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FUNDACiÓN PARA EL ANÁLISIS

Y LC>S ESTLJDIC>S SOCIALES

Isaiah Berlin:
Una reflexión liberal
> sobre el "otro"

COORDINADOR

José María lassalle

PAPELES
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DE LA FUNDACIÓN· N° 69
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Isaiah Berlin: Una reflexión
liberal sobre ·el "otro"

La figura intelectual ele Isaiah Berlin (1909, 1.99il) r.esulta fascinante


ya que estamos ante una especie ele aventurero cI¬ (as ideas. Un teó-
rico del liberalismo que, siguiendo el consejo '~oético' de Hólderlin,
frecuentó los territorios incómodos y peligrosos que habitan los pro-
fetas del totalitarismo con el fin de salvar sus ideas liberales, Imbui-
do por un romanticismo vital que recuerda la astucia agónica de
Odisea, fue capaz de convivir con esos Polifemos del pensamiento
que cuestionan y niegan nuestra identidad liberal. y así, Marx, De
Maistre, Herder, Sorel, Hamann o Vico fueron los 'objetos de su estu-
dio, ya que como reconoció en una ocasión: "Me aburre leer a
quienes piensan más o menos como yo. Hóy en día el liberalismo
parece un compendio de banalidades porque. todos-creernos en las
ideas liberales, todos las aceptamos. Resulta mas interesante leer a
los enemigos porque ponen a prueba la solidez de nuestras defensas
al encontrar sus debilidades. A mi me. 'interesa-saber cuáles son los
errores que presentan. las ideas en las que creo.. ¿Pará qué? Para po-
der enmendarlas o abandonadas?". ..' . " "',
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Atado al mástil de-tan :sin~L1I~r"lil:i~ral¡,sm'o, la' biograña de Berlin no


sólo recuerda la gesta dél mítico -Odiseo. que venció el canto de las
peligrosas sirenas que pueblan los 'escenarios de la sinrazón y la vio-
lencia 'utópica y antiutópica, sino .que desarrolló una· propuesta teóri-
ca capaz de' afrontar los inevitables conflictos que surgen en el seno
de las sociedades abiertas debido a su creciente complejidad étnica
y cultural. ,¿Cómó?"lv1ediante 'un 'liberalismo reformista que haga del
pluralismo y.el respeto de .los derechos humanos un mínimo indiscu-
tible sobre el que edificar una convivencia colectiva que busque la
salvaguarda efe la libertad yla paz cívica a partir de la erradicación
de la injusticia, la crueldad y el sufrimiento.

Precio: 3,67 €
/VA incluido
ISAIAH BERLIN:
UNA REFLEXIÓN LIBERAL
SOBRE EL "OTRO"

~.
,
V LOS ESTUDIOS SOCIALES

Isaiah Berlin:
Una reflexión liberal
sobre el "otro"
Carlos Dardé
Eusebio Fernández García
Ignacio Gil Lázaro
Juan Antonio González Fuentes
José María Lassalle
Dámaso López
Jesús Ignacio Martínez García
José Manuel Romay
Ana Torme

P APE LE S D. E L A F u N D A CIÓ N
© Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales y los autores, 2002

ISBN: 84-89633-62-2
Depósito Legal: M-19354-2002
Impreso en España I Printed in Spain
EBCOMP, S.A. Bergantín, 1 - 28042 MADRID

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SUMARIO 9

Sumario

Páginas

l. PARTE

ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL


"OTRO". . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
José María Lassalle

II. PARTE

MI ENCUENTRO CON BERLIN. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97


Carlos Dardé

APOSTILLASA UNA REFLEXION SOBRE ISAIAH BERLIN . 103


Eusebio Fernánde; García

BERLIN: EL ENCUENTRO CON EL "OTRO" . . . . . . . . . . . . 109


Ignacio Gil Lázaro

DE LAS CLASIFICACIONES DE ISAIAH BERLIN, O A


PROPÓSITO DE VERDI. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117
Juan Antonio Gonrále; Fuentes

ISAIAH BERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO. . . . 133


Dámaso Lápe:
ISAlAR BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO" 10

Páginas

UNA IMPRESIÓN SOBRE ISAlAH BERLIN. . . . . . . . . . . . 163


Jesús Ignacio Martines; Carda

PENSADORES QUE DEJAN HUELLA: ISAIAH BERLIN . . . 171


José Manuel Romay

ISAIAR BERLIN: ¿LA CONMOCIÓN DEL ENCUENTRO? . . 187


Ana Tonne
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 11

ISAIAB BERLIN: UNA REFLEXIÓN


LmERAL SOBRE EL uOTRO"

José María Lassalle


Profesor de Filosofía del Derecho, Universidad Carlos III de
Madrid.

1. PRESENTACIÓN: EL INTELECTO COMO


AVENTURA VITAL

Al hablar de la figura intelectual de Sir Isaiah Ber-


lin (1909-1998) uno tiene la sensación de hallarse ante
una especie de aventurero de las ideas: un autor que
hizo del conocimiento y la reflexión escenarios gober-
nados por el riesgo o, si se prefiere, por ese peligro del
que hablara Nietzsche cuando apelaba a él como máxi-
ma vital y que también puede aplicarse a la vida del
pensador universitario.

y es que aunque no case muy bien con los estereo-


tipados esquemas que definen la imagen pública del
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO· 12

intelectual, lo cierto es que la reflexión teórica puede


ser también un campo abonado para la aventura. Pero
cuando apelo a ésta no quiero referirme a la vida aven-
turera de quien, como Sir Richard Burton (1821-1890),
colgó sus hábitos de erudito oxoniense para entregarse
a explorar una geografía física todavía desconocida
mientras estudiaba los arcanos de la filosofía y la lin-
güística orientales (1). No, mi referencia a la aventura
intelectual tiene que ver con la actitud de aquellos que,
sin tener que embarcarse en el descubrimiento de las
fuentes del Nilo, son capaces de frecuentar desde su
gabinete de hombres de ideas los peligrosos bajíos que
éstas pueden llegar a contener si portan consigo ese
componente abismático que cuestiona la seguridad de
lo dado y asumido (2).

Convertidos en una suerte de Teseos del conoci-


miento, estos pensadores producen la impresión de es-
tar avanzando por el laberinto de las ideas guiados por
el frágil hilo de su reflexión, aunque, eso sí, sin perder

(1) Sobre la apasionante vida de tan célebre y hetorodoxo

aventurero inglés, véase RICE, E., El capitán Richard Burton,


trad. de M. Martínez-Lage, Siruela, Madrid, 1992.
(2) De hecho, en el prólogo de H. Hardy hace a BERLIN, L, El
poder de las ideas, trad. de C. Morán Calvo-Sotelo,Espasa-Calpe,
Madrid, 2000, se inserta una cita que toma del propio Berlín, de
sus Dos ensayos sobre la libertad (1958), y que resume la impor-
tancia que éste supo dar al valor de las ideas políticas: "Hace
más de cien años, el poeta alemán Heine advirtió a los france-
ses que no debían subestimar el poder de las ideas: los concep-
tos filosóficosalimentados en el silencio del estudio de un aca-
démico podían destruir toda una civilización"(pág. 11).
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL "OTRO" 13

nunca el norte del mismo. Y así, conscientes de la pre-


sencia de sus particulares Minotauros, descienden lenta-
mente por los peldaños del saber hacia esos infiernos
del intelecto en los que, como reconocía Hamann -uno
de los autores a los que precisamente dedicó Berlin su
estudio- moran los Dionisos del saber, aunque de ese
saber "terrible" que apela a las "pudenda" y "genitalia"
del conocimiento, y que plantea la exigencia de no des-
preciar el "noble sum por los intereses del cogito" (3).

Pues bien, en Isaiah Berlin, esta vocación aventure-


ra de la que estamos hablando acaba convirtiéndose en
una cuestión de principios e, incluso, de método. Guia-
do por ella, su oficio de universitario lo llevó a viajar
por la geografía de las ideas incómodas para el libera-
lismo en el que creía con devoción: es decir, por ese te-
rritorio totalitario gobernado por las ideas que "justifi-
can" o "legitiman" -siguiendo el análisis popperiano-
los modelos cerrados de sociedad política al erigir "Ver-
dades" irrefutables e incuestionables a partir de crite-
rios absolutos de razón o sinrazón, da lo mismo, que
son capaces de excluir y proscribir cualquier lógica de
refutación crítica o, llegado el caso, de disidencia frente
al régimen de "Verdad" que establecen y administran. y
así, imbuido de un romanticismo vital que recuerda
bastante la astucia agónica de Odiseo, transitó por

(3) BERLIN, 1., El mago del Norte. J. G. Hamann y el origen del


irracionalismo moderno, editado por H. Hardy, traducción, intro-
ducción y notas de J. B. Díaz-Urmeneta, Tecnos, Madrid, 1997,
pág. 132.
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO· 14

aquellos lugares del pensamiento en los que, por seguir


con el ejemplo homérico, uno tiene que enfrentarse a
sí mismo: a aquello que constituye ese "otro" amena-
zante que, como apuntaba Karl Jaspers, lo cuestiona y
niega al ponerlo a prueba en sus convicciones más pro-
fundas, y que en Berlin dio forma a la práctica de un
auténtico pluralismo vital caracterizado por un sostén
"propio, una pre-ocupación personal" (4).

Atado al mástil de tan singular liberalismo, la biogra-


fía intelectual de Berlin recuerda la gesta del Odiseo mí-
tico que fue capaz de escuchar el canto de las peligrosas
sirenas mientras sus compañeros de viaje tapaban sus
oídos con la cera de lo indiscutido y, porqué no decirlo
también, de lo manido y conocido. De ahí la obsesión
berliniana de imitar a los viajeros románticos al situar
su reflexión liberal en los escenarios agrestes de esas
ideas que emulan los espacios físicos buscados por quie-
nes como Lord Byron pretendían, según Rafael Argullol,
liberar al "espíritu del asfixiante aire de limitación" que
irradiaba la sensatez burguesa, pues templando el carác-
ter en el riesgo que contiene el hierro de la aventura se
logra "calmar en geografías inhóspitas la herida que pro-
duce el talante cobarde y acomodaticio de un tiempo y
una sociedad marcada por la antiépica burguesa" (5).

(4) SEVILLA, J. M., "La insumisión al dilema. Berlin y Vico", en


BADILLO,P. y BOCARDo,E., (Editores), en Isaiah Berlin. La mira-
da despierta de la historia, Tecnos, Madrid, 1999, pág. 327.
(5) ARGULLOL, R., El Héroe y el Único. El espíritu trágico del Ro-

manticismo, Taurus, Madrid, 1999, pág. 302.


ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO" 15

En este sentido, el espíritu intelectual de Berlin re-


cuerda, como llegó a reconocer personalmente a Shiela
Grant Duff, al de Iván Turguéniev (6). Desde que leyó su
novela En vísperas, Berlin admiró en él ese talante abier-
to que define al hombre liberal que es capaz de encar-
nar la actitud negativa de quien siendo un celoso defensor
de la libertad, sin embargo, y a pesar de su compromiso
con ella, no deja de ocultar su empatía epistemológica
hacia aquellos que, situándose frente a él, pretenden des-
truirla con toda su ferocidad intelectual (7).

Pero lo más interesante de Isaiah Berlin no es sólo


verlo en el papel de aventurero intelectual que se inte-
resa por los mundos sombríos de la reflexión política,
sino en contemplar cómo se interna en ellos para des-
cubrir, con Kant, que con "un leño tan torcido como
aquel del cual ha sido hecho el ser humano nada pue-
de forjarse que sea del todo recto".

Esta percepción kantiana que está presente en la re-


flexión liberal de Berlin es lo que finalmente le hace
salir vencedor de sus viajes por los escenarios de la
sinrazón y la violencia utópica o antiutópica. Y cuando

(6) Cfr. ICNATIEFF,M., Isaiah Berlin. Su vida, trad. de Eva Ro-


dríguez Halfter, Taurus, Madrid, 1999, pág. 103.
(7) BERLIN, l., "An Episode in the Life of Ivan Turguenev", en
London Magazine 4, núm. 7 (julio), 1957, págs. 14-24 y "Padres
e hijos" en BERLIN, l., Pensadores rusos; compilación de H.
Hardy y A. Kelly, introducción de A. Kelly, trad. de J. J. Utrilla,
FCE, México, 1992, págs. 480-552.
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 16

digo "vencedor" me refiero al hecho de ver cómo fue


capaz de digerir el mundo del irracionalismo y la reac-
ción que frecuentó con asiduidad, y sin que por ello tu-
viera que renunciar a su liberalismo. Es decir, sin verlo
sucumbir ante el riesgo que Nietzsche planteaba en
Más allá del bien y el mal al advertir a aquellos que
sienten la seducción de tratar al "Otro" que tengan en
cuenta que: "Quien lucha con monstruos cuide de no
convertirse a su vez en un monstruo. Cuando miras
largo tiempo a un abismo, también éste mira en ti" (8).
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Por eso el ejemplo berliniano es tan sugerente: por-
que demuestra cómo el talante y la actitud liberales
pueden fortalecerse en su contenido si se descubren los
porqués que están detrás de las ideas que lo cuestionan
con saña, pues, frente a quienes creen que sólo debe
explorarse el territorio de lo tolerado para no dar can-
cha intelectual a la barbarie, Berlín es de los que sos-
tiene todo lo contrario. Para él la mejor manera de po-
ner coto a la violencia y la irracionalidad es, siguiendo
la propuesta de Holderlin, encaminándose hacia las
fuentes intelectuales de lo que es teóricamente peligro-
so, pero con el propósito indisimulado de comprender-
las desde su mismidad y, así, poder atajarlas a partir
de sus raíces.

(8) NIETZSCHE, F.. Más allá del bien y del mal, trad. de A. Sán-
chez Pascual, Alianza Editorial. Madrid, 1983. pág. 106.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERALSOBRE EL "OTRO" 17

En este sentido la propuesta de Berlin es alecciona-


dora. Descuidar al "otro", parece recordamos una y
otra vez, es un error. Sobre todo cuando éste constituye
una amenaza que cuestiona nuestra propia identidad e,
incluso, nuestra supervivencia al configurarse como el
antípoda del orden ideal de sociedad en el que vivimos
y que, como se recuerda en la película Forbidden Planet
(1956) al hilo de la conversación que mantienen el ca-
pitán Adams y el doctor Moebius: "Todos nosotros te-
nemos una parte monstruosa en el subconsciente. Por
eso tenemos leyes y religión" (9).

Si los liberales europeos no hubieran desdeñado


tanto las raíces intelectuales de las que brotaron el fas-
cismo y el comunismo quizá la historia del tortuoso si-
glo xx hubiera sido otra bien distinta. De ahí que pue-
da afirmarse, con M. Vargas Llosa, que el liberalismo
berliniano consiste, antes que cualquier otra cosa, en
un "permanente esfuerzo de comprensión del adversa-
rio ideológico" (10) ya que busca incansablemente los
'porqués de su programa político. Quizá por ello, y
siendo un celoso defensor de la libertad y un enemigo
declarado del determinismo y el autoritarismo, ocupó
su análisis reflexivo escribiendo textos tan magníficos
como los que dedicó a Marx y De Maistre. En ellos,

(9) Tomado de G. CORTÉS, J. M., Orden y caos. Un estudio cul-


tural sobre lo monstruoso en el arte, Anagrama, Madrid, 1997,
pág. 21.
VARGAS LLOSA, M., "Sabio, discreto y liberal", en El País, 16
(10)

de noviembre de 1997, pág. 15.

J
ISAIAH BERLlN: UNA REFLEXIÓN liBERAL SOBRE EL ·OTRO· 18

como en otros ensayos que tuvieron como protagonis-


tas a pensadores que se situaron en la confrontación
directa con sus ideas liberales, Isaiah Berlin denota
siempre una fascinación incondicional hacia sus opo-
nentes. Una entrega que, como sucede con sus trabajos
sobre Vico, Hamann, Herder o Sorel, muestra la volun-
tad deliberada de dejarse seducir por el "otro" y entrar
en una suerte de erotismo intelectual que lo llevó a
abrazarlos amorosamente con el fin de conocer hasta
los más profundos y misteriosos recovecos que alimen-
tan su pensamiento, pero sin incurrir en el desenlace
que Ovidio recoge en Las metamorfosis al proclamar su
famosa reflexión: "Video meliora proboque; deteriora
sequor" (lo bueno apruebo y lo contrario sigo) (11). Y es
que como reconoce en la última entrevista que mantu-
vo con S. Lukes: "Me aburre leer a quienes piensan
más o menos como yo. Hoy en día el liberalismo pare-
ce un compendio de banalidades porque todos creemos
en las ideas liberales, todos las aceptamos. Resulta más
interesante leer a los enemigos porque ponen a prueba
la solidez de nuestras defensas al encontrar sus debili-
dades. A mi me interesa saber cuáles son los errores
que presentan las ideas en las que creo. ¿Para qué? Pa-
ra poder enmendarlas o abandonarlas" (12).

OVIDIO, Las metamorfosis, VII, 40, edición, introducción y


(11)

notas de J. F. Alsina, trad. de P. Sánchez de Viana, Planeta, Bar-


celona, 1990, pág. 242.
Entrevista con S. Luckes, en Tra [ilosotia e storia delle idea,
(12)

Ponte alle Grazie, Florencia.


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~-:; .

IsAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERALSOBRE EL ·OTRO· 19

A esa tarea dedicó su vida y su obra, y por ese mo-


tivo cuando uno contempla el quehacer intelectual de
Berlin se percibe una nota de desconcierto: el que pro-
duce sentir que está ante alguien que no parece ser
quien dice ser, pues, a pesar de la condición de univer-
sitario que envuelve su trabajo, lo cierto es que el mis-
mo no parece casar muy bien con los cánones más o
menos rígidos que gobiernan el mundo hiperformaliza-
do de la Academia.

Heterodoxo, a su manera, del liberalismo, pero libe-


ral al fin y al cabo, Berlín nos ofrece el testimonio ra-
zonador de alguien que hace de la impostura aventure-
ra un rasgo de su fisonomía vital. Un rasgo sin el que
sería imposible comprenderlo y, porqué no reconocerlo
también, admirarlo debido al singular sello con el que
supo modelar su dilatada vida de historiador de las
ideas al cimentar ésta alrededor de un culto indísimu-
lado por el pluralismo, hasta el punto de hacer plástica
en su existencia la reflexión que tomó de J. A. Schum-
peter -y que introdujo en sus Cuatro ensayos sobre la
libertad (1969)- al decir con él que: "Percatarse de la
validez relativa de sus propias convicciones, y sin em-
bargo ser capaz de defenderlas sin vacilaciones, es lo
que diferencia en la práctica a un hombre civilizado de
un bárbaro" (13).

(13) SCHUMPETER, J. A., Capitalism, Socialism and Democracy,


Allen & Unwin, London, 1952, pág. 243.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO" 20

Su famosa descripción de la zorra y el erizo es


ejemplificadora de su método reflexivo y del talante in-
telectual con el que guió su estudio. Alejado de plantea-
mientos "fuertes", por asumir la terminología postmo-
derna, Berlin más que erizo u hombre de sistema, fue
un zorro, es decir, un sabedor de astucias que analizó
los problemas de la realidad política occidental sin un
orden aparentemente claro, pero con un hilo conductor
lo suficientemente estable y coherente como para poder
ofrecernos soluciones aceptables a aquéllos. La razón
de ello reside en esa dinámica flexible y en esa plastici-
dad permeable y asistemática que porta consigo su
pensamiento y que es plenamente congruente ~on la
permanente apertura y reforma que caracteriza el mo-
do de vida que contiene esa civilización occidental que,
como reconocía Karl Popper: "a pesar de todos los fa-
llos que justificadamente pueden encontrarse en ella ...
es la más libre, más justa, más humanitaria de todas
las que hemos conocido a lo largo de la historia de la
humanidad. Es la mejor porque es la que tiene más ca-
pacidad de mejorar" (14).

Defensor de Occidente y sus valores antideterminis-


tas cuando tantos cuestionaban su vigencia, Berlin con-
tiene esa insaciable curiosidad liberal que hace de la
búsqueda un fin: un itinerario trágico al servicio de la
libertad, y cuyo único compromiso es con la libertad

::;
(14) K., En busca de un mundo mejor, trad. de J. Vigil
POPPER,
Rubio, Paídós, Barcelona, 1994, pág. 157.
--_
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERALSOBRE EL "OTRO" 21

misma. ¿Con qué objeto ... ? Con el de poder elegir en


medio del maremágnum decisionista sobre el que se le-
vanta la existencia de quienes aspiran al bienestar mo-
ral que proporciona afirmar, a la manera cervantina,
que uno es dueño de su propia vida o, lo que es lo
mismo, que se ha de llevar "la libertad en peso/sobre
los propios hombros de mi gusto". Por eso Berlin en-
carna como pocos ese estilo liberal de vida tan poco
comprendido hoy en día y que exterioriza el hombre
que es capaz de elegir porque está dispuesto a asumir
la responsabilidad moral de sus elecciones.

II. A LA BÚSQUEDADE ALGUNASRESPUESTAS


BIOGRÁFICAS

Comprender el carácter aventurero que acabamos de


destacar como horizonte vital del pensamiento liberal
berliniano requiere analizar algunas de las claves bio-
. gráficas que explican la inasibilidad plástica y el dina-
mismo reflexivo que caracterizan la obra de Isaiah Ber-
lino Si, como recordaba Ortega, la vida es lo que es en
vista desde un pasado que sobre el presente actúa y pe-
ractúa constantemente, entonces, no es difícil localizar
en la biografía de nuestro autor alguna explicación
acerca del interés vital que proyectó intelectualmente
sobre ese "otro" que con tanta profusión estudió.

En este sentido, en su biografía confluye una extra-


ña mezcla novelesca en la que se entretejen los perfiles
ISAIA~ BERLlN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO·
22

literarios que James Joyce deslizó en su "Ulises" a tra-


vés de sus personajes, Stephen Dedalus y Leopold
Bloom ... Judío descreído que deambula por su particu-
lar Dublín a la búsqueda de sí mismo, Berlin contiene
la imaginación plástica y poética del primero al tiempo
que exterioriza el desarraigo fronterizo de los hijos de
Israel que, como el Bloom joyceano, persiguen su "ser"
errabundos entre las masas extrañas de un mundo que
les da la espalda y que tratan de comprender inútil-
mente porque "saben" que no les pertenece debido a su
heterodoxia y anormalidad ...

Nacido el 6 de junio de 1909, en Riga, cuando la


antigua ciudad hanseática formaba parte del Imperio
de los Zares, la familia de Berlin procedía, como la de
su amigo Yehudi Menuhim, de esos judíos hasídicos
que eran conocidos en la Europa oriental como "luba-
vich", y que soportaban la animadversión de los secto-
res de la ortodoxia hebrea debido a su carácter abierta-
mente heterodoxo ya que defendían una aproximación
a la fe mediante formas de comunión mística como el
canto, el baile y prácticas de éxtasis semejantes.

En la biografía que M. Ignatieff dedica a Berlin, se


analiza con detalle estos orígenes religiosos que, sin ser
lógicamente determinantes, no deben ser tampoco ob-
viados, pues, a pesar del ambiente secularizado en el
que creció Berlin, no es menos cierto también que él
mismo llegó a reconocer en alguna ocasión que, a pe-
sar del sentir seglar y escéptico que caracterizaba su
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL "OTRO· 23

forma de pensar, con todo, nunca había necesitado


romper con su pasado familiar para llegar a las conclu-
siones que articularon luego su pensamiento "",

Hijo de un comerciante maderero enriquecido con


negocios de exportación, su vida infantil se inserta en
un contexto urbano y acomodado. Su padre, Mendel
Berlin, pertenecía a esa generación de liberales rusos
que, al igual que Turguéniev, habían defendido la occi-
dentalización radical de Rusia frente a los llamados es-
lavófilos. Seguidor de Herzen y de quienes apostaban
por Occidente desde Pedro el Grande, en el progenitor
de Berlin se aprecia ese apego por la forma de pensa-
miento y por las costumbres inglesas que eran tan ca-
racterísticas de la burguesía reformista de la época.
Así, el triunfo de la revolución de febrero de 1917 fue
visto con alegría por su familia, aunque pronto el sesgo
que tomó la misma tras el golpe de estado bolchevique
desmintió trágicamente las expectativas iniciales.

Precisamente el perfil insoportablemente tiránico


que fue adquiriendo Rusia bajo los bolcheviques, hizo
que se llenase la memoria del joven Berlin de imágenes
y recuerdos violentos en tomo a la revolución que tan-
to admiraron posteriormente sus compañeros de estu-
dio en Oxford. Como recordaba al hilo de las entrevis-
tas que mantuvo con M. Ignatieff, de aquellas vivencias
que marcaron su etapa juvenil hubo una que se le que-

(15) Cfr. IGNATIEFF, M., l. Berlin. Su vida, cit., pág. 26.


ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO· 24

dó fielmente grabada, y que de alguna manera ejempli-


fica la suerte a la que abocan los regímenes en los que
se edifican ortodoxias teóricas que proscriben a quienes
las cuestionan de una u otra forma. y es que en aque-
llos turbulentos días de terror revolucionario, la perse-
cución del liberalismo fue paulatinamente delatada a
través de la suerte corrida por el periódico liberal
"Día", que tuvo que denunciar la creciente arbitrarie-
dad del gobierno de Lenin mediante la utilización de
su propia cabecera, ya que fue rebautizándose con los
nombres de "Tarde", "Noche", "Medianoche" y, final- ~~
mente, "Noche Cerrada" (16).

Tras huir de Rusia en 1921, la familia de Isaiah


Berlin se estableció en Inglaterra. La posición acomo-
dada de los Berlin no se resintió por el exilio. Frecuen-
tando el ambiente de la clase media inglesa de aquellos
años, Isaiah Berlin recibió la formación al uso de la
época, aunque nunca pudo desproveerse de su condi-
ción de judío extranjero y del interés que la literatura y
el arte en general ejercieron sobre él desde su niñez.
Llevado por un portentoso intelecto alimentado por
una inteligencia selectiva y una memoria prodigiosa, su
etapa de estudiante en el Corpus Christi de Oxford fue
decisiva en su formación. Provisto de una beca para es-
tudiar Ciencias Clásicas e Historia Moderna, su tutor
en filosofía, Frank Hardie, lo orientó hacia ese empiris-

(16) Cfr. Isaiah Berlín en diálogo con Ramin Jahanbegloo, trad. de

M. Cohen, Anaya & Mario Muchnik, Madrid, 1993, págs. 19-20.

!
L __
ISAIAR BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO" 25

mo anglosajón que se convirtió en el pilar de su meto-


dología analítica, mientras que su amistad con Maurice
Bowra, uno de los profesores que lideraban lo que en-
tonces se llamaba en los círculos oxonienses el "frente
inmoral", lo condujo hacia los heterodoxos del Oxford
de entonces, es decir, hacia "aquellos comunistas, ho-
mosexuales y anticonformistas que defendían el placer,
la convicción y la sinceridad frente a los pesados y
quisquillosos mandarines de los colegios de Oxford" (17).

Inmerso en un contexto intelectual que, como luego


reconoció el propio Berlin, le ayudó por un lado a evi-
tar el espíritu profesoral oxoniense y, de otro, a fre-
cuentar el trato con "otros" que no sentían ni compren-
dían la realidad como él, poco a poco fue fructificando
en su personalidad una distancia metodológica frente a
lo "instituido" que, como llegó a señalar su amigo el
poeta Stephen Spender, llamaba la atención ya que
Isaiah Berlin se mostraba interesado por la vida y las
opiniones de los demás sin escandalizarse por prejui-
cios morales o políticos. De modo que, como reconoció
Wystan Auden, en Berlin había siempre una nota de
empatía hacia el "otro", hacia sus problemas y dificul-
tades, y que casa muy bien con una de las máximas

(17) IGNATIEFF, M., Isaiah Berlin. Su vida, cit., pág. 76. Sobre M.

Bowra véase el ensayo que le dedicó Berlin y en el que recono-


ce cómo logró transformar radicalmente su percepción del mun-
do bajo su influencia intelectual, BERLIN,1., Impresiones perso-
nales, compilador H. Hardy, introducción de N. Annan, trad. de
J. J. Utrilla y A. Coría, FCE, México, 1984, págs. 242-250.
ISAIAH BERLlN: UNA REFLEXIÓN LmERAL SOBRE EL 'OTRO' 26

que luego presidirán su reflexión teórica, a saber, la de


que: "Enten der no es aceptar " .

Convertido en profesor en AH Souls en 1932, su


condición de "rara avis" fue uno de los rasgos biográfi-
cos que el propio Berlin siempre cultivó. Primero, al
convertirse en el primer judío que llegaba a "fellowship"
en tan aristocrático "college" y, después, debido al ámbi-
to de estudio al que se dedicó: la historia de las ideas:
una especialidad que conciliaba registros muy diversos
al combinar el análisis del pensamiento desde su em-
plazamiento histórico, sí, pero a partir de grandes líneas
de tensión que lo relacionaban con la cultura en gene-
ral, aunque sin adoptar nunca un criterio riguroso de
especialidad sistemática, pues, el historiador de las ideas
debe tratar de desvelar 16s orígenes de esos patrones
conceptuales que, de un modo u otro, han delimitado
la forma de pensamiento con la que los hombres se
han entendido históricamente a sí mismos y que, nor-
malmente, han quedado sin analizar al hallarse diluidos
en el espíritu de una época debido a su generalidad y,
sobre todo, porque se han empleado casi inconsciente-
mente con el fin de ordenar y cohesionar una parte
sustancial de nuestra experiencia.

En este sentido, su estudio sobre Marx fija ya el iti-


nerario que seguirá luego su trayectoria académica y
que cimentará su liberalismo pluralista. Cuando en 1933
comenzó su trabajo, el ambiente de Oxford estaba cada
vez más imbuido por el pensamiento marxista. La Gran
IsAIAR BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO· 27

Depresión del momento parecía dar la razón a los argu-


mentos teóricos del materialismo histórico de Marx. La
izquierda profesoral oxoniense no sólo estaba crecida
por los talentos que se adscribían a sus filas -Richard
Crossman, John Austin o Stuart Hampshire, entre
otros-, sino porque se apoyaba en el prestigio que ante
la opinión pública de la época irradiaba la propaganda
que ensalzaba el ensayo revolucionario marxista prota-
gonizado por la Unión Soviética.

Desprovisto de todo entusiasmo hacia las ideas de


Marx a pesar de ser un asiduo al Pink Lunch Club en
el que se reunían sus seguidores en Oxford, Berlin
desplegó en su trabajo ese querer entender al "otro",
incluso cuando en el "otro" estaban las ideas que ha-
bían movido a los bolcheviques a construir la tiranía
de la que tuvo que huir su familia en 1921. Y así, co-
mo señala Ignatieff, escribir sobre Marx fue "unirse al
flujo de la principal corriente ideológica de su época y
tomarle la medida al reto que ello significaba para
sus propias e incipientes lealtades liberales. Lo que
fascinaba a Isaiah era el odio de Marx hacia la civili-
zación misma que él admiraba. Esto sentaría un pre-
cedente que perduraría el resto de sus días: Berlín de-
fendía sus propias convicciones escribiendo sobre las
personas que eran sus enemigos más acérrimos. Así
pues, burgués irónico, burlón consigo mismo, y no
comprometido decidió, en la primavera de 1933, pasar
cinco años en compañía de un ideólogo ferozmente
dogmático, que había despreciado todo lo que Berlin
IsAIAH BERLlN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO" 28

representaba" (18). El resultado intelectual que se des-


prendió de ello lo resume muy bien Alan Ryan cuando
dice en su prólogo al Karl Marx de Berlin que pocos
"comentaristas, incluso hoy día, han realizado un ba-
lance tan equilibrado entre el retrato psicológico y el
análisis intelectual. Berlin deja al lector con la sensa-
ción de que si Marx entrara en la habitación sabría-
mos qué decirle -y, si tuviéramos ganas de pelearnos,
qué no decirle" (19).

A partir de esta obra Berlin no sólo ubica el que se-


rá el ámbito de su trabajo académico, sino que al hilo
de su realización tuvo la oportunidad de constatar las
que a sus ojos eran las flaquezas que contenía el positi-
vismo lógico que Alfred Ayer había introducido en Ox-
ford. y es que al estudiar el pensamiento de Marx ha-
bía podido experimentar lo difícil que es aceptar la
existencia de argumentos abstractos o analíticos total-
mente liberados de conexiones personales o históricas.
Este distanciamiento con respecto a la filosofía analíti-
ca que se abría paso en los ambientes académicos de
Oxford y Cambridge hizo que Berlin volviera sus pasos
sobre el empirismo en el que se había formado ante-
riormente de la mano de Locke, Berkeley y Hume, em-
pirismo que constituía la tradición filosófica inglesa y

(18) Cfr. IGNATIEFF,M., Isaiah Berlin. Su vida, cito pág, 102.


(19) RYAN, A., "Introducción", en l. BERLIN,Karl Marx. Su vida y
su entorno, trad. de R. Boxio, Editorial Alianza Editorial, Ma-
drid 2000, preparación de la cuarta edición a cargo de A. Rive-
ro, pág. 16.

J
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL ·OTRO· 29

que colisionaba con los planteamientos que Ayer y los


positivistas mantenían cuando negaban la historicidad
empírica del pensamiento humano.

