Está en la página 1de 88

Moisés: su significado histórico y arqueológico

(parte segunda).
PUBLICADO POR ANGEL GÓMEZ-MORÁN SANTAFÉ
EN “DE CNOSSOS A TARTESSOS” (15/12/2018)

-ESTE CAPÍTULO SE HA DIVIDIDO EN DOS PARTES, ESTA ES LA SEGUNDA-.

.
SOBRE ESTOS PÁRRAFOS: Dibujo mío de diferentes altares con cuernos hallados en Tell
Miqne (fechados entre el siglo XI y el IX a.C.). Semejantes a otros muchos encontrados en ciudades de
Canaán (principalmente en Megiddo y Tell Beersheva); estas mesitas-pebeteros con astas se consideran
de procedencia sirio-chipriota y más concretamente, heredados desde el mundo
minóico. Descendiendo de los altares con cuernos existentes ya en el tercer milenio a.C. en Creta y
que también proliferaron en Chipre desde el 1600 al 600 a.C.. Comúnmente se hallan unidos al culto del
aceite de oliva; a mi juicio, considero que la unión entre esas aras de cuernos y el aceite, estaría en
el concepto de "luz". Simbolizado en las astas, al quemar en ellos óleo (usándolos como lámparas
votivas). Pero también en el proceso de industria y comercio de los derivados del olivo; que
obligaban a una exportación organizada, e incluso a depender de una marina mercante que lo
distribuyera. Porque las astas y las puntas se identificaban con los promontorios y con los cabos; y los
cabos con los faros (encendidos a modo de cuernos por las noches). Faros que eran imprescindibles para
la navegación; en unas singladuras que se realizaba usando miras semejantes a cuernos, o bien de
cabotaje.
.
8)- El Exodo y su significado histórico (ante el nacimiento de Israel):
.
La teoría oficial sobre la llegada de los judíos a la zona del Sinaí habla de que en el siglo XIII a.C.
aparecerán en tierras cercanas al Jordán unas tribus venidas desde Egipto, que se
autodenominaban la “Casa de José”. Grupos tribales que al parecer eran muy distintos a los que ya
estaban establecidos allí, como nómadas o sedentarios, pero que también se reconocían
descendientes de Abrahám. Teóricamente esos “hijos de José” vinieron desde el Nilo y formaron las
Tribus llamadas de Efraim y Manases, muy distintas a las demás -incluso en culto y forma de
vida-. Tanto que entablaron continuos conflictos y luchas con los hebreos que ya vivían desde
antiguo, establecidos en Canaán. Conflictos que terminarán en el siglo X a.C., cuando David
consigue unificar las dos facciones -los dos reinos- en uno solo: El de Israel y Judá. Pero dicha
unidad poco duró, pues a la muerte de su hijo Salomón (en el 933 a. C.) volvieron a separarse en el
reino del Norte (Israel) y el del Sur (Judá); y ya no se unificarían, al menos hasta la destrucción y
conquista de Canáan llevada a cabo por los asirios -en los siglos VII y VI a.C.-.
.
Pese a ello, muchos son los autores que niegan o dudan sobre la existencia histórica de El Éxodo o
acerca del retorno de los judíos desde Egipto al Sinaí. Nada tenemos que objetar ante este escepticismo
histórico, sino solo añadir que posiblemente los hebreos nunca se establecen en tierras del Nilo con un
sentido de unidad nacional (al oeste del Mar Rojo). Aunque sí es evidente que los faraones
mantuvieron como suyo ese territorio que luego sería Israel y Judá; dominando Egipto durante
grandes periodos históricos el área comprendida desde el Sinaí, hasta Líbano. Es decir, que fueron los
egipcios quienes primero dominan y gobernaron durante centenares de años, las zonas del actual Israel y
Palestina. Por lo demás creemos que en muchas épocas, este poder faraónico en Canaan fue posible
gracias a que el pueblo judío colaboró con el faraón, como aliado del Nilo. Y de tal manera, esas
zonas pudieron ser un territorio egipcio, que con carácter “colonial” fuesen cedidas a los “hijos de
Abraham”. Por cuanto los israelitas se pueden catalogar perfectamente como uno de los pueblos que
inicialmente colaboraba con Egipto; viviendo en sus dominios, tras la frontera natural del Mar Rojo. De
ello, el Yahvé de Abrahám que le entrega la “Tierra Prometida”, tras establecer con él una alianza,
puede interpretarse perfectamente como la voluntad del mismo Faraón (o sus mensajeros); con los
que establecerían los pre-israelitas pactos de colaboración y amistad.
.
Debe entenderse así por que aquellos que vinieron como nómadas desde Babilonia a establecerse en la
zona (entorno al siglo XX a.C., personificados en las tribus de Abraham); se asentarían allí durante unos
ciento cincuenta años. Asimismo, tras la llegada de nuevos invasores aparecidos en Canaán entorno
al 1700 a.C. y llamados Hicsos. Los hebreos pudieron adaptarse perfectamente a ellos; pues no solo
compartían sus orígenes, sino incluso los reyes bárbaros (hicsos) permitirían a los de Abraham
fortalecerse, para independizarse de sus amos (los faraones). Ello obliga a pensar que tras la llegada
de los Hicsos al Sinaí, las tribus prehebráicas pactasen con ellos, para conseguir el dominio de las
tierras que habitaban (a cambio de proporcionarles paso, ayuda y hasta hombres; para conquistar el Nilo).
Con ello, se abría la posibilidad de que los descendientes de Abrahám quedasen liberados de Egipto;
algo que realmente sucedería cuando los Hicsos triunfaron en el delta del Nilo, gracias al apoyo de
los pueblos canaaneos. Ayudas que de seguro los nuevos reyes extranjeros del delta agradecieron
sobremanera a las “tribus de Abrahám”, quienes llegarían en ese periodo Hicso a ocupar puestos de
gobierno y responsabilidad en el reino del Nilo (tal como narra la historia de José).
.
Pero como ya dijimos, la caída de esos faraones extranjeros debió sumir a los hebreos en un periodo
de dominio y explotación por parte de los antiguos egipcios, tras imponerse de la XVIII dinastía (que
restaura el poder, para las familias y gentes autóctonas). Subyugación judía que no tuvo que ser
propiamente una esclavitud en tierras del Nilo, ni aún menos un periodo de cautiverio bajo las fronteras
nilotas del Imperio Faraónico (tal como recoge la Biblia). Sino, muy posiblemente consistió en que
durante doscientos años, las tierras que ocupaban los judíos en el Sinaí fueran nuevamente
sometidas fuertemente, e incluso atacadas con dureza por los ejércitos de los Faraones
-atemorizándoles y haciéndoles pagar duros impuestos a sus habitantes-. Es desde entonces -del
1580 a.C., hasta el 1377 a.C. aprox.-, cuando debió ser subyugada de manera extrema aquella
zona en que habrían vivido las Tribus descendientes de Abrahám -desde su llegada en el siglo XIX a.C.-.
Tanto que la Biblia recuerda este periodo como el de un cautiverio y una esclavitud sometida y rigurosa. Un
yugo que sabemos permaneció férreo para las colonias egipcias de Oriente; al menos hasta la
llegada de Akhenatón, el rey que olvidó sus deberes políticos y militares, dedicándose tan solo a la
reforma religiosa, provocando una escisión y una debilitación del Imperio. Viéndose obligado a retirar sus
ejércitos en tierras de frontera; en especial en las de Mitani, El Sinaí y Canaán.
.
Así debió suceder, y hacia 1370 a.C. -tras doscientos años de un fuerte dominio egipcio militar-, los
habitantes del Sinaí vieron de nuevo una posibilidad de liberarse del Faraón. Aunque, pese a cuanto
exponemos como teoría sobre El Éxodo, también hay que contemplar que la historia narrada por La
Biblia (cuando menciona a los judíos esclavizados para labores del campo y construcción en el Nilo)
posiblemente tenga una gran base real. Quizás haciendo referencia al pago de una cuota o
porcentaje de población joven enviados al Nilo para servir como esclavos (de fuerza y trabajo) y que los
hebreos estaban obligados mandar a Egipto, como pago de impuestos sobre sus dominios. Un
hecho muy normal en la Edad del Bronce, donde las ciudades o Estados gobernantes exigían una cuota
anual de jóvenes -como imposición común en la mayoría de casos de invasión o de victorias bélicas-. Sea
como fuere (si los judíos fueron esclavos en el Nilo o sometidos en el Sinaí); parece evidente que tras
Amenofis IV Canaán vió la posibilidad de ser libre; algo que tan solo podrían llevar a cabo logrando la
unión de todos los pueblos que habitaban estas tierras al Este de Egipto y contando con la ayuda de los
Hittitas.
.
JUNTO Y BAJO ESTE PÁRRAFO: Dos imágenes del libro de Athanasius Kircher “Oedipus
Aegyptiacus”, editado por primera vez entre 1652 y 1655. En ellas se representa al dios Moloch de los
infieles, que se identifica con el Melkart de los fenicios y al que se entregaban vidas de niños para
rogarle protección. Citado por La Biblia y mencionado por los israelitas como una de la más profanas
deidades; se sabe que en sus templos existía una gran estatua de bronce, donde Moloch (Melkart) se
representaba con los brazos extendidos y con un enorme pebetero -horno- en su pecho. Hay
diferentes versiones acerca del modo en que se inmolaban sus víctimas, aunque todos coinciden que los
cuerpos de los niños se ponían entre aquellos brazos de bronce, para que rodasen hasta el
horno;donde ardían, tras caer por su peso. Se supone que el sacrificio ritual era realizado con hijos que los
padres no deseaban y por ello ofrecidos al templo; aunque en caso de grandes desgracias, de guerras o
de epidemias, sabemos que los nobles tenían la obligación de entregar a sus
primogénitos(recordando la Historia holocaustos en los que se inmolaron trescientos niños a la vez, en un
mismo altar de Moloch). Esta religión de origen semita y que obligaba sacrificar al hijo primero, era
profesada desde la Alta Edad del Bronce por algunos pueblos canaanitas. Unos cultos que se
negaron a seguir los israelitas (desde el siglo XX a.C.), narrando la historia bíblica el modo en que el
Patriarca Abrahám logra una nueva “alianza”, consiguiendo no estar obligado a matar a Isaac. A cambio,
circuncida a su hijo y puede ofrecer un carnero a Yahvé; quien le manda el ángel y la res, para indicar cómo
han de ser los nuevos sacrificios desde aquel momento.
.
.
Como ya dijimos, después del siglo XIV a.C. el poder del Faraón tras el Mar Rojo se debilitó
enormemente; tanto, que el último intento para llegar hasta Canaán y dominar de nuevo aquellas tierras,
fue hecho por Ramsés II. Quién llega a zonas de Palestina con sus ejércitos, adentrándose hasta Siria,
en el 1299 a.C.. Pero el hecho cierto fue que fue vencido; pues ese área ya llevaba casi setenta años
“independizada” de Egipto y con grandes apoyos del reino Hittita, que deseaba desgastar a sus
enemigos del Nilo. Por tal circunstancia y viéndose ya muy débil el faraón, sin capacidad de parar la
fuerza de los canaaneos -pero intentando dominarles-, decide Ramsés II casarse con una princesa
Hittita, con el fin de “emparedar”, o de cercar Canaán y repartirse entre ambos reinos esa
zona. Siendo así cómo la dividen en dos partes en 1283 a.C. (+,-), quedando el Sur para Egipto y el
norte para los anatolios de Hatti. Aunque esta situación de nuevo dominio creó un sentimiento de
nación y territorio común entre todos los pueblos originarios de Canaán, que desde entonces
buscaron definitivamente unirse e independizarse de ambas culturas (la faraónica y la hittita).
.
Es en este momento cuando aparecen los llamados “Hijos de Israel” protegiendo el Canaán
ocupado; sabiéndose que antes del final del reinado de Ramses II (hacia el 1240) ya los judíos
estaban establecidos en tierras del Jordán. Por ello, El Éxodo se fecha en estos años; aunque -como
hemos mencionado- las últimas teorías arqueológicas no aceptan el hecho histórico de una migración
llegada desde Egipto, hasta el Sinaí. Pero a nuestro parecer y a mi modo de ver la Historia; El Éxodo
atiende no solo a hechos arqueológicamente probados (como es la permanencia de tribus judías en
las zonas de Canaán sin un periodo de “ida y otro de vuelta”); sinó también, a un análisis de un
profundo sentido común histórico. Pues nadie puede imaginar que un pueblo esclavizado, cautivo y
subyugado en una tierra extranjera durante doscientos años; sea capaz de mantener su idioma, su religión,
su identidad y hasta su sentido patrio. Consiguiendo liberarse tras la esa esclavitud y logrando retornar a la
tierra de sus ancestros. Muy por el contrario, creemos que cualquier pueblo viviendo bajo un imperio,
lejos de sus fronteras y sometido a esclavitud; es poco probable que consiga mantener su cultura y
su civilización. Por todo ello, consideramos que El Éxodo no habla propiamente de un retorno desde
Egipto de los israelitas, sino que significa más bien la liberación e independencia del Faraón en los
territorios del Sinaí. Tierras donde se establecen los judíos hacia el siglo XIX a.C. y donde fueron
subyugados fuertemente por Egipto, desde el 1580 a.C.; hasta conseguir a mediados del siglo XIV a.C.
comenzar a “independizarse”, para crear paulatinamente su Estado (que será el reino de Juda-Israel).
.
Pese a todo existe el problema de la llamada Casa de José, que conforme dicen las fuentes, son
tribus que aparecen en el Sur del Jordán entorno al siglo XIII a.C.; aseverando ser los descendientes
de los cautivos en Egipto. De hecho, no fue tanta la unión entre aquellos llamados “Casa de José”
-que llegan por entonces a Canaán- y los israelitas comunes. Por todo ello, ya dijimos que
habríamos de pensar que -posiblemente- esas tribus llamadas de Efraím y de Manasés
(descendientes de José), más que hebreos propiamente dichos, pudieran ser egipcios adoradores y
seguidores de Akhenatón. Quienes tras las sucesivas escisiones que sufre el Nilo, finalmente serían
expulsados por un Faraón cercano en época a Ramsés II (o por este mismo, como la Historia
recuerda). Algo de ello se entiende en el hecho de que Efraím (cuyo significado es “país fructífero”) se
considera un hijo de José, pero no se tiene como totalmente hebreo. Tal como el Génesis (48, 1 y ss)
expresa, pues tanto él como su hermano gemelo -Manases-, son hijos adoptivos de Jacob (Israel). De
tal manera se narra que ambos nacen de José y de su mujer egipcia, por lo que ocuparon los
territorios más ricos y mejores del Jordán. Todo lo que puede llevar a pensar que Efraim y Manases
fueran a personificación de dos grupos religiosos egipcios, llegados hasta esa zona, tras huir del
Nilo a causa de las persecuciones contra el cisma de Akhenatón.
.
Asimismo, parece que hay alguna evidencia histórica acerca de la aparición real de esas dos tribus
(Efraim y Manases) en el Jordán, hacia el siglo XIII a.C.; siendo considerados gentes mezcladas con
egipcios y huidos del Nilo. Sin dejar duda de que estos dos linajes fueron muy distintos a los restantes
de Israel; al ser quienes siguieron de un modo estricto -incluso radical-, una religión monoteista
fijada en el culto tan solo a Yahvé. Pues muy distintas fueron las restantes tribus judías, más
“elhoistas”, ya que tuvieron un carácter más canaaneo y menos puritano. Estos diez linajes más
antigups formaron los que se llamó Israel, mientras los de Efraim y Manasés constituyeron Judá.
Entre ambos reinos hubo una gran diferencia no solo de culto, sino también de formas sociales;
tanto que Israel tenía una monarquía electa, mientras Judá constituyó una hereditaria. Por lo demás,
la alianza con Dios entre los Israelitas se concebía como una unión entre el pueblo y su divinidad;
mientras que para los del Sur era el rey quien pactaba con el Altísimo. Todo ello hace pensar en que
las referidas tribus de Efraim y Manases estuvieron muy influenciadas por la religión egipcia (muy
probablemente por la de Akhenatón).
.
Continuando con la escisión de Egipto, lograda paulatinamente por los habitantes de Canaán desde
el siglo XIII a.C. -narrada en El Éxodo-. Para ella debió de ser crucial la colaboración y ayuda de los
marineros que habitaban las costas canaaneas (navegantes muy influyentes en el Nilo). Tanto que
hemos considerado a Moisés como la personificación de estos pueblos “protofenicios”;
simbolizando a estas ciudades del litoral de Oriente Medio (Ugarit, Biblos etc.). Puertos y enclaves
económicos que debieron ayudar mucho a Israel para conseguir su definitiva independencia, del poderoso
Imperio nilota. Una escisión que debía ser más que difícil, pues existía una pequeña frontera por tierra
(en la zona de Suez) por donde el ejército del Faraón podía pasar; llevando a cabo ataques y razzias
-que primero caerían sobre los asentados junto Mar Rojo-. Además de dicho puente, los cientos de
kilómetros de litoral frente a Egipto en el Mar Rojo, debían hacer muy vulnerable el territorio de los
israelitas y difícilmente “aislable” del poder del Faraón.
.

JUNTO Y BAJO ESTE PÁRRAFO: Dos imágenes de Jonás, devorado y vomitado por “el pez”. Al lado y
abajo: Fotos del sepulcro llamado de Jonás (donde se representa, al Profeta vomitado y despertando
en tierra). Sarcófago del siglo IV d.C., hallado en la villa de Carranque y expuesto en el Museo de Los
Concilios, de Toledo -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Sobre a Jonás, su
pasaje (31) dijimos que vemos uno de estos rituales típicos de los marineros canaaneos, donde se ofrecía a
un “tifónio” para apaciguar la tormenta. Pese a ello, la historia narra cómo aquel infeliz salvó su vida al
ser tragado por un enorme pez, que tres días después lo vomitó en tierra. Tal como ya expuse -a mi
juicio- la interpretación que debemos dar a este episodio es la llamada “espera del tifonio”. Un
tiempo normalmente de tres días, en el que la víctima era preparada y durante el que se suprimía el
sacrificio, si cesaba el mal -la tempestad, en este caso-. De aquí el suceso que narra como el monstruo
marinó traga a Jonás y lo vomita; todo lo que relataría que habría sido indultado antes de arrojarlo al
océano, al apaciguarse la tormenta (después de tres días en espera).
.

.
En razón a lo expuesto antes de las imágenes, analizamos el pasaje que narra como Moisés abre las
aguas del mar (32) opinando que este hecho puede simbolizar la creación y colocación permanente de
una armada fenicia en esta zona; capaz de separar definitivamente el territoro de Canaán y el de
Egipto. En referencia a ello, se sabe que desde el siglo XIV a.C., las ciudades de las costas de Oriente
Medio (Biblos, Ugarit, Sidón y etc) van situando una flota en todo el Mar Rojo. Un golfo que debiera
haberse llamado Mar de Egipto (o de Israel), pero que se denominó “rojo”, porque quienes lo
gobernaron fueron los fenicios (los rojizos o púnicos). Hombres de púrpura, tan diestros en las
aguas que llegaban en barco hasta Ofir (Reyes 1, 10-23); situada en el puerto de Akaaba, en la actual
Península Arábiga. Desde allí, pasaban también a la India, usando naves de Tarshis, mención
que muchos desean en identificar con la ruta hacia Tartessos. Aunque en este caso la expresión bíblica
“Naves de Tarshis” se usaría como indicación de unos barcos de enorme tamaño; mostrando que el
cabotaje y la tipología de aquellos navíos utilizados para llegar a La India, era similar a los que se
usaban para ir hasta Tartessos (en Iberia). Donde llegaban fenicios y judíos también en barcos de
enorme tamaño, pero en este caso partiendo desde los puertos mediterráneos de Israel -como el de Hoppe
(junto a Haifa) donde Jonás tomó el pasaje para ir a Tarshis- (33) .
.
Todo ello demuestra cómo los fenicios eran los dueños de ese mar llamado igual que ellos (púnicos o
púrpuras) y en modo en que desde los puertos judíos del Mar Rojo, accedían hasta el golfo arábigo o a
la India. Todo lo que obligaría a ejercer una continua vigilancia de sus barcos y de esa travesía; para
evitar los robos y piratería en esta franja que dividía el Sinaí de Egipto. Cuanto hace evidente las alianzas
entre judíos y fenicios, pero también entre egipcios, púnicos e israelitas; con el fin de mantener
abierta tan interesante vía mercantil. Pues hasta ese momento en que los fenicios consiguen acceder
hasta Asia por el Mar Rojo; el comercio entre La India y el Mundo Mediterráneo, se había realizado tan
solo en caravanas. Atravesando los desiertos arábigos a caballo (ya que el camello no llega a la zona
hasta el siglo VII a.C.); una situación que perduró durante milenios, en los que aquellos beduinos asentados
entre el Sinaí y Mesopotamia ejercían de mercaderes, con muy escasas las posibilidades de mantener un
verdadero intercambio. Aunque desde e siglo XIII y XII a.C., las ciudades púnicas de Tiro y Sidón,
logran junto a los judíos acceder hasta las costas de la India por esa vía (embarcando en los puertos
del Sur del Sinaí); consiguiendo importar hasta Israel, Egipto y el Mediterráneo mercancías
orientales.
.
La apertura de las rutas del Mar Rojo y el mantenimiento allí de las flotas canaáneas es lo que
consideramos que significa el episodio de la apertura y cierre del Mar Rojo por Moisés. Pues tal y
como hemos analizado, si este héroe legendario es la personificación de los hebreos y cannaneos
marineros; “su división de las aguas” simbolizaría el hecho de que los fenicios aliados con los judíos,
establecieran en ese Mar Rojo su flota. Dominando dicho espacio marítimo los barcos de gentes
canaaneas (fundamentalmente de Fenicia, pero también de Israel). Consecuentemente a ello, se sabe
que los judíos formaron dos flotas defensivas; una en el Mar Rojo nacida sobre en época de Josafat;
otra decenios más tarde, en su franja costera del Mediterráneo. Recibiendo para ello la ayuda de
Biblos y de los fenicios; por cuanto si hubiéramos de decidirnos a qué ciudad o cultura personificó
realmente Moisés; habríamos de mencionar que fue la Giblita. De hecho, el salvador de los Judíos
(nacido de las Aguas, o venido por el mar), no es propiamente semita ni israelita; pues tiene visos de
representar a un pueblo de gran influencia egipcia (como lo fue Biblos). Ello nos atrevemos a decirlo, por
hechos tales como un Moisés circuncidado de adulto, tal y como los egipcios realizaban por voluntad
propia. Por lo que concluimos, que Moisés pudo ser la personificación de aquel (pueblo) de Biblos,
llegado por mar; que vivió y nació entre los Faraones, habiendo sido adoptado como un país
egipcio. Aunque como sabemos, Biblos es atacado y se subleva hacia el 1500 a.C.; momento en que
decidiría ayudar a sus hermanos canaaneos (logrando que se liberasen de Egipto tras reconocer que
ambos pertenecían a “igual raza” y orígenes).
.
JUNTO A ESTE PÁRRAFO: Jonás, devorado y vomitado por “el pez”; panel con azulejos del siglo XVII,
del Convento de los Carmelitas en Toledo (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen,
tomada en la exposición ATEMPORA, Talavera). El caso del profeta que hablamos, se relaciona
plenamente con Tartessos, ya que partió desde el puerto de Hoppe (junto a la actual Haifa), en una
enorme “Nave de Tarshish”; huyendo en dirección contraria a Nínive (donde Yahveh le enviaba). Ello obliga
a pensar que Jonás se dirigió donde narra su historia, no dónde Flavio Josefo supuso; creyendo el
historiador judeo-romano que Tarshish era Tarso de Cilicia. Una ciudad al Sur de la actual Turquía, que se
encuentra en dirección a Nínive y dista apenas tres días de Haifa (navegando) a la que no se necesitaba ir
en grandes naves. Como repetidamente apuntamos, esta identificación de Flavio Josefo carece de todo
argumento, pues desde Haifa a Tarso se puede llegar por tierra en pocos días. Todo lo que demuestra que
no era el destino de Jonás, que viajó hacia zonas muy alejadas, en singladura de altura; viniendo a Tarshis
(Tartessos). Este profeta, puede ser también una personificación, como figura bíblica que representaría a un
templo, o una secta. Quizás se trató del representante de un templo enviado por JeroBoam II, para
evangelizar a tierras lejanas; quienes habiendo sido mandados a predicar en la peligrosa Nínive,
tomaron sentido opuesto, dirigiéndose hacia el Estrecho y al Atlántico (a Tarshish, o Tartessos). Un
lugar, cuyas aguas estaban llenas de cetáceos y de enormes peces; especies que apenas se verían en
el Mediterráneo, pero que en el siglo VII a.C. poblarían por doquier el Océano. De tal modo, la narración de
Jonás no solo muestra que los judíos conocían o llegaban a la Tarshish bíblica (la Tartessos griega);
sino que también sabían que este punto del extremo occidente estaba entonces habitado por
ballenas y multitud de cetáceos (como así sucedía).
.
9) – SOBRE MOISÉS Y EL ORIGEN DE LOS JUDÍOS, NARRADO POR FLAVIO JOSEFO:
.
9-A) . “CONTRA APIÓN Sobre la antigüedad del pueblo Judío”:
Mención especial haremos al nacimiento del pueblo de Israel y de Moisés, que Flavio Josefo indica
en su obra “CONTRA APIÓN Sobre la antigüedad del pueblo Judío”, exponiendo en su Libro I,
diferentes historias recogidas por fuentes egipcias y helenas (34) . De tal manera, este autor comienza
explicando el origen de israelitas que describe la antes mencionada “Historia de Egipto” de Maneto
ó Manetón. Quien -ya vimos- era un sacerdote egipcio de comienzos del siglo III a.C., cuya obra se perdió;
pero que Flavio Josefo consiguió leer y comentar. Así el historiador judío nos transmite datos de
esta “Historia de Egipto” perdida, denostando sus conclusiones. Comenzará comentando los
párrafos referidos al faraón Tutimeo, que se correspondería con el primer rey Hicso; explicando
como “unos hombres de linaje desconocido venidos del Oriente, que invadieron Egipto dominando
por la fuerza sin apenas combate” (LXXV). Dicho Faraón comenta Busto Saiz, que es el último de la
XIV dinastía, bajo cuyo reinado se originó la dominación de los Hicsos-que permanecieron
aproximadamente desde el 1720 al 1550 a.C.-. Unos recién llegados al Nilo, que “sometieron a sus
dirigentes, incendiaron salvajemente las ciudades, destruyeron los templos de los dioses, trataron muy
cruelmente a los naturales del país, matando a unos y otros, reduciendo a la esclavitud a los hijos y mujeres
de otros” (LXXVI). “Finalmente, llegaron a hacer rey a uno de ellos, cuyo nombre era Salitis” (LXXVII),
exponiendo como establecen una capital en Avaris, junto al rio Bubasties (LXXVIII). “Se llamaba al
conjunto de esta nación Hicsos, lo que quiere decir reyes pastores, pues hic en lengua sagrada quiere
decir rey y sos, pastor” (LXXXII).
.
Sobre esos Hicsos, añade Flavio Josefo (comentando a Manetón) que “Algunos dicen que eran
árabes”; aunque “en otros lugares se dice que el vocablo hic no significa reyes, sino que quiere
decir, por el contrario, pastores cautivos, pues en lengua egipcia hic y hac (...) significa cautivos”
(LXXXIII). “Maneto dice que estos reyes (...) dominaron Egipto quinientos once años”.(LXXXIV). Hemos de
realizar un inciso en este momento, pues la interpretación de Flavio Josefo de la palabra Hicsos,
como “reyes pastores”; nunca se ha podido probar. Es más, en mi opinión él conforma esta
traducción, para intentar identificar a los Hicsos con los hebreos, tal como más tarde hará, cuando
dice que estos reyes se dedicaban al pastoreo -como los judíos- y que tras ser expulsados de Egipto,
regresan a Jerusalén (donde fundan su nuevo reino y sus palacios). Todo lo que solo en parte concuerda
con la verdad histórica; pues los Hicsos parece que fueron las gentes que huyen del terremoto Tera-
Santorino, producido en el 1680 a.C.. Seísmo y volcán que destruye todo el litoral de Creta y el Egeo,
dañado las costas de Anatolia y dejando sin verano durante años a esta zona del Mediterráneo (bajo una
nube de polvo). Tras esa hecaombe, los egipcios parece que bajan al Sur -atemorizados al ver lo que
en el Mediterráneo sucede, observando maremotos y restos de la devastación del volcán en el
delta-. Siendo así como estas gentes procedentes del imperio minóico destruido -o de la Anatolia
arrasada-, se dirigen hacia el Sinaí y avanzan hasta lograr conquistar el Norte de Egipto(estableciendo
su dinastía con capital en Avaris). Más tarde, cuando los Hicsos fueron expulsados del Nilo -por los
verdaderos egipcios, que regresan al delta- se establecen en Canáan, fundando allí un reino y elevando
palacios en Jerusalén. Todo lo que le lleva a pensar a Flavio Josefo que eran hebreos y que por ello se ha
de traducir la voz Hicsa como “reyes pastores”, tal como fueron los monarcas judíos.
.
Señala asimismo Flavio Josefo que “posteriormente tuvo lugar la rebelión de los reyes de Tebas y del resto
de Egipto contra los pastores y estalló entre ellos una importante y larga guerra (LXXXV). Bajo Tutmosis III
(al que Maneto llama Misfragmutosis) fueron vencidos los pastores (hicsos), expulsados de todo
Egipto y confinados en el lugar llamado Avaris (LXXXVI), donde se rodearon de una alta muralla
(LXXXVII). El hijo de aquel faraón Tutmosis, intentó dominarlos por la fuerza atacando con
cuatrocientos ochenta mil hombres Avaris, no consiguiendo rendirles, habiendo de conformarse
“con establecer un pacto para que abandonaran todos Egipto, marchándose donde quisieran si
sufrir daño alguno” (LXXXVIII). “Según se reconoce, recorrieron el desierto desde Egipto hasta Siria
con sus familias y posesiones no menos de doscientos cuarenta mil hombres” (LXXXIX). “Edificaron
en el territorio llamado ahora Judea una ciudad que pudiera albergar a tantos hombres a la que
llamaron Jerusalén” (XC). Tras ello, Flavio Josefo da una relación exhaustiva de los Faraones que
fueron gobernando después, de sus nombres y del numero de años de su reinado (XC al CII).
.
En una segunda parte, el mismo historiador judío habla de que “Maneto (Manetón) después de haber
dicho que nuestros antepasados vinieron de Egipto en número de muchos miles y dominaron sobre
sus habitantes, luego reconoce el mismo que al ser expulsados cierto tiempo después conquistaron
Judea, fundaron Jerusalén y edificaron el templo” (CCXXVII). Comentando como Maneto crea una
segunda versión sobre una oleada posterior de gentes que llegan desde el Nilo a Judea, diciendo
que procedían de leprosos y enfermos esclavizados por los egipcios, que consiguieron huir (versión
que molesta a Flavio Josefo). Tal segunda marcha, que se correspondería con el “Éxodo”, la sitúa el
historiador egipcio en época de Amenofis IV (Akhenatón, que como ya sabemos reino aprox. Del 1378 al
1358 a.C.). Según Manetón, esta huida tuvo lugar quinientos dieciocho años después de la entrada de los
Hicsos, sumando los reinados de los faraones que hubo entre el primero Hicso y ese episodio. Pero
erróneamente computa dos veces los 59 años del gobiero de Seti I, debiendo ser realmente 459 los años de
diferencia, los que hubo entre la entrada de los Hicsos y el mencionado Éxodo. Todo lo que nos llevaría
hasta el reinado de Akhenatón, puesto que del 1720 al 1361 a.C. hay estos 460 años que en verdad se
deben sumar en la cronología que presenta Maneto. Con ello, según los historiadores egipcios, tal
éxodo de cautivos desde Egipto hacia Judea, tuvo lugar en estos años cercanos al 1360 a.C..
.
Así narra Flavio Josefo que según Manetón recogió -en su Historia perdida, ver cita (35) -, como el
Faraón Amenofis IV hizo una gran reforma y decidió “reunir a todos los enfermos de Egipto, cuyo
número era de ochenta mil, y les envió a las canteras del Este del Nilo (CCXXXV) -canteras que según
observa el traductor Busto Saiz son las del Tura, de donde obtuvieron las piedras de las pirámides, citadas
por Heródoto en II,8 y 124 - . “Entre estos deportados a aquellas estaban incluso nobles faraónicos,
sabios y sacerdotes, afectados por lepra” ( CCXXXVI). Pero a los que sufrían en las canteras cuando
pasó un tiempo, les cedió el rey (...) la antigua ciudad de los pastores Avaris, que entonces estaba
deshabitada” (CCXXXVII). Allí tomaron como jefe a un sacerdote de Heliópolis llamado Osarsef,
jurando todos obedecerle ( CCXXXVIII). “Este prescribió como primera ley no adorar a los dioses, no
abstenerse de la carne de ninguno de los animales que las normas religiosas consideraban sagrados en
Egipto, no tener reparo en sacrificarlos y consumirlos, además de no unirse con ningún hombre, excepto los
ligados por el mismo juramento” (CCXXXIX y XL). Tras ello reparó las murallas de Avaris y comenzó la
lucha contra el el rey Amenofis IV. Enviando una embajada hasta Jerusalén invitando a los
habitantes de esa ciudad (que denomina “pastores expulsados por Tutmosis”) a unirse en una
expedición contra Egipto (CCXLI). Así “les prometió conducirles hacia Avaris, la patria de sus
antepasados, proporcionándoles sin tasa lo necesario para combatir” (CCXLII). Salieron doscientos mil
hombres que llegaron a Avaris (CCXLIII). Amenofis IV se exilia a Etiopía ante esta avalancha,
evitando la confrontación con su ejército, y ello lo aprovechan los de Avaris atacando
Egipto (CCXLVII).
.

.
SOBRE ESTAS LÍNEAS: Altar del incienso grabado de "An Illustrated History of the Holy Bible",
publicado por Henry Bill (1871) en la W. Struse Collection. En el grabado se representa el altar del
incienso, tal como lo manda contruir Yahvé y sobre el que oficia el Sumo Sacerdote de Salomón, al
que vemos con el Efod y el pectoral de Aarón (adorno en el pecho que relaciono plenamente con los
colgantes de El Carambolo). Como podremos leer en La Biblia; el del incienso se trata igualmente de un
altar con cuernos, fabricado con madera de acacia y recubierto de metales preciosos (de un Codo por un
Codo de ancho y de dos Codos de alto -recordemos que 1 Codo sagrado de Israel, se corresponde con el
Codo Real egipcio, en tiempos de Akhenatón = 525 centímetros aproximadamente-). Sobre este ara
manda Yahvé quemar incienso al atardecer y al anochecer, no pudiendo libarse otra ofrenda;
peroordenando que los cuernos sí fueran purificados anualmente con una limpieza hecha con
sangre (de carnero y buey). Lo que recoge el Éxodo con las palabras: "Y sobre sus cuernos hará Aarón
expiación una vez en el año con la sangre del sacrificio por el pecado para expiación; una vez en el año
hará expiación sobre él por vuestras generaciones; será muy santo a Jehová". Explicando con mayor
exactitud el Levítico: "Entonces saldrá al altar que está delante del Señor y hará expiación por él, y tomará
de la sangre del novillo y de la sangre del macho cabrío y la pondrá en los cuernos del altar por todos los
lados. Y con su dedo rociará sobre él de la sangre siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las
impurezas de los Israelitas" .
.
ABAJO: Sacerdote oficiando frente a un Altar del Holocausto, tal como lo imaginaban en el siglo XIX
los grabadores de History of the Holy Bible, publicada por Henry Bill en 1871. El dibujo se hizo con más
de un siglo de antelación al hallazgo de esas mesas ciclópeas en piedra, sobre las que ofrecían los
judíos a Yahveh grandes oficios. Altares como el de Beersebá, encontrado hace apenas unos decenios
por el profesor Yohanán Aharoni y que hemos incluido en nuestra primera imagen. Quienes recreaban
hasta hace no mucho estos grandes altares usados por los hebreos para ofrecer holocaustos (bovinos y
ovinos); pensaron que era simplemente una copia del de incienso, suponiéndolo igual, más grande y
también cubierto con "chapas" de bronce -con formas de cuernos en sus esquinas, tal como vimos Yahveh
ordena hacer para el quemaperfumes, el Antiguo Testamento (especialmente en el Éxodo y Levítico)-.
.
Aunque sería imposible imaginar el oficio sobre una "mesa" de las caracterisiticas que vemos en el grabado;
pues habríamos pensar las consecuencias de mantener un fuego con estas dimensiones, dentro de un
receptáculo metálico -lo que imposibilitaría al oficiante siquiera acercarse al altar-. Por ello, quizás, el
Antiguo Testamento indica que el Altar del Holocausto ha hacerse sobre tierra o con arcilla, y en
todo caso con piedras naturales. Ordenando Yahvé un "Altar de tierra harás (...) y sacrificaras sobre el
tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas" (...) Y si me haces altar de piedras, no las
labres de canteria, porque si alzas herramienta sobre ese, lo profanarás". Siendo importante observar la
indicación de que nunca se labre la piedra, algo que puede relacionarse no solo con la necesidad de
sencillez y humildad en el altar. Sino, además con las altas tempetratura que estas mesas deberían
soportar; sufriendo roturas y necesitando cambios en sus sillares -habida cuenta como se quebrarían
por los cambios de calor y frío a los que les sometían con el fuego central y a las libaciones-.
.
Pese a ello, el ara de Beersebá (cuya imagen repetimos más abajo), contiene una cobra muy mal
labrada en uno de sus sillares laterales. Algo que personalmente considero un "añadido" tallado allí
por el posible enemigo que la destruyó. Lo que me atrevo a expresar, sabiendo que este ara apareció
rota y con una de sus astas arrancadas. Todo lo que supondría haber sido desacralizada y
profanada (por invasores); un hecho que pudo producirse en época de Nabucodonosor -hacia el 586 a.C.,
cuando este monarca asirio arrasa Israel y esclaviza su población-. Por lo demás y para terminar de
exponer el por qué nos extendemos tanto acerca de estas mesas de cuernos hebráicas. Diremos
que, personalmente, observo enormes paralelismos con los altares de Tartessos (El Carambolo, Coria
del Rio, Málaga o Cancho Roano) y el modo en que Yahvé ordena realizar el holocausto: Sobre una
"mesa" de arcilla o de tierra; o en su caso, revestida con unas simples piedras (ÉXODO 20, 23-26).
.
.
Sigue comentando Flavio Josefo sobre su líder y el conflicto de los sublevados, “recogiendo” lo
dicho por Manetón: “Se dice que el sacerdote que les impuso esta constitución y estas leyes era del
linaje de Heliópolis, y que se llamaba Orsasef, por el nombre del dios de Osiris, adorado en
Heliópolis; que al unirse a este pueblo cambió su nombre por el de Moisés” (CCL). Amenofis IV
decide al final entrar en guerra y “atacaron a ambos, a los pastores y a los impuros, los vencieron y,
después de matar un gran número, persiguieron al resto hasta la frontrera de Siria(CCLI). Y sobre
Moisés termina diciendo que su “verdadero nombre significa el salvado de las aguas, pues los
egipcios llaman al agua mon” (CCLXXVI). Siendo muy importante ver en todo este relato que recoge
Flavio Josefo de una Historia del Egipto Antiguo escrita a principios del siglo III a.C.; donde en el
recuerdo de esta nación faraónica, los hebreos y Judá fueron originados por dos
migracionesfundamentales: La primera con la huida de los Hicsos, a la caída de su reino en Egipto;
hechos contemporáneos al desastre del Tera Santorino (sobre el 1580 a.C.). La segunda hacia el
1360 a.C., tras la guerra y la huida de cautivos refugiados en Avaris, que fueron ayudados por los
antiguos Hicsos desde la Jerusalén fundada por ellos. Por su parte Moisés era (según Maneto) un
sacerdote de Heliópolis rebelde a Amenofis IV, y en toda su historia se lee claramente que la
situación a que llegan de confrontación se debe a las injusticias y reforma religiosa del Faraón que
se autodenomina Akhenatón.
.
Algo muy similar recoge Flavio Josefo narrado por Ceremón (filósofo y escritor preceptor de Nerón en
Roma y director del museo en Alejandría) ocurrido en los tiempos del mismo rey egipcio. Escribiendo el
historiador hebreo que “Isis se apareció a Amenofis en sus sueños para reprocharle la destrucción
de su templo (...) diciéndole que si purificaba Egipto de hombres afectados de manchas, su terror
desaparecería” (CCLXXIX). “El rey reunió doscientos cincuenta mil de estos hombres nocivos y los
expulsó. Sus jefes eran Moisés y José, ambos intérpretes también de los misterios sagrados. Sus
nombre egipcios era el de Tisitien para Moisés y Petesef para José” (CCXC). “Estos llegaron a
Pelusio y encontraron allí trescientos ochenta mil hombres, dejados por Amenoras y a los que no
quería conducir a Egipto. Estableciendo con ellos un tratado de amistad, marcharon contra
Egipto”(CCIXC). “Amenofis no hizo frente y huyó a Etiopía, dejando a su mujer encinta (...) -su hijo-
llamado Ramses, cuando se convirtió en adulto persiguió a los judíos que eran alrededor de
doscientos mil, hasta Siria”(CCVIIIC).
.
Esta segunda versión sobre el Éxodo recogida y conservada por un escritor que fue director de la
Biblioteca de Alejandría (del que ha de suponerse, tuvo acceso a libros originales sobre la Historia de
Egipto); narra un origen de los judíos y su Éxodo muy similar al anterior: Ocurrida en época de
Amenofis IV y expulsados por este faraón. Lo que concuerda plenamente con los hechos acontecidos
bajo el reinado de Akhenatón, cargado de conflictos civiles, cautiverios y expulsiones de Egipto. Años en los
que el Imperio del Nilo, se convulsionaba bajo la reforma religiosa de ese Amenofis IV; que destruía los
antiguos templos, borrando las inscripciones de los anteriores dioses, obligando a todos a seguir la
nueva religión creada bajo su mandato. Por lo que la hipótesis de que los judíos huidos fueran
aquellos egipcios que se negaron a aceptar los nuevos ritos y continuaban adorando los antiguos
cultos, es más que probable. A ellos habrían de sumarse otros ciudadanos, que por tener relación con los
Hicsos, hubieran sido también subyugados. Habiendo creando Amenofis IV unos lugares donde concentrar
o expulsar de su reino a dichos rebeldes, relacionados con Avaris, atacándolos finalmente, en su huida
hasta la frontera con Siria.
.
Esta sería las versión sobre los hebreos y Moisés que conservaba la historia de Egipto, en libros que
desaparecieron en Alejandría. Cuyo relato sobre el origen de los judíos, Flavio Josefo pudo
conservar, y que muy poco difiere con lo que la arqueología nos narra. Pudiéndose fechar de tal
manera la primera huida de los hebreos, junto a los Hicsos expulsados; sobre el 1580 a.C.; de quien
dice este autor que fundaron tras su marcha de Egipto la ciudad de Jerusalén. Tanto como El Éxodo
de Moisés se fecharía hacia el 1360 a.C., habiendo sido este libertador un sacerdote rebelde a
Amenofis IV. Pudiéndose pensar en su hermano menor, Tut- Moses, nacido de Amenofis III y de otra
madre diferente a la de Akhenatón (una princesa llamada Giluhepa). Existiendo teorías que narran
como este Tut-Moses habría sido nombrado sacerdote supremo por el faraón y se sublevó. Llegando
a quienes afirman como Aarón y Moisés, fueron esos dos hermanos (Akhenatón y Tut-Moses); todo
lo que parece más pertenecer al terreno de las hipótesis románticas, que a una posible realidad -ya
que en Egipto se escribía y registraba todo cuanto un faraón realizaba-.
.

