Está en la página 1de 39

EL DERECHO A LA MOTIVACIÓN DE LAS RESOLUCIONES

JUDICIALES Y SUS PATOLOGÍAS

I. Introducción.

En el Perú, la motivación de las resoluciones judiciales se encuentra


contemplada, constitucionalmente, como un principio y derecho de la función
jurisdiccional1; y, a nivel de nuestro ordenamiento procesal, como un deber
de los jueces2; y, elemento básico de las sentencias3. Estas dimensiones se
explican, de un lado, porque la motivación de las resoluciones judiciales
constituye una respuesta a las razones relevantes que han esgrimido las
partes en defensa de su posición; y, del otro, porque la motivación es nada
menos que la manifestación concreta del ejercicio de la función
jurisdiccional; y, por tanto, el principal elemento que la legitima.

Es frecuente, entonces, que no solo por su regulación, sino por su


propia naturaleza, se alegue la violación de este derecho como fundamento
para el inicio de procesos constitucionales y la interposición de medios

1
Constitución Política del Perú.
Artículo 139º.- Son principios y derechos de la función jurisdiccional:
(…)
5. La motivación escrita de las resoluciones judiciales en todas las instancias, excepto
los decretos de mero trámite, con mención expresa de la ley aplicable y de los
fundamentos de hecho en que se sustenta.
2
Código Procesal Civil.
Artículo 50º Deberes.- Son deberes de los jueces en el proceso (…):
6. Fundamentar los autos y las sentencias, bajo sanción de nulidad, respetando los
principios de jerarquía de las normas y el de congruencia.
3
Código Procesal Civil.
“Las resoluciones contienen (…):
3. La mención sucesiva de los puntos sobre los que versa la resolución con las
consideraciones, en orden numérico correlativo, de los fundamentos de hecho que
sustentan la decisión, y los respectivos de derecho con la cita de la norma o normas
aplicables en cada punto, según el mérito de lo actuado (…)"

Nuevo Código Procesal Penal.


“Artículo 394 Requisitos de la sentencia.- La sentencia contendrá (…):
3. La motivación clara, lógica y completa de cada uno de los hechos y circunstancias
que se dan por probadas o improbadas, y la valoración de la prueba que la sustenta,
con indicación del razonamiento que la justifique (…).

1
impugnatorios en procesos ordinarios y constitucionales. Por supuesto, el
ámbito del derecho a la motivación de las resoluciones no se reduce a los
procesos judiciales, sino que también es exigible en los arbitrajes, en los
procedimientos administrativos; e, incluso, en los procedimientos inter
privatos. Esta situación de alguna manera ha determinado que su
vulneración también sea invocada como sustento de recursos de anulación
de laudos arbitrales, demandas contenciosas administrativas y demandas de
amparo, respectivamente.

Precisamente, en el caso bajo análisis y comentario (CAS Nº 1308-


2009-LIMA, expedida en el proceso de tercería de propiedad seguido por
Hilario Wilbert Pezo Patiño contra Angélica Chacón Lizarzaburu y César
Pradell García Godos)4 se esgrime la vulneración del derecho a la
motivación de las resoluciones judiciales como sustento de la causal
casatoria contemplada en el inciso 3 del artículo 386º del Código Procesal
Civil, referida a la contravención de las normas que garantizan el derecho a
un debido proceso.

De la ejecutoria citada se desprende que Hilario Wilbert Pezo Patiño


inició el proceso de tercería de propiedad, a fin de obtener que se levante la
medida cautelar de embargo en forma de inscripción dictada en el proceso
de obligación de dar suma de dinero seguido por César Pradell García
Godos contra la esposa del primero, Angélica Chacón Lizarzaburu. Aunque
el texto de la sentencia no es muy claro, al parecer la medida cautelar
dictada en dicho proceso habría afectado los bienes que le corresponderían
a Angélica Chacón Lizarzaburu cuando se liquide su sociedad de
gananciales con Hilario Wilbert Pezo Patiño; es decir, se habrían embargado
los derechos en expectativa de Angélica Chacón Lizarzaburu en dicha
sociedad.

La casación expedida en el proceso de tercería alude a cierto


desarrollo que sobre el derecho a la motivación de las resoluciones judiciales

4
Publicada en la Separata de Casaciones de El Peruano Nº 633, del 01 de diciembre
de 2010, páginas 28925 -28926

2
ha efectuado la doctrina y el Tribunal Constitucional, por lo que este
comentario nos servirá para perfilar en qué consiste este derecho y las
patologías que pueden presentarse en relación con él.

Según he indicado, la casación fue declarada procedente en atención


a la causal prevista en el inciso 3 del artículo 386º del Código Procesal Civil,
y se sustentó en dos agravios:

(i) Incongruencia interna de la sentencia de vista.- El impugnante,


Hilario Wilbert Pezo Patiñño, alega que en el octavo
considerando de la sentencia expedida por la Cuarta Sala Civil
de la Corte Superior de Lima, pese a que se señaló que no
pueden embargarse deudas sociales por deudas personales de
uno de los cónyuges, al mismo tiempo, se indicó que sí era
posible tal situación. En tal sentido, concluye que la resolución
en referencia contiene dos posiciones contradictorias sobre un
mismo asunto; y, en todo caso, si se trataba de una
contradicción aparente, debió explicarse cómo podrían
compatibilizarse dichas posiciones.

(ii) Falta de motivación.- El impugnante alega que la sentencia de


vista incurre en este vicio porque en la segunda parte del
octavo considerando se pretende realizar una interpretación
contrario sensu de lo previsto en el artículo 309 del Código
Civil, pero no se expone el razonamiento que explique el
motivo por el cuan se escogió dicho tipo de interpretación y no
otro como el literal, sistemático, lógico, entre otros; tampoco se
expone el razonamiento que justifique cómo se obtuvo el
significado que la resolución le atribuye al texto normativo
materia de interpretación, pues del citado artículo se pueden
obtener diversas interpretaciones en uno y otro sentido, según
se puede apreciar de la abundante jurisprudencia superior y
suprema, todas ellas aparentemente válidas, por lo que es una

3
obligación del Juez motivar las razones del por qué es
permitida su posición frente a las otras.

En relación con el primer agravio, la Sala Civil Permanente de la Corte


Suprema parte por señalar que, conforme a lo sostenido por el Tribunal
Constitucional, la motivación de una decisión no consiste en expresar la
norma legal en que se ampara, sino en exponer las razones de hecho y
derecho que justifica la decisión tomada. La Sala anota que, siendo esto así,
las resoluciones deben respetar los principios lógicos de no contradicción,
tercio excluido e identidad, lo cual es compatible con lo indicado por el
Tribunal Constitucional, en el sentido que la motivación exige que cualquier
decisión cuente con un razonamiento que no sea aparente o defectuoso,
sino que exponga de manera clara, lógica y jurídica los fundamentos de
hecho y de derecho que la justifican, de tal manera que los destinatarios, a
parte de conocer las razones por las cuales se decidió en un sentido o en
otro, estén en la aptitud de realizar los actos necesarios para la defensa de
su derecho.

Bajo estas premisas, la Sala Suprema sostiene que en la motivación


de la sentencia recurrida no se advierte un razonamiento incongruente, toda
vez que la expresión “no procede embargar los bienes sociales” está
seguida de la conjunción adversativa “sin embargo”, conector lógico que
denota cambio en el sentido de la afirmación anterior al señalarse que “es
posible embargar los bienes propios del cónyuge deudor, así como aquellos
que le corresponderían de la sociedad en caso de liquidación”. Sobre esto
último, la Sala Suprema precisa que el razonamiento expuesto en el octavo
considerando de la sentencia de vista está complementado con lo señalado
en el noveno y décimo considerandos, en los cuales se justifica el embargo
en la protección que debe brindársele al acreedor que no puede ver
satisfecho su legítimo derecho a la acreencia al no contar su deudora con
patrimonio individual suficiente para responder de sus obligaciones; pero
también se justifica en la protección de los bienes de la sociedad conyugal;
y, desde esa perspectiva, el embargo de los bienes de la sociedad que le

4
corresponderían al cónyuge deudor solo podría ejecutarse cuando se haya
liquidado la sociedad de gananciales.

Respecto al segundo agravio, la Sala Suprema alude a la posición


del Tribunal Constitucional, en el sentido que el contenido del derecho a la
motivación de las resoluciones judiciales no garantiza una determinada
extensión, por lo que su contenido esencial se respeta siempre que exista
fundamentación jurídica, congruencia entre lo pedido y lo resuelto y, por sí
misma, exprese una suficiente justificación de la decisión adoptada, aún si
esta es breve o concisa, o se presenta el supuesto de la motivación por
remisión. Sobre la base de este criterio, la Sala Suprema concluye que la
resolución impugnada cumple con los estándares de motivación expresados
por el Tribunal Constitucional, pues en el octavo considerando de dicha
resolución se indica que de interpretarse -contrario sensu- el artículo 309 del
Código Civil, es posible embargar los bienes propios del cónyuge deudor, así
como aquellos que le corresponderían de la sociedad en caso de liquidación.
Asimismo, sostiene que este proceso de interpretación quedó claro, en tanto
en la norma se afirma que las deudas del cónyuge deudor no pueden afectar
los bienes personales del otro cónyuge, ni los bienes sociales de ese otro
cónyuge en caso de liquidación de la sociedad, por lo que el sentido de
dicha disposición permite que las deudas del cónyuge deudor afecten
mediante embargos sus bienes personales, así como la parte de los bienes
sociales que le corresponderían en caso de liquidación.

Por último, la Sala Suprema agrega: “(…) el derecho a la motivación


de las resoluciones judiciales, no obliga al juzgador a expresar las razones
por las que eligió un tipo de interpretación en relación a otras, o el por qué le
asigna un sentido determinado a la norma que aplica respecto a otros, como
pretende el recurrente; basta que la decisión sea justificada razonablemente,
como ocurre en el caso de autos”.

A continuación desarrollaré el contenido del derecho a la motivación


de las resoluciones judiciales y las patologías que lo afectan. Luego de ello,
procederé a realizar el análisis del caso en cuestión.

5
II. Una concepción garantista del derecho a la motivación de las
resoluciones judiciales.

1. En qué consiste el derecho a la motivación de las resoluciones


judiciales.