Durante la Segunda Guerra Mundial Berlin desem-


peñó labores de corresponsal dentro del Servicio Diplo-
mático británico. Primero, en Nueva York y, después,
en Washington, permaneciendo un periodo de varios
meses en Moscú, recién terminada la guerra. Esta expe-
riencia diplomática le permitió asomarse a ese lado
práctico y real que normalmente el hombre de ideas no
frecuenta al vivir inmerso en el campo de la abstrac-
ción libresca. Fue durante su estancia en Washington
cuando más apegado estuvo a los cenáculos políticos y
periodísticos ya que tuvo la oportunidad de tratar e in-
timar con editorialistas y columnistas como Marquis
Child, Drew Pearson, Arthur Krock y Walter Lippmann,
así como con los jóvenes políticos que constituían la
vanguardia programática del New Deal del presidente
Roosevelt: Charles Bohlen, George Kennan, John Fergu-
son, John Oakes y Edward Prichard, entre otros. Con
absoluta libertad de movimientos por los círculos ofi-
ciales de Washington, el trabajo de Berlin en la emba-
jada británica consistía en tener "oídos" para lo que en
ellos se decía ya que una vez por semana debía presen-
tar un informe al respecto que se enviaba al Foreign
Office y que, a través de los circuitos diplomáticos de
Whitehall, llegaba a Churchill y a su ministro de exte-
riores, Anthony Eden.
2_ g__

lSAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO" 30

Fue en este contexto donde percibió con nitidez las


limitaciones que el pensamiento abstracto tiene a la
hora de interpretar la política en sus dimensiones más
plásticas: aquéllas que constituyen el día a día de un
quehacer político regido por la negociación y, sobre
todo, por la necesidad de soluciones más o menos in-
mediatas en las que no existe margen para la refle-
xión con detalle, que es lo que normalmente sucede
cuando el pensador universitario afronta el estudio de
lo político en sentido teórico. Esta flexibilidad y dina-
mismo de la política práctica aprendida por Berlín
durante su estancia americana es un dato que no de-
be pasarse tampoco por alto, ya que de alguna mane-
ra gravita sobre su trabajo intelectual posterior. De
hecho, la mayor parte de su obra permanecerá desde
entonces contenida en notas y ensayos breves, bien en
forma de clases o conferencias, bien de artículos edi-
tados en separatas, revistas y boletines universitarios,
es decir, en escritos redactados sin el rigor y el frío
distanciamiento que exige la escritura reposada de un
trabajo de investigación destinado a la estricta y ce-
rrada difusión académica (20).

Pero si su estancia en los Estados Unidos fue prove-


chosa intelectualmente al permitir que se asomara a la
política práctica y a los manejos diplomáticos que ope-
ran en ese acontecer sombrío en el que, según Céline,
sucede todo o, mejor dicho, casi todo, el periodo que

(20) Cfr. IGNATIEFF, M., Isaiah Berlín. Su vida, cit., págs. 137-186.
ISAIAH BERilN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 31

vivió en la Rusia soviética de septiembre de 1945 a


abril de 1946 hizo revivir en él la ignominia y la vileza
que engendran el totalitarismo, y que ya experimentó,
siendo todavía joven, en aquel Petrogrado bolchevique
cuya imagen de violencia nunca se difuminó del todo
en su memoria.

y así, en medio de aquel país que había salido vic-


torioso de la guerra, la euforia de la victoria no pudo
ocultar a la fina sensibilidad de Berlin el horror que se
dibujaba debajo de la superficie de los hechos. De la
mano de su trato con Boris Pasternak y Ana Ajmátova
pudo descubrir la "verdad" que gravitaba sobre el alia-
do soviético. Es cierto que Berlin nunca había cedido a
la seducción que la Rusia de Stalin había ejercido so-
bre numerosos compañeros suyos de Oxford (21). De he-
cho, cuando en 1944 su compañero en la embajada bri-
tánica en Washington, Donald Maclean, le reprochó
estar del lado del capitalismo occidental, la reacción de
Berlin fue cortante, tal y como describe Ignatieff en su
biografía: "Se supone que estamos luchando por la civi-
lización frente a la barbarie ... y civilización significa li-
bertad para elegir tus amigos".

Pues bien, la elección de sus amigos en el Moscú


stalinista fue clara: la de quienes como Pasternak o Aj-
mátova constituían esos "otros" que sufrían la repre-

(21) Cfr. Isaiah Berlin en diálogo con Ramin Jahanbegloo,cit.,


págs. 32-37
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO' 32

sion de un regimen totalitario que no admitía disiden-


tes a la Verdad oficializada mediante el terror, tal y co-
mo sus respectivas obras denunciaban. En este sentido
su encuentro con Ana Ajmátova constituye de nuevo un
dato relevante a la hora de comprender esa nota de
apasionamiento sensible que fluye latente en el pensa-
miento y la metodología analítica de Berlin, y que re-
fuerza esa "rareza" que gravita alrededor de su figura
intelectual, y que lo llevó a indagar sobre el "otro"
desde su etapa de formación oxoniense al vincularse a
ese mundo artístico en el que se aprecia más nítida-
mente la plasticidad del dolor que provoca el desarrai-
go de quienes viven sinceramente algún tipo de pros~··
cripción moral, religiosa o política a través de mecanismos
de represión que anulan sutilmente al individuo y su
conciencia.

Sobre la noche que pasaron juntos Berlin y Ajmáto-


va se ha escrito mucho, incluso ofrece un terreno inte-
resante de reflexión acerca de lo que significó a lo lar-
go de su vida ese "otro" que para el propio Berlin fue
siempre el mundo femenino, tal y como G. Dalas aven-
tura en su The Guest From the Future: Anna Akhmatova
and Isaiah Berlín (22). En realidad, como deja entrever
con acierto Ignatieff, gracias a ese encuentro con la po-
eta en su piso de Leningrado, Berlin elaboró un infor-
me sobre la literatura y el arte en la Rusia soviética

(22) Cfr. DALOS, G., The Guest From the Future: Anna Akhmatova

and Isaiah Berlín, with the collaboration of Andrea Dunai, John


Murray, London, 1998, págs. 25-27.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 33

que denunciaba la situación totalitaria que padecía el


país que había visitado. Y lo hacía precisamente a par-
tir de los testimonios de quienes le habían susurrado
desde su corazón de poetas lo mucho que sufrían bajo
aquella atmósfera utópica; que es lo que la propia Aj-
mátova recuerda a Berlin en su poemario Cinque cuan-
do le dice: "Sabes muy bien que no voy a celebrar/el
día más amargo de nuestro encuentro./¿Qué dejarte en
recuerdo?/¿Mi sombra? ¿De qué puede servirte un fan-
tasma?" (23); o cuando evoca el momento de su encuen-
tro en su poema En la. realidad:

y se fue el tiempo y el espacio se fue,


y de la noche blanca vi todo a través:
los narcisos en cristal en tu mesa,
y el humo azul del cigarrillo,
y aquel espejo, donde como en agua tersa,
ahora te reflejarías en su brillo.
y se fue el tiempo y el espacio se fue...
y que tú ya me ayudes tampoco puede ser (24).

Marcado por su experiencia en la Segunda Guerra


Mundial, el Isaiah Berlin que regresa a Oxford trasva-
sará a su trabajo académico lo vivido durante esos de-
cisivos años en el servicio exterior. Su preocupación in-
telectual por el "otro" será a partir de ese momento

(23) Tomado de M., Isaiah Berlin. Su vida, cit., pág. 225.


IGNATIEFF,
(24) AJMÁTOVA, A., Réquiem y otros poemas, introducción y trad.
de J. L. Reina Palazón, Alfar, Sevilla, 1993, pág. 164.
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO' 34

una empresa académica a través de la que verterá sus


impresiones vivenciales siguiendo, para ello, las pautas
que ya hemos visto que estaban presentes en el periodo
que marca la etapa previa a la redacción de Karl Marx.
Sin embargo, el antiutopismo será a partir de entonces
uno de los objetivos más nítidos dentro de su reflexión,
como lo serán también sus estudios acerca del irraciona-
lismo, especialmente de aquel que estaba en la raíz del
nacionalismo y del fascismo que propiciaron el Holocaus-
to. Así, en los años cincuenta mostrará una clara preocu-
pación intelectual por la libertad, preocupación que en
los 60 y 70 hará progresivamente vascular hacia esa 'Vi-
sión pluralista que acabará impregnando su liberalismo.

Isaiah Berlin ha sido comparado con Hume debido


al maridaje que en su obra establece entre la filosofía
empírica y la historia. Sin embargo, como acertada-
mente señala John Gray al respecto, si "comparte con
Hume una profunda vivacidad intelectual, el amor a la
claridad en el pensamiento y la escritura y el gusto por
las ironías de la historia ... alberga otro tipo de pasiones
de las que carecía por completo el genial Hume. Estas
pasiones proceden de elementos de su plural legado,
que no son ingleses, sino rusos y judíos; de aquí viene
su pasión por las ideas y su sentido de lo trágico en la
vida humana" (25). Precisamente esa necesidad trágica
de aproximarse al "otro" es vista por Berlin como una

(25) GRAY, J., Isaiah Berlín, trad. de G. Muñoz, Edicions Alfons


el Magnaním-Ivfil, Valencia, 1996, pág. 11.
---~

ISAIAHBERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO' 35

pasión, hasta el punto de constituir el pilar sobre el


que construye un pensamiento empático e imaginativo
que, en contacto con el Arte y su plasticidad creadora,
ha sido capaz de articular una suerte de liberalismo
atípico y singular, pero profundamente sugerente debi-
do al carácter plural de sus registros y al potencial crí-
tico que contiene en su debate con la modernidad ilustra-
da. Al estudio del mismo vamos a dedicar a continuación
nuestro análisis.

ID. EL PRESUPUESTO DEL LIBERALISMO BERLINIANO:


LA CRÍTICA AL MONISMO DE LA ILUSTRACIÓN

Para entender el liberalismo de Isaiah Berlin hay


que partir de un dato previo: el carácter polémico con
el que se desarrollan sus principios. Esta tensión dia-
léctica es determinante ya que Berlin desarrolla su pen-
samiento a partir de una idea nuclear: la de confron-
tarse con quienes creen que es posible la edificación de
una sociedad perfecta.

Uno de los rasgos definitorios que gravitan sobre el


análisis que plantea es, precisamente, su crítica a lo
que denomina sin excesivo rigor terminológico el "mo-
nismo" racionalista occidental. Concretamente esa "fala-
cia racionalista" -según sus propias palabras- que es
la creencia de que sólo hay una respuesta para cada
cuestión fáctica o axiológica, y que puede ser alcanzada
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 36

si se sigue para ello un método de investigación racio-


nal. Dentro de esa "falacia" incluye a todas las teorías
que, de un modo u otro, han defendido la existencia de
valores objetivos, verdaderos, universales e inalterables,
y que han creído posible su descubrimiento e, incluso,
su organización intelectual a través de un universo sis-
temático, ordenado y coherente capaz de regir a los
hombres en sus vidas individuales y colectivas (26).

El monismo, más que una forma de pensamiento


es, en realidad, una visión de la vida e, incluso, una
suerte de talante vital. En su conocida reflexión sobre
la zorra y el erizo Berlin nos muestra, precisamente, a
un Lev Tolstoi que lo encarnaría existencialmente al ser
víctima de una pasión monista que pretendería abarcar
la comprensión de todas las cosas bajo "un vasto todo
unitario" (27). Esta pasión, según Berlin, inspira la cultu-
ra de Occidente desde sus orígenes griegos, y en ella
radica esa concatenación de atributos platónicos que
asocian en una identidad universal los conceptos de
bien, verdad, belleza, unidad y razón (28).

(26) Cfr. GARCÍA GUITIÁN,E., El pensamiento político de Isaiah


Berlin, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid,
2001, págs. 27-30.
(27) Cfr. BERLIN,L, Pensadores rusos, cit., pág. 118. Una intere-

sante reflexión sobre esta distinción se halla en Isaiah Berlin en


diálogo con Ramin Jahabegloo, cit., págs. 245-250.
(28) Cfr. BERLIN,L, El fuste torcido de la humanidad. Capítulos

de historia de las ideas, edición a cargo de H. Hardy, trad. de J.


M. Álvarez Flórez, prólogo de S. Giner, Península, Madrid, 1992,
págs. 21-37.
ISAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN lffiERAL SOBRE El "OTRO' 37

En La decadencia de las ideas utópicas en Occidente


(1978) se expresan los tres supuestos que articulan la
visión berliniana del monismo. El primero es la convic-
ción de que para toda pregunta sólo habrá una res-
puesta correcta, y son incorrectas todas las demás. De
ahí la aspiración del monismo de alcanzar un saber
completo. El segundo es que existe un método que des-
cubre estas respuestas correctas, de modo que la reali-
dad es siempre inteligible si se da con el método idó-
neo para desvelar sus claves. y el tercer supuesto, y
probablemente el más determinante, es que todas las
respuestas correctas deben ser mínimamente compati-
bles entre sí, pues una verdad no puede ser incompati-
ble con otras; por consiguiente, ninguna de las respues-
tas correctas, sean éstas a preguntas acerca de lo que
hay en el mundo, o acerca de lo que los hombres debe-
rían hacer o no hacer en él, nunca podrán entrar en
conflicto mutuo (29).

Para los monismos racionales, ya sean tradicionales,


religiosos, trascendentales, materialistas o íusnaturalis-
tas, los problemas y los conflictos engendrados en el
mundo serían el efecto de nuestra incapacidad para ar-
ticular un sistema que reprodujera e integrara armonio-
samente ese modelo ideal valorativo (30). En este sentido

(29) Cfr. Ibidem, págs. 42-43.


(30) Una precisa reflexión sobre la descripción del monismo
dentro del discurso berliniano se contiene en DfAZ-URMENETA, J.
B., Individuo y racionalidad moderna. Una lectura de Isaiah Ber-
lin, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1994,
págs. 138-140.
ISAIAH BERLlN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 38

Berlín cree que el monismo contiene en su seno un


marcado componente utópico, consciente o inconscien-
te, no importa, ya que hace referencia a la creencia de
que es posible construir una sociedad perfecta. De he-
cho, piensa Berlin, la tradición alrededor de la que se
nuclea el pensamiento occidental desde sus orígenes se
caracteriza por haber hecho propia la idea (que luego
transformó en programa político la Modernidad) de
que el conocimiento no tiene tan sólo un carácter des-
criptivo, sino que va más allá al proporcionar a la hu-
manidad un horizonte prescriptivo hecho de valores
que, como explica en El fuste torcido de la Humanidad
(1979), permiten saber cómo debe vivirse, qué hacer
con la propia vida, cuáles son las formas de vida más
admirables y, sobre todo, el por qué de todo ello, pues:
"Este patrón unificado y monista se sitúa en el corazón
mismo del racionalismo tradicional, religioso y ateo,
metafísico y científico, trascendental y naturalista, que
ha sido característico de la civilización occidental. Ésta
es la roca sobre la que han sido fundadas las vidas y
creencias occidentales ..." (31).

Sin embargo, ese monismo racional experimenta su


apogeo bajo el dominio de la Ilustración. Los presu-
puestos de ella suponen una exacervación de la lógica
monista al apoyarse en la suposición de que exista una
naturaleza humana universal e invariable debido a la
presencia en todos los hombres de una esencia: la ca-

(31) BERLIN, I., El fuste torcido de la humanidad. Capítulos de

historia de las ideas, cit., pág. 131.


ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN liBERAL SOBRE EL ·OTRO· 39

pacidad de razonar. Esta circunstancia conduce al des-


potismo, aunque sea el despotismo altruista que descri-
be musicalmente Mozart en La Flauta mágica de la ma-
no de ese templo de Sarastro que rinde culto a la
Razón, y que hace de la libertad un atributo humano
que se identifica con aquélla, pues para el discurso de
la Ilustración: "todos los hombres tienen un fin verda-
dero, y sólo uno: el de dirigirse a sí mismos racional-
mente;... los fines de todos los seres racionales tienen
que encajar por necesidad en una sola ley universal ar-
mónica, que algunos hombres pueden se~ capaces de
discernir más claramente que otros;... todos los conflic-
tos y, por tanto, todas las tragedias, se deben solamente
al choque de la razón con lo irracional o lo insuficiente-
mente racional -los elementos de la vida que son inma-
duros o que no están desarrollados-, sean éstos indivi-
duales o comunales" (32).

El "cogito" cartesiano sería, por tanto, el eje verte-


brador de un discurso monista que permitiría a los
hombres llegar a conocer las leyes que rigen natural-
mente la existencia humana. y aunque Descartes no
fuera un autor ilustrado, sin embargo, fue él quien dio
origen al proyecto de la Ilustración al brindarle la fina-
lidad de depurar al espíritu humano de todo lo dudoso
o carente de fundamento racional y de reconstruir el
pensamiento y la práctica humanos a partir de principios

(32) BERLIN,1., Cuatro ensayos sobre la libertad, versión española

a cargo de B. Urrutia, J. Bayón y N. Rodríguez Salmones, Alian-


za Editorial, Madrid, 1988, págs. 224-225.
ISAlAR BERLIN: UNA REFLEXIÓN liBERAL SOBRE EL ·OTRO· 40

racionales. Por eso mismo los primeros y más formida-


bles críticos del racionalismo ilustrado, Pascal y Vico,
vieron en él su principal oponente. Y así, como destaca
Berlin, el primero de ellos distinguió entre "1'esprit de
geometrie" y "l'esprit de finesse", mientras el segundo
oponía a la duda sistemática y a las ideas claras carte-
sianas, la creencia del sentimiento poético como la úni-
ca expresión posible de un conocimiento global del
mundo y de sus contenidos (33).

Pues bien, para Berlin la Ilustración inauguró la


<V.
creencia en un lenguaje y un saber que eran capaces
de liberar al espíritu humano desde el monismo. Un
discurso autónomo basado sobre supuestos de la racio-
nalidad moderna y que sostenía que los métodos de ex-
perimentación, observación, generalización e hipótesis
que utilizaban las ciencias naturales eran instrumentos
capaces de afrontar la resolución de los problemas so-
ciales, tal y como constata en su ensayo La Contra-Ilus-
tración (1973) al señalar que: "Los 'phílosophes' propu-
sieron racionalizar la comunicación inventando un
lenguaje universal libre de supervivencias irracionales,
rasgos y giros idiosincráticos, peculiaridades capricho-
sas de las lenguas existentes; si esto hubiera tenido
buen éxito hubiera sido desastroso, pues es precisa-
mente el desarrollo histórico individual de la lengua
perteneciente a un pueblo lo que absorbe, conserva y
encapsula una vasta riqueza de la experiencia colectiva

(33) Cfr. GRAY. J., Isaiah Berlin, cito pág. 161


IsAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO" 41

semiconsciente, semirrecordada. Lo que los hombres


llaman superstición y prejuicio no es sino la corteza de
la costumbre que por pura supervivencia se muestra
como prueba en contra de los destrozos y vicisitudes
de su larga vida; perderlo es perder el escudo que pro-
tege la existencia nacional de los hombres, su espíritu,
sus hábitos, sus recuerdos, la fe que los ha hecho lo
que son" (34).

Pero lo curioso del análisis crítico que despliega


Berlin frente a la Ilustración es que el mismo surge,
como indica J. Abellán, "de un principio ilustrado, el
de que el individuo debe ejercitar autónomamente la
razón, pero Berlin considera que la aplicación de este
principio, que se realiza desde tradiciones culturales di-
ferentes, conduce precisamente a la afirmación de valo-
res y de modos de vida diferentes y en conflicto entre
sí" (35). El texto más sugerente que Berlin dedica a la
Ilustración es The Age of Enlightenment (1956), obra en
la que a partir de una antología de textos de autores
como Locke, Voltaire, Berkeley, Hume, Reid, Condillac,
La Mettrie, Hamann y Lichtenberg, llega a la conclu-
sión de que para los ilustrados existía un asidero de
verdad indiscutible: el que brindaba la aplicación de téc-
nicas que, a partir del lenguaje matemático, era capaz

(34) BERLIN, L, Contra la comente. Ensayos sobre historia de las

ideas, trad. de H. RodríguezToro, FCE, México,1986,pág. 82.


(35) ABELLÁN, J., "Isaiah Berlin y Max Weber:Más allá del libe-
ralismo", en BADILLO, P. Y BOCARDo, E. (Editores), Isaiah Berlin.
La mirada despierta de la historia, cit., pág. 137.
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 42

de articular propiedades mensurables que, reveladas


por los sentidos, permitían la mejora del mundo y de
los hombres a partir de un discurso científico incontro-
vertible (36). Gracias a este asidero la tradición monista
alcanza a los ojos de Berlin su paroxismo ya que los
ilustrados creyeron que era posible aplicar los mismos
métodos de análisis de las ciencias naturales a los
asuntos humanos, incluso a la organización de la socie-
dad y a la política.

En realidad, detrás de la ilustración latía la convic-


ción cientificista de que la naturaleza humana era
esencialmente la misma en todo tiempo y lugar al re-
girse por leyes eternas que podían llegar a conocerse.
Para el hombre ilustrado la razón experimenta una
transformación peculiar bajo la acción de una suerte
de "libido sciendi" que hace que deje de ser vista, en
palabras de E. Cassirer, como una "posesión" innata
para adquirir el status de una "forma de adquisición":
una conquista, una energía que "no puede comprender-
se más que en su 'ejercicio' y en su acción" (37). Fue así
como llegó a desarrollarse ese programa ilustrado que
implicaba los presupuestos de poder definir científica-
mente lo que era el hombre y cuáles eran sus necesida-
des para, a continuación, determinar qué era lo que re-

(36) Cfr. BERLIN, 1., The Age of {he Enlightnment: The Eighteenth-
Century Philosophers, Oxford University Press, 1979, pág. 15.
(37) CASSIRER, E., Filosofía de la Ilustración, trad. de E. Ímaz,
FCE, México, 1993, pág. 28.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL ·OTRO· 43

quería con el fin de poder atenderlas y, llegado el caso,


de satisfacerlas.

Sin embargo, este programa experimentó su refuta-


ción completa de la mano del movimiento romántico;
que es a los ojos de Berlin el primer movimiento inte-
lectual que se enfrentó con los presupuestos del monis-
mo occidental (38). Es cierto que Vico e, incluso, Ma-
quiavelo, habían introducido criterios de reflexión crítica
frente al monismo. Es más, entre los mismos autores
ilustrados hubo quienes, como Montesquieu, habían sido
bastante escépticos con respecto a él, pero no fue hasta
el Romanticismo cuando se produjo un ataque directo
contra sus planteamientos programáticos.

Descrito por Berlin en su forma más gruesa y sim-


ple (39), al Romanticismo le corresponde el mérito de
haber destruido sistemáticamente las ideas de verdad y
validez acuñadas por el monismo ilustrado en el campo
de la antropología, la epistemología, la ética y la filoso-

(38)Cfr. BERLIN, L, El fuste torcido de la humanidad. Capítulos


de historia de las ideas, cit., págs. 195-222.
Tal es así que ha recibido severas críticas por parte de los
(39)

entendidos sobre el Romanticismo, cfr. GAY,P., "Intirnatíons of


partiality. Wrong but romantic: 1. Berlíns lectures on the neme-
sis of the philosophes", en The TImes Literary Supplement, 11 de
junio de 1999, págs. 3-4. En su descargo podemos señalar que
la obra de Berlin nació de la voluntad recopiladora de Henry
Hardy al agrupar en un mismo volumen las conferencias dadas
por aquél entre marzo y abril de 1965 en la National Gallery of
Art de Washington.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 44

fía política. Sin descuidar el papel que la Contrailustra-


ción desempeñó en este campo, sin embargo, no le
atribuye la virtualidad que tuvo el movimiento románti-
co ya que autores como Vico, Hamann o Herder alla-
naron el camino al Romanticismo, pero lo hicieron sin
la sistematicidad y coherencia de éste. Minaron la soli-
dez del discurso ilustrado sacando a la luz muchas de
sus flaquezas -como cuando De Maistre retrata al
hombre como un "centauro monstruoso" que "no sabe
lo que quiere; quiere lo no quiere, no quiere lo que.
quiere; quiere querer"-, pero faltó en todos ellos un
horizonte de comunidad reflexiva o, si se prefiere;' un
sentimiento más o menos compartido de identidad al-
rededor de su oposición frente a lo que la Ilustración
encamaba a sus ojos.

Por otra parte, es cierto que dentro de las filas ilus-


tradas hubo pensadores como Rousseau o Kant en los
que se atisba ya un cuestionamiento de los plantea-
mientos de la Ilustración pero, de nuevo, carecieron de
ese sentimiento de afinidad que permite identificar a
los románticos como un movimiento en el que se en-
trecruzaron poderosas tendencias generacionales, vitales
y artísticas que hicieron posible el alumbramiento de
una nueva e irrepetible sensibilidad.

¿Qué fue, entonces, el Romanticismo? A tan com-


pleja pregunta Berlin dedica precisamente su ensayo
Las raíces del romanticismo (1999). La definición que
da del mismo es clara: fue un movimiento de rebelión
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO' 45

frente a la Ilustración y sus presupuestos monistas (40).


De ahí la importancia que para Berlin reviste metodo-
lógicamente ya que a partir de sus claves intelectuales
y de su experiencia histórica, construirá sus propios y
particulares planteamientos pluralistas y antimonistas:
aquellos que hacen posible la articulación del liberalis-
mo berliniano.

La admiración que el Romanticismo despierta en


Berlin es obvia, aunque no se traduce, todo hay que
decirlo, en una asunción acrítica de sus presupuestos
ya que sobre la reflexión berliniana gravita con nitidez
aquella idea de Pascal contenida en sus Pensamientos y
que reza así: "Dos extravagancias: excluir la razón, ad-
mitir sólo la razón". De hecho, si admira a los románti-
cos tampoco oculta sus prevenciones frente a ellos al
subrayar los efectos devastadores que produjeron sus
ideas, en concreto esa reivindicación que hicieron del
voluntarismo y del subjetivismo que, llevados hasta el
extremo, desembocaron en el irracionalismo totalitario
del nazismo.

En el Romanticismo Berlin encuentra, antes que


cualquier otra cosa, la virtualidad apasionada de saber
lo que no quería: la uniforme atmósfera engendrada por
el discurso cristalizado a través de la Ilustración y que,
al rendir culto a la diosa Razón, era capaz de edificar

(40) BERLIN, l., Las raíces del romanticismo, edición de H.


Hardy, trad. de S. Mari, Tauros, Madrid, 2000, págs. 19-41.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL 'OTRO' 46

altares a las ciencias empíricas y desterrar a los infier-


nos del error y la brutalidad todo aquello que no fuera
reflexión y pensamiento científico, que es lo que Keats
denuncia en Lamia al atribuir a la filosofía ilustrada el
haber destruido los encantos poéticos del mundo, pues:
"...puede coser las alas de un Ángel/conquistar todos los
misterios por mandato por escrito/vaciar el aire hechi-
zado y.. ./deshacer el arco iris" (4IJ•

Así, las grandes aportaciones que el movimiento ro-


mántico tiene para Berlin son, por un lado, la creencia
en que el hombre no descubre ninguna estructura axio-
lógica fija e inalterable sino que, en realidad, lo que
hace es crearla al fijar de acuerdo con su conciencia
los principios y fines que gobiernan su particular exis-
tencia. Por otro, que la idea de conflicto social es inevi-
table, pues, si cada persona defiende internamente sus
creencias por ser las suyas, entonces, desaparece un pa-
trón analítico y objetivo que determine su corrección y
validez apriorísticas, con lo que no será posible la arti-
culación de ninguna solución racionalmente indiscuti-
ble, sino que el medio social estará condicionado siem-
pre por la presencia en él del enfrentamiento y la
diversidad plural (42J•

Pero el dato más relevante que se desprende de su


análisis del Romanticismo es, sin duda, la conexión

(41) KEATS, J., Poesía completa, tomo JI, prólogo de A. Pentimali,

trad. de A. Sánchez, Ediciones 29, Barcelona, 1997, pág. 59.


(42) Cfr. BERLIN,I., Las raíces del romanticismo, cit., págs. 73-97.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL "OTRO' 47

que existe entre él y el liberalismo. y es que, para Ber-


lín, el entusiasmo romántico por la pluralidad y la con-
frontación de valores, así como por la creencia de que
son imperfectas las respuestas que pueden darse a la
hora de intentar armonizar la convivencia de los hom-
bres, acaba desembocando a la constatación de que es
necesario el establecimiento de compromisos si no se
quiere irrumpir en un escenario caótico de violencia
destructiva. En realidad, lo que el Romanticismo hace
posible es el valor que encierran la tolerancia y el res-
peto a los "otros" ya que sólo así podrá alcanzarse un
precario equilibrio a partir de unos mínimos que esta-
rían relacionados, eso sí, con la constatación empírica
de la imperfección humana y la necesidad de estar en
permanente diálogo con los demás (43).

La virtualidad, por tanto, que tiene para Berlin el


Romanticismo es desbrozarle el terreno a la hora de
construir su visión liberal (44). Una visión que contiene
una crítica al monismo ilustrado, pero que no es antii-
lustrada, pues, como reconoce a R. Jahanbegloo: "Soy
fundamentalmente un racionalista liberal. Me identifico
profundamente con los valores predicados por pensado-
res como Voltaire, Helvétius, Holbach, Condorcet. Tal
vez fueron demasiado estrechos, y muchas veces se equi-
vocaron respecto a los hechos de la naturaleza humana,

(43) Cfr. GARCÍA GUITIÁN, E., El pensamiento político de Isaiah


Berlin, cit., pág. 47.
(44) Cfr. GRAY, J., Isaiah Berlin, cit., pág. 180.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO· 48

pero eso no mengua su condición de grandes liberado-


res... Por eso estoy de su lado. Pero son dogmáticos y
demasiado simplistas. Si me interesan los puntos de vis-
ta de la oposición es porque creo que comprendiéndolos
uno afina su visión; los enemigos inteligentes y dotados
de la Ilustración suelen señalar las falacias y vacuidades
de su pensamiento. Los ataques críticos que llevan al
conocimiento me interesan más que la repetición y la
defensa de los lugares comunes de y sobre la Ilustra-
ción... Si [uno] cree en los principios liberales y el aná-
lisis racional [...] debe tener en cuenta las objeciones, y
considerar dónde están las grietas de sus estructuras,
dónde empieza a equivocarse: la crítica hostil, e incluso
la oposición intolerante, pueden revelar verdades. El
odio puede afinar la visión tanto como el amor. Yo no
comparto, ni siquiera admiro mucho, la visión de los
enemigos de la Ilustración; pero he aprendido mucho de
ellos, porque muestran que ciertos conceptos centrales
de la edad de la razón y, sobre todo, ciertas implicacio-
nes políticas son inadecuadas y a veces desastrosas" (45).

¿En qué consiste, por tanto, la crítica berliniana a


la tradición racionalista que encarna ejemplarmente la
Ilustración? La principal y decisiva es la constatación,
gracias al Romanticismo, de que existe en la naturaleza
humana un conflicto de valores que hace imposible ese
modelo perfecto de sociedad en el que creía el monismo

(45) Isaiah Berlin en diálogo con Ramin Jahanbegloo, cit.,


págs. 97-98.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LmERAL SOBRE EL "OTRO" 49

al no existir ninguna estructura axiológica objetiva,


apriorística y metafísica .. Como señala en La apoteosis
de la voluntad romántica (1975): "No estamos obligados
a aplaudir ni siquiera tolerar las extravagancias del
irracionalismo romántico porque admitamos que, al
mostrar que los fines del hombre son diversos, a menu-
do impredecibles, y algunos de ellos incompatibles en-
tre sí, los románticos asestaron un golpe mortal a la
proposición según la cual, pese a todas las apariencias
en contrario, es posible, al menos en teoría, una solu-
ción definida al rompecabezas, que el poder al servicio
de la razón puede alcanzarla, que la organización ra-
cional puede proporcionar la unión perfecta e valores y
contravalores como libertad individual e igualdad so-
cial, autoexpresión espontánea y eficiencia organizada,
socialmente dirigida, conocimiento perfecto y felicidad
perfecta, las exigencias de la vida personal y la de par-
tidos, clases, naciones, de interés público. Si algunos fi-
nes admitidos como plenamente humanos son al mis-
mo tiempo definitivos y mutuamente incompatibles, no
hay duda de que la idea de una edad de oro, una so-
ciedad perfecta compuesta de una síntesis de todas las
soluciones correctas a todos los problemas básicos de
la vida humana, es incoherente por principio. Éste es
el servicio que prestó el romanticismo y en particular
la doctrina que forma su núcleo, es decir, que la moral
la moldea la voluntad y que los fines se crean, no se
descubren" (46).

(46) BERLIN, L, El fuste torcido de la humanidad. Capítulos de


historia de las ideas, cit., págs. 221-222.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 50

El mérito del movimiento romántico estriba en ha-


ber desvelado algo que había sido ignorado a lo largo
de dos milenios, a saber: que los valores son plurales
y que pueden chocar entre sí, de manera que es im-
prescindible en la práctica tener que elegir entre unos
y otros. La inconmensurabilidad de los valores que ri-
gen la acción humana hace que el hombre viva en
una permanente tragedia, tragedia que es el funda-
mento de su grandeza y debilidad ya que tiene que vi- .
vir radicalmente instalado dentro de dilemas irresolu-
bIes en los que cualquier elección implica siempre
una pérdida (47).

y es. que "los valores incompatibles lo seguirán sien-


do en todos los mundos. Lo único que podemos hacer
es procurar que las elecciones no sean demasiado dolo-
rosas" (48). En realidad, lo más original del pensamiento
de Berlin es, según Gray, esta nota de inconmensurabi-
lidad que percibe nuestro autor en el seno del Roman-
ticismo y que hace propia al sostener que las "formas
de vida de un soldado profesional o de un espía, de un
monje budista, de un cortesano o de un jugador que vi-
ve de su ingenio, no son formas inferiores, ni superio-
res, del florecimiento humano que las del investigador
científico, el profesor entregado o el cuidador de una
leprosería. Contrariamente a lo que dice Aristóteles, no

(47) Cfr. COREN,G. A., "A Note on Valuesand Sacrifies", en Et-


hics, vol 79, 1969, págs. 159-162.
(48) lsaialt Berlin en diálogo con Ramin Iahanbegloo, cit., pág. 189.
ISAlAH BERLlN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL ·OTRO· 51

hay procedimiento racional que permita establecer una


jerarquía entre estas diversas formas de florecimiento
humano" (49).

Sin embargo, esta labor crítica frente al monismo


ilustrado que acabamos de analizar es lo permite a
Berlin afrontar la construcción de su propio pensa-
miento liberal. Un pensamiento pluralista, sí, pero libe-
ral porque como indica en Cuatro ensayos sobre la li-
bertad (1969): "El pluralismo, con el grado de 'libertad
negativa' que lleva consigo, me parece un ideal más
verdadero y más humano que los fines de aquellos que
buscan en las grandes estructuras autoritarias y disci-
plinadas el ideal del autodominio 'positivo'. Es más ver-
dadero porque, por lo menos, reconoce el hecho de que
los fines humanos son múltiples, no todos ellos con-
mensurables, y están en perpetua rivalidad unos con
otros ... Es más humano porque no priva a los hombres
(en nombre de algún ideal remoto o incoherente --co-
mo les privan los que construyen sistemas-) de mucho
de lo que han visto que les es indispensable para su vi-
da como seres humanos que se transforman a sí mis-
mos de manera imprevisible" (50).

(491 GRAY, J., Isaiah Berlin, cit., pág. 73.


