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TRABAJO FIN DE GRADO Título Fallos de mercado y externalidades negativas: soluciones teóricas y su

TRABAJO FIN DE GRADO

Título

Fallos de mercado y externalidades negativas:

soluciones teóricas y su implementación

Autor/es

Álvaro Julián Gómez Corcuera

Director/es

Roberto Rodríguez Ibeas

Facultad

Facultad de Ciencias Empresariales

Titulación

Grado en Administración y Dirección de Empresas

Departamento

Empresariales Titulación Grado en Administración y Dirección de Empresas Departamento Curso Académico 2014-2015

Curso Académico

2014-2015

Fallos de mercado y externalidades negativas: soluciones teóricas y su implementación , trabajo fin de

Fallos de mercado y externalidades negativas: soluciones teóricas y su implementación, trabajo fin de grado de Álvaro Julián Gómez Corcuera, dirigido por Roberto Rodríguez Ibeas (publicado por la Universidad de La Rioja), se difunde bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported. Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden solicitarse a los titulares del copyright.

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FACULTAD DE CIENCIAS EMPRESARIALES TRABAJO FIN DE GRADO GRADO EN ADMINISTRACIÓN Y DIRECCIÓN DE EMPRESAS

FACULTAD DE CIENCIAS EMPRESARIALES

TRABAJO FIN DE GRADO GRADO EN ADMINISTRACIÓN Y DIRECCIÓN DE EMPRESAS

Fallos de mercado y externalidades negativas: soluciones teóricas y su implementación

Autor: D. Álvaro Gómez Corcuera Tutor: D. Roberto Rodríguez Ibeas

CURSO ACADÉMICO 2014-2015

RESUMEN

En este trabajo, se analizan los fallos de mercado, y, en particular, el tratamiento de las externalidades negativas. Para ello, se describe en primer lugar el funcionamiento de los mercados de competencia perfecta, y se caracterizan sus resultados de eficiencia y equidad. El objetivo que se persigue es entender por qué fallan dichos mercados, y justificar la actividad desarrollada por el Estado como agente que interviene para corregir los fallos de mercado. Se ilustra la problemática de las externalidades negativas y las soluciones teóricas que se han propuesto para su internalización, analizando en concreto la contaminación y sus efectos a largo plazo en la sociedad, en la economía y en el cambio climático. Finalmente, se consideran, para el horizonte temporal de 2030, las recomendaciones y las propuestas de la OCDE para reducir el impacto del cambio climático, junto con algunas medidas medioambientales adoptadas en España.

ABSTRACT

In this work, we focus on market failures, and in particular, we analyze negative externalities. We describe first how competitive markets operate, and characterize its efficiency and equity results. We aim to understand when these markets fail to allocate resources efficiently, and to justify Government intervention to correct market failures. Among all market failures, we pay specific attention to the negative externalities (pollution) and the theoretical solutions that have been proposed to internalize them. Finally, we consider, for the time horizon 2030, the recommendations and proposals to reduce the impact of climate change and improve the environment made by the OECD, as well as other environmental measures implemented in Spain

1. INTRODUCCIÓN 4

2. LOS MERCADOS DE COMPETENCIA PERFECTA 6

3. LOS FALLOS DE MERCADO 10

3.1. Mercados Imperfectos 11

3.2. Bienes Públicos 13

3.3. Externalidades 15

3.4.Mercados Incompletos 15

3.5.Fallos de Información 17

3.6. Paro y otras perturbaciones económicas 19

4. LAS EXTERNALIDADES NEGATIVAS: LA CONTAMINACIÓN 21

4.1. Las externalidades 21

4.2. Contaminación y cambio climático 28

5. CONCLUSIONES 35

6. REFERENCIAS 37

1. INTRODUCCIÓN

El mercado es la institución dónde se reúne la oferta y la demanda con el objetivo de intercambiar, de forma voluntaria, bienes y servicios a un determinado precio. Es un lugar al que acuden los consumidores para satisfacer sus necesidades, y en el cual los productores venden, u ofrecen, sus productos o servicios. Durante el proceso de intercambio del bien, el precio es el que suministra la información que necesitan los consumidores para decidir entre un producto u otro, de entre todas las ofertas homogéneas que reciben.

A pesar de la confluencia de oferentes y demandantes y del sistema de precios como mecanismo encargado de asignar los recursos, hace falta que el mercado se rija por el Principio de Eficiencia. De acuerdo con Stiglitz (2013), entendemos eficiencia, como: “aquellas actuaciones encaminadas a mejorar ciertas cuestiones que afectan a determinadas personas sin perjudicar a otras”.

Se suele hablar de eficiencia productiva, cuando no es factible aumentar la cantidad del bien producido sin que disminuya la cantidad producida de otro bien, utilizando toda la tecnología disponible, y de eficiencia en el consumo, cuando no existe ninguna otra redistribución de bienes y factores que permita mejorar el bienestar de los individuos de forma simultánea. Los mercados llamados de competencia perfecta alcanzan la eficiencia en sentido de Pareto, donde la asignación de recursos es tal no se podrá realizar una nueva asignación para mejorar la situación de unos agentes, sin empeorar la de otros.

Pero ¿es el mercado, realmente, eficiente? De ser así, ¿cómo es posible que el Informe Unicef 2014 cifre en España un riesgo de exclusión social infantil en más de 2,3 millones de niños? O por ejemplo, ¿qué ocurre con los efectos negativos que provocan la actividad productiva de determinadas empresas en el bienestar de otros agentes o en los beneficios de otras empresas? ¿Quién asume los costes de los desastres ecológicos, como por ejemplo el ocasionado por el petrolero Prestige?

A veces, los mercados no asignan eficientemente los recursos. En esas

situaciones, se dice que los mercados “fallan” y puede ser necesaria la intervención de otro agente económico, el Estado, para mejorar la eficiencia asignativa. El Estado, entendido como ente supranacional, es el destinado a gobernar un país mediante el uso de tres poderes conferidos por la nación mediante un sistema democrático: Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial. Será él quién puede jugar un papel importante en la economía, asumiendo, para ello, la existencia de fallos de mercados, y por tanto, interviniendo los mercados de forma que se eviten situaciones como las emitidas por el Informe Unicef, o para controlar los desastres medioambientales provocados por el sector privado.

En las economías desarrolladas, se combina la actividad privada con la pública,

siendo su carácter mixto Son economías basadas, fundamentalmente, en el funcionamiento del libre mercado y la competencia, aunque la intervención pública está presente para intentar corregir los resultados no deseados del libre funcionamiento de los mercados privados.

En este trabajo, se analizará cómo funciona un mercado perfectamente competitivo y qué condiciones deben darse para lograr la eficiencia en la asignación de recursos. Se explicará por qué, si sabemos cómo funciona un mercado perfectamente competitivo, éste produce fallos, y es por ello, por lo que el Estado debe intervenir en la economía. Se describirán los fallos de mercado, poniendo especial énfasis en el tratamiento de las externalidades.

