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Lecturas ecológicas de Marx

Publicado el 26 noviembre 2013 por Antonio Olivé

Muy buenas a todos. Si nos


siguen con regularidad sabrán que somos poco amigos de
rigores y dogmatismos y si hay que criticar, pues se critica
a Marx, Engels o el lucero del alba. Por ejemplo, en las
cuestiones medioambientales. ¿Era Marx un productivista o
existe un Marx “verde”, “ecologista”?. Marx -como otros de su
época- estaban impregnados por cierto progresismo trágico
heredado del positivismo, por un lado, y la dialéctica hegeliana
por otro; lo que no quita para que podamos encontrar “atisbos
político ecológicos” -por emplear la expresión de Sacristán-
. ¿Ejemplos? En tiempos de Marx y Engels no había crisis
ecológica global, pero sí tres crisis ambientales que ellos
analizaron: la crisis forestal (escritos tempranos
de Marx sobre los robos de madera); crisis urbana (escritos
de Engels sobre la situación de la clase obrera en Inglaterra)
y crisis agrícola (comienzos de la agronomía moderna
con Justus von Liebig. Anticipaciones -como nos
recuerda Riechmann- de lo que hoy llamaríamos ecología
humana, como “ecología de la fuerza de trabajo en la fase
ascendente del capitalismo” cabe entender las reflexiones
sobre las condiciones de vivienda y de alimentación del
proletariado industrial y algunas preocupaciones sobre el
problema demográfico.
Si continuas con nosotros podrás, de la mano del
antropólogo Claudio C. Vizia, obtener más ejemplos de esos
“atisbos”, conocer algo más sobre un tal Podolinsky y muchas
cosas más. ¿Te sumas a nuestro plan?…
Olivé
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Lecturas ecológicas de Marx


Claudio C. Vizia
Introducción
En este trabajo me propongo considerar la noción filosófica de
Naturaleza en Karl Marx, para tratar luego de analizar de qué
modo es incorporada en la teoría del valor, piedra angular del
materialismo histórico. Para estas dos cuestiones me basaré
en el análisis de textos seleccionados de los fundadores del
materialismo histórico. Este punto tiene particular
importancia por mi convicción sobre la necesidad de una más
adecuada valoración de la obra de Marx en los ámbitos
ecológicos, lo cual en mi opinión tiene una importancia no sólo
teórica sino también política, considerando que actualmente
se da un proceso convergente de lucha de movimientos
ecologistas, campesinos y de pueblos originarios, paralelo a
cierto vacío y confusión teóricas e ideológicas, que son aún
consecuencia del derrumbe de los grandes regímenes del
llamado “socialismo real”.
Luego pasaré a relacionar dicha problemática con el análisis
de la energía en la agricultura de Podolinsky, retomando sus
argumentos, y al final se examinarán los distintos comentarios
y valoraciones que pudimos encontrar en textos
contemporáneos de JoanMartínez-Alier, Guillermo
Foladori, Paul Burkett y John Bellamy Foster, y Daniel
Bensaïd, para llegar a las conclusiones.
La pertinencia del tema está justificada por al menos dos
razones. La primera de ellas reside en la convicción
de Podolinsky de haber hallado las bases termodinámicas de
la teoría marxista del valor. La segunda consiste en la
certidumbre sobre las posibilidades de una mayor
comprensión sobre la estimación -o subestimación- del
problema energético en Marx y Engels a través de reunir
diversos argumentos y críticas de autores contemporáneos.
Consideraciones sobre la Naturaleza
En los “Manuscritos” de 1843-44 Marx se refiere a la
naturaleza como “el cuerpo inorgánico del hombre”. Si bien esta
concepción es de carácter transhistórico, como ha sido
señalado al menos por Ted Benton y Moishe Postone, tiene
un doble valor: como punto de partida afirma que no puede
concebirse al hombre sino en la naturaleza de la cual forma
parte; y en obras posteriores permitirá además llegar a la
noción más compleja y dinámica de metabolismo del hombre y
la naturaleza, aprovechando las influencias de los estudios
de von Liebig sobre la fertilidad de la tierra. La referencia al
capítulo del Libro I de El Capital “Proceso de trabajo, proceso
de valorización”, nos puede ayudar a entender mejor la idea:
“En primer lugar, el trabajo es un proceso entre hombres y
naturaleza, un proceso en el que, mediante su acción, el hombre
regula y controla su intercambio de materias con la naturaleza.
Se enfrenta a la materia de la naturaleza como un poder natural.
Pone en movimiento las fuerzas naturales pertenecientes a su
corporeidad, brazos y piernas, cabeza y manos, para apropiarse
de los materiales de la naturaleza en una forma útil para su
vida. Al actuar mediante este movimiento sobre la naturaleza
exterior a él y cambiarla, transforma al mismo tiempo su propia
naturaleza.” (1)
En este párrafo, puede establecerse una influencia directa en
la noción contemporánea de coevolución del hombre y la
naturaleza, de R. Norgaard.
Esa relación metabólica se habría alterado por la alienación del
proceso de trabajo, la separación del productor de sus
condiciones de producción y consiguientemente de su
producto, generando además la división del trabajo con la
consecuente separación entre la ciudad y el campo, procesos
que según Marx el socialismo debería rectificar.
“Con el predominio cada vez mayor de la población urbana,
concentrada en grandes centros, la producción capitalista
acumula, de un lado, la fuerza motriz de la sociedad, mientras
que de otra parte perturba el metabolismo entre el hombre y la
tierra. Es decir, el retorno a la tierra de los elementos de ésta
consumidos por el hombre en forma de alimento y de vestidos,
o sea, la condición natural eterna de la fecundidad permanente
del suelo.” (2)
Sobre el problema de la reutilización de los residuos vuelve en
el libro III de la misma obra, en la sección destinada a la
economía en el empleo del capital constante, destacando a la
vez el aporte de la ciencia en su reutilización, como su
irracional despilfarro:

