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El Valle de Siancas

Origen y Naturaleza. Los primeros pobladores

Municipalidad de Campo Santo – Salta

Año 2.017
Autoridades Provinciales
Gobernador
Dr. Juan Manuel Urtubey

Vicegobernador
Sr. Miguel Isa

Ministro de Cultura y Turismo


Dr. César Mariano Ovejero

Secretario de Cultura
Profesor Sergio Mariano Bravo

Autoridades Municipales
Intendente
Sr. Mario Alberto Cuenca

Secretario de Gobierno
Sr. Eber Gray

Presidente del Honorable Concejo Deliberante


Sr. Nicanor Terrazas

Asesor y Gestor Cultural


Gustavo Marcelo Flores

Director de Cultura
Profesor Juan Carlos Ortega

Secretaria de Medio Ambiente y Turismo


Srta. Liliana Carrizo

A cargo Museo Prof. Osvaldo R. Maidana


Srta. María Arnedo
Auspician

Superior Gobierno de la Provincia de Salta

Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Salta

Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Provincia de Salta

Ministerio de Cultura y Turismo de la Provincia de Salta

Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta

Secretaría de Turismo de la Provincia de Salta

Fondo Editorial de la Provincia de Salta

Municipalidad de Campo Santo

Honorable Concejo Deliberante de Campo Santo


A modo de Prólogo

Acercar este volumen a la población estudiantil del Valle de Siancas, es


simplemente el cumplimiento de un anhelo largamente soñado. En primer
lugar, porque en un mismo ejemplar está reunida una inapreciable y amplia
información del ámbito que es nuestro lugar de residencia; y que por distintas
razones permaneció en estado de suspensión vital, esperando la intervención
entrañable de los investigadores que comenzaron a ponerla en valor al
impulsar su difusión entre las comunidades que aquí se desarrollan.

En segundo término, es necesario destacar que cada uno de los


integrantes haya permitido reunir el fruto de su dedicación y esfuerzo, y a la
vez, accedido a compartir un mismo espacio editorial en el que se fusionan
aspectos de las Ciencias Naturales con otros que hacen a las Ciencias de las
Humanidades, posibiliten que el lector alcance una completa visión y un franco
entendimiento del medio que nos rodea.

De igual modo nos concede la oportunidad de conocer ciertos


pormenores acontecidos en el valle y en las serranías que lo contienen,
respecto de su temprano poblamiento por parte de pequeñas sociedades que
portaban hábitos y pautas culturales muy características, como lo fueron la
alfarería y la agricultura, entre otros aspectos.

La enorme importancia que por su singular ubicación llegó a tener el


Valle de Siancas, tanto para quienes lo transitaron como para los que en él se
instalaron, quedó en evidencia por los resultados de las investigaciones
realizadas y las que se están realizando en diferentes áreas científicas:
Geología, Geografía, Ciencias Naturales, Arqueología e Historia; explorando en
el campo y escudriñando en archivos y bibliotecas.

Que el presente material ofrezca a nuestros niños y jóvenes una nueva


alternativa de conocimiento y les ayude a fortalecer el sentimiento por el legado
que les pertenece.

Mario Alberto Cuenca


Intendente de Campo Santo
Agradecimientos

Es un enorme placer reconocer y agradecer la buena predisposición de


los destacados profesionales que desinteresadamente me permitieron utilizar
los resultados de sus investigaciones para la composición del presente
volumen, como también, agradecer a quienes aportaron materiales y a los que
tuvieron larga paciencia, como la tuvo mi compañera de vida.

Este sumario está destinado fundamentalmente a estudiantes de todos


los niveles, pues cada uno de los trabajos desarrollados en las áreas
establecidas ha sido elaborado de manera sencilla y utilizando un léxico simple
y entendible; a excepción de algunos términos técnicos estrictos imposibles de
reemplazar.

Hemos sido motivados por el único propósito de dar a conocer algunos


aspectos que subsistieron firmemente el paso del tiempo esperando la llegada
de quienes, tozudamente, tratamos de desentrañar algunas incógnitas de las
muchas que aún quedan por descubrir.

Dr. Ricardo N. Alonso, Dra. Telma Liliana Chaile, Arquitecto Efraín Ariel
Lema, Dra. Rosana Flores, Lic. Jorge Esteban Cabral, Lic. Mariana Avellaneda,
Lic. Francisco José Sánchez, y Lic. Luciano Brambilla, gracias por este
meritorio aporte que la Municipalidad de Campo Santo canalizó en el “Museo
Regional Profesor Osvaldo Ramón Maidana” para que llegue a los
pobladores de todo el Departamento de General Güemes. Una inestimable
contribución que ayudará a reconocernos y a valorarnos como sociedad
poseedora de una sólida identidad.

Al Sr. Intendente Mario Alberto Cuenca le agradezco su predisposición


manifiesta en el incondicional apoyo que otorga a esta clase de iniciativas que
apuntan a la comunidad del Valle de Siancas, como principal destinataria.

Aún queda mucho por hacer, mucho por estudiar y mucho más por
investigar. Esto, es solo el comienzo.

Gustavo Marcelo Flores


Valle de Siancas, octubre de 2.017
Ubicación y características

El Valle de Siancas está enclavado en la zona centro-Norte de la Provincia de


Salta, y abarca una gran extensión del departamento de General Güemes, parte del
sector Sureste del departamento de Capital y la franja Sur de los departamentos
jujeños de El Carmen y San Pedro, entre las coordenadas de los 64º 15’ y 65º 20’ de
longitud Oeste y los 24º 12’ y 25º 00’ de latitud Sur.
Su amplitud está ligada a la extensión de la red hidrográfica que abarca la corriente
principal con todos sus afluentes, por lo que podemos afirmar que la zona de cabecera
del valle se localiza en las primeras estribaciones de la Cordillera Oriental que miran al
naciente -donde se confina el punto llamado El Angosto-, y teniendo en cuenta que su
límite Oeste queda demarcado por la línea de cumbrera y divisoria de aguas de la
Sierra de Mojotoro: las Cumbres del Gallinato, las de Velazco, y el Cerro Pelado. Por
el límite Este se ubica el Cerro Alto del Tunillar, La Despensa y los Pelones, la Mesada
del Aserradero, El Monte del Paraíso y las Sierras de Santa Gertrudis.
La Quebrada del Gallinato se encuentra hacia el Este del Departamento La Caldera,
presentando un rumbo Noroeste-Sudeste y la cabecera se forma en el cerro San José,
que se levanta al Este de la llanura aluvial del Río La Caldera. Aguas abajo, la
quebrada cambia de nombre y pasa a llamarse Quebrada Corral de Barranca.

Siguiendo el curso del Río Mojotoro, consideramos que la culminación del valle
en dirección Este, se establece en el sector que bordea los contrafuertes del
piedemonte de la Sierra del Gallo o del Alumbre y posteriormente los de la Sierra de
Santa Bárbara o Maíz Gordo, por lo que presenta características muy particulares
como accidente geográfico, debido a que en épocas geológicas recientes, el valle ha
sido rellenado y excavado por la corriente de agua que actuó aportando y devastando
el cono aluvial a partir de su zona de cabecera; y surcándolo a todo su largo hasta
desviarse bordeando las mencionadas serranías del territorio jujeño por unos
kilómetros antes de la localidad de El Piquete, área donde se une con el Río Grande
de Jujuy.

Sin tomar en cuenta los límites geopolíticos actuales pero considerando al valle
como unidad natural, estimamos su extensión desde el extremo Norte–Oeste, a partir
del Cerro La Despensa, ubicado en las estribaciones de la Cordillera Oriental y hasta
la localidad de Perico en la Provincia de Jujuy. Continúa bordeando el río del mismo
nombre hasta alcanzar el paraje denominado Lote El Puesto; entre el Arroyo Colorado
y la localidad de El Piquete; ubicados en los faldeos de las serranías del Sistema Norte
de Santa Bárbara, quedando incluidas en su ámbito las localidades de Pampa Blanca,
Pampa Vieja, Los Manantiales, Puesto Viejo, Aguas Calientes, Esquina de Quisto,
Santa Clara y San Juan de Dios.

Para ajustar su amplitud en dirección Sur, debemos considerar las corrientes


que allí aportan sus aguas, sector en el que su red hidrográfica está formada por los
arroyos menores que provienen del Cerro Redondo, Abra de los Loros, Cerro de los
Dos Morros y Cerro de la Tipa Sola, a los que se agregan los arroyos permanentes y
temporarios que descienden de las Cumbres del Guaguayaco -elevaciones que
marcan y dividen las aguas de escorrentía que corresponden al Valle de Siancas, de
las que aportan su caudal al Río Juramento-. Por último, tenemos a las corrientes que
provienen de la ladera Oeste de la Serranía de San Antonio.
Esbozo Geográfico del Norte Argentino

Dr. Ricardo N. Alonso

El norte argentino representa un escenario geográfico singular. Ello es el


resultado de la concurrencia de muchos factores que abarcan la policromía de rocas
que cubren casi todos los períodos geológicos; la enorme diversidad de litologías
asociadas; los variados ambientes morfoestructurales que van desde altos volcanes
cordilleranos hasta las suaves llanuras orientales, pasando por salares, montañas,
valles y sierras; un relieve quebrado con cumbres que traspasan las nubes y
profundos cañones que hunden sus ríos hasta el hueso de la corteza terrestre; la
magnífica gama de climas y microclimas que envuelven el amplio espectro desde las
selvas húmedas tropicales a los resecos y helados desiertos y a las cumbres nevadas,
todo esto y mucho más es el despliegue de pincelazos naturales con que está pintada
la geografía física del norte argentino.
Pocas regiones se caracterizan por tener enormes rechazos topográficos, con
montañas que se elevan más de 6 kilómetros sobre el nivel del mar, desde las que se
descuelgan sucesivos escalones ocupados por valles y quebradas, hasta alcanzar una
llanura de escasa altitud. Efectivamente, esto es lo que ocurre entre las altas cumbres
volcánicas andinas que rozan los 7.000 metros, como el caso del volcán Llullaillaco, y
que hacia el Este comienza a caer en profundos valles primero, y en sierras suaves
después, hasta llegar a la llanura Chaqueña. Ello en razón de formar parte del extremo
austral de los Andes Centrales, una de las unidades orogénicas más interesantes del
planeta. Los Andes Centrales son el resultado del encuentro entre la placa oceánica
de Nazca y la placa continental sudamericana. Ese encuentro llevó a la subducción, o
sea el hundimiento de la placa oceánica por debajo de la placa continental.
Lo interesante es que, la conformación del edificio andino de los Andes
Centrales, es consecuencia del ángulo con que la placa se hunde, y es de 30º hacia el
Este. Ese ángulo es el que define que la placa llegue hasta profundidades donde
reinan temperaturas de 1.200º C, que se funda y que los magmas se eleven hasta la
superficie y exploten como volcanes. Y además, que la corteza se caliente, se debilite
y sea más fácil de deformar. Este calentamiento produjo el “arrugamiento” de la
corteza, creando lo que se llama un edificio orogénico; tal como si arrugáramos una
tela entre dos manos. Esto es muy distinto de otros edificios orogénicos, como el caso
del Himalaya, que es el resultado de la colisión entre dos continentes: India y Asia. Si
bien hoy están fusionados, en el pasado la India era un continente a la deriva que se
trasladaba hacia el norte a una velocidad muy alta (de 16 a 19 cm por año) hasta que
colisionó con Asia. De ese tremendo choque surgieron los Himalayas con el Monte
Everest, y con la extraordinaria meseta elevada del Tíbet. De allí entonces que,
mientras el Himalaya es un edificio orogénico colisional, los Andes Centrales son un
edificio orogénico no colisional.
Como dijimos, el ángulo de hundimiento de la placa oceánica lo es todo. Si ese
ángulo fuera menor, la placa no se fundiría tal como pasa al norte y sur de los Andes
Centrales, donde el ángulo de la placa es subhorizontal (5º) y desaparecen los
volcanes, por lo cual la corteza está fría y se rompe de otra manera. Si el ángulo fuera
alto, casi vertical, entonces tendríamos volcanes pegados a la costa pacífica y muy
otra sería la configuración andina. Vistos desde el espacio, los Andes Centrales tienen
la forma de una banana o media luna, con la parte más ancha en Bolivia y las más
estrechas en sus extremos de Perú y Argentina. Desde la costa pacífica hacia el Este
se pueden reconocer las siguientes unidades: Cordillera de la Costa, Depresión
Central, Cordillera de Domeyko, Depresión del Salar de Atacama, Cordillera Volcánica,
Altiplano – Puna, Cordillera Oriental, Sierras Subandinas y Llanura Chaqueña. En el
norte Argentino se cuenta con las unidades que median entre la Cordillera Volcánica
que nos separa de Chile y la Llanura Chaqueña que llega y continúa en el Paraguay.
Otro punto de importancia es que el crecimiento de los Andes Centrales,
bloqueó el ingreso de los vientos húmedos orientales creados en esa gran esponja
que es el Amazonas, El Mato Grosso y el Gran Pantanal, con lo cual se genera una
cara húmeda con precipitaciones de miles de milímetros anuales (Selva Tucumano –
Oranense), mientras al oeste se tiene cada vez menos precipitaciones (Valles
Calchaquíes, Puna), hasta llegar al Desierto de Atacama y al híper desierto de la costa
pacífica donde se precipitan minerales exóticos como los nitratos. Esta conjunción de
ambientes híper húmedos al oriente e híper áridos a occidente, que se sobreponen a
las unidades orográficas, van a ser los responsables del relieve y su evolución. Para
ser más claros, la región centro andina es el resultado de las fuerzas internas
(endógenas) que generan el crecimiento y la construcción de geoformas (montañas,
volcanes), mientras que las fuerzas exógenas (clima) son las responsables de su
destrucción. Dado que el edificio andino es muy moderno en términos geológicos, las
formas del relieve se conservan muy bien y por ello resultan tan atractivas para su
estudio científico.
Ahora bien, ¿cómo están constituidas las unidades orográficas del norte
argentino? Si comenzamos nuestro viaje imaginario desde el oeste, tenemos en primer
lugar la imponente Cordillera Volcánica, límite natural de las altas cumbres con Chile.
Allí se encuentran algunos edificios volcánicos más altos y más importantes del
planeta, como el Ojo del Salado (6.891 m) y el Pissis (6.882 m), y en Salta, el
Llullaillaco (6.739 m) y el Socompa (6.051 m). Más de mil volcanes se encuentran en
los Andes Centrales, y una porción interesante en Salta y Jujuy. Los hay de todos los
tipos (estratovolcanes, conos basálticos, domos, etc.), y en todos los estados (activos,
inactivos, dormidos, apagados). Algunos de ellos colapsaron en el pasado, dando
lugar a gigantescos cráteres llamados calderas. Un ejemplo emblemático es la Caldera
del Galán en la Puna de Catamarca, con 40 kilómetros de diámetro y coladas
ignimbríticas que llegan hasta los Valles Calchaquíes, a más de 100 kilómetros del
centro de emisión. Un retazo de esa ignimbrita forma el Fuerte de Tacuil.

En la Puna de Jujuy se encuentra la caldera de La Pacana, en el Paso de


Jama, que está rota y deformada, pero que se calcula debió tener un diámetro del
orden de los 60 kilómetros, también en la misma región están las calderas de Pairique,
Coranzulí, Rachaite y otras. A todas ellas están relacionadas esas coladas blancas o
rosadas, con paredes verticales, formadas por una erupción de alta energía tipo “nube
ardiente”, que escapó por los bordes del anillo caldérico al colapsar la superestructura
del volcán y hundirse por su propio peso. Los Andes Centrales contienen la mayor
“provincia” ignimbrítica del mundo con más de 500 mil kilómetros cuadrados cubiertos
por ese tipo particular de rocas volcánicas. A más de los volcanes en la cadena
principal, se tienen una serie de ramales transversales que cruzan la región hacia el
Este. En Jujuy está la cadena del complejo volcánico Coyahuaima, en Salta la cadena
del Rincón, Tul Tul, del Medio, Pocitos y el Complejo Quevar (Cerro Verde, Aguas
Calientes, Azufre, Mamaturi, Quironcolo); y en Catamarca la cadena del Archibarca y
Galán. Muchos de estos volcanes superan los 6.000 metros de altitud y se han
formado mayormente en el Período Mioceno, entre 10 y 5 millones de años atrás.
También hay soberbios ejemplos de volcanes aislados, como el caso del Tuzgle
(5.560 m) en Jujuy, un viejo estratovolcán con una cámara magmática activa que
produjo el derrame de una colada basáltica muy joven, probablemente con menos de
10 mil años de antigüedad ya que no muestra signos de glaciación. Rodeado además
de fuentes termales que evidencian el calor interno.
Luego está la Puna, abrazada por la Cordillera Volcánica y por la Cordillera
Oriental, es una región elevada a 4.000 m sobre el nivel del mar, quebrada
internamente en bloques hundidos y elevados, y cruzada por volcanes sueltos o
encadenados que se desprenden como ramales transversales de la cadena volcánica
principal. Entre esos volcanes y sierras internas se forman grandes depresiones
cerradas a las que confluyen las aguas que se concentran en los bajos, donde
evaporan para dar lugar a los salares. Precisamente las sales provienen del lavado de
los edificios volcánicos y de las aguas termales que los rodean y nada tienen que ver
con el mar, como generalmente se piensa cuando se aprecian esas grandes
superficies blancas que reflejan como espejos. La Puna tiene una gran variedad de
salares, salinas, lagunas saladas, playas barrosas, barreales y otros ambientes
similares.
La sequedad aumenta progresivamente hacia el oeste y hacia el sur. De
acuerdo con esto, en la Puna norte se encuentran ambientes de lagunas (Pozuelos,
Guayatayoc, Vilama) y salinas (Olaroz, Salinas Grandes), mientras que en la Puna sur
se presentan verdaderos salares como Rincón, Pocitos, Arizaro, Antofalla, Hombre
Muerto occidental, entre otros. Los salares sensu lato están enmarcados por bloques
tectónicos orientados meridionalmente y por edificios volcánicos en sus extremos norte
y/o sur. Todas las aguas confluyen en su interior y descargan su contenido salino, el
que por la alta sequedad ambiente se evapora para convertirse en sales. También
está el aporte directo de sales de las fuentes termales, algunas de ellas,
representantes de magníficos géiseres activos en el pasado. En base a su solubilidad
se tiene un orden de precipitación de las sales, llamadas evaporitas, entre las cuales
se destacan: el carbonato de calcio (travertinos), sulfato de calcio (yeso), boratos de
sodio y de calcio–sodio (bórax, ulexita) y en el centro de las depresiones la halita o sal
común. También se encuentra carbonato de sodio (Laguna Santa María) y sulfato de
sodio (Salar de Río Grande y Salar de Pocitos).
En el interior de los salares se presentan las salmueras, que en algunos casos
contienen elevadas concentraciones de litio, potasio y magnesio. Desde un punto de
vista climático, la Puna es una región fría, con una baja temperatura media anual de
8ºC, donde la temperatura puede bajar hasta -30º C con inviernos crudos, con fuertes
amplitudes térmicas diarias que pueden alcanzar hasta 50º C entre el día y la noche;
con vientos secos e intensos, alta heliofanía (horas de sol) y radiación solar intensa
por la altura sobre el nivel del mar, baja presión parcial de oxígeno que genera
malestar y nauseas conocidas como la enfermedad del “soroche”, fuerte reflectividad
en la superficie de los salares (blanco especular) que puede afectar los ojos por la
enfermedad del “surumpio”, con escasas precipitaciones en el verano y nevadas
intensas durante el invierno (aunque esto se modifica en los años Niño/Niña), entre
otros parámetros que la convierten en una región de clima riguroso e inhóspita, al
punto que tiene uno de los menores índices de habitantes por kilómetro cuadrado.
La Cordillera Oriental es una región morfotectónica formada por bloques de
montañas que delimitan valles y quebradas. Alcanza su máxima expresión en las
montañas que limitan con la Puna como en los nevados de Cachi y Palermo, cerro
Acay, cerro Chaño y sierra de Aguilar, donde las montañas se elevan entre 5 y 6 mil
metros. Todas estas montañas y sus respectivos valles, son el producto de la fuerte
compresión andina, cuyos profundos fallamientos elevaron las rocas a gran altura y las
sobrepusieron unas encima de las otras, dando gruesos apilamientos multicolores.
Purmamarca y su cerro de siete colores son un ejemplo de esos apilamientos de rocas
de muy diferentes edades, trepadas y sobre trepadas entre ellas como un paquete de
tejas rotas. Lo fragmentado (fallas) predomina sobre lo plegado. Entre los grandes
valles y quebradas de esta unidad morfoestructural, se encuentran las formaciones de
Humahuaca, Calchaquí, Toro, Escoipe, Lerma, Siancas, Jujuy, etc.
La Cordillera Oriental es una extensa unidad que abraza la región del
Altiplano–Puna por el Este. O sea, los Andes vienen desde el sur formando una sola
cadena que, al llegar al Noroeste Argentino, se abre en dos ramas que son: la
Cordillera Volcánica a occidente y la Cordillera Oriental al oriente, dejando entre
ambas, la meseta puneña. De allí entonces que no sea correcto llamar Precordillera
(como en San Juan y Mendoza) a las montañas que están al Oeste de las ciudades de
Salta y de Jujuy, ya que en realidad pertenecen a la Prepuna, teniendo en cuenta que
la cordillera principal, de naturaleza exclusivamente volcánica, está mucho más al
oeste todavía.

La Cordillera Oriental finaliza a la altura de Tucumán, donde ya empieza el


ambiente de las Sierras Pampeanas. Entre las principales sierras internas que forman
el ambiente de la Cordillera Oriental en sentido amplio, se tienen las de León Muerto,
Carahuasi, Cebilar, Metán, Zamaca, Lesser, Castillejo, Alta, Tilcara, Mal Paso, Aparzo,
Santa Victoria, y muchas otras. Salvo excepciones, estas sierras internas se
encuentran entre 3 y 4 mil metros sobre el nivel del mar.
Las Sierras Subandinas son un conjunto de sierras y serranías que van perdiendo
altura hasta desaparecer. Esta unidad está limitada por la Cordillera Oriental al Oeste
y por la extensa Llanura Chaqueña al oriente, y se caracteriza por grandes pliegues
cortados por fallas. El plegamiento domina sobre el fallamiento y las estructuras
deformadas en anticlinales y sinclinales, se van haciendo más suaves hasta
desaparecer por debajo de la llanura oriental. Al estar atravesadas por numerosos ríos
tienen mayor vegetación; y contienen importantes reservorios de petróleo y gas en su
interior. En el Norte Argentino acompañan a la Cordillera Oriental hasta la latitud de
Tucumán, aunque se ha propuesto que desde más o menos la altura del río Juramento
hacia el Sur se las denomine como “Sistema de Santa Bárbara”, o también podrían
llamarse “Sierras Subandinas Australes”. Este sistema austral incluye las sierras de
Medina, La Candelaria, cerro Colorado, Cuchuma, San Antonio, Lumbrera, del Gallo,
Centinela y Maíz Gordo. El sistema Subandino Norte, incluye las sierras de Puesto
Viejo, Zapla, Ledesma, Calilegua, Zenta, Caimancito, Porongal, Las Pavas, Candado,
Ramos, San Antonio, Aguaragüe, Madrejones, Macueta y otras que siguen en Bolivia,
donde alcanzan su mayor desarrollo. En general no pasan de 2.500 metros de altura
en el sector oriental, y de 3.500 en el sector occidental.
Finalmente, la Llanura Chaqueña es una extensa planicie formada por los
materiales arrancados del edificio andino y que fueron depositados allí. Está
atravesada por los grandes ríos del Pilcomayo, Bermejo y Juramento. Pertenece al
dominio geológico, geomorfológico y morfotectónico del antepaís (“foreland) de los
Andes Centrales. Se ubica en la amplia región conocida como Llanura Chaco-
Pampeana, Llanura Chaco-Salteña, Llanura Chacoparenaense, entre otros varios
términos que hacen referencia a su categoría de relieve plano y a su extensión al pie
de los Andes que cubre una parte sustancial del oriente de la Argentina subtropical.
Este ambiente de llanura se extiende hacia el Este a partir de las últimas estribaciones
andinas, esto es, las serranías bajas antes descriptas como las Sierras Subandinas.
Desde un punto de vista geodinámico, la región de llanura bajo tratamiento
constituye una enorme cuenca moderna de sedimentación, que responde a una
subsidencia por hundimiento como consecuencia de la compensación isostática por el
levantamiento del edificio andino. Su altura cae hacia el oriente sin superar los 300
metros sobre el nivel del mar. La Llanura Chaco-Salteña limita al norte con el río
Pilcomayo, al Este con las provincias de Formosa y Chaco, y al sur con Santiago del
Estero. El Chaco Semiárido es la extensa llanura ubicada en la porción central del
Chaco sudamericano, con precipitaciones entre 450 y 650 mm anuales, con
temperaturas máximas extremas que resultan las más altas registradas en el
subcontinente: 48,90ºC (Rivadavia) y dan lugar a lo que se conoce como el “Polo de
Calor de América del Sur”. Es una planicie relativamente uniforme, diferenciándose en
ella dos ambientes netos: la llanura chaqueña estabilizada y las llanuras de derrame.
Los materiales finos superficiales, esto es arenas, limos y arcillas, han formado suelos
con buen potencial agrícola.
En síntesis, el norte argentino es una vasta geografía modelada en los últimos
millones de años por los agentes exógenos, que han grabado, con su gigantesco buril,
las rocas que forman el cimiento de esta parte del corazón de América del Sur. La
corteza andina ha sufrido glaciaciones cuyos restos aún perduran en algunos picos
níveos; se ha calentado con el ascenso del magma desde grandes profundidades,
cuya salida a superficie produjo la construcción de magníficos edificios volcánicos y
cuyas entrañas están aún preñadas de metales; se ha desgarrado formando profundos
valles y cañones; se ha plegado en suaves serranías subandinas cubiertas de
vegetación tropical, y cuyos núcleos albergan los preciados reservorios de
hidrocarburos; en fin, permitió que a una misma latitud geográfica se encuentren lagos
resecos convertidos en salares a occidente, y una lujuriosa vegetación de helechos
arborescentes a oriente.
Algunos nombres son íconos de este muestrario arquitectónico de elementos
paisajísticos: el volcán Llullaillaco, el volcán Socompa, el Salar de Arizaro, el Valle
Calchaquí, la Quebrada del Toro, la Quebrada de Escoipe, la Quebrada de Las
Conchas. El Nevado de Cachi, la Quebrada de Humahuaca, el Parque Nacional Baritú,
entre muchos otros.
Además de las rocas de la formación Mojotoro -que corresponden al
Ordovícico y afloran al Oeste del Valle de Siancas-, en las sierras ubicadas en
dirección Este, tenemos la presencia de una capa de hierro marino que se observa en
Unchimé (explotada hace algunas décadas) y en Zapla. Las rocas devónicas,
carboníferas y pérmicas aparecen en algunos núcleos de las Sierras Subandinas y son
petrolíferas.
El Cono aluvial del Río Mojotoro

Gustavo Marcelo Flores

La red de drenaje del Valle de Lerma conforma dos cuencas separadas por una
divisoria de aguas ubicada inmediatamente hacia el Norte de la ciudad de Salta. La
que oportunamente nos ocupa, se conoce con el nombre de “subcuenca norte” y
comprende al Río La Caldera con sus afluentes: La Angostura, Santa Rufina y San
Alejo, y al Río Wierna; formado en la confluencia de los ríos Yacones, Nieves, Potrero
del Castillo y el Arroyo Huaico Hondo. Estas dos corrientes principales confluyen en
una sola que continúa el recorrido con el nombre de Río Wierna hasta su unión con el
Río Vaqueros; que tiene como afluentes al Río Lesser y al Arroyo Castellanos. En esta
concurrencia se formó el Río Mojotoro con un cauce rectilíneo y en neta dirección
Este. El corte o cañón que la corriente de agua provocó en la serranía que lleva su
nombre, se conoce como El Angosto. Ha sido tallado en rocas duras de tipo
cuarcíticas rosadas, (con alto contenido de cuarzo, mineral de dureza 7 en la Escala
de Mohs. Clasificación que va del Talco Nº1, como el mineral más blando, al Diamante
Nº 10, como el más duro).

