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Monografía

[respecto del Parménides de Platón]


Seminario de Metafísica

El Diálogo Parménides está clasificado dentro de los llamados “Diálogos Críticos” junto con
el Teeteto, El Sofista y Político. Su elaboración se sitúa entre los años 369-368 a. C.). Dicho
texto elabora principalmente la problemática de la existencia de las Formas, de la
naturaleza de la comunicación de éstas entre sí y de las mismas con las cosas otras, además
de discutirse el ser o no ser de lo real en tanto se le entiende como uno o múltiple según
sus propiedades y según las posibilidades del lenguaje. En este sentido este escrito tiene
como tarea principal ilustrar -aunque sea someramente- la descripción hecha en la primera
hipótesis de la segunda parte del Diálogo respecto de si lo uno es, con la finalidad de acercar
una interpretación más pertinente tanto del pensamiento platónico como de uno de los
problemas capitales de la metafísica: el de lo uno y lo múltiple. Esto no con vías a ofrecer
una solución o sostener una tesis particular frente a este asunto, sino como un primer
tanteo al problema desde una de sus fuentes más antiguas.

Como preámbulo cabe aseverar que el tipo de argumentación con que se discurre en este
Diálogo es el de la demostración dialéctica, que, basándose en el principio de contradicción
arroja definiciones a través de la vía negativa. Es importante señalar esto porque teniendo
esto presente podemos valorar el desarrollo discursivo del diálogo no ya como un mero
ejercicio mental sino como un tipo de presentación de la realidad misma según nos
posicionemos en/para el pensamiento acerca de ésta.

La ya señalada segunda parte comienza con la caracterización de lo uno diciendo: Si lo uno


es, ¿no es cierto que lo uno no podría ser múltiple? (137c). A esto se responde que lo uno
no puede ser múltiple (o sea que no puede constar de partes ni puede ser un todo). Prosigue
en la caracterización de lo uno desde lo uno mismo. diciendo que 1) no tiene principio ni
fin, es decir, que es ilimitado ya que el fin y el principio implican el límite de cada cosa; 2)
es carente de figura, es informe, según lo anteriormente dicho; 3) no participa del espacio
ni del tiempo, es intemporal, eterno; 4) no se altera ni se desplaza, permanece inmóvil; 5)
ni igual ni diferente (en sentido cuantitativo), ni semejante ni desemejante (en sentido
cualitativo). Éstas últimas son referidas como afecciones de lo uno, y enseguida se muestra
en el Diálogo cómo por la equivocidad de la referencialidad de las afecciones es que se
entiende que haya diferentes sentidos para decir que algo es y no es simultáneamente, de
esta manera se entiende que lo uno sea múltiplemente, y lo múltiple unitariamente.

