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Es la acción y efecto de profesar (ejercer un oficio, una ciencia o un arte).

La profesión, por lo
tanto, es el empleo o trabajo que alguien ejerce y por el que recibe una retribución económica.
Por ejemplo: “Mi padre me inculcó el amor por esta profesión”, “Para dedicarse a esta
profesión hay que esforzarse demasiado”, “La profesión de veterinario era uno de los motores
de su vida”.

Por lo general, las profesiones requieren de un conocimiento especializado y formal, que suele
adquirirse tras una formación terciaria o universitaria. Los oficios, en cambio, suelen consistir
en actividades informales o cuyo aprendizaje consiste en la práctica. En algunos casos, de
todas formas, el límite entre profesión y oficio es difuso.

Aquel que ejerce una profesión se conoce como profesional. Esta persona ha cursado estudios
y cuenta con algún certificado o diploma que avala su competencia para desempeñar el
trabajo.

Además de todo ello, hay que subrayar que existe otro término que hace uso de la palabra que
ahora nos ocupa. Se trata de intrusismo profesional, que puede convertirse en un delito y que
se define como aquella circunstancia en la que una persona, que no está autorizada para
ejercer unas actividades profesionales determinadas, las realiza.

En concreto, quien lleva a cabo ese delito cumple con dos circunstancias concretas que lo
determinan. Por un lado, el hecho de que no cuenta con la titulación necesaria y por otro lado,
que no forma parte de los distintos colegios profesionales, que son los que se encargan de
velar por los intereses de sus miembros y que regulan el ejercicio de las actividades de
aquellos.

En el caso de España, el citado intrusismo está tipificado como delito en lo que es el Código
Penal. Así, quien sea condenado por aquel debe saber que, en función de la gravedad de sus
actos, puede ser sancionado con multas y también incluso con penas de prisión de hasta dos
años.

Un ejemplo de profesión es la medicina, cuyos profesionales se conocen como médicos o


doctores. Estos expertos cursan estudios universitarios para especializarse en el cuidado y la
recuperación de la salud humana a través del estudio, el diagnóstico y el tratamiento de
enfermedades o lesiones.

Es imprescindible que el médico sea un profesional recibido en la universidad y que cuenta con
un diploma que lo avale, ya que la vida del paciente depende de su trabajo. Si una persona se
hace pasar por médico y propone un tratamiento o curación, estará incurriendo en un delito.
Esta práctica es conocida como ejercicio ilegal de la medicina.
La consolidación de las profesiones se da entorno a los procesos históricos de formación de las
sociedades, en este sentido su evolución va de la mano con la necesidad de satisfacer los
requerimientos de sociedades más complejas a través del tiempo exigiendo mayor estructura
a las profesiones, además, se les fue otorgando mayor reconocimiento especialmente en las
sociedades occidentales que se percataron de la riqueza social de ciertas profesiones
especialmente por el beneficio social que su ejercicio ofrecía.

En este contexto, en 1915, Flexner sugirió que para reconocer este campo, era necesario
tomar en cuenta la implicación de operaciones intelectuales, las cuales adquieren su material
de la ciencia y de la instrucción. Señala, además, que el manejo de este material es con un fin
definido y práctico, el cual posee una técnica educativa comunicable, se tiende a la
organización entre sus propios miembros y se vuelve cada vez más altruista (Gómez y Tenti,
1989).

Por otro lado, debido a la diversificación de las ciencias y especialidades, fue necesario
imponer una regulación a las profesiones, que garantizara la responsabilidad y compromiso
social del profesional. Por ejemplo en 1953, Cogan hacía referencia a que la profesión tenía
una obligación ética de proveer servicios altruistas al cliente; su definición estaba basada en la
comprensión de señalamientos teóricos de algunas áreas de conocimiento específico y sus
habilidades (Pou, 1986).