AL LADO Y ABAJO: Junto estas lineas, de nuevo el relieve de la familia de Akhenaton;presentando a


sus hijas -propiedad del Museo de Berlín (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra
imagen)-. Observemos los rayos del Sol dibujados como manos, pero a su vez guardando la
apariencia de una escala de grados; tanto, que hacia cada lado salen nueve brazos solares, dejando
el décimo en medio. Ello significaría que las lineas en trigonometría guardarían diez grados de distancia
hasta el centro y veinte entre ambos cónyuges... . Todo representado con dos reyes “famélicos” y
alargados, de un modo que yo interpreto motivado por el consumo de la raíz de mandrágora rallada
sobre la cerveza. Una bebida que se puso de moda en tiempos de Amenofis III y que en el de su hijo
(Akhenatón) parece fue la más común -entre nobles, ricos y artistas-. Todo ello debió hacer ver a
este Amenofis IV un “mundo nuevo”, en el que él era el único representante de dios (realizando la
gran reforma religiosa que lleva a la guerra civil a Egipto).
.
ABAJO: Otras imágenes tomadas en verano hace algunos años; esta vez con mi familia:Junto a las tres
estatuas de los rameshidas, mi mujer y tres de mis sobrinos -en Karnak (Luxor)-.
.
.
.
9-B) . Moisés en “ANTIGÜEDADES JUDÍAS” de Flavio Josefo -sus paralelismos y divergencias con El
Antiguo Testamento- :
.
9-B) 1º. Flavio Josefo:
Flavio Josefo recogió gran parte de la Historia judía, resumiendo los libros sagrados hebreos y
sintetizando cuanto narraban; tratando de un modo especial sobre su libertador y legislador
(Moisés). Trabajando durante años como historiador y escritor, después de que Israel y su Segundo Templo
fueran destruidos por Vespasiano. Momento en que este autor, al verse rendido ante Roma, decide tomar
nueva ciudadanía y aceptar la caída de su civilización; dedicándose desde entonces a recopilar y redactar la
historia de su pueblo en lenguas grecolatinas. Todo sucede tras su participación en la guerra y al verse
obligado a rendir el mando que le confiaron los nobles de Judea; por pertenecer a una familia
principal de sacerdotes del Sanedrín y a la estirpe real hebrea. Siendo uno de los principales que se
enfrentaron a los ejércitos de Vespasiano -como comandante-, curiosamente parece que inicialmente el
autor no era del todo contrario a la integración de su cultura con la latina. Tal como se intuye al
observar que dos años antes (en el 64 d.C.) Flavio Josefo visitó Roma; logrando grandes éxitos,
demostrando entre los principales del Lacio enormes cualidades humanísticas -habida cuenta su
enorme memoria y sus conocimientos culturales, acompañados por el hecho de que hablaba latín, griego y
hebreo a la perfección-. Durante este viaje entabló amistad en la capital del imperio con algunos de los
nobles más importantes -como Popea, mujer de Nerón-; logrando la liberación de numerosos
sacerdotes judíos deportados y encarcelados en Italia.
.
Pero al regresar a su tierra natal (en el año 65 a.C.), las rebeliones no cesaban; por lo que finalmente
enviaron hacia Jerusalén a Vespasiano con Tito, para doblegar y arrasar esa provincia que llamaron
Judea. Ante la inminente invasión, Flavio Josefo logró que le nombrasen uno de los más altos jefes
(apenas sin conocimientos militares); tanto que finalmente defendería las últimas plazas israelitas
asediadas -como fueron Mashada y la fortaleza de Jotapata-. Entonces, dice la leyenda, que salvó la vida
gracias a su astucia y a grandes conocimientos de matemáticas. Pues cuentan que al verse allí -rodeados
por legiones- los pocos judíos que quedaban defendiendo esos puestos, decidieron evitar caer presos;
dándose muerte unos a otros -cortando la yugular al que tenían a su lado y dejando que el último se
suicidase-. Para elegir quién comenzaba la autoinmolación, Flavio Josefo usó una argucia; determinando un
sorteo por el cual él quedaba último. Así fue como los asediados se mataron -unos a otros-; aunque
finalmente ese último (que era él) dio aviso a los romanos de que podían entrar en la fortaleza, al haberse
suicidado todos. Tras estos hechos, fue llevado a solas ante Vespasiano, y con gran soltura se dirigió
al general vencedor augurándole que llegaría a emperador. La perfección del latín que hablaba, el
descaro que mostró y su modo de hablar vaticinando al general que sería un día rey de Roma; hizo
que Vespasiano no solo le perdonase la vida, sino que le unió a su séquito (donde actúa como
intermediario e intérprete). Entre los romanos, presenció Flavio Josefo la destrucción del Templo y
de su ciudad santa; regresando luego a Roma, donde participó en el desfile triunfal. Finalmente le
concedieron la ciudadanía romana y tierras en Judea; donde pasó el resto de sus días escribiendo y
estudiando. Redactando desde entonces decenas de volúmenes en los que recogió la Historia,
costumbres, religión, y otros hechos de los hebreos.
.
Su obra se publica en libros que superan las tres mil páginas. Entre los más conocidos se hallan:
“La guerra de los judíos” (escrito en arameo primero y que se contienen en siete tomos); además de
“Antigüedades de los judíos” (escrito en griego en veinte volúmenes). En el primero se narran diversos
episodios bélicos de los israelitas, terminando por las campañas de Vespasiano, al que dedica grandes
elogios. En el segundo (Antigüedades de los judíos) resume los libros sagrados hebreos, siendo por
lo tanto un texto “paralelo” al Antiguo Testamento (como síntesis del Talmud y la Torá). Finalmente,
escribió otras obras como la citada antes “Contra Apión”, también conocida con el título “Sobre la
Antigüedad de los judíos”. Redactada al final de su vida (hacia el 93 d. C.); donde Flavio Josefo
discute con diversas fuentes la veracidad de lo que escribe Apión acerca de los judíos y de su
liberación; haciéndo énfasis en el valor de la civilización y la cultura judía.
.
9-B) 2º. Moisés en Antigüedades Judías y en El Antiguo Testamento:
.
Resumiremos a continuación lo que Flavio Josefo expone sobre el libertador de los hebreos, para
compararlo con cuanto recogen las Sagradas Escrituras; pudiendo así observar numerosas
diferencias que manifestarían la visión que de Moisés tenían los sacerdotes judíos en el siglo I d.C..
Para su compilación y comprensión, recogeremos los textos originales de Flavio Josefo en citas, así
como los resúmenes del Antiguo Testamento -comparándolos-; utilizando la traducción del autor judío
publicada en Buenos Aires (1961) por J. Farré. De tal manera, Antigüedades Judías comienza recopilando
los LIBROS DE MOISES (tal como hace La Biblia) con las siguientes palabras: “Toda nuestra organización
deriva de la sabiduría de nuestro legislador Moisés, es ineludible que comience por decir algo a su respecto
(…) Conviene saber que él consideraba imprescindible tomar en consideración la naturaleza divina para
todo aquel que quiera conducirse bien en la vida y legislar para sus semejantes; y observando los actos de
Dios, imitar su modelo hasta donde pueda caber la imitación en la naturaleza humana y empeñarse en
seguirla. Sin ello ningún legislador puede actuar con criterio justo ni promoverá lo que escriba el desarrollo
de las virtudes, lo que sólo se logra enseñando que Dios es padre y señor de todas las cosas (…) Cuando
Moisés quiso instituir su doctrina a sus conciudadanos, no comenzó a establecer sus leyes como lo hacían
otros legisladores, mediante contratos y otros convenios mutuos, sino haciéndoles elevar su pensamiento
hacia Dios y su creación del mundo, y persuadiéndolos que los hombres somos la más perfecta de sus
creaciones terrestres” (36) .
.
Vemos ya el carácter divino del legislador y de sus leyes, tras lo que pasará Flavio Josefo a
explicarnos el inicio del Génesis (tal como lo recoge el Libro de Moisés):“La creación del mundo. El
paraíso. El pecado original. Expulsión de Adán y Eva (….) Después del séptimo día Moisés comienza a
hablar en términos de interpretación filosófica y dice acerca de la formación del hombre, que Dios tomó
tierra del suelo, hizo al hombre y le insufló espíritu y alma. A este hombre lo llamé Adán, que en lengua
hebrea significa roja, porque fué hecho de tierra roja macerada. Porque ésta es auténtica tierra virgen (…) o
durmió, le sacó una costilla y con ella formó a la mujer. Adán la conoció y supo que había sido sacada de él
mismo. Ishá se dice a la mujer en lengua hebrea” (37) .En algunos estudios míos ya he comentado
nuestra teoría acerca de la identificación entre la “Luna” y la mujer (cuyos ciclos vienen a ser iguales a
los lunisolares o a las mareas, e 28 días) y entre esta y la costilla. Tanto que en jeroglífico egipcio
“Luna” y “costilla” se escriben del mismo modo -como una linea curvada, de derecha a izquierda y
semejante a un creciente-. Asimismo, el hecho descrito de arrancar este hueso para obtener mujer, puede
tratarse del recuerdo de un ritual ancestral (neolítico); en el que los hombres entregasen una de sus costillas
menores, a cambio de recibir esposa (como prueba de lealtad y de valor hacia ella).
.
Tras ello, pasa en el LIBRO II, a narrar el nacimiento de Moisés; contando Flavio Josefo cómo
después de años de convivencia con los hebreos, los egipcios se habían vuelto malos, vagos y
voluptuosos. Queriendo poseer más, esclavizaron a los judíosy tras una profecía que proclamaba
como el faraón iba a ser destronado por un niño hebreo nacido en Egipto, ordenan ahogar en el Nilo
a cuantos varones nacieran de esta estirpe. Este conocido pasaje coincide con otro prácticamente
igual, que contiene el Antiguo Testamento (38) . Sigue Flavio Josefo narrando que un judío
esclavizado llamado Amrad y de la más alta alcurnia, temió que su estirpe se erradicase de la Tierra,
por falta de varones. Así decide tener el hijo que esperaba con su esposa Joquebed y salvarlo;
después de soñar con Yahvé, que le asegura aquel niño “será ocultado de los que vigilan para destruirlo;
después de ser criado de manera sorprendente, salvará a la nación hebrea de la desgracia que la aflige en
Egipto. Su memoria será famosa mientras dure el mundo; no sólo entre los hebreos, sino también entre los
extranjeros. Todo lo cual será consecuencia del favor que te dispensaré a ti y a tu posteridad. Tu hijo tendrá
otro hermano que obtendrá mi sacerdocio, el que pasará a su posteridad después de él hasta el fin del
mundo” . Así fue como “Hicieron una arquilla de fibras de papiro con la forma de una cuna, de un tamaño
suficiente para que pudiera caber un niño sin mucha estrechez. La untaron con betún, que impediría la
entrada del agua por entre las junturas, pusieron en ella al niño y depositándolo en el agua le abandonaron
al cuidado de Dios. El río recibió al niño y lo llevó a flote”. -como vemos, este episodio es casi paralelo
con el mismo que recoge El Antiguo Testamento en Libro II, cap. 2- (39) .
.

AL LADO Y ABAJO: Junto estas lineas, dibujo coloreado procedente de los grabados del libro de
Cecile Torr: “Ancient Ships ex exped...”. Está tomado de los bajorrelieves de Der Bahali (entorno al 1250
a.C.) y sacado de un dibujo de Mariette, donde se recogen figuras ya desaparecidas en este templo. Vemos
una expedición hasta el reino de Punt ordenada por la faraona Hatsepsut, con una embarcación que
se dirige por el Mar Rojo hacia el Cuerno de África (Somalia y Etiopía, donde obtenían parte del oro los
egipcios). Observemos que la nave es de quince remeros, lo que supone más de veinte metros de
eslora. Abajo, miniatura de una chalupa del siglo XIX (tal como la expone el Museo Naval, al que
agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Según manifiesta el texto en vitrina, las chalupas
de este tipo no solían superar los veinte metros de eslora y se usaron hasta 1910 para la pesca de bonito
en el cantábrico (teniendo remos y una estructura astillera muy semejante a las traineras). Como podemos
ver, estas embarcaciones boniteras utilizadas hasta el siglo XX a.C., eran de menor cabotaje y
capacidad que las egipcias representadas en los frescos de Deir Bahali. Pese a ello, los marineros del
Norte de España recorrían con ellas el un mar como el Cantábrico; famoso por la peligrosidad de sus aguas
y de sus costas. Cuanto observamos, por comparación, obliga a pensar que los egipcios en el siglo
XV a.C. (tanto como los fenicios en el XII a.C.) tenían embarcaciones casi tan seguras y rápidas
como las usadas por los marineros en nuestras costas, hasta la aparición del vapor y de los cascos
metálicos.
.

.
El siguiente episodio descrito por Flavio Josefo, narra el modo en que la hija del faraón recoge al
niño en la canastilla y lo adopta (aun sabiendo que se trataba de un bebé expuesto para ahogarse,
tal como ordenaban hacer a los judíos). Tras ello, buscando pronto quien pueda amamantarlo, los
del faraón, encargan a su propia madre que sea la nodriza del niño (sin saberlo). Después, fue
llamado Moses, que significaba nacido de las aguas; y llegando a ser famoso por su inteligencia y su
fuerza a los tres años, le llevan ante el trono de Egipto. Allí, frente su padre adoptivo (el hijo del rey)
realizó un extraño gesto que hizo rodar la corona del Nilo por los suelos; y siendo aquello presagio
de que podría quebrantar el poder del faraón hubo quienes aconsejaron matar al niño (con horror,
los padres adoptivos se negaron) (40) . En El Antiguo Testamento, el episodio de la corona no se
menciona, narrando otra “versión” en la que Moisés de joven, sale en ayuda de un hebreo y se
enfrenta a un egipcio; al proteger a aquel judío esclavo, mata sin darse cuenta al súbdito del faraón y
debe huir de tierras del Nilo (para purgar sus pecados). De modo distinto, el capítulo X de Flavio
Josefo narra el modo en que Moisés durante su juventud gana la guerra a los etíopes que asolaban
el Nilo;primero los venció por la fuerza, logrando liberar el reino del faraón de sus acometidas .Más tarde los
siguió hasta sus ciudades originarias, donde la reina de los etíopes se enamora del general, pidiéndole
la paz a cambio de contraer matrimonio. Así es como se casa Moisés con Tarbis, la hija del rey de
Etiopía (41) . Este episodio tampoco se contiene en El Nuevo Testamento y nos deja ver que en otras
versiones Moisés, antes que libertador, fue un gran general que luchó a favor del faraón. Muy
probablemente un militar que conocía las artes de navegación y tenía una gran escuadra, pues
Etiopía era el llamado “reino de Punt” -en el Cuerno de África- al que se llegaba cruzando el Mar
Rojo. En navegaciones que precisaban unas tres semanas de ida -y otras tantas de vuelta-; de cuyas
expediciones hay testimonios claros en época de Moisés, tal como los bajorrelieves del templo de
Hatseput describen. Reflejando algunos bajorrelieves ya desaparecidos -que Mariette logró dibujar- las
partidas de numerosas naves, viajando hacia el reino de Punt (Somalia y Etiopía); de donde regresaban los
barcos cargados de oro, plata, joyas y animales exóticos.
.
El siguiente capítulo de Flavio Josefo coindide con episodios que narra La Biblia, pues se trata de la
huida de Moisés a Madián. Aunque el autor judío narra que el libertador se ve obligado a marcharse
del Nilo, por la envidia que sus logros militares y sus triunfos guerreros habían levantado entre los
egipcios. Así fue como “Llegó a la ciudad de Madián, a orillas del mar Rojo, llamada así por uno de los
hijos de Abram y Cetura. Se sentó junto a un pozo a descansar de la pesada jornada y de la aflicción que
sufría” (…) Allí ayudó a unas hermanas, que eran tratadas con desprecio por los pastores, al no tener
hijos su padre (sin varón que las protegiera al tomar agua para sus rebaños). Entonces, el progenitor de
aquellas “que admiraba su virtud y le aseguró que había dado asistencia a personas que no eran
insensibles a los favores y que deseaban devolverle su gentileza y sobrepasar la medida de su
generosidad. Lo hizo entonces su hijo, dándole una de sus hijas en matrimonio. Y lo nombró guardián y
superintendente de su ganado, que desde antiguo constituía toda la riqueza de los bárbaros”, casándose
Moisés en Madián (42) .
.
El capítulo XII de Flavio Josefo narra lo acontecido posterioremente con la zarza ardiendo; donde se
le aparece Yahvé mientras el libertador pastoreaba el ganado de su suegro, episodio que de un
modo casi igual contiene El Antiguo Testamento. Relatando el modo en que Dios le indicó que debía
regresar a Egipto para liberar a su pueblo; misión para la que su señor siempre le ayudaría. Y para
que tomase Moisés confianza, le da muestra de su poder, realizando los siguientes milagros: “Le
ordenó que como prenda de confianza arrojara su vara al suelo, la cual, cuando así lo hizo, se arrastró y se
transformó en una serpiente, se enrolló, irguió la cabeza, pronta a defenderse de quien la atacara, y luego
se transformó nuevamente en una vara como antes. Luego Dios ordenó a Moisés que se pusiera la mano
derecha en el pecho. Obedeció, y cuando la sacó estaba blanca, del color de la tiza; pero luego recuperó su
color habitual. A una orden de Dios, tomó un poco de agua y la derramó en el suelo, y vió que su color era
el de la sangre. Ante el asombro que Moisés manifestó por los milagros. Dios lo exhortó a que tuviera ánimo
y estuviera seguro de que él sería su gran apoyo. Le ordenó que usara esos signos para hacer que los
hombres creyeran”(43) . A mi modo de ver, estos ritos y señas conciernen al mundo de los guías en el
desierto; a prodigios que sabían resalizar quienes conocían las estrellas y el modo de atravesar el
desierto. Para lo que era imprescindible la “vara”; una medida exacta con la que se localizaba la
situación de las sombras y de los astros (valiéndose de ella como una alidada de cuerdas). A esta
mira con cordeles creemos que es a lo que se refiere el texto cuando muestra que la vara de Moisés
es una serpiente; ofidio que luego vuelve a convertirse en leño. Demostrando el poder de esas varas
alidadas entre cuerdas, con las que se guiaban los antiguos para no perderse. Asimismo, los milagros
concernientes al agua y a la piel, creemos que refieren los secretos de conocer dónde había pozos
en el desierto, tanto como el modo de aguantar la sed y el calor entre las arenas.
.
El siguiente episodio relata el encuentro con su verdadero hermano, Aarón, y la visita ante su padre
adoptivo -el faraón-; donde le expone los designios de Yahvé; pidiendo que liberase a los judíos. De
tal modo nos dice Flavio Josefo: “Como el rey ridiculizara a Moisés, le hizo ver los signos que le fueron
dados en el Sinaí. El rey se enojó, lo trató de malvado y lo acusó de haber huído de su esclavitud en Egipto
para volver ahora a sorprenderlo con trucos engañosos y milagros de artes mágicas. Diciendo esto ordenó
a los sacerdotes que le hicieran ver idénticos milagros (…) Los sacerdotes arrojaron sus varas, que se
transformaron en serpientes. Pero Moisés no se amilanó (…) arrojó al suelo su vara y le ordenó que se
convirtiera en una serpiente. La vara obedeció, recorrió la estancia y devoró las varas de los egipcios, que
parecían dragones, hasta que los consumió enteramente. Luego recuperó su forma anterior y Moisés la
tomó de nuevo en su mano”. Finalmente, el faraón enojado por lo que creía astucias y argucias, no solo se
niega a dar la libertad a los hebreos, sino que además los castiga a trabajar de un modo más duro y sin
descanso (todo lo que hace que muchos de los judíos imprecasen contra Moisés) (44) . Algunas
variaciones hay entre este capítulo y los tres que contienen pasajes parecidos en La Biblia; aunque
hay un hecho casi idéntico en ambos, como es el relato de las varas de los egipcios devoradas por
la de Moisés. Todo cuanto a mi juicio habla de que la medida y las alidadas que manejaban los
judíos, eran mejores que las que tenían los egipcios. Al menos las de los sacerdotes o especialistas
hebreos (como Moisés), cuyas miras y fórmulas servirían mejor parar no perderse en el desierto ni
en los mares.
.
El capítulo XIV de Flavio Josefo recoge Las Diez Plagas; descritas de un modo casi igual que
describe La Biblia (45) . La última de ellas es la muerte del primogénito; todo lo que ya hemos
explicado desde el punto de vista religioso, considerando que en la Antigüedad era común la
práctica de cultos que obligaban a entregar al hijo mayor en sacrificio (al igual que debía llevarse al
templo toda criatura nacida primera, entre los animales domésticos). Normalmente estos ritos de origen
ganadero y neolítico, obligaban a matar a las reses, caballerías y aves nacidos de madre primeriza; debido
a que -al parecer- es normal que el ganado bovino y ovino abandone a su primera cría (al igual que sucede
con algunas yeguas y asnos). Siendo así y pensando que el primogénito se criaba con carencias y
defectos, debido a la falta de pericia de los progenitores para mantenerlo; pudo instituirse este
terrible rito, en el cual el hijo primero también era llevado al altar para ser inmolado. Aunque
realmente el sacrificio del primer infante (tan normal en religiones semitas) tuvo su razón de ser, en
atrapar a la poblaciones bajo el yugo del terror. Ya que aquellos padres que entregaban al niño con
ese fin, evidentemente eran esclavos del templo desde ese momento; pues no había excusa alguna
para impedir hacer lo mismo con ellos (ya que entregaban en su mayor inocencia al hijo; que inmolaban
por voluntad de los progenitores, apenas con unos años de edad). Por todo cuanto decimos, aquella
décima plaga de Moisés, a nuestro juicio supone que en Egipto en ese moento continuaron las
religiones piramidales, en las que se llegaba a sacrificar al primogénito; mientras en los ritos judíos
se sustituía el niño por el carnero (tal como mandaba la ley, desde Abraham).
.

AL LADO Y ABAJO: Junto estas lineas, el Ank (ó bien “Ankh”, ó “Anj”) ); signo de la vida y merca de
Isis, que se corresponde con una cruz ansada. Este símbolo, que fue uno de los más importantes del
Antiguo Egipto y a mi juicio tuvo su origen en las alidadas de cuerdas o en las miras para observar
los astros. Báculos astronómicos -alidadas- que deberían estar perfectamente calculadas conforme a
medidas geodésicas; pues de lo contrario, los guías se perderían en el desierto. El ajuste de estas “varas”
a la medida sagrada y de aquella a un patrón universal que les permitiera viajar pudiéndose orientar
observando la altura de astros y sombras. Obliga a pensar que cuanto mayor fuera el conocimiento
del tamaño del perímetro terrestre, mejor sería ese patrón capaz de transportarles de un lugar a otro
sin pérdidas. Ya que un simple error de pocos kilómetros en el desierto supondría la muerte entre las
arenas; no así en los mares, donde una confusión de decenas de millas tan solo suele llevar hasta un punto
de costa, más o menos cercano al lugar al que deseamos arribar. Debido a ello, hemos de suponer que en
las civilizaciones del desierto, donde es fácil observar las sombras; tenían un empeño constante por
mejorar su medida sagrada y de ello pudo surgir la “lucha de varas”, entre la de Moisés y las de los
sacerdotes de Egipto.
.
Al lado: Una ballestilla de varios palos, llamada comúnmente “Báculo de Jacob” (jacobstab) al haber
sido Jacob Koebel quien en una publicación de 1598 explicó su uso. Se trata de una simple cruceta, pasada
en ocasiones por un solo travesaño, aunque las más modernas contiene tres “martillos”. El palo central
(vara) está graduada y los que la cruzan simplemente tienen miras en sus extremos para ir posicionando
hacia ellas la observación de luces y sombras de los astros. El ingenio puede mejorarse incluyéndole
cuerdas, para ajustar mejor las distancias y marcar los ángulos totalmente rectos. Estas ballestillas fueron
los compases con los que normalmente leían el cielo para guiarse (hasta la llegada de la brújula en
el siglo XIII d.C.). Otros astrolabios eran más sofisticados, aunque el funcionamiento estaba basado
en el mismo principio: Tomar una distancia hacia un astro, ver la horizontal y determinar en qué ángulo se
hallaba la estrella en cuestión. Agradecemos al Museo Naval de Madrid, nos permita divulgar nuestra foto
de esta ballestilla de su propiedad (expuesta en sus vitrinas, junto a la explicación de su funcionamiento).
.
Abajo: Grabado de William Borough, editado en Londres en 1585; donde vemos a dos capitanes de
barcos de guerra orientándose a través de ballestillas. Observemos estas y la figura del “Ank” egipcio,
imaginando que de ellas colgaba una cuerda final de ajuste. De tal manera, pudo ser mucha su similitud
con el “ank” y el origen de este símbolo de vida faraónico quizás estuvo en aquellas alidadas
sacerdotales (bastones sagrados) para orientarse. A ello creemos que refiere La Biblia y Flavio
Josefo cuando mencionan la vara de Moisés, tanto como la de Aarón; a la vez que relatan una lucha
de “varas”, que a mi juicio hemos de interpretar como una disputa por ver qué medida y qué alidada
era la mejor.
.
.
En los capítulos XV y XVI, Flavio Josefo narra cómo los hebreos salen de Egipto. Describiendo que
se dirigieron por Letópolis y tres jornadas más tarde lograron llegar hasta un lugar denominado
Baalsefón (junto al Mar Rojo); punto que La Biblia identifica con las cercanías de Pihahirot y Migdol -
marcado en imagen, junto a la ruta trazada sobre la zona-. En mapas más abajo, vemos que Letópolis
estaba ubicada en las cercanías de Giza (algo más al Norte) y que su distancia hasta el Mar Rojo es de
unos 150 kilómetros -prácticaente en linea recta, de Este a Oeste-. Así se explica que tal como dice La
Biblia, llegaran a las proximidades del Mar Rojo en tres jornadas (lo que caminando, correspondería
a unos cincuenta kilómetros día). Allí es donde se produce el milagro de las aguas; donde Moisés
logra abrir el Mar Rojo y cruzar a su pueblo (por tierra firme); mientras que aquellas olas se cierran
de nuevo y caen sobre el ejército del faraón. El pasaje, no por famoso deja de ser interesante;
pues plantea a duda de que Moisés personificase a los marineros canaaneos, que facilitaron la huida
del pueblo hebreo; transportando en sus barcos a los que escapaban, cruzándoles al otro lado del
Mar Rojo. O si bien se refiere a que ese libertador era capaz de guiar a su pueblo en pleno desierto y
por tierras desconocidas; atravesando el paso del Sinaí (a la altura de Ezam) y adentrándose entre las
arenas, sin poder ser seguido ya por los egipcios.
.
Sea como fuere, es de gran importancia destacar el camino que toman (desde Giza -Letópolis- hacia el
Sinaí); que es la llamada Ruta de El Haj. Via de caravanas que -como decimos- arrancaba desde las
capitales del Delta del Nilo, caminando hacia el Este puro; llegando a las cercanías de Migdol, para
luego adentrarse en el desierto de Ezam, cruzar el de Parán y terminar en el puerto del Mar Rojo, Esyón
Geber (situado en el estuario de la Península del Sinaí, a Sur de Israel). Hemos destacado en el mapa
(abajo) esta ruta caravanera, pintada en morado; a la vez que se han apuntado las otras hipótesis de
huida marcadas por Flavio Josefo o La Biblia. Por las que Moisés cruzaría el Mar Rojo,
embarcándose en Pihahirot, cerca de Migdol -auque no hay que dejar de pensar que el paso más
sencillo era dirigirse por tierra hacia el desierto de Ezam-. Sea como fuere, llama poderosamente la
atención el nombre que los textos dan al punto de salida, o última ciudad, de territorio egipcio junto
a la que acampan los hebreos. Urbe que denominan Baal-zefón (o BaalSefón) y que a mi juicio refiere
al culto de los Baal semitas, que exigía el sacrificio del primogénito.Sobre este punto, El Antiguo
Testamento escribe textualmente: “Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-
hahirot, entre Migdol y el mar, delante de Baal-zefón; delante de ese lugar acamparéis, junto al mar”
(Ex.14;2). A la vez que Flavio Josefo nos dirá: “Y los hebreos se fueron de Egipto, mientras los egipcios
lloraban y se arrepentían de haberlos tratado tan duramente. Se dirigieron por Letópolis, un sitio desierto a
la sazón (...). Marcharon apresuradamente y al tercer día llegaron a un lugar llamado Baalsefón, junto al
mar Rojo” (Antig. Judías; MOISÉS II, XV,1) (46) .
.
Todo cuanto hemos recogido deja claro que el punto final y de escape fue aquel “Baal-sefón” o
“Baal-zefón”; que bien podríamos identificar con la voz Baal-zebú (el demonio o señor de las
bestias). O bien con un lugar donde los egipcios permitían celebrar sacrificios del tipo que describe
esa décima plaga: La inmolación del primogénito. Tratándose quizás de una costumbre que los del
faraón consentían a los pueblos que vigilaban sus fronteras; gentes de origen canaaneo, que tenía
por costumbre esa entrega de infantes a los dioses, para establecer sus pactos de sociedad y
religión. Por lo demás, habríamos de analizar el significado acerca de este punto de embarque y el
camino que toman los hebreos; junto al de la “vara” de Moisés, que abre aquel paso. Debiendo volver a
recalcar que el famoso bastón representa no solo el báculo de poder, sino a mi juicio también
simbolizaría la “medida” del guía y del sacerdote astrónomo. Clérigo formado en Egipto y que -por
tanto- conocía perfectamente el movimiento de la bóveda celeste; todo lo que le permitía navegar por el
desierto (o por los mares). Siempre sirviéndose se aquellas miras -ballestas o varas- y viajando
preferentemente por las noches, para dormir durante el día (en tiendas de color igual al de las arenas, para
no ser vistos).
.
Este conocimiento oculto, sería la garantía de permanencia y defensa del Nilo; no pudiendo llegar
hasta sus ciudades más que aquellos que dominaban los caminos por tierra y el devenir de los
astros. Todo cuanto relatamos deja patente el hecho de que cualquier ciudadano del Nilo, para salir de
Egipto atravesando el desierto; debía ser orientado por un “guía autorizado”. Astrónomos que se
formarían como clérigos o bien junto al sacerdocio; impidiendo que otros lograsen sus
conocimientos. Con la finalidad de que extraños y extranjeros no llegasen a las ciudades de Egipto;
o para que no pudieran abandonarlas los no autorizados ni menos los esclavos. Consecuentemente,
estos pasajes de La Biblia o de Flavio Josefo, parece que nos enseñan que Moisés (o el libertador de
los hebreos) era un sacerdote egipcio de enormes conocimientos: Capaz de guiarse con su “vara” por
el mar y el desierto; tanto como de encontrar agua valiéndose de ella y de otros misterios zahoríes.
.
AL LADO Y ABAJO: Junto estas lineas, un mapa de Egipto donde hemos marcado Letópolis y la ruta
de salida de los hebreos (bien por Mar o atravesando el desierto de Ezam). Abajo, fragmento de un
mapa editado en el libro “Por los caminos de la Biblia” de M.J. Esteve(Barcelona 1967; página 86). En
este vemos en morado la ruta de caravanas llamada El Haj (que quizás inspira el camino de salda de
Moisés). En otros colores, he marcado las posibles vías seguidas por los hebreos, según narran Las
Escrituras. Observemos en el mapa la situación de Letópolis, la de Migdol, Ezam y
Pihahirot (ciudades citadas en los pasajes mosáicos).
.
.
Tras el paso del Mar Rojo, comienza Flavio Josefo su Libro III de Moisés, del que añade “que abarca
un espacio de dos años” (refiriéndose a los dos primeros años en que los hebreos permanecen
errando por esta Península). Así, el primer capítulo trata del modo en que el libertador llega con su
pueblo hasta El Sinaí, debiendo buscar alimento y agua en pleno desierto (47) . Logrando manar un
pozo al que arroja un palo; tanto como sacar agua de una roca, que Moisés golpea con su vara.
Asimismo, Dios hará llegar el maná a los judíos (para alimentarles en el desierto). Todo cuanto
relatamos; de nuevo expresa un Moisés sacerdote y guía de los caminos desérticos; formado en las
Casas de la Vida de Egipto. Lo que le facilitaría esa capacidad para orientase entre las dunas, saber hallar
agua y lograr abastecerse de alimento entre las arenas. Siguiendo con la narración, Flavio Josefo narra en
el siguiente episodio una victoria de los hebreos, al verse obligados a enfrentarse contra los amalecitas
(Libro III , cap. 2); hechos que no recoge El Antiguo Testamento (48) . Aunque pasa más tarde a relatar los
famosos pasajes de Moisés en El Sinaí, tras recibir a su suegro y su mujer; siendo aconsejado por ellos
sobre el modo de ordenar a su pueblo. Posteriormente verá a Dios en una zarza ardiendo y finalmente
sube a la montaña para recoger las tablas de la Ley (49) . Siendo el Decálogo que recoge Flavio Josefo,
el siguiente: “El primer mandamiento nos enseña que no hay más que un Dios, y que sólo a él debemos
adorar. El segundo nos ordena no hacer ninguna imagen de animal para adorarla. El tercero, que no
debemos jurar por Dios falsamente. El cuarto, que debemos guardar el séptimo día, descansando de toda
clase de trabajo. El quinto que debemos honrar a nuestros padres. El sexto que debemos abstenernos de
matar. El séptimo, que no debemos cometer adulterio. El octavo, que no debemos ser culpables de robo.
El noveno, que no debemos prestar falso testimonio. El décimo, que no debemos cobijar deseos de lo que
sea de otros”.
.
Por su parte, Flavio Josefo no recoge importantes episodios, como el del Becerro de Oro.
Resultando a su vez paradójico que algunos de los datos y hechos que relata este autor, no estén
plasmados en El Antiguo Testamento. Pese a ello, desde este punto ya ambos textos se refieren
fundamentalmente al Moisés legislador; narrando el modo en que ordenó los Sociedad, los ritos, los
templos, el sacerdocio y la religión judía. Todo lo que podemos resumir con los títulos de cada capitulo en la
obra de Flavio Josefo y que a partir de aquí se intitulan del siguiente modo: CAPITULO VI, El tabernáculo
que Moisés construye en el desierto en honor de Dios, y que sirve de templo. CAPITULO VII, Las
vestimentas de los sacerdotes y del sumo sacerdote. CAPITULO VIII, El sacerdocio de Aarón.
Consagración del tabernáculo. CAPITULO IX, La naturaleza de nuestros sacrificios de ofrenda. CAPITULO
XI, De las purificaciones. CAPITULO XII, Diversas leyes. CAPITULO XIII, Moisés parte del monte Sinaí
conduciendo al pueblo hasta las fronteras de los cananeos. CAPITULO XIV, Moisés envía a varias personas
a explorar la tierra de los cananeos, y el tamaño de sus ciudades. Ante el informe de los enviados la
multitud cae en la desesperación y resuelve apedrear a Moisés y regresar a Egipto servir a los
egipcios. CAPITULO XV, Moisés queda disgustado y predice que continuarán en el desierto cuarenta años,
durante los cuales no volverán a Egipto ni tomarán posesión de Canaán.
En este punto da comienzo el libro cuarto en la obra de Flavio Josefo, donde sigue reatando la
historia de Moisés; cuya trama podemos seguir leyendo cómo va titulando cada capítulo: LIBRO
IV, Abarca un lapso de treinta y ocho años. CAPITULO I, La lucha de los hebreos con los cananeos, sin el
consentimiento de Moisés, y su derrota. CAPITULO II, La sedición de Coré y de la multitud, contra Moisés y
su hermano, con motivo del sacerdocio. CAPITULO III, Los sediciosos son destruidos por la voluntad de
Dios. Aarón, el hermano de Moisés, retiene el sacerdocio. CAPITULO IV, La permanencia de los hebreos en
el desierto durante treinta y ocho años. CAPITULO V, Moisés vence a los amorreos Sicón y Og,
destruyéndoles todo el ejército, y luego divide la tierra entre dos y media tribus de los hebreos. CAPITULO
VI El profeta Balaam y la apostasía de Zambrías. CAPITULO VII Los hebreos pelean con los madianitas, y
los vencen. CAPITULO VIII Sobre la política establecida por Moisés, y de cómo el legislador desaparece del
mundo.
.
Termina Flavio Josefo los textos relativos a Moisés en este último capítulo octavo; siendo los
episodios antes citados un resumen de lo que en Sagradas Escrituras contienen: El Levítico,
Números y Deuteronomio. Finalizando el autor sus libros de Moisés, con las siguientes palabras: “Moisés
vivió en total ciento veinte años, una tercera parte de los cuales, menos un mes, fue el gobernante del
pueblo. Murió el último mes del año, llamado por los macedonios distro y por nosotros adar, el primer día del
mes. Fue superior a todos los hombres en inteligencia, e hizo el mejor uso de lo que esa inteligencia le
indicaba. Tenía una manera muy grata de hablar y dirigirse a la multitud, y en cuanto a sus otras cualidades,
sabía dominar ampliamente sus pasiones, como si apenas las tuviera en su alma, y las conocía sólo de
nombre y más bien por advertirlas en los demás que en sí mismo. Fue además un general de ejército de los
que se ven pocos, y un profeta como no se conoció ningún otro, hasta el punto de que cualquier cosa que
decía era la voz de Dios mismo la que hablaba. El pueblo lo lloró treinta días. Jamás sufrieron los hebreos
una pena tan honda como la que sintieron por la muerte de Moisés; no sólo lo querían aquellos que habían
experimentado su conducción sino todos los que utilizaron las leyes que dejó y que le dio la extraordinaria
virtud que poseía. Con lo cual considero que es bastante para expresar de qué modo se produjo la muerte
de Moisés” (50) .
.

AL LADO Y ABAJO: Junto estas lineas Codo Egipcio en Madrea; de época de Amenofis
III; abajo, detalle de la misma pieza. Este es uno de los tres Codos Reales que exponen el Museo De
Turín (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Los “Codos” fueron la medida sagrada de
los Egipcios; teniendo dos tipos: Codo Real (de 28 dedos y 7 Palmos) y Codo Vulgar (de 24 dedos y 6
Palmos). Gracias a las excavaciones de Arthur Weigall y Ernesto Schiaparelli, en la tumba del arquitecto
Kha y su mujer Merit (muertos entorno a 1350 a.C.); pudieron recuperarse dos Codos prácticamente
intactos. El primero es un regalo del faraón Amenofis a Kha, hecho en oro y el otro consiste en una medida
plegable, para llevar en el equipo de trabajo. Ambos coinciden en tamaño y están expuestos junto a este
otro Codo que vemos en imágenes y que también adquirió el Museo de Turín. Su medida exacta es de
52,5 centímeros, lo que reafirma que en tiempos de Amenofis II y Akhenatón, el Codo Real
equivalente a esos 525 milímetros (se dividía en 7 Palmos de 75 mm. y 21 Dedos de 18,75 mm.). Siendo
el Codo Vulgar de entonces, exactamente 45 centímetros (6 Palmos; o bien 24 Dedos).
.
Decimos por entonces, porque desde el establecimiento del Codo como medida sagrada por el
arquitecto supremo Imnohtep, en tiempos de Saaqara (aprox. siglo XXVIII a.C.); su medida tuvo varias
reformas. Variaciones que a mi modo de ver surgieron debido al cambio de capitales del Nilo; pues cuando
trasladaron la ciudad principal del Imperio, al Sur; las sombras harían percibir un arco terrestre más amplio,
obligando a pensar que la Tierra medía más de lo que en el delta se consideraba. Ello explica que en
tiempos de Saaqara y de las Pirámides, el Codo Real midiera unos 52,39 centímetros; mientras que
en la dinastía XVIII pasó a establecerse en 525 milímetros. Pues como hemos explicado en muchos
de mis estudios, a mi jucio, aquel Codo se obtenía midiendo el Grado de la Tierra, simplemente
trazando una linea recta en el desierto y observando en qué momento cambiaba la sombra un grado.
Debido a ello, la medida que se lograba en Giza y en Luxor, serían diferentes. Por lo demás, con el
sistema descrito se obtenía el valor del arco terrestre, posibilitando un patrón geodésico; lo que
permitía deducir las variables según el punto de latitud. Ya que las estrellas y sombras no solo
varían conforme al movimiento, sino también en razón al punto de altura en el Globo, desde el cual
se observan.
.
Para terminar este comentario de imágenes diremos que estas medidas sagradas eran inalterable en el
Nilo (solo podía ser reformada por los sacerdotes supremos); tanto quetodo egipcio debía jurar no
haberla cambiado, cuando se presentaba en el juicio final y ante Osiris. Ese juramento, que pudiera
parecer un “capricho” religioso, tenía como fundamento dos principios: Primero, mantener el comercio
sin alteraciones ni fraudes (ya que todo este se basaba en medidas de longitud, líquidos y capacidad,
descendientes de aquel Codo Sagrado). En segundo lugar, la no alteración de la medida servía para
que los guías y astrónomos no se confundieran; habida cuenta que se trataba de un patrón
geodésico obtenido por y para el estudio de los astros o sombras (sobre obeliscos y monumentos,
estudiados en determinadas fechas). Pese a la complejidad que pudiera parecer; e conocimiento de aquella
fórmula geodésica era más que sencilla; pues como dije, para hallarla bastaría trazar una linea recta en el
desierto (Norte Sur, por ejemplo junto al Nilo) y observar sobre una regla de grados en qué momento
cambia la sombra. Tras ello, multiplicando por 360 esa distancia en la que el reflejo del Sol se
modifica un grado, se obtiene el arco de la Tierra. Finalmente, fraccionando el meridiano tendremos
una medida “sagrada” (geodésica), que nos permitirá guiarnos sin perdida en el desierto (pudiendo
calcular perfectamente la latitud). Ello sería lo que sucedería con el Codo de 525 milímetros; que se
correspondería con 210.000 Codos por Grado (110.250 metros nuestros) y 39.690.000 metros, para el
Meridiano.
.

