le es ajena al trabajador, también lo será el
fruto de ella, es decir, el objeto o producto que lleve a cabo, así el trabajador es siervo
de su objeto ya que en tanto que no le pertenece, le es necesario porque a partir de su
elaboración obtiene medios de subsistencia. Sintiéndose entonces tanto la actividad
trabajo como el objeto de trabajo ajenos al trabajador, éste, otorga su posesión a otro,
ya que si a él no le pertenecen, a alguien mas han de pertenecer, y ése “alguien mas” no
es mas que otro hombre que evidentemente no es él ni ningún otro en su misma
situación. Resumiendo, si ni actividad ni fruto de la actividad trabajo son asimiladas
como propias por el trabajador, éste encuentra nula la posibilidad de definirse como ser
por medio de esa labor (alienación en cuanto al género humano), por lo tanto, no es él
cuando esta en el trabajo y es él cuando no está en el trabajo. Entonces, si tanto la
actividad como el resultado que de ella se obtiene no son realizadas por él ya que no le
es posible reconocer su autoría, es natural que otorgue su posesión a otro ser, que será
en todos los casos el capitalista o patrón o como se decida llamarle. Serán estas
entonces, las causas de la noción y aceptación de la propiedad privada que no es algo
preexistente a las relaciones de trabajo capitalistas, sino mas bien, resultado de ellas.
Texto: De Ipola E.; “Las Cosas del creer, creencia lazo social y comunidad política”

Introducción
En un breve acercamiento a las causas de los orígenes de la sociología De Ipola
reconoce dos vertientes; la primera es la que posiciona a la sociología como un
emprendimiento fuertemente influido por pensamiento conservador cuya finalidad es
restituir aquellos vínculos comunitarios y sociales que la Europa de la post revolución
muestra rumbo a desaparecer dentro del caos de la organización de las sociedades
burguesas. Es decir, la sociología habría surgido como ciencia cuyo objeto de estudio se
encontraba camino a desintegrarse. Considerando la segunda vertiente, se podría tratar
a la sociología como la ciencia de la modernidad por excelencia donde se forjan los
conceptos y términos que constituyen a las sociedades modernas desde entonces y
donde se desarrollan los elementos para lograr un desarrollo del sistema capitalista
moderno.
Sin importar cual sea la consideración, tal vez, lo más correcto sería no dejar de
considerar ninguna, ya que ambas posturas albergan mayor o menor grado de veracidad.
Con el objetivo de señalar algunas posturas contrapuestas en torno a la misma
problemática, es decir, respecto de la desintegración del lazo social, el progreso del
individualismo y la pérdida de una figura cohesiva que fomentara la solidaridad en las
sociedades, De Ipola cita a Bonald, Le Bon y Durkheim cuyos escritos poseen
desarrollos y propuestas disímiles aunque comparten su punto de partida y hasta de
cierto modo, su finalidad.

Bonald
Muy apegado aún a las figuras cohesivas de la sociedad en el antiguo régimen, sépase,
religión, feudalismo y sociedad estamental como un todo conjunto, Bonald no propone
otra salida más que regresar a dicho orden, ya que aborrece la revolución y sus medios.
Con una inclinación religiosa muy fuerte, considera que las sociedades no deben
organizarse bajo ningún formato que proceda de algún tipo de intervención humana,
cuya forma organizativa sea distinta de la monarquía feudal, que consideraba natural,
así como al orden social que ésta promovía. Desestimaba que la moralidad y la ética
pudieran ser forjadas por hombres, puesto que ésta era de orden divino y era dada.
Contrario por consecuencia de ello, a los autores contractualistas a los cuales intenta
refutar con análisis históricos y teológicos. Como señalaran posteriores analistas al
margen de sus planteos “nostálgicos” y retrógradas, lo característico en Bonald y otros
contemporáneos es que dicha añoranza se basa en una necesidad de poner en evidencia
su descontento por el desgaste que a los lazos sociales y solidarios los hechos de la
revolución y el cambio hacia el dominio burgués había provocado.

Le Bon
Se lo considera un pensador social, antisocial y dicha contradicción queda en evidencia
en tato que Le Bon no mostraba ni añoranza por el antiguo régimen ni preocupación por
los lazos sociales deshechos, en cambio, se encontraba avocado a dirimir acerca de las
multitudes tratando de hacer hincapié en su intrínseca maldad, su capacidad de ser
conducida en cualquier dirección y en como dichas aglomeraciones de sujetos eran
contrarias a la tranquilidad social necesaria para la vida.
Atribuirá a las multitudes la capacidad de desatar los instintos más crueles y salvajes del
ser humano, y a los cabecillas, la capacidad de conducir a las masas hacia fines
inescrupulosos. Contrario a la revolución francesa y a sus mentores a los cuales califica
de cabecillas, intenta demostrar que aún aquellos avances que considera positivos a los
que se llegaran luego de la revolución podrían haberse alcanzado por otros medios. Su
ideología esconde un perverso concepto de control en las sociedades que ha sido
utilizado en numerosas condiciones y es el considerar a las multitudes como un ser
sospechoso y potencialmente criminal el cual debe de ser controlado y reprimido a favor
del orden de la sociedad misma.

Durkheim
Cabe agregar a lo adjudicado a Durkheim que si bien su modelo es positivista y
organicista, considera esto último en un grado mucho más complejo que autores
anteriores, y se muestra contrario a otras corrientes contemporáneas tanto a
contractualistas como Rosseau y a reformistas como Marx. Descarta que los conflictos
sociales sean producto de la lucha de clases adjudicando su malestar al problema de los
límites que es necesario imponer por parte de una autoridad que brinde cohesión a la
sociedad para que finalmente se vea esto reflejado en la solidaridad orgánica, pero no
propone una vuelta al anterior régimen sino que las soluciones deberán aceptar a la
presencia de las condiciones que impone la modernidad y será cuando los valores de la
ciencia, el positivismo, y la democracia formen parte del cuerpo social, que como se
sabe es anterior y exterior a los individuos, y luego éste posea la fuerza moral para
condicionar las relaciones de los hombres, que los conflictos se diluirán.

