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Acudimos al llamado de las mujeres argentinas en octubre pasado, indignadas y

haciendo propia la exigencia de denunciar y visibilizar los casos de violencia


extrema contra las mujeres, reflejada en los feminicidios que se han
incrementado sistemáticamente en la región. El llamado de la Alerta
Humanitaria continental no da espera, la exigibilidad del cumplimiento de las
leyes que protegen la vida de las mujeres y las niñas y las garantías para la No
repetición seguirán siendo nuestra bandera.

La oleada conservadora ultraderechista de las diferentes iglesias no se ha hecho


esperar en nuestro país y en la región, se perciben ofensivas regresivas en las
agendas públicas de los derechos sexuales, los derechos reproductivos, la
legislación sobre la familia, el reconocimiento de derechos de la población no
heteronormativa y las medidas asertivas sobre la violencia contra las mujeres y
las niñas se encuentran el grave riesgo por las alianzas entre partidos de derecha
grupos ultraconservadores e iglesias de todo tipo que pululan en el continente.

En paralelo, las alertas mundiales por el acoso sexual en el ámbito de los medios
masivos de comunicación y en la industria cinematográfica, son una muestra del
crecimiento desbordado de una problemática padecida y silenciada por años por
las mujeres y ratifican la coexistencia de graves vulneraciones de los derechos
de mujeres y niñas a lo largo de su vida, el desconocimiento de la soberanía
plena que nos asiste como sujetos de derecho, la autonomía sobre nuestros
cuerpos y la titularidad sobre nuestro placer y nuestra capacidad de goce. La
denuncia es importante, muestra que estamos superando el miedo, el terror y
visibilizando el odio, el maltrato, el abuso del cual seguimos siendo objeto.

El ascenso social de las mujeres en el mundo es imparable, no somos minoría,


somos parte decisiva en el caudal electoral de nuestros países, la ley de cuotas
hoy es insuficiente, no es el punto de llegada, es el punto de partida porque
aspiramos a la paridad y al reconocimiento pleno de los derechos civiles y
políticos que nos asisten en esta materia para concretar la participación activa y
decisiva de las mujeres latinoamericanas.

Nuestramérica despierta indignada empeñada en mostrar que es posible vivir


juntos, para construir país no se puede eliminar al diferente, en Colombia,
intentamos dejar atrás la guerra, sacar las armas del conflicto para poder resolver
nuestras dificultades, por eso exigimos la salida negociada del conflicto y
respaldamos los acuerdos de paz ya firmados con las FARC, exigiendo su
cumplimiento y los avances que en la materia se tiene con el ELN. Los acuerdos
son una parte importante de la resolución del conflicto armado más largo del
continente, uno de los más importantes sin duda alguna, pero no es el único, A
las mujeres colombianas nos urge construir país.
Llamamos a la sociedad en pleno, a desistir de la vulneración de los derechos
de las niñas y las mujeres, del consentimiento de formas de violencia extrema
todavía impunes reflejada en la indolencia y el ascenso escalofriante de las
cifras, en la debilidad en la operación efectiva de la justicia para defender la vida
y la integridad de más de la mitad de la población.

Ni una mujer menos


Ni una muerte más
¡VIVAS NOS QUEREMOS!

http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-
37828573?post_id=867492963335204_1258262907591539

VERDAD Y MEMORIA

20 NOV 2017 - 5:00 AM

HTTPS://COLOMBIA2020.ELESPECTADOR.COM/VERDAD-Y-MEMORIA/LA-GUERRA-QUE-SE-
INSCRIBIO-EN-EL-CUERPO-DE-LAS-MUJERES

El viernes se lanza el informe nacional sobre violencia sexual en el conflicto


armado

La guerra que se inscribió en el cuerpo de


las mujeres
La investigación del Centro Nacional de Memoria Histórica pone en evidencia la
manera como los grupos armados convirtieron a las mujeres en objetos y las despojaron
de su humanidad. Un horror vivido por 15.076 personas en el país en los últimos 31
años.
Pilar Cuartas Rodríguez / @pilar4as