La segunda parte del trabajo se centra en las externalidades negativas del mercado, en concreto, en la contaminación, y se desarrolla la problemática del cambio climático y sus consecuencias a largo plazo en la economía, así como las medidas internacionales y nacionales adoptadas.

El trabajo se estructura de la siguiente forma. En la sección 2 se explica en qué

consiste un mercado de competencia perfecta y su funcionamiento. La sección 3 analiza porqué fallan los mercados de competencia perfecta y se describen los fallos producidos por el mercado.

En la sección 4 se trata, en profundidad, el tema de las externalidades negativas, y las soluciones teóricas propuestas en la literatura. En particular, se analiza la principal externalidad negativa, la contaminación, y se conecta con la problemática del cambio climático en la sociedad y en la economía. Se describen algunas recomendaciones propuestas por la OCDE para mitigar dicho problema, y las medidas de carácter medioambiental tomadas en España para reducir la contaminación. Finalmente, se presentan las conclusiones.

2. LOS MERCADOS DE COMPETENCIA PERFECTA

Nos encontramos ante un mercado de competencia perfecta cuando el mercado está formado por un gran número de oferentes que ofrecen un producto homogéneo a un amplio número de demandantes, oferta que realizan facilitando, a los consumidores, información perfecta de forma que éstos puedan maximizar su utilidad a la hora de realizar el intercambio entre ambas partes. En estos mercados, ninguno de los agentes tiene poder para influir en los precios, y son considerados como precio-aceptantes.

Las características de dichos mercados son las siguientes:

1.

El número de demandantes y oferentes es bastante elevado.

2.

Los productos son homogéneos entre sí.

3.

No existen barreras de entrada ni de salida.

4.

Perfecta movilidad de factores.

5.

Información perfecta.

6.

No existen costes de transacción.

7.

Rendimientos constantes a escala. De esta forma, se asegura que hay suficientes empresas en el sector.

8.

Mercados Completos.

9.

Bienes Privados: Rivalidad / Exclusión.

Desde el punto de vista de la demanda, lo que buscan los consumidores es maximizar su utilidad, que depende de las cantidades consumidas de los bienes. Es decir, los consumidores, con una renta determinada y teniendo en cuenta el precio de los bienes, eligen sus consumos para obtener el máximo nivel de satisfacción. Por tanto, resuelven el siguiente problema:

maxU(q1,q2)

s.a Y = p1q1 + p2q2

dónde la utilidad es una función de las cantidades de los bienes y , es la renta y y son los precios de los bienes

Desde la perspectiva de las empresas, éstas buscarán maximizar el beneficio teniendo en cuenta que en un mercado de competencia perfecta el precio es un dato para un nivel determinado de producción. Por tanto, las empresas eligen el nivel de producción que maximiza sus beneficios:

max Bº = Ingreso total – Costes = pq – CV (q) - CF

Los beneficios se definen como los ingresos menos los costes de producción en los que incurre la empresa, definidos como la suma de los costes variables y los costes fijos .

En la solución de este problema, se igualan el ingreso marginal y coste marginal. En el nivel de producción óptimo se cumple que el ingreso adicional que la empresa obtiene si produce una unidad adicional coincide con el coste de producir esa unidad. Nótese que el ingreso marginal para una empresa competitiva coincide con el precio.

Gráfico 1 Equilibrio de mercado y decisión de producción de una empresa competitiva

y decisión de producción de una empresa competitiva FUENTE: http://search.iminent.com/esES/search / Como se

FUENTE: http://search.iminent.com/esES/search/

Como se puede observar en el gráfico 1, en un mercado de competencia perfecta, el equilibrio viene determinado por la igualdad de la oferta y la demanda. El punto de equilibrio caracteriza el precio y la cantidad intercambiada. La empresa competitiva toma ese precio como dado, y por lo tanto, su curva de demanda es perfectamente elástica. El nivel de producción de la empresa ocurre dónde el coste marginal coincide con el precio.

Un mercado de competencia perfecta alcanza la eficiencia en sentido de Pareto. En el margen, el valor que dan los consumidores a la última unidad que consumen es el precio de mercado, y esa unidad cuesta producirla el coste marginal.

La eficiencia en la asignación de recursos se logra cuando la valoración y el coste coinciden. En el equilibrio, no se puede mejorar la situación de un individuo sin perjudicar a otros.

El funcionamiento de una economía basada en mercados y sus resultados se recogen en los dos Teoremas Fundamentales de la Economía del Bienestar:

1. El Primer Teorema Fundamental establece que los mercados competitivos alcanzan asignaciones eficientes en el sentido de Pareto.

1. El Segundo Teorema Fundamental establece que podemos alcanzar cualquier óptimo de Pareto eligiendo inicialmente la correcta distribución de recursos, es decir, modificando la distribución inicial de los recursos mediante transferencias entre los individuos, y dejando operar libremente al mercado.

Ahora bien, de acuerdo con el trabajo de Stiglitz (1992), al concepto de eficiencia debemos añadir dos preguntas que se hacen los expertos:

1. Si el criterio para valorar el funcionamiento de los mercados es la eficiencia en sentido de Pareto, se debe tener en cuenta que ésta utiliza como criterio de eficiencia el bienestar individual del consumidor, y no la globalidad del conjunto. Es decir, podemos encontrarnos eficiencia aun teniendo consumidores con rentas muy elevadas, en contraposición con otros con rentas más bajas.

2. El óptimo de Pareto se basa en la percepción que cada uno tiene sobre su propia situación de bienestar. Y ante ello, el Estado ejerce un control “paternalista”, como gusta indicar a los economistas y expertos en economía pública, al regular ciertas actuaciones por considerar que los individuos no son capaces, por sí mismos, de discernir lo que es bueno para ellos de lo que es malo.

Pero si las bases están claras para establecer un mercado perfecto, ¿cómo es posible que se den situaciones de desigualdad e ineficiencia como las mencionadas en la introducción?

En la siguiente sección, contestamos a esta pregunta, ilustrando los llamados “fallos de mercado”

3. LOS FALLOS DE MERCADO

Cuando algunos de los supuestos que definen un mercado, o una economía perfectamente competitiva, no se satisfacen, los Teoremas Fundamentales de la Economía del Bienestar dejan de cumplirse.

En dichos casos, se dice que el mercado falla. Se habla de fallos de mercado por referencia a ésas situaciones en las cuales el primer teorema no se cumple, y por consiguiente no se alcanza la eficiencia.

De acuerdo con Mochón (1990): “Un fallo es una consecuencia negativa del funcionamiento del mercado y se produce cuando este no es eficiente en la asignación de los recursos disponibles.”

Cuando los mercados funcionan de manera eficiente, el único papel del Estado, además de proporcionar el marco normativo e institucional para que se produzcan los intercambios, es salvaguardar la propiedad privada y garantizar los intercambios entre oferentes y demandantes.