El problema con el derecho a la motivación de las resoluciones


judiciales es que su concepto aparece ampliamente indeterminado, siendo
frecuente que la doctrina y la jurisprudencia sostengan que la motivación
consiste en la expresión de los “motivos”, los “fundamentos” o las “razones
de decidir”, con lo cual nos quedamos en el terreno superfluo de la
tautología5. No faltan, por cierto, las definiciones que tratan a la motivación
como la expresión del “iter lógico” que ha llevado al juzgador del problema a
la decisión, insertando a la motivación dentro del contexto de descubrimiento
y los procesos psicológicos que ha seguido el juez para decidir6. Esta
posición, lamentablemente, no acaba de desprenderse de la noción de la
“íntima convicción” o del consabido “criterio de conciencia”, y termina por
distorsionar el contenido de este derecho y, por tanto, lo que es objeto de
control.

La Teoría de la Argumentación Jurídica ha superado toda esta


indeterminación y confusión conceptual situando a la motivación de las
resoluciones judiciales dentro del contexto de justificación; y, definiéndola en

5
Cfr. TARUFO (2006: 6).
6
Para el Tribunal Constitucional peruano, “La exigencia de que las decisiones judiciales
sean motivadas en los términos del inciso 5) del artículo 139° de la Carta
Fundamental garantiza que los jueces, cualquiera sea la instancia a la que
pertenezcan, deban expresar el proceso mental que los ha llevado a decidir una
controversia, asegurando que el ejercicio de la potestad de administrar justicia se
haga con sujeción a la Constitución y a la ley; pero también con la finalidad de facilitar
un adecuado ejercicio del derecho de defensa de los justiciables” (STC N° 1291-2000-
AA/TC; 1230-2002-HC/TC; y, recientemente, 06613-2006-PHC/TC, F.J. Nº 5, 6840-
2006-PHC/TC, F.J. Nº 4, 06602-2006-PHC/TC, F.J. Nº 3; y, 5936-2006-PHC/TC, F.J.
Nº 4. Nuestra Corte Suprema también ha asumido dicha concepción, amparada en
sentencias del Tribunal Constitucional (véase, por ejemplo, la CAS N° 2445-2007-
LIMA. En: El Peruano, 30 de enero de 2008, p. 21423).

6
función de las categorías de la justificación interna y la justificación externa
de la decisión.

1.1. El contexto en el que se desarrolla la motivación de las


resoluciones judiciales: ¿contexto de descubrimiento o contexto
de justificación?7

Una concepción garantista del derecho a la motivación de las


resoluciones judiciales exige distinguir entre el procedimiento mediante el
cual se llega a la decisión (contexto de descubrimiento) y la operación de
justificarla; es decir, de apoyar las premisas de la conclusión mediante
razones que la hagan plausible (contexto de justificación)8. El contexto de
descubrimiento alude a una cadena causal anterior al efecto, consistente en
la decisión expresada en la sentencia; se refiere al proceso psicológico, al
iter mental del juez; y, responde a la pregunta: porqué se ha tomado la
decisión. El contexto de justificación, en cambio, no se refiere a las causas
que han provocado la decisión, sino a las razones jurídicas que la
fundamentan; puede operar a posteriori sin pretender expresar relaciones
causales; y, responde a la pregunta: porqué se ha debido tomar la decisión o
porqué la decisión es correcta9.

Para entender bien esta diferencia hay que distinguir adecuadamente


entre explicar y justificar una decisión; categorías que corren en paralelo al
binomio contexto de descubrimiento / contexto de justificación. Al respecto,
anota ATIENZA10: “Explicar una decisión significa mostrar las causas, las
razones, que permiten ver una decisión como efecto de esas causas.
Justificar una decisión, por el contrario, significa mostrar las razones que
permiten considerar la decisión como algo aceptable. En los dos casos se

7
Para un mayor desarrollo, véase: ZAVALETA (2008: 530 – 542).
8
DE ASIS (1995:98); MORESO (2005:10).
9
Cfr. NIETO (2007:154 – 155); GASCÓN y GARCÍA (2005:143); FETERIS (2007: 29).
10
ATIENZA (2001b: 12).

7
trata de dar razones, pero la naturaleza de las mismas es bien distinta: por
ejemplo, cabe perfectamente que podamos explicar una decisión que, sin
embargo nos parece injustificable; y los jueces –los jueces del Estado de
Derecho- tienen, en general, la obligación de justificar –pero no de explicar-
sus decisiones. Motivar las sentencias, significa, pues, justificarlas, y para
lograrlo no cabe limitarse a mostrar cómo se ha producido una decisión, es
decir, no basta con indicar el proceso –psicológico, sociológico, etc.- que
lleva a la decisión, al producto”.

CONTEXTOS DE LA DECISIÓN JUDICIAL

CONTEXTOS RAZONES RESPONDE A

De descubrimiento Explicativas Por qué se ha tomado


la decisión

De justificación Justificativas Por qué es correcta la


decisión

Con esta distinción no se niega que en el contexto de descubrimiento


el juzgador pueda inferir razones para luego expresarlas en la sentencia.
Tampoco se sostiene que en el contexto de justificación el juzgador no
pueda reparar que la decisión que asumió previamente no cuenta con
suficientes razones que la hagan plausible; y, por tanto, adopte otra decisión
que a su criterio sí esté justificada. Mucho menos se desconoce que el
“descubrimiento” no suele ser producto de la creatividad “arracional”, el
instinto o la emoción, sino que involucra una carga cognoscitiva que revela
cierta racionalidad11. En otras palabras, lo que se afirma no es que ambos

11
“Salvo que se piense que las decisiones judiciales se toman obedeciendo únicamente
a factores emocionales (en función de gustos personales, estados de ánimo, etc.), el
proceso real de la toma de decisión está en (bastante) parte determinado por el
conjunto de conocimientos que el Juez tiene acerca de lo que el ordenamiento
establece sobre el caso, de los hechos que en una primera aproximación considera
probados, etc. Como señala Bankowski, los procedimientos de descubrimiento y
justificación que una persona emplea afecta a lo que una persona descubre”
(ITURRALDE, 2003: 272).

8
contextos sean compartimientos estancos, separados e incomunicados 12,
sino que respecto al control de la motivación de las resoluciones o, mejor
aún, para considerar a una motivación como lógicamente correcta, así como
fáctica y jurídicamente sólida, no interesa cómo se produjo la decisión, sino
las razones justificativas que la apoyan13.

Exigir -como garantía procesal, derecho fundamental de los


justiciables y deber del juez- que él describa su razonamiento o su proceso
mental no significa –en rigor- garantía, derecho o deber alguno. Cabría
preguntarnos, como lo hace IGARTUA14 reduciendo al absurdo esta
concepción: “¿cumpliría con esa obligación una buena descripción de un
razonamiento malo?”. Evidentemente, no. Asumir esta concepción
significaría vaciar de contenido el derecho a la motivación de las
resoluciones judiciales; primero, porque es imposible conocer, averiguar y –
más importante aún- controlar si el juez ha descrito fielmente todo su
razonamiento; y, segundo, porque, incluso si ello fuera posible, la exigencia
de la motivación quedaría reducida a una mera formalidad 15. Además, esta

12
ATIENZA (2001a: 13) sostiene: “Justificar y explicar son conceptos –operaciones-
distintos, pero conjugados”. Sobre el punto también puede verse: DE ASIS ROIG
(1998: 1); NIETO (2007: 159).
13
IGARTUA (1998: 150 – 151); ATIENZA (1997:26); BERGHOLTZ (1990: 75 – 85);
RODRÍGUEZ BOENTE (2003: 156); GASCÓN y GARCÍA (2005: 149); NIETO
(2007:157).
14
IGARTUA (2003: 63).
15
Al respecto, adviértase que mientras las decisiones jurisdiccionales se justifican única
y exclusivamente cuando son racionales y sus razones son jurídicas, ocurre que ellas
pueden explicarse tanto si son racionales y razonables, como si no lo son; ello porque
toda explicación tiene un propósito descriptivo, mientras que toda justificación tiene un
propósito evaluativo o normativo. El profesor español García Figueroa, a manera de
ejemplo, anota: “(…) cabe decir que Otelo mató a Desdémona motivado (es decir,
movido) por los celos, pero resulta extraño decir que Otelo quitó la vida a Desdémona
justificado por los celos. Los celos explican la acción asesina de Otelo, pero no la
justifican. Del mismo modo, en rigor, al procesado, no le interesan tanto los motivos
del Juez para dictar una sentencia condenatoria (su ideología, sus problemas
personales, sus filias o sus fobias) cuanto las razones jurídicas que fundamentan esa
sentencia condenatoria” (GASCÓN y GARCÍA, 2005: 143 - 144). Coincide: NIETO
(2007: 156).

9
idea no es compatible con las decisiones de los órganos jurisdiccionales
colegiados16.

La concepción del deber de motivar las resoluciones judiciales como


“justificación” y no como “explicación” tiene consecuencias prácticas
relevantes. Empezaré con una que, a mi criterio, es fundamental, y seguiré
con las señaladas por IGARTÚA17:

a) Ya no son admisibles las consideraciones que responden a la “íntima


convicción judicial” o al “criterio de conciencia”; ahora se exigen
argumentos sustentados en criterios epistemológicos objetivos (para
el caso de los problemas de prueba), así como en el sistema jurídico.

b) Sólo cuentan las razones en sí mismas, y no importa la remisión a


una instancia ajena (la fidelidad al proceso mental decisional). La
motivación escrita, por tanto, ahora reviste un carácter auto-
referencial.

c) Lo anterior supone un optimismo racionalista frente al desencanto que


destila el escepticismo. Ante la idea de que la motivación debía
reflejar la “honestidad” del juez, revelando los motivos que lo llevaron
a tomar su decisión, bajo la premisa que él puede decidir como le
plazca e igual motivar con solvencia, esta concepción defiende la
tesis de que no todas las razones tienen el mismo peso, sino que
unas son preferibles a otras en virtud de criterios “objetivos” o al
menos “intersubjetivos”.

d) Si no todas las razones valen lo mismo, ello suscita el problema de la


responsabilidad judicial, pues podrá discriminarse las razones
correctas de las incorrectas, lo cual hace inteligible la responsabilidad
judicial como la capacidad y obligatoriedad de responder con las
razones adecuadas.

16
Cfr. IGARTUA (2009: 20 – 21); ITURRALDE (2003: 277 – 278).
17
IGARTUA (2009: 23 – 24).

10
e) De lo anterior se sigue que cuando el juez responde con razones no
sólo justifica su decisión sino que está justificándose: primero ante las
partes y los órganos jurisdiccionales superiores; y, luego, ante la
ciudadanía en general (depositaria de soberanía).

f) Esto supone que esta actividad esté controlada por los tribunales que
conocen los medios impugnatorios y, en su caso, las pretensiones
impugnatorias, así como por el pueblo en general.

1.2. El contenido del derecho a la motivación de las resoluciones


judiciales: justificación interna y justificación externa.