La violencia se incrustó en los cuerpos de ellas. Entre el 16 y el 21 de febrero


del año 2000, unos 450 paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia
acabaron con 59 vidas y se apropiaron de las mujeres en El Salado (El
Carmen de Bolívar). A Yirley, de 14 años, la violaron cuatro hombres
“premiados” por su comandante. La niña sólo le pedía a Dios que fuera su
mamá la primera en encontrarla. Seis años más tarde, Yuliana era botín de
guerra de las Farc en Huila. Guerrilleros del frente 32 abusaron de ella frente a
su esposo cuando tenía nueve meses de embarazo. Después, en
2015, Magaly contó que tres soldados le echaron ácido en la cara a su prima y
la violaron tras ser herida en un enfrentamiento con la guerrilla, donde era
combatiente.
Estos relatos de horror están estampados en las 550 páginas del informe La
guerra inscrita en el cuerpo, del Centro Nacional de Memoria Histórica, que
se lanza el viernes 24 de noviembre. En sus seis capítulos, mujeres en cuyos
cuerpos está inscrita la maldad de la guerra, pero también la resistencia y
dignidad luego de que la violencia sexual quebró sus almas. Voces desde
Magdalena Medio, Valle, Caquetá, Urabá, Meta, Tolima, Nariño y Arauca
narran que los grupos armados legales e ilegales las violaron, esclavizaron,
prostituyeron y las obligaron a abortar o a planificar.

Le puede interesar: Infancias interrumpidas por la violencia sexual

En Colombia, 15.076 personas han sido víctimas de delitos contra la libertad y


la integridad sexual desde 1985, según el Observatorio de Memoria y
Conflicto. De estas, el 91,6 % han sido niñas, adolescentes y mujeres adultas.
Casi la mitad de los casos ocurrieron entre 2000 y 2005, cuando la arremetida
paramilitar se recrudeció. Los paramilitaresson responsables del 32,2 % de
los casos y las guerrillas del 31,5 %. A los agentes del Estado se les acusa de
cometer 206 de estos actos.

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Rocío Martínez Montoya, investigadora principal del informe, habla sobre los
principales hallazgos de estos años de dolor. El documento, además de
pretender ser un insumo para la implementación del Acuerdo de Paz con las
Farc, es un ejercicio de memoria en honor a aquellas que no sobrevivieron.
Como María Cristina, torturada y desaparecida en Guaviare, y las gemelas
Galárraga, encerradas en un campamento paramilitar para ser violadas y luego
enterradas en una fosa oculta por 10 años.

¿Por qué la violencia contra las mujeres en el marco del conflicto se


ensañó con sus cuerpos y su sexualidad?

El conflicto armado no inaugura la violencia sexual; las mujeres han sido


víctimas y siguen siéndolo en otros entornos. Hay condiciones sociales que
posibilitan que se asuman como cuerpos que pueden ser apropiados por los
actores armados. Y esa violencia sexual tiene unos fines. Por ejemplo, se usa
para castigarlas por ejercer liderazgo, por ciertos comportamientos que se
consideran inapropiados (como la forma de vestir) y porque se consideran
enemigas.

Los hombres también han padecido la violencia sexual. ¿Por qué no es


igual la situación entre ambos sexos?

La violencia sexual se imprime en razón del género. Esa violencia ejercida


sobre los hombres tiene un mensaje muy claro: la intención de feminizarlos y
de ponerlos en una escala más baja en la valoración social de las personas,
porque socialmente hay un imaginario que legitima la idea de que las mujeres
son inferiores a los hombres.

Vea: Cómo se han violentado las mujeres en el conflicto, en cifras

El informe asegura que ningún actor armado admite con franqueza


haber violado, acosado o prostituido forzadamente a una víctima. ¿De
qué manera se podrá llegar entonces a una verdad histórica en la
Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)?

Ningún armado lo admite, y todos afirman que está prohibido. Sin embargo, la
memoria que el informe recoge, que es la de las mujeres, dice que es
innegable que la violencia sexual ha sido usada. En el marco coyuntural en el
que estamos, las organizaciones de mujeres y víctimas de violencia sexual
tendremos que ejercer una veeduría para lograr obtener la información de los
grupos armados. Esperamos que el informe sea un insumo que aporte a una
verdad que resulta incómoda pero innegable.

Las mujeres miembros de grupos armados ilegales también fueron


víctimas de violencia sexual. ¿A ellas también se les deberá entregar una
porción de verdad?

Por supuesto. A pesar de que exista una responsabilidad por parte de los
grupos armados, temas como la violencia sexual nos interpelan socialmente y
hacen igual de necesario reconstruir la memoria de lo que sucedió en los
cuerpos de quienes hicieron parte de estos grupos.

