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PSICOANÁLISIS XX (1); 11-36, 2008

EL FANATISMO, UNA PERVERSIÓN DEL NARCISISMO1


Sobre el origen y la acción del superyó, reflexiones morales
ROGELI ARMENGOL MILLANS

Recibido, marzo 19 de 2008


Aprobado, abril 25 de 2008

Resumen

Es una preocupación muy corriente en la actualidad el avance de las tendencias y comporta-


mientos fanáticos, tanto así, que ocupan frecuentemente las primeras páginas de los diarios en
todo el mundo, lo mismo que son el tema de muchas de nuestras conversaciones cotidianas. ¿Es
esta una característica de nuestros tiempos, o simplemente un rasgo de la condición humana
que permanece latente en los individuos y en nuestras sociedades esperando el momento pro-
picio para hacer su aparición? Y, ¿cuál sería entonces su génesis? Estudiaremos aquí los factores
presentes en el sujeto desde una perspectiva psicoanalítica e histórica, rastreando los conceptos
hasta las fuentes de nuestra civilización y hasta la formación de los valores contemporáneos en
los pensadores que fundaron la modernidad, y que se atrevieron a pensar y a actuar, incluso en
contra de la tradición o de las instituciones de poder que la sostenían.
Palabras clave: Fanatismo, narcisismo, criticismo, perversión.

FANATICISM: A NARCISSISM’S PERVERTION


On the origins and action of the superego, moral considerations
Abstract

The current spread of fanatic tendencies and fanatic behavior is a common cause of concern
in as much as it appears to be on newspapers´ front page and in our daily conversations on
a regular basis. Is this a characteristic of our times or simply a feature of human condition
that remains latent in individuals and our societies only waiting for the right moment to be
triggered? And if so, what is their genesis like? We will here on study the factors in the subject
from a psychoanalytical and historical perspective, tracking the concepts back to the source of
our civilization and up to the formation of contemporary values in those thinkers that founded
modernity and who dared to think and act even against the tradition or the institutions that
sustained it.
Key words: fanaticism, narcissism, criticism, perversion.

1
Publicado en TEMAS DE PSICOANÁLISIS, 1999; 4: 131-166. E-mail: 4611ram@comb.es
El presente artículo tiene algunas variaciones con respecto a su anterior publicación.

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Caridad universal, recomienda Cicerón: Existe un trastorno del carácter, una ma-
Charitas humani generis. Esa caridad de cuyo nera de ser ciertamente anómala por el dolor
nombre se ha apropiado la teología como si y el daño que ocasiona, que está bastante
sólo a ella perteneciera, pero realidad de la extendido. Me refiero al carácter soberbio, a
cual ha proscrito con frecuencia. Caridad, la personalidad desmesuradamente egoísta
amor al género humano; virtud desconocida y ególatra, esto es, al Narcisismo. Cuando el
de quienes mienten, de los pedantes que ar- narcisismo de las personas o de los grupos
gumentan y de los fanáticos que persiguen. es excesivo, entonces creen, piensan y sienten
Voltaire, Tratado de la tolerancia que cualquier modificación o evolución pro-
pia es peligrosa. Por consiguiente, esperan
Los fanáticos más sanguinarios cambian de siempre que el cambio sea el ajeno, de mane-
lenguaje según la fortuna, y predican paciencia ra que para el narcisista el que debe cambiar
y dulzura sólo cuando no son los más fuertes. tiene que ser el otro en el sentido de mejorar,
Rousseau, Carta a Voltaire ser compasivo o indulgente y demás cosas
favorables para él.
Acerca de este particular, el fanático pue-
INTRODUCCIÓN de ser peor, huye del cambio personal. Por esta
poderosa e interesada razón, en lo relativo al
En este estudio, Voltaire, Rousseau y algún cambio propio, propongo considerar que en el
otro serán los guías de un viaje al infierno del fanático el motivo de su actitud y de su obrar
fanatismo. Ellos fueron hombres que lo co- es la presencia de un poderoso componente
nocieron, lo padecieron y lo combatieron, en narcisista. Al igual que en el individuo singu-
algunas ocasiones, con mucho riesgo personal lar, también en el seno de la comunidad, si el
y graves perjuicios. Ambos descubrieron, del fanatismo se extiende, se observa, entonces,
mismo modo que Hume, un conocido suyo, un potente narcisismo del grupo influyente.
que si se analiza el subsuelo del fanatismo, se No es raro, por ejemplo, que en cualquier
observa que en el trasfondo de este fenómeno comunidad o en los grupos institucionales
social e individual, existe un funcionamiento y convivan sectores que se tengan por escogi-
un carácter hostiles a la Ilustración, hostiles a la dos y se sientan exquisitos. De ordinario, éste
consideración de la multiplicidad y la compleji- suele ser el grupúsculo que ejerce el poder,
dad humanas. Siempre ha habido un combate o tiene la pretensión de hacerlo, en el marco
entre Ilustración y Fanatismo. Al mismo tiem- del grupo general. A veces, el subgrupo que
po, en todas las épocas en que han florecido la se cree investido de una facultad misional no
Ilustración y el Humanismo, los partidarios de llega a ser groseramente fanático -aunque
la tolerancia han considerado que el remedio puede llegar a serlo-, pero siempre es narci-
frente al fanatismo consiste en la extensión sista; en tales casos, el fanatismo está latente,
de aquella y el cambio personal. O, también, disimulado u oculto, quizá, tras una máscara
en cambios en el gobierno de los ciudadanos. de buena educación, un trato cortés y hasta
Es posible que todo ello sea verdad, pero, por afectado e, incluso por momentos, adulador e
desgracia, el fanático es incapaz de aprender y hipócrita. ¿No es frecuente, acaso, que suceda
menosprecia la instrucción y el cambio, tanto así en la mayoría de los grupos políticos o en
en sus actitudes como en sus convicciones. los grupos de todo tipo cuando suelen hacer
política? El narcisista o el grupo narcisista, a
*** veces en el camino del fanatismo, se delata

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por su falsedad e hipocresía, y, además, lo des- en que reposa en una supuesta omniscien-
cubre la ostentación con la que hace público cia, es parcial. No tiene en cuenta, además,
sus principios, que suele exhibir de forma im- la subjetividad propia ni la ajena, la posible
púdica pero que nunca examina o discute de verdad del otro o la propia verdad oculta. No
manera crítica. Si alguien se atreve a hacerlo, observa pues, la limitación humana y no res-
es combatido por impuro y perseguido, a ve- peta la voluntad de no hacer daño, o la de
ces de manera encubierta y cobarde, con la querer hacer el bien, la beneficencia. Se po-
pretensión de discriminarlo o anularlo, o, por dría pensar que el límite de la recomendable
lo menos mantenerlo olvidado y muerto para veracidad se sitúa en el respeto por la perso-
la comunidad. Así hizo el divino Platón con na, para intentar no hacer demasiado daño.
el ateo Demócrito. El filósofo atomista fue Se verá enseguida, además, que en lo relativo
citado a menudo, y siempre con respeto por a la veracidad y a otras cuestiones también
Aristóteles pero nunca mereció la atención de graves, quiero postular muy claramente una
Platón. Este fue el proceder de un amante de diferenciación entre persona e institución,
la sabiduría con su adversario ideológico. aunque para hablar con propiedad sería con-
En esas organizaciones patológicas, nar- veniente decir: personas e instituciones di-
cisistas o fanáticas, individuales o de grupo, versas, de cualquier orden.
que en su origen me parecen siempre defen- Resulta extraña la actitud fanática de ser
sivas, se encuentran constantemente dos vi- veraz incluso cuando se puede ocasionar un
cios más o menos desarrollados, a saber: la daño considerable; es muy interesado el apa-
mentira y el robo. Mientras el narcisista sue- sionamiento en no poder ser nunca falaz. Ser
le mentir y robar con frecuencia sin acabar veraz sin ningún miramiento es demasiado
de percatarse de ello porque se engaña a sí absoluto. Pienso que este absolutismo en
mismo acerca de ese particular, el fanático parte proviene de que no se discrimina entre
lo hace de modo deliberado y consciente: en Institución y Persona. En efecto, se confunde
general engaña y roba sin escrúpulo. la veracidad que debe imperar en el seno de
En relación con la mentira, nos encontra- las instituciones con el ser discreto en lo que
mos con una primera dificultad que, según atañe a las personas individuales, pues obrar
mi parecer, corresponde y refleja el funciona- sin cuidado supone negar cualquier conside-
miento bipolar del humano entre consciencia ración por la existencia del otro, ignorar su
e inconsciencia, entre los infinitos grados que independencia. Tener que exhibir la verdad,
van desde la perversión a la neurosis. Existen no poder callar cuando se puede herir al in-
dos grandes grupos de fanáticos situados en dividuo singular en cuestiones personales
polos opuestos: los que mienten de ordinario -situación bien distinta a la de la persona
y los que hacen ostentación de una estric- comprometida en funciones institucionales,
ta veracidad. Convendrá, pues, analizar con que siempre corre el riesgo de ser juzgada
cierto detalle este último comportamiento por su actuación pública-, implica un tipo
que sólo en apariencia contradice el enuncia- de fanatismo oculto bajo una máscara: se
do general. Como luego veremos al estudiar quiere aparecer como bueno y benéfico, pero
un personaje muy real creado por Platón, el se mantiene una relación utilitaria, nada res-
fanático puede exhibirse como si siempre es- petuosa con el otro porque se busca única y
tuviera diciendo la verdad, como si no fuera permanentemente la propia satisfacción.
capaz de mentir o callar; pero esa apariencia Al final de su vida, Rousseau, que siem-
de veracidad es dudosa porque, en la medida pre había repudiado la mentira, escribió en

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Las ensoñaciones del paseante solitario: “La confundirse de forma interesada en peque-
verdad particular e individual no siempre es ñas cantidades. En la relación familiar y en la
un bien, a veces es un mal, con mucha fre- relación de amistad es interesado y es posible
cuencia algo indiferente” (p.67). M. A. Broggi que saque provecho del dinero de los demás,
(1995, p.32), excelente cirujano y brillante por ejemplo, esquivando el pago de lo que
pensador, siempre crítico, ha llevado a cabo le corresponde o manipulando para benefi-
una reflexión en profundidad sobre los fun- ciarse del reparto de una herencia en perjui-
damentos éticos de la relación humana y, en cio de los otros. En la relación institucional
particular, de la relación médico-paciente, es obtiene bienes y ganancias en detrimento de
decir, una relación institucional. En un bello sus congéneres o colegas. Los bienes que el
trabajo donde defiende que la veracidad debe narcisista cultivado roba de manera ordinaria
impregnar la relación clínica escribió, no obs- son de orden espiritual; suele robar la pro-
tante, de manera prudente: piedad intelectual, se apropia de las ideas de
La necesidad de verdad no puede ser ge- los otros y, además, se confunde porque de
neralizable ni a los individuos, ni a cual- manera muy automática las cree suyas, no
quier tema para un mismo individuo, ni a discierne la independencia de los otros ni su
cualquier momento. Hay barreras contra propia dependencia; es muy dependiente y
la verdad, y no creemos que el médico ten- no lo reconoce. Además, como no puede ser
ga derecho a destruirlas de forma brusca. generoso no hace público de dónde proviene
Hacerlo, significaría decidir en nombre del aquello que no era suyo y de lo cual se apro-
enfermo qué autonomía ha de desear o pió. Rosenfeld (1965) estudió a su modo
aceptar, con un nuevo paternalismo que este fenómeno, pero lo refirió únicamente a
podría ser más perverso que el anterior. aquellos que estaban tendidos en el diván. El
La relación médico-enfermo es una rela- egotismo y la vanidad ofuscan la mente del
ción institucional y, por consiguiente, debe narcisista, y de tal manera que deja en mal
proscribir la mentira como debe suceder en lugar a aquél a quien, de forma falaz, llama
cualquier institución. La cura psicoanalítica amigo suyo; se engaña o miente y expresa
también es una relación institucional y, por que dice verdad. Tampoco tiene acceso a la
consiguiente, debe fundamentarse en la ve- magnanimidad que requiere la amistad, y se
racidad de los intervinientes en la relación dice amigo de alguien, o aparenta serlo, sólo
clínica. cuando a éste le van bien las cosas o tiene
En cuanto al robo debe especificarse en poder institucional.
qué consiste. ¿Qué es lo que roban esas per- Narcisismo, según mi manera de entender
sonas? El fanático puede robar cualquier co- estas cosas, quiere decir: ser muy egoísta y
sa, puede quitar bienes de todo tipo, e incluso sentir una gran necesidad de considerarse
puede quitar la vida. El narcisista actúa con especial, poco común, incluso importante
más cautela y no es tan burdo; cuenta con un para la Gran Naturaleza; esperar favores y
aparato superyóico menos anómalo que el cumplidos, molestarse y deprimirse si tal cosa
del fanático y eso le impone un cierto límite. no se da. Pero, no obstante, lo anterior no
Puede llegar a robar bienes materiales, pero es suficiente para definir el funcionamiento
acostumbra a hacerlo al amparo de la ambi- narcisista, porque estimo que existe otro
güedad de la Ley o infringiéndola mediante componente al que se presta poca atención y
acciones no demasiado graves. En la relación que suele ser desatendido. Esos individuos o
clínica o en una relación comercial puede grupos mantienen con los demás un tipo de