El Estado es el garante de los contratos firmados y hace valer el derecho de propiedad a su legítimo dueño, de forma que, en un mercado queda establecido legalmente quién puede vender un producto determinado y quién puede comprarlo, de manera que una vez que lo compre, el derecho de propiedad pasa automáticamente al consumidor.

En estos casos, el Estado justifica su intervención como defensor de los contratos celebrados en el mercado. Hace respetar los acuerdos comerciales porque de no ser así, el mercado no funcionaría por sí solo. No podrían celebrarse los intercambios si no se refleja, de forma clara, quién es el dueño de los bienes.

¿Alguien compraría algo de saber que, una vez satisfecho el pago, ese bien puede que no sea suyo? Esta premisa iría en contra de la maximización de utilidad por parte del consumidor.

Atendiendo a Stiglitz (1992), en el mercado existen otros fallos además de los costes de transacción, fallos que justifican la intervención del Estado como salvaguarda del proceso de intercambio. En concreto, hay seis fallos de mercado que se consideran básicos:

1. Competencia Imperfecta.

2. Bienes Públicos.

3. Externalidades.

4. Mercados Incompletos.

5. Información Imperfecta.

6. Paro y otras perturbaciones económicas.

Si concurren alguna de las anteriores circunstancias, y dejamos a la economía actuar por sí sola, el mercado no conducirá a la eficiencia (en sentido de Pareto). En estas circunstancias, se justifica el papel del Estado como agente interventor del mismo por razones de eficiencia.

3.1. Mercados Imperfectos

Cuando las características de los mercados de competencia perfecta no se cumplen, nos encontramos ante mercados de competencia imperfecta, mercados dónde los sectores se caracterizan por un número de empresas bastante limitado, o bien, porque una de las empresas ostenta el control.

En esas situaciones, las empresas tienen un mayor poder de mercado, a diferencia de lo ocurrido en competencia perfecta, y capacidad para fijar los precios.

Nos podemos encontrar los siguientes tipos de mercados de competencia imperfecta:

1. Monopolio: Existe un solo vendedor. Por ejemplo, en España hasta hace pocos años, la RENFE. Así mismo, encontramos otros ejemplos de monopolios locales como el mercado de la electricidad o del agua.

1. Oligopolio: Existen pocos vendedores. Por ejemplo, en España el mercado de la telefonía móvil.

2. Competencia monopolista: Hay pocos vendedores que ofrecen bienes muy diferenciados. Por ejemplo, el mercado literario o cinematográfico.

3. Monopsonio : Existe un único comprador del bien. Un ejemplo sería el ejército de un país como único comprador de una determinada clase de armamento o equipamiento.

4. Oligopsonio: Existen pocos compradores del bien. Por ejemplo, los grandes supermercados en relación con sus proveedores.

Asimismo, se pueden dar situaciones de monopolio natural, dónde es más rentable que produzca una sola empresa (debido a la existencia de economías de escala) en lugar de varias. Además, una empresa puede influir en los precios de un sector realizando políticas agresivas en su producción y venta.

Por ejemplo, para expulsar a determinados competidores pueden bajar los precios de venta (durante un período determinado) para “ahogar” al competidor y lograr expulsarle del mercado. Es decir, puede establecer barreras a la entrada para los potenciales competidores.

Veamos a continuación cómo se comporta una empresa en competencia imperfecta, en concreto, una empresa que ejerce el monopolio sobre un mercado determinado. En una situación de monopolio, el monopolista no tiene en cuenta la curva de oferta ya que es el único que abastece al mercado, por eso, sólo tendrá en cuenta la curva de demanda. Una empresa que ejerce el monopolio se caracteriza, entre otras cosas, porque su ingreso marginal es inferior al precio.

La empresa iguala el ingreso marginal al coste marginal para determinar su nivel de producción, y el precio que cobra viene determinado por la demanda. Como resultado, la empresa no producirá la cantidad eficiente, y además, cobrará un precio superior al de competencia perfecta.

Bajo estas premisas cabe preguntarse: ¿cómo puede influir el Estado en la política de precios de un sector dominado por una empresa o un número reducido de empresas?

Lo hará regulando, mediante medidas legislativas, las diferentes transacciones empresariales (precios), así como estableciendo organismos encargados de supervisar y controlar el mercado para solucionar sus fallos. Ahora bien, existen excepciones.

Por ejemplo, las Leyes de Patentes, Protección y Diseño (recogidas en la Oficina Española de Patentes y Marcas) permiten la existencia de monopolios durante un período determinado de tiempo. Aquí se observa la existencia de sectores de competencia imperfecta en los cuales la ley nada puede hacer.

3.2. Bienes Públicos

El mercado es el lugar dónde se intercambian bienes, de manera voluntaria, entre la oferta y la demanda. ¿Pero qué tipo de bienes son los que se intercambian? Cuando se analizan los mercados competitivos, se hable de bienes privados que se caracterizan por que su consumo es rival (rivalidad) y se les aplica el principio de exclusión.

Cuando los consumidores acuden al mercado adquieren un bien para consumir sabiendo que el consumo de dicho bien impide a otros consumidores usarlo. Si éstos deseasen consumir el mismo tipo de bien, deberían ir al mercado a adquirirlo. Por otra parte, a menos que se pague el precio del bien, no se tiene acceso a su consumo.

Sin embargo, no todos los bienes que se consumen en una sociedad tienen las características de los bienes privados. Existen bienes cuyo consumo es no rival y a los que no se aplica el principio de exclusión. Esos bienes se denominan bienes públicos.

Los bienes públicos no son rivales ni excluyentes por lo que el consumo de los mismos no excluye a otros consumidores de consumirlos, ya que los tendrían a su disposición incluso aunque no paguen por su provisión.

Las empresas privadas no tienen incentivos a producir los bienes públicos (puros). Al final, la demanda dejaría de pagar por los bienes y la oferta no tendría ingresos que maximizarán su beneficio. En el caso de los bienes públicos puros impuros, si se dejara su producción a la iniciativa privada, la cantidad producida sería ineficiente

Una implicación de las características de los bienes públicos es la existencia del denominado consumidor free-rider. Se trata de aquel consumidor que se beneficia del bien, o servicio ofertado, sin pagar por él, perjudicando al resto de la sociedad.

Por tanto, el hecho de que los mercados privados no suministren bienes públicos, o los suministren en una cantidad muy reducida, además de una conducta ineficiente, justifica muchas de las actuaciones y actividades del Estado.

Esto no quiere decir que el Estado consigue proveer la cantidad eficiente de bienes públicos debido a la existencia de información imperfecta.

3.3

Externalidades

Otro factor a tener en cuenta a la hora de entender por qué el Estado debe intervenir en el mercado es cuando se originan las llamadas externalidades. Una empresa, no solamente produce un bien, sino que además puede provocar (indirectamente) unas consecuencias sobre otras empresas, o sobre la sociedad.

Es decir, las empresas provocan un coste a terceros que no compensan de ninguna forma. Es lo que se conoce como externalidad negativa, como por ejemplo, la contaminación, que se mencionaba en la noticia sobre el petrolero.