¿Por qué las niñas se volvieron víctimas potenciales en esos contextos de


guerra?

En el caso de las niñas y los niños, hay dos formas en que principalmente
fueron víctimas. La primera, como testigos silenciosos de la violencia sexual
que se ejerció sobre sus mamás. Allí hay un trabajo por hacer, porque hay un
vacío en el acompañamiento psicosocial. También fueron víctimas de manera
directa, y en ello tiene que ver una exaltación social de “valores aceptados”,
como la virginidad. Se asumió en el marco del conflicto armado que los
cuerpos de las niñas eran trofeo para los comandantes.

¿Qué opina de la propuesta en el Congreso de que los casos de delitos


sexuales contra menores vayan a la justicia ordinaria y no a la especial?

No es un tema menor, pero no necesariamente refleja las expectativas que


tienen las víctimas con relación a la JEP. Lo que debemos garantizar es que la
justicia transicional sea efectiva y trate los casos de violencia sexual en el
marco del conflicto armado. Si bien la judicialización es importante, ésta no
ha garantizado a lo largo de estos años mayores niveles de justicia y acceso a
la verdad y la no repetición. Los índices de impunidad, por ejemplo, son
superiores al 90 % en los casos de violencia sexual en el conflicto armado.
Existen leyes, pero no han significado un avance real.

¿Cuál será la responsabilidad de la Comisión de la Verdad sobre este


tema?

Para documentar, deberá tener una conversación con organizaciones de


mujeres y víctimas que han acompañado los procesos. Necesitamos que se
garantice un reconocimiento por parte de las Farc, que aún no ha sucedido, del
uso de la violencia sexual. Que se hagan responsables de los casos, que no
fueron pocos. Así como que la Fuerza Pública también se responsabilice.

Lea: Así fueron violentadas las mujeres en Colombia entre 2010 y 2015

Las mujeres que hablaron para el informe han posibilitado recuperar la


memoria de otras que guardan silencio por miedo. ¿Qué les diría a estas
últimas?

Que el informe revela que lo que les sucedió no le pasó a una sola mujer, les
sucedió a cientos y en ningún caso fue culpa de ellas. Que hay un grupo
grande de personas comprometidas con la verdad que continuará trabajando
para que estos hechos se conozcan y no vuelvan a repetirse. Las mujeres en
condiciones de seguridad necesitan hablar de lo que les sucedió, pero no todas
las tienen. Algunas de las que participaron en el informe están preocupadas
por su seguridad. Hay amenazas de nuevo.

Los grupos armados posdesmovilización siguen violentando hoy los


cuerpos femeninos. ¿Cómo frenar estos ciclos violentos?

La desmovilización de los grupos armados no garantiza que se acabe la


violencia contra las mujeres. El cambio social es urgente. El primer paso es
hablar de género, de cómo estamos educando, de cómo asumimos que hay
características inherentes a las mujeres que las hacen vulnerables o que el ser
hombre está ligado a la legitimación de la fuerza para dirimir los conflictos.
Es un tema que nos compete a todos. Hay una responsabilidad de los actores
armados, pero hay una responsabilidad social, porque como sociedad
permitimos que más de 15.000 mujeres fueran víctimas de violencia sexual.
VERDAD Y MEMORIA

20 NOV 2017 - 5:00 AM

HTTPS://COLOMBIA2020.ELESPECTADOR.COM/VERDAD-Y-MEMORIA/COMO-SE-HAN-
VIOLENTADO-LAS-MUJERES-EN-EL-CONFLICTO-EN-CIFRAS

Cómo se han violentado las mujeres en el


conflicto, en cifras
El informe "La guerra inscrita en el cuerpo" del Centro Nacional de Memoria Histórica
pone de manifiesto que las mujeres fueron violentadas sexualmente y de manera
sistemática durante el conflicto armado colombiano. El 91,6 % de las 15.076 víctimas
fueron mujeres.
Colombia 2020
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VERDAD Y MEMORIA

20 NOV 2017 - 5:00 AM

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INTERRUMPIDAS-POR-LA-VIOLENCIA-SEXUAL