Hacia los años sesenta surgen organizaciones profesionales y gremiales que además de
compartir conocimientos se empeñaban en forjar la perfección de las mismas, fortaleciendo
los aportes de la ciencia con la experiencia adquirida y documentada; se reconoce además
que el trabajo se convierte en una ocupación de tiempo integral como consecuencia de la
necesidad social.
Desde los orígenes de la humanidad, ha quedado evidenciado su interés por hacer más
agradables los espacios que habitaba. El exponente más claro lo encontramos en el antiguo
Egipto. Las suntuosas decoraciones encontradas en las tumbas de los faraones, no eran simple
ornato, sino que buscaban proveer de comodidades al difunto en el más allá.

Posteriormente, en la Antigua Roma aparece el concepto de interiorismo más cercano a


como lo entendemos hoy. Los romanos otorgaban la misma importancia al interior de un
edificio, que al exterior y las habitaciones de las viviendas se diseñaban según la función que
iban a desempeñar.

Sin embargo, el Diseño de Interiores como profesión es relativamente reciente. A lo largo de la


historia ha sido una labor desempeñada indistintamente por arquitectos, artesanos, tapiceros
o interioristas, sin que las fronteras
estuvieran muy definidas entre ellos.

La Francia del S.XVII tuvo un papel


fundamental en el impulso del interiorismo
como profesión. Enrique IV tomó a los
artesanos bajo su protección realizando con
ellos una importante labor de mecenazgo.
Luis XIV promovió el palacio de Versalles en
el que CHARLES LE BRUN, fue el encargado
del diseño de las habitaciones. Podemos
decir que fue él, el primer interiorista
especializado de la historia.

Charles Le Brun

Las sociedades desde antiguo percibieron, en


el ejercicio de ciertas profesiones, que su
conocimiento y aplicación podían generar el
bien común, una riqueza social de la mayor
estima. Para tal efecto se hizo indispensable,
desde luego, la preparación intelectual del
hombre que ejercía una labor, sobre todo de
aquellas con un valor que consideraron superior
a las demás actividades y oficios.

En un principio los profesionales eran prácticos;


sus estudios o funciones las realizaban en forma
Luis XIV retratado por Charles autodidacta y, en algunos casos, abarcaban diversos campos
Le Brun del saber. Leonardo Da Vinci, por ejemplo, se desempeñó
como pintor, escultor, constructor e inventor. En América al
inicio de la Colonia, muchas veces las circunstancias orillaban a un simple peluquero o barbero
a convertirse en dentista, en ocasiones en químico y hasta en médico y cirujano. Sin embargo,
con el paso del tiempo, fue necesaria la creación de planes de estudio metódicos y
especializados que permitieran a los estudiantes acreditar sus conocimientos y recibir así el
correspondiente título profesional. Una de las primeras ciencias en enfrentar tal problemática
fue la medicina, cuyo ejercicio adquirió mayor notoriedad y reconocimiento al establecerse
una institución denominada “Protomedicato”, encargada de constatar la preparación de
quienes se dedicaban a esa actividad.

En la Universidad de México, de las carreras profesionales que desde el siglo XVI se impartían
en ella, como teología, Sagradas Escrituras, derecho canónico, derecho romano, artes (incluida
en ella la medicina), retórica y gramática, ahora se han reducido a las de derecho y medicina.
En el caso de la abogacía no era suficiente con haber cursado en dicha institución los estudios
respectivos, sino que quien se graduaba apenas había resuelto la mitad de los requisitos para
ejercer la profesión, ya que era además
imprescindible practicar el derecho mediante su
incorporación en un despacho; al final de tal
práctica se le sometía a un nuevo examen ante
las autoridades judiciales. Así pues, un abogado
debía estudiar mucho, pero también ejercer su
profesión, razón por la cual el ejercicio de esta
actividad se estimaba más valioso que cualquier
otro.

