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PONTIFICIA UNIVERSIDAD ANTONIANUM

FACULTAD DE TEOLOGÍA

INSTITUTO TEOLÓGICO DE MURCIA OFM

Pedro José Riquelme Perea

VISIÓN SOBRE LA ASIGNATURA EN LOS DATOS


RECIBIDOS DURANTE LAS SESIONES

Curso 2016-2017

Profesor: D. Fernando Valera.

Asignatura: La Pneumatología como clave de comprensión de la Teología


Fundamental
- Comenzamos nuestra asignatura asumiendo que es necesaria una mistagogia para creer
en el Dios vivo.

El Espíritu ilumina el corazón humano, debemos asumir la relación entre la teología y la


experiencia espiritual. El Espíritu actúa en la historia.

Ya en palabras del Papa Gregorio IX tenemos la aseveración de que los teólogos han de
ser expertos de Dios.

Podemos vislumbrar en la historia una separación entre la teología sistemática y la


espiritual, un cisma entre ellas. En la patrística, hasta el siglo XVIII, la teología se
encontraba ligada a la pneumatología, la Teología Bíblica era espiritual sobre el estudio
de Dios.

Después, nos tenemos que aproximar a la teología previa del Concilio Vaticano II,
donde Henri De Lubac abre un diálogo entre la teología y el Espíritu nuevamente.

Afirmamos pues que sin Espíritu Santo no hay teología, esto nos acontece en la Sagrada
Escritura, lo vemos en el Antiguo Testamento, en sus etapas, autores etc... es pues, la
experiencia del Espíritu en el pueblo de Israel.

El Nuevo Testamento es esa lectura/vivencia cristológica, pascual; la teología narrativa


de la vida de Jesús, sus opciones por el Reino; la teología monástica de la experiencia
del Espíritu en el desierto; la primera escolástica, experiencia espiritual de los
mendicantes; la teología barroca que brota de ejercicios espirituales (San Ignacio); hasta
nuestro concilio Vaticano II donde hay una nueva reintegración entre la teología y la
experiencia del Espíritu.

En palabras de Ireneo de Lión, no podemos olvidar que "allí donde está la iglesia, está
el espíritu de Dios".

- Hemos tenido también un olvido práctico del Espíritu y teológico en la iglesia de


occidente.

Cuanto más brilla el Espíritu, más vemos la sombra de lo que no hay. El Espíritu es
siempre amor, comunión; no hay Espíritu sin Jesús, (Jesús resucitado).

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Aun con la experiencia pneumatológica de nuestro segundo Concilio ecuménico
(Constantinopla 381); y el monacato con la influencia pneumatológica que da rostro a la
teología, el desplazamiento del Espíritu del que hablamos va a llevar a que se pierda de
vista al Espíritu. Se va gestando la idea de que la soteriología y la Cristología se hacen
al margen del Espíritu, lo cual es denunciado por los teólogos ortodoxos.

En la teología occidental al hablar de la gracia se ha olvidado al Espíritu, y además


podemos decir que hay un déficit en la gracia. Ese olvido ha marcado la historia de la
iglesia.

Debemos hacernos una pregunta; ¿De qué Espíritu estamos hablando? Ante esto
tenemos el primer problema con el Espíritu, puesto que es impersonal, abstracto, difuso,
no podemos concretarlo, siempre está rodeado de silencio y de misterio.

En la Sagrada Escritura observamos términos que se usan en su referencia: Paloma,


aceite, suave brisa... todos son símbolos). Pero hemos de denotar que aparece más como
verbo, por lo que es acción y dinamismo.

- Vemos ahora los símbolos más utilizados con respecto al Espíritu:

- Viento: Es el nombre más común del Espíritu, el soplo de vida que aleteaba sobre las
aguas, cuando todo era caos. Es el aliento de vida insuflado en el primer hombre que
hace de él un ser viviente; el murmullo de brisa en el que Elías descubre el paso de
Yahvé; el aliento vital del que Israel se olvida; el último suspiro de Jesús en la cruz que
preludia una nueva vida, a su vez, es el soplo de Jesús resucitado, nueva creación, que
da el poder de perdonar los pecados.

Es también un viento huracanado (día de pentecostés), significa el poder, la acción


vivificadora de Dios.