Hacen millones de años, ocurrió la descarga de un enorme caudal de agua


transportando material de variada granulometría, que a su vez, erosionó las rocas
durante un tiempo prolongado al descender de manera abrupta los 500 metros de
desnivel existente entre los valles de Lerma y Siancas. La descomunal masa de agua
fue descargando en primer lugar el material más grueso, y progresivamente y a
medida que se alejaba, depositó el de menor tamaño. El constante y sucesivo aporte
de materiales de distinta granulometría que fue acumulando en diferentes momentos y
a distintos niveles, permitió el crecimiento y la formación del amplio cono o abanico
aluvial que actualmente cubre gran parte de la depresión o fondo del valle. La zona de
cabecera o ápice del cono del Mojotoro, está constituida principalmente por materiales
gruesos, razón por la cual el suelo resulta altamente poroso y por lo que también gran
parte de las corrientes que normalmente fluyen, se infiltran y se mueven a lo largo del
cono por entre las capas subterráneas, favorecidas por la acción de la presión
hidrostática, la alta permeabilidad, el marcado gradiente y los corrimientos o fallas
existentes. Finalmente escapan en la zona distal o de pie del mismo a través de
filtraciones y manantiales que pueden observarse en los parajes de El Zapallar, El
Algarrobal y Manantiales.

Corte del Cono aluvial del Río Mojotoro


El Geólogo Francisco J. Sánchez, expresa en su tesis de grado (UNSA, 2.011):

“La depresión entre los ríos Juramento y Las Pavas se encuentra emplazada
en una zona de transición entre las provincias geológicas Cordillera Oriental y Sierras
Subandinas. El comportamiento geológico y estructural de la región está fuertemente
influenciado por el llamado “Frente Tacónico”, en el borde oriental de la Cordillera
Oriental y por el “Frente del Gallo–San Antonio” en el borde occidental de las Sierras
Subandinas, (…)
El área de estudio es parte de una comarca deprimida que corresponde a un
ambiente de transición entre el Sistema de Santa Bárbara y el de Cordillera Oriental.
Esta zona desde el punto de vista estructural pertenece a la Provincia Geológica
Sierras Subandinas, (Baldis et al., 1976), ubicada entre el Nudo Tectónico de Valle
Grande al norte y el Vértice del Juramento al sur; y entre los Frentes del Gallo–San
Antonio y Tacónico Oriental, al este y oeste respectivamente. Estratigráfica y
estructuralmente, los bordes de la depresión presentan grandes contrastes entre sí. La
zona adyacente al borde occidental muestra características acordes a la Cordillera
Oriental, mientras que el resto de la depresión pertenece exclusivamente al ámbito de
las Sierras Subandinas. Los registros del Precámbrico afloran en las Sierras de
Mojotoro y de Castillejo. Las sedimentitas del Cámbrico se restringen a las Sierras de
Mojotoro, sin embargo, los depósitos ordovícicos se extienden desde la Sierra de
Mojotoro hasta las serranías orientales constituyendo los registros más antiguos en la
depresión, tanto en subsuelo como en superficie. En las Serranías Orientales los
registros ordovícicos, silúricos y devónicos disminuyen de espesor hacia el sur. En la
depresión, estas sedimentitas se presentan al este de la región entre Cabeza de Buey
y Cuchuma con un comportamiento similar. En la Sierra de Mojotoro, los depósitos
cámbricos y ordovícicos, poseen un comportamiento semejante, (…)

La geoforma principal es el abanico fluvial producido por el Mojotoro, al


producir la captura de la cuenca del río La Caldera–Vaqueros, aprovechando un gran
desnivel entre los valles del Siancas y Lerma produciendo un abanico aluvial de gran
dimensión, muy moderno. La excesiva acumulación de sedimentos en conjunto con los
sucesivos ascensos, (…) El cono aluvial del Mojotoro constituye una unidad
morfológica muy moderna, producto de la captura producida por éste río, a la cuenca
del río La Caldera, con un gran cambio de nivel que le permitió transportar grandes
volúmenes de sedimentos del Valle de Lerma al Valle de Siancas, (…)

La Geomorfología del valle responde a la ocurrencia de procesos de erosión y


sedimentación que han determinado las diversas formas actuales, siendo la principal
el depósito de cono aluvial que se desarrolla a partir del flanco Este de la Serranía del
Mojotoro mediante la acción del río homónimo. Procesos que en definitiva resultan
responsables de la formación de los diferentes tipos de suelos que se observan en las
zonas en que se subdivide:

- Suelos de cabecera de cono -El Desmonte, Betania, El Sauce-


- Suelos del medio del cono -Campo Santo, El Bordo, General Güemes-
- Suelos de pie de cono -El Algarrobal, Los Toldos, Yaquiasmé-

En el área de estudio, las relaciones geomorfológicas–suelos se ponen de


manifiesto al presentarse un “cuadro de suelos”, los que si bien son variados y
contrastan desde el punto de vista de su utilización, responden al concepto de suelos
no desarrollados o suelos jóvenes.
Asociado al desarrollo del cono aluvial, paralelamente se ha formado en sus flancos un
sistema de terrazas simétricas que presentan un substrato de rodados redondeados
que presentan por encima un depósito de material fino homogéneo y no pedregoso a
partir del cual se han desarrollado los suelos. Y en base a un estudio general de los
mismos, podemos referirnos a que están clasificados en una Serie, un Complejo y tres
Asociaciones en el área del Río Mojotoro. La Serie consiste en grupos de suelos que
tienen horizontes análogos en cuanto a rasgos morfológicos y disposición; provienen
de la misma roca madre y difieren únicamente en la textura de la capa superficial. El
Complejo es una íntima mezcla de distintas clases de suelos que no pueden
delimitarse, y la Asociación está constituida por suelos que aparecen juntos dentro de
una misma región y presentan entre ellos una determinada relación.

Tal como manifestara el Dr. Alonso, geológicamente el basamento del valle


está formado por estructuras que son el resultado de diferentes procesos entre los que
se cuentan los plegamientos y los fallamientos a que fueron sometidas las capas
estratigráficas subyacentes.

Las estructuras resultantes, según sea su posición, se denominan anticlinales y


sinclinales; pues fueron comprimidas, elevadas, erosionadas, afectadas por
movimientos sísmicos y distintos tipos de fallas, y hasta por sistemas de fallas
regionales a lo largo del tiempo. Procesos que, de igual modo abarcaron a los
sistemas montañosos que lo limitan.

Alta Cuenca de los ríos Perico y Mojotoro


Hidrografía

Los parámetros que hacen alusión a la extensión y forma de un valle, en éste


caso particular al de Siancas, están definidos en base a considerar la totalidad de la
red hidrográfica del principal curso de agua que lo surca. Lo que equivale a decir que,
es necesario tener en cuenta la traza del curso principal y la de los cursos
secundarios; ríos y arroyos de carácter permanente y/o temporario. El Río Mojotoro,
como vimos, es el principal curso de agua, que se origina en el departamento de
Capital en la confluencia del Río La Caldera –este río se forma en la unión de los ríos
la Angostura, Santa Rufina y San Alejo. Aguas abajo, el Río La Caldera recibe el
aporte del Río Wierna, que se origina en la unión de los ríos Los Yacones y de Las
Nieves; y las del Río Vaqueros, que nace a partir del encuentro de los ríos Lesser y
Castellanos.

Red Hidrográfica del Valle de Siancas

Con el nombre de Mojotoro bordea la Loma de San Germán en toda su


extensión, donde aporta sus aguas el Arroyo del Gallinato. Luego de recorrer unos 20
kilómetros en dirección Este, su cauce adquiere mayor amplitud entre las localidades
de Betania y Cobos, recibiendo por su margen derecha el aporte de los arroyos de
Cobos, de Amadores, de Pintos, de la Quesera, del Atacal y del Chamical. El puente
carretero de la Ruta Nacional Nº 34 lo cruza a 8 kilómetros al Sur de la ciudad de
General Güemes, y poco más río abajo lo hace el puente del Ferrocarril General
Manuel Belgrano. Por la misma margen aporta el Río Zanjón, que se forma en la unión
de los arroyos que provienen del Filo de San Antonio a los que se suman el Arroyo de
Los Nogales y el Río Sunchal. En los alrededores del paraje El Algarrobal, –casi al
centro de la depresión-, su curso se desvía notablemente en dirección Norte y recibe
por su margen izquierda las aguas de varios arroyos: del Paso del Chañar, de
Siancas, de Las Bateas y de Las Chanchas. Posteriormente desemboca el Río
Saladillo, -que se forma en la unión de los arroyos Chalchanio, de Las Garzas, Los
Porongos, La Despensa, de Los Matos, Aguas Coloradas o El Sauce y El Totoral-,
algo más al Norte lo hace el Río de Las Pavas, -que se origina en territorio jujeño en la
confluencia de los arroyos Los Cedros, El Sunchal y varios arroyos menores
provenientes del Cerro Los Cedros-. Mientras que por la margen contraria desemboca
el Río Unchimé, que recibe a su vez el aporte del Río de Las Garrapatas. Poco
después desembocan el Arroyo de Yaquiasmé y el Arroyo de Quisto, -éste último
marca el límite con la Provincia de Jujuy-. Jurisdicción que el curso de agua comienza
a recorrer bajo el nombre de Lavayén, adquiriendo en este trayecto el típico trazado de
río selvático con numerosos meandros en su cauce. Más adelante y por la misma
margen, contribuyen los arroyos de San Juan de Dios, del Medio y Colorado, y
siguiendo rumbo Norte-Noreste se recuesta contra los faldeos serranos hasta unirse
con el Río Grande para continuar con el nombre de San Francisco hasta su
desembocadura en el Río Bermejo, a unos 10 kilómetros al Sureste de la localidad de
Embarcación.

Cabe mencionar que todos los afluentes de su margen derecha permanecen


secos hasta la época estival, a excepción de los ríos Unchimé y de Las Garrapatas
que tienen agua permanente al estar alimentados por vertientes que fluyen en sus
respectivas zonas de cabecera. Durante los meses que no corresponden a la estación
de lluvias, el cauce del Mojotoro permanece seco a partir de la altura de Finca El
Carmen en la localidad de Betania, debido a que gran parte de sus aguas son
captadas mediante “tomas” para ser destinadas al riego de cultivos. El excedente se
infiltra en el terreno de granulometría gruesa y por las fallas estructurales existentes en
los estratos subyacentes y reaparece en las cercanías del puente ferroviario, un par de
kilómetros al Este del paraje Torzalito. En los meses de verano el volumen de agua
transportada supera la capacidad de infiltración, por lo que su comportamiento se
mantiene estable por espacio de unas pocas semanas.

Como dato accesorio debemos mencionar que hasta hace algunos años,
existía cercana a la Estación de Cabeza de Buey, pocos cientos de metros y en
dirección Suroeste, un reservorio de agua natural conocido como Laguna de Cabeza
de Buey o del Mojón. Ocupaba una amplia depresión natural que en época de lluvias
su espejo alcanzaba una de extensión de alrededor de 6 hectáreas, alimentado por la
corriente estacional de un arroyo proveniente de la zona de Abra de los Loros.
Característica que oportunamente posibilitó la creación de un singular eco-ambiente
hasta la última década de 1.900, cuando el aporte del mencionado curso de agua, por
distensión de la superficie cultivada en la Estancia El Estanque comenzó a utilizarse
para riego y ocasionó su desecamiento en el transcurso de pocos meses. Lo sucedido,
lamentablemente provocó que la fauna que la habitaba, al igual que la que se
desarrollaba en los alrededores, desapareciera prácticamente por completo. Poco
tiempo después la hondonada que la contenía y las lomadas circundantes fueron
desmontadas y ocupadas con cultivos.
Un concepto fundamental para determinar “La cuenca hidrográfica de la
principal corriente de agua que discurre por un valle es la que determina su superficie
como unidad geográfica y ambiental, debiéndose considerar a la totalidad de los
cursos menores que la integran, sean éstos, permanentes o temporarios”.

En este punto en particular y respecto al Valle de Siancas como unidad natural,


sucede que al investigar diferentes temáticas dentro de sus límites algunos autores
estimaron que su superficie es de aproximadamente 900 kilómetros cuadrados, sin
tomar en cuenta la superficie de su cuenca alta, -ríos y arroyos que confluyen en el
Valle de Lerma para darle origen-. Pero, en cambio creemos que a partir de su ingreso
al valle y luego de trasponer el cañón abierto entre las sierras, debemos considerar la
superficie de los cursos menores que le contribuyen e integran su cuenca media y
baja, pues se originan por debajo de la línea de cumbrera de los cordones montañosos
mencionados. De modo que, razonando acerca del espacio total bajo su directa
influencia y tomando como base los conceptos expuestos, podemos ver que su
extensión se incrementa significativamente. Uniendo la línea de cumbrera de los
cordones de la Cordillera Oriental con la línea de cumbrera de las Sierras de Santa
Bárbara mediante un trazo recto, observamos una distancia promedio de 45
kilómetros. En sentido Norte–Sur, su extensión es de aproximadamente 65 kilómetros,
con lo que verificamos que la superficie total del Valle de Siancas, en realidad se
aproxima a los 2.900 kilómetros cuadrados.

En cuanto a su caudal medio anual, por observaciones y lecturas realizadas en


el punto El Angosto, se ha podido determinar que es de 16, 27 mt.3/segundo:

Enero 35,6 Febrero 57,5 Marzo 37,2


Abril 20,4 Mayo 8,2 Junio 4,7
Julio 3,3 Agosto 2,7 Setiembre 2,3
Octubre 3,1 Noviembre 5,9 Diciembre 14,4

Un dato histórico valioso en lo referente al Río Mojotoro, del que no tenemos


fotografías, lo constituye la excesiva creciente que se produjo en verano del año 1.972,
debido al inusual volumen de lluvias caídas en las serranías que corresponden a su
sector de cabecera durante la noche anterior. En el transcurso de la mañana siguiente
y por el término de varias horas, el nivel de sus aguas estuvo a punto de superar la
baranda del viejo puente carretero de la Ruta Nacional Nº 34.

El Dr. Ricardo Alonso manifiesta que “El Valle de Jujuy, el Valle de Lerma y el
Valle de Siancas, todos cruzados y alimentados superficial y subterráneamente por
numerosos ríos permanentes, guardan en su interior acuíferos recargados que han
dado importantes caudales de agua cuando se los alumbró mediante perforaciones.
Viñedos en el Valle Calchaquí, tabaco en el Valle de Lerma y caña de azúcar en el
Valle de Siancas, se riegan parcialmente con aguas superficiales o subterráneas que
en general son dulces y de muy buena calidad”.

Una detallada descripción de la zona y algunos datos novedosos, expresó el


coronel Juan Adrián Fernández Cornejo en su diario de viaje y en oportunidad de sus
exploraciones realizadas a fines del siglo XVIII. En el año 1.836, el derrotero de una de
ellas con sus pormenores, fue publicado en Buenos Aires bajo el título
“Descubrimiento de un nuevo camino desde el Valle de Centa hasta la Villa de
Tarija”. En sus primeros párrafos dejó plasmado que:
El día 11 de Julio salimos de esta mi hacienda, nombrada la Viña, distante ocho
leguas a la parte nordeste de la ciudad de Salta, situada aquélla sobre el río de
Siancas: y por ser tarde, paramos a dormir a las márgenes de un arroyo nombrado el
Saladillo, que corre de poniente a oriente, y desagua en dicho río de Siancas,
habiendo andado aquel día sólo cuatro leguas. Este río toma su origen de otros tres
pequeños, que descienden de una serranía alta del poniente, nombrados la Caldera,
Ubierna y Baquero, pasando este último dos leguas distante de la ciudad de Salta, y
unidos forman aquél, tomando su dirección al oriente.

El día 12, habiendo caminado cinco leguas, rumbo al norte, pasamos el río de
Perico, y a las dos leguas, encontrando con el río de Jujuy, le fuimos costeando cuatro
leguas más abajo, haciendo parada en un paraje nombrado San Juan, habiendo
andado aquel día once leguas. El mencionado río de Perico nace de aquella propia
serranía alta del poniente, llamada Paño de Cabeza, corriendo al oriente hasta
encontrar con otra pequeña serranía, la cual lo divide, arrojando parte para el río de
Jujuy y parte para el de Siancas. El otro río, llamado de Jujuy, desciende de unas
serranías del pueblo de Humaguaca, que, corriendo de norte a sur, pasa inmediato a
la ciudad de aquel nombre; y como ocho leguas más abajo de ella desemboca a los
campos, y corre recto al oriente a desaguar en el de Siancas.

Vista Este – Oeste del Río Mojotoro

Orografía
Para identificar a grandes rasgos los cordones de serranías que enmarcan al
Valle de Siancas, en líneas generales podemos decir que la Ruta Nacional Nº 34 con
sentido aproximado Norte–Sur y coincidente en parte con una zona en que está
evidente el diastrofismo de ambos sistema, pero que permite identificar los cordones
que integran la Cordillera Oriental al Oeste, y al sector Norte del Sistema de Santa
Bárbara o Maíz Gordo hacia el Este. Por la depresión entre ambos sistemas
orográficos discurre el Río Mojotoro ingresando transversalmente a las sierras del
mismo nombre y recorriendo gran parte del cono, para luego hacerlo en dirección
Norte hasta su unión con el Río Grande de Jujuy y posterior desembocadura en el Río
Bermejo con el nombre de San Francisco.
Haciendo una descripción específica de la subárea que comprende el Valle de
Siancas, a continuación enumeramos algunas elevaciones que integran los sistemas
mayores. Siguiendo un orden Norte-Sur, la Cordillera Oriental se ubica hacia el
poniente con formaciones y cumbres, entre las que se encuentran las Sierras del
Mojotoro como un largo cordón que marca los límites de los departamentos de
General Güemes y La Caldera. Las que además, son compartidas con el
Departamento El Carmen -Provincia de Jujuy- y marcan los límites interprovinciales.
Entre las cumbres ubicadas en este sector, figuran:

el Abra de Chalchanio 1.000 metros


Cerro La Despensa 1.186 “
Loma El Mojón 1.200 “
Morro de Matos 800 “
y la Loma El Cuarteadero 1.100 “

En dirección Sur y marcando el límite con el departamento de Capital, se ubican:

la Loma de San Germán 1.480 metros


Sierra de La Ramada 1.300 “
Loma del Mojón 950 “
Cerro Agua Tapada 1.075 “
Abra de La Quesera 1.150 “
Cerro Alto de los Rastrojos 1.480 “
Cerro Redondo 1.055 “
y el Cerro de la Tipa Sola 1.490 “

Sierra de la Cresta del Gallo. Vista desde la Sierra del Mojotoro


Sierras del Mojotoro. Vista desde el cauce del río

Hacia el borde contrario, o sea el sector oriental o Este del valle, encontramos
el Sistema de Santa Bárbara (Sistema Norte), que puede dividirse en dos grandes
grupos (ver Esbozo de Geográfico del Norte Argentino). Estas formaciones constituyen
una topografía bastante más compleja y abrupta que las anteriores, con perfiles rectos
y angulosos que incluyen elevaciones por encima de los 2.000 metros; en la Provincia
de Jujuy, entre otros, se ubican:
El Fuerte 1.050 metros
El Peñón 1.150 “

Algo más al sur se ubican los Cerros de la Cresta del Gallo, y algo más al Este,
los de la Sierra de Centinela. Continúa el conjunto de elevaciones que integran la
Sierra del Gallo o del Alumbre, y la Sierra de González; en las que se distinguen las
cumbres de mayor altitud del sistema en el sector de referencia. Motivo por el que
durante los meses de invierno sobrevienen frecuentes precipitaciones de nieve. En
ellas se localizan:
el Cerrito Crestón 1.250 metros
Cerrito Calaveras 1.300 “
Cerrito Unchimé 1.150 “
Cerrito El Quemado 1.100 “
Los Médanos 1.450 “
Alto de Las Picazas 1.850 “
Cerro Bayo 2.280 “
Cerro Cardón 2.035 “
Abra de La Punilla 1.850 “

Unos kilómetros antes de alcanzar el Río Juramento se destaca la formación


de las Sierras de Cuchuma, entre las Sierras del Mojotoro y las Sierras de Metán (que
corresponden a la Cordillera Oriental), y las de Sierra de San Antonio y de Sierra de La
Lumbrera -como postreras del Sistema Norte del de Santa Bárbara-, las cuales
incluyen:
el Cerro Abra de Los Loros 1.070 metros
Cerro Los Dos Morros 1.100 “
y el Cerro de Cuchuma 850 “

Entre las dos últimas sierras nombradas se identifican:


el Alto de la Peña 1.660 metros
Alto del Cerro 1.665 “
Cerro Mesada 1.510 “
Cerro de San Antonio 1.685 “
Abra de San Antonio 1.350 “

En general el relieve se presenta con una pendiente occidental abrupta y una


pendiente oriental bastante más suave, siendo definidas como un conjunto de sierras
bajas con alturas predominantes que varían entre los 1.000 y 2.500 metros sobre el
nivel del mar. Los distintos cordones que las integran son interrumpidos por valles
dispuestos transversalmente que han sido excavados por el Río Bermejo en el Valle
de Zenta, y por el Río Pasaje o Juramento en el sector restante. A estos valles se los
denomina “puertas”, debido a que constituyen vías naturales de comunicación entre
los llamados valles bajos y la Llanura Chaqueña.

De acuerdo a lo expuesto, el Valle de Siancas no puede ser considerado en


dicha clasificación, pues en él no existe un acceso directo entre los pisos ecológicos
en cuestión; Siancas y Llanura Chaqueña; pero de acuerdo a recientes investigaciones
arqueológicas e históricas podemos afirmar que los espacios naturales existentes en
los cordones menores que integran los cordones del Sistema de Santa Bárbara, fueron
utilizados desde épocas tempranas como lugares de asentamiento y de paso por
distintas parcialidades nativas que se desplazaron por la Región Noroeste, e incluso,
desde y hacia diferentes regiones de países vecinos.

Por lo que podemos observar en la figura que corresponde al Perfil “A-B” de los
Andes Centrales, aproximadamente a los 25º Sur vemos un claro ejemplo de la forma
en que comenzó a fracturarse, elevarse y plegarse la Placa Sudamericana, dando
lugar a diferentes altitudes, a la formación de los valles Calchaquí, de Lerma y de
Siancas, particularmente. Así tenemos que el ancho del Valle de Luracatao, que es el
más cercano a la Cordillera Real, y por lo tanto el de mayor altitud, es en promedio, de
5 kilómetros. Algo más hacia el Este y por supuesto que a menor altitud, se localiza el
Valle Calchaquí con alrededor de 15 kilómetros de ancho. En el mismo sentido sigue
el Valle de Lerma, que alcanza un máximo de 30 kilómetros. Por últim, se encuentra el
Valle de Siancas con un ancho aproximado de 45 kilómetros, antes de la extensa
Llanura Chaqueña.