.
Abajo: Explicación del Codo Real y Vulgar en un diseño de Laura Donatelli para LA VIDA COTIDIANA
DE LOS EGIPCIOS (agradecemos a Laura Donatelli nos permita divulgar su dibujo). Las medidas
coinciden en las tres piezas expuestas en el museo Turín (los dos Codos del Arquitecto Kha y el Codo III,
que hemos visto en anteriores imágenes). Como podemos comprobar, el Codo Real en tiempos de los
Amenofis era de 525 milímetros y el Vulgar de 45 mm.. Sus medidas son absolutamente geodésicas;
tanto que prácticamente coinciden con el sistema métrico. En base a ellas, podemos obtener la
conclusión de que en tiempos de Akhenatón consideraron que el Grado tenía 210.000 Codos
(110.250 metros), por cuanto el arco terrestre lo cifrarían en 39690000 metros (aprox) -resultando
simplemente de multiplicar 110.250 mts. x 360º = 75.600.000 Codos Reales = 39.690 kilómetros-. Esta
conclusión se obtendría tan solo observando la distancia en la que cambia la sombra a igual hora. Pese a
ello, el cálculo del meridiano no es exacto de este modo, habida cuenta que la Tierra está “achatada”
debido a su rotación -teniendo forma un tanto “ovoide” y no perfectamente redonda-. Por esta razón, a mi
jucio, cuando los faraones tomaron medidas de las sombras en las nuevas capitales del Sur, se
verían obligados a aumentar el valor del Codo Real; ya que conforme nos acercamos al Ecuador, el
Globo crece su perímetro. Estas variaciones y reformas religiosas del Codo, y el uso de aquel como
patrón geodésico para guiarse valiéndose de las estrellas; es lo que en mi opinión describe La Biblia
y los textos de Favio Josefo, al mencionar la guerra de “varas” de Moisés y de los sacerdotes
(convertidas en serpientes). Lo que decimos acerca del valor e interpretación de estas varas
mosáicas, se demostraría porque los hebreos importaron la medida egipcia del tiempo de
Akhenatón. Quedando aquel tamaño como patrón sagrado y estandarizado entre los judío; y
equivaliendo a día de hoy el Codo Sagrado hebreo a 525 mm. (tanto como el Codo Vulgar hebreo
sigue siendo de 45 mm.). Con ello podemos ver que los Codos Judíos son exactamente iguales a las
medidas de idéntico nombre que usaban en el Nilo durante el siglo XIV a.C. (en tiempos de Moisés).
.

.
10) – EL NACIMIENTO DE ISRAEL: La Edad del Hierro, los Pueblos del Mar y la creación de Fenicia.
.
Tras analizar las noticias que los libros de religión hebreos rememoran; regresaremos a la
arqueología. Una historia que habíamos dejado cuando Amenofis IV provoca la secesión y la caída
del poder faraónico; momento en que muchos de los hebreos huyen o se liberan del Nilo. Bien por ser
seguidores del faraón y de su religión monoteísta, o bien al escapar de la esclavitud a la que los egipcios les
sometían. De tal manera desde la crisis de Akhenatón, se produce esa decadencia en Egipto que lleva
hasta una época en que comienza la “liberación” de los pueblos que vivían en Canaán, con el
nacimiento de los reinos y las civilizaciones propiamente canaáneas (entre las más importantes la
fenicia y la israelita). Etapa en la que hay un factor histórico crucial, como fue la difusión del Hierro
por el Mediterráneo -desde finales del siglo XIII a.C.-. Un metal que sobre el siglo XIV a.C. comienzan
trabajar templado en Anatolia; aunque antes había sido hallado en forma dulce dentro de los aerolitos y
usado como precioso (para decorar o para hacer piezas inoxidables extraídas de meteoritos). Hierro que
tan solo llegaron a conseguir endurecer (acerar) hacia el siglo XIV a.C. algunas gentes que vivían
bajo el dominio hittita. Estos, por medio del uso de hornos y crisoles de carbón, consiguen trabajar las
altas temperaturas que el hierro necesita para su fusión y temple, consiguiendo los primeros aceros
capaces de romper y destruir las armas de bronce.
.
El nuevo metal traerá a nuevas gentes al escenario histórico; muchos de ellos bárbaros e incultos,
debido a que el hierro no precisaba casi de conocimientos para su obtención, ni su aleación -aún
menos para hallar minas-. Por ello, grupos formados por tribus, e incluso por bandas armadas, se
bastarán para hacer frente y luchar contra los ejércitos de los grandes Estados del Mudo Antiguo (las
más sofisticadas civilizaciones del Bronce, enfrentadas contra vándalos sirviéndose del hierro). Es así
como a finales del siglo XIII a.C., comienzan a bajar por el Mediterráneo turbas y hordas de piratas;
encaminándose hacia Canaán y luego a Egipto. Grupos deseosos de conquistar tierras, procedentes
desde las costas cercanas a Anatolia y del Continente Europeo; quienes con su nuevo armamento
consiguen hacer un daño inigualable a los ejércitos del Faraón. Entre estos invasores, los mas
importantes fueron los grupos que surgen desde 1195 a.C hasta el 1155 a.C. (+,-), denominados
Pueblos del Mar; llegados en barco hasta Oriente Medio y que posteriormente arriban a Egipto con el
deseo de conquistarlo -de forma muy similar a como lo hicieron los Hicsos, unos quinientos años antes-.
.
Por los relatos egipcios conocemos algunos de los nombres de estos grupos “bárbaros” que
llegaban en barcos hasta las costas del Nilo; obligando continuamente a los Faraones del siglo XII a
rechazarles. De tal modo, en el 1156 a.C. ( +,-) ya Egipto estaba exhausto de los continuos ataques
sufridos en sus costas y decide aislarse, haciendo la vida lejos del litoral marino, internándose aún
más en el desierto para defenderse de esas razzias continuadas. De alguna forma debieron de
conseguir evitar los ataques de estas gentes, pues las estelas de Ramses III narran cómo en 1149
a.C. (+,-) este Faraón derrota a esos Pueblos del Mar y consigue que se establezcan en territorios
lejanos al Nilo. De dicha derrota casi todos los arqueólogos dudan y se inclinan más a pensar que
Egipto les facilita el medio para que se estas tribus del Hierro marineras encuentren hogar y puerto
en lugares de Chipre, y Canaán, e incluso en el Nilo. Aunque aquellas gentes tan feroces ya habían
entrado en territorio de Canaán y se habían establecido al menos en sus costas unos treinta años antes –
del 1195 al 1185 a.C. (+,-)-.
.
Por su parte, la aparición del Los Pueblos del Mar en las costas canaáneas a comienzos del siglo XII
a.C., trajo como resultado inmediato el declive y casi la desaparición de Biblos y la cultura Giblita.
Una antiquísima ciudad y emporio, fundada por Egipto en el cuarto milenio a.C. y que durante casi dos
mil años había sido la capital de los puertos mediterráneos -en pleno Oriente Medio-. Quedó así reducida
Biblos a un segundo plano, mientras emergen como grandes potencias Tiro y Sidón. Estas dos
ciudades del litoral canaaneo fueron “refundadas” y mejoradas con la llegada de esos Pueblos del
Mar, que se unen a los oriundos de Canaán; con toda probabilidad para liberarse -o luchar- contra el
Nilo y los de Anatolia. Desde entonces Tiro y Sidón aparecen como dos núcleos capitales, que ya
dominarían todo el comercio de la zona mediterranea oriental -hasta su caída y conquista por Babilonia
(desde el siglo XII, hasta el VII a.C.)-.
.
Dichos puertos, fortificados y elevados sobre islas artificiales, ejercerían la Thalasocracia mercantíl
durante más de seiscientos años en el Oriente Mediterráneo. Seis siglos durante los que se elevaron
como auténticos emporios inexpugnables. Para lo que reedificaron sus zonas de vigía, sobre rocas
artificiales en la cercanía de las costas; buscando sus fundadores, manantiales y aguas en el fondo del mar
(ganando terreno a las aguas y adentrarse en islotes con formas de imposible sitio y cerco). De tal
manera consiguen crear unas urbes protegidas y fortificadas, en lo que hasta ese momento eran
islas o rocas en mitad del mar, sin posibilidades de habitabilidad. Allí construyen sus puertos y sus
ciudadelas, como “una Venecia” del siglo XII a.C., con cientos de muros y aljibes para guardar las
aguas de las lluvias y las dulces que conseguían “robar” al mar por medio de mangueras de cuero -
usando embudos con los que canalizaban los manantiales potables interiores, hasta sus casas- (51) . Todo
ello sucede tras la unión de los Pueblos del Mar (recién llegados al litoral) con estas gentes
marineras que hasta entonces habían vivido en las costas de Canaán. Creando una nueva cultura,
que luego fructificó y se conoció como: Fenicia (52) .
.
Fenicia fue realmente una nueva civilización, en todos los sentidos; pues la unión de los recién
llegados de Anatolia en barco, con los canaáneos (que durante miles de años fueron el pueblo puente
entre semitas, indoeuropeos y egipcios); se creó definitivamente una cultura nueva. A ello hemos de
sumarle las influencias heredadas de los cretochipriotas, que entonces huyen de sus
islas (asediadas y destruidas por los dorios desde el siglo XI a.C.). De tal manera, si los Pueblos del Mar
importaron a Fenicia el hierro y las nuevas técnicas de navegación y construcción de barcos (que el
acero debió proporcionar). Los canaaneos aportarían los miles de años de cultura y organización
marinera que dominaban (desde Biblos); junto a las técnicas del comercio y el uso mercantil del
metal. Pero asimismo, los egeos, cretenses y chipriotas que se refugian en esos siglos en Canaan,
les enseñarían sus sistemas de mercado, de construcción y navegación; tanto como las rutas
comerciales que durante milenios habían practicado la civilización minóica y micenia. Así de la unión
de la barbarie más feroz (los Pueblos del Mar), junto con el civismo más experimentado y antiguo
(Biblos, Creta, Chipre y el Canaan costero), nacería la cultura púnica, cuna del comercio y la
colonización mediterránea.
.

AL LADO Y ABAJO:Junto estas lineas, dibujo mío coloreado de una pentera fenicia del siglo X a.C..
Con más de treinta remos y cuarenta metros de eslora, estos barcos podrían surcar el Mar Rojo y el
Mediterráneo sin problemas(durante los meses de buen tiempo; pues sabemos que en el invierno se
suspendían las singladuras de altura y tan solo se navegaba de cabotaje -observando siempre cabos y sin
perder la linea de tierra-). Abajo: De nuevo mapa de las tribus de Israel, tomado del libro: “Por los
caminos de la Biblia” de M.J. Esteve (página 60; Barcelona 1967) -a cuyos herederos y editorial
agradecemos nos permitan divulgarlo-. En este podemos ver el orden de las distintas tribus de Israel, su
establecimiento y distribución en tiempos posteriores a Moisés (entorno al sigo XII al XI a.C.). Se
marcan las de Efraím y Manases en el centro de Canaán, aunque muchos consideran que su lugar
inicial era el Sur, lindando con el Sinaí y en frontera con tierras cercanas al faraón. Por su parte
aparece la de tribu Dan, en un principio asentada entre los filisteos, pero más tarde emigrada al
Norte (establecida en Golán). Ello concuerda con el verdadero origen de esta tribu, que no era hebrea,
sino de procedencia micenia o creto-chipriota; lo que por entonces se llamaban filisteos. Considerados
cercanos a un Pueblo del Mar (los Dannaos) finalmente asimilan la religión judía, dejando de ser extranjeros
y marchando hacia su nuevo territorio en Golán (al norte, en zonas lejanas a tierras filisteas, situadas en el
litoral -desde Gaza a Hoppe, ó Haifa-).
.
.
Pese a cuanto narramos, el obligado exilio desde sus islas, de los micénios y minóicos; junto a la
llegada de los Pueblos del Mar, también provocaron un rechazo entre algunas culturas genuinas de
Oriente Medio. De tal manera, no todos los de Canaán aceptaron mezclarse con esos recién venidos
“por el Mar” y que así fueron apareciendo por sus costas (desde el 1195 a.C. +/-). Pues veremos como
en 1194 a.C., algunos de estos Pueblos del Mar ya son rechazados repetidamente y finalmente se tienen
que asentar en los territorios de costa, antes ocupados por cretenses y chipriotas (desde mediados del
segundo milenio a.C.). De ese modo, la zona en que se establecen estos Pueblos del Mar, fue una
larga franja litoral de Palestina y la más cercana a Egipto (Gaza). Todo lo que hace pensar que
posiblemente el Faraón les permite ese asentamiento, con el fin de darles una tierra para que no
pretendieran conquistar más el territorio del Nilo. Aunque posiblemente también los asientan allí, para
que hicieran frontera marítima con los judíos (sin permitir incursiones de barcos hacia Israel, pero a su vez
controlando la salida de los hebreos al mar).
.
El nombre que dieron en Egipto a esos que se establecen en las actuales playas de Palestina ya
dijimos que fue el de Pelest; quienes más tarde fueron llamados Filisteos por los hebreos. Unos
vecinos israelitas que no debieron aceptar mezclarse con ellos, ni les era grata la frontera con estas
gentes tenidas por bárbaras (nacidas de los Pueblos del Mar). Aunque como ya dijimos, históricamente
esos Filisteos son considerados por muchos arqueólogos gentes huidas desde Creta y venidas ya
desde el desastre del Tera-Santorino. Sin estar claro qué pudo suceder históricamente en esta franja
costera de Palestina (Gaza), en el tiempo comprendido entre el terremoto (del 1680 a.C.) y hasta la llegada
de los Pueblos del Mar (en 1194 a. C.). Un periodo de unos quinientos años, que se completa con la
aparición de cretochipriotas en tierras de Israel hacia el siglo XII a.C.. Gentes venidas del mundo minóico y
micénico, refugiadas en dos zonas: Una en el Sur (Gaza) y otra cercana a Golán (junto a Fenicia, en el
Norte; quienes llegan a integrarse como una tribu judía más, llamada DAN y como “danaos” que eran). Todo
ello, deja intuir que esas costas de Canaan cercanas a Egipto, fueron desde el siglo XVII a.C. puertos
de Creta y Chipre, frecuentados también por bibliotas; pero sobre todo, donde realizaban su
actividad comercial los minóicos durante el tercer y segundo milenio a.C.. Lo que explicará que allí
posteriormente se asienten los huidos del Tera Santorino (en el siglo XVII a.C.) y más tarde los
Pueblos del Mar; o los que escapan de las hordas del hierro, al destruirse la civilización cretense y
chipriota (hacia el 1100 a.C.). Habiendo de comprenderse que la franja Sur (Gaza) era donde se
establecían desde etapas más antiguas aquellos que tenían “permiso” del faraón para asentarse ; al
ser unas tierras tan cercanas a Egipto, que debían estar siempre vigiladas por los ejércitos del Nilo y
cedidas a aliados que no les atacaran.
.
Por su parte, en lo que se refiere a los Pueblos del Mar, la gran mayoría se componían por bandas de
huidos o guerreros apátridas (muchos hittitas); surgidos tras la caída de Troya y la desaparición del
Imperio de Hatti -siglos antes de que Anatolia fuera dominada por los griegos Aqueos-. Pero hemos de
pensar que una gran parte de ellos también debieron ser gentes micénicas y muy cercanas
culturalmente a Creta. Puesto que los troyanos, vencidos por los griegos continentales sobre el 1212 a.C.
(+,-), eran a su vez, huidos y refugiados cretenses -en este caso, escapados del desastre del Tera-. Cuando
cuatrocientos años antes, se habían establecido en las costas de Anatolia gentes venidas del derruido
imperio Minoico. Tales creto-micénicos se habían hecho claramente con el poder en la zona de Troya,
gracias a controlar el paso del Bósforo, que unía el Mediterráneo con el Mar Negro. Un Estrecho
marítimo que era crucial pues se trataba del camino obligado hasta la Cólquida (el Caúcaso), montes
donde se situaban las minas de cobre y estaño mas conocidas en esta baja Edad del Bronce. De tal
manera, hemos de pensar que el poder de estos troyanos y sus gentes cercanas en las costas
anatólicas; residía principalmente en cerrar ese paso hasta las minas de las que se extraía el
bronce. Una fuerza que hubo de ser enorme; puesto que podían controlar gran parte del armamento de la
época (los ejércitos y sus guerras).
.
AL LADO: Armadura del tipo micenio, del siglo XIV-XV a.C., muy similar a las que llevarían los
nobles en la Guerra de Troya. Procede de la Tumba de Dedra y es propiedad del Museo Nacional de
Atenas (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen).
.
.
.
.
.
.
.
ABAJO: De nuevo, mapa que contiene en su página 162, el libro LOS PUEBLOS DEL MAR, de N.K.
Sandars; Madrid 2005 -a cuyo editor agradecemos nos permita divulgar esta imagen-. Veamos en él cómo
sitúa el lugar de asentamiento de los filisteos en dos zonas: Por un lado en el litoral de Oriente
Medio, en un área muy cercana a Chipre; tanto como igualmente contempla a los Peleset (filisteos)
en la actual franja de Gaza. Ese doble emplazamiento de aquel Pueblo del Mar, sin duda y en nuestra
opinión se debe a que aquellos que los judíos llamaron filisteos (y los egipcios peleset) eran
originarios del Egeo y del área cercana a Chipre, donde primero los sitúa la Historia. Aunque hacia el
año 1180 aparecen luchando en Egipto contra Ramses III, época en que se mencionan ya asentados
en la franja de tierra que hasta entonces había sido egipcia y que tomó el nombre de Gaza. Voz que
en mi opinión procede de Gath, ciudad filistea con un famoso héroe homónimo que llamado G-lath (Goliat).
Palabras cuyo origen consideramos proceden del arameo "GLTH" y que significan: "Errantes, el que vaga,
el que peregrina".
.
Habiendo denominado los arameos así a los filisteos; durante los años en que buscaban asentarse en
Canaán y mientras huían de sus tierras invadidas por los dorios (los Hombres del Hierro). Por cuanto esos
micenios expusados de las costas de Anatolia, del Egeo, de Creta o Chipre; serían llamados por los
israelitas “GLHT” = “los errantes, los que vagan”. De allí el nombre de la franja de terreno donde lograron
asentarse: Gath, al igual que su ciudad principal y su famoso héroe homónimo (Goliat). Área que, como
decimos, actualmente se corresponde con Gaza y donde vivirían los peleset (ó filisteos) hasta que se
asimilaron con los israelitas -por lo que aún hoy se denomina Palestina-. En el mapa de la imagen
igualmente se observa junto a estos PELESET, a otro Pueblo del Mar (micenio o anatolio errante)
denominado DANUNA. Gentes que se identifican comúnmente con los Aqueos o preaqueos a los
que la Historia llama Danaos (tal y como que se citan en las cartas de Amarna, y eran conocidos en
la misma Grecia). Unos Danuna o Danaos que primeramente compartieron tierras con los Peleset y de los
que se supone posteriormente se unirían o fundirían entre los judíos con el nombre de Tribu de Dan.
Importante grupo israelita que fundo sus ciudades junto al Golán a comienzos del I milenio a.C..
.
Finalmente, en el mismo mapa y en la franja de Gaza, pero unos kilómetros más al Norte de los
PELESET y DANUNA, marca a los TJEKER; otro de los Pueblos del Mar (errantes en estos siglos);
que se cree procedía de Salamina -Chipre- o bien de la Tróade -Troya-. Sabiéndose eran aliados de los
anteriores Filisteos y Danaos, con los que compartieron tierras y ejércitos. Estos grupos que aparecen como
migratorios durante los siglos XIII y XII a.C., fueron con toda seguridad -al menos a mi juicio- las gentes
micénias o anatólias y egeas, que durante la expansión del Hierro se vieron obligadas a huir y
establecerse en otros lugares. Siendo acogidos una gran mayoría en las costas de Canaan y
asentándose en la franja marítima de Israel-Judá. Algo que impulsarían los habitantes del llamado
"creciente fértil" porque los cananeos apenas navegaban, al carecer de medios y fundamentalmente
de bosques para construir armadas. De todo lo que se comprende el modo en que los judíos y
habitantes del área del Jordán pactaban con estos marineros errantes; situándolos en los litorales
como un medio de proteger sus costas. Por lo demás, la franja marítima de Gaza, hasta la llegada de
los Peleset -o los Danuna y Tjeker (filisteos, danaos y tróades)- había estado en poder de Egipto.
Quedando fuera del dominio de Ramses III hacia el 1180 a.C., momento en el que se documenta
precisamente la entrada de los Pueblos del Mar en aquella zona. Todo lo que deja de manifiesto que se
asentarían ayudados (o apoyados) por los habitantes de esas tierras hasta entonces fronterizas con las del
faraón (principalmente los judíos, habida cuenta que algunos de los Pueblos del Mar terminarían formando
parte de sus tribus).
.
.
AL LADO: De nuevo, mapa editado en el libro “Por los caminos de la Biblia” de M.J.
Esteve (Barcelona 1967; página 86), con el fin de comparar tribus de Israel y Pueblos del Mar.
.

.
Tal como relatamos, el siglo XIII a. C. sucedió el “milagro del hierro”, dando paso a una nueva era
presidida por ese nuevo metal. Cuya materia prima era fácil de hallar y de trabajar; por lo que
resultaba barato fabricar resistentes espadas, sin precisar buscar su mineral en tierras lejanas y
menos cruzar el Bósforo. Después de aquello, parece ser que consiguieron unirse los griegos aqueos
para asediar el paso hacia el Mar Negro y derrotar a los que les dominaban desde hacía centenares
de años -controlando desde Troya gran parte de las minas de cobre y estaño-. Ello culminó a nuestro
modo de ver con La Caída de Troya; que finalmente debió crear el gran éxodo de pueblos hasta
entonces asentados en las costas de Anatolia; quienes se vieron obligados a huir (preferentemente hacia
Canaán y Egipto). Así, la Guerra de Troya, junto a la caída del Imperio Hittita son -a nuestro juicio- los
principales motivos de la aparición y del origen de aquellos que fueron llamados Pueblos del
Mar. Entre los que muchos serían hittitas, pero la mayoría hubieron de ser gentes micénicas vencidas
por la una emergente Hélade -entonces en periodo de creación-. Pueblos o tribus cuyo origen en
muchos casos a su vez estuvo en los que habían huido desde Creta y Chipre en el 1680 a.C., hacia
Anatolia, ante la destrucción y ruina sembrada por el Tera-Santorino. Y que este siglo XVII a.C. inician
lo que luego va a ser Micenas, o el nuevo mundo minóico (de periodo palacial). De tal manera, poco
debieron tardar los micenios continentales en hallar las armas de hierro y en sublevarse contra sus
hermanos anatolios, para destruir su capital (Troya) en el paso hacia el Caúcaso. Y de esta hecatombe
que debió suponer la caída del mundo troyano, junto a los pueblos que le rodeaban; debieron surgir
esas gentes a las que llamaron Pueblos del Mar. Quienes huyen al Sur en busca de tierra -en algunos
casos- o como simples mercenarios desarraigados; sin mando ni misión, cargados de armas y viviendo de
atacar las costas del Mediterráneo, repetidamente.
.
El origen probable cretense de muchos de esos Pueblos del Mar, quizás causó que estos buscasen
ir hacia tierras donde estaban otras gentes micénicas o minóicas, con ancestros comunes. Así,
posiblemente llegaron a parar al litoral de Canaán, estos que llamaron los egipcios Pelet y los judíos
Filisteos. Al territorio que luego fue llamado Palestina por los romanos; cuando los conquistadores
llegados de Italia en el siglo I a.C. desearon borrar el nombre de Judá e Israel de aquellas tierras; dadas las
revueltas de sus habitantes, que no se dejaban dominar. Pues para olvidar a los judíos, finalmente Roma
denominó a la totalidad de la zona con el nombre de tierra de los Filisteos (Pelet, o Palestina). Por lo
demás, el hecho que puede corroborar el origen micenio de este pueblo Peleset, ha sido antes
destacado; al considerar que su nombre posiblemente significa: “hijos de dios” (filis-teo); o bien
mercenarios (peleteo) y también pelasgos (pelegeo) -todos de origen y procedencia egea-. De ello, se
puede concluir plenamente en la posibilidad de que fueran gentes micénicas venidas desde Troya,
tras la guerra perdida.
.
De lo antes relatado, entenderemos por qué gran parte de las leyendas fundacionales de la primera
Edad del Hierro están unidas a estos Pueblos del Mar y mencionan la Guerra de Troya. Tal como
recoge en el origen mítico de varias ciudades de Oriente, pero también en las del Occidente
mediterráneo; en especial en Italia el Sur de Francia e Iberia. Donde existen infinidad de historias
que relacionan la fundación de múltiples urbes y Estados, con huidos llegados desde Troya. Tanto,
que se llega a relacionar la palabra Etruria con la misma Troya; ya que en al parecer la forma más
antigua de escribir este nombre es el de Turta. Siendo Schulten (entre otros) quien a principios del
siglo XX menciona el hecho de que esta voz Turta -o Tursha- y que al parecer daría origen a Etruria,
también sería la raíz del nombre de Tartessos (relacionadas ambas con Troya). Apuntando la
posibilidad de que tanto gran parte de Italia, como otras costas más Occidentales, fueran
colonizadas tras la guerra de Troya, por gentes huidas de este desastre.Algo que no solo se referiría a
la caída de Troya, sino a la del mundo del Bronce, tras la llegada del Hierro. Debido a todo lo antes
expuesto, algunos afirman también que el origen de nombres de ciertas ciudades del Sur de Francia (como
Tarascon) se relaciona con estos pueblos venidos desde Anatolia (troyanos); existiendo infinidad de mitos y
leyendas en los que se menciona al mismo Príamo y sus guerreros, llegando para fundar en estas
latitudes. Debiendo recordarse que junto a Tartessos se hallaba el puerto de Menesteo (otro de los
héroes troyanos) cuya ciudad hoy es El Puerto de Santa María; lo que confirmaría que Schulten puede
tener más que motivos para apuntar la idea de que Tartessos y la Turta italiana sean palabras muy
similares, nacidas de Troya. Concluyendo el sabio alemán, que muy posiblemente el origen de la
cultura etrusca y la tartésica sea común y traída por aquel Pueblo del Mar llamado “Tereshk” y que
en Canaán vimos anotado junto a Megido y escrito como Tjeker (ver mapa anterior). Para comprobar y
entender la afirmación de Schulten, bastará comparar la orfebrería, la escultura, el alfabeto y un largo etc.
de similitudes culturales entre Tartessos y Etruria.
.

.
ARRIBA Y ABAJO: Dos piezas etruscas, con el fin de compararlas con las de Iberia de igual
época. En la imagen superior, restos del recubrimiento en plata de un arca hallada en Vetulonia y
fechada en el siglo VII a.C. -tal como la expone el Museo Arqueológico de Florencia, al que agradecemos
nos permita divulgar nuestra imagen-. Como podemos observar, su diseño es muy parecido al de joyas
o escultras ibérico-tartessias, de igual época y muy influidas por el arte neohitita. Todo lo que dejaría
ver que el origen pudiera estar en estos "Tjeker", Pueblo del Mar asentado en Canaán quizás también
emigrado a Italia. Bajo estas líneas: Estantería con exvotos etruscos en bronce del siglo IV al III, tal
como los exhibe el Museo de Arezzo (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra
imagen). Observemos el parecido entre estos exvotos y los ibéricos de igual época.
.
.
11) – EL PUEBLO FILISTEO (el reino Peleteo y los Cereteos).
.
11- A) Sansón y los filisteos:
Tras la muerte de Moisés y acerca de quienes compartieron la Tierra de Canaán (a la llegada de los
hebreos), existen múltiples leyendas bíblicas que nos explican su historia y desarrollo. Una de las que
creemos fundamental para comprender el nacimiento de Israel, Juda y su convivencia con los
Pueblos del Mar canaanitas, es la de Sansón. Historia que La Biblia describe en Jueces (13 a 16) tal
como recogemos en cita (53) y que debemos de datar en fechas cercanas a Moisés (durante la centuria que
comprende los reinados de Ramsés II al de Ramsés III). Su nombre al parecer significa “el Pequeño
Sol” y ello puede referir a algunos judíos que habían conservado la adoración solar procedente de
cultos egipcios y de otros pueblos(ajenos al de Yahvé). La época de Sansón a nuestro juicio se puede
situar en los siglos anteriores a David (del 1200 al 1100 a.C) y en nuestro análisis, su leyenda debe
relacionarse con nacimiento de Israel (aunque en época previa a la organización unificada de los judíos).
Por cuanto su figura creemos que personifica a los guerreros pre-israelitas que se aliaron con los
Pueblos del Mar, tras la entrada de esos extranjeros en Canaán, sobre el 1195 a.C.. Pareciendo dejar
entender esta leyenda, que una gran parte de la armada y ejército de los israelitas del Norte, se alió y
mezcló con esos venidos desde Anatolia e islas del Mediterráneo (en el siglo XII a.C.). Su significado
como “un gigante” de gran fuerza, hace ver que personifica a los mas fuertes hombres hebreos, quienes
claramente son los de Israel (no Judá) y que debieron unirse a esos otros llegados “del Mar”. Posiblemente
la alianza de estos Pueblos del Mar con canaaneos, se produjo para atacar Egipto conjuntamente;
unos con el fin de lograr territorios, y los de Canaán para independizarse definitivamente del yugo
faraónico (hechos que la Historia contempla en continuas razzias llevadas a cabo por los Pueblos del Mar
en el Nilo y que dejaron muy debilitadas las fuerzas egipcias).
.
Mas volviendo al análisis de la historia de Sansón, parece explicar su leyenda que tales militares de
origen israelita, decidieron no solo aliarse con los extranjeros llegados por mar (Filisteos) sino
también mezclarse con ellos. Algo que se deduce del primer matrimonio de Sansón con una Filistea
y de su posterior amor por Dalila (nombre, que al parecer significa: “la coqueta”). Dejando entrever
dicha narración, que las mujeres filisteas (nuevas en Canaán) debieron ser de un tipo similar a la codiciada
Elena: Bellas y con capacidad de tomar decisiones. Jugando un importante papel en la historia de
Sansón; quien pese a ser el elegido para liberar a Israel de los Filisteos, primero se casa con una de
ellas (de quien enviuda por haber sido asesinada). Pero además, posteriormente se enamora de la
prostituta filistea Dalila, a quien descubre su secreto -gracias a lo que definitivamente destruyen la
fuerza de Sansón mientras “duerme” (cortando su pelo, su vigor, o su poderío militar)-. Ello se debe
interpretar no solo como el dominio que debieron ejercer estas mujeres sobre los judíos; sino además ha
de significar que los israelitas y los filisteos en sus comienzos estaban unidos. Así se desprende del
descubrimiento del secreto de su fuerza, que se idealiza en el pelo del guerrero de Israel; un misterio
que desvela Sansón erróneamente a su amada. Por cuanto Dalia lo transmite a los filisteos y tras ello se lo
corta, mientras duerme confiado. Dicho poder simbolizado en el cabello nace por ser este el atributo de
la fuerza y del sexo masculino; tanto que muchas culturas antiguas impedían cortárselo a los guerreros o
a los hombres entregados a Dios -como era el caso de Sansón- (54) . Significando el cabello del vigor o la
fuerza; una idea fácilmente comprensible, porque cuando el pelo comienza a cambiar de tono (a canoso) o a
caerse, se entendía como el comienzo de la vejez o de la decrepitud física.
.
11- B) La Gaza de Goliat y el nacimiento de Israel:
El relato que hemos analizado de Sansón, consideramos que se refiere a hechos ocurridos entre
hebreos y filisteos en el siglo XII a.C.. Tras convivir juntos, aunque ambos pueblos -al parecer-
terminaron luchando por motivos de fé. Por todo ello, deducimos que esta leyenda se sitúa en los
tiempos desde la llegada de Filisteos a Canaán y hasta la formación de Israel-Judá (del 1195 a.C. al
1100 a.C.). De tal manera, poco después y a principios del siglo X a.C. será cuando el pequeño rey
David vence con una “pedrada de honda” definitivamente al gigante Goliat. Un Goliat que ya dijimos
era el símbolo de la capital filistea, ciudad (llamada Gat); situándose tras este hecho el nacimiento
del reino de David (el comienzo del Estado unificado de Israel-Judá).
.
Consecuentemente, tras la muerte de Sansón pasamos a una segunda etapa, en la que vemos a un
reino hebreo que nace -disminuido y débil-; representado en su jóven rey David, pero que consigue
hacer frente al gigante bárbaro. Un Goliat cuya capital homónima era la ciudad donde se habían
establecido los “micenios” (Ghalt, Gat; hoy Gaza), quienes se integraron finalmente en esa franja,
junto a Egipto.Hechos que ya hemos estudiado en mi artículo: LOS HEREDEROS DE MICENAS, que
resumo en cita (55) y que recomendamos leer. Donde razonábamos cómo una gran parte de los
cretochipriotas y egeos huidos de sus tierras tras la legada del Hierro y durante los siglos XII al X
a.C., fueron a parar a Canaan -estableciéndose unos en Gat y otros en Golán (junto a Fenicia)-. Tratando
ampliamente de esta época en nuestros trabajo, ya dijimos que para mí existe la certeza de una
primera llegada a la zona de esos “filisteos” en los siglos XVII y XVI a.C., como cretenses huidos del
Tera (también comentado en el “epígrafe 4” del artículo anterior). En nuestros estudios tratamos el
problema de la aparición de pueblos llegados desde Creta y Chipre hacia el siglo XVI a.C. a las
costas de Oriente Medio, quienes ayudarán a la formación del poder Hicso. Concluyendo que desde
este momento, y tras ese asentamiento de cretochipriotas huidos del Tera-Santorino, se crea un
permanente contacto entre Canaán, Creta, Chipre, Micenas y Anatolia; una unión que nunca se
perderá. Pues de aquella alianza de pueblos y de su enfrentamiento contra Egipto, lograrán que los
Hicsos se internen en el Nilo y lo conquisten. Debido a que las fuerzas Hicsas -de seguro- estaban
formadas por los huidos del Tera Santorino (anatolios, mitanios, cretenses y chipriotas) a los que
dan apoyo, gentes y asilo en Canáan. Generando estos hechos una unión ancestral y comercial, que
pensamos perduró durante siglos. Lo que permitiría a los cretochipriotas y anatolios refugiarse en la
zona, cuatrocientos años más tarde; siendo entonces denominados Filisteos (conocidos por los
egipcios como Pueblos del Mar).
.
La época que tratamos son los años en que Ramses III levantará monumentos conmemorando su
victoria frente a esos piratas errantes. Escribiendo en sus estelas ese faraón, el modo en que vence
a los Pueblos del Mar (en el 1156 a. C. +/-). Por lo que hemos de suponer que los muchos de estos
invasores o mercenarios que vagaban buscando territorios, se retiraron definitivamente a las costas de
Canaán antes de esa fecha. Constituyendo el reino Filisteo, culturalmente muy ajeno a los canaanitas
y que hemos de considerar se mantuvo bastante fuerte e independiente, hasta comienzos del siglo X
a.C.. Cuando -al parecer- los judíos lo reducen a una franja costera. Siendo esa la victoria de David
contra Goliat que narra el Antiguo Testamento (I Paral 18 y ss); tras lo que se funda el reino de Israel
unificado (poco después del año 1000 a. C.). Por lo tanto esos Filisteos, personificados en Goliat,
sabemos que quedaron reducidos desde entonces a una pequeña zona de territorio litoral, al sur de
Haifa. Pero nunca fueron expulsados definitivamente, lo que obliga a pensar que ello se debió a ser
su presencia útil a Israel y a los fenicios. Pues como ya dijimos, en este territorio de Gaza los Filisteos
permanecieron conviviendo con Fenicia; lo que permitía a los judíos establecer contacto con Egipto
y comerciar fácilmente con los súbditos del faraón. Todo lo que explica que Gaza se mantuviera
habitada por Filisteos hasta la destrucción del Primer Templo (con la conquista asiria de toda la zona
en el siglo VII a. C.; en la que Assarhadón invade la Tierra Canaán y conduce a muchos de sus pueblos al
cautiverio en Mesopotamia -entorno al 677 a.C.-).
.
ABAJO: Delimitación del reino filisteo en Gaza (en morado). A su lado, hemos trazado del reino
Hicso y de la zona de influencia hicsa en Canaán, durante los siglos XVII y XV a.C. (sobre el mapa de
Israel publicado en el libro de M.J.STEVE “Por los caminos de la Biblia” página 86 -Barcelona 1967-). En
lineas discontinuas rojas he marcado las fronteras de ese reino hicso; en lineas azules, el área de
gran influencia de su gobierno, que tenía como frente Norte de importancia la zona deMeggido y
Hazor (señaladas con un círculo rojo). Asimismo podemos ver en letras rojas la capital hicsa Avaris y su
segunda ciudad Memfis; y en letras verdes la situación de Biblos. Puerto de influencia egipcia, de
cuya destrucción o sustitución nacerían los emporios fenicios desde el siglo XV a.C. (Sidón y Tiro),
fronterizos con Israel y con las tierras de los filisteos (Gath -Gaza- y con las de Dan en Golán).
.
.
.
11-C) – Filisteos, peleteos o cereteos (pelasgos, mercenarios o cretenses):
Pese a este “supuesto odio” narrado entre los Filisteos (los Pueblos del Mar) y los israelitas; algo
muy distinto ha de suponerse en verdad, tal como deja ver la arqueología y La Biblia. Puesto que las
reyertas entre unos y otros se deben más a motivos de hermandad y a intereses comunes, que a la
vecindad o al rencor. De tal modo, veremos cumpliendo a los filisteos infinidad de funciones entre los judíos,
que estos no querían o no podían desarrollar. Así es como a esos Pueblos del Mar -en el Antiguo
Testamento, nombrados como: Filisteos, los Peleteos y los Cereteos- se les menciona
repetidamente, internados dentro de la Sociedad israelita. Y aunque esos tres grupos posiblemente
fueran muy distintos, para los judíos parece tratarse de una misma cultura. En lo que se refiere a los
primeros, la identificación entre Filisteo y Peleteo es inmediata, pues quizás la segunda voz proviene
de su nombre egipcio (Pelet, que sabemos era pelasgo o mercinario) pronunciado entre los hebreos
como “pheleteo”. Por el contrario, a los Cereteos hemos de suponerles un origen cretense, o de
Chipre (de Kaftor, Keretara o de Citerea); lo que les relaciona plenamente con los “que también se
decían huidos de Creta” (Filisteos).
.
En numerosas ocasiones los judíos separan como tipos muy distintos a los filisteos y los cereteos;
aunque siempre destacarán que se trata de pueblos comunes; llegados a la vez a Canaán, ocupando
la misma zona meridional costera de todo Israel (1,Sam. 30,14 ; Ez, 25,16 y Sof 2,5). De igual forma se
les menciona como pueblos mercenarios que incluso eran los que componían guardia personal de
David rey (2 Sam 8,18; 15,18 y 20,7 etc). Ello obliga a pensar que los Filisteos, Peleteos o Cereteos,
no fueron tan enemigos de los hebreos sino un pueblo vecino, con múltiples causas en común y con
el que los israelitas tendrían las normales disputas que todo Estado fronterizo causa. Muy
posiblemente sí que fueron odiados por los judíos del Sur, donde el reino de Judá chocaba con sus
costumbres y sus límites de tierra. Aunque ya sabemos que los de Judá (Efraím y Manasés) eran más
xenófobos, y mucho más radicales en sus premisas religiosas y en sus leyes; seguramente al proceder
directamente de grupos escapados de Egipto, en época de Akhenatón. Pese a todo, no es posible pensar
que los propiamente israelitas mantuvieran mala relación con los filisteos; pues tras la victoria sobre
Goliat, la guardia personal de David se compuso por soldados de este pueblo. Con ello se llega a
concluir que Israel Norte, realmente pudo reorganizar, controlar y contratar a sus órdenes los
servicios de estas gentes (filisteas). Quienes se dedicaban a trabajar como mercenarios; cediéndoles a
cambio una parte de territorio, en el que pudieron vivir al margen de Israel y procurando no tener más
conflictos con ellos. Pues bien es sabido que esos Pueblos del Mar -en su huida al Sur Mediterráneo- se
dedicaron sobre todo a la rapiña y a la guerrilla, sin organizarse como Ciudades Estado. Algo que quizás
Israel cortó, obligándoles a reducirse y organizarse como reino en esta franja de costa al sur de la actual
Haifa.
.
Sobre el origen y distinción de estos tres pueblos, hemos de determinar que claramente La Biblia los
menciona indistintamente como Cereteos, o Peleteos; considerándolo uno mismo. A ello hemos de
unir que en opinión general, se relacionan totalmente con los Filisteos. Pese a todo, históricamente
podemos concluir que los Cereteos, se trataba de gentes de venidas desde Creta o Micenas (de
Ceretea). Aunque también pudieran proceder de Chipre, cuyo nombre como el de Citerea se da en
algunos relatos. Confundiendo la isla de Creta (Kaftor) con aquella en que nace la diosa del amor (Citera),
debido a que Afrodita se traslada tras su nacimiento a Creta. Pero la diosa de la belleza, donde o emerge de
la espuma marina -sobre una concha- es en la isla de Citera; la más meridional de las griegas, junto a Tera y
al Norte de Creta (56) . Tras ello Afrodita, se trasladó a Chipre, haciendo que se confundiera en muchas
ocasiones también esta otra, como su lugar de origen -en vez de la pequeña Citera (situada junto a Grecia
Continental)-. Pues Citera pese a ser como nuestra Ibiza, fue un centro comercial cretense desde épocas
muy remotas, además de un gran puente entre el Peloponeso, Creta y Oriente Medio. Allí parece que se
inició el culto a Afrodita posiblemente llevado por los fenicios o canaaneos a sus tierras (57) y en la forma de
Ishtar; como una “deformación” de Astarté unida con la egipcia Isis. A nuestro juicio, tal culto es de origen
Giblita y se relacionaría plenamente con la figura de la mujer bella, la estrella guía, pero también con la
“adoración” al murex y a la púrpura. De tal modo, la diosa que vino en una concha, nacida de la espuma no
tiene solo un significado sexual (como la concha y la espuma guardan), sino también comercial y hace
referencia al molusco que producía el tinte de la púrpura. A todas luces, el culto a Afrodita, llegará a Grecia
desde zonas muy cercana a Biblos, llamándonos la atención su parecido y proximidad con el de la Astarté
(semítico-canaanea) que finalmente termina siendo Ishtar entre los fenicios. Su relación con el nombre de
Estrella hace pensar que fue igualmente admitida por indoeuropeos, sobre todo en zonas hittitas; más
concretamente, en lugares como Chipre donde se convierte en una de las deidades principales. Siendo por
todo ello normal que cretenses, egeos y chipriotas fueran llamados cereteos entre los hebreos. Por
lo demás, su simbología relacionada con el planeta Venus, hace comprender que pueblos como el de
Judá, que denostaban estos cultos con un carácter tan sexual; identificaran a Afrodita y su planeta
Véspero, con el mismo demonio, llamando al diablo como esa estrella (Luxíferos). De modo muy
distinto, parece que los israelitas (reino hebreo del Norte) sí aceptaban este tipo de deidades y seguían con
una mayor adaptación en Canaán los cultos no originarios del lugar.
.