- Fuego: Es la zarza ardiente, el fuego en el Sinaí que acompaña a la teofanía, lo vemos


en el bautizo de fuego, las lenguas de fuego, es el fuego que Pablo pide a los cristianos
de Tesalónica. Es muy utilizado en la liturgia; el cirio pascual, velas, sacramentales, luz
del sagrario etc... Su calor hace arder el corazón frío, es el principio de comunión, reúne
en torno al hogar, de dentro hacia afuera.

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- Agua: Nos referimos aquí al agua pura que Yahvé derramara sobre el pueblo, agua que
purificara de toda inmundicia e infundirá un espíritu nuevo. Es agua que brota del
templo hacia el oriente y desemboca en el mar. Todo lo sana y vivifica.

Simboliza la vida, la fuerza, la fecundidad del Espíritu. Si el mal tiene un poder


destructor, como las aguas del diluvio, el agua es vida.

Nosotros somos de una tierra donde el agua es vida. A través del símbolo del agua se
significa que Dios quiere ofrecer una vida nueva a nuestros corazones de piedra,
transformar el mundo reseco y estéril en tierra viva. El agua quita la sed.

- Unción con el aceite: Lo tenemos en la unción de los Reyes como Saúl, David o
Salomón, reciben por ello el espíritu y son constituidos mesías. La unción por el espíritu
que tenemos en Isaías 61 es la que Jesús reconoce que se cumple en él en la sinagoga.
Es por tanto Jesús, el Cristo, el ungido, a quien Dios ungió con el Espíritu, pasando por
la vida haciendo el bien.

Los cristianos recibimos el Espíritu como maestro interior nuestro. Su fuerza nos
consagra para la misión, recibimos el Espíritu para continuar la función mesiánica en el
mundo, da fuerza al enfermo en los últimos días de vida.

- Paloma: La paloma de la iconografía cristiana significa la blancura, la pureza, la


ternura, la sencillez, la paz, características propias del pueblo de Dios, y que deben serlo
de la Iglesia como nuevo pueblo de Dios. San Agustín especialmente aplica este
símbolo a la Iglesia una y santa, ya que ve una íntima relación entre la Iglesia que es
una y santa, la que es una es santa, y la que es santa es una.

- Nube: Guía al pueblo de Israel por el desierto; es la nube que envuelve al Sinaí; la
nube del Espíritu que cubre con su sombra el seno virginal de María para que concibiera
al Hijo de Dios, es por lo tanto, la nube que esconde a Jesús a los ojos de los discípulos
en la ascensión. Nube que revela la presencia de Dios de nuestra vida.

- Perfume: Es una evocación agradable; es la unción buena que perfuma toda la casa, el
buen olor de Cristo que debemos difundir los cristianos a través del testimonio discreto
de vida, pero que deja esa presencia amable, bella, agradable, presencia sutil que todo lo
penetra, y que se esparce por todas partes y evoca la elevación espiritual.

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- Abogado: Es el paráclito, defensor; estará junto a los discípulos, no quedarán
huérfanos; el Espíritu de la verdad que completa las enseñanzas de Cristo, que explica el
significado de los acontecimientos futuros y nos defenderá en el tribunal del Padre.

- Vino: que significa fiesta, alegría, el sello con el que se firma algo, que nos señala
hijos de Dios.

En todos los Símbolos el denominador común es que no tienen rostro, que orientan a
otro, con dinamismo propio y ese otro es Jesús. El espíritu no tiene otro contenido más
que Jesús.

- El Espíritu Santo en la Sagrada Escritura.

El Espíritu en la biblia es como la experiencia vital y unificadora de las etapas de la


revela ion en la historia del hombre. Es quien ha ido inspirando las escrituras, habló por
los profetas. Inspira a los escritores sagrados para que transmitan desde sus experiencias
vitales de la revelación de Dios.

Tenemos frases de algunos Padres que nos pueden guiar aquí: Todas las palabras de
dios en las escrituras están llenas el espíritu santo (Hilario)

No es posible entender las escrituras sin el Espíritu santo (S. Jerónimo)

Es la boca de dios que antecede la palabra. (San Juan damasceno)

- En el Antiguo Testamento prevalecen tres líneas de fuerza: Dimensión creadora,


profética y sapiencial.

Espíritu creador. Aparece como creador. La tradición lo conservan en el "veni creator


espíritu", Génesis 1 presenta el Dios creador con tres Tributos fundamentales. Como
creador, organizador y arquitecto del de universo. No son caracteres sino es su
personalidad espiritual. La Ruah aleteaba sobre del caos primitivo.