(50) BERLIN, 1., Cuatro ensayos sobre la libertad, cit., págs. 242-243.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 52

rv. EL PLURALISMO VALORATIVO COMO ALTERNATIVA


AL MONISMO ILUSTRADO

Hasta aquí hemos visto el presupuesto dialéctico


que más arriba anticipamos como unos de los aspectos
más relevantes del pensamiento berliniano. Ahora anali-
zaremos las claves de su liberalismo pluralista, claves
que no pueden entenderse sin ese componente crítico
con respecto a la Ilustración y el monismo valorativo
que contenía su programa político, y que como mantie-
ne Bobbio hacen de él un discurso no determinista de
la historia: una visión que reconoce al hombre un pa-
pel decisivo en la formación y desarrollo del mundo
histórico (51).

Esto nos obliga a tener en cuenta que a pesar del


entusiasmo con el que Berlin aprecia la irrupción tem-
pestuosa del Romanticismo, con todo, no asume éste
sin más ya que es capaz de integrar su relativismo en
el seno de un horizonte liberal que, sin ser monista,
sin embargo, asume la posibilidad de alcanzar la vir-
tualidad práctica de ciertos valores que han demostra-
do su "decencia" a través de la experiencia histórica al
hacer posible el desarrollo de esas formas de vida "que
los humanos deben seguir si no quieren destruirse unos
a otros" (52), y que se traducirían en una suerte, en pala-

(51) Cfr. BOBBIO, N., "11Liberalismo de 1. Berlín", en Rivista Sto-


rica Italiana, vol. 92, 1980, págs. 612-620.
(52) Isaiah Berlin en diálogo con Ramin Jahanbegloo,cit., pág. 151.
ISAIAR BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL "OTRO" 53

bras de P. Badillo, "de territorio abierto en el que, aun


confluyendo posturas enfrentadas, se busca alcanzar un
marco idóneo para la acción plena, y lo más libre posi-
ble, de todos los individuos, y... siempre a la búsqueda
de la verdad y la libertad dentro de la más plena plura-
lidad y la decencia intelectual" (53).

Si antes vimos que el monismo tenía una vision


uniforme del hombre, ahora hemos de tener en cuenta
que el pluralismo berliniano asume un presupuesto ra-
dicalmente contrario: la concepción pluralista de la na-
turaleza de aquél, y que recuerda en ocasiones a su es-
tudiado De Maistre cuando reconoce que a lo largo de
su vida había conocido franceses, ingleses, italianos o
españoles, pero nunca a eso que los "phílosophes" de-
nominan "hombre" (54).

Heredero del empmsmo anglosajón, Berlin desarro-


lla una visión del hombre que, al ser un producto de la
observación empírica de la historia humana, le hace
aventurar la idea de que el ser humano es, antes que
cualquier otra cosa, un ser creativo que se gobierna a

(53) BADILLO, P., "Pluralismo, libertad, decencia. Consideraciones


en torno a la filosofía política de lsaiah Berlin", en BADILLO,P.
y BOCARDO,E. (Editores), Isaiah Berlín. La mirada despierta de la .
historia, cit., págs. 192-193.
(54) Sobre De Maistre y su pensamiento, véase la parte que
Berlin le dedica en "El fuste torcido de la humanidad" con el tí-
tulo "José de Maistre y los orígenes del fascismo", en BERLIN,L,
El fuste torcido de la humanidad. Capítulos de historia de las ideas,
cit., págs. 103-166.
1

ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO· 54

sí mismo mediante la elección de sus propios fines vi-


tales. Así, el hombre sería un agente moral provisto de
una racionalidad mínima que le permitiría formular
sus propias metas y, en función de ellas, los valores
que organizan su consecución (55). De ahí que, como
acertadamente señala E. García Guitián, la única
"esencia" verdadera que comparten los hombres entre
sí es "elegir sus propias metas y valores, sin importar
cuáles sean" (56).

Precisamente, la idea de dignidad humana radicaría


a los ojos de Berlin en la creencia kantiana de que la
persona es un agente moral que puede decidir libre-
mente sus fines y realizarlos. Por tanto, la naturaleza
humana es algo que está en una permanente y movedi-
za transformación, de modo que puede alterar sus me-
tas, pues, a diferencia de lo que opina, por ejemplo, el
pensamiento ilustrado o el marxismo, para Berlin no
existe una sóla forma de realización moral del ser hu-
mano sino una pluralidad de ellas. Con todo, este plu-
ralismo moral berliniano presupone una nota de racio-
nalidad selectiva, pues: ser racional es el hecho de
adoptar decisiones de acuerdo con ciertas reglas o prin-
cipios morales, y no llevándose por simples impulsos;
es generalizár y argumentar de manera lógica y cohe-

(55) Cfr. GARCÍA GUITIÁN, E., El pensamiento político de Isaiah


Berlin, cit., pág. 55.
(56) GARCÍA GUITIÁN, E., "El pluralismo liberal de 1. Berlín", en
BADILLO, P. y BOCARDa, E. (Editores), Isaiah Berlin. La mirada
despierta de la historia, cit., pág. 295.
ISAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL ·OTRO· 55

rente; es delimitar las metas y saber elegir los medios


idóneos para alcanzarlas.

En cualquier caso, su idea de racionalidad es, diga-


mos, "operativa", y se aparta del criterio esencialista
del monismo. Berlin no cree que la razón pueda esta-
blecer por sí sola verdades y valores universales. La
concepción ilustrada de una razón "fuerte" -por utili-
zar la expresión de Vattimo-- capaz de captar verdades
universales y jerarquizarlas de modo ilimitado y abso-
luto, es rechazada radicalmente por Berlin. Para él, las
posibilidades de la razón son limitadas, sobre todo por-
que si se quiere vivir de acuerdo con ella hay que cons-
tatar que no es posible vivir racionalmente de manera
mecánica, pues las reglas que se elaboran siguiendo pa-
trones de racionalidad chocan entre sí en casos concre-
tos, de modo que "queremos ajustar lo que no es ajus-
table", limitándonos a hacer "lo más que podemos" (57).
y es que, como señala J. Gray al reflexionar sobre el
pluralismo valorativo de Berlin, el sentido de éste es
destacar que cualquier ámbito moral sitúa siempre al
hombre ante dilemas que no puede resolver racional-
mente. Ésta, y no otra, es su tragedia: la de no poder
vislumbrar a priori cuál es la solución más idónea para
su bienestar moral (58).

(57) BERLIN, L, Cuatro ensayos sobre la libertad, cit., pág. 57.


(58) Cfr. GRAY, J., Isaiah Berlin, cit., pág. 74.
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 56

Sin embargo, este radicalismo pluralista coexiste


con la creencia en un condicionamiento cultural comu-
nitario parecido al que Herder esgrimía al insistir en
que la persona debe convivir con la cultura en la que
nace. Y así, piensa Berlin, este condicionamiento, sien-
do relevante, no llega al extremo de anular la capaci-
dad de elección humana, aunque fija un contexto refe-
rencial que responde a una especie de necesidad básica
de pertenencia a una comunidad dentro de la cual pu-
diera sentirse parte. En este sentido, lo que diferencia
al pensamiento berliniano de los planteamientos comu- .
nitaristas radica en el hecho de que aunque el bienes--
tar moral del hombre no puede desgajarse completa-
mente de la comunidad, sí puede -tal y como Berlin
mantiene al diferenciar sus tesis de las de Taylor- uti-
lizar la imaginación, la inteligencia y el carácter para
determinar sus propias metas y fines, pero dentro, eso
sí, de la organización y los productos culturales que le
ofrecen la comunidad en la que nace (59). Y es que, co-
mo dejó claramente expuesto Herder, "todos los hom-
bres buscan pertenecer a un grupo, o que de hecho
pertenecen a un grupo, y que si se les separa de éste se
sentirán alienados y fuera de contexto" (60).

En cualquier caso, cuando Berlin reflexiona sobre el


pensamiento del liberal ruso, Alexander Herzen, desliza

(59) Cfr. BERLIN, 1., "Introduction", en J. TULLY (Ed.), Philosophy


in an Age of Pluralismo The Philosophy of Ch. Taylor in Question,
edited by James Tully, with the asistance of Daniel M. Weinstock,
Cambridge University Press, 1994, págs. 1-3.
(60) BERLIN, 1., "Las raíces del romanticismo", cit., pág. 89.
IsAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL ·OTRO" 57

la idea de que una sociedad con conciencia de su pro-


pia autonomía sólo puede sobrevivir si confiere a las
personas un escenario abierto que haga posible su au-
tonomía de pensamiento y acción (61). Y ello porque el
mundo con el que nos encontramos en nuestra expe-
riencia cotidiana es un mundo en el que tenemos que
enfrentarnos con elecciones entre fines igualmente últi-
mos y exigencias igualmente absolutas; de ahí que al
ser los ideales de una sociedad o una cultura diferen-
tes, es lógico que los mismos entren en ocasiones en
conflicto dentro de ellas o, en particular, dentro de la
propia experiencia moral de cada persona. Por eso,
concluye Berlin, a los ojos de Alexander Herzen mere-
cía la pena la libertad personal: "Porque es un fin en sí
misma, porque es lo que es... [De hecho] uno de los
más grandes pecados que puede perpetrar cualquier ser
humano es tratar de transferir la responsabilidad moral
de sus propios hombros a los de algún impredecible
orden futuro" (62).

y es que Berlin, al negar que exista una forma de


vida perfecta a través de la que la persona pueda mate-
rializar un desarrollo moral que sea mejor que otro,
aboca a que los valores sean plurales y, por tanto, a que
cada forma de vida los asuma o rechace libremente, y
sin que la opción elegida pueda tenerse como superior

(61) Cfr. DÍAZ-URMENETA, J. B., Individuo y racionalidad moder-


na. Una lectura de Isaiah Berlin, cit, pág. 255.
(62) BERLIN, 1., Pensadores rusos, cit., pág. 370.
Aa

ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LmERAL SOBRE EL ·OTRO· 58

con respecto a otra (63). Aquí la influencia de Vico y


Herder es clara, diferenciándose de los planteamientos
postmodernos sobre el tema. Y así, Berlin cree que Vi-
co fue el primer autor en esbozar un concepto moder-
no de cultura al destacar que ésta era el medio funda-
mental en el que los hombres articulaban su visión del
mundo y su propia escala de valores. Tal es así que,
desde que Vico irrumpe en el pensamiento berliniano,
es difícilmente indisociable de las conclusiones a las.
que llega nuestro autor. Como dice J. M. Sevilla, "Vico
es su verdadero eje de torsión", pues contrariamente <la
lo que cabría pensar, el corazón de Berlin es ilustrado,
pero su razón es viquiana. Berlin llega a Vico por el
camino de la razón, no por la vía del sentimiento" (64)

En Mi andadura intelectual (1998) pone de manifies-


to el influjo que Vico ejerció sobre él, influjo que
"constituye desde entonces un verdadero guía que
acompañará a Berlín durante el resto de sus travesías
filosóficas, un aliado en los múltiples frentes de con-
frontación y debate y un maestro de originales ense-
ñanzas" (65). ¿Por qué? Púes porque como el propio Vico

(63) Cfr. MARTINEZ ZORRILLA, D., "El pluralismo de 1. Berlín fren-

te al relativismo y la inconmensurabilidad", en Revista de Estu-


dios Políticos, núm. 109, julio-septiembre, 2000, págs. 173-199.
(64) SEVILLA, J. M., "La insumisión al dilema. Berlín y Vico", en
BADILLO,P. y BOCARDO, E. (Editores), lsaiah Berlin. La mirada
despierta de la historia, cit., pág. 330.
(65) lbidem , pág. 331.
IsAIAR BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 59

reconocía, el concepto de cultura no era una realidad


estática sino que evolucionaba dentro de un proceso que
seleccionaba nuevos valores y rechazaba otros (66). En
realidad, la historia era fruto de las temblorosas y con-
fusas manos del hombre, de forma que era posible su
conocimiento a través de los medios desplegados en su
gestación: los sentidos y la fantasía.

El desenlace que se anuda a estas reflexiones es la


defensa berliniana de un pluralismo culturaL De acuer-
do con él es imposible juzgar valorativamente una cul-
tura a partir de criterios universales y compararla con
otra. Los poemas de Homero, tan admirables estética-
mente, sin embargo, sólo pudieron darse dentro de una
cultura cruel y guerrera. Su belleza tiene que ver inten-
samente con los valores de la sociedad en los que se
produjeron, extremo que no hace a ésta más admirable
moralmente. Como dice Berlin al interpretar la argu-
mentación de Vico: no hay cambio en la perfección o
imperfección de la sociedad homérica, sino tan sólo
cambio con respecto a los valores, por ejemplo, que ri-
gen en las sociedades contemporáneas, Con todo, hay
en ese proceso de cambio la permanencia de ciertos va-
lores, como sucede con la continuidad histórica de la
idea de humanidad. De hecho, lo que los hombres de
la sociedad homérica hicieron lo pueden comprender
los hombres de hoy, de modo que Berlin atribuye a Vi-

(66) Cfr. BERLIN, L, Vico y Herder. Dos estudios en la historia de

las ideas, edición de H. Hardy, trad. de C. González del Tejo,


Cátedra, Madrid, 2000, págs. 99-104.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 60

co un enfoque "genético" que él mismo se aplica, y que


consistiría en poder discernir cómo hemos llegado a
ser lo que somos realmente. De este modo, la "empa-
tía" sería una especie de introspección imaginativa que
permitiría acceder al sentido de los valores de una de-
terminada sociedad a través de su lenguaje, su arte o
su literatura, ya que Vico habría "mostrado eficazmente
que las facultades de la mente (también modificaciones
o modos -culturales, históricos, etc.-) no se reducen.
ni supeditan a la razón exclusivamente; los sentidos y
la fantasía (memoria, imaginación e ingenio) son faculta-
des tan válidas y verdaderas como la razón misma" (67).
Y es que, en palabras del propio Berlin, Vico descubrió
"un sentido de conocimiento que es básico a todos los
estudios humanos: el sentido por el cual sé qué es ser
pobre, luchar por una causa, pertenecer a una nación,
unirse a, o abandonar una iglesia o un partido, experi-
mentar nostalgia, terror, la omnipresencia de un dios,
comprender un gesto, una obra de arte, una broma, el
carácter de un hombre, que uno se transforma o se
miente a sí mismo. ¿Cómo conoce uno estas cosas? En
primer lugar, sin duda, por experiencia personal; en
segundo lugar porque la experiencia de otros es sufi-
cientemente tejida dentro de la propia como para ser
sentida casi directamente, como parte de una comuni-
cación íntima, constantemente; y en tercer lugar por el

(67) SEVILLA,J. M., "La insumisión al dilema. Berlin y Vico", en


BADILLO,P. Y BOCARDo,F. (Editores), Isaiah Berlin. La mirada
despierta de la historia, cit., pág. 332.
ISAIAB BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO· 61

trabajo (algunas veces como esfuerzo constante) de la


imaginación" (68).

Pero junto a Vico, la otra figura determinante en el


desarrollo del pluralismo berliniano es Herder ya que
también destacó la diversidad y la inconmensurabilidad
de las culturas, aunque dentro de una perspectiva sin-
crónica que hacía posible evaluar cada fenómeno cultu-
ral mediante el universo axiológico en el que se había
producido. y ello porque juzgar "una cultura por las
normas de otra indica un fallo de la imaginación y del
entendimiento. Para comprender una cultura, hay que
utilizar las mismas facultades de perspectiva amistosa
con que nos entendemos unos a otros, sin las que no
hay amor ni amistad, ni relaciones humanas auténti-
cas" (69). Tal es así que Berlin se sumerge con pasión en
la reflexión de Herder, seducido por ese "pathos" expre-
sivo que contiene su obra y que es el fruto de un talan-
te prerromántico que lo hizo mantener que "cada acti-
vidad, situación, periodo histórico o civilización posee
un carácter único y peculiar" (70); algo que, no lo olvide-
mos, comparte el propio Berlin. y así, la estrategia
epistemológica que desplegó a lo largo de su vida al
aproximarse a los "otros" con los que se topaba vital-

(68) BERLIN, L, Contra la corriente. Ensayos sobre historia de las


ideas, cit., pág. 184.
(69) BERLIN, L, El fuste torcido de la humanidad. Capítulos de
historia de las ideas, cit., pág. 54.
(70) BERLIN, 1., Antología de ensayos, introducción y edición de
J. Abellán, Espasa Calpe, Madrid, 1995, pág. 185.
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO· 62

mente, es una proyección comprensiva de lo que en-


contró en las páginas escritas por Herder. "Las relacio-
nes humanas se basan en el reconocimiento de la indi-
vidualidad, que quizá no se pueda describir de modo
exhaustivo y menos aún analizar; lo mismo sucede Con
la comprensión de las culturas, las comunidades, las
épocas, y lo que son y pretenden y creen y sufren y
crean, cómo se expresan ellas mismas y se ven y pien-
san y actúan" (71). Este reconocimiento de la individuali-
dad personal y colectiva es esencial para entender 10
que late detrás de nuestros semejantes y las realiaades
culturales de las que forman parte, lo quieran o no, ya
que los límites o, si se prefiere, las fronteras culturales
son algo tan natural en los hombres como su fisono-
mía; experiencia que brota con nitidez cuando se pade-
ce, por ejemplo, el desarraigo del exilio: esa soledad
que tan bien conocía Berlin, y que surge cuando se vi-
ve "entre gentes de palabras, gestos, caligrafía, ajenos
de los tuyos, de conducta, actitudes, sentimientos, reac-
ciones instintivas y pensamientos y placeres y dolores,
demasiado alejados de los tuyos, cuyos puntos de vista
y cuya formación, cuyo tono y cualidad de vida y cuyo
ser, no son los tuyos. Los hombres tienen muchas co-
sas en común, pero no es eso lo que más importa. Lo
que les individualiza y les hace lo que son, lo que hace
posible la comunicación, es lb que no tienen en común

BERLIN, 1., El fuste torcido de la humanidad. Capítulos de


(71)

historia de las ideas, cit., pág. 55.


ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 63

con todos los demás. Las diferencias, peculiaridades,


matices, el carácter individual lo son todo en suma" (72).

Las reflexiones de Vico y Herder proporcionan a


Berlin un referente plural que no desemboca en el rela-
tivismo ni el escepticismo. y ello porque piensa que
mediante la capacidad que tiene el ser humano para
percibir lo que es objetivamente bueno, bello y justo a
través de la historia, es posible que el hombre pueda
verse a sí mismo a partir de ese "otro" que podemos
imaginarnos ser en condiciones semejantes, pues como
ya señalamos más arriba: "entender no es aceptar". Por
eso, como señala R. Hausheer, Berlin no es un relativis-
ta cultural porque cree que es posible asomarse a cua-
lesquiera culturas y afrontar su comprensión; tampoco
es un escéptico porque admite que existen valores obje-
tivos mínimos que hacen posible la evaluación axiológi-
ca de una determinada sociedad o una cultura concre-
ta; y finalmente no es un relativista moral porque a
partir de esos valores objetivos se delimita un mínimo
moral sin cuya presencia se negaría la condición de
humano al agente (73).

y así, los rasgos que definen el pluralismo valorati-


vo de Berlín tienen como punto de partida una visión
,de naturaleza humana dinámica y en permanente

Ibidem, pág. 55.


(72)

Cfr. HAUSEER, R., "Introduction", en BERLIN, L, Against the


(7l)

Current, Oxford University Press, 1991, pág. LI.


ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO· 64

transformación, aunque no hasta el extremo de renun-


ciar a la idea de que los hombres compartan, además
de ciertos atributos físicos y rasgos psicológicos comu-
nes, una serie de propiedades morales que hacen posi-
ble finalmente la existencia de una idea de humanidad
o, si se prefiere, de especie humana en la que se ad-
vierte la presencia de algunos fines humanos objetivos:
los que un hombre, mediante su esfuerzo imaginativo,
es capaz de llegar a ver como los fines a alcanzar por
otros hombres, y dentro de sociedades muy diferentes á
la suya pero que podría imaginarse asumiendo.

Para Berlin este conjunto de fines comunes es finito


y de concreción empírica ya que formaría parte de la
idea que cada uno tiene de lo que es un ser humano, idea
que somos capaces de compartir con "otros" gracias a
la posibilidad de comunicarnos con ellos a pesar de te-
ner formas de vida distintas.

Esta experiencia histórica, por tanto, desvelaría la


presencia en Berlin de una suerte de iusnaturalismo
metodológico semejante al planteado por Locke y que a
partir de la experiencia permitiría deslindar la existen-
cia de una escala de valores o normas morales univer-
sales (74); siendo aquí determinante el depósito de bie-
nestar o malestar que, de nuevo a la manera lockeana,

(74) Sobre la metodología hedonista que gravita sobre la teoría

del conocimiento de Locke y su proyección sobre la moral y la


política, véase LASSALLE, J. M., John Locke y los fundamentos
modernos de la propiedad, Dykinson,Madrid, 2001, págs. 110-121.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 65

se asocia históricamente a la realización de ciertas con-


ductas, individuales y colectivas que han acreditado no
haber causado dolor a los hombres. De ahí que llegue
a afirmar que cree en reglas "con las cuales muchísima
gente ha vivido mucho tiempo en muchos países. La
aceptación de estas reglas crea la posibilidad de vivir
juntos ... Si por universal se entiende una certeza intui-
tiva de esas reglas, yo creo que siento una especie de
certeza intuitiva ... Pienso que, en realidad, los seres hu-
manos y sus perspectivas son mucho más parecidos de
lo que creía Herder, y que las culturas se parecen entre
sí mucho más de lo afirmado por Spengler o Toynbee,
por ejemplo" (75).

En su ensayo La unidad europea y sus vicisitudes


(1959) reflexiona acerca del hecho de que los excesos
provocados por los totalitarismos del periodo de entre-
guerras desataron una profunda conmoción moral en
Europa, circunstancia ésta que demostraría la presencia
latente de una escala axiológica conforme a la que vive
la mayoría de los hombres occidentales, y que proscri-
biría, por ejemplo, el falso testimonio, la tortura, la es-
clavitud, el asesinato ritual, la tortura o el sacrifico de
los hombres por placer (76)~

En realidad, en términos metodológicos estaríamos


ante una especie de iusnaturalismo empirista, muy pa-

Isaiah Berlin en diálogo con Ramin Jahanbegloo,cit., pág. 143.


(75)

Cfr. BERLIN, I., El fuste torcido de la humanidad. Capítulos


(76)

de historia de las ideas, cit., págs. 167-194.


1

ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 66

recido al lockeano tal y como advertíamos hace un mo-


mento. Un iusnaturalismo sin ley natural y desprovisto
de la presencia de una divinidad motriz, claro, pero
que se basaría en un hedonismo epistemológico que a
pesar de renunciar a cualquier trasfondo teológico y
apriorístico, induciría razonamientos morales a partir
de la experiencia que proporcionan las acciones que los
hombres realizan si quieren evitar el dolor colectivo e
individual (77). El objeto del mismo sería, por tanto, de-
limitar unos mínimos morales aceptables según el rase-
ro conceptual que vimos antes asociado a la idea de
"decencia" y cuya vulneración provocaría una indisimu-
lada repugnancia en quien intentara afrontar su com-
prensión. ¿Por qué? Por la indiscutible barbarie que a
los ojos de cualquier persona "normal" habría de deno-
tar aquel régimen político que afrontara la realización
de una acción represiva que provocara un sufrimiento
extremo en los sujetos pacientes de ella, por ejemplo,
"torturar a los niños para extraer información sobre
traidores o delincuentes peligrosos" (78).

En Dos conceptos de libertad (1958) desarrolla esta


tesis al señalar que la libertad es, precisamente, uno de
;

I·1·
(77) Cfr. LASSALLE, J. M., John Locke y los fundamentos moder-

nos de la propiedad, cit., pág. 115. ..


(78) BERLIN, 1., El fuste torcido de la humanidad. Capítulos de
historia de las ideas, cit., pág. 31. Sobre la idea de "decencia",
Berlin dice en su conservación con R. Jahanbegloo lo siguiente:
"No me pregunte qué entiendo por decente. Por decente entien-
do decente; todos sabemos qué quiere decir", Isaiah Berlin en
diálogo con Ramin Jahanbegloo, cit., pág. 151.
ISAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO" 67

esos valores básicos que deben ser respetados de forma


absoluta, hasta el punto de fijar fronteras que exigen
normas cuya observación ha llegado a delimitar lo que
es un ser humano normal (79); siendo reiterado el plan-
teamiento en La persecución del ideal (1988) al sostener
que: "no debemos, por supuesto, exagerar la incompati-
bilidad de los valores: hay un gran espacio de amplio
acuerdo entre miembros de sociedades distintas a lo
largo de grandes períodos de tiempo acerca de lo cierto
y lo falso, del bien y del mal... Hay, si no valores uni-
versales, sí al menos un mínimo sin el que las socieda-
des difícilmente podrían sobrevivir. Pocos querrían de-
fender hoy la esclavitud o el asesinato ritual o las
cámaras de gas nazis o la tortura de seres humanos
por gusto o por provecho o incluso por el bien político;
o que los hijos tengan la obligación de denunciar a sus
padres, cosa que exigieron las revoluciones francesa y
rusa, o el asesinato irracional" (SO).

De esta manera estaríamos, como señala Leo


Strauss, ante un universalismo monista de mínimos
que intentaría situarse a caballo entre el presupuesto
.metodológico de partida -el relativismo valorativo- y
el universalismo axiológico que caracteriza el modelo
monista ilustrado que refuta a lo largo de su obra (SI)

(79) Cfr. BERLlN, 1., Cuatro ensayos sobre la libertad, cit., pág. 200.
(SO) BERLlN, 1., El fuste torcido de la humanidad. Capítulos de
historia de las ideas, cit., pág. 36.
(SI) Sraxuss, L., The Rebirth of Classical Political Rationalism,

University of Chicago Press, 1989, pág. 17.


ISAIAR BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERALSOBRE EL "OTRO· 68

Esta aparente contradicción berliniana no sena tal sino


que, como acertadamente apunta E. García Guitián, es
más bien el reflejo de su cautela por encontrar: "un pun-
to intermedio entre ese universalismo propio de la tradi-
ción racionalista que conecta con la idea de sociedad
perfecta y que nuestro autor rechaza, y un relativismo
que no encaja en absoluto con su visión del mundo" (82).

En realidad, este universalismo de mínimos del que


hablamos, en ocasiones, llegaría a identificarse con la
doctrina occidental sobre los derechos humanos ya que
existen bienes morales que son de interés para todos j
los hombres por el hecho de serlo y que constituirían
los presupuestos de cualquier sociedad decente: esto es,
de aquella que permite vivir a los hombres sin que se
destruyan los unos a otros. Aquí es donde surge el inte-
rés que la idea de "decencia" tiene en el pensamiento
de Berlin, y que no es otra que la visión de un modelo
de sociedad en el que se ha conseguido establecer una
serie de instituciones colectivas que no humillan a las
personas al asegurar un escenario común de conviven-
cia en el que coexisten valores plurales diversos (83).

Precisamente uno de los test que arrojan luz acerca


de la decencia de una sociedad sena la defensa en su

(82) GARCÍA GUITIÁN, E., El pensamiento político de Isaiah Berlin,


cit., pág. 78.
(83) Cfr. MARGALIT, A., The Decent Society, Harvard University
Press, Cambridge, Mass., 1996, pág. 1.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL ·OTRO· 69

seno de los derechos humanos, aunque como apunta E.


García Guitián al respecto, esto no significa que Berlin
admita categóricamente que todas las culturas o modos
de vida que presuponen ciertos derechos humanos, sean
sociedades decentes. Los derechos humanos constituirian,
por ahora, el corazón de ese mínimo valorativo acepta-
ble que permitiria mantener al mundo fuera de esa
senda torcida que impone la madera de la que está he-
cha la humanidad, aunque no han sido completamente
asumidos por todas las sociedades humanas ni hacen
definitiva la vigencia de la paz y la decencia dentro del
mundo (84). Y al igual que sucede con la delimitación de
cuáles son los valores mínimos sobre los que se asienta
la convivencia decente de los hombres, en los derechos
humanos tampoco se establece una especificación explí-
cita y aprioristica de los mismos (85). Berlin se decanta
por una solución fundada, igualmente, en la experien-
cia histórica, eludiendo todo planteamiento basado en
la razón, tal y como señala, por ejemplo, al analizar el
contenido de la Declaración de Derechos del Hombre y
del Ciudadano de 1789. Así, según Berlin, el reconoci-
miento que en ella se hacía de la propiedad como un
derecho natural de factura lockeana seria impensable
en la actualidad, incluso en el seno de las sociedades
occidentales. Y aunque el reconocimiento de la propie-
dad y su protección se considera indispensable, con to-

(84) Cfr. GARCÍA GUITIÁN, E., El pensamiento político de Isaiah


Berlin, cit., pág. 80.
(85) Cfr. Isaiah Berlin en diálogo con Ramin Jahanbegloo, cit.,

págs. 150-151.
ISAIAR BERUN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO' 70

do, no tiene el grado de amparo y la vigencia colectiva


que disfrutan otros derechos. De hecho, como deja en-
trever con ironía: poca gente estaría dispuesta a morir
por la defensa de la propiedad. y es que, a pesar de
que la "Declaración de los Derechos del Hombre y el
Ciudadano es uno de los legados más nobles de la gran
Revolución. Con todo, pienso que... no puedo recono-
cer, por ejemplo, la idea de que el derecho natural e ili-
mitado a la propiedad es sagrado, en lo cual creían
Burke y los revolucionarios franceses. En el mundo ac-·
tual consideramos que la propiedad privada es indis-
pensable para que haya un mínimo grado de libertad
individual -nos lo han enseñado la mayoría de los re-
gímenes marxistas-; pero tal vez que ni yo ni la mayo-
ría de la gente estaremos dispuestos a morir por el sis-
tema capitalista" (86).

Sin embargo, lo significativo es que esto, aunque


constituye una verdad constatable empíricamente a tra-
vés de la historia, con todo, no es inmutable a los ojos
de Berlin, pues no hay garantía de que pueda cambiar
con el transcurso del tiempo. Este es un aspecto que
no puede ser orillado a la hora de analizar la reflexión
berliniana, y que recuerda la tesis que deslizó Popper
en La miseria del historicismo al aventurar la idea de
que todas las conquistas civilizadoras acumuladas por
la humanidad a lo largo de generaciones y generacio-
nes pueden dilapidarlas una sola de ellas. En realidad,

(86) Ibídem, págs. 102-103.


ISAlAH BERUN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 71

al subordinar su pensamiento al análisis ernpmco de


la historia, introduce "una buena dosis de escepticis-
mo en la creencia en la inevitabilidad del desarrollo
de los seres humanos y en la progresiva eliminación
de los conflictos... pues lo que ha sido así hasta ahora
siempre puede cambiar. Nada es estático ni absoluto,
y no se descartan posibles evoluciones insospechadas
de los humanos" (87).

En este sentido, el escepticismo berliniano nace de


una visión de la historia en la que ésta no es la simple
acumulación de hechos del pasado, sino una metodolo-
gía empática que, semejante a la que proyecta cotidia-
namente cada persona sobre el "otro", hace que el estu-
dio de la historia demande "fantasía", esto es, capacidad
para comprender imaginativamente otros mundos dife-
rentes al nuestro (88). Y aunque el estudio de la historia
debe verificarse también mediante métodos de investi-
gación desarrollados de acuerdo con términos científi-
cos, sin embargo, no debe establecerse una identifica-
ción entre el análisis que preside aquélla y el que es
propio de las ciencias naturales. Sobre todo porque
además de las diferencias metodológicas que existen
entre la historia y las ciencias de la Naturaleza (ejerci-
cio del juicio frente al razonar de carácter lógico), los
objetivos perseguidos son distintos: comprensión en el

(87) GARCÍA GUITIÁN, E., El pensamiento político de Isaiah Berlin,


cit., págs. 80-81.
(88) Cfr. BERLIN, L, Vico y Herder Dos estudios en la historia de
las ideas, cit., pág. 25.
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LmERAL SOBRE EL ·OTRO· 72

primer caso, conocimiento fáctico en el segundo (89). Y


es que dejándose llevar por los ecos de la reflexión de
Vico, Berlin concluye que las categorías empleadas por
las ciencias en el terreno de las humanidades son insu-
ficientes, incluso a la hora de articular un discurso que
reproduzca la complejidad del tema abordado. ¿Por
qué? Pues porque en las humanidades los valores y los
fines morales, o inmorales, claro, están inevitablemente
anudados a los hechos.

En realidad, Berlín piensa -siguiendo a Vico-,J que:


"comprender la historia es comprender lo que los hom-
bres hicieron en el mundo en que se encontraron, lo
que exigieron de él, cuáles fueron las necesidades senti-
das, las metas, los ideales. [Vico] buscó descubrir la vi-
sión que los hombres tuvieron acerca de esto, él se pre-
guntó qué necesidades, qué problemas, qué aspiraciones
determinaron la opinión que una sociedad tenía de la
realidad y creyó que había creado un nuevo método
que revelaría las categorías en las cuales los hombres
pensaron y actuaron y cambiaron, ellos mismos y sus
mundos. Esta clase de conocimiento no es el conoci-
miento de los hechos o de verdades lógicas, proporcio-
nadas por la observación o las ciencias o el razona-

(89) BERLIN, 1., Conceptos y categorías. Ensayos filosóficos, intro-


ducción de B. Williams,trad. de Feo. Glez.Aramburu,FCE, Mé-
xico, 1992, págs. 179-236. Sobre el asunto de la disociación me-
todológica y finalista entre la historia o, si se prefiere, las
humanidades y las ciencias naturales, véase "El divorcio entre
las ciencias y las humanidades",en BERLIN, 1., Contra la comen-
te. Ensayos sobre historia de las ideas, cit., págs. 145-177.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO' 73

miento deductivo; ni es el conocimiento de cómo hacer


las cosas; ni el conocimiento proporcionado por la fe,
basado en la revelación divina, en la que Vico creía. Es
más como el conocimiento que tenemos de un amigo,
de un carácter, de sus modos de pensamiento y acción,
el sentido intuitivo de los matices de su personalidad o
sentimientos o ideas que Montaigne describe tan bien,
y que Montesquieu tomó en cuenta" (90).