Ahora bien, también existe el extremo opuesto, las externalidades positivas, como rehabilitar viviendas, proteger zonas boscosas, etc. que benefician a toda la sociedad.

El análisis de las externalidades, y en particular de la contaminación como externalidad negativa, será desarrollado en profundidad en la segunda parte del trabajo.

3.4 Mercados Incompletos

La ineficiencia en los mercados no viene, únicamente, por las razones antes mencionadas, sino que a veces el mercado no ofrece un bien demandado aun cuando el precio de producirlo sea inferior al precio al que los consumidores estarían dispuestos a pagar. En este caso, hablamos de mercados incompletos. Cuando nos encontramos ante este tipo de mercados, debemos saber que están directamente relacionados con los niveles de riesgo que rodean a los mismos.

Sectores como el mercado de capital o el de seguros, suelen ser los ejemplos más utilizados en la definición de este tipo de mercados incompletos.

Aunque, ahora bien, autores como Stiglitz (1989) han puesto de manifiesto: “la imposibilidad de que existan mercados completos, ya que no pueden existir mercados que cubran todos los riesgos inherentes a los intercambios presentes y futuros

Como indica este otro autor, Lasheras (1999): “especialmente en inversiones con un período largo de recuperación, es imposible que haya mercados en los que se intercambien todos los riesgos asociados a estos proyectos. El Estado interviene en estos mercados mediante la aplicación de medidas para disminuir, de alguna manera, el riesgo que los individuos soportan: por ejemplo, facilitando seguros a la exportación que faciliten el comercio internacional a pesar de los riesgos inherentes, estableciendo sistemas de Seguridad Social o garantizando un precio para los productos agrícolas con independencia de las cosechas

¿Qué razones existen para que pueden darse los mercados incompletos?

1. Costes de Transacción Elevados: El mercado se basa en el intercambio, y como definíamos anteriormente, éste se materializa en un contrato que establece, entre otros factores, el derecho de propiedad del bien. Ahora bien, hacer cumplir el contrato, investigar e informarse antes de realizar el intercambio sobre los bienes en cuestión, puede aumentar el precio potencial de manera que una de las partes decida no seguir adelante.

2. Asimetrías de Información: Cuando en el intercambio el oferente conoce más información, sobre el bien, que el consumidor y no desea compartirla, nos encontramos ante otro fallo de mercado. Pero también puede ser a la inversa, por ejemplo, en el mercado bancario el solicitante del préstamo conoce mejor que el oferente, su riesgo de posible insolvencia, o no.

Dentro de las asimetrías de información, podemos encontrar situaciones en las cuales en momentos previos a la firma del contrato, una de las partes no cuentan con los medios suficientes para cerciorarse de si el bien intercambiable es de buena calidad o no, esto se conoce como selección adversa.

Ahora bien, también podemos encontrarnos con otra situación en la cual una de las partes sabe de las consecuencias que puedan darse por el desarrollo de sus acciones pero sin embargo, son otros quiénes las asumen; es lo que, en economía, se llama riesgo moral.

La mayoría de las situaciones de mercados incompletos están motivadas por la selección adversa y el riesgo moral.

3.5. Fallos de Información

Uno de los factores que conduce a la eficiencia en los mercados es la disposición, por parte de los agentes que intervienen en él, de facilitar toda la información relativa a los bienes que se van a intercambiar, tanto cantidades, precios como cuestiones relativas a la tecnología.

Ahora bien, si por el contrario, el mercado suministra información falsa, incompleta o asimétrica, diremos que el mercado es ineficiente, y ante dicha situación el ente público toma conciencia de que el consumidor se encuentra en una situación de relativa desventaja (a la hora de tomar sus decisiones sobre compra del bien) por lo que el Estado decide intervenir.

Aquí debemos entender la información como un bien público, es decir, dar información a una persona no implica reducir, o no facilitar, información a otra. Aunque el mercado privado entiende que elaborar y difundir la información (que consideren necesaria) aumenta los costes de producción final del bien, asumen que el consumidor no necesita tanta información. Por ejemplo, el etiquetado es una muestra de información que las empresas facilitan a los consumidores.

Las empresas, a menudo condicionadas por las regulaciones estatales, marcan sus productos con información relativa a sus contenidos, fabricación, estándares de calidad y un sin fin de datos con el objetivo de ofrecer al consumidor la información necesaria para realizar la compra.

La acción del etiquetado no resulta gratuita a la empresa, que incurre en determinados costes para facilitarla, sabiendo que en la mayoría de los casos, los consumidores no prestarán atención a la información provista en el bien.

De manera que habrá empresas que decidan prescindir, si legalmente pueden, de ofrecer un etiquetado completo en sus productos, con el objetivo de reducir costes. Realizar este acto nos llevaría a mercados menos eficientes.

La información, por tanto, es un bien cuya producción tiene un costo y que, además, tiene características de bien público: una vez que la información es producida el coste de divulgarla es bajo. En estas circunstancias, cuando la información es proporcionada por el mercado, su producción será inferior a la socialmente deseable.

Ante los fallos de información podemos encontrarnos:

A. Situaciones de Información Imperfecta: Serán aquellas en las que los consumidores, o los productores, carecen de la información sobre los precios, o las características, de los bienes y servicios necesarios para tomar las mejores decisiones desde el punto de vista económico. La búsqueda de información se convierte en una actividad costosa que en ocasiones supone asumir unos costes superiores a los beneficios conseguidos, de manera que se termina renunciando a la búsqueda de toda la información que permitiría una decisión óptima. La información imperfecta por parte de los consumidores también puede llevar a la poca valoración de algunos servicios, como la educación primaria o los servicios sanitarios.

B. Situaciones de Información Asimétrica: Se da cuando uno de los agentes de la transacción económica tiene mayor información que el otro. El ejemplo más extendido se produce cuando los consumidores no conocen bien las alternativas de precio-calidad de todo lo que ofrece el mercado.

Ello provoca:

a) Que los consumidores no sean capaces de reconocer plenamente cuándo un precio es relativamente bajo y una calidad es relativamente alta. Además, los proveedores no tienen los incentivos suficientes para ofrecer mejores alternativas precio-calidad, porque no son plenamente recompensados con una mayor demanda de sus productos.

b) Las empresas, que gocen de cierto poder de mercado, tienden a confundir aún más a los consumidores entregándoles información escueta, y en ocasiones, distorsionada. Por ejemplo, una empresa puede utilizar como herramienta de marketing en su plan de ventas, la idea de fabricar varias marcas de un producto que es, básicamente, el mismo y cobrar precios distintos por cada marca asociada a cada producto “diferente”.

3.6. Paro y otras perturbaciones económicas

El síntoma más evidente de que un mercado no funciona es la existencia de paro. Ante estas situaciones, el sector público interviene a través de regulaciones laborales y políticas activas de empleo entre otras.