El 42 % de los casos analizados en Justicia y Paz fueron niñas y adolescentes

Infancias interrumpidas por la violencia


sexual
“La guerra inscrita en el cuerpo”, el informe del CNMH, detalla el impacto desmedido
que ha tenido -y tiene- la violencia sexual en las niñas, niños y adolescentes durante el
conflicto armado. Sus cuerpos han sido deseados, corregidos y apropiados de manera
infame.
Natalia Herrera Durán - @Natal1aH

Las niñas indígenas y afros han sido las más vulnerables a la violencia sexual en territorios dominados
por actores armados. / El Espectador

“Yo le dije, vea señor, qué pena, pero si ustedes están enseñados a coger las
niñas, primero me tiene que matar a mí antes de coger a mi niña, deje que mi
niña crezca, deje que mi niña decida”. Mariela, una mujer de ascendencia
embera, los enfrentó. Buscaba proteger a su hija de 12 años de los armados,
esta vez de un grupo que siguió delinquiendo tras la desmovilización de los
paramilitares en esta zona rural del Urabá antioqueño. Corría el año 2012.

Pocos días después, Mariela y su hija fueron abordadas camino a su casa y


obligadas a subir en una moto rumbo a la casa que controlaba este grupo
armado. Durante dos días fueron sometidas a esclavitud sexual en
habitaciones contiguas. Mariela recuerda que uno de los victimarios dijo el día
que las secuestraron: “Patrón, le trajimos una presita bichecita”.

Le también: La guerra que se inscribió en el cuerpo de las mujeres

La frase expone bien la fijación que todos los actores armados, legales e
ilegales, han tenido sobre las niñas y adolescentes, particularmente sobre
su virginidad. Durante décadas se han adjudicado el derecho
de adueñarse de sus cuerpos, como cosas, como propiedades que tienen a las
“buenas” o a las “malas”.

Las cifras del Observatorio Nacional de Memoria y Conflicto del Centro


Nacional de Memoria Histórica (CNMH) arrojan que las niñas y los
adolescentes son el grupo poblacional que más ha sufrido la violencia
sexual durante el conflicto armado, y no sólo directamente, también como
testigos de esta violencia contra sus madres, hermanas y familiares encargadas
de su cuidado.
Del total de 15.076 personas que han sido víctimas de violencia sexual en el
conflicto armado desde 1985, al menos 5.013 han sido niñas y adolescentes. Y
de esas, 2.094 fueron casos entre los 10 y los 14 años.El mayor número de
víctimas femeninas se registraron en el rango de 15 a 19 años, con 2.865
casos.

Estas son algunas de las más importantes conclusiones a las que llegó el
informe nacional: “La guerra inscrita en el cuerpo”, del CNMH, que
analizó y documentó la violencia sexual durante el conflicto armado y se
lanzará este viernes. Una realidad dura que coincide con el análisis de las siete
sentencias expedidas en Justicia y Paz sobre el accionar paramilitar. De 57
casos de violencia sexual, 24 fueron ejercidos sobre niñas y adolescentes,
entre los 9 y 17 años, es decir, el 42 %.

Vea: Cómo se han violentado las mujeres en el conflicto, en cifras

Pero la violencia sexual hacia niños varones también fue usada como
mecanismo de humillación y chantaje, “alimentado por los mitos que
asocian el abuso sexual de los actores armados hacia niños y adolescentes
varones con la homosexualidad de la víctima”, lo que ha potenciado la culpa y
estigmatización de los agredidos, reconoce el informe. En la infancia y la
adolescencia los hombres tienen los índices más altos de violencia sexual,
cifra que se reduce en la medida en que aumentan de edad dentro del curso de
vida. “Entre los 10 y los 14 años se presenta el mayor número de víctimas
masculinas con 137 registros, seguida del rango que abarca los 15 y los 19
años con 132”, dice el documento. Fue el caso de Rogelio, violado
cuando tenía 5 años, en el municipio de San Carlos, al oriente de Antioquia,
en 1992. Cuando salía del colegio fue interceptado por dos hombres de
las Farc. Uno lo violó, mientras el otro vigilaba. Rogelio no habló del tema
con su familia, porque fue amenazado y porque sentía vergüenza.

La presencia de los actores armados en la cotidianidad, en las casas y en la


puerta de las escuelas ha conllevado a que se establezcan relaciones de
cercanía y vecindad, condicionadas por el poder de quienes detentan las
armas. Las niñas, niños y adolescentes de Norte de Santander, Tolima,
Magdalena, Bolívar, Sucre, Valle del Cauca, Arauca, Córdoba, Nariño y
Antioquia (los departamentos que detallan casos concretos en el informe) han
crecido en un estado de zozobra e intimidación permanente.

