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Osvaldo Lamborghini y Nestor Perlongher.

Política y
literatura. Grandeza y decadencia del imperio
Nicolás Rosa

Que después que Vuestra Alteza metisse debaxo de su iugo pueblos bárbaros y naciones de
peregrinas lenguas ... con el vencimiento aquellos terminan necesidad de recebir las leies que el
vencedor pone al vencido y con ellas nuestra lengua. (1)

La lengua de plata

La relación entre la nacionalidad y la internacionalidad pasa por un contacto de lenguas y, por ende,
por el fenómeno de la traducción en sus formas de transliteración, transcripción y reformulación de
"lenguas" y "estilos". La traducción en todas sus variantes, interlingüísticas, intersemiótica y cultural, de
significante a significante, de signo a signo, de las relaciones intersígnicas, de universo de discurso a
universo de discurso, es uno de los hechos que marcan la política de las traducciones pero también la
política discursiva dentro de una semiosis comparativa. Traducir a Marx, a Freud, a Bajtín, a Barthes, a
Adorno, y en particular en el campo de las "lenguas literarias": los escritores de una lengua (Proust),
los escritores de dos lenguas (traductibilidad interna: Conrad, Nabokov), los escritores escritos en
lenguas esquizofrénicas (Artaud), los escritores que escriben en lenguas hipotéticas (César Vallejo),
los escritores que escriben en neoglosias (Lacan, Derrida), los escritores que escriben con lenguas
arcaicas, restituidas o inventadas (superchería de retro lenguas como Enrique Larreta o Arguedas), los
escritores que escriben lenguas nacionales, pero que inventan su propia sintaxis y, por ende, su propia
semántica (Macedonio Fernández), o la superstición de lenguas en territorios imperiales, la lengua de
Kalpa Imperial de Angélica Gorodischer, la lengua remota, cuya gramática hay que inventar, una
verdadera tarea de etnolingüista, en El entenado de Juan José Saer, o las "noticias" del Imperio de
Fernando del Paso o las Memorias del Imperio de David Lagmanovich, donde el protocolo imperial y la
elaboración de cartografías, de mapas lingüísticos, sostiene el poder y la debilidad de la palabra.
Osvaldo Lamborghini en su último libro, Tadeys, elabora un imperio y la lengua que lo sostiene: una
lengua soez.

El fundamento del Imperio Jesuítico, según Lugones, estaba basado en un comunismo de bienes, una
autoridad absoluta y la renuncia a la personalidad. Lo que no preveía Lugones era el imperialismo
lingüístico que subyacía en la empresa tanto de Carlos V como de Nebrija. La formulación de la teoría
que reune Imperio y Lengua -la lengua imperial- forman el "cuerpo y unidad del reino". Las lenguas
imperiales prescriben la traducción, sólo exigen una traducción unilingüe: todo debe ser escrito en la
lengua imperial, todo deber ser traducido al alfabeto pre-babélico . La lengua imperial se opone
violentamente a la dispersión lingüística y a la ambivalencia de la traducción. Las naciones de
"peregrinas lenguas" deben ser sometidas tanto por el poder como por la gramática a una sola lengua
para un solo espíritu (2). Si la lengua es el aparato que sostiene el Imperio, las relaciones entre estas
dos entidades no pueden ser simétricas, sólo se las puede evaluar dialécticamente. Las lenguas como
hecho real-histórico y no como "estilo" o como "género lingüístico-discursivo" y mucho menos en su
organización literaria, son generalmente las variantes de una solución fascista, que es lo que pone en
evidencia Tadeys.