Por eso el historiador, al igual que cada uno de no-


sotros cuando se proyecta empáticamente sobre los
"otros", debe de ser una suerte de artista que articule
su reflexión tratando de entender a los demás, guiado
por ese sentido intuitivo que Berlin describe como una
suerte de percepción imaginativa (imaginative insight):
un desdoblarse emotivamente que haga posible al histo-
riador, siguiendo la expresión de Vico, "ingresar dentro"
de mentes y vivencias ajenas con el fin de "entender
qué es ser un artista, un revolucionario, un traidor, sa-
ber qué es ser pobre, ejercer autoridad, ser un niño, un
prisionero, un bárbaro" (91). Y ello porque el historiador
es, también, un hombre como lo fueron, por ejemplo,
los romanos que supuestamente pidieron las Doce Ta-
blas sobre las que edificaron su sistema jurídico a la
Atenas de los tiempos de Solón, y porque, como dice
en El fuste torcido de la humanidad: la historia humana
carece de guión, de modo que los actores que la ejecutan

(90) Ibidem, pág. 171.


(91) Ibidem, pág. 173.
r
r
.
.
. .

ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERALSOBRE EL "OTRO' 74

deben improvisar su parte, especialmente si admiti-


mos, como es el caso, que la realidad rompe constan-
temente los modelos mediante los que intentamos or-
ganizarla a priori (92).

Por eso, precisamente, porque no existe ningún


guión o directriz valorativa, cada cultura se ordena
axiológicamente conforme a patrones propios. De he-
cho, como explica E. García Guitián al reflexionar so- .
bre el método de interpretación histórica planteado por
Berlin: "La actividad humana sería. así expresión ,de los
individuos y los grupos, formaría parte de un proceso
vivo de comunicación entre personas y no podría con-
cebirse como una entidad independiente. Los hechos
son complejos y las experiencias heterogéneas, por ello
resulta inadecuado intentar clasificarlos y encajarlos en
estructuras teóricas para poder controlarlos y realizar
predicciones" (93).

y aunque no quepa en términos absolutos identifi-


car a unas sociedades como mejores con otras debido a
la existencia de una idea de progreso lineal, sin embar-
go, la distinción "bárbaro/civilizado". aparece con fre-
cuencia en los ensayos de Berlin, y tendría que ver, de
nuevo, con ese universalismo de mínimos que hace po-

(92) Cfr. BERLIN, 1., El fuste torcido de la humanidad. Capítulos


de historia de las ideas, cit., pág. 30.
(93) GARCÍA GUITIÁN, E., El pensamiento político de Isaiah Berlín,

cit., pág. 86.


IsAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN liBERAL SOBRE EL ·OTRO· 75

sible que hable de ese modelo de sociedad decente que


sería demostrable a través de la experiencia histórica.

La proyección del pluralismo berliniano en el cam-


po de la moral es clara como vimos antes. La conse-
cuencia más obvia es la imposibilidad de evitar el con-
flicto moral, lo que hace que reivindique el juicio
práctico como instrumento básico a la hora de adoptar
decisiones morales. Aquí estaría produciéndose una
apelación a la sabiduría práctica aristotélica de modo
que la elección tendría que ser una decisión razonable
a partir de la experiencia, pero una decisión al fin y al
cabo. De ahí que J. Gray deslice la idea de que Berlin
introduce una suerte decisionismo agonista en la elec-
ción, que no podría fundarse nunca en la razón ni en
juicios apriorísticos. De este modo Berlin daría forma a
una propuesta que intentaría reconciliar el racionalis-
mo ilustrado con el Romanticismo, algo a parecido a lo
que trató de hacer a su manera John Stuart Mill al de-
sarrollar una filosofía en la que pugnan "los legados
del empirismo inglés y del utilitarismo clásico, por una
parte, y las influencias del Romanticismo y, hasta cier-
to punto, del idealismo alemán, por otra" (94).

El valor del pensamiento berliniano radicaría en ha-


ber establecido una síntesis entre el pluralismo y el li-
beralismo, pero una síntesis no desprovista de incerti-
dumbre, según Gray, ya que su pensamiento "muestra

(94) GRAY, J. Isaiah Berlin, cit. pág. 200.


p

ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN liBERAL SOBRE El ·OTRO" 76

muchas veces la faz de un liberalismo más profundo y


sutil, cuya génesis se sitúa no obstante en la tradición
de John Stuart Mili, mientras que otras veces muestra
una faz viquiniana y herderiana que se constituye en crí-
tica del liberalismo y de la Ilustración, no ciertamente
desde el punto de vista reaccionario o tradicionalista de
un De Maistre o de un Oakeshott, sino de la perspectiva
del pluralismo y el historicismo del tipo que se manifies-
ta en su momento en la obra de Herder y Vico" (95).

Es precisamente en el escenario de la política prác-


tica donde se pone de manifiesto plásticamerite el libe-
ralismo agonista de Berlin, pues el marco operativo del
mismo es una sociedad en la que no puede alcanzarse
nunca la armonía debido al pluralismo valorativo en la
que se desenvuelve. Pero para Berlin, el conflicto no es
nunca una disfunción del sistema, sino una característi-
ca intrínseca al mismo, semejante al "pelemos" heracli-
tiano que asume, por ejemplo, Carl Schmitt al organi-
zar su discurso teórico, aunque desprovisto, claro, de
esa antropología pesimista y hobbesiana que está al
servicio de la legitimación del modelo autoritario que
defiende este último.

El antiutopismo berliniano cobra forma intensa de


la mano del desarrollo de su liberalismo agonista. Y es
que si el pluralismo supone aceptar que no es posible
ofrecer respuestas definitivas a las cuestiones morales y
políticas, entonces, como señala Berlin en sus conversa-

(95) Ibidem, pág. 200.


ISAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN LmERAL SOBRE EL ·OTRO· 77

ciones con R. Jahanbegloo: "dada la imposibilidad de


dar respuestas finales a las preguntas morales y políti-
cas -y, en definitiva, a toda pregunta sobre valores- y
más aún, que ciertas respuestas que da la gente, e ine-
vitablemente ha de dar, son incompatibles entre sí, el
único modo de evitar los conflictos destructivos es lle-
gar a compromisos y aplicar, por muy reaciamente que
sea, un mínimo grado de tolerancia" (96).

El objetivo, por tanto, será siempre la búsqueda de


compromisos: la fijación de acuerdos sobre los proble-
mas puntuales que vayan emergiendo en la vivencia
práctica de una sociedad plural. y siempre con la idea
de los mismos deben evitar efectos dramáticos. De ahí
su provisionalidad y su permanente revisión. Sin em-
bargo, este escenario de negociación y compromiso no
excluiría unos mínimos innegociables. En este sentido,
el desarrollo teórico que Berlin plantea alrededor de la
idea de libertad arrojaría luz sobre el tema, pero a par-
tir de una constatación que sería importante destacar
ahora: que el pluralismo y el liberalismo no son la mis-
ma cosa, pues no existe una conexión lógica entre ambos,
tal y como aventura expresamente Berlin al señalar:
"Pluralismo y liberalismo no son conceptos equivalentes,
ni siquiera pueden superponerse. Existen teorías libera-
les no pluralistas. Yo creo que en el liberalismo como
en el pluralismo, pero no hay entre los dos conexión
lógica" (97).

(96) Isaiah Berlín en diálogocon Ramin Jahanbegloo, cit., pág. 67.


(97) Ibidem, pág. 67.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 78

Es bien sabido que la idea de libertad berliniana se


organiza a partir de su obra Dos conceptos sobre la li-
bertad. Estamos ante una descripción analítica que des-
gaja dos de las concepciones que puede encerrar la li-
bertad política, la negativa y la positiva. La elección de
una u otra suponía, al tiempo en el que ensayo fue es-
crito -1958-, la asunción de una de las posiciones
que entonces se enfrentaban en la Guerra Fría. La es-
trategia utilizada por Berlin fue doble, según apunta E.
García Guitián: una de carácter analítico y otra históri-
ca (98). La primera, la analítica, suponía afrontar el con-
tenido plurimorfo de una libertad que se presentaba
provista de múltiples y variados contenidos. La libertad
negativa aparece así descrita como "libertad de" o, lo
que es lo mismo: una ausencia de interferencias y un
ámbito en el que uno es su propio dueño dependiendo
de las posibilidades que se le brindan para ello social-
mente. La libertad positiva sería, por el contrario, "li-
bertad para", esto es, una libertad que en el ámbito
personal se equipararía con la autorrealización y, en el
colectivo, con la participación política. Precisamente los
problemas de diferenciación conceptual que provocaría
la estrategia analítica serían salvados gracias a la se-
gunda de las estrategias mencionadas, la histórica. Des-
de ella, Berlin conectaría la articulación y defensa de la
libertad negativa con la tradición del liberalismo, mos-
trando de paso las deformaciones históricas que ha ex-

(98' Cfr. GARCíA GUITIÁN, E., "Pluralismo versus monismo:


Isaiah Berlín", en MÁlz, R. (Compilador), Teorías políticas con-
temporáneas, Tirant lo Blanch, Valencia, 2001, pág. 34.
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL ·OTRO· 79

perimentado la libertad positiva al utilizarse al servicio


de la tiranía. En esta narración histórica Berlin identi-
fica la libertad negativa con la individual y con un
ámbito de privacidad amparado frente a lo público:
un escenario de libertad que en los años 50 del siglo
XX se veía amenazado por los que defendían la liber-
tad positiva y la identificaban deformadamente con la
búsqueda de una autorrealización personal a través de
lo colectivo.

Esta interpretación original de Berlín de la libertad


negativa y sus retos, sin embargo, fue modificada en
una segunda versión, la de 1969,. versión en la que se
introducía un ámbito de reflexión más amplio al inser-
tarla en un marco en el que el pluralismo valorativo
gravitaba sobre la defensa de aquélla. y si en la edi-
ción de 1958 la libertad negativa era interpretada en
términos absolutos, en la de 1969 pasa a ser vista co-
mo un valor al que las sociedades democráticas otor-
gan un status fundamental, aunque ya no es absoluto
al competir con otros valores con los que en ocasiones
puede entrar en conflicto.

La transformación del liberalismo berliniano como


consecuencia de la irrupción de su pluralismo valorativo
tendrá la responsabilidad de esta evolución. No es que
Berlín dejara de ser el admirador de Constant que, en
los años 50, desarrolló su tesis sobre la libertad negati-
va, sino que desde su visión pluralista no encontraba ya
una justificación a priori que le permitiera jerarquizar
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LmERAL SOBRE EL ·OTRO· 80

los valores en liza dentro de la sociedad. Por eso, a


partir de ese momento pluralista el liberalismo berlinia-
no adquiere una factura agonista que hace del conflicto
moral un dato relevante que sólo puede ser superado
mediante una lógica de acuerdos y transacciones que
sopesen prioridades, pero que llevará aparejada siempre
algún tipo de pérdida. De ahí la importancia de promo-
ver un modelo institucional en el que las propias es-
tructuras políticas favorezcan el establecimiento de
acuerdos que procuren la evitación de las peores solu-
ciones dentro de las posibles, pues: "hay valores mora-
les, sociales y políticos que chocan entre sí. Me es impo-
sible concebir un mundo en donde puedan reconciliarse
ciertos valores. Creo, en otras palabras, que algunos de
los valores últimos según los cuales viven los hombres
no pueden conciliarse ni combinarse, no ya por razo-
nes políticas sino en principio, conceptualmente. Nadie
puede ser un planificador cuidadoso y al mismo tiempo
totalmente espontáneo. No se puede combinar la liber-
tad plena con la plena igualdad ... También pueden cho-
car la justicia y la piedad, el conocimiento y la felící-
dad... Ciertos valores humanos no pueden combinarse
porque son incompatibles: de modo que hay que elegir.
Elegir puede ser muy doloros.; Lo único que podemos
hacer es procurar que las elecciones no sean demasia-
do dolorosas; lo cual significa que necesitamos un sis-
tema que permita perseguir ciertos valores, de modo
que, en lo posible, no surjan situaciones que obliguen a
los hombres a hacer cosas contrarias a sus conviccio-
nes morales más hondas. En una sociedad liberal de ti-
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO" 81

po pluralista no se pueden eludir los compromisos; hay


que lograrlos; negociando es posible evitar lo peor" (99).

Sin embargo, como bien apunta P. Anderson, la ac-


titud agonista de Berlin debería matizarse ya que el
pluralismo valorativo que defiende, a pesar de la super-
ficie de radicalidad que lo caracteriza, sin embargo,
contendría un ecumenismo tácito en el que la libertad
negativa jugaría un papel trascendental, ya que consta-
taría a partir de la experiencia contenida en la sabidu-
ría prá~tica de la historia que, la adopción de decisio-
nes que vulnerasen aquélla, podría engendrar a la larga
un clima de sufrimiento colectivo inasumible en el se-
no de una sociedad decente (100). De acuerdo con esta
lectura, el pensamiento berliniano se inspiraría sutil-
mente en una especie de cálculo utilitario en el que los
acuerdos deberían perseguir un valor inexpresado de
felicidad o, para ser más precisos, de su sombra, ya
que Berlin estaría apelando a la evitación del sufri-
miento mediante lo que denomina en Political Judge-
ment (Juicio político) o, en ocasiones, y de un modo
más metafórico: el "buen ojo político". Es decir, esa ca-
pacidad de síntesis política que permita ordenar los da-
tos de la realidad de acuerdo con un patrón único que
haga posible entender una situación particular desde su
irrepetible singularidad y que define como un don o

(99) Isaiah Berlin en diálogo con Ramin Jahanbegloo,cit., pág. 191.


(100) Cfr. ANOERSON, E., A Zone of Engagement, Verso, London,
1992, pág. 243.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO' 82

"capacidad para integrar una enorme amalgama de da-


tos constantemente cambiantes, multicolores, evanes-
centes, solapándose perpetuamente, demasiado numero-
sos, demasiado fugaces, demasiado entremezclados
como para ser aprehendidos, individualizados y etique-
tados como tantas mariposas individuales. Integrar, en
este sentido, es ver los datos ... como elementos de un
esquema único, con sus implicaciones, verlos como sín-
tomas de posibilidades pasadas y futuras, verlos prag-
máticamente ... Para captar una situación en este senti-
do uno necesita 'ver', acceder a una especie de contacto
directo, casi sensorial, con los datos relevantes" (101).

Operando como un talento semejante al de novelis-


tas que, como Tolstoy o Proust, son capaces de captar
en una sola frase los flujos profundos que marcan la
.:),

textura misteriosa de la vida humana, el "ojo político"


sería una especie de "sensibilidad excepcional" ante la
política y que encarnarían los gobernantes exitosos, ya
sean "perversos o virtuosos, aquello que tenían Bis-
marck... o Tayllerand o Franklin Roosevelt, o también
hombres como Cavour o Disraeli, Gladstone o Ata-
türk. .. Es una capacidad ... para la síntesis antes que
para el análisis... Los que carecen de ello, independien- -e;

temente de otras cualidades que puedan poseer... son


considerados correctamente como ineptos políticos ...
¿Qué es lo que el emperador Augusto o Bismarck sabían

(101) BERLIN, I., El sentido de la realidad. Sobre las ideas y su his-

toria, edición de H. Hardy, introducción de P. Gardiner, trad. de


P. Cifuentes, Taurus, Madrid, 1998, págs. 86-87.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO· 83

y el emperador Claudio o José 11 no sabían? Muy pro-


bablemente, el emperador José era intelectualmente
más culto que Bismarck. .. [pero] Bismarck ... [tenía] la
capacidad de integrar o sintetizar los vestigios y frag-
mentos efímeros, sueltos, infinitamente variados, que
integran la vida en cualquier nivel" (102l.

El ejemplo de políticos como Franklin Delano Roosevelt


o Winston Churchill será aquí decisivo ya que en ellos
concurre la defensa de los valores pluralistas sobre los
que se asientan las sociedades occidentales. Los ensa-
yos que Berlin les dedica arrojan claridad sobre los
rasgos que identifican ese "buen ojo político" al que
apela, y que sería en términos generales un deseo de
comprender y ordenar los acontecimientos gracias a.
una poderosa imaginación que, en Churchill, se tradu-
cía en un patrón apriorístico que, a pesar de utilizar
los métodos de la demagogia democrática que Shakes-
peare asocia a la imagen de Marco Antonio en Julio
César, hizo posible que se salvara el futuro reínterpre-
tanda el presente histórico a partir de la tradición.
Que es lo que sucedió, por ejemplo, en aquellos difíci-
les momentos históricos del verano de 1940 cuando
Inglaterra estaba al borde de la derrota y supo desper-
tar el orgullo heroico y sublime de su pueblo gracias
al hecho de saber apelar a "los sentimientos y la fideli-
dad a la gran tradición... que lleva sobre los hombros
y que debe entregar, no sólo sana e intacta, sino forta-

(lOZ) Ibidem, págs. 87-88.


ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 84

lecida y embellecida, a sus sucesores dignos de aceptar


la sagrada responsabilidad" (103).

Sin embargo, fue Roosevelt quien desarrolló el mé-


todo del buen ojo político hasta llegar a la genialidad.
En este sentido, su "New Deal" fue una apuesta por la
libertad en "una época de debilidad y creciente deses-
peración en el mundo democrático". De hecho, piensa
Berlin, después del "individualismo desenfrenado de los
años veinte, que había conducido al derrumbe econó-
mico y a la miseria extendida, buscaba establecer las
nuevas reglas de justicia social. Intentaba hacerlo sin
tener que meter a su país en una especie de fuerza
doctrinaria, ya fuera el socialismo o el capitalismo de
Estado, o la clase de nueva organización social que los
regímenes fascistas ostentaban como el Nuevo Orden".
La sabiduría política de Roosevelt fue proporcionar una
"gran válvula de escape para el rencor y la indignación
contenidos" con el fin de orillar "la revolución y de
construir un régimen que proporcionaba mayor igual-
dad económica y justicia social -ideales que eran la
mejor parte de la tradición de la vida norteamericana-
sin alterar la base de libertad y de la democracia de su
país" (104). La grandeza de la política del "New Deal" ra-
dicó, precisamente, en haber sabido conciliar aspiracio-
nes y necesidades dentro de un contexto histórico con-
vulso, lleno de incertidumbres y asechanzas. Alejado

(103) BERLIN, L, Impresiones personales, cit., pág. 68.


(104) Ibidem, págs. 83-84.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO· 85

del político de "principio único y de visión fanática"


que "preso de su propio sueño brillante y coherente"
hace que con su ensimismamiento terco pueda "torcer
los acontecimientos y doblegar a los hombres para que
se amolden a sus propios moldes", Roosevelt responde
a ese otro tipo de estadista que "posee antenas de la
mayor delicadeza posible que le comunican, en formas
difíciles o imposibles de analizar, los contornos siempre
cambiantes de los sucesos, de los sentimientos y de las
actividades humanas que los rodean". En realidad, esta
segunda clase de políticos "saben qué hacer y cuándo
hacerlo, si han de lograr sus fines, que por su parte no
nacen generalmente en un mundo privado de pensa-
miento íntimo o sentimientos introvertidos, sino que
son la cristalización, la elevación a un nivel de gran in-
tensidad y claridad, de lo que gran número de sus con-
ciudadanos piensan y sienten en alguna forma vaga e
imprecisa pero, no obstante, insistente". Roosevelt fue
"un magnífico virtuoso de este tipo y el más benévolo
así como el más grande maestro de este arte en los
tiempos modernos" ya que supo conservar "los moda-
les, el estilo de vida, la textura emocional y la gracia
del antiguo orden de educación aristocrática" aunque
con la libertad suficiente como para adoptar "las ideas
y aspiraciones de la nueva clase, socialmente en rebel-
día" y no "por conveniencia sino por genuina convic-
ción moral" (105). Por eso Roosevelt denota ese "buen ojo
político" berliniano. Porque evitó una revolución ape-

(105) lbidem, págs. 87-90.


1I

ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 86 ~

lando a la justicia social, y sin violentar la tradición


norteamericana de la libertad, quehacer único que sólo
podía conseguir un estadista de su talante, que amaba
su país y que "deseaba que prevaleciesen la democracia
y la civilización" porque "creía en ambas" y "sabía lo
que quería" (106).

y porque el liberalismo agonista defendido por Ber-


lin se alimenta de los presupuestos políticos reformado-
res que persiguen solucionar los conflictos cuando és-
tos se plantean, el desenlace programático al que apela
no aboca al conflicto sino, precisamente, a su supera-
ción. Es cierto que lo hace dentro de una atmósfera de
mínimos, pero siendo capaz de integrar el pluralismo
mediante su desactivación en el seno de un marco libe-
ral que hace del "otro" un presupuesto que refuerza la
vigencia del propio liberalismo. ¿Cómo? Constatando
de antemano que en una sociedad liberal pluralista los
conflictos son inevitables, de manera que es también
inevitable alcanzar compromisos articulando institucio-
nes que deben diseñarse de la forma más idónea para
lograrlos y, así, procurar la evitación de las peores solu-
ciones mediante la negociación. Por eso la empatía
imaginativa hacia el "otro" es una metodología episte-
mológica con proyección política desde la que pueden
conseguirse compromisos mediante el entendimiento
reformista.

(106) Ibidem, pág. 91.


ISAlAH BERUN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL "OTRO· 87

En ocasiones esta empatía es imposible si el "otro"


nos niega nuestra propia libertad empática debido a su
connivencia o a su aceptación de la barbarie, que es lo
que en el terreno personal llevó a Berlin en los años
treinta a romper con su amigo Adam von Trott zu Solz,
un aristócrata alemán al que conoció en All Souls y
con el que evitó todo tipo relación después de que
aceptase ser nombrado fiscal en la Alemania nazi. A
pesar de toda la comunidad cultural y los intereses in-
telectuales compartidos que existían entre ambos, ha-
bía una nota de diferencia que hacía insalvable su
amistad, y por tanto, su negociación desde el pluralis-
mo: su colaboración con el régimen indecente que en-
camaba el nazismo y que no le redimió a los ojos de
Berlin aún después de saber que había participado en
la conspiración antihitleriana que en 1944 capitaneó el
conde von Stauffenberg (107).

y es que para el liberalismo agonista de Berlin, la


sociedad pluralista y liberal en la que cree establece
mínimos innegociables. Mínimos que son límites a la
tolerancia de los "otros", tal y como sucede con los de-
rechos humanos al no ser susceptibles de ninguna tran-
sacción. Para Rawls, el liberalismo de Berlin significa
que aunque el ámbito de los valores es objetivo, con
todo, "los valores colisionan entre sí debido a que la
clasificación de los mismos es demasiado amplia como
para hacer posible su encaje perfecto dentro de una so-

(107) Cfr. IGNATIEFF, Isaiah Berlin, Su vida, págs. 105-110.


ISAIAH BERLlN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 88

ciedad". Primero, porque al darse valores incompatibles


la convivencia entre ellos impone exigencias conflictivas
a las instituciones. Segundo, porque éstas no pueden
articular un ámbito de actuación tan amplio y permea-
·1 ble como para integrar bajo su seno todos los valores
sociales en conflicto. Pero el que no se dé una sociedad
sin conflicto y pérdidas, piensa Rawls, es algo que está
ínsito en "la naturaleza de los valores y del mundo; y
buena parte de la tragedia humana es i~-flejo de ello.
Una sociedad liberal justa puede ofrecer más espacio
para la convivencia de valores distintos que otras, pero
nunca sin evitar conflictos y pérdidas" (108).

Pero también existen, piensa Berlin, límites de otra


naturaleza, en este caso referidos a los fines mismos,
ya que habría fines igualmente intolerables cuando pro-
ducen la violación de la libertad negativa; que es lo que
sucede, por ejemplo, con los fanáticos y los inmigran-
tes cuyos fines morales resultan difícilmente integrables
dentro de las pautas que gobiernan la convivencia cívi-
ca y legal que salvaguarda la justicia y, asociado a ella,
la evitación de la crueldad y el sufrimiento. En estos
casos habría que utilizar la persuasión pacífica y, si és-
ta falla, la coacción, que es lo que sucede, por ejemplo,
con los fanáticos y con los inmigrantes que tienen valo-
res y fines radicalmente distintos a los nuestros (109). De

(108) RAWLS, J., Political Liberalism, Columbia University Press,


N. York, 1993, pág. 197.
(09) Cfr. GARctA GUITIÁN, E., El pensamiento político de Isaiah

Berlín, cit., pág. 137.


ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LmERAL SOBRE EL "OTRO· 89

este modo, a pesar de la estructura pluralista defendida


por Berlin, la defensa de un marco institucional liberal
que evite la injusticia, la crueldad y el sufrimiento,
constituye un fértil ámbito de reflexión que quizá pue-
da iluminar algunos de los problemas que aquejan a
las inevitablemente plurales sociedades occidentales, pe-
ro sin renunciar por ello a esa flexibilidad que contiene
su idea de que sólo desde el compromiso y la empatía
hacia el "otro" podemos seguir sosteniendo la "decen-
cia" de nuestro modelo de civilización.

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SEGUNDA PARTE
MI ENCUENTRO CON BERUN 97

MI ENCUENTRO CON BERLIN


Carlos Dardé
Profesor TItular de Historia Contemporánea. Universidad de Can-
tabria.

Muy brevemente, quisiera decir que me parece muy


acertado el título que José María Lassalle ha dado a su
excelente ensayo porque recoge, a mi juicio, un aspecto
esencial de la personalidad intelectual de Isaiah Berlin:
su interés por el "otro", es decir, por aquellos que, en
expresión de G. Flaubert, no son semejantes a nosotros,
no piensan de la misma forma ni comparten nuestros
valores e ideales. Dada la condición de liberal de Isaiah
Berlin -su pertenencia a la principal corriente del pen-
samiento ilustrado-, ese interés por el "otro" se ha
manifestado frecuentemente -como queda bien recogi-
do en el escrito de José María Lassalle- en el análisis de
los críticos o adversarios de esas ideas, no tanto con el
propósito de rebatirlos como de aprender de ellos, de
descubrir los puntos débiles o incluso los errores del
universo mental al que él mismo pertenecía. En el fondo
ISAlAH BERUN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 98

de esta actitud no estaba la duda acerca de la bondad


de las propias ideas, principios y valores, sino la con-
ciencia de sus limitaciones, de su radical imperfección,
basada en el convencimiento de que nada derecho, ab-
solutamente perfecto, puede salir del "fuste torcido de
la humanidad".

Me gustaría añadir que esa reflexión sobre el "otro",


y las mismas consideraciones, las llevó Isaiah Berlin a la
esfera interior, personal. No hay bases perfectas -opina-
ba- sobre las que cada uno pueda organizar su vida,
opciones que sirvan para que cada persona desarrolle to-
das sus posibilidades o satisfaga todos sus deseos. Nos
vemos forzados a elegir y toda elección comporta pérdi-
da; en el fondo quedan soterradas facultades, intereses,
deseos, otro yo que más o menos vivamente terminará
por reclamar su existencia.

Este escepticismo -que no relativismo- de Isaiah


Berlín tanto en el ámbito público como en el privado
no le hizo pesimista; por el contrario, pensaba que "el
espectáculo debía continuar" y, a través del trabajo in-
telectual en distintos campos y de la participación en
numerosas y variadas iniciativas sociales (políticas y
académicas) -muestra todo ello de una extraordinaria
energía vital-, trató de que ese espectáculo fuera de la
mayor calidad posible. Para ello consideraba que era
necesario llegar a transacciones, compromisos, con
aquello que había quedado oculto o marginado. Ningu-
na actitud autoafirmativa a ultranza, dogmática, por
, •.5;:""

MI ENCUENTRO CON BERLIN 99

tanto, sino la capacidad de descubrir los fallos -teóri-


cos y prácticos-, y la confianza en poder superarlos
mediante concesiones justas a planteamientos que no
eran inicialmente los nuestros.

Un ejemplo concreto -y menor- de esa apertura a


los demás es el interés que mostraba por las investiga-
ciones que otras personas, accidentalmente próximas a
él, realizaban en campos completamente alejados de
los suyos propios. Algunos historiadores españoles que
coincidieron con Isaiah Berlin en Oxford -en Saint
Antony's College, mientras terminaba de habilitarse
Wolfson College- me han contado su curiosidad sobre
distintos aspectos de la historia contemporánea de Es-
paña -de la que él mismo le confesó a Raymond Carr
que no sabía nada-, y las preguntas que les hacía so-
bre la marcha de sus tesis doctorales. Yo mismo tuve
ocasión de comprobar su accesibilidad cuando me per-
caté de su presencia en una conferenciade E.P.Thompson,
también en Oxford, en mayo de 1989, y ante la insisten-
cia de mi mirada, al acabar el acto, prácticamente se
dirigió hacía mí facilitándome la presentación (que yo
rehuí, aterrado por la perspectiva de tener que explicar-
me en un pésimo inglés ante mi idolatrado Berlin).

Quizá pueda aplicarse al mismo Berlin lo que él dice


de León Tolstoy,en un conocido ensayo, que es una per-
sona a quien no le cuadra bien la distinción entre erizos
y zorros. Es tanta la variedad de los conocimientos de
Isaiah Berlin, como filósofo y como historiador, son
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LmERALSOBRE EL ·OTRO· 100

tantos y tan diversos los autores y las épocas sobre las


que ha escrito, tan diferentes los campos en los que
manifestó su actividad pública, que puede resultar cho-
cante definirle como un erizo, como alguien que sólo
sabe una cosa -por importante que esta sea- y no
muchas como los zorros. y, sin embargo, pienso que es
así; que Isaiah Berlin tiene más de erizo que de zorro,
no porque defienda un sistema cerrado sino porque pa-
rece saber una sola cosa, porque en toda su obra hay
una idea de fondo, un denominador común: el rechazo
del monismo y la afirmación y defensa del pluralismo,
unidos a un espíritu extraordinariamente positivo.

La vida y la trayectoria intelectual de Isaiah Berlin


no fueron en absoluto convencionales pero no creo que
pueda decirse que fuera un inadaptado en el mundo
británico. Desde muy joven, confesó sentirse plenamen-
te a gusto tanto con el idioma inglés como con las
costumbres de su país de adopción. Su misma prolon-
gada pertenencia a la Universidad de Oxford -aunque
en distintos Colleges y áreas de conocimiento, de
acuerdo con planteamientos propios, libremente elegi-
dos y al margen de caminos trillados-, indican más
bien su integración en el mundo académico británico,
en el que existía un amplio campo para la diversidad, e
incluso para la extravagancia. Pero su comparación con
otro historiador extraordinario, también extranjero de
origen y nacionalizado británico, como Lewis Namier,
indica hasta qué punto Isaiah Berlin supo hacerse un
hueco y ser aceptado en Inglaterra. Otra cosa es que su
·15 1

MI ENCUENTROCON BERLIN 101

propia energía vital y la variedad de sus intereses le hi-


cieran seguir un camino personal y diferente.

Como historiador, Isaiah Berlin sigue teniendo vigen-


cia e interés en la medida que hace una historia de las
ideas con ideas y con individuos, frente a otros modelos
de historia intelectual en los que apenas si aparecen
aquéllas y éstos. Ciertamente el estudio sociológico de
los intelectuales -en sentido amplio=-, los ámbitos so-
ciales a los pertenecen, las asociaciones profesionales,
los canales a través de los cuales hacen público su tra-
bajo, la consideración en que son tenidos por sus con-
temporáneos, son temas relevantes que nos ayudan a co-
nocer el contexto en el que intervienen. Pero todos estos
aspectos no pueden sustituir ni anular --como de hecho
ocurre en algunas obras recientes- la atención y el es-
tudio de las ideas mismas y la trayectoria vital -indivi-
dual, única e irrepetible- de quienes las formulan.
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:;;;::-. • ~.....Q

APOSTILLAS A UNA REFLEX1ÓN SOBRE ISAIAH BERLIN 103

APOSTILLAS A UNA REFLEXIÓN


SOBRE ISAIAH BERLIN
Eusebio Fernánde: Carda
Catedrático de Filosofía del Derecho. Universidad Carlos ID de
Madrid.

El trabajo que nos ha presentado José María Lassa-


lle bajo el título Isaiah Berlin: una reflexión liberal sobre
el 'otro' es un trabajo valioso por distintos motivos. En-
tre ellos podría destacarse la facilidad para retener los
puntos más notables de una producción teórica que co-
rre el riesgo de ser analizada superficialmente. Como
conoce cualquier estudioso de la obra de Isaiah Berlin,
bajo una apariencia, que puede resultar familiar debido
a los tópicos utilizados por él, se esconde una línea, o
mejor varias líneas, de pensamiento que responden a
cuestiones filosóficas constantes y sólidas. No es fácil
dar enseguida con ellas (quien esto escribe tardó en
comprender el contenido de su trabajo "Dos conceptos
de libertad", después de varias ocasiones de pensar que
lo había entendido), sin embargo es el único camino
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO· 104

para poder orientamos en un mar de ideas, datos y ex-


periencias.

Los grandes autores no están hechos para ser leídos


por mentes esquemáticas y simplificadoras sino para
ser degustados con serenidad. Aunque nos incomode de
la lectura de Isaiah Berlin sus experimentos e intromi-
siones en un número considerable de temas, e incluso
se puede llegar a pensar que esto es incompatible con
la profundidad en el pensamiento, cualquier persona
con inquietudes intelectuales y amante de la aventura
intelectual no puede dejar de sentir envidia ante una
biografía tan plagada de pasiones, conocimientos y mo-
mentos de auténtica felicidad.

Isaiah Berlin fue un filósofo y un intelectual pecu-


liar. Da la impresión, por los datos biográficos que co-
nocemos y por sus descripciones de las personas que
trató, que siempre tuvo algo interesante que contar y
que no fue un profesor especialmente vanidoso ni envi-
dioso, posiblemente irónico, elegante y encantador con
sus amigos.

Posiblemente encamó muy bien esa característica


que identifica muy bien a los liberales de tan distinto
pelaje: un talante abierto y comprensivo. Parece que es-
to encaja mal con la osadía de algunos neoliberales,
con el fundamentalismo de algunos conservadores y
con la seguridad de los intelectuales de la izquierda (o
de cierta izquierda). La sensibilidad moral de Isaiah
ApOSTILLAS A UNA REFLEXIÓN SOBRE ISAIAH BERLIN 105

Berlin, desde cuyo mirador se asomó a todos los pro-


blemas de su tiempo (que sigue siendo el nuestro) en-
caja mal con mentalidades cerradas. La libertad signifi-
ca, para él, lo más valioso, algo que no se despega de
nosotros, que nos llena de esperanza, de amor a la hu-
manidad, de desprecio a la mentira y rechazo a la
crueldad, pero también algo incómodo, valiente, arries-
gado, trágico y que nos recluye en la soledad.