Posteriormente, en el siglo XVIII, la Ilustración


trajo consigo a los enciclopedistas y humanistas, y fue grande el auge que cobraron los
conocimientos de orden práctico, revalorándose las ciencias y los conocimientos de orden
práctico, revalorándose ciencias y conocimientos. Ahora bien, dado que entonces no existían
conceptos como “investigador de tiempo completo” o “especialista” en tal o cual materia, los
profesionales producían cada vez con mayor celeridad y eficiencia el conocimientos científico y
técnico necesarios que los nuevos tiempos requerían. Por otro lado, debido a la diversificación
de las ciencias, fue menester imponer una regulación a las profesiones. No era para menos;
piénsese en el cada vez mayor número de pacientes que depositaban en un médico su
confianza, su salud y hasta la propia vida; y por lo que a los abogados concernía, los clientes les
encomendaban toda o buena parte de su patrimonio, en que ocasiones incluía el de varias
generaciones. Aun hoy, más que nunca, se trata de profesiones que conllevan una gran carga
de responsabilidad y para solventarlas se requieren bastantes conocimientos. Por ello, el
legislador estipuló las normas más generales de su comportamiento, mismas que deben
garantizar al cliente cierto tipo de conducta; es decir, actualmente el profesional tiene la
obligación de conocer profundamente su materia, pero también contar con una clara
inclinación o vocación que le permita darle seguimiento a su trabajo. Ello implica la forma de
ser, de pensar y el modus vivendi de un verdadero profesional.
La ética es un análisis sistemático y crítico de la moralidad, de los factores morales que guían la
conducta humana en una determinada práctica o sociedad. Como la pesca representa una
interacción entre personas y el ecosistema acuático, la ética de la pesca se refiere a los valores,
reglas, deberes y virtudes pertinentes al bienestar de las personas y el ecosistema,
proporcionando un análisis normativo crítico de las cuestiones morales en juego en ese sector
de las actividades humanas.

El profesional en su diario vivir no solo confronta problemas con relación a su trabajo, sino
también en su profesión de día a día con las personas que le rodean, esto hace que muchas
veces cometamos errores sin darnos cuenta que estamos pisando la línea d la moralidad y el
diario vivir.

Desde la revolución francesa, donde se proclamó la igualdad de derechos, existen personas,


hombres y mujeres que llevan en su carga la economía y la estabilidad de cualquier país. Desde
tiempos muy antiguos nos hemos topado con diferentes profesiones y unto a estas siempre
existen reglas que marcan y rigen el desempeño de dichas profesiones.

Los hombres y mujeres enfrentan problemas que de una manera u otra podrían poner en tela
de juicio su debida conducta, muchas veces ellos mismos dudando de su propia
profesionalidad, pero teniendo siempre en cuenta que existen desde tiempos remotos deberes
y derechos que cada cual sabe dónde clasificarse.

Sabiendo que a uno se le concede la personalidad jurídica desde el momento del nacimiento
"derechos y deberes" y a sabiendas también que se van desarrollando con el paso del tiempo.
Nuestra vida se rige por diferentes pasos que hacen de cada individuo lo que sería en un
futuro, entiéndase, pasar por las distintas etapas de conocimientos: escuela primaria,
secundaria y en última grado, la universitaria.

Solo eso no basta, ya que esos conocimientos lo forman una generalidad de la vida y el
profesional debe de saber combinar esa generalidad con su formación profesional.

Entiéndase, por formación profesional un alto grado de conocimiento que se le inculca a un


individuo de la sociedad, dotándolo de un interés particular en su profesión que se va a reflejar
en su desempeño diario de la vida.

Siguiendo las reflexiones de Augusto Hortal en su libro “Ética General de las profesiones”,
podemos afirmar que hablar hoy de profesiones y de ética profesional es problemático. No
termina de ser persona ética aquella que en todo es intachable menos a la hora de
desempeñar sus responsabilidades profesionales.

La mayoría de profesionales suelen ser trabajadores por cuenta ajena que desempeñan sus
tareas en empresas, instituciones y organismos en los que se les asigna lo que tienen que
hacer.

En la medida que exista un cierto margen para la responsabilidad del profesional es necesario
reflexionar sobre ella. Los complejos problemas que tiene planteados nuestra sociedad
difícilmente podrán encontrar solución sin la aportación profesionalizada de médicos,
ingenieros, arquitectos, sicólogos, profesores, enfermeras…

Hoy la profesionalidad suele justificarse más por lo que tiene de especialización cognoscitiva
(competencias) que por lo que tiene de compromiso ético. Pero la competencia profesional no
basta. La ética a la vez que supone unas garantías en la prestación de los servicios
profesionales contribuye a la consolidación de una profesión.
Una ética de las profesiones que pretenda estar a la altura de la conciencia moral alcanzada
por nuestra época ha de ser un discurso coherente y capaz de orientar la acción interesadas
en ser buenos profesionales, técnicamente capaces y moralmente íntegros en el desempeño
de su labor profesional.

