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INCESTO: UNA REINSCRIPCIÓN POSIBLE DESDE EL OTRO DE LA LEY

GABRIEL ALBERTO LETAIF[1]

Resumen

La práctica cotidiana en el ámbito de la psicología jurídica nos confronta


permanentemente, como analistas, con diferentes conflictivas. Lo desarrollado en este
artículo responde a mi trabajo de psicólogo en el Servicio de Asistencia a la Víctima del
Delito, cuya organización formal obedece a la ley provincial de creación N º 4031 (1),
legitimándose a través de su dependencia de la Procuración General de la Provincia del
Chubut. Esta referencia organizacional resulta necesaria para la comprensión de la
intervención dispensada en el caso de incesto que aquí se presenta. Intervención
efectuada desde una práctica que se desarrolla en el límite entre dos discursos: el
jurídico y el analítico, que si bien ambos alojan un vacío central, en este caso han
posibilitado una reinscripción desde el Otro de la ley.

Abstract

The daily practice in the field of legal psychology confronts us permanently, like
psychoanalysts, with different conflict. The things which have been developed in this
article respond to my work as a psychologist of the Attendance Service to the Victim of
Crime, whose formal organization responds to the provincial law of creation N º 4031 (1),
General office of the Public Prosecutor of the Province of Chubut. This organizational
reference is necessary for the understanding of the intervention granted in the case of
incest mentioned here.The intervention is conducted from the practice that is developed
between the limit of two speeches: the legal and the analytical.Although both of the
previous lodge a central emptiness, in this case they have made a new inscription of the
law possible.
Introducción

La práctica cotidiana en el ámbito de la psicología jurídica nos confronta


permanentemente, como analistas, con diferentes conflictivas. Lo desarrollado en este
artículo responde a mi trabajo de psicólogo en el Servicio de Asistencia a la Víctima del
Delito cuya organización formal obedece a la ley provincial de creación N º 4031 (1),
legitimándose a través de su dependencia de la Procuración General de la Provincia del
Chubut. Esta referencia organizacional resulta necesaria para la comprensión de la
intervención dispensada en el caso de incesto que aquí se presenta. Intervención
efectuada desde una práctica que se desarrolla en el límite entre dos discursos: el
jurídico y el analítico, que si bien ambos alojan un vacío central, en este caso han
posibilitado una reinscripción desde el Otro de la ley.

Se habla allí de una asistencia integral a la víctima de un delito, asistencia que engloba
tres tópicos diferentes: el jurídico, el del trabajo social y el psicológico.
Las demandas que receptamos provienen de lo que es consulta espontánea, así como
las que se desprenden de las propias causas penales que sigue el Ministerio Público
Fiscal; en el caso que presentaré a continuación se trata de un delito que jurídicamente
es clasificado como “delito contra la integridad sexual”.

En tanto analista, esta práctica siempre en movimiento, me permite verificar, cada vez la
actualidad y vigencia de los descubrimientos del psicoanálisis, así como mostrar en qué
el mismo opera eficazmente.

Es una práctica que se desarrolla en el límite entre dos discursos: el jurídico y el


analítico. Ninguno de estos saberes en juego será complementado por el otro, sino que
apuntará a mostrar que ambos alojan un vacío central.

Una práctica que va más allá de la tarea pericial en tanto no se trata ni de la evaluación ni
de la medición que la tarea del experto forense exige a costa de excluir el sujeto.

La práctica a la que aludo es a la que se enmarca dentro del modelo penal del Sistema
Acusatorio, lo que determina las siguientes características:

A: En relación con la acusación

a) El acusador es distinto al juez y al defensor. La que realiza la función acusatoria


es una autoridad diferente de las que realizan las funciones defensiva y
decisoria.

b) La acusación no es oficiosa (allí donde no hay acusador ó demandante, no hay


juez).

c) Existe libertad de prueba en la acusación.

B: En relación con la defensa

a) El acusado puede ser patrocinado por cualquier persona.


b) Existe libertad de defensa.

C: En relación con la decisión

a) El juez exclusivamente tiene funciones decisorias.

Allí el ejercicio profesional de la Psicología también se debate entre el amarre a la letra


de lo jurídico eminentemente y /ó a una mixtura entre lo clínico y lo jurídico.