AL LADO Y ABAJO: Junto estas lineas, grabado donde podemos ver un sacerdote supremo del
Templo de Salomón; ataviado con su “ephod” en el pecho y su pectoral de Aarón. La joya principal de
ese clérigo supremo del judaísmo es un pectoral muy similar a los colgantes de el tesoro de El
carambolo. Galápagos de oro, de los que podemos deducir eran usados de un modo muy similar al
que llevaba el gran sacerdote hebreo. Abajo, dibujo mío comparativo entre los atributos del
sacerdote supremo del templo de Salomón y quien llevó las joyas de El Carambolo. Observemos los
paralelismos entre ambos cultos; lo que por otro lado no es extraño ya que desde Joppe (Haifa)
salían naves hacia Tarshis, y en las costas de Note de Israel o de Gaza, estaban establecidos los
fenicios y los micenios (filisteos) con los que comúnmente comerció Tartessos.
.
.
.
12) EL IDIOMA DE LAS TABLAS DE LA LEY: Alfabetos protosináiticos y alefatos canaáneos
(alfabetización del Egeo):
.
El alfabeto por letras o signos -no el silábico, ni el jeroglífico- se considera un “invento” canaaneo
(al menos su difusión). Este es un hecho a tener muy en cuenta para localizar las áreas de influencia
de los fenicios en el Mundo Antiguo.En referencia a ello, sabemos que la idea de definir cada sonido
en un signo, comienza ya en las dos zonas donde se inició la escritura más antigua, y que fueron:Akad y
Egipto. Donde hacia el siglo XXII a.C. ya se desarrollan algunos caracteres que se interpretaban
como una sola “letra” (no una sílaba, ni una vocal). Por su parte, en estas mismas épocas, ya en Creta
se escribía en alfabetos silábicos (lineal A), donde cada signo era una sílaba -existiendo sílabas que se
correspondían con las letras vocales-. Muy cercano era este sistema minóico del abecedárico; aunque no
fueron los que originan el alfabeto. Pues el lineal-A y el lineal-B se pierden en la noche de los
tiempos, tras la destrucción del Imperio de Minos. Pero en la misma época en la que se quedaban
olvidados estos lineales silábicos cretenses (hacia el 1580 a.C.) comienza a surgir una nueva idea de
alfabetos precisamente en la zona de Fenicia y el Sinaí. Así se desarrolla ese tipo de escritura
durante el siglo XV a.C., en una de las ciudades protofenicias por entonces más fuertes: Ugarit. Un puerto
situado a pocos kilómetros al Norte de Biblos; donde crean un sistema de recoger el idioma con signos muy
similar a lo que serán luego las letras; siendo este el comienzo del alefato. Para definirlos se valieron
los ugaritas de símbolos cuneiformes tomados de la escritura babilónica.
.
Pese a todo, ese alfabeto de Ugarit diseñado con signos cuneiformes no tuvo continuidad, porque el
resto de los canaaneos decidieron avanzar hacia un abecedario nacido de símbolos más cercanos a
los jeroglíficos de Egipto. Sobre este punto es muy interesante observar que los signos que van
tomando y que terminarían formando las letras en los alfabetos fenicio-canaaneos (surgidos desde
el siglo XIII al XI a.C.); prevalecen algunos muy relacionados con ideogramas egipcios. Es más todo
hace pensar que desde estos jeroglíficos desarrollan los signos nacidos desde onomatopeyas, la inicial de
cada palabra, en el ideograma egipcio. Así, por ejemplo, cuando escribían una serpiente esquematizada y
representada como unas lineas curvas; este dibujo luego derivaría hacia el sonido de la sierpe, leyéndose
finalmente como “S” o la “Z” (letras con forma de culebra, que siguen teniendo este valor). De igual manera,
el signo inicial de estos alfabetos -denominados protosemíticos y protosináiticos-, normalmente fue la
cabeza de ganado; lo que realmente se corresponde con una “A” invertida (en la que basta poner dos ojos
para ver que realmente esa “A” es la testa de un bovino).
.
Actualmente sabemos que este alfabeto prosinaítico lo desarrollaron gentes muy relacionadas con
Egipto, entre los siglos XVII al XIII; quienes posiblemente desearon crear un sistema de escritura
propio, para generar una nueva civilización (la de Canaán). De tal manera, el inventar esa nueva
fórmula por sonidos, posibilitaría enormemente la contabilidad y el contacto con otros pueblos; ya
que en ellos se podría escribir cualquier palabra y transcribirse todos los idiomas. Pero sobre todo,
con ese alefato propio se independizarían culturalmente de Egipto; llegando a imponer una
civilización distinta; enseñándola a los pueblos con quienes comerciaban o a los que dominaban.
Esta idea de escritura que surge hacia el siglo XVII a.C. (en tiempos de José y poco despues de
Abrahám) , parece que culmina y se desarrolla en tiempos de Moisés. Debiendo considerarse que en el
siglo XIV a.C. el protosinaítico ya estaba establecido como sistema de lectura para esos pueblos que vivían
del otro lado del Mar Rojo y al Sur de Canaan. Siendo claramente el alfabeto de singnos en los que se
recogerá el Decálogo y en el que se recordarán los primeros libros del Antiguo Testamento.
.
En el siglo XIII a.C., finalmente se terminan a de formar esos alefatos canaaneos, basados en una
escritura de consonantes -fundamentalmente- y con un origen directamente común en todos (desde
el hebreo, arameo, hasta el fenicio). Siendo en ciudades como Biblos, donde antes intentaron
adoptar este tipo de escritura; seguramente para confirmar esa independencia cultural con Egipto e
incluso con Mesopotamia. Por este motivo, y por el deseo de no tomar una escritura babilónica, ni egipcia;
creemos que es por lo que usan y divulgan el alfabeto de Ugarit (que ya dijimos, procedía del akadio
cuneiforme); desarrollando cada cultura uno propio. Aunque la primera creación del alefato -a nuestro
modo de ver- se lleva a cabo copiando aquel sistema del Sinaí, que llegará hacia el siglo XIV a.C. a las
costas del sur de Fenicia. Todo lo que hace pensar que muy posiblemente, su divulgación se debe a
judíos regresados desde Egipto con Moisés -ver lo antes narrado sobre la interpretación del Exodo-. O
bien a hebreos que ya desde el siglo XV a.C. escapan del poder del Nilo; donde habían trabajado
como escribas o contables. Sea como fuere, creemos que esos alfabetos protosemícos se difunden
gracias a las tribus hebreas y luego a los pueblos de Fenicia; cuando los primeros escapan del poder
faraónico (desde el siglo XIV a.C.) con la intención de crear su propia civilización en las tierras de
Canaán. Posteriormente, este sistema de escritura se instituyó como un alefato propio de los judíos;
desarrollando cada pueblo de Canaán el suyo. Así fue creado al alefato fenicio, que entró en El Egeo
unos dos siglos después (importado hacia el IX a.C., en las colonias púnicas). Ya que fueron las
distintas ciudades de Fenicia, las que divulgan este sistema de escritura a otras zonas del Mediterráneo
(donde fundaron sus enclaves). Como sucede en los puertos griegos, donde gradualmente fueron
transformando sus signos hasta poder escribir el sonido de las siete vocales que el idioma heleno pronuncia
y distingue. Todo lo que logran entorno al siglo VIII a.C., cuando ya podemos determinar la existencia de un
alfabeto griego (padre de los sistemas de escritura europeos).
.
Sea como fuere, los alfabetos que actualmente utilizamos en Occidente (latinos, griegos, cirílicos, góticos y
etc); proceden todos de esta rama. Descendiendo del protosináitico que debieron de usar desde tiempos de
Moisés, configurando un alefato por sonidos,tomando signos desde el jeroglífico y añadiendo caracteres
propios.
.

AL LADO Y ABAJO: Varias tablas con los signos protosinaíticos y su comparación con otros
sistemas de escritura (del que desciende o a los que dio origen). Los gráficos han sido tomados de la
página de PROEL.
Junto estas lineas, signos protosinaíticos. Al lado también: Caracteres protosinaíticos y su
comparación con los egipcios.
Abajo, comparación de los signos protosinaíticos y dos sistemas de escritura a los que dio origen:
El fenicio y el griego.
Agradecemos a la promotora lingüistica PROEL nos permita divulgar sus gráficos obtenidos de su página:
ESCRITURA PROTOSINAÍTICA
http://www.proel.org/index.php?pagina=alfabetos/protosin

.
.

AL LADO: Portada del libro Reading the Past; -autor I. HODDER (Cambridge University Press, 27
nov. 1986). En esta interesante obra podremos leer la evolución de los alfabetos y la descendencia o
ascendencia de los alefatos protosinaíticos.

.
.
.
.
.
.
.
ABAJO: Uno de los gráficos del libro antes mencionado. En este se contiene la evolución de los
signos desde el alefato fenicio y el hebreo, hasta el griego, el etrusco y el latino.

.
.
13) CULTOS CANAÁNEOS, RITOS EGIPCIOS Y DIOSES MINÓICOS:
.
De los intercambios culturales antes descritos y de una continua conexión entre Oriente Medio y
Micenas, surgieron cultos y ritos ajenos a los egipcios en el Israel posterior a Mosiés. Uno de los
principales fue la veneración a Adonis (que se exportó a Grecia y El Egeo), aunque esta deidad fue
de origen canaaneo y probablemente judío. Pues se considera que su nombre procede de la voz fenicia
“adon” que significa “señor”, y según algunos especialistas vendría del dios sirio Tammuz (58) ; aunque
realmente -a nuestro modo de ver- sería una tranformación directa del Osiris de Biblos. De tal manera, el
dios Adonis presidía el panteón de Biblos y las fiestas de su nacimiento constituía el mayor festival
de aquella ciudad de Canaán. Pero dicho dios, brotaba del interior de un árbol de la vida (que se
consideraba era el de mirra o el cedro del Líbano) y su nacimiento simboliza la obtención de las resinas
y de la mirra. Narrando su mito que aquel niño era extraído con un cuchillo de la corteza del árbol, donde
su madre lo escondía. Aunque para entender los orígenes de tan extraño relato, hemos de recordar a
Osiris, que fué asesinado y lanzado al Nilo en un sarcófago cerrado, donde bajó el rio hasta llegar al
delta; tras lo que navegando por mar, arribó a Biblos. Allí se introdujo el dios egipcio en un árbol de la
vida, donde resucitó dentro de ese tronco. Su viuda Isis, descubrió tal reencarnación y cortó el árbol,
llevando a su marido en esta forma hasta el palacio real de Biblos; donde lo coloca como pilar central, y
donde le ama y adora en la figura aquella. Finalmente diremos que este mito se relaciona plenamente con la
adoración al árbol en Biblos y la exaltación de los cedros de sus bosques, que proporcionaban la madera
para crear barcos, casas, enseres, herramientas y etc. Árbol tan venerado y útil, que aún aparece en la
misma bandera de Líbano.
.
El culto osiriaco egipcio antes expuesto, vemos que también se relaciona plenamente con el de
Adonis, igualmente nacido de un árbol de la vida: El de mirra, que se usaba para embalsamar y el del
mencionado cedro, con que el construían preferentemente los barcos fenicios. Tantas conexiones tiene
este mito con el de Osiris, que en la historia de Adonis existe un conocido sinsentido, sin poder razonarse
por qué el dios de la belleza es atacado por un jabalí que lo mata. Algunos argumentan que ello se debe a
que es este animal el que con sus colmillos daña la corteza del árbol sagrado y extrae la resina, y por lo
tanto al niño Adonis (lo que relacionaría su nacimiento con su muerte). Pero ningún experto explica qué
relación tiene dicha muerte producida por el jabalí, con la verdadera historia del dios púnicoheleno de la
belleza. Aunque si repasamos la “vida” de Osiris, veremos que este divo fue igualmente atacado y muerto
por un jabalí; facochero que representaba a Set (el demonio). Ello se debía al odio que los pueblos del
desierto sentían por el cerdo -como el egipcio-; animal que nunca se preocuparon en pastorear ni
domesticar, dado que en un medio como el suyo es una especie muy dañina (al ensuciar y hasta llenar de
plagas las aguas). Este significado del cerdo como animal que destruye y que es devastador para el
desierto, hace que igualmente el hijo de Osiris (Horus), fuera dañado y hasta sodomizado por otro cerdo
salvaje que intentó acabar con él. Del mismo modo, Adonis, pudo verse influenciado por este ciclo
osiriaco y tener un final relacionado con el jabalí (en Africa el facochero) y ello explicaría su muerte,
debido a su origen desde itos la religión egipcia.
.
Asimismo, Adonis, está muy conectado con el culto judío a Yahvé, también llamado por los hebreos
Adonai o Adón; tanto que desde Isaías es ya un homónimo del mismo nombre de Yahvé, y puede
afirmarse que desde la época de este profeta (siglo VII a.C.) se susutituye la palabra Yahvé por la de
Adón o Adonai. El significado de esta voz en hebreo es igualmente que en fenicio, “el señor de las tierras”
(el señor), y muy posiblemente el nombre del Adonis griego puede proceder de esta voz judía (dado que el
mismo dios en Siria, ya dijimos que se llamaba Tammuz). Por cuanto expresamos, no sería una teoría
extraña pensar que el mencionado dios supremo que adoraban los Filisteos (en el templo que
destruye Sansón) no era Dagón, tal como luego pudieron escribir las crónicas; sinó de Adón, o
Adonis, deidad helena tomada de Canaán. Pues el mencionado Ladón se describe como una deidad
semita con forma de Pez y que entre los griegos era un demonio, al igual que para los judíos. De tal
manera, Dagón (Ladón) para los helenos se consideraba un monstruo marino nacido de Zeto, o de la
serpiente Equidna; con forma de pez y tenido por un dragón cuya misión era la guarda y custodia de las
manzanas de oro en el Jardín de las Hespérides (59) . Por lo que no nos extraña que el episodio que
narra cómo Sansón se quita la vida destruyendo el templo filisteo de Dagón, quizás ha aliterado el
nombre de la deidad(Jueces, 16) (60) .
.
AL LADO Y ABAJO: Junto estas lineas, “la muerte de Adonis”, grabado de Caude Mellán (hacia
1670) -observemos el jabalí el fondo, en la parte central de la escena-. Como decimos,
probablemente el dios Dagón al que adoraban los filisteos, pudiera tratarse del Adonis de Biblos, al
que todos los pueblos de la zona rendían culto.
Abajo, Sansón derribando las columnas del templo de Dagón, en un dibujo-grabado de Julius S. von
Carolsfeld.
.
Como venimos exponiendo, Osiris transformado en Adonis era veneradísimo en Biblos; donde muy
cerca pasaba un río homónimo (Adonis), que todos los años “vestían” de rojo el día que se
celebraba el nacimiento del niño árbol. Lavando en sus aguas las ofrendas, tras recoger las savias
con las que fabricaban la mirra. Una resina que se consideraba sangre de los árboles; aunque
seguramente, los adoradores de Adonis, para celebrar el nacimiento del niño dios también sacrificaban
reses y seres vivos, derramando luego su sangre en el río del mismo nombre. En cuanto a su relación con
los cultos a Afrodita, también llevados por los canaáneos a Grecia; diremos que ambos procedían
igual origen y estaban unidos. Tanto que se consideran a Adonis y Afrodita pareja, por lo que ella termina
llorando eternamente la terrible muerte del dios; su “señor” e inseparable amigo. Es evidente que aquel era
un dios agrario, de adoración a la vegetación y a la primavera, procedente del Osiris egipcio; pero
con el significado añadido del árbol de la vida. Aunque también hay que destacar que termina
confundiéndose en Grecia y Creta, con Dionisos (Baco) -deidad de la semilla y del vino-. Pero la
veneración hacia Adonis junto a Afrodita, se transforma también en la Hélade en los cultos de Apolo; que se
distinguían por su serenidad y armonía, separándose de los de Dionisos -que aún estando relacionados en
origen con los de Adonis, fueron degenerando a orgiásticos y desenfrenados-.
.
Por ello no es de extrañar que los misterios iniciáticos hebreos se relacionen mucho con dicha
deidad de la belleza griega; dado que las ceremonias que realizan los judíos (y hasta las que
implanta Jesús) fueron ritos de sacrificio agrario: Del pan y el vino. Sustituyendo de la muerte de
una víctima, o de un animal; por la ofrenda de un vegetal; lo que significa el paso último dado por las
religiones, a fines del Hierro (hacia la “no violencia”). Para crear cultos con un vínculo social
obligado, solo basado en el sacrificio del trabajo y del fruto de la tierra (sin derramamiento de
sangre). En esta linea pueden considerarse los ritos del Adonis canaaneo, que importaron a Grecia y que
se siguieron en muchas celebraciones greco-latinas, como cultos de Apolo. Pese a ello y como dijimos, otra
linea del mismo misterio se mezcla con el dios micénico de nombre similar: Dionisos y los misterios
“ctónicos” de Atenas. Por lo que dichos cultos dionisiacos de la Hélade eran los mas ancestrales ritos
agrarios, basados en el vino y la locura lasciva, dando como resultado celebraciones tan arcaicas como las
llevadas a cabo por las famosas “bacantes”. Sacerdotisas desnudas de Baco que en su euforia y
borrachera, llegaban a desollar carneros vivos con la boca y manos; comiéndolos en crudo, a mordiscos.
.
Pese a todo, las fiestas de ritos agrarios se distinguieron claramente entre dos tipos bien diferenciados: Las
apolineas (o cultas) y las dionisiacas (o brutales). Pues los cultos de Adonis o Apolo, sin inmolación de
víctima, triunfaron y fueron los que hicieron nacer una nueva religión que en Europa llegó
fundamentalmente con Roma. Su mensaje de paz se establece por estas celebraciones basadas en
el sacrificio del cereal y la fruta, divulgándose finalmente muchos de esos rituales de origen judío
(similares a los de adoración a su Adonai). Como ceremonias agrarias, sin inmolación de vidas
animales y donde se sustituyen los cultos de sangre, por otros de savia y resina -bajo el significado
de Adonis dentro del árbol-. De tal manera y volviendo al Adonis “señor” que deseaba tan solo el
sacrificio de los frutos de la tierra. Hemos de insistir en que este se relaciona plenamente con Osiris,
dios del trigo y la vegetación, para quien se celebraban ya las primeras fiestas con ritos del pan y el
vino desde comienzos del III milenio a.C.. Como dios más benéfico de Egipto, que da su vida por los
hombres y era arrojado al Nilo, llegando hasta Biblos flotando en su ataúd, donde resucita y difunde su
mensaje y su religión. Por lo que habríamos de estudiar cuanto de Osiris hay en el Yahvé judío y sobre
todo, cuanto hubo del Señor Adonai de los hebreos, en aquel Jesús que inspiró el Nuevo
Testamento (61).
.
Para terminar este epígrafe volveremos a recordar los estudios sobre Moisés, de Jan
Assmann (62a) -comentados en nuestro epígrafe 6/b-; donde explicábamos que este profesor experto en
Historia y teología hebrea, considera a libertador de los judíos también el creador del monoteismo.
Idea que no compartimos, al poderse demostrar que Egipto ha tenido desde sus inicios dinásticos,
una religión que prácticamente adoraba a un solo dios. Pues las otras deidades del Nilo, a mi juicio
se corresponderían más con el concepto mediterráneo de lo sagrado; por el cual aún creyendo en un
solo Dios, se veneran también infinidad de Santos, Vírgenes y Cristos. Tanto es así, que el mismo Dios
de los cristianos son tres personas en una sola; todo lo que expresa un monoteísmo “incierto”; con
capacidad plena para admitir como sagrado otras figuras que no sea “La Unidad” (abarcando de entrada
tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo). Pero regresando a la religión de Egipto, es obvio que el antiguo
Osiris era el dios supremo y único; reinando en el panteón junto a su mujer (Isis) y su hijo (Horus), en la
forma semejante a las tres personas distintas en una sola deidad. Todo lo que en nuevas reformas se
convirtió en Amón (ó bien en Amón-Ra); como la representación del Sol. Astro sagrado y supremo, que
posteriormente se considera dios del Nilo, actuando asimismo como deidad cuasi única. Las pruebas de
cuanto expreso las recojo en cita (62b) , donde expongo frases de Mircea Eliade, quien nos explica
que “Los teólogos del Imperio Nuevo insisten en el carácter complementario de los dioses opuestos
o incluso antagónicos. En la Letanía de Ra se llama al dios solar «el Uno conjunto»”. Aunque
finalmente será Amenofis III (padre de Akhenatón) quien inicia la reforma para cambiar la adoración
única y el nombre de Amón, por el de Atón; considerándolo no solo el Sol, sino además el disco de
la luz (quizás concediendo a esa circunferencia solar, valor geométrico o trigonométrico). Una herejía que
hereda Amenofis IV, quien (tras cambiarse su nombre en favor de Atón) decide destruir las estatuas de
otros dioses y dejar a este como único de su panteón. Reforma que lleva a la guerra civil y a la
secesión a Egipto; etapa y hechos de los que considera Assmann procede Moisés. Quien
personificaría -o dirigiría- a los súbditos del Nilo, que hubieron de huir de su tierra tras la caída de
Akhenatón.
.
Dejando al margen esta teoría del Moisés nacido desde la herejía de Amenofis IV; que parece
probada (al menos para el caso de las tribus de Manasés y Efraím, asentadas al Sur y que conformaron
Judá, y no Israel). Hemos de revisar la idea de que el monteísmo fuera instituido por Akhenatón; pues
-como decimos- la religión de Egipto siempre adoró a un dios supremo. Una deidad superior y única
que representaba al faraón; y como tal, el mismo nombre de Amón era el de “Min” o “Minu”; el divo
gobernante, considerado unificador del Alto y Bajo Egipto (creando la monarquía dinástica). De tal manera,
Amón-Rá era en sí mismo Minu y el Sol; unidad divina que simbolizaba al monarca como
representación del astro dios y del hombre rey. Todo ello explica que en Egipto realmente hubiera un
solo dios superior y un solo gobernante supremo; por cuanto el monoteísmo estaba inserto en el ADN
de aquel imperio, que según la leyenda había creado Minu. Ese dios de a fertilidad de tez oscura; que llegó
a ser el primer faraón tras sufrir la amputación de un brazo, por haber preñado a casi todas las mujeres del
Nilo. Así es como se inicia la dinastía de Egipto, con capital en Menfis (la ciudad de Min: “Minu-
fes”); erigiendo un imperio piramidal, en cuya cumbre solo estaba un dios gobernado por la triada, de
la que surgía el “triángulo de triángulos”: Osiris, Isis y Set; Sol, Luna y Venus; Faraón, reina y
príncipe.
.

.
ARRIBA: Sobre estas lineas, dibujo mío del altar del holocausto y del altar del incienso, tal como
manda construirlos Moisés en Éxodo. Ambos son “asheras” de tipo semejantes a las usadas antes
por los minóicos y micénios, con forma de toro y cuernos. Pues tal como indica ese libro de Moisés, en
el ara de incienso: “hizo cuernos en sus cuatro esquinas, los cuales eran de una misma pieza con el altar, y
lo recubrió de bronce. Hizo asimismo todos los utensilios del altar: calderos, y palas, y tazones, y garfios y
braseros” (...) “Hizo también el altar del incienso de madera de acacia; de un codo su longitud y de un codo
su anchura; era cuadrado; y su altura era de dos codos y sus cuernos eran de una misma pieza de este. Y
lo recubrió de oro puro su cubierta, y sus paredes alrededor y sus cuernos; y le hizo una cornisa de oro
alrededor. Le hizo también dos argollas de oro debajo de la cornisa en las dos esquinas, a los dos lados,
para pasar por ellas las varas con que había de ser transportado” (62) . Estos altares contienen una
enorme influencia creto-chipriota, tal como hemos demostrado en varios de nuestros estudios;
teniendo la forma de pellejo bovino o acabando en cuernos. Así, con un igual diseño, eran las mesas
de celebración de Chipre y Creta a mediados del segundo milenio a.C. (usadas por los fenicios
posteriormente e importadas a occidente). Todo lo que muestra la síncresis religiosa y de ritos que
supuso el culto mosáico.
.
ABAJO: Cuadro de Giuseppe Leonardo -propiedad de la Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando, a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. En la obra se representa a
Moisés y el culto a la serpiente; un pasaje bíblico, donde vemos la complejidad del origen en los
ritos y creencias mosáicas. Este pasaje de los ofidios lo contempla de forma muy distinta Flavio
Josefo, narrando que Moisés libera a Egipto de una plaga de sierpes lanzadas por los etíopes. Sea
como fuere, en los ritos mosáicos se observan cultos canaaneos y egipcios; muy ajenos a lo que
posteriormente pudo considerarse el mundo hebreo.
.

.
14) MOISÉS LEGISLADOR; MOISÉS SACERDOTE; MOISÉS LIBERTADOR; MOISÉS GENERAL:
.
Terminamos con este pequeño epígrafe en el que queremos exponer las diferentes personificaciones
que simbolizaría la figura de de Moisés. Pues si los judíos le consideran preferentemente el gran
legislador; no hay que olvidar que asimismo fue libertador, general y sacerdote de los hebreos. Todo
lo que se explica repetidamente en los Libros de Moisés, que recogen los textos sagrados judíos (de la
Halajá), El Antiguo Testamento y la obra de Flavio Josefo. Aunque para analizar la figura del Moisés
legislador, habríamos de tener muy presente que aquellas leyes consideradas mosáicas, en su
mayor parte serían normas redactadas mucho antes y después de la etapa en que fechamos el
Éxodo (siglo XIV a.C.). Debiendo pensar que esa legislación repetidamente citada en el Levítico o en
Números o Deuteronomio, procede de tiempos de Abrahám o de José; y que muchas de sus leyes
son muy posteriores a Moisés. Acerca de los antecedentes del este código mosáico, ha quedado
históricamente demostrado que fueron heredadas desde los mesopotámicos; seguramente
importados por los herbreos en sus primeros viajes hasta Canáan. Hechos que podemos observar en
las coincidencias existentes entre estas y el código de Hammurabi, que cuatro siglos antes ya recoge la “ley
del Talión” de forma muy parecida (tal como dictan los libros sagrados judíos). Otras legislaciones que
comparten paralelos con las normas de Moisés podremos leerlas en múltiples códices de Babilonia y
Summer; todas ellas escritas cientos de años antes de la fecha del Éxodo. Acerca de ello, nos dice Luis
Vegas Montaner: “Si comparamos la Biblia con los códigos y leyes orientales citados, podemos
comprobar que el núcleo civil de la misma (Código de la Alianza) ofrece muchas semejanzas con el
derecho oriental, especialmente con el Código de Hammurabi y con las leyes mesoasirias” (64) .
.
Tras la anterior afirmación, Luis Vegas Montaner pasa a referir las coincidencias entre las leyes
mosáicas y estos códigos babilónios o mesoasirios; entre las que destaca: “- ley del talión - pena de
muerte infligida al autor de un rapto - indemnización equivalente prevista cuando un pastor deja pacer su
ganado en el campo de otro sin el acuerdo del propietario - liberación del esclavo tras varios años -
responsabilidad civil del agresor - restitución de un bien prestado, incluso si éste ha sido robado - aborto
ocasionado por golpes - magia - daños causados por el ganado - juicio de Dios u ordalía” . Citando otros
pasajes bíblicos que coinciden con las leyes de Hammurabi, como es el caso de: - falso testimonio -
condena a muerte de la mujer adúltera y de su cómplice (65). Continúa escribiendo el mismo autor
que: “Por otra parte, las costumbres de época patriarcal muestran claras concomitancias con la
legislación hurrita de Nuzi, lo cual no resulta extraño si consideramos la estancia patriarcal en
Harán, uno de los centros hurritas más importantes” (66) .
.
Para concluir escribiendo: “En suma, la ley del talión está en pleno vigor en el Antiguo Testamento y en el
Código de Hammurabi. La Biblia conoce varias causas para la pena de muerte, entre ellas la motivada por
heridas a los padres (Ex 21,15), que el Código de Hammurabi, castiga sólo con el corte de las manos. En
general, los códigos sumerios y las leyes hititas muestran más lenidad, mientras que las leyes bíblicas
comparten la severidad de las leyes mesoasirias. Por otra parte, así como es evidente que otros códigos,
como el de Esnunna, reflejan la estructura jurídica de una sociedad urbana, las leyes del Antiguo
Testamento conservan evidentes principios tribales (por ejemplo, venganza del cabeza de familia, etc.)” (…)
“Aunque similares, estas leyes reflejan la diferencia básica entre los sistemas legales israelita y
mesopotámico. Los códigos de Mesopotamia son esencialmente seculares, en cuanto que tratan solamente
de asuntos concernientes a la conducta de un ser humano respecto a otro. La relación entre lo humano y lo
divino no está regulada, ni hay sanciones religiosas que respalden las leyes seculares. En la legislación de
Israel se produce una mezcla de ley y religión. Toda ley deriva en última instancia de Dios. Las violaciones
de la ley religiosa son susceptibles de castigo por tribunales humanos, y se aplican sanciones religiosas
además de las seculares” (…) “La característica general de los códigos bíblicos es su sentido
religioso. Es evidente que en la redacción entraron diversos factores naturales: condiciones
geográficas, económicas, sociales, culturales y psicológicas. Pero el factor principal es el religioso.
La religión interviene como freno y como orientación positiva. Israel es una teocracia, cuya
autoridad suprema reside en Dios” (67) .
.
Pese a todo, y aún reconociendo el magnífico trabajo antes citado (de Luis Vegas Montaner); hay un
episodio que excluye u omite, como es la enorme influencia que debieron tener las normativas
egipcias en las leyes mosáicas. Tristemente no nos han llegado códigos faraónicos, ni compilaciones de
legislación del Egipto Antiguo; habiendo sido tan solo recuperados algunos preceptos, normas y sentencias.
Documentos que en su mayoría se circunscriben al ámbito privado -como son, multas impuestas por robo o
dejación de funciones, dictámenes en caso de adulterio, edictos para que los funcionarios no abusaran de
sus cargos y etc-. Pese a ello, muchos reconocen aspectos de la legislación de época de Akhenatón,
entre los preceptos que recogen los libros sagrados judíos. Existiendo paralelos en normas tan
extrañas y peculiares como aquellas que marcan qué hacer con el semen del hombre que cae sobre la ropa
mientras duerme; o en la silla de montar, cuando viaja en caballerizas. Asimismo, se considera que las
ordenes mosáicas que obligan a lavar las impurezas en las mujeres (tras la menstruación o el parto),
pudieran también tener este origen egipcio. Por lo demás, existen indudables concomitancias entre
algunos Salmos de la Biblia y los himnos del Nilo; destacándose el Salmo 104 y su enorme parecido
con un canto a Atón escrito en época de Amenofis IV -que recogemos en cita (68) -. Pese a todo, si
deseamos buscar un paralelismo entre las leyes mosáicas y las egipcias, a mi juicio, lo mejor sería
repasar el Libro de los Muertos faraónico. Donde podremos encontrar pasajes como el que refiere el
“Conjuro 125” que dicta mensajes muy cercanos a los Diez Mandamientos; tal como podemos leer
junto a la siguiente imagen.
.

AL LADO: Portada del Libro de los Muertos, en traducción de Budge y notas de Laurent. A
continuación recogemos parte del capítulo CXXV, donde el difunto se presenta ante Osiris y debe
confesar de modo negativo sus virtudes; negando haber dañado a los hombres. Se trata de unos
cuarenta versículos, en los que prácticamente se recogen todas las bondades que enseña a cumplir
el Decálogo de Moisés. En la cita (69)recogemos el texto entero, que a continuación resumo:
“Yo no he hecho mal a los hombres.// Yo no empleé la violencia con mis parientes.// Yo no reemplacé por la
Injusticia a la Justicia.// Yo no frecuenté a los malos.// Yo no cometí crímenes.// Yo no hice trabajar para mi
beneficio con exceso.// Yo no intrigué por ambición.// Yo no di malos tratos a mis servidores.// Yo no
blasfemé de los dioses.
Yo no privé al pobre de su alimento.// No cometí actos execrados por los dioses.// Yo no permití que un amo
maltratase a su sirviente.// Yo no hice sufrir a otro. // Yo no provoqué el hambre.// No hice llorar a los
hombres, mis semejantes.// Yo no maté ni ordené matar.// Yo no provoqué enfermedades entre los
hombres.// Yo no sustraje las ofrendas de los templos.// Yo no robé panes de los dioses (…) // Yo no traté de
aumentar mis dominios Utilizando medios ilícitos ni usurpando los campos de otros.// Yo no manipulé los
pesos de la balanza ni su astil (vara) (…) // Yo no violé las reglas de las ofrendas de carne.// Yo no me
apoderé del ganado que pertenecía a los templos de los dioses.// Yo no impedía a un dios que se
manifestase.
.
Otro aspecto de la figura de Moisés sería su función de sacerdocio. Perfectamente descrita y
recogida en los Libros Mosáicos; donde desde el Éxodo al Deuteronomio leemos las normas de
ofrenda, las vestimentas, festividades, sacrificios y templos, que él ordena. Narrando su historia como
tras la liberación de los judíos, y al llegar al Sinaí, hubo de comunicarse repetidamente con Dios -aparecido
en el fulgor de una zarza-.; que le manda subir a la cima del Sinaí, para darle las Tabas de la Ley.
Posteriormente ordena a su pueblo en diferentes tribus y crea la casta de sacerdotes, mandando
construir El Tabernáculo (templo desmontable, que podía transportarse y donde se reunirá con sus pueblo
y el clero). Asimismo, nombrará sacerdote supremo a su hermano Aarón -con la oposición de parte de
los hebreos-, describiendo las vestimentas y los atributos que lucirán sus clérigos (levitas, rabinos y
el superior). Manda también a los artesanos realizar los principales enseres sagrados del Tabernáculo
y que más tarde pasarán al Templo. Entre otros: Las cortinas colgadas con anillas de oro, el altar del
incienso, el candelabro de siete brazos (la Ménhorá) y el Arca de la Alianza (donde guardarán
finalmente las leyes y la vara de Aarón). Acerca de estos pasajes, diremos que en todos los rasgos de
cuanto ordena y crea Moisés, también veremos una síncesis entre las religiones de Canaán, las
mesopotámicas, las del egeo (cretochipriotas) y la faraónica. Siendo el altar del incienso muy
semejante a las asheras minóicas y chipriotas, tanto como a los altarcillos de aceite canaaneos -hallados en
Meggido-. Igualmente, las vestimentas de Aarón (sacerdote supremo) son de tipo oriental; luciendo un
pectoral y efod muy semejante a los del Nilo y que parece también llevaban los clérigos de Biblos o de
Fenicia. Del mismo modo, el Arca, coronada por dos querubines; aparenta enormes influencias egipcias, al
estar rodeada por esas dos figuras angelicales que semejan esfinges aladas. Finalmente diremos que
asimismo otros atributos sagrados, como el candelabro de siete brazos, simbolizando los siete planetas y
sus luces; pudieran tener influencia mesopotámica -en cuyos templos (dirigidos por astrónomos) se
simulaba el orbe celestial y sus astros-.
.
Por lo demás si hablamos del Moisés libertador, habríamos de tratar asimismo del general que lucho
por y con su pueblo. Entendiendo además qué funciones de sacerdote se mezclaron con sus
conocimientos militares, para actuar como guía y señor de los hebreos. Ya que atributos como su
vara -con la que abre el camino y logra hacer brotar agua de las rocas- demuestran un Moisés más
clérigo que militar.Entendido como un noble formado en las Casas de la Vida egipcias, con conocimientos
sobre el modo de orientarse en el desierto y encontrar pozos en sus arenas. Aunque no hemos de olvidar
tampoco que su figura como libertador y guía en el desierto, quizás también nos habla de aquellos
hebreos (canaáneos) marineros; que teniendo un gran poder en el Mar Rojo y en el reino del Nilo,
serían capaces de sacar en sus barcos a esclavos del faraón.
.
Pero si nos ceñimos al Moisés entendido como una persona, que a raíz del cisma de Egipto logró el
permiso de sus gobernantes para sacar de sus fronteras a los seguidores de la nueva religión
impuesta por Amenofis III y su heredero (Akhenatón). Toda su historia quizás hablaría de Amenofis III
y más concretamente de su primogénito, llamado Tutmoses. Quien ejercía el cargo de Sumo
Sacerdote en Menfis y que debió morir antes que su padre (en el año 30 de su reinado); pues el trono
pasó al segundo hijo -Akhenatón, Amenofis IV-. De tal manera, la historia no volverá a mencionar a
este Tutmosis (primogénito de la corona); aunque hay quienes ven en él, el recuerdo de aquel
llamado Moisés, como Tut-Mosés. Pudiendo haberse tomado su desaparecida figura para fingir un
nuevo reinado de Amarna; cuando es destruida la herejía de Akhenatón y quienes la seguían. Siendo
posible que algún familiar de Amenofis IV decidiera erigirse como nuevo monarca, bajo el nombre y
el recuerdo del aquel primogénito fallecido de joven: Tut-Moses, el hijo primero de Amenofis III,
quien en verdad inició la herejía monoteísta.
.

.
ARRIBA: Dibujo mío en que podemos ver las vestimentas de los clérigos judíos, ta l como lo
determinó Moisés. En el caso del Sacerdote Supremo del templo de Salomón, es de destacar que
entre sus atributos está el uso del pectoral llamado de Aarón y la mitra. Ambos son de clara
influencia egipcia; una civilización donde el pectoral o collar (Mehent, menat etc) era el símbolo del
poder y la protección (70). Asimismo, la mitra significaba la superioridad de inteligencia para los egipcios y
los mesopotamios; su simbolismo tenía tales connotaciones que se ha perpetuado hasta nuestros días (en
que los obispos y doctores de la Iglesia lucen un tocado muy semejante).
.
ABAJO: Detalle del Arco de Tito, erigido su muerte, por su hermano Domiciano. Tito fue quien
finalmente venció a los judíos en una tremenda guerra que duró cuatro años. Pues como dijimos al
habla de Flavio Josefo, la gran revuelta de Judea comenzó en el año 66 d.C.; aunque no fue sofocada hasta
casi un lustro después. En sus comienzos pidió ser elegido Flavio Josefo uno de sus cabecillas;
aunque se rindió en verano del 67 a Vespasiano -a quien cayó en gracia este judío de estirpe levita,
sangre real y enorme cultura, cuando le pronosticó que pronto sería emperador-. Desde entonces, Josefo
realizó labores para llegar a un acuerdo entre ambos bandos, pero con horror finalmente vería como
los romanos destruían Jerusalén y hasta el Templo de Salomón. Cuando antes de finalizar de la
contienda Vespasiano tuvo que regresar a Roma (donde le llamaban para ocupar el cargo de emperador
-tal como había predicho Flavio Josefo); dejando el mando a su hijo, Tito. Siendo entonces cuando las
tropas romanas tuvieron un comportamiento encarnizado, llegando a provocar un genocidio en
Jerusalén y sus inmediaciones. La cifra de muertos parece que superó el millón cien mil judíos;
hablándose de seiscientos mil de ellos crucificados y cien mil más -que no pudieron huir- vendidos como
esclavos. Además, los soldados imperiales decidieron finalmente quemar y saquear el Templo de
Salomón, con cuyos tesoros se dice que elevaron el Coliseo en Roma (para entretener a las masas,
comenzando Tito la decadente política de “pan y circo”). En imagen podemos ver esta escena del
expolio en el templo judío, presidida por el retrato de Tito -al que acompañan en efigie, su padre
Vespasiano y su hermano Domiciano-. Por su parte, Flavio Josefo se vio obligado a asistir al triunfo y
desfile de Tito con Vespasiano en Roma (el año 71 d.C.); donde portarían El Arca de la Alianza, las
trompetas de Moisés y la Mehnorá (entre otros tesoros expoliados en Jerusalén, que vemos en esta
escena del arco). Flavio Josefo recibió la ciudadanía romana y dedicó su vida a escribir la Historia de
su pueblo, que no se perdió -en gran parte- gracias a la labor de este estratega (muy criticado por
algunos, pero cuyo trabajo como escritor y estudioso fue inigualable)
.

.
ESTE CAPÍTULO SE HA DIVIDIDO EN DOS PARTES
ESTA ERA LA SEGUNDA.