Ser un profesional competente y responsable no consiste exclusivamente en ser un individuo


racional y libre, que posee habilidades, sino que posee también modos de hacer, sentido de
pertenencia a un colectivo profesional, y compromiso social en el desempeño de su profesión.

La ética de cualquier profesión ha de partir del reconocimiento y apego a los valores de


convivencia que componen la ética cívica compartida: valores como la libertad, la igualdad, la
solidaridad, el respeto, diálogo…

En la ponencia de Emilio Martinez Navarro” Ética de la profesión: proyecto personal y


compromiso de ciudadanía”, la pregunta ética radical la platea en los siguientes términos:
¿Qué estoy haciendo con mi vida? Y la respuesta tiene que ver con cuestiones que afectan a
la propia vida como es la dedicación profesional. Pero esa parte de la vida está conectada con
la vida social, puesto que la profesión es una institución social que pretender ofrecer un
servicio a la comunidad. En este sentido, pensar las profesiones a estas alturas nos conduce a
plantear la relación entre profesión y ciudadanía.

Hortal distingue entre ética profesional y deontología profesional. La ética profesional se


plantea la profesión en términos de conciencia y de bienes: qué es ser un buen profesional, en
qué consiste hacer bien el ejercicio profesional. La deontología son los deberes y normas
definidos por el colectivo o colegio profesional.
 LA PROFESIÓN COMO FUNCIÓN SOCIAL
Es una actividad del hombre que desempeña una función social. Toda persona que ejerza una
profesión ha de tener la idea de permanecer en ella durante largo tiempo, buscar en ella los
medios de sustentación de la vida y que esa profesión o trabajo sea duradero.

Lo esencial de la profesión es, ante todo, que sea personal. Esto significa que la profesión no
consiste solamente en prestar un servicio, sino que implica la personalidad. Es, además, una
labor de carácter social.

"la profesión supone una sociedad organizada dentro de la cual las labores están distribuidas y
contribuyen todas al bien común. La profesión es pues, de la sociedad organizada y para la
sociedad organizada". La vocación: Es un problema fundamental de la profesión, donde se
busca la profesión idónea para el individuo.

a profesión es, según Peinado Navarro, una actividad del hombre que desempeña una función
social. Toda persona que ejerza una profesión ha de permanecer en ella durante largo tiempo,
buscar en ella los medios de sustentación de la vida y que esa profesión sea duradera.

"Ni las máquinas ni los animales, que duraderamente llevan a cabo una determinada labor en
beneficio de la sociedad, ejercen una profesión. Prestan sencillamente un servicio, y nada
más".

Esto significa que la profesión no consiste solamente en prestar un servicio, sino que implica la
personalidad. Es, además, una labor de carácter social: "la profesión supone una sociedad
organizada, dentro de la cual las labores están distribuidas y contribuyen todas al bien común.
La profesión es, pues, de la sociedad organizada y para la sociedad organizada. "(Peinado
Navarro).

La vocación se haya definida como una inclinación natural a un trabajo determinado. descubrir
por todos los medios esa inclinación es la tarea de la orientación profesional.La vocación es el
deseo de emprender una carrera, profesión o cualquier otra actividad cuando todavía no se
han adquirido todas las actitudes o conocimientos necesarios.

"por desgracia, la profesión no siempre coincide con la vocación. Esto constituirá un


desequilibrio psicológico en el sujeto y una fuente de malestar en el y de perjuicio para la
empresa. por el contrario, cuando la profesión coincide con la vocación, esta sera la fuente de
las mejores creaciones: La capacidad creadora de la vocación es infinita, y todo ese proceso,
prolijo y menudo, penosisimo, de la preparación para la ciencia y para la profesión científica se
abrevia y facilita bajo el signo de la vocación como por arte de encantamiento, y esto es la
vocación, encanto o encantamiento, que hace luz de la oscuridad y lidereza del esfuerzo." (Dr.
Maranon, Vocacion y Etica).
La enseñanza de los valores y principios en la familia es uno de los pilares fundamentales que,
en conjunto con la educación, integra el desarrollo de un individuo, ya sea para una profesión
determinada o su convivencia en sociedad. Cada una de las personas que pretende
desarrollarse profesionalmente en una rama específica, en esta sociedad del siglo XXI, debe
tener convicciones y metas establecidas hacia el perfeccionamiento de su carrera.