En el decir de Jacques Alain Miller (2) pareciera que hay dos clínicas. Junto a la
clínica psiquiátrica y freudiana, el propio discurso del derecho ha producido su
propia clínica seleccionando los elementos que podía incorporar. Es a la vez, o
sucesivamente, una clínica policial y jurídica. Por ejemplo, en los casos de
asesinatos en serie, después de los primeros asesinatos resulta necesario diseñar
un retrato psicológico, patológico del criminal, a fin de tratar de anticipar sus
movimientos y capturarlo. En estas situaciones la clínica es un imperativo de
seguridad pública. A la clínica policial se le agrega una clínica jurídica. Ella debe, por
ejemplo, evaluar la posibilidad de que el sospechoso, para la satisfacción de las
familias de las víctimas, pueda sostener su presencia y responder ante un tribunal.
Por ejemplo, en Francia se requiere hacer comparecer a los psicóticos gravemente
enfermos. Continúa una polémica hasta nuestros días para dilucidar si el diagnóstico
clínico debe impedir que comparezca o no ante un tribunal.

Entonces, hay dos clínicas, una clínica de los clínicos y una clínica de los policías y
de los jueces. Silvia Elena Tendlarz y Carlos Dante García (3)en su libro, vemos que
la clínica psicoanalítica trata de introducirse en la clínica policial y jurídica, sin
megalomanía, de manera modesta, como una rata simpática que muerde los cables
que sostienen la clínica policial y jurídica, y sin otra pretensión más que la de
producir una pequeña preocupación en los profesores de derecho, en los jueces y en
los abogados. Hay el caso por caso.
El artículo está estructurado en tres partes. La primera aborda la perspectiva teórica;
así, se analizan las consecuencias que la práctica incestuosa genera en la
subjetividad de los sujetos afectados, como así también la imprescindible
intervención del sistema jurídico. En la segunda se presenta la descripción de una
causa judicial acompañada por algunas puntuaciones que permitan pensar la
significación de estas intervenciones, y por último las posibles conclusiones.

Perspectiva teórica e hipótesis

La hipótesis de la que se parte es que el abuso sexual


intrafamiliar, al que se considera del orden del incesto,
genera graves consecuencias en la subjetividad de los
niños y jóvenes afectados, y es en estos casos decisiva
la modalidad con que opere el sistema jurídico, en
cuanto a agravar ó reparar la traumatización sufrida (4).

La práctica incestuosa que tiende a ser crónica, genera en


los niños un fuerte desamparo, y es en este sentido
imprescindible la intervención del sistema jurídico que,
como tercero social, instaure la ley que fue fallida.

Esto favorecería en los niños su ubicación en un orden


genealógico, y en los abusadores la posibilidad de
subjetivar el acto. Lévi – Strauss (1949) plantea que la
ley de prohibición del incesto constituye una regla, la
única que tiene carácter de universal, dado que en todos
los grupos se da una prohibición de matrimonios entre
parientes, aunque se observan diferencias tanto en el
modo en que cada grupo define qué es un pariente,
como variabilidad en la penalización del incesto.
Es así como las estructuras elementales de parentesco,
determinadas por la ley de prohibición del incesto,
permiten situar lo que se transmite de una generación a
otra como bagaje que garantiza que la cría humana sea
parlante y esté ubicada en el sistema de intercambio.
Asimismo, Legendre (1985) ubica como el eje del
sistema de clasificaciones el principio genealógico, en
tanto este designa clasificando, ó sea, asigna lugares
que no sean confundidos y desde los cuales se
maniobran las cuestiones de identidad.

Es la familia la institución encargada de transmitir y


sostener la genealogía , de más está decir que la
genealogía no apunta a un conjunto de realidades
biológicas, sino a un conjunto de sistemas
institucionales fabricados por la humanidad para
sobrevivir y difundirse, los que dan un marco de
legalidad que garantiza la conservación de la especie de
acuerdo con obligaciones que hacen posible la
diferenciación humana.

La familia sólo funciona en tanto fracasa , en la medida en


que como padres y madres seamos insuficientes. Nada
más terrorífico que la suficiencia absoluta de una madre
que sería la completud que impediría el surgimiento del
hijo; nada más terrorífico que la completud de un padre
que funcione como el padre de la horda primitiva (5).

