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Duque y los estudiantes

9 Dic 2018 - 12:00 AM

Por: Hernando Gómez Buendía

Los colombianos elegimos a este presidente por ser buena persona, y ahora
deberemos pagar las consecuencias.

Esta vez la ingenuidad angelical del doctor Duque consistió en negociar lo


poco que tenía con los que no tocaba, en vez de negociarlo con los que sí
podían amargarle la vida.

Duque les dio el billón de pesos a los rectores, pero los estudiantes se
sintieron marginados y ahora exigen dos cosas que el presidente no les puede
conceder: más plata para este año, y un alza permanente en los aportes del
Estado con destino a las universidades oficiales.

Tal vez el presidente se rebusque (no sé dónde) un poco más de plata y logre
levantar el paro estudiantil, pero entretanto cada día que pasa sin asistir a
clases agranda el hueco financiero de este año que el movimiento dizque
quería tapar.

Y por su parte la Ley 30 de 1992 no se puede mejorar, porque las arcas del
Estado colombiano no dan más.

En efecto, cada una de las universidades oficiales “de provincia” fue creada
por el jefe político local para darles empleos a sus amigos y matrículas gratis a
su base electoral. Después, el congresista hacía aprobar una “ley de
nacionalización” y le colgaba la criatura al presupuesto del Estado central.
Por eso antes de la Ley 30, las universidades intrigaban su cupo anual con el
ministro de Hacienda, pero así no podía planear para el futuro. La Ley 30 fue
entonces una especie de tratado entre el gobierno y las universidades, que
consistió en mantener los aportes anuales ajustados según la tasa de inflación,
pero cerrar la vena rota que implicaban la continua expansión de la matrícula
y las mejoras necesarias en calidad eductiva.

El resultado han sido 25 años de déficit creciente de las universidades


oficiales, la expansión cancerosa de la universidad pirata para los cientos de
miles de aspirantes que no caben en las públicas, y una serie de maromas
financieras más o menos dudosas como el cobro de “derechos académicos”, la
consultoría o competencia desleal con los privados, las “estampillas pro-
Universidad X”, el crédito estudiantil y hasta Ser Pilo Paga.
A cada nuevo presidente que elegimos le cae su factura, pero a éste que es tan
buena persona le cayó de madrugón. Y ese es el paro estudiantil que ya lleva
dos meses, que se extendió a los maestros, que ha causado desmanes por un
lado y abusos policiales por el otro, que hará perder el año a los muchachos, y
que nos tiene a todos en trancones.

Los estudiantes tienen todo el derecho a protestar, pero un Estado serio tendría
que preguntarse: ¿Por qué matrículas gratis para pocos y para el resto, que son
la mayoría, cupos malos y caros en una universidad pirata? O —si se habla de
la otra función de la universidad—: ¿Cuál es la ciencia o cuál es la cultura que
en realidad producen nuestras universidades oficiales?

Lo que no hemos tenido es un Estado serio ni un país serio que pregunten esas
cosas.

Y mientras tanto los pobres muchachos —y el pobre muchacho— seguirán


ahogándose en sus camisas respectivas de 11 varas.

* Director de la revista digital Razón Pública.


https://www.elespectador.com/opinion/duque-y-los-estudiantes-columna-828041

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