En la universidad se pule y da forma a los profesionales que requerimos para el mejor


funcionamiento del conglomerado social y para la convivencia humana. No obstante, hay
personas que desarrollan una función dentro de la comunidad sin haber obtenido diploma
universitario o ser idóneos para el cargo, y se desempeñan mejor que alguien que obtuvo
título de grado con honores y reconocimientos. Ambas categorías de profesionales deben
cumplir dos compromisos sociales, el primero es el buen ejercicio de sus funciones (deberes y
obligaciones laborales, sean estatales o en el sector privado), y el segundo es rechazar la
corrupción y el clientelismo, dos de los grandes problemas que enfrenta nuestro país. Esto se
debe convertir en un emblema o una insignia que todos los panameños debemos llevar, como
distintivo, para no ser instrumentos de tantos delitos y maldades, y evitar el atraso de gran
parte de la población, mancillada por personas que solo buscan el interés propio, no el
bienestar social.

Según el artículo 6 del Estatuto de la profesión de diplomado/a en Trabajo Social/asistente


social, las principales funciones a desarrollar por los/las trabajadores/as sociales en su ejercicio
profesional son, entre otras, las siguientes:

 Función preventiva: actuación precoz sobre las causas que generan problemáticas
individuales y colectivas, derivadas de las relaciones humanas y del entorno social.
Elaborar y ejecutar proyectos de intervención para grupos de población en situaciones
de riesgo social y de carencia de aplicación de los derechos humanos.

 Función de atención directa: responde a la atención de individuos o grupos que


presentan o están en riesgo de presentar, problemas de índole social. Su objeto será
potenciar el desarrollo de las capacidades y facultades de las personas para afrontar
por sí mismas futuros problemas e integrarse satisfactoriamente en la vida social.

 Función de planificación: acción de ordenar y conducir un plan de acuerdo con unos


objetivos propuestos, contenidos en un programa determinado mediante un proceso
de análisis de la realidad y del cálculo de las probables evoluciones de la misma. Esta
función se puede desarrollar en dos niveles:
 Nivel microsocial: comprende el diseño de tratamientos, intervenciones y proyectos
sociales.
 Nivel macrosocial: comprende el diseño de programas y servicios sociales.

 Función docente: impartir enseñanzas teóricas y prácticas de Trabajo Social y de


servicios sociales, tanto en las propias escuelas de Trabajo Social como en otros
ámbitos académicos. Contribuir a la formación teórico-práctica pregrado y postgrado
de alumnos/as de Trabajo Social y de otras disciplinas afines. Los/las diplomados/as en
Trabajo Social/asistentes sociales son los profesionales idóneos para impartir la
docencia en materias de Trabajo Social y servicios sociales.

 Función de promoción: se realiza mediante actuaciones encaminadas a restablecer,


conservar y mejorar las capacidades, la facultad de autodeterminación y el
funcionamiento individual o colectivo. Diseñar e implementar las políticas sociales que
favorezcan la creación y reajuste de servicios y recursos adecuados para la cobertura
de necesidades sociales.

 Función de mediación: en la función de mediación el/la trabajador/a social/asistente


social actúa como catalizador, posibilitando la unión de las partes implicadas en el
conflicto con el fin de posibilitar con su intervención que sean los propios interesados
quienes logren la resolución del mismo.

 Función de supervisión: ejercer el control de las tareas realizadas por los


profesionales, trabajadores/as sociales y miembros de otras profesiones que ejerzan
sus funciones en departamentos o servicios de Trabajo Social.