Sector del Río Mojotoro en la zona de Betania


Sistema Hídrico Subterráneo
En la subárea bajo estudio, el riego de las plantaciones se realiza a través de
aguas superficiales mediante una red de canales captada en los sectores superiores
del Río Mojotoro y ocasionalmente de alguno de sus subsidiarios, debido a que la
principal actividad fue siempre la agricultura mediante el cultivo de caña de azúcar,
tabaco y citrus.

Durante las últimas décadas, en el sector inferior de su cuenca comenzaron a


efectuarse algunas perforaciones con el mismo fin. Un avance relativamente reciente
se produjo con la instalación de centrales de generación termoeléctrica que brindan
posibilidades de desarrollo industrial en la región. En estos casos y por motivo de la
tecnología aplicada se recurrió al recurso subterráneo como consecuencia de las
fuertes variaciones del caudal superficial, a su carga de material sólido y a la
necesidad de satisfacer una demanda continua a lo largo del año. Debido a las
características geológicas del medio físico, el sector medio del cono del Mojotoro se
presenta como un lugar favorable para la explotación de las aguas subterráneas.
Actualmente solo se realiza la explotación de la unidad acuífera superior, es decir que
las perforaciones alcanzan una profundidad de 90 metros, aunque se conoce la
existencia de más de treinta pozos entre los 150 y 200 metros, de los que se extraen
caudales individuales que superan los 100 mt.3/hora. Esta extracción no ha generado
hasta el momento signos de agotamiento del acuífero, lo que deja evidente que su
alimentación, es superior a la descarga; y por lo que tampoco existen pruebas de
modificaciones del régimen de las aguas subterráneas.
La actual demanda es cubierta sin inconvenientes por la unidad acuífera en cuestión,
razón por la que no es necesario recurrir a niveles más profundos, los cuales
seguramente presentarían una alta productividad y excelente calidad de las aguas. El
escurrimiento subterráneo local y regional se manifiesta en un sentido general Oeste-
Este.
Por otro lado, la continua evaporación de agua de filtración ligeramente salina
causa la acumulación de sales solubles en los sedimentos de la zona distal o pie del
cono. Fenómeno que específicamente sucede en la zona de El Algarrobal debido a la
escasa vegetación que se desarrolla en sus suelos, a excepción de la presencia de
algunas plantas tolerantes a la salinidad que se presentan como parches o manchas
oscuras con eflorescencia de sales en superficie. En ellos, la erosión actúa libremente
al no existir cobertura efectiva, determinando amplios sectores muy impermeables; por
lo que además, en época de lluvias permanecen con un alto grado de humedad, y
ocasionalmente, con algunos centímetros de agua por sobre la superficie.

Planta de Termoandes
Aguas Termales
Las aguas termales son corrientes subterráneas que eventualmente entran en
contacto con una masa de rocas ígneas –conocidos como cuerpos magmáticos–, que
al no haber alcanzado la superficie se mantienen insertas en la corteza terrestre
mientras se enfrían y solidifican. Durante ese larguísimo tiempo enriquecen su
contenido en minerales y a la vez, se eleva su temperatura. Las características
mencionadas –minerales y temperatura-, dependen estrechamente de las propiedades
del cuerpo magmático, de su profundidad en la corteza terrestre y de su estado de
enfriamiento.

Francisco José Sánchez, hace referencia a “Las aguas termales de El Sauce y


el Saladillo se asemejan por estar vinculadas a fracturas, porque el origen del
termalismo se debe al gradiente geotérmico y porque aparentemente se encuentran
alineadas entre sí; sin embargo difieren en la composición química (…) En la zona de
estudio, las aguas termales aunque provienen de aguas meteóricas y comparten la
misma zona de recarga que las aguas subterráneas, en base a los parámetros
químicos, no muestran vinculación alguna entre sí”. Lo que equivale a decir que las
tres fuentes de aguas termales a las que hacemos referencia, presentan diferente
composición química.

Las aguas termales ubicadas en al ámbito del Valle de Siancas, son las de El
Sauce, cerca de la localidad de El Bordo. Son las más conocidas y explotadas
turísticamente por las propiedades curativas que se les asignan, al igual que a los
pozos de barro que se forman por las mismas aguas. El Dr. Ricardo Alonso manifiesta
que “son aguas clorosulfatadas sódicas ferruginosas y radiactivas que emergen con
hasta 31ºC”, y a la cercanía de centros urbanos.

Otras, son las llamadas aguas de El Saladillo, que surgen a unos 4 kilómetros
al Oeste de la localidad de Cobos. Se trata de cinco manantiales con afluencia de
gases que forman una pequeña laguna. Su temperatura es de 35ºC pero tiene un muy
bajo caudal de salida, y aunque es apta para el consumo humano, al ser
bicarbonatada sódica posee u alto contenido salino.

Finalmente mencionamos a las aguas que surgen cerca del paraje de Aguas
Calientes en la vecina Provincia de Jujuy, que alcanzan una temperatura de 28ºC.

Complejo Termal de El Sauce


Fitogeografía
La Fitogeografía o ciencia de la vegetación, también llamada geobotánica
o geografía vegetal, estudia la relación entre la vida de las plantas y el medio terrestre.
O bien podemos decir que, “es la ciencia que estudia el hábitat de las plantas en la
superficie terrestre". De igual modo, también estudia la distribución de los vegetales
sobre la Tierra, analiza sus áreas de distribución y sus características; además de las
causas que las condicionan y las leyes a las que responde. Por lo tanto podemos decir
que la Fitogeografía de una región está directamente relacionada con su clima y su
topografía o relieve.

“La Provincia o Selvas de Yungas”, como nos referiremos en adelante, figura


en la bibliografía con distintas denominaciones: “Selva Tucumano-Oranense”,
“Tucumano-Salteña”, “Tucumano–Boliviana”, “Provincia o Selva Tucumano-Tarijeña”,
“Formación Subtropical”, “Bosques Serranos Subtropicales del Noroeste”, “Bosques
Subtropicales Higrófilos”, “Selva Subtropical Serrana”, “Yungas Andinas”, “Nuboselva”,
“Yungas del Noroeste Argentino”, “Provincia Montaneña”, “Yungas Andinas del Sur”, o
simplemente “Yungas”; aunque todas son utilizadas para describir la misma formación
natural de amplia extensión que se reconoce desde Venezuela hasta el Noroeste de
nuestro país. En el mencionado ámbito continental se desarrolla con sentido Norte–
Sur, y se reconoce como una franja estrecha y discontinua que ocupa los faldeos y
quebradas de los cordones de las serranías menores que integran el sistema de
serranías en las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán y Catamarca. En total, las áreas
que tradicionalmente han sido ubicadas dentro de las “Yungas en sentido estricto”,
ocupan una superficie aproximada de 2.700.000 hectáreas, a las que deben sumarse
las llamadas “Yungas de Transición” con otras 2.500.000 hectáreas; relativamente
más secas y estructuralmente más simples, y que aparecen formando ecotonos con
ambientes del Chaco Semiárido y del Chaco Serrano.

Vegetación de Chaco Semiárido (Fondo del valle)


Sierras del Mojotoro en Betania, vista de la vegetación

De la superficie total de las Selvas de Yungas en nuestra provincia, se


encuentra protegido alrededor de un 10%, considerando los Parques Nacionales de la
Estancia El Rey y El Baritú, y las Reservas Provinciales de El Nogalar, de los Toldos,
del Parque Provincial Pintascayo y la Reserva de Acambuco. (Sin tomar en cuenta las
áreas que corresponden a otros ámbitos, tales como el Parque Nacional Los
Cardones, la Reserva Natural de Quebrada de Las Conchas, Finca Las Costas, etc.)

Abajo: Gradiente altitudinal de las Yungas


Por lo general el relieve es montañoso, complejo y de estructura accidentada,
con valles angostos y profundas quebradas, y donde la notable pluviosidad que se
registra genera en las laderas orientales, una intrincada red fluvial con infinidad de
ríos, cursos rápidos, torrentes y cascadas. Constituye un conjunto orográfico
distribuido en fajas de cordones serranos que, habitualmente, exhiben una alineación
con rumbo sur, aunque morfológicamente diferenciados en función del género
tectónico y litológico particular de cada uno y con alturas decrecientes que van de
Oeste a Este. Esta formación natural de exuberante vegetación, presenta una
fisonomía similar a la que se observa en la selva misionera pero con un número menor
de especies. Estos dos núcleos selváticos tienen una superficie similar y representan
menos del 2% de la Argentina continental, pero en conjunto acumulan más del 50% de
la biodiversidad registrada en el país.
Conforman un bioma fundamental para el equilibrio ecológico de una gran porción
de Sudamérica, ya que por una parte, sus selvas sirven de "corredor" latitudinal para el
flujo de muchas especies animales, y por otra, las neblinas no solo proporcionan
humedad en los periodos secos, sino que también actúan como un sistema que filtra la
luz solar, por lo que se reduce la amplitud térmica y toman la característica de
templadas. La densidad de las florestas se encarga de retener aquellas enormes
cantidades de agua que mencionáramos, y que luego, en forma de caudales fluviales
irrigan y fertilizan una significativa extensión continental; por lo tanto, debemos tener
en cuenta que son la Cuenca Amazónica y la Cuenca del Plata, las que reciben
constantemente la mayor parte de estos recursos.
En nuestra provincia, las Selvas de Yungas se extienden a partir de la línea
demarcatoria con Bolivia desde su ingreso (23º de latitud Sur) con alrededor de 100
kilómetros de ancho máximo en las proximidades de la localidad de Orán y de 600
kilómetros de longitud (hasta Catamarca 29º de latitud Sur) ocupando el espacio
existente entre las cotas de los 400 y 3.000 metros de altitud, y por lo general en forma
de manchones irregulares y estrechos. En esta primera zona limítrofe recubre las
laderas orientales de las serranías de Tartagal, Cinco Picachos, Las Pavas,
Divisadero, Pescado, Astillero, Cerro Negro, y de Orán. Posteriormente y en sentido
Sur ocupan los sistemas Interandino y Subandino, en el sector oriental jujeño,
bordeando las Sierras de Calilegua y Ledesma, de Zapla, de Santa Bárbara o de Maíz
Gordo, cubriendo las serranías aledañas que enmarcan el Valle del Río San
Francisco; y nuevamente en territorio salteño, continúan su ingreso por el Valle de
Siancas e invadiendo los faldeos y quebradas de los Cerros de la Cresta del Gallo y
las sierras del Centinela, de González, de La Lumbrera y de San Antonio, las cuáles lo
limitan hacia el oriente.

Área aproximada que ocupan las Selvas de Yungas


En dirección Oeste pueden observarse algunos relictos de esta formación en
las serranías adyacentes a las cadenas montañosas del Valle de Lerma, ocupando
amplios sectores de las localidades de La Caldera, San Lorenzo, La Ciénaga, Potrero
de Linares, El Encón, Campo Quijano, Corralito, Chicoana, y algunos sectores de la
Quebrada de Escoipe.

Las Selvas de Yungas


Mientras hacia el extremo centro-Sur de la provincia abarca gran parte de las
principales serranías de los departamentos de Metán y Rosario de la Frontera.
Ocupándonos de su presencia en jurisdicción de la Provincia de Tucumán, podemos
observar que se distribuye por las laderas bajas de la Sierra de Medina y los llanos del
pie del Aconquija, hasta tomar una parte de la porción norte de Catamarca.

El tipo de clima predominante es el “Tropical Cálido”, que se manifiesta con


lluvias estivales que alcanzan un régimen anual del orden de los 800 a 1.000 mm en
los llanos al pie de las serranías, y de hasta 2.500 mm en ciertos parajes en los que
las elevaciones son más abruptas y compactas; donde además se observan
frecuentes neblinas provenientes
de la elevada humedad que
proveen los extensos tapices de
epífitas que cubren las ramas.
Desde comienzos de noviembre
hasta el mes de abril se registra la
llamada “estación seca”. La
temperatura media puede variar
entre los 14°C y 26ºC en razón de
la altitud, la latitud, su posición en
el relieve y exposición en las
laderas; llegando a producirse
repetidas heladas durante los
meses de invierno y en todo el
territorio que abarca. En lo que
respecta al crecimiento de los ejemplares de las diferentes especies consideradas, el
mismo depende de las condiciones derivadas de la latitud y la altitud a la que se
desarrollan; siendo el relieve otro factor de gran importancia, debido a que genera los
desniveles necesarios para favorecer la condensación de la humedad que proviene del
Atlántico.

Las Selvas de Yungas comprenden los siguientes distritos fitogeográficos:

a) Las Selvas Pedemontanas

Corresponden a la formación natural que ocupa su primer nivel (entre los 400 y
700 metros de altitud) y representa el sistema de interfase entre las húmedas Selvas
de Yungas en las laderas de las montañas y altas serranías, y el xerófilo Bosque
Chaqueño que ocupa las áreas planas. Esta ubicación intermedia entre formaciones
que presentan un marcado contraste y la existencia de franjas de transición o
ecotonales, contribuyeron por mucho tiempo a mantener semiocultas las particulares
condiciones ecológicas de las Selvas Pedemontanas y los valores de exclusividad de
sus componentes. También fueron denominadas: Selvas de Transición, Chaco
Occidental, Frontera Oriental de los Andes, Umbral al Chaco, o simplemente,
Transición Chaco–Yungas; por especialistas en distintas áreas científicas, que las
describen como entorno para referirse a un trabajo específico.

Numerosos estudios realizados en la última década dejaron evidente que las


Selvas Pedemontanas representan el piso de Yungas con mayor porcentaje de
especies exclusivas para especies arbóreas, y con una condición ecológica
diferenciable por el altísimo porcentaje de especies e individuos caducifolios (más del
70%), lo cual las convierte en uno de los sistemas forestales más estacionales de
Sudamérica. Lo que responde a que presentan los mayores contrastes hídricos entre
los veranos lluviosos (precipitaciones mensuales superiores a 100–300 mm) y el seco
periodo invernal–primaveral (precipitaciones inferiores a 10 mm mensuales), y sin
aportes adicionales de neblina como sucede en los restantes pisos ecológicos. Por
otra parte, representan el piso altitudinal de las Yungas que históricamente ha tenido
mayor presión por parte del hombre en la búsqueda de explotar sus recursos
naturales. Al limitar con la Provincia Fitogeográfica Chaqueña, recibe de ella
numerosos elementos florísticos.

Selvas de Yungas, Sector boreal

Selvas de Transición en el Valle de Siancas


Selva de Palo Blanco y Palo Amarillo

Hacia el sector boreal (límite con Bolivia y Paraguay), la comunidad clímax es


la Selva de "Palo Blanco y Palo Amarillo”, que está formada por árboles de 20 a 30
metros de altura; con numerosas lianas y epifitos, y un sotobosque denso de hierbas y
arbustos casi impenetrable. Las especies de árboles dominantes en esta formación,
son el Palo Amarillo (Phyllostylon rhanznoides), el Palo Blanco (Catycophylium
multiflorum), el Guayaibi (Patagonula americana), el Cebil Colorado (Anadenanthera
macrocarpa), el Horco-Cebil (Parapiptadenia excelsa), la Tipa Blanca (Tipuana lipu), la
Quina (Myroxylon peruiferum), el Cedro (Cedrela angustifolia), el Urundel (Astronium
urundeuva) el Lapacho Rosado (Tabebuia avellanedae), y la Mora Amarilla
(Chlorophora tinctoria). Menos representados son el Pacará (Enterolabium
contortisiliqutem), el Gayaibi Amarillo (Terminalia trillora), el Yuchán (Chorisia insignis)
y algunas otras. Entre los arbustos se distinguen la Vernonia fulta apoyante y con
abundantes capítulos de color lila que se abren durante el invierno, el Pegonopus
tubulosus, la Buddleja albotomentosa, y varios más. Hay además abundantes hierbas,
lianas y epifitos.

Cedro Tipa
Pacará

En el sector austral del distrito la comunidad clímax es la Selva de "Tipa y


Pacará", con predominio de Tipa Blanca (Tipuana tipu), Pacará (Enterolobium
contortisiliquum) y Cebil Colorado (Anadenanthera macroocarpa). En este distrito
existen además diversas comunidades edáficas, como bosques de Tusca (Acacia
aroma) sobre las terrazas de los ríos, o bosques de Palo Bobo (Tessaria integrifclia) y
Sauce (Sallx humboldtiana) en los arenales junto a las corrientes de agua.

En épocas precolombinas, unos 2.500 años antes del presente, las Selvas
Pedemontanas eran lugar de tránsito y de asentamiento de importantes conjuntos
humanos portadores de Culturas Agroalfareras, como la de San Francisco y la de
Vaquerías, que se desplazaron por el valle del rio homónimo en la actual Provincia de
Jujuy y por el Valle de Siancas en la de Salta. Actualmente, la proximidad a centros
poblados y diversas rutas de comunicación, han permitido y aumentado la factibilidad
de su degradación y transformación para la realización de diferentes actividades
agrícolas, generando mayores incendios por la misma degradación, y permitiendo una
mayor práctica de la cacería y la obtención de madera en forma insustentable e
incluso ilegal. Por lo anteriormente expuesto, es el ambiente natural más amenazado a
nivel nacional, y el que presenta las mayores tasas de deforestación y
fraccionamiento, junto a los más elevados niveles de degradación generalizada por
sobreexplotación forestal.

Palo bobo Sauce criollo


Su importante riqueza forestal, con más de diez especies arbóreas de alto valor
maderero, es una característica singular pero de resultados adversos; pues sin planes
de manejo que aseguren la sustentabilidad de esos recursos y sin mecanismos
gubernamentales de control eficientes y comprometidos, esta formación natural quedó
a merced de la explotación irracional, agotando prácticamente la existencia de
maderas. Además, durante los últimos veinte años, comenzaron a hacerse grandes
desmontes en las áreas planas o de poca pendiente, para reemplazarla por cultivos de
gran rentabilidad, como la soja. De todas formas, en nuestro país aún se mantiene una
considerable superficie que alcanza las 900.000 hectáreas de Selvas Pedemontanas;
cerca de un 80% en laderas y un 20% en áreas planas. De este total, existen algunas
áreas en buen estado de conservación de la biodiversidad, y con potencial para el
desarrollo productivo de sus recursos; especialmente de origen forestal.

En el Valle de Siancas y hasta el primer tercio del siglo XIX, el llamado fondo
de valle y gran parte de las serranías circundantes se encontraban cubiertas por una
variada vegetación enmarañada y casi impenetrable, que lo definía como un espacio
natural de características singulares conocido entonces como “El Moruno”. A partir
de la llegada de la línea del ferrocarril y con la instalación de establecimientos que se
dedicaron a la explotación maderera mediante extracción específica; los cuales
trabajaron sin la aplicación de controles y sin tomar las debidas precauciones,
lamentablemente produjeron la extinción de especies como el Quebracho y el
Lapacho; las que además nunca se recuperaron. El ejemplo más evidente
corresponde a lo sucedido en la localidad de Cabeza de Buey, donde las estribaciones
de las serranías y los campos aledaños estuvieron cubiertos de bosques nativos de
quebracho hasta la época mencionada. Otros casos significativos son, el de los
Bosquecillos de Tipa en la zona de Los Hornitos, Unchimé y Aramayo, y el de los
Bosques de Pino del Cerro en la zona de Las Picazas, Huaico Hondo, El Alisar y Cerro
Bayo; parajes ubicados en diferentes puntos de la sierra del Gallo, de González y los
Cerros de la Cresta del Gallo.

Quebracho colorado Quebracho blanco

En general, en el ámbito del Valle de Siancas podemos observar que la


formación de las Selvas de Yungas está representada solo en sectores muy
específicos de las formaciones serranas que lo encuadran y donde las condiciones
naturales necesarias para que así sea, confluyen con las dificultades de acceso a
ellas, evitando la explotación de las especies madereras. Principalmente, las cañadas
y algunas parcelas privilegiadas muestran la existencia de pequeños relictos que se
mantienen en su más puro estado, sobre todo, en los cordones serranos que forman
parte del Sistema Norte de las Sierras de Santa Bárbara (Sierra del Gallo, de
González, de San Antonio y de La Lumbrera); y en parajes como San Luis-Yaquiasmé,
Las Picazas, El Cuerito y en las fincas La Trampa, La Punilla, y El Huaico.
Hacia el oriente, sobre las Serranías del Mojotoro, que son parte de
formaciones conocidas como Cerro La Despensa, Loma del Mojón y Abra de
Chalchanio, en las hondonadas y quebradas, también están presentes a modo de
manchones discontinuos.

b) Las Selvas Montanas

Este distrito se desarrolla en forma de zonas angostas y frecuentemente


interrumpidas por ingresos esporádicos de especies que corresponden a la Provincia
Chaqueña, cubriendo las laderas de las serranías. En general se trata de fajas
estrechas y orientadas hacia el Este, con un límite altitudinal superior que se halla
aproximadamente entre los 1.300 y los 1.800 metros sobre el nivel del mar. Es un tipo
de formación selvática que constituye una densa y casi impenetrable masa que
durante los meses de verano se halla frecuentemente cubierta por las nubes, haciendo
que en su interior el ambiente sea húmedo y sombrío.
Entre los troncos de los árboles, algunos de los cuáles superan los 30 metros de
altura, existe una verdadera red de lianas y enredaderas y las grandes hierbas pueden
llegar a alcanzar la altura de un hombre. El suelo está cubierto de una verdadera
alfombra orgánica, constituida por los llamados detritos vegetales; troncos, ramas y
hojas caídos, entre los que suelen haber rocas recubiertas de musgos.
Son muchos centenares de especies las que componen su flora, por lo que están
clasificadas de acuerdo a su distribución en los estratos o sinucias, y conforme a su
mayor tolerancia o exigencia de luz. El primer estrato o estrato superior, está formado
por las copas de grandes árboles, entre los que se registran: el Horcomolle
(Blepharocatyx gigantea), el Laurel (Phoebe porphvria), los Cedros (Cedrela lilloi,
Cedrela angustifolia), el Nogal (Juglans ausralis), el Mato (Eugenia pungens), el
Horco-mato (Eugenia mato), el Horco-cebil (Parapiptadenia excelsa), el Lapacho
(Tabebuia avellanedae), el Roble (Ilex argentina ), el Ramo (Cupania vernalis), el Palo
de San Antonio (Rapanea laetevirens), y algunas otras especies.

Laurel criollo Mato


Lapacho rosado Nogal criollo

Un segundo estrato arbóreo, está formado por especies que rara vez
sobrepasan los 10 o 12 metros de altura, como el Palo-Luz (Prunus tucumanensis
Lillo), el Cochucho (Fagara coco), la Tala Blanca (Crinodendron tucumanum), el
Suncho Amargo (Bocconia pearcei) y algunas otras especies.

Palo luz Suncho amargo

Tala blanca
Luego hay un tercer estrato, con arbustos de dos a tres metros de altura, en el
que se destacan especies como la Chusquea lorentziana, la Urera baccifera, con sus
terribles pelos urticantes, la Miconia ioneura, el Piper tucumanum, la Boehmeria
caudata, la Pavonie malvacea, y la Cestrum lorentziatzum, entre muchas otras.

Chusquea lorentziana Pavonie malvácea

Piper tucumanum

El cuarto estrato está integrado por las hierbas de uno a dos metros de altura,
siendo muy frecuente una clase de helecho que por lo general llega a cubrir el suelo
completamente: el Pteris deflexa. Hay además una gran variedad de pastos, con
frecuencia de hojas lanceoladas y anchas, como el Pharus glaber, el Oplismenus
hirtellus, y el Pennisetum latifolium. Otras especies producen flores llamativas, como la
Begonia boliviana, la Begonia micranthera, y la Seemannia gmnostoma. Entre las
hierbas de menor altura, se puede encontrar a la Blechnum sprucei, la Iresine
paniculata, y la Tibouchina paratropica.

Pharus glaber Pennisetum latifolium


Begonia boliviana

El quinto estrato está formado por especies que crecen al ras del suelo, es el
llamado Estrato Muscinal, con fanerógamas rastreras pigmeas, como la Stellaria
media, y la Hydrocotyle bonplandii; numerosas especies de musgos, hepáticas y
líquenes; y abundancia de lianas y enredaderas, al igual que las orquídeas: Oncidium
viperinum y Malaxis padillana; y cactáceas del género Rhipsalis. La composición de la
selva varía de acuerdo a la altitud y a la orientación de las laderas, pero en general
puede reconocerse un piso inferior con predominio de laureles, y un piso superior en el
que predominan las mirtáceas.

Rhipsalis

Malaxis padillana Oncidium viperinum


c) Los Bosques Montanos

El distrito de los Bosques Montanos, ocupan las zonas más elevadas de la


Provincia de las Yungas, entre los 1.500 y 2.500 metros de altitud. Está constituido por
bosques caducifolios, bosques de coníferas y praderas; siendo sumamente
interesante, debido a que existen en ella, varios elementos holárticos. El clima es más
frío que en los otros distritos, con abundantes lluvias durante el verano y frecuentes
precipitaciones en forma de nieve durante los meses de invierno.

Pueden diferenciarse aquí, el Bosque de Pino o Pinares (Podocarpus


parlatorei) y el Bosque de Alisos o Alisales (Alnus jorullensis). Aunque, generalmente
en cualquiera de ellos pueden aparecer individuos de las especies dominantes en los
otros. Entre estos bosques, y aún por encima de ellos, hay extensas praderas. Los
Bosques de Pino se encuentran formando comunidades que ocupando hondonadas y
quebradas que están entre los 1.000 y 1.800 metros de altitud. Por encima de los
bosques de pino, están los Bosques de Alisos entre los 1.500 y 2.100 metros de
altitud; siendo muy notables durante el invierno cuando están desprovistos de hojas y
forman una faja oscura por encima de la selva siempre verde. Algunos elementos de
constante presencia en estos bosques, son el Sauco (Sambucus peruviana) y un
arbusto de vistosas flores, llamado Duranta serratifolia.