Una vez identificado el ámbito de la motivación corresponde


determinar cuál es su contenido. En este punto, coincidimos con ATIENZA
cuando sostiene que la justificación de las resoluciones judiciales depende
de tres factores: 1) que el razonamiento tenga una forma lógica adecuada; 2)
que el contenido de las premisas (y la conclusión) sea verdadero o correcto;
es decir, que las premisas sean sólidas; y, 3) que las razones resulten o
deban resultar aceptadas por las partes, por los jueces, por la comunidad
jurídica. “El ideal de la motivación será pues: poner las buenas razones en
una forma adecuada de manera que se logre la aceptación” 18. Esta
concepción se vincula con las dimensiones formal, material y pragmática de
la argumentación jurídica, presentes en la teoría del filósofo alicantino 19.
Asimismo, se relaciona con las categorías de la justificación interna y
externa de la decisión. Sobre esto último profundizaremos a continuación.

El razonamiento jurídico, incluido el judicial, puede ser analizado y


controlado desde dos perspectivas: (i) desde su estructura, examinando los
elementos que lo componen y la relación entre los mismos, para cuyo efecto
nos servimos de las reglas y los principios lógicos; y, (ii) desde su fuerza o
solidez, analizando si las premisas del razonamiento son “buenas razones”

18
ATIENZA (2004: 687).
19
ATIENZA (2007).

11
para apoyar la conclusión20; esto con el auxilio de determinados criterios que
integran el denominado “test de racionalidad mínima”21; y, de criterios
específicos en función del tipo de problemas que nos presente el caso. Estas
dos perspectivas se asocian a la distinción que en la Teoría de la
Argumentación Jurídica se realiza entre la justificación de la conclusión y la
justificación de las premisas de la inferencia, respectivamente. En el primer
caso hablamos de “justificación interna” y en el segundo de “justificación
externa”22.

ANALISIS Y CONTROL DEL RAZONAMIENTO JURÍDICO

PERSPECTIVAS TIPO DE CRITERIOS DE


JUSTIFICACIÓN CORRECCIÓN

Desde su estructura Interna Criterios lógicos

Desde su solidez Externa Criterios normativos y


epistemológicos

Una condición necesaria para que una decisión judicial se encuentre


justificada es que la conclusión final se siga, infiera o derive de las premisas;
en caso contrario la decisión no cumplirá con el requisito de la justificación
interna. Desde luego, la corrección formal del razonamiento no garantiza su
solidez o corrección material, por lo que es necesario que las premisas que

20
Cfr. ITURRALDE (2003: 265).
21
Nos referimos a los criterios de universalidad, consistencia, coherencia y
consecuencialismo. Un desarrollo básico sobre ellos puede encontrarse en: ATIENZA
(1997: 141 – 149); GASCÓN y FIGUEROA (2005: 181 – 186).
22
Sobre esta distinción: AARNIO (1991: 166 – 170); ALEXY (1989: 214 – 240);
MAcCORMICK (2006: Cap. II y V). Este último autor incorpora esta clasificación a su
teoría bajo las categorías de justificación de primer orden y justificación de segundo
orden, respectivamente.

12
componen el razonamiento cuenten con argumentos que las respalden; es
decir, con una justificación externa.

En relación con la justificación interna, el filósofo argentino


BULYGIN23, al respecto anota: “Justificar o fundar una decisión consiste en
construir una inferencia o razonamiento lógicamente válido, entre cuyas
premisas figura una norma general y cuya conclusión es la decisión. El
fundamento de una decisión es una norma general de la que aquélla es un
caso de aplicación. Entre el fundamento (norma general) y la decisión hay
una relación lógica, no causal. Una decisión fundada es aquella que se
deduce lógicamente de una norma general (en conjunción con otras
proposiciones fácticas y, a veces, también analíticas). Desde luego, o se
trata aquí de afirmar que el juez encuentra la solución del caso mediante un
proceso deducido a partir de las normas generales. De qué manera el juez
arriba a su decisión es un problema psicológico que no interesa en este
contexto; sólo nos interesa el problema lógico de la fundamentación”.

Con la salvedad de que cabe distinguir entre la conclusión del


razonamiento judicial (un enunciado de deber) y la decisión24, ciertamente, la
sentencia expresa un razonamiento normativo, en donde la conclusión, es
deducida de premisas contenidas en los considerandos. Estas premisas, a
decir de BULYGIN25, contienen tres tipos de enunciados: “1) enunciados
normativos generales que constituyen el fundamento normativo de la
resolución; 2) definiciones en sentido lato, incluyendo también enunciados
que determinan la extensión de un concepto y los postulados de
significación, y 3) enunciados empíricos usados para la descripción de los

23
ALCHOURRÓN y BULYGIN (1991: 356).
24
En rigor, no es la decisión la que se infiere de las premisas. La decisión es un acto de
voluntad; y, por tanto, no está determinado por la lógica. Lo que está lógicamente
implicado por las premisas de un argumento correcto es el contenido de un (posible)
acto de decisión (la conclusión de la inferencia deductiva). En tal sentido, se dice que
el acto de decidir, una vez tomado, está justificado por las premisas del argumento
(Idem, p 356). Sobre esta base, cuando se haga referencia a la “decisión judicial”
como resultado de un razonamiento deductivo, deberá entenderse que aludimos a la
conclusión contenida en tal decisión.
25
Idem, p. 357.

13
hechos”. A partir de la correlación lógica de estos tres elementos, se puede
afirmar que la norma individual (parte dispositiva de la sentencia) no es
creada ex nihilo por el juez, pues la conclusión que ella expresa es deducida
de la norma general fundante, las definiciones en juego y los hechos del
caso; de allí que, parafraseando al citado filósofo, cabe sostener que sólo en
una sentencia arbitraria (es decir, en una sentencia no fundada) la resolución
no es la expresión de la consecuencia lógica de los considerandos26.

Por otro lado, cuando nos referimos a la justificación externa ya no


hablamos de la corrección formal del razonamiento, sino de su
razonabilidad; es decir, de la solidez o la corrección material de las
premisas; pues el hecho que una inferencia sea formalmente correcta no
quita que pueda ser irrazonable. De este modo, es posible que el juez utilice
como premisa de su inferencia hechos alejados de la realidad; sin embargo,
su razonamiento no atentaría contra la lógica 27. Es necesario, entonces,
distinguir entre el aspecto sustancial de la inferencia, referido al sentido de la
decisión judicial, y el aspecto formal de aquélla, que atañe sólo a su validez
lógica28; y, por lo mismo, resulta insuficiente para resolver problemas propios
de un razonamiento de tipo práctico29.

26
Idem, p. 360.
27
Cfr. ATIENZA (1996: 233).
28
Cfr. GHIRARDI, Olsen. Modalidades del razonamiento judicial, p. 3. En: Web site de la
Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdova.
http://www.acader.unc.edu.ar; GASCÓN y GARCÌA (2005: 165).
29
“Motivar no es tanto (aunque también) mostrar que la conclusión ha sido
correctamente inferida de las premisas sino (sobre todo) justificar la corrección de las
premisas. En otros términos, cuando las cuestiones de derecho y de hecho admitan
varias soluciones defendibles, la motivación deberá justificar la solución retenida
como preferible frente a las demás. Porque de aceptarse el esquelético esquema de
la Revolución Francesa, el Juez tendría e su mano tanto manipular los hechos para
que entraran en el supuesto de hecho previamente elegido por él, cuanto afirmar
apodícticamente que la ley dice exactamente lo que él quiere que diga; y no es
razonable pensar que la Constitución oferte como garantía de legalidad una burla”
(IGARTUA, 2003: 32).

14
Como señalan MORESO, NAVARRO y REDONDO30: “En cualquier
inferencia, ya sea retórica o práctica, es necesario distinguir cuidadosamente
entre la elección de un conjunto de premisas P y la derivación de la
conclusión a partir de P. La falta de distinción entre estos dos aspectos de la
justificación de una decisión puede provocar importantes confusiones. Es
verdad que frecuentemente surgen dificultades respecto a la selección de las
premisas de un argumento; pero esto no tiene ninguna incidencia en la
validez de una inferencia; antes de la elección de las premisas, no es posible
establecer ninguna inferencia y después de establecer las premisas sólo
resta analizar la validez lógica de la inferencia. Las dificultades,
epistemológicas y psicológicas, relativas a la elección de las premisas no
afectan en manera alguna al razonamiento deductivo en general y a la
validez del esquema inferencia modus ponens en particular”. Abundemos en
este tema con un ejemplo:

(I) Todo aquel que comete adulterio debe ser castigado con pena
privativa de la libertad de N a N1 años.

(II) Primus ha cometido adulterio.

__________________________________

Primus debe ser castigado con pena privativa de la libertad de N


a N1 años.

En este caso, la conclusión se deriva, sigue o desprende de las


premisas. Se trata de una inferencia (lógicamente) válida. Pero, ¿estamos
frente a un argumento jurídicamente correcto? Para que lo fuese, la premisa
(I) tendría que ser una norma válida en nuestro sistema jurídico; y, la
premisa (II) tendría que ser la expresión de una proposición verdadera. Si (I)
no es constitucionalmente válida, entonces, el argumento no es sólido.
Aunque lo fuese, sería necesario, además, que (II) exprese un enunciado
verdadero. Si Primus no cometió adulterio, el argumento también carecería
de solidez.

30
MORESO, NAVARRO y REDONDO (1992: 258). Véase también: ALCHOURRÓN y
BULIGIN (1991: 309).

15
En la misma línea, es posible que ante dos casos muy similares un
juez declare fundada una demanda y otro declare infundada otra demanda
incluso idéntica a la primera; pero eso no quiere decir que cualquiera de
esas decisiones carece de necesidad lógica. Existirá dicha necesidad si se
respetan las reglas del razonamiento deductivo, pero ello no descarta
decisiones contradictorias si se parten de premisas distintas31. La
explicación se halla en que los problemas relativos a la justificación externa
requieren para su solución de argumentos “a favor de” o de argumentos “en
contra de”; y esta relación difiere de la relación lógica en función del peso o
relevancia del argumento, en el sentido que A puede ser un argumento a
favor de B y A ser verdadero (o, en general, válido) sin que por ello pueda
estar asegurada la verdad (o la validez) de B; por ejemplo, porque C es un
argumento en contra de B y tiene mayor peso que A 32. Como apuntan
MORESO, NAVARRO y REDONDO 33: “Una diferencia importante entre
justificación interna y externa es la siguiente: la elección de las premisas de
una inferencia (I) es el resultado de un proceso de deliberación y
argumentación que se desarrolla conforme a criterios diferentes a los
proporcionados por la lógica deductiva. Por el contrario, la justificación de la
conclusión de una inferencia (I) depende de la validez lógica de (I)”.