Texto: Giddens A.; “Reflexiones sobre el pensamiento social clásico contemporáneo”

Política y sociología en el pensamiento de Max Weber


A diferencia de otros pensadores de la política y la sociedad de su tiempo, Max Weber,
no puede ser catalogado dentro de ninguna corriente específica surgida entonces al no
avalar por completo algún conjunto de teorías y valores formulados por cualquiera de
dichas vertientes ideologías. No es un conservador con intenciones retrógradas,
tampoco un liberal, ni tampoco un socialista. Sin embargo, tomará de cada una de ellas
aquellos preceptos que considere de utilidad para el desarrollo y consolidación de una
nación alemana industrial y moderna, fruto de la expansión de la racionalidad, que logre
estar a la altura de los países vecinos mas desarrollados por ese entonces como Francia e
Inglaterra. No basará sus propuestas en consideraciones utópicas ni tampoco se apoyará
sobre axiomas inamovibles producto de verdades absolutas propuestas y probadas por
alguna ciencia, lo que claramente lo alejará en parte del Marxismo más reformista y del
liberalismo cientificista sin por ello relegar por completo a alguna de estas doctrinas.
Sus propuestas estarán siempre ligadas en sus cimientos al contexto alemán de la época
y la finalidad a encausar su rumbo hacia la institución del industrialismo, la democracia
y de un liderazgo capaz de evitar que el desarrollo progresivo de la burocracia destruya
al estado. En resumen sus valoraciones no serán universalistas sino aquellas que mejor
se adapten a alcanzar los fines que persigue dentro de un contexto que impone sus
propias condiciones.
Contexto de la Alemania post Bismark
Finalizado el período de Bismark, Alemania se encuentra unificada bajo un único poder
estatal cuyo progresivo avance para lograr su cometido había debilitado el poder de la
influencia política tanto de liberales como de socialistas del partido obrero. Además,
desde el este dominado por los junkers (terratenientes latifundistas y conservadores,
cuya influencia política era considerable) se producía una constante emigración de
campesinos hacia el oeste que mostraba un incipiente desarrollo industrial. Weber veía
esto como una consecuencia visible del declive de los ex señores feudales. Uniendo
factores, Weber admite que, si la unificación alemana no encontraba pronto un sector en
la sociedad que pueda liderarlo hacia el desarrollo de la industrialización como
consecuencia natural de la complejización y el racionalismo, no habría manera de evitar
que sea el mismo estado quien se destruya a él y a toda la nación a causa de el
crecimiento desmedido y siempre dañino de la burocracia y el funcionariado. Se
profundizará mas adelante en esta cuestión.
Como puede observarse, Alemania mostraba diferencias notorias con aquellos países
que para entonces habían alcanzado un desarrollo capitalista y se diferenciaba también
del contexto socio-político que en dichas naciones habían favorecido e impulsado su
nacimiento y posterior crecimiento.

Las propuestas de Weber


Será uno de sus objetivos primordiales impulsar el desarrollo y capacitación de una
burguesía dominante que pudiera hacerse cargo del liderazgo de la nación. Contrastando
con otros autores como Rosseau descreía de existencia de algún tipo de democracia que
pudiera acabar con el dominio “del hombre sobre el hombre” y lo consideraba una
utopía, además, rechazaba la idea de una democracia directa la cual solo podría tener
éxito en pequeñas comunidades.
Su mayor temor en cuanto a las deformaciones del estado provenía del crecimiento
desmedido del poder de la burocracia facilitado por la ausencia de liderazgo luego de la
caída de Bismark. Su propuesta para tratar de evitarlo sería el desarrollo de una
democracia representativa mediante la cual a través de partidos de masa, líderes
carismáticos y plebiscitarios sean consagrados por medio del sufragio universal a la
labor de batir la rutina y el estancamiento propio de la burocracia, al proponer ideas
nuevas y revolucionarias propias de la racionalidad-irracional del carisma. Sin embargo
cabe aclarar que no por elegirla como forma de organización Weber la postulara como
aquella más apta a pesar de todo contexto sino que “la forma de gobierno más apropiada
para un momento dado no es más que una cuestión técnica que depende de las tareas
políticas de la nación”. Por eso mismo, proponía que la labor del parlamente no sería
otra mas que evitar la acumulación de poder por parte de dichos lideres carsmáticos.
Acercándose al socialismo, Weber no desaprobaba por completo la intervención del
estado en la cuestión económica (claramente esto lo distanciaba de los liberales) y creía
que sería positivo someter bajo el control estatal a algunos sectores como la minería y
los seguros, aunque no consideraba la socialización de toda la economía ya que “sin
importar las faltas que la burguesía haya cometido en el pasado, especialmente los
grandes industriales, Alemania no disponía de otra opción para tales fines más que
cederles su recompensa necesaria (beneficio), sin embargo se debería terminar con su
destructiva influencia política”.
Un contexto favorable, la ética protestante
Basándose en su análisis histórico de las sociedades, Weber afirma que no son sólo las
condiciones económicas favorables las responsables del desarrollo del capitalismo en
Europa, y adjudica dicha distinción a un conjunto de valores que legitimaron un tipo de
conductas y un moral que encajaba a la perfección con el desarrollo de los estados-
nación como centros de poder absolutos y del capitalismo como sistema económico.
Dichos valores se encontraban bajo la ética protestante del Calvinismo que a través de
la ética religiosa fomentó la penetración del ideal del trabajo racional en la sociedad,
además de legitimar al estado como una institución divina y absoluta capaz del
monopolio del uso de la fuerza.