Existen, además, otras dos razones por las que interviene el Estado:

1. Distribución de la renta: Un mercado eficiente en sentido de Pareto, no garantiza la distribución igualitaria de la renta. Que las empresas produzcan eficientemente los bienes que se demanden no indica que no se produzcan desequilibrios en la distribución de las rentas del trabajo y del capital. Una de las políticas de actuación más importantes del Estado es corregir la distribución de la renta mediante la Política Fiscal.

2. Que los consumidores no actúen en su propio interés: Cuando los individuos no actúan por su propio interés. Es decir, que el criterio de cada uno no sea un indicador muy fiable del bienestar social.

Y ello conlleve a que el consumidor (aun disponiendo de información completa) tome malas decisiones. Por ejemplo: no ponerse el cinturón de seguridad. Este tipo de bienes a los que el Estado obliga a consumir, es lo que se conoce como bienes preferentes.

Si no hubiese fallos de mercado por razones de eficiencia, ni tampoco bienes preferentes, el Estado sólo se ocuparía de mejorar la distribución de la renta, ya que el sector privado nos garantizaría que se usarían los recursos de manera eficiente. Pero como hemos explicado anteriormente, esto no es así. Se producen fallos de mercado y por lo tanto, se justifica la intervención del Estado.

Pero surge la pregunta de si el Estado debe intervenir. Desde un punto de vista normativo, la postura que se mantiene se basa en:

A. El Estado debe demostrar que su intervención provocará una mejor gestión

del mercado, provocando la mejora social de algún consumidor. Es decir, el

Estado entra en el juego para fomentar mejoras en sentido de Pareto.

B. Debe demostrar, como bien indica Stiglitz (2013), que el propio proceso

político y burocrático son capaces de corregir los fallos de mercado que se proponen solucionar, y lograr, con ello, una mejoría en sentido de Pareto.

C. Costes de transacción. El Estado se enfrenta a la creación, desarrollo y

divulgación de programas políticos que ayuden a corregir estos fallos. Y esos

programas, generan costes que deben tenerse en cuenta.

Desde un punto de vista positivo, a la hora de decidir la intervención del Estado hay que analizar, evaluar y publicar la eficacia de los distintos programas políticos. ¿Se beneficia el mercado de la intervención del Estado? Es decir, ¿cuesta la intervención del Estado más de lo que se supone que va a corregir? Porque podemos estar ante escenarios dónde se prefiera la no intervención estatal dada las consecuencias que pudiera provocar. Esta cuestión, aunque importante, queda fuera del objetivo del trabajo

4. LAS EXTERNALIDADES NEGATIVAS: LA CONTAMINACIÓN

En esta sección, se analizan más detenidamente las externalidades negativas y en particular, el tratamiento de los comportamientos que las generan. En particular, como ilustración, nos centraremos en la contaminación.

Si ante la existencia de fallos de mercado, como por ejemplo la contaminación como externalidad negativa, el Estado decide intervenir para regular la situación y favorecer la eficiencia en los mercados, ¿por qué, según El País, leemos noticias sobre el incumplimiento, por parte de España, de los límites europeo de contaminación, por ejemplo, de amoniaco u otras noticias en las que leemos cómo España se sitúa entre los países con mayor tolerancia a la contaminación? Ante dichos actos podemos comprobar como la problemática de la contaminación no es algo pasajero, sino que, además de ser persistente, afecta a sectores económicos y sociales dispares como puede ser, agricultura, pesca, seguridad social y un largo etcétera.

4.1 Las externalidades

Una externalidad es entendida como una acción que se origina por la toma de decisiones de producción por parte de las empresas, los individuos o las familias, de forma que dicha decisión provoca una serie de efectos sobre terceros sin que éstos tengan opción a ser compensados (en el caso de ser una externalidad negativa), ni a poder reconocer el beneficio (en caso de ser una externalidad positiva)

Nos encontramos, por tanto, ante dos situaciones:

1. Los costes provocados por las externalidades negativas no recaen en su totalidad sobre las personas que los generan. Por ello, las realizan en exceso.

2. Los beneficios de las externalidades positivas no recaen, totalmente, en los consumidores que los crean. Por ello, no se molestan en fomentarlas demasiado.

El Estado interviene, al no lograrse la eficiencia en la asignación de recursos, bien para reducir las externalidades negativas, o para fomentar las positivas. De no ser así, nadie se molestaría en regular, o controlar, dicha externalidad.

Centrándonos en la contaminación, como ejemplo de externalidad negativa, debemos destacar la figura del denominado “agente contaminador”. Se trata de aquel que basa sus decisiones bajo dos premisas claras: coste / beneficio.

Los costes sociales provocados por dichas decisiones afectan a terceros en forma de externalidad negativa. Las empresas del sector metalúrgico, en el desarrollo de su actividad productiva, generan agentes contaminantes.

Las chimeneas de la fábrica emiten gases nocivos, o determinados restos de la producción se diluyen en los río, o simplemente las naves industriales de almacenaje de residuos pueden originar catástrofes medio ambientales cuando fallan las medidas de seguridad.

En definitiva, las empresas producen, junto con los bienes que van a intercambiar en el mercado con los consumidores, una serie de efectos perversos sobre los mismos y cuyas consecuencias provocan una serie de costes. Para las empresas, internalizarlos es una manera de aumentar el precio de sus bienes y perder competitividad en los mercados.

Sin embargo, si se deja el coste a la sociedad, ésta lo recogerá a través de los sistemas públicos de sanidad, a mayor contaminación del aire, mayor riesgo de que los ciudadanos dependan de tratamientos para los pulmones, entre otros casos.

¿Por qué puede darse esta situación?

Cuando las empresas analizan sus costes de producción no suelen tener en cuenta los costes sociales, costes relacionados con la contaminación que provocan dichas empresas, de manera que dichos costes no repercuten en los productos que fabrican a través de los precios, ni en los consumidores que no pagan el coste social que provoca la fabricación de los bienes. Si el coste social, de evitar la contaminación, es muy superior a sus costes privados de producción, las empresas decidirán no soportarlos. De ahí, la regulación del Estado mediante sanciones.

¿Qué puede hacer el gobierno para regular el mercado?

Adoptando una perspectiva neoclásica, es comprensible pensar que aquellas empresas que generen externalidades negativas que perjudiquen a terceros sin que la repercusión de dichos costes no esté clara, el gobierno tendría que intervenir de forma que se compense el daño causado a dichos terceros. ¿Cómo? Haciendo que las empresas asuman los costes que originan. El estado puede adoptar una serie de medidas:

A. Establecer un impuesto sobre la contaminación. La idea de establecer un impuesto, empuja a creer la idea de que el gobierno busca lograr un nivel óptimo de contaminación entre los agentes contaminantes. Dicho impuesto estará relacionado, directamente, con el daño medioambiental que ocasionen, de forma que podemos encontrarnos dos alternativas:

º Crear un impuesto por cada unidad de producto que genere contaminación.

º Crear un impuesto por unidad de contaminación emitida por la empresa.