No estoy seguro de que mi interpretación de Isaiah


Berlin sea correcta. Pienso que las descripciones ante-
riores pueden ser incompletas, pero no inadecuadas. De
otra manera sería impensable llegar a comprender el
significado que tiene en su obra la defensa del pluralis-
mo y su claro distanciamiento de toda teoría o postura
monista. El dogmático de todo tipo tiene que enfure-
cerse cuando lee: "La idea de que tiene que haber res-
puestas últimas y objetivas para las cuestiones normati-
vas; verdades que pueden demostrarse o intuirse
directamente; que es posible en principio descubrir una
estructura armónica en la que sean compatibles todos
los valores; que hacia esta única meta es hacia la que
tenemos que dirigimos... a mí me parece que no es vá-
lida y que a veces: ha conducido (y todavía sigue con-
duciendo) al absurdo, en teoría, y a consecuencias bár-
baras, en la práctica" (en 'Introducción' a Cuatro
ensayos sobre la libertad).

Por su lado, la persona de talante liberal sentirá en-


seguida la cercanía del siguiente texto: "Sin embargo,
ISAlAH BERUN: UNA REFLEXIÓN LmERAL SOBRE EL ·OTRO· 106

la gloria y la dignidad del hombre se basan en el he-


cho de que es él el que elige, y no eligen por él, de
que puede ser su propio amo (aunque a veces esto le
llena de temor y de una sensación de soledad), de que
no está obligado a comprar seguridad y tranquilidad al
precio de dejarse encerrar en un limpio casillero de
una estructura totalitaria que pretende arrebatar la
responsabilidad, la libertad y el respeto a uno mismo y
a los demás, de un solo golpe" (en El fuste torcido de
la humanidad).

Pluralismo de valores y fines, libertad de elección,


incompatibilidad entre valores y sentimiento de que al-
go perdemos y sacrificamos al elegir entre ellas, porque
su realización y consecución armónica son "humana-
mente" imposibles, son preocupaciones de Isaiah Ber-
lin, claramente repetidas en sus escritos. Estas preocu-
paciones están muy bien recogidas en los párrafos
finales del ensayo de José María Lassalle y a mí me in-
teresan especialmente.

De manera precipitada e incorrecta hay quien ha


acusado a Isaiah Berlin de relativista. La acusación no
se mantiene. Un relativista nunca defendería que "Hay,
. si no valores universales, sí al menos un mínimos sin
el que las sociedades difícilmente podrían sobrevivir", o
que "no podemos evitar aceptar estos principios básicos
porque somos humanos". Si la tolerancia liberal está
llamada a la búsqueda de "modus vivendi en un mun-
do más plural", ello sólo es posible partiendo de esos
APOSTILLAS A UNA REFLEXIÓN SOBRE ISAIAH BERLIN 107

rrummos éticos innegociables. A su vez las formas de


vida moral tolerables no pueden abarcar todas las posi-
bles, sino las que integren esos principios de humani-
dad (o de dignidad humana). y en el campo político,
donde no existen verdades absolutas y armónicas, no
queda otro remedio, para salvar el pluralismo, que llegar
a acuerdos y compromisos en el marco de esos mínimos
innegociables. y la tolerancia y el amor al pluralismo no
podrán proteger a los que no los respeten. Creo que
Isaiah Berlin es consciente del peligro de que el pluralis-
mo puede desaparecer si no es capaz de excluir a los in-
tolerantes que se aprovechan de él para traicionarle.

No me atrevo a dar la razón a John Gray, cuando, en


su reciente libro Las dos caras del liberalismo. Una nueva
interpretación de la tolerancia liberal sitúa a Isaiah Berlin
en la segunda cara del liberalismo, es decir, la que tiene
como objetivo "la búsqueda de un compromiso de paz
entre diferentes modos de vida". Sin embargo, no tengo
grandes dudas acerca del hecho de que la filosofía políti-
ca de Isaiah Berlin nos ayuda a "abandonar la ilusión
-en palabras del propio J. Gray- de que las teorías de
la justicia y de los derechos pueden libramos de las iro-
nías y las tragedias de la política".

Que las tragedias de la política deben tratarse con


humanidad y buenas dosis de ironía es una notable en-
señanza de Isaiah Berlín, que la discusión del texto de
José María Lassalle ha evitado que olvidemos.
BERLIN: EL ENCUENTRO CON EL ·OTRO· 109

BERLIN: EL ENCUENTRO CON EL


"OTRO"

Ignacio Gil Lázaro


Diputado por Valencia. Portavoz Adjunto Grupo Parlamentario
Popular en el Congreso.

Analizar el pensamiento de Berlín es una tarea com-


pleja y apasionante que permite múltiples enfoques.
Una aproximación de síntesis obliga a escoger algunos
aspectos de aquélla especialmente en lo que de la mis-
. ma cabe hallar como exponente del interés berliniano
por el "otro". Un interés sobre el que se conjuga una
parte sustancial de la aportación de Berlín al panorama
intelectual contemporáneo y que le dota de una espe-
cial actualidad precisamente porque cada vez más las
viejas sociedades europeas comienzan a estar impregna-
das por la presencia, la identidad y el espíritu de
"otros" con los que hay que concordar espacios de se-
rena y fértil convivencia en común.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 110

El encuentro con el "otro" comporta un reto de


gran calado. Sin embargo es más difícil aceptar la ins-
trumentalización que Berlin realiza del concepto y di-
mensión de ese "otro" como modo para el fortaleci-
miento de las propias convicciones y de la superioridad
de estas, lo que no deja de ser contradictorio e incluso
frustrante. Berlin no termina de buscar en aquel "otro"
una oportunidad para "el criterio compartido" sino más
bien la evidencia del error o de la debilidad intelectual
del argumento sostenido por el congénere. De esta for-
ma la excursión sobre el otro queda reducida más a un
ejercicio de autoafirmación en vez de cumplir un obje-
tivo de "comprensión" y de "relativización" del propio
"yo", en términos mucho más atractivos para la armó-
nica coexistencia de ideas y pareceres individuales.

Sea como fuere es lo cierto que la búsqueda de una


presencia distinta a la propia constituye un elemento
muy sugerente en sí y aún más en el contexto de una
sociedad radicalmente competitiva que tiende a primar
el valor social de éxito y que, por ende, vira hacia el
aislamiento individual por mucho que el escenario ex-
terno venga determinado por un crecimiento exponen-
cial de las nuevas tecnologías de la comunicación y de
la información. Quizá hubiera sido mejor que Berlin
uniera a su búsqueda del otro la idea del "pacto o con-
trato social" de modo que su expresión fuere mucho
más allá de la limitación que comporta hacer de aquél
otro un solo "contraespejo" del yo sobre el que se pro-
yecta la predicada superioridad de ese mismo yo.
Cuando Berlin dice que "entender no es aceptar" está
BERLIN: EL ENCUENTROCON EL ·OTRO" 111

reduciendo el alcance de su propia pretensión de "en-


contrar" al otro en su mejor y más extensa acepción.
Ahí Berlin establece un apriorismo que constriñe en
mucho la dimensión de su interés por comprender al
diferente y le resta posibilidades creativas a ese ejerci-
cio de vecindad con lo ajeno al "yo".

Entre paréntesis diré que llama la atención el que


Berlin acepte la plena independencia del ser humano
para vertebrar su respectivo proyecto vital a través de
un sistema de elección que el autor entiende que suele
ser al final una opción entre "valores contrapuestos".
En este sentido parece más realista la sujeción del des-
tino individual que Ortega sitúa en el ámbito de "la cir-
cunstancia" dotando a esta de una impresión principal
en la configuración del devenir de cada "yo". La liber-
tad plena de opción que Berlin atribuye a la persona
para "ser" -casi como en sí mismo cada uno quiera-
supone un cierto desvío de la realidad si no un exceso
intelectual que en muy poco se compadece con el im-
perio de las cosas. Vivir uno y vivir en sociedad, por el
contrario, es siempre el trasunto inevitable de la limita-
ción del "yo" para ser autosuficiente y esa no suficien-
cia parte, en su origen, de la radical limitación del in-
dividuo para prescindir de la contingencia que le
impone su origen, tiempo, lugar y entorno como supe-
restructura que condiciona su andadura inicial en el
tiempo así como una parte muy importante del poso
característico de la personalidad prolongada a través de
su edad y de su experiencia de vida en conexión con
los demás.
ISAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL ·OTRO· 112

Así, pues, se echa en falta hallar en Berlin la predis-


posición para encontrar "en el otro" aportaciones com-
plementarias del propio yo desde la querencia por des-
cubrir en él una parte de la razón de las cosas
divergentes de nuestra propia razón. Convivir es de su-
yo acentuar el diálogo y la comprensión hacia aquello
que nos rodea y que no "está" en el acerbo inmediato
de lo que cada cual reconoce o siente como propio.
Por eso "mirar hacia el otro" debe comportar un deseo
de abrirse a él con la voluntad de concebir en esa
apertura nuevos elementos para avanzar en la toleran-
cia, en el respeto recíproco y en la pluralidad.

En una sociedad multiforme como lo es la sociedad


occidental de nuestro tiempo se hace imprescindible
activar de modo constante los parámetros de acuerdo y
aproximación entre unos y otros precisamente para que
la diversidad no sea una vía de conflicto o quiebra si-
no, por el contrario, una manera de "estabilizar lo dis-
tinto" mediante el diseño de estructuras intelectuales,
políticas y sociales que permitan la integración de to-
dos en un modo consensuado de coexistir a partir de
nítidos objetivos en común. Desde esta perspectiva creo
que "buscar al otro" ha de ser la consecuencia de una
voluntad antecedente mediante la que se quiere "ver en
el otro" una parte integrante del "yo" para así convertir
"la razón" y "la verdad" de aquél en una parte de la
propia razón y de la propia verdad.

Pues bien, la reivindicación del otro parece quizá más


urgente en la dinámica del quehacer político. Democracia
· I
BERLIN: EL ENCUENTROCON EL "OTRO· 113

es diálogo como método para la pluralidad yeso se


traduce en un imperativo claro respecto de la compren-
sión y aceptación de cuanto es diferente a cada uno de
nosotros. La consideración de "lo demás" y "hacia los
demás" configura el cimiento sobre el que levantar to-
do el armazón de la vida democrática y de su metodo-
, I logía esencial. Democracia no es imposición. ni exclu-
sión, ni consagración de un pensamiento único. Lejos
de ello la Democracia comporta convergencia entre di-
ferentes a partir de un mínimo de principios admitidos
que se sintetizan hoy en los valores últimos de la cultu-
ra de los derechos humanos y en la traducción consti-
tucional de los mismos merced a un sistema de liberta-
des individuales y colectivas. Por eso también Democracia
es "pacto" en su sentido más amplio y fértil.

Es obvio que todo sistema lleva implícito sus mis-


mas malformaciones. Si la sociedad de la comunica-
ción aporta contenidos positivos para el reforzamiento
de la libertad en la medida en que produce canales de
inmediatez para la creación y expresión de opinión y
para la participación individual en el debate público no
menos cierto es que ese acento de "prontitud" en la ex-
presión y en la fluidez de transmisión del dato impone
el que se tiende a simplificar la emisión del concepto
de manera que el revestimento intelectual de este cede
ante la concentración expresiva que supone la preten-
sión de ganar "impacto" en el mensaje a transmitir. Así
el imperativo de lo mediático obliga, por tanto, a la
búsqueda del titular en perjuicio de la argumentación
sosegada lo que deviene en una simplificación dialéctica
ISAlAH BERLLN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO" 114

constante que inevitablemente comporta el choque


abierto con el "otro". El destello del titular se alcanza
en la sublimación de la controversia, el conflicto o el
lenguaje brusco en detrimento de la concordancia, el
acuerdo o la acreditación del respeto entre diferentes.
La noticia es siempre "la contienda" mucho más que
el pacto o la coexistencia entre proyectos, grupos y
personas inicialmente no afines. En este orden sería
imprescindible "recuperar" la visión del otro para ac-
tuaria como punta de lanza frente a la tiranía del
exabrupto impuesto por la "espectacularidad" de la co-
municación concebida como "retrato de combate" entre
gentes y tesis.

Lo dicho en cuanto a la preocupación berliniana


por el otro tiene también significado de actualidad a
tenor de los cambios que se están produciendo en las
sociedades europeas por mor de una devenida revisión
de sus esquemas de articulación comunitaria en fun-
ción de la incorporación a dichas sociedades de ese
aporte que supone la presencia en ellas del fenómeno
inmigratorio. La Europa del siglo veintiuno va a ser
una sociedad permeabilizada en sus valores clásicos
por cuanto se desprende de las vivencias de identidad
traidas por aquellos que provenientes de otros territo-
rios buscan en esa Europa una forma estable de per-
manencia desde la integración en la sociedad continen-
tal sin redimir, por ello, sus raíces autóctonas. Ahí
radica un elemento clave medidor del futuro europeo y
es evidente que su resolución no puede llegar sino des-
de el hallazgo de procedimientos y conceptos orientados
BERLIN: EL ENCUENTRO CON EL "OTRO' 115

a no prescindir de la existencia de "esos otros" como


parte de nosotros, definiendo cauces adecuados para no
incurrir en el conflicto intercultural, religioso o racial
ni en la expoliación de la tradición e identidad singular
del más débil.

El pensamiento de Berlin es -como dice John Gray-


"sutil" y "subversivo". Berlin es subversivo porque inno-
va y se sitúa en frente de concepciones admitidas casi
como verdades científicas. A su vez es sutil porque le-
jos de enclaustrarse en una doctrina cerrada conjuga
su "madeja de ideas" interpretables en función de un li-
beralismo remozado capaz de entender la contradiccio-
nes que entraña la proyección de la libertad en el hori-
zonte de un tiempo como el nuestro. Berlin es agonista
porque sabe que el ejercicio de aquella libertad sustan-
cia la necesidad de "escoger" y que escoger es siempre
extraviar algo en la elección entre bienes intrínseca-
mente rivales -su liberalismo del conflicto- lo que
aporta un grado evidente de angustia compelido por la
inevitabilidad de optar entre esto y aquello, abandonan-
do cuanto de sugestivo hay en la parte desistida de la
antedicha elección. El conflicto, pues, está en el hecho
de tener que elegir y esa tensión continua enmarca la
realidad más íntima del individuo y la dinámica de
conjunto de toda sociedad.

En definitiva Berlín supone una relectura del libera-


lismo desde perspectivas nuevas, diferentes tanto de las
escuelas de pensamiento liberal dominantes en el mundo
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 116

angloamericano como de las propias raíces más tradi-


cionales de aquél, especialmente a partir de la "desa-
cralización" que hace Berlin de la idoneidad de la filo-
sofía como método resolutivo de los problemas
existenciales del hombre y de las sociedades así como
de su rechazo a la posibilidad de hacer una Historia
"científica" y de su negación a aceptar la identificación
entre los métodos de las ciencias naturales y de las
ciencias sociales. Tal vez por todo ello Berlin seguirá
siendo un autor de minorías que al abjurar del deter-
minismo está "reinventando" una nueva idea de liber-
tad. Una libertad desvestida de tabúes y de la inútil ad-
herencia de demasiadas ideas preconcebidas instaladas
en la órbita de un liberalismo cansado al que Berlin
quiso agitar y rejuvenecer
~.

:-........

DE LAS CLASIFICACIONES DE ISAIAH BERUN, O A PROPÓSITO DE VEROI 117

DE LAS CLASIFICACIONES DE
ISAIAH BERLIN, O A PROPÓSITO
DE VERDI

Juan Antonio Gonzále; Fuentes


Director del Aula de Letras de la Universidad de Cantabria.

"Estoy abierto a todos los géneros


menos al género aburrido n.

(GIUSEPPE VEROI en una carta a un amigo)

Hace unos meses acudí a la recién inaugurada Fil-


moteca de Cantabria para ver la película de Robert
Mulligan Matar a un ruiseñor (1962), cuyo argumento
está basado en la novela homónima de la interesante
escritora sureña Harper Lee, buena amiga de ese inau-
gurador de géneros narrativos que fue Truman Capote.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO" 118

Pues bien, uno de los momentos más emocionantes


de la película es cuando su protagonista, el abogado
Atticus Finch, magníficamente interpretado por Gregory
Peck, le explica a su hija pequeña que para intentar
comprender a los demás, a los otros, hay que calzarse
sus zapatos y caminar un buen rato con ellos. . ..

Yo creo que el astuto Isaiah Berlin estaría bastante


de acuerdo con esta imagen, con este ponerse los zapa-
tos de otro para procurar entenderlo mejor. Es más,
como muy bien ha explicado el profesor José María
Lassalle en el trabajo que sirve de excusa para estos
comentarios, puede decirse que a lo largo de toda su
larga trayectoria intelectual, Berlin no hizo otra cosa
que calzarse los "zapatos ideológicos" de sus contrarios,
buscando probar así la solidez de sus propias ideas y,
llegado el caso, modificarlas y mejorarlas.

Es evidente que Isaiah Berlin era un hombre de fe


inquebrantable en las ideas y en la influencia decisiva
de éstas en la conformación de los individuos y las so-
ciedades. Sobre sus ideas políticas, sobre su visión de
la historia de las ideas ..., imagino que se va a tratar
mucho aquí, y con más conocimiento de lo que yo pu-
diera hacerlo, así que mi aportación va a limitarse a
subrayar, como ya lo hiciera Mario Vargas Llosa hace
más de 20 años en su atinado prólogo a El erizo y la
zorra, el hecho de que Isaiah Berlin escribiera ensayos
de gran densidad intelectual utilizando técnicas novelís-
ticas, logrando que las ideas y los mismos pensadores
DE LAS CLASIFICACIONES DE ISAIAH BERLIN, O A PROPÓSITO DE VERDI 119

fluyan por sus páginas como si se tratase de "héroes de


una novela de aventuras".

Esta característica es deudora desde luego de la


tradición narrativa anglosajona; tradición que tan
magníficos frutos ha venido dando tanto en el campo
de la novela y el relato, como en el terreno de la his-
toria y el ensayo, y dentro de este último apartado
pienso en el Lytton Strachey de La reina Victoria, Re-
tratos en miniatura y Victorianos eminentes, o en una
de mis últimas lecturas, las transparentes, profundas,
sabias, hermosísimas páginas que G. K. Chesterton de-
dicó a R. L. Stevenson.

El gusto de Berlin por "narrar" ideas trasluce a mi


modo de ver al menos dos cuestiones muy importantes
unidas entre sí: el respeto intelectual por los creadores,
y el íntimo convencimiento de que en el trabajo de és-
tos pueden encontrarse nuevos temas de reflexión, o la
propia reflexión servida en su forma más iluminadora.
Así, para Isaiah Berlin, en la obra de los grandes poe-
tas (Borís Pasternak, Anna Ajmátova, W. H. Auden o
Stephen Spender pueden servirnos de ejemplos consis-
tentes) muchas veces se encuentra formulado de la me-
jor manera posible el espíritu palpitante de las ideas,
por lo que cualquier pensador que se precie debe estar
muy atento a los frutos de la creación artística de su
tiempo. En este sentido, y dejo aquí esta idea tan sólo
apuntada, Berlin opina además como el convencido
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 120 "_,."

moralista que es, y le cuesta disociar la grandeza inte-


lectual de la rectitud ética.

Creo que esta forma de pensar de Isaiah Berlín tie-


ne mucho que ver con su educación sentimental en la
heterodoxia hebrea y en la heterodoxia de los "círculos
artísticos oxonienses", como así lo dejan entrever aquí
y allá Michael Ignatieff en su estupenda biografía berlí-
niana, o el poeta S. Spender en su interesante autobio-
grafía Un mundo dentro del mundo.

Este contacto con la heterodoxia felizmente contri-


buyó a alejar a Berlín de la más estricta ortodoxia aca-
démica, y a la hora de pensar y redactar sus propias
ideas le hizo tener muy en cuenta pulsaciones, fuentes
y materiales de carácter literario, musicaL.; elementos
éstos de reflexión que, por regla general, son poco fre-
cuentados en nuestra vida académica, y que sin embar-
go proporcionan al desarrollo y consolidación de las
ideas de Berlin un amplio margen de maniobra, una
gran eficacia en su función expresiva y comunicativa, y
una muy notable capacidad evocadora.

Un buen ejemplo de esta forma de trabajar del pen-


sador británico es su libro El erizo y la zorra. En él,
Berlin plantea, entre otras cosas, una "investigación se-
ria" sobre la forma de pensar la historia en el inicio de
la contemporaneidad, pero lo hace partiendo de un ver-
so del poeta griego Arquíloco y planteando una atenta
y sabia lectura de las novelas de Tolstoi.
DE LAS CLASIFICACIONES DE ISAIAR BERLIN, O A PROPÓSITO DE VERDI 121

Hasta tal punto está presente el interés de Berlin


por el arte y la literatura en sus trabajos que, como si
de un entretenido juego se tratase, dedicó parte de su
tiempo a establecer grupos de escritores, pensadores y
artistas, atendiendo, lógicamente, a su forma de pensar
y crear.

La más conocida de estas clasificaciones es la de


erizos y zorros, relatada en El erizo y la zorra. Los pri-
meros son los detentadores de una visión general, un
principio único universal y organizador que por sí solo
da significado a cuanto son y dicen. Los segundos per-
siguen muchos fines distintos y sostienen ideas centrí-
fugas; su pensamiento es desperdigado y difuso. Entre
los primeros Isaiah Berlin sitúa, por ejemplo, a Dante,
Platón, Nietzsche, Proust, Ibsen, Dostoievski..., y entre
los segundos a Goethe, Balzac, Pushkin, o Shakespeare.

Hay otra clasificación de este mismo tipo que es


mucho menos conocida y que a mí me resulta igual o
más interesante que la célebre aludida. Es la que apa-
rece en su brevísimo e impagable ensayo sobre la
naiveté (ingenuidad) del compositor italiano Giuseppe
Verdi (1813-1901), ensayo dedicado, por cierto, al poe-
ta W. H. Auden (véase Contra la corriente. Ensayos so-
bre historia de las ideas. Fondo de Cultura Económi-
ca, 2000, págs. 365-374).

En las páginas de este intenso trabajo, Berlin parte


nuevamente del fruto de la reflexión de un creador/poeta,
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL 'OTRO' 122

punto sobre el que me interesa mucho llamar la aten-


ción. Si en El enza y la zorra el mecanismo reflexivo
del profesor de Oxford se puso en marcha gracias a la
metáfora de un poeta antiguo griego, en La Naivete de
Verdi (1969) todo se desencadena tras la lectura del es-
crito Über Naive und Sentimentalische Dichtung (1795)
de Friedrich Schiller; ensayo en el que el alemán dis-
tingue dos tipos de poetas, concepto utilizado por él
para definir a todo tipo de creador, a todo tipo de pen-
sador: los ingenuos (concepto desmarcado aquí de su
acepción ordinaria) y los sentimentales.

Los sentimentales son los creadores conscientes de


sí mismos. Su obra se caracteriza por ser sátira, elegía,
negación, ataque a la llamada "vida real", afirmación
de un mundo definitivamente perdido. Tienen una com-
prensión reflexiva del objeto; de ellos no podemos apre-
hender sus sentimientos de primera mano, sino la re-
flexión de su alma, lo que piensan acerca de esos
sentimientos como espectadores de sí mismos. Son
poetas desde la autoconsciencia. Dentro de este grupo
Berlín coloca, entre otros, a Wagner, Marx, Nietzsche o
Dostoievski...

La obra de los poetas ingenuos brota de la visión


directa de la realidad. No hay en ellos esfuerzo alguno
por llegar "más allá", a un infinito inasequible, no tie-
nen ninguna intención ulterior. El conocimiento directo
de las emociones humanas conforma todo su equipo
expresivo. Su arte se ajusta a las reglas de una conven-
DE LAS CLASIFICACIONES DE ISAIAH BERLIN, O A PROPÓSITO DE VERDI 123

cion, ofrece unidad interna, un sentido de pertenencia


a su propio tiempo, a la sociedad en la que ha surgido.

Pues bien, para Isaiah Berlín, el último de los gran-


des maestros ingenuos de la música occidental fue Giu-
seppe Verdi, y junto a él, dentro del mismo grupo de poe-
tas ingenuos, el polemista británico pone a Shakespeare,
Goethe, Dickens..., o a otro compositor de óperas italia-
no, Gioacchino Rossini.

En su reflexión Berlín se decanta claramente por


los poetas ingenuos frente a los sentimentales. En este
sentido, Roger Hausheer, en la introducción a la edi-
ción española de Contra la corriente, nos recuerda que
Berlin siempre mostró poco interés por escritores
("poetas") decadentes, que no se sintió "naturalmente
atraído" por figuras como Dostoievski, Kafka o Beckett...,
"aquellos que describen estados marginales de la men-
te, tipos de experiencia rarificados, exóticos o 'anorma-
les', humores demasiado desviados del duro y eterno
núcleo de las emociones y pasiones, de las relaciones
humanas básicas".

Por eso nuestro autor prefirió siempre a Verdi en


lugar de aquel al que de manera un tanto artificiosa la
crítica de entonces colocaba como su principal antago-
nista musical, Richard Wagner. A Berlin, como escribe
Ignatieff, "le encantaba el arte 'ingenuo', especialmente
Verdi.;.". Ya en 1935 Isaiah le había transmitido a su
amigo Stephen Spender algunas opiniones al respecto:
ISAlAH BERUN: UNA REFLEXIÓN lmERAL SOBRE El ·OTRO· 124

"Wagner era uno de esos artistas incapaces de sentir


emoción directamente. Tenía que preguntarse: ¿Qué es
la pasión erótica?, ¿qué son los celos?, para después de-
dicarse a construir una paráfrasis musical de emociones
que no podía sentir de primera mano. Mientras que
Verdi llegaba al corazón directamente, porque él mismo
sentía las emociones y no le hacía falta parafrasear ...".

En este punto no puedo estar más que de acuerdo


con Isaiah Berlin. Cuando escucho el dúo de amor de
la escena segunda del segundo acto de Tristán e Isolda,
siento que me hallo ante algo grandioso y deliberada-
mente trascendente, ante una sobrecogedora construc-
ción reflexiva en torno al amor. Pero nunca he sentido
a Tristán o a Isolda como seres humanos, en todo mo-
mento los he sentido como dioses localizados en una
distancia imposible. Sin embargo, cuando escucho a
Rigoletto decir "Oh, mia figlia! Non lascianni non deí,
Non morir!", a Violeta Valéry "Addíol Del passato bei
sogni ridenti", a Don Carla "Ella giammai m'ao", o a
Otello "Or morendo, nell'ombra, in cui giacio... Un ba-
cio, un bacio ancora, ah! un altro bacio ...", tengo la
completa seguridad de estar escuchando voces radical-
mente humanas que expresan con verdad y pasión
emociones primordiales: amor erótico, amor a la pa-
tria, amor paterno y filial, odio, celos, locura, soledad,
alegría, poder, compasión ... La obra de Verdi es la ex-
presión genial, a través de las convenciones del melo-
drama con música, del juego de relaciones y sentimien-
tos en los que los hombres y mujeres se han reconocido
a lo largo de vastos periodos de su historia, alcanzando
DE LAS CLASIFICACIONES DE ISAlAH BERUN, O A PROPÓSITO DE VERDI 125

además lo que John Rosselli llama "nuevas alturas de


experiencias imaginativas". Y ésta es, sin duda, una de
las razones por las que el pueblo italiano se identificó
de forma tan plena con las óperas del maestro de Bus-
seto, logrando éste lo que no pudieron hacer, por ejem-
plo, ninguno de sus compatriotas novelistas contempo-
ráneos, a excepción de Manzoni y su 1 promessi sposi,
es decir, ofrecer un modelo personal, nacional (profunda-
mente italiano en su latido musical), universal (inteligible
para todos), de profundizar en el conocimiento de la vida
humana. Así, para los italianos del siglo X1X las óperas
de Verdi fueron el equivalente de las novelas de Dickens
para los ingleses o las de Balzac para los franceses.

Un motivo nada desdeñable que, en mi opinión,


ayuda a explicar tan singular y preciado logro verdiano,
es la necesidad del maestro de ir directamente al gra-
no. Con mucha frecuencia olvidamos que la ópera ita-
liana del siglo X1X estaba más cerca en sus objetivos
del cine de Hollywood o de la televisión actual que del
"sagrado" y "trascendente" acontecimiento artístico en
el que hoy parece haberse convertido. Verdi deseaba y
necesitaba que sus óperas tuviesen éxito de público, y
para lograrlo se atuvo siempre a una fórmula muy
efectiva a la vista de los resultados: "en la ópera -es-
cribió en 1872- lo que se requiere por encima de todo
es musicalidad: fuego, espíritu, vigor, entusiasmo". Ya
en torno al año 1847 le había escrito a su entonces li-
bretista Francesco Maria Piave: "[Pasión! ¡Pasión! ¡No
importa de qué tipo, pero pasión! Quiero poesía con
unos cojones bien grandes". En definitiva, de lo que se
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 126

trata, y aquí interpreto libremente a Verdi, es de que al


caer el telón, el público sienta en su interior el abraca-
dabrante cosquilleo de los placeres variados y contra-
dictorios que sólo la ópera proporciona.

Pasión, fuerza, vigor dramático, concisión, variedad,


delicadeza mordaz, agilidad narrativa... Sí, estos rasgos
los exudan las óperas de Verdi por cada una de sus no-
tas, pero cabe preguntarse: ¿en eso consiste el arte del
de Busseto?, "pasión y cojones", por utilizar sus mis-
mas palabras. No, evidentemente. Los biógrafos coinci-
den en señalar el interés de Verdi por aparentar ser un
campesino misántropo, tosco e ignorante. Este disfraz
le servía en esencia para cultivar una muy apreciada
soledad y para mantenerse al margen de los tontos jui-
cios al uso: "acepto los silbidos con la condición de
que no se me exija que dé las gracias por el aplauso",
escribió en una de sus numerosas cartas. Pero no cabe
ninguna duda de que estamos ante uno de los músicos
más cultivados y sutiles de la historia, perfecto conoce-
dor de los dramas de Shakespeare o de los entresijos
de la commedia dell'arte.

Verdi siempre fue consciente de que en arte copiar


la verdad puede ser una buena cosa, pero inventar la
verdad es mejor, mucho mejor. Así, en sus óperas, Ver-
di inventa una realidad transida de real y poderosa
emoción que aflora diáfana a través de una refinadísi-
ma estructura musical cuya clave última está en el tra-
tamiento genial del ritmo. La instrumentación verdiana
DE LAS CLASIACACIONES DE ISAIAH BERLIN, O A PROPÓSITO DE VEROI 127

es límpida, y en ella se entremezclan los registros pe-


queños con los mucho más amplios, dependiendo de la
concreta situación dramática a la que se refieran, pero
en ellos siempre hay variedad y carácter. En Verdi es la
música la que impulsa y da forma al drama, la que
controla la temperatura emocional de lo que sucede en
el escenario. Como escribe H. S. Power, "lo que produ-
ce impacto no es la ópera como drama, sino el drama
como ópera". Verdi pone en escena su verdad (experi-
mentada en propia carne, como nos recuerda Isaiah
Berlin, de ahí su contagiosa convicción), y lo hace re-
presentando en última instancia un diálogo, una nego-
ciación entre almas, algo en lo que en el terreno ope-
rístico únicamente le iguala Mozart.

Si repasamos lo dicho en los últimos párrafos, no


nos sorprenderá nada que Isaiah Berlin concediese al
creador de Aida la categoría de poeta ingenuo, y que
no disimulase su entusiasmo por él, algo en lo que
coincide con personas tan dispares como George Stei-
ner, Herbert van Karajan, James Joyce, José Hierro o,
perdonen la osadía, yo mismo. Sin embargo, hay algo
que me molesta profundamente de la reflexión de Ber-
lin en su texto sobre Verdi. Me refiero al poco disimu-
lado tono de desdén y parcialidad que sus palabras
desprenden hacia los llamados "poetas sentimentales".
Un desdén que no parece sustentarse sólo en el pro-
pio gusto personal, lo que sería desde luego compren-
sible y legítimo, sino que además aduce razones en-
vueltas con el brillante celofán de la objetividad,
cuando en estos "asuntos del arte" la objetividad no
ISAlAH BERLlN: UNA REFLEXIÓN LmERAL SOBRE EL ·OTRO· 128

suele encontrar suficiente oxígeno como para sobrevi-


vir el tiempo suficiente.

Me explico. Berlín se decanta por los poetas inge-


nuos frente a los sentimentales, y dice de Verdi que, en
el sentido de Schiller, es "el último gran poeta ingenuo
de nuestra época". Hasta aquí todo perfecto y no hay
nada que objetar. Los peros creo que deben ponerse
cuando para apoyar estas ideas, Isaiah Berlin emplea
un conjunto de argumentos perfectamente válidos si su
utilidad fuese sólo la de apuntalar una opinión perso-
nal, pero que resultan bastante ineficaces -incluso sos-
pechosos de nostálgico y yermo conservadurismo-
cuando se lanzan con la intención de establecer alguna
conclusión de carácter general, como creo que sucede
en el caso que nos ocupa.

Pongamos un ejemplo de lo que quiero insinuar.


Escribe Schiller del poeta sentimental: "...Su alma no
sufre impresión alguna sin volverse inmediatamente a
contemplar su propio juego ... De esta manera nunca re-
cibimos el objeto mismo, sólo lo que la comprensión
reflexiva del poeta hace del objeto; y aun cuando el poe-
ta es el objeto, cuando él quiere retratarnos sus senti-
mientos, no aprehendemos sus sentimientos directa-
mente de primera mano, sino, sólo la reflexión en su
alma, lo que él pensó acerca de ellos como espectador
de sí mismo" (véase pág. 367 de Contra la corriente). A
lo que Berlin apostilla inmediatamente después: "De
aquí que el efecto (seguro que quiso decir "defecto")
DE LAS CLASIFICACIONES DE ISAIAH BERLIN, O A PROPÓSITO DE VEROI 129

del artista sentimental no sea el goce y la paz, sino la


tensión, el conflicto con la naturaleza y la sociedad, el
anhelo insaciable, la neurosis notoria de la edad mo-
derna, con sus agitados espíritus, sus mártires, fanáti-
cos y rebeldes, y sus predicadores coléricos, camorris-
tas subversivos, Rousseau, Byron, Schopenhauer,
Carlyle, Dostoievski, Flaubert, Wagner, Marx, Nietzsche,
que no ofrecen paz, sino una espada" (pág. 367 de
Contra la corriente...).