En Génesis 2 el rostro de dios es presentado más Antropomórfica mente porque dios no


aparece como el que ordena sino como el artista, el poeta que sopla sobre el ser humano,
insufla en su nariz para que se convierta en ser viviente. Este amigo de vida hace
referencia al espíritu creador.

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Esta creación culmina en la pascua de Jesús. Es la. Nueva creación. El espíritu de la
creación se derrama sobre los apóstoles en el atardecer del día de pascua.

- El espíritu profético: La acción del espíritu Santo en los profetas empieza con una
experiencia espiritual que acompaña al profeta toda su vida y le da fuerzas para
transformar la realidad. La palabra del profeta tiene la eficacia del espíritu. El profeta
quiere escapar pero el espíritu atrapa y retiene.

- Espíritu Sapiencial: El Antiguo Testamento habla del espíritu interior y sapiencial.


Poco a poco introduce la teología del pequeño resto, del pueblo humilde y profético, los
anawin, pobres de Yahvé, y desemboca en una religión del corazón llena de sabiduría.
Es la interioridad sapiencial del espíritu, huésped interior del corazón humano y de toda
criatura. Los libros sapienciales muestran una estrecha relación entre espíritu y sabiduría
ya que ambas realidades actúan de forma similar.

En definitiva, el Antiguo Testamento habla de lo creador, lo profético y lo sapiencial de


forma complementaria, y las tres líneas se compenetran misteriosamente y son
inseparables.

El Nuevo Testamento mantiene las grandes temáticas del antiguo, la creación, el


profetismo y la sabiduría interior, pero con una nueva profundidad que nace del misterio
salvador de Jesucristo.

- El espíritu prepara y lleva a término la misión de Cristo.

Esta línea de pensamiento teológico se ha desarrollado en la Iglesia oriental. Es la típica


de los escritos lucanos, y está en profunda conexión con el AT, en la cual el Espíritu, a
través de los profetas, prepara la venida del Mesías. Lucas muestra cómo el espíritu
desciende sobre María.

María, reunida con los apóstoles en el Cenáculo, invoca al Padre como en una gran
epíclesis pidiéndole que descienda el espíritu sobre la Iglesia naciente, el mismo espíritu
que en la anunciación la había cubierto con su sombra.

Para los Padres orientales, el fin de la encarnación es la comunicación del espíritu santo
a la humanidad, afirmando que Jesús es el gran precursor del espíritu. Atanasio dice que
el Verbo ha asumido la carne para que nosotros podamos recibir el Espíritu.

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Cuando Jesús enseña, cura, hace milagros, come con los pecadores, cuando se enfrenta
a escribas y fariseos, cuando se retira a orar, cuando expulsa demonios, todo lo hace
bajo la unción del Espíritu.

Los apóstoles esperaban que Jesús resucitado instaurara el reino de Dios como
restauración de la gloria de David. Pero Jesús, al despedirse, dice que no habrá tal
restauración sino que habrá una presencia activa del Espíritu, un bautismo con el
Espíritu que les hará capaces de ser sus testigos por el mundo.

El Espíritu impulsa a la Iglesia a vivir en comunión, anticipando en la tierra el reino que


Jesús había anunciado. En el discurso de Esteban en se llama a los judíos sentados.
Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos, porque ofrecen resistencias al
Espíritu como sus padres. Al primer anuncio del Espíritu, al primer pentecostés viene un
segundo, que rompe los estrechos límites del judaísmo. El mismo Espíritu que
descendió sobre los discípulos desciende ahora sobre los gentiles que escuchaban a
Pedro en casa de Cornelio.

- El Espíritu como don del resucitado.

Esta perspectiva es la dominante en la Iglesia de occidente, y se fundamenta en Juan. La


temática veterotestamentaria del Espíritu creador se expresa en una serie de títulos y
textos e los que el Espíritu es matriz de vida nueva, una vida que tiene en la Palabra,
Verbo, Logos su origen, pues la Palabra es vida y luz. Juan, en el prólogo dice que el
bautista vio como el Espíritu descendió sobre Jesús y se quedaba con él, esto le hizo
reconocerle como el Hijo de Dios y como el que bautiza con Espíritu. En el diálogo de
Jesús con Nicodemo se habla de nacer de nuevo, nacer de lo alto, nacer del agua y del
Espíritu.