“Venga, “¿ustedes van a abusar de mi prima?, ella es una niña, ella es una
niña, ¡no le hagan daño a ella!, ¡no le hagan daño a ella!, hagan conmigo todo
lo que quieran”, narró Valentina, de Ibagué. Sus palabras hablan de la
sensación de impotencia que comparten las víctimas de violencia sexual en la
infancia. “Se ha naturalizado a tal punto, que se considera normal”, menciona
el documento. Como fue “normal” que los paramilitares esclavizaran
sexualmente a niñas y adolescentes por meses en sus campamentos, como
quedó consignado en estas páginas.

Vea también: Así fueron violentadas las mujeres en Colombia entre 2010 y
2015

Lo más doloroso es que la violencia sexual no es un tema del pasado,de los


armados que se desmovilizaron antes o ahora. Sigue presente en los territorios
y zonas más pobres, en las vidas y cuerpos de los menores, sin que el Estado
lo evite, prevenga o sancione. En el puerto de Tumaco y otros municipios
aledaños, alerta el informe sobre una denuncia que ya había hecho la
Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado
en Colombia (Coalico), hay una modalidad de explotación
denominada “chongos móviles”, que consiste en que llevan a niñas y niños de
vereda en vereda explotándolos sexualmente con los actores armados, legales
o ilegales.

En Medellín, por dar otro ejemplo del informe, se alerta acerca de la


explotación sexual de niñas y adolescentes, en la que están involucrados
grupos armados posdesmovilización. “Esta actividad se ha convertido en una
fuerte forma de financiación de los grupos armados, que han llegado incluso
a subastar, a través de internet, las virginidades de las niñas sometidas, bien
sea mediante seductoras promesas económicas o mediante amenazas e
intimidaciones.

Las cifras de violencia sexual en el conflicto armado contra niñas, niños y


adolescentes siguen permeadas de silencios, subregistros, dificultades técnicas
para recolectar datos, ausencias y negligencias estatales. “La guerra inscrita
en el cuerpo” es un llamado para no naturalizar más estos crímenes contra
quienes debimos cuidar y proteger especialmente. Por Rogelio, Yaremis, Lulú
y tantas otras pequeñas que no conocieron la infancia.

VERDAD Y MEMORIA

12 NOV 2017 - 12:45 AM

HTTPS://COLOMBIA2020.ELESPECTADOR.COM/VERDAD-Y-MEMORIA/LAS-MADRES-QUE-DAN-LA-
CARA-POR-QUIENES-YA-NO-ESTAN

Las madres que dan la cara por quienes ya


no están
Su objetivo: esclarecer para que no quede impune lo sucedido con sus hijos, asesinados
o desaparecidos forzosamente.
Redacción El Espectador
Las madres de la Candelaria, la organización de mujeres colombianas que luchan por aclarar los crímenes
de desaparición forzada en el país. / El Espectador.

Ponerle cara a la justicia en la búsqueda de verdad y mantener una lucha


incansable durante años para que alguien responda por las personas que
fueron desaparecidas, también es hacer patria. Las madres que han sufrido
este crimen en Colombia, el cual supera las 60.000 víctimas según el Centro
Nacional de Memoria Histórica, continúan con su lucha con el propósito de
evitar que los suyos caigan en el olvido. Dos de los casos más representativos
son las madres de Soacha y las de La Candelaria, quienes han tomado esta
bandera de persistencia.

Lea: “Hasta encontrarlos: una cita para pensarse la desaparición forzada en


Colombia”

Las Madres de la Candelaria, Premio Nacional de Paz en 2006, cargan no sólo


con el dolor de la ausencia de sus hijas e hijos, sino también con el del resto
de familias que viven el mismo viacrucis. Teresita Gaviria, una de las
fundadoras de la organización, le explicó a El Espectador: “Me he convertido
en alguien que busca a todos los desaparecidos. Hemos generado la mayor
visibilización ante los medios de comunicación y el Gobierno. Nuestro
objetivo es darles, al menos, identidad a las personas que se perdieron para
que la desaparición forzada no quede impune”. Y agrega, con resignación:
“Pero no pensamos encontrarlos con vida, porque es muy difícil”.