El pensamiento sociológico de Weber


Continuando con lo que expone Portantiero, Weber afirmaba que era posible extraer
conclusiones de las acciones de los individuos (contrario a Durkheim) las cuales eran
hasta cierto punto predecibles, no al punto de ser comparados con fenómenos de la
naturaleza completamente objetivos, sino que al afirmar que si bien, las acciones
poseían un cierto carácter subjetivo, existen ciertos patrones de regularidad que a su vez
son los que dan vida a la sociedad ya que si producto de la irracionalidad las acciones de
los hombres fueran completamente impredecibles la vida en sociedad sería imposible de
realizarse. Por tanto, el hombre constituye el átomo de la sociedad, y como
consecuencia de ellos cualquier afirmación hecha acerca de una sociedad puede ser
analizada en términos individuales.
Contrariamente a lo que los positivistas-racionalistas afirmaban, para Weber era
imposible a partir del racionalismo establecer criterios de valoración y veracidad a
posturas éticas y a valores, por los que civilizaciones de todas las épocas habían luchado
por dar sentido e imponer.
Será esta búsqueda por racionalizar y dar sentido a aquellos juicios y valores de por sí
irracionales del mundo la labor y una constante lucha de corrientes tanto religiosas en
la antigüedad como racionalistas en la modernidad. Entrará en juego aquí en el
pensamiento político los líderes carismáticos cuya finalidad será, a través de su
condición irracional, proveer del sentido a esos valores que no pueden ser definidos
mediante el avance de la racionalidad.
La forma en que Weber entiende el desarrollo de la racionalidad tendrá una fuerte
influencia en su teoría acerca de cómo surge el capitalismo en Europa, a raíz de la
homologación de una serie de valores propuestos por diferentes instituciones y que
motivarán aquellas formas de conducta en los individuos necesarias para dicho
desarrollo.

La racionalización como proceso


El concepto de “racionalización” que Weber propone, se hace de tres elementos que se
interrelacionan constantemente, a saber:
-“Intelectualización” o “desencanto del mundo”, es decir el cientificismo y la
secularización del conocimiento como base para la generación de sentido.
-Crecimiento de la racionalidad, interpretado como la persecución metódica de un fin a
través de un cálculo cada vez más preciso de los medios adecuados.
- Crecimiento de la racionalidad, en el sentido de la creación de valores éticos
orientados sistemáticamente hacia objetivos fijos.
Así pues, que Weber relaciona íntimamente a la intelectualización característica de
capitalismo a un avance del racionalismo de la conducta humana cuyo despliegue
implicaba la división burocrática del trabajo a fines “perfeccionar los medios”, por
tanto, aquellas propiedades alienantes o enajenantes del trabajo que Marx atribuía a la
lucha de clases para Weber se originaban en el proceso de racionalización. Ahora bien,
para Weber no existían posibilidades para los individuos de trascender y librarse de la
subordinación que la especialización de las tareas imponía. El avance de tales
conductas encerraba a las personas en lo que denominó “jaula de hierro”, jaula que se
encontraba constituida por las condiciones técnicas y económicas de la producción
mecanizada (burocratización), que a su vez se encontraba vinculado al desarrollo de
sistemas jurídicos que conjuntamente contribuían a dar legitimidad a la preextensión y
ejercicio del poder por los estados, cuya maquinaria de educación se encargaría de
difundir los valores y el patrimonio cultural mas apto para su propio desarrollo
(patriotismo, folklore, etc.). Cuestión de los líderes carismáticos será impedir que el
desarrollo de las condiciones descriptas conlleve a la destrucción de la nación.

Clase 3:

Texto: Sennet R.; “La corrosión del carácter”

Disposición y utilización del tiempo, noción de valores éticos, organización sistema de