Por tanto, una cosa es la corrección lógica de una inferencia judicial y


otra es la solidez o corrección material de sus premisas. La primera por sí
sola no basta, pues de nada sirve una decisión lógicamente impecable, pero
carente de justificación material, como sería –por ejemplo- aquélla alejada
de la realidad de los hechos o sin sustento probatorio. A su vez, tampoco
sirve una decisión cuyas premisas se encuentran justificadas, pero que no
ha sido fruto de una inferencia lógicamente válida o, en general, que
presente una estructura defectuosa.

31
Cfr. ATIENZA (1997: 163).
32
ATIENZA (1990: 47).
33
MORESO, NAVARRO y REDONDO (1992: 258).

16
La justificación externa se caracteriza por resolver problemas
prácticos. En el último ejemplo, podemos imaginar que las situaciones
problemáticas podrían referirse a diversas cuestiones. Así podría ofrecer
dudas: (i) La validez del enunciado general “Todo aquel que comete
adulterio debe ser castigado con pena privativa de la libertad de N a N1
años”; (ii) La determinación del hecho que “Primus ha cometido adulterio”;
(iii) Si dicho enunciado general es pertinente para el referido enunciado
particular; y, (iv) El sentido en que debe entenderse el enunciado general.

En un proceso judicial pueden presentarse las mismas dificultades. En


este sentido, podría discutirse: (i) La norma aplicable al caso x; (ii) Si el caso
x en realidad tuvo lugar; (iii) Si x es un supuesto de la norma X/YO; y, (iv) De
qué manera deben entenderse los términos de la norma X/YO. Estamos acá
frente a cuatro tipos de problemas: de relevancia, prueba calificación e
interpretación34. No abordaré acá el tratamiento de cada uno de estos
problemas ni de los criterios de solución que para ellos prevé el sistema
jurídico35, pero sí me interesa resaltar que las cuestiones que dichos
problemas involucran deben ser identificadas inmediatamente después de
saneado el proceso, en el entendido que el derecho a la motivación de las
resoluciones judiciales y, específicamente de las sentencias, exige precisar
cuáles son los problemas que presenta el caso, para que el juez se
pronuncie sobre ellos y los resuelva en su resolución, aplicando de manera
plausible los criterios de solución previstos por el sistema.

34
Esta clasificación corresponde a MACCORMICK (2006), pero coincide en gran
medida con el modelo de decisión judicial de WROBLESWKI (1992: 30 - 35). Este
modelo comprende las siguientes decisiones: (i) decisión de validez: que se refiere a
la juridicidad de la disposición aplicable al caso; (ii) decisión de interpretación; que
gira en torno al significado de la disposición prima facie aplicable; (iii) decisión de
evidencia; que se refiere a los hechos tenidos por probados; (iv) decisión de
subsunción: es la relativa a si los hechos probados entran o no en los supuestos que
contempla la norma aplicable; (v) decisión de consecuencias: las que deben seguir a
los hechos probados y calificados jurídicamente; (vi) decisión final: con la que se
cierra el caso; o sea la parte dispositiva de la sentencia. Ambas propuestas gozan de
amplia aceptación en la doctrina.
35
Para esto me remito a ZAVALETA (2009: 122 – 152).

17
La motivación de una sentencia no es un momento aislado del
proceso, sino que es la parte final de un proceso cognoscitivo que le sirve al
juez para que se informe de los detalles y circunstancias de los problemas
puestos a su conocimiento. Todo este proceso cognoscitivo no tiene otro fin
más que el de proveer al juez del material fáctico y jurídico que le permitirá
resolver los problemas que presenta el caso; de manera que son los
problemas, cuyas cuestiones integran los puntos controvertidos, los que
sirven de pauta o guía metodológica para resolver el caso. Esto explica por
qué los puntos controvertidos se fijan antes de la admisión de los medios
probatorios36, por qué los medios probatorios tienen por finalidad producir
certeza en el juez respecto de los puntos controvertidos37; y, por qué las
resoluciones deben contener lo que se decide u ordena respecto de todos
los puntos controvertidos38.

Esta concepción garantista conecta el deber de motivar las


resoluciones judiciales con el derecho de defensa de las partes; pues, de
nada serviría que ellas expongan los argumentos que sustentan su
respectiva posición y ofrezcan medios probatorios, si el juez los soslaya al

36
Código Procesal Civil.- Artículo 468.- Fijación de puntos controvertidos y saneamiento
probatorio
Expedido el auto de saneamiento procesal, las partes dentro del tercero día de
notificadas propondrán al Juez por escrito los puntos controvertidos. Vencido este
plazo con o sin la propuesta de las partes el Juez procederá a fijar los puntos
controvertidos y la declaración de admisión o rechazo, según sea el caso, de los
medios probatorios ofrecidos (…)”.
37
Código Procesal Civil.- Artículo 188.- Finalidad.-
Los medios probatorios tienen por finalidad acreditar los hechos expuestos por las
partes, producir certeza en el Juez respecto de los puntos controvertidos y
fundamentar sus decisiones.
38
Código Procesal Civil.- Artículo 122.- Contenido y suscripción de las resoluciones.-
Las resoluciones contienen:
(…)
4. La expresión clara y precisa de lo que se decide u ordena, respecto de todos los
puntos controvertidos. Si el Juez denegase una petición por falta de algún requisito o
por una cita errónea de la norma aplicable a su criterio, deberá en forma expresa
indicar el requisito faltante y la norma correspondiente
(…)
“La resolución que no cumpla con los requisitos antes señalados será nula (…)”

18
momento de resolver39. La justificación, por ello, debe ser correlativa a los
hechos materia de la controversia y al derecho de defensa que corresponde
a las partes del proceso; por lo que, al igual como ocurre con la
argumentación en general, no se satisface con una mera reiteración o fraseo
de las conclusiones del juzgador, sino con la justificación de las premisas de
su razonamiento.

III. Patologías del derecho a la motivación de las resoluciones


judiciales.

En este apartado presento el cuadro de patologías que pueden


afectar el derecho a la motivación de las resoluciones judiciales, las cuales si
no son subsanadas en el proceso, pueden propiciar el control constitucional
cuando sea solicitado por la parte afectada.

1. Falta de motivación.

La falta total de motivación como característica estructural del fallo, en


palabras de DE LA RÚA40, es casi impensable, pero nosotros -por increíble
que parezca- hemos encontrado las siguientes manifestaciones de este
defecto:

1.1. El caso de las resoluciones inimpugnables.

No todas las resoluciones expedidas por el juez pueden ser


impugnadas. Nuestro ordenamiento procesal civil establece barreras de
inimpugnabilidad a determinadas resoluciones que deciden de manera
definitiva un aspecto procedimental, evitando que la discusión se extienda a
aspectos de forma, generalmente no gravitantes para la solución del
conflicto, lo cual tiende a resguardar el derecho a un proceso sin dilaciones

39
“Desde la primera actuación probatoria hasta la última, las partes buscan sólo un
objetivo: persuadir y convencer al Juez que tienen la razón; de allí que el derecho de
defensa sería un derecho estéril e ineficaz si se le permite a las partes amplia libertad
para probar y alegar, pero finalmente no se les reconoce el derecho pleno: que sus
alegaciones y pruebas se desarrollen y discutan, ya sea para aceptarlas o rechazarlas
en la sentencia” (CASTILLO, 2007: 110).
40
DE LA RÚA (1991: 147).

19
indebidas. Pero, esta limitación no es automática; requiere de la
fundamentación de lo decidido, en caso contrario, ni la decisión será
definitiva, ni podrá alegarse impedimento legal alguno para apelarla 41.

Varias de las normas que establecen barreras de inimpugnabilidad


exigen que las resoluciones se encuentren motivadas42. Sin embargo,
muchas veces los jueces no las motivan, pese a lo cual no conceden medio
impugnatorio alguno contra ellas, amparándose, paradójicamente en la
misma norma que ellos han vulnerado.

El requisito sine qua nom para que una resolución sea inimpugnable
es que esté motivada. No es posible solapar la ausencia de motivación
detrás de una norma que establece una barrera de inimpugnabilidad. Esto se
vincula con los fines de la motivación de dar a conocer a las partes y a la
comunidad en su conjunto las razones del fallo. En el presente caso no para
que estas lo impugnen y el superior controle la argumentación del inferior,
sino para exteriorizar las razones que impulsaron al juzgador a decidir en la
forma que lo hizo.

1.2. El caso de los autos con forma de decreto.

Un vicio que lamentablemente ya no es tan raro, consiste en que el


juez resuelva pedidos concretos de las partes, que no son de impulso
procesal, bajo la forma de decretos. No son extrañas las resoluciones que
frente a tales pedidos resuelven en una línea: “pídase en su oportunidad”,
“pídase con mayor estudio de los autos”, etc. Estos vicios se presentan
respecto de aquellas resoluciones para las que nuestro ordenamiento
procesal no exige expresamente la expedición de un auto y que caen dentro
de la fórmula abierta “las demás decisiones que requieran motivación para
su pronunciamiento”43.

41
Cfr. ZAVALETA (2006: 457 – 459).
42
Véanse los siguientes artículos del Código Procesal Civil: 194º, 217º, 301º, 369º,
449º, 477º, 549º; y, 808º.
43
Código Procesal Civil.- Artículo 121.- Decretos, autos y sentencias.-
“(…)

20
Algunos jueces interpretan esta disposición como si les atribuyera
cierta discrecionalidad; de manera que si el acto procesal objeto de la
resolución no está contemplado dentro del catálogo de resoluciones para las
que se requiere un auto; y, a criterio del juez, su decisión no requiere de
motivación, él expide una resolución bajo la forma de un decreto. Para
colmo, cuando la parte agraviada apela la resolución, el juez declara
improcedente el recurso, porque para cuestionar los decretos el medio
impugnatorio adecuado es la reposición

Esta interpretación, desde luego, es absurda. Una interpretación


conforme a la Constitución exige que todo pedido de las partes, cuyo objeto
no consista en impulsar el desarrollo del proceso, sea resuelto mediante un
auto debidamente motivado, pues el tipo de resolución que corresponde
expedir en función de los actos procesales de las partes no depende del
criterio discrecional del juez, sino de la naturaleza de lo que se pide. De esto
se sigue que la ausencia de motivación, evidentemente, no convierte a los
autos en decretos, por lo que el juez no puede sustentarse en el
incumplimiento de su deber de motivar las resoluciones judiciales, ni
fundamentarse en su propio dolo o negligencia, para seguir afectando el
derecho al debido proceso de la parte agraviada, negándole el acceso al
recurso.