El Espíritu actuará frente al mundo como acusador y fiscal y defenderá a los discípulos
en sus persecuciones y dificultades. Será Jesús quien envíe este espíritu para vencer al
mundo y participar de la victoria del Hijo.

Por lo tanto, el Espíritu no es independiente de Jesús ni añade nada a la experiencia de


éste. El Espíritu nos actualiza, nos recuerda y nos ayuda a penetrar en un sentido más
profundo en Jesús. Este recuerdo de Jesús es vivificado y actualizado por el Espíritu y
nos lleva a la verdad plena.

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- Veamos ahora una síntesis paulina:

El Señor es el espíritu, y donde está el espíritu del Señor ahí está la libertad. Pablo tuvo
referencia de la encarnación y de la cruz. Pablo nos dice que le fue revelado el misterio
de Jesús gracias al Espíritu, y por Él reconoció a Jesús como Cristo y Señor. La línea
fundamental para Pablo es vivir según el Espíritu, que es haber recuperado la libertad
perdida en Adán, que ha sido posible gracias a la sangre de Cristo, nuevo Adán, espíritu
que da vida.

Pablo describe los frutos del Espíritu, el principal de los cuales es el amor. Pablo dice
que de este espíritu ya poseemos las arras. Es espíritu de filiación que ya poseemos y
que ha sido derramado en nuestros corazones, es el que nos hace exclamar Abba, Padre,
y gime en nuestro interior con gemidos inefables, esperando la redención definitiva.

También la creación gime con dolores de parto esperando la liberación definitiva, pues
tanto ella como nosotros poseemos ya en primicias el espíritu.

La experiencia de Pablo del espíritu es eminentemente comunitaria y eclesial, pero los


carismas del espíritu han de ser discernidos, y el signo del discernimiento es la caridad,
la única que garantiza la veracidad de la inspiración del espíritu.

Para Pablo, la vida cristiana posee una novedad que viene de la antítesis-ley del
Espíritu, hombre viejo-hombre nuevo, frente a carne; espíritu y vida.

- Comienzos de la pneumatología:

Este espíritu al que nos hemos acercado, casi sin rostro y sin nombre, expresado a través
de símbolos, está íntimamente asociado a Jesús de Nazaret, el Hijo del Padre encarnado.
El espíritu prepara la misión de Jesús y Jesús nos confiere el espíritu. Esta doble
presencia salvífica en la historia se trata de dos misiones del Padre.

Observamos una serie de siete afirmaciones sobre esta realidad teológica:

1. El Hijo se hace visible en Jesús de Nazaret, es una manifestación exterior a nosotros.


El Espíritu es invisible e interior a nosotros. La esencia católica no es el Hijo o el
Espíritu, sino el Hijo “Y” el Espíritu.

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2. El Hijo tiene nombre, Jesús el Nazareno. El Espíritu no tiene nombre, es anónimo. Le
nombramos como soplo, fuego, agua. Hay una cierta kénosis o vaciamiento del Espíritu.

3. El Hijo se encarna en Jesús, se hace visible en un momento histórico, nace en


Palestina en tiempos de Octavio César, y muere bajo el poder de Poncio Pilato, en
tiempos de Tiberio César. El Espíritu no se encarna sino que desde los orígenes siempre
mueve a personas, a grupos y a pueblos.

4. El Hijo es revelado como Palabra, doctrina, mensaje, buena nueva. El Espíritu es


soplo, silencio, no tiene palabra, no tiene mensaje propio, pero hace que la Palabra sea
conocida, asimilada, vivida y recordada.

5. El Hijo nace de la virgen María. El Espíritu hace que María sea la Madre de Jesús.

6. Jesús pasó haciendo el bien, murió y resucitó. El Espíritu guía la vida de Jesús, le
resucita, hace nacer a la Iglesia, la dirige a raves de la historia, está presente en la
historia de la humanidad.

7. Jesús anunció y prometió el Espíritu. El Espíritu es el don prometido que derrama sus
carismas sobre la iglesia, fecunda la historia y realiza el Reino.

- Elemento de verdadera pneumatología del Concilio Vaticano II.

Para la pneumatología es indispensable mantener la referencia cristológica, pues


estamos ante el Espíritu de Cristo que garantiza la fidelidad de la Tradición y la verdad
del Magisterio.