Otro tipo de impuesto es el denominado Impuesto Pigouviano en honor del británico Arthur Pigou, dónde el Coste Marginal del productor + Impuesto = Coste Marginal Social (sociedad, inclusive al productor). Este impuesto está diseñado para que las empresas establezcan “ciertos límites” a la hora de contaminar.

Es decir, a las empresas, debido al impuesto, sólo les va a interesar contaminar hasta un nivel por el cual sea más barato pagar el impuesto que modificar sus procesos productivos instaurando tecnologías más limpias. Inversiones, en definitiva, más elevadas que el propio pago del impuesto. Los sujetos pasivos del impuesto son los agentes que contaminan y se calcula multiplicando un tipo impositivo relacionado con el daño medioambiental que se ocasione.

B. Establecer una subvención. Con el objetivo de incentivar la reducción de producción que conlleva contaminar menos (para emitir menos agentes tóxicos habría que fabricar menos), o por el hecho de hacerse cargo de los costes sociales que crean, el gobierno puede subvencionar a las empresas con el objetivo de incentivarlas a que sigan por ese camino, ¿cómo?:

º Ayudas económicas en función de la reducción efectiva de la contaminación.

º Subvenciones para inversiones en tecnología y equipamiento que hagan que la contaminación se vea disminuida.

Si enlazamos el impuesto de Pigou con el teorema de Coase, encontramos que para Coase la intervención del Estado no siempre es necesaria y hay ocasiones en las que se puede internalizar la externalidad negativa sin la intervención del Estado. ¿Cómo? Mediante la negociación de manera que los costes sean inferiores a los propios del intercambio.

Ronald Coase, Premio Nobel de economía en 1991, publicó en 1960 “El problema del coste social”. Al detectar una actividad que contamina, pueda pedirse a la empresa el pago de un impuesto equivalente al daño (Pigou), o, como Coase afirma, debería evaluarse hasta qué punto la sociedad toleraría la actividad que genera contaminación, en proporción al beneficio que origina. Además, Coase afirmaba que si en los contratos se especificaba, perfectamente, los derechos de propiedad, los costes de firmar dicho contrato resultarían muy pequeños o casi nulos, de manera que ambas partes alcanzarían un acuerdo ventajoso sin la intervención del Estado.

Pero, además, si la empresa se ve obligada a reducir los niveles de producción, la entidad pública puede compensarla con un pago, a modo de compensación, de forma que si los beneficios de la empresa son mayores que los pagos públicos, la entidad pública gana.

º Coase reconoce la aplicación de los impuestos Piguvianos como una solución factible, aunque no única ni tampoco deseable. La crítica se basa en la dificultad de medir el daño producido por el agente que contamina, ya que en ocasiones la cuantía del daño no puede establecerse de forma objetiva ni exacta. Por tanto, para Coase: “el principio de que ‘el que contamina paga’ termina siendo la de que “el que paga contamina”, y seguramente la cuantía de este pago será mucho menor que el verdadero desgaste ambiental

Es necesario aclarar que el teorema de Coase requiere para su cumplimiento que los costes de transacción sean cero, o muy bajos, que exista información perfecta de los daños y que el número de agentes implicados debe ser reducido. En esas circunstancias, la negociación entre las partes es posible y se pueden llegar a acuerdos para que la externalidad negativa sea internalizada por su creador. En la realidad, las externalidades negativas más importantes (la contaminación es una de ellas) tienen características que no se ajustan a las mencionadas en el teorema, por lo que su solución requiere intervención pública.

Además de estas medidas financieras, hay actuaciones globales encaminadas a establecer instrumentos que permitan el control sobre los niveles de contaminación. Estas medidas se conocen bajo el nombre de: Políticas Medioambientales. Estas medidas son un conjunto de esfuerzos políticos que tienen como objetivo mantener las bases naturales de la vida humana y conseguir un desarrollo sostenible.

1.

Instrumentos

Económicos

y

Fiscales:

Hace

referencia

a

las

medidas

financieras

que

buscan

modificar

los

comportamientos

en

las

empresas,

haciendo que éstas reduzcan sus niveles de contaminación mediante incentivos fiscales.

2. Regulación directa de los agentes contaminadores: Establece los niveles

óptimos de contaminación, así como el empleo de tecnología más limpia con el medio ambiente.

3. Instrumentos Técnicos: Mediante el uso de la tecnología disponible, realizar

análisis que adviertan de potenciales problemas medioambientales, con el objetivo de reducir tales problemas en el futuro.

4. Instrumentos Jurídicos: Incluyen todas las medidas legales en cuanto a la

regulación medioambiental en todos sus niveles: estatal, autonómico, regional y local.

5. Instrumentos Administrativos: Hace referencia a las cuestiones relativas a

regulación y autorización.

6. Instrumentos Sociales: Informar a la sociedad de los problemas ambientales

existentes y profundizar en la educación de los ciudadanos para evitar males

mayores en el futuro.

¿Cómo establecer los derechos de propiedad?

Otro problema fundamental, en cuanto a la externalidad negativa de la contaminación se refiere, viene del hecho de establecer en ellos los derechos de propiedad (¿quién es el dueño del aire?) Además, a veces, el daño afecta a bienes que se consideran públicos.

Según Albi (2014), cuando una empresa contamina el aire con el devenir de su producción normal, ¿qué contamina, el aire, o su aire? Si no se es capaz de establecer los derechos de propiedad, será difícil decidir qué espacio se ha contaminado y sobre todo, a quién se debe resarcir por ello.

Como hemos analizado en la primera parte del trabajo, los bienes públicos se enfrentan a la dificultad de ser suministrados al no obtener un gran beneficio para las empresas, pero este problema se acentúa, aún más si cabe, cuando nos referimos al medio ambiente. En este sentido, hacemos referencia al aire puro, el agua, la biodiversidad, animales, etc.

En resumen, bienes públicos gratuitos que ofrece la Naturaleza y están a disposición de todos. Por ello, como no son de nadie (al no tener un derecho de propiedad bien establecido), los agentes que intervienen en los mercados no les confieren la importancia que merecen. Es decir, no es mío, y no me preocupo.

Los derechos de propiedad se podrían asignar mediante legislación. Por ejemplo, las leyes que prohíben fumar en lugares públicos, en esencia, están asignando el derecho de propiedad del aire limpio a los no fumadores.

Otro problema tiene que ver con los costes de transacción. Por resultar elevados, sin contar con la poca certeza de llegar a una solución óptima, hacen que las empresas vean con recelo la idea de internalizar los costes sociales a sus productos. Como por ejemplo, el caso de los fumadores con los no fumadores:

¿Cómo calcular el coste que se puede, o no, provocar a los no fumadores?

¿Cuánto costaría?

¿Quién soportaría los costes?

¿Las empresas productoras o los consumidores al comprar el producto?