La lengua fascista es la lengua xenófoba y discriminatoria, la lengua ejecutora y la lengua del mandato,
la lengua de la orden y, por lo tanto, de la súplica en el otro, la lengua como orden del sentido y como
orden del sentimiento. Qué oponer a la lengua fascista sino la violencia de los lenguajes extralimitados
y, simultáneamente, la desorganización de los núcleos sintácticos y semánticos: una lengua que
pretenda decirlo todo o que no diga nada. El intento de Lamborghini es generar una lengua corrupta
por dislocación de las formas y de los paradigmas, una verdadera destrucción ácrata de los
significados y de los significantes. Ese otro-lenguaje, esa otredad de la lengua que aparece en los
Lamborghini, en Perlongher, en Zelarrayán, va generando simultáneamente una literatura-otra. Las
formas retóricas básicas que subrayan el discurso de Tadeys son el vesre y el hipérbaton. Para el
lector, el vesre se extiende desde la exasperación morfemática hasta el salvajismo de los enunciados
mayores - una suerte de romance embrionario en una lengua criolla. Las formas invertidas predominan
en el léxico, la sintaxis, el orden del discurso como una manera de inversión que va de la letra
sosegada a una letra desalterada, así como se invierte la lógica causal de los sintagmas narrativos: los
hechos vuelven a suceder tanto para uno como para otro personaje, generando una confusión de
actantes y de roles y al invertirse las formas de la lengua se destaca el hecho central; así como en Arlt
había una lengua mala, en todos los sentidos que puede tener este mal adjetivo, en Lamborghini la
lengua es una lengua en joda. El hipérbaton se vuelve cómico en su proliferación, entreverando formas
latinas con formas del español clásico, formas burlescas, agauchadas, el jolgorio de la lengua que
contribuye a sostener la juricidad del relato -todo relato para que se constituya debe respetar una ley-
en las teatradas radiofónicas, una técnica de la hez lingüística - el bajo fondo del diccionario-
monótona en su reiteración, regular en su provocación, entre la morfología de las excretas y la ratio de
la carne. En el nivel retórico, la inversión de las formas narrativas del hampa cotidiano , el de Arlt, por
ejemplo, se transforma en el lumpen aristocrático que regula la jerarquía de los personajes y de las
relaciones amorosas.La carne Tadey genera la economía del Imperio, del dilatado frigorífico de
productos de consumo y ratifica la inversión de la moral societaria. Si todo niño es un nazi, como el
texto dice, y lo dice en el género diabólico, es que los niños son también carne de consumo y carne de
placer, economía distributiva y economía pulsional se entrecruzan en la extensión agujereada del
vasto, vastísimo imperio, en lucha constante con el Imperio Otomano y el Imperio de la Liga del Sur
remedando la lucha entre unitarios y federales, entre provincia y capital, entre mitristas y urquicistas,
entre nación y estado. (Hay una parodia en la línea del grotesco de Facundo Quiroga luchando en el
"tigre de los llanos", en la descripción de Sarmiento)

El Imperio Austro-Húngaro es el Imperio de las letras barrocas argentinas. Si Perlongher se solaza en