Con estas palabras Berlin parece dar por hecho, en-


tre otras cosas, que los poetas sentimentales son rebel-
des, coléricos, camorristas, subversivos, neuróticos e in-
saciables, aunque no precisa qué demonios quiere
decir, por ejemplo, con eso de camorrista o insaciable.
Pero es que además, en ningún momento desciende a
dar razón de porqué ser todas esas cosas en el mundo
del arte o el pensamiento implica necesariamente algo
negativo o repudiable, cuando la historia ofrece abun-
dantes muestras de los avances, descubrimientos y con-
quistas realizadas por algunos de los "camorristas" alu-
didos por Berlin. Y es que siempre he pensado que
quizá uno de los defectos más evidentes de nuestro
pensador es el de dar un buen número de cosas por
sabidas y aceptadas, lo que, por otra parte, parece bas-
tante propio de la naturaleza astuta, pero desperdigada
y difusa, de un buen "zorro" como Isaiah Berlin.

Como punto final a estas páginas quiero señalar


que confrontando las dos clasificaciones de artistas y
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL 'OTRO" 130

pensadores aludidas más arriba, ha llamado mi aten-


ción el hecho de que, generalizando claro está, se pue-
da establecer una estrecha relación entre, por un lado,
los que Berlin llama erizos y poetas sentimentales, y
por otro lado, los zorros y poetas ingenuos. Así, hacien-
do un rápido repaso por los nombres que aparecen en
las dos clasificaciones berlinianas, nos encontramos con
que nuestro autor califica a Dostoievski o a Nietszche
como zorros y como sentimentales, y a Shakespeare,
Goethe o Pushkin como zorros y como ingenuos, de-
pendiendo siempre del trabajo que consultemos. Claro
que establecer o no una efectiva relación entre todas
estas categorías supondría entregarse quizá fascinado a
un trabajo serio de investigación, reto para el que, pla-
giando a Isaiah Berlin su frase final de La "naivete" de
Verdi, no estoy calificado.

BIBLIOGRAFíA UTILIZADA

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tore, Milano, 2000.
· ---'!'"_ ."1...:"'==,

ISAIAHBERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 133

ISAIAH BERLIN: IDEAS SOBRE


EL ROMANTICISMO
Dámaso Lápe:
Profesor TItular de Filología Inglesa, Universidad Complutense de
Madrid.

El momento que eligió Isaiah Berlin para reflexio-


nar de forma sostenida y formal sobre el Romanticis-
mo acaso no fue el mejor (1). Podría decirse que las cir-
cunstancias históricas hacían casi obligatorias ciertas
preocupaciones que tal vez hoy hayan envejecido o pa-
rezcan inoportunas. Por otra parte, de forma inevitable,
el tiempo transcurrido desde entonces ha hecho que el

(1) Además del libro objeto de atención sobre estas notas, The

Roots of Romanticism (que recoge la serie de conferencias A.w.


Mellon, pronunciadas por el autor en 1965), el Romanticismo
reclamó el interés del pensador británico a través de artículos
como "La revolución romántica", (1960), _recogido en El sentido
de la realidad; o como "La apoteosis de la voluntad romántica:
la rebelión contra el mito de un mundo ideal" (1975), recogido
en El fuste torcido de la humanidad.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL 'OTRO" 134

conocimiento sobre el Romanticismo y sobre la Ilustra-


ción se haya transformado de un modo respecto del
cual resulta muy difícil afirmar que todos los elemen-
tos que entran en lo definido se hallen ahora, entre sí,
en la posición relativa que ocupaban en el pasado. La
propia explicación de 10 que se entendía por Romanti-
cismo era no poco compleja, y no había consenso acer-
ca de sus límites y contenido. No se trata ni se trataba
tan sólo de soslayar, como hizo Isaiah Berlin, con la
ayuda de Northrop Frye, el escollo de la definición del
vocablo (2). La definición del Romanticismo ocupa hoy
un lugar poco relevante en los estudios sobre ese fenó-
meno histórico; al hablar de lo que implica el término,

(2) Los problemas de la definición del Romanticismo, según


Northrop Frye, pueden hallarse en "The Drunken Boat: The Re-
volutionary Element in Romantícísrn", The Stubbon Structure:
Essays on Criticism and Society, Londres, Methuen and Com-
pany, 1974, pág. 200: "This gets us at once out of the fallacy of
timeless characterization, where we say that Romanticism has
certain qualities, not found in the age of Pope, of sympathy
with nature or what not, only to have one produce a poem of
Propertius or Kalidasa, or, eventually, Pope himself, and demand
to know if the same qualities are not there". "Esto nos deja fue-
ra de la falacia de la caracterización atemporal, la que dice que
el Romanticismo posee ciertas cualidades que no se hallaban en
Ia época de Pope, cualidades como la simpatía hacia la natura-
leza o vaya a saber qué; y seguro que a continuación alguien
exhuma un poema de Propercio o Kalidasa o, incluso, del pro-
pio Pope, y se pregunta si no se hallan también allí esas cuali-
dades". No es, por supuesto, todo lo que hoy podría decirse so-
bre las definiciones de escuelas o movimientos literarios. Ni el
Romanticismo ni ningún otro movimiento o escuela puede defi-
nirse por una sola característica, sino por un conjunto de carac-
terísticas que se relacionan de cierta forma entre sí durante
cierto periodo.
ISAIAH BERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMo' 135

"Romanticismo", eso que no ha podido definirse de


manera aceptable, se prefiere la simple descripción
temporal: la Era Romántica, Romantic Age. Pero ni si-
quiera esta decisión ha hecho desaparecer del todo la
inquietud sobre lo que abarca esa época.

Pondré un solo ejemplo. En una obra reciente de con-


sulta, dedicada al Romanticismo, An Oxford Companion.
to the Romantic Age. British Culture 1776-1832, el edi-
tor principal, Iain McCalman, abre su "Introducción"
con estas palabras:

Cuando decidimos abordar la tarea de redactar el


Oxford Companion de la cultura británica en la Era Ro-
mántica, una de las primeras personas a quienes pedi-
mos consejo representó con agudeza las dificultades con
las que íbamos a tropezar al hacer una lista de unos
cuantos asuntos de los que trataba un libro de historia
cultural que se compiló precisamente durante aquella
época, el libro era Omniana, del que fueron responsa-
bles Robert Southey y S.T. Coleridge, 1812, y abarcaba
asuntos tales como reuniones metodistas en campamen-
tos, la devoción de los católicos hacia la Virgen, nom-
bres de barcos, la crítica, el gorro frigio, la circulación
de la sangre, la pasión partidaria, las sectas en Egipto,
la tolerancia, clases de cervezas, la danza, las opiniones
de The Edinburgh Review sobre la guerra, cementerios,
talentos precoces, y el universo (31•

(J) lain McCALMAN, editor principal, An Oxford Companion to the


Romantic Age. British Culture 1776-1832, Oxford, Oxford University
ISAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO' 136

Dar cuenta de ese largo medio siglo al que alude el


nombre de "Romanticismo", y de todo un nuevo modo
de relaciones sociales, políticas y económicas, dar cuen-
ta de un pensamiento virtualmente nuevo, dar cuenta
de unas formas expresivas renovadas y consideradas
desde puntos de vista en los que se mezcla el pasado
con el presente, dar cuenta de un sistema de pensa-
miento y expresión en el que las formas más opuestas
encuentran acomodo y justificación, todo ello no es só-
lo empresa difícil, es, además, una empresa insuficien-
te. La historia literaria ha dedicado, en tiempos recien-
tes, posteriores a las conferencias y estudios de Isaiah
Berlin sobre el Romanticismo, no poco esfuerzo y ener-
gía a hallar las claves de las relaciones entre las artes y
los nuevos modos de organización y control social, en-
tre el poder y su capilarización en el tejido social, entre
las diferentes formas expresivas y las necesidades per-
sonales o sociales a las que satisfacían, entre los modos
de producción y la producción de los diferentes discur-
sos sociales, médicos, higiénicos, publicitarios, ideológicos,

Press, 1999, "Introduction", pág 1: "When we first conternplated


producing an Oxford Companion to British Culture in the
Romantic age, a shrewd consultant dramatized the difficulties
ahead by listing sorne of the subjects traversed in a cultural
history source-book that had been compiled within the period
itself. The Omniana, edited jointly by Robert Southey and S.T.
Coleridge in 1812, covered such subjects as Methodist Carnp
Meetíngs; Catholic devotion to the Virgin; shíp's narnes;
criticism; the Cap of Liberty; circulation of the blood; party
passion; sects in Egypt; Toleration; beer and ale; dancing; the
opinions of the Edinburgh Review concerning war; burial-
grounds; young prodigies; and the universe".
T
,
.
.

ISAIAH BERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 137

filosóficos, jurídicos o literarios. Las reflexiones de


Isaiah Berlin, sin embargo, comunican directamente
con los tiempos de la historia literaria positivista, un ti-
po de relato que se sirve de un reducido juego de cate-
gorías de la historia literaria.

Pero no es sólo que los problemas de la mejor defi-


nición del Romanticismo hayan dejado de ser una pre-
ocupación acuciante en tiempos más recientes. Por
ejemplo, cualquier lector que se acerque al libro de
Isaiah Berlin Las raíces del Romanticismo, y quiera co-
nocer la opinión del autor sobre un representante tan
eminente de ese movimiento como John Keats, se que-
dará, necesariamente, muy sorprendido al comprobar
que el nombre de John Keats no se relaciona en la nó-
mina de autores citados, mientras que sí aparece, veci-
no a esta entrada ausente, el nombre del político turco
Ataturk Kemal. La obvia ambigüedad del título del li-
bro, Las raíces del Romanticismo, se transparenta en
hechos como el reseñado. Las raíces del Romanticismo,
a primera vista, parece que estaban, o deberían haber
estado, en la época de la Ilustración, y no se llega a sa-
ber muy bien si el libro se consagra al análisis del Ro-
manticismo (sus fundamentos ideológicos y estéticos), a
la filosofía de la que parte, de la que difiere o reniega
(la Ilustración) o al examen de algunas de las conse-
cuencias relacionadas con los poderes dormidos a los
que despertó el Romanticismo (entre otros, los que re-
presenta Ataturk Kemal). Esta ambigüedad acaso pueda
imputarse también a las condiciones históricas o socia-
les en las que se escribió el libro.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 138

Es obvio que los problemas que atraen a Isaiah Ber-


lín hacia el Romanticismo no son los fenómenos de la
dimensión estética de este vasto movimiento, sino los
de su dimensión social e histórica, sus antecedentes,
pero también la huella de su pensamiento en las cien-
cias humanas, sus descendientes ideológicos. Más aún,
podría decirse que la dimensión estética del Romanti-
cismo, al aplicar lo que se asemeja a un análisis rigu-
rosamente marxista, parece en el ensayo de Isaiah Ber-
lin secundaria respecto de las condiciones sociales que
la crean. El Romanticismo, en este contexto, reúne las
condiciones que el pensamiento marxista asigna a una
superestructura condicionada por los medios materiales
de producción. Otros autores habían buscado en el pa-
sado para hallar la razón histórica que hizo posible el
nacimiento del fascismo.

Unos pocos años antes de que Isaiah Berlin pronun-


ciara las conferencias sobre el Romanticismo, se había
publicado en Alemania un denso estudio del pensador y
crítico literario húngaro Georg Lukács, El asalto a la ra-
zón (4). En este libro, el pensador marxista se demoraba
con inflexible fruición en analizar todas y cada una de
las características de los muchos momentos del irracio-
nalismo asociados a diferentes pensadores, historiadores

(4) Georg LUKÁCS,El asalto a la razón: la trayectoria del irracio-


nalismo desde Schelling hasta Hitler, trad. Wenceslao Roces, Bar-
celona, Ediciones Grijalbo, 1972. La obra se publicó por prime-
ra vez en 1953, pero se empezó, según confesión del autor, durante
la Segunda Guerra Mundial (pág. 1).
--~
~
I
¡
I ISAlAR BERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 139
II
I o sociólogos de los siglos XIX y xx. Schelling, Schopen-
j hauer, Kierkegaard y Nietzsche, "fundador del irracio-
nalismo del periodo imperialista", eran sometidos a se-
veros juicios, casi consejos de guerra, bajo la luz que
arrojaba una tan comprometida definición de la razón
como la siguiente:

[...] La razón misma no es ni puede ser algo que flo-


ta por encima del desarrollo social, algo neutral o im-
parcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o
irracional) concreto de una situación social, de una ten-
dencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y, por
tanto, impulsándola o entorpeciéndola (5).

Otros pensadores más próximos en el tiempo, Dilthey,


Simmel Spengler, Scheler, Heidegger, Jaspers, Klages,
Jünger, etc., eran vapuleados vigorosamente en el libro
I de Lukács. Algunos, según este autor, fueron represen-
tantes del "subjetivismo parasitario", otros lo fueron de
la "filosofía de la vida prefascista y fascista". Se trata,
II, como puede verse, de una lista que podría describirse
como una, más o menos convencional, historia de la fi-
I losofía reciente.

I (S) lb íd. , pág. 5. La forma o formas que puede revestir ese im-
i
pulso, Lukács no lo oculta, no flotan tampoco por encima de la
práctica política: "El hecho de que lo que marcha y se mueve
hacia adelante se conciba como la razón o la sinrazón, el que se
I afirme o se rechace esto o aquello, constituye cabalmente un
i momento esencial y decisivo de la acción de los partidos, de la
lucha de clases en filosofía". Ibid.
¡
!
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO· 140

No es el centro de interés de estas páginas el anali-


zar el concepto de razón de Lukács, pero queda claro
que, analizado en el terreno de su vida práctica, un
concepto de razón así desarrollado estará siempre en
manos del dirigente o los dirigentes políticos que posean
la autoridad suficiente para determinar qué se entiende
por "desarrollo social", y qué elementos pueden impul-
sarlo o entorpecerlo. Las consecuencias prácticas de es-
te poder y de esa capacidad son las que conoce cual-
quier aficionado al estudio de la historia contemporánea,
pero, en cualquier caso, es una verdad incontrovertible
que un dirigente político que no posea ni sienta la ne-
cesidad de poseer ningún medio externo a su propio
poder para verificar la corrección de sus ideas podrá
ocasionar, dicho con la mayor corrección política, "en-
torpecimientos" irreversibles.

G. Lukács, a través de este vehemente y minucioso


repaso del pensamiento occidental de los siglos XIX y
XX, purga precisamente a buen número de pensadores
de las interpretaciones tendenciosas a las que los habían
sometido los ideólogos serviles. Su tarea es revisionista:
los filósofos del "período clásico" han sido interpreta-
dos tendenciosamente por sus comentaristas reacciona-
rios, comentaristas al servicio de los intereses de clase:

y cuando en el período imperialista, se renovaron


las doctrinas de los filósofos del período clásico (Kant,
Fichte, Schelling, Hegel), los pensadores burgueses, con
certero instinto de clase, se asimilaron precisamente e
Y:
t
·t· ISAlAH BERLlN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 141

I
¡
hicieron pasar a primer plano sus lados reaccionarios,
procurando "depurar" a las viejas filosofías de sus fun-
I damentos y tendencias progresivas (6).
I

¡ Es obvio que Lukács se presenta a sí mismo, a tra-


vés de su ensayo, como el "depurador" inverso o antité-
j tico, el restaurador que se propone devolver al primer

I plano de la filosofía sus "fundamentos y tendencias


progresivos".

Teniéndolo tan a mano, el lector se preguntará, ¿por


qué Lukács no extendió su análisis hasta el Romanti-
cismo? Todo parecía indicar que el Romanticismo de-
bía de ofrecer algunas de las claves que respondieran a
las inquietudes que planteaba la verdadera enciclopedia
de la sinrazón que redactaba. Pero el Romanticismo no
se alza sobre el horizonte de las preocupaciones que
atraen la mirada del historiador. Esta inquietud, que
debería haber figurado en estas páginas por derecho
propio, sin embargo, estaba reservada para el propio
Isaiah Berlin, quien, en el segundo capítulo de su obra,
"El primer ataque contra la Ilustración", se hace eco de
los modos retóricos que había impuesto Lukács en su
valoración de la responsabilidad de los filósofos en el
curso de los acontecimientos políticos. "También el fas-
cismo es heredero del Romanticismo" (7), afirma Isaiah

(6) Ibid., págs. 580-581.


(7) 1. BERLIN, The Roots of Romanticism, Princeton, Princeton
University Press, 1999, pág. 145.
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO" 142

Berlin, cohonestando en buena medida las propuestas


de G. Lukács. En cualquier caso, el análisis de Isaiah
Berlin sigue muy de cerca lo expuesto por Lukács. A
decir verdad, lo único que hace es extender el análisis
unos años más atrás, a la época del Romanticismo, pe-
ro, a su vez, no menos arbitrariamente que el crítico
húngaro, también él se detiene sin investigar si la Ilus-
tración pudiera haber sido el origen de ese fascismo
que, en buena medida, condiciona su estudio. Ambos
pensadores, por lo que parece, se someten a diferentes
fidelidades. Lukács no podía hablar del Romanticismo
sin hablar de la filosofía de Hegel, inspirador directo
del pensamiento de Marx, pero sí pudo, en cambio,
censurar las perversiones de Schopenhauer. Isaiah Ber-
lin, por su parte, no podía hallar nada reprobable en
las doctrinas de Locke, Kant o Hume, fundadores o
inspiradores directos de no poco de lo que él mismo
consideraba políticamente respetable, pero nada le im-
portaba extender el análisis hasta el Romanticismo,
donde no tenía fidelidades que honrar. Ambos pensado-
res, sin embargo, siguen un curso común a muchos
otros historiadores de las ideas: si el presente es fruto
del pasado, ¿dónde o cuándo se desvió la humanidad
de los principios fundamentales que, en general, infor-
man la acción humana?

Hubo personas que, movidas por inquietudes análo-


gas, orientaron sus investigaciones hacia lugares muy
diferentes. Unos pocos años antes de la aparición del
libro de Lukács y de las conferencias de Isaíah Berlín,
en plena II Guerra Mundial, dos exiliados alemanes,
ISAIAH BERLlN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 143

Theodor Adorno y Max Horkheimer, dirigían su aten-


ción y sus investigaciones a la Ilustración, buscaban en
ella las responsabilidades históricas de los diferentes
sistemas de pensamiento. Y se anticipaban a la acusa-
ción de G. Lukács en un sentido que hubo de causar
un sobresalto a quienes conocían la filiación del pensa-
miento marxista. A decir verdad, estos dos pensadores,
de una forma que critica tanto los desmanes del nazis-
mo, como previene acerca de los posibles desmanes del
estalinismo, todavía no conocidos, señalan de forma
inequívoca el germen autodestructivo de la Ilustración.
Parten, ciertamente, de una complementariedad necesa-
ria de los conceptos de libertad e Ilustración: "No al-
bergamos la menor duda de que la libertad es insepa-
rable del pensamiento ilustrado" (8), y, a diferencia de
Lukács, no se entretienen en dar por buena una razón
ajena a la fiscalización que de forma obligatoria impo-
ne la necesidad de la libertad: "Si la Ilustración no asu-
me en sí misma la reflexión sobre este momento regre-
sivo, firma su propia condena. En la medida en que
deja a sus enemigos la reflexión sobre el momento des-
tructivo del progreso, el pensamiento ciegamente prag-
matizado pierde su carácter superador, y por tanto
también su relación con la verdad" (9).

Para Isaiah Berlin, la Ilustración era inocente en los


términos generales de la responsabilidad que le exigían

(8) Max HORKHEIMER y Theodor ADORNO, Dialéctica de la Ilus-


tración. Fragmentos filosóficos, trad. de Juan José Sánchez, Ma-
drid, editorial Trotta, 1994, pág. 53.
(9) Ibíd.
ISA1AH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO· 144

Adorno y Horkheimer. Isaiah Berlin manifiesta, en no


pocos escritos, que el ideal candoroso de la Ilustración
era el de que podían responderse todas las preguntas
planteadas racionalmente, y que las respuestas, necesa-
riamente, no podían entrar en colisión entre sí (10). En-
tre el fuego cruzado de la crítica de la historia de la
ideas que fija uno de los orígenes de la perversión del
pensamiento político contemporáneo en el irracionalis-
mo de origen romántico, y la crítica que señala un se-
gundo origen en las insuficiencias del propio racionalis-
mo en sus manifestaciones ilustradas, Isaiah Berlin sigue
el difícil camino de no prestar atención a las críticas a

(10) Así se recoge en 1. BERLIN,The Roots, (1965), págs. 21-22;


también en El fuste torcido de la humanidad. Capítulos de histo-
ria de las ideas, Barcelona, Ediciones Península, pág. 25, (1988),
más adelante en págs. 42-3, (1978), Y aún más adelante, pág.
197 (1975); pero también se halla esta misma idea formulada de
manera no muy diferente en un trabajo muy anterior: 1. BERLIN,
The Age of Enlightenment, Nueva York y Taranta, Mentor Book,
1956, págs. 16 y 28; también en otro ensayo, en el que examina
las consecuencias del Romanticismo vuelve a imputar a éste o a
algunos de los románticos la quiebra de esa idea, "La revolución
romántica: una crisis en la historia del pensamiento moderno",
(1960), El sentido de la realidad. Sobre las ideas y su historia,
Madrid, Taurus, 1998, págs. 255-256 (sin embargo, en otro lugar
es a Maquiavelo a quien atribuye esta paternidad, cfr. "La origi-
nalidad de Maquiavelo», Contra la comente. Ensayo sobre la his-
toria de las ideas, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2000,
pág. 138); reaparecen estas ideas en "El divorcio entre las cien-
cias y las humanidades", en Contra la corriente. Ensayo sobre la
historia de las ideas, págs. 144-145; en fin, también aparecen en
"Hume y las fuentes del antirracionalismo alemán", en el mismo
libro págs. 234-235. Bien se ve, pues, que no se trata de una
idea elaborada de manera fortuita, sino de una de las claves del
pensamiento histórico de l. Berlin.
ISAIAH BERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 145

la ilustración y, a la vez, el de separar en el Romanti-


cismo aquello que todavía en el momento en el que es-
cribe sigue siendo valioso de aquello que ha quedado
irremisiblemente contaminado de gérmenes totalitarios.
Esto último lo abandona en el pozo de la sinrazón, en
ese pozo de la barbarie del que salió el fascismo.

Isaiah Berlin es diferencialmente inexacto. La Ilus-


tración es tan buena candidata para ser madrina del
horror inhumano del fascismo y del irracionalismo co-
mo pudiera serlo el Romanticismo. No es preciso repa-
rar en el "pensamiento ciegamente pragmatizado", ni
hace falta llegar a la "ética de la responsabilidad" (de
la mano de Weber) para convencerse de que un políti-
co ha de justificar cosas que tal vez no dé por tan bue-
nas en su fuero interno. El enfrentamiento entre el
pensamiento racional pragmatizado y los diferentes fue-
ros de la ética, según los grupos sociales en los que se
encarnen, no ha dejado ni dejará de reproducirse. En
tiempos recientes, el debate sobre la clonación humana,
por poner un solo ejemplo, y sin entrar en otras conside-
raciones, deja con las espadas en alto a quienes desean
desplegar todas las posibilidades de una profilaxis su-
perior, y, por otra parte, a quienes invocan creencias
religiosas, o a quienes temen que el pretexto de la pro-
filaxis lleve a gobiernos poco escrupulosos a manipular
la herencia genética de los seres humanos para hacer a
éstos políticamente más dóciles. He aquí una manifes-
tación contemporánea de esa tensión entre praxis y ra-
cionalidad de las decisiones. Qué duda cabe de que es-
tos fenómenos se hallaban expuestos con todas sus más
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL 'OTRO" 146

descamadas implicaciones en el libro IV de Los Viajes


de Gulliver (1726), y también en el libro lIT de este mis-
mo libro hay diferentes apuntes y escorzos en la visita
que hace Gulliver a Laputa y a la Academia de Lagado.
La manipulación genética de clases sociales o razas,
donde se alegoriza no poco de lo que en la ideología
nazi se toma de la mejora científica de las explotacio-
nes agropecuarias, ya está presente en Los viajes de
Gulliver, una de las primeras críticas de la Ilustración.
La medicalización de la disidencia política en forma de
locura, la imposibilidad de oponerse a la razón, a me-
nos de estar loco, que anuncia los peligros del estalinis-
mo, también estaba presente en la república de caba-
llos filósofos en la que pensó Swift. La posibilidad de
la supresión de razas está presente asimismo en esa re-
pública equina y racional. Los Yahoos de este libro IV
encajan perfectamente en el nicho que los nazis habían
diseñado para los judíos, incluida la solución final y el
eufemismo correspondiente. ¿Qué más puede pedirse?
y no fue el pensamiento de Swift poco importante ni
se ha desvanecido sin dejar descendientes. Las pesadi-
llas de Ka fka, aunque revestidas de toda la vehemencia
que suele atribuirse a la imaginación romántica, tienen
su alma mater en el mundo reglamentado de la buro-
cracia racional, al igual que las románticas protestas de
K1eist. No tener en cuenta esto equivale a crear un ene-
migo sencillo, cómodo, un enemigo útil para ahuyentar
temores quizá más inquietantes.

La unidad psicológica y la racionalidad de los dis-


cursos sobre el yo, sobre la biografía o autobiografía,
--- ¡
~-
!
I ISAIAH BERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 147

se deconstruyen minuciosamente en el Tristram Shandy,


de Laurence Sterne (1760). A decir verdad, el cajón de
sastre en que se convierte la autobiografía de Tristram
Shandy se proyecta mediante ecos, resonancias y paro-
dias en el índice de Omniana. Tampoco es menos ab-
surda o incongruente la biografía de Joseph Andrews
(1742), si la intención de Henry Fielding era la de pro-
porcionar un proyecto racional para la biografía de la
pujante clase media británica, el fondo sobrecogedora-
mente grotesco sobre el que se proyecta hace extrema-
damente difícil el proyecto racionalista. Lo mismo po-
dría decirse de buena parte de las sátiras, desde
McFlecknoe (1682) hasta The Rape of the Lock (1712),
de nuevo la geografía humana exhibe toda clase de
obstáculos para adaptarse a un proyecto racional o
ilustrado de la vida social.

Isaiah Berlin debió de ser consciente, de forma más


o menos intuitiva, de que algo fallaba en su idea de la
inocencia de la Ilustración; al menos esa impresión le
queda al lector cuando lee su trabajo "Kant como un
origen desconocido del nacionalismo"; un artículo escri-
to a pesar de que, según el propio Isaiah Berlin, "nada
parecería más dispar" (11) que emparejar a Kant con uno
de los males de la acción política contemporánea.

(11) Isaiah BERLlN, "Kant como un origen desconocido del na-


cionalismo" El sentido de la realidad. Sobre las ideas y su histo-
ria, pág. 333.
ISAIAH BERLlN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO· 148

Los peligros de la Ilustración no son sólo los de in-


currir en un pensamiento "ciegamente pragmatizado",
sino también los de desviarse por el extremo opuesto,
por el extremo de lo ciegamente abstracto, por la apli-
cación mecánica de ideas concebidas en laboratorios
sociales que no han tenido en cuenta las posibilidades
humanas. Desde la pantisocracia de Coleridge a los fa-
lansterios de Fourier, hay todo un repertorio de ideas
cuya matriz alumbra claridades del Siglo de las Luces.
En la praxis política y social nazi y estalinista, también
en todos sus rebrotes posteriores, guste o no guste, hay
elementos que provienen directamente de la Ilustración,
del pensamiento ciegamente pragmatizado y del pensa-
miento abstracto que manipula seres humanos y socie-
dades como si fueran otras tantas incógnitas de extra-
vagantes ecuaciones.

Isaiah Berlin examina dos áreas diferenciadas de la


experiencia romántica. Por una parte, busca entre los
pensadores románticos aquellos que, incluso en contra
de su voluntad, pudieran representar actitudes que fue-
ran aprovechables desde el punto de vista del pensa-
miento totalitario; y por otra es el modo de expresión
romántico, sus creaciones literarias y estéticas, el que
le mueve a buscar equivalencias entre ese modo y la
ideología subyacente. Es de esta segunda área de donde
voy a tomar algunos ejemplos que tienen un valor re-
presentativo.
._., ...-;--:¡

I ISAlAH BERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 149

I
¡
Isaiah Berlin se complace, en no pocas ocasiones,
con una imagen convencional del Romanticismo. Tó-
mese, por ejemplo, su percepción del subjetivismo apa-
sionado de los románticos:

Este subjetivismo lleva a una inversión de valores:


culto a la integridad y a la pureza frente a la eficacia o
capacidad para el descubrimiento y el conocimiento; li-
bertad frente a felicidad; conflicto, guerra, autoinmola-
ción frente a concesión, ajuste, tolerancia; el genio sal-
vaje, el desterrado, el héroe doliente, el Giaour de
Byron, los Lara, Caín contra la sociedad domesticada,
civilizada, respetable o filistea escandalizada por las de-
mandas y criterios de los rebeldes (12).

Sin embargo, en obras como The Beggar's Opera, de


John Gay (1728), acaso el mayor éxito dramático del
siglo, en pleno fervor ilustrado, ya hay todo un excelen-
te anuncio del mito de don Juan y del bandido noble
que tan airoso vuelo iban a levantar durante la Época
Victoriana. El héroe romántico es en la Época Victoria-
na cuando se hace popular y se asienta en la imagina-
ción colectiva. Testigos de ello son las novelas de las
hermanas Bronté, Los piratas, los malditos, los aparta-
dos de la sociedad, los aristócratas sombríos, los provo-
cadores, todos ellos gozan de sus éxitos en la segunda
mitad del siglo XIX. El héroe romántico, por el contra-

(12) Isaiah BERLIN,"La revolución romántica", El sentido de la rea-


lidad. Sobre las ideas y su historia, Madrid, Taurus, 1998, pág. 272.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO" 150

rio, ensimismado, en las obras de los poetas propia-


mente románticos, es reflexivo y vagabundo, anhelante
de naturaleza, nihilista, concentrado en sí mismo, este-
tao El don Juan victoriano le da la mano al libertino
setecentista, quien, hastiado de todo, se entregaba a fa-
tigosos estudios de moral comparativa, a semejanza del
marqués de Sade. La imagen del héroe romántico co-
mo rebelde satánico que ofrece Isaiah Berlín no refleja
toda la verdad. Cuando esa imagen se percibe como la
describe Isaiah Berlin, ya la literatura inglesa se aden-
tra en las tranquilas aguas de la Época de la reina Vic-
toria. En tiempos anteriores, ese tipo de heroísmo re-
presentaba valores muy diferentes.

Tómese por ejemplo uno de los mayores éxitos de la


narrativa romántica en lengua inglesa: Caleb Williarns,
del teórico político William Godwin, que representa
una de las críticas de las instituciones que de ninguna
manera eran algo poco común. El público lector pudo
adquirir toda una literatura de propaganda política,
de crítica social, de los llamados novelistas jacobinos
(Robert Bage, Thomas Holcroft, Mary Wollstonecraft,
Charlotte Smith, Mary Hays, Mary Robinson). No po-
cas de las novelas que escribieron estos autores tenían
por asunto muy principal el plantear y poner remedio
a los muchos problemas que tenía la sociedad en la
que vivían, no hay en ellas héroes trágicos ni satáni-
cos, sino el prosaísmo del análisis social. El público,
además, no era el selecto público de la clase media-alta,
ni el de los estudiantes universitarios. Si la novela era
un género que leían las clases más humildes, aquellas
-. -.

ISALAH BERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 151

novelas que ahora se conocen como góticas, por ejem-


plo, estaban todavía un peldaño más abajo en la esti-
mación de los cultos.

Junto a esta idea del héroe romántico, que tanto de-


be a sus elaboraciones posteriores, Isaiah Berlin pone
otra idea que se ha asociado con frecuencia a los mo-
dos de creación del poeta romántico. Se trata de la
idea de que el poeta romántico es la fuente única de su
propia inspiración, que no debe nada a nadie, que su
mente trabaja poseída por una agencia natural o sobre-
natural que rechaza cualquier mediación racional. Sin
duda, los poetas románticos fueron en alguna medida
responsables de que esto se entendiera así. Pero esto
debe interpretarse. Una interpretación, por ejemplo, re-
laciona esa forma de creación con las obras populares
del pasado, con la necesaria democratización de la crea-
ción artística. Otra pudiera ser la que indica que el poe-
ta debe guiarse por el modelo de la naturaleza misma,
no por el modelo de los clásicos griegos y latinos. Se-
gún Schelling la naturaleza crea obras de arte. "Las
únicas obras de arte; para él, que poseen valor -y esta
doctrina influyó no sólo en Coleridge, sino en otros críti-
cos artísticos- son las que se parecen a la propia natu-
raleza en lo de representar las pulsiones de una vida no
plenamente consciente" (13) El fruto de una inspiración

(13) 1. BERLIN, The Roots, pág. 98. "The only works of art, for
him, which have any value at all -and this is a doctrine by
whieh not only Coleridge but other art erities were subsequently
influeneed- are those whieh are similar to nature in eonveying
the pulsations of a not wholly eonseious life".
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO" 152

que se controla con rigor racional, como según Isaiah


Berlín ocurría en el siglo xvm, ha de ser "elegante, simé-
trico y ha de estar muerto" (14), porque todo es "conven-
cional", "todo se hace de acuerdo con reglas" (15). Esto se
dice en el capítulo de "El Romanticismo desenfrenado";
en sus "Consecuencias duraderas", Isaiah Berlín añade
algo más sobre el modo de creación del romántico: "No
se copia, no se adapta, no hay nada que aprender me-
diante reglas, no hay control externo, no hay ninguna
estructura a la que haya que adaptarse antes de se-
guir" (16). Ya que se menciona el nombre de S.T. Coleridge,
sería bueno comprobar hasta qué punto se ajusta su
obra creativa a lo previsto por Isaiah Berlin. Citaré
tan sólo un pasaje, no de los menos conocidos, de la
Biographia Literaria:

Aprendí de él [de James Bowyer, director de la es-


cuela a la que asistió Coleridge en su juventud] que la
poesía, incluso la más elevada, y, al parecer, aun la de
las más extravagantes odas, tenía una lógica propia, tan
rigurosa como la de la ciencia; más difícil, porque es
más sutil, más compleja, y dependiente de más y muy
esquivas causas. En los poetas verdaderamente grandes

(14) Ibid., pág. 99: "elegant, symmetrical and dead".