Oscar Masotta decía alguna vez, que en psicoanálisis se


daba un fenómeno paradojal: se descubre la represión
como causa de la neurosis y se encuentra que la falta
de represión, es más dramática que su presencia,
porque la falta de represión ubica al sujeto en el campo
de la psicosis. Se podría decir otro tanto del Edipo,
castración, son el complejo nuclear de la neurosis, pero
que la solución no es que desaparezca, hay que
posicionarse con malestar en la paradoja, ya que su
ausencia nos remite otra vez al problema de la psicosis.

Quizá la clínica psicoanalítica ha sido siempre una clínica


de la familia en tanto el sujeto es efecto de la familia, en
tanto el sujeto es efecto del deseo de la madre, también
del deseo del padre, y finalmente de la interdicción que
impide que entre la madre y el hijo haya una unión que
imposibilite que exista un sujeto.

Volviendo al jurista francés Pierre Légendre establece que


la genealogía y las filiaciones instituyen la vida, instituir
la vida significa ubicar a cada uno de aquellos que
nacen en la confluencia de linajes que son diferentes , y
de allí la necesaria partición entre el linaje materno y el
linaje paterno.

En este sentido se considera el acto incestuoso como un


atentado contra el orden genealógico, dado que el padre
que incestúa viola una legalidad tanto familiar como
social; ó sea, el desafío incestuoso no es una mera
cuestión familiar, sino de la humanidad toda y, si no se
obstaculizara este impulso, la subjetivación y
humanización sería imposible.

Por lo dicho, ser víctima de incesto genera graves


consecuencias en la subjetividad de los niños afectados,
dado el desamparo que supone la anulación del sujeto
en una categoría legislada quedando, por la propia
indefensión, a merced de un padre no marcado por la
falta y asumiendo una culpabilidad de difícil tramitación.

Institucionalizar la vida es producir un sujeto dividido como


consecuencia de la confluencia de linajes (entre lo que
le proviene del lado materno y aquello que le viene dado
desde lo paterno): la familia tiene también la función de
nombrar, y nombrar es esa operación por la que
nosotros creemos que llevamos un nombre, cuando
deberemos llegar a ser eso que el nombre representa.
El nombre nos forma, y no somos nosotros los que
llevamos un nombre; en el caso que presentaremos a
continuación se podrá identificar claramente las
marcadas dificultades de la joven víctima del incesto
paterno filial para “nombrarse”.

Método

Los casos que asistimos desde nuestro Servicio –


dependiente de la Fiscalía – ingresan al sistema de
administración de justicia a partir de que se insta una
acción penal, que si bien al tratarse el abuso sexual
desde la perspectiva del Código Penal un delito de
“instancia privada”, la actuación de la Fiscalía como
Organismo acusador puede perfectamente librar una
acción de oficio y solicitar a la Asesoría de Familia la
representación de los intereses del niño dentro de la
acción penal.

A partir de ello, nuestro Servicio interviene de acuerdo al


siguiente protocolo:
 Entrevista de admisión victimológica
interdisciplinaria (psicólogo – trabajador social)
 Valoración del daño presente y potencial (inferido)

 Efectivización del Diagnóstico Victimológico (6)

 Solicitud de medidas de protección y / ó cautelares ante el fuero de familia

 Dispensa de abordaje terapéutico de orientación victimológica tendiente a la


elaboración de la situación de victimación (7) padecida; dicho proceso se
efectúa desde el momento de ingreso al Sistema de Administración de
Justicia, durante la fase preparatoria al Juicio Oral y en las instancias de
éste; evaluándose de forma particular (caso por caso) el momento del “alta
psicojurídica” y su derivación – de corresponder – al sistema de Salud.

La viñeta clínica:

La situación es de una joven de 18 años de edad, quien fuera derivada para


atención victimológica desde la Oficina de Derechos y Garantías de la Niñez, la
Adolescencia y la Familia.

Se recibe a la joven en un deplorable estado general – tanto en lo que respecta a


sus condiciones físicas, como así también desde lo psicológico y lo social -; con
marcadas dificultades para verbalizar y establecer lazos sociales con terceros;
razón por la que se decide sostener entrevistas – en simultáneo, pero en forma
individual – con la madre, quien reconstruye los siguientes elementos socio-
históricos de la misma: Su hija vivió con su padre desde los cinco años de edad
en una zona rural y que fue así desde que ella se separó de quien fuera su
marido y padre de la hija; tras la separación no volvió a ver a su hija hasta que
ésta cumplió los 12 años de edad (sosteniendo un trato infrecuente con la
mencionada por los obstáculos que disponía el padre, es de destacar que es la
edad en que la joven queda embarazada de su primer hijo).