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relación caracterizada por ser muy utilitaria y la habitación, real o mental, del hijo como
poco escrupulosa, sólo se ven a sí mismos en si fuera de su propiedad. La Esfinge recrea-
el espejo de la vida, siempre se aprovechan da por los griegos, según mi interpretación,
de los demás y no dan nada a cambio; como sería una representación mítica excelente
mucho, ofrecen órdenes, consignas y una del narcisismo parental. Fue conocida como
doctrina que suele ser caduca y falaz; al mis- “La Cantora” y como la musa de los malos
mo tiempo, reclaman o actúan, sin poderlo augurios de los muertos porque estaba si-
evitar, una relación parasitaria favorable para tuada en la puerta de los cementerios; pero
ellos que extrañamente creen que es benefi- los trágicos la colocan en la entrada de los
ciosa para los demás. Son muy interesados pueblos planteando enigmas; se tenía por
porque sufren una severa indisposición para omnisciente, pero estaba muerta para las re-
desplegar amor. La caridad -amor al género laciones humanas. Era un monstruo como de
humano, como lo entendía Schopenhauer y cera, y yo creo que carecía de expresión y de
también Voltaire, siguiendo a Cicerón-, está sensibilidad y que por eso Esquilo decía de la
muy estropeada. Caridad, filantropía, magna- diosa Esfinge de Tebas: “La Cer que hombres
nimidad, amistad, son palabras vacías para el robaba”. También podemos imaginarla en la
narcisista. Para él, la palabra que posee mayor casa, en la habitación del niño, invadiendo y
significado y sentido se llama interés propio. destruyendo su espacio natural, engullendo
Una característica muy importante -por a la criatura. Algunos que se dicen padres y
extendida-, que deriva de lo anterior, es que algunos que se dicen maestros actúan como
las organizaciones narcisistas individuales o esa diosa, porque no hablan con el fin de dis-
grupales propenden -de forma más pasiva las cernir los problemas de los otros y así poder
narcisistas y más activa las fanáticas- a evitar ayudarles: hablan para imponer la propia
el crecimiento de lo que les rodea; carecen de personalidad y las propias convicciones; por
amor o no lo sienten, ni lo hacen sentir; no consiguiente, estropean las facultades del
se hacen querer. Tal vez el amor -caridad o semejante, lo devoran. Al narcisista, y todavía
filantropía- pudiera estar dormido. Este tipo más al fanático, el egotismo y la vanidad les
de personas, a veces muy inteligentes pero llevan a destruir por acción u omisión aquello
nada sabias, no soportan que los otros crez- de lo que no son protagonistas ni creadores.
can, les hiere que los demás prosperen y se El narcisista y el fanático no pueden observar
muestren alegres; sólo toleran el crecimiento ni reconocer ningún valor a lo que no les es
de las plantas y la alegría de los animales. propio, o a lo que ignoran y, por esa misma
Numerosas personas narcisistas, quizá razón, no aceptan la autoridad que merece
todas, han tenido padres iguales. Estos úl- aquél que sabe algo que ellos desconocen.
timos no solamente han sido indiferentes o Pueden permanecer callados haciendo como
poco cuidadosos con el hijo, sino que han que escuchan, pero nunca oyen. Se les nota
sido activos en utilizar a la criatura en bene- que no están atentos; quizá no hablan, pero
ficio propio. No han permanecido atentos a no saben escuchar de manera empática. No
las necesidades del niño, no han podido con- se ponen nunca en la piel del otro, en el lu-
cederle un espacio, no le han permitido acce- gar del otro; se ponen, eso sí, en su espacio,
der al derecho a la propiedad, a lo que le es expulsándolo o devorándolo. Así es la Esfinge
propio; en ocasiones, ni siquiera físicamente de cera insensible.
le han concedido la propiedad de su intimi- El narcisista y el fanático no han tenido
dad: hay madres y padres que se pasean por acceso suficiente a la consideración y al res-

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peto por la alteridad. No pueden ser justos vanta la ética roussoniana, un punto cardinal
y, por consiguiente, mienten, o no dicen la de su teoría moral que Kant recogerá al con-
verdad porque no la saben, aunque pueden siderar el conflicto entre el yo y la alteridad,
estar convencidos de que la conocen porque contenido en el imperativo categórico, prác-
son simples y se creen omniscientes; no pue- tico o moral.
den ser justos y roban bienes de toda índole. El narcisista, unas veces más y otras me-
Como he propuesto en el trabajo “Sobre el nos, como ya he dicho, necesita robar y ser
morir y el vivir” (1997), la justicia sería, de en- falaz, a menudo de forma encubierta, sin
tre todas las virtudes, la que merece ostentar apercibirse claramente de lo que hace, ya
la primacía, precisamente porque contiene en que se engaña en beneficio propio; mientras
su núcleo, como ninguna otra, la compren- que el fanático, si consigue poder, cambia las
sión de la alteridad. El narcisista y el fanático leyes para apropiarse descaradamente de los
utilizan a los demás sin ningún escrúpulo bienes y las vidas de los otros y puede men-
porque virtudes y valores -inmanentes a las tir de modo impenitente. En ninguno de los
relaciones humanas más maduras- como la dos casos son factibles la amistad y el diálo-
justicia, la piedad, la generosidad, la empatía go fructífero. Al ser doctrinarios, solamente
o la conmiseración no son componentes lo admiten la dependencia, no comprenden la
bastante eficientes en la estructura superyói- independencia del semejante. Los otros son
ca de estos caracteres. El componente bené- tratados como objetos al servicio del propio
volo y el beneficioso del superyó de dichas yo, y por ello la relación es parasitaria, inte-
personas no se ha desarrollado lo suficiente resada en exceso a una edad en que ya no
porque las necesidades propias, narcisistas, corresponde serlo, y, como en cualquier otro
son desmesuradas. A mi entender, estas trastorno del carácter, el afectado es el único
graves deficiencias superyóicas provienen, en no darse cuenta de lo que, para los demás,
si dejamos de lado, de momento, el factor les resulta evidente.
constitucional, del hecho de que la infancia Los fanáticos tienden a creer en mitos,
ha sido insatisfactoria, difícil y durante ella que acaban convirtiéndose en ídolos, porque
no han quedado satisfechas las necesidades están convencidos de que su mito particular
narcisistas que en este momento son propias -que acostumbra a ser único- es el verdade-
y adecuadas a la edad. Quiero decir, que el ro y, además, lo consideran real, es decir,
narcisismo es normal en la infancia pero anó- sensorial, histórico, asimbólico. Se deleitan
malo en la vida adulta, cuando es desmesu- entonces con desmedida complacencia en
rado. En relación con el narcisismo normal todo cuanto consideran propio y repudian,
y necesario, y el que llega a ser perturbador, en general de forma violenta, lo que les es
es de gran interés reconocer la finura psico- ajeno. Aun así, en ocasiones, adoptan algo
lógica y la profundidad de pensamiento de procedente de afuera, pero no alcanzan nun-
Rousseau cuando, en pleno combate intelec- ca a reconocerlo y, de hecho, un tal proceder
tual con los filósofos de la Ilustración, des- acaba deviniendo una apropiación, un robo
cribe y distingue, en el denominado segundo o una suplantación. Entre los fanáticos hay
Discurso (1755), el connatural amour de soi tanta pasión en la consideración de lo que es
como susceptible de degenerar en un inescru- propio, y que puede ser falso, que este funcio-
puloso y desmesurado amour propre, según namiento mental corresponde a un egoísmo
él, origen de todos los males (p.149 y 235). exagerado, a un narcisismo violento, siempre
Sobre la base de esta clara distinción se le- defensivo en el origen al no poder reconocer

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la propia necesidad. Más tarde, cuando el propio; por ejemplo, pueden cometer adulte-
narcisismo individual o grupal cristaliza, la rio y sentirse justos y justificados, nunca se
defensa, permanentemente negada, se trans- sienten en falta, no tienen culpa. Esos son los
forma en ataque. Mientras que el fanático es tipos de cambios codiciales que se efectúan
activo de ordinario y obra con descaro, el nar- en el ámbito de lo particular; pero si el per-
cisista puede ser más pasivo y comportarse de verso o el fanático consiguen poder político
forma egoísta e interesada, como el fanático, o institucional, modifican la ley positiva que
pero, generalmente, con la cara cubierta, en también debe estar basada en el Decálogo, la
secreto, y jamás llega tan lejos. El narcisista Ley de las leyes. Recuérdese, si no, los grandes
podrá manifestarse como un hipócrita, pero perversos que la humanidad ha debido sufrir
el fanático lo es sin ningún pudor, y a veces cuando han alcanzado poder: Hitler, Stalin, la
cambia la hipocresía por un cinismo sin com- Inquisición, etc..
pasión. El fanatismo sería la perversión del Como a los perversos les resulta muy
narcisismo, un narcisismo devenido activo y difícil tener amor por el Hombre, tampoco
furioso. Como en toda perversión, el funcio- consiguen amar a las cosas sagradas de los
namiento superyóico es anómalo porque es hombres, es decir, no logran amar el saber, ni
incapaz de integrar, de acoger como propia la pueden amar la Ley. No tienen ni filosofía, ni
Ley de los hombres, las grandes leyes sagra- filonomía, como propongo que se diga.
das. Me refiero al Decálogo de la Humanidad A menudo se dice que el narcisista se
tal como fue presentado por Zaratustra, Moi- quiere demasiado a sí mismo. Eso es, eviden-
sés, Confucio y otros fundadores religiosos, y temente, una forma de hablar, inteligible, di-
descrito de manera ejemplar por Voltaire en dáctica y, hasta cierto punto, correcta. Pero, si
su extraordinario Poema sobre la Ley Natural. se examina de cerca esa cuestión, el asunto se
Acerca de este asunto, Rousseau sí que estu- torna bastante más complejo. Sostengo que
vo de acuerdo con Voltaire, porque el ginebri- el amor es indiviso; no puedo imaginarme un
no también cree que la Ley surge del corazón carácter diviso en el amor: amarse uno mismo
del hombre. Según se mire o, si se mira bien, y odiar a los demás. En realidad, el narcisista
también en Kant debe interpretarse de este aparenta amarse, pero con frecuencia se odia
modo el origen de la ley moral. Los fanáticos, e incluso termina infligiéndose daño de un
al igual que sucede en toda perversión, sien- modo u otro. Cuando el narcisista exhibe lo
ten el Decálogo como una imposición externa. que podría interpretarse como amor a sí mis-
Con una menor pasión actuadora, la sofística mo, lo hace de un modo que suena a propa-
de todos los tiempos lo ve también así: mues- ganda de algo de lo que no acaba de estar
tran grandes dificultades e incluso chocan convencido. El narcisista y el fanático causan
con la imposibilidad de ir descubriendo la Ley daño y se lo causan a sí mismos, pero atri-
en su intimidad, a diferencia de las personas buyen regularmente el daño sufrido a la ac-
más normales que desde su infancia -a medi- ción de los otros. Es sumamente difícil que el
da que va desplegándose el aparato superyói- narcisista y el fanático reconozcan sus culpas.
co-, descubren poco a poco la Ley que brota Ahora bien, si en tales casos y estados pongo
y surge desde dentro. Los perversos, fanático en duda el uso de la palabra amor, ¿de qué
incluido, no saben encontrar la Ley en su co- hay que hablar entonces y sobre qué hay que
razón y aspiran sin cesar a cambiar el Decálo- pensar? Quizá sería oportuno pensar en otras
go en beneficio exclusivo y a hacerse con uno palabras; interés sería una de ellas, para mí
idiosincrásico. Actúan guiados por un código la mejor, como en algún momento propuso