trabajo, creación de identidad y relaciones sociales son algunos de los puntos que
Sennet toma como parámetros al comparar a dos generaciones de norteamericanos,
encarnados en el ejemplo de un padre y su hijo, a fines de determinar aquellas
modificaciones que el desarrollo del neocapitalismo introdujo no sólo en términos
económicos o empresariales sino aquellas alteraciones que indujo en el seno de las
relaciones primarias de la familia y en la formación de la identidad de los sujetos en la
actualidad como consecuencia de las primeras.
Con el final de la segunda guerra mundial, aquellas sociedades de los países mas
desarrollados experimentaron un despliegue económico cuya estabilidad brindada por
los gobiernos de estado de bienestar (con la maquinar sindical y demás características)
se mantuvo por un período cercano a los veinticinco o treinta años. Es ésta la época en
la que la vida del padre que Sennet cita toma lugar. Portero de un edificio, hijo de
inmigrantes, se puede decir que no formaba parte de la elite norteamericana, sino que
por el contrario se encontraba en una de las categorías más bajas. A pesar de ello, había
logrado adquirir una casa, ahorrar, y pagar la educación universitaria para sus hijos. Se
podría decir que el desarrollo de su vida era por demás lineal y predecible en tanto que
fue aquel trabajo rutinario que tuvo de por vida, característico de la monotonía de la
jaula de hierro encarnada en la burocracia estatal y el sistema de hipotecas,
jubilaciones, sindicatos, etc. aquel que le hizo sentir a raíz de sus pequeños, atomizados
y progresivos logros que él era, el “autor de su vida” otorgándole respeto por su propia
persona. Aunque claro está, no por eso se estaría en presencia del “efecto recíproco” que
Fitche pregona como la devolución del respeto recibido, ya que el padre confesaba no
sentirse a gusto en el contacto con varios grupos sociales o raciales.
Su hijo, pudo acceder a la educación universitaria, graduarse, obtener también un buen
empleo, y cumplir lo que podría llamarse el sueño de movilidad social ascendente.
A diferencia del padre, el hijo ocupa una posición privilegiada en la escala social que lo
coloca dentro del 5% con mayores ingresos de su país, pero si embargo, no todo es el
maravilloso sueño del ascenso social para él.
Habiéndose mudado varias veces ya sea por despido o por cambios en las direcciones
laborales suyas o de su esposa, el hijo confiesa que a veces siente estar “perdiendo el
control de su vida”. Instalado en las afueras de Nueva York realiza servicios de
consultoría. Declara haber tenido que luchar para realizar tareas que nunca antes había
imaginado para su vida laboral, y que lejos de poseer la certidumbre acerca de sus
labores, puesto que es él su propio mandatario, se ve supeditado a una red de personas
(clientes) a las que debe perseguir y las que debe de consentir hasta en su caprichos mas
ridículos. Producto de las reiteradas mudanzas perdió contacto real con aquellas
amistades que había sabido cosechar y su descontento se hace notar. Pero más allá de lo
fugaz de sus amistades, las peores consecuencias, recaen sobre su familia. A raíz del
poco contacto real que posee con sus hijos, encuentra dificultad a la hora de trasmitirles
valores y enseñanzas que les sean de utilidad para la vida social y laboral.
Pero algo sucede que refuerza dicha situación; aquella condición que el neocapitalismo
afianzado en las comunicaciones instantáneas y la globalización impone por la cual se
rechaza realizar emprendimientos a largo plazo ha generado una lógica de valores y
comportamientos que, si por un lado resultan en una aceleración en los beneficios
monetarios, por otro, no son los necesarios para el desarrollo de las relaciones sociales
mas directas ni para la formación correcta de las identidades.
Por lo tanto, podía afirmarse que si bien para aquella generación que experimentó la
movilidad social ascendente el desarrollo lineal y los emprendimientos a largo plazo han
quedado fuera de circulación, ésta nueva forma de organizar el tiempo, fragmentada y a
corto plazo a destronado y corroído dentro de la esfera laboral a aquellas aptitudes y
condiciones que como el respeto, la lealtad, el compromiso, etc. necesitan de un tiempo
determinado para desarrollarse. Se sigue de ello, que los vínculos más delicados para su
formación en cuanto a tiempo han sido intercambiados por otros cuya debilidad y
condicionalidad son ahora las máximas para regir el mundo del trabajo.
Dichos valores, como el desapego (a las instituciones por ejemplo), el trabajo de equipo,
el debate abierto, la predisposición al cambio constante, etc. se oponen a aquellos otros
que sirven para formar tanto a las relaciones personales como para la educación
familiar, que de más está decir, que son parte del primer grupo de valores ya obsoletos.
Además, algunas máximas como la cooperación de equipo y el debate ante toda
situación generan en algunos casos un conflicto de autoridad en las familias, que
confronta claramente con los modelos de formación familiar de antaño.
En resumen, los continuos cambios a los que el ámbito laboral somete a los sujetos
generan una sensación de incertidumbre constante que a diferencia de otras épocas en
las que esa sensación fue parte de las vidas de los individuos, no es ahora un fenómeno
ni un conflicto que tiende a resolverse lo que la causa, sino una forma de organizarse
con sus prácticas, conceptos, valores y estilos de vida rige en la actualidad. La
incertidumbre y la inseguridad se ha transformado en un estilo de vida, cuyas
consecuencias, son notorias, y recaen tanto en la imposibilidad de aplicar una misma
serie de valores éticos al trabajo y a la vida personal, (ya que los valores del buen
ciudadano no son los del buen trabajador y viceversa) como en la elaboración de una
linealidad en las historias de vida de cuya existencia e interacción con las de otros
sujetos depende la correcta elaboración de una identidad.
Diderot y Adam Smith, dos formas de entender la rutina
El ejemplo que se desarrolló en la parte anterior, sirve como disparador para un
interrogante: si acaso la sociedad moderna ya sea por imposición o por decisión rechaza
el habituarse a una rutina (rutina que recordamos formó las vidas de muchos
trabajadores a lo largo de la existencia del capitalismo y cuyo despliegue tomó
dimensiones crecientes para culminar en los años dorados del capitalismo basado en el
estado de bienestar) y la consecuencias negativas de dicho estilo de vida han sido
analizadas (incertidumbre, desapego, conflicto de valores e identidad) cabe entonces la
pregunta. Si el despliegue de vidas rutinarias dentro de un contexto que las avalara, dio
como resultado progreso, estabilidad y seguridad a muchos sujetos, ¿Por qué se la
califica como negativa en comparación con su ruptura y desaparición cuando muchos
de los valores éticos y condiciones de vida que han desaparecido junto con ella, son
aquellos que en la actualidad, ante su falta generan conflictos para la conformación de
las relaciones sociales y el desarrollo de las identidades?
Para aclarar un poco el porque de la concepción negativa acerca del trabajo rutinario y
el consecuente estilo de vida que acarrea, se expondrán los pensamientos de dos autores
que presentan ópticas distintas del mismo fenómeno.
Diderot no considera a al rutina que caracteriza a la producción repetitiva como objeto
nocivo que tienda a destruir el carácter, sino que, por el contrario, adjudica a la
repetición de las tareas un tinte artístico mediante el cual, la simple ejecución en cadena
de un acto repetidas veces brindaría por sobre éste un entendimiento y control a quien lo
ejecuta cuya consecuencia directa sería una interiorización y perfeccionamiento de la
tarea que a su vez brindaría un sentimiento de control sobre la actividad en sí.
En cambio, Smith, quien entiende que para el adecuado desarrollo del a economía de
mercado es necesaria si o si la división de las tareas laborales en porciones cada vez más
mecánicas y específicas, postula que esa repetición lejos de interiorizar a quien la
realiza con su tarea, es degradante al condenar al trabajador en cuestión a una labor tan
aburrida a través de la cual perdería la noción de su esfuerzo y dedicación, acompañada
de la pérdida sobre el control del tiempo de trabajo. Esta pérdida de control alcanzo su
máximo desarrollo bajo los conceptos de racionalización cronometrada del tiempo
propuestos por Taylor.
Si el auge del Fordismo, sumado a los conceptos de Taylor ejemplifican a la perfección
el cambio de la producción artesanal basada en obreros altamente calificados a cargo de
numerosas tareas, hacia la producción en masa compuesta por numerosos obreros muy
poco calificados a cargo de pocas tareas simples, se estaría mucho mas cerca de las
ideas de Smith que de las de Diderot.
Sin embargo, esa misma división del tiempo y las tareas que la producción que Smith
ejemplificaba con una fábrica de clavos, fue escenario para que mediante el crecimiento
de los organismos reguladores estatales, las organizaciones de trabajadores y sindicatos
aquellos quienes habían perdido completamente el control sobre el ritmo de trabajo
pudieran dirimir, pujar, y adquirir derechos que habían sido negados. Así que, si por
ejemplo la determinación de una jornada tipo de trabajo obliga al trabajador a producir
de principio a fin de la jornada, a diferencia de si trabajara por una cantidad estipulada
de producción, la posibilidad de poder revalorizar y pujar por el valor de la jornada de
trabajo hace de la situación escenario de una lucha de poderes, inexistente en las
primeros años del capitalismo.
En resumen, si bien la forma rutinaria de producción conlleva de alguna manera a los
efectos descriptos por Adam Smith, sirvió como escenario bajo el cual pudo lograrse
una estabilidad que protegiera a los sujetos y les brindara la posibilidad de organizar
sus vidas.
Imaginar el desarrollo de situaciones donde la rutina desaparezca completamente en
teoría parece contrario a la naturaleza humana, ya que a partir de un hábito es posible
construir una alternativa, pero es éste hábito condición necesaria para la existencia de la
alternativa. Es decir la necesidad o sentimiento de cambio surge a partir del
conocimiento de una situación actual o hábito que se desea modificar, por lo tanto, sino
existe ésta situación tampoco tendría porque existir la necesidad de cambiarla puesto
que no se puede cambiar aquello que no existe.
Además, en términos de relaciones humanas, es sabido que a partir del mantenimiento
de ciertas condiciones y hábitos es que una gran porción de sentimientos y valores
adquieren la madurez para desarrollarse, existir y así configurar la identidad de los
individuos quienes si fueran desprovistos del tiempo necesario para desarrollar dichos
sentimientos y valores, serían portadores de una contradicción dentro del seno mismo de
la vida y es que tanto pertenecer como mantener una familia como tal implican si o si, el
sostenimiento en el tiempo de un conjunto de condiciones de vida que como se observa,
el rumbo que la economía neocapitalista amenaza con eliminar.