Para Coase: “Para llevar a cabo las transacciones del mercado, en que los costos ambientales sean nulos (o sea repuestos o redimidos) es necesario, entre otras cosas, descubrir con quién deseamos transar, informar a la gente que deseamos intercambiar y en qué términos, conducir negociaciones que lleven a un convenio, redactar el contrato, llevar a cabo la inspección necesaria para asegurarnos de que los términos en el contrato se observan”

Una solución para reducir la contaminación ha sido la creación de un mercado de derechos de emisión. El mercado de derechos de emisión es un sistema que permite asignar a las empresas cuotas para sus emisiones de gases de efecto invernadero en función de los objetivos que sus Gobiernos establezcan en materia de medio ambiente. Esto, permite a las empresas superar su cuota de emisiones siempre que encuentren otras empresas que produzcan menos emisiones y les vendan sus cuotas.

Este sistema ofrece cierta flexibilidad fomentando, además, el desarrollo de nuevas tecnologías. ¿Cómo lo fomentan? Las empresas, motivadas por los beneficios que obtienen de la venta de sus derechos de emisión, desarrollan y utilizan tecnologías limpias.

4.2 Contaminación y cambio climático

Los efectos de la contaminación no sólo provocan efectos a corto plazo, sino que las consecuencias pueden alargarse en el tiempo y afectar a la economía de la región afectando a sectores, como por ejemplo, según recoge El Mundo: “El cambio climático amenaza al vino”, explicando cómo los enólogos deben adaptar las diferentes especies de uva, y sus formas de cultivo, a los nuevos impactos climáticos.

La variación climática que sufre nuestro planeta, se debe tanto a causas naturales, como las provocadas por el hombre. Entre ellas, el llamado “efecto invernadero”, se refiere a la retención del calor del Sol en la atmósfera terrestre. La excesiva industrialización, aunque necesaria para el desarrollo de las sociedades, ha logrado aumentar la concentración de gases tóxicos en la atmósfera, en un 30% en los últimos cien años.

¿Cómo trata nuestra legislación tal asunto? Para España, según la Ley 38/1972 de Protección del Medio Atmosférico, la contaminación atmosférica es: “la presencia en el aire de materias o formas de energía que impliquen riesgo, daño o molestia grave para las personas y bienes de cualquier naturaleza.”

Otra regulación a destacar es el Real Decreto 401/2012 por el cual surgen cuatro órganos directivos que dependen de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente, son:

1. La Oficina Española de Cambio Climático, con rango de dirección general. Se

crea en 2001, y sus funciones se recogen en el art. 3.1. de dicho Real Decreto de

17 de febrero.

2. La Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental y Medio Natural,

relativa a la conservación del medio natural y la Biodiversidad.

3. La Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar, que coordina

con comunidades autónomas, entidades locales y organismos públicos las actuaciones o proyectos que contribuyan a la mejora de la sostenibilidad de la costa y del mar, entre otras funciones.

4. La Dirección General del Agua, cuyas funciones son la elaboración, seguimiento y revisión del Plan Hidrológico Nacional, así como el establecimiento de criterios homogéneos y de sistematización para la revisión de los planes hidrológicos de los organismos de las demarcaciones hidrográficas, bajo el principio de la sostenibilidad, entre otras funciones.

¿Qué acuerdos internacionales existen para tratar el asunto de la contaminación atmosférica?

1. Protocolo de Kioto sobre el cambio climático: Surgido de la Convención Marco de Naciones Unidas, es un acuerdo internacional que tiene por objetivo reducir las emisiones de los gases que provocan el calentamiento global. Entró en vigor en el año 2004. España ratificó el protocolo a pesar de ser uno de los países con más dificultad para cumplir el porcentaje máximo de emisión. El Protocolo de Kioto estima una distribución de emisiones, por lo que respecta a la redistribución de las cuotas entre los Estados miembros. Una vez ratificado los Estados miembros deberán informar a la Secretaría de la Convención sus objetivos, de reducir, de forma global, un 8% la emisión. Así, las empresas que

participan en el sistema de derechos de emisión están reguladas por las respectivas autoridades nacionales, o por la Comisión, de acuerdo con el principio de subsidiariedad.

2. Protocolo de Montreal para la protección del Ozono Atmosférico: Busca reducir la producción y el consumo de elementos que reaccionen con el ozono provocando su desgaste. Entró en vigor el 1 de enero de 1989. España lo ratificó como miembro de las Naciones Unidas. Los derechos de emisión se aplican en el marco de la política medioambiental como por ejemplo, el Protocolo de Montreal, la política agrícola común con sus cuotas lecheras) y de la política pesquera son sus cuotas de capturas.

3. Convenio de Ginebra sobre contaminación transfronteriza de Larga Distancia:

Se establece la cooperación intergubernamental para proteger la salud y el medio ambiente contra la contaminación atmosférica que puede afectar a varios países. Entró en vigor en 1983, ratificándolo España en 1982.

en internacionales, como son:

Centrándonos

nuestro

país,

España

participa

1. Organización Meteorológica Mundial.

en

varios

organismos

2. Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

3. Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

4. Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático.

Pero, ¿hasta qué punto esta externalidad negativa preocupa? Destacamos el estudio de La Prospectiva Medioambiental de la OCDE, en la cual se analizan las posibles políticas medioambientales en función del crecimiento del PIB global.

¿Qué es La Prospectiva Medioambiental?

Es un proyecto de futuro de la OCDE para el 2030, la cual está basada en estudios económicos y sociales cuyo objetivo a cumplir es presentar mediante un sistema de semáforos, la situación actual de algunas cuestiones medio ambientales y una simulación de políticas que ayuden a gestionar el impacto climático. Mediante dicho sistema, la OECD marca en rojo las medidas que necesitan tratarse de manera urgente, además de resaltar que todas las medidas necesarias para corregir las actuaciones que nos llevan a acelerar el cambio climático están a nuestro alcance. Y no sólo eso, subraya que invertir hoy en políticas que traten de eliminar, o reducir, estas externalidades negativas, nos conducirán en el futuro, a reducir costes económicos y sanitarios. La Tabla 1 describe la Prospectiva Medioambiental.

Tabla 1 Prospectiva Medioambiental 2030 Sistema de Semáforos

FUENTE: OECD Environmental Outlook to 2030

Tabla 1 Prospectiva Medioambiental 2030 Sistema de Semáforos FUENTE: OECD Environmental Outlook to 2030 31

Ante esto, ¿qué acciones marca la OCDE?:

1. Asegurar el uso eficiente de recursos y la ecoinnovación mediante el uso de:

º Políticas a largo plazo que permitan establecer un coste ambiental a las actividades económicas.

º Un claro apoyo estatal hacia los investigadores de la ecoínnovación.

º Marcos políticos de actuación, claros y definidos, que aúnen en el mismo punto a las empresas con la protección del medioambiente.

2. Fortalecer la cooperación ambiental internacional.

3. Dar prioridad a las acciones en los sectores clave que afectan al medio ambiente: energía, transporte, agricultura y pesca.

¿Qué se está haciendo en España?