----------------------------------------------------------------
CITAS parte segunda:
----------------------------------------------------------------
.
(30): MOISÉS TIRA UNA CORONA REAL DE NIÑO Y EL ESCRIBA DESEA MATARLO AL CONSIDERARLO UN MAL PRESAGIO;
FINALMENTE LO SALVA EL REY DE EGIPTO: Relato narrado por Flavio Josefo en Libro I cap. IX
(SIC)
CAPITULO IX Las aflicciones que sufren los hebreos en Egiptodurante cuatrocientos años
6. Después Termutis le impuso el nombre de Mouses, recordando su extracción del río, porque los egipcios llaman Mo al agua, y Uses
a lo que es salvado de ella. Uniendo las dos palabras formaron el nombre que le dieron. Y de acuerdo con la predicción de Dios fué,
por su gran inteligencia y su desdén por las dificultades, el más ilustre de los hebreos. (Porque Abram fué su antepasado de la séptima
generación. Moisés era hijo de Amram, que era hijo de Caat, cuyo padre Leví era hijo de Jacob, que era hijo de Isaac, el hijo de
Abram.)
La inteligencia de Moisés no era la de su edad, sino muy superior a su término medio. Reveló una rapidez de aprehensión mayor de la
habitual, presagiando grandes acciones para cuando llegara a ser hombre. Dios le dió también una estatura que a los tres años ya era
maravillosa. En cuanto a su belleza, nadie dejaba de asombrarse por la hermosura de su rostro cuando lo veía. Frecuentemente
sucedía que la gente que se cruzaba con él cuando lo llevaban por el camino volviera la cabeza para seguir mirándolo; dejaban lo que
estaban haciendo y se quedaban un rato largo contemplándolo. Porque la belleza del niño era tan notable y natural por muchos
conceptos que detenía a los espectadores obligándolos a mirarlo largo rato.
.
7. Advirtiendo Termutis lo notable que era el niño, lo adoptó como hijo porque ella no los tenía. Un día se lo llevó a su padre y le dijo
que pensaba hacer de él el sucesor del rey, si Dios quería que no tuviese un hijo propio.
-He criado un niño -dijo-, de forma divina y de mente generosa. Y como lo he recibido por la merced del río, de manera maravillosa, he
creído conveniente adoptarlo como hijo y heredero de tu trono.
Diciendo esto puso al niño en los brazos de su padre, quien lo oprimió sobre su pecho y, para subrayar las palabras de su hija, puso
amablemente su corona en la cabeza. Pero Moisés la arrojó al suelo y con ademanes pueriles la hizo rodar y la pisó, lo que pareció
traer un mal presagio para el reino de Egipto.
Cuando lo vió el sagrado escriba (el mismo que había pronosticado que su nacimiento derribaría el dominio del reino), hizo una
violenta tentativa para matarlo, y con voz terrible exclamó:
-Este, loh, rey!, es el niño de quien Dios nos previno que si lo matábamos nos libraríamos del peligro. Ahora él mismo confirma la
predicción, atropellando tu autoridad y pisoteando tu corona. Elimínalo, y libra a los egipcios del miedo que tienen por su causa; y quita
a los hebreos las esperanzas de ser animados por él.
Pero Termutis se lo impidió y le arrebató el niño de las manos. El rey no se apresuró a matarlo, porque Dios protegió a Moisés
induciendo al rey a salvarle la vida. Fué luego educado con gran esmero. Los hebreos pusieron en él sus esperanzas en la certeza de
que haría grandes cosas. Los egipcios, en cambio, desconfiaban del resultado que daría su educación. Pero se abstuvieron de matarlo
porque si Moisés era muerto no quedaría ninguno, ni pariente ni adoptado, que pudiera pretender la corona con beneficio para ellos.
.
(31): Sobre los rituales parecidos y el sentido de ofrecer una víctima propiciatoria para acabar con la tempestad, recomendamos leer
nuestro artículo 95º:
DEL FARMACÓS Y DEL FÁRMACON -parte segunda-: Sobre el "farmacós" o la inmolación humana (De "Lo invisible en la mitología":
Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte LXVI). ANALIZA LOS SACRIFICIOS HUMANOS EN LAS CEREMONIAS
RELIGIOSAS, Y SUS SUSTITUCIÓN POR LA DE ANIMALES ENTRE PUEBLOS ABRAHÁMICOS. Para leerlo pulsar a continuación:
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/10/del-farmacos-y-del-farmacon-parte.html
.
(32): Éxodo, 14; 21-31
21 Extendió Moisés su mano sobre el mar; y el SEÑOR, por medio de un fuerte viento solano que sopló toda la noche, hizo que el mar
retrocediera; y cambió el mar en tierra seca, y fueron divididas las aguas.
22 Y los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, y las aguas les eran como un muro a su derecha y a su izquierda.
23 Entonces los egipcios reanudaron la persecución, y entraron tras ellos en medio del mar todos los caballos de Faraón, sus carros y
sus jinetes.
24 Y aconteció que a la vigilia de la mañana, el SEÑOR miró el ejército de los egipcios desde la columna de fuego y de nube, y sembró
la confusión en el ejército de los egipcios.
25 Y entorpeció las ruedas de sus carros, e hizo que avanzaran con dificultad. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos ante Israel,
porque el SEÑOR pelea por ellos contra los egipcios.
26 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros
y su caballería.
27 Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al amanecer, regresó el mar a su estado normal, y los egipcios al huir se encontraban
con él; así derribó el SEÑOR a los egipcios en medio del mar.
28 Y las aguas volvieron y cubrieron los carros y la caballería, a todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no
quedó ni uno de ellos.
29 Mas los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar, y las aguas les eran como un muro a su derecha y a su izquierda.
30 Aquel día salvó el SEÑOR a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar.
31 Cuando Israel vio el gran poder que el SEÑOR había usado contra los egipcios, el pueblo temió al SEÑOR, y creyeron en el
SEÑOR y en Moisés, su siervo.
.
(33): JONÁS 1, 3: Narra como el profeta huye de su misión hacia Nínive, y en Haiffa toma un barco en dirección hacia
Tarshish. Recogemos el texto bíblico donde se muestra como los pasajes a Tarshis se tomaban en el Mediterráneo -en puerts
junto a Haifa- y debían ser barcos pilotados por filisteos o por fenicios; quienes practicaban religiones con sacrificios
humanos (con culto a tifonio, tal como muestra el texto de Jonás)
Jonás huye de Jehová (1)
(1) Vino la palabra de Yahvéh a Jonás hijo de Amitay, diciendo: (2) Levántate y ve a Nínive a
predicar en aquella gran ciudad, y pregona contra ella, porque su maldad ha subido hasta mí. (3)
Pero Jonás se levantó y para huir de la presencia de Yahvéh fua a Tarsis; descendió a Jope, y
halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová. (4)
Pero Yahveh hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en la mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave.
(5) Los marineros tuvieron miedo y cada uno clamaba a su dios; echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarse
de ellos. Pero Jonás había bajado al interior de la nave, se había acostado, y dormía profundamente.
(6) Y el patrón de la nave se le acercó y le dijo: -¿Qué haces aquí, dormido? Levántate, y clama a tu Dios; quizás él se acordará de
nosotros, y no pereceremos-. (7) Le dijeron cada uno a su compañero: -Venid y echemos suertes, para que sepamos por causa de
quién nos ha venido este mal-. Jugaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. (8) Entonces le dijeron ellos: -Decláranos ahora por qué
nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres?- (9) Él les respondió: -Yo soy
hebreo, y temo a Yahveh, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra-. (10) Entonces aquellos hombres temieron sobremanera, y le
dijeron: -¿Por qué has hecho esto? Porque ellos sabían que huía de la presencia de Jehová, pues él se lo había declarado-. (11) Y le
dijeron: -¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete?-. Porque el mar se iba embraveciendo más y más. (12) Él les
respondió: -Tomadme y echadme al mar, y el mar se aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre
vosotros-. (13) Con todo, aquellos hombres remaron con ahínco para hacer volver la nave a tierra; mas no pudieron, porque el mar se
iba embraveciendo más y más contra ellos. (14) Por lo cual clamaron a Jehová y dijeron: -Te rogamos ahora, Yahvéh que no
perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Yahveh eres el que ha
obrado conforme a tu beneplácito. (15) Así que tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; que se aquietó de su furor. (16) Temieron
aquellos hombres a Yahveh con gran horor, y le ofrecieron sacrificios, e hicieron votos. (17) Pero Yahveh tenía preparado un gran pez
que se tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches".
Oración de Jonás (2)
(1) Entonces oró Jonás a su Dios Yahveh desde el vientre del pez, (2) y dijo: -Invoqué en mi angustia a Yahveh, y él me oyó. Desde el
seno del Seol clamé, y oíste mi voz. (3) Me echaste a lo más hondo en medio de los mares, y me rodeó la corriente. Todas tus ondas y
tus olas pasaron sobre mí. (4) Entonces dije: Soy rechazado de delante de tus ojos; mas todavía miraré hacia tu santo templo. (5) Las
aguas me rodearon hasta el alma; rodeóme el abismo y las algas se enredaron a mi cabeza. (6) Descendí a los cimientos de los
montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Yahveh Dios mío. (7) Cuando mi
alma desfallecía en mí, me acordé de Yahveh y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. (8) Los que siguen vanidades ilusorias,
abandonan su misericordia (9) mas yo te ofreceré sacrificios con voz de alabanza; pagaré lo que prometí, pues a salvación es de
Yahveh. (10) Y dio orden Jehová al pez, que vomitó a Jonás en tierra.
.
(34): A CONTINUACIÓN RECOJO ENTERAMENTE LO QUE ESCRIBE FLAVIO JOSEFO ENTORNO A ESTE PASAJE DE LA
HISTORIA DE EGIPTO DE MANETO (o Manetón):
FLAVIO JOSEFO : CONTRA APIÓN (SOBRE LA ANTIGÜEDAD DEL PUEBLO JUDÍO) Libro I
(fuente: 5 volúmenes traducidos del griego al español por Luis Farré. (Buenos Aires: Acervo Cultural / Editores, 1961.) Vol. 5: Contra
Apión)
26. (227) Mencionare especialmente a uno que poco antes presenté como testigo de nuestra antigüedad. (228) Me refiero a Maneto,
que afirma exponer la historia de Egipto de acuerdo con sus libros sagrados. Confiesa que nuestros progenitores llegaron a Egipto en
muchas decenas de miles y que sometieron a sus habitantes; luego reconoce que posteriormente salieron de aquella región y
ocuparon la zona que ahora se denomina Judea, y luego de edificar Jerusalén levantaron el Templo. Hasta aquí siguió las historias
antiguas. (229) Después, abusando de su licencia, quiere aparecer recogiendo todos los rumores y las fábulas que circulaban en el
exterior acerca de los judíos, e inserta hechos increíbles, intentando mezclarnos con la multitud de egipcios leprosos y afectados por
otras enfermedades que fueron obligados, según dice, a escapar de Egipto. (230) Agrega el nombre de un rey imaginario, Amenofis,
sin atreverse a decir la época de su reinado, a pesar de que en todo lo demás procede cuidadosamente; a todo esto agrega varias
fábulas, olvidando que previamente había dicho que quinientos dieciocho años antes había acaecido la salida de los pastores hacia
Jerusalén. (231) El rey de Egipto, cuando salieron, era Tutmosis. Según el autor los reinados subsiguientes abarcaron un lapso de
trescientos noventa y tres años hasta llegar a los hermanos Setón y Hermeo; a Setón lo denomina Egipto, a Hermeo Danao. A este
último lo expulsó Setón, quien reinó cincuenta y nueve años, y luego lo hizo su hijo mayor Rampsés, durante sesenta y seis años.
(232) Reconoce que nuestros antepasados salieron de Egipto antes de este período, luego supone al tal rey Amenofis; dice que éste
anhelaba poder contemplar a los dioses, como lo había hecho Oro, uno de sus predecesores y que comunicó este su deseo a un hijo
de un tal Paapis, que también se llamaba Amenofis y que, a su parecer, participaba de la naturaleza divina, a causa de su sabiduría y
conocimiento de lo futuro. (233) Y éste habría dicho al rey, que podría contemplar a los dioses, si limpiaba al país de los leprosos y de
todos los impuros. (234) El rey, muy satisfecho con esto, afirma que congregó a todos los afectados por alguna enfermedad corporal
que se encontraban en Egipto; se reunió una multitud de ochenta mil. (235) Los envió a las canteras, a la parte oriental del Nilo, para
que trabajaran igual que los otros egipcios enviados allí. Dice que entre ellos habla algunos sacerdotes eruditos enfermos de lepra.
(236) Pero aquel sabio y mago Amenofis temió concitar la ira de los dioses contra él y el rey, si pareciera que se les hubiese hecho
violencia. Agregó, además, a su predicción, que cierto pueblo acudiría en ayuda de los impuros, conquistaría a Egipto y lo mantendría
bajo su dominio durante trece años. Pero no se atrevió a decir todo esto al rey, sino que lo dejó por escrito y luego se suicidó. Por este
motivo el rey quedó desconsolado. (237) Luego escribe textualmente: “Después de estar mucho tiempo trabajando en las canteras,
pidieron al rey que les diera para su descanso y seguridad una ciudad. Les otorgó la ciudad de Avaris, que había sido abandonada por
los pastores. Esta ciudad, según la antigua teología, era la de Tifón. (238) Una vez en la misma, consideraron que el lugar era
adecuado para revueltas; nombraron jefe a Osarsif, uno de los pontífices heliopolitanos y juraron que lo obedecerían en todo. (239)
Este les puso como primera ley que no adoraran a los dioses, y que no se abstuvieran de aquellos animales que entre los egipcios
eran considerados especialmente sagrados, sino que mataran y consumieran animales de toda clase; además que no tuvieran relación
sexual con nadie que no fuera de su misma secta. (240) Ordenó estas cosas y muchas otras contrarias a las costumbres de los
egipcios; luego ordenó que con la cooperación de muchos se levantaran los muros de la ciudad y se prepararan a guerrear contra el
rey Amenofis. (241) Osarsif, habiendo tomado consigo otros sacerdotes y algunos de los manchados, envió legados a los pastores
que, habiendo sido expulsados por Tutmosis, se retiraron a la ciudad denominada Jerusalén. Después de exponer la manera
ignominiosa como los habían tratado, les pidió que emprendieran una expedición a Egipto. (242) Les prometió que primeramente los
llevaría a su antigua patria Avaris y les proporcionaría en abundancia todo lo necesario, y cuando fuera necesario pelearían con ellos; y
que podrían someter fácilmente al país. (243) Ellos se alegraron sobremanera y muy gozosos, en número de doscientos mil, salieron y
poco después llegaban a Avaris. Amenofis rey de los egipcios, así que oyó hablar de la invasión, se sintió muy desanimado, porque
recordó lo que había predicho Amenofis hijo de Paapis. (244) Primeramente congregó al pueblo y celebró asamblea con sus príncipes,
y se hizo traer los animales sagrados, especialmente aquellos que se adoraban en los templos; ordenó a cada uno de los sacerdotes
que ocultaran bien los simulacros de los dioses. (245) Procuró que se trasladara a casa de un amigo a su hijo Setón, de cinco años
de edad, que se llamaba Rameses por su abuelo Rampsés. Él salió con los demás egipcios, en número de trescientos mil guerreros
ejercitados; sin embargo, al encontrarse con los enemigos no luchó. Pensando que lucharía contra los dioses, (246) retrocedió y se
dirigió a Menfis. Habiendo tomado consigo a Apis y a los demás animales sagrados que hizo conducir a su lado, se trasladó a Etiopía
con todo el ejército y la multitud de egipcios. El rey de los etíopes le estaba obligado por un gran número de beneficios. (247) Lo
recibió y ordenó a todo el pueblo que le entregara lo necesario para el sostén de aquellos hombres, así como también ordenó que se le
entregaran las ciudades y pueblos que fueran necesarios hasta que pasara la fatalidad de aquellos trece años. Ordenó también al
ejército etíope que custodiara a Amenofis y a sus soldados instalando un campamento en los límites con Egipto. (248) Estas son las
cosas que acontecieron en Etiopía. Cuando vinieron los solimitanos con los egipcios manchados trataron tan mal a los hombres, que
causaron una impresión pésima, en todos los que observaron su impiedad. (249) No satisfechos con incendiar las ciudades y los
poblados, y con cometer sacrilegios y derribar los simulacros de los dioses, usaron los mismos para asar la carne de los animales
sagrados a los que se tributaba culto divino, y obligaron a los sacerdotes y profetas a que los mataran y luego los expulsaron desnudos
del país. (250) Se dice que el gobernante era legislador, sacerdote, de origen heliopolitano; se llamaba Osarsif, por Osiris, dios de la
ciudad de Heliópolis, pero cambió de nombre y se llamó Moisés.”
27. (251) Esto es lo que los egipcios cuentan de los judíos, además de muchas otras cosas, que omito en beneficio de la brevedad.
También dice Maneto que posteriormente Amenofis regresó de Etiopía con un gran ejército, así como su hijo Rampsés con otro
ejército; una vez que entraron en lucha con los pastores y los impuros los vencieron, mataron a muchos de ellos y los persiguieron
hasta los límites de Siria. (252) Estas y otras cosas similares escribió Maneto. Probaré que dice embustes y notorias mentiras, pero
haré primero una distinción relativa a lo que más adelante diré. Nos concede y reconoce, que nuestro pueblo no es de origen egipcio,
que nuestros antepasados procedían de otra parte y que ocuparon Egipto y luego salieron de allí. (253) Pero que los enfermos
egipcios no se mezclaron con nosotros, que Moisés que condujo al pueblo, no fue su jefe, sino que los precedió en muchas
generaciones, me esforzaré en demostrarlo con los mismos relatos de Maneto.
28. (254) La causa que da como punto de partida de su fábula es algo ridículo. Dice: “El rey Amenofis deseaba ver a los dioses.” ¿A
cuáles? Si a los que ellos aceptaban, el buey, el macho cabrío, los cocodrilos y los cinocéfalos, ya los veía. (255) En cuanto a los
dioses celestes, ¿cómo podía verlos? ¿Cómo concibió este deseo? Precisamente porque antes otro rey los había visto. Por él había
sabido cómo eran y cómo los había visto; de tal manera que no necesitaba nuevos artificios para verlos. (256) Pero quizá se diga que
hay que tener en cuenta a aquel mago sabio, por cuyo intermedio esperaba poderlo lograr. Si así fuera, ¿cómo no supo con antelación
que esto no llegaría a acontecer, pues de hecho no aconteció? Luego, ¿por qué motivo los dioses escapaban a la visión de sus ojos
por la presencia de los mutilados y leprosos? A los dioses no les indignan los cuerpos mutilados o debilitados sino la perversidad.
(257) ¿Luego quién logró que ochenta mil leprosos y enfermos se reunieran casi en un día? ¿O por qué el rey no cumplió las
instrucciones del mago? Pues el vate había indicado que los enfermos fueran expulsados de Egipto; sin embargo, el rey ordenó que
los enviaran a las canteras, como si necesitara obreros y no purificar la región. (258) Afirma también que el mago se mató, al prever la
ira de los dioses y los males que iban a acontecer en Egipto, predicción que dejó por escrito al rey. ¿Cómo el mago no supo su muerte
desde el principio? (259) ¿Cómo no se opuso al deseo del rey que quería ver a los dioses? ¿A qué venía el miedo por calamidades
que no iban a acontecer en su época? ¿Qué mal grave lo estaba amenazando, que fuera peor que el que él mismo se apresuró a
infligirse? (260) Pero veamos ahora la mayor tontería de todas. Aunque informado de estos hechos, y temeroso de lo que podría
ocurrir, tampoco se decidió a expulsar de la ciudad a aquellos enfermos de los cuales debía limpiar a Egipto, sino que a su pedido,
como dice, les entregó la ciudad que otrora habitaran los pastores, cuyo nombre era Avaris. (261) Reunidos en ella eligieron como jefe
a uno que fuera en otro tiempo sacerdote en Heliópolis. Y éste fue el que les enseñó a que no rindieran culto a los dioses, ni se
abstuvieran de los animales adorados en Egipto, sino que los mataran y consumieran, y que no se unieran sino con los que fueran de
la misma secta. Por intermedio de un juramento los obligó a perseverar en estas leyes. Luego de fortificar a Avaris, declaró la guerra al
rey. (262) Luego agrega: “Envió delegados a Jerusalén, pidiendo a sus ciudadanos que se le unieran, prometiéndoles entregarles
Avaris, antigua patria de los que iban a venir desde Jerusalén. Si atacaban, desde allí podrían someter todo el Egipto.” (263) Después
añade:
“Se presentaron con doscientos mil soldados, pero el rey de los egipcios, Amenofis, siendo de opinión que no tenía que luchar con los
dioses, se fugó sin pelear a Etiopía y allí entregó el buey Apis con otros animales sagrados a los sacerdotes, y dio orden de que los
guardaran.” (264) Y a continuación: “Así que vinieron los jerosolimitanos destruyeron las ciudades, incendiaron los templos y mataron a
los jinetes, sin abstenerse de ninguna iniquidad o crueldad. (265) El que les dio la forma de gobierno y las leyes era de origen
heliopolitano, de nombre Osarsif, nombrado así por el dios heliopolitano Osiris. Luego, habiendo cambiado de nombre, se llamó
Moisés. (266) Amenofis, en el año decimotercero, pues éste era el lapso decretado por los hados para que fueran expulsados del
reino, avanzó desde Etiopía con grandes tropas y en el encuentro con los pastores y los impuros triunfó de ellos en la guerra y mató a
muchos, persiguiéndolos hasta los límites de Siria.”
29. (267) En todo esto no se dio cuenta que mentía sin el menor asomo de verosimilitud. Los leprosos y la multitud que estaba con
ellos, aunque al principio se indignaron con el rey y con aquello que los trataron mal, incluso de acuerdo con la predicción del mago,
sin embargo cuando se los eximió de trabajar en las canteras y recibieron de él una ciudad y una región, no hay duda que tendrían
sentimientos más pacíficos. (268) En el supuesto de que lo odiaran, habrían intrigado solamente contra él, sin hacer la guerra a todos,
pues no hay duda que les quedarían muchos parientes en el país. (269) Pero, aunque decidieran luchar contra los hombres, no había
motivo para que lucharan contra sus mismos dioses y adoptaran leyes contrarias a las propias, con las que habían sido educados.
(270) Debemos agradecer a Maneto el que diga que los jefes de esta trasgresión fueron, no los que vinieron de Jerusalén, sino los
mismos egipcios, y entre ellos especialmente fueron los sacerdotes quienes lo imaginaron todo y obligaron a la multitud con juramento.
(271) Pero es contrario a la razón suponer que ninguno de los familiares o amigos de esa gente se plegara a la revuelta ni participara
en los peligros, y que los maculados tuvieran que enviar a Jerusalén a pedir ayuda. (272) ¿Qué clase de parentesco o amistad había
anteriormente entre ellos? Al contrario, eran enemigos, y muy disímiles en sus costumbres. Ellos, dice, sin demora estuvieron listos a
obedecerlos, inducidos por la promesa de que llegarían a ocupar Egipto. Como si no conocieran suficientemente el país, del cual
fueron expulsados por la fuerza. (273) Si su vida hubiera sido miserable o en trance de necesidad, quizá se expusieran al peligro.
Viviendo en una ciudad feliz y en un país suficientemente grande, mejor que Egipto, ¿qué razón había para que se expusieran al
peligro, corriendo a ayudar a los que habían sido sus enemigos, y que además estaban enfermos, atacados por enfermedades que
ninguno de ellos estaba dispuesto a tolerar? Porque ellos no podían prever que el rey iba a evadirse. (274) Al contrario, dice el mismo
Maneto, que el hijo de Amenofis les salió al encuentro en Pelusio con trescientos mil hombres. Esto era sabido por todos los que
habían penetrado en el país. ¿Cómo podían conjeturar su cambio de propósito y huída? (275) Luego dice que después de ocupar los
graneros de Egipto, el ejército de los jerosolimitanos ocasionó grandes daños. Les reprueba estos hechos, como si no los hubiera
introducido él mismo en calidad de enemigos, o como si se pudiera tachar de crimen lo que hacían los que habían sido llamados para
eso del exterior, cuando lo mismo hicieron y juraron que lo harían en adelante los egipcios. (276) “Después de un t iempo, dice, atacó
a los enemigos, los venció, mató a muchos, los puso en fuga y los persiguió hasta Siria.” Como si fuera tan fácil capturar a Egipto, y
aun procediendo de cualquier parte; (277) pero los que entonces lo habían conquistado, informados de que Amenofis vivía, no
protegieron los caminos procedentes de Etiopía, a pesar de que estaban bien preparados para ello, ni se preocuparon de reunir más
tropas. “El rey los persiguió, dice, hasta Siria, matándolos, a través del desierto arenoso.” Esto es, por lugares por donde a un ejército
le sería difícil pasar, incluso sin lucha.
30. (278) Pero según Maneto ni nuestra raza es oriunda de Egipto, ni se produjeron mezclas. Es verosímil que muchos de los leprosos
y enfermos hayan perecido en las canteras, pues estuvieron allí por largo tiempo y fueron tratados duramente; muchos otros murieron
en las luchas que tuvieron lugar posteriormente y muchos otros durante la fuga.
31. (279) Me resta refutar lo que dice de Moisés. A este hombre los mismos egipcios lo consideran admirable y divino; con increíble
malignidad quieren hacerlo suyo, diciendo que era de Heliópolis, uno de los sacerdotes del lugar, expulsado con los demás a causa de
la lepra. (280) Consta en sus anales que vivió quinientos dieciocho años antes y que condujo a nuestros padres de Egipto hacia la
región donde ahora estamos. (281) Sus propias palabras prueban que no sufría de esta enfermedad. Prohibió que los enfermos de
lepra vivieran en ciudades o poblados; debían andar solos y con los vestidos desgarrados. Cualquiera que los tocara, o viviera bajo su
mismo techo, sería también considerado impuro. (282) Si un leproso sanaba de la enfermedad y el cuerpo volvía a su estado normal,
debía pasar por ciertas purificaciones, lavarse en agua de fuente, cortarse todo el pelo y ofrecer muchos sacrificios de diversas clases,
ante de ser admitido en la ciudad santa. (283) Era lógico que el que hubiera estado sometido a tamaña calamidad, fuera solícito y
humano con aquellos que estuvieran afligidos por el mismo mal. (284) Pero no sólo dispuso lo mencionado con relación a los
leprosos, sino que no admitió en las funciones sagradas a los que estuvieran mutilados en la más mínima parte del cuerpo; incluso si
algún sacerdote dedicado a las funciones sagradas sufre un accidente, Moisés ordenó que fuera privado del honor. (285) ¿Es
verosímil que diera leyes contra sí mismo, para su oprobio y daño? (286) Maneto, además, le muda el nombre de la manera más
inverosímil. Dice que se llamaba Osarsif, nombre nada semejante al que reemplaza. Su verdadero nombre, Moisés, significa salvado
de las aguas; pues los egipcios llaman moy al agua. (287) Espero haber demostrado suficientemente que Maneto, cuando se atiene a
los anales de los antiguos, no se aleja mucho de la verdad; pero cuando acude a las fábulas de autores desconocidos, las combina de
un modo poco verosímil o presta fe a aquellos que las narraron por odio a nuestro pueblo.
.
(35): DE NUEVO, RECOJO ENTERAMENTE LO QUE ESCRIBE FLAVIO JOSEFO ENTORNO A ESTE PASAJE DE LA HISTORIA DE
EGIPTO DE MANETO (o Manetón):
FLAVIO JOSEFO : CONTRA APIÓN (SOBRE LA ANTIGÜEDAD DEL PUEBLO JUDÍO) Libro I
(fuente: 5 volúmenes traducidos del griego al español por Luis Farré. (Buenos Aires: Acervo Cultural / Editores, 1961.) Vol. 5: Contra
Apión)
26. (227) Mencionare especialmente a uno que poco antes presenté como testigo de nuestra antigüedad. (228) Me refiero a Maneto,
que afirma exponer la historia de Egipto de acuerdo con sus libros sagrados. Confiesa que nuestros progenitores llegaron a Egipto en
muchas decenas de miles y que sometieron a sus habitantes; luego reconoce que posteriormente salieron de aquella región y
ocuparon la zona que ahora se denomina Judea, y luego de edificar Jerusalén levantaron el Templo. Hasta aquí siguió las historias
antiguas. (229) Después, abusando de su licencia, quiere aparecer recogiendo todos los rumores y las fábulas que circulaban en el
exterior acerca de los judíos, e inserta hechos increíbles, intentando mezclarnos con la multitud de egipcios leprosos y afectados por
otras enfermedades que fueron obligados, según dice, a escapar de Egipto. (230) Agrega el nombre de un rey imaginario, Amenofis,
sin atreverse a decir la época de su reinado, a pesar de que en todo lo demás procede cuidadosamente; a todo esto agrega varias
fábulas, olvidando que previamente había dicho que quinientos dieciocho años antes había acaecido la salida de los pastores hacia
Jerusalén. (231) El rey de Egipto, cuando salieron, era Tutmosis. Según el autor los reinados subsiguientes abarcaron un lapso de
trescientos noventa y tres años hasta llegar a los hermanos Setón y Hermeo; a Setón lo denomina Egipto, a Hermeo Danao. A este
último lo expulsó Setón, quien reinó cincuenta y nueve años, y luego lo hizo su hijo mayor Rampsés, durante sesenta y seis años.
(232) Reconoce que nuestros antepasados salieron de Egipto antes de este período, luego supone al tal rey Amenofis; dice que éste
anhelaba poder contemplar a los dioses, como lo había hecho Oro, uno de sus predecesores y que comunicó este su deseo a un hijo
de un tal Paapis, que también se llamaba Amenofis y que, a su parecer, participaba de la naturaleza divina, a causa de su sabiduría y
conocimiento de lo futuro. (233) Y éste habría dicho al rey, que podría contemplar a los dioses, si limpiaba al país de los leprosos y de
todos los impuros. (234) El rey, muy satisfecho con esto, afirma que congregó a todos los afectados por alguna enfermedad corporal
que se encontraban en Egipto; se reunió una multitud de ochenta mil. (235) Los envió a las canteras, a la parte oriental del Nilo, para
que trabajaran igual que los otros egipcios enviados allí. Dice que entre ellos habla algunos sacerdotes eruditos enfermos de lepra.
(236) Pero aquel sabio y mago Amenofis temió concitar la ira de los dioses contra él y el rey, si pareciera que se les hubiese hecho
violencia. Agregó, además, a su predicción, que cierto pueblo acudiría en ayuda de los impuros, conquistaría a Egipto y lo mantendría
bajo su dominio durante trece años. Pero no se atrevió a decir todo esto al rey, sino que lo dejó por escrito y luego se suicidó. Por este
motivo el rey quedó desconsolado. (237) Luego escribe textualmente: “Después de estar mucho tiempo trabajando en las canteras,
pidieron al rey que les diera para su descanso y seguridad una ciudad. Les otorgó la ciudad de Avaris, que había sido abandonada por
los pastores. Esta ciudad, según la antigua teología, era la de Tifón. (238) Una vez en la misma, consideraron que el lugar era
adecuado para revueltas; nombraron jefe a Osarsif, uno de los pontífices heliopolitanos y juraron que lo obedecerían en todo. (239)
Este les puso como primera ley que no adoraran a los dioses, y que no se abstuvieran de aquellos animales que entre los egipcios
eran considerados especialmente sagrados, sino que mataran y consumieran animales de toda clase; además que no tuvieran relación
sexual con nadie que no fuera de su misma secta. (240) Ordenó estas cosas y muchas otras contrarias a las costumbres de los
egipcios; luego ordenó que con la cooperación de muchos se levantaran los muros de la ciudad y se prepararan a guerrear contra el
rey Amenofis. (241) Osarsif, habiendo tomado consigo otros sacerdotes y algunos de los manchados, envió legados a los pastores
que, habiendo sido expulsados por Tutmosis, se retiraron a la ciudad denominada Jerusalén. Después de exponer la manera
ignominiosa como los habían tratado, les pidió que emprendieran una expedición a Egipto. (242) Les prometió que primeramente los
llevaría a su antigua patria Avaris y les proporcionaría en abundancia todo lo necesario, y cuando fuera necesario pelearían con ellos; y
que podrían someter fácilmente al país. (243) Ellos se alegraron sobremanera y muy gozosos, en número de doscientos mil, salieron y
poco después llegaban a Avaris. Amenofis rey de los egipcios, así que oyó hablar de la invasión, se sintió muy desanimado, porque
recordó lo que había predicho Amenofis hijo de Paapis. (244) Primeramente congregó al pueblo y celebró asamblea con sus príncipes,
y se hizo traer los animales sagrados, especialmente aquellos que se adoraban en los templos; ordenó a cada uno de los sacerdotes
que ocultaran bien los simulacros de los dioses. (245) Procuró que se trasladara a casa de un amigo a su hijo Setón, de cinco años
de edad, que se llamaba Rameses por su abuelo Rampsés. Él salió con los demás egipcios, en número de trescientos mil guerreros
ejercitados; sin embargo, al encontrarse con los enemigos no luchó. Pensando que lucharía contra los dioses, (246) retrocedió y se
dirigió a Menfis. Habiendo tomado consigo a Apis y a los demás animales sagrados que hizo conducir a su lado, se trasladó a Etiopía
con todo el ejército y la multitud de egipcios. El rey de los etíopes le estaba obligado por un gran número de beneficios. (247) Lo
recibió y ordenó a todo el pueblo que le entregara lo necesario para el sostén de aquellos hombres, así como también ordenó que se le
entregaran las ciudades y pueblos que fueran necesarios hasta que pasara la fatalidad de aquellos trece años. Ordenó también al
ejército etíope que custodiara a Amenofis y a sus soldados instalando un campamento en los límites con Egipto. (248) Estas son las
cosas que acontecieron en Etiopía. Cuando vinieron los solimitanos con los egipcios manchados trataron tan mal a los hombres, que
causaron una impresión pésima, en todos los que observaron su impiedad. (249) No satisfechos con incendiar las ciudades y los
poblados, y con cometer sacrilegios y derribar los simulacros de los dioses, usaron los mismos para asar la carne de los animales
sagrados a los que se tributaba culto divino, y obligaron a los sacerdotes y profetas a que los mataran y luego los expulsaron desnudos
del país. (250) Se dice que el gobernante era legislador, sacerdote, de origen heliopolitano; se llamaba Osarsif, por Osiris, dios de la
ciudad de Heliópolis, pero cambió de nombre y se llamó Moisés.”
27. (251) Esto es lo que los egipcios cuentan de los judíos, además de muchas otras cosas, que omito en beneficio de la brevedad.
También dice Maneto que posteriormente Amenofis regresó de Etiopía con un gran ejército, así como su hijo Rampsés con otro
ejército; una vez que entraron en lucha con los pastores y los impuros los vencieron, mataron a muchos de ellos y los persiguieron
hasta los límites de Siria. (252) Estas y otras cosas similares escribió Maneto. Probaré que dice embustes y notorias mentiras, pero
haré primero una distinción relativa a lo que más adelante diré. Nos concede y reconoce, que nuestro pueblo no es de origen egipcio,
que nuestros antepasados procedían de otra parte y que ocuparon Egipto y luego salieron de allí. (253) Pero que los enfermos
egipcios no se mezclaron con nosotros, que Moisés que condujo al pueblo, no fue su jefe, sino que los precedió en muchas
generaciones, me esforzaré en demostrarlo con los mismos relatos de Maneto.
28. (254) La causa que da como punto de partida de su fábula es algo ridículo. Dice: “El rey Amenofis deseaba ver a los dioses.” ¿A
cuáles? Si a los que ellos aceptaban, el buey, el macho cabrío, los cocodrilos y los cinocéfalos, ya los veía. (255) En cuanto a los
dioses celestes, ¿cómo podía verlos? ¿Cómo concibió este deseo? Precisamente porque antes otro rey los había visto. Por él había
sabido cómo eran y cómo los había visto; de tal manera que no necesitaba nuevos artificios para verlos. (256) Pero quizá se diga que
hay que tener en cuenta a aquel mago sabio, por cuyo intermedio esperaba poderlo lograr. Si así fuera, ¿cómo no supo con antelación
que esto no llegaría a acontecer, pues de hecho no aconteció? Luego, ¿por qué motivo los dioses escapaban a la visión de sus ojos
por la presencia de los mutilados y leprosos? A los dioses no les indignan los cuerpos mutilados o debilitados sino la perversidad.
(257) ¿Luego quién logró que ochenta mil leprosos y enfermos se reunieran casi en un día? ¿O por qué el rey no cumplió las
instrucciones del mago? Pues el vate había indicado que los enfermos fueran expulsados de Egipto; sin embargo, el rey ordenó que
los enviaran a las canteras, como si necesitara obreros y no purificar la región. (258) Afirma también que el mago se mató, al prever la
ira de los dioses y los males que iban a acontecer en Egipto, predicción que dejó por escrito al rey. ¿Cómo el mago no supo su muerte
desde el principio? (259) ¿Cómo no se opuso al deseo del rey que quería ver a los dioses? ¿A qué venía el miedo por calamidades
que no iban a acontecer en su época? ¿Qué mal grave lo estaba amenazando, que fuera peor que el que él mismo se apresuró a
infligirse? (260) Pero veamos ahora la mayor tontería de todas. Aunque informado de estos hechos, y temeroso de lo que podría
ocurrir, tampoco se decidió a expulsar de la ciudad a aquellos enfermos de los cuales debía limpiar a Egipto, sino que a su pedido,
como dice, les entregó la ciudad que otrora habitaran los pastores, cuyo nombre era Avaris. (261) Reunidos en ella eligieron como jefe
a uno que fuera en otro tiempo sacerdote en Heliópolis. Y éste fue el que les enseñó a que no rindieran culto a los dioses, ni se
abstuvieran de los animales adorados en Egipto, sino que los mataran y consumieran, y que no se unieran sino con los que fueran de
la misma secta. Por intermedio de un juramento los obligó a perseverar en estas leyes. Luego de fortificar a Avaris, declaró la guerra al
rey. (262) Luego agrega: “Envió delegados a Jerusalén, pidiendo a sus ciudadanos que se le unieran, prometiéndoles entregarles
Avaris, antigua patria de los que iban a venir desde Jerusalén. Si atacaban, desde allí podrían someter todo el Egipto.” (263) Después
añade:
“Se presentaron con doscientos mil soldados, pero el rey de los egipcios, Amenofis, siendo de opinión que no tenía que luchar con los
dioses, se fugó sin pelear a Etiopía y allí entregó el buey Apis con otros animales sagrados a los sacerdotes, y dio orden de que los
guardaran.” (264) Y a continuación: “Así que vinieron los jerosolimitanos destruyeron las ciudades, incendiaron los templos y mataron a
los jinetes, sin abstenerse de ninguna iniquidad o crueldad. (265) El que les dio la forma de gobierno y las leyes era de origen
heliopolitano, de nombre Osarsif, nombrado así por el dios heliopolitano Osiris. Luego, habiendo cambiado de nombre, se llamó
Moisés. (266) Amenofis, en el año decimotercero, pues éste era el lapso decretado por los hados para que fueran expulsados del
reino, avanzó desde Etiopía con grandes tropas y en el encuentro con los pastores y los impuros triunfó de ellos en la guerra y mató a
muchos, persiguiéndolos hasta los límites de Siria.”
29. (267) En todo esto no se dio cuenta que mentía sin el menor asomo de verosimilitud. Los leprosos y la multitud que estaba con
ellos, aunque al principio se indignaron con el rey y con aquello que los trataron mal, incluso de acuerdo con la predicción del mago,
sin embargo cuando se los eximió de trabajar en las canteras y recibieron de él una ciudad y una región, no hay duda que tendrían
sentimientos más pacíficos. (268) En el supuesto de que lo odiaran, habrían intrigado solamente contra él, sin hacer la guerra a todos,
pues no hay duda que les quedarían muchos parientes en el país. (269) Pero, aunque decidieran luchar contra los hombres, no había
motivo para que lucharan contra sus mismos dioses y adoptaran leyes contrarias a las propias, con las que habían sido educados.
(270) Debemos agradecer a Maneto el que diga que los jefes de esta trasgresión fueron, no los que vinieron de Jerusalén, sino los
mismos egipcios, y entre ellos especialmente fueron los sacerdotes quienes lo imaginaron todo y obligaron a la multitud con juramento.
(271) Pero es contrario a la razón suponer que ninguno de los familiares o amigos de esa gente se plegara a la revuelta ni participara
en los peligros, y que los maculados tuvieran que enviar a Jerusalén a pedir ayuda. (272) ¿Qué clase de parentesco o amistad había
anteriormente entre ellos? Al contrario, eran enemigos, y muy disímiles en sus costumbres. Ellos, dice, sin demora estuvieron listos a
obedecerlos, inducidos por la promesa de que llegarían a ocupar Egipto. Como si no conocieran suficientemente el país, del cual
fueron expulsados por la fuerza. (273) Si su vida hubiera sido miserable o en trance de necesidad, quizá se expusieran al peligro.
Viviendo en una ciudad feliz y en un país suficientemente grande, mejor que Egipto, ¿qué razón había para que se expusieran al
peligro, corriendo a ayudar a los que habían sido sus enemigos, y que además estaban enfermos, atacados por enfermedades que
ninguno de ellos estaba dispuesto a tolerar? Porque ellos no podían prever que el rey iba a evadirse. (274) Al contrario, dice el mismo
Maneto, que el hijo de Amenofis les salió al encuentro en Pelusio con trescientos mil hombres. Esto era sabido por todos los que
habían penetrado en el país. ¿Cómo podían conjeturar su cambio de propósito y huída? (275) Luego dice que después de ocupar los
graneros de Egipto, el ejército de los jerosolimitanos ocasionó grandes daños. Les reprueba estos hechos, como si no los hubiera
introducido él mismo en calidad de enemigos, o como si se pudiera tachar de crimen lo que hacían los que habían sido llamados para
eso del exterior, cuando lo mismo hicieron y juraron que lo harían en adelante los egipcios. (276) “Después de un t iempo, dice, atacó
a los enemigos, los venció, mató a muchos, los puso en fuga y los persiguió hasta Siria.” Como si fuera tan fácil capturar a Egipto, y
aun procediendo de cualquier parte; (277) pero los que entonces lo habían conquistado, informados de que Amenofis vivía, no
protegieron los caminos procedentes de Etiopía, a pesar de que estaban bien preparados para ello, ni se preocuparon de reunir más
tropas. “El rey los persiguió, dice, hasta Siria, matándolos, a través del desierto arenoso.” Esto es, por lugares por donde a un ejército
le sería difícil pasar, incluso sin lucha.
30. (278) Pero según Maneto ni nuestra raza es oriunda de Egipto, ni se produjeron mezclas. Es verosímil que muchos de los leprosos
y enfermos hayan perecido en las canteras, pues estuvieron allí por largo tiempo y fueron tratados duramente; muchos otros murieron
en las luchas que tuvieron lugar posteriormente y muchos otros durante la fuga.
31. (279) Me resta refutar lo que dice de Moisés. A este hombre los mismos egipcios lo consideran admirable y divino; con increíble
malignidad quieren hacerlo suyo, diciendo que era de Heliópolis, uno de los sacerdotes del lugar, expulsado con los demás a causa de
la lepra. (280) Consta en sus anales que vivió quinientos dieciocho años antes y que condujo a nuestros padres de Egipto hacia la
región donde ahora estamos. (281) Sus propias palabras prueban que no sufría de esta enfermedad. Prohibió que los enfermos de
lepra vivieran en ciudades o poblados; debían andar solos y con los vestidos desgarrados. Cualquiera que los tocara, o viviera bajo su
mismo techo, sería también considerado impuro. (282) Si un leproso sanaba de la enfermedad y el cuerpo volvía a su estado normal,
debía pasar por ciertas purificaciones, lavarse en agua de fuente, cortarse todo el pelo y ofrecer muchos sacrificios de diversas clases,
ante de ser admitido en la ciudad santa. (283) Era lógico que el que hubiera estado sometido a tamaña calamidad, fuera solícito y