2. Motivación defectuosa.

Como hemos visto, uno de los requisitos indispensables de toda


sentencia es que la misma cuente con una justificación fáctica y jurídica que
la haga plausible. El deber judicial de argumentar surge a partir de un
problema con relevancia jurídica que necesita ser resuelto. Es decir, entre el
problema a resolver y la decisión está la argumentación como forma de

Mediante los autos el Juez resuelve la admisibilidad o el rechazo de la demanda o de


la reconvención, el saneamiento, interrupción, conclusión y las formas de conclusión
especial del proceso; el concesorio o denegatorio de los medios impugnatorios, la
admisión, improcedencia o modificación de medidas cautelares y las demás
decisiones que requieran motivación para su pronunciamiento”.
(…)”

21
justificación de la decisión, y legitimación del ejercicio del poder
jurisdiccional.

Si revisamos la estructura o las partes de la sentencia (expositiva,


considerativa y decisoria), veremos que ellas coinciden con este esquema
(problema, argumentación y decisión), el cual nos sirve para controlar su
“justificación interna”; o sea, los defectos que la sentencia pueda tener en su
estructura. Este tipo de defectos no atañen al contenido o la solidez de las
premisas del razonamiento, sino a la relación entre ellas. Según mi particular
criterio, estos defectos pueden ser clasificados de la siguiente manera:

2.1. Defectos entre el problema y la argumentación: Elusión de la


cuestión.

La motivación supone, en principio, la comprensión del caso


propuesto en los términos en que ha sido expuesto por las partes. Cuando el
caso no es comprendido por el juez y él trastoca o soslaya el thema
decidendum, se producen esta clase de defectos que –en términos lógicos-
dan lugar a la falacia de elusión de la cuestión 44. La argumentación incluso
puede guardar coherencia con la decisión, pero no se pronuncia sobre la
cuestión controvertida, aunque lo haga sobre el petitorio demandado. Como
destaca el Tribunal Constitucional: “sin una exhaustiva comprensión de los
hechos de un caso, es improbable que cualquier motivación jurídica sea
suficiente o satisfactoria como respuesta al justiciable”45.

44
En el Diccionario de la Lógica de DE GORTARI (1988: 237) se incluye la siguiente
definición: “Ignoratio elenchi. Sofisma de la ignorancia del argumento. Se produce
cuando no se define lo que es la prueba o refutación y se deja escapar algo en su
definición. || Falacia consistente en referirse a otra cosa distinta a la que está en
cuestión. || Falacia informal de impertinencia, en la cual se intenta argumentar a cerca
de una conclusión, pero lo que se consigue es argumentar sobre otra distinta”. Por su
parte, MANS (1978: 213) afirma: “Ignorancia o mutación de la cuestión (ignoratio
elenchi o mutatio elenchi), es el sofisma que se comente cuando se argumenta de
modo impertinente, es decir, cuando se desconoce o altera el verdadero significado
de la cuestión, ora defendiendo lo que no se ha de probar, ora rebatiendo lo que el
adversario no ha sostenido”. Para un mayor desarrollo de esta falacia me remito a:
ZAVALETA (2009: 147 – 149).

45
STC N° 1744-2005-PA.

22
“En una conocida sentencia del Tribunal Constitucional español –nos
cuenta GARCÍA AMADO- se ventilaba un recurso de amparo de un
ciudadano al que se había impuesto una sanción administrativa por los
ruidos producidos en el local público que regentaba. La base del recurso era
la posible ilegalidad de la sanción, alegando que se fundaba en un
reglamento carente de respaldo legal, lo cual contradiría (sic) el principio de
legalidad que en materia sancionadora consagra el art. 25.1 de la
Constitución española. El Tribunal no otorga el amparo y da la razón a la
Administración, pero la parte mayor y esencial de su argumentación versa
sobre el atentado que el ruido supone a ciertos derechos fundamentales de
los ciudadanos, como el derecho a la salud y el derecho a la intimidad. Son
valoraciones muy ciertas y loables, pero no pertinentes ahí, pues no era ése
el derecho objeto del amparo, sino el derecho de todo ciudadano a no ser
sancionado en aplicación de reglamentos administrativos sin fundamento
legal. No había recurrido un ciudadano que se sentía dañado por el ruido del
local, sino el dueño del local, que entendía que la Administración había
violado su derecho a no ser sancionado sin base legal. Los argumentos
pertinentes sobre ese asunto eran en la sentencia escasos y
extraordinariamente endebles, pero fue celebrada como un triunfo del
derecho fundamental de los ciudadanos a no ser molestados o perjudicados
por los ruidos. Más de eso no se trataba el caso”46.

2.2. Defectos en la argumentación: Contradicción de premisas.

Ocurren cuando la argumentación judicial contiene premisas


contradictorias, las cuales, por tanto, se excluyen mutuamente. Estamos
frente a casos de vulneración al principio lógico de no contradicción que
impiden una inferencia válida, pues de lo contradictorio es posible deducir lo
que se quiera47. El Tribunal Constitucional identifica esta clase de defectos
bajo la categoría de “incoherencia narrativa”48.

46
GARCÍA AMADO (2010: 173 – 174).
47
Sobre el principio lógico de no contradicción me remito a: ZAVALETA (2006: 472 –
475).

23
Son ejemplos de esta clase de defectos: la afirmación simultánea de
un hecho como existente y no existente; la afirmación de un hecho como
probado y no probado; la atribución de una consecuencia prevista en una
norma jurídica respecto de la cual se afirma, al mismo tiempo, que no resulta
aplicable, etc.

2.3. Defectos entre la argumentación y el fallo: Conclusión imposible.

Se producen cuando la decisión no se sigue, infiere o deriva de las


premisas o razones que el juez esgrime como fundamentos de su decisión;
de manera que el razonamiento no presenta una deducción lógicamente
válida49. La justificación interna implica necesariamente la consistencia
(ausencia de contradicción) entre la decisión final del juez y sus premisas50.
Un razonamiento judicial inconsistente es sinónimo de arbitrario.

Nuestro Tribunal Constitucional sobre el particular señala: “La


coherencia interna o justificación lógico racional constituye un test mínimo en
el control de la validez del razonamiento de los jueces y está en directa
relación con la debida motivación de las resoluciones judiciales. Mediante el
análisis de la justificación interna en el razonamiento, el Juez Constitucional
determina si el resultado del razonamiento utilizado por el juez ordinario se
desprende efectivamente de las propias premisas establecidas en la
resolución” 51.

Esta reflexión la hace apropósito de un proceso de amparo contra


resoluciones judiciales, iniciado por el Ministerio de la Producción contra el
Juzgado Mixto de Huarmey, en el que declaró fundada la demanda de
amparo sobre la base de la falta de coherencia interna de la resolución
cuestionada. El caso era el siguiente:

48
Véanse las STC N° 03943-2006-PA; y, N° 00728-2008-PHC.
49
La STC N° 654-2007-AA anula una resolución judicial con este tipo de defectos.
50
Cfr. COMANDUCCI (2004: 72).
51
STC N° 654-2007-AA, F.J. N° 26.

24
Raúl Zavala Paredes, sucedido en el curso del proceso por Juan M.
Manrique Miranda, demandó a Pesquera Argos S.A. a efectos de que dicha
empresa le extienda Escritura Pública de Cesión de Derechos de Pesca,
cuyo contrato fue celebrado en mayo de 1973. Como pretensión accesoria
solicitó que -en ejecución de sentencia- se oficie al Ministerio de la
Producción, a fin de que emita el acto administrativo de permiso de pesca, o
se expida autorización de incremento de flota correspondiente por capacidad
equivalente a la embarcación pesquera P.Q. 17, de matrícula PS-8850,
ahora denominada “Plebeyo” con matrícula CE-2023-PM.

Pesquera Argos S.A. no contestó la demanda, por lo que –en su


rebeldía- el Juzgado Mixto de Huarmey declaró fundada la demanda
disponiendo: (i) que la empresa emplazada cumpla con extender la referida
Escritura Pública de Cesión de Derechos a favor del demandante; y, (ii) que
la autoridad administrativa correspondiente “restituya y/o reconozca el
permiso de pesca para la extracción de especies hidrobiológicas a favor del
adquirente; así como todo derecho administrativo, otorgando las
autorizaciones de incremento de flota y permiso de pesca, por capacidad
equivalente a la embarcación pesquera P. Q. 17, Matrícula PS-8850,
actualmente llamada Plebeyo, con matrícula CE-2023-PM” (350 toneladas).

La sentencia no fue apelada, por lo que el juzgado la declaró


consentida y, en ejecución de sentencia, otorgó la Escritura Pública de
Cesión de Derechos a favor del demandante, en rebeldía de Pesquera Argos
S.A.; y, ofició a la Dirección Nacional de Extracción y Procesamiento
Pesquero del Ministerio de la Producción para que cumpla con el segundo
extremo de su decisión, bajo apercibimiento de denuncia por el delito de
desobediencia y resistencia a la autoridad y de responsabilidad, civil o
administrativa que pueda suceder.

El Juzgado Mixto de Huarmey justificó su decisión en las siguientes


premisas:

a. “(...) el permiso de pesca representa la facultad otorgada al


armador para que pueda emplear embarcaciones en la

25
extracción de recursos hidrobiológicos y era otorgado por el
Ministerio de Pesquería a plazo indeterminado”. El Juzgado
invoca como apoyo una norma vigente al momento de la
celebración del contrato de cesión de derechos (1973).
Además, precisa que actualmente el Decreto Ley N° 25977
también concede a dicho Ministerio la potestad de la emisión
de tales permisos.

b. “(...) no existe prohibición alguna para ceder el derecho


administrativo, por lo que existe el principio constitucional de lo
no prohibido está permitido”.

c. La cesión del derecho de pesca se produjo en el marco del


artículo 1208° del Código Civil52 y estaría además amparado
en el artículo 70° de la Constitución53 (fundamento sexto).

d. Sobre la base de las normas antes acotadas, el Juzgado


concluye que “(…) procede que la autoridad administrativa
restituya y/o reconozca el permiso de pesca para la extracción
de especies hidrobiológicas a favor del adquirente”
(fundamento sexto).

e. En seguida (en el fundamento séptimo), pone de manifiesto


que la embarcación tiene otra denominación, otros propietarios
y también que la titularidad del derecho de pesca es de
terceras personas.

52
Código Civil.- Artículo 1208°.- Pueden cederse derechos que sean materia de
controversia judicial, arbitral o administrativa.
53
Constitución.- Artículo 70°.- El derecho de propiedad es inviolable. El Estado lo
garantiza. Se ejerce en armonía con el bien común y dentro de los límites de ley. A
nadie puede privarse de su propiedad sino, exclusivamente, por causa de seguridad
nacional o necesidad pública, declarada por ley, y previo pago en efectivo de
indemnización justipreciada que incluya compensación por el eventual perjuicio. Hay
acción ante el Poder Judicial para contestar el valor de la propiedad que el Estado
haya señalado en el procedimiento expropiatorio.