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Freud. Una consideración definitoria del nar- ¿Qué hay en la mente humana, capaz
cisismo sería, como ya he dicho, que dichos de las mayores obras y sacrificios altruistas,
estados presentan muchas dificultades para pero capaz también, a la vez, de la crueldad
desplegar amor. El que se tenga o se pueda más despiadada? ¿Cómo es esta mente capaz
llegar a tener está dormido, apagado o neu- de morir por el bien o por la vida de un con-
tralizado. Se es esclavo del interés y no se pue- génere y, en ocasiones al mismo tiempo, listo
de concebir otro remedio o manera distinta para matar, de forma legal o ilegal, como
para proseguir sobreviviendo. Podría incluso ha ocurrido recientemente en China con el
decirse que el narcisista se defiende del amor ajusticiamiento en público de decenas de sus
porque tiene miedo de sucumbir si lo siente y ciudadanos? Se mata de manera fanática y,
exhibe. Tengo la impresión de que el narcisista curiosamente, en numerosas ocasiones, para
nunca ha sido querido, se le ha causado daño conseguir, se dice, una comunidad mejor.
cuando era niño y, progresivamente, durante Piénsese en algunas de las perversiones ya
la infancia y la adolescencia, llega a descreer citadas y en otras. La lista es larga: el tribunal
del amor. Entonces, el interés toma la primacía, de la Inquisición, el estalinismo, el nazismo,
pasa a ocupar el primer lugar mientras que la el movimiento etarra u otros nacionalismos
justicia y otras virtudes y valores que derivan cuando son criminales, el fundamentalismo
del amor se van borrando y se organiza y cris- islámico cuando es asesino, las limpiezas ét-
taliza un superyó con graves deficiencias. La nicas, y un sinnúmero de barbaridades por el
importante consideración de Rousseau sobre estilo. Tales abusos surgen de la necesidad
el amor propio, que me parece sumamente negada, de la desesperación, del egoísmo ex-
válida y acertada, tendría, pues, que matizar- cesivo y de un narcisismo de grupo. El faná-
se. Aun así, la descripción que él realiza sobre tico no tiene piedad o conmiseración y está
el amor propio puede contener lo que acabo predispuesto siempre al conflicto y a la dis-
de decir acerca del interés. cordia. La piedad o compasión puede haber
En relación con lo que precede y quizá, sido desde siempre un sentimiento crucial
sobre todo, con la dificultad para la asunción y definidor. Así la consideraron Rousseau y
de la culpa -una función o facultad principa- Schopenhauer. De igual forma, Marco Au-
lísima, muy vinculada con la disposición para relio, una de las mentes más preclaras en la
desplegar amor-, el narcisista, y más aún el reflexión de la ética, en sus inestimables Me-
fanático, creen obrar santa y justamente, al ditaciones, nos dijo de manera sencilla cómo
mismo tiempo que se muestran crueles. Es- enderezar el presente: “Sólo hacia la piedad
tán dominados por absolutos, por un interés y la justicia” (XII, 1). También el dios Apolo
absoluto. No matizan, son esclavos de un se fijó en este asunto cuando, muy enfadado
funcionamiento mental esquizoide y para- con Aquiles y con algunos de sus inmorta-
noide, es decir, un funcionamiento muy par- les congéneres, tuvo que recordar a los otros
cializado. En ocasiones, se tienen a sí mismos dioses que la piedad y la vergüenza [concien-
por altruistas y benefactores, aunque ejerzan cia] eran una cosa necesaria para seguir sien-
dominio y violencia. Inflingen, de hecho, do humanos (La Ilíada, XXIV, 33).
grandes sufrimientos en nombre de una idea Sólo hay dos salidas a los conflictos gra-
religiosa, política o patriótica y hasta supues- ves con los demás, a veces inevitables: la ac-
tamente científica, e incluso, si las cosas se ción desmedida que conlleva el intento de
les ponen difíciles y pueden hacerlo sin de- dañar e incluso destruir al adversario; y, de
masiado riesgo, llegan a matar. manera más quieta, la comprensión y el per-

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dón, o, por lo menos, la evitación de aquello también, siguiendo la semántica de Melanie


o de aquél que todavía no podemos perdo- Klein, la dificultad de acceder a la introyec-
nar. Cuando no hay perdón, hay venganza, y ción del objeto total-, es propia de estos ca-
ésta exige la actuación, es decir, la acción sin racteres.
comprensión, la acción gobernada por el im- Entiendo que hay dos formas básicas,
pulso interesado. De la relación antinómica dos grandes ejes en la organización de la
entre venganza y perdón, la tragedia griega, personalidad individual que dependen de la
así como la tragedia de algunos pacientes, constitución originaria y de la experiencia
constituyen ejemplos palmarios, sublime la adquirida, muy fundamentalmente, desde
teatral, lastimosa la clínica, cuando la situa- el origen hasta la adolescencia. De estas dos
ción es desventurada. La experiencia clínica y formas troncales, una permite tener en cuen-
la reflexión de lo escrito por algunos clásicos ta la existencia de los otros, y contribuye a
-Sófocles, Séneca, Marco Aurelio- me con- desarrollar salud y bienestar; la opuesta pro-
dujeron, no sin esfuerzo y dudas, a observar mueve ceguera e ignorancia en lo referente
mejor la venganza y el perdón. Entonces me a la consideración de la existencia y las ne-
atreví a introducir a este último, como a uno cesidades de los otros, y comporta malestar
más de los elementos importantes en el cen- y trastorno. Freud hablaba de elección de
tro de la cura psicoanalítica, obviando, como objeto narcisista o elección anaclítica; Klein
es natural, el moralismo como es preceptivo proponía posición esquizo-paranoide o posi-
en psicoanálisis (Armengol, 1994, p.238- ción depresiva. También se podría formular
242). El psicoanálisis es un oficio o un arte la polaridad enunciando: narcisismo o al-
difícil porque es inevitable que el paciente truismo moderado (Bion, en algún momen-
hable de la propia moralidad, y también es to, propone narcisismo y socialismo). En el
inevitable que el terapeuta tenga que hablar origen y en el mantenimiento de toda psi-
de moral para facilitar el habla del paciente, copatología neurótica y caracterial habría un
aunque no puede moralizar; ha de poder es- excesivo narcisismo defensivo en el inicio de
perar, si acaso, a que el propio paciente sea su desarrollo (se verá en seguida que he mo-
quien se moralice, que se perdone y pueda dificado este punto de vista). En lo relativo a
perdonar, es decir, que el amor se despierte. la defensa, habría que pensar, además, que
El perdón requiere casi siempre del arrepen- intervendrían poderosos factores constitu-
timiento del infractor, pero el fanático es tan cionales. La esfera de la psicosis tendría otro
cruel que no tolera ni la demanda de perdón; origen, porque según el parecer de muchos
opera guiado por una pasión de venganza -Freud el primero, y además de forma cla-
asesina tal, que lo ciega para atender a la ra en muchos momentos de su obra-, ésta
situación del otro. En este sentido, el fanáti- se fundamentaría en una alteración no tan
co es muy egoísta y rígido, partidario de los psicogenética, o no tan exclusivamente psi-
absolutos, enemigo de los matices, omnis- cogenética; habría en tales casos una diáte-
ciente y prepotente, un narcisista irredento sis orgánica o biológica muy determinante.
y despiadado, siempre dispuesto a guerrear; Estaría de acuerdo con Otto Kernberg (1975)
implacable, además, porque suele ser para- cuando afirma que todos los pacientes con
noico. La falta de atención, la dificultad para reacciones neuróticas y desórdenes del ca-
atender, la indisposición para considerar la rácter tienen problemas narcisistas. También
totalidad, tal como se desprende de las re- estaría de acuerdo cuando entiende la psico-
flexiones del estoicismo -se podría decir patología como un subgrupo de la personali-

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dad narcisista2. Pero, a diferencia de algunos manera más cuidadosa, con cautela, con me-
autores psicoanalíticos, propondría que tam- nos hostilidad y altivez. Se trataría de formas
bién los pacientes denominados borderlines clínicas de cristalización diferente del narci-
son narcisistas. Además, un buen número de sismo. Habría personas que de manera preva-
pacientes diagnosticados como psicóticos y lente exhibirían un funcionamiento narcisis-
borderlines son formas clínicas de histeria ta y si, a la vez, no tienen o apenas sufren de
disociativa grave, a veces con propensión al síntomas diversos definitorios como fobias,
onirismo y a menudo con depresión larvada obsesiones, depresiones severas, relaciones
pero que se hace evidente por momentos. objetales histéricas, etc., entonces con pro-
Frecuentemente, los designados como pa- piedad se les diagnostica como de trastornos
cientes borderlines son narcisistas sin gran- narcisistas con hostilidad más o menos insu-
diosidad ni ambición; pero siempre, y esta fribles, según los casos.
característica sería para mí lo específico del Para proseguir con el estudio del fanatis-
narcisismo, usan continuamente a los otros mo me sirvo ahora de un instructivo diálogo
en beneficio propio aunque, a diferencia de de Platón donde, a mi parecer, se tocan con
los narcisistas más extremos, lo hacen de una sagacidad algunas de las descritas peculiari-

2
Ya no pienso de este modo. Intentaré argumentarlo provisionalmente en esta nota sumaria. El psicoanálisis ha simplificado
mucho la cuestión de la etiopatogenia. Desde el origen la teoría pulsional o libidinal se edificó con la pretensión de
explicar toda la psicopatología, incluida la psicótica, pero este intento fue siempre especulativo y reduccionista. Esta
teoría a pesar de ser instintivista no tiene en cuenta los determinantes genéticos de la patología y de la fisiología. Y,
lo que puede ser peor, se observa que introduce muchas expectativas acerca de explicaciones que son ilusorias. Ha
generado confusión y grandes e infundadas convicciones con desprestigio para el propio psicoanálisis. Además, no
puede dejar de ser muy moralista cuando no corresponde. Así pues, estimo que debería considerarse la rectificación
de la teoría libidinal-pulsional. Si no se reforma la teoría, la homosexualidad, por ejemplo, nunca podrá entenderse
como condición sino exclusivamente como anomalía o perversión y así se suele interpretar al paciente. Asimismo,
psicopatología stricto sensu (síntomas mentales) y narcisismo deberían comprenderse como entidades claramente
separadas porque su origen es distinto.
La mítica pulsión de muerte, si existiera, no podría producir patología sino, tal vez, problemas de carácter (en su vertiente
moral pero para nada en la neurótica). La pulsión de muerte sólo podría ocasionar problemas de moralidad, sólo podría
originar inmoralidad, nunca síntomas. Se moraliza el psicoanálisis, quiérase o no, cuando se invoca la envidia o la
acción de una presunta pulsión de muerte o de destrucción para explicar una patología, la mental o la corporal. Hay que
desagregar la patología mental (neurosis y psicosis, es decir, procesos con síntomas) de la moralidad, una de las caras
o componentes del carácter. Al decir moralidad -siguiendo las fértiles reflexiones de Aristóteles sobre ética-, me refiero
al comportamiento, a la actuación y a cuestiones como: la envidia o la generosidad; el amor, la amistad y la filantropía
[philía] o el odio; el narcisismo y el altruismo; lo constructivo y lo destructivo, etc., que nada tienen que ver con un
síntoma mental, como, una fobia, una disociación histérica o una alucinación.
Por otra parte, se observa que la persona con patología mental o corporal propende al narcisismo porque la enfermedad
promueve egoísmo. Pero lo inverso no es cierto, el narcisismo no puede causar psicopatología, es decir, síntomas
mentales, como tampoco origina psicopatología per se la personalidad psicopática o perversa; podrán organizar, eso sí,
anomalías serias del carácter.
Existirían dos (o más) ejes o carriles, determinantes del desarrollo humano, fisiológico y patológico, muy bien
diferenciables entre sí, aunque se entremezclen: el de la psicopatología y el de la moral. El campo de la moral incluye
cosas afines o correspondientes tales como: el amor, el interés y el odio, la envidia o la soberbia, el carácter narcisista
o el carácter altruista, etc., pero, excluye el carácter neurótico, por ejemplo la personalidad histérica o la obsesiva. Al
respecto, es muy importante considerar que el eje de la patología y el de la fisiología, es decir, el eje salud–enfermedad
estaría muy determinado por la constitución y la herencia (en un sentido algo parecido al que propone Freud en Análisis
terminable e interminable). También lo estaría el eje moral. No obstante, ambos, a su vez, resultarían muy sensibles
o condicionados por el hábito o la cultura, y, decisivamente, por la crianza. La realidad muestra que hay enfermos
psicóticos, histéricos u obsesivos bondadosos y tranquilos, y, los hay, imputables o no, malvados o malignos al igual que
entre los sanos.