la nominación que recorta el territorio del Imperio, Lamborghini acentúa la nomenclatura para erigirlo
en constitución política territorial. El Imperio Austro-Húngaro fue simultáneamente un territorio
"inventado" en los mapas de las potencias europeas de la época y dio asiento a un arte realmente
descocado: como se prefiera y más allá de las diferencias, art nouveau, modern style, art-decó,
"liberty", etc. Prescindiendo de la clasificación, este Imperio tiene dos órdenes que imantaron la
literatura argentina: el territorio impreciso (¿qué parte de Polonia, qué parte de Rumania?) y fue la
cuna de la Primera Guerra Mundial, allí se trazaron los destinos de la Europa del siglo XX. Ese imperio
es el imperio del refinado bucolismo de Bohemia y de los sigilosos jardines de Moravia, mapa
imaginario de la Transilvania de Vlad el Empalador -y empalar es una de las torturas rituales en las
cárceles del Imperio- y recorrido de aventuras eróticas de Luis de Baviera. Pero el Imperio Austro-
Húngaro contaminado con el Imperio Jesuítico da un mixto extra-vagante en nuestro territorio retórico.
Sólo una fuerza instintiva, desreglada, casi feroz puede organizar un mapa poético de este imperio de
las lenguas contaminadas. Si desde el punto de vista religioso hay una renuncia a los bienes
personales, si el sujeto sometido a la fuerza imperial está reglado por bienes culturales y económicos
feudales, una economía de fuerzas y de tensiones, de aislamiento y sumisiones que registran y
potencian una combustión negativa del desgaste, es porque en el universo fascista es necesario
controlar la dispersión y el dispendio. Si la lengua imperial es una mixtura entre casticismo y lunfardía,
el imperio de lo sexual reune el orden teológico y el orden militar: las legiones, los habitantes, los
humanos y los tadeys son los milites de Eros, los cruzados de la sodomía, y legionarias de un orden
sexual díscolo, regulado por una economía masturbatoria gravada por la "rareza". Si en la literatura
comarquí la Biblia es el principio de la escritura occidental, es porque esta "biblia" es una biblia
obsena, producto de una "traducción" fallida. La lengua de la Comarca es el producto de otro tipo de
energías, su propia energeia y su ergon está enraizada en la materia fecal. Una coprolalia exuberante,
en donde se entrelazan una conciencia masoquista para ocultar su inconsciente sádico. El solazarse
en las heces genera una letra sórdida en su propia reclusión: una palabra-retrete. La reminiscencia de
los textos de Perlongher es una reminiscencia intertextual, la reminiscencia de Lamborghini es
criptomnésica, el rastro del olvido de textos que se vuelven otros en la propia facturación: la Biblia, una
versión floja de Sade, una gauchesca bufa, un Fourier invertido. Si todo se invierte, el texto es una
reversión: el último capítulo es un Prólogo que está al final, el amanuense de Herodoto parece el
cómplice de esta "historia" que va desde la fundación del Imperio en la Edad Media hasta la fecha
exacta de la composición de la obra. El territorio de la Comarca, o de Lacomar, y los nombres son
indistintos puesto que las entidades son puramente referenciales, o denotativas, como quien llamase a
su perro, Perro. Esta indistinción convoca al lector a la elección en tanto el texto se vuelve aleatorio y
por varias razones: fue publicado póstumamente siguiendo su ordenación, según lo declara César
Aira, responsable de la publicación. Pero el texto es altamente contradictorio si lo leemos desde "El
niño proletario", produce una concentración dispersiva que es quizá la regla máxima de esta escritura:
desvirtúa tanto las reglas del discurso como las de la intriga, tanto las de la sintaxis como las de la
gramática y, sobre todo, creemos que allí está la operación mayor que supera cualquier actitud
vanguardista: las palabras del relato designan otra cosa que las que obligatoriamente deben designar
las denotata ; dice, en principio, lo contrario de lo que quieren decir, hecho que va desgastando tanto
la verosimilitud como la extrañeza del mundo que transportan: el imperio Austro-Húngaro enclavado en
los barrios porteños es como suponer que la lengua magiar es un dialecto quilmeño de la lengua
araucana. La fijeza de los sintagmas y el estereotipo de los enunciados produce una cristalización
estólida del relato. Escribir en un remedo de un español clásico con el sólo referente de una
nomenclatura obscena de ghetto homosexual, una jerga monocorde de microrrelatos acuñados en una
nominación proliferante; la población del Imperio exige más que un devenir narrativo una cronología de
reyes y emperadores, un verdadero catálogo de las sucesiones y de las secesiones. Los Nombres
Propios son complejos en su formación y en su sentido, pero se remiten a un juego de adivinanzas
teñido de un falso esclavismo que concuerdan con la falsa geografía del Imperio Austro-Húngaro. Si la
ciencia ficción es la organización de mundos que invierten el mundo real, Tadeys es la reversión real
del mundo imaginario de Tlön y , por lo tanto, duplica la ficción como invierte la genealogía.