En nuestro país, el sector atmosférico es el que cuenta con mayor regulación. Entre dichas medidas reguladoras encontramos:

A. Oportunidad de negocio para empresas encargadas de ofrecer bienes y servicios destinados a controlar la contaminación atmosférica.

B. Creación de departamentos específicos destinados al medio ambiente en las diferentes empresas.

¿Cómo regula el Estado la contaminación atmosférica?

El gobierno utiliza los impuestos de naturaleza medioambiental como elemento regulador. Impuestos entendidos como medio ambientalmente efectivos y, eficientes

económicamente. Como bien señala López Díaz (2013), se consideran impuestos ambientales en el sistema fiscal español:

1.Impuestos sobre Hidrocarburos.

2. Impuestos sobre la Electricidad.

3. Impuesto sobre Ventas Minoristas de Determinados Hidrocarburos.

4. Impuesto especial de la CC.AA de Canarias sobre combustibles determinados

del petróleo.

5. Impuesto Especial sobre determinados medios de transporte.

6. Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica.

7. Canon de control de vertidos.

8. Impuesto sobre la contaminación atmosférica de la CC.AA de Galicia.

9. Impuesto sobre instalaciones que incidan en la contaminación atmosférica de

la CC.AA de Extremadura.

10. Impuesto sobre instalaciones que incidan en la contaminación atmosférica de

la CC.AA de Castilla La-Mancha.

Ahora bien, ¿es efectiva la medida impositiva?:

1. El nivel recaudatorio no representa un gran margen en cuanto a relevancia se

trate. Es más, los daños que provocan por la contaminación son más elevados

que lo que logran recaudar.

2. Que haya determinadas CC.AA que decidan implementar un impuesto

(complementario al del Gobierno) en materia medioambiental, no responda más que a otra forma recaudatoria, más que para corregir las externalidades que las empresas generan, de forma negativa, al conjunto social.

3. A pesar de existir leyes y una regulación extensa sobre el tema, no hay planes

específicos de actuación ni tampoco medidas que busquen reducir la contaminación de forma efectiva.

4. Y en cuanto a los beneficios fiscales, no hay mecanismos que logren evaluar,

efectivamente, el logro de los objetivos a los que sirven.

En la Tabla 2 que aparece a continuación, podemos observar, para hacernos una idea, el nivel recaudatorio impositivo español para el ejercicio económico 2010. En él se analiza como el Canon de saneamiento sobre vertidos es el que más recauda, sobre los demás. Siendo el Impuesto sobre la Contaminación el de menor importe. Y respecto a los Impuestos Cedidos, el de Hidrocarburos es el más elevado (incluso más que el Canon)

Tabla 2. Tributación medioambiental en España a nivel subcentral: CCAA y CCLL.

medioambiental en España a nivel subcentral: CCAA y CCLL. FUENTE: López Díaz (2013) España, además, cuenta

FUENTE: López Díaz (2013)

España, además, cuenta una herramienta de la Comisión Europea, como es EMAS, el sistema comunitario de gestión y auditoría medioambiental. Un servicio para: “la inscripción y reconocimiento público de aquellas empresas y organizaciones que tienen implantado un sistema de gestión ambiental que les permite evaluar, gestionar y mejorar sus impactos ambientales, asegurando así un comportamiento excelente en este ámbito

Las empresas que se adhieren a dicho certificado son empresas que tienen una política ambiental y un sistema de gestión medioambiental, bastante definido y desarrollado, dando cuenta, periódicamente, del funcionamiento de dicho sistema a través de una declaración medioambiental auditada por organismos independientes.

Las condiciones que se deben cumplir para obtener el certificado EMAS, visible en las normas del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, son:

1. Realizar un diagnóstico medioambiental de la empresa.

2. Evaluar de qué forma afecta al medio ambiente las actividades de la empresa.

3. Elaborar una declaración ambiental donde se demuestre que esa empresa ha implantado un sistema de gestión ambiental para minimizar sus impactos ambientales.

4. Validar esa declaración ambiental por un auditor independiente.

5. Presentar esa declaración ambiental validada por el verificador ante la administración pública competente para registrarse en la base de datos europea.

5. CONCLUSIONES

Este trabajo ha analizado, entre otras cosas, la problemática del medio ambiente como consecuencia del sistema productivo de las empresas. Dicha externalidad negativa debe ser combatida por el Estado de forma que ayude a cambiar los patrones de producción y consumo de la sociedad mediante la instalación de impuestos ecológicos.

Ante ello, destacamos los resultados medioambientales del sector industrial español que han mejorado desde el año 2000, en un sector industrial compuesto, básicamente, de pequeñas y medianas empresas.

Aunque la política económica y medioambiental van muy unidas, deberían integrarse mejor los objetivos medioambientales en las políticas industriales. En España sobresale, como medida ambiental, el uso de incentivos financieros para promover prácticas más ecológicas en el sector industrial. Por lo que una evaluación ex ante y ex post más exhaustiva mejoraría la integración de las políticas medioambientales.

Considerando el carácter descentralizado de las políticas sobre medio ambiente en España, los esfuerzos deberían centrarse en compartir la información, así como en la evaluación de resultados, teniendo en cuenta que la industria española se encuentra entre los tres primeros países en cuanto al número de certificaciones del Sistema Comunitario de Gestión y Auditoría Medioambiental (EMAS) o ISO 14000, como bien informa la OECD.

Estas medidas fiscales impuestas por el Estado para corregir las externalidades negativas, pueden ayudar a la gestión ambiental. Por ello, en España se lleva desarrollando una gran labor sobre eco-etiquetado y responsabilidad social empresarial. Es más, algunos sectores, como el del papel, la producción de aluminio y el sector químico han firmado acuerdos voluntarios, por lo que se palpa la progresión a largo plazo de instaurar un sistema empresarial compatible con el medio ambiente. Solo nos queda esperar al 2030 y ver si se han cumplido los objetivos de la OECD en los cuales España ha realizado una gran inversión.

AGRADECIMIENTOS

Me gustaría agradecer a mi tutor del proyecto, Roberto Rodríguez Ibeas, su apoyo y confianza en mi trabajo, así como su capacidad para guiar mis ideas. Su ayuda ha sido invaluable, no solo para realizar el proyecto fin de grado, sino también en mi formación académica.

REFERENCIAS

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EMAS, El sistema comunitario de gestión y auditoría medioambientales, Edita Oficina de Publicaciones UE, ISBN 92-79-01380-7, 2005, 6 páginas.

Ley 38/1972, de 22 de diciembre, de protección del ambiente atmosférico. Publicada en el BOE núm. 309, el 26 de diciembre de 1972, páginas 23031 a 23034.

Real Decreto 401/2012, de 17 de febrero, por el que se desarrolla la estructura orgánica básica del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Publicado en el BOE núm. 42, el 18 de febrero de 2012, pág 14554

INFORME OECD ENVIROMENTAL OUTLOOK TO 2030: “Prospectiva

Medioambiental de la OECD para el 2030” Edita OECD, ISBN 978-92-64-04048-9,

2008.

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