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EL FANATISMO, UNA PERVERSIÓN DEL NARCISISMO 21

dades caracteriales del narcisismo. Eutifrón Si seguimos con Eutifrón, por su manera
creía actuar bien cuando Sócrates lo encuen- de actuar parece oportuno preguntarse: ¿será
tra decidido a acusar delante de la justicia, a narcisista? Es rígido, omnisciente, ¿no será
hacer público, un homicidio cometido por su un pequeño fanático? Hay algo en el carác-
padre. Sus familiares opinan que ésa no es una ter y en el comportamiento de este personaje
acción piadosa, pero él está convencido de que repugna a la mayoría. Esa repugnancia,
obrar guiado por la piedad. Cuando su padre ¿no será promovida por su manera fría de ac-
y otros familiares le dicen: “Es impío que un tuar, escasamente humanizada y sumamente
hijo lleve a cabo una acción judicial de homi- rigurosa cuando no corresponde? ¿No es ino-
cidio contra su padre”, él explica y responde: portuno actuar una función, representar un
“Desconocen, Sócrates, cómo son las cosas personaje cuando no corresponde? En efecto,
divinas acerca de lo piadoso o lo impío”. Eu- no es oportuno, es inadecuado ser hijo y juez
tifrón creía saber y no podía callar la verdad; del propio padre. Quizá Eutifrón confunda o
parecería, incluso, que nunca fuera capaz de no sea capaz de discriminar lo que es la fami-
mentir. Sin embargo, ¿es veraz la persona que lia de lo que no lo es, error muy importante
asegura que no miente? Tengo la impresión de y frecuente y producto, a su vez, de un acto
que el narcisista y el fanático actúan de forma de puerilidad, a saber: ver familia donde hay
muy parcial: es posible, efectivamente, que no institución, querer pensar que la institución
mientan mientras no vean en peligro los prin- debiera ser una familia. Con la agudeza en él
cipios doctrinarios que les son necesarios para habitual, en un trabajo muy apreciable donde,
organizar su existencia. Ahora bien, cuando entre otras importantes cuestiones, advierte
creen que su propia organización doctrinaria, sobre lo inconveniente de la necesidad de ver
mental o social, puede arruinarse, y puesto una familia en todas partes, De La Lama des-
que han instituido como sagrados sus princi- cribe con precisión y profundidad:
pios existenciales, pasando éstos por encima La familiaridad impropia es un intento de
de cualquier consideración, se creen autoriza- hacer que funcione como «gran familia»
dos a todo en nombre de lo sagrado, de modo lo que en realidad no es una familia, sino:
que pueden mentir muy deliberadamente si bien sea alguna institución diferente de la
les conviene. El hombre, entonces, deviene un institución familiar, bien un hecho natural
medio para ellos, el fin lo constituyen las ideas, y nada familiar tampoco (1994 p. 145).
la doctrina, la ideología, la ciencia, la religión; Al hombre singular le corresponde ser per-
el grupo propio, el partido, la misión, la patria sona; no es posible ser persona e institución
y cosas semejantes. También Kant, el rigorista en el mismo momento relacional. La sala de
Kant -luego lo discutiremos-, creía obrar bien justicia debe acusar, juzgar y evitar la men-
cuando aseguraba que nunca, en ninguna cir- tira; los hombres particulares, pobres, debe-
cunstancia, debía mentirse. Mucho se ha es- mos abstenernos cuanto podamos de acusar
crito sobre esa célebre proposición kantiana, y juzgar, y perdonarnos las mentiras dichas
pero, de momento, hemos de considerar que por piedad. Los tribunales tienen que ser
él, a diferencia de los fanáticos, instituyó como justos y clementes; los hombres piadosos y
fundamento de su criticismo que el hombre es justos. Podría venirnos bien escuchar a Rous-
siempre un fin en sí mismo, jamás un medio. seau cuando considera y propone, en su Dis-
Nada puede haber, ni doctrina, ideología o re- curso de 1755: “la piedad es un sentimiento
ligión que pueda desbancar al hombre singu- natural que, moderando en cada individuo la
lar, podríamos añadir. actividad del amor a sí mismo, colabora a la

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conservación mutua de toda la especie” (p. de decir la verdad aun tratándose de tonterías
152). sin importancia. Ser esclavo de la veracidad
Cuando los hombres creen demasiado suele ser un tormento para aquellos que nos
en ellos mismos, cuando tienen un excesivo rodean, ser demasiado inclinado a la menda-
amor propio, como preferiría decir Rousseau, cidad suele manifestar poca estima y respeto
devienen instituciones, dejan de ser hombres para con los otros.
simples y empiezan a ser fanáticos, a fundar En las relaciones de amistad y de familia-
y a establecer, de un modo absoluto y sin pie- ridad, a veces, la verdad puede hacer mucho
dad, qué es el bien y el mal; comen en exceso, daño y no conducir a nada bueno; puede ser
hasta indigestarse, de la fruta del Árbol prohi- muy destructiva. Aquí, la verdad tendrá que
bido de la ciencia y terminan haciendo daño. ser descubierta si se quiere pero, y eso es lo
¿Podríamos imaginarnos La piedad de Miguel esencial, no puede propagarse e imponerse en
Ángel causando mal a alguien? Soy incapaz nombre de una veracidad devenida en sagra-
de imaginarme esa figura procediendo como da. En el seno de la familia, en circunstancias
Eutifrón. No sé si esa escultura, de haber es- excepcionales, habrá que entender y perdonar
tado todavía más viva habría mentido para no la mentira, mientras no exista contumacia;
hacer daño; lo que sí creo saber es que los fa- pero cuando estemos actuando en el seno de
náticos pueden mentir sin escrúpulo, aunque una institución justa, cuando ésta respeta los
también puede haber fanatismo en sostener Derechos humanos, no se puede mentir. Kant
que no es posible mentir o que no se miente es muy absoluto al establecer que la mentira
jamás, como quizá hacía Eutifrón. No es bue- siempre es condenable; su rigorismo princi-
no mentir, sobre todo en lo relativo a cuestio- pialista no admite la variabilidad circunstan-
nes importantes; con el tiempo acaba hacién- cial. Para él, el deber se impone siempre a la
dose daño. Debemos abstenernos de hacerlo, consideración de cualquier circunstancia. No
pero hay que poder comprender que, en oca- hay excepción posible. A mí me parece que
siones, suele ser inevitable mentir en el seno Kant se equivocó sobre este particular, por-
de las relaciones de familiaridad y amistad. En que no llegó a diferenciar debidamente, como
efecto, es conveniente constatar que en la co- acabo de proponer, la persona individual en
tidianidad familiar, en la de la amistad y más su cotidianidad, familia y amigos, de la per-
frecuentemente todavía en la relación social sona cuando forma parte de una institución o
decimos constantemente pequeñas mentiras, se relaciona con una institución. Cuando una
magnánimas mentiras para evitar daños inne- persona profesa una determinada función u
cesarios. La convivencia urbanizada y tranqui- oficio que la comunidad dictamina que es de
la reclama la verdad y la mentira. Ahora bien, su interés, el profesional se inviste con el há-
resulta evidente que aquí como en todo hay bito correspondiente a su función, aunque no
unos límites que no deben sobrepasarse para lo haga de manera tangible y visible como en
evitar males mayores. A la vez, en lo relativo a las edades Antigua y Media. El médico, al ejer-
este vicio y virtud lo que decide sobre el juicio cer su profesión, se pone o se ponía la bata; el
que nos merece el carácter de cada persona magistrado, la toga; el sacerdote, la sotana; la
es la proporción relativa de veracidad y men- policía y el ejército, el uniforme; el rey, la coro-
dacidad. Las personas que mienten a menudo na, etc.. En esas circunstancias, en esos modos
no nos son agradables aunque las tengamos relacionales de tipo institucional, no podemos
por amigas, pero, tampoco nos son cómodos mentir si somos interrogados; la veracidad
aquellos amigos o familiares que siempre han aquí sí que es inexcusable, como Kant preten-

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EL FANATISMO, UNA PERVERSIÓN DEL NARCISISMO 23

día para todo. Pero en casa no llevamos o no crimen. Todos han dicho: vengamos la pa-
deberíamos llevar hábito y, por consiguiente, tria de los crímenes del tirano; castigamos
no debemos hacer como Eutifrón que no pue- aquello que nos parece una injusticia. En
de discriminar debidamente. Parecería que de una palabra, halagadores cobardes, mi-
manera omnisciente no pudiera prescindir del nistros bárbaros, conspiradores odiosos,
hábito, cree saber y presume de saber. El ri- ladrones hundidos en la iniquidad, todos
gorismo de Kant es imprescindible para evitar rinden homenaje, a su pesar, a la misma
perversiones institucionales; curiosamente, virtud que ellos pisotean (p. 894).
el mismo Platón deja de ser socrático en La Es inevitable pensar que también en nues-
República, cuando admite la mentira para el tros días, cuando en un país sucede lo que
gobernante magistrado en nombre de la ra- Voltaire describe y denuncia, hay que mentir
zón de Estado. ¿Este Platón no nos recuerda si se quiere evitar la pena. Los que han actua-
actuales hechos horribles y punibles relativos do mal es difícil que puedan tener filosofía
a crímenes de Estado? ¿Kant o Platón? En la y filonomía, porque hacerse responsable de
res publica, en la institución, siempre el Euti- las culpas es muy duro en tales casos; si se
frón platónico, el rigor y la veracidad de Kant, dice la verdad se pierde el honor y se puede
nunca el Platón de La República. En casa nun- perder la libertad. Pero, en tales casos si se es
ca como Eutifrón. No puede denunciarse a un mendaz se puede perder para siempre la fi-
familiar homicida; otra cosa será qué hacer losofía y la filonomía, decisiones muy graves
con él si es un asesino contumaz, o qué hacer las que hay que tomar después de la culpa.
con un familiar o un amigo, para no cometer Edipo, a pesar de lo que dice, tampoco tuvo
perjurio, cuando éste es descubierto y llevado filosofía ni filonomía, porque siempre negó
ante un tribunal. Contradiciendo a Kant en que había matado a un humano usando el
estos supuestos, me inclinaría por la casuís- argumento pueril de que no sabía que ma-
tica y que el propio obrar se determine por taba a su padre. Puede haber falsas razones
la presencia de la subjetividad, por la acción para cualquier cosa cuando se es narcisista
de la conciencia que quiere ser beneficiente, como una criatura y, por consiguiente, se ac-
pero, no por la acción de la ciencia que puede túa la transferencia infantil.
devenir omnisciencia maleficente. Es cierto, Si ahora tomamos en consideración el
siempre podemos equivocarnos, pero en casa análisis rigorista y de principios tal como vi-
podemos tener que elegir la conciencia antes mos que proponía Kant, y examinamos los
que a la ciencia, y tal cosa la institución debe comportamientos que hemos descrito en el
perdonarlo. Por el contrario, es imperdonable seno de la familia y en el del Estado, podría-
que la mendacidad prevalezca en las institu- mos establecer que la ética deontológica o
ciones ya que entonces todo se pervierte y se de principios, more Kant, y la ética de conse-
corrompen la justicia, la ciencia y la huma- cuencias o circunstancial no han de ser ex-
nidad. Aquí sí que uno debe inclinarse ante cluyentes. De ellas se puede desprender no
Kant. Da qué pensar lo que dice Voltaire en El una oposición, que puede ser parcial y, por
filósofo ignorante: tanto, falaz, sino una síntesis. La ética de prin-
La palabra injusticia no se pronuncia ja- cipios debe tener la primacía en la institución
más en un Consejo de Estado en el cual y, esta ética, debe modelar y tutelar a la ética
se propone el asesinato más injusto; los consecuencialista. Quizá, en la relación de
conspiradores, incluso los más sanguina- amistad y en la relación familiar debe ser a la
rios, no han dicho nunca: Cometemos un inversa.