Refiere que su hija concurría a una Escuela con modalidad de Internado y que
ello fue así hasta que la misma quedó embarazada de su primer hijo; en cuanto
se dispuso conocer acerca de quién era el presunto progenitor del niño, el padre
de la joven le responde que el padre del niño había muerto ahogado; allí la joven
deserta del sistema de educación formal; y al tiempo queda nuevamente
embarazada de mellizos; y que sería en ese momento el inicio de su duda
respecto de la presunta responsabilidad del propio padre sobre los embarazos
de su hija; duda que le habría sido esclarecida por la actual pareja del padre de
la joven.

El padre de la joven es una persona de mediana edad, dedicado al trabajo rural


en su propio campo, no se cuentan con datos respecto de posibles adicciones al
alcohol; había conformado pareja con una menor de edad con quien tuvo dos
hijos; al mismo tiempo que ejercía violencia física y psíquica sobre la hija a la
que incestúa desde su llegada a la pubertad.

La joven – objeto de intervención en autos – tuvo tres hijos de su propio padre


desde los 12 años de edad y hasta los 16; de los cuales a resultas de la
intervención penal, se acredita la paternidad a través de las correspondientes
pruebas biológicas.

Desde el momento de la revelación del abuso, la joven fue retirada junto a sus
pequeños de 06 y los mellizos de 02 años de edad respectivamente del lado del
padre y alojada en la casa de su madre (quien al momento de los hechos se
encontraba en pareja y junto a dos de sus hijos de la unión anterior con el padre
de la joven y dos hijos más pequeños producto de su actual relación).

La joven a la que llamaré Ana, llega a la entrevista de admisión victimológica


desde un posicionamiento subjetivo pasivo, resignado, amorfo, alojándose en
un lugar de despojo del otro.

Desde el primer momento al hacer referencia a elementos inherentes a la


sexualidad / maternidad, denota en su enunciación gran dificultad para
relacionarse con personas del otro sexo, enmudeciendo casi de inmediato,
infiriéndose cierto rasgo de desorganización subjetiva.

En el vínculo que sostiene con su madre le reprocha inconscientemente la


decisión de haberla dejado junto a su padre, lo que la inestabiliza y la lleva a
diferenciarse del resto de sus hermanos, por ejemplo, cuando habla de sus
hermanos lo hace en los siguientes términos “sus hijos” , por lo que se podría
hipotetizar que ello sería efecto innegable de los actos incestuosos provenientes
del lado de su padre; lo que trastabilla de modo significativo, la posibilidad de
filiación y de ubicación intra e intergeneracional.

Después de un número de sesiones recién pudo referir las situaciones de abuso


sexual a las que era sometida por parte de su padre; puesto que las amenazas
que éste le profería la habrían llevado a permanecer en silencio durante todo
este tiempo, silencio que actualiza durante las sesiones, enmudeciendo y
angustiándose en gran medida ante la posibilidad de quebrantarlo.

El secreto aquí, es un punto nodal del acto incestuoso, que sustituye el tabú del
incesto por el de hablar acerca de él, lo que coadyuva a que Ana mantenga el
silenciamiento de ello.

Ausencia de palabras que nos confronta a un goce mortífero. En el decir de Eric


Laurent (8) “sería mejor hablar de fuera – del – sentido, pudiéndose calificar
estos fenómenos como expresión de la pulsión de muerte ó de un punto de real,
de un goce que se afirma fuera de todo sentido posible.

En la medida en que Ana ponía en palabras algo del orden de lo real pulsional,
devenía una posibilidad de sentido simbólico de ello; allí se pudo saber que las
dificultades en el vínculo con su madre girarían en torno a la modalidad en que
la joven accede a la feminidad; puesto que no accede a la feminidad desde una
sexuación regida por un ordenamiento fálico (ordenador que regula las
relaciones personales, sociales; según las pautas culturales con respecto a la
prohibición del incesto) sino que es a partir de la trasgresión por parte del padre
a través de actos incestuosos de los que Ana resultara objeto.