“Los excrementos del consumo son muy importantes para la


agricultura. Por lo que respecta a su utilización, la economía
capitalista efectúa un despilfarro colosal; en Londres, por
ejemplo, no saben hacer nada mejor con el abono de 4 ½
millones de seres humanos que emplearlos, con gastos
inmensos, en apestar el Támesis.”

Y más adelante:

“Y todo progreso de la agricultura capitalista no es sólo un


progreso en el arte de esquilmar al obrero sino también en el
arte de esquilmar a la tierra, y cada paso que se da en el
incremento de su fertilidad dentro de un período de tiempo
determinado, supone a la vez un avance en la ruina de las
fuentes permanentes de esta fertilidad. (…) La producción
capitalista sólo desarrolla, por tanto, la técnica y la combinación
del proceso social de producción al tiempo que socava las
fuentes originarias de toda riqueza: la tierra y el trabajador.” (3)
Notemos que en este pasaje no sólo encontramos una crítica al
carácter depredador del capital sobre la tierra y la fuerza de
trabajo, sino también una toma de distancia con respecto a
una supuesta concepción unilateral de progreso, el que se
revela, por el contrario, como desigual y contradictorio.

Sin embargo, a este párrafo subrayado por autores que


destacan las percepciones ecológicas de Marx, podemos
contraponer el siguiente, escogido del Manifiesto, y también
citado repetidamente por quienes critican su
supuesto productivismo o prometeísmo:
“En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana,
la burguesía ha creado energías productivas mucho más
grandiosas y colosales que todas las generaciones juntas.
Basta pensar en el sojuzgamiento de las fuerzas naturales por
la mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la
química a la industria y la agricultura, en la navegación de
vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la
roturación de continentes enteros, en los ríos abiertos a la
navegación, en los nuevos pueblos que brotaron sobre la tierra
como por ensalmo…

¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechare siquiera que en


el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre
yacían soterradas tantas y tales energías y elementos de
producción?”. (4)
Estos pasajes, que han sido calificados como “panegíricos de
la burguesía”, deben contextualizarse debidamente. Ante todo,
se nota el tono entusiasta de un manifiesto, contrastante con
el más neutro de un tratado (5). Pero a párrafo seguido, se
detallan las trabas actuales al desarrollo de las fuerzas
productivas, y la necesidad del socialismo. En la misma
página, destaca como un “logro” de la burguesía la
concentración de la población en grandes ciudades, y el rescate
de los campesinos del “idiotismo rural” (6).