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Kant reconoció que debía a Rousseau el no puede dejar de estar presente en cualquier
origen y principio de su reflexión ética, pero reflexión acerca de los principios de la ética
no es justo con Voltaire, porque algún punto desde que nos los descubriste, y fundamen-
decisivo de su criticismo relativo a la virtud taste que lo bueno sin restricción es la buena
había sido dicho por el filósofo francés, a voluntad, la voluntad buena, la benevolencia,
quien Kant conocía bien. En la Crítica de la sobre todo, cuando en la Metafísica de las
razón práctica cita a Voltaire una vez para ex- costumbres, la ligas al hacer el bien, es decir,
plicar que se había hecho perder el respeto, a la beneficencia. Al mismo tiempo, nos has
pero necesariamente tenía que haberlo citado hecho evidente, mejor quizá que ninguno de
por otras cuestiones. El alemán no fue lo bas- los antiguos, si exceptuamos a Aristóteles, el
tante magnánimo y justo y creo que cometió principio de la alteridad, la presencia de los
el mismo pecado de Platón al no citar nunca otros, cuando explicas en la insuperable Fun-
a Demócrito. ¿Platón y Kant demasiado narci- damentación de la metafísica de las costum-
sistas, demasiado políticos, interesados en el bres, tu imperativo moral en relación con la
triunfo de un grupo con una ideología deter- humanidad como un fin en sí misma.
minada? Rousseau fue para Kant el “Newton No es mi pretensión hacerte mejor -por-
del mundo moral” al situar la autonomía de que eso sólo puede ser cosa tuya-, sino ex-
la ley en el corazón de los humanos, desha- plicar las consecuencias que para el conoci-
ciendo la pretensión de la moral heterónoma. miento pueden tener algunas omisiones en
Voltaire decía lo mismo y algo más. El carácter tu obrar. Te confieso, no obstante, una de
incondicionado de la virtud, contradiciendo, mis debilidades: me alegraría y me complace-
por ejemplo, a los epicúreos antiguos y a los ría que pudieras ser más magnánimo. Nos
de siempre, es claramente visible en Voltaire ocultas algunas cosas, y has pecado como
cuando dice: “La virtud no es un bien, es un todos hacemos; cometes el mismo pecado
deber; es de un género distinto, de un orden que Platón, tu amigo, ignorando con desdén
superior, y nada tiene en común con las sen- a uno de los adversarios de los dos. Además,
saciones placenteras o dolorosas” (Diccionario guardas silencio sobre otros pensadores prin-
filosófico, p.343). Y ésta es una de las propo- cipales cuando debería hablarse de ellos. Más
siciones fuertes que Kant no pudo reconocer adelante, porque deseo ser franco contigo,
que Voltaire ya había pensado. El hombre, ser te reprocharé que no cites como es obligado
moral, es para Kant, siguiendo a Rousseau, a Espinosa, el constructor de una de las más
el fin último de la naturaleza, con indepen- bellas catedrales del pensamiento, aquel co-
dencia de los propios gustos e inclinaciones. losal libro conocido con el nombre de Ética. En
No hay posibilidad de intervención por parte efecto, hablas de una concepción suya muy
de agentes ni de mediaciones al margen del importante, te la apropias, lo cual dice mucho
hombre mismo, dado que éste no es un medio en tu favor, pero no hablas de él. ¿Cómo pue-
jamás. El respeto que se debe a un humano ha de ser posible que Kant cometa estas omisio-
de ser absoluto, según el autor alemán. nes?, ¿Te recuerdo lo que otro hombre joven,
Ahora, amigo lector, te hago depositario de tan fino y esmerado como el anterior en cues-
una carta que he escrito a Kant y que dice así: tiones de moral, pensaba de la omisión? Has
Querido Immanuel Kant: Todo cuanto has de haber olvidado que Marco Aurelio explicó
pensado y escrito es extremadamente valioso de manera inequívoca que muchas veces co-
pero no puedo evitarte una reflexión y un re- mete injusticia aquel que no hace nada, no
proche. Eres grande, porque tu pensamiento solamente quien algo hace (IX, 5).

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EL FANATISMO, UNA PERVERSIÓN DEL NARCISISMO 25

Para continuar mi crítica reflexión sobre disgustarse con Platón- lo hace público. Re-
los posibles y poderosos motivos ideológicos cordarás, cómo no, que citas a Demócrito en
de los que solemos ser esclavos te digo, que- la última página de tu Crítica de la razón pura,
rido, lo siguiente: tú y Platón no podéis reco- aunque de forma oscura, me parece que nada
nocer la posibilidad de que Demócrito haya elogiosa, y en la Crítica de la razón práctica te
podido ser la fuente de inspiración de aquél refieres a él para decir que no merece la pena
que, por su inestimable pensamiento moral, detenerse en su sistema de la casualidad dado
siempre tienes presente. Como bien sabes, es- que es manifiestamente absurdo. ¿No es par-
toy hablando de Sócrates, uno de los pilares cial e injusto criticar a quienes no aceptan la
de tu ética autónoma, aunque no siempre lo finalidad, tu necesario teleologismo, y ofrecer
citas como tal. Tengo la impresión de que Pla- una idea reduccionista de la casualidad al no
tón y tú sentís cierta aversión hacia quienes hablar de determinismo? Te consta que Aristó-
no son teístas, curiosamente, como ocurre teles lo cita a menudo y con respeto; sabes bien
a veces con Voltaire. ¿También tú dices que que para Demócrito azar y necesidad es una
Demócrito es un presocrático?, ¿haces como manera de decir lo mismo y que por no aceptar
el noble Cicerón?, ¿por qué no nos decís la ninguna finalidad fue criticado seguramente
verdad?, ¿por qué nos engañáis? Los filósofos con escasa razón por el discípulo de Platón.
sabéis que Sócrates era contemporáneo de Demócrito no necesitaba ser teleologista; tú y
Demócrito, sabéis, incluso, que éste segura- Aristóteles necesitáis un plan y una finalidad.
mente fue algo más joven que el de Atenas, Quizá no conozcas los fragmentos de la
y sabéis que murió bastantes años después. ética democritiana y ello te eximiría de culpa.
Tú que pretendes tener un carácter noble, Tú que hablas de la majestad del deber y has
¿no crees que ésa puede no ser una cuestión escrito: “¡Deber, nombre sublime y grande!”,
menor?, ¿no podría haber en eso una mistifi- mira lo que dice Demócrito. Te lo digo en for-
cación interesada? Sí, ya sé lo que suele escri- ma de resumen y me consta que formularás
birse imitando a Cicerón: objeciones a ello:
Se denomina presocráticos a los que a di- No por temor, sino por deber, es preciso
ferencia de Sócrates se ocuparon más de abstenerse de acciones viciosas. Quien
la Naturaleza que del hombre; Sócrates evita la injusticia sólo por causa de la
a la filosofía la descendió del cielo a la ley, tiende a actuar mal y a escondidas,
tierra, del examen de la naturaleza al del mientras que quien fue persuadido al
hombre. reconocimiento del deber, no tiende, ni
Muy bien, pero además, ahora todos sabe- abiertamente ni a escondidas, a llevar a
mos que ha habido mucho silencio acerca de cabo actuaciones incorrectas.
Demócrito y otros, y mucha propaganda sobre Has de saber, hemos de saber, para ulte-
Sócrates y algunos más. Y, no obstante, hay riores reflexiones, que algunos fragmentos
mucha y muy profunda reflexión ética atri- democritianos son idénticos a los pilares
buida a Demócrito: la formidable e imponente que sustentan la ética socrática. ¿Demócrito
concepción acerca de la interiorización de la conocía a Sócrates o Sócrates conocía a De-
conciencia moral, como sabes bien -o hubieras mócrito? Immanuel querido, ¿sabes lo que
podido saber si tu amigo Platón te lo hubiera pienso de este asunto? Si Demócrito hubiera
contado-, fue formulada por primera vez por recibido los principios de su ética de Sócra-
el materialista. Ya no es posible ocultar estas tes, lo hubiera declarado así; aparecería, tal
cosas, alguna gente -que asimismo puede vez, el nombre del maestro en alguno de sus

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26 ROGELI ARMENGOL MILLANS

fragmentos. Desconfío, por el contrario, de insuficiente. No haces bien porque quieres ser
Platón; intuyo que era lo bastante interesado honrado, y no deseas ser narcisista. ¡Tú, pre-
y apasionado en el combate ideológico y pudo cisamente, que eres uno de los que nos haces
habernos ocultado que Sócrates había bebido caer en la cuenta de la importancia de la al-
en las fuentes de la ética de Demócrito. Tanto teridad! Nunca te agradeceremos bastante
la gente que piensa -y tú piensas mucho, todo que hayas fundamentado tu ética siguiendo
el mundo lo reconoce- como la que nunca lo los pasos vacilantes de Demócrito y de Sócra-
hace, somos con frecuencia demasiado apa- tes, y, sobretodo, los de Aristóteles, tomando
sionados en lo que se refiere a la ideología, y en consideración la existencia del otro. ¿Re-
en eso, tú, admirado pensador, descuidas el cuerdas que en la Crítica del juicio vinculas
aviso de tu colega Hume acerca del podero- el mal a un “intratable egoísmo”? Y, ¿qué de
so efecto que la pasión puede ejercer sobre la la Metafísica de las costumbres?: “Hacer el
razón. Por consiguiente, en más o en menos, bien es un deber”, dices, y concluyes, yendo
hacemos, y parecería que fuera inevitable, más lejos incluso que algunos de los antiguos:
un uso político de la ideología, lo que, des- “La felicidad ajena es un fin que a la vez es un
de luego, acaba desmereciendo a la filosofía deber”. ¡Qué hermosa frase la que escribes en
misma. Como bien sabes, filosofía e ideología tu Religión! Es como un verso que condensa
se excluyen casi siempre. Hemos de estar muy buena parte del universo humano: “Egoísmo,
atentos si queremos mantenernos intelec- el dios de este mundo”. En función, pues, de
tualmente honrados. Tú recuerdas, quizá me- tu oportuna insistencia en la consideración
jor que nadie, que Aristóteles deseaba que sus de los demás creo que, inexcusablemente, de-
conciudadanos no pecasen de nuevo contra bes citar a Voltaire para hacerle un bien, a él
la filosofía. ¿Te das cuenta, admirado filóso- y al resto de cuantos te leemos. ¿Y qué haces
fo, que no eres lo bastante beneficiente con con tu admirado Rousseau? Eres muy sobrio,
tus lectores y con la memoria de los vivos y lo sé; hemos visto que en tu casa sólo tienes
los muertos? Cuando no se es beneficiente se colgado un cuadro. ¡Y este cuadro es la efigie
puede ser maleficente, y aun cuando jamás lo de Rousseau! Eres un hombre contenido, tem-
hayas formulado de ese modo, creo que te co- plado y, no obstante, te exaltaste al conocer
rresponde un pensamiento así. Alguien podría cómo enfocaba Rousseau el problema de la
pensar que te exijo demasiado al pedirte algo teodicea. Todavía oigo tu grito vehemente:
que no das. Te prescribo, no obstante, la mis- Rousseau ha sido el primero en descubrir,
ma medicina que tú le hiciste tomar a Hume bajo la multiplicidad de las supuestas for-
cuando en la Razón pura escribes: “Nuestro mas humanas, la naturaleza recóndita del
escéptico [Hume] no distinguió estas dos cla- hombre y la ley oculta según la cual la
ses de juicio, y, sin embargo, debiera haberlo providencia queda justificada por su ob-
hecho”. Pues bien, la medicina es la siguiente: servancia.... Después de Newton y Rous-
tienes que hacer algo que no haces. Tengo la seau, Dios está justificado y la sentencia
impresión, porque sé que le lees, que has reco- de Pope es verdadera.
gido alguna flor del jardín de Voltaire -ya ves Ya sé que Voltaire se ríe de Pope y de
que ahora hago uso de una excelente metá- Leibnitz y que eso te duele. Está bien, recono-
fora del querido Séneca-, pero apenas hablas ces un gran mérito a Rousseau y, además, a
del francés, y cuando lo haces, lo dejas en mal diferencia de Voltaire, que no sabe qué hacer
lugar. Sí, ya recuerdo que en una ocasión ci- con la Providencia, Rousseau se le enfrenta
tas algunos versos suyos, pero eso me parece enérgicamente; pero este elogio de Rousseau