Se podría sostener que algo a nivel de una “legalidad” organizante se ha jugado


en Ana y es lo que la determina hacia una búsqueda exogámica y hacia una
salida a través del lazo social; por ejemplo, para ella ha resultado de gran
importancia retomar su escolaridad y hasta comenzar a “adornar” su cuerpo
(libidinizarlo) ante la posibilidad de establecer una relación afectiva con alguien,
ahora sí, por fuera de su familia. Acto que determina su enunciado como sujeto
deseante.
Alojar a los niños en la causación de su deseo:

Durante el transcurso del proceso de asistencia victimológica; Ana pudo re-


posicionarse subjetivamente y alojar a los niños, ocupándose de ellos en los
quehaceres cotidianos, si bien con la imprescindible ayuda de su madre, pero
sosteniendo algún tipo de respuesta ante la demanda proveniente de los niños.

Se produce un viraje, a partir del cual posibilita comenzar a nombrar a los niños
como hijos, “quiero a mis hijos como si fueran hijos de otro hombre y no de mi
padre”, disociación que le permite ingresar a los niños desde una legalidad
ajena al incesto, enajenándolos de una constitución subjetiva determinada por
una trama incestuosa.

De la interacción en la estructura familiar materna:

La inclusión de Ana en el hogar materno, no habría sido una decisión


reflexionada, sino más bien se trató de una respuesta impulsiva de los sistemas
de protección de la infancia, desconociendo la implicancia que le conllevaría a
la joven dicha situación.

La modalidad de lazos sociales que establecen en el grupo familiar son


eminentemente especulares atravesados por una “igualdad” imaginaria y la
distinción del “todo de todos”, de esta manera aquellos en función de hijos
pasan a ser de todos, lo que implica una relación de hermanos, donde la función
del padre queda desdibujada. Ello determina el establecimiento de relaciones
familiares con tintes eminentemente agresivas y más aun en donde el
funcionamiento familiar gira en torno de la madre y no del padre como función.

La aceptación de un tercero en la relación que establecen Ana y su madre se


torna sumamente dificultosa; lo que se asienta sobre una base de
indiscriminación afectiva entre los miembros de la familia de Ana, propiciando
las múltiples injerencias de todos en la vida afectiva de la joven, lo que más
adelante determinaría en la misma, un empuje al estilo de un acting out para
buscar salirse de esa modalidad familiar.
Para Ana, la relación que ha establecido desde adolescente con la última pareja
del padre (Marcela de 26 años de edad), le resulta una figura significativa en su
devenir subjetivo, puesto que es quien sostuvo su padre como causación de su
deseo, pero también es quien le posibilita en definitiva la emergencia del lado
del padre, ya que resulta ser ella quien larga al ruedo la cuestión del abuso
sexual que padecía Ana de parte de su padre.

Rectificación Subjetiva:

Ana refiere haber conocido a un hombre hace algunos meses (entre ambos hay
una significativa diferencia de edad, puesto que él es bastante mayor que ella);
lo habría conocido durante sus salidas hacia la Escuela; al respecto resultaría de
interés determinar si dicha elección de objeto de amor, no sería un acting out
ligado a los tantos de su vida en el que reedita de modo inconsciente la trama
fantasmática del incesto consumado por su padre; no obstante dicha
insistencia, la unen a este hombre otros rasgos, tales como la ternura y la
confianza que le dispensa.

No obstante es de resaltar la nueva posición subjetiva de la joven; deslizamiento


que hay desde una posición de resignación como objeto de maltrato, y, sobre
todo, de la injusticia de otro caprichoso, hacia pasar a mostrar signos de
división subjetiva, que se expresa a partir de los cuidados que le dispensa a su
cuerpo y la incógnita que se abre con relación al otro sexo.

A modo de conclusión

El sujeto que se dirige a las instancias que se ocupan de la administración de


justicia, lo hace porque se siente imposibilitado de encontrar soluciones a
dichas situaciones. Es como señala Serge Cottet (9) un sujeto que se ha
construido un mito sobre el fondo de desgracia real. Este real de la violencia se
pone de manifiesto en casos tales como el del incesto, entre otros.
Cuando el sujeto hace la denuncia es porque la incidencia de lo real no puede
ser tramitada por la palabra, por lo simbólico y busca a otro, al que le supone un
saber sobre lo que le acontece y que puede dar respuesta a su malestar. Se
instala en este encuentro una transferencia entre el sujeto y la instancia que
acoge la denuncia.