La perversa pasión de los chistes tontos, la estulticia de la letra, el aburrimiento y la tontería de los
dichos dicharachos de la lengua: la lengua es estúpida, parece decirnos Tadeys. Las formas de la
lengua hacia el pasado: el arcaísmo, el estereotipo, las formas cristalizadas que recuerdan el pasado
de la lengua en su espesor significante, aparecen como el epitafio del diccionario. Este fenómeno
aparece en Arlt como en Borges y en las lenguas enfermas y desclasificadas de los Lamborghini, en
Leónidas como lengua lujuriosa tanto en el vaivén significante como en la proliferación de los sentidos
y en Osvaldo como una lengua afásica, gutural, libidinosa, que hace grieta en la narración y en la
nomenclatura, lengua crasa que desorganiza los paradigmas y al repetirse insiste pornográficamente
en algunos, muy pocos, paradigmas sin declinación, lengua procaz, una verdadera ilusión orgánica, el
tomar al pie de la letra el órgano del lenguaje (3). Las formas de la lengua comarquí son variables,
apelan más al léxico que a la sintaxis: en primer lugar, la ablación de las palabras de la lengua
española: sodom, alfar, comarc, que fluctúan entre la sustantivación y la adjetivación, y luego la
construcción de entidades verbales sobre verbos españoles conjugados generalmente en el
imperativo, la lengua del orden. La lengua comarquí en su especie sodomí es la lengua del mandato
imperial del Orden sexual. El juego es sencillo y por momentos banal, pero la fuerza de choque está en
el largo soliloquio, una lengua una y sola, una verdadera aventura del discurso que alimenta la
narración. Lamborghini se habla a sí mismo y a sus lectores en un español como nostalgia del latín y
un lunfardo como re-invención del vesre. Es una lengua cortada en sus propios enunciados, una
lengua filosa, y ¡guay! del que se atreva a desafiarla, es decir, a leerla; cuidado los universitarios,
cuidado los críticos, cuidado los panfletistas, cuidado los novelistas de aquí o de allá, cuidado: aquí la
retórica opera con dos entidades, la blasfemia y el insulto. Un verdadero escupitajo en la cara de la
literatura argentina que prevemos no dejará herederos, él es su propia heredad. La lógica que preside
esta lengua es una forma sofisticada, es decir un sofisma que no apela ni a la deducción, ni a la
inducción ni a la abducción, es un sofisma de la mutua repetición, el sujeto dice lo que dice el
predicado, que en la estética de la lengua comarquí aparece como "bello" o como "elegante":
elegancia de la necedad.

La literatura comarquí, como todo Imperio que se precie tiene su propia épica: la Tadessa es la historia
de la lucha ente los hombres tadeys del Imperio contra Dagan III, emperador de la Liga del Sur, que
aliado con los otomanos invade la Comarca. El texto es la traducción - una parodia del Quijote- de la
Biblia en el idioma comarquí, pues son lenguas de la misma familia, reducto de "peregrinas lenguas",
pero de familias irreconciliables; lo que se dice en latín, en la traducción en comarquí dice lo contrario:
el comarquí sería la lengua donde el Anticristo ha triunfado, uno de los destinos verosímiles del
Apocalipsis. El texto lo dice: así como Dios habla por boca de un idiota, el Maligno habla por el culo del
mismo. El Pico del Traductor es la roca escarpada que Maker, monje y traductor, monje obcecado con
variantes de forzado anacoreta o de endogámico estilita, memorioso de la Biblia en griego, en hebreo,
en latín y en su "lengua natal" intenta escalar, pero ¡oh sacrilegio! la traducción de la Biblia en
comarquí la hace feroz, lúbrica, injuriosa, soez, la escritura de la Biblia en la lengua de Onán.

El texto pregunta: ¿el estado es masculino o femenino? Pregunta que no puede ser respondida, pero
que puede fundar una razón de estado que reune la ratio de los estados políticos y de los estados
corporales. Desde el estado de naturaleza al estado de cultura la progresión es clara y conjuntística:
grupo, grupo ampliado, clase, pueblo, nación, Estado, pero la imperialización propone nuevos
interrogantes: si aplicamos a estos conjuntos el enunciado EL HAMBRE ES PARA TODOS como
razón de estado, se pone en evidencia el carácter de sumisión y de violencia que producirá una
separación entre sometidos y sometedores que regirá la ley imperial. La sumisión es de unos y la
potencia es de otros, a esta razón de estado se opone la ratio anarquista: frente a la propiedad
privadísima de los cuerpos que puede proponerse - y recordamos a Fourier- la propiedad común de los
cuerpos: una encrucijada de la política de la corporación. En el Imperio la propiedad de los cuerpos es
inhumana, cuerpo sometido es cuerpo sin sentido, sin corporalidad simbólica, fuera de la raza humana,
no son los marginados ni los desclasados de Arlt, son esclavos de la carne fuera del régimen humano,
son el fundamento de una economía industrial de la carne, entre la conservación y la reproducción en
las cuevas y celdillas en los fornicarios imperiales: carne de frigorífico (El Matadero) y carne de burdel
(como en Manuel Gálvez) Como vemos, el cuerpo da que hablar y da que contar.