Duranta serratifolia

Sauco
Aliso del Cerro Pino del Cerro

Pastizal de altura en los Cerros de la Cresta del Gallo

Como dato ilustrativo, el Dr. Ricardo Alonso menciona en uno de sus


últimos trabajos que, entre los años 1.550 y 1.850 aproximadamente, se produjo
una “Pequeña Edad de Hielo” de carácter global; razón por la que el clima fue
entonces bastante más frío que en la actualidad. Por lo tanto, en aquella época
en el ámbito del Valle de Siancas podían practicarse diferentes cultivos a los
actuales, tal es el caso de la vid. De allí que la primera de las haciendas
instaladas sea la de La Viña.
Fauna

En el espacio natural que forma el Valle de Siancas y las serranías que lo


limitan, antiguamente llamado El Moruno, una variada y abundante fauna autóctona
habitaba sus diferentes sectores. Hoy se encuentra reducida en cuanto a variedad y
número de ejemplares, aunque debemos tener en cuenta que hacia el centro del valle
donde se localizan los focos urbanos y los alrededores donde existen parcelas con
diferentes cultivos, hasta ya entrado el siglo XX, las mismas estaban cubiertas por
vegetación nativa. Podemos observar que debido a la destrucción del hábitat natural,
muchas especies emigraron buscando reparo en zonas adyacentes que aún
permanecen más o menos intactas o totalmente indemnes; pues por una cuestión de
“sensibilidad,” muchas de ellas no se adaptan a la presencia humana; peor aún por el
uso de máquinas como motosierras, tractores y otros vehículos. El alejamiento de los
animales autóctonos de “su ambiente”, es una dificultad que se plantea de manera
constante debido al crecimiento de la práctica de actividades como las agropecuarias y
forestales desarrolladas sin control alguno; además de la cacería sin distinción de
especies y sin considerar la época del año. Problemas que recién han comenzado a
resolverse en cierto modo, mediante alguna legislación y la creación de áreas
protegidas.

Entre los Mamíferos que podemos encontrar en los distintos ámbitos del valle,
tenemos: la Comadreja común (Didelphis albiventris), Corzuela común (Mazama
gouazoubira), Corzuela roja (Mazama americana), Gato del monte (Felis geoffroyi),
Gato moro (Felis yaguarondi), Cuis común (Gales musteloides), Hurón menor (Galictis
cuja), Hurón Mayor (Eira barbara), Liebre común (Lepus capense), Oso melero
(Tamanduá tetradactyla), Oso lavador o Mayuato (Procyón cancrivorus), Coatí (Nasua
nasua), Puma o León Americano (Felis concolor), (Pecarí majano (Tayasu albirostris),
Pecarí de collar (Dicotyles tajacu), Vampiro de azara (Desmodon rotundus), Zorro del
monte (Cerdocyon thous), Zorrino (Canepatus chinga), etc. En algunos sectores del
Río Mojotoro/Lavayén donde la espesura de la vegetación era mayor, podían
encontrarse pequeñas manadas de Carpincho (Hydrochoeris hidrochoeris), y Nutria o
Lobito común (Lutra platensis). En algunas de las cumbres más alejadas de la
Serranía de la Cresta del Gallo, hacia el Parque Nacional El Rey, todavía se puede
encontrar a la Taruca o Venado andino (Hippocamelus antisensis) formando pequeñas
manadas de cinco o seis animales.

Taruca
Puma o León americano Coatí

Oso melero o Tamanduá Gato del monte

Carpincho

Por referencias de algunos lugareños longevos de la Sierra de Santa Bárbara,


sabemos que hasta hace unas décadas atrás, quizás 1.930/40, era factible encontrar
al Yaguareté habitando y recorriendo la zona aledaña al Parque Nacional El Rey. El
número de ejemplares se fue reduciendo paulatinamente a partir de la llegada del siglo
XX y por distintas razones, pero indudablemente que fue la acción del hombre el factor
fundamental de la mencionada pérdida.
Yaguareté

A ello se suman las consecuencias de los grandes desmontes para la posterior


explotación agropecuaria, la circulación de maquinarias y la explotación maderera
indiscriminada; con efectos negativos que provocaron la interrupción del corredor
natural del que disponían y aceleraron su aislamiento a sectores cada vez más
alejados y de difícil acceso. Se estima que desde aquella época se perdió un 90% de
su ambiente, aunque hasta unos 20 años atrás, existían registros muy esporádicos de
su presencia en las sierras de Metán, y los parques nacionales de El Rey y Baritú, en
Salta, y en las Sierras de Santa Bárbara y Maíz Gordo, y el Parque Nacional Calilegua
en Jujuy, y en el Chaco y en el Noreste de Santiago del Estero. Otro factor
significativo, es que esta especie necesita la disposición de grandes extensiones,
alrededor de 5.000 hectáreas por ejemplar.

Entre las especies de Aves que habitan el valle y las serranías adyacentes,
tenemos: el Tordo (Molothrus bonariensis), la Torcaza (Zenaida articulata), el
Naranjero (Throupis bonariensis), el Picaflor común (Chlorostilbon aureoventris), el
Tero (Vanellus chilensis), el Gavilán ceniciento (Circus cinereus), el Carancho
(Polubirus plancus), el Cardenal común (Paroaria coronata), la Tijereta (Tyrannus
savana), el Hornero (Furnarius rufus), la Urraca (Cyanocorax chrysops), la Perdiz
común (Nothura maculosa), el Gorrión (Passer domesticus), la Lechuza (Tyto alba), el
Pato chumuco (Oxyura vittata), la Gallareta chica (Fulica laucoptera), el Halcón
Plomizo (Falco femoralis), la Pava del monte (Penélope obscura), la Charata (Ortallis
canicollis), la Garza blanca (Egretta alba), el Caburé (Glaucidium brasilianum), el
Pecho colorado (Sturnella superciliaris), entre otras. En los ámbitos serranos, aunque
en sitios algo alejados, puede encontrarse alguna especie menos común, tal como el
Tucán (Ramphastos toco), el Carpintero real común (Colaptes melanolaimus), la Cata
común (Myiopsitta monacha) y la Martineta común (Eudromía elegans), por nombrar
unas pocas. El Cóndor (Vultur gryphus) solamente ha sido avistado en las cumbres de
mayor altura de las Sierras del Gallo. Hasta pocas décadas atrás, en los alrededores
del Río Saladillo era frecuente encontrar alguna bandada de Suris (Rhea americana),
al igual que en la zona aledaña al paraje Palomitas.
Hornero Lechuzas

Pájaro Carpintero Suri o Ñandú

Colibrí o Picaflor Urraca

Tucán Pava del Monte


Entre los Reptiles y Batracios, comúnmente podemos encontrar la Lagartija
(Ameiva ameiva), la Iguana (Tupinambis teguixin); las víboras de Cascabel (Crotalus
durissus terrificus), Yarará (Bothrops alternatus), Falsa coral (Listrophis semicinctus),
la Lampalagua (Boa constrictor occidentalis) y la Culebra verde (Philodrias baroni).
Además a la Rana común (Leptodactylus bufonius), el Sapo común (Bufo arenarium),
el Sapo buey o Cururú (Bufos paracnemis), y las tortugas Pantanosa (Kinostemon
scorpioides seriei) y de Arroyo del Norte (Phrynops geoffroanus).

Lampalagua Víbora Yarará

Sapo Buey

El Yacaré Overo (Caiman crocodilus yacaré), es una especie que solía habitar
algunos sectores pantanosos de los ríos de Las Pavas y Saladillo, principalmente
donde las corrientes de agua prorrumpían desde la serranía hacia el valle y entraban
en zonas de menor pendiente. Además hubo algunos avistamientos en las cercanías
de la unión de estos ríos con el Mojotoro y también en la zona de Las Vertientes y Las
Pichanas. En esta última finca, al igual que en otra ubicada en las cercanías de El
Bordo, viven algunos ejemplares en represas destinadas a su protección como
especie nativa.
Yacaré Overo

Algunas especies de Peces, aún pueden verse en ríos y arroyos de la zona,


como Vieja del agua (Loricaria anus), Dentudo (Raphiodon vulpiuns), Bagre blanco
(Pimelodus albicans), Bagre amarillo (Pimelodus clarias) y Yuscas (Rhamdia guelem).
Eventualmente y por crecidas del Río Mojotoro, se pueden ver Sábalos (Prochilodus
platensis), Bogas (Megaleporinus obtusidens), y hasta algún Dorado (Salminus
maxillosus), especies que solían habitar sus aguas regularmente, hace muchos años
atrás.

Dentudo Boga

Jurisdicciones Municipales del Departamento de Gral. Güemes

El Departamento de General Güemes ocupa el sector centro–Norte de la


provincia y abarca una considerable porción del Valle de Siancas; con una superficie
aproximada a los 2.210 kilómetros cuadrados. De acuerdo a coordenadas geográficas
se localiza entre los 64º 37’ y 65º 19’ de longitud Oeste y los 24º 32’ y 25º 15’ de
latitud Sur. El punto de menor altitud es el paraje El Algarrobal a 590 metros sobre el
nivel del mar; la ciudad de General Güemes se ubica a 740 m s.n.m., la localidad de
Campo Santo a 823 m s.n.m., y El Bordo a 790 m s.n.m.; mientras que el punto de
mayor altitud corresponde a la cumbre del Cerro Bayo (2.280 metros s.n.m.)
Su forma se asemeja a una T y limita con la Provincia de Jujuy hacia el Norte,
mientras que hacia el Este lo hace con el Departamento de Anta; en dirección Sur, el
Río Juramento es la demarcatoria con el Departamento de Metán, y por último, hacia
el Oeste limita con los departamentos de Salta capital y La Caldera.

Está integrado por los Municipios de General Güemes, Campo Santo y El


Bordo; de los que la delimitación de sus respectivas extensiones, se dejó establecida
mediante aprobación de la Ley Provincial Nº 853 de “Delimitación Territorial de los
Distritos Municipales”, de fecha 2 de agosto de 1.947.

El Municipio de General Güemes, abarca la superficie que se encuentra


comprendida dentro de la siguiente demarcación: la Provincia de Jujuy hacia el Norte,
el Departamento de Anta hacia el Este, y en dirección Sur el Departamento de Metán.
Por el Oeste, el Departamento de Capital y una línea que partiendo del Río de Las
Pavas va por la línea del ferrocarril hasta el Río Saladillo y sigue su curso hasta el
esquinero Norte-Este de la finca Santa Rosa. Continúa por los límites Este de las
fincas Santa Rosa y San José hasta la demarcatoria Norte de la finca La Población,
sigue por dicha línea en dirección Este hasta dar con el esquinero Sudeste de la finca
Ojo de Agua, y luego hacia el Sur hasta dar con el límite Sur de la finca La Población.
Luego continúa con dirección Oeste hasta haber pasado 2 kilómetros de su cruce por
la vía férrea, desde ese punto va en sentido Sureste y atraviesa la finca San Isidro en
línea recta hasta dar con el Río Mojotoro en el esquinero Noreste de la finca Entre
Ríos. Por último sigue el límite de esta finca hasta dar con la divisoria con el
Departamento de Capital.

La jurisdicción del Municipio de Campo Santo, ocupa la superficie


comprendida en la siguiente demarcación, limitando al Norte con los municipios de El
Bordo y General Güemes.
Del Municipio de El Bordo lo separa la línea que va desde el puente de la vía del
ferrocarril sobre el Río Saladillo hacia el Sur, por dicha vía hasta el límite Este de la
finca San Martín. Sigue por esta línea hasta el límite Naciente de la finca San Javier, y
sigue hacia el Sur hasta su esquinero Sureste. Continúa por el límite Este de la finca
San Antonio hasta su esquinero Sureste, y desde allí en línea recta se dirige a un
punto de la vía férrea de Campo Santo a General Güemes, situado a unos 500 metros
del edificio de la Estación de Campo Santo. Desde allí sigue perpendicular a dicha vía
por 500 metros, hasta el punto en que se encuentra con el vértice Sureste del
Municipio de El Bordo.

Del Municipio de General Güemes, lo separa el Río Saladillo desde la vía


férrea hacia el Este, el límite Naciente de la finca Santa Rosa. Por el Este: el Municipio
de General Güemes, del cual lo separa una línea que partiendo del Río Saladillo va
hacia el Sur por las demarcatorias Este de las fincas Santa Rosa y San José hasta dar
con el límite Norte de la finca La Población. Luego continúa por dicho límite Norte
hacia el Este hasta dar con el esquinero Sureste de la finca Ojo de Agua. Después va
hacia el Sur hasta dar con el límite Sur de la finca La Población, y de este límite va
hacia el Oeste hasta haber pasado 2 kilómetros de cruce con la vía férrea; desde ese
punto va con dirección Sureste, atravesando la finca de San Isidro en una recta que va
a dar al Río Mojotoro en el esquinero Noreste de la finca Entre Ríos. Por último sigue
por el límite Este de esta finca hasta la divisoria con el Departamento de Capital.

El Municipio de El Bordo, abarca la siguiente extensión, limitando hacia el


Norte con el Municipio de La Caldera y la Provincia de Jujuy. Por el Este: con una
línea que partiendo del límite con la Provincia de Jujuy, sigue hacia el Sur la vía del
ferrocarril hasta la finca San Martín, luego sigue por el límite Este de dicha finca y por
parte de su límite Sur hasta dar con el límite Naciente de la finca San Javier por el cual
sigue hacia el Sur hasta su esquinero Norte. Luego sigue por el límite Este de la finca
San Antonio hasta su esquinero Sureste, desde allí va en recta hasta un punto sobre
la vía férrea de Campo Santo a Güemes, situado a 500 metros del edificio de la
Estación Campo Santo, desde allí sigue perpendicular a dicha vía en longitud de 500
metros, al cabo de los cuales se encuentran el punto vértice Sureste del Municipio de
El Bordo.

Por el Sur: con una línea que partiendo del punto vértice antes mencionado va
500 metros de distancia de la línea férrea de la Estación Campo Santo a Estación
Betania a dar con el límite Oeste de la finca La Ramada, luego sigue hacia el Norte por
ese límite Oeste y por límite Oeste de la finca Bordo de San Martín hasta el vértice
Noreste de la finca San Roque, luego sigue por los límites Norte de esta finca y de
finca Betania hasta el esquinero Noreste de la última finca nombrada, desde donde
sigue en línea recta en dirección Noreste hasta el límite Sur de la finca El Sauce, por el
cual sigue hacia el Oeste hasta el límite con el Departamento La Caldera.
Por el Oeste, limita con el Departamento La Caldera.

Departamento de General Güemes con la divisoria jurisdiccional de los Municipios que lo integran:
1) General Güemes, 2) Campo Santo, y 3) El Bordo (DIPS)
Paleontología
Dr. Ricardo N. Alonso

¿Quienes buscaron y descubrieron fósiles en el cerro?

El registro más antiguo de hallazgo de fósiles en el Cerro San Bernardo


parece provenir del viajero alemán Antón Zacharias Helms, de profesión
geominero, quien pasó por Salta camino a Potosí en 1.789. Otros científicos
alemanes colectaron fósiles en 1.873 y desde entonces y a lo largo de más de un
siglo, fueron muchos los que estudiaron nuestras viejas rocas marinas y sus
fósiles, entre ellos grandes sabios reconocidos hoy internacionalmente. Se
realiza una breve síntesis que pretende enriquecer no sólo la historia del cerro,
sino también la de nuestra Salta.

El Cerro San Bernardo fue visitado en los dos últimos siglos por grandes
eminencias en el estudio de los fósiles, que sintieron el hechizo de conocer y extraer
restos petrificados para su estudio. En el ámbito científico se sabe de la riqueza del
cerro, que lo hace un verdadero yacimiento para obtener materiales de investigación y
colección para los museos. Tal vez el primer descubridor de fósiles en el Cerro San
Bernardo fue el minero alemán Antón Zacharias Helms quien vino de paso por Salta a
Potosí en la misión del barón Nordenflicht en 1.789. En el original de la obra de Helms,
publicada en 1.798, comenta que: “Hacia Salta, dos millas después de haber pasado
la villa de Cobos, se unen dos cadenas montañosas que están compuestas de
arcilitas, margas y esquistos. El cuarzo y los fósiles son muy comunes”.
Evidentemente, por la descripción se trata de las rocas de la sierra de Mojotoro y
ciertamente los “fósiles” debieron ser algunos de los abundantes invertebrados
marinos que contienen sus rocas.

El primer registro concreto de hallazgo de restos fósiles marinos en las rocas


“de las vecindades de Salta”, proviene de las exploraciones científicas que realizaron
en 1.873 los botánicos alemanes Paul Lorentz y Georg Hieronymus, ambos
contratados por Sarmiento en la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba. Estos
enviaron fósiles para Alemania donde fueron estudiados por E. Kayser en 1.876 y por
F. Fech en 1.880. Kayser publicó tres trabajos en 1.876,1.897 y 1.898, en este último
describiendo especialmente los fósiles del “Portezuelo de Salta”, a los que atribuyó
una edad “Primordial” según los viejos conceptos para referirse a los fósiles primitivos
de la era paleozoica.

La primera mención en nuestro país y en español, corresponde al capítulo que


escribió Alfred Stelzner, considerado como el “Padre de la Geología Argentina”, en el
libro publicado por Ricardo Napp en 1.786 titulado La República Argentina, una de las
obras geográficas más completas e importantes de toda la historia de nuestro país. En
la página 70, Stelzner refiere el reciente hallazgo de fósiles (serían los de Lorentz y
Hieronymus) en “varias localidades de la provincia de Salta, muy cerca de la capital, y
en el Nevado de Castillo”. Dice que algunas de las capas de areniscas amarillas y
pardas “están completamente cubiertas de una especie de Agnostus, de restos de
Trilobitas y de Braquiópodos”.

Fue el sabio prusiano Luis Brackebusch, que llegó a nuestra provincia en la


década de 1.880 en búsqueda de formaciones petrolíferas, el primero en mencionar la
presencia de graptolites en el cerro. En un artículo que escribió en 1.883 menciona
haber “encontrado lindos fósiles en el portezuelo de la ciudad de Salta”. Estos
graptolites fueron los primeros encontrados en la República Argentina. Si bien se
continuaron realizando numerosos hallazgos por parte de aficionados o profesionales,
ellos quedaron en el anonimato.

Un dato poco conocido es el del sabio italiano Joaquín Frenguelli que menciona
la presencia de cruzianas o “bilobites” en el cerro San Bernardo y comenta que las
fotos, croquis e ilustraciones las recibió del salteño M. González de Ayala. En su libro
Las investigaciones geológicas en la zona salteña del Valle de Santa María, publicado
en la Plata en 1.937 incorpora una discusión geológica sobre la edad del cerro San
Bernardo y la foto de una Cruziana furcífera (traza realizada por los por los trilobites en
los fondos arenosos marinos de la época). En este sentido resulta también interesante
mencionar que el propio Frenguelli colectó fósiles en el cerro San Bernardo entre
1.926 y 1.928, en los “cortes artificiales para el nuevo camino a la cumbre del cerro”,
que asignó correctamente al período Ordovícico inferior y las que entregó para su
estudio a Horacio Harrington quién clasificó a una de ellos como una nueva especie de
Thysanopyge frenguellii. En un trabajo posterior reconoció que en realidad se trataba
de la especie común Thysanopyge argentina. Dice Frenguelli “Areniscas cuarcíticas
con intercalaciones de arcillo-esquistos del Ordoviciano, conteniendo restos de
Graptolites (Didymograptus), Trilobites (Asaphidae), Ostrácodos (Beyrichia), Moluscos
(Palaeoncilo, etc.), fueron observados por mí en la sierra de Salta (cerro de San
Bernardo). En otro párrafo comenta que la presencia del graptolite Didymograptus
demostraría que “las areniscas del cerro San Bernardo en Salta, corresponden al
Ordoviciano inferior”.

En 1.948 vino a estudiar las rocas fosilíferas de Salta el científico italiano


Renato Loss, contratado por la Universidad Nacional de Tucumán. Basándose en
colecciones previas, que en ese momento se encontraban en Jujuy, y a las propias
colecciones en el cerro San Bernardo, pudo identificar decenas de especies de
graptolites que dio a conocer en un extenso trabajo publicado por la revista de la
Asociación Geológica Argentina en 1.951. Describe allí numerosas especies de
Clonograptus, Tetregraptus, Didymograptus y Azygograptus, entre otras, dando a una
de ellas, nueva, el nombre por el cerro San Bernardo: Tetragraptus sanbernardicus,
Loss.

Recién en 1.957 los paleontólogos argentinos Horacio J. Harrington y Armando


Leanza escribieron un libro que publicaron en la Universidad de Kansas, Estados
Unidos, en el cual se ocuparon de los trilobites, destacándose numerosos ejemplares
extraídos del cerro San Bernardo y que según los autores, aparte de las colecciones
propias, les habían sido cedidos por el Ing. J.J. Zunino, E. Mauri, A. Erichsen, y A.
Planellas de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Este libro, titulado Ordovician Trilobites
of Argentina, es ya un clásico de la literatura paleontológica mundial y obra de consulta
obligada de todos aquellos que se dedican a esta ciencia.

En 1.968 salió publicada la Hoja Geológica de Salta, realizada por Oscar J.


Ruiz Huidobro, sobre la base de los trabajos que había realizado este autor en 1.952.
Allí describen las rocas del cerro San Bernardo a las que se atribuye
generalizadamente como Formación Mojotoro. Dice Ruiz Huidobro “Las mayores
investigaciones geológicas que han precedido a este trabajo tuvieron como objetivo
primordial la recolección de fósiles. En este sentido fue explorado el conocido cero
San Bernardo, centinela de la ciudad de Salta y rico en fauna marina del Skiddaviano”.

Don Cristian Nelson, fundador del viejo museo de ciencias naturales, incorporó
trilobites a sus colecciones. El poeta Juan Carlos Dávalos fue un aficionado que tenía
pasión por los fósiles del cerro. También el profesor Amadeo Sirolli, quien tenía ricas
colecciones de fósiles, bregó tenazmente para que se habilitara una sección de rocas
y fósiles en el museo del parque San Martín, sin embargo ese anhelo nunca llegó a
concretarse.
Otros científicos que se ocuparon del estudio de los fósiles en cuestión fueron
el doctor Florencio Gilberto Aceñolaza, de la Universidad Nacional de Tucumán,
descubridor de un nuevo trilobites al que bautizó “Sanbernadaspis” en honor del cerro
y que además ha publicado centenares de trabajos sobre el Paleozoico inferior de
Argentina; el doctor Juan Luis Benedetto, que fue profesor en la Universidad Nacional
de Salta en la década de 1.970, quien dirigió la tesis de la geóloga Margarita Toro
sobre los estados de crecimiento de los trilobites, y es además el máximo experto en
braquiópodos fósiles de nuestro país y por último el doctor Adolf Seilacher,
paleontólogo alemán de fama internacional que visitó nuestra ciudad en 1.973 y se
ocupó de las trazas de los trilobites, es decir las cruzianas.

En los últimos años los estudios paleontológicos en el cerro San Bernardo han
estado en manos de la Lic. Susana Malanca, profesora de Paleontología de la
Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Salta y del equipo de
alumnos y profesionales que ella dirige. Las investigaciones estratigráficas tuvieron un
gran avance con los trabajos encarados por la Dra. María Cristina Moya (CONICET-
UNSa) quién se especializó en las rocas del período Ordovícico sobre las que hizo su
tesis doctoral. Recientemente, las faunas de graptolitos han tenido un avance
considerable a partir de la tesis doctoral del geólogo Julio Monteros, quién descubrió
numerosas especies nuevas para la ciencia y realizó una zonación de las antiguas
rocas salteñas basadas en graptolites.

Es importante saber que los cerros que flanquean el Valle de Lerma y forman
los cordones de Lesser al poniente y de Mojotoro al oriente, tienen núcleos de rocas
precámbricas, cámbricas y ordovícicas, de las cuales, estas últimas son altamente
fosilíferas. El desgaste que producen los ríos en las montañas deja expuesta la roca
viva, formadas por estratos de diferentes litologías (areniscas, arcilitas, limolitas)
algunos de los cuales son muy ricos en fósiles. La erosión arranca trozos de ellos y los
arrastra río abajo y así es posible encontrar en los ríos Vaqueros, La Caldera,
Arenales y Mojotoro, cientos de millones de rodados que son fosilíferos. Ellos
conforman los áridos que se explotan en nuestros ríos y con los cuales y en razón de
sus distintas granulometrías se utilizan como gravas de construcción en casas y obras
civiles.

Si se rompe alguna de estas piedras bolas o cantos rodados, se puede llegar a


encontrar en su interior las conchillas marinas que vivieron en el período Ordovícico
inferior, entre los 495 y 470 millones de años atrás. También se pueden descubrir
restos de trilobites desarticulados o bien, completos. Además de los braquiópodos
articulados e inarticulados (llamados comúnmente conchillas marinas), se pueden
encontrar restos de bivalvos gasterópodos, cistoideos, ostrácodos y graptolites y otras
formas de vida invertebrada, procedente de los mares paleozoicos que cubrieron Salta
en aquellas épocas remotas.