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lo has escrito sin ánimo de hacerlo público: virtud y la felicidad. ¡Menudo atrevimiento! El
se encuentra manuscrito sobre el margen de contento de sí mismo o del alma es una flor
uno de tus trabajos. ¿Por qué no has podido muy bella que creció en el jardín de Espinosa,
“colgar” el cuadro de Rousseau en tus grandes como otra muy parecida, casi igual, la euthymía
Críticas si ha sido de tanta importancia para [buen ánimo] apareció en el de Demócrito. Tu
ti? Sabes bien que nunca lo citas en tus gran- has leído la Ética de Spinoza tan impresionan-
des obras, aunque sí lo haces en alguno de te; pero ese jardín no te agrada, y tienes, desde
tus opúsculos. Quizá soy demasiado riguroso luego, tus buenas razones, porque el judío ex-
y exigente, pero como a veces, de forma muy pulsado de la sinagoga, fichado y puesto bajo
seria, te refieres a la virilidad necesaria para vigilancia por la Inquisición, perseguido por
pensar con rectitud… -No sé, por otra parte, impuro, pone en cuestión tu amada libertad y
por qué no hablas de las mujeres, ¿no son tu amada deidad, el homo noumenon escin-
ellas, en ocasiones, más valientes?-. Así pues, dido del homo phoenomenon... Es cierto que
ya que ésa es tu posición, serás lo bastante tu actitud hacia Spinoza cambia al final, pero,
viril para encajar mi insolencia sin ningún curiosamente, según parece, cuando tu fe cris-
lamento. tiana, sufre una variación. ¿Por qué te resulta
Hay una concepción que puede ser cen- tan difícil recordar a tu adversario Voltaire?,
tral, como tantas otras, en tu reflexión y que ¿por qué no citas a Rousseau, tu admirado
aprecias especialmente: me refiero a la con- filósofo, en tus obras principales?, ¿por qué
sideración acerca del contento de sí mismo no mencionas como es debido al joven y gran
o de uno mismo, tu célebre e importante Espinosa? No tengas miedo, inflexible filósofo,
selbstzufriedenheit, ampliado más tarde, su- porque el mundo seguirá girando lentamente
pongo que con considerable esfuerzo de tu como desde el primer día aunque pueda haber
parte, cuando hablas de un placer moral. En progreso, como tú, entre otros, te esfuerzas
la obra en que hablas de este placer dudas en razonar. ¿Hubiera cambiado el mundo de
acerca de la oportunidad de añadir la bene- haber citado Platón el mérito de Demócrito?
volencia, el amor, al cumplimiento del deber Seguramente no. O, tal vez sí. ¿Hubiera habido
para sentirse contento. Esta es una reflexión mayor progreso moral? De cualquier modo,
de suma importancia sobre el superyó o, para citar, cuando es obligado, a los adversarios y a
decirlo con más propiedad, sobre diferentes los amigos honra a quien lo hace y es un deber
tipos de cristalización del superyó. Hay pa- de justicia.
cientes que hablan de esas cosas sin haberte A ti, que tienes una poderosa cabeza, te
leído: unos dicen que no se sienten contentos; pido que pienses y, si te place y puedes, me
algunos llegan a decirlo como tú lo formulas y respondas algún día, la siguiente cuestión
manifiestan que no están contentos consigo que a todos habría de ayudarnos: ¿Inclinar-
mismos; la mayoría expresa lo mismo de un se ante la pasión y dejar enterrados el pen-
modo distinto, dicen estar deprimidos. Ahora samiento de algunos autores por considera-
bien, ¿cómo puede ser que no digas que uno ciones ideológicas o políticas, podría ser una
antes que tú introdujo en la reflexión ética la consecuencia del narcisismo? Me atrevo a
concepción quizá capital sobre el contento del decirte que tu poderoso racionalismo no ha
alma o el sentirse contento? Fue el gran pen- podido tomar en consideración la afirmación
sador que establece de manera bien suave y de tu colega Hume al decir, contundente y
natural identidades fundamentales, aquel que valientemente, que: “La razón es, y sólo debe
identifica el contento con el conocimiento, la ser, una esclava de las pasiones, y no puede

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pretender otro oficio que el de servirlas y obe- ponemos de otros remedios que nos permiten
decerlas”. Para muchos no es fácil admitir lo evitar la muerte si estamos tranquilos y pode-
que, entre otros, propone Hume: la moral se mos sortear la venganza. El problema es que,
subordina a la pasión o al sentir. Compren- al igual que Platón, no sabes cómo resolver el
do tus reservas, pero si escuchamos el ruido problema del mal, del daño, de la culpa, pues,
enorme que los hombres alcanzamos a hacer del mismo modo que él, entiendes al superyó
y a sufrir desde siempre en el seno de esta de manera parcial e incompleta. Sospecho que
sorda e impasible Naturaleza, la propuesta de en lo relativo al mal es sumamente importan-
Hume no constituye ninguna sandez. Tu Ra- te y frecuente el grave problema que plantea o
zón no puede admitir el contacto con la pa- surge en el Eclesiastés: ¿habrá justicia al final
sión. Pero, ¿tú, que en todo momento sitúas del tiempo o no tiene por qué haberla? Creo,
a la razón como eje de la ética y la moral, no te lo digo como lo pienso, sin disimulo que,
serás esclavo también de la pasión cuando de como sucede a la mayoría, te ha impresionado
narcisismo e ideología se trata? ¡Te debo, te mucho este problema y no puedes, a pesar de
debemos tantas cosas! Entre otras, me he be- que antepones siempre la moral a la teología,
neficiado de una más amplia concepción del prescindir de la teología de la inmortalidad o
superyó, del superyó de algunos, quizá del de de la resurrección a la manera de Pablo para
la mayoría, a pesar de que no sabes qué ha- fundamentar la moral al final de tu obra. Vol-
cer con el del perverso. No estoy de acuerdo taire, que puede ser muy desmesurado, como
contigo y con Platón en que deba aplicárseles sabes bien no es justo con los judíos; pero, tú,
la pena capital. Tus páginas dedicadas a este ¿seguro que hablas con equidad de la religión
tema, quiero decírtelo claramente, me pare- judía?; ¿qué pensar de la ortodoxia que no ad-
cen abominables. Dejas de lado a Hume y ello mite la inmortalidad? En lo relativo a la ética
te impide advertir que la pasión puede haber en tu Religión eres injusto con los judíos y, por
enturbiado tu poderosa razón. Te es posible extensión, me parece que también lo eres con
admitir que se dé muerte a un humano per- los ateos; ¿recuerdas lo que dices?:
verso, tal vez porque crees en la inmortalidad. Ya que no puede pensarse en ninguna re-
Demasiado anhelo de inmortalidad podría ligión sin fe en una vida futura, el judaís-
corresponder a un excesivo narcisismo al no mo como tal, tomado en su pureza, no
poder aceptar la propia muerte, y a no tener contiene ninguna fe religiosa...; el que no
en cuenta que no debemos decidir la vida de haya querido tomar en la menor conside-
los demás. ¡Que haya que recordar tales co- ración la vida venidera demuestra que ha
sas al príncipe de la alteridad, del deber y del querido fundar solamente una comuni-
respeto! ¡Demasiada ansia de inmortalidad! dad política, no una comunidad ética.
¡Demasiada fría pasión! En relación con ésta, Excesivo para ti. Parece que acabas dicien-
cálida o fría, apacible o no, calm passion o do que no hay comunidad ética sin inmortali-
violent passion como dice Hume, no hay más dad. ¿Eso, dice Kant? ¡Ay!, el Eclesiastés, amigo
salida, estimado amigo: para entender el su- mío. Tu médico de cabecera me parece que es
peryó hay que poder incluir a Hume, se te debe Pablo, el mío es Demócrito como debes haber
emparejar a él, mal que te pese. Kant-Hume, descubierto, a pesar de que las cartas de aquél
no es posible ser excluyente o partidario. No es son admirables y es bueno y recomendable
posible hacer ideología partidaria sin dañar al leerlas con toda la atención que uno pueda.
conocimiento. Quizá no se pueda modificar el No acostumbras, amigo Kant, a hablar de
superyó de determinados malvados, pero dis- los niños, del desarrollo y del cambio en tus

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grandes obras. ¿Has observado que los mayo- variabilidad de la especie humana, que se re-
res solemos causar daño a los niños guiados siste a lo absoluto. La humana es una especie
por nuestro narcisismo? ¿Te has percatado que tiene mucho en común, pero es la más va-
de algo muy extraño en lo relativo a la infan- riable que existe. Es tan variable en el pensar,
cia?, ¿has observado que, en ocasiones, los el sentir y el obrar (moral) como en lo corporal.
mayores se complacen cuando el niño tiene Las demás especies son más constantes en
miedo y sufre? Estos mayores son crueles y no el obrar, hay menos variabilidad. Percibimos
lo saben, se tienen a sí mismos por valientes la moralidad en la medida que hay variabili-
y se creen mayores, pero son sólo adultos en dad o diversidad, porque si todos los hombres
su apariencia corporal. ¿Sabes lo que pien- fuéramos idénticos como pueden serlo los gu-
so de este tipo de cuestiones? Mantengo que sanos no advertiríamos que somos morales o
del narcisismo de los padres, de la falta de inmorales, y no reflexionaríamos como veni-
amor, pueden surgir homicidas y suicidas; en- mos haciendo desde siempre acerca de lo que
tre los primeros Edipo es un caso notorio. Me es la moralidad; seríamos morales o inmorales
gustaría que hicieses una lectura crítica del y basta. Todos los humanos tenemos cara, voz
concepto de superyó de Freud, del cual hay y huellas digitales; somos semejantes pero
mucho que aprender y, a la vez, mucho que no somos idénticos, somos singulares. Con la
criticar, pues me temo, te repito, que no sepas mente y la moral ocurre algo parecido. La Ra-
qué hacer con el mal. Ojalá efectuaras esa lec- zón y la Ley se ven con claridad en el corazón
tura; cabría esperar mucho de ella y al final de la mayoría de los hombres, pero no en todos
todos ganaríamos algo. Según vemos en tu ellos. Protágoras no acertó al afirmar que Zeus
Religión, donde quedas muy enredado en sa- repartió por igual Justicia [dike] y Conciencia
bias y profundas consideraciones, tienes que moral [aidós]. En consecuencia, quisiera ex-
acabar por imputar un mal radical en la natu- ponerte mi conclusión acerca de la pregunta:
raleza del humano, como, desgraciadamente, En lo relativo a la moral, ¿qué criterio prevale-
siguen creyendo muchos psicoanalistas. Estos ce? Respondo para ti, para uso de tu crítica: A
colegas a tu mal radical lo llaman pulsión de constancia del criterio moral de la mayoría, la
muerte. ¡Qué libro el tuyo sobre la Religión physis humana, la fisiología moral, que en el
dentro de los límites de la mera razón, que cómputo general de la historia suele ser más
según mi parecer es una mezcla de profunda frecuente que la patología moral. La fisiología
sabiduría y de propaganda clerical! Hablando moral, más constante que la patología y que,
de religión, Rousseau, tu preceptor, me gusta como tú me has ayudado a apuntalar en mi
mucho más que tú; es más poético y parece reflexión, no es consensuada ni es nómica o
más independiente, es admirable su sincera circunstancial. De esa constancia, de esa phy-
honestidad. Aún sin ser religioso, me pregun- sis extraes, no te engañes, el a priori, el impe-
to, y pregunto al amigo religioso, ¿es genuina rativo moral y todas tus bellas cosas, sagradas
la religión sin poesía?, ¿si se la despoja de mito y eternas, palabras estas últimas dichas a
y de poesía, no se convierte en ideología po- la manera de Spinoza. Sobre los astros, las
lítica? En tu Religión quieres prescindir de la abejas o las hormigas sería más fácil postular
casuística y quedas atrapado en ella, porque absolutos o leyes de carácter universal; en los
acabas prisionero de lo absoluto. Sólo puedes humanos, esto es posible sólo relativamente.
salir del laberinto cogiéndote de lo absoluto. Únicamente de un modo relativo se puede ser
Pero el problema clave y su solución, amigo absoluto. Pero, ¿es eso un pecado filosófico? Si
mío, según lo entiendo y oso exponértelo, es la fuera así, perdóname, porque no soy más que

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un modesto lector, apasionado lector a veces decir, como si tales postulados fueran impres-
de alguna buena filosofía, como la tuya, pero cindibles. No podía dejar de aplicarlos porque
sin hacer de ello profesión ninguna porque devinieron muy poderosos y tiránicos para él.
mi oficio es otro. Creo que ahora estamos ha- Además, como suele suceder con los mitos o
blando del viejo problema del ser, del cambio sus esbozos, seguramente estuvieron presen-
y del movimiento. No son absolutos, ya que tes en su cabeza, durmiendo quizás desde la
coexisten los dos, y cuando uno piensa en lo infancia o la juventud. Dichos mitos fueron
absoluto disocia el movimiento, la dinámica. considerados y queridos como propios y esen-
Quizá por eso no aceptas la cantidad, como sí ciales. Por otra parte, considero que el mito, y
hace el viejo Aristóteles en la formulación de estimo que podrías compartir mi opinión, pue-
la virtud: sólo te fijas en la cualidad, en el es de llegar a ser sumamente peligroso cuando
o no es, una propuesta absolutista que puede se le cree real, histórico. El mito es agradable
llegar a oponerse al cambio. Y, sin embargo, e instructivo mientras sea arte, pero, mucho
sabes bien que un hombre virtuoso puede de- cuidado, porque cuando traspasa su límite e
jar de serlo, y viceversa. La virtud es o no es invade el territorio de la ideología o de la cien-
en relación con la cantidad y no sólo con la cia puede ser funesto y nocivo. Hume pensaba
calidad. Otra consideración todavía: el amor que la pasión gobierna la razón. No parece
y el odio crecen y decrecen, son móviles en una sandez si se observa la fuerza y la poten-
relación con la experiencia, cambian o pueden cia que pueden adquirir los mitos. En efecto, el
cambiar en el curso de la historia individual; carácter que es sumamente potente y eficien-
pero sospecho que eso es algo que no ves o no te, y el sentimiento de necesidades diversas
quieres considerar. Lo que sí dices, en cambio, van construyendo principios, mitos y filosofías
es que es preferible dejar los sentimientos al que condicionan la razón. Aunque te disguste
margen. Cuando tienes que fundamentar la debe entenderse la Razón como un mito más
conciencia sólo admites el deber, pero éste es mientras se la considere pura, es decir, incon-
una parte del superyó, no lo es todo. Hume tie- dicionada. No existe una tal cosa absoluta.
ne también razón. Respecto a la conciencia y En lo referente a los principios es evidente
a la “pasión” o sentimiento de Hume, Freud te que no puedes aceptar un dualismo teológi-
supera, quizá, en el primer tramo del camino, co, maniqueo, porque, como es lógico, tu teo-
porque examina e investiga la variabilidad logía sólo puede admitir, para no alterar la
de la conciencia moral, que él denomina su- razón, más que un único principio supremo
peryó; investiga su singularidad, que en parte originario, para decirlo con tu léxico. Pienso,
es condicionada, relativa. Más tarde postuló, sin embargo, que en lo relativo a este grave
también, un absoluto. Y, lo malo de los abso- asunto Rousseau no te salva a la Providencia
lutos es su inexistencia, o su parcialidad, por -a la que antes ya hemos aludido- porque él al
ejemplo, tu célebre propuesta sobre el deber. igual que tú, como admites en algún pasaje de
Todo lo que es no puede ser un mal absoluto, tu Religión, entendéis que el mal también es el
aunque puede ser un gran mal, pero, a su vez, dolor físico, y tal cosa necesariamente signifi-
lo que no es y se postula acaba ocasionando ca que no todo el mal depende de la libertad.
dolor y daño al conocimiento y, después, a las Sé que conoces a Broggi, buen cirujano y ciru-
personas. Así, en el caso de Freud, el complejo jano bueno. Hemos hablado mucho de estas
de Edipo y una mítica pulsión de muerte, una cuestiones y, como otros antes, hemos con-
especie de mal radical como a ti te gusta de- cluido que el mal es el dolor y el daño, sea
nominar, que él aplicaba de modo absoluto, es físico o moral. Aunque lo contrario no puede