(15) Ibíd.: "conventional. done according to rules".
(16) Ibid., pág. 119: "There is no copying, there is no adaptatíon,

there is no learning of the rules. there is no external check, there


is no structure which you must understand and adapt yourself
to befare you can proceed",
ISAlAH BERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 153

hay una razón imputable no sólo a cada palabra, sino a


la posición de cada palabra (17).

No sólo invoca S.T. Coleridge la ayuda de una lógi-


ca superior, sino de una topología de la poética. Y no
sólo no desdeña las reglas, sino que hace de ellas y de
la razón el único camino para llegar a la expresión
poética. La crítica sobre Coleridge es abundante, pero
hay, sobre todos los demás, un libro que, consagrado
al estudio de lo que puede reducirse a hechos com-
probables en su obra creativa, y aunque nada aporte
en el terreno de la crítica, revela descubrimientos más
que notables en el campo de la inspiración poética, el
campo que llama la atención de Isaiah Berlin, me re-
fiero al libro de John Livingston Lowes, The Road lo
Xanadu, del que voy a permitirme citar un párrafo de
su último capítulo:

Porque la carretera de Xanadu, tal y como la hemos


recorrido, es la carretera del espíritu humano, y la imagi-
nación, que viaja a través del caos y lo reduce a orden y
claridad, es el símbolo de todas las búsquedas que hacen

S.T. COLERIDGE, Biographia Literaria, 2 vols., edición de J.


(11)

Shawcross, Oxford, Oxford UniversityPress, 1979, vol. 1, pág. 4:


"1 learnt from him, that Poetry, even that of the loftiest and,
seemingly, that of the wildest odes, had a logic of its own, as
severe as that of science; and more difficult, because more
subtle, more complex, and dependent on more, and more
fugitive causes. In the truly great poets, he would say, there is a
reason assignable, not only for every word, but for the position
of every word".
ISAlAR BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO" 154

gloriosa nuestra pequeñez. Y el objetivo del espíritu que


da forma, el que sobrevuela la mente del "poeta", es el
de la claridad y el orden de la pura belleza (18).

Quizá ese espíritu resulte ser excesivamente hegelia-


no, y tal vez no todos los lectores de Coleridge estén de
acuerdo con estas palabras, pero, por diferentes que
pudieran ser sus opiniones, nunca llegarán a identifi-
carse éstas con el anarquismo creador que describe
Isaiah Berlín. He elegido el nombre de S.T. Coleridge
porque lo menciona el propio autor, pero, ¿qué decir
de Wordsworth? Un poeta que escribe con la pasión
del experimentalista más adicto a un programa cerrado
y minuciosamente detallado. ¿Qué decir de la compleja
teoría del conocimiento de William Blake? ¿Qué decir,
incluso, de Byron? Un poeta en el que lo más byronia-
no es su biografía, y cuya relación con la poesía sete-
centista es lo más notable de su obra. No se identifica
bien el problema del Romanticismo respecto de las
convenciones y reglas si se dice que los poetas román-
ticos las rechazaban. Convenciones y reglas, según
Isaiah Berlin, eran las de los poetas setecentistas, pero
ningún poeta romántico podría identificarse, sencilla-

(18) John LIVINGSTON LOWES,The Road to Xanadu. A Study in


the Ways of the lmagination, Londres, Constable, 1951, pág. 433:
"For the Road to Xanadu, as we have traced it, is the road of
the human spirit, and the imagination voyaging through chaos
and reducing it to clarity and order is the symbol of all the
J quests which lend glory to our dust. And the goal of the shaping
spirit which hovers in the poet's brain is the clarity and order of
pure beau ty".
ISAIAH BERLlN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO lSS

mente, con ese rechazo acrítico y poco meditado de


convenciones y reglas.

En pocos lugares se muestra más claramente que la


idea de Isaiah Berlin sobre el Romanticismo se queda en
un plano, a veces, puramente expresivo, como en la ob-
servación que hace acerca de la prosa de Walter Scott,
una observación que nace de la extrañeza asociada al
hecho de que Scott se considere un escritor romántico,
extrañeza que comparte con otros autores, cuando, a de-
cir verdad, sus novelas son el fruto de los desvelos de un
erudito reconstructor de relatos del pasado:

Pero Scott fue un escritor romántico. ¿Por qué?


¿Porque, sencillamente, le gustaban aquellas formas de
vida? La cuestión es que al pintar aquellos cuadros de
aquellos tiempos pasados, tan atractivos, tan deliciosos,
hipnóticos, los colocó a la altura de nuestros valores -es
decir los valores de 1810, los de 1820, los valores de la
Escocia de sus días, de Inglaterra, Francia, eran los va-
lores de principios del siglo XIX-, que, fueran lo que
fueran, eran protestantes, prosaicos, industriales, nada
. medievales, e hizo competir a éstos con otros que eran
buenos o mejores aún. Esto acabó con el monopolio,
destruyó la posibilidad de que cada época se viera a sí
misma como la mejor, como si fuera un paso hacia otra
época aún mejor (I9).

(19) The Roots, págs. 136-137: "But Scott was a romantic writer.

Why was this? Simply because he liked these forms of life? That
is not quite enough. The point is that by painting these very
attractive and delightful and hypnotic pictures of these ages he
ISAIAH BERLlN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO· 156

No es el problema de la definición de progreso lo


que debía de preocupar al lector de aquella época,
1810-1820. Ni la religión cristiana (el Paraíso Terrenal),
ni la mitología pagana (la Edad de Oro) son precisa-
mente optimistas respecto de las posibilidades de pro-
greso de la sociedad humana. Ni siquiera los filósofos
franceses del siglo xvm parece que dediquen mucho
tiempo a preocuparse por definir el progreso. El éxito
de las novelas de Scott no se funda en un conocimien-
to alimentado de nostalgias y deseoso de una reversión
utópica imposible. De lo que hablan las novelas de
Scott es de una sociedad integrada, sin clases sociales
o con clases sociales que saben vivir en armonía, una
sociedad en la que la justicia es inmediata, es ejempla-
rizante, fiscalizable por los administrados; una sociedad
en la que el clero y la aristocracia se mezclan con el
pueblo; una sociedad en la que la vida es más plena en
todos los sentidos; una sociedad preindustrial, de cam-
pesinos, comerciantes y artesanos; una sociedad en la
que se hace honor a la palabra dada, sin abogados ni
leyes incomprensibles. Scott se inventó una Edad Me-
dia a la altura de los insatisfechos deseos sociales de

placed alongside our vaÍues -by which 1 mean the values of


1810, the values of 1820, the values of his own conternporary
Scotland, or his own conternporary England or France, which
were what they were, the values of early nineteenth century
-by the side of these values, whatever they may have been,
Protestant, unromantic, industrial, at any rate not medieval, he
placed another set of values, equally good if not better, in
competition with them. This shattered the monopoly, shattered
the possibility that every age is as good as it can be, and is
indeed advancing to an even better one",
ISAIAR BERLlN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 157

SUS lectores, urbanos e industriales, preocupados por si


las mejoras que traía el progreso no los alejaban irre-
misiblemente de la naturaleza, preocupados por si la
complejidad de la vida moderna iba a acabar por ma-
tar el gusto por la vida. Pero esos deseos insatisfechos
eran idénticos o muy parecidos a los que había descu-
bierto y definido la enorme cantidad de pensadores so-
ciales que pueden proclamarse románticos, e incluyo
algún romántico, en avance sur son temps, como J.J.
Rousseau. Una parte muy importante de esas aspiracio-
nes que hacen visibles las novelas de Walter Scott esta-
ban presentes en las preocupaciones de los pensadores
sociales del siglo XVIII.

La Revolución Francesa es la bisagra que separa la


Era Ilustrada del Romanticismo. Sí es cierto que el Ro-
manticismo trajo una revisión del concepto de naciona-
lidad, que nada tiene que ver con los nacionalismos to-
talitarios del siglo xx, pero no es menos cierto que la
Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano
(1789) señala en su primer artículo que los hombres
nacen iguales y poseen idénticos derechos. Se trata de
los hombres franceses, pero no dejará de surtir efecto
se lea donde se lea. Esa igualdad no puede entenderse
si no se concibe como una propiedad universal. De for-
ma que el Romanticismo acoge asimismo no poco de
lo que en el siglo XVIII era investigación sobre la natu-
raleza humana, sobre la moral y la ética comparadas.
La base de muchos de los esfuerzos que en el siglo XX
se han hecho para hallar instituciones internacionales
ISAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 158

que pongan remedio a situaciones de injusticia o pre-


vengan males a los que podría conducir el ensimisma-
miento nacionalista tiene también su anclaje en el Ro-
manticismo.

El pensamiento de Isaiah Berlin se dirige, sobre to-


do, al nivel más elevado de la sociología política, y des-
cansa sobre una base que puede describirse de forma
sencilla: el Romanticismo, responsable de mucho de lo
que es bueno y malo en el mundo actual, subvirtió los
valores fundamentales de la Ilustración. El propio índi-
ce de su libro Las raíces del Romanticismo muestra, co-
mo en una secuencia temporal, los pasos de esta sub-
versión: "Búsqueda de una definición", "El primer
ataque a la Ilustración", "Los verdaderos padres del Ro-
manticismo", "Los románticos tranquilos", "El Romanti-
cismo desenfrenado", "Consecuencias duraderas". Como
se ve, todo un camino de perfección que lleva desde el
ideal ilustrado de la sociedad perfecta, armónicamente
establecida en torno a unos fines aceptados por los
miembros racionalmente mejor dotados de la sociedad,
hasta una situación en la que estos valores se socavan
y se sustituyen por otros cuyas consecuencias se tradu-
cen en algunos de los peores momentos de la historia
política de las naciones en el siglo xx.

Es obvio que la herencia del Romanticismo no es


cosa que pueda desdeñarse con facilidad. Por señalar lo
más obvio habrá que decir que algunas de las categorías
de las que se sirve Isaiah Berlin nacen precisamente
ISAIAH BERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 159

con el Romanticismo. Quizá haya momentos en que


las definiciones de Isaiah Berlin no mantienen ante los
ojos del lector con la nitidez siempre necesaria distan-
cia que debe procurar la autorreflexividad. Póngase
por caso la definición de la naturaleza histórica del fe-
nómeno estudiado. No es que sea insuficiente el subra-
yar la importancia histórica de un fenómeno social y
cultural en términos objetivos mediante la descripción
de una evidencia palmaria: "La importancia del Ro-
manticismo es la que lo constituye en el movimiento
reciente más amplio que haya transformado la vida y
el pensamiento del mundo occidental" (20). La descrip-
ción precedente sólo solicita del lector la buena fe que
pudiera tener en la sensibilidad o conocimientos del
historiador para saber manejar con pericia la escala
con la que mide la importancia de los acontecimientos
sociales y culturales. Pero el Romanticismo puede exa-
minarse desde otros puntos de vista, por ejemplo, el
que presenta el autor en la página siguiente a la de la
anterior afirmación:

,
No sólo la historia del pensamiento, sino de la con-
ciencia, de la opinión, de la acción también, de la mo-
ral. de la política, es en buena medida una historia de
los modelos dominantes. Siempre que se examine una
civilización concreta, se hallará que sus escritos más
idiosincrásicos reflejan un modo de vida concreto que

(20) The Roots, pág. 1.


ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 160

rigen a quienes son los autores de esos escritos, o de


quienes pinten esas pinturas, de quienes creen esas
obras musicales (21).

Sin embargo, para aceptar Una definición del análi-


sis histórico de esta naturaleza habría que haber deja-
do dicho en algún punto que semejante requisito epis-
temológico proviene directamente del Romanticismo, y
sería imposible haberlo presentado de la misma forma
si no hubiera habido un cambio en la percepción de la
historia de la humanidad como el que propició el Ro-
manticismo. Al lector no se le hace consciente de que
es un romántico quien habla del Romanticismo, y que
su análisis incluye los modos científicos del objeto
analizado.

Quizá los problemas de la definición del Romanti-


cismo con los que se enfrenta Isaiah Berlin sean los
problemas con los que inevitablemente debe enfrentarse
todo el mundo; vale decir, si el pensamiento actual es
como es, de forma determinante, gracias al conjunto de
fenómenos que se asocian al Romanticismo, ¿cómo podrá

(21)Ibid., pág. 2: "The history not only of thoought, but of


consciousness, opiruon, action too, of morals, polities,
aesthetics, is to a large degree a history of dominat models.
Whenever you look at any particular civilization, you will find
that its most characteristic writings and other cultural products
reflect a particular pattern of life which those who are
responsible for these writings -or paint these paintings, or
produce these particular pieces of music- are dominated by".
ISAIAH BERLIN: IDEAS SOBRE EL ROMANTICISMO 161

verse desde un exterior al que no se puede acceder? No


se trata de la idea de Vico, según la cual sólo pueden
comprender los hombres lo que ellos mismos hacen;
por el contrario, si la sociedad humana, en algunos co-
nocimientos que son totalizadores, la lengua, la histo-
ria, la filosofía, no puede analizarse desde un exterior a
sí misma, ¿qué garantías tiene de haber comprendido
eso que analiza? Si el Romanticismo hace posible la
comprensión del sentido de estas palabras, porque fue-
ron los pensadores románticos los que advirtieron que
los escritos de una civilización concreta reflejan un mo-
do de vida concreto, ¿qué esperanza de certeza podrá
haber en definir aquello que comprende a quien habla
en la definición?

El Romanticismo quizá no es exactamente lo que


pensaba Isaiah Berlín, quizá algunas de las dificultades
que turban a este pensador nazcan del hecho de que
no pocas de las categorías de uso cotidiano en muchas
esferas del pensamiento social, político y filosófico, ya
en el siglo XXI, son categorías que nacen con el Ro-
manticismo, y quizá durante demasiado tiempo el nom-
bre del Romanticismo se ha asociado en muchas oca-
siones a una imagen convencional del poeta o artista
que destruye las reglas y que impone criterios persona-
les, subjetivos, como norma de creación. O se ha aso-
ciado a la rebeldía contra la idea de universalidad. Nada
cuesta creer que todavía no puede saberse muy bien
hasta qué punto el Romanticismo ha determinado el cur-
so de la historia contemporánea, el pensamiento actual,
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO· 162

las artes, los modos de vida, pero tiene toda credibili-


dad la afirmación de Isaiah Berlin de que, sin duda, es
el acontecimiento reciente más importante que haya
transformado el pensamiento y la vida en el mundo
occidental.
UNA IMPRESIÓN SOBRE ISAlAH BERLIN 163

UNA IMPRESIÓN SOBRE


ISAIAH BERLIN

Jesús Ignacio Martines; Garcia


Catedrático de Filosofía del Derecho, Universidad de Cantabria.

Para exponer mi experiencia como lector de Berlin


me voy a referir a tres aspectos: Berlin como escritor,
como lector y como pensador.

Mi admiración hacia Berlin surge en primer lugar


por su forma de escribir. Esto es lo más inmediato.
Cualquiera de sus páginas es de una calidad literaria su-
perior a lo que estamos acostumbrados en la literatura
universitaria, en los trabajos de investigación. El escrito
académico, monótono, monocorde, se priva de muchas
cosas con su pretensión de cientificidad. La noble tradi-
ción del ensayo, más libre, de una estirpe más literaria,
es envidiable y puede ser más sabia. El ensayismo de
Berlin sigue siendo estimulante.
ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL ·OTRO" 164

Su capacidad colorista de evocar situaciones y cap-


tar personajes, el tono cálido y la pasión contenida, la
ironía que asoma a veces detrás de lo que dice y una
cierta fragilidad, dan a su escritura un atractivo espe-
cial. Nos encontramos con muchos matices, una amplia
información, un variado juego de registros. Todo ello
sin efectismos, sin querer ser deslumbrante, sin retóri-
ca. Un estilo templado de quien pasó un tiempo por la
experiencia ascética y purificadera de la filosofía analí-
tica. Pero a diferencia de algunos analíticos su escritu-.
ra no se sitúa en regiones puramente conceptuales, en
el terreno de las frías abstracciones. Tiene detrás de sí
todo el espesor de la vida, de la realidad histórica co-
nocida directamente o evocada con una imaginación
poderosa. Las ideas tienden en él a ser experiencias. Y
nada es difuso, impresionista, sino que está tensado
con una constante aspiración al rigor.

Berlin no busca el preciosismo, el virtuosismo inte-


lectual. En esto se distingue de una figura tan admira-
ble como G. Steiner que, aunque con otra temática,
constituye también una de la cimas del ensayismo con-
temporáneo. Steiner tiende. al .culteranismo, a la bús-
queda de intensidades. Berlin no acumula erudición, su
texto quiere ser llano, equilibrado, y fluye con naturali-
dad. No provoca la torsión expresionista sino que dis-
curre en un clasicismo amable y persuasivo.

Los amantes de emociones fuertes echarán de me-


nos momentos en los que el lenguaje eche chispas y se

!
I
UNA IMPRESIÓN SOBRE ISAIAH BERLIN 165

incendie el sentido. Pero las búsquedas y recorridos pe-


ligrosos que nos enfrentan con los límites del lenguaje
y lo desconocido no están en Berlin. Lo cierto es que
en esto alguien tan fascinado como él por romanticis-
mo no es romántico. Lo agreste y lo abismático que
detecta José María Lassalle no llegan a configurarse co-
mo rasgos de su estilo.

En segundo lugar me interesa Berlin como observa-


dor y lector de grandes pensadores. Su capacidad de
empatia, de hablar desde dentro de otro y de dejarle
hablar es envidiable. Es un gran intérprete, en el senti-
do en que empleamos esta palabra cuando nos referi-
mos a un músico que hace sonar una partitura. Su ha-
bilidad para reconstruir voces del pasado y hacer que
sigan sonando no puede dejar indiferente a quien se in-
teresa por la historia de las ideas.

El novelista se mete en sus personajes, él se mete


en sus autores. Parece como si tuviera incluso cierta
necesidad de disfrazarse de otros. Le encanta hablar
por otro y representar su papel. Luego nos deja, se qui-
ta el disfraz, y no siempre sabemos lo que está pensan-
do. Pero nos quedamos con esas formidables puestas
en escena.

Algo muy llamativo es ver cómo elige a sus interlo-


cutores. Con frecuencia son figuras con un componente
de rareza e incluso de sinrazón. Vico, Hamann, Herder,
De Maistre, Sorel, son algunas de sus obsesiones. Figu-
ISAlAH BERUN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO· 166

ras excéntricas, peligrosas, más o menos fuera del ca-


non occidental, que diría Bloom, o francamente exclui-
dos del régimen de la verdad, como diría Foucault. Jo-
sé María Lassalle ha llamado la atención sobre esta
preferencia por las ideas incómodas. Este es un rasgo
distintivo de Berlín, a diferencia por ejemplo de otro
gran teórico del pensamiento político como Bobbio
que, salvo quizá en sus estudios hegelianos, no parece
tener la tentación del abismo, de lo otro.

La atracción que Berlin siente por el romanticismo


la sitúo también en este contexto. El romanticismo fue
una gran laboratorio en el que afloran otras lógicas y
en el que se piensan los límites. Eso que a veces se de-
nomina peyorativamente irracionalismo designa tam-
bién la emergencia de otras formas de racionalidad que
no responden al modelo cartesiano, pero que tienen
también una consistencia. Hay aquí mucho de experi-
mento y de aventura, tanto de lo mejor como de lo peor.

En estos curiosos y a veces apasionantes recorridos


Berlín nos deja implícitamente con la pregunta de por
qué· es preciso visitar los lugares peligrosos. No creo
que se trate simplemente --como él mismo dijo en una
ocasión- de leer a los adversarios para poner a prueba
la solidez de nuestras ideas, ni de descubrir errores pa-
ra poder rectificarlos. Eso suena demasiado tópico, co-
mo si fuera una contestación apresurada y además con
un sentido edificante que no esperamos en él.
UNA IMPRESIÓN SOBRE ISAIAH BERLIN 167

No creo que sea fácil responder, pero habría que ol-


vidarse de la lógica un tanto policial de la refutación
de errores. Habría que reivindicar la necesidad y el
sentido de la tentación en las geografías del deseo. Ha-
bría que darle vueltas a aquello de Osear Wilde de que
el único modo de librarse de la tentación es caer en
ella. José María Lassalle apunta el nombre de Hólder-
lin, que sugirió una misteriosa conexión entre el peli-
gro y la salvación. Terreno paradójico para el que pro-
bablemente el pensamiento de Berlín no tiene una
respuesta conceptual.

Por" lo que respecta a Berlin como pensador sus


propuestas de fondo abocan a una especie de sentido
común, o mejor quizá sensatez, y me resulta difícil no
estar de acuerdo con lo sustancial. Pero él mismo se
ha referido a lo aburrido que resulta leer a alguien que
tiene ideas parecidas a las nuestras. No es que Berlin
resulte precisamente aburrido, pero creo que carece de
esa alta tensión, ese voltaje que estimula fuertemente el
pensamiento del lector. Tiende a que compartas su mo-
do de ver,"o a confirmarte en tus convicciones cuando
se da esa coiricidencia a la que me refería, pero no te
lanza a algo desconocido y excitante, quizá porque en
su teoría no hay mucho terreno para la contradicción,
"la paradoja y la aporía, para las manifestaciones del
máximo radicalismo intelectual. Esto suele ser así por
más que haya considerado la filosofía como el plantea-
miento de preguntas intrigantes y raras que no encajan
en categorías usuales y viables de pensamiento.
ISAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO· 168

Aun no siendo propiamente original sí podríamos


decir que es sugestivo. Por aplicarle las conocidas imá-
genes a las que él mismo recurre es más el zorro que
husmea que el erizo sistemático. El carácter fragmenta-
rio y un tanto disperso de sus consideraciones -mu-
chas de las cuales afloran ocasionalmente al hilo de
tantas lecturas-, su levedad y cautela, su estilo sin
contundencia, sin calentura y sin moralina, su transpa-
rencia y sus momentos de agudeza, encajan perfecta-
mente en ese talante liberal que subraya José María
Lassalle. Ocurre como si la disposición abierta propia
de su liberalismo -yen esto recuerda a Popper- no
se compaginara bien con una articulación teórica más
compacta, que podría sofocar la atmósfera permeable y
aireada de su mundo intelectual.

Con todo creo percibir detrás de sus textos un ma-


tiz de inconformismo, de errancia, que aflora como el
color de fondo, la imprimación de un cuadro. Un fon-
do, no diré que de abismo, pero sí de inmensidad, de
quien ha hecho la experiencia de la estepa rusa o sabe
del Dios infinito de los judíos. y algo de insatisfacción,
una herida escondida (pues es demasiado elegante co-
mo para exhibir sus heridas) más o menos abierta que
es un rasgo de humanidad. Berlin no transmite una
sensación confortable, de quien cree que ha llegado o
está próximo a la tierra prometida. Por este elemento
de anhelo, muy sutil, en ocasiones casi imperceptible,
le considero más un sentimental que un ingenuo, según
las categorías de Schiller a las que se refería en una
ocasión.
UNA IMPRESIÓN SOBRE ISAIAH BERLIN 169

En definitiva, más que un gran pensador le veo co-


mo un gran historiador de las ideas y un cronista. Es
cierto que en este difícil oficio se le podrá reprochar el
manejo de estereotipos, de grandes etiquetas que son
grandes exageraciones y simplificaciones (como román-
tico, irracionalista), que un especialista en tal o cual
autor tendría reparos en utilizar. Pero su sensibilidad
para lo peculiar y su habilidad como retratista compen-
sa sus generalizaciones. Puede parecer también ya anti-
cuada su búsqueda de antecedentes y consecuentes, re-
flejo de un cierto organicismo, mientras que hoy
marcamos más las discontinuidades y las rupturas. Pe-
ro no se negará que es un maestro del gran angular,
con las renuncias que ello implica, pero también con
los indudables atractivos de esas panorámicas que se-
guimos necesitando para poder situarnos intelectual-
mente y percibir horizontes.

Concluyo con una cita de Goethe en Arte y Antigüe-


dad: "En el fondo, sólo aprendemos de aquellos libros
que no podemos juzgar. El autor de un libro que pu-
diéramos juzgar tendría que aprender de nosotros". Ha-
brá que tenerlo en cuenta tanto ante. las espléndidas
. lecturas que son los libros de Berlín como en nuestra
lectura de sus obras. y estoy convencido de que segui-
remos leyéndolo, con la emoción de quien espera des-
cubrir algo importante.
PENSADORES QUE DEJAN HUELLA: ISAIAH BERLIN 171

PENSADORES QUE DEJAN HUELLA:


ISAlAH BERLIN

José Manuel Romay


Ex Ministro de Sanidad y Consumo. Diputado por A Coruña.

Berlin es, en mi opiruon, en el campo de las ideas


políticas, uno de los pensadores más sugerentes y bri-
llantes del siglo xx. Su amor a la libertad, a la justicia
también y su moderado escepticismo, le sitúa en la me-
jor tradición del "liberalismo reformista" por usar una
expresión de Dahrendorff (1). Inmunes a las tentaciones
del dogma y la utopía, nos dice el propio Dahrendorff,
los representantes de esa tradición son hijos de Kant o
de Hume (o de Locke antes que él) pero decididamente
no de Hegel o de Rousseau. Tocqueville, Max Weber
también, a pesar de sus primeras correrías en la órbita
nacionalista, Keynes y Beveridge, Ortega quizás, Popper

(1) Reflexiones sobre la Revolución en Europa, 1991, pág. 91.


ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 172

y Norberto Bobbio, Havel, Gellner y Dahrendorff, y


ahora John Gray o, entre otros, Víctor Pérez-Díaz, tie-
nen también un lugar en esa galería. Todos son apasio-
nados defensores de la sociedad abierta y al mismo
tiempo reformadores comprometidos.

Invitado por la Fundación para el Análisis y los Es-


tudios Sociales en un seminario sobre Berlin, seleccio-
né algunos textos de su obra entre los que a mí me
habían parecido más significativos en el ámbito de su
pensamiento político para presentarlos como tema de
debate yesos textos son los que ahora ofrezco a los
lectores. Debo confesar que fui un lector tardío de
Berlin pero también de sus ideas, su estilo, su talante,
me cautivaron desde que a comienzo de los años no-
venta leí uno de sus espléndidos ensayos: El fuste tor-
cido de la humanidad. A continuación resumo la apor-
tación berliniana sobre cuestiones de tanto interés y
actualidad como el nacionalismo, el pluralismo y su di-
ferencia con el relativismo, el historicismo no determi-
nista, para concluir con su lúcido análisis del "juicio
político" y su inteligente y generosa valoración de
Marx. Evidentemente, el resumen que ofrezco se queda
muy corto en relación con la entidad de los temas, pero
por mi parte, me daría por satisfecho si las escuetas
referencias que ofrezco al lector le sirvieran de estímu-
lo para el debate y para la profundización en el pensa-
miento berliniano.
PENSADORES QUE DEJAN HUELLA: ISAIAH BERLIN 173

El nacionalismo, nos dice Berlin, surge al parecer al


final de la Edad Media en Occidente, especialmente en
Francia, en forma de defensa de costumbres y privile-
gios de localidades, regiones, corporaciones y, por su-
puesto, Estados, y luego de la propia nación, frente a
la invasión de un poder exterior (el derecho romano o
la autoridad del Papa) o contra formas de universalis-
mo relacionadas con el derecho natural y otras preten-
siones de autoridad supranacional. Su aparición como
una doctrina coherente quizás pueda situarse y fechar-
se en el último tercio del siglo XVIII en Alemania, más
concretamente en los conceptos de Volkgeist y National-
geist, en los escritos de un poeta y filósofo de enorme
influencia, Johan Gottfried Herder.

El pensamiento de Herder, añade Berlin, está domi-


nado por su convencimiento de que entre las necesida-
des básicas de los hombres figura la de pertenecer a un
grupo, una necesidad tan elemental como la de alimen-
to o de procreación o de comunicación. De ahí la cru-
zada implacable de Herder contra el universalismo
francés, y su concepción y glorificación de culturas in-
dividuales (hindú, china, nórdica, hebrea) y su odio a
los grandes uniformadores, César y Carlomagno, los ro-
manos, los caballeros cristianos, los misioneros y edifi-
cadores del Imperio británico, que eliminaban culturas
nativas y las sustituían por la propia, histórica, y espi-
ritualmente por tanto, extranjera y opresiva de sus víc-
timas. Bajo la influencia de las invasiones francesas, la
revolucionaria y la napoleónica, la autonomía cultural
o espiritual, por la que en principio había abogado
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN liBERAL SOBRE EL ·OTRO· 174

Herder, se convirtió en una autoafirmación nacionalista


agria y agresiva.

La ascensión del nacionalismo es, sin embargo hoy,


en opinión de Berlin, un fenómeno entre poblaciones
minoritarias de las regiones más viejas. ¿Quién habría
predicho en el siglo XIX la aparición de un nacionalis-
mo agudo en Canadá y Pakistán (en realidad, hasta la
posibilidad misma del propio Pakistán habría sido reci-
bida con considerable escepticismo hace cien años en-
tre los dirigentes nacionalistas hindúes), o en Gales o
en Bretaña o en Escocia o en el País Vasco?

El nacionalismo contemporáneo raras veces llega,


señala Berlin, en su forma pura y romántica como lo
hizo en Italia o Polonia o Hungría a principios del si-
glo XIX, pero está mucho más íntimamente vinculado a
agravios sociales y religiosos y económicos. Para los
grupos étnicos que se sienten humillados u oprimidos,
para los que el nacionalismo representa erguir la espal-
da doblada, recuperar una libertad que quizá nunca
han tenido (es todo cuestión de ideas en las cabezas de
los hombres), venganza por su humanidad ofendida.
Ese ansia de reconocimiento, el deseo de Anerkennung
que Hegel analizó tan memorable mente; es la carencia
de esto, más que ninguna otra causa, lo que parece
conducir a excesos nacionalistas.

Pero Berlin no solo analiza lúcidamente los orígenes


del fenómeno nacionalista sino que explica muy bien
PENSADORES QUE DEJAN HUELLA: ISAIAH BERLlN 175

por qué deben rechazarse los modernos nacionalismos


cerrados y excluyentes cuyo aspecto brutal y destructor,
nos dice, no necesita ser subrayado en un mundo des-
trozado por sus excesos. Y es que lo esencial para el
bienestar humano, según Berlin, no es la participación
en alguna entidad política, como pueda ser el estado
nación, sino la participación en una "individualidad co-
lectiva", en una forma común de vida cultural con su
propia historia, sus hábitos y artes, sus modalidades
peculiares y distintivas de conducirse. Tales formas de
vida cultural común no pueden siempre identificarse y
aislarse con facilidad. Todos nosotros, nos advierte Ber-
lin -al menos todos los que pertenecemos a una cultu-
ra moderna y vivimos en una sociedad modema- te-
nemos lealtades plurales, pertenecemos a comunidades
diversas y sabemos lo que es asumir roles en conflicto.
La pluralidad y el conflicto son elementos integrantes
de nuestras identidades. Estas son las razones por las
que Berlin no comparte la doctrina del nacionalismo
integral. Muchas personas son depositarias de un lega-
do plural, hecho éste que hace discriminadora y peli-
grosa la idea de que somos o deberíamos ser miembros
de una entidad política única, independiente de que la
formulen reaccionarios o comunitaristas de izquierda.
Por eso Berlin, afirma con rotundidad John Gray, no
ha compartido jamás esta doctrina radical y reacciona-
ria del nacionalismo (2).

(2) El fuste torcido de la humanidad, 1992, págs. 227-229, 234-


236, 339-342 -Isaiah Berlin, 1996. págs. 132-133. 136-138.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO· 176

También en El fuste torcido de la humanidad desa-


rrolla Berlín con claridad y convicción sus ideas acerca
de uno de los elementos más característicos de la mo-
dernidad: el pluralismo (3).

El universo, nos dice, no es un rompecabezas, cuyas


fragmentos pretendemos ordenar, convencidos de que
existe un orden, y sólo uno, de acuerdo con el cual de-
ben encajar todos. Nos enfrentamos a valores en con-
flicto; el dogma de que deben conciliarse de algún mo-
do, en algún lugar, es una mera esperanza piadosa; la
experiencia demuestra que es falso. Tenemos que elegir
y al elegir una cosa perdemos otra, tal vez irremisible-
mente. Si elegimos la libertad individual, ello puede
exigir sacrificar cierta forma de organización que po-
dría haber proporcionado una mayor eficacia. Si elegi-
mos la justicia, podemos vernos obligados a sacrificar
la misericordia. Si elegimos conocimientos podemos sa-
crificar la inocencia y la felicidad. Si elegimos demo-
cracia, podemos sacrificar una fuerza que nace de la
militarización o de jerarquías obedientes. Si elegimos
igualdad, hemos de sacrificar cierto grado de libertad
individual. Si elegimos luchar por defender nuestra vi-
da, podemos sacrificar diversos valores civilizados, mu-
chos de los cuales nos ha costado un gran esfuerzo
crear. Sin embargo, la gloria y la dignidad del hombre
se basan en el hecho de que es él el que elige, y no eli-
gen por él, de que puede ser su propio amo.

(3) El fuste torcido de la humanidad, 1992, págs. 190 y ss.


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PENSADORES QUE DEJAN HUELLA: ISAIAH BERLIN 177

Los orígenes del pluralismo los encuentra Berlin en


Maquiavelo. Es en un ensayo precioso, La originalidad
de Maquiavelo, en el que Berlin nos descubre que en
realidad la quiebra del "monismo", en el mundo mo-
demo tiene sus orígenes en Maquiavelo, en su idea de
que existen cuando menos dos grupos de virtudes -lla-
mémoslas las cristianas y las paganas- que son incom-
patibles. Maquiavelo fue el primero que cuestionó la
idea del mundo y de la sociedad como estructura úni-
ca, armónica, monística, que había sido característica
de la civilización occidental. Esa fue la daga -en ex-
presión de Meinecke- hendida por Maquiavelo en la
concepción del mundo vigente hasta él (4). Si sólo hay
una solución para el enigma, nos dice Berlin, si sólo
hay una respuesta verdadera para cada pregunta, en-
tonces el único problema es primeramente cómo en-
contrarla, luego cómo llevarla a cabo y luego cómo
convertir a los otros a la solución, por la persuasión o
por la fuerza. Pero si esto no es así (Maquiavelo con-
trasta dos formas de vida, pero podría haber y, salvo
para monistas fanáticos, hay obviamente más de dos),
luego la senda se abre al empirismo, al pluralismo, la
tolerancia, el arreglo. La tolerancias es históricamente
el producto de la comprensión de la irreconciabilidad
de fes igualmente dogmáticas, y de la improbabilidad
práctica de la total victoria de una sobre otra. Los que
desearon sobrevivir se dieron cuenta que tenían que to-
lerar el error. Gradualmente vinieron a ver méritos en

(4) Contra corriente, La originalidad de Maquiavelo, 1992, págs.