Clase 4:

Texto: Watzlawick P.; “¿Es real la realidad?”

Del análisis del libro de E. Abbot, “Planolandia” el autor intenta resaltar a través de la
metáfora la relatividad de la percepción de la realidad. Similar en algunos aspectos al
mito de la caverna de Platón, aunque con mucho menos lugar para interpretaciones
elitistas y oligárquicas, la historia de un mundo de dos dimensiones integrado por
figuras geométricas y el posterior viaje de uno de sus habitantes (un cuadrado) hacia
mundos de una y tres dimensiones, pone a éste protagonista en las dos posiciones
posibles: por un lado, negar la posibilidad de otro estado de cosas y no tolerar a quien
postula otra mirada, y por otro, el tener la seguridad de que los hechos y situaciones
puedan interpretarse o entenderse de otro modo y no ser entendido ni tolerado por el
resto de la comunidad.
Así es que al proponer una mirada mucho más amplia y tolerante acerca de las visiones
de la realidad, sosteniendo en la conciencia que pueden existir otras verdades a parte
de las propias o las conocidas, Watzlawick, lo ve como un camino hacia la madurez
humana para evitar que “nos entreguemos de nuevo al mundo inquisidor” y avivar las
hogueras o chimeneas de un campo de exterminio.
Texto: Searle J.; “La construcción de la realidad social”

Existen hechos objetivos del mundo que sólo existen por conveniencia entre los
hombres, así como existen hechos que son independientes de toda voluntad humana,
como las montañas, los ríos y los animales y no dependen de las opiniones, actitudes y
sentimientos de quienes los observan, por lo tanto no se encuentran sujetos a
subjetividad alguna. Estos hechos son denominados hechos brutos.
Sin embargo, otros hechos del mundo como por ejemplo el dinero, las naciones, el
matrimonio y demás, existen debido a que quienes los utilizan u observan dan cuentas
de su veracidad y existencia, pero como puede verse, poseen cierto grado de
subjetividad ya que si no existiera quien les diera sentido, simplemente no existirían. A
diferencia de un árbol por ejemplo que existe sin importar si hay alguien para
contemplarlo.
Lo curioso es que dichas instituciones creadas por los seres humanos pueden dar lugar a
hechos objetivos en el sentido de que no dependen de los observadores y sus actitudes
ni puntos de vista para su existencia, por ejemplo, que un billete de diez pesos, sea un
billete de diez pesos no depende de quien lo posee, además, será por siempre un billete
de diez pesos. Un sujeto nacido dentro de las fronteras argentinas, (cuya existencia
recordamos es una convención sujeta a cierto grado de subjetividad) es de nacionalidad
argentino independientemente de sus actitudes y sentimientos, y además permanecerá
siéndolo hasta que deje de existir como sujeto. A estos hechos que poseen un carácter
objetivo pero que su existencia depende de otras instituciones humanas sujetas a cierto
grado de relatividad, se los denomina hechos institucionales.
Un hecho curioso es que estas convenciones humanas resultan a los hombres tan
naturales y dadas como las montañas y los ríos. Sin embargo, a diferencia de aquellos
hechos brutos que se definen por sus características intrínsecas (composición material,
ubicación, etc.) los hechos de construcción humana se encuentran comúnmente mucho
mas ligados a su función dentro de una realidad social determinada y no tanto a su
composición. En cuanto dicha función desaparece, el identificarlos se vuelve una tarea
mas complicada. Por ejemplo, ¿Qué diferenciaría a un trozo de papel de un billete, si no
se tuviera en cuenta la función del dinero como tal?
Dilucidar el origen y proceso de formación de dichas construcciones sociales será el
objetivo primordial al que Searle se avocará en el texto.