Todas las montañas de la Cordillera Oriental saltojujeña tiene rocas de este


tipo, y ellas se destacan además, en la Quebrada de El Toro, Quebrada de
Humahuaca, Sierra de Santa Victoria y continúan en Bolivia donde alcanzan su
máximo desarrollo y potencia. En esas montañas hay conservados miles de millones
de ejemplares fósiles, la gran mayoría muy comunes y que han sido estudiados e
identificados cabalmente por los científicos de la Universidad Nacional de Salta.
Hace 500 millones de años, lo que hoy es Salta era una plataforma marina
cubierta por un mar somero cercano a la costa. En esas aguas vivían una gran
cantidad de invertebrados como los trilobites, graptolites, bivalvos, braquiópodos,
cistoideos, ostrácodos, y otras formas de vida que desaparecieron para siempre de la
faz de la Tierra. En aquellos depósitos sedimentarios de un viejo mar, y que se fueron
hundiendo cada vez más profundamente y consolidándose se convirtieron, por la
presión y la temperatura, en rocas. Cientos de millones de años después, con el
levantamiento de Los Andes, fueron arrastrados desde las profundidades por grandes
fallas y llevados a la superficie. Los agentes superficiales que actúan sobre la corteza,
entre ellos las aguas fluviales, cortaron quebradas y gargantas donde hoy podemos
verlos. Por ejemplo, en el Angosto del Mojotoro.

La abundancia de fósiles indica que el agua tenía buenas condiciones de


oxigenación y movilidad, mientras que los trilobites presentes serían evidencia que era
un tanto fría. Las marcas de oleaje y fósiles rotos que fueron acumulados cerca de las
antiguas playas por fuertes tormentas, pueden verse en algunos cortes del camino a la
cumbre. Era ése un mundo sin peces, ni plantas, ni reptiles, ni aves que surcaran los
límpidos cielos. Con el paso de los millones de años, el mar se retiró y los continentes
fueron cambiando de forma y migraron a la deriva. Las rocas se hundieron, se
compactaron, y más tarde se plegaron y rompieron.

Durante ese tiempo el planeta se cubrió de bosques o se convirtió en un


desierto, vio avanzar y retroceder a los glaciares, presenció el nacimiento y la
desaparición de los dinosaurios y por último el triunfo de los mamíferos. Con el
nacimiento y crecimiento de Los Andes, se fueron conformando los territorios desde el
Oeste hacia el Este. No hace más de 20.000 siglos, tanto el Valle de Lerma como las
sierras que lo limitan, comenzaron a marcarse en el relieve. El empuje andino hacia el
Este, hizo que terminaran de definir los bloques de montaña que dan lugar a la fosa
que alberga la ciudad de Salta. La meteorización de las rocas, la acción erosiva de los
ríos, el desarrollo de un tapiz de suelo y la vegetación, imprimieron la morfología que
hoy estamos viendo.
Como se aprecia, el esqueleto pétreo del cerro es tan viejo como 500 millones
de años y está formado por estratos marinos; por lo tanto no es un volcán como tantas
veces se escucha decir. Nuestro cerro San Bernardo, ha sido testigo de una parte
sustancial de la historia del planeta.
También el Valle de Lerma es el resultado de la tectónica compresiva andina y
se formó en el último millón de años al elevarse las sierras que lo flanquean al Oeste
(cordones de Lesser y otros) y al Este (Sierra de Mojotoro y otros). La historia
geológica del valle es muy rica e interesante ya que pasó por una etapa de
endorreísmo (circulación interior de las aguas fluviales) con la formación de un gran
lago, y luego su vaciamiento e incisión por donde hoy corren los ríos Juramento y
Mojotoro. En el pasado geológico cercano de Salta, esto es en el último millón de
años, ocurrieron una serie de fenómenos de naturaleza hidrodinámica que cambiaron
gran parte del paisaje en el que vivimos. Nos estamos refiriendo a cómo mudaron los
cauces y la dirección de los principales ríos que drenan el Valle de Lerma. Para
entender esta historia, hay que remontarse en el tiempo hasta el momento en que las
sierras del Oeste y del Este de la actual ciudad de Salta comenzaron a elevarse
conformando en el medio, una fosa tectónica. Dicha fosa se transformó en una cuenca
endorreica (o sea con drenaje interior), asimétrica e intramontañosa, que comenzó a
receptar las aguas y los sedimentos que llegaban desde el Norte, el Oeste y Sur.
Con el tiempo se formó un extenso lago que ocupó desde la localidad de
Alemania en el Sur, hasta La Isla en el Norte. Ese lago de aguas claras y limpias,
permitió que se depositaran finísimos sedimentos blanquecinos en su fondo, donde
quedaron atrapados numerosos gasterópodos y bivalvos que hoy se encuentran como
fósiles. En la zona Norte del lago, esto es en La Caldera y Campo Alegre, se
extendían extensas zonas pantanosas donde paseaban enormes mastodontes que
eran acompañados por gliptodontes, scelidoterios y otros edentados de la megafauna
cuaternaria.
El lago que ocupó gran parte del Valle de Lerma, alcanzó una superficie entre 800 a
1.300 kilómetros cuadrados, que a medidas actuales lo ubicaría entre los 100 lagos
más grandes del mundo.

La Sierra del Este (Mojotoro–Castillejo) comenzaba a ser cortada lentamente


por ríos de cabecera retrocendente, que finalmente alcanzaron el lago que se vació
catastróficamente. El río profundizó rápidamente en la sierra formando el espectacular
cañón del Juramento; gracias al evento de vaciamiento del lago de Lerma, explicado
anteriormente, y la conformación de rocas de poca dureza relativa, tales como
areniscas, arcilitas y calizas. Dichas rocas, de fuertes colores rojos, verdes y amarillos,
dan una particular policromía al paisaje, el cual a su vez se magnifica con la posición
estructural de los estratos que conforman elevadas paredes verticales. Lo cierto es
que el viejo Río Juramento terminó captando el lago y toda la red de ríos que la
alimentaban. Es así como hoy este curso de agua nace en las cumbres del Acay y
termina en el Río Paraná, conformando el río más largo de los que corren
íntegramente en territorio argentino.

Completando la historia hidrogeológica del valle podemos decir que, en una


segunda etapa, también el Río Mojotoro alcanzó al Valle de Lerma por el Norte,
capturando los ríos Wierna, La Caldera y Vaqueros que antes drenaban hacia el Sur y
pasaban por lo que hoy es la avenida Virrey Toledo o del Bicentenario. La captura
queda evidenciada en cómo el Río Wierna dobla en ángulo recto en el Mojotoro. Esos
ríos son en la actualidad parte de la cuenca del Bermejo. El corte en la sierra se
conoce como el Angosto del Mojotoro y está tallado en rocas duras de tipo cuarcíticas
que ofrecieron mucha más resistencia a ser cortadas que las del cañón del Juramento.
En este punto de estrechez del cauce, hacia la década de los años 1.950/60 se
proyectó la realización de un dique que finalmente no se hizo realidad.
Estos fósiles también pueden encontrarse en la misma formación, pero hacia el
Valle de Siancas. Además, en el área que corresponde a lo que hasta hace algunos
años era la cantera de la Fábrica de cemento Minetti en la localidad de El Sauce,
existen grandes depósitos de calizas orgánicas, de igual modo sucede en el actual
emplazamiento de la mencionada industria en la localidad de Puesto Viejo (Jujuy).
Presentan un alto contenido de restos fósiles de origen animal y vegetal, y también
aparecen en las capas superiores de las Sierras de Santa Bárbara en forma de
potentes estratos.

Cruzianas
La Megafauna
Gustavo Marcelo Flores

En el Valle de Siancas, desde hace algunos años se vienen descubriendo


restos óseos de inusual tamaño y características particulares, en estado de
fosilización. Luego de ser revisados por especialistas en el tema y de realizarles
algunos análisis, determinaron que los mismos eran pertenecientes a animales que
integraron la llamada Megafauna o Fauna de Grandes Animales. Estos enormes
ejemplares aparecieron en épocas geológicas recientes, durante el llamado Período
Plioceno (de 3 a 2,5 millones de años), y se extinguieron entre 10.000 a 8.000 años
antes del presente, llegando a ser presa de algunos primitivos grupos de cazadores-
recolectores, lo cual ha sido comprobado en otros ámbitos.
Estos grandes animales, de los que hubo “Carnívoros y Herbívoros”, se desarrollaron
principalmente en ambientes pantanosos o cercanos a las corrientes de agua, en
donde los herbívoros encontraron un hábitat ideal con agua y alimentos, y en el que se
reprodujeron, aunque bajo el constante acecho de los carnívoros. Estas especies
fueron dominantes y compartieron los espacios con otras de menor tamaño.

A fines del mes de noviembre de 2.015, en las barrancas del Río Mojotoro
ubicadas cerca del camino que une las localidades de Campo Santo y Cobos, fueron
descubiertos fortuitamente los restos de un Gliptodonte. Las autoridades municipales
procedieron a rescatarlos, efectuando el corte de un enorme bloque de sedimentos
que los contenía y a trasladarlo convenientemente a la sede del Museo Regional
Profesor Osvaldo Ramón Maidana. Una vez en la Institución, se procedió a limpiarlo
con espátula y pincel, y se rescató una gran cantidad de restos de caparazón,
vértebras y parte de la dentición, principalmente. En forma posterior fue reconstruido a
tamaño natural y está exhibido en la Sala de Paleontología “Profesora Elvira Braga de
Monteros”.

Restos del Gliptodonte al momento de la limpieza del bloque


(a la izquierda en primer plano se observa una vértebra)

Otra vista del bloque anterior en la que se observa un trozo del caparazón
Restos de la dentición

Recreación del Gliptodonte Clavipes

Casi mediando el mes de setiembre del año siguiente, las autoridades del
Municipio fueron alertadas por un agente de policía del destacamento El Gallinato,
acerca de la presencia de un hueso de gran tamaño. De la base de una barranca del
pequeño arroyo que proviene del Morro de Matos y desemboca en el Río Mojotoro, el
oficial recogió los restos mencionados.

Fémur derecho (56 cm. de largo) Barranca del hallazgo


Desde un primer momento las estimaciones fueron que perteneció a un
ejemplar de Megaterio, y así está exhibido. Además se hizo una reconstrucción a
tamaño natural, que está expuesta en el ingreso al Museo.
Luego de una reciente serie de análisis realizados en la Universidad Nacional del
Litoral de Santa Fe a cargo del Paleontólogo Luciano Brambilla, se plantearon algunas
dudas sobre si el hueso en cuestión, corresponde efectivamente a un Megatherium
americanum o a una especie muy cercana. Está pronta a ser resuelta.

Recreación del Megaterio

Un pequeño entre gigantes

En los primeros días del mes de mayo del presente año, el joven Carlos
Billalobos, explorador y colaborador de la Institución, descubrió sobre el cauce del Río
Mojotoro y en las barrancas cercanas a finca La Obra, los restos óseos fosilizados de
un diminuto animal -un Quirquincho, Peludo o Armadillo-, que permanecían contenidos
en el mismo estrato en el que fueron hallados los restos del Gliptodonte; evidencia
inequívoca de que ambos animales fueron contemporáneos.
Oportunamente, dichos restos fueron analizados por el Dr. Ricardo Alonso,
confirmando que los mismos correspondían a un ejemplar de Chaetophractus
villosus; igual opinión emitió el Lic. Luciano Brambilla.

Los restos hallados, aún en la barranca


Carlos Billalobos preparando el bloque para su extracción

Quirquincho o Peludo

Un dato para destacar corresponde al hallazgo de los restos óseos de un


ejemplar de Gliptodonte por parte de la Profesora Elvira Braga de Monteros en la
década de 1.960 en el paraje Las Mesitas. De forma posterior a que informara la
novedad, el Dr. Amadeo Sirolli viajó al lugar con un equipo de profesionales y
procedieron a rescatarlo y trasladarlo a la ciudad de Salta para su estudio.

Los Primeros Pobladores


(Síntesis Arqueológica)

Gustavo Marcelo Flores

Algunas referencias

En el año 1.901 Erland Nordenskjöld y Eric Boman, investigadores de una


misión sueca, se internaron en la zona selvática del oriente de la provincia de Jujuy y
sobre unas barrancas del Río San Francisco descubrieron las notables urnas
funerarias a las que llamaron de Arroyo del Medio; y las dieron a conocer en el informe
final de dicha expedición. Desde el principio de las investigaciones mencionadas, que
incluyeron además la Sierra de Santa Bárbara y su frontera con el Chaco, esta región
se adivinaba como poseedora de rasgos arqueológicos muy particulares y difíciles de
ser evaluados correctamente por aquella época, aunque actualmente se realizaron
numerosos trabajos todavía falta mucho por investigar. Una buena síntesis de los
hallazgos se encuentra en la obra general de Boman, donde le dedica un capítulo a
“L’archeologie de L’est de la Province de Jujuy”.

Durante mucho tiempo el oriente jujeño no acaparó el interés de los


arqueólogos, hasta que Enrique Palavecino se ocupó de agrupar sus características
culturales para establecer el Grupo Cultural Subandino basándose en las
observaciones de Boman y Nordenskjöld. En la obra de Bennet la región quedaba
incorporada a “The North”, sin embargo, dicho autor no considera los hallazgos en el
Río San Francisco. Es el Profesor Antonio Serrano quién efectúa la reapertura de las
investigaciones arqueológicas y comienza por hacer una división del área subandina;
el sector norte lo dedica expresamente a una cultura que él denomina San Francisco y
elabora un esquema teórico para dar respaldo a sus resultados de campo en el año
1.960, haciendo referencia a una cultura subandina del Chaco Occidental (que sería la
equivalente a San Francisco), y territorialmente limitada al sector septentrional del área
subandina de Palavecino. Establece la existencia de dos tipos cerámicos, al primero lo
denomina “Arroyo del Medio”, e incluye modalidades lisas, grabadas, policromas,
pintadas y grabadas. Al segundo grupo lo llama El Infante, y contiene varias
modalidades de decoración por corrugado (dígito–pulgar, unguicular, acanalada,
digitada y alveolar)
Los estudios de Serrano a los que generalizó en 1.963, proporcionan un cúmulo de
nuevos datos, y a la vez planteó nuevos interrogantes; estos últimos expuestos a
manera de reseña por Ciro Lafón. Por otra parte, Niels Fock demostraba la expansión
en dirección Este de este poco conocido grupo cultural, al hallar restos supuestamente
pertenecientes a ella en los cursos del Río Bermejo. Pero fue el Dr. Osvaldo Heredia
quién por primera vez hizo referencia a la expansión del Complejo San Francisco,
subdividiendo al conjunto en dos etapas culturales: San Francisco I, caracterizada por
cerámica gris–negra grabada con motivos geométricos y otra gris lisa, que
corresponderían a la alfarería Arroyo del Medio de Serrano; y San Francisco II que
corresponde a El Infante; a la que supone proveniente de los pueblos de la Llanura
Chaqueña, que se asentaron sobre la cerámica San Francisco del período I.
Tentativamente ubica a esta última en el Período Temprano, entre el 0 y el 200 d.C.; y
San Francisco II o El Infante, en el Período Medio, alrededor del año 700 d.C.
Aunque los primeros trabajos sistemáticos en la región a partir de los años 80
los realizó el Dr. Bernardo Dougherty, tomando entonces, gran significación las pipas
de fumar en contextos de sitios tempranos localizados en el sector oriental jujeño.
Posteriormente reordenó la cerámica del “Complejo de San Francisco”, modificando y
ampliando los que hiciera Antonio Serrano y efectuó el primer fechado radiocarbónico
para muestras obtenidas en el sitio de Saladillo Redondo (Jujuy); con fechas
notablemente antiguas: 620 años a. C. Por último investigó los rasgos arqueológicos
que pudieron haber sido influenciados y presentar algunas variaciones.
Por su fallecimiento a temprana edad, gran parte de los resultados de sus
investigaciones quedaron sin darse a conocer.

Algunos estudiosos de la Provincia de Jujuy, o de otras provincias pero


relacionados con sus instituciones, continuaron desde entonces investigando el ahora
llamado “Complejo Cultural de San Francisco”. Habiéndole dispuesto especial atención
los doctores Alberto Rex González, Agustín Llagostera Martínez, Lautaro Nuñez
Atencio, Rodolfo Raffino, el Prof. Lic. Victor Nuñez Regueiro y la Dra. Alicia Fernández
Distel; y actualmente entre otros, las doctoras Beatriz Ventura y Gabriela Ortiz. En
nuestra provincia, en el año 1.982, el suscripto descubrió en el Valle de Siancas el sitio
conocido como “Ojo de Agua”, que fue uno de los asentamientos puros de los
portadores del grupo cultural mencionado. A partir de entonces, fueron detectados
más de Cuarenta (40) lugares que guardan restos arqueológicos. La casi totalidad de
estos asentamientos muestran una ocupación relativamente corta -quizás por uno o
dos años-, y corresponden a grupos agroalfareros que se incluyen en el llamado
Período Temprano (500 a.C. al 200 d.C.). Hay al menos otros tres sitios que
corresponden a un grupo cultural subsiguiente denominado “Cultura La Candelaria”,
que se desarrolló durante el Período Medio; y en el año 2.001 en finca Checa de la
localidad de Betania, de manera fortuita se descubrió un enterratorio del Período
Hispano-Nativo conteniendo una notable cantidad de piezas.

El sitio “Ojo de Agua”


Nombre con el que se conoce un paraje rural que dista a 8 kilómetros de la
ciudad de General Güemes en dirección Este, y al que se accede por la Ruta
Provincial Nº10. Se ubica a unos 650 metros sobre el nivel del mar y hacia la margen
derecha del camino de la finca del mismo nombre; de la que gran parte de sus tierras
están destinadas a la agricultura. Es una zona donde se desarrolla vegetación de pié
de monte, interrumpida en algunas partes por el afloramiento de manchones de salitre
que ocupan un área medianamente considerable. El terreno es casi completamente
llano, ya que corresponde al sector distal del cono aluvial del Mojotoro, las elevaciones
más próximas son las estribaciones de la Sierra del Gallo a unos 12 kilómetros al
Sureste. El nombre del lugar proviene de la existencia de pequeños pozos de los que
surge un caudal de agua que luego discurre por acequias naturales. El curso del Río
Saladillo se encuentra a unos 500 metros de distancia y el de Las Pavas a unos tres
kilómetros, ambos en dirección Este. La composición del suelo es limo–areno–
arcillosa, con pocos clastos de hasta 5 centímetros de diámetro; sedimentos
característicos que deposita una corriente de agua que va perdiendo velocidad y
fuerza.

Los trabajos que se realizaron luego de efectuar recolecciones


superficiales en varias oportunidades fueron, practicar cuatro (4) pozos de sondeo y
posteriormente 10 cuadrículas de 3,00 m. x 3,00 m., profundizadas mediante el
decapado artificial de cada una cada 0,20 m., dejando entre ellas “sectores testigo”.
Por debajo de los 0,60 m. que resultaron ser la profundidad fértil, no se produjeron
hallazgos. De ellas se obtuvo abundante material cerámico y lítico, aunque no se
registraron restos de construcciones.

El Dr. Alberto Rex González (izq.) y su equipo, excavando un sitio del Valle de Siancas

Restos y piezas recuperados en el sitio corresponden en su mayoría al


“Complejo Cultural de San Francisco”, los cuales se descubrieron asociados a
ejemplares representativos de la llamada cerámica “Vaquerías” (muy elaborada y
decorada que siempre aparece como cerámica asociada a expresiones de funebria de
algunos grupos tempranos), detectándose el asentamiento de una pequeña aldea. Se
registraron varios tipos cerámicos que muestran la aplicación de diferentes técnicas y
métodos de elaboración y de decoración. En el inicio de los trabajos y en uno de los
pozos de sondeo, casi al ras de la superficie se localizó una urna funeraria de párvulo
de forma ovoide y superficie exterior alisada, con engrosamiento en la pared de la
base por aplicación de barbotina (revoque blanquecino de origen calcáreo), que
presenta en el cuello la decoración por corrugado que constituye una de sus
características.

Distribuidos alrededor de la urna y a modo de ajuar, se registraron restos de


alfarería correspondientes a piezas de escaso porte, aunque decoradas con pintura
color rojo sobre blanco, y rojo sobre ante, (pucos, vasos y ollitas San Francisco y
Vaquerías), y pulido inciso (con relleno de pintura roja), con motivos geométricos;
mostrando el conjunto, una refinada manufactura y muy buena cocción. De todos esos
fragmentos recuperados se reconstruyeron dos pucos casi por completo. Además, en
el mencionado contexto fúnebre fueron rescatados: una flauta pentafónica de hueso,
una pequeña placa de cobre, parte de un vaso estribo gris pulido (exótico), parte de un
vaso recto tricolor (Vaquerías); una representación antropomorfa que seguramente
formaba parte de una pieza de mayor tamaño, dos mazas o bolas perdidas de material
lítico, dos hachas bifaciales pulidas y cuatro puntas de flecha de obsidiana; entre
muchos restos de alfarería tosca, pulida, y decorada por la técnica del corrugado, en
diferentes formas.

Durante los trabajos sobre uno de los cortes de la cuadrícula C2–D2 se halló
una lente de fogón de poco más de un metro de diámetro y de 0,12 m. de potencia en
el centro. En el transcurso de la excavación de la lente, se localizaron algunos
artefactos redondeados de piedra, relacionados a tareas culinarias por su grado de
pulimento; muchos restos de alfarería utilitaria, un par de trozos de tubos de pipas de
fumar hechos en cerámica, algunos ejemplares de caracoles y restos de vegetales en
estado de carbonización (tres granos de poroto y unos diminutos marlos de maíz). Muy
cerca de allí se rescató un mortero plano de piedra y un par de manos de moler del
mismo material.

Sobre la pared de la esquina Sudoeste de la cuadrícula G1–F1, prácticamente


afuera de sus límites fue localizó un esqueleto humano entre los niveles 3º y 2º, en
posición horizontal e invertido y semiflexionado. El que quizás pudo conservarse por la
acción de las sales de manganeso. Oportunamente sometido a diferentes estudios por
parte de la Médica Forense Dra. Leticia Gorriti, concluyó en su informe:

“Los restos pertenecieron a una persona de sexo femenino, y contaba


aproximadamente con 30 años de edad al momento de su muerte.
El cráneo es braquicéfalo con un índice de 85,7; y presenta una
perforación de origen traumático en la parte superior del parietal izquierdo.
Se o bserva una marcada deformación provocada por la presión ejercida por una
banda de aplastamiento con algún elemento destinado a tales fines en sentido
transversal a la posición frontal del cráneo, lo que produjo un alargamiento
antero–posterior.
La dentadura se encuentra en perfectas condiciones, salvo el tercer molar
inferior derecho. La altura del individuo se calcula en 1,53 metros”

Otro elemento diagnóstico encontrado fue un instrumento musical de viento,


confeccionado en un hueso largo de origen animal. Presenta los extremos
desbastados por pulimento y un débil rebaje de los bordes. En el extremo de
apoyatura; algo aplanado y sobre el sector del arco superior tiene una perforación, y
de su parte media hacia el extremo distal tiene dispuestas a igual distancia entre ellas
tres perforaciones; todas perfectamente circulares con un diámetro de 8 a 9 mm.
Vistas del cráneo humano hallado en el Sitio de Ojo de Agua

El largo total de la pieza es de 239 mm. y su diámetro de 18 a 20 mm. Está


fracturada longitudinalmente en su parte inferior, por lo cual ha sufrido cierto proceso
de repliegue.

Flauta pentafónica

Vaso estribo

Asociadas al amplio contexto de materiales que corresponden a los grupos


culturales de “San Francisco” y “Vaquerías” hallados en el sitio Ojo de Agua,
rescatamos algunas piezas de carácter alóctono que formaban parte de un ajuar
funerario. Por su morfología, técnicas de elaboración y decoración utilizadas, como
también por la finalidad de su elaboración, nos remiten a la región del altiplano andino;
más precisamente a la zona de los perilagos del Sur de Bolivia. De ellas, las más
representativas son el Vaso estribo y la Flauta, que marcan un claro registro de las
relaciones que mantuvieron los grupos locales con otros provenientes de los grandes
centros de difusión cultural, y llegaron como aportes u obsequio, o bien como
productos de intercambio de bienes; debido a que en el ámbito del Valle de Siancas se
recolectaba cebil, fruto muy requerido por las comunidades que habitaban en otras
regiones.

“Vaquerías” constituye quizás, el enigma de mayor complejidad dentro de la


Arqueología Argentina, y aún no fueron detectados sitios puros de asentamientos que
puedan ser adjudicados a sus portadores; y en los sitios de contexto “San Francisco”
puro que se registraron en el Valle de Siancas, aparecen indefectiblemente asociadas.

Urna funeraria San Francisco (Cuello corrugado)

Vaso recto Vaquerías tricolor Puco Vaquerías bicolor

El sitio “Puesto Viejo”


Es la antigua designación de una finca ubicada sobre la margen derecha del
Río Mojotoro, a la que se accede desde la rotonda de Torzalito hacia el Este
transitando un camino secundario por unos 6 kilómetros. El sitio se localiza sobre una
zona de barrancas, sobre el punto en que se ubica la toma de agua para riego de
cultivos. Los trabajos estuvieron circunscriptos a un área de alrededor de 500 metros
cuadrados, en la que se practicaron recolecciones de cerámica en superficie y
posteriormente cuatro (4) pozos de sondeo con buenos resultados, habiéndose
detectado un pequeño basurero con restos de cerámica decorada, y exhumado una
urna funeraria con los restos óseos muy deteriorados, pertenecientes a un párvulo.

Este grupo cerámico fue definido por el Dr. Osvaldo Heredia, como “Cultura La
Candelaria”, habiendo determinado además sus fases de desarrollo en base a
fechados radiocarbónicos.