 Función de evaluación: contrastar los resultados obtenidos en las distintas


actuaciones, en relación con los objetivos propuestos, teniendo en cuenta técnicas,
medios y tiempos empleados. Asegurar la dialéctica de la intervención. Indicar los
errores y disfunciones en lo realizado y permitir proponer nuevos objetivos y nuevas
formas de conseguirlos. Favorecer las aportaciones teóricas del Trabajo Social.

 Función gerencial: se desarrolla cuando el/la trabajador/a social tiene


responsabilidades en la planificación de centros, organización, dirección y control de
programas sociales y servicios sociales.
El Código de Ética y Conducta Profesional del PMI fue creado por profesionales a través del
Comité de Desarrollo de Estándares de Ética. En el año 2006 se volvió a evaluar el documento
y se liberó luego de haber actualizado su contenido, el cual es relevante para los individuos
que practican la profesión y las organizaciones de hoy.

El siguiente extracto del Código explica su visión y el propósito:

Como profesionales de la dirección de proyectos, estamos comprometidos a hacer lo que es


correcto y honorable. Nos fijamos un alto nivel de exigencia, que aspiramos alcanzar en todos
los aspectos de nuestra vida –en el trabajo, en casa y en el servicio a nuestra profesión.

Este Código de Ética y Conducta Profesional describe las expectativas que tenemos de
nosotros y de nuestros colegas profesionales de la comunidad global de la dirección de
proyectos. El Código articula los ideales a los cuales aspiramos, así como los comportamientos
que son obligatorios en nuestros roles como profesionales y voluntarios.

El propósito de este Código es infundir confianza en la profesión de la dirección de proyectos y


ayudar a cada persona a ser un mejor profesional. Hacemos esto estableciendo un
entendimiento acerca de lo que significa el comportamiento apropiado en la totalidad de la
profesión. Creemos que la credibilidad y la reputación de la profesión de la dirección de
proyectos se forman con la conducta colectiva de las personas que la practican.
Como profesionales de la dirección de proyectos, nos comprometemos a actuar de manera
correcta y honorable. Nos fijamos un alto nivel de exigencia, que aspiramos alcanzar en todos
los aspectos de nuestras vidas: en el trabajo, en el hogar y al servicio de nuestra profesión.

El presente Código de Ética y Conducta Profesional describe las expectativas que depositamos
en nosotros mismos y en nuestros colegas profesionales de la comunidad global de la dirección
de proyectos. Enuncia con claridad los ideales a los que aspiramos, así como los
comportamientos que son obligatorios en nuestro desempeño como profesionales y
voluntarios.

El propósito de este Código es infundir confianza en el ámbito de la dirección de proyectos y


ayudar a las personas a ser mejores profesionales. Para ello, establecemos el marco para
entender los comportamientos apropiados en la profesión. Creemos que la credibilidad y
reputación de la dirección de proyectos como profesión se forjan sobre la base de la conducta
colectiva de cada profesional.

Creemos que podemos potenciar nuestra profesión, tanto de manera individual como
colectiva, mediante la adopción de este Código de Ética y Conducta Profesional. Creemos,
asimismo, que este Código nos ayudará a tomar decisiones sensatas, en particular al enfrentar
situaciones difíciles en las que quizás se nos pida que comprometamos nuestra integridad o
nuestros valores.

Esperamos que este Código de Ética y Conducta Profesional sea el punto de partida para que
otras personas analicen, deliberen y escriban sobre ética y valores. Además, esperamos que
este Código sirva en última instancia para sentar las bases de nuestra profesión y su desarrollo.

Estructura del Código


El Código de Ética y Conducta Profesional se divide en secciones que contienen normas de
conducta que se corresponden con los cuatro valores identificados como los más importantes
para la comunidad de la dirección de proyectos. Algunas secciones de este Código incluyen
comentarios. Los comentarios no son partes obligatorias del Código, pero brindan ejemplos y
aclaraciones. Por último, en la parte final de la norma se presenta un glosario. El glosario
define palabras y frases utilizadas en el Código. Para facilitar la búsqueda, los términos
definidos en el glosario aparecen subrayados en el texto del Código.