El furor clasificatorio en Sade, la lascivia taxonómica es más apasionada, más desfalleciente en


Fourier, el erotismo elegante de Paulhan, en donde las clasificaciones tienen un tinte freudiano, se
desmiente en la furia y la violencia uniforme de Lamborghini, una narración exasperada: la relación
sexual del humano con el tadey es un pretexto para organizar una nueva "civilización" y, por ende, una
nueva urbe con nuevos ciudadanos, entre la mostración fascista del deseo y la esclerosis social del
Imperio, estamos en la etapa hiperfálica del universo.

El hiperfalismo conduce a la perversión corporal, al priapismo y en el imaginario a la consistencia


extrema del otro que se convierte en "cualquier cosa", animal, in-humano, piedra, ciborg, la industria
electrónica de los cuerpos queda congelada, hieratizada; el objeto sexual ya no es la víctima de Sade,
es nada más que un número en composición fálica y ese número es siempre el mismo. El universo de
Tadeys es teocrático. El mundo feudal excluye la economía de circulaciones y potencia las
organizaciones clasistas como organizaciones hierogámicas e hieronómicas. No hay espacio para la
inscripción del trabajo y por ende los cuerpos no tienen precio: la sumisión sexual es producto del
deseo sagrado, de la lujuria o de las exigencias de la clase dominante. La sociedad capitalista le puso
precio a los cuerpos y los sumergió en la circulación mercantilista, una política de los cuerpos. Esta
política es fascista y excluye la lucha de clases. El universo fascista se diferencia del universo nazi -
que predomina en Genet- se basa en una organización compleja de articulaciones de diversas
ideologías y de un conjunto de diversos ideologemas que pueden ser contradictorios:
desideologización del cuerpo en su fractura para sostener la unitividad del deseo, el cuerpo silencioso,
nada de proclamas, nada de gritos, nada de aullidos, pero permitir el llanto y el sollozo, el cuerpo como
glorificación de la angustia, el cuerpo sede de las emociones para renegar que es el asiento de las
pasiones, el cuerpo como naturaleza orgánica para desestabilizar el cuerpo como síntoma del goce, el
cuerpo hegemónico como uno y nunca como otro, el cuerpo potenciador en el sibaritismo de la lujuria
o en la circulación de las heces excrementicias, el cuerpo como sede de las razones del cuerpo y no
como recinto de las ecuaciones pulsionales, un cuerpo hiperfálico es un cuerpo fuera de las relaciones,
un cuerpo Uno.

¿Qué es un Tadey? Si la anatomía es imprecisa, también lo son el género y la especie, fuera de las
clasificaciones sólo puede vivir a la sombra de los "auténticos", de los "autorizados", en la tenebrosidad
de los túneles del Imperio que remedan la ciencia-ficción contemporánea. El tadey repone en la
civilización imperial el mito de la unidad sexual y su protohistoria hermafrodita en el Fedro, duplicada
por la legislación teocrática de la república platónica. La fijación arcaica en el objeto sexual acuerda
con la fijación en el modo de la representación. Un elemento clave de la ciencia-ficción contemporánea
es la creación de espacios dependientes en donde se establecen relaciones de hegemonía y de
pertenencia. Este universo ficcional es siempre un universo de civilizaciones crepusculares o de
civilizaciones coloniales, desde la colonia penitenciaria de Kafka hasta la colonización del espacio en
la extensión de la colonización massmediática y la colonización satelital.

El destino de esta literatura es destino incierto. Los textos de Lamborghini no pueden formar escuela ni
fundar estilos ni géneros. Sólo se los puede leer hacia el pasado, buscar los orígenes, predecir las
genealogías, aventurarse en las precedencias, pero no formular ninguna posible herencia. Tadeys,
como última obra de Lamborghini y, a pesar de que la profecía es género vedado a los críticos, nos
atreveríamos a decir que permite leer de otra manera muchas líneas de la narrativa argentina actual,
pero no tiene futuro. Es como si dijese: aquí escribí yo y el futuro no es más que un engaño de las
genealogías, una ficción alienígena del narcisismo del autor o una ilusión de la escritura.