Urna funeraria de la Cultura La Candelaria

El Dr. Heredia propone las fases de La Candelaria, basándose en conceptos


propuestos por Willey y Phillips, clasificando el material cerámico siguiendo los
criterios propuestos por Ford, y desarrollados y ampliados por Clifford Evans y Betty
Meggers. La fase más antigua es la denominada Candelaria I, Fase el Mollar, a la que
sitúa temporalmente entre los inicios de la Era Cristiana y el año 200; le sigue
Candelaria II, Fase Chuscha y Fase El Ceibal, entre el año 200 y el 400 E.C.;
Candelaria III, Fase Choromoro y Fase Molleyaco, a las que sitúa entre el año 400 y el
700; Candelaria IV, Fase Rupachico y Fase El Quebrachal, entre los años 700 al
1.000; y por último, La Candelaria V, Fase Santa Bárbara.
En el sitio Puesto Viejo se recolectó una gran cantidad de restos cerámicos en
ocasionales recorridas por el sitio. Entre los que presentan algún tipo de decoración,
se reconoce la aplicación de diferentes técnicas: por incisiones, por grabado; con
pintura, monocolor, bicolor, y tricolor; bicolor en negativo, por cepillado, y otras de
características muy particulares. Un trozo de alfarería que muestra características
singulares y por las que se rotula intrusiva en el contexto del sitio, se registró junto a
varios otros netamente Candelaria formando parte del relleno del pequeño basural. Su
presencia constituye algo inusual entre las culturas agroalfareras tempranas del
NO.A.; a la vez que refuerza lo manifestado anteriormente acerca de los estrechos
contactos que mantuvieron los pobladores locales que portaban aquella cerámica y
algún grupo aún no identificado, originario del altiplano de Bolivia.
El resto revela una buena cocción de la pasta y un excelente conocimiento de las
técnicas de elaboración, aunque lo más llamativo es la decoración tricolor (crema
amarillento y negro sobre rojo) aplicada con la técnica en negativo, y con delimitación
de campos mediante incisiones.
Resto cerámico de carácter intrusivo en el Sitio Puesto Viejo

El sitio “Checa I”
En referencia al sepulcro localizado en Betania, su descubrimiento se produjo
de manera fortuita mientras se realizaban trabajos de excavación y nivelación del
terreno para construir una represa. Al ser detectadas algunas piezas de cerámica junto
a restos óseos, el propietario tuvo la destacada actitud de suspender toda actividad y
comunicó el hallazgo a las autoridades municipales, quienes procedieron a efectuar el
rescate del mencionado patrimonio. En nuestro Noroeste, los sitios arqueológicos que
poseen este tipo de enterratorio son muy raros y escasos, al menos hasta ahora; y
extremadamente ricos respecto de la importancia de la información que contienen
dada la conjunción de elementos y/o de rasgos propios de cada una de las corrientes
culturales. En la Provincia de Salta, finca Checa es uno de los pocos sitios que se
detecta conteniendo entierros de alguno de los períodos Hispano-Nativo y Colonial, y
el primero en las llamadas tierras bajas.
El sepulcro quedó abierto cuando una pala mecánica profundizaba la
excavación a 0,90 m. de la superficie. En él se hallaron tres esqueletos –dos de
adultos y uno de párvulo-, colocado este último entre aquellos-; y presentaban un
avanzado estado de deterioro debido a la humedad de los sedimentos. El ajuar que los
acompañaba era numeroso, variado y poco frecuente; habiéndose alcanzado a
registrar una veintena de pequeñas piezas de alfarería local, dos pucos decorados con
motivos Inka local-Averías, cerca de una decena de pequeñas piezas con típicos
rasgos incaicos -vasos con pie de compotera y aribaloides-; un vaso de cerámica
vidriada y dos crucifijos, uno de cobre y otro de plata; piezas de origen europeo, entre
cascabeles de bronce, y una hebilla, una pinza de depilar, y los restos de la hoja de un
cuchillo; además se recuperaron unas 600 cuentas de collar de vidrio veneciano. Lo
más llamativo del mencionado contenido, son tres topus o alfileres Inka, elaborados en
metal pero con decoraciones que las ubican en un contexto netamente occidental. Por
último, una pequeña mano de figa tallada en azabache que se utilizaba como amuleto
para protección del mal de ojo y otros males (el origen de este elemento no es preciso,
pero se sabe que tuvo una amplia distribución territorial desde épocas muy antiguas).

Cascabeles de bronce Crucifijos de metal


Hebilla de metal Collar de Cuentas de vidrio veneciano

Cerámica Jesuítica Puco Inka-Averías, manufactura local (Stgo. del Estero)

Jarros Pucos

Vaso con Pie de Compotera Aribaloide

Todas las piezas y el material de estudio rescatado de los sitios del Valle de Siancas, se encuentra
a resguardo del Museo Regional Profesor Osvaldo R. Maidana de Campo Santo
Informe de Relevamiento del Sitio Arqueológico Pacheco
Mariana Avellaneda
Jorge Cabral
Gustavo Marcelo Flores

Ante el aviso de habitantes de una zona aledaña a la localidad de


Cobos, respecto del descubrimiento de artefactos de índole arqueológica, se
realizó un relevamiento con vistas a evaluar las necesidades para su
intervención. El lugar de hallazgo corresponde al sector de viviendas en
cercanías de la Ruta Nacional Nº 9 frente al acceso a la localidad de Cobos, en
terrenos del Ingenio San Isidro y contiguos al ingreso de la finca
Transamerican.
Particularmente se pudo observar la presencia de cerámica de tipo tosco
sin decoración, restos de material lítico, y Tres (3) círculos de arcilla
consolidada de unos 60 cm de diámetro, a ras del suelo. La importancia de
este hallazgo radica en la posibilidad de relación que los mencionados restos
culturales tendrían con los rescatados oportunamente durante la construcción
de la planta de “Termoandes”; intervención que estuvo a cargo del personal del
Museo Antropológico de Salta en 2.001. Parte del material arqueológico
rescatado entonces fue ingresado a la colección del Museo Regional de Campo
Santo y un alto porcentaje se trasladó a la institución interviniente.

Puntos GPS:

Latitud: 24° 44' 41.38" Sur


Longitud: 65° 04' 50.56" Oeste

Descripción general
El Departamento de General Güemes se encuentra localizado en sector centro
Norte de la Provincia de Salta y limita con el extremo sureste de la provincia de Jujuy.
De acuerdo a coordenadas geográficas se encuentra entre los 64º 37' y 65º 19' de
longitud Oeste y los 24º 32' y 25º 15' de latitud Sur.
Características de la zona
Casi la totalidad de la superficie departamental se encuentra inserta en el
llamado Valle de Siancas, el que estructuralmente está limitado hacia el Este por los
cordones menores que integran la formación mayor de las Sierras Subandinas (en
éste sector: Sierras de la Cresta del Gallo o del Alumbre), y en sentido Oeste, por las
primeras estribaciones de la Cordillera Oriental (Sierras del Mojotoro). En realidad se
trata de una depresión entre los ríos Juramento y Las Pavas, emplazada en una zona
de transición entre las provincias geológicas de la Cordillera Oriental y Sierras
Subandinas.
El principal curso de agua es el Río Mojotoro, responsable de la formación del
cono aluvial que permite observar diferencia de niveles entre el sector de cabecera
(Angosto del Mojotoro) y el distal (zona de El Algarrobal ó Cachipampa).

Clima
El tipo predominante es el llamado “Tropical Cálido”, en el que se manifiestan
lluvias estivales que alcanzan un régimen anual del orden de los 800 a 1.000 mm en
los llanos al pie de las serranías, y de hasta 2.500 mm en ciertos parajes en los que
las elevaciones son más abruptas y compactas; se observan frecuentes neblinas
provenientes de la elevada humedad que proveen los extensos tapices de epífitas que
cubren las ramas. Desde comienzos de noviembre hasta el mes de abril se registra la
llamada “estación seca”.
La temperatura media puede variar entre los 14°C y 26ºC, en razón de la
altitud, la latitud, su posición en el relieve y exposición en las laderas; llegando a
producirse repetidas heladas durante los meses de invierno y en todo el territorio que
abarca.

Orografía
Coincidentemente, en la zona centro - Norte del Valle de Siancas confluyen las
estructuras geológicas correspondientes a las dos cadenas orográficas mencionadas.
Las cumbres de las estribaciones de la Cordillera Oriental hacia el Oeste marcan los
límites con el Departamento de La Caldera y el de Capital. Los cerros Antillas, La
Despensa y El Paraíso con el primero; y Abra de Los Loros, de los Dos Morros y
Cuchuma, con el segundo. Hacia el Este, el valle está limitado de Norte a Sur por los
Cerros de la Cresta del Gallo, la Sierra del Gallo, y los cerros Alto de las Minas, Bayo,
de Las Picazas, Alto del Cerro y las Sierras de San Antonio.

El Sitio Arqueológico
Se ubica sobre la margen derecha de la ruta nacional Nº 9 y aproximadamente
a unos 0,8 km. de la localidad de Cobos. La concentración de la evidencia
arqueológica se halla en un sector de vegetación frondosa en un área delimitada por
construcciones habitacionales modernas, que corresponden a un grupo de Seis (6)
viviendas habitadas por personas que se dedican a tareas agrícolas en los campos
cercanos.
El sitio arqueológico se extiende en el sector que habita la familia Pacheco,
donde puede observarse la presencia de circunferencias formadas por arcilla cocida
de un diámetro aproximado de 60 cm. Cercanas a ellas y a unos 200 metros en
dirección Noreste, se observaron unos pequeños montículos donde se recolectó
material cerámico del tipo tosco sin decorar y algunos objetos líticos.
Este hallazgo mantiene cierta correspondencia con los sitios descubiertos
durante la construcción de la central “Termoandes”, y por asociación de los objetos
líticos y cerámicos nos permiten suponer una ocupación humana desde el año 800 AC
al 600 DC.
El entorno
Los sitios arqueológicos ubicados en las márgenes de la Ruta Nacional Nº 9,
fueron principalmente afectados por la actividad antrópica, y en menor grado, por
diversos factores naturales. Si bien es cierto que el sitio Pacheco se encuentra en una
zona de pequeño monte nativo, el mismo también se encuentra alterado por la
constante actividad antrópica. Esto se debe a que el citado espacio es un área
utilizada por la familia como patio interno, en el que se observan corrales para
animales de tiro. Hay presencia de sendas de transito continuo.
Poblados cercanos: Localidad de Cobos, paraje San Martín y Empresa
Termoandes.
Actividades económicas principales del área cercana al sitio: Principalmente
actividades agrícolas y ganaderas. Los campos de cultivos rodean la totalidad del
sector, formado por una franja limítrofe de vegetación nativa.
Uso turístico y/o comunal: el sitio se encuentra altamente afectado debido a las
actividades cotidianas de los pobladores.
Visibilidad del sitio: es baja, dado que se encuentra enmascarado por el sector
pequeño de monte y por la reutilización de los espacios por parte de los pobladores.
Nivel de impacto: La destrucción del sitio se debe a la constante actividad
antrópica, pudiéndose considerar un nivel de impacto alto, debido a la permanente
circulación de los habitantes y animales domésticos. Esto deriva en la apertura de
sendas que llevan a la destrucción del sitio arqueológico y a la remoción de material
en superficie; muchas veces recogido por los lugareños.

Vista del sector donde se ubican los círculos de arcilla cocida


COMIENZA LA HISTORIA

El Valle del Mojotoro o Valle de los Xuríes

Gustavo Marcelo Flores

Con el paso de los años y los nuevos descubrimientos, tanto de elementos


arqueológicos o precolombinos, de algunos etnográficos, y de otros que corresponden
a la etapa que se inicia con el ingreso de los primeros extranjeros en estos territorios;
sean objetos o restos, y crónicas y documentos diversos; se está recuperando el
valiosísimo material que nos permite ir reconstruyendo, en mayor o menor medida
pero suceso a suceso, el monumental libro de la Historia del Hombre acontecida en el
Valle de Siancas y zonas vecinas.
La gran importancia que siempre revistió el Valle de Siancas, deriva de su estratégica
ubicación y de la accesibilidad a los pasos naturales que lo comunican con los
restantes ámbitos de la Región del NO.A. y con otras regiones. Como un ambiente
colmado de recursos se convirtió en un preciado espacio natural al que el hombre
ocupó y transitó desde tiempos remotos.

El nombre de Juan de Siancas es mencionado en algunos documentos en que


los cronistas se refieren a los 168 soldados -62 montados y el resto a pie- con que
Francisco Pizarro entró a Cajamarca y tomó prisionero al Inka Atahualpa en noviembre
de 1.532.
Juan de Siancas alcanzó el grado de Maese de Campo de las tropas
españolas, las que años más tarde, motivadas por su ambición de descubrir nuevos
territorios habitados por gente poseedora de tesoros, fueron descendiendo al Alto
Perú, donde fundaron la ciudad de La Plata (actual Chuquisaca). Como forma de
retribuir el servicio que los soldados prestaban a la corona en estos nuevos territorios,
Pizarro tenía la facultad de concederles grandes extensiones de tierra. De modo que,
las poblaciones nativas que ocupaban estos ámbitos, fueron sometidas por la fuerza
de las armas, y aquellos soldados recién llegados, se transformaron rápidamente en
prósperos terratenientes que disponían de mano de obra barata para distintas tareas
de producción. Este tipo de “organización”, fueron las llamadas “encomiendas”, y en la
actual región Noroeste de nuestro país comenzaron a otorgarse en La Puna jujeña y la
Quebrada de Humahuaca. De esta manera y corriendo el año 1.556, Juan de Siancas
se convirtió en uno de los encomenderos de los pueblos Omaguaca y Sococha.

Unos años después, se casó con doña Petronila Castro viuda de Villanueva;
quién había sido otro soldado de aquella hueste pizarrista. En 1.564 formó parte de
una columna que partió desde el Valle de Xuxuy con rumbo a la ciudad de Santiago
del Estero. En el transcurso de un viaje en el que venían soportando muchas
peripecias, ingresaron a un valle desconocido; era el Valle del Mojotoro -nombre
quechua que se puede traducir como “correntada de arcilla”-; o bien, Valle de los
Xuríes -otra denominación que le dieron los inkas, puesto que algunos pobladores
originales, usaban como única vestimenta un taparrabos, y un faldellín y adornos de
plumas de suri.
En aquella ocasión, parte de la columna mantuvo una contienda con los nativos
y resultaron muertos dos de ellos: el Maestre Juan de Siancas fue uno, el otro, un
soldado llamado Castro Verde. A partir de entonces, en todas las crónicas y
documentos en los que se refirieron a la zona, lo hicieron bajo el nombre del primer
oficial español que terminó sus días en ella. Su apellido puede estar escrito de varias
maneras: Cianca, Ciancas, Siancas, Simancas, Cianxas y Cianzas.
En una carta que el Maestre de Campo, don Jerónimo González de Alanís
dirigiera al Licenciado Castro, fechada en marzo 21 de 1.566 en Charcas, en una parte
de la misma, manifiesta:
“dentro de cuatro días me partí para hacer una jornada en el valle de
Jujuy, porque era extrema el hambre y necesidad que teníamos, y con la misma
necesidad caminamos algunos días hasta llegar a una Cordillera de monte,
adonde por no hallar paso, pensamos perecer de hambre; y habiendo enviado a
Juan de Cianca, que llevaba por Maese de Campo, a buscar el camino, y al cabo
de seis días volvió, perdida la esperanza de hallar paso; y ansí por esto y por la
gran hambre que teníamos, que no comíamos sino nuestros mismos caballos,
me aconsejó y dijo que no había otro remedio sino volvernos al Perú, y a trueque
de no hacer esto, determiné de morir o pasar; y otro día antes de que
amaneciese, fui en persona a buscar el paso, y no me había apartado media
legua del Real, dejando en él a Juan de Cianca, cuando los indios naturales de la
tierra dieron en el campo; salió a ellos Juan de Cianca con veinte soldados a pié,
y como los indios de maña se retirasen al monte, entró tras de ellos; sucedió
que le mataron y a otro soldado llamado Castro Verde, y hirieron a otros seis;
sucediera más daño, sino que acerté a venir a tiempo con los que me acudieron
socorrí”

Otra referencia histórica importante nos remite al año 1.570, y a la figura de


Pedro de Arana, quién se desempeñaba como alguacil mayor del Santo Oficio de la
Inquisición en Lima. Quién habiendo recibido una denuncia contra Francisco de
Aguirre por parte del virrey Francisco de Toledo, además le ordenaba que marchase
a Santiago del Estero, lo tomase prisionero y lo trasladase a Lima para someterlo a
juicio por varias acusaciones, entre ellas: de herejía y de adueñarse de tierras y otros
bienes de los nativos. Entre el grupo de soldados que lo acompañaron hasta el Valle
de Jujuy, iba Gaspar Rodríguez. Cuando llegaron a dicho punto, don Gaspar
Rodríguez junto a otros camaradas, volvieron a Talavera de Esteco mientras Pedro de
Arana continuaba su marcha hacia el Perú. Al pasar por las proximidades del Río de
Siancas, como dos leguas antes vieron:
“el lugar del desbarate del capitán Juan Gregorio Bazán, e vieron dos
cuerpos muertos, y el uno dellos conoció este testigo (Rodriguez) ser el dicho
capitán Gregorio Bazán, por su caballo e silla e sayo e parte de su persona, e el
otro cuerpo muerto no supo este testigo quien era, porque nunca lo avía visto.
Después, en Talavera, identificaron el cadáver de Gómez de Pedraza, y lo supo
este testigo de las dichas doña Catalina de Plasencia y doña María Bazán”.
Alrededor de esos restos humanos, Rodríguez encontró: “mucha cantidad de
hazienda, de la que los susodichos trayan; como era herraje, jabón, especias,
papel, hierros y frenos y zarzaparrilla y otras cosas que los indios que los
mataron avían dejado echadas por ay”
En otra probanza figura el curioso relato de la esposa de don Gregorio Bazán,
acerca de la forma en que junto a su hija alcanzaron a escapar del ataque de los
naturales. Según consta, ellas mismas dijeron que cabalgaron siguiendo una figura
blanca, a la que pudieron ver flotando a través de las ramas de los árboles.
Y cuando años más tarde don Gaspar Rodríguez penetró en las mismas comarcas con
el gobernador Abreu: “vió en poder de los indios muchas mantas tejidas de lana y
listas de seda, que le parece serían del dicho desbarate”.
En cuanto a los despojos mortales, de Bazán y de Gómez de Pedraza, Gaspar
Rodríguez fue uno de los que por orden del teniente gobernador Nicolás Carrizo,
volvió con el capitán Bartolomé Valero al sitio donde se encontraban, y los trasladó
desde Siancas hasta Santiago del Estero, donde fueron sepultados en la Iglesia Matriz
a principios de 1.571.
Mapa del Valle de Siancas -intepretación propia-

Por lo demás, en aquella ciudad, el vecino Juan Cano declaró haberlas visto a
Catalina de Plasencia y a María Bazán, con los niños, “muy enlutadas y muy
llorosas por la muerte de su padre y marido de la hija, e oyó relatar a Manuel
Acuña, que venía en su compañía, y a Pedro Gómez de Balbuena, vecino de
Talavera, que se hallaron con ellas quando los mataron a Bazán y a su yerno, e
quebraron un ojo en la guazabara al dicho Pedro Gómez”

Finalizando el año 1.583, comenzaron a otorgarse mercedes de tierras y


solares en el Valle de Siancas a funcionarios y militares de la corona española; la
primera de esas cesiones fue a favor de Francisco de Aguirre, y luego a Bartolomé
Valero, Francisco de Chávez, Antonio Díaz y Alonso Ruiz de Verlanga; entre otras
más de treinta mercedes que se concedieron entonces. Por esos años, la línea de
frontera con el Gran Chaco o Chaco Gualamba, era medianamente coincidente con las
primeras estribaciones del borde de la Cordillera Oriental, de manera que el Valle de
Siancas también se transformó en una clara zona de conflicto ante sus intenciones de
ocupación. Una zona en la que los extraños, estaban expuestos a las acometidas de
los naturales. De todas formas y con peligros latentes, aquellos se mantuvieron firmes
en el propósito de desplazarlos y de ocupar las tierras.

Entre 1.639-1.640 y luego de un anterior intento, los padres Jesuitas Antonio


Ripario y Gaspar Osorio de Valderrábano en compañía del estudiante Sebastián
Alarcón, partieron a misionar entre los nativos de las parcialidades de los
“Pelichocos, Labradillos, Palomos y Chiriguanos” que circulaban por los territorios
ubicados entre los ríos de Siancas y Perico.
En la documentación de referencia, puede leerse que:
“Una vez asentados en territorio de los indios palomos, los caciques
Salapirin y Helichorin, quienes habían acudido al paraje “en demanda de los
indios palomos” y en busca de “matalotaje ”, posiblemente desde la frontera de
Tarija, acabaron con los misioneros luego de dos días de convivencia entre ellos y de
recibir algunos obsequios de parte de los padres.
El capellán Cosme de Rivero, después de la muerte de los misioneros,
preguntó qué había sucedido. Un nativo llamado Francisco, de la encomienda de
Marcos Cabello, respondió:
“que lo que save es que acia como un mes poco mas o menos que
estando este tiempo en su pueblo de los pelochocos abajo del Rio Ciancas
[borroso] dos indios ynfieles palomos que residen en la parte y lugar donde
mataron los dhos padres los quales contaron a este testigo como todos los días
estan los dhos Padres como vivos vestidos como quando disen misa
resplandesientes y que no es más de un padre el que assi am visto, y que
vinieron como dies indios chiriguanaes avian venido a ver el dho padre que
estaba resplandeciente y que con mucho espanto de la vista detuviendosse
adonde estaban los demas indios se avian muerto = y assi mesmo le dijeron los
dichos dos indios como los indios que assi avian muerto a los dhos Padres
dentro de algún tiempo se avian muerto también = y que un Indio que avia
vevido en el caliss con que los padres desian misa avriendose desde la cabeza
hasta la camisa revento y murió y asi de miedo desto no an querido mas beber
en el dicho caliss y que el cacique lo tiene guardado todo lo qual dixo (…)

Las parcialidades de Pelichocos, Palomos y Labradillos, también habitaron


el ámbito del Valle de Siancas y mantuvieron contacto con las de Tobas y Chiriguanos,
formando parte de la gran Nación Guaranítica. Estas últimas, además realizaron
numerosas incursiones desde la primera mitad del siglo XVII por las fronteras de Jujuy
y Salta en contra de los extranjeros y de los nativos encomendados. Los documentos
en que constan las declaraciones de algunos testigos del mencionado martirio y
muerte de los padres Osorio y Ripario, se encuentra adosado a los de otro hecho
similar, en el que las víctimas fueron los padres Roque González de Santa Cruz,
Alonso Rodríguez y Juan del Castillo; sucedido casi diez años antes. (AGN)

Carátula del expediente del martirio y muerte Cruz de hierro forjado


de los Padres Jesuitas

Como se puede ver en el siguiente mapa, en pocos años y desde la Reducción


de Zenta hasta la de San José de Petacas, se establecieron otras Reducciones: San
Ignacio de Ledesma, Nuestra Señora del Río Negro, San Juan Bautista de Balbuena,
San Esteban de Miraflores, Nuestra Señora del Buen Consejo u Ortega y Nuestra
Señora del Pilar de Macapillo; como también algunos Fuertes: Pizarro, Santa Bárbara,
San Fernando, El Piquete, y San Luis de Los Pitos, conformando una línea de
aproximada orientación Norte-Sur, que se fue desplazando al Este, en dirección a la
Llanura Chaqueña.
Tomado de “Las fronteras coloniales de interacción social. Salta del Tucumán (Argentina),
entre la colonia y la Independencia”, Dra. Sara Mata de López.

La Dra. Sara Mata comenta al respecto que: “la instalación de precarios


fuertes e incluso la organización de un cuerpo de soldados partidarios
suministrados por las ciudades de la gobernación para defender los fuertes y
participar en las entradas, no lograron evitar las incursiones de los pueblos
chaqueños sobre la ciudad de Salta, que en 1.736 experimentó un fuerte ataque
indígena que asoló las estancias y chacras próximas a la ciudad. Esta situación
comenzaría a modificarse con la instalación y consolidación, a partir de 1.760, de
las reducciones jesuíticas. Precisamente, una de las acusaciones, entre tantas
que se formularon a la Compañía de Jesús, residió en el control militar que
supuestamente tendrían en los territorios de frontera, lo cual sin duda
constituiría un peligro para los intereses de la corona”

Actualmente sabemos que además de las que allí se establecen, hubo


otras instalaciones de la Orden de los Jesuitas que funcionaron como fuertes
y/o reducciones en el corazón del Valle de Siancas: El Fuertecillo de
Cachipampa y el del Ebro, y las Reducciones de Yaquiasmé, San Isidro del
Pueblo Viejo, Nuestra Señora de La Candelaria, Estancia Mosquera y Nuestra
Señora de Santa Ana; que comenzaron a fundarse y trabajar con pequeños
grupos o comunidades nativas, a partir de 1.740/45.