humano con aquellos que estuvieran afligidos por el mismo mal. (284) Pero no sólo dispuso lo mencionado con relación a los
leprosos, sino que no admitió en las funciones sagradas a los que estuvieran mutilados en la más mínima parte del cuerpo; incluso si
algún sacerdote dedicado a las funciones sagradas sufre un accidente, Moisés ordenó que fuera privado del honor. (285) ¿Es
verosímil que diera leyes contra sí mismo, para su oprobio y daño? (286) Maneto, además, le muda el nombre de la manera más
inverosímil. Dice que se llamaba Osarsif, nombre nada semejante al que reemplaza. Su verdadero nombre, Moisés, significa salvado
de las aguas; pues los egipcios llaman moy al agua. (287) Espero haber demostrado suficientemente que Maneto, cuando se atiene a
los anales de los antiguos, no se aleja mucho de la verdad; pero cuando acude a las fábulas de autores desconocidos, las combina de
un modo poco verosímil o presta fe a aquellos que las narraron por odio a nuestro pueblo.
.
(36): ANTIGÜEDADES JUDÍAS, FLAVIO JOSEFO
Texto traducido desde el griego por J. Farré; publicado en Buenos Aires, en 1961 (Ed. Acervo Cultural).
LIBRO I
4. Pero como toda nuestra organización deriva de la sabiduría de nuestro legislador Moisés, es ineludible que comience por decir algo
a su respecto, aunque muy brevemente. De lo contrario los lectores podrán decir que mi trabajo, destinado a ser una reseña de leyes y
acontecimientos históricos, contiene mucha filosofía. Conviene saber que él consideraba imprescindible tomar en consideración la
naturaleza divina para todo aquel que quiera conducirse bien en la vida y legislar para sus semejantes; y observando los actos de Dios,
imitar su modelo hasta donde pueda caber la imitación en la naturaleza humana y empeñarse en seguirla. Sin ello ningún legislador
puede actuar con criterio justo ni promoverá lo que escriba el desarrollo de las virtudes, lo que sólo se logra enseñando que Dios es
padre y señor de todas las cosas y ve todas las cosas y concede la felicidad a todos los que observan sus dictados. En cambio a los
que no siguen la senda de la virtud los hunde en las máximas calamidades. Cuando Moisés quiso instituir su doctrina a sus
conciudadanos, no comenzó a establecer sus leyes como lo hacían otros legisladores, mediante contratos y otros convenios mutuos,
sino haciéndoles elevar su pensamiento hacia Dios y su creación del mundo, y persuadiéndolos que los hombres somos la más
perfecta de sus creaciones terrestres. Habiéndolos hecho someterse a la religión, le fué fácil persuadirlos de otras cosas. Los otros
legisladores se ajustaron a las fábulas y atribuyeron los más vergonzosos pecados humanos a los dioses, proveyendo de buenas
excusas para sus vicios a los hombres más perversos; nuestro legislador, en cambio, después de demostrar la pureza de la virtud de
Dios, consideró que el hombre debía empeñarse con todas sus fuerzas en participar de ella. E impuso los más severos castigos a los
que no lo admitían ni lo creían. Insto a los lectores quieran examinar esta obra bajo este punto de vista. Podrán comprobar que no hay
nada de absurdo ni en la majestad de Dios ni en el amor que profesa a la humanidad. Porque todas las cosas se refieren a la
naturaleza del universo; nuestro legislador dice algunas cosas sabiamente pero de modo enigmático Moisés sobre la creación del
mundo, la que encontramos relatada en las sagradas escrituras de la siguiente manera. y otras envueltas en dignas alegorías, pero
cuando es necesario las explica concretamente y con toda claridad. Y los que tengan tendencia a conocer las causas de todas las
cosas, hallarán una teoría filosófica muy particular cuya explicación me abstendré de dar en este momento, pero si Dios me permite lo
haré al terminar esta obra. Voy a dedicarme ahora a la historia, cuya redacción he emprendido, después de mencionar lo que dice
Moisés sobre la creación del mundo, la que encontramos relatada en las sagradas escrituras de la siguiente manera.
.
(37): IDEM CITA (36)
CAPITULO I La creación del mundo. El paraíso. El pecado original.
Expulsión de Adán y Eva
1... En seis días hizo el mundo con todo lo que contiene, y dice Moisés que el séptimo día fué de descanso y de suspensión de esa
labor. Por eso ese día nos abstenemos de trabajar y lo llamamos sabat, palabra que significa descanso en lengua hebrea.
2. Después del séptimo día Moisés comienza a hablar en términos de interpretación filosófica y dice acerca de la formación del
hombre, que Dios tomó tierra del suelo, hizo al hombre y le insufló espíritu y alma. A este hombre lo llamé Adán, que en lengua hebrea
significa roja, porque fué hecho de tierra roja macerada. Porque ésta es auténtica tierra virgen.
(...) Viendo que Adán carecía de sociedad, que no tenía compañera hembra (que ninguna había sido creada), y que él observaba
extrañado a los demás animales, que eran machos y hembras, lo durmió, le sacó una costilla y con ella formó a la mujer. Adán la
conoció y supo que había sido sacada de él mismo. Ishá se dice a la mujer en lengua hebrea; pero el nombre de esa mujer fué Eva,
que significa madre de todos los vivientes.
.
(38): IDEM CITA (36)
CAPITULO IX
Las aflicciones que sufren los hebreos en Egipto durante cuatrocientos años
1. Sucedió que los egipcios se volvieron voluptuosos y holgazanes, hasta la exageración, y se entregaron a otros placeres, en
particular el amor al lucro. Se sintieron entonces descontentos de los hebreos y envidiosos de su prosperidad. Cuando vieron que la
nación de los israelitas florecía, y éstos se volvían eminentes y poseían abundantes riquezas, que habían adquirido por sus virtudes y
su inclinación natural al trabajo, pensaron que su progreso redundaría en perjuicio de los egipcios. Habiendo olvidado con el transcurso
del tiempo los beneficios que recibieron de José, sobre todo porque la corona había pasado a otra familia, sometieron a crueles abusos
a los israelitas, e idearon muchos medios para angustiarlos. Les ordenaron abrir un gran número de canales para el río, construir
muros para las ciudades y terraplenes para contener el río y evitar el estancamiento de las aguas cuando aquél desbordaba de las
orillas; también les mandaron levantar pirámides y con todos esos trabajos los agotaron, viéndose obligados los israelitas a aprender
toda clase de artes mecánicas y a acostumbrarse a realizar labores pesadas. En estas tribulaciones pasaron cuatrocientos años;
porque ambos bandos se esforzaban empeñosamente, los egipcios en destruir a los israelitas y los israelitas en resistir y aguantar
hasta el fin.
2. Estando de este modo las cosas, se produjo un acontecimiento que excitó aún más a los egipcios en su deseo de exterminar a
nuestra nación. Uno de los escribas sagrados, hombres que son muy astutos para predecir los acontecimientos futuros, dijo al rey que
por aquella época nacería un niño israelita que, cuando fuera hombre, derribaría el dominio de los egipcios y exaltaría a los israelitas.
Superaría a todos los hombres en virtudes y obtendría una gloría que perduraría por todos los siglos.
El rey tuvo tanto miedo que, de acuerdo con la opinión de ese hombre, ordenó que mataran a todos los niños que les nacieran a los
israelitas, arrojándolos al río; dispuso, además, que las parteras egipcias vigilaran a las mujeres hebreas y observaran a los recién
nacidos, porque quería que cumplieran esas funciones con las mujeres hebreas las parteras que, por ser compatriotas del rey, no
infringirían sus órdenes. Mandó también que los padres que desobedecieran y trataran de salvar la vida de un niño fueran muertos
ellos y sus familias.
Fué una gran pesadumbre para los afectados, no sólo porque los privaban de sus hijos y porque siendo sus padres debían colaborar
en la destrucción de sus propias criaturas, sino también porque aquella medida conduciría al exterminio de toda la nación. Esta era la
desdichada situación. Pero nadie puede oponerse a los designios de Dios, ni aunque imagine diez mil recursos sutiles; porque ese
niño que había pronosticado
el sagrado escriba, fué criado y ocultado a la vista de los observadores nombrados por el rey. El que lo había pronosticado no se
equivocó en las consecuencias de ese hecho, que ocurrieron de la siguiente manera.
.
-SANTA BIBLIA por Casiodoro de Reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602) Otras revisiones: 1862, 1909 RESUMEN
ANTIGUO TESTAMENTO . SEGUNDO LIBRO DE MOISÉS; LLAMADO ÉXODO
CAPÍTULO 1
Los hijos de Israel se multiplican -Son puestos en servidumbre por los egipcios - Faraón procura destruir a los hijos varones nacidos de
mujeres hebreas.
.
(39): IDEM CITA (36)
3. Un hombre llamado Amram, de la más noble alcurnia de los hebreos, temió que su nación se extinguiese por la falta de varones.
Estaba, además, inquieto porque su mujer se hallaba embarazada, y no sabía qué medidas tomar. Recurrió con súplicas a Dios; le
rogó que tuviera compasión de los hombres que no habían transgredido de ningún modo la ley de su culto, que los librara de la
desgracia que los afligía e hiciera fracasar las esperanzas de sus enemigos de destruir a su nación. Dios se compadeció de él y se
dejó conmover por sus súplicas. Se le presentó en sueños y lo exhortó a no desesperar de sus futuros favores. Le dijo que no había
olvidado su devoción para con él, y que siempre los recompensaría, como anteriormente había concedido sus favores a sus
antepasados haciéndolos crecer de un pequeño grupo hasta una gran multitud. Le recordó que cuando Abraham fué sólo de la
Mesopotamia a Canaán, le había concedido todas las felicidades en muchos aspectos, y haciendo además, que su mujer, que había
sido estéril, pudiera concebir y le diera hijos. A Ismael y a su posteridad les dejó el país de Arabia, a los hijos de Cetura, el país de los
trogloditas, y a Isaac, la tierra de Canaán.
-Con mi ayuda -añadió-, cumplió grandes hazañas en la guerra, la cual, a menos que seas impío, debes recordar. En cuanto a Jacob,
fué famoso incluso entre los extranjeros, por la grandeza y la prosperidad con las que vivió y que dejó a sus hijos, los que llegaron a
Egipto siendo no más de setenta almas, mientras que vosotros sois ahora más de seiscientos mil. Has de saber por lo tanto que os
daré a todos vosotros lo que os sea útil, y a ti particularmente lo que te hará famoso. Porque ese niño por el que, temerosos de su
nacimiento, los egipcios condenaron a muerte a los niños israelitas, será tu hijo, y será ocultado de los que vigilan para destruirlo;
después de ser criado de manera sorprendente, salvará a la nación hebrea de la desgracia que la aflige en Egipto. Su memoria será
famosa mientras dure el mundo; no sólo entre los hebreos, sino también entre los extranjeros. Todo lo cual será consecuencia del
favor que te dispensaré a ti y a tu posteridad. Tu hijo tendrá otro hermano que obtendrá mi sacerdocio, el que pasará a su posteridad
después de él hasta el fin del mundo.
4. Después de que la visión le hubiese informado de estas cosas, Amram despertó y se lo contó a Joquebed, su esposa. Aumentó en.
tonces el temor de los dos, por la predicción contenida en el sueño de Amram; les preocupaba, no solamente el niño, sino también la
gran felicidad que le esperaba. Pero los dolores de parto de la madre fueron de tal naturaleza que permitieron confirmar lo que Dios
había anticipado, porque no se enteraron los que estaban encargados de vigilarla, debido a que los dolores fueron suaves, no la
atacaron con violencia. Durante tres meses nutrieron a la criatura privadamente; después Amram, temiendo ser descubierto y caer en
el desagrado del rey, con lo que morirían ambos, él y su hijo, quedando sin ningún efecto la promesa de Dios, resolvió confiar a Dios el
cuidado y la salvación del niño antes que hacerla depender de su propia ocultación, por demás insegura.
Estaba convencido de que Dios procuraría de algún modo la salvación del niño, para asegurar la exactitud de sus propias
predicciones. Hicieron una arquilla de fibras de papiro con la forma de una cuna, de un tamaño suficiente para que pudiera caber un
niño sin mucha estrechez. La untaron con betún, que impediría la entrada del agua por entre las junturas, pusieron en ella al niño y
depositándolo en el agua le abandonaron al cuidado de Dios. El río recibió al niño y lo llevó a flote. Miriam, la hermana de la criatura,
se paseó por la orilla, frente a la arquilla, como le había ordenado su madre, para ver hacia dónde sería llevada. Dios demostró que la
sabiduría humana no es nada, y que todo lo que el Ser Supremo quiere cumplir se realiza finalmente. Aquellos que por su propia
seguridad condenan a muerte a los demás y se empeñan en lograrlo, fracasan en su propósito, mientras que otros, de manera
sorprendente, se salvan y alcanzan la prosperidad en medio de sus propias calamidades; son aquellos, desde luego, cuyo peligro
surge por mandato de Dios. Esa providencia se reveló en el caso de este niño, demostrando el poder de Dios.
.
-SANTA BIBLIA por Casiodoro de Reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602) Otras revisiones: 1862, 1909 RESUMEN
ANTIGUO TESTAMENTO . SEGUNDO LIBRO DE MOISÉS; LLAMADO ÉXODO
CAPÍTULO 1
.
(40): IDEM CITA (36)
5. Termutis era la hija del rey. Estaba pasando el rato en la orilla del río, cuando vió una cuna arrastrada por la corriente. Envió a
alguien que sabía nadar con orden de traerle la cuna. Cuando los enviados volvieron y la princesa vió al niño se enamoró de él, porque
era grande y bello. Dios había puesto tanto esmero en la formación de Moisés que hizo que lo consideraran digno de ser criado y
atendido aquellos mismos que, temiendo su nacimiento, habían tomado la fatal resolución de destruir al, resto de la nación hebrea.
Termutis ordenó que buscaran una mujer para dar el pecho al niño; pero la criatura se negó a aceptarlo, volviendo la cabeza, e hizo lo
mismo con otras mujeres que le trajeron. Miriam estaba presente, fingiendo que no había ido de propósito, sino que se había detenido
accidentalmente para contemplar a la criatura. Dirigiéndose a Termutis, le dijo:
-Será en vano, ¡oh, reina!, que llames para alimentar al niño mujeres que no son de su parentesco. Pero si haces traer una mujer
hebrea, es posible que el niño admita el pecho de una mujer de su propia raza.
Termutis encontró razonable el consejo y le ordenó que buscara y trajera una mujer hebrea que amamantara. Miriam trajo entonces a
su madre, a quien nadie conocía allí. El niño aceptó alegremente el pecho y se prendió fuertemente de él. Y así fué como, a petición de
la reina, la nutrición del niño se encomendó a su propia madre.
6. Después Termutis le impuso el nombre de Mouses, recordando su extracción del río, porque los egipcios llaman Mo al agua, y Uses
a lo que es salvado de ella. Uniendo las dos palabras formaron el nombre que le dieron. Y de acuerdo con la predicción de Dios fué,
por su gran inteligencia y su desdén por las dificultades, el más ilustre de los hebreos. (Porque Abram fué su antepasado de la séptima
generación. Moisés era hijo de Amram, que era hijo de Caat, cuyo padre Leví era hijo de Jacob, que era hijo de Isaac, el hijo de
Abram.)
La inteligencia de Moisés no era la de su edad, sino muy superior a su término medio. Reveló una rapidez de aprehensión mayor de la
habitual, presagiando grandes acciones para cuando llegara a ser hombre. Dios le dió también una estatura que a los tres años ya era
maravillosa. En cuanto a su belleza, nadie dejaba de asombrarse por la hermosura de su rostro cuando lo veía. Frecuentemente
sucedía que la gente que se cruzaba con él cuando lo llevaban por el camino volviera la cabeza para seguir mirándolo; dejaban lo que
estaban haciendo y se quedaban un rato largo contemplándolo. Porque la belleza del niño era tan notable y natural por muchos
conceptos que detenía a los espectadores obligándolos a mirarlo largo rato.
7. Advirtiendo Termutis lo notable que era el niño, lo adoptó como hijo porque ella no los tenía. Un día se lo llevó a su padre y le dijo
que pensaba hacer de él el sucesor del rey, si Dios quería que no tuviese un hijo propio.
-He criado un niño -dijo-, de forma divina y de mente generosa. Y como lo he recibido por la merced del río, de manera maravillosa, he
creído conveniente adoptarlo como hijo y heredero de tu trono.
Diciendo esto puso al niño en los brazos de su padre, quien lo oprimió sobre su pecho y, para subrayar las palabras de su hija, le puso
amablemente su corona en la cabeza. Pero Moisés la arrojó al suelo y con ademanes pueriles la hizo rodar y la pisó, lo que pareció
traer un mal presagio para el reino de Egipto.
Cuando lo vió el sagrado escriba (el mismo que había pronosticado que su nacimiento derribaría el dominio del reino), hizo una
violenta tentativa para matarlo, y con voz terrible exclamó:
-Este, loh, rey!, es el niño de quien Dios nos previno que si lo matábamos nos libraríamos del peligro. Ahora él mismo confirma la
predicción, atropellando tu autoridad y pisoteando tu corona. Elimínalo, y libra a los egipcios del miedo que tienen por su causa; y quita
a los hebreos las esperanzas de ser animados por él.
Pero Termutis se lo impidió y le arrebató el niño de las manos. El rey no se apresuró a matarlo, porque Dios protegió a Moisés
induciendo al rey a salvarle la vida. Fué luego educado con gran esmero. Los hebreos pusieron en él sus esperanzas en la certeza de
que haría grandes cosas. Los egipcios, en cambio, desconfiaban del resultado que daría su educación. Pero se abstuvieron de matarlo
porque si Moisés era muerto no quedaría ninguno, ni pariente ni adoptado, que pudiera pretender la corona con beneficio para ellos.
.
-SANTA BIBLIA por Casiodoro de Reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602) Otras revisiones: 1862, 1909 RESUMEN
ANTIGUO TESTAMENTO . SEGUNDO LIBRO DE MOISÉS; LLAMADO ÉXODO
CAPÍTULO 2
Moisés nace de padres levitas, es criado por la hija de Faraón, mata a un egipcio en defensa de un israelita, huye a Madián y se casa
con Séfora — Israel en servidumbre clama a Jehová.
.
(41): IDEM CITA (36)
CAPITULO X Moisés hace la guerra a los etíopes
1. Cuando Moisés llegó a la edad madura hizo manifiesta su virtud a los egipcios: demostró que había nacido para abatirlos y exaltar a
los israelitas. La ocasión de que se valió fué la siguiente:
los etíopes, que eran vecinos de los egipcios, hicieron una incursión en su tierra, de la que se apoderaron llevándose los efectos de los
egipcios. Estos, indignados, salieron a atacarlos para vengar las ofensas recibidas. Pero vencidos en la batalla, algunos fueron
asesinados y los restantes huyeron vergonzosamente y se salvaron. Los etíopes los persiguieron; considerando que sería una
cobardía no someter a todo Egipto se extendieron por el país y lo subyugaron. Después de haber probado los frutos de la tierra ya no
cejaron en la prosecución de la guerra, y como las zonas más próximas no tuvieron valor al principio para pelear con ellos, fueron
hasta Menfis, y hasta el mismo mar, mientras ninguna de las ciudades les hacía oposición.
Los egipcios, apesadumbrados y oprimidos, echaron mano a sus oráculos y profecías, y por consejo de Dios resolvieron tomar como
aliado a Moisés el hebreo, para que los ayudara. El rey ordenó a su hija que lo enviara, para nombrarlo general de su ejército. Después
de hacer jurar al rey que no le haría ningún daño, Termutis se lo confió al rey, segura de que su ayuda sería de gran beneficio para
todos. Y reprochó a los sacerdotes que antes habían reclamado de los egipcios que lo mataran y ahora no se avergonzaban de rogarle
su ayuda.
2. Moisés, persuadido por Termutis y el rey, asumió animosamente la misión. Los sagrados escribas de ambas naciones se sintieron
satisfechos; los egipcios porque pensaban que con el valor de Moisés vencerían a sus enemigos y en la misma acción sería muerto
Moisés; y los hebreos porque podrían escapar de los egipcios, cuando Moisés fuera su general.
Moisés se adelantó al enemigo y condujo su ejército contra él, antes de que se enterara de que iba a atacarlo. No marchó por el río,
sino por tierra, dando en esta ocasión una magnífica prueba de su sagacidad. Habían llegado a un sitio por donde no se podía pasar
porque estaba lleno de serpientes, peculiaridad de esa región que no presentan otros lugares. Las serpientes eran numerosísimas,
peores que las de otras partes en fuerza y maldad; de aspecto terrible, algunas surgían del suelo sin ser vistas, y hasta volaban por el
aire, y de ese modo atacaban imprevistamente a los hombres ocasionando grandes daños. Moisés ideó una extraordinaria
estratagema para sacar al ejército sano y salvo. Hizo unos canastos de corteza de papiros, los llenó de ibis y los llevó consigo; estos
animales son los más grandes enemigos de las serpientes, que huyen cuando aquéllos se acercan; los ibis las cazan y devoran, como
hacen los ciervos. Los ibis son animales mansos, enemigos únicamente de los reptiles. Pero no diré nada más de los ibis, porque los
griegos los conocen muy bien. En cuanto Moisés llegó a la tierra donde se criaban las serpientes, dejó en libertad a los ibis, y por este
medio repelió el ataque de los reptiles, usándolo antes de que el ejército llegara a aquel punto.
Hecho esto, pudo caer sobre los etíopes antes de lo que éstos esperaban. Les presentó batalla y los venció, quitándoles la esperanza
de triunfar contra los egipcios. Prosiguió luego derribando sus ciudades e hizo una gran matanza de etíopes. Después de que los
egipcios tomaron el gusto al buen éxito, gracias a los recursos de Moisés, se sintieron infatigables y los etíopes se vieron amenazados
con la esclavitud y la destrucción total. Por último éstos se retiraron a Saba, ciudad real de Etiopía, a la que después Cambises dió el
nombre de su hermana, Meroé. Hubo que sitiar la plaza con grandes dificultades, porque el Nilo que la rodea completamente, y los
otros ríos Astap y Astabora, cuyo cruce era difícil de intentar, hacían imposible el ataque. La ciudad, situada en el centro, era como una
isla. Estaba rodeada de una fuerte muralla y protegida por los ríos. Grandes terraplenes entre la muralla y los ríos impedían que las
aguas la inundaran, aunque se desbordaban con gran violencia. Y aunque el enemigo cruzara los ríos, los terraplenes hacían casi
imposible tomar la ciudad. Moisés estaba inquieto por la inactividad del ejército (porque el enemigo no se animaba a presentar
batalla), cuando sucedió el siguiente episodio: Tarbis, la hija del rey de Etiopía, vió a Moisés conduciendo las tropas hasta la muralla y
peleando con gran valor. Admirada por la sutileza de sus acometidas, y comprendiendo que él era el autor de los triunfos de los
egipcios, que antes desesperaban de recobrar la libertad, y el causante del gran peligro en que se hallaban los etíopes, que antes se
jactaban de sus grandes victorias, se enamoró profundamente de él. Impulsada por su pasión, le envió al más fiel de sus sirvientes
para tratar con él de su matrimonio. Moisés aceptó la oferta, con la condición de que se rindiera la ciudad; y le aseguró con juramento
que la tomaría por esposa y que después de tomar la ciudad no quebrantaría su promesa. Hecho el trato, se cumplió inmediatamente.
Derrotados los etíopes, Moisés dió gracias a Dios, realizó el enlace y condujo a los egipcios de vuelta a su patria.
.
(42): IDEM CITA (36)
CAPITULO XI Moisés huye de Egipto a Madián
1. Después de haber sido salvados por Moisés los egipcios le cobraron odio y conspiraron ansiosamente contra él porque
sospechaban que se aprovecharía de su triunfo para provocar un levantamiento y producir cambios en Egipto. Y dijeron al rey que
había que matarlo. El rey también abrigaba intenciones similares, envidioso de su gloriosa expedición al frente de su ejército, y
temeroso de que lo derribara. Instigado por sus sagrados escribas, se manifestó dispuesto a decidir la muerte de Moisés. Cuando éste
se enteró de lo que se tramaba contra él, se alejó en secreto. Como los caminos públicos estaban vigilados, huyó por el desierto, por
donde sus enemigos no sospecharían que pudiera viajar. Aunque carecía de alimentos siguió adelante arrostrando valerosamente
todas las dificultades. Llegó a la ciudad de Madián, a orillas del mar Rojo, llamada así por uno de los hijos de Abram y Cetura. Se sentó
junto a un pozo a descansar de la pesada jornada y de la aflicción que sufría. No estaba lejos de la ciudad; era mediodía, y tuvo una
oportunidad, ofrecida por las costumbres del país, de hacer algo que le hizo revelar sus cualidades y que le dió base para mejorar su
situación.
2. Como aquel paso tenía poca agua, los pastores solían sacarla de los pozos antes de que vinieran otros, para que sus rebaños no
sufrieran sed y para que los otros no la gastaran. Al pozo donde él estaba llegaron siete
hermanas, que eran vírgenes, hijas de Ragüel, un sacerdote considerado por el pueblo digno de gran honor. Esas doncellas cuidaban
los rebaños de su padre, lo que era costumbre en el país y habitual entre los trogloditas. Fueron las primeras en venir y sacaron, en
cubetas hechas especialmente para el agua, la cantidad que necesitaban sus animales. Pero llegaron los pastores y echaron a las
doncellas, para disponer del agua en beneficio de ellos. Moisés juzgó que sería censurable dejar sufrir a las mozas esa injusticia, y
echó a los hombres, prestando ayuda apropiada a las mujeres.
Después de recibir este favor, las jóvenes volvieron a su casa y contaron a su padre que habían sido ofendidas por los pastores y
ayudadas por un extranjero, y le rogaron que no dejara pasar sin recompensa su generosa acción. El padre apoyó el deseo de sus
hijas de recompensar a su bienhechor, y les ordenó que trajeran a Moisés a su presencia, para premiarlo como merecía. Cuando llegó
Moisés se refirió a lo que sus hijas le habían relatado sobre su intervención y su ayuda. Añadió que admiraba su virtud y le aseguró
que había dado asistencia a personas que no eran insensibles a los favores y que deseaban devolverle su gentileza y sobrepasar la
medida de su generosidad. Lo hizo entonces su hijo, dándole una de sus hijas en matrimonio. Y lo nombró guardián y superintendente
de su ganado, que desde antiguo constituía toda la riqueza de los bárbaros.
.
-SANTA BIBLIA por Casiodoro de Reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602) Otras revisiones: 1862, 1909 RESUMEN
ANTIGUO TESTAMENTO . SEGUNDO LIBRO DE MOISÉS; LLAMADO ÉXODO
CAPÍTULO 2
Moisés nace de padres levitas, es criado por la hija de Faraón, mata a un egipcio en defensa de un israelita, huye a Madián y se casa
con Séfora — Israel en servidumbre clama a Jehová.
.
(43): IDEM CITA (36)
CAPITULO XII La zarza ardiente y la vara de Moisés
1. Obtenidos esos beneficios de Jetro (que era uno de los nombres de Ragüel), Moisés se quedó a vivir con ellos y cuidó sus rebaños.
Poco tiempo después, un día que los estaba apacentando junto a la montaña llamada Sinaí, llevó los rebaños más lejos que de
costumbre. Aquélla era la montaña más alta del lugar y la mejor para apacentar, porque tenía una hierba excelente; pero nunca subían
hasta allí los pastores, porque decían que allí moraba Dios. Ocurrióle entonces a Moisés un prodigio maravilloso; se incendió una
zarza, pero el fuego no consumía las hojas verdes ni las flores, ni tampoco, las ramas, aunque las llamas eran grandes y fuertes.
Moisés se asustó ante aquel extraño espectáculo, pero se sintió más sorprendido aún cuando el fuego emitió una voz, que lo llamó por
el nombre y pronunció palabras, advirtiéndole la temeridad que había cometido aventurándose a subir a un sitio al que ningún hombre
había ido, porque era un sitio sagrado. Y le aconsejó que se alejase del fuego y se conformase con lo que había visto. Aunque era un
hombre virtuoso y descendía de antepasados ilustres, debía en lo sucesivo reprimir su curiosidad. Le predijo que obtendría gloria y
honores entre los hombres, porque tenía la bendición de Dios. Le ordenó que volviera confiado a Egipto, donde sería el jefe y el
conductor de los hebreos y salvaría a su pueblo de sus sufrimientos.
-Porque -dijo- habitarán la tierra dichosa que habitó su antepasado Abram, y gozarán de todas las cosas buenas. Y tú con tu prudencia
los conducirás hacia ellas.
Pero le ordenó que cuando sacara a los hebreos de Egipto volviera a aquel sitio, a ofrecer sacrificios y agradecimientos.
Este fué el divino oráculo que partió del fuego.
2. Moisés quedó atónito por lo que veía, y mucho más por lo
que había oído. Y dijo:
-Creo, señor, que sería una gran locura para alguien que, como yo, te venera, desconfiar de tu poder, que también se manifestó a mis
progenitores. Pero sigo dudando de que yo, que soy un particular y sin capacidad, pueda persuadir a mis compatriotas que abandonen
el país que ahora habitan, y me sigan al país al que yo los conduciré. Y si pudiera persuadirlos, no sé de qué modo podré obligar a
Faraón que les permita partir, ya que ellos aumentan sus riquezas y su prosperidad con el trabajo y las tareas que les hace realizar.
3. Pero Dios lo exhortó a que tuviera valor en todas las ocasiones y le prometió estar con él y asistirlo en sus palabras cuando tuviera
que persuadir a los hombres, y en sus hechos cuando tu. viera que actuar. Le ordenó que como prenda de confianza arrojara su vara
al suelo, la cual, cuando así lo hizo, se arrastró y se transformó en una serpiente, se enrolló, irguió la cabeza, pronta a defenderse de
quien la atacara, y luego se transformó nuevamente en una vara como antes. Luego Dios ordenó a Moisés que se pusiera la mano
derecha en el pecho. Obedeció, y cuando la sacó estaba blanca, del color de la tiza; pero luego recuperó su color habitual. A una
orden de Dios, tomó un poco de agua y la derramó en el suelo, y vió que su color era el de la sangre. Ante el asombro que Moisés
manifestó por los milagros. Dios lo exhortó a que tuviera ánimo y estuviera seguro de que él sería su gran apoyo. Le ordenó que usara
esos signos para hacer que los hombres creyeran "que yo te mando, y que haces todo eso de acuerdo con mis órdenes. Te
ordeno,pues, que vuelvas de prisa a Egipto, viajando día y noche, sin perder más tiempo. Para que no duren más la esclavitud de los
hebreos y sus sufrimientos".
4. Habiendo visto y oído esos milagros, que le garantizaban la verdad de las promesas de Dios, Moisés ya no pudo dudar y le rogó que
le concediera ese poder cuando estuviera en Egipto. Le rogó que le permitiera conocer su nombre; ya que lo había concedido que lo
viera y le hablara, que le dijera también cómo llamarlo; así en el momento de hacer los sacrificios podría invocarlo para presidir la
ceremonia. Dios entonces le dijo su Santo nombre, que nunca había sido comunicado a ningún hombre; por lo tanto no sería leal por
mi parte que dijera nada más al respecto. Esos signos acompañaron a Moisés, no sólo entonces, sino siempre. A todos los signos les
atribuía la firme confirmación del fuego de la zarza. Creyendo que Dios le daría el don de su ayuda, tuvo la esperanza de que podría
librar a su nación, y acarrear calamidades a los egipcios.
.
ANTIGUO TESTAMENTO . SEGUNDO LIBRO DE MOISÉS; LLAMADO ÉXODO
CAPÍTULO 2
Israel en servidumbre clama a Jehová.
.
(44): IDEM CITA (36)
CAPITULO XII Moisés y Aarón se presentan ante el rey
1. Cuando Moisés supo que el rey Faraón, de cuyo reino había huído, había muerto, pidió permiso a Ragüel para ir a Egipto, en
beneficio de su pueblo. Se llevó consigo a Séfora, la hija de Ragüel, con la que se había casado, y a los hijos que tuvo con ella,
Gersón y Eleazar, y se apresuró a trasladarse a Egipto. El primero de estos nombres, Gersón, significa en lengua hebrea en país
extraño; y Eleazar que con la ayuda del Dios de sus padres, había huido de Egipto. Cuando se acercaba a las fronteras de Egipto, su
hermano Aarón le salió al encuentro por orden de Dios. Moisés le refirió lo que le había pasado en la montaña y las órdenes que había
recibido de Dios. Siguieron andando y a medida que avanzaban salían a recibirlos los principales de los judíos, que se habían enterado
de su llegada. Moisés les informó de los signos que había visto, y como no le creyeran los tuvo que repetir para que los vieran ellos
también. Frente a este espectáculo sorprendente e inesperado, se animaron y concibieron la esperanza de su total liberación,
convencidos ahora de que Dios velaba por ellos.
2. Moisés supo entonces que los hebreos obedecerían todo lo que él les mandase, según lo prometieron, porque amaban la libertad.
Se presentó ante el rey, que hacía poco se había hecho cargo del gobierno, y le habló de todo lo que Moisés había hecho por el bien
de los egipcios, cuando los dominaban los etíopes que habían arruinado el país; le recordó que él había sido el comandante de los
egipcios y había trabajado por ellos como si fuera su propio pueblo. Le informó de los peligros que había corrido durante la expedición,
añadiendo que no había recibido el agradecimiento que merecía. También le contó claramente lo que le había ocurrido en el Sinaí, y lo
que Dios le había dicho. Y le habló de los signos que le había dado Dios para confirmarle la autoridad de las órdenes impartidas.
Finalmente le exhortó a creer lo que le había dicho y a no oponerse a la voluntad de Dios.
3. Como el rey ridiculizara a Moisés, le hizo ver los signos que le fueron dados en el Sinaí. El rey se enojó, lo trató de malvado y lo
acusó de haber huído de su esclavitud en Egipto para volver ahora a sorprenderlo con trucos engañosos y milagros de artes mágicas.
Diciendo esto ordenó a los sacerdotes que le hicieran ver idénticos milagros, porque los egipcios eran hábiles en esas prácticas; él no
era la única persona que las sabía, y si pretendía que eran divinas, añadió, sólo sería creído por los ignorantes. Los sacerdotes
arrojaron sus varas, que se transformaron en serpientes. Pero Moisés no se amilanó y dijo:
-No desprecio, oh rey, la sabiduría de los griegos, pero afirmo que lo que yo hago es superior a lo que ellos hacen con artes mágicas y
triquiñuelas, porque el poder divino es superior al humano. Pero voy a demostrar que lo que yo hago no son producciones de la magia
ni de las artes de imitación, sino apariciones que surgen por la providencia y el poder de Dios.
Diciendo esto arrojó al suelo su vara y le ordenó que se convirtiera en una serpiente. La vara obedeció, recorrió la estancia y devoró
las varas de los egipcios, que parecían dragones, hasta que los consumió enteramente. Luego recuperó su forma anterior y Moisés la
tomó de nuevo en su mano.
4. El rey no se sintió más conmovido que antes y dijo, muy enojado, que no ganaría nada con su astucia y sus habilidades contra los
egipcios. Ordenó al que era capataz principal de los hebreos que no les diera descanso en sus tareas, y los sometiera a una opresión
mayor aún que antes. Este, que antes les daba paja para hacer los ladrillos, decidió no darles más ese material y los hizo trabajar
duramente de día haciendo ladrillos y de noche untando paja.
Cuando vieron duplicado el trabajo que debían hacer, los hebreos echaron la culpa a Moisés, porque su trabajo y sus desdichas se
hicieron mayores aún. Pero Moisés no dejó que decayera su valor por las amenazas del rey; ni desmayó en su celo por las quejas de
los hebreos. Las soportó resueltamente y usó todo su empeño para libertar a sus compatriotas. Fué de nuevo a ver al rey y trató de
convencerlo de que permitiera a los hebreos trasladarse hasta el monte Sinaí para poder ofrecer sacrificios a Dios, quien así se lo
había ordenado; que no contradijera los designios de Dios, apreciara en cambio sus favores por sobre todas las cosas, permitiera a los
hebreos partir y no obstruyera los mandamientos divinos ocasionando su propio castigo. Las más severas aflicciones surgen de todas
partes contra aquellos que provocan la ira divina; ya no tienen ni tierra, ni aire, ni amigos; ni son los frutos del vientre como deben ser y
todas las cosas son para ellos adversas e inamistosas. Los egipcios, añadió, lo sabrían por experiencia propia, mientras que el pueblo
hebreo lo mismo saldría de su país sin su consentimiento.
.
ANTIGUO TESTAMENTO . SEGUNDO LIBRO DE MOISÉS; LLAMADO ÉXODO
CAPÍTULO 3
Jehová se aparece a Moisés en la zarza ardiente - Se llama a Moisés a librar a Israel de la servidumbre - Jehová se identifica a Sí
mismo como el Dios de Abraham, y de Isaac y de Jacob, y como el Gran YO SOY - Promete herir a Egipto y sacar a su pueblo con
gran riqueza.
CAPÍTULO 4
Jehová da señales a Moisés - Aarón es escogido como portavoz - Israel es el primogénito de Jehová y
debe ser librado para servirle – El hijo de Moisés es circuncidado - Moisés y Aarón dirigen a Israel en
adoración
CAPÍTULO 5
Moisés y Aarón piden a Faraón que libre a Israel - Faraón responde: ¿Quién es Jehová? - Faraón pone
cargas aún mayores sobre los hijos de Israel.
.
(45): IDEM CITA (36)
CAPITULO XIV Las diez plagas que asolan a los egipcios
1. Como el rey despreciara las palabras de Moisés y no les prestara ninguna atención, cayeron dolorosas plagas sobre los egipcios,
las que describiré una por una, porque ninguna nación sufrió nunca esa clase de azotes y porque quiero demostrar que Moisés no dejó
de cumplir una sola de las cosas que había anunciado; conviene que la humanidad aprenda la lección de que no se debe hacer nada
que disguste a Dios, para no provocar su ira. A una orden de Dios en el río egipcio corrió agua sangrienta, la que no podía ser bebida,
no teniendo los egipcios otra fuente. El agua no sólo tenía color de sangre sino que provocaba en quien se aventuraba a beberla
grandes dolores y amargos tormentos. Así era el río para los egipcios, pero era dulce y potable para los hebreos, y en nada diferente
de lo que solía ser habitualmente.
Como el rey no supiera qué hacer en estas sorprendentes circunstancias, y temió por los egipcios, dió permiso a los hebreos para que
se fueran. Pero cuando la plaga cesó, cambio de nuevo de opinión y les impidió que partieran.
2. Cuando Dios vió que era ingrato, y que después de cesar la calamidad ya no se mostraba razonable envió otra plaga a los egipcios.
Una multitud innumerable de ranas consumió el fruto de la tierra. El río también estaba lleno de ellas, y el agua se corrompió con la
sangre de los animales muertos. El país se transformó en un sucio lodazal, en el que nacían y morían las ranas. Arruinaron las vasijas
en las casas, invadieron los alimentos y las bebidas y aparecieron en gran número en las camas. Producían un hedor desagradable
cuando nacían y cuando morían. Viendo a los egipcios oprimidos por esa miseria, el rey ordenó a Moisés que sacara a los hebreos y
se fuera con ellos. La multitud de ranas desapareció, y la tierra y el río volvieron a su estado natural anterior.
Pero no bien quedó el país libre de la plaga, Faraón se olvidó de su causa y retuvo a los hebreos. Como si quisiera experimentar
nuevas calamidades, se negó a que Moisés y su pueblo partieran; había dado el permiso por miedo y no por consideración.
3. Por lo tanto Dios castigó su falsedad con otra plaga, añadida a la anterior. A los egipcios se les criaron en el cuerpo innumerables
cantidades de piojos; los malvados perecieron, porque fueron incapaces de destruir las sabandijas ni con lavados ni con unturas. La
terrible sentencia inquietó al rey de Egipto, por el miedo de que su pueblo fuera destruído de esa manera detestable. Se vió obligado a
contener su maldad y dió permiso a los hebreos para que se fueran. Pero cuando la plaga cesó, exigió que dejaran a sus mujeres y
sus hijos como rehenes de su retorno.
Con esta medida provocó el enojo más vehemente de Dios porque pretendió imponerse a su providencia como si fuera sólo Moisés, y
no Dios, el que castigaba a los egipcios por los hebreos. Por eso llenó el país con varias clases de criaturas pestilentes de variadas
características, que nunca había visto anteriormente el ojo humano. Los hombres perecían y la tierra se vió privada de labradores para
su cultivo. Los que escapaban a su destrucción eran muertos por una enfermedad que tuvieron que sufrir los hombres.
4. Como Faraón ni aún entonces cedió al deseo de Dios, porque permitió que los maridos llevaran a sus mujeres, pero insistió enque
dejaran a los hijos, Dios resolviócastigar su maldad con varias otras clases de calamidades, peores que las que ya lo habían afligido
anteriormente. A los egipcios les salieron en el cuerpo terribles diviesos que formaban llagas y los consumían interiormente. Gran parte
de los egipcios pereció de esta manera. Como el flagelo no hiciera entrar en razón al rey, cayó un granizo del cielo, un granizo como
jamás lo había conocido el clima de Egipto, ni era parecido a las lluvias de invierno de otras partes; era más grande que el que
conocen los que viven en las regiones del norte y del noroeste. El granizo cayó en plena primavera y desgajó las ramas cargadas de
frutos. Después una manga de langostas consumió la semilla que no había sido herida por el granizo, con lo que los egipcios perdieron
todas las esperanzas de obtener frutos de la tierra.
5. Se diría que las anteriores calamidades serían suficientes para hacer prudente al que sólo fuera tonto, y no perverso, y de hacerle
ver con sensatez lo que le convenía. Pero Faraón, guiado no tanto por su locura como por su maldad, aunque vió el motivo de sus
miserias, volvió a oponerse a Dios, renunciando a la causa de la virtud. Ordenó a Moisés que se llevara a los hebreos con sus mujeres
y sus hijos, pero dejando el ganado, porque el ganado de los egipcios había sido destruido. Moisés le dijo que su deseo era injusto,
porque tenían que ofrecer sacrificios a Dios con ese ganado. Entretanto se extendió sobre Egipto una densa oscuridad en la que no
había la menor claridad. Los egipcios no podían ver, ni respirar por la densidad del aire; murieron miserablemente y aterrorizados por
el temor de que los tragara la nube de oscuridad. Cuando después de tres días con sus noches se disipó la niebla, y como Faraón
todavía no se arrepentía ni dejaba marchar a los hebreos, Moisés fué a verlo y le dijo:
-¿Hasta cuándo desobedecerás el mandamiento de Dios? Por.que él te ordena que dejes salir a los hebreos. Y ésta es la única forma
de que os veáis libres de las calamidades que ahora sufrís.
El rey, furioso por estas palabras, lo amenazó con cortarle la cabeza si volvía a molestarlo al respecto. Moisés respondió que no
volvería a hablarle del asunto, porque sería el rey mismo, lo mismo que los principales de los egipcios, los que pedirían que los
hebreos se fueran.
Dicho esto se retiró.
6. Dios señaló que con una plaga más obligaría a los egipcios a dejar salir a los hebreos y mandó a Moisés a decir al pueblo que
preparara un sacrificio el décimo día del mes de xanticus, para el día catorce (mes que los egipcios llaman farmuti y los hebreos nisán;
pero los macedonios le dicen xánticus), y que se llevara a los hebreos con todas sus pertenencias. Por consiguiente preparó a los
hebreos para partir, los dividió en tribus y los tuvo reunidos en un mismo sitio.
Llegó el día décimocuarto y estaban todos listos para partir. Ofrecieron el sacrificio, purificaron sus casas con la sangre, usando para
ello hisopos. Después de cenar quemaron el resto de la carne y se dispusieron a partir. Por eso seguimos ofreciendo todavía ahora
ese secrificio del mismo modo, y llamamos a la fiesta Pascua, que significa el paso al otro lado, porque ese día Dios nos pasó al otro
lado, y envió la plaga a los egipcios. Porque aquella noche cayó sobre los egipcios la destrucción del primogénito, y muchos egipcios