La lengua argentina

Rumbo a esa charca cenagosa, viscosienta, algodonosa, donde los barcuchos y los grandes
paquebotes de los gringos tropiezan si no se los lleva de la soguita, con esos turros hormigueros sin
hormigas que son los bancos de arena o esas blandas montañas de soretes, esa enorme masa fecal
que expele incontinente el ano paquidérmico de la Reina del Plata.
Zelarrayán (La piel del caballo, 1986)

Si el neologismo es un acto erótico, como dice Barthes, Lamborghini lleva a la extremidad la creación
de palabras y de nombres. Todo universo narrativo convoca siempre el fantasma de la nominación: si
quiero narrar tengo que designar, tarea divina de dar nombre a las cosas. Pero el fondo permanente
de la lengua se va esfumando, la descripción constante de expresiones coloquiales, barriales,
lunfardescas, generando nuevas formas de un extraño lenguaje desprovisto de diccionario. El territorio
de la lengua queda atravesado por formas filosas y oscuras. El neologismo va desapareciendo y un
nuevo idioma comienza a crecer, a desarrollarse ante nuestros ojos, un nuevo organon, un nuevo
órgano -fálico para dar más datos- va tumesciendo en los vericuetos de la lectura. ¿De dónde
provienen todas esas formas argóticas, esos pseudónimos - esa falsía de la lengua-, esa erotología y
esa escatología del lenguaje? La creación psicótica de lenguas es propia de las grandes obras
literarias: una pseudo-lengua que se va convirtiendo, paso a paso, en un discurso sin código posible,
un verdadero atentado contra la significación. Si el discurso de Sade era la prótesis de una pedagogía,
el discurso de Lamborghini, la lengua sexual -ya no erótica de sus novelas y en especial de Tadeys-,
estatuye recorridos con algunas detenciones, verdaderas colonias de bacilos lingüísticos, bacterias
infecciosas que van corroyendo el lenguaje, lo desautorizan, generando una filosofía perniciosa de los
actos de habla sexuales: una lengua ponzoñosa y una lingüística envenenada.

Si lo político es aquello que forcluye el deseo, Tadeys es la neurosis de la politización en donde la


pasión se convierte en manía.

El Imperio donde los Tadeys pululan como carne sujeta al sacrificio, como carne averiada en su propia
disponibilidad tanto en su constitución como en su exposición, circulan como verdaderos objetos de
deseo en las laberínticas calles del Imperio. Hay algo que los identifica y los excluye de las
clasificaciones: son mudos. El Imperio genera, como es debido, toda una demografía, una población
que recuerda los espacios extrahumanos de Cortázar: escalopendras, mancuspias, axolotles que
recortan los espacios de fornicarios, acuarios y bestiarios, pero también lo inter-humano, el paredro.

Pero a diferencia de Cortázar estos sujetos circulan la ciudad, la habitan y no forman parte de ninguna
"zoología fantástica". Su circulación urbana es lo que permite su distribución y su disposición, estos
sujetos están siempre dispuestos a ver correr su propia sangre: la civilidad de la civilización es lo que
permite el sexo sangriento.

La demografía se sostiene sobre la constitución de formas taxativas de regulación social - la