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ser cierto porque el bien no se reduce al placer. programación natural relativa en la especie
Tales conclusiones que seguramente se origi- humana. Freud escoge la filosofía de Lamarck,
nan en nuestra práctica médica siguen una ignora la de Voltaire. Como bien sabes, todos
tradición más aristotélica que epicúrea. Por mi los científicos eligen o “son elegidos” por una
parte también sostengo que el progreso de la filosofía y una mitología que habita en el fon-
humanidad es la disminución del dolor y del do de sus mentes, sólo que algunos descono-
daño -Broggi afirma que debería añadirse la cen que es así y otros niegan que sea así. Los
comprensión a la disminución del sufrimiento. hay tan arrogantes que desprecian la filosofía
Pero, como se observa a menudo que no siem- en nombre de la ciencia que creen poseer. No
pre se alcanza un aumento notable de la com- saben y no quieren saber que en sus molleras,
prensión, me conformo con la idea de que y desde la niñez, antes que ciencia hay filoso-
la disminución del dolor debe ser suficiente. fía y mitología, las cuales siguen gobernando
Acerca del progreso, acabo de escribir unas secretamente su razón que de manera om-
pequeñas reflexiones en un trabajo corto so- nisciente imaginan incondicionada porque
bre el conocimiento y el consentimiento de la no meditan en lo relativo a sus inclinaciones
muerte, pero ahora debo dejar este tema; con míticas. Tú quieres conseguir que la razón deje
gran esperanza y alegría pienso escribirte una de ser condicionada pero..., pudiera ser que en
próxima carta acerca de este asunto. Para vol- tu cabeza tengas enclavado un mito, quizá el
ver a lo que ahora tenemos entre manos, ¿es mito de la inmortalidad. Lo mismo le sucedió
que no puede prescindirse de los principios a Freud con otro mito. Y yo, como cualquiera,
absolutos y radicales, como el bien y el mal, ¿cuál debo tener?, porque no debe ser posible
para hablar de lo humano? Espinosa lo hace que no tenga ninguno. Quizá me descubras
sin inmutarse, pero tú no puedes seguirlo pues- portador del mito de la mortalidad, al contra-
to que si “Deus sive natura”, solamente exis- rio que tú, y el de la pequeñez e insignificancia
te una substancia y entonces desaparece de del universo humano. En este momento te
nuevo la Providencia. El principio radical no es imagino sonriendo apaciblemente; sé que ya
el bien ni el mal: el principio sería la acción, si has adivinado quién me despertó, y quién me
seguimos a Goethe; después, sobre este fun- estructuró muy fuertemente tales mitos. En
damento se edificarían de manera natural las fin, sabes bien que se trata de un emperador
categorías del bien y del mal, cuando el animal y de un pulidor de lentes, ya muy citados, a los
come la fruta prohibida, cuando el animal se cuales veo con un espíritu semejante y pode-
humaniza. Quizá no sea posible dejar de ob- roso. El eximio Marco Aurelio, un elemental y
servar tales principios radicales y absolutos claro generador de moralidad, y el insuperable
sin prescindir o sin poner freno a la operati- Spinoza, que fue capaz de ver claro lo que se
vidad de la mitología o de la teología en la presenta borroso, el que miró el mundo y con-
mente de los hombres, incluida la de Kant. templó cosas de este estilo: la felicidad no es
Al final, tienes que hacer como Freud que, no el premio de la virtud, sino la virtud misma;
siendo teólogo, filosofa con el mito del bien y el amor o felicidad, la gloria, el contento del
el mal y, como tú, introduce un maniqueísmo alma son la misma cosa; el humano no es un
antropológico, en su caso bajo los nombres de imperio dentro de otro imperio…
Eros y pulsión de muerte, una mitología que ¿Existirán humanos sin mitos operativos
llega a tomar por real. Freud tampoco tuvo en su mente? Si tú, Freud y otros grandes pen-
en cuenta a Voltaire cuando contradiciendo sadores poseéis mitos operativos, ¿no voy a
a Locke, su admirado maestro, vislumbra una poseerlo yo? ¿Me lo descubres por si no hu-

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biera acertado en lo relativo a Marco Aurelio un hombre extraño, complejo, escritor exce-
y Espinosa? Me harías un gran favor. lente y elegante como pocos; religioso ejem-
Si retomo la filosofía de Voltaire y de Rous- plar y contradictorio, a diferencia de Kant, que
seau, y la de Demócrito y Sócrates, la de Esquilo, estaba hecho de una pieza. Neurótico y sabio,
la de Marco Aurelio y la de Espinosa, la de Freud gentil y paranoico, histérico por momentos,
y la de Darwin, la tuya, Immanuel, desde lue- como en aquella ocasión en que le monta un
go, como también hace Freud, la de Hume y la “número” a Hume abrazado a sus rodillas, llo-
de Aristóteles, la de Moisés y la de Jesús, junto rando, pidiéndole perdón. Culpable de accio-
con la de tantos otros, si las tomo como guías nes graves, exhibía a veces un carácter suave
posibles, si ahora las mezclo con la filosofía y y dulce; y en relación con la mentira, fue más
la ideología de los pacientes, es decir, con lo clemente que el alemán. Aunque Rousseau no
que dicen o creen acerca de sí mismos y de los distingue ex profeso al individuo de la insti-
demás, me encuentro con esta mezcla o com- tución -tal como lo he propuesto en este tra-
binación tal como intenté argumentar en un bajo-, se ocupó de la mendacidad de manera
libro que escribí: el superyó, la conciencia mo- más humanizada que el riguroso y célibe au-
ral, la Ley moral se va desplegando de acuerdo tor de Königsberg, que quizás fue demasiado
con un programa connatural, ingénito que se obsesivo para permitirse culpa alguna. Quién
modifica y cristaliza según sea la experiencia sabe si esa diferencia entre los dos se debía a
individual. Más tarde, puesto que no somos un que Rousseau se sabía culpable, como vere-
cristal sino carne viva, en más o en menos, se mos después, por mucho que siempre se decía
puede remodelar. El gran Rousseau tampoco inocente. En su última obra, Las ensoñaciones
acertó aunque se acercó bastante a la solu- del paseante solitario, dedica un capítulo, el
ción. Al principio, la mayoría de los humanos cuarto paseo, a hablar sobre la mentira y es-
no somos aún ni buenos ni malos, ni sanos ni cribe que “es difícil y raro que una mentira sea
insanos; lo que sí existe es la posibilidad de ser- perfectamente inocente” (p.70). Pero al mismo
lo, y con el tiempo la historia individual acabará tiempo, tras contar cómo mintió para no tener
la obra. Voltaire, apreciado Kant, huele el buen que acusar a un joven muy consternado por
camino. Sé que no te gusta nada lo que digo y haberle herido accidentalmente en dos de sus
sé que corro el riesgo de que me trates como dedos, manifiesta, igual que Taso en la Jerusa-
un descarado descendiente de Demócrito, de lén liberada: “Magnanima menzogna” [menti-
Marco Aurelio y de Spinoza y que menosprecies ra magnánima], y continúa con buen criterio:
mis razones, que pueden aparecer como sinra- Jamás mentira premeditada se acercó a
zones para tu academicismo, tu formalismo y el mi pensamiento, jamás mentí en interés
rigor de tu oficio. A pesar de todo, he de decirte propio; pero con frecuencia he mentido
que cuando se te lee, es muy difícil no adquirir por vergüenza, para librarme del embara-
la convicción de que eres uno de los mayores zo en cosas indiferentes o que sólo intere-
talentos de la humanidad. No dejaré de citarte saban todo lo más a mí mismo… (p.74).
aunque seamos adversarios en algunas cues- Actitud metodológica y carácter que difie-
tiones cardinales. Hasta pronto, estimado ami- ren del rigor de Kant cuando éste expresa: “La
go, y para el bien de todos, recordemos siempre, veracidad en las declaraciones que no pueden
si te place, a Marco Aurelio... eludirse es un deber formal del hombre hacia
Escribir a Kant o sobre Kant, puede com- sus semejantes, por grave que sea el perjuicio
portar pensar en su ilustre antecesor, tan que para él mismo o para otros se siga de ello”
apreciado por él y tan entrañable. Rousseau es (p.62) y “Ser veraz en todas las declaraciones

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es pues un mandamiento sagrado de la razón, demás son independientes, y ha de serlo, de


incondicionalmente exigido y no limitado por nuestro deseo, gusto y arbitrio. Pues bien, el
conveniencia alguna” (p.64). Eutifrón, empero, fanático, como el narcisista, están sumidos en
llegaba más lejos que el de la Razón práctica, una desesperación continua porque no les es
pues, aun habiendo querido ser consecuente posible aceptar la independencia de los otros.
con la dura máxima kantiana, podía eludir la Siempre quieren que la totalidad dependa de
declaración y ser igualmente inocente. la singularidad, han girado el mundo y lo ha-
El fanatismo no se articula bien con el cen dependiente del propio interés. Piedad,
sentimiento común -con la fecunda idea de perdón, esperanza, justicia, sentimiento de
Rousseau que tanto impresionó a Kant, la vo- culpa, son valores constituyentes de la virtud
lonté général-, en los momentos de paz y de que el fanático y el narcisista no conocen o
tranquilidad, individual y de grupo; de aquí desconocen porque no acaban de compren-
que, a menudo, el fanatismo sea censurado y der que los demás son independientes, es de-
mal visto por el escaso respeto que contiene cir, tienen vida propia y tienen necesidades.
y la violencia que despliega. El fanático as- La reflexión anterior nos remite asimismo
pira siempre a imponer, actuar y conquistar; a la cuestión de la asunción de la culpa, de la
no respeta nada. No acepta con resignación falta o el daño tan repetidamente proyectados
ser un caso singular o particular, no acepta la o atribuidos a los demás, al exterior de uno
sencillez, el ser común y tranquilo. Su modo mismo. La atribución de la culpa al exterior, a
de acceder a la totalidad, que no acepta, es menudo de manera violenta, es característica
la conquista y la destrucción. No es capaz de del fanático. Como ya he dicho antes, creo que
contener y respetar la totalidad, la pluralidad; la justicia representa uno de los componentes
toma por total su verdad, que es parcial y, por más importantes de la virtud: ser justo significa
tanto, es propenso a destruir la totalidad. tener una idea muy clara acerca de lo que nos
En “Sobre el morir y el vivir” (1997) he pro- corresponde y de lo que no nos corresponde;
puesto que la esperanza debía entenderse es- asumir, admitir las propias culpas y los méritos
pecialmente vinculada al pasado y al presente, y, a la vez, percibir con claridad las culpas y los
y no solamente al futuro como generalmente méritos ajenos. Es éste siempre un ejercicio di-
se hace. La esperanza, que está relacionada fícil que reclama mucha madurez, madurez de
con la espera, reclama la clara percepción y el carácter que no posee el narcisista ni, mucho
respeto por la existencia al margen de noso- menos aún, el fanático. Desde este punto de
tros mismos, por la existencia de la naturaleza vista, el justo es el sabio; el fanático, que es in-
y de las personas. Esperanza quiere decir es- justo, cree que posee la sabiduría porque está
perar, pero significa también aprender a no inmerso en la omnisciencia. La sabiduría tan
esperar demasiado. Significa admitir que la sólo es obrar justamente, decía Marco Aurelio
naturaleza es gobernada por leyes que no de- de manera concisa (IV, 37).
penden de nosotros. Cada humano es parte Hay formas menores de fanatismo más di-
de una totalidad de humanos, lo cual debe fíciles de reconocer que, con frecuencia, sólo se
hacer evidente que nuestro obrar quizá es ponen de manifiesto cuando se produce una
justo pero que el fruto de nuestras acciones discusión o una controversia, cuando la gente
puede dejar de producirse o se producirá más se siente llevada a defender una determinada
adelante y no lo veremos. Efectivamente, los concepción de la vida o de las costumbres que
resultados no siempre dependen de nosotros parecen imprescindibles para mantener la pro-
dado que la naturaleza y la existencia de los pia identidad o el propio interés; pero también