84 y ss.
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 178

la diversidad y así se convirtieron en escépticos acerca


de las soluciones definitivas en los asuntos humanos.

Pero una cosa es aceptar algo en la práctica, y otra


es justificarlo racionalmente. Los "escandalosos" escri-
tos de Maquiavelo iniciaron este último proceso. Este
fue el viraje decisivo y sus consecuencias intelectuales,
absolutamente no deseadas por su originador, fueron,
por una afortunada ironía de la historia (que algunos
llaman su dialéctica), las bases del mismo liberalismo
que Maquiavelo hubiera seguramente condenado como
débil y falto de carácter, falto de una resuelta persecu-
ción del poder, del esplendor, de organización, de vir-
tud, de poder para disciplinar hombres ingobernables
contra enormes fuerzas dentro de un todo enérgico.
Sin embargo, él es, a despecho de él mismo, uno de
los hacedores del pluralismo, y de su -para él- peli-
grosa aceptación de la tolerancia.

Cosa distinta del pluralismo es el relativismo. Éste


para Berlin es una doctrina según la cual el juicio de
un hombre o un grupo, dado que es expresión o afir-
mación de un gusto, o una actitud emotiva o un punto
de vista, es sólo lo que es, sin ninguna correspondencia
objetiva que determine su veracidad o falsedad. A mi
me gusta una montaña, a ti no; a mi me encanta la
Historia, a él le parece un camelo: todo depende del
punto de vista de cada uno (5).

(5) Isaiah Berlin: La mirada despierta de la Historia, 1999, pág. 365.


PENSADORES QUE DEJAN HUELLA: ISAIAH BERLIN 179

El pluralismo de Berlin no significa la renuncia a


una cierta "ética universal". Hay a juicio de Berlin,
ciertas propiedades morales que también forman parte
profunda de lo que concebimos como naturaleza huma-
na. Han sido aceptadas por la mayoría de los hombres
durante, por lo menos, la mayor parte de la historia es-
crita; esos principios no pueden abolirse; no conocemos
ningún tribunal, ninguna autoridad, que pudiese, a tra-
vés de algún procedimiento reconocido, permitir a los
hombres prestar falso testimonio o torturar libremente,
o asesinar a otros hombres por placer. Se trata de una
especie de retomo a la idea antigua del derecho natu-
ral pero, para algunos de nosotros, con un ropaje em-
pírico, no ya necesariamente basado en fundamentos
teológicos o metafísicos. Equivale a decir que no pode-
mos evitar aceptar esos principios básicos porque so-
mos humanos. Como estos principios son básicos, y
han sido reconocidos durante mucho tiempo de un mo-
do generalizado, tendemos a considerarlos normas éti-
cas universales (6).

Berlin es también, en el mejor sentido del término,


un historicista (7). La mayoría de los bienes (y males)
humanos se conciben, nos dice Berlin, como creaciones
históricas y las identidades humanas son vistas como
expresiones de formas culturales específicas, a su vez

El fuste torcido de la humanidad, 1992, pág. 190 Y ss.


(61

Conceptos y categorías, 1983, págs. 226-227 -Isaiah Berlin,


(71

1996, págs. 112, 116-117 Y 125.


ISAlAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN LmERAL SOBRE EL ·OTRO· 180

creaciones históricas. Berlin asume la orientación de la


visión viquiana del origen y naturaleza de la autoidenti-
dad humana como una forma de autocreación y su ce-
lebración de la diferencia cultural como expresiva de lo
que es más esencial y universal en la especie humana.

Una de las dificultades a que se enfrentan los his-


toriadores, y que no alcanza a los científicos de la na-
turaleza, es, nos enseña Berlín, la de reconstruir lo
que ocurrió en el pasado en términos, no sólo de
nuestros propios conceptos y categorías, sino también
del aspecto que dichos acontecimientos deben haber
tenido para quienes participaron en ellos, o para quie-
nes se vieron afectados por los mismos. Los químicos
y los físicos no están obligados a averiguar los estados
mentales de Lavoisier ni de Boyle. Pero es tarea inelu-
dible del historiador, preguntarse qué debió parecerles
la situación a los griegos o a los romanos, a Alejandro
o a Julio César, y sobre todo, a Tucídides, a Tácito o
a los cronistas medievales anónimos, o a los ingleses
o a los alemanes en el siglo XVI, o a los franceses en
1789 o a los rusos en 1917, o a Lutero, o a Cromwell,
o a Robespierre, o el Lenin.

Berlín, con su visión historicista, se pronuncia así


en contra de uno de los dogmas centrales de la visión
teleológica de la historia, especialmente en sus varian-
tes asociadas a la Ilustración: la expectativa de una
eventual convergencia de los pueblos en una civilización
universal. Ésta es una expectativa de lo que podríamos
PENSADORES QUE DEJAN HUELLA: ISAIAH BERLIN 181

llamar la evanescencia del particularismo, doctrina a la


que se adscribe Marx, como un pensador paradigmáti-
co de la Ilustración, al menos en las formas que lo ha-
cen políticamente relevante y constituyen ocasión para
el surgimiento de las divisiones sociales.

No menos interés tienen las observaciones de Berlin


sobre el "juicio político" (8). ¿Qué significa tener buen
juicio en política? ¿Qué es ser políticamente sabio, o
estar políticamente dotado, ser un genio político, o in-
cluso no ser más que políticamente competente, saber
cómo lograr que se hagan las cosas? Los que no lo son
decimos que no entienden el tiempo en el que viven o
que se oponen a algo llamado "la lógica de los hechos",
o que están "tratando de retrasar el reloj", o que "la
historia está contra ellos" o que son ignorantes o inca-
paces de aprender. ¿Pero cuál es este conocimiento?
¿Son conocimientos sobre una ciencia? ¿Hay realmente
leyes que descubrir, reglas que aprender? ¿Puede ense-
ñarse a los gobernantes algo llamado ciencia política
-la ciencia de las relaciones de los seres humanos en-
tre sí y con su entorno-, que consista como otras
ciencias, en sistemas de hipótesis verificados, organiza-
dos en leyes, que permitan, mediante el empleo de más
experimentos y observación, descubrir otros hechos y
verificar nuevas hipótesis?

(8) El sentido de la realidad, 1996, págs. 79, 80, 85 y 89.


ISAIAH BERLlN: UNA REFLEXlÓN LIBERAL SOBRE EL "OTRO" 182

Si estoy conduciendo un coche con una prisa deses-


perada y llego a un puente de aspecto tambaleante, y
debo decidir si soportará mi peso, un conocimiento de
los principios de ingeniería sería, sin duda, útil. En el
ámbito de la acción política, las leyes son mucho más
remotas y escasas: las habilidades lo son todo. Lo que
hace que los gobernantes, como los conductores de co-
che, tengan éxito es que no piensan en términos gene-
rales, esto es, no se preguntan primordialmente a sí
mismos en qué aspecto se parece o no una situación
determinada a otras situaciones durante el largo curso
de la historia (que es lo que los sociólogos históricos, o
los teólogos bajo cobertura histórica, como Vico o Toynbee,
acostumbran a hacer). Su mérito es que captan la com-
binación única de características que constituyen una
situación particular: esa y no otra. Lo que supone que
son capaces de hacer es comprender el carácter de un
determinado individuo, de un singular estado de cosas,
de una singular atmósfera, de una particular combina-
ción de factores económicos, políticos y personales; y
no creemos con facilidad que esta capacidad pueda ser
verdaderamente enseñada.

La cualidad que intento describir es esa compren-


sión especial de la vida pública (o, a este respecto, tam-
bién vida privada) que demuestran los gobernantes exi-
tosos, ya sean perversos o virtuosos, aquello que tenían
Bismarck (seguramente un ejemplo sobresaliente, en el
siglo XIX, de político dotado de un juicio político consi-
derable) o TayIlerand o Frankin Roosevelt, o también
hombres como Cavour o Disraeli, Gladstone o Atatürk,
PENSADORES QUE DEJAN HUELLA: ISAIAH BERLIN 183

en común con los grandes novelistas psicológicos, algo


de lo que carecen llamativamente hombres de talento
más puramente teórico como Newton, Einstein, Russell
o, incluso, Freud. Esto es cierto incluso de Lenin, a pe-
sar de la gran cantidad de teoría que manejaba.

¿Qué es lo que el emperador Augusto o Bismarck


sabían y el emperador Claudio o José II no sabían?
Muy probablemente, el emperador José era intelectual-
mente más notable y bastante más culto que Bismarck,
y puede que Claudio supiera muchas más cosas que
Augusto. Pero Bismarck (o Augusto) tenían la capaci-
dad de integrar o sintetizar los vestigios y fragmentos
efímeros, sueltos, infinitamente variados, que integran
la vida en cualquier nivel, al igual que todo ser huma-
no, hasta cierto punto, debe integrarlos (si quiere sim-
plemente sobrevivir) sin detenerse a analizar cómo ha-
ce lo que hace, y si hay una justificación teórica para
su actividad. Todo el mundo tiene que hacerlo, pero
Bismarck lo hizo en mucha mayor extensión, frente a
un horizonte más amplio de cursos posibles de acción,
con un poder mucho mayor, hasta el punto, de hecho,
que es descrito con bastante justeza, como genial.

y termino ya con unos párrafos memorables de la


espléndida biografía de Marx que publicó Berlín en un
ya lejano 1963. Nadie más generosamente que Berlín,
desde el pensamiento liberal, ha valorado la aportación
de Marx al campo de las ideas y de las realidades polí-
ticas y sociales; y nadie con más acierto que Berlin,
ISAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL "OTRO· 184

historiador de las ideas al fin, ha señalado el error de


Marx al negar el papel de las ideas en el devenir histó-
rico.

"Por la agudeza y claridad con que formula sus pro-


blemas, "nos dice Berlín de Marx", por el rigor del mé-
todo mediante el cual propone buscar soluciones, por
la combinación de atención por el detalle y poder de
vasta generalización comprensiva, esta teoría, el mar-
xismo, no tiene paralelos. Aun cuando todas sus con-
clusiones específicas se revelaran falsas, no tendría par
su importancia por haber creado una actitud entera-
mente nueva ante los problemas históricos y sociales, y
haber abierto así nuevas avenidas al conocimiento hu-
mano. El estudio científico de las relaciones económi-
Ocasen su evolución histórica, así como de su relación
con otros aspectos de la vida de las comunidades e in-
dividuos, comenzó con la aplicación de los cánones
marxistas de interpretación. Anteriores pensadores
-por ejemplo, Vico, Hegel, Saint-Simon- trazaron es-
quemas generales, pero sus resultados directos, encar-
nados, por ejemplo, en los sistemas gigantescos de
Comte o Spencer, son a la vez demasiado abstractos y
demasiado vagos y se los recuerda en nuestro tiempo
tan poco como merecen recordarse. El verdadero padre
de la historia económica moderna y, ciertamente, de la
moderna sociología, es, en la medida en que cualquier
hombre pueda a aspirar a ese título, Karl Marx. Si el
haber convertido en verdades trilladas lo que antes ha-
bían sido paradojas es un signo de genio, Marx estaba
ricamente dotado de él. Sus realizaciones en esta esfera
PENSADORES QUE DEJAN HUELLA: ISAIAH BERUN 185

son necesariamente ignoradas en la medida en que las


consecuencias de éstas han venido a formar parte del
permanente telón de fondo del pensamiento civilizado".

Sin embargo, nos advierte también Berlin, "Marx


erigió el sistema para refutar la proposición de que las
ideas determinan decisivamente el curso de la historia,
pero la misma extensión de su influencia sobre los
asuntos humanos debilitó la fuerza de sus tesis. Pues al
alterar la opinión hasta entonces dominante de la rela-
ción del individuo con su contorno y con sus semejan-
tes, alteró palpablemente esa misma relación" (9).

Sólo me resta felicitar a la Fundación para el Análi-


sis y los Estudios Sociales por propiciar un encuentro
sobre Berlin, a José María Lassalle por su sugerente
síntesis del pensamiento berliniano que sirvió de punto
de partida al debate y a todos los participantes por sus
aportaciones. La publicación de este texto merece por
mi parte una gratitud añadida. A los lectores les reitero
mi invitación más sentida a profundizar en el conoci-
miento de Isaiah Berlin. Si lo hacen atendiendo mi in-
vitación estoy seguro de que me lo agradecerán.

(9) Karl Marx, 1988, págs. 166 y 176.


ISAIAH BERLIN: ¿LA CONMOCIÓN DEL ENCUENTRO ...? 187

ISAIAB BERLIN: ¿LA CONMOCIÓN


DEL ENCUENTRO ...?

Ana Torme
Diputada por Valladolid.

No puedo hablar de Isaiah Berlin sin empezar reco-


nociendo la fascinación que ejerce en mí, lo que, por
otra parte, no es algo singular sino que es compartido
por muchas otras personas. De hecho, en el seminario
-Isaiah Berlin: una reflexión liberal sobre el "otro"-
coordinado por José María Lassalle hemos tenido oca-
sión de comprobar y poner en común la seducción
que, bien desde la discrepancia o bien desde la rendi-
ción casi incondicional, Berlin ejerce sobre unos y
otros. Su obra, como dice Mario Vargas Llosa, es una
de las más ricas e incitadoras desde el punto de vista
político e intelectual, lo que unido a su estilo: ágil, es-
pontáneo, fresco, sencillo y directo, convierte la lectura
de Berlin en un auténtico placer.
ISAIAH BERLlN: UNA REFLEXIÓN LffiERAL SOBRE EL ·OTRO· 188

Al escribir estas notas pretendo tan sólo reflejar mis


"Impresiones Personales" tras la lectura de alguno de
los ensayos de Berlin así como del texto de José María
Lassalle sobre este pensador; texto que, por cierto, de-
nota la empatía de Lassalle con Berlin, además de invi-
tar, con su brillante planteamiento, a la reflexión y al
diálogo entorno al pensamiento de este "aventurero in-
telectual" .

Siguiendo la dialéctica berliniana en los términos de


la dualidad libertad positiva-libertad negativa, haré dos
consideraciones. La primera de ellas, en mi condición
actual de diputada nacional, vendría a ser una especie
de reflexión acerca del liberalismo pluralista de Berlin
y su influjo beneficioso en el ejercicio diario de la acti-
vidad política. Con la segunda, más que un aspecto ne-
gativo, pretendo plantear una reacción de sorpresa ante
lo que yo considero una carencia: la ausencia de un
discurso específico sobre la mujer en quien, a lo largo
de toda su trayectoria intelectual, muestra una volun-
tad tan clara de dejarse seducir por "el otro", de acer-
carse a sus problemas y anhelos. Echo en falta en
quien afirma que "descuidar al otro es un error", una
reflexión sobre "ese otro" que es la mujer.

Considero sumamente interesantes las aportaciones


de Isaiah Berlin sobre la actividad política porque si ya
de por sí resultan muy sugerentes los planteamientos
de su liberalismo pluralista, adquieren un mayor valor
como consecuencia de su propia experiencia en el ejer-
ISAIAH BERLlN: ¿LA CONMOCIÓNDEL ENCUENTRO...? 189

CIClO práctico de la política. y así, como señala José


María Lassalle, a diferencia de otros hombres de ideas
que se mueven exclusivamente en el mundo del pensa-
miento abstracto, Berlin no se dedica a hacer pausadas
y meditadas disquisiciones teóricas alejadas de la reali-
dad, sino que interpreta y da respuestas prácticas al
quehacer político. La constatación del dinamismo de la
acción política, de la inmediatez con que ha de darse
respuesta a las distintas cuestiones que en el día a día
se plantean, junto a su concepción pluralista de la so-
ciedad, le llevan a reivindicar la negociación, el diálogo
con los demás y el establecimiento de compromisos pa-
ra solucionar los inevitables conflictos. Partiendo de
que no existe una sociedad perfecta que dé respuestas
definitivas e indiscutibles a las aspiraciones humanas
sino que, al contrario, en una sociedad plural surgen
continuamente conflictos porque hay múltiples intere-
ses en juego, intereses legítimos, defendibles pero que
no siempre son fáciles de armonizar ya que muchas ve-
ces son contrapuestos, se desemboca en la necesidad
de alcanzar compromisos, de establecer soluciones pac-
tadas. Como toda elección política seria implica una
pérdida, en ocasiones, un auténtico sacrificio de fines
deseables, las decisiones han de ser tomadas mediante
la negociación y el acercamiento a los otros para, así,
evitar las peores soluciones, actuando de acuerdo a lo
que Berlín denomina "buen ojo político".

Para quien ejerce la actividad política, en mi caso la


parlamentaria, creo que es muy recomendable tener
presente a Berlin. Compartiendo con él que los conflic-
ISAIAH BERLIN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO· 190

tos son inevitables, que no existen soluciones perfectas


para los mismos y que nadie detenta el monopolio de
la verdad -ningún grupo político tampoco- se llega a
la conclusión de que son imprescindibles el diálogo y
el acercamiento a los demás para conocer sus aspira-
ciones y, por tanto, la negociación para alcanzar com-
promisos. Pero, a veces, en el curso de una negociación,
en la búsqueda del "ansiado" consenso, podemos olvidar
que no todo es negociable. Por ello, la apelación que
hace Berlin a esos mínimos que son innegociables me
parece fundamental. Creo, y por eso me reconforta leer
a Berlin, que el ejercicio de la política exige amplios
márgenes de flexibilidad, un talante abierto para, sin
delimitar a priori horizontes cerrados, acercarse y dialo-
gar con tilos otros", adecuadas dosis de modestia para
ser capaces de poner en duda los propios planteamien-
tos y aceptar y rectificar errores pero, a la vez, firmeza
y valentía para defender, aunque sea en soledad, esos
mínimos innegociables.

Por todo ello, como miembro de un partido de cen-


tro-liberal que defiende el diálogo y la búsqueda de
acuerdos, no sólo como instrumentos políticos sino y
fundamentalmente como un talante que define nuestra
actuación y que pese a unos amplios márgenes de fle-
xibilidad y apertura, no renuncia a la defensa de cier-
tos principios y valores que constituyen un mínimo in-
negociable, me identifico con el liberalismo pluralista
de Berlin.
ISAIAH BERLIN: ¿LA CONMOCIÓN DEL ENCUENTRO ... ? 191

Al plantear la segunda consideración, en la que no


se oculta una ligera desilusión dentro de esa fascina-
ción inicialmente reconocida, se me podría alegar que
su trayectoria es de una gran coherencia, como se pone
tan claramente de manifiesto en su último ensayo Mi
andadura intelectual (1996), que no se echa en falta un
estudio sobre la mujer, que no tiene por qué hacer un
discurso "feminista". Y en principio, podría estar de
acuerdo en que no todo historiador de las ideas, filóso-
fo, político o intelectual haya de construir necesaria-
mente un discurso específico sobre la mujer pero hay
circunstancias en la propia biografía de Berlin que ha-
cen que este olvido sea sorprendente.

Así vemos que en la evolución de su pensamiento,


hacia planteamientos pluralistas tiene una gran influen-
cia el estudio del movimiento romántico. Precisamente
en el Romanticismo la mujer adquiere una relevancia
en la literatura que hasta entonces no había tenido,
bien como protagonista de obras escritas por hombres
(Madame Bovary), bien adquiriendo por sí mismas pro-
tagonismo creativo, más o menos traumático (George
Sand, Camille Claudel, Madame de Staél, las hermanas
Bronté), Es curioso que Berlín que dedica su interesan-
te ensayo Las raíces del romanticismo al estudio de este
movimiento, no hable de la mujer, a pesar de que algu-
na jugara un papel destacado en su consolidación.

Por otra parte, la preocupación intelectual por la li-


bertad constituye uno de los ejes fundamentales del
ISAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN LmERAL SOBRE EL "OTRO" 192

pensamiento de Berlin. En Dos conceptos de libertad


distingue entre dos nociones de libertad, la negativa y
la positiva. Y si Berlin estudia el alcance de ambas en
distintos momentos históricos o bajo distintos regíme-
nes políticos, no se le puede escapar la distinta situa-
ción de la mujer en el ejercicio de su libertad, la exis-
tencia de determinados obstáculos y límites al desarrollo
vital de la mujer, precisamente por su condición de
mujer. No nos tenemos que remontar al Romanticismo,
sino que Isaiah Berlin fue testigo de la discriminación
sufrida por las mujeres de su época, de sus reivindica-
ciones sociales y políticas, llegando a conocer a muje-
res verdaderamente singulares e impactantes como Vir-
ginia Woolf o Anna Ajmátova.

y si en su obra Las olas Virginia Woolf afirma que


no hay antídoto contra la conmoción de los encuentros,
podemos afirmar que para Berlin, su encuentro con Aj-
mátova, supuso una auténtica conmoción, hasta el pun-
to de calificarlo en una carta como la cosa más emocio-
nante que le había ocurrido y el acontecimiento más
importante de su vida. A partir de entonces, como des-
taca Ignatieff, no cesará en la defensa a ultranza del li-
beralismo occidental y de las libertades políticas, proba-
blemente influenciado por las ataduras a que quedaba
sometida Ajmátova dada aquella falta de libertad.

Coincido con Dámaso López cuando destaca la ex-


traordinaria densidad dramática con que Berlin descri-
be sus reuniones con los escritores rusos Boris Paster-
ISAlAH BERLIN: ¿LA CONMOCIÓN DEL ENCUENTRO ... ? 193

nak y Anna Ajmátova en "Impresiones personales". A


través de ellos, fundamentalmente de Ajmátova, Berlin
descubre la verdadera realidad de la Unión Soviética, el
dolor y la represión que sufren hombres y mujeres so-
metidos al totalitarismo. Con su obra, devuelven al
pueblo ruso la voz que le niega el régimen soviético,
denunciando la opresión, asfixia, silencio y miedo que
sufre ante la falta de libertad y el terror imperante.
Berlin, a través de estos encuentros, percibe la "verdad"
oculta tras la propaganda del régimen. Siente esa im-
presión con mayor intensidad en el caso de Anna Aj-
mátova, ahogada no sólo como poeta, sino como mujer
y como madre. y así vemos que precisamente sus sen-
timientos de madre son utilizados por el poder político
para hacerle chantaje y conseguir sobre la Anna Ajmá-
tova madre lo que no podían conseguir sobre la Anna
Ajmátova poeta o ciudadana soviética.

No obstante, a pesar de que este encuentro conmue-


ve profundamente a Berlin tampoco le lleva a una re-
flexión específica sobre ese "otro" que es la mujer aún
cuando, hablando de ella muchos años después, afirma
que "el relato de la tragedia de su vida, sin paliativos,
llegó mucho más allá de lo que nadie me hubiese reve-
lado por escrito; el recuerdo de todo ello sigue siendo
vivo y penoso para mí".

Creo que si acabara así mis consideraciones dicien-


do que Berlin olvida a la mujer, como ese "otro" que
tiene sus propios problemas, dificultades, anhelos y
ISAIAH BERUN: UNA REFLEXIÓN UBERAL SOBRE EL ·OTRO· 194

frustraciones, estaría siendo injusta con él. Quizás no


sea correcto hablar de olvido o de carencia y deba aquí
recordar la concepción pluralista berliniana de la natu- II
raleza del hombre, su idea de que el ser humano es un I

ser creativo que elige sus propias metas, sabiendo que


cualquier elección implica siempre una pérdida. Berlin I
I
elige sus metas, sus ejes de pensamiento y emprende
una andadura de una firmeza y coherencia extraordina-
¡
rias. Por ello, a pesar de esta ausencia, considero que
Berlin constituye un referente de primer orden en el
panorama intelectual del siglo xx.
PAPELES DE LA FUNDACIÓN
NU1 La financiación de los partidos políticos
-Pilar del Castillo-
W 2 La reforma del Impuesto sobre Sociedades
-Francisco Utrera-
NU3 La conclusión de la Ronda Uruguay del GAIT
-Aldo Olcese-
NU4 Efectos del control de los arrendamientos urbanos
-Joaquín Trigo-
Na 5 Una política de realismo para la competitividad
-Juan Hoyos, Juan V!llalonga-
W 6 Costes de transacción y Fe Pública Notarial
-Rodrigo Tena-
W 7 Los grupos de interés en España
-Joaquín M. Molins-
NU8 Una política industrial para España
-Joaquín Trigo-
NU9 La financiación del deporte profesional
-Pedro Antonio Martín, José Luis González Quirós-
Nll 10 Democracia y pobreza
-Alejandro Muñoz-Alonso-
NU11 El planeamiento urbanístico y la Sociedad del Bienestar
-Manuel Ayllón-
Na 12 Estado, Libertad y Responsabilidad
-Michael Portillo-
Na 13 España y la Unión Monetaria Europea
-Pedro Schwartz, Aldo Olcese-
Na 14 El gasto público y la protección de la familia en España:
un análisis económico
-Francisco Cabrillo-
W 15 Conceptos básicos de política lingüística para España
-Francisco A. Marcos-
Na 16 Hacia un Cuerpo de Ejército Europeo
-Gabriel Elorriaga Femández-
Na 17 La empresa familiar en España
-Aldo Olcese, Juan Villalonga-
W 18 ¿Qué hacer con la televisión en España?
-Luis Núñez Ladevéze-
Na 19 La posición del contribuyente ante la Administración y su futuro
-Elisa de la Nuez-
Ng 20 Reflexionesen tomo a una política teatral
-Eduardo Galán,Juan Carlos Pérez de la Fuente-
NQ 20 Los teatros de Madrid, 1982-1994
Anexo -Moisés Pérez Coterillo-
NQ 21 Los límites del pluralismo
-Álvaro Delgado-Gal-
NQ 22 La industria de defensa en España
-Juan José Prieto-
NQ 23 La libertad de elecciónen educación
-Francisco LópezRupérez-
Ng 24 Estudio para la reforma del Impuesto sobre Sociedades
-Juan Costa-
W 25 Homenajea Karl Popper
-José María Aznar,Mario VargasLlosa,GustavoVillapalos,
Pedro Schwartz,AlejoVidal-Quadras-
NQ 26 Europa y el Mediterráneo.Perspectivasde la Conferenciade
Barcelona
-Alberto Míguez-
W 27 Cuba hoy: la lenta muerte del castrismo. Con un preámbulopara
españoles
-Carlos AlbertoMontaner-
W 28 El GobiernoJudicialy el ConsejoGeneraldel Poder Judicial
-José Luis Requero-
NQ 29 El Principiode Subsidiariedaden la construcciónde la UniónEuropea
-José Mi de Areilza-
NQ 30 Basespara una nueva política agroindustrialen España
-Aldo Olcese-
Na 31 Responsabilidadespolíticasy razón de Estado
-Andrés Ollero-
NQ 32 Tiempolibre, educacióny prevenciónen drogodependencias
-José Vua-
W 33 La creación de empleoestable en España: requisitosinstitucionales
-Joaquín Trigo-
NQ 34 ¿Qué UniónEuropea?
-José Luis MartínezLópez-Muñiz-
W 35 España y su defensa.Una propuesta para el futuro
-Benjamín Michavila-
Na 36 La apoteosisde lo neutro
-Fernando R. Lafuente,Ignacio Sánchez-Cámara-
NQ 37 Las sectas en una sociedaden transformación
-Francisco de Oleza-
La sociedad española y su defensa
-Benjamín Michavila-
Para una promoción integral de la infancia y de la juventud
-José Vtla-
Catalanismo y Constitución
-Jorge Trias-
W41 Ciencia y tecnología en España: bases para una política
-Antonio Luque, Gregorio MilIán, Andrés Ollero-
Genealogía del liberalismo español. 1759-1936
-José Maria Marco-
W43 España, Estados Unidos y la crisis de 1898
-Carlos Mellizo, Luis Núñez Ladevéze-
W44 La reducción de Jornada a 35 horas
-Rafael Hemández Núñez-
W45 España y las transformaciones de la Unión Europea
-José M. de Areilza-
W46 La Administración Pública: reforma y contrarreforma
-Antonio Jiménez-Blanco, José Ramón Parada- .
W47 Reforma fiscal y crecimiento económico
-Juan F. Corona, José Manuel González-Páramo,
-Carlos Monasterio-
La influencia de los intelectuales en el 98 francés: el asunto Dreyfus
-Alejandro Muñoz-A1onso-
W49 El sector público empresarial
-Alberto Recarte-
La reforma estructural del mercado de trabajo
-Juan Antonio Sagardoy, José Miguel Sánchez Molinero-
Valores en una sociedad plural
-Andrés Ollero-
Infraestructuras y crecimiento económico
-Juan Manuel Urgoiti-
W 53 Política y medios de comunicación
-Luis Núñez Ladevéze, Justino Sinova-
W 54 Cómo crear empleo en España: Globalización, unión monetaria
europea y regionalización.
-Juan Soler-Espiauba-
W SS La Guardia Civil más allá del año 2000.
-Ignacio Cosidó-
W 56 El gobierno de las sociedades cotizadas: situación actual y
reformas pendientes.
-Juan Femández-Armesto, Francisco Hemández-
W 57 Perspectivas del Estado del Bienestar: devolver responsabilidad a
los individuos, aumentar las opciones.
-José Antonio Herce, Jesús Huerta de Soto-
N" 58 España, un actor destacado en el ámbito internacional.
-José Ma Ferré-
N° 59 España en la nueva Europa
-Benjamín Michavila-
N" 60 El sigloXX:mirando hacia atrás para ver hacia delante.
-Fernando García de Cortázar-
N" 61 Problemática de la empresa familiary la globalización.
-Joaquín Trigo,Joan M. Amat-
N" 62 El sistema educativoen la España de los 2000.
-José Luis GonzálezOuirós, José Luis MartínezLópezMuñiz->
N° 63 La nación española: historia y presente
-Fernando García de Cortázar-
N" 64 Economíay política en la transicióny la democracia
-José Luis Sáez-
N" 65 Democracia,nacionalismoy terrorismo
-Edurne Uriarte-
N" 66 El estadode las autonomíasen el sigloXXI:cierreo aperturaindefinida
-Fernando García de Cortázar-
N" 67 Viejay nueva economía irregular
-Joaquín Trigo--
N° 68 Iberoaméricaen perspectiva
-José Luis Sáez-
N" 69 Isaiah Berlín: Una reflexiónliberal sobre el "otro"
-José María Lassalle-

FUERA DE COLECCIÓN
• Razón y Libertad
-José María Aznar-
• Políticay Valores
-José María Aznar-
• Un compromisocon el teatro
-José María Aznar-
Cultura y Política
-José María Aznar-

PAPELES DEL INSmtJIO PE ECOLOGíA y MERCADO

NQ1 Repoblaciónforestal y política agrícola


-Luis Carlos Fernández-Espinar-
NQ2 El agua en España: problemasprincipalesy posiblessoluciones
-Manuel Ramón Uamas-
ND 3 La responsabilidad por daño ecológico:ventajas, costes y alternativas
-Fernando Gómez Pomar-
ND 4 Protección jurídica del medio ambiente
-Raúl Canosa-
W5 Introducción a la ecología de mercado
-Fred L. Smith-
ND 6 Los derechos de propiedad sobre los recursos pesqueros
-Rafael Pampillón-
W7 Hacia una estrategia para la biodiversidad
-Jesús Vozmediano-
ND 8 Caracterización de embalses y graveras para su adecuación ecológica
-Ramón Coronado, Carlos Otero-
W9 Conocer los hechos, evitar la alarma
-Michael Sanera, Jane S. Shaw-
W 10 Política ambiental y desarrollo sostenible
-Juan Grau, Josep Enrie Llebot-
N° 11 El futuro de las ciudades: hacia unas urbes ecológicas y sostenibles
-Jesús Vozmediano-

FUERA DE COLECCIÓN
o Mercado y Medio Ambiente
-José María Aznar-

ESSAYS IN ENGLISH LANGUAGE


o Cuba today: The slow demise of Castroism. With a preamble for
Spaniards
-Carlos Alberto Montaner-
o Tribute to Karl Popper
-José María Aznar, Mario Vargas Llosa, Gustavo Villapalos,
Pedro Schwartz, AlejoVidal-Quadras-
o The boundaries of pluralism
-Álvaro Delgado Gal....:...
• In praise of neutrality
-Fernando R. Lafuente, Ignacio SánchezCámara-
o Democracy and poverty
-Alejandro Muñoz-Alonso-
• The legal protection of environment
-Raúl Canosa-
• Politics and freedom
-José María Aznar-
o The Genealogy of Spanish Liberalism, 1759-1931
-José María Marco-
FUNDACiÓN PARA EL ANÁLISIS y LOS ESTUDIOS SOCIALES

PATRONATO

PRESIDENTE: José María Aznar *


VICEPRESIDENTA: Esperanza Aguirre

VOCALES

Miguel Blesa. Pío Caballillos,


Juan Fernándet-Armesto ".
Carmen Fraga, Antonio Fontán.
Ignacio Gámez-Acebo, Juan Hoyos,
Jaime Lamo de Espinosa, Juan José Luces.
Sebastián Martín Re/artillo, José María Michavilo *,
Alejandro Muño i-Alonso, A lila Olerse.
Marcelino Oreja, Félix Pastor, José Pedro Pérer-Llorca.
Manuel Pizarra, Pedro Schwartz,
Jesús Trillo-Figueroa, Alejo Vidal-Quadras,
Juan Villalonga, Tomás Villanueva.

SECRETARIO GENERAL: Miguel Ángel Cortés *


VICESECRETARIO GENERAL: Alfredo Timennans

DIRECTOR GENERAL: Juan Soler-Espiauba

CONSEJO ASESOR

José Luis González Quiros. José María Marco,


José Luis Martine: Lápez-Muñiz, Ramón Pi,
Carlos Rodríguez Braun, Joaquín Trigo

INSTITUTO DE ECOLOGÍA y MERCADO

CONSEJO ASESOR

PRESIDENTA: Esperanza Aguirre

VOCALES

Francisco Cabrilla. Bor]a Cardelús,


Javier Castroviejo, Emilio Fernánde; Galiana,
José María Fluxá, Manuel Jesús Gonrále: Gonrález,
Jesús Huerta de Soto, Henri Lepage, José Luis Moreno Casas, Carlos Otero,
Rafael Termes, Antonio Tornel,
Francisco Utrera, Alejo Vidol-Quadras.

• En la actualidad en situacion de suspension temporal volunturut de SIlS [unciones.

Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales


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