La línea de frontera se fue desplazando hacia el oriente a medida que las


frecuentes incursiones de las milicias fueron asegurando en cierta medida los
territorios ganados; lo cual no siempre resultaba de acuerdo a sus ambiciones, pues
casi con la misma frecuencia, las comunidades Toba, Mocobí, Chiriguano, Mataguayo
y Chunupí, principalmente, se convocaban para provocar feroces arremetidas a las
haciendas de colonos y a los pequeños y rústicos asentamientos fortificados,
destruyendo e incendiando todo a su paso. Esta área de frontera, podría decirse que,
constituía un espacio en el convivían diferentes parcialidades nativas con hacendados,
militares, religiosos y gente de variada condición social.
Don Agustín Martínez de Iriarte, conocido también como "el Mozo", fue un
vecino feudatario que se desempeñó como Alcalde de 1º voto y Alguacil del Santo
Oficio Inquisitorial en la ciudad de San Salvador de Jujuy. Había heredado de su padre
la “Estancia de Perico o San Juan Bautista de Perico”, donde mantenía asentados en
encomienda a un grupo de nativos de la parcialidad de los Luracataos (de la Nación
Calchaquí).
Román Valero y Pedro Marco fueron otros a quienes otorgaron encomiendas, llevando
por la fuerza a los Tilianes (de la Quebrada de Escoipe) para reasentarlos en la
jurisdicción donde ellos poseían sus tierras (Valle de Siancas). Lo mismo hizo Antonio
Núñez con parte de los Purmamarcas, o Juan Rodríguez de Salazar, que sacaron a
los Churumatas de Zenta para reducirlos en sus posesiones aledañas al Río Perico.

Las “encomiendas” fue un procedimiento aplicado por los Inkas y adoptado


luego por los extranjeros para someter a quienes no estaban de acuerdo en depender
y obedecer a un jefe o señor que se imponía por la fuerza. Este método establecía que
el jefe o señor, debía hacerse cargo de protegerlos, educarlos y evangelizarlos a
cambio del pago de un tributo o de servirle como mano de obra barata. Pero lo que en
realidad se lograba con el hecho de trasladarlos y desterrarlos, era que perdiesen el
sentido de pertenencia de sus tierras, su contexto, su universo. De modo que no
les quedaba nada por defender. Casi quinientos años después, las comunidades
nativas continúan siendo objeto de aplicación de las mismas tácticas.

Vemos que existió entonces, un período de fragilidad hasta el último tercio del
siglo XVIII, cuando el gobernador Jerónimo Matorras y el Cacique Paykín firmaron un
Acuerdo de Pacificación después de varios días de negociaciones a mediados de
1.774. Varias provincias lo incluyeron en sus actas capitulares como un suceso
extraordinario, aunque en realidad, ni Matorras ni Paykín lograron ver los resultados,
pues el gobernador falleció al año siguiente de manera súbita y Paykín murió en un
combate contra un rival en la frontera santafesina.
Carlos III aprobó el acuerdo y ordenó su cumplimiento; y en 1.781 cuando el coronel
Francisco G. Arias fundó las reducciones de Nuestra Señora de los Dolores, Santiago
de La Cangayé y San Bernardo el Vértiz, recién se comenzó a acatar lo establecido en
el acuerdo.

Una versión hasta ahora no confirmada pero tampoco negada,


corresponde a la ubicación de la primera fundación de Salta en este valle. El
historiador Atilio Cornejo refería haberla escuchado de su padre, que a su vez la
oyó de sus mayores. Según decía, era factible ubicarla entre las localidades de
Campo Santo y Cobos.

Presencia cristiana e institucionalización religiosa en la


frontera oriental del Tucumán

Dra. Telma Liliana Chaile

Un grupo de valles húmedos ubicados al oeste de la franja de yungas y parte


del umbral del Chaco conforman los ambientes de lo que se conoció como la frontera
oriental del Tucumán. En esta zona, conquistadores y vecinos de Salta y Jujuy
recibieron mercedes de tierras, mientras otros residentes se establecieron sin ningún
título. Los ríos que recorren el territorio y los diversos manantiales garantizaron, ya
desde el momento de los primeros asentamientos, el riego de las parcelas cultivadas
con maíz y trigo. Hacia la segunda mitad del siglo xvii algunas instalaciones contaban
con viñas y árboles frutales y desde principios de la centuria siguiente, con caña de
azúcar. La actividad ganadera incluyó ganado vacuno, caballar y la invernada de
mulas. Los valles tenían una buena ubicación en la circulación regional al estar
conectados con el camino real que se dirigía al Perú y que bordeaba el río Siancas
viniendo de Esteco y orientado a Jujuy.

Nuestra Señora de La Candelaria (Síntesis)

La advocación de la Virgen de La Viña tiene por especialidad–designación, ser


el “Escudo y Defensa del paraje de La Viña y de la ciudad de Salta en los ataques
indígenas (1.726-1.735)”

Iglesia de Nuestra Señora de La Candelaria, Campo Santo (1.782)

Imagen de la Virgen de La Candelaria en la Iglesia de Campo Santo


La Virgen de La Viña representaba a una advocación mariana muy extendida
en el espacio andino meridional, la de La Candelaria. De la información de 1.905 se
desprende que el nombre «de La Viña» no siempre resultaba significativo para los
fieles, sólo tres de ellos usaron esta denominación. Más frecuente fue la referencia a la
advocación genérica, «Nuestra Señora de La Candelaria». Otro apelativo utilizado fue
«la Patrona», cuando se trataba de la imagen titular de la iglesia, ubicada en el altar.
El apelativo «de La Viña» se restringió a la parroquia, llamada «vulgarmente » de esta
forma, según expresión del franciscano Nazareno Morosini, encargado de erigir las
estaciones del Vía Crucis en el templo. Frente a este uso, Bernardo Frías señalaba
que el «nombre oficial» de la iglesia era el de La Candelaria. En el caso de la
representación del Niño Dios que integra esta advocación mariana, los pobladores lo
conocían «vulgarmente con el nombre de Niño Cautivo».

De los recuerdos
Algunas consideraciones sobre la conformación de la devoción de La Viña
durante la colonia, nos permitirá comprender la recuperación que se realizó a
principios del siglo XX de relatos relacionados con su historia. Esta devoción
encuentra sus orígenes en la frontera chaqueña, al Este de Salta. Se edificó una
capilla en la Estancia de La Viña, en el Valle de Siancas, actual localidad de Campo
Santo en el departamento de General Güemes. Las características de la frontera
oriental como espacio social aprovechado y transitado por una población heterogénea
integrada por mestizos, afromestizos, indígenas y españoles, le imprimieron una
particular dinámica al culto a la Virgen. Este se fue configurando en un espacio de
mezcla cultural y biológica, también de conflicto signado por las incursiones violentas
que algunas de las poblaciones indígenas (mocoví, guaycurú, toba) realizaban
esporádicamente sobre las instalaciones españolas, y de los hispanos sobre el Chaco
para castigar a los indígenas y aprovisionarse de mano de obra. La intensificación de
los avances indígenas durante la primera parte de la década de 1.730 implicó un
retroceso del frente colonizador en la zona, llegando a poner en una situación de
vulnerabilidad a algunas ciudades de la gobernación del Tucumán, entre las que se
encontraba Salta. Las invasiones de los indígenas chaqueños en los establecimientos
fronterizos y en las cercanías de la ciudad dejaban como consecuencias muertes,
toma de cautivos y saqueos. En este contexto, se atribuía a la imagen la protección de
los habitantes del paraje donde estaba la capilla, lugar conocido con el topónimo de La
Viña. A principios de este decenio, cuando la capilla funcionaba como viceparroquia
dependiente de la iglesia matriz de Salta, el cura rector y el procurador del cabildo se
referían a la imagen como «escudo» y «defensa» de la ciudad por el amparo de esta
última ante los intentos de invasión de los mocoví por esa parte de la frontera.
Con el incremento de los ataques entre 1.735 y 1.736, los valles de Siancas y
de Lerma resultaron bastante afectados. Según relatos posteriores, en uno de esos
avances, la Estancia de La Viña y su capilla fueron invadidas e incendiadas, por lo
cual la imagen de la Virgen tuvo que ser trasladada a la ciudad. La existencia de un
memorial, que se conservó bastante incompleto, da cuenta de que a continuación, se
realizó algún registro del suceso. Julián Toscano sostiene que probablemente el
documento se elaboró por mandato del obispo de la diócesis del Tucumán, José de
Ceballos, quien ya en 1.733 solicitó al cura rector de la iglesia matriz de Salta que
levantara una información acerca de la antigüedad, culto, milagros y bienes de la
Virgen de La Viña, y de la obra de reedificación que se estaba desarrollando en la
capilla, de los traslados de la imagen y de los conflictos a cuenta de todo eso. Las
escuetas referencias en la hoja conservada del memorial no permiten determinar si la
tarea encomendada se concretó de manera inmediatamente posterior al ataque o si su
elaboración corresponde a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando comenzó a
edificarse una nueva capilla en los márgenes de la ciudad.
Las recopilaciones
Filiberto de Mena incorporó el relato de la Virgen de la Viña en una relación
sobre Salta, mandada a elaborar por orden del entonces gobernador Gerónimo
Matorras en 1.772 para contribuir a una obra mayor acerca del Virreinato del Perú. El
relato alude al ataque en dos fragmentos separados. En el primero, al detallar las
ayudas de parroquias existentes en la ciudad, refiere a la invasión de los indígenas
sobre la zona de La Viña, a las muertes y destrucción de la capilla. La información
hace hincapié en las heridas de la imagen en la mejilla derecha por el impacto de las
flechas y en la garganta, «donde la degollaron». Menciona la sustracción del Niño Dios
que sostenía la Virgen y cuyo rescate de las tierras del Chaco se produjo más tarde,
por la intervención de un misionero jesuita. En una segunda parte, al referir las
devociones a las cuales se les atribuía la realización de algún hecho extraordinario,
señalaba que hay tradición de que el rostro del Niño Cautivo y el de su madre
segregaron gotas de sudor. También narraba que durante la peste de viruelas que
azotó a la jurisdicción en 1.749, «personas verídicas, y de excepción, que alcanzaron
dicha Peste» le aseguraron que se salvaron de la muerte gracias a las plegarias y
rogativas que hicieron a la Señora de La Viña. El cronista recurrió a la documentación
y a la consulta de algunas personas, lo cual revela que estos relatos tenían también un
sustento oral. La breve narración debió restringirse en principio al grupo letrado local y
a las autoridades virreinales a las cuales fue elevada. Ricardo Piccirilli en su
Diccionario Histórico, indica que en 1.799 Mena publicó una reseña en Lima, quizás
producto del interés que despertó la historia devocional en la capital del virreinato,
aunque es más probable que su aparición estuviera vinculada a cuestiones locales. Se
trata de la Noticia de la Matriz de Salta, su Vicario y Curas Rectores. La traslación de
la Virgen con el portentoso modo con que la sacó un misionero. Según el biógrafo,
ésta corresponde al primer relato de la relación histórica de 1.772, cuya publicación se
realizó en 1.916. Sin embargo, es muy posible que incluyera otras cuestiones, como lo
enuncia el título y que no aparecen en la relación. No obstante esta difusión a través
de la escritura, la transmisión oral continuó conformando el medio por el cual perduró y
se recreó el recuerdo entre los pobladores de Salta, dando lugar a los relatos que
explicaban las particularidades de la imagen y su presencia en la ciudad. Respecto a
las recopilaciones de Julián Toscano, la primera se realizó en 1.901 y conforma una
narración corta acerca del «asalto inesperado [...] por una turba salvaje», los flechazos
a la imagen en una de las mejillas y el intento por cortarle la cabeza. El presbítero
incluyó este relato dentro de un capítulo sobre las irrupciones indígenas, comprendido
en un trabajo que reseña la historicidad de una devoción de importancia en el espacio
local, las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro. De acuerdo a Toscano, «la
tradición oral acerca de este hecho se conserva todavía uniforme y concordante con el
escrito á que hemos referido, habiéndonos servido de ella para llenar las lagunas del
escrito por su deterioro». El documento aludido es el memorial incompleto que
mencionamos anteriormente. Estos datos volvieron a publicarse en 1.906, en una obra
más extensa sobre la historia de la iglesia en Salta. En ese trabajo incluyó otro grupo
de documentos existentes en el Archivo del Obispado acerca de la Virgen de La Viña
en su capilla del valle de Siancas antes de la invasión, generados a partir de los
conflictos que se suscitaron en 1.726 y en 1.733.
Corresponden al momento en el que la imagen fue sacada de su capilla y
trasladada a otra propiedad y luego a un intento para llevarla al Fuerte de Santa Ana
de Cobos. Estas fuentes le permitieron organizar una síntesis de la historia de la
Virgen, reconociendo dos momentos complementarios en tanto vinculaban a la imagen
con las invasiones indígenas. Las fuentes manuscritas del período anterior al ataque
de 1.735 daban cuenta de aspectos ignorados respecto a la estadía de la imagen en la
frontera y las dificultades para el sostenimiento de su culto. Mientras que la
información relevada por el padre Lardizábal atañe a lo que se conocía acerca de la
misma. La escritura y publicación de los dos libros del presbítero se concretaron en el
marco de su labor de historiador e integrante del gobierno de la diócesis de Salta
durante el mandato de Linares, en el cual desempeñó los cargos de vicario general y
deán desde 1.899. Como uno de los primeros historiadores de la vida religiosa en
Salta, a partir de la consulta de la documentación del archivo eclesiástico, en El
Primitivo Obispado del Tucumán y la Iglesia de Salta se interesó por dar a conocer la
obra desplegada por la iglesia en la sociedad local durante la colonia. Se trata de un
trabajo pionero en su género, en tanto inició las crónicas generales por región. La
producción historiográfica de corte confesional de Toscano, formó parte de la
tendencia de fomento a la escritura de la historia por parte de los miembros de la
institución eclesiástica y la cual se inscribía en un momento fundacional de la práctica
histórica local acerca de la colonia y la guerra de independencia.

Imagen original de la Virgen de La Candelaria


en la Iglesia de La Viña, Salta.

Cuentan que la imagen vertió sangre durante el ataque y que mantuvo señales
de ella hasta que las heridas fueron cerradas, quizás respondía también a las
opiniones escépticas respecto a este tipo de hechos extraordinarios y que los
cuestionaban abiertamente como supersticiones difundidas por los eclesiásticos. No
sin cierto enfado, Bernardo Frías expresaba:

«...la imagen (sin que podamos afirmar que fuera la misma del prodigio)
se la conserva todavía con la herida del degüello y la sangre vertida; siendo de
advertir en bien y fama de la honradez de nuestra pluma, que aquellas manchas
rojas imitando las de sangre, son puestas por el pincel del pintor, no por la daga
del indio; pues en mala hora para la Virgen, para su culto y para la fe, se ordenó -por
no se que estúpido de aquellos que nunca faltan, metidos de vez en cuando en los
gobiernos, con lo que no conocen ni entienden- fuera retocada la vieja imagen».
El coronel Juan Adrián Fernández Cornejo

Gustavo Marcelo Flores

El coronel Juan Adrián Fernández Cornejo nació en 1.730, en Locumba, Perú;


y falleció en la Hacienda de La Viña del Valle de Siancas el 10 de diciembre de 1.797.
Como funcionario de la corona española llegó a Salta en el año 1.760 y formó
matrimonio con doña Clara de la Corte y Rozas, oriunda de Jujuy, y tuvieron once
hijos: María Ignacia (1.761), Gaspar (1.762), Juan José (1.764), José Antonio (1.768),
María Mercedes (1.772), José Adrián (1.775), Francisco María (1.777), Melchora
(1.779), Micaela Perpetua (1.780), Vicente y Lucía (1.781).

Entre 1.767 y 1.768 fue designado como responsable de la expulsión de los


Padres Jesuitas de la Gobernación del Tucumán. Fue miembro del Cabildo y coronel
de las Milicias que estaban destacadas en su Hacienda de La Viña para custodiar la
frontera con el Gran Chaco. La actividad de la industria azucarera lo llevó a realizar
dos expediciones en 1.780 y 1.790, demostrando tener un espíritu de gran visionario,
al buscar la navegabilidad del Río Bermejo en compañía de sus hijos José Antonio y
Juan José. De ambos viajes quedaron sus “diarios”, que fueron publicados años más
tarde por Pedro de Angelis; y en los que plasmó día a día y en detalle, los ámbitos que
transitaron, los pueblos nativos que encontraron a su paso y las peripecias que
sortearon. En el año 1.780, también emprendió el viaje del que dejó constancia en un
diario: “Descubrimiento de un nuevo camino desde el Valle de Zenta hasta la Villa de
Tarija”. En 1.832, J. Arenales publicó la “Carta de la Sección Austral del Gran
Chaco, con el curso detallado del Río Bermejo, según los datos de la campaña
del gobernador Matorras en 1.774 y del viaje por agua del coronel Cornejo en
1.790”. (BNB)

Retrato del coronel Juan Adrián Fernández Cornejo

El Ingenio San Isidro surgió en la misma propiedad en que se encuentra


actualmente, antes denominada “Hacienda de San Isidro del Pueblo Viejo”, según
documentación de la época y sobre un anterior y precario establecimiento de los
padres de la Orden de San Ignacio de Loyola (Jesuitas) donde producían azúcar negra
en pilones para abastecimiento propio y de las misiones, conventos y colegios que
estaban ubicados en la gobernación del Tucumán. Una vez expulsados, el coronel
retomó la actividad y la impulsó a nivel industrial trayendo nuevas cepas de caña del
Perú.
Copia de la Carta original del Río Bermejo

A la muerte del coronel, su hijo José Antonio (o Antonino, como a veces se


menciona en los documentos), heredó la propiedad; lo que está asentado en un
voluminoso expediente de su testamento, donde constan las hijuelas redactadas por
escribano público en 158 páginas; documento en que el coronel dejó constancia de la
distribución de sus bienes entre sus familiares. Al tener que realizar el inventario
correspondiente para la subdivisión, los escribanos y funcionarios actuantes viajaron
desde la ciudad de Salta en varias oportunidades a la Hacienda de La Viña y al
Ingenio San Isidro.

Vistas del antiguo casco del Ingenio San Isidro


“Campo Santo” fue seguramente la expresión que utilizó algún Padre
Jesuita que habitó la zona para referirse al lugar sagrado donde los nativos de un
antiguo poblado preexistente, sepultaba a sus difuntos. El que debió estar muy
próximo a “la ramada” de San Isidro del Pueblo Viejo donde molían la caña de azúcar;
teniendo en cuenta que la Reducción de “Nuestra Señora de La Candelaria o La
Ramada” se encontraba a menos de media legua del lugar donde surgió el ingenio
azucarero. De allí en más, subsistió como el nombre del lugar mediante el uso diario
del término, que hicieron los lugareños.

Un dato pendiente por comprobar es la antigüedad de pertenencia de la familia


Fernández Cornejo sobre la Finca La Población, dado que en un documento hallado
recientemente durante la investigación que realicé sobre la vida de doña Gertrudis
Medeyros, viuda del coronel Juan José Fernández Cornejo, figura una escritura de
arriendo de dicha propiedad a don Mauricio Romero por el término de 6 años. El
mencionado documento está fechado el 1º de octubre de 1.832. (ABHS)

Trapiche utilizado en las primeras épocas. Plaza de Campo Santo

Hijuela de San Isidro del Pueblo Viejo Escritura de Arriendo de Finca La Población
Casa de “La Hacienda Nuestra Señora de La Candelaria”
Residencia temporaria del coronel Juan José Fernández Cornejo y doña Gertrudis Medeyros

Moneda de plata de 1.773 con la imagen de Carlos III


Procedencia: Hacienda de Nuestra Señora de La Candelaria

Mapa elaborado por Juan Adrián Fernández Cornejo, 1.790


“Itinerario entre Cobos y Betania, antiguo Camino Real en el
Valle de Siancas – Provincia de Salta”
(Síntesis)

Arquitecto Efraín Ariel Lema

Introducción

Los centros urbanos comprendidos en el recorrido de este itinerario, surgieron


como resultado de un proceso de transformación del paisaje natural, originado por
acciones antrópicas de carácter político, social y económico.
Teniendo en cuenta este proceso, estaríamos ante la presencia de un “Paisaje
Cultural” de evolución activa, categoría incorporada por el Comité del Patrimonio
Mundial de la UNESCO en el año 1.992, caracterizado como “paisaje continuo en el
tiempo, que sigue teniendo un papel social activo en la sociedad contemporánea,
conjuntamente con la forma tradicional de vida”
La lectura de este Paisaje Cultural, como así también su identificación y explicación
con base científica, permite su valoración enfatizando sus potencialidades y aportando
una mirada integradora de los elementos que conforman y constituyen el paisaje como
patrimonio natural y cultural.

Itinerario

El itinerario seleccionado para su análisis, está ubicado en el Valle de Siancas,


un territorio perteneciente al sistema de las Sierras Sub andinas, en la región de los
valles centrales de la provincia de Salta y que abarca casi la totalidad del
departamento Gral. M.M. de Güemes.
La cuenca hidrográfica del río Mojotoro y sus suelos relativamente planos, a una altura
de 750 m.s.n.m. han generado condiciones aptas para el asentamiento humano y el
desarrollo agro-industrial de la región. Allí tuvieron su origen los pueblos de Cobos,
Campo Santo y Betania, que con procesos históricos y productivos diferentes, ponen
en relevancia el carácter de un paisaje urbano y rural muy particular, entendiendo
como tal a la interacción de factores naturales y humanos que constituyen la huella de
la sociedad sobre la naturaleza y sobre los paisajes anteriores.

Cobos - Parada 1 – Vista parcial del Valle de Siancas


Esta parada de aproximación sobre la autopista RN N° 34 que comunica la
ciudad de Salta con la de Gral. Güemes, permite observar una parte del territorio
identificado como Valle de Siancas, cuya topografía va descendiendo hacia los centros
urbanos objeto de este análisis. En esta vista se registra como fondo el cordón
montañoso denominado Cresta del Gallo, y que constituye el límite Este del valle.
Sobre el lado derecho de la imagen se puede observar una parte del terreno plano
destinado al cultivo de la caña de azúcar, principal desarrollo agro-industrial de la
región.

Parada 2- Acceso a Cobos


Desde la autopista RN N° 34, y girando en dirección norte, se ingresa al pueblo
de Cobos a través de una rotonda y una vía circulatoria que constituye el comienzo y
eje de este itinerario. Con motivo de la construcción de la planta generadora de
electricidad Termoandes S.A. se realizaron tareas de evaluación de impacto
arqueológico, que “tuvo como objetivo corroborar la presencia o ausencia de
evidencias arqueológicas en el tramo afectado por el gasoducto”.
Las muestras obtenidas corresponden a restos de objetos de cerámicas que estarían
asociadas a grupos agroalfareros tempranos del N.O.A., como San francisco y
Vaquerías.

Parada 3 – Arquitectura rural


La arquitectura rural de Cobos, próxima a la calle de acceso al pueblo, estaba
representada por construcciones de adobe en sus muros, estructura de madera y teja
en sus techos, y galerías con cubiertas de teja o torta de barro. Las tipologías
funcionales se estructuraban en forma lineal o en “L”, generando amplias galerías, las
cuales constituían una característica especial de las construcciones, ya que
respondían al clima de la región.
Parada 4 –Calle principal de Cobos
Es un pueblo con elementos arquitectónicos de importante valor patrimonial
que se encuentran distribuidos linealmente a ambos lados de una calle central, que
supuestamente debió formar parte del antiguo Camino Real.
Esta calle principal constituyó el eje comercial y de comunicaciones tanto en la época
del dominio español como en el periodo de la Independencia. La tipología de las
construcciones que aún están en pie a lo largo de esta calle, poseen galerías sobre
veredas que debieron tener un carácter social, lo que nos indica que en ese espacio
público se manifestaban actividades sociales, comerciales, religiosas y residenciales.
Tanto las galerías, que en este caso son de carácter semipúblico, como las “veredas
altas” responden a un clima de altas temperaturas y lluvias torrenciales. Esto significa
que la calle era una colectora pluvial con pendiente hacia el arroyo que la cruza.

Parada 5 – Iglesia Santa Ana


En la intersección de la calle principal y el camino que conduce al Fuerte de
Cobos, se encuentra ubicada la iglesia en honor a Santa Ana, la cual posee un
espacio público o plaza a modo de atrio en su acceso y una galería lateral sobre la
calle principal. Este es un cruce de dos vías muy importantes: la calle principal o
Camino Real y el camino que conduce al Fuerte, convirtiéndose este punto en el
centro de las actividades religiosas y comerciales del pueblo.

Parada 6: Fuerte de Cobos


Hacia 1.690, sobre la margen derecha del río Mojotoro y en un sitio estratégico
de altura, se construye un fuerte militar cuya función era detener los continuos ataques
de los indígenas de la región, y de ese modo proteger a la ciudad de Salta fundada en
el año 1.582. Este fuerte recibió el nombre de Nuestra Sra. de Santa Ana, y en sus
proximidades se formó el pueblo de Cobos, a la vera del antiguo Camino Real que
comunicaba el Río de la Plata con el Alto Perú. Fue destruido por los continuos
ataques indígenas provenientes de la región chaqueña y reconstruida en el año 1.733,
según consta en el dintel de la puerta principal. El balcón corrido sobre la puerta
principal sirvió de mirador hacia los caminos que se dirigían a Jujuy y Tucumán. Si
bien en el año 1.775 el Fuerte de Cobos fue incendiado juntamente con los fuertes
de Valbuena y San José , mantuvo su función defensiva como cuartel y mirador, hasta
la Guerra de la Independencia, siendo declarado Monumento Histórico Nacional el 14
de julio de 1.941 mediante Decreto N° 95.687.
Parada 7- Río Mojotoro
La cuenca hidrográfica del Valle de Siancas está representada principalmente
por la cuenca del Río Mojotoro, la cual tiene un importante volumen hídrico y abarca
una superficie aproximada de 800 km2. Próximos a este río surgieron los primeros
poblados y la actividad productiva e industrial, las que se mantienen vigentes hasta la
fecha.