Las escalofriantes cifras de la desaparición forzada

Las más de 800 mujeres con las que cuenta la organización se dedican, más
que a buscar restos, a buscar la verdad. Reaccionan a cualquier pista que les
entreguen sin perder la esperanza. El camino, sin embargo, ha sido incierto y
difícil de sobrellevar para estas personas, que llevan poco más de 18 años
aguantando la incertidumbre. “Hemos vivido muchas dificultades, las familias
se enferman esperando saber de su ser querido. Nos sentimos muy solas, por
eso lo que hemos intentado ha sido transformar el dolor”, explica Teresita
Gaviria.

El caso es similar con las Madres de Soacha. Desde 2008, cuando se supo
que un grupo de jóvenes —sus hijos— fueron asesinados y presentados como
guerrilleros muertos en combate, estas mujeres han luchado contra viento y
marea para preservar su memoria y encontrar justicia. Enfrentarse a la
institucionalidad y ciertos sectores del Ejército no ha sido fácil, sobre todo
teniendo en cuenta que, gracias a estos procesos, los jueces determinaron que
las ejecuciones extrajudiciales, más allá de ser calificadas como homicidios o
desaparición forzada, son crímenes de lesa humanidad.
madres_de_soacha.jpg

Pie de foto: Madres de Soacha que luchan por esclarecer la verdad de lo


sucedido con sus hijos, asesinados y presentados por miembros de la Fuerza
Pública como bajas en combate.

Ubilerma Sanabria, madre de uno de los jóvenes asesinados, Esteven


Valencia Sanabria, explica las consecuencias que ha dejado el proceso.
“Todavía hay miedo, pero nosotras les hemos dicho, a los que padecen una
situación similar, que si tenemos miedo y no hacemos nada, nos
convertiríamos en cómplices. No podemos permitir que esto siga sucediendo”,
expresó Sanabria quien, con indignación, añadió: “Nos han amenazado, nos
han perseguido. Hemos tenido miles de traspiés para impedirnos conseguir lo
que queremos. A mí entre más me colocan zancadillas, más fuerzas tengo para
seguir adelante”.

La persistencia de este grupo de mujeres logró, por ejemplo, que en mayo de


este año el expresidente Álvaro Uribe se retractara de haber insinuado en
redes sociales que sus hijos estaban “involucrados en actividades ilegales”,
pero que ello no era “excusa para asesinarlos”. Uribe admitió que había dicho
cosas que no le constaban y que afectaban la memoria de las víctimas. Ellas
siguen de pie a pesar de las amenazas que han recibido por teléfono o a través
de panfletos, aunque, a diferencia de las Madres de La Candelaria, saben de
antemano que sus hijos no están con vida. El objetivo se centra en hallar
respuestas que les han sido esquivas por nueve años.

La lucha de ambos grupos es para que las problemáticas de las ejecuciones


extrajudiciales o las desapariciones forzadas no se pierdan en la oleada de
cifras que dejan tantos otros crímenes graves en el país. Teresita Gaviria
sostiene con vehemencia: “No podemos dejar invisible este flagelo. No
puede seguir pasando”.

http://www.medicinalegal.gov.co/25-de-noviembre-dia-internacional-de-la-
eliminacion-de-la-violencia-contra-la-mujer.

25 de noviembre Día Internacional de la eliminación de la


violencia contra la mujer.

El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, ha participado, de manera activa, en mesas
de trabajo interinstitucionales que tienen como fin la reducción de cualquier tipo de violencia en contra de
mujeres y niñas. De igual manera, con información útil para entidades y organizaciones encargadas del
diseño de política pública como la ley 1257.

Esta ley dada a conocer el 4 de diciembre de 2008, entiende por violencia contra la mujer "cualquier
acción u omisión, que le cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o
patrimonial por su condición de mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación
arbitraria de la libertad, bien sea que se presente en el ámbito público o en el privado".

Forensis, datos para la vida, es una publicación de importancia para el diseño de leyes como la antes
mencionada. Este informe anual contiene información estadística sobre todos los hechos violentos que
ocurren en el país. En cuanto a las violencias hacia las mujeres y las niñas, este informe dice que entre
2008 y 2011, 142.357 niñas y mujeres han sido víctimas de violencia en Colombia por homicidios,
violencia intrafamiliar, violencia interpersonal y exámenes médico legales por presunto delito sexual.