En el caso que presentamos, el encuentro con el Otro de la ley, le posibilitó a la


joven apaciguar lo de goce y mortífero implicado en la denuncia, al fungir como
un operador desde la función paterna.
Referencias Bibliográficas

(1) Consultados los integrantes del organismo, expresan que para dar
respuesta a la asistencia de la víctima del delito, en 1993 la Procuración
General de Chubut propició la creación de los Servicios de Asistencia a la
Víctima del Delito, que se concreta en junio de 1995, mediante la Ley
Provincial Nro. 4031, a partir de una decisión de la Procuración General
de la Provincia del Chubut. Es oportuno consignar que el artículo 35 de la
Constitución Provincial establece que “toda persona víctima de un delito
tiene derecho a ser asistida en forma integral y especializada con el
objeto de propender a su recuperación psíquica, física y social.”

(2) Miller, J. A. (2008). Nada es más humano que el crimen. Virtualia Revista
digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana, (18), 3-6.

(3) Tendlarz, E. Y García, C. D. (2008). ¿A quién mata el asesino?


Psicoanálisis y Criminología. Bs. As: Ed. Grama.
(4) Capacete, L. Y Nogueira, S. (2004). La intervención jurídica en los casos
de incesto. En Gerez Ambertín, M. (Comps.) Culpa, Responsabilidad y
Castigo en el Discurso Jurídico y Psicoanalítico.(183-199). Bs. As.: Ed.
Letra Viva.

(5) Saal, F. (1995) La familia como institución de lo imposible. Revista El


Psicoanálisis en el Siglo,1(3), 83-90. Córdoba – Argentina.

(6) Diagnóstico Victimológico: Rodríguez Manzanera (2005) propone el


estudio individual y directo de la víctima de un delito, dentro del marco de
la Clínica Victimológica que es una rama aplicada del conocimiento que
se retroalimenta de la teoría victimológica. Las técnicas clínicas que
utiliza son: a) la entrevista, b) examen médico, c) examen psicológico, d)
encuesta social. Los estudios deben desembocar en un diagnóstico
particular para cada área (medico, psicológico y social) y un diagnóstico
general victimológico, que no se debe quedar con establecer la
reparación del daño o calificar la gravedad del delito, sino también
averiguar cuáles son los factores que favorecieron la victimación, es
decir se debe averiguar si la víctima ha sido la causa o la excusa de la
infracción, si ésta es el resultado de un consenso o si se trata de una
simple coincidencia. Así mismo, es preciso conocer cómo capta la
víctima su victimación: si se acerca a la realidad, minimiza los daños o se
sobrevictimiza, si la víctima ha desarrollado sentimientos de culpa,
atribuyéndose la responsabilidad. En pocas palabras el diagnóstico
victimológico debe llegar a descifrar la victimogénesis y la
victimodinámica (Rodríguez, 2006).Este estudio debe contener un
pronóstico respecto de cuál será la conducta futura de la víctima. La
importancia reside en que de esta forma se pueda prevenir la posible
victimación, disminuir que los familiares se conviertan en víctimas o
victimarios, disminuir la probabilidad de reincidencia del victimario y
sentar las bases para el tratamiento. El tratamiento tendrá como
propósito eliminar o disminuir los efectos de la victimación y evitar
futuras victimizaciones.

(7) La victimación se refiere al acto de producir una víctima desde


situaciones concretas (delito, catástrofe, accidente de tránsito, etc); en
cambio la victimización es el proceso social (convertir en víctima, dice el
Diccionario de la Real Academia Española) por el cual la estructura
organizativa de una sociedad genera – de diversas maneras – la
victimación.
(8) Laurent, E. (2007). Las nuevas inscripciones del sufrimiento en el niño. En
Laurent, E. y Cazenave, L. (Comps.). Psicoanálisis con niños y
adolescentes. Lo que aporta la enseñanza de Jacques Lacan. (37-48). Bs.
As.: Ed. Grama / Departamento Pequeño Hans.

(9) Cottet, S. (2006). La consulta psicoanalítica: cortocircuito. Revista


Freudiana (46), (39-46). Barcelona.