26
f. A partir de esta constatación fáctica, el Juzgado, citando el
artículo 34° del Decreto Supremo N.º 012-2001 (el actual
reglamento de la Ley General de Pesca), establece que “el
permiso de pesca es indesligable de la embarcación a la que
corresponde y que la transferencia de la propiedad de la
embarcación pesquera durante la vigencia del permiso de
pesca conlleva la transferencia de dicho permiso”.

g. Luego, señala expresamente que “(…) es de presumir que el


actual titular de la embarcación también ha asumido la
titularidad del derecho administrativo”.

h. Sobre la base de estas premisas concluye que “por seguridad


jurídica del tercero”, “la autoridad administrativa al expedir el
acto administrativo no debe perjudicar ni afectar los derechos
del tercero”. De este modo, ordena ya no solo la concesión del
derecho administrativo, sino también la autorización para la
construcción de una nueva embarcación, sobre la que ha de
recaer el respectivo permiso de pesca.

Al margen de la falta de solidez de las premisas del razonamiento


judicial54, las conclusiones que se extraen a partir de ellas son arbitrarias y
carecen de todo sustento lógico y jurídico. Y es que, incorporadas las
premisas e), f) y g) en el razonamiento de la juez, la magistrada debió
concluir que el demandante carecía del derecho administrativo para que se
le otorgue permiso de pesca, el cual es indesligable de la embarcación. La
magistrada, sin embargo, soslayando que ella misma había presumido que
el actual dueño de la embarcación tenía la titularidad del derecho
administrativo (premisa g), afirmó –contradictoriamente- que el demandante
también tenía el supuesto derecho administrativo (premisa d), para concluir
“ligando” este derecho a una embarcación que ni siquiera existía, por lo que

54
Para mayores alcances, véase la STC N° 654-2007-AA, F.J. N° 27.

27
ordenó que el Ministerio de la Producción también autorice su construcción.
¡Una barbaridad!

2.4. Defectos entre el problema y el fallo: Incongruencia.

Enfocado el problema no como un segmento de la sentencia, sino


como una parte dentro del proceso para llegar a delimitarlo, tenemos que el
juez a ese efecto toma en cuenta las posiciones de ambas partes, sin perder
de vista las pretensiones demandadas. Cuando el juez concede algo distinto
a lo pedido (extra petita), se excede en lo pedido (ultra petita), omite decidir
sobre algo pedido (citra petita), o trae al proceso hechos no alegados por las
partes (incongruencia fáctica), puede afirmarse que no resolvió
adecuadamente el problema planteado y ha incurrido en defectos que
afectan el principio de congruencia de las resoluciones judiciales;
manifestación procesal del principio lógico de identidad55.

3. Motivación aparente.

La motivación de una sentencia es, por naturaleza, una actividad


argumentativa y, como tal, presupone un problema. Es el problema el que
suscita la necesidad de argumentar; dirigida -en el caso del juez- a justificar
su decisión. La argumentación busca dar respuesta a una determinada
cuestión, de forma tal que siempre podemos preguntarnos: ¿a qué cuestión
trata de contestar el argumento? Esto –como lo resalta ATIENZA56- ocurre
hasta en los supuestos más banales, como en el ejemplo escolar: “todos los
hombre son mortales; Sócrates es un hombre; por lo tanto, Sócrates es
mortal”. “Lo que da sentido a la concatenación de esos enunciados –nos
dice el citado filósofo- es que ofrecen una respuesta a la pregunta que
alguien puede haberse formulado (no importa si en serio o no) sobre si
Sócrates es mortal”. En pocas palabras, la relación entre argumentación y

55
Sobre el principió lógico de identidad y el principio procesal de congruencia me remito
a: ZAVALETA (2006: 482- 517).
56
ATIENZA (2007: 74 – 75).

28
problema es de mutua implicación: sin problema no es necesario
argumentar; y, si argumentamos es para resolver un problema.

En el campo procesal lo dicho explica por qué se exige que las


resoluciones contengan la expresión clara y precisa de lo que se decide u
ordena, respecto de todos los puntos controvertidos (artículo 122°, inciso, 4
del Código Procesal Civil). Pero, lo más importante de esa relación es que
nos permite identificar los casos de motivaciones aparentes. Si nos
preguntamos: ¿a qué cuestión trata de contestar determinado argumento
judicial?; y la respuesta que obtenemos no se refiere a un punto pertinente,
específico y relevante de la controversia; y, por el contrario, es vaga,
inespecífica o meramente dogmática, entonces, la motivación es aparente.
Desde luego, el argumento que propicia la pregunta tiene que ser central, y
no uno complementario o a mayor abundamiento.

Las resoluciones afectadas por esta clase de error se caracterizan


porque disfrazan o esconden la realidad a través de cosas que no
ocurrieron, pruebas que no se aportaron o fórmulas vacías de contenido que
no se condicen con el proceso y que, finalmente, nada significan por su
ambigüedad o vacuidad. Son casos típicos de esta clase de vicio, las
resoluciones que solo se limitan a describir los hechos alegados por las
partes, sin analizarlos ni vincularlos con prueba alguna57; las que no valoran
los medios probatorios esenciales para resolver la controversia, sino que
efectúan una vaga alusión a todas las pruebas aportadas al proceso, sin
especificar el valor otorgado a los medios probatorios que han motivado su
decisión58; las que de manera aseverativa expresan que un hecho se

57
“… la motivación de la sentencia es una garantía constitucional, que posee todo
justiciable y que le permite tener pleno y absoluto conocimiento de las razones que
justifican la decisión adoptada por los magistrados. En el caso de autos, la sentencia
de vista confirma la apelada, pero en sus considerandos, no expresan las razones
fácticas por las que confirma la sentencia del A Quo sino que se limita a describir dos
hechos del proceso, los cuales no analiza (CAS. Nº 2624-2001. SICUANI. En: Diario
Oficial El Peruano, Lima, 02 de mayo del año 2002, p. 8662).
58
“En la sentencia de mérito se ha establecido de manera genérica que analizadas
todas las pruebas aportadas por la demandante no acreditan que la gestante en este
caso haya tenido la relación sexual durante la época de la concepción que contradiga
o enerve lo sostenido por el demandado; que siendo ello así, no se advierte que el
Colegiado haya cumplido con señalar de manera clara y precisa el valor otorgado a

29
encuentra acreditado sin apoyarse en ningún medio probatorio 59, las que de
manera genérica indican que se han cumplido todos los requisitos para
encuadrar el caso sub judice dentro del supuesto de una norma jurídica, sin
embargo, no contienen los fundamentos fácticos y jurídicos que conlleven a
esa conclusión, luego de un análisis de los medios probatorios60; entre
otras..

los medios probatorios esenciales que han motivado su decisión; omisión que
contraviene el derecho al debido proceso” (CAS. Nº 1814-2001. HUÁNUCO. En:
Diario Oficial El Peruano, Lima, 01 de abril de 2002, p. 8507).
59
“Que en el caso submateria la Sala de revisión ha fundamentado su decisión de
desestimar la demanda señalando que la empresa demandada cumplió con reintegrar
el total de sus aportes al padre del actor y además cumplió con pagarle por concepto
de reserva de cooperativa; sin embargo, para fundamentar esa decisión no ha hecho
referencia a algún medio probatorio que acredite esa situación fáctica, solamente ha
cumplido con señalar de manera genérica que cumplió con reintegrar los pagos por
concepto de aportaciones y reserva cooperativa. Tercero.- Que, esa manera de
fundamentar las resoluciones judiciales encierra una motivación aparente, pues de
manera aseverativa se expresa que un hecho está probado, sin que aquel se
encuentre corroborado por medios probatorios; lo cual constituye también una forma
de infracción al principio de motivación de las resoluciones judiciales que se
encuentra consagrado en los artículos ciento treintinueve, inciso quinto de la
Constitución Política del Perú y ciento veintidós, inciso tercero del Código Procesal
Civil (CAS. N° 1071-2000. LAMBAYEQUE. En: Diario Oficial El Peruano, Lima, 02 de
enero de 2001, p. 6688).

“Quinto.- Que de las consideraciones esgrimidas en la resolución recurrida se advierte


que estas se refieren a la nulidad del acto jurídico de la compra venta realizada por la
parte demandada, fijado como segundo punto controvertido. Asimismo, de los
fundamentos de la sentencia de primera instancia, los cuales reproduce la Sala
Superior, en su quinto considerando señala que la adquisición efectuada por los
demandantes fue de buena fe y por consiguiente, la adquisición fue legítima, premisa
a partir de la cual establece luego la calidad de legítimos propietarios de los actores.
Sexto.- Que sin embargo, las instancias de mérito no explican las razones por las
cuales se determina la buena fe de los demandantes o la ausencia de ella en la
adquisición realizada por los demandados, para desde dicha premisa y mediante un
razonamiento lógico-jurídico determinar el mejor derecho peticionado, tanto más si
obran en autos pruebas aportadas por ambas partes para determinar tal
circunstancia” (CAS. N° 1051-2001-CALLAO. En: Diario Oficial El Peruano, Lima, 30
de abril de 2003, p. 10417).
60
“Que, como se observa la sentencia de vista que no reprodujo los fundamentos de la
apelada contiene una motivación aparente, por cuanto si bien señala que se ha
cumplido con los requisitos para adquirir la propiedad por prescripción, no contiene los
fundamentos fácticos y jurídicos que conlleven a esa conclusión luego de un debido
análisis de los medios probatorios; por lo que siendo así se ha infringido el principio
de la motivación de las resoluciones judiciales consagrado en el inciso quinto del
artículo ciento treintinueve de la Constitución Política del Estado y el artículo doce de
la Ley Orgánica del Poder Judicial; incurriéndose en causal de nulidad a tenor de lo
previsto en el inciso tercero del artículo ciento veintidós del Código Procesal Civil,
modificado por la Ley Número veintisiete mil quinientos cuarenticuatro” (CAS. Nº

30
4. Motivación insuficiente

La motivación suficiente implica aportar razones fácticas y jurídicas


necesarias para justificar apropiadamente la decisión. El juez incurre en una
motivación insuficiente cuando no justifica las premisas que no son
aceptadas por las partes, por ejemplo, cuando no dilucida el problema de
interpretación61, o cuando explícitamente no esgrime razones que
fundamenten sí y sólo sí su decisión, refutando o descartando cualquier otra
posición alternativa62.