Valores que sustentan este Código


Se solicitó a profesionales de la comunidad global de la dirección de proyectos que
identificaran los valores que conformaban el fundamento de su toma de decisiones y que
guiaron sus actos. Los valores que la comunidad global de la dirección de proyectos definió
como más importantes fueron: responsabilidad, respeto, equidad y honestidad. Este Código se
sustenta en estos cuatro valores.

Conductas obligatorias e ideales


Cada sección del Código de Ética y Conducta Profesional incluye normas obligatorias y normas
que constituyen un ideal. Las normas ideales describen la conducta que nos esforzamos por
mantener como profesionales. Si bien el cumplimiento de estas normas no se puede medir
fácilmente, comportarnos de conformidad con las mismas es una expectativa que albergamos
para nosotros mismos como profesionales; no se trata de una opción.

Las normas obligatorias establecen requisitos en firme y, en algunos casos, limitan o prohíben
determinados comportamientos por parte de los profesionales. Aquellos profesionales que no
se comporten de conformidad con estas normas estarán sujetos a procedimientos
disciplinarios ante el Comité de Ética del PMI.
Ética del trabajo es la creencia en que el trabajo es un valor ético; particularmente, que el
trabajo duro y diligente tiene un beneficio moral y una capacidad inherente o virtud para
fortalecer el carácter. Prioriza el trabajo y lo pone en el centro de la vida individual y social.

Sus partidarios consideran que una fuerte ética del trabajo es vital para lograr metas.
Funcionaría como un conjunto de principios morales que la persona utiliza en su trabajo,
mejorando su calidad y relacionando sus iniciativas con sus objetivos y necesidades
individuales. Se le considera una fuente de auto respeto, satisfacción y realización.

Por el contrario, una ética del trabajo negativa es un comportamiento que conduce a una
sistemática carencia de productividad, confianza o habilidades sociales, y produce relaciones
poco profesionales o insanas.

La ética y comportamiento en el lugar de trabajo son una parte crucial de tu trabajo, ya que
ambos son aspectos que pueden ayudar a una empresa en sus esfuerzos para ser rentable. De
hecho, la ética y el comportamiento son tan importantes para la mayoría de las empresas
como el rendimiento con una moral alta y el trabajo en equipo son dos ingredientes para el
éxito. Todas las empresas en cada industria tienen ciertas pautas que sus empleados deben
cumplir, y con frecuencia delinean estos aspectos en los manuales de los empleados.

Todas las empresas especifican lo que es un comportamiento aceptable y qué no lo es, al


contratar a un empleado. Muchos incluso resumen la conducta que se espera en las
descripciones de los puestos de trabajo o durante el proceso de entrevista. Las pautas de
comportamiento suelen abordar temas tales como ropa de trabajo, el acoso y el lenguaje. Los
trabajadores que no cumplan con los códigos de conducta pueden recibir advertencias
verbales y escritas, y en última instancia, ser despedidos.

La ética en el trabajo es una extensión de los estándares personales o carencia de ellos que es
inherente a la gente que forma el lugar de trabajo. Con todas las noticias y atención sobre
aquellos que han demostrado carecer de ética moral en la manera como conducen sus
negocios, sería ventajoso para nosotros observar las bases de la ética que soportará la prueba
de la tentación en un mundo que parece recompensar los "negocios turbios." Parece que la
visión mundial actual considera que la única cosa mala de los negocios turbios y la ética
inmoral en el trabajo es el ser "descubierto."

A cada persona le es dada una responsabilidad y debemos ser "fieles" en esa confianza. La
palabra "fiel" viene de la palabra griega "pistis" que significa ser constante en la palabra o
promesas de uno, Es muy interesante el hecho de que encontramos esta misma palabra para
representar la fidelidad de Dios. "Fiel es El que os llama, El cual también lo hará" (1ra de
Tesalonicenses 5:24, RV). Esta misma palabra es utilizada para el carácter de Dios y por lo
tanto debe ser vista en aquellos que son Sus hijos. La conclusión de las bases de la ética en el
trabajo es que aquellos en el trabajo, tanto el patrón como el empleado, deben ver sus vidas
como si fueran un mayordomo que es responsable de gobernar sus acciones de acuerdo al
punto de vista y modelo de la fidelidad de Dios.
Nuestra señora del perpetuo socorro