que vivían cerca del palacio del rey persuadieron a Faraón de que dejara salir a los hebreos. Este llamó a Moisés y le ordenó que se
fueran los hebreos, suponiendo que en cuanto hubieran salido de Egipto, el país se vería libre de sus miserias. Honraron asimismo a
los hebreos con obsequios, algunos para que se marcharan más rápidamente y otros por la vecindad y la amistad que los había unido.
.
ANTIGUO TESTAMENTO . SEGUNDO LIBRO DE MOISÉS; LLAMADO ÉXODO
CAPÍTULO 6
Dios se identifica a sí mismo como Jehová - Se detallan las genealogías de Rubén, de Simeón y de Leví.
CAPÍTULO 7
Se asigna a Moisés dar la palabra del Señor a Faraón - Jehová multiplicará las señales y maravillas en Egipto - La vara de Aarón se
convierte en serpiente - El río se torna en sangre - Los hechiceros imitan los milagros de Moisés y de Aarón.
CAPÍTULO 8
Jehová envía plagas de ranas, de piojos y de moscas sobre Egipto - Faraón endurece su corazón.
CAPÍTULO 9
Jehová destruye el ganado de los egipcios, pero no el de los israelitas - Se envían sarpullido y úlceras
sobre los egipcios - Jehová envía granizo y fuego sobre el pueblo de Faraón, mas no sobre el pueblo de Israel.
CAPÍTULO 10
Jehová envía una plaga de langostas - Ésta es seguida por densas tinieblas sobre todo Egipto durante
tres días - Moisés es echado de la presencia de Faraón.
CAPÍTULO 11
Se autoriza a los israelitas, en su partida, a pedir alhajas y oro a sus vecinos - Jehová promete matar al
primogénito de todo hogar egipcio - Jehová diferencia entre los egipcios y los israelitas.
.
(46):
-SANTA BIBLIA por Casiodoro de Reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602) Otras revisiones: 1862, 1909 RESUMEN
ANTIGUO TESTAMENTO . SEGUNDO LIBRO DE MOISÉS; LLAMADO ÉXODO
Cap 14
2 Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar, delante de Baal-zefón; delante de
ese lugar acamparéis, junto al mar.
9 Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo y todo su ejército, los alcanzaron
acampados junto al mar, al lado de Pi-hahirot, delante de Baal-zefón
16 Y tú, alza tu vara y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo; y pasen los hijos de Israel por en medio del mar, sobre tierra seca.
.
IDEM CITA (36) FLAVIO JOSEFO:
CAPITULO XV Los hebreos, conducidos por Moisés, salen de Egipto
1. Y los hebreos se fueron de Egipto, mientras los egipcios lloraban y se arrepentían de haberlos tratado tan duramente. Se dirigieron
por Letópolis, un sitio desierto a la sazón, pero que fué donde luego se edificó Babilonia, cuando Cambises asoló a Egipto. Marcharon
apresuradamente y al tercer día llegaron a un sitio llamado Baalsefón, junto al mar Rojo. Como no contaban con alimentos producidos
por la tierra, porque era un desierto, comieron hogazas amasadas con harina y calentadas a fuego lento. Las consumieron durante
treinta días, porque lo que llevaron de Egipto no les alcanzó para más tiempo, aunque sólo dieron a cada cual lo suficiente para servir
sus necesidades y no para saciarlo. Es por esto que, en recuerdo de aquella escasez, celebramos durante ocho días la fiesta que se
llama del pan sin levadura. La multitud de los emigrantes, incluyendo mujeres y niños, no era fácil de contar, pero los que estaban en
edad de pelear eran seiscientos mil.
2. Salieron de Egipto en el mes de xánticus, el décimoquinto día de la lupa, cuatrocientos treinta años después de la llegada de nuestro
antepasado Abram a Canaán y doscientos quince años después del traslado de Jacob a Egipto. Fué el octogésimo año de la edad de
Moisés; Aarón tenía tres años más. También se llevaron consigo los huesos de José, como él había encargado a sus hijos que
hicieran.
3. Pero los egipcios no tardaron en arrepentirse de haber dejado salir a los hebreos; el rey estaba sumamente preocupado, pensando
que aquello había sido posible sólo por las artes mágicas de Moisés. Y resolvió ir a buscarlos. Tomaron las armas y demás
implementos bélicos y los persiguieron para traerlos de vuelta en cuanto los alcanzaran; ya no tendrían motivo para invocar a Dios,
porque les habían permitido salir. Creyeron que los dominarían fácilmente porque no tenían armas, y estarían cansados del viaje.
Apresuraron, pues, la persecución, preguntando en el camino a todos los que encontraban hacia qué lado habían ido. Esa tierra era
realmente difícil de transitar, no solamente para los ejércitos, sino también para personas aisladas. Moisés los llevó por ese camino
para que en caso de que los egipcios se arrepintieran y decidieran perseguirlos, soportaran el castigo de su maldad y de la violación de
sus promesas. También los llevó por ese camino para que los filisteos, cuyo país estaba cerca de Egipto, no se enteraran de su
partida, porque odiaban a los hebreos por una antigua enemistad.
Por eso Moisés no condujo a la multitud por el camino que llevaba a la tierra de los filisteos, sino por el desierto, por donde después de
un viaje largo y penoso, entrarían en la tierra de Canaán. Otra razón fué la de que Dios le había ordenado que llevara al pueblo al
monte Sinaí, para ofrecerle sacrificios. Cuando los egipcios alcanzaron a los hebreos se prepararon para pelear con ellos, y
valiéndose de su mayor número los empujaron hacia un sitio estrecho; los perseguidores tenían seiscientos carros y eran cincuenta mil
hombres a caballo y doscientos mil a pie, todos armados. Ocuparon todos los pasos por donde supo. nían que los hebreos podrían
huir, encerrándolos entre precipicios inaccesibles y el mar; había una cadena de montañas que terminaba en el mar, y que era
infranqueable por lo escabrosa e inadecuada para huir. Aprovechando que las montañas estaban cerradas por el mar, colocaron al
ejército en las grietas de las montañas para impedir a los hebreos el paso a la llanura.
4. Los hebreos no pudieron sostenerse, porque estaban sitiados y sin provisiones, y no vieron la posibilidad de escapar. Aunque
hubiesen pensado en pelear, no tenían armas, y creían que serían totalmente destruidos, a menos que se entregaran voluntariamente
a los egipcios.
Culparon de la difícil situación a Moisés, olvidando todas las señales que Dios les había dado para recuperar la libertad, y llegaron
hasta el punto de arrojar piedras al profeta, mientras él los animaba prometiéndoles la liberación. Finalmente resolvieron entregarse a
los egipcios.
No había más que dolor y lamentos entre las mujeres y los niños, que sólo veían ante ellos la destrucción, rodeados como estaban por
las montañas, el mar y los enemigos, y sin encontrar la forma de eludirlos.
5. Pero Moisés, aunque la multitud lo miraba furiosa, no abandonó sus cuidados por ella, despreciando todos los peligros, con la
confianza de que Dios, si le había hecho dar los pasos tomados hasta entonces para recobrar la libertad predicha, no permitiría que los
subyugaran los enemigos ni para esclavizarlos ni para darles muerte. Moisés habló a la multitud de esta manera:
-No es justo que desconfiemos de los hombres que hasta ahora han manejado bien nuestras cosas, como si no fueran los mismos de
antes; y es una locura desesperar ahora de la providencia de Dios, por cuyo poder y con mi intermedio se realizaron todas las cosas
que prometió para libraros de la esclavitud, y aunque vosotros no las esperabais. En esta gran aflicción, en la que ahora nos
encontramos, debemos esperar que Dios nos socorrerá, ya que él hizo que nos veamos encerrados en este espacio estrecho, y que
nos librará de las dificultades que parecen
insuperables y de las que ni vosotros ni vuestros enemigos creéis que os podréis librar, y que demostrará al mismo tiempo su poder y
su providencia con nosotros. Dios no acuerda su ayuda a los que favorece en dificultades pequeñas, sino en aquellos casos en los que
no se ve la posibilidad de que la acción humana logre mejorar la situación. Confiad, por lo tanto, en ese protector, capaz de hacer
grandes cosas y demostrar que la poderosa fuerza que ahora os ataca es realmente débil, y no os asustéis ante el ejército egipcio. Ni
desesperéis de ser salvados porque el mar delante y la montaña detrás no os den oportunidad de huir, por que si Dios lo quiere esa
misma montaña puede tranformarse para vosotros en tierra llana y el mar en terreno seco.
.
CAPITULO XVI El mar se divide ante los hebreos perseguidos por los egipcios, dándoles oportunidad para escapar
1. Dicho esto Moisés los condujo hacia el mar, mientras los egipcios, que estaban a la vista, los observaban. Fatigados por la
persecución, los egipcios consideraron conveniente suspender la lucha hasta el otro día. Cuando llegaron a la orilla del mar, Moisés
tomó su vara y suplicó a Dios que acudiera en su ayuda.
-Tú no ignoras, ¡oh, señor! -dijo-, que está fuera de las fuerzas y las posibilidades humanas eludir las dificultades en que ahora nos
hallamos, y debe ser obra tuya procurar la salvación de este pueblo que dejó a Egipto por tu orden. Desesperamos de recibir cualquier
otra ayuda o recurso, y sólo nos queda la esperanza que depositamos en ti, y de tu providencia confiamos recibir el medio para
escapar. Que llegue pronto el socorro que pondrá de manifiesto tu poder. Eleva el ánimo de este pueblo y hazle esperar la salvación,
porque está profundamente hundido en el
desconsuelo. Estamos en un sitio extraño, pero no deja de ser un sitio que tú posees; el mar es tuyo, las montañas que nos rodean
son tuyas. Si tú lo ordenas las montañas se abrirán, y el mar, si tú se lo mandas, se transformará en tierra seca. Y hasta podríamos
escapar volando por el aire, si tú resolvieras que éste fuera el medio de salvación.
2. Después de hablar de este modo a Dios, Moisés golpeó el mar con la vara; al recibir el golpe se partió en dos y recogiéndose las
aguas quedó la tierra seca, como un camino, para que huyeran los hebreos. Viendo Moisés esa demostración de Dios y de que el mar
había dejado su lugar a la tierra firme, entró primero y ordenó a los hebreos que lo siguieran por el camino divino y se regocijaran por
el peligro que corrían los enemigos que los seguían; y dio gracias a Dios por la sorprendente salvación que les mandaba.
3. Los hebreos no se detuvieron; avanzaron con firmeza, guiados por la presencia entre ellos de Dios. Los egipcios creyeron al
principio que lo hacían distraídos y marchaban a ciegas hacia una destrucción segura. Pero cuando los vieron recorrer un gran trecho
sin sufrir ningún daño y sin encontrar obstáculos ni dificultades en su marcha, se apresuraron a perseguirlos, pensando que el mar se
mantendría sereno también para ellos.
Con la caballería a la cabeza, penetraron en el mar. Los hebreos, mientras aquéllos perdían tiempo colocándose las armaduras, se
adelantaron y escaparon, llegando indemnes a la otra orilla. Los otros se sintieron animados y los persiguieron, creyendo que tampoco
a ellos les sucedería ningún daño. Pero los egipcios no sabían que habían entrado en un camino hecho únicamente para los hebreos y
no para otros; un camino hecho para la salvación de los que estaban en peligro y no para los que estaban empeñados en la
destrucción de los demás. Por eso no bien estuvo en él la totalidad del ejército egipcio, el mar volvió a su
sitio, descendieron las aguas impulsadas por el viento y envolvieron a los egipcios. Abundantes lluvias bajaron asimismo del cielo, con
terribles truenos y relámpagos y descargas de fuego. No faltó nada de lo que Dios suele usar para indicar su ira; una noche oscura y
lúgubre los rodeó y perecieron todos los hombres, no quedando ni uno solo que pudiera llevar la información de la calamidad al resto
de los egipcios.
4. Los hebreos no pudieron contener su gozo ante su maravillosa liberación y la destrucción de sus enemigos; se creyeron firmemente
a salvo, porque aquellos que los hubieran obligado a volver a la esclavitud habían sido destruidos, y vieron que Dios era
evidentemente su protector. De este modo escaparon los hebreos al peligro y como vieron que sus enemigos habían sido castigados
con una pena de la que no había memoria entre los hombres, se pasaron toda la noche cantando himnos y regocijándose.
Moisés compuso una canción a Dios, en versos hexámetros, expresando sus alabanzas y agradeciéndole su bondad.
5. En cuanto a mí, relaté todas las partes de esta historia tal como las hallé en los libros sagrados. Que a nadie le extrañe la rareza de
la narración, y no piense si la senda que se abrió ante esos hombres de la antigüedad, libres de la maldad de las edades modernas,
fue obra de la voluntad de Dios o fruto del azar.
Porque ante los acompañantes de Alejandro, rey de Macedonia, que vivió comparativamente hace poco tiempo, el mar de Panfilia se
retiró y les abrió paso, cuando no tenían otro camino por donde ir, y eso ocurrió cuando fue la voluntad de Dios destruir la monarquía
de los persas. El hecho lo reconocen como auténtico todos los que han escrito sobre las acciones de Alejandro. Pero de estos
acontecimientos que cada cual resuelva a su gusto.
6. Al día siguiente Moisés reunió las armas de los egipcios, ue fueron llevados al campo de los hebreos por la corriente del mar,
impulsada por la fuerza del viento. Y conjeturó que también aquello había ocurrido por la providencia divina, para que no carecieran de
armas. Después de ordenar a los hebreos que las tomaran, los guió hacia el monte Sinaí, para ofrecer sacrificios a Dios, y dar
ofrendas por la salvación de la multitud, como se lo habían indicado de antemano.
IDEM CITA (36)
.
En La Biblia, El Exodo resume estos hechos en los siguientes capítulos:
CAPÍTULO 12
Jehová instituye la Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura- Los corderos que se sacrifican han de
ser sin defecto — Israel es salvo por la sangre de ellos - Muere el primogénito de todo egipcio - Israel es
expulsado de Egipto después de 430 años - Ningún hueso del cordero de la Pascua será quebrado.
CAPÍTULO 13
Todo primogénito de hombre o de bestias será consagrado a Jehová - La fiesta de los Panes sin Levadura
ha de guardarse en la tierra de Canaán - Moisés saca de Egipto los huesos de José – Jehová guía a Israel en una columna de nube
durante el día y en una columna de fuego durante la noche.
CAPÍTULO 14
Israel sale de Egipto - Israel cruza el Mar Rojo sobre tierra seca - Jehová derrota a los egipcios en medio del mar.
CAPÍTULO 15
Israel canta el cántico de Moisés - Israel enaltece a Jehová como varón de guerra y se regocija en su
liberación de Egipto - Las aguas de Mara son sanadas - Jehová promete librar a Israel de las enfermedades de Egipto.
.
(47): IDEM CITA (36)
CAPITULO I Moisés lleva al pueblo al monte Sinaí, después de experimentar numerosos sufrimientos en el viaje
1. Después de obtener esa maravillosa liberación, los hebreos se encontraron con el problema del campo, que era completamente
desierto y no daba ningún sustento. Había también muy poca agua, que era insuficiente para los hombres y no alcanzaba para dar de
beber al ganado. La tierra estaba reseca y no tenía humedad que permitiera nutrir vegetales. Se vieron obligados a viajar por ese
campo, porque no había otro por el que pudieran hacerlo.
Habían llevado consigo agua de la tierra por donde habían viajado antes, como les ordenó que hicieran su conductor. Pero cuando se
hubo consumido, se vieron obligados a sacar agua de pozos, penosamente, por la dureza de la tierra. Además el agua que
encontraron era amarga, no potable, y escasa. Siguieron viajando y llegaron al atardecer a un sitio llamado Mar, nombre éste que
tenía por la mala calidad de sus aguas, porque mar significa amargo. Llegaron allí afligidos por el cansancio del viaje y la falta de
alimentos, que para ese entonces ya era completa.
Había allí una fuente, que los indujo a acampar en ese sitio, y que aunque no era bastante para satisfacer a un ejército tan grande, les
dio algún ánimo el haberla hallado en ese sitio del desierto, sobre todo porque se habían enterado por los que habían ido a investigar,
que si seguían más adelante no encontrarían nada. Pero aquella agua era amarga y no potable para los hombres, e intolerable para
los animales.
2. Moisés vio que el pueblo estaba decaído y que las palabras no serían eficaces en esas circunstancias; porque no se trataba de un
ejército corriente de hombres, que podía oponer fortaleza masculina a la necesidad que los agobiaba. La multitud de los niños, y
también de las mujeres, demasiado débiles para ser persuadidos por la razón, entorpecían el valor de los hombres.
Moisés se vio por eso en grandes dificultades y tuvo que cargar con las calamidades de todos. Porque todos corrieron hacia él, a
pedirle socorro. Las mujeres pedían por sus niños, los hombres por las mujeres, que no los abandonara y buscara algún medio de
salvarlos. Moisés comenzó a rogar a Dios que cambiara la condición del agua y la hiciera buena para beber. Acordado por Dios ese
favor, tomó la punta del palo que encontró tirado a sus pies y lo dividió por la mitad, prolongando la sección a todo lo largo. Luego lo
dejó caer en el pozo, asegurando a los hebreos que Dios había accedido a sus ruegos, prometiendo volver el agua tal como ellos
querían que fuera, siempre que obedecieran los que les iba a mandar; pero no de manera remisa o negligente. Cuando le preguntaron
qué era lo que debían hacer para que mejorara el agua, ordenó al más fuerte de los que estaban a su lado, que sacara agua del pozo.
Y les dijo que cuando hubieran sacado la mayor parte del agua, el resto sería potable. Trabajaron tanto hasta que el agua, agitada y
purificada quedó apropiada para beber
3. Luego partieron de allí y llegaron a Elis, sitio que desde lejos parecía bueno, porque había un bosquecillo de palmeras; pero cuando
estuvieron cerca vieron que era un mal sitio, porque las palmeras eran sólo setenta, y eran árboles mal crecidos, rastreros, por falta de
agua. Toda la tierra estaba seca; de los manantiales, de los que había doce, no llegaba la humedad suficiente para hacerla útil. Más
que fuentes eran sitios húmedos,de los que no brotaba agua y que no podían regar suficientemente los árboles.
Cavaron en la arena, pero no hallaron agua. Las pocas gotas que podían recoger en las manos eran inservibles por el barro. Los
árboles eran demasiado flojos para producir frutos, por falta de agua que los vivificara. La multitud echó la culpa a su conductor y
formuló graves quejas contra él. Dijo que a él le debían la miserable situación en que se hallaban y la adversidad que estaban
experimentando; porque para ese entonces ya habían viajado durante treinta días y se habían agotado todas las provisiones que
llevaran consigo; como no encontraban alivio, se hallaban desalentados. Al fijar su atención únicamente en su desgracia actual, no
recordaban las mercedes que habían recibido de Dios, ni las que les diera la sabiduría de Moisés. Muy enojados con su conductor
sentían fervorosas intenciones de apedrearlo, como responsable directo de sus desdichas
4. En cuanto a Moisés, mientras la multitud estaba amargada e irritada con él, confiaba animosamente en Dios y tenía conciencia de la
atención con que había cuidado a su pueblo. Se puso en medio de ellos, aunque todos gritaban en su contra y tenían piedras en las
manos para arrojárselas. Era de muy agradable presencia y sabía persuadirlos con sus discursos; comenzó a mitigar su enojo y los
exhortó a no preocuparse excesivamente por sus actuales adversidades, no fueran a sufrir con ellas por haber dejado que se les
fueran de la memoria los beneficios que antes les habían sido otorgados; y les pidió que de ningún modo, debido a sus presentes
infortunios, arrojaran de la memoria los grandes y maravillosos favores y dones que habían obtenido de Dios, y que esperaran en
cambio la salvación de sus problemas de los que ahora no podían desprenderse, por medio de la divina providencia que los vigilaba.
Siendo posible que Dios estuviese poniendo a prueba su virtud, ejercitándoles la paciencia con esas adversidades, para apreciar su
fortaleza y la memoria que conservaban de su anterior maravillosa actuación en su beneficio y para ver si se acordarían de ello cuando
estuvieran sufriendo miserias. Les dijo que al parecer no eran buenos hombres, ni en paciencia ni en recordar lo que les habían hecho
con tanto éxito, a veces despreciando a Dios y sus mandamientos, siendo que por esos mandamientos habían salido de la tierra de
Egipto, y a veces portándose mal con él, que era el siervo de Dios y eso que nunca los había engañado, ni en lo que les había dicho ni
por lo que les había mandado hacer por orden de Dios. También les recordó todo lo que anteriormente había pasado; que los egipcios
habían sido destruídos cuando trataron de detenerlos, contra la orden de Dios, que un mismo río fué sangre para los otros, inapta para
beber, y para ellos dulce y potable, que ellos pasaron por un camino nuevo abierto en el mar, el que se alejó a mucha distancia de
ellos, y que de ese modo se salvaron y vieron luego
destruídos a sus enemigos, y que cuando se encontraron carentes de armas Dios se las suministró en gran cantidad. De este modo les
recordó todas las oportunidades en las que cada vez que parecía que iban a ser destruídos Dios acudía a salvarlos de manera
asombrosa; y que conservaba el mismo poder, y que ni aun ahora debían desesperar de su providencia.
Los exhortó por lo tanto a seguir tranquilos, y a que consideraran que la ayuda, aunque no viniese en seguida, no vendría demasiado
tarde, si se presentaba antes de que sufrieran grandes desdichas. Que debían razonar que Dios no demoraba su ayuda porque no
tuviese miramientos con ellos, sino porque primero quería probar su fortaleza y el placer con que tomaban su libertad, para averiguar si
tenían el alma suficientemente grande como para soportar la falta de alimentos y la escasez de agua; o si preferían ser esclavos, como
los animales son esclavos de los que les dan de comer generosamente, pero sólo para hacerlos más útiles para servirlos. En cuanto a
él, no le preocupaba su propia seguridad, porque si moría injustamente, no lo consideraría una aflicción; más se preocupaba por ellos,
por temor de que al arrojarle piedras a él los juzgaran como condenando a Dios mismo.
5. De este modo Moisés apaciguó al pueblo y la contuvo de apedrearlo y le hizo arrepentirse de lo que estaba a punto de hacer. Como
le pareció que la necesidad que sufrían hacía menos injustificable su pasión, pensó que debía apelar a Dios con oraciones y súplicas.
Subió a una altura y pidió a Dios algún socorro para el pueblo, y alguna forma de librarlo de la necesidad que sufría, porque en él, y
sólo en él, estaba su esperanza de salvación; y le pidió que perdonara lo que la necesidad había obligado a hacer al pueblo, porque
estaba en la naturaleza de la humanidad ser difícil de satisfacer y quejarse ante la
adversidad. Dios prometió que se ocuparía y les daría el socorro que pedían. Oyendo esto Moisés bajó a reunirse con la multitud;
cuando lo vieron alegre ante las promesas que había recibido de Dios, se les cambió la expresión del rostro, que de triste se volvió
jubilosa. Moisés se situó entre ellos y les dijo que venía a traerles la salvación de Dios de sus actuales desventuras. En efecto, poco
después llegó volando desde el mar una gran cantidad de codornices, aves que abundan más en ese golfo árabe que en otra parte;
cuando estuvieron sobre ellos, fatigadas por laborioso vuelo y volando siempre muy cerca de la tierra,
cayeron entre los hebreos; éstos las cogieron y satisfacieron con
ellas su hambre, y supusieron que ése era el medio empleado por
Dios para proveerles alimentos. Moisés agradeció a Dios por prestarles su asistencia más rápidamente de lo que les había prometido.
6. Después de ese primer suministro de alimentos, les envió otro. Cuando Moisés levantaba sus brazos para orar, cayó un rocío.
Moisés vio que era pegajoso en las manos y supuso que era otra comida que Dios les mandaba, y lo probó; y viendo que el pueblo no
sabía lo que era y pensaba que era la nieve que habitualmente cae en era época del año, les dijo que ese rocío no había caído del
cielo de la forma que ellos se imaginaban, sino para su preservación y sustento. Lo probó y les dió un poco para que pudieran
comprobar lo que les había dicho. Imitaron a su conductor y les agradó el alimento, porque era dulce como la miel, de agradable gusto,
pero de cuerpo como el del bedelio; se trataba de una especia dulce, igual por su tamaño a la semilla del coriandro. Lo reunieron
activamente. Pero les habían ordenado recogerlo en cantidades iguales, un gomer por día para cada uno, porque ese alimento no
vendría en cantidades demasiado pequeñas, para que los débiles no dejaran de tomar su parte a causa de que los fuertes recogieran
demasiado.
De todos modos los fuertes que tomaban una cantidad mayor de la señalada, no obtenían más que los otros, sólo se cansaban más en
el trabajo de recogerlo, porque no hallaron más que un gomer cada uno; el excedente no les sirvió, porque se pudrió por los gusanos y
porque era amargo. ¡Qué alimento maravilloso y divino! También suplía la necesidad de otros alimentos al que los comía. Todavía
ahora llueve el maná del cielo en ese sitio, en el que Moisés obtuvo que Dios lo enviara al pueblo para su sustento.
Los hebreos lo llamaron maná, por la partícula man, que en nuestra lengua equivale a la pregunta ¿Qué es esto? Los hebreos se
alegraron mucho con lo que les habían mandado del cielo. Usaron ese alimento cuarenta años, mientras estuvieron en el desierto.
7. Cuando se fueron de allí, se trasladaron a Rafidín, sufriendo sed en extremo. En los días anteriores habían obtenido agua en
algunas pequeñas fuentes, pero ahora encontraron la tierra completamente seca y se encontraron en muy mala situación. Se volvieron
de nuevo con su enojo contra Moisés, quien al principio eludió la furia de la multitud y luego oró a Dios, rogándole que si les había
dado alimentos cuando lo necesitaban grandemente, les diera ahora agua, porque el favor de darles de comer no tenía valor si no
tenían agua para beber.
Dios no tardó en darles el agua; prometió a Moisés que les conseguiría una fuente con abundancia de agua en un sitio donde no
esperaban hallar ninguna. Le ordenó que golpeara con su vara la roca que veía a sus pies, y que recibiera de allí toda la que pedían;
porque él se había ocupado de que el agua les llegara sin trabajo ni sufrimientos. Recibida la orden de Dios Moisés volvió al pueblo
que lo esperaba, y todos confiaron en él porque lo vieron llegar apresuradamente de su eminencia. No bien llegó les dijo que Dios los
libraría de sus actuales inconvenientes y les había acordado un inesperado favor; y les informó que de aquella roca brotaría para ellos
un río. Sorprendidos ante estas palabras, creyeron que tendrían que partir la roca a pedazos, fatigados como estaban por la sed y el
viaje.
Pero Moisés abrió un pasaje con sólo golpear la roca con su vara, y de ahí manó el agua, clara y abundante. Estupefactos ante aquel
maravilloso resultado, sintieron satisfecha la sed, por así decirlo, con sólo ver el agua. Y bebieron el agua, que encontraron grata y
dulce, como un verdadero presente de Dios. El pueblo sintió también admiración por la manera como Moisés era honrado por Dios; y
agradecieron a Dios con sacrificios por su providencia hacia ellos. Esa Escritura que hay en el Templo nos informa de qué modo Dios
anunció a Moisés que saldría el agua de la roca.
.
Concuerda con ÉXODO:
CAPÍTULO 16
Israel murmura por la falta de pan y codicia las ollas de carne de Egipto Jehová hace llover pan del cielo y
envía codornices para darles carne - Se da el maná a Israel cada día, excepto el día de reposo, durante
cuarenta años.
CAPÍTULO 17
Israel murmura por la falta de agua - Moisés golpea una roca en Horeb
y brota agua - Aarón y Hur sostienen las manos de Moisés para que Josué prevalezca contra Amalec.
.
(48): IDEM CITA (36)
CAPITULO II
Los amalecitas y las naciones vecinas hacen guerra a los hebreos y son derrotados, perdiendo gran parte de su ejército
1. El nombre de los hebreos ya había comenzado a ser conocido en todas partes, llegando hasta el extranjero los rumores de sus
actividades. Lo cual hizo concebir no poco miedo a los habitantes de los países. Se enviaron embajadores, exhortándose
recíprocamente a defenderse, y a empeñarse en destruir a aquellos hombres.
Los que indujeron a los demás a hacerlo fueron los que habitaban en Goboltis y Petra. Se llamaban los amalecitas, y eran la nación
más guerrera de todas las que vivían en los alrededores. Sus reyes se exhortaron entre sí y también a los vecinos a hacer la guerra a
los hebreos diciéndoles que un ejército de extranjeros que habían huído de la esclavitud en Egipto, aguardaba para exterminarlos; que
ese ejército, por prudencia y por seguridad, no debía ser descuidado, sino aplastado antes deque se hiciera más fuerte y prosperara.
Que había que anticiparse a iniciar las hostilidades, porque sería indolencia no hacerlo....
.
(49): IDEM CITA (36)
CAPITULO III
Moisés recibe amablemente a su suegro Jetro, cuando va a visitarlo al monte Sinaí.
1. Cuando Ragüel, el suegro de Moisés, supo el próspero estado de sus asuntos, fué alegremente a su encuentro y dió una buena
acogida a Moisés, a Séfora, su mujer, y a sus hijos Moisés se alegró sobremanera de su llegada. Después de ofrecer sacrificios hizo
una fiesta para la multitud junto a la zarza que había visto anteriormente; todos participaron con sus familias. Aarón y su familia se
reunieron con Ragüel y cantaron himnos a Dios, como autor y procurador de su liberación y su libertad. También elogiaron a su
conductor, por cuya virtud les habían salido todas las cosas tan bien. Ragüel hizo grandes elogios a toda la multitud por el
agradecimiento que testimoniaba a Moisés. Y admiró a Moisés por su fortaleza, y la humanidad que había demostrado en la salvación
de sus amigos.
CAPITULO IV
Ragüel sugiere a Moisés que ordene al pueblo, nombrando Jefes y capitanes. Moisés acepta el consejo de su suegro
CAPITULO V
Moisés sube al monte Sinaí y recibe leyes de Dios, y las
entrega a los hebreos
1. Moisés reunió a la multitud y anunció que se iría al monte Sinaí, a conversar con Dios, y a recibir de él cierto oráculo que traería
consigo. Les ordenó que plantaran sus tiendas cerca de la montaña, prefiriendo la habitación próxima a Dios, y no la lejana. Dicho esto
ascendió al monte Sinaí, que es la montaña más alta de esa tierra, y no sólo es difícil de escalar para los hombres por su enorme
altura, sino también por la escabrosidad de sus precipicios. No se puede mirarla sin sentir los ojos doloridos.
Además era terrible e inaccesible por el rumor de que Dios moraba en ella. Los hebreos levantaron sus tiendas, como Moisés les
había ordenado, y tomaron posesión de la falda de la montaña, y aguardaron con el ánimo elevado a que Moisés volviera de su
encuentro con Dios trayendo promesas de las buenas cosas que les había propuesto. Hicieron un banquete y aguardaron a su
conductor, y se mantuvieron puros, entre otras cosas, en no juntarse con sus mujeres durante tres días, como les ordenara
anteriormente. Y rogaron a Dios que recibiera favorablemente a Moisés en su conversación con él; y que les concediera dones con los
cuales pudieran vivir bien. Hicieron también comidas más abundantes, y adornaron a sus mujeres e hijos con ropas más decentes que
de costumbre.
2. Pasaron dos días en esas fiestas, pero el tercer día, antes de que saliera el sol, se tendió sobre todo el campamento de los hebreos
una nube tal como nadie la había visto anteriormente y rodeó el sitio donde habían plantado las tiendas. Mientras todo el resto del aire
estaba limpio, a ese sitio llegaron fuertes vientos que levantaron grandes chubascos, los que se transformaron en una poderosa
tempestad. Había unos relámpagos terribles que espantaban la vista. Truenos y rayos caían, declarando que Dios estaba presente de
manera benigna para aquellos con los que Moisés quería que fuera benigno.
Respecto a estos hechos, mis lectores pueden pensar lo que a cada cual le plazca. Yo tengo que contar esta historia, tal como figura
en los libros sagrados. Ese espectáculo, y los sorprendentes ruidos que herían los oídos, perturbaron a los hebreos en sumo grado,
porque no estaban acostumbrados a ellos. Luego el rumor extendido de que Dios habitaba habitualmente en aquella montaña, les
impresionó grandemente, y se encerraron apesadumbrados en sus tiendas, suponiendo que Moisés sería destruido por la ira divina y
esperando igual destrucción para ellos.
3. Estando dominados por esos temores, apareció Moisés jubiloso y muy exaltado. Cuando lo vieron perdieron el miedo y concibieron
mayores esperanzas para lo futuro. También el aire, después de aparecer Moisés, se limpió de todo su desorden anterior.
Moisés congregó al pueblo para que oyera lo que Dios le dijera. Una vez reunidos, subió a una eminencia desde la cual pudieran oírlo,
y dijo:
-Hebreos, Dios me recibió amablemente como lo había hecho antes. Y sugirió un método feliz de vida para vosotros y un orden de
gobierno político, y está ahora presente en este campamento. Os encargo por eso, por él y por sus obras, y por lo que hemos hecho
con su intermedio, que no déis poco valor a lo que voy a deciros, porque los mandamientos que ahora os entrego no son la palabra de
un hombre; si consideráis la gran importancia de las cosas mismas, comprenderéis la grandeza de aquel que los instituyó, y que no
desdeñó comunicármelos para nuestro común beneficio. Porque no debe suponerse que el autor de esas instituciones es
simplemente Moisés, el hijo de Amram y Joquebed, sino de aquel que obligó al Nilo a llevar sangre por vosotros, el que domó la altivez
de los egipcios con varias clases de sentencias, el que nos abrió un camino por el mar, el que ideó un medio para enviaros alimentos
del cielo cuando nos afligía su falta, el que hizo salir agua de una roca, cuando era poca la que teníamos, el que hizo que Adán
compartiera los frutos de la tierra y del mar, el que dió los medios para que Noé escapara al diluvio, el que hizo que nuestro
antepasado Abram, peregrino nómada, se convirtiera en el heredero de Canaán, el que hizo que Isaac naciera de padres muy viejos,
el que hizo que Jacob se viera adornado de doce hijos virtuosos, el que hizo que José fuera el poderoso señor de los egipcios. Es él
quien os envía estas instrucciones, siendo yo su intérprete. Que sean venerables para vosotros. Sustentadlas con más firmeza que a
vuestras mujeres e hijos. Porque si las seguís llevaréis una vida feliz, gozaréis de los frutos de la tierra, veréis tranquilo el mar y los
frutos del vientre nacerán completos, como lo exige la naturaleza. Seréis, además, terribles para vuestros enemigos. He sido recibido
ante Dios y he oído su voz incorruptible, porque es grande su preocupación por vuestra nación y su permanencia.
4. Dicho esto condujo a los hebreos, con sus mujeres e hijos, tan cerca de la montaña, que pudieron oír a Dios mismo que les hablaba
sobre los preceptos que debían practicar, para que la energía de lo que debía decir no sufriera daño al ser pronunciada por la lengua
de un hombre, que sólo podía ofrecerla a su comprensión de manera imperfecta. Todos oyeron una voz que les llegaba de arriba, de
tal modo que no se les escapó ni una sola de las palabras, que Moisés escribió en dos tablas, y que no nos es permitido anotar
directamente; pero vamos a declarar su importancia.
5. El primer mandamiento nos enseña que no hay más que un Dios, y que sólo a él debemos adorar. El segundo nos ordena no
hacer ninguna imagen de animal para adorarla. El tercero, que no debemos jurar por Dios falsamente. El cuarto, que debemos
guardar el séptimo día, descansando de toda clase de trabajo. El quinto que debemos honrar a nuestros padres. El sexto que
debemos abstenernos de matar. El séptimo, que no debemos cometer adulterio. El octavo, que no debemos ser culpables de robo. El
noveno, que no debemos prestar falso testimonio. El décimo, que no debemos cobijar deseos de lo que sea de otros.
6. La multitud se regocijó al oír a Dios mismo dar los preceptos de los cuales les había hablado Moisés, y la congregación se disolvió.
Pero durante los días siguientes fueron a la tienda de Moisés pidiéndole que les trajera otras leyes de Dios. Moisés anotó esas leyes y
luego les informó de qué manera debían desempeñarse en todos los casos. A estas leyes me referiré a su debido tiempo. Pero la
mayoría la reservaré para otro libro, donde daré de ellas una clara explicación.
7. Al llegar las cosas a este punto, Moisés subió de nuevo al monte Sinaí, anunciándolo de antemano. Ascendió en presencia de todos;
y como estuviera ausente mucho tiempo (porque permaneció allí cuarenta días), se apoderó el temor de los hebreos de que le hubiera
ocurrido algún daño. No había nada tan triste y que tanto les perturbara, como la idea de que Moisés hubiera perecido. Hubo una
variante en los sentimientos hacia él; algunos decían que había caído entre fieras, siendo de esta opinión en su mayoría los que
estaban mal dispuestos hacia él; otros decían que había partido y se había ido con Dios; pero los más prudentes se dejaban guiar por
la razón y no encontraban satisfacción en ninguna de estas opiniones, pensando que si sucedía a veces que los hombres cayeran
entre las fieras y perecieran, también era posible que por su virtud hubiese partido y se hubiese ido con Dios. Permanecieron por lo
tanto tranquilos a la espera de los acontecimientos. Pero les dolía mucho la suposición de que. hubiesen perdido a un gobernador y
protector, que no podrían nunca recobrar; ni esta sospecha les daba autorización para esperar ningún hecho confortante sobre aquel
hombre, ni podían reprimir su preocupación y melancolía. No obstante el campamento no se movió de su lugar, porque Moisés les
había ordenado que permanecieran allí.
8. Cuando pasaron los cuarenta días, con otras tantas noches, Moisés regresó, no habiendo probado bocado de ninguna comida
indicada habitualmente para la alimentación de los hombres. Su aparición llenó al ejército de alegría, y él les declaró los cuidados que
Dios sentía por ellos, y con qué conducta de vida podrían vivir felices; les dijo que durante esos días de su ausencia le había sugerido
que hiciera construir un tabernáculo para él, al que descendería cuando viniera a reunirse con ellos, y de qué modo "deberemos
conducirlo con nosotros cuando nos vayamos de este sitio. Ya no habrá necesidad de subir al monte Sinaí, porque él vendrá a ocupar
su tabernáculo y estará presente durante nuestras oraciones". También dijo que el tabernáculo debía ser de las medidas y de la
construcción que le había indicado, y que había que poner manos a la obra y hacerlo con diligencia. Dicho esto les mostró las dos
tablas, con los diez mandamientos grabados en ellas, cinco en cada tabla; la escritura era de la mano de Dios.
.
Concuerda en La Biblia, con Éxodo:
CAPÍTULO 18
Jetro trae a la esposa e hijos de Moisés y ofrece sacrificios a Jehová - Moisés toma el asiento judicial y
oye todos los casos - Jetro aconseja a Moisés que enseñe la ley y que nombre jueces menores
y les delegue poder.
CAPÍTULO 19
Jehová hace convenio de hacer de Israel un tesoro especial, un reino de
sacerdotes y un pueblo santo – El pueblo se santifica - Jehová aparece en Sinaí en medio de fuego, humo
y temblores.
CAPÍTULO 20
Jehová revela los Diez Mandamientos - Israel debe testificar que Jehová ha hablado desde el cielo —
Se prohíbe a los hijos de Israel hacer dioses de plata o de oro – Deben hacer altares de piedras sin labrar y hacer sacrificios a Jehová.
.
CAPÍTULO 21
Jehová revela Sus leyes concernientes a los siervos, al matrimonio, a la pena de muerte por diversas ofensas, al dar ojo por ojo y
diente por diente, y a los daños causados por bueyes.
CAPÍTULO 22
Jehová revela sus leyes concernientes al hurto, a las destrucciones por
fuego, al cuidado de la propiedad de los demás, al préstamo, a los actos
lascivos, a los sacrificios a dioses falsos, al afligir a las viudas, a la usura, al injuriar a Dios y a laS leyes referentes al primogénito de
hombres y de animales - Se manda a los hombres de Israel ser santos.
CAPÍTULO 22
Jehová revela sus leyes concernientes al hurto, a las destrucciones por fuego, al cuidado de la propiedad de
los demás, al préstamo, a los actos lascivos, a los sacrificios a dioses
CAPÍTULO 23
Jehová revela sus leyes concernientes a la integridad y a la conducta piadosa - La tierra descansará
durante el año sabático - Los hijos de Israel guardarán tres fiestas anuales - Un ángel que lleva el
nombre de Jehová los guiará – Se quitará la enfermedad - Se irá echando gradualmente a las naciones
de Canaán.
CAPÍTULO 24
Israel acepta la palabra de Jehová por convenio - Moisés rocía la sangre del convenio - Moisés, Aarón, Nadab, Abiú y setenta élderes
de Israel ven a Dios - Jehová llama a Moisés al monte para recibir las tablas de piedra y los mandamientos.
.
(50): IDEM CITA (36)
48. Después de estas palabras de Moisés, dichas al final de su vida, y cuando les predijo lo que a cada tribu ocurriría y añadió su
bendición, la multitud se deshizo en lágrimas, y hasta las ,mujeres, golpeándose el pecho, expresaron la honda preocupación que les
causaba su inminente muerte. Los niños también lloraron, tanto más intensamente cuanto que no podían contener su dolor, con lo que
expresaban que aun a su edad apreciaban su virtud y sus grandes hazañas. Jóvenes y viejos parecían rivalizar en sus
manifestaciones de dolor. Los viejos penaban porque se verían pri. vados de un gran protector, y se lamentaban por su situación
futura. Los jóvenes penaban no solamente por eso, sino también porque se verían abandonados por él antes de haber gustado
bastante de su virtud. Se puede adivinar el dolor y las lamentaciones de la multitud, por lo que le pasó al mismo legislador, aunque
siempre estaba persuadido de que no debía abatirse al acercarse el momento de su muerte, ya que debía correrse esa suerte porque
era la voluntad de Dios y la ley de la naturaleza, pero la actitud del pueblo lo agobió de tal modo que se echó a llorar.
Luego se dirigió al lugar donde debía desaparecer de su vista, seguido por toda la multitud que lloraba; Moisés hizo seña con la mano
a los que estaban más alejados indicándoles que se detuvieran, mientras exhortaba a los que estaban cerca a que no hicieran tan
lamentable su partida. Pensaron entonces que debían acordarle ese favor, dejándolo partir como él quisiera, y se contuvieron, aunque
siguieron llorando entre sí. Lo acompañaron el senado, Eleazar el sumo sacerdote y Josué su comandante.
Cuando llegaron al monte llamado Abarim, (que es una montaña muy alta, situada frente a Jericó, ofreciendo al que estaba sobre ella
una vista de la mayor parte de la excelente tierra de Canaán), despidió al senado; y cuando iba a abrazar a Eleazar y Josué, y
mientras seguía conversando con ellos, de pronto se cirmo sobre él una nube y Moisés desapareció en un valle; aunque él escribió en
los libros sagrados que murió, lo que hizo por temor de que se aventuraran a decir que por su extraordinaria
virtud se había ido con Dios.
49. Moisés vivió en total ciento veinte años, una tercera parte de los cuales, menos un mes, fué el gobernante del pueblo. Murió el
último mes del año, llamado por los macedonios distro y por nosotros adar, el primer día del mes. Fué superior a todos los hombres en
inteligencia, e hizo el mejor uso de lo que esa inteligencia le indicaba. Tenía una manera muy grata de hablar y dirigirse a la multitud, y