legislación consuetudinaria como corresponde a un imperio qu echa raíces en el medievo: allí sí la
sangre es derecho- y sus costumbres son ritos cotidianos. Se van desarrollando ante nuestros ojos
una toponimia y una nomenclatura que pretende - y en la pretensión está pretendida la sátira-
remedar- y en el remedo está la burla, la clave central del imperio Austro-Húngaro que magnetizó tanto
a Lamborghini como a Perlongher- es decir la Transilvania de los herederos de Vlad el Empalador y las
justas caballerescas de la princesa Erzebet-Bathory. En el nivel imaginario, este imperio tiene su
Derecho,su Teología y su Literatura. La literatura está escrita en la lengua imperial: el comarquí,
lengua quizá tabulada por Nebrija, que produce un idioma desconocido, producto de sucesivas
mixturaciones de todas las lenguas y dialectos provenientes del tronco indoeuropeo. Como todo
Imperio que se precie también hay una Academia de Filosofía. Los teólogos están enfrascados en
resolver el origen de la Divinidad y su enfrentamiento con la Bestia, los filósofos en resolver el origen
de la existencia del ser y las formas de esa existencia. Las disputas entre esencialistas, accidentalistas
y existencialistas rememoran las disputas de los Teólogos de Borges, permeabilizadas por la Secta del
Fénix y la circularidad de las ruinas: allí se convocan los falansterios de Fourier donde se degradan por
aturdimiento y por sangría las formas vestálicas del amor. Pero cuidado, Sade y Fourier quedan de
lado. Aquí la orgía no tiene límites, en los límites del Imperio lo ilimitado es la secreción del semen y
los borborigmos de la cavidad intestinal. Lo infame cubre todas las superficies donde se trastornan
todas las formas de lo bello y lo horroroso, por ende, la infamia desaparece. Los tadeys son horrorosos
por eso son codiciables. Pero la ciencia del Imperio tiene un enigma: ¿cuál es el código genético de los
Tadeys?; mientras que los filólogos acunan un misterio, de dónde proviene la lengua comarquí, así
como los estudios de la Heráldica tienen que argumentar sobre la existencia de los oscuros barones
de las satrapías imperiales. Si al despertar una mañana soy Kafka, como corresponde a todo lector
sudamericano de la colonia penitenciaria, y si al leer a Joyce me convierto en un personaje
(h)elenístico, de elena, no la de Troya sino la de la bellamuerte, entonces Tadeys es una historia
literaria bastarda, como se dice de los hijos segundos y amaricados, de una literatura llamada
argentina explotada por nuevos y oscuros proxenetas: lo que va de Martín Fierro pasando por lo
meduloso de la masmédula y los niveles sempiternamente aburridos de la novela de la externa
eternidad. Como dice el texto : "el aburrimiento es una ciencia."

Todo imperio conduce a la guerra. El imperio de los Vomir, la casa reinante, conduce a las Guerras de
la Comarca en tanto que la guerra es la certificación de la legitimidad del Imperio. La expansión del
Imperio es correlativa con la magna obra que emprende Taxio Vomir, obra que reniega el fenómeno de
la lectura y que invierte la razón de su existencia: la literatura no es para ser leída sobre la base de un
axioma, axioma como sonsonete tontuelo _como diría el amantísimo hijo César Aira- , "pero si yo
supiese escribir me abstendría de publicar, imbécil". Si el Imperio de la Comarca es un resumen
invertido de Tlön, los sectarios son más importantes cuantitativamente que los ortodoxos produciendo
una jerarquía también invertida en donde el mito del Saber se conjuga con la realidad del Poder. El
sujeto imperial se define por dos coordenadas: mandar y establecer, necesariamente debe ordenar,
elaborar mandatos, ordenanzas y regulaciones sobre el filo tenebroso de la autoridad: la autoridad
engendra siempre la subversión, como la ley engendra la revolución, y en el nivel imaginario el
fanatismo de la verosimilitud. La leyenda de la Comarca, supuestamente verbalizada en lengua
comarquí, es la TADESSA, epopeya, el género que corresponde a un imperio donde combaten
hombres y tadeys. La TADESSA es un calco de lenguas indoeuropeas o indogermánicas, como se
prefiera. Talassa, el mar, dijeron las hordas que traían el sánscrito venidas del Lejano Oriente. Las
lenguas eslavas y su confrontación con las latinas, imperio lingüístico enclavado en la Rumania o en la
Romania , espíritu de la sangre. Ejemplo de la lengua comarquí para que doscientos intérpretes
trabajen durante doscientos años para su desciframiento: "la iluminación sin remilgos, deliciosa tenía:
su padre no era femenino". La lengua es la forma más solidaria del Estado.

El Estado atraviesa la ciudad sexual como las lenguas atraviesan el espacio de la narración. El Estado
es Uno de otro. Cada individuo es un Estado. Si el Estado no es una grupalidad ni una organización de
clases con un gobierno estable y declarado por la ley, entonces cada individuo recoge la generalidad
del Estado. Por lo tanto, el Estado es una forma de la mono-arquía, de la unicidad sexual desmintiendo
la dualidad del otro. El Uno como Estado es la vindicación de la anarquía sexual y el desmedro de una
descontrolable grupalidad momentánea propia de la orgía. El Estado como monarquía reune el orden
principesco, el orden real y el orden imperial en un espejo, como efecto especular del otro, sin
reconocimiento de una extensionalidad hacia los otros.