En 142b-c arguye a que el uno y el ser participan mutuamente de sí, lo cual supone que se
hable de dos instancias al decir lo uno es; se entonces prosigue en el Diálogo con la
descripción ahora partiendo de la noción de uno como múltiple en tanto que lo uno
“pueda” serlo, diciendo que: si lo uno es múltiple 1) es un todo y posee partes, siendo que
las respectivas partes de este todo y estas partes tienen como ejes a lo uno (hén) y al que
es (einai), y cada uno se divide según los dos respectivos; 2) es necesario que sea un número.
Habiendo sido descrita una correlación o adosamiento del uno con el ser, se entendió que
el ser es uno en tanto ínsito en todas las cosas, que el ser está escindido al extremo, y 3)
está en sí mismo y en todo otro, se localiza omnipresentemente, pero no está en la(s)
parte(s), no está contenido ni en sí ni en otro; 4) Se mueve y no se mueve, y en tanto se
mueve se dice que está en sí y en otros, pero si no se mueve está en reposo, estando en sí
mismo, pues no sale de él, no cambia.
Continúa diciendo que lo uno no es una parte de sí mismo, ni se relaciona consigo mismo
como lo hace el todo con relación a la parte, pues lo que está en lo mismo consigo mismo
está en otra cosa diferente de sí mismo, siendo que lo uno es igual y diferente de sí mismo;
pero hablando de la diferencia de la diferencia, esto implica una igualdad; 4) participa del
tiempo en tanto “recibe” el ser: llega a ser.
Pero la temporalidad suscita una complicación especial puesto que, según el propio
desarrollo de Platón en el mismo Diálogo, la participación en el tiempo hace suponer algún
tipo de escisión del ser de lo uno pues hay un movimiento hacia “la vejez” que implica a lo
uno en un tránsito, esto es, una trasformación cualitativa; la participación del ser de lo uno
es en tiempo presente, tiempo pasado y futuro, de manera que siempre está llegando a ser
más “viejo” siendo intermedio entre el fue y el será, avanzando del antes al después sin
terminar nunca de llegar a ser, siendo así que el ahora es entendido entonces como
cesación, llegar, terminar de ser: ser. Esto implica que el llegar a ser mantiene contacto con
ambos momentos a la vez (el ahora y el después), soltando uno (constituyendo el “fue”)
para atrapar al otro. EL -estar siendo- en este modo deja tácitamente dicho que el uno,
siendo múltiplemente será siempre más viejo y más joven que él mismo, teniendo, así,
siempre la misma edad: todas (de todas las cosas) y ninguna. Esto plantea la posibilidad de
preguntarse si las dimensiones de la temporalidad no son también ellas mismas simultáneas
e intercambiables entre sí de manera que el ahora, el antes y el después, el es, el era y el
será, y él llega a ser, el ser, y el llegará a ser sean todos lo mismo y lo otro pero conflagrados
en el instante.
[DIBUJO DE LA SINGULARIDAD]
Esto supone que, en la propia trama argumental del Diálogo, el originarse y el desenvolverse
de lo uno implica la perpetuación de sí mismo como autoproducción en tanto presencia, en
tanto se origina simultáneamente como principio y como fin.
Al respecto dice:

[…] lo uno tendrá que originarse simultáneamente con lo primero que se origina, y
simultáneamente, también con lo que se origina en segundo término, y no está ausente
de ninguna de las otras cosas que se originan; pues todas, sean las que fuere, les adviene,
hasta que, transcurriendo hasta el extremo último, llega a ser todo uno, no habiendo
estado ausente en la generación, ni en el medio, ni en lo primero, ni en el extremo último
de ninguna otra cosa. (153e)

Esto permite visualizar la idea de cómo en el transcurso temporal una parte del ser de lo
uno va de ser más vieja a ser más joven y viceversa en un movimiento que supone que tanto
el avance como la quietud son ficticios, de manera que sólo se dice impropiamente que son.

En 155e la participación de lo uno en el tiempo y la explicitación de su relación diálectica


con él llevan a si lo uno participa del ser intermitentemente. Ya anteriormente en el Diálogo
fue dicho que lo uno participa como adosado al ser de manera que pueda considerarse que
la multiplicidad informe pueda ser entendida como totalidad, donde parece que
multiplicidad y totalidad son referencias de perspectiva o sentido. La totalidad refiere al uno
llegando a ser acabado, partes delimitadas entre sí; mientras que la multiplicidad muestra
al uno tomando parte, llegando a ser.

