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En un breve texto introductorio, la autora, en la dedicatoria, le cuenta los motivos que le

llevaron a escribir esta obra tan diferente de las anteriores, y cómo fue su realización. La
finalidad de la obra es moralizante; Madame de Salm quiere mostrar del modo más
evidente posible, el grave tumulto que organizan las pasiones en el cerebro humano,
sobre todo en el femenino, trastocando todo orden lógico y razonable de juzgar los
hechos. La imaginación desbordada causa una profunda perturbación, cercana a la
locura. El vaivén pasional, que observamos entre una carta y otra, según su emoción va
en aumento o va conociendo nuevas informaciones que la perturban aún más, lleva a la
protagonista hasta el borde de la muerte. El sistema de comunicación de los amantes,
mediantes billets o notas, entregadas en mano por mensajeros fieles, hacía que la vida
de una mujer dependiera de si recibía o no el billet acostumbrado o si las noticias eran
buenas o malas. La protagonista está perdidamente enamorada de un hombre que la
corresponde, pero que necesita asentar su situación económica y social antes de
comprometerse oficialmente. Unos hechos de ambigua interpretación dan pie a que la
dama amada desboque sus celos, que durante veinticuatro horas llegan hasta el más alto
límite de la locura, haciéndole cometer imprudencias peligrosas que podrían haberle
acarreado una grave desdicha.

En las cartas, la autora desgrana y entremezcla reflexiones muy razonables sobre las
pasiones, la relación hombre-mujer, y la posición de la mujer en la sociedad. Sin
embargo, el final es convencional, la situación se resuelve de modo tradicional. Queda
claro que la intención de Madame de Salm es puramente moral, un “aviso” a las demás
mujeres de la esclavitud que supone una pasión y de la libertad que su dominio nos
conlleva.