La doctrina en los documentos del Vat. II con una visión trinitaria de la economía de la
creación y la gracia. La Iglesia fundada como comunidad de culto en Espíritu y en
verdad.

La eclesiología pneumatológica del Concilio consigue el logro de la recuperación de los


carismas: suscita las iniciativas de la vida religiosa y las vocaciones.

Tenemos pues una revalorización de las iglesias locales o particulares. Si la Iglesia total
aparece como una comunidad de iglesias, el Espíritu será el principio de esta comunión.

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Podemos decir que el Concilio posee una verdadera pneumatología, pero sólo
encontramos textos.

- Veamos ahora lo que Santo Tomás nos aporta:

Hay que recuperar la mano del Espíritu que se derrama en todo el Nuevo Testamento de
forma nueva, en la encarnación con la concepción de Jesús. También en el bautismo con
la nueva misión de Cristo (anunciar la buena noticia, expulsar demonios).

El Espíritu no se ha encanado en nadie, significa que actúa desde dentro en todos,


coexiste entre las limitaciones humanas, límites culturales, religiosos, morales,
psicológicos. La santidad del Espíritu queda en sombra por los pecados de los
bautizados. Difícil aceptar el cuerpo visible de Cristo en la Iglesia concreta.

- El Espíritu Santo en la historia.

La teología fundamental es la parte de la teología que estudia la revelación de dios en


cristo, el acto de fe con que el hombre responde a la autocomunicación de dios, y la
credibilidad de esa revelación. O desde el lado del sujeto, la racionabilidad de esa
misma fe.

La revelación en cuanto tema teológico es reciente. Sólo a partir de la Ilustración la


teología ha afrontado esa problemática de la autocomunicación libre y amorosa de Dios
a los hombres. Esta constatación nos permite afirmar la completa ausencia del Espíritu
en la teología anterior.

En los tratados de revelación clásicos, la revelación se entendía en un sentido


cerradamente monoteísta. Y esto es normal como consecuencia del intento de responder
al deísmo y racionalismo modernos. Se trataba de mostrar que el Dios que se revela es
diverso que el que presentan estas doctrinas deístas y racionalistas, y por consecuencia
presentamos que no es un Dios lejano e inaccesible, sino cercano, capaz de escuchar al
hombre.

En el Vaticano II la situación cambia. En Dei Verbum el planteamiento teológico es


distinto, porque no se enfoca la revelación a partir de lo que supera las capacidades del
hombre sino a partir del misterio trinitario. La revelación es iniciativa de Dios que se
comunica a los hombres dándoles a conocer el misterio de su voluntad.

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- El Espíritu versus Jesús:

La dificultad para plantear la opción del ES en la revelación cristiana tiene diversas


raíces. La principal es la que se refiere a la entidad propia del ES en la revelación que
tiene lugar en Cristo y que en Cristo encuentra su culminación y plenitud. En el seno de
la Trinidad el Verbo y el ES proceden del Padre según su orden, y se relacionan
íntimamente sin riesgo de confusión.

A partir de la encarnación Dios se ha hecho historia en Cristo y la revelación que da a


conocer en la historia la palabra Hijo como eterno de Dios precisamente en cuanto
Palabra, Palabra de revelación tiene lugar también mediante hechos históricos. La
Palabra de hizo carne.

¿Cómo ha de comprenderse la historia, cómo es posible integrar la acción del Espíritu


en un acontecimiento histórico? La historia no ha logrado integrar a Cristo y al Espíritu
en la misma explicación. Por ejemplo, una explicación cristomonista reduce la
explicación al actuar de Cristo. Esta postura reduce e inmoviliza la revelación.

- Joaquín de Fiore y su posteridad.

La separación entre el ES y Cristo llevan a apelar a un futuro ideal, a una nueva


economía de la revelación. Por tanto, la revelación de Cristo tiene que terminar para
ceder el paso a una nueva y distinta manifestación de Dios, a una edad del Espíritu.

Según nuestro autor, a la revelación del AT y a la del NT debe suceder una tercera edad
nueva. Y así, a cada una de las personas de la Trinidad se atribuye cada uno de los
estadios así distinguidos. Por ejemplo, el evangelio eterno o del reino sucede al
evangelio de Cristo predicado y celebrado hasta ahora. Cada una de las tres edades
comprende una primera elaboración y una especie de epifanía.

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