en cuanto a sus otras cualidades, sabía dominar ampliamente sus pasiones, como si apenas las tuviera en su alma, y las conocía sólo
de nombre y más bien por advertirlas en los demás que en sí mismo. Fué además un general de ejército de los que se ven pocos, y un
profeta como no se conoció ningún otro, hasta el punto de que cualquier cosa que decía era la voz de Dios mismo la que hablaba.
El pueblo lo lloró treinta días. Jamás sufrieron los hebreos una pena tan honda como la que sintieron por la muerte de Moisés; no sólo
lo querían aquellos que habían experimentado su conducción sino todos los que utilizaron las leyes que dejó y que le dió la
extraordinaria virtud que poseía. Con lo cual considero que es bastante para expresar de qué modo se produjo la muerte de Moisés.
.
Concuerdan estos textos de Flavio Josefo con los del: LEVÍTICO, NÚMEROS Y DEUTERONOMIO (Deuteronomio 34, muerte de
Moisés)
.
(51): Así es como se describe la famosa Tiro, fundada por Hiram en el siglo X a.C.; construida a unas millas de la costa, en mitad de
mar, aprovechado unas rocas y sobre las que desarrolla una ciudadela que envuelve puertos, casas y fortalezas de un modo
inexpugnable. Tanto, que realmente no lograron tomar Tiro ni los griegos de Alejandro; debiendo rendirlo por asedio para llegar a
pactos.
.
(52): Fue Sabatino Moscati, quien afirma que la conjunción de Canaaneos (marinos) unidos a los Pueblos del Mar,
conformaron Fenicia. A mi juicio, hay otros factores que se unen para lograr esta civilización púnica. Uno de ellos, el
componente egipcio (al ser Tiro y Sidón los puertos sustitutos de Biblos), tanto como unos rasgos unidos al Egeo (donde los fenicios
asientan sus primeras colonias); teniendo una gran influencia cretochipriota. De tal manera podríamos decir que Fenicia se forma
de la unión entre canaaneos costeros y Pueblos del Mar; tras heredar el mundo cretochipriota (con la caída de las
civilizaciones micénicas y chipro-minóicas) y por a intercesión de Egipto, que toma como comerciantes y banqueros a los
llegados a sus tierras desde Tiro y Sidón.
.
(53): JUECES 13-16; la historia de Sansón:
Jueces 13-16 Reina-Valera:
Nacimiento de Sansón - 13
1 Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de los filisteos por cuarenta
años. 2 Y había un hombre de Zora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba Manoa; y su mujer era estéril, y nunca había tenido hijos. 3 A
esta mujer apareció el ángel de Jehová, y le dijo: He aquí que tú eres estéril, y nunca has tenido hijos; pero concebirás y darás a luz un
hijo. 4 Ahora, pues, no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda. 5 Pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no
pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los
filisteos. 6 Y la mujer vino y se lo contó a su marido, diciendo: Un varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un
ángel de Dios, temible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre. 7 Y me dijo: He aquí
que tú concebirás, y darás a luz un hijo; por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda, porque este niño será
nazareo a Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte. (...) 12 Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo
debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él? 13 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: La mujer se guardará
de todas las cosas que yo le dije. 14 No tomará nada que proceda de la vid; no beberá vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda;
guardará todo lo que le mandé. 15 Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego nos permitas detenerte, y te prepararemos un
cabrito. 16 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres hacer holocausto,
ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová. (...) 21 Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a
su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. 22 Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios
hemos visto. 23 Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni
nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto. 24 Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre
Sansón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo. 25 Y el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él en los campamentos de Dan,
entre Zora y Estaol.
Sansón y la mujer filistea de Timnat - 14
1 Descendió Sansón a Timnat, y vio en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos. 2 Y subió, y lo declaró a su padre y a su madre,
diciendo: Yo he visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os ruego que me la toméis por mujer. 3 Y su padre y su madre le
dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos
incircuncisos? Y Sansón respondió a su padre: Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada. 4 Mas su padre y su madre no sabían
que esto venía de Jehová, porque él buscaba ocasión contra los filisteos; pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel. 5
Y Sansón descendió con su padre y con su madre a Timnat; y cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí un león joven que venía
rugiendo hacia él. 6 Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener
nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. 7 Descendió, pues, y habló a la mujer; y ella agradó a
Sansón. 8 Y volviendo después de algunos días para tomarla, se apartó del camino para ver el cuerpo muerto del león; y he aquí que
en el cuerpo del león había un enjambre de abejas, y un panal de miel. 9 Y tomándolo en sus manos, se fue comiéndolo por el camino;
y cuando alcanzó a su padre y a su madre, les dio también a ellos que comiesen; mas no les descubrió que había tomado aquella miel
del cuerpo del león. 10 Vino, pues, su padre adonde estaba la mujer, y Sansón hizo allí banquete; porque así solían hacer los jóvenes.
11 Y aconteció que cuando ellos le vieron, tomaron treinta compañeros para que estuviesen con él. 12 Y Sansón les dijo: Yo os
propondré ahora un enigma, y si en los siete días del banquete me lo declaráis y descifráis, yo os daré treinta vestidos de lino y treinta
vestidos de fiesta. 13 Mas si no me lo podéis declarar, entonces vosotros me daréis a mí los treinta vestidos de lino y los vestidos de
fiesta. Y ellos respondieron: Propón tu enigma, y lo oiremos. 14 Entonces les dijo: Del devorador salió comida, /// Y del fuerte salió
dulzura. /// Y ellos no pudieron declararle el enigma en tres días. /// 15 Al séptimo día dijeron a la mujer de Sansón: Induce a tu marido
a que nos declare este enigma, para que no te quememos a ti y a la casa de tu padre. ¿Nos habéis llamado aquí para despojarnos? 16
Y lloró la mujer de Sansón en presencia de él, y dijo: Solamente me aborreces, y no me amas, pues no me declaras el enigma que
propusiste a los hijos de mi pueblo. Y él respondió: He aquí que ni a mi padre ni a mi madre lo he declarado, ¿y te lo había de declarar
a ti? 17 Y ella lloró en presencia de él los siete días que ellos tuvieron banquete; mas al séptimo día él se lo declaró, porque le
presionaba; y ella lo declaró a los hijos de su pueblo. 18 Al séptimo día, antes que el sol se pusiese, los de la ciudad le dijeron: ¿Qué
cosa más dulce que la miel? /// ¿Y qué cosa más fuerte que el león? mi él les respondió: /// Si no araseis con mi novilla, /// Nunca
hubierais descubierto mi enigma. 19 Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y descendió a Ascalón y mató a treinta hombres de ellos; y
tomando sus despojos, dio las mudas de vestidos a los que habían explicado el enigma; y encendido en enojo se volvió a la casa de su
padre. 20 Y la mujer de Sansón fue dada a su compañero, al cual él había tratado como su amigo.
Sansón y los filisteos - 15
1 Aconteció después de algún tiempo, que en los días de la siega del trigo Sansón visitó a su mujer con un cabrito, diciendo: Entraré a
mi mujer en el aposento. Pero el padre de ella no lo dejó entrar. 2 Y dijo el padre de ella: Me persuadí de que la aborrecías, y la di a tu
compañero. Más su hermana menor, ¿no es más hermosa que ella? Tómala, pues, en su lugar. 3 Entonces le dijo Sansón: Sin culpa
seré esta vez respecto de los filisteos, si mal les hiciere. 4 Fue Sansón y cazó trescientas zorras, y tomó teas, y juntó cola con cola,
puso una tea entre cada dos colas. 5 Después, encendiendo las teas, soltó las zorras en los sembrados de los filisteos, y quemó las
mieses amontonadas y en pie, viñas y olivares. 6 Dijeron los filisteos: ¿Quién hizo esto? Y les contestaron: Sansón, el yerno del
timnateo, porque le quitó su mujer y la dio a su compañero. Y vinieron los filisteos y la quemaron a ella y a su padre. 7 Entonces
Sansón les dijo: Ya que así habéis hecho, juro que me vengaré de vosotros, y después desistiré. 8 Y los hirió cadera y muslo con gran
mortandad; y descendió y habitó en la cueva de la peña de Etam. Sansón derrota a los filisteos en Lehi 9 Entonces los filisteos
subieron y acamparon en Judá, y se extendieron por Lehi. 10 Y los varones de Judá les dijeron: ¿Por qué habéis subido contra
nosotros? Y ellos respondieron: A prender a Sansón hemos subido, para hacerle como él nos ha hecho. 11 Y vinieron tres mil hombres
de Judá a la cueva de la peña de Etam, y dijeron a Sansón: ¿No sabes tú que los filisteos dominan sobre nosotros? ¿Por qué nos has
hecho esto? Y él les respondió: Yo les he hecho como ellos me hicieron. 12 Ellos entonces le dijeron: Nosotros hemos venido para
prenderte y entregarte en mano de los filisteos. Y Sansón les respondió: Juradme que vosotros no me mataréis. 13 Y ellos le
respondieron, diciendo: No; solamente te prenderemos, y te entregaremos en sus manos; mas no te mataremos. Entonces le ataron
con dos cuerdas nuevas, y le hicieron venir de la peña. 14 Y así que vino hasta Lehi, los filisteos salieron gritando a su encuentro; pero
el Espíritu de Jehová vino sobre él, y las cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado con fuego, y las ataduras
se cayeron de sus manos. 15 Y hallando una quijada de asno fresca aún, extendió la mano y la tomó, y mató con ella a mil hombres.
16 Entonces Sansón dijo: Con la quijada de un asno, un montón, dos montones; /// Con la quijada de un asno maté a mil hombres.
17 Y acabando de hablar, arrojó de su mano la quijada, y llamó a aquel lugar Ramat-lehi.[a] 18 Y teniendo gran sed, clamó luego a
Jehová, y dijo: Tú has dado esta grande salvación por mano de tu siervo; ¿y moriré yo ahora de sed, y caeré en mano de los
incircuncisos? 19 Entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehi; y salió de allí agua, y él bebió, y recobró su espíritu, y se reanimó.
Por esto llamó el nombre de aquel lugar, En-hacore,[b] el cual está en Lehi, hasta hoy. 20 Y juzgó a Israel en los días de los filisteos
veinte años.
Sansón en Gaza (Sansón y Dalila)- 16
1 Fue Sansón a Gaza, y vio allí a una mujer ramera, y se llegó a ella. 2 Y fue dicho a los de Gaza: Sansón ha venido acá. Y lo
rodearon, y acecharon toda aquella noche a la puerta de la ciudad; y estuvieron callados toda aquella noche, diciendo: Hasta la luz de
la mañana; entonces lo mataremos. 3 Mas Sansón durmió hasta la medianoche; y a la medianoche se levantó, y tomando las puertas
de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro, y se fue y las subió a la cumbre del monte que está delante de
Hebrón.
Sansón y Dalila
4 Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila. 5 Y vinieron a ella los
príncipes de los filisteos, y le dijeron: Engáñale e infórmate en qué consiste su gran fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo
atemos y lo dominemos; y cada uno de nosotros te dará mil cien siclos de plata. 6 Y Dalila dijo a Sansón: Yo te ruego que me declares
en qué consiste tu gran fuerza, y cómo podrás ser atado para ser dominado. 7 Y le respondió Sansón: Si me ataren con siete mimbres
verdes que aún no estén enjutos, entonces me debilitaré y seré como cualquiera de los hombres. 8 Y los príncipes de los filisteos le
trajeron siete mimbres verdes que aún no estaban enjutos, y ella le ató con ellos. 9 Y ella tenía hombres en acecho en el aposento.
Entonces ella le dijo: !!Sansón, los filisteos contra ti! Y él rompió los mimbres, como se rompe una cuerda de estopa cuando toca el
fuego; y no se supo el secreto de su fuerza. 10 Entonces Dalila dijo a Sansón: He aquí tú me has engañado, y me has dicho mentiras;
descúbreme, pues, ahora, te ruego, cómo podrás ser atado. 11 Y él le dijo: Si me ataren fuertemente con cuerdas nuevas que no se
hayan usado, yo me debilitaré, y seré como cualquiera de los hombres. 12 Y Dalila tomó cuerdas nuevas, y le ató con ellas, y le dijo: !!
Sansón, los filisteos sobre ti! Y los espías estaban en el aposento. Mas él las rompió de sus brazos como un hilo. 13 Y Dalila dijo a
Sansón: Hasta ahora me engañas, y tratas conmigo con mentiras. Descúbreme, pues, ahora, cómo podrás ser atado. El entonces le
dijo: Si tejieres siete guedejas de mi cabeza con la tela y las asegurares con la estaca. 14 Y ella las aseguró con la estaca, y le dijo: !!
Sansón, los filisteos sobre ti! Mas despertando él de su sueño, arrancó la estaca del telar con la tela. 15 Y ella le dijo: ¿Cómo dices: Yo
te amo, cuando tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me has descubierto aún en qué consiste tu gran
fuerza. 16 Y aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. 17
Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi
madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres. 18 Viendo Dalila que él le había
descubierto todo su corazón, envió a llamar a los principales de los filisteos, diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto
todo su corazón. Y los principales de los filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero. 19 Y ella hizo que él se durmiese sobre
sus rodillas, y llamó a un hombre, quien le rapó las siete guedejas de su cabeza; y ella comenzó a afligirlo, pues su fuerza se apartó de
él. 20 Y le dijo: !!Sansón, los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me
escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él. 21 Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le
llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel. 22 Y el cabello de su cabeza comenzó a crecer, después que
fue rapado.
Muerte de Sansón
23 Entonces los principales de los filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio a Dagón su dios y para alegrarse; y dijeron: Nuestro dios
entregó en nuestras manos a Sansón nuestro enemigo. 24 Y viéndolo el pueblo, alabaron a su dios, diciendo: Nuestro dios entregó en
nuestras manos a nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el cual había dado muerte a muchos de nosotros. 25 Y aconteció
que cuando sintieron alegría en su corazón, dijeron: Llamad a Sansón, para que nos divierta. Y llamaron a Sansón de la cárcel, y sirvió
de juguete delante de ellos; y lo pusieron entre las columnas. 26 Entonces Sansón dijo al joven que le guiaba de la mano: Acércame, y
hazme palpar las columnas sobre las que descansa la casa, para que me apoye sobre ellas. 27 Y la casa estaba llena de hombres y
mujeres, y todos los principales de los filisteos estaban allí; y en el piso alto había como tres mil hombres y mujeres, que estaban
mirando el escarnio de Sansón. 28 Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te
ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos. 29 Asió luego Sansón las
dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y echó todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su
mano izquierda sobre la otra. 30 Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos. Entonces se inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa sobre
los principales, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado
durante su vida. 31 Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, y le tomaron, y le llevaron, y le sepultaron entre Zora y
Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó a Israel veinte años.
.
(54): Muchos son los ritos y mitos acerca del pelo masculino y la fuerza o el poder del guerrero. Entre ellos, destaca la costumbre de la
casta “Sic” en la India, que al ser la guerrera prohíbe cortarse el pelo a sus hombres; quienes desde niños lo llevan en un moño sobre
la cabeza y al pasar a adultos o esconderán bajo un turbante. Los mitos acerca de esta fuerza escondida en el cabello son
interminables, y existían costumbres tales como la tonsura. En algunas ocasiones obligada para los iniciados en la guerra, aunque en
otras el hecho de ser tonsurado significaba que debían dejar el trono o los títulos. Así le sucedió al rey godo Wamba, quien tras
emborracharse fue tonsurado por quienes le dieron el alcohol y tuvo que dejar de reinar, para ingresar en un convento como monje
(donde terminaría sus días). Una historia real y sucedida en la Hispania de hace mil trescientos años, que mucho nos recuerda a la de
Sansón. Tan extraña como real y que termina concediendo la santidad al rey godo Wamba, venerado como San Bamba desde la Edad
Media.
.
(55): sss nos
POR LA IMPORTANCIA DE CUANTO EXPONEMOS EN ESTE ARTÍCULO MENCIONADO, A CONTINUACIÓN ICLUYO ALGUNOS
DE SUS PÁRRAFOS:
3) PELASGOS, DANAOS Y TROYANOS (Peleset, Danuna y Tjeser). Los Pueblos del Mar asentados en Canaán.
Hemos de considerar a los mencionados filisteos, danuna y tjeser establecidos a comienzos del siglo XII a.C. junto a los judíos, como
los herederos de las principales civilizaciones marineras que gobernaron el Egeo durante parte del II milenio a.C. -llamados
comúnmente micenios (minoico-micenios)-. Culturas que sabemos, fueron destruidas al menos en dos ocasiones: Primero durante la
"caida" del imperio Minoico (propiamente) con la explosión del volcán Tera-Santorino, que asoló la zona en el siglo XVII a.C. y
posteriormente con la invasión doria, que acaba con Micenas unos quinientos años después. Sobre el cataclismo del Tera, que se
fecha comunmente en el XVII a.C. (aunque otros investigadores lo datan un siglo más tarde) se corresponde con la etapa que cierra el
periodo cretochipriota denominado Protopalacial y que había comenzado en el siglo XXI a.C.. Época del verdadero reino de Minos que
termina con la erupción del mencionado volcán que hizo nacer la actual isla de Santorini hacia el 1650 a.C. a la que siguió un siglo de
rehabilitaciones denominado Neopalacial, llegando finalmente en el XV a.C. el dominio de Micenas sobre Creta. Civilización que se
mantuvo como dueña del Egeo hasta la aparición del Hierro (o hasta Troya, que se fecha en el 1212 a.C.).
.
Momento este en el que se vuelven a destruir las culturas herederas de las minoicas, cuando las invaden y asolan los dorios.
Obligando por entonces a los micenios supervivientes a huir de sus tierras; migraciones y gentes a las que el historiador francés
Emmanuel Rougé etiquetó hace unos ciento cincuenta años, como los "Pueblos del Mar". Así los textos egipcios, los de Ugarit o La
Biblia, recuerdan como marineros errantes y sin hogar, vagaron desde el siglo XIII al XI a.C., luchando y buscando un lugar donde
asentarse. Pudiendo considerarse al llamado Filisteo como el principal de aquellos y que tras su huida de la expansión del hierro desde
las zonas griegas, logra establecerse junto a los Danuna y Tejeser, en la zona costera de Canaán. Siendo los denominados
"Peleset" originarios principalmente de la Kaftor minoica (Creta) y con los que en los decenios siguientes sus vecinos judíos
tuvieron que resolver varios conflictos culturales y fronterizos. Hasta que finalmente, los filisteos fueron en su mayor parte
vencidos y asimilados entre los semitas que habitaban Canaán. Tanto que se afirma, hacia el 1050 a.C., ya estaban mezclados
con los israelitas y tenían religion y ritos en común; algo que igualmente hubo de suceder con los Tjeser y sobre todo con los
Danuna, que se tienen por la Tribu de Dan.
.
Sea como fuere, el contacto entre estos pueblos filisteos (egeos o micénicos) y los israelitas -incluso con el pueblo de Abraham-,
parece que era ancestral. Así la Biblia cita claramente pactos entre ese patriarca de los judíos y el rey de los "philisteos" al que
denomina Abimeleq. Del mismo modo que menciona iguales alianzas habidas entre el hijo de Abraham (Isaac) y el descendiente de
Abimeleq -al que da un mismo nombre que su padre-. Hechos estos que se recogen en el Génesis (XX y XXVI) y que determinan
claramente que entre los judíos y aquellas gentes que consideramos eran los egeos de Creta (pelasgos minóicos) había una estrecha
unión. Tanta que se dice claramente en el Antiguo Testamento que Abraham y su hijo Isaac habitaron en los dominios de aquellos
reyes Abimeleq. Un territorio llamado Gerar y que les fue cedido por el rey de los filisteos, con los que pactaron y se mantuvieron en
paz. Área que consideramos eran tierras dominadas o gobernadas por los minóicos o los cretochipriotas entre los siglos XVIII al XVI
a.C. (cuando podemos situar la existencia legendaria e histórica de los mencionados patriarcas Abraham e Isaác).
.
Indicando todo ello el estrecho lazo existente entre el pueblo de Israel y el cretochipriota del II milenio a.C.; el filisteo, cuyo comercio se
centraba en la venta de metales a Egipto; por lo que obligadamente hemos de suponer que unos y otros tenían asentamientos en la
zona central de Oriente Medio. Puertos desde donde cargar y descargar los minoicos sus mercancías, para lo que necesariamente
habrían de pactar con los pueblos mercaderes y que vivían en este área. Gentes dedicados a las caravanas y al pastoreo, cuya
riqueza procedia en gran parte del comercio y de organizar viajes para intermediar entre Mesopotamia y Oriente Medio (Creta, Egipto y
Babilonia). Siendo históricamente comprensibles y plausibles los hechos que nos narra el Antiguo Testamento, al exponer que
Abraham e Isaac se establecieron en tierras de los filisteos, donde pactaron para vivir con ellos, gracias a lo que logran un gran
progreso. Todo lo que con seguridad se refiere a un comercio común establecido desde los siglos XVIII al XVI a.C. entre los minoicos y
las tribus canaanitas más avanzadas, procedentes de Mesopotamia (los pueblos llamados abrahámicos).
.
4)- DE LOS DANAOS Y LA TRIBU DE DAN; DE LOS FILISTEOS Y GOLIAT (los descendientes de Micenas afincados en Canaán
y su aportación a la apertura de rutas comerciales hacia Tartessos).
Por cuanto decimos, creemos que podría identificarse perfectamente este Abilemec con antiquísimos monarcas micénios, cuyos más
arcaicos representantes comunmente se recuerdan con el nombre de Melisos o Meliseos. Por considerar el mito minóico que el
comienzo de la civilización se produjo gracias a un gobernante que enseñó la apicultura y de allí, que los primeros reyes legendarios
(de Creta) tuvieran un nombre relacionado con las abejas o la miel. Siendo así, identificamos el Abimelec bíblico con el Abas-Meliseo
de Creta, el monarca más antiguo de aquella isla y padre de la civilización minoica. Algo que confirmaría el pleno contacto de los
israelitas con los micénios desde tiempos inmemoriales y que explicaría por qué encontraron refugio en sus tierras. Por su parte y
sobre estos llegados desde el Egeo y asentados entre los judíos hacia el 1180 a.C.; sabemos a través de los restos hallados en los
yacimientos, que eran de origen micénico. Ya que las cerámicas y los objetos que aparecen en tierras de los mencionados Filisteos -de
los Dan (danaos) y otras gentes huidas hasta las costas de Israel en el siglo XII a.C.- son claramente micénicas (cretochipriotas o
anatólicas).
.
Ello concuerda con lo que mencionan Las Sagradas Escrituras hablando Jeremías de que los filisteos eran "un resto de los de Kaftor".
Por su parte, el Génesis narra que los filisteos y los kaftoritas descendían de Kasluhies, cuyo padre era Egipto -Misraim- . Habiendo de
entenderse esta Kasluhies fuera la misma Chipre, o bien Biblos ("hijas" de el Nilo). Sobre todo ello, Sandars especifica que "el nombre
de Kaptara (Caftor), tras la segunda mitad del II milenio a.C. se amplia al Egeo y no solo a Creta". Comentando el mismo autor acerca
de aquellos pueblos asentados junto a los israelitas y en la cuenca de Canaan en estos siglos, que eran incircuncisos y de religión
cercana a la canaanea; añadiendo que "lo poco colegirse de su lengua parece apuntar hacia Anatolia", tanto como sus señores eran
llamados en idioma protoindoeuropeo "Seren" . Esta última apreciación de Sandars es de gran importancia, puesto que tal como nos
indica, eran gentes de idioma y costumbres protoindoeuropeas, iguales a las Egeas del II milenio y por lo tanto muy cercanas a las
micenias. Habiendo de considerar que micenios y canaaneos (concretamente israelitas) tenían muchas coincidencias culturales y
religiosas -en común-.
.
Todo lo que unido a las cerámicas de tipología cretense y chipriota halladas en los asentamientos de los filisteos, danaos y Pueblos del
Mar afincados en la costa de Israel, explica claramente que se trata de gentes huidas desde el Egeo -Creta y Chipre-. Algo que
atestiguan las piezas de barro filisteas, que estudió Furumark; profesor que las relaciona claramente con la tipología "micénica III, CIb"
(13) . De un modo igual a como lo hace Muhly, que considera toda la cerámica de estos pueblos aparecidos en las costas junto a Israel
en el siglo XII a.C., una simple variante de la de Micenas. Por su parte y en lo que se refiere a las influencias y gentes venidas desde el
cercano Chipre (isla que compartió la civilización de Creta), Sandars se expresa del siguiente modo: "Chipre desempeñó una función
fundamental en estos tiempos violentos y confusos. Entre el 1200 y el 1050 a.C. disminuyó la población, se abandonaron los antiguos
asentamientos (...) al final solo quedaron un puñado de pueblos que disfrutaban de una civilización material cuyos orígenes al tan
nombrado Mundo de la Edad de Bronce Cretense, de Grecia continental, de Siria y Palestina; y de su propio trasfondo chipriota" . Para
terminar el mismo autor concluyendo que "Chipre es el presente entre el mundo micénico, Egipto y Palestina" .
.
Acerca de las historias o leyendas que quedaron sobre esos micénios (Pueblos del Mar) afincados entre los israelitas,
destacan dos muy llamativas. Primero la de Goliat, el héroe homónimo de los filisteos de la ciudad de Galhát. En segundo
lugar las referencias a la tribu de Dan, que se sabe o supone originada por los Danaos (de la que trataremos después). Acerca
de la preciosa narración de Goliat, hemos de decir que el nombre de este jefe o héroe filisteo es el mismo que el de la tierra
donde se asentaron aquellos (Galhat), denominación que hoy ha terminado pronuciándose como Gaza. Siendo muy llamativo
que aquella voz en hebreo "GAHLT" se traduce por: "los errantes", "los que peregrinan"; dando a entender que estos "galhat"
afincados en las costas de la actual palestina (philistaina) tenían para los israelitas una procedencia y denominación igual a la que les
daban en el Nilo (egipcios que denominaban "marineros errantes" a esosque hoy llamamos Pueblos del Mar).
.
Por su parte, sobre el gigante Goliat nos cuenta Samuel como aquel habitaba la ciudad de Gat (del mismo nombre al suyo -que
sabemos era la de "los errantes"-). Guerrero de enorme fuerza se enfrentó contra el pequeño David, quien pese a su teórica
inferioridad le mató con un golpe de honda. Todo lo que comprende y relata de manera figurada la enorme armada y ejércitos que
tendrían estos Pueblos del Mar asentados en la franja costera de Israel, a los que los judíos consiguen vencer, probablemente gracias
al nuevo armamento de hierro -y las recientes técnicas militares de fines del II milenio a.C.; lo que se quizás se sublima en la honda- .
Por su parte, sabemos que los filisteos se gobernaron en forma de ligas (típicamente egea) y en una pentarquía de alianzas
promovidas por las cinco ciudades en las que estaban asentados (Asdod, Ascalón, Ecrón, Gaza y Gat; siendo estas dos úlimas las
homónimas del gigante Goliat). Aunque aquellas pronto debieron de pactar con las de Israel e incluso asimilarse o incorporarse al
territorio judío (que es quizás lo que seguramente narra esta victoria de David).
.
Sobre los filisteos, tambien La Biblia menciona otras bellas historias, entre las que destaca la de Sansón. Esta vez un gigante israelita
que se enamora de la preciosa filistea a la que descubre el secreto de su fortaleza (que residía en el cabello). Explicando
probablemente la narración de Sansón de manera simbólica, como en aquel tiempo una de las formas de integrar a los Pueblos del
Mar afincados en la costa e incorporarlos a los judíos, fue la de mezclarse con ellos -o casarse con sus mujeres-. Hecho que motivó
seguramente que unos dos siglos después del asentamiendo de los filisteos o de los Danaos en la franja Gaza, ya estuvieran
asimilados prácticamente con sus vecinos de Israel.
.
Por su parte, el otro importante Pueblo del Mar que fue a parar a las costas cercanas a Judá ya dijimos que era el Danao (que
identificamos con los aqueos, denominados en Grecia danaos). Sobre aquellos, se considera que finalmente fueron a vivir a las
cercanías del Monte del Golán, territorios que hasta entonces eran fenicios. Allí los danaos se convirtieron en uno de los pueblos de
Israel (la Tribu de Dan). Siendo su tierra -Tel Dan- finalmente anexionada por los arameos, a comienzos del siglo IX a.C.. Igualmente
se refieren Las Sagradas a los Dan en tiempos de Abraham, lo que a mi modo de ver habríamos de identificar no con la mencionada
venida de los aqueos al Golán, sinó con la visita de los pueblos hebreos en épocas arcaicas a zonas del Egeo (es decir a las cercanías
de Troya).
.
Estos pueblos huidos de Micenas, tanto como la relación entre los judíos y los reyes fenicios (junto a otros hechos) motivaron la
estrecha relación entre la Tarshish bíblica (Tartessos) e Israel. Ciudad o territorio allende los mares que se cita en La Biblia más de
treinta veces. Pese a ser común la identificación de aquella con la civilización turdetana, hay quienes aún afirman que las naves de
Tarshis se tomaban desde el Mar Rojo, teoría que desea situar esa ciudad lejos de la ibérica y en las proximidades el Golfo Arábigo.
Aunque en las referencias bíblicas se manifiesta que aquellos barcos de Tarshish salían desde puertos de Gaza -o del litoral
mediterráneo israelita-; tanto como se llegaba hasta Tarshish por mediación de los reyes y rutas de Tiro y Sidón (ciudades que como
todos sabemos se hallaban en Oriente Medio).
.
RESUMEN DE NUESTRO ARTÍCULO:
LOS HEREDEROS DE MICENAS, su establecimiento en Israel y su relación con Tartessos.
Para leerlo pulsar el siguiente enlace:
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/10/blog-post_19.html
.
(56): Hesiodo, Teog 188-200 // Apolodor I, 13 (nacimiento de Afrodita)
.
(57): "Odisea" VI a VII ; XII 388-493 // XIII 1, 187 // XIV 245 y ss // XVIII y XIX
.
(58): SOBRE TAMMUZ, recomendamos leer el artículo de Robert Graves en LOS MITOS GRIEGOS (RBA Barcelona 2005): 18, 6-7
.
(59): Hesiodo. Teog. 333 /// Apold. Rod. Argo IV
.
(60): SOBRE OSIRIS DE BIBLOS Y ADONIS, RECOMENDAMOS LEER
EL CAPÍTULO 13 del libro II (final) : “OSIRIS”
“LA RAMA DORADA” de Sir James George Frazer
(México, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA 1944)
.
(61): ACERCA DE ESTE TEMA, RECOMENDAMOS LEER EL LIBRO DE
Antonio Piñero “AÑO I” (ed. Laberinto, Madrid 2008).
Capítulo XI, “Las religiones mistéricas”
.
(62a): “Jan Assmann y Moisés el egipcio. La memoria de Egipto en el monoteísmo occidental”. Cambridge, Harvard University Press,
1997
VER EPÍGRAFE 6-b) El Moisés de Assmann Y CITAS DESDE LA (19) A LA (26)
.
(62b): Acerca del monoteismo de Atón y la existencia de un solo dios en Egipto, nos dice Mircea Eliade:
Para mejor valorar la importancia de estas síntesis teológicas, volvamos por un momento a considerar el «monoteísmo atoniano». Hay
que precisar ante todo que la expresión empleada por Afehenatón en su himno —«el Dios único, aparte del cual ninguno otro existe»—
había sido ya aplicada mil años antes de la reforma de Amarna a Amón, a Ra, a Atum y a otros dioses. Aparte de esto, como observa
John Wilson, había al menos dos dioses, pues el mismo Afehenatón era adorado como otra divinidad.
Las plegarias de los fieles (es decir, del grupo restringido de funcionarios y dignatarios de la corte) iban dirigidas no a Atón, sino
directamente a Afehenatón. En su admirable himno, el faraón afirma que Atón es su dios personal:
«Tú estás en mi corazón y nadie te conoce como no sea tu hijo (es decir, Afehenatón), al que tú has iniciado en tus planes y en tu
poder».
Esto explicaría la desaparición casi instantánea del «atonismo» a la muerte de Afehenatón. En resumidas cuentas, se trataba de una
religiosidad exclusiva de la familia real y de los cortesanos.
A todo lo dicho hemos de añadir que Atón era conocido y adorado mucho tiempo antes de la reforma de Amarna. En el Libro de lo que
hay en el más allá se aplica a Ra el apelativo de «Señor del disco (Atón)»”.
“Los teólogos del Imperio Nuevo insisten en el carácter complementario de los dioses opuestos o incluso antagónicos. En la Letanía de
Ra se llama al dios solar «el Uno conjunto»”
HISTORIA DE LAS CREENCIAS RELIGIOSAS, cap. 32 // PAGS 152 Y 153
.
(64): La ley en el Antiguo Israel Luis VEGAS MONTANER
Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones Anejos (ISBN: 84-95215-76-4)
2004, XI, pp. 119-141
.
(65): IDEM cita anterior. Luis Vegas Montaner SIC:
“-La ley del talión (Ex 21,23-25; Lev 24,17-20; Dt 19,21 y C. Hammurabi 196.197.200)
- pena de muerte infligida al autor de un rapto (Ex 21,16 y C. Hammurabi 14)
- indemnización equivalente prevista cuando un pastor deja pacer su ganado en el campo de otro sin el acuerdo del propietario (Ex
22,4 y C. Hammurabi 57)
- liberación del esclavo tras varios años (Ex 21,2 y Dt 15,12: tras seis años; C. Hammurabi 117: al cabo de tres años)
- responsabilidad civil del agresor (Ex 21,18-19, C. Hammurabi 206 y Leyes hititas 16);
- restitución de un bien prestado, incluso si éste ha sido robado (Ex 22,6-8 y C. Hammurabi 125)
- aborto ocasionado por golpes (Ex 21,22-23, C. Hammurabi 209-210, Leyes mesoasirias 21.50 y Leyes hititas 17);
- magia (Ex 22,17; Lev 20,27, etc., y Leyes mesoasirias 47);
- daños causados por el ganado (Ex 21,28-32, C. Bilalama 54 y C. Hammurabi 250-252);
- juicio de Dios u ordalía (Nm 5,11 ss. y Leyes mesoasirias 17.22.24; cf. C. Ur-Nammu 1).
Sobre otros pasajes legales bíblicos que ofrecen semejanzas con el código de Hammurabi podemos citar:
- falso testimonio (Dt 19,16-19 y C. Hammurabi 3-4);
- condena a muerte de la mujer adúltera y de su cómplice (Lv 20,10; Dt 22,22 y C. Hammurabi 129)"
Pag 138, La ley en el Antiguo Israel; Luis VEGAS MONTANER; Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones Anejos (ISBN: 84-95215-76-
4) 2004, XI, pp. 119-141
.
(66): IDEM CITA ANTERIOR:
“Por otra parte, las costumbres de época patriarcal muestran claras concomitancias con la legislación hurrita de Nuzi, lo cual no resulta
extraño si consideramos la estancia patriarcal en Harán, uno de los centros hurritas más importantes. Citemos algunos ejemplos: -
adopción como heredero de un extraño cuando alguien no puede tener hijos propios como herederos, cf. Gn 15,2-3 (la institución de la
adopción no aparece en la ley mosaica); si posteriormente le nace un hijo propio, éste pasa a ser el heredero principal (cf. Gn 15,4),
recibiendo doble porción de herencia; - concubinato, mediante el cual la esposa sin hijos debía procurar a su marido una esclava que
le diera descendencia (cf. igualmente Código de Hammurabi 145-146), cf. el caso de Sarai en Gn 16,1ss y el de Raquel en Gn 30,3; -
mayor protección y posición superior de una esposa si tenía el status jurídico de hermana, cf. Gn 12,10-20; 20,1-18; 26,6-16; - venta
por parte de un hijo de su derecho de primogenitura (cf. Gn 25,31-34) o modificación del mismo por el padre (cf. Gn 48,13-20; 49,3s); -
validez legal del testamento oral del padre en el lecho de muerte, cf. Gn 27,2; - regalo de una sierva a la novia, cf. Gn 29,24.29; - la
posesión de los ídolos domésticos significaba la participación en la herencia paterna, cf. Gn 31,19."
Pag 138-139, La ley en el Antiguo Israel; Luis VEGAS MONTANER.
.
(67): Pag 139 y 140, La ley en el Antiguo Israel; Luis VEGAS MONTANER.
.
(68): Un conocido Himno a Atón de época de Amarna tiene un gran parecido con el salmo 104 del Antiguo Testamento, cuando en uno
de sus capítulos dice: "Todos los rebaños pacen en sus pastos; los árboles y las hierbas florecen, los pájaros echan a volar de sus
nidos, sus alas saludan a tu ka. Todo rebaño brinca sobre sus patas. Todo lo que vuela y se posa, vive cuando amaneces para ellos".
Comparemos el cántico anterior con el referido Salmo 104: "Todas las bestias del campo beben de ellos, y los asnos salvajes mitigan
su sed. Junto a ellos las aves del aire hacen sus nidos, y cantan entre las ramas. Desde tu morada en las alturas riegas los montes; del
fruto de tus obras se sacia la tierra. Haces brotar hierba para los rebaños, y plantas para el uso de la humanidad".
Ello hace pensar que una parte de los versículos y normas mosáicos pudieron estar inspirados en los de Amenofis IV.
.
(69): CONJURO CXXV LIBRO DE LOS MUERTOS:
“Es así que yo traigo en mi Corazón la Verdad y la Justicia,
porque he sacado de él todo el Mal…
Yo no he hecho mal a los hombres.
Yo no empleé la violencia con mis parientes.
Yo no reemplacé por la Injusticia a la Justicia.
Yo no frecuenté a los malos.
Yo no cometí crímenes.
Yo no hice trabajar para mi beneficio con exceso.
Yo no intrigué por ambición.
Yo no di malos tratos a mis servidores.
Yo no blasfemé de los dioses.
Yo no privé al pobre de su alimento.
No cometí actos execrados por los dioses.
Yo no permití que un amo maltratase a su sirviente.
Yo no hice sufrir a otro.
Yo no provoqué el hambre.
No hice llorar a los hombres, mis semejantes.
Yo no maté ni ordené matar.
Yo no provoqué enfermedades entre los hombres.
Yo no sustraje las ofrendas de los templos.
Yo no robé panes de los dioses.
Yo no me apoderé de las ofrendas destinadas a los Espíritus santificados.
Yo no cometí acciones vergonzosas en el recinto sagrado de los templos.
Yo no disminuí la porción de las ofrendas.
Yo no traté de aumentar mis dominios Utilizando medios ilícitos ni usurpando los campos de otros.
Yo no manipulé los pesos de la balanza ni su astil (medida).
Yo no quité la leche de la boca del niño.
Yo no me apoderé del ganado en los campos.
Yo no tomé con el lazo las aves que estaban destinadas a los dioses.
Yo no pesqué peces con peces muertos.
Yo no puse obstáculos en las aguas cuando debían correr.
Yo no apagué el fuego en el momento que debía arder.
Yo no violé las reglas de las ofrendas de carne.
Yo no me apoderé del ganado que pertenecía a los templos de los dioses.
Yo no impedía a un dios que se manifestase.
Yo ¡soy Puro! ¡Soy puro! ¡Soy puro! ¡Soy Puro!”
LIBRO DE LOS MUERTOS, CONJURO 125; traducción Wallis Budge, notas A.Laurent.
.
(70): EN DIFERENTES ARTÍCULOS NUESTROS HEMOS DEMOSTRADO EL SENTIDO APOTROPAICO Y DE PROTECCIÓN QUE
TENÍA EL PECTORAL (real o del clérigo) EN CULTURAS COMO LA EGIPCIA. SU ORIGEN, A MI ENTENDER, PROCEDE DEL
CARDIOFILAX O PETO CON EL QUE SE GUARECÍAN LOS GUERREROS (protegiendo sus armaduras con un trozo de metal en el
pecho). ACERCA DEL ENORE SIGNIFICADO DEL PECTORAL DE AARÓN Y SU APARICIÓN EN TIERRAS DEL OCCIDENTE
REMOTO (COMO TARTESSOS) HEMOS TRATADO REPETIDAMENTE.
Recojo a continuación la descripción del pectoral que contiene El Éxodo:
Éxodo, XVIII, 15 y ss.: “Harás el pectoral del juicio, trabajado artísticamente; como la obra del efod lo harás: De oro, púrpura y violeta
(...). Será cuadrado, doble de un palmo de longitud y otro de anchura. Lo rellenarás con una guarnición de pedrería y con cuatro filas
de piedras. En la primera fila: Una cornalina un topacio y una esmeralda. En la segunda: Un rubí un zafiro y un jaspe. En la tercera: Un
ópalo, un ágata y un amatista. En la última: Un crisólito un "soham" (berilo) y un ónice. Al colocarlas irán engastadas en oro; las
piedras corresponderán a los nombres de los hijos de Israel, estarán grabadas como sellos y con su nombre y arreglo a las doce tribus.
Fabricarás también sobre el pectoral, cadenetas de oro puro, trenzadas a manera de cordón. También harás sobre el pectoral dos
anillos-sellos de oro, poniédolos en los extremos de
este. Meterás los dos cordones de oro por los dos anillos, ponìendolos a los extremos del pectoral; ligarás los cabos de los dos
cordones a los dos broches y fíjalos así a las hombreras de efod, por su parte delantera. Harás después dos anillos de oro que
pondrás en los extremos inferiores del pectoral, sobre el borde interior que mira hacia efod (...). El pectoral se unirá por sus anillos del
efod mediante un cordón de púrpura violeta, de suerte que este quede por encima del cíngulo y no pueda desprenderse de él. Así
Aarón llevará el nombre del los hijos de Israel grabados en el Pectoral del juicio, sobre su corazón, cuando entre en el santuario y para
que sirva en perpetuo recuerdo de Yahve. En el pectoral del Juicio, pondrás el URIM y el TUMMIM, para que estén sobre el corazón de
Aarón, al presentarse esta ante Yahvé” ( Éxodo, XVIII, 15 y ss. Traducción de La Vulgata sobre textos hebreo y griego de Jose Ma.
Bover y Francisco Cantera-Biblioteca de autores cristianos, Madrid, 1947-)
PARA MÁS INFORMACIÓN ACERCA DEL SIGNIFICADO DEL PECTORAL EN LA ANTIGÜEDAD, VER MIS ARTÍCULOS.
- LO INVISIBLE EN LA MITOLOGÍA: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo (Parte XIII: El "collar pectoral" y su significado
entre los pueblos: Egipcio-arameos, neohititas y escitas). -SIGNIFICADO RELIGIOSO DEL PECTORAL, EN LAS CULTURAS
CONTEMPORÁNEAS AL TESORO DE EL CARAMBOLO- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/07/1-7-9.html
- LO INVISIBLE EN LA MITOLOGÍA: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo (Parte XVI: Misticismo y curación a través las
joyas en La Antigüedad. Escapularios, medallas sagradas y pectorales). -SIGNIFICADO APOTROPAICO DE LA JOYERÍA SAGRADA
Y PERVIVENCIA DE ELLO HASTA NUESTROS DÍAS-VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/07/1-7-7.html
- LO INVISIBLE EN LA MITOLOGÍA: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo (Parte XVII: El collar-pectoral como protector
del alma).-DESDE EGIPTO HASTA HOY, LAS JOYAS TOMARON UNAS FORMAS MÁGICAS; MUCHAS SE CONSERVARON Y
SIRVEN PARA PROTEGER A QUIENES LAS LLEVAN (TALISMANES, ABALORIOS, DIJES O MEDALLAS)- VER:
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/07/1-9-8.html
- LO INVISIBLE EN LA MITOLOGÍA: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo (Parte XVIII: Joyas y guardianes del espíritu.
Del collar y el pectoral, a las Lúnulas). -MÁS SOBRE EL SENTIDO APOTROPAICO DE LOS COLLARES, VEMOS EL VALOR
RELIGIOSO Y MÍSTICO QUE TENÍA UN TESORO; ALGO QUE HOY CALIFICAMOS COMO UN OBJETO DE PODER O
DECORATIVO- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/07/1-y-7.html
- LO INVISIBLE EN LA MITOLOGÍA: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo (Parte XIX: Análisis histórico y numerológico
de los pectorales). -ANÁLISIS DE SUS FORMAS Y SIGNIFICADO CALENDÁRICO DE SU DISEÑO Y GRANULADO- VER:
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/07/1-6.html
- LO INVISIBLE EN LA MITOLOGÍA: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo (Parte XX: Análisis comparativo y
numerológico de los pectorales tartessios).- CONTINUACIÓN DEL ESTUDIO ANTERIOR ENTRADA- VER:
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/07/1-6_19.html