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desplegamos un cierto fanatismo cuando nos rían herirse? Voltaire, en ocasiones, miente;
sentimos urgidos a propagar, a hacer propa- Rousseau, a veces, miente, el primero para
ganda de aquello que consideramos propio y atacar, el segundo para defenderse. Tengo la
valioso. La disposición al fanatismo es muy fre- impresión de que, aun no siendo fanáticos
cuente; podría decirse que se trata de una dis- en absoluto, había demasiado narcisismo en
posición que, con mayor o menor intensidad, el corazón de estos hombres, un narcisismo
habita en todos nosotros. En condiciones de alimentado quizá por una infancia difícil.
cierta rigidez del carácter y escasa ilustración Quizá las propias culpas no fueron asumidas
es fácil caer en el fanatismo. Sucede sin embar- suficientemente, como suele ocurrir en la or-
go, que la escasa ilustración, o el menosprecio ganización narcisista del carácter, aunque no
de ésta -que en ella misma suele constituir un sea grave; el odio, entonces, crece, y cuando
buen antídoto frente al fanatismo- serían ya eso sucede, aparecen dificultades serias para
obra y consecuencia a su vez de un carácter que el individuo se haga cargo de sus faltas,
sometido a limitaciones y rigideces. Sin embar- y entonces, de manera apasionada, se proce-
go, tales caracteres no sólo se detectan entre de a dañar, o a dañarse como pudo sucederle
personas vulgares y poco inteligentes, sino a Rousseau. La pasión excesiva es una mala
también entre universitarios y profesionales de compañera que acompaña siempre a los fa-
cualquier clase, y quién sabe si en una mayor natismos porque la razón, y la serenidad y
proporción entre estos últimos, a veces fatuos, tranquilidad que necesita la razón, quedan
que con la gente sencilla. maltrechas. En Las confesiones, Rousseau, el
En 1778, en pleno siglo de la Ilustración insigne pedagogo, parece afirmar de forma
europea, mueren dos hombres insignes a los abusiva que ningún hombre habrá sido mejor
que ya conocemos, dos de los grandes pensa- que él. Pero lo cierto es que Rousseau aban-
dores de la humanidad, que lucharon siempre donó a cinco hijos en un hospicio. Voltaire, a
a favor de la Tolerancia. Ambos fueron víc- su vez, fue capaz, empujado por el odio, de
timas, en distintos momentos, del fanatismo escribir y difundir un libelo anónimo donde
que habían combatido. Ambos habían perdido daba a conocer el pecado de Rousseau, mien-
a su madre: Rousseau poco después de nacer, tras éste, más cándido quizá, no llegó a creer
Voltaire a lo seis años de edad. Carecieron, se- nunca que su admirado adversario pudiera
guramente, de una infancia fácil, porque per- ser el autor de una tal infamia. La enemistad
der a la madre, o tenerla sólo jurídica o bioló- entre ellos empezó y explotó a propósito de
gicamente, como una Esfinge ensimismada, las respectivas concepciones de la Providen-
distraída u ocupada, constituye un trauma- cia; una palabra, un concepto, una idea. Una
tismo susceptible de no resolverse bien y de palabra, devenida sagrada, les convirtió en
contribuir al desarrollo de una organización enemigos. Cuando una idea se hace sagra-
narcisista del carácter. Estos personajes ilus- da se pierde el concepto de totalidad y nos
tres llegaron a odiarse profundamente, no volvemos esclavos de la parcialidad. La única
pudieron tolerarse. Primero por cuestiones idea sagrada que observa y respeta la tota-
ideológicas y, enseguida, por razones de índo- lidad es el Decálogo de la humanidad, la ley
le personal, vinieron a ser enemigos en lugar de todos los hombres cuando no somos de-
de simples adversarios. ¿Por qué estos dos masiado perversos, la ley de los fundadores
hombres se odiaron tanto?, ¿por qué ellos, de cualquier religión, o la de los pensadores
apóstoles de la tolerancia, no fueron capaces laicos, el Aidós de Demócrito y Protágoras, la
de soportarse, de tolerarse?, ¿por qué que- Ley eterna de Cicerón, la Ley divina de Marco

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EL FANATISMO, UNA PERVERSIÓN DEL NARCISISMO 35

Aurelio o la Ley divina y natural de Spinoza, identificar, pero este acto es muy difícil, se
el Sentimiento moral de Hume, la Ley natural requiere mucha madurez para poder hacerlo
de Voltaire, la Conciencia moral de Rousseau, puesto que casi siempre esta operación men-
la Ley moral de Kant, el Superyó de Freud, o tal implica y conlleva tener que cambiar y
el Hegemonikón [guía interior] de Marco Au- renunciar a satisfacciones narcisistas. Por
relio, es decir, todo lo que nos permite evitar consiguiente, las culpas solamente se pueden
hacer demasiado daño, lo que nos permite lavar en la realidad, es decir, mediante el obrar
evitar no tener demasiada culpa. Es muy di- justo. Las culpas no pueden limpiarse con el
fícil sentir la culpa en la medida conveniente mero ejercicio de la fantasía, porque el au-
porque el narcisismo, inevitable, nos obstacu- téntico perdón sólo se alcanza si hay cambios
liza el acceso a la conciencia ponderada de en la conducta. Si la víctima de la culpa mue-
aquélla. El funcionamiento superyóico, muy re, la enmienda entonces debe dirigirse a los
condicionado por el narcisismo, nos impi- que siguen vivos. Creo que para entender este
de muy a menudo identificar correctamente grave asunto, así como para poder identificar
la culpa, que es desviada entonces hacia un correctamente las culpas, se requiere no ser
acto o un pensamiento irrelevante o inexacto, demasiado narcisista.
como le sucedió a Edipo, tal como Sófocles
lo pintó. El narcisismo de Edipo siempre le
impidió sentirse culpable de su peor crimen: CONCLUSIONES
el haber matado a un humano. Acostumbra a
suceder, asimismo, que para no sentir la cul- Nadie, tal vez, como Voltaire, ha escrito
pa nos defendemos de ella atribuyéndola o tanto contra el fanatismo y la intolerancia. En
proyectándola sobre los demás. También esto el Diccionario filosófico (p. 587), manifiesta:
le sucedió a Edipo según él mismo explica en ¿Qué es la Tolerancia? Es la panacea de la
Colonos. De vez en cuando, como ocurre con humanidad. Todos los hombres estamos
el perverso, no es ni reconocida; en tales ca- llenos de debilidades y errores y, por ello,
sos, se vive o se aspira a hacerlo pretendiendo debemos perdonarnos recíprocamente,
que de nada sirve tener culpa y sentirla, y es pues es ésta la primera ley de la natura-
negada con reiteración. ¡Cuántos filósofos, leza.
sofísticos, según mi parecer, han combatido Sin embargo, el admirable filósofo no
la culpa! Incluso el gran y bondadoso Epicu- pudo perdonar y tolerar al gran Rousseau: lo
ro no comprendió con claridad este asunto; atacó con ferocidad siempre que pudo, mien-
quiso escabullirse, pero Cicerón de manera tras que éste, que llegó a odiar intensamente
sagaz lo cazó al exigir que se debiera ser justo a Voltaire, acabó siendo más piadoso que él.
aunque nadie viese nunca la injusticia, como Ahora, los dos están enterrados en el Panteón;
Demócrito ya había explicado. La dificultad uno frente al otro, y ya no pelean, descansan.
para conocer, identificar y enfrentar la culpa Para comprender mejor el fanatismo sería
reside en algo tan difícil como lo siguiente: el de interés investigar los gérmenes que ani-
reconocimiento de la culpa impone un cambio dan en todo espíritu humano, incluso en el
pero el interés narcisista lo frena. En todos los de aquellos que han hecho de la tolerancia su
casos, pues, de lo que se trata es de impedir el evangelio; quizá entonces reconozcamos que
cambio, de continuar repitiendo, como si del el narcisismo, más o menos presente siempre
hecho de cambiar pudieran derivarse graves en los humanos, es el fundamento donde se
peligros. Se puede sentir culpa, se la puede edifica o crece la intolerancia o fanatismo. En

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36 ROGELI ARMENGOL MILLANS

todas las comunidades, políticas, científicas, REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


religiosas, hay sectores inclinados al fanatis-
mo. Lo mismo ocurre con el hombre individual, Armengol, R. (1994) El pensamiento de Sócrates
en el que hay partes de la mente o momentos y el psicoanálisis de Freud. Editorial Paidós y
que promueven esa actitud. A mi parecer, el Fundación Vidal i Barraquer. Barcelona.
__________ (1997) Sobre el morir i el viure, en
narcisismo y el fanatismo nacen cuando no se
Revista Catalana de Psicoanàlisi, XIV-1, 103-
es capaz de escuchar o de leer libros diferentes
121, Barcelona.
ni de admitir que el otro posee o puede poseer __________ Conocer y consentir la muerte, en
valores que tal vez sería bueno adoptar; se ori- Revista de Calidad Asistencial. Madrid, (en
ginan cuando no es posible aceptar la autori- prensa).
dad ajena, es decir, cuando no es fácil reco- Broggi, M.A. (1995) L’actitud del metge en la in-
nocer que podemos adoptar algún producto formació clínica. De Perceval a Sócrates, en
que no hemos construido nosotros, cuando Revista de la Reial Acadèmia de Medicina de
no podemos recordar y tener presente que hay Catalunya, vol. 10, no 1, 27-36.
cosas que han sido producidas por otros. De La Lama, E. (1994) Familiaridad: una crítica
psicodinámica del pensamiento instituido, en:
De una manera general, podría decirse
En defensa de la tolerancia. EUGE i Hogar del
que el estoicismo, con su pretensión de cos- Libro. Barcelona.
mopolitismo, estaba bien vacunado para ha- Espinosa, B. Ética. Editora Nacional. Madrid, 1975.
cer frente a la intolerancia. De Séneca, por Kernberg, O. (1975) Desórdenes fronterizos y nar-
ejemplo, cabe criticar muchos de sus com- cisismo patológico. Editorial Paidós. Buenos
portamientos, pero creo que el fanatismo no Aires, 1979.
era uno de sus vicios; solía reproducir pensa- Kant, I. Sobre un presunto derecho de mentir por
mientos del epicureísmo, la escuela rival. En filantropía, en Teoría y Práctica. Editorial Tec-
una carta a Lucilio, para introducir una re- nos. Madrid, 1986.
Marco Aurelio. Meditaciones. Alianza Editorial.
flexión de Epicuro [la ley de la naturaleza: no
Madrid, 1993.
tener hambre, no tener sed, no sentir frío], es-
Rosenfeld, H. (1965) Estados psicóticos. Ediciones
cribe: “Mas, para poner término a esta epísto- Hormé. Buenos Aires, 1978.
la, acoge la máxima que me plugo en el día de Rousseau, J.J. Discurso sobre el origen y los fun-
hoy; también ésta ha sido tomada de vergeles damentos de la desigualdad entre los hom-
ajenos” [flor recogida en jardín ajeno, en otras bres y otros escritos. Editorial Tecnos, Madrid,
versiones] (Epístolas Morales, p.106). ¡Una flor 1995.
recogida en el jardín del otro! Me parece una __________ Las ensoñaciones del paseante soli-
bella metáfora porque significa que se reco- tario. Alianza Editorial. Madrid, 1998.
noce la existencia de jardines al margen de Séneca, L.A. Epístolas morales a Lucilio. Vol. I. Edi-
torial Gredos. Madrid, 1994.
los propios, que en ellos crecen flores y que
Voltaire. Diccionario filosófico. vol. I y II. Ediciones
éstas se pueden recoger explicando de dónde Temas de Hoy. Madrid, 1995.
provienen. Una ascesis, un ejercicio ejemplar _______ Le philosophe ignorant, en Mélanges.
contra el narcisismo y el fanatismo. Éditions Gallimard. París, 1961.

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