La participación de lo uno es necesaria tanto al todo como a la parte, pero este contacto
tiene dos modalidades: el primero refiere a la participación (metéxein) en tanto relación
intrínseca a su modo de ser, y su sentido es el de la identidad con respecto a aquello de lo
cual participa; la segunda refiere al “tomar parte” (metalanbánein) en tanto relación
temporal, con sentido predicativo o atributivo con un carácter que será el de aquello de lo
cual toma parte. Y éstos, en tanto sentidos de aquello que se dice ser, son horizontes
partiendo el uno hacia el otro: la totalidad delimitada hacia la pluralidad ilimitada; de la
pluralidad ilimitada a la totalidad delimitada. Esto puede ser visto como un proceso de
definición que, recordemos, es dialéctico, es decir, según el pensamiento platónico, refiere
a una configuración discursiva al modo de una imagen con que se procura abarcar (aunque
siempre de manera involuntariamente incompleta) el ser en sí, lo real. En este sentido,
podemos ver cómo en el mismo diálogo hay al menos dos momentos en que se define al
ser en sí como ilimitado (áperiron). En primera instancia, como no teniendo lindes, informe,
en ningún lugar, inmóvil, eterno-atemporal, ni igual ni diferente, ni semejante ni
desemejante, de lo cual cabe preguntar si le puede legítimamente corresponder el ser
conocido, dicho y/o sentido. En segunda instancia, al considerar al uno como número y/o
principio del número, según la argumentación del diálogo, habríamos de tomar al uno como
pluralidad ilimitada, multiplicidad de cosas, es decir, infinitud de partes y lindes. Estas
caracterizaciones de -ápeiron- permiten vislumbrar que la manera lo que sea el ser en sí y
su(s) modo(s) de serlo, operan difusamente al respecto de lo que nosotros podemos dar
cuenta. Siendo así que todo cuanto podemos decir al respecto (oralmente o mediante la
escritura) de lo efectiva o más perfecta o completamente real, será siempre una
aproximación insuficiente, pues tal realidad es absoluta y singular, es inconcebiblemente
igual y diferente. De modo que, al parecer, lo que pudiéramos decir que es lo plenamente
real en este sentido, es que es acto puro sin lindes, tan sólo escindido por y para nuestro
pensamiento y nuestro discurso. Así, lo real, en sí, es una dimensionalidad siempre huidiza,
de la que vemos escisiones organizativas, donde la organización misma no es un punto fijo
de lo real mismo, sino una ficción dispuesta para la creación de imágenes verosímiles con
que operar la particular rememoración a la que estamos impelidos por la incapacidad ínsita
en nosotros para definir con precisión.

Siguiendo el mismo razonamiento, también al ir de lo uno a lo múltiple y de lo múltiple a


lo uno, ni es uno ni múltiple, ni se disgrega ni se agrega; y al ir de lo semejante a lo
desemejante y de lo desemejante a lo semejante, ni se asemeja ni se desasemeja; y al ir
de lo pequeño a lo grande y a lo igual, y al ir en sentido inverso, no es ni pequeño ni grande
ni igual, ni podría aumentar, ni disminuir ni igualarse. (157a-b)

Hasta aquí, con y por lo ya mostrado, puede inferirse que lo aquí definido remite a la noción
de Absoluto y de singularidad. El desarrollo que continúa en el Diálogo parece confirmar
esta conjetura ya que al mostrar las afecciones de las cosas otras. Escinde las realidades
según su organización, y admite tácitamente la necesidad de que algo sea parte de sí mismo
en tanto esa unicidad es otorgada por la participación con lo uno.
Así, pues, las cosas otras deben ser partes en tanto esto supone una cierta definición y
delimitación; frente a esto está la multiplicidad o conjunto de múltiples que, cual masa,
refiere al modo de ser distributivo de lo uno como pluralidad informe. Pero hay que
recordar que la relación de lo uno con lo múltiple es tomada no como relación de lo uno
con cada fragmento sino con el todo, es decir que la relación con lo uno supone ya un modo
de organización en tanto implica una finitud de las partes cuantitativa y cualitativamente.

Bibliografía:
- Platón.- Parménides, Trad. María Isabel Santa Cruz, Diálogos, vol. II, editorial Gredos,
2011
- _____.- República, Trad. Conrado Eggers Lan, Diálogos vol. II, editorial Gredos, 2011
- _____.- Timeo, Trad. Francisco Lisi, Diálogos VI, editorial Gredo 1992