Así, estamos frente a un caso de motivación insuficiente cuando de


las pruebas en las que el juez basa su conclusión sobre los hechos no solo

1229-2001- CALLAO. En: Diario Oficial El Peruano, Lima, 28 de febrero de 2003, p.


10251).

“Cuarto.- Que la sentencia declara fundada la demanda de indemnización de Daños y


Perjuicios pretendida por el demandante, sin embargo, en dicha sentencia no se
consignan los fundamentos pertinentes por los cuales ha sido declarada fundada
dicha pretensión, esto es, no ha sido expuesto ningún discernimiento respecto de la
existencia de la relación de causalidad adecuada entre el hecho y el daño producido,
más aún, si se tiene en cuenta que el co-demandado Fortunato Mendoza Llanos
alega haber solicitado la medida cautelar de embargo sobre el inmueble sub litis como
consecuencia de haber sido agraviado por el delito de Estafa por parte del co-
demandado Segundo Vidal Malca Guerrero; lo que en el recurso casatorio es
invocado como causal de irresponsabilidad al existir el ejercicio regular de un
derecho. Quinto.- Que en consecuencia, el Colegiado Superior al no cumplir con
consignar o especificar los argumentos fácticos ni jurídicos pertinentes que sustenten
su decisión respecto del extremo de la Indemnización, incurre en vicio procesal por
cuanto limita el derecho de defensa que tiene todo justiciable; transgrediéndose el
principio constitucional previsto en el inciso quinto del artículo ciento treintinueve de la
Constitución Política del Estado, el mismo que informa las normas procesales
previstas en el inciso sexto del artículo cincuenta y el inciso tercero del artículo ciento
veintidós del Código Procesal Civil, referidos al cumplimiento irrestricto de una debida
motivación de las decisiones jurisdiccionales contenidas en las resoluciones
judiciales”.
61
“La motivación debe ser suficiente: no es suficiente con que cada una de las de las
decisiones parciales que conducen a la decisión final estén justificadas, sino que es
preciso, además, que la motivación de cada una de ellas sea “suficiente”. Para
cumplir con esa exigencia no es suficiente con proporcionar un argumento que avale
la decisión adoptada, sino que (al menos en los casos de discrepancias) habrá que
dar adicionalmente razones que justifiquen por qué ese argumento es mejor o más
adecuado que otros potencialmente utilizables. Por ejemplo, ante una duda
interpretativa, no será suficiente justificar el significado adoptado por medio de una
argumentación sistemática, sino que deberían proporcionarse también razones que
motiven por qué ese modo de interpretación es más adecuado en ese caso que una
argumentación teleológica. (EZQUIAGA, 2006: 23 – 24).
62
Cfr. IGARTUA (2009: 32 – 33).

31
puede inferirse aquélla, sino también otras conclusiones. La sentencia
expedida en un proceso de indemnización por mala praxis médica, por
ejemplo, no gozaría de suficiente motivación si el Juez declara fundada la
demanda, basándose en una pericia que no excluye otras causas de muerte,
a parte de la imputada al galeno. Según jurisprudencia nacional, tampoco
estaría suficientemente fundamentada una sentencia que relaciona hechos
con medios probatorios absolutamente impertinentes, inconducentes o
inexistentes para acreditar las afirmaciones de los justiciables63.

Es importante destacar que la suficiencia de la motivación, como


concepto jurídico indeterminado, no debe ser apreciada apriorísticamente o
en abstracto, sino a la luz de las circunstancias concretas de cada caso.
Para este efecto, debe tenerse en cuenta que dicha suficiencia se mide por
la adquisición del conocimiento por las partes de la ratio decidendi del fallo.
La motivación suficiente no se identifica, por tanto, con una motivación
exhaustiva que de respuesta a todas las argumentaciones esgrimidas en el
proceso, así sean impertinentes o irrelevantes para la decisión tomada 64-
Tampoco excluye la posible economía de razonamientos ni que éstos sean
escuetos o sucintos65. Lo importante es que las razones expuestas por el

63
“En la sentencia recurrida no solo se ha incurrido en insuficiente motivación, sino
que lo más grave, es una valoración arbitraria de determinados medios probatorios,
sin contar para ello con criterios objetivos, lo cual ha conllevado a la vulneración del
derecho a un debido proceso, al habérseles otorgado, a los demandados, derechos
sin que los tengan frente al demandante, llegando al absurdo en la apreciación de la
prueba, al establecerse conclusiones en abierta contradicción con fehacientes
constancias de la causa” (CAS. Nº 2558-2001- PUNO. En: Diario Oficial El Peruano,
Lima, 01 de abril de 2002, p. 8580). Sobre la aplicación del principio lógico de razón
suficiente, recomendamos revisar las siguientes ejecutorias: CAS. Nº 1013-2002-
AREQUIPA. En: Diario Oficial El Peruano, Lima, 02 de febrero de 2004, p. 11398;
CAS. Nº 903-2002-PIURA. En: Diario Oficial El Peruano, Lima, 02 de febrero de 2004,
p. 11399.
64
“Nunca sería exigible el examen de todas las alegaciones jurídicas que las partes
puedan efectuar en el proceso, sino tan solo aquéllas que sean atinentes, necesarias
y suficientes para centrar y resolver la cuestión o cuestiones planteadas,
aceptándolas o no” (ATC 30/1984, de 18 de enero. En: CAROCCA PÉREZ, 1998:
341). En el mismo sentido: CHAMORRO BERNAL, 1994: 211; PICÓ I JUNOY, 1997:
p. 66.
65
El Tribunal Constitucional de España sobre el particular ha dicho: “… no es exigible
una agotadora explanación de los argumentos y razones y que según el caso, es
incluso admisible una fundamentación escueta, pero siempre que de esta aparezca
que la decisión judicial responda a una concreta interpretación y aplicación del

32
juez permitan conocer los criterios esenciales fundamentadotes de la
decisión; es decir, su ratio decidendi, a efectos de posibilitar la interposición
de los medios impugnatorios respectivos y el correspondiente control por
parte de los órganos judiciales superiores. La jurisprudencia constitucional
peruana también comparte esta posición66.

IV. La motivación de las resoluciones judiciales y sus patologías en


el caso concreto.

El caso jurídico implica la existencia de problemas prácticos; y, visto


desde la perspectiva del juez, no es sino la pregunta por el estatus normativo
jurídico de una cierta acción, actividad o estado de cosas dentro del

Derecho ajena a toda arbitrariedad” (STC 264/88, citada por: LÓPEZ BARJA DE
QUIROGA, 1992: 102). Véase también la STC 150/1988, del 15 de julio. En: SARAZA
JIMENA, 1994: 149; y, GONZÁLEZ PÉREZ, 1989: 190. “No puede afirmarse que la
parquedad o brevedad en los razonamientos implique falta de motivación, siempre
que de los considerandos se desprendan los presupuestos de hecho y que la decisión
responde a una correcta interpretación y aplicación de derecho, suministrando al
interesado y a los órganos de control de la legalidad las indicaciones suficientes para
determinar la corrección del fallo y la constatación, sobre todo, de que éste no
constituye una pura arbitrariedad. (GUASCH FERNÁNDEZ, 1998: 456). Al respecto,
además, puede revisarse: RAMOS MENDEZ, 1997: 102; GASCÓN ABELLÁN, 2004:
228; RODRÍGUEZ BOENTE, 2003: 247 – 248.
66
“La Constitución no garantiza una determinada extensión de la motivación, por lo que
su contenido esencial se respeta siempre que exista fundamentación jurídica,
congruencia entre lo pedido y lo resuelto y, por sí misma, exprese una suficiente
justificación de la decisión adoptada, aun si esta es breve o concisa, o se presenta el
supuesto de motivación por remisión.
Tampoco garantiza que, de manera pormenorizada, todas las alegaciones que las
partes puedan formular dentro del proceso sean objeto de un pronunciamiento
expreso y detallado (…)” (STC N° 1230-2002-HC/TC, F.J. N° 11).

“Como lo ha precisado este Colegiado en reiterada jurisprudencia, el derecho a la


motivación de las resoluciones judiciales no garantiza una determinada extensión de
la motivación, por lo que su contenido constitucional se respeta, prima facie, siempre
que exista: a) fundamentación jurídica, que no implica la sola mención de las normas
a aplicar al caso, sino la explicación y justificación de por qué tal caso se encuentra o
no dentro de los supuestos que contemplan tales normas; b) congruencia entre lo
pedido y lo resuelto, que implica la manifestación de los argumentos que expresarán
la conformidad entre los pronunciamientos del fallo y las pretensiones formuladas por
las partes; y c) que por sí misma exprese una suficiente justificación de la decisión
adoptada, aun si esta es breve o concisa, o se presenta el supuesto de motivación por
remisión” (STC N° 4348-2005-PA/TC, de fecha 21 de julio de 2005, F.J. N° 2).

33
ordenamiento jurídico. “Por supuesto –dice LAPORTA67-, la pregunta puede
ser muy compleja, el estatus normativo que se da como respuesta incluir
muchos tipos de normas, y los hechos del caso ser múltiples e intrincados,
pero un caso tiene siempre dos componentes básicos: un estado de cosas
que se dan en el espacio-tiempo (actos, acciones, hechos brutos o
institucionales, eventos, conductas, situaciones, sucesos, etc.) y una
pregunta sobre si tal estado de cosas está prohibido o permitido, es
obligatorio, merece una sanción, es titular de poderes o de derechos, etc.
todo ello de acuerdo con un cierto orden jurídico”.

En el caso materia de comentario ya hemos visto que el estado de


cosas viene dado por la medida cautelar dictada respecto de los bienes que
le corresponderían a Angélica Chacón Lizarzaburu cuando se liquide su
sociedad de gananciales con Hilario Wilbert Pezo Patiño; es decir, se habría
inscrito un embargo en forma de inscripción sobre los derechos expectaticios
de Angélica Chacón Lizarzaburu en los bienes de dicha sociedad. Respecto
de ese estado de cosas la cuestión era si procedía dicho embargo. Las
reglas jurídicas para resolver esta cuestión estarían dadas por los artículos
307, 308 y 309 del Código Civil, sobre cuya aplicación las partes no
discrepan. El problema radicaba, entonces, en cómo se debían interpretarse
estas disposiciones (problema de interpretación), ya que en el proceso se
proponían significados disímiles que llevaban a resultados de igual
naturaleza.

En primera instancia se declaró fundada la demanda (en la ejecutoria


no aparecen las razones de ello). Sin embargo, la Sala Superior revocó esta
sentencia y declaró infundada la demanda, pues, a su criterio, en
interpretación contrario sensu del artículo 309 del Código Civil, es posible
embargar los bienes propios del cónyuge deudor, así como aquellos que le
corresponderían de la sociedad en liquidación.