Asignación de funciones
Se determinarán dos tipos de rasgos en relación a los objetos y hechos existentes en el
mundo, a saber: serán rasgos intrínsecos de la realidad a aquellos objetos y hechos que
existen a merced de la existencia de posibles observadores capaces de admirarlos u
ejercer sobre ellos algún tipo de valoración. Por el contrario, serán rasgos relativos al
observador a aquellos hechos u objetos que existen a raíz del ejercicio activo de un
estado mental que un sujeto observador posee a través del cual les adjudica algún tipo
de finalidad intencional o juicio de valor. Así pues, un objeto cualquiera, tiene ciertas
características que le son intrínsecas (masa, estructura molecular) y otras que le son
otorgadas de acuerdo a una finalidad particular que su observador les confiere.
Queda claro entonces, que la asignación de una función cualquiera hacia un hecho u
objeto es uno de los factores que diferencia un mero hecho bruto de un hecho
construido por el hombre y que en todas las ocasiones, dicha función no es intrínseca al
objeto, sino que responden a las necesidades o intenciones de quien se la adjudica. Es
decir, las funciones no son intrínsecas al objeto sino que son relativas al observador ya
que se concretan a fines de realizar un determinado acto o de explicar cierto fenómeno
por parte del sujeto usuario u observador consciente quien realiza la asignación.
Debe hacerse sin embargo una distinción entre las funciones para una mejor compresión
de las mismas.
Cuando la asignación se produzca motivo de favorecer un fin o un propósito práctico, y
se denominará agentiva. Cuando en cambio, una función se asigne a un objeto o
proceso que ocurre de forma natural y que se descubre se denominará no agentiva.
En resumen una función agentiva necesita para seguir sucediendo que la intención sobre
el objeto de ser usado con tales fines se mantenga, en cambio una función no agentiva
sucede sin que se tenga intencionalidad sobre el objeto.
Concluyendo para este primer factor, se tiene, que el imponer funciones es una actividad
conciente por parte de los observadores, relativa al observador, y está relacionada con
las intenciones que se tiene sobre el objeto y no con las características intrínsecas del
mismo, sin embargo poseen la cualidad de quedar ocultas e invisibles una vez
impuestas. Se añade que existe dentro de las funciones agentitas un tipo especial en el
que la función misma es simbolizar, representar o hacer valer otra cosa.

Intencionalidad colectiva y reglas constitutivas


Un segundo factor a considerar en la configuración de los hechos sociales, es la
intencionalidad colectiva. Se considerará a la intencionalidad colectiva a aquella
intencionalidad que un sujeto posee y comparte con otros a fines de realizar una acción
común (asignar funciones a objetos, definirlos, etc.). Es decir, aquel accionar conciente
que el individuo encara como parte de una acción mayor de la que forma parte.
Así es que se denominará hecho social a cualquier hecho que implique alguna forma de
intencionalidad colectiva. Serán una subdivisión de los hechos sociales, los hechos
institucionales, en otras palabras, aquellos hechos que tienen sus fundamentos y bases
en instituciones previamente creadas por sujetos.
El tercer factor a tener en cuenta son las reglas constitutivas que unen a los hechos
brutos de la naturaleza con los hechos institucionales creados por los hombres. En
términos generales las reglas podrían clasificarse en dos grupos; el primero integrado
por las reglas normativas o regulativas cuya finalidad es establecer algún tipo de
regulación para una actividad o hecho preexistente, por ejemplo las normas de tránsito,
lo regulan y establecen que puede y no hacerse, aunque sin embargo no determinan su
existencia. El segundo grupo constaría de aquellas reglas que a la vez que existen crean
la posibilidad de existencia a algún otro proceso u hecho. Es decir, no sólo regulan el
desarrollo del proceso sino que determinan su existencia, así sería el caso por ejemplo
de las reglas del fútbol, ya que si no se siguieran sus reglas, no se estaría jugando fútbol
y se juega fútbol si y solo si se siguen las reglas que lo determinan. Resulta de la
aplicación de conjuntos de reglas constitutivas el nacimiento de hechos sociales e
institucionales.