Campo Santo - Parada 8 – Ingenio San Isidro


Siguiendo la traza del Camino Real hacia el norte y cruzando el Río Mojotoro
se encuentra emplazado el pueblo de Campo Santo. En el año 1.760, el coronel de
milicias reales, don Juan Adrián Fernández Cornejo, instala en su hacienda de La Viña
de Campo Santo, un trapiche de moler caña y por cuya producción ininterrumpida,
distintos historiadores de Salta lo consideran el iniciador de la industria azucarera del
país. Más tarde, en un sitio denominado San Isidro del Pueblo Viejo, se construye la
casona o “sala”, la cual constituye una tipología constructiva de dos plantas, con
galerías abiertas que ocupan la totalidad del edificio. A la fecha funciona en él, la
administración del ingenio, siendo uno de los ejemplos más interesantes de
arquitectura rural del siglo XVIII, que se mantiene en Salta.

Casona del Ingenio San Isidro

Parada 9 – Calle principal de Campo Santo


A lo largo de la calle principal que une el sector donde está ubicado el ingenio
azucarero y la nueva iglesia, se desarrolla esta conformación urbana, que con el
transcurso del tiempo y los acontecimientos socio-políticos, irá incorporando
transformaciones sucesivas. En cuanto a su arquitectura, aún quedan vestigios de lo
que fueran las viviendas y comercios, que como en el caso del pueblo de Cobos, eran
construcciones de adobe con galerías sobre veredas.

Parada 10- Conjunto de elementos históricos


Como consecuencia de la destrucción de la capilla existente, destruida por un
ataque de los aborígenes del lugar, se erige en 1.782 la Iglesia del Campo Santo,
dedicada al culto de Ntra. Sra. de la Candelaria, y que se supone fue el origen del
nombre del pueblo. Enfrente a esta iglesia, se destinó un espacio de importantes
dimensiones y que seguramente tenía carácter de Plaza de Acuartelamiento, puesto
que era el punto de salida hacia la ciudad de Salta, objetivo de defensa.
Campo Santo fue puesto de operaciones del Gral. Pueyrredón y Gral. Güemes, en el
periodo de las luchas por la independencia [10]. En ese sitio se encuentra el
“Algarrobo Histórico”, de gran valor patrimonial para el pueblo, puesto que, según la
tradición, bajo su sombra descansó el Gral. M. Belgrano. Esto nos indica cual pudo
haber sido la función de ese espacio público, que juntamente con la iglesia
conformaban una unidad que representaban el poder político y religioso.

Parada 11- Calle Comercial – Arquitectura del S. XIX


El desarrollo agrícola–comercial y de algunas pequeñas industrias
(curtiembres, molinos de harina y fundidoras de metal) se ve reflejado en el
crecimiento urbano.
Alrededor de la manzana de la Iglesia de Nuestra Sra. de la Candelaria, comenzó a
organizarse una nueva estructura urbana en damero con calles perpendiculares y
loteos más regulares y la plaza toma el carácter de espacio público de esparcimiento.
Parada 12 – Paisaje rural de Betania
La localidad de Betania, próxima al pueblo de Campo Santo, constituye una
unidad de paisaje, con características muy peculiares. La actividad agrícola es
predominante y surge a partir del otorgamiento de Mercedes Reales desde el año
1.585. La vieja casona de la hacienda “La Viña” es su máximo exponente de
arquitectura rural, hoy en un estado total de ruina. Desde el mirador natural del Vía
Crusis, se observa parte de la actividad productiva del valle, dedicada al cultivo de
hortalizas, tabaco y caña de azúcar entre otros.

Conclusión
El itinerario analizado muestra importantes elementos de gran valor patrimonial,
no solo por sus antecedentes históricos sino también por su trascendencia socio-
económica en el desarrollo productivo del Valle de Siancas. Cabe destacar además,
que actualmente integra estratégicamente, el área que comprende el Corredor
Bioceánico de la región noroeste del país. Así también, forma parte del tramo histórico
del Circuito Güemesiano, con conexiones a la ciudad de Salta por la Cuesta del
Gallinato, desde la localidad de Betania, o desde Cobos, siguiendo hasta Las
Higuerillas, Finca la Cruz y La Quesera.

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A la excelencia de lo expuesto por el Arquitecto Efraín Lema, debemos agregar


algunos datos obtenidos recientemente, ligados al Camino Real. Estudiando diferentes
documentos de la época y consultando bibliografía de varios autores, he podido
determinar que viniendo desde el Sur hacia el Valle de Siancas y una vez atravesado
el curso del Río Juramento, se llegaba a la posta de San Antonio. Desde allí el trazado
tomaba dirección al poniente y luego de pasar la posta de La Troja y continuar
ascendiendo por el curso de agua, se conectaba con el sector austral del Valle de
Lerma. Este trayecto era utilizado solo en época invernal, cuando la bajante de las
aguas permitía transitarlo, pues en el sector de las Peñas Azules, su encajonamiento
entre altos paredones naturales dificultaba la pasada.

Desde la posta de San Antonio existían dos ramales principales hacia el Norte:
a) uno que bordeaba la Serranía de San Antonio, y desde antes de superar la
posta de Puerta de Astorga, se internaba en la serranía y pasando por el Fuerte del
Ebro, se dirigía a la ciudad de Esteco. Este trazado, luego de Puerta de Astorga
continuaba hacia el Norte e ingresaba al Valle de Siancas propiamente dicho, y
siguiendo en dirección al Noroeste por una distancia de cuatro y media leguas, llegaba
a la posta de Cabeza de Buey.
b) el otro ramal recorría el trayecto desde la posta de San Antonio hasta La
Troja. A partir de allí tomaba dirección Norte bordeando la serranía del Castillejo por
una distancia de tres leguas, donde una vez en el ámbito del Valle de Siancas, se
bifurcaba. Uno de los trazados, el menos transitado, se internaba por la serranía hasta
la Quebrada de la Horqueta y desde allí a la ciudad de Salta. El restante accedía a la
posta de La Ciénaga y más adelante a la posta de Cabeza de Buey. Desde ésta, la
traza partía hacia Cobos, paraje que actuaba como cruce de rutas o sendas; pues era
el punto desde donde el Camino Real continuaba a Campo Santo, o hacia el Oeste
hasta la ciudad de Salta, y hacia el Naciente para comunicar el Fuertecillo de los
Padres Jesuitas en Cachipampa y con el Fuerte del Lavayén, algo más río abajo.

Desde la posta de Campo Santo, que coincidentemente estaba establecida en


el edificio de nuestro “Museo Regional Profesor Osvaldo R. Maidana”, se bifurcaba
nuevamente en dos ramales. Una de las trazas, iba rumbo a la Hacienda de La Viña
pasando por la Hacienda de Nuestra Señora de La Candelaria (La Ramada) y tomaba
hacia el Oeste y ascendiendo por la Quebrada del Gallinato desembocaba en el sector
septentrional del Valle de Lerma, de allí a la ciudad de Salta, o a La Caldera -donde
también había un establecimiento Jesuita-; por lo accidentado y sinuoso, este camino
no permitía el tránsito de carruajes y solamente era utilizado para el tránsito de
herraduras.

Arqueología Histórica: El Fuerte de Cobos


Magister, Rosana Flores
Lic. Jorge E. Cabral Ortíz

La arqueología presenta nuevos desafíos al tratar de inmiscuirse en campos


donde predomina el pensamiento histórico. Siendo una tarea dificultosa aquella de
poner en juego estrategias metodológicas, en la que se le da primacía a ciertos
objetos. Ya sean las fuentes documentales o los objetos cotidianos, ambos permiten
iniciar una discusión en virtud de un problema de investigación que intenta comprender
la complejidad surgida con la implementación de un nuevo régimen en América. En
esta perspectiva es que podríamos considerar que la aparición de una nueva
materialidad en América (el documento escrito) en conjugación con el estudios de los
objetos nos permite abordar el estudio de un área geográfica de diversas maneras
atendiendo al desarrollo de un proceso de ocupación sucedido entre los siglos XVI y
XX.
A esta coyuntura metodológica se suma las diversas posibilidades de estudios
que brindan los edificios históricos, en tanto fueron proclives a la mirada estatal en
función de reconstruir un pasado histórico en clave política. El espacio social salteño
no escapa a esta mirada del patrimonio quedando en manifiesto las innumerables
arquitecturas que buscaron ser conservadas. En la que el énfasis se encuentra dado
en recuperar edificios que dieran cuenta de un pasado colonial e hispano.
Bajo este marco es que desde el año 2.015, un grupo de estudiantes e
investigadores de la Universidad Nacional de Salta, decidimos conjugar esta
diversidad de perspectivas haciendo foco en un espacio particular, el Fuerte de Cobos
ubicado en la localidad de Campo Santo (Salta). La particularidad de este sitio radica
en que en él se conjugan diversas miradas que han ido arrojando información de
carácter histórico y patrimonial y que han ido modificando el espacio y su carácter de
representación social. El Fuerte se integró a la historia local como lugar de resistencia
a las avanzadas de los indígenas chaqueños y como espacio en el que se gestaron
las guerras gauchas emprendidas por el General Güemes en el marco de la
independencia nacional. Lo que llevo a la creciente necesidad de ser conservado y
restaurado con el objeto de preservar un espacio significativo para el estado provincial
y la historia local. Sin embargo poco es lo que se sabe respecto a quienes eran los
que habitaban esos espacios. Y cómo ellos, representando una ocupación humana,
transformaron sus prácticas dando cuenta de las distintas configuraciones históricas
del pasado. En función de estos objetivos es que surgió la necesidad de indagar
nuevos interrogantes buscando comprender las diversas formas en que se ocupó ese
espacio. Lo que nos lleva transitar una frontera disciplinar en la que se conjuguen tres
perspectivas: arqueológica, histórica y patrimonial.
Las tareas iniciadas en el año 2.015, buscaron implementar una perspectiva
material en la que se caractericen los diferentes momentos de ocupación del fuerte. En
la que se conjuguen el análisis de los documentos y el de los objetos y desde el cual
se pueda reflexionar acerca del proceso de patrimonialización local.

Vista aérea del lugar en que se emplaza la estructura principal del Fuerte de Cobos

Desde los documentos. Historia de lo edificado


El Fuerte se encuentra emplazado en el extremo oriental del Valle
Siancas, en el área comprendida entre la franja de Yungas y parte del umbral
del Chaco que es considerada en perspectiva histórica como la frontera oriental
del Tucumán (Reboratti, 1.990). Los ríos que recorren el territorio y los
diversos manantiales, garantizaron desde el momento de los primeros
asentamientos, el riego de parcelas cultivadas de maíz, y luego de trigo. La
actividad ganadera incluyó ganado vacuno, caballar y la invernada de mula.
Este valle tiene una buena ubicación en la circulación regional al estar
conectado con el Camino Real que se dirigía al Perú y que bordeaba el Rio de
Siancas viniendo de Esteco y orientado hacia Jujuy (Cornejo, 1.970, Vitar
2.001). Aun cuando a fines del siglo XVII la ruta principal comenzó a pasar por
Salta directamente la frontera oriental no perdió sus conexiones con las
ciudades. La complementación productiva, los circuitos de intercambio y la
presencia de pobladores contribuyeron a un flujo constante de personas y
bienes entre las ciudades del Tucumán y la frontera oriental. Y en estos circuitos el
Valle de Siancas permitió el tránsito entre la Gobernación del Tucumán y Charcas
actuando a su vez como frontera a través de los asiduos contactos que asumieron
tanto la modalidad de cruza y mezcla, como de como de conflicto (Palomeque, 2009)
La historiografía regional insiste en señalar la importancia que tuvo “la guerra
fronteriza contra los indios” en el Tucumán colonial. En efecto, hasta la década de
1.770 y con diferentes resultados, desde las ciudades de la gobernación del Tucumán
se organizaron acciones punitivas que con el nombre de Entradas Generales que
tenían como finalidad “pacificar”, “reducir”, “sujetar” y “evangelizar” a los indios infieles
del Chaco. El peso de estas “entradas” recaía sobre pequeños propietarios rurales,
arrenderos o peones reclutados en las ciudades de la gobernación del Tucumán. Los
vecinos de las ciudades que participaban de las entradas obtenían “piezas de indios” e
incrementaban y “creaban” nutridas fojas de servicios a la Corona que les permitirían
ser recompensados con tardías mercedes de tierras. El resultado de estas acciones
punitivas conocidas como “entradas” fue el establecimiento de reducciones, muchas
de ellas de efímera existencia y de fuertes precarios que servían de abastecimiento.

La instalación de los fuertes e incluso la organización de un cuerpo de soldados


partidarios suministrados por las ciudades de la gobernación para defender los fuertes
y participar en las entradas, no lograron evitar las incursiones de los pueblos
chaqueños sobre la ciudad de Salta. Esta frontera constituyo un área especialmente
dinámica que dese fines del XVI fue transitada por una variedad de grupos en
interacción social: Indígenas de orígenes diversos en circunstancias cambiantes, y por
colonizadores españoles y mestizos que ocuparon el espacio con una serie
instalaciones dispersas, las cuales garantizaron la presencia de productores agrícolas
y ganaderos, soldados, presidiarios y eclesiásticos seculares y regulares. Los avances
de algunas poblaciones chaqueñas sobre este territorio en determinados momentos de
la segunda mitad del siglo XVII y la primera parte del XVIII le fueron imprimiendo una
condición de inestabilidad que hacía peligrar los establecimientos y la vida de sus
habitantes (Mata, 2.005).

Con el sello de estos procesos de conquistas y colonización, en el Valle de


Siancas se determinó la creación del Fuerte de Cobos. Probablemente su fundación
fue realizada por el teniente gobernador de Salta don Diego Gómez en el año 1.690 al
que se le asignó el nombre de Fuerte de Santa Ana (Zorreguieta, Ibarguren, 2.008). En
este proceso, Cobos formaba parte de una línea de fortificaciones, que en muchos
casos consistían en pequeñas construcciones de tapiales que funcionaban como
guarnición militar y que fueron creados en la necesidad de contener el avance de los
grupos indígenas chaqueños. Entre estos pueden destacarse los fuertes de Balbuena
y San José los cuales fueron destruidos en 1.775 por una invasión.

Muchos historiadores tradicionales han utilizados estos datos para consolidar


una imagen del fuerte como baluarte en contra de la ofensiva indígena y como enclave
estratégico en las guerras de independencia (Geres, 2.012). Sin embargo, Cobos tuvo
también un rol destacado en el Camino de Postas Reales, dada su mención y
descripción en 1.772 en los escritos de Alonso Carrió de la Vandera. Para ese
entonces la propiedad y vivienda familiar eran de Rosalía Martínez y de su esposo
Francisco Xavier de Olivares, encargados de mantener en funcionamiento ese enclave
que servía como última parada en el acceso a la ciudad de Salta.
Este carácter de posta, lo cual remite a un aspecto distinto al de fuerte, se halla
descrito en las crónicas de viajes de Edmundo Temple, un cronista que transita por el
lugar en 1.826 en su viajes por las postas comprendidas entre Salta, Jujuy y Tucumán.
En ellas detalla el acceso por el poblado que rodeaba al fuerte el cual se encontraba
en malas condiciones, destacando la falta de abastecimiento para los viajantes
(Temple, 1.826).
Sin lugar a dudas las transformaciones económicas y ocupación
espacial en el siglo XIX le fue otorgando una impronta que muy poco aborda
desde los estudios históricos. Los cuales se ocuparon en resaltar, que en dos
oportunidades el general Manuel Belgrano se hospedó en este edificio. La
primera fue el 26 de agosto de 1.812, cuando realizó el éxodo de Jujuy y se
retiraba hacia el sur. La última oportunidad fue el 14 y 15 de febrero de 1.813,
antes de dirigirse hacia Salta, donde lo esperaba la Batalla del 20 de Febrero.
Durante la Guerra Gaucha el fuerte fue utilizado como cuartel por parte del
general Martín Miguel de Güemes. El 15 de junio de 1.816 en este lugar, el
director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de
Pueyrredón le encomienda a Güemes mantener alejado al ejército Realista,
para que en Tucumán se reunieran los congresales y se deliberara la ansiada
Independencia Nacional. Estos acontecimientos condicionaron su valor
arquitectónico e histórico por el que fue declarado Monumento Histórico
Nacional el 14 de Junio de 1.941.

Arqueología en el Fuerte de Cobos


El terreno que ocupa la estructura basal que da origen al Monumento Histórico,
se presenta de manera particular y rodeada por un muro de adobe construido durante
el siglo XX con la idea de proteger el espacio a la vez de lograr un aspecto de Fuerte
Colonial. A excepción de la casa principal actualmente no se observa ninguna otra
estructura en pie que dé cuenta de lugares construidos por las personas que lo
habitaron.
Durante el proyecto “Emplazamientos Hispanos en Salta Durante Los Siglos
XVI y XIX: Transformaciones, Procesos Históricos y Arqueología” se realizaron tareas
de excavación en el sitio. El objetivo principal de las tareas de campo, fueron guiadas
ante la posibilidad de indagar sobre la existencia de otras estructuras que hayan tenido
funciones vinculadas a la las ocupación del sitio entre los siglo XIX y XX y que no
hayan sido desatacadas en los momentos de las diferentes restauraciones iniciadas
desde la década de 1.940. Por ello, se analizó el registro fotográfico proveniente del
fondo documental de Arquitectura de La Nación a través del cual pudimos destacar lo
sucedido durante las diferentes remodelaciones del edificio principal.
El relevamiento arqueológico permitió registrar un número considerable de muros de
piedras los cuales posiblemente estén referenciado estructuras habitacionales creadas
y abandonadas en los diferente momentos de ocupación de ese espacio. Asociados a
estos muros pudo observarse fragmentos de lozas de factura europea de finales del
siglo XVIII y de botellas de vidrio con marcas de moldes típicas del siglo XX. Esto nos
permite suponer que el espacio que ocupa actualmente el fuerte, se encontró en uso
desde su fundación hasta principios del siglo XX. Esta hipótesis puede sustentarse a
través del registro fotográfico en el que se observa la presencia de estructuras
habitacionales anexadas a la estructura principal y la cuales pudieron estar en
funcionamiento como espacios para las tareas cotidianas de los habitantes.
Croquis actual del Fuerte de Cobos

Recolección superficial:
Derecha: Fragmento de mayólica policroma siglo XVIII- XIX
Izquierda: Loza Inglesa siglo XVIII-XIX. Bordes decorados en tonos verdes.

Recolección superficial:
Derecha Mayólicas color Azul. Siglo XVIII-XIX. Izquierda Mayólica. Siglo XVIII-XIX

En virtud de estos hallazgos, decidimos excavar a 5 m. del sector Sur de la


casa principal realizando una cuadricula de 3,00 X 2.80 m. Esta cuadricula fue
trabajada mediante la técnica “décapage” siguiendo la secuencia estratigráfica natural.
Sector de Excavación Cuadricula A

Como resultado de las tareas, identificamos la presencia una antigua estructura


habitacional, la que pudo estar funcionando entre finales del siglo XIX y principios del
XX. Esta se define por un muro de piedra unida con barro batido, que se prolonga en
un cimiento por debajo del posible piso de ocupación. La mitad superior del muro que
conformó esta habitación se encontraba formado por hileras de adobe unidas con
barro batido. De acuerdo a la lectura estratigráfica, identificamos 3 unidades de
procedencia, las cuales contenían diferentes tipos de materiales de construcción:
fragmentos de adobe y piedras de derrumbe.

Cuadricula de excavación en la que se identificó una estructura habitacional.

Contenidas en las tres unidades estratigráficas se pudo recuperar un total de


200 fragmentos óseos los cuales posiblemente remitan a partes de animales vacunos.
Como parte de esta muestra se pudo recolectar fragmento de caparazón de
quirquincho carbonizado.
Respecto a los conjuntos cerámicos analizados, todos ellos remiten a
cerámica de terracota sin decoración mientras que en un solo caso pudimos detectar
cerámica de color verde vidriada. Este tipo de cerámica se asemejan a aquellas de
manufactura jesuita y posiblemente su uso se encuentre extendido entre fines del siglo
XVII y XIX.
Cerámica roja – vidriada de tradición europea. Posible botija Siglo XVII-XIX

Ceramica Roja, cocida en atsmofera reductora de posible manufactura local, hallada en la


excavacion

De acuerdo al registro fotográfico, es posible de suponer que la estructura


habitacional excavada haya estado en funcionamiento entre finales del siglo XIX y
comienzos del XX. Probablemente que este espacio haya funcionado como un sector
vinculado a la casa principal, sin embargo el escaso material recuperado al interior de
la misma no permite especificar su uso.

A la derecha: fotografía tomada en 1.925


Sobre la margen derecha inferior puede observarse la construcción que se corresponde
con las excavaciones. Izquierda: fotografía tomada en 1.945 Se observa la estructura
habitacional excavada ya destruida.
Aportes finales
A partir de esta primera propuesta de estudio del Fuerte de Cobos,
surgen nuevas líneas de investigación en perspectiva de indagar acerca de las
formas en que se busca configurar el pasado histórico. Aquí los edificios juegan
un rol fundamental siendo que a través de su conservación y puesta en valor se
construye un relato histórico dando inicio a un proceso de erigirlo en parte del
patrimonio, en que se resaltan ciertos aspectos de la historia local. El hallazgo
de una estructura habitacional ocupada desde finales del siglo XIX y su olvido
en las sucesivas intervenciones de restauración pone en relieve un sentido del
pasado por parte de los organismos nacionales, el cual pareciera estar basado
en la necesidad de resaltar las gestas militares vinculadas a las guerras de
independencia. Y con ello se dejaron de lado aquellas casas que
llamativamente sirvieron a la vida cotidiana de aquellas personas que habitaron
el sector declarado como monumento histórico nacional. En esta línea, el
estudio arqueológico permitió dar cuenta de espacios habitacionales muchas
veces olvidados. Lo que pone en relieve las perspectivas basales que llevaron
a la declaratoria de Monumento Histórico Nacional de lo que hoy se conoce
como Fuerte de Cobos. Sin lugar a dudas que esta declaratoria en la primera
mitad del siglo XX, estuvo condicionada por sus valores arquitectónicos e
históricos en la necesidad de resaltar ciertos aspectos de la historia, y con ello
olvidar otros. Por ello es que nos resulta llamativo la construcción del muro
perimetral por parte de los organismos Nacionales, la cual nunca fuera
mencionada por los relatos de viajeros. Al parecer, este modelo de muro
defensivo fue tomado de los fuertes jujeños que quedaron en pie.

Agradecimientos
Al personal de Arquitectura de la Nación por permitirnos acceder a los
archivos fotográficos. A los alumnos de la cátedra Métodos y Técnicas de la
investigación de la Facultad de Humanidades y a la Profesora, Dra. María Clara
Rivolta por colaborar en las tareas de excavación. Al personal del Museo
Regional Profesor Osvaldo R. Maidana de Campo Santo.
Glosario
Anticlinal: (pliegue del terreno) Que tiene una curvatura convexa hacia arriba,
en forma de bóveda, y en cuyo núcleo se hallan los materiales más antiguos.

Diastrofismo: Es el conjunto de procesos y fenómenos geológicos de


deformación, alteración y dislocación de la corteza terrestre por efecto de las fuerzas
tectónicas internas.

Ecotono: Es una zona de transición entre dos ecosistemas diferentes o


fronteras ecológicas. Es un cinturón o franja de máxima interacción, y por lo tanto,
contiene mayor riqueza biológica. El número de especies suele ser superior al de las
zonas adyacentes, convirtiéndose en lugar de reunión para los organismos vivos.

Frente Tacónico: En Geología, se denomina así a una fractura de magnitud


regional.

Sinclinal: (Plegamiento del terreno) , Que tiene forma cóncava y en su núcleo


se encuentran los materiales más jóvenes. "Pliegue Sinclinal; en un sistema de
pliegues simples, el sinclinal está comprendido entre dos anticlinales".

Abreviaturas
(AGN) Archivo General de la Nación
Documentos Originales del Martirio de los padres Roque González de Santa
Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, 1.630. Fuente: Archivo General de
la Nación, Departamento Documentos Escritos, Sala IX, 26-4-3. (N° 2.330)
Atención de la Profesora Teresa Fuster.

(ABHS) Archivo y Biblioteca Histórico de Salta


Documentos, años 1.580 a 1.830. Escrituras, Testamentos y Fondos de
Gobierno.
Atención de la Sra. Mirta Gerbán y Srta. Estela Sivila.

(BNB) Biblioteca Nacional de Brasil, Río de Janeiro (BNB)


Carta del Río Bermejo trazada por J. Arenales en 1.832
Atención del Sr. Tarso Vicente Oliveira Tavares.

(DIPS) Dirección de Inmuebles de la Provincia de Salta


Gentileza del Sr. Diputado por el Departamento de General Güemes Sr.
Germán D. Rallé

snm: sobre el nivel del mar


Fotografías e Ilustraciones
De la Hacienda de Nuestra Señora de La Candelaria, gentileza de la Sra. Lucrecia
Castillo

De la Moneda de Carlos III, gentileza del Sr. Gastón Torres

Propias, algunas tomadas de Google

Imagen Satelital de Carátula, tomada de Google Landsat / Copernicus

Nota del Lic. Jordi Pardo Rodríguez en oportunidad de la inauguración


de la nueva Sede y la nueva Muestra del Museo
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Sala de Paleontología: “Profesora Elvira Braga de Monteros”

Sala de Historia: “Profesora Clara Gutiez de Cáceres”

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