67
LAPORTA (2007: 117 – 118).

34
Como hemos visto, en relación con la sentencia de segunda instancia,
el impugnante, Hilario Pezo Patiño sostiene que incurre en dos agravios: (i)
incongruencia interna; y, (ii) falta de motivación.

Sobre el primero, según la clasificación que hemos efectuado,


supuestamente estaríamos frente a una motivación defectuosa,
concretamente frente a un defecto en la argumentación como consecuencia
de la infracción al principio lógico de no contradicción (vicio relativo a la
estructura de la argumentación; es decir, a la justificación interna). Conforme
a este principio no se puede afirmar y negar, a la vez, un hecho de una
misma cosa o un mismo sujeto, pues los argumentos contradictorios se
excluyen unos con otros, siendo imposible sacar una conclusión válida de
ellos. El caso es que, como bien ha expuesto la Sala Suprema esta
contradicción no existe, ya que la afirmación “no procede embargar los
bienes sociales” está seguida por el conector lógico “sin embargo”, para
denotar un cambio en la afirmación, en el sentido que ello no obsta para que
sí proceda el embargo de aquellos bienes que le corresponderían al cónyuge
deudor en caso de liquidación de la sociedad. En relación con lo dicho por la
Sala Suprema, es pertinente indicar que la contradicción debe ser manifiesta
y no producto de interpretaciones o construcciones argumentativas por parte
de quien impugna la resolución.

En cuanto al segundo agravio, el impugnante señala que estaríamos


frente a una falta de motivación; sin embargo, siguiendo la clasificación de
las patologías antes referida, supuestamente estaríamos frente a una
motivación insuficiente, la cual alude a una falta de justificación externa. La
motivación insuficiente vendría dada por el hecho que existiendo un
problema de interpretación respecto de los artículos 307, 308 y 309 del
Código Civil (en especial el último), la Sala Superior no justifica por qué debe
preferirse su interpretación respecto de otras que también concurren para
solucionar el caso.

La ejecutoria no muestra cuáles serían los otras formas de


interpretación, más allá que haga referencia a otros métodos interpretativos

35
que pudieron utilizarse. Tampoco precisa sí existe jurisprudencia que avale
una interpretación distinta. Esto es sumamente importante, pues un
problema de interpretación se da como consecuencia de significados
disímiles respecto de una misma disposición. Pero esos significados no
pueden ser especulados ni mencionados en abstracto. Se debe indicar
concreta y precisamente cuál es el significado o la interpretación alternativa
a la que postulan otros argumentantes; en este caso la Sala Superior. Al
parecer esto no ocurre en este caso, por lo que no estaríamos frente a un
supuesto de motivación insuficiente. En todo caso, si realmente existiera una
interpretación alternativa y doctrina y jurisprudencia que la avale; y, no
obstante ello, se omitiera exponer los fundamentos por qué debe preferirse
un determinado tipo de interpretación en lugar de otra u otras, sí estaríamos
frente a una motivación insuficiente.

Por último, cabe señalar que el Acuerdo por mayoría del Pleno
Jurisdiccional Civil del 18 de noviembre de 1997 estima la admisibilidad del
embargo al tiempo de la vigencia de la sociedad de gananciales, pero
referenciada al "derecho o expectativa que tiene el cónyuge deudor
demandado en determinado bien social, el que solo podrá realizarse luego
de producida la liquidación de la sociedad de gananciales". Esta posición es
coherente con lo expuesto en la sentencia de vista materia de la casación.

36
BIBLIOGRAFÍA

1. AARNIO, Aulis. Lo racional como razonable Trad. Ernesto Garzón


Valdés, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1991.
2. ALCHOURRÓN, Carlos y BULYGIN, Eugenio. Análisis lógico y
derecho, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1991.
3. ALEXY, Robert. Teoría de la argumentación jurídica, Madrid, Centro de
Estudios Constitucionales, 1989.
4. ATIENZA, Manuel. Para una razonable definición de razonable. En:
Doxa N° 4 – 1987, Biblioteca virtual Miguel De Cervantes*.
5. ATIENZA, Manuel. Argumentación jurídica. En: AA. VV. El derecho y la
justicia. Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía, Madrid, Trotta,
edición de Ernesto Garzón Valdés y Francisco J. Laporta, 1996.
6. ATIENZA, Manuel. Las razones del derecho, Madrid, Centro de
Estudios Constitucionales, 2da. reimpresión, 1997.
7. ATIENZA, Manuel. El sentido del Derecho, Barcelona, Ariel, 2001 (a).
8. ATIENZA, Manuel, Cuestiones judiciales, México D.F., Fontamara,
2001 (b).
9. ATIENZA, Manuel. La justificación de las decisiones del jurado. En: La
Ley del Jurado: Problemas de aplicación. Estudios de derecho judicial,
Nº 45, Consejo General del Poder Judicial, Madrid, 2004.
10. ATIENZA, Manuel. El Derecho como argumentación, Barcelona, Ariel,
2da. Edic., 2007.
11. BERGHOLTZ, Gunnar. Ratio e auctoritas: Algunas reflexiones sobre la
significación de las decisiones razonadas. En: Doxa, Nº 8, 1990,
Biblioteca virtual Miguel De Cervantes*.

12. CAROCCA PÉREZ, Alex. Garantía constitucional de la defensa procesal,


Barcelona, J.M. Bosch, 1998.

13. DE ASIS ROIG, Rafael. Jueces y normas. La decisión judicial desde el


ordenamiento, Madrid, Marcial Pons, 1995.
14. DE ASIS ROIG, Rafael. Sobre el razonamiento judicial, Madrid, Mc
Graw Hill, 1998.
15. DE LA RÚA, Fernando. Teoría general del derecho, Buenos Aires,
Depalma, 1991.
16. CASTILLO ALVA, José Luis. El derecho de defensa y la motivación de
las decisiones judiciales. En: Ius doctrina y práctica, Nº 4, Lima, Grijley,
2007.
17. CHAMORRO BERNAL, Francisco. La tutela judicial efectiva, Barcelona, J.M.
Bosch, 1994.
18. COMANDUCCI, Paolo. Razonamiento jurídico, México D.F.,
Fontanamara, 2004.

37
19. DE GORTARI, Eli. Diccionario de la lógica, Madrid, Plaza y Valdez,
1988.

20. EZQUIAGA GANUZAS, Francisco Javier. La argumentación interpretativa en


la justicia electoral mexicana, México D.F., Tribunal Electoral del Poder
Judicial de la Federación, 2006.

21. FETERIS, Eveline T. Fundamentos de la argumentación jurídica Trad.


Alberto Supelano, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2007.

22. GASCÓN ABELLÁN, Marina. Los hechos en el derecho, Madrid, Marcial


Pons, 2da Edic, 2004.

23. GASCÓN ABELLÁN y GARCÍA FIGUEROA. La argumentación en el


derecho, Lima, Palestra, 2da Edic., 2005.
24. GHIRARDI, Olsen A. Modalidades del razonamiento judicial. En:
AA.VV. El razonamiento judicial, Córdova, Academia Nacional de
Derecho y Ciencias Sociales de Córdova - Instituto de Filosofía del
Derecho, 2001.

25. GONZÁLEZ PÉREZ; Jesús. El derecho a la tutela jurisdiccional, Madrid,


Civitas, 2da. Edic., 1989.

26. GUASCH FERNÁNDEZ, Sergi. El hecho y el derecho en la casación civil,


Barcelona, J.M. Bosch, 1998.

27. IGARTUA SALAVERRIA, Juan. La motivación de las sentencias,


imperativo constitucional, Madrid, Centro de Estudios Políticos y
Constitucionales, 2003.
28. IGARTUA SALAVERRIA, Juan. El razonamiento en las resoluciones
judiciales, Lima, Palestra, 2009.
29. ITURRALDE SESMA, Victoria. Aplicación del derecho y justificación de
la decisión judicial. Valencia, Tirant lo Blanch, 2003.
30. LAPORTA, Francisco J. El imperio de la ley. Una visión actual, Madrid,
Trotta, 2007.

31. LÓPEZ BARJA DE QUIROGA, Jacobo. La motivación de las sentencias. En:


Cuadernos de Derecho Judicial. La sentencia penal, Madrid, Consejo General
del Poder Judicial, 1992.

32. MAcCORMICK, Neil. Argumentação jurídica e teoria do direito, (en


inglés publicada bajo el título: Legal reasonning and legal theory), [Trad.
Waldéa Barcellos], Sao Paulo, Martins Fontens, 2006.
33. MANS PUIGARNAU, Jaime M. Lógica para juristas, Barcelona, Bosch,
1978.
34. MORESO, NAVARRO y REDONDO. Argumentación jurídica, lógica y
decisión judicial. En: Doxa N° 8 – 1990, Biblioteca virtual Miguel De
Cervantes*.

38
35. MORESO I MATEOS, Josep Joan. Lógica, argumentación e
interpretación en el derecho, Barcelona, Editorial UOC, 2005.
36. NIETO, Alejandro. El arbitrio judicial, Barcelona, Ariel, 1ra. Edic., 2da.
Reimpresión, 2007.

37. PICÓ I JUNOY, Joan. Las garantías constitucionales del proceso, Barcelona,
J.M. Bosch, 1997.

38. RAMOS MENDEZ, Francisco. El sistema procesal español, Barcelona, J.M.


Bosch, 1997.

39. RODRÍGUEZ BOENTE, Sonia. La justificación de las decisiones


judiciales, Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de
Compostela, 2003.

40. SARAZA JIMENA, Rafael. Doctrina constitucional aplicable en materia civil y


procesal civil, Madrid, Civitas, 1994.

41. TARUFFO, Michele. La motivación de la sentencia civil Trad. Lorenzo


Córdova Vianello, México D.F., Tribunal Electoral del Poder Judicial de
la Federación, 2006.
42. WRÓBLEWSKI, Jerzy. The judicial application of law, Kluwer,
Dordrecht- Boston – London, 1992.
43. ZAVALETA RODRÍGUEZ, Róger y otros. Razonamiento Judicial:
Introducción, Argumentación y Motivación de las Resoluciones
Judiciales, Lima y México D.F., ARA y Ubijus, 2da. Edic., 2006.
44. ZAVALETA RODRÍGUEZ, Roger. Argumentación jurídica y motivación
de las resoluciones judiciales. En: Revista Peruana de Derecho
Procesal, N° XI, Lima, Communitas, 2008.
45. ZAVALETA RODRÍGUEZ, Roger. Los puntos controvertidos como
pauta o guía metodológica para la praxis jurisdiccional. En: Athina, N°
8, Lima, Universidad de Lima, 2009.

39

También podría gustarte