Constitución de los hechos sociales. Hechos institucionales


Los hechos sociales más simples, implican tipos de conducta colectiva en los cuales
simplemente un sujeto desarrolla una determinada función conciente de formar parte de
una operación mas abarcativa. Algunos hechos
De ésta manera, así como un individuo puede asignar una función agentiva a un objeto
dado con un propósito determinado, un grupo de sujetos puede también asignar una
función agentiva a un objeto de acuerdo a sus fines. Así determinarían por ejemplo
utilizar un tronco de un árbol a modo de asiento para el grupo.
Distinto es cuando se desea aplicar una función que no puede llevarse a cabo sólo por
las características físicas del objeto en cuestión, ya que en éste caso, el éxito de la
función dependerá de la cooperación del grupo. Este tipo de actos siempre mantendrá la
forma X vale como Y en C.
La diferencia entre un hecho social simple (contemplar un evento deportivo, compartir
asiento en algo que no lo es) de los hechos institucionales (el dinero, la propiedad, el
matrimonio), es que para éstos últimos es necesaria la imposición colectiva de una
función sobre entidades que no pueden cumplir dicho cometido sólo por sus
características físicas sino que requieren de la imposición de un status adicional
compartido, aceptado y mantenido por el colectivo que hacerlo posible.
Lo que Searle propone es que los hechos institucionales existen dentro y gracias a la
aplicación de reglas constitutivas que atribuyen condiciones sobre objetos u hechos que
éstos no poseen dentro de sus características intrínsecas. Es decir, sólo serán reglas
constitutivas aquellas preposiciones que confieran a los objetos o hechos de una
capacidad para valer como representación de otro objeto o hecho que no poseen de
manera natural a causa de sus características físicas innatas. Volviendo sobre la
proposición X vale como Y en C tendríamos que serán reglas constitutivas aquellas que
afirmen en el término Y una condición o función que X no puede cumplir por el mero
hecho de ser X.
Ejemplo: X (objetos que sean usados y sirvan para sentarse) valen como Y (sillas).
Aquí no se trata de una regla constitutiva ya que cualquier elemento que sea X será Y
por el mero hecho de ser X.
En cambio: X (aquellos pedazos de papel emitidos por el banco central de la nación
bajo la denominación de moneda de curso legal) valen como Y (elementos de
intercambio). Como se ve, el mero hecho de ser X no es condición necesaria y
suficiente para que sea Y, porque para ello depende de la existencia de varias
instituciones y creencias compartidas de que se adjudiquen a ciertos pedazos de papel
que cumplan con ciertas condiciones estipuladas que puedan ser usados como medio de
intercambio. Lo que esto significa que el término Y debe adjudicar un nuevo status del
que X carece.

Otras consideraciones acerca de los hechos sociales e institucionales


Todos los hechos institucionales se basan en algún hecho bruto.
Un hecho institucional se mantiene mientras el status conferido por la regla de
aplicación sea sostenido por el colectivo que lo instituyo.
Aquellos quienes utilicen el hecho institucional no tienen porque ser concientes acerca
del que porque de la validez del mismo, pueden reducirse a utilizarlo o adjudicarle otra
explicación, pero mientras se recuerda, mantengan la relación X vale como Y en C, el
hecho seguirá existiendo.

En resumen: “La intencionalidad colectiva asigna un nuevo status a algunos


fenómenos, un status con el que va una función que no puede ser cumplida meramente
en virtud de los rasgos físicos intrínsecos del fenómeno en cuestión. Esa asignación
crea un nuevo hecho, un hecho institucional, un hecho nuevo creado por acuerdo
humano”.
Clase 5:

Texto: “La estructura y la lógica sociológica de Bourdieu”

Al evitar una concepción estrictamente estrcturalista y objetivista o una completamente


individualista, Bourdieu plantea en cambio, a la sociedad como escenario de un juego
de fuerzas en el que interactúan y se influencian mutuamente dos ámbitos de desarrollo
diferentes, pero relacionados.
De ésta manera, abandona la dicotomía o contradicción entre modelos externalistas
(como Durkheim) y mecanicistas individualistas, sin dejar de considerar al existencia de
ninguno, sino por el contrario, integrándolos.
Podría decirse entonces que Bourdieu propone un sistema bidimensional dentro del que
puede hacerse una distinción que marca las características de cada estrato. Siendo lo que
considera de un primer orden o de posiciones que refieren a las estructuras objetivas de
generación de valores, de medios de apropiación de la distribución de los bienes
culturales que sirven a fines de definir las tensiones externas (posiciones) que se
reflejarán luego en las interacciones individuales. En tanto, el segundo orden refiere a
los sistemas de clasificación y abarca a los esquemas mentales de los sujetos que
funcionan a la manera de patrones simbólicos que operan como una matriz de
percepciones, apreciaciones y acciones estructurantes sobre la individualidad e
imprevisibilidad de sujetos sin ser el completo determinante de su conducta.
Al tomar distancia de la completa exterioridad del código social y sin caer en el
subjetivismo individualista Bourdieu deja espacio para en primera instancia valerse de
los patrones generados en el primer orden y analizar su correspondencia y desarrollo
dentro del segundo orden, para finalmente establecer las relaciones y regularidades
existentes.
Resulta evidente que para realizar una búsqueda de correspondencia entre patrones o
corrientes es necesario primero conocer cual o cuales han de buscarse, por lo tanto es
natural que en primera instancia se otorgue primacía a las estructuras que de alguna
manera generan dichos patrones. En palabras de Bourdieu “existe una correlación entre
estructuras sociales y las estructuras mentales, entre las divisiones objetivas del mundo
social (particularmente los dominantes y dominados en los distintos campos) y los
principios de visión y división que los agentes aplican”.
Siguiendo el postulado de Durkheim acerca de que los sistemas cognitivos que operan
en las sociedades primitivas derivan de su sistema social y los esquemas mentales
subyacentes están moldeados a partir de la estructura social del grupo, Bourdieu va más
allá al establecer que en las sociedades modernas, el fenómeno es en gran parte
facilitado por instituciones como el sistema educativo, que a su vez las divisiones
sociales se encuentran estrechamente vinculadas con los estados mentales siendo éstos
últimos encarnación de las primeras en tanto que la exposición acumulativa a ciertas
condiciones sociales genera en los sujetos un conjunto de reglas, disposiciones, valores
y definiciones de mundo que son transportables y que finalmente hacen visibles las
necesidades del entorno social al que pertenecen.
Esta relación entre estructuras sociales y estructuras mentales no es a Bourdieu tan
inocente ya que plantea que poseen una implicación política crucial, al interpretarlos
como mecanismos de dominación (ideologías para Marx) que tienden a reproducir una
aparente necesidad y naturalidad de establecer cierto orden social que no es más que el
orden social del cual surgen.
De aquí puede verse, que los sistemas de representación social no son meramente
reflejo de las relaciones sociales de dominación existentes, sino que ayudan a
constituirlas en tanto que su existencia implica consecuentemente el desarrollo de un
juego de luchas en los que cada sector intentará tomar el control sobre las estructuras
cognitivas de los cuales dependen la formación de los esquemas mentales (Durkheim).
Así es que, grupos y clases sociales se encuentran continuamente en un escenario de
lucha por imponer aquellos patrones de evaluación del mundo de cuyas conclusiones y
acciones se desprenda natural y necesariamente aquellas condiciones más favorables a
su sector en particular.
Bourdieu denominará entonces campo a aquel escenario de relaciones históricas entre
grupos y posiciones relativas a cierta forma de poder (primer orden). En tanto que
llamará habitus a como esas relaciones históricas se instalan en los individuos y bajo la
forma de esquemas mentales de percepción, apreciación y acción (segundo orden).
En resumen es el campo un escenario de conflicto y competencia en el que los distintos
sectores desarrollan estrategias para imponerse en el dominio de la creación se
significado tratando de asignar escalas de valores y de jerarquía propias dentro de las
relaciones de poder. De aquí se entiende que cualquier modificación en como la
propiedad y uso de los elementos y bienes generadores de sentido (cognitivos,
culturales, etc.) genera un cambio en la estructura del campo el cual se vuelve dinámico
a diferencia de otras concepciones estáticas acuñadas históricamente por corrientes
sociológicas, y además plantea una interrelación entre habitus y campo que hace
imposible la existencia de uno sin el otro ya que son parte de un mismo grupo de
relaciones que dan forma a la sociedad.