La penitencia es la categoría del Estado Teocrático por definición; preside las leyes, los argumentos y
las relaciones jerárquicas de los Estados políticos en su versión imperialista de los estados coloniales,
los universos concentracionarios, la cárcel, los buques, las celdas, los campos de concentración hasta
las células y los espacios conventuales, que reponen su universo en la estratificación de las jerarquías
imperiales y por momentos anarquistas. Desde Alta Vigilancia de Genet, pasando por Querelle de
Brest, como remedo insatisfactorio de los túneles, subterráneos y conventos sadianos, el barco de
Lamborghini, como el barco de Los premios de Cortázar, repone las secuencias aventureras de la
travesía y el glosario de las relaciones interpersonales y sexuales. El territorio colonial sobre la
inspiración imperial convierte a Lamborghini en un misionero de la religión laica del sexo aberrante. El
lenguaje coprofágico de Tadeys -la mierda es la ratio última- convierte al lenguaje adamita en lengua
de las damitas - en lo que deslumbró a Perlongher- y la reversión de los espacios - es lo que
conmemora César Aira- que es la sustancia del libro desconocido del Dr. Emoribe Ky, la cientificidad
de la Comarca. La estratificación del sexo y el régimen estatutario de la sexualidad se impregna con
fórmulas egregias (las "reinas", las "princesas", las "condesas", pero también los "proletarios" del sexo)
como una deflación de las jerarquías imperiales retrotrayéndonos irónicamente a la "verneinung"
hegeliana con variantes freudianas en los territorios de la Comarca: amo y esclavo son de tal paciencia
en sus ejercicios sexuales que pueden silenciar cualquier amago de rebelión. El amo seguirá siendo
siempre el amo. El Estado como elección del ser, el Estado como hegemonía del Poder, mientras que
la inversión sexual y la revolución sexual revierten el estado como relación del ser, pero lo reafirman
en la colectivización imaginaria, las organizaciones clasistas y clónicas de la hegemonía sexual en los
serrallos, en los falansterios, en los harenes,en los lupanares, en los quilombos, en los ghettos
sexuales, en los barrios y en las tribus sexuales tienden a imperializar el sexo como devoción y
sacrificio, como pura sumisión , tanto del uno como del otro, en los circuitos de una extranjería
asumida.

De la degradación de margen lumpen de El Fiord a las tiaras imperiales y políticas de Tadeys , la


efusividad republicana, su risa contenida, su ironía de soslayo, la republicidad de sus gestos, la
parlamentariedad de sus elocuentes palabras - dicen lo que dice el discurso y nunca lo que dicen las
cosas siniestras de la urbs-, la urbanidad de las porterías en donde la república es una persistencia
entre la deshilachada elegancia ateniense que se permite el descoco de un gorro esplendentemente
frigio - frígido diría Lamborghini- que va de la épica política al grotesco politburó y de allí a la
versatilidad del puro verso del colorido cocoliche. El cocoliche es la letra microfascista del Imperio
celestinesco de Tadeys, atravesado - y las repetidas metáforas que seminan este texto podrían
gustarle a Lamborghini- que va de un libertinaje libertario de la deriva lumpen y de la anarquía de los
culos en donde naufragan todas las clasificaciones empresariales de la crítica. Qué lejos estamos en
este universo imperial griego-fascista de las republiquetas amatorias de Don Oliverio y del zigzagueo
brasilero de don Manuel. Hay que reconocerlo, el sexo es fascista.

NOTAS
1. Antonio de Nebrija, Gramática castellana. Texto establecido sobre la edición "princeps" de 1492 por
Pascual Galindo Romeo y Luis Ortiz Muñoz, Madrid, Ediciones de la Junta del Centenario, 1946.
2. No es casual que la edición realizada sobre la "princeps" se haya hecho en la época de Franco, en
1946, no muy lejos del fin de la Guerra Civil.
3. El Ministro de Educación de la Comarca tiene un sueño: la inclusión de la palabra tadey en el
Diccionario de la Lengua o en su versión comarquí o en su versión latina: tadeus, pero el significado
horroroso de este plausible significante lo hace incompatible con la "limpieza y brillo" de la lengua.
Este capítulo pertenece al libro de Rosa, Nicolás; Usos de la literatura. Grupo d’Estudis Iberoamericans y Tirant lo Blanch, Universitat de
València. Valencia, 1999.págs. 117-130.