Texto: Apple M.; “Cultura política y currículo” – Comiendo patatas fritas.

A través de la narrativa de una experiencia personal, Apple desarrolla con una óptica
específica lo que Bourdieu deja claro en sus escritos. Existen grupos de poder, que
poseen intenciones y de cuya lucha con otros por imponerse como dominadores de la
capacidad de asignar significados sobre el mundo (creencias, actitudes, valores, etc.)
surgen relaciones de dominación dentro de las cuales está inmerso cualquier sujeto, ya
sea como parte de un grupo con poder de imposición de verdad, o como parte de un
grupo dominado en la lucha.
Para Apple el grupo de los blancos capitalistas, ha impuesto históricamente no sólo su
dominio económico-militar sobre el mundo sino la capacidad de generar sentido común
dentro su grupo (Durkheim, Bourdieu) los cuales, naturalmente, tienen a su vez cierto
grado de dominio cultural por sobre otros grupos oprimidos.
Éste sentido común que influye sobre los conceptos, acciones y estructuras mentales
como Bourdieu asegura, no tiene nada de inocente, y es un elemento político de gran
importancia. Conocimiento es poder. En este caso Apple considerará que la educación
formal tanto como el “sentido común” del hombre blanco han contribuido a esconder
aquellas relaciones de dominación económico-sociales que hicieron posible el
desarrollo de un estilo de vida que es característica única del grupo de la blanquedad
(whiteness) y que para su mantenimiento implica necesariamente la ejecución de
aquellas políticas que sostengan ciertas condiciones de pobreza, ignorancia, y necesidad
extrema en los países periféricos que son las que hacen posible la producción de esos
bienes y servicios que definen a la sociedad de consumo típica de la blanquedad.
Países que se autodenominan centrales, sabido es que poseen cierto grado de influencia
por sobre las decisiones y rumbos económicos de aquellos otro países denominados
periféricos, sin embargo la fisonomía y la forma en que se desarrollan, y los fines que
persiguen son en mayor medida desconocidos para muchos de quienes contribuyen a
sostenerlos, y esto es así porque conocer que para que un determinado bien pueda tener
un precio accesible a una clase media blanca de un país central es necesario producir
bajo una relación costo/precio final/ganancia del productor, que implican gastos en
mano de obra, tierra, servicios, transporte extremadamente bajos que sólo pueden
conseguirse en aquellos países en los que el estado de cosas no contempla educación,
seguridad social, salud, nivel de empleo, equidad social, etc. plantearía un interrogante
que complotaría contra el sostenimiento del sistema. De más esta aclarar entonces que
serán aquellos países periféricos en los que el mito de la integración a la economía
global y al mundo de la inversión extranjera traería la igualdad y la paz social que no
pudo lograrse o no supo o quiso mantenerse históricamente, candidatos perfectos por
cumplir al pie de la letra con las condiciones.
Tomar conciencia de que una porción de papas fritas baratas implican la expulsión de
nativos de sus tierras, relegarlos a la marginación y a la subsistencia dentro de un
sistema que los mantiene a la raya de la existencia misma en un contexto donde no
existen instituciones que los amparen, y en donde los estados soberanos hacen
negociados a expensas de las condiciones de vida de sus habitantes que adquieren el
status de “mano de obra desesperada”, y que del otro lado del océano son servidas por
un empleado cuyas condiciones laborales son paupérrimas y su salario no se ve mucho
mejor, no tiene porque conducir a la inmovilidad completa, sino en cambio, al
interrogante de porque todas éstas relaciones permanecen en las sombras tanto del
sistema educativo oficial, como de la política, de los medios de comunicación y natural
y consecuentemente en el sentido común de los habitantes de los países centrales.
La relación es simple, y obliga a remontarse a lo siguiente: tanto conocimiento como la
circulación e imposición de un tipo de saber en detrimento de otros no es más que una
faceta de la distribución del poder y la riqueza. Ya que funciona como plataforma de
legitimación de un cierto conjunto de acciones y pensamientos que se ven reflejados en
el sentido común, que, quiérase o no, contribuye y contribuyó a la dominación de
género, de clase, de raza, etc. a través del consentimiento mas o menos conciente de
dicha dominación.