Durante los cuatro años antes mencionados, 5.521 mujeres fueron víctimas de homicidios; 187.758 de
violencia interpersonal; a 71.663 mujeres y niñas se les practicó examen médico legal por presunto delito
sexual y 283.967 fueron víctimas de violencia intrafamiliar. Dentro de esta última manera de violencia, la
que registra mayor número de casos es la de pareja con 208.646.

A continuación se presenta la información completa que se obtuvo de los informes Forensis, datos para la
vida de 2008 a 2011.

Violencia en contra de las mujeres. Colombia, 2008 a 2011

Fuente: Forensis, datos para la vida 2008, 2009, 2010 y 2011. Instituto Nacional de Medicina Legal y
Ciencias Forenses, Sub dirección de Servicios Forenses, Centro de Referencia Nacional sobre Violencia.

https://www.fucsia.co/contenidos-editoriales/nunca-mas-fucsia-se-une-a-la-
lucha-contra-la-violencia-de-genero-en-colombia/articulo/violencia-contra-la-
mujer-por-que-se-celebra-el-25-de-noviembre/75814
La violencia contra la mujer se ha vuelto una pandemia, por eso hoy muchas
levantamos la voz para decir #NiUnaMenos

La violencia contra las mujeres cada vez se hace más fuerte. Año tras año en
lugar de que las cifras de maltrato disminuyan, se incrementan. Ablación y
mutilación genital, casamientos y relaciones forzadas, acoso verbal y sexual,
son tan solo algunos de los hechos que atentan contra los derechos de la
mujer.

Hoy es el día en el que las mujeres nos levantamos y decimos, ¡NO MÁS!
Merecemos ser respetadas, tratadas con igualdad y con los mismos derechos
que tienen los hombres. Pero, ¿por qué el 25 de noviembre es el día elegido
por las entidades internacionales para conmemorar la violencia contra la
mujer?

Desde 1981, cada 25 de noviembre, la sociedad latinoamericana alza la voz


para recordar que las mujeres rechazamos la violencia de género. La
determinación de ésta fecha fue elegida en Colombia, en el Primer
Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en conmemoración
del asesinato de las hermanas Mirabal, Minerva, Patria y María, a manos de
la dictadura de Leónidas Trujillo en República Dominicana.
En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la eliminación
de la violencia física y psicológica contra la mujer, y para 1999, se estableció
finalmente la resolución 54/134 del 17 de diciembre, exponiendo que a partir
del año 2000, cada 25 de noviembre sería el Día Internacional de la
Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

http://www.un.org/es/events/endviolenceday/

Una de las más devastadoras violaciones de los


derechos humanos
En la actualidad, la violencia contra las mujeres y las niñas es una de las violaciones de los
derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo.
La desigualdad entre los géneros persiste en todo el mundo. Acabar con ella requiere
esfuerzos enérgicos para combatir la discriminación profundamente enraizada, que a
menudo es consecuencia de actitudes patriarcales y de las normas sociales que estas
conllevan, como señaló el Secretario General, António Guterres, al informar acerca de la
situación del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5, referido a la igualdad de la
mujer, en el marco del informe sobre los Progresos de la Agenda 2030.

Algunos datos inadmisibles


La violencia contra la mujer es la forma más extrema de discriminación y, en los casos
más graves, esa violencia puede provocar la muerte. Según datos del citado informe,
referidos a 87 países y recolectados entre 2005 y 2016, el 19% de las mujeres de entre 15
y 49 años de edad dijeron que habían experimentado violencia física o sexual, o ambas, a
manos de su pareja en los 12 meses anteriores a ser preguntadas sobre este asunto. En
2012, casi la mitad de las mujeres víctimas de un homicidio intencional en todo el mundo
fueron asesinadas por su pareja o un familiar, en comparación con el 6% de los varones.
Otro caso extremo de violencia es la ablación. Desde el año 2000, la práctica tradicional
nociva de la mutilación femenina ha disminuido en un 24%. No obstante, la prevalencia
sigue siendo elevada en algunos de los 30 países que disponen de datos representativos,
y en los que, según datos de encuestas realizadas alrededor de 2015, más de 1 de cada 3
niñas de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años habían sufrido esa práctica, en
comparación con casi 1 de cada 2 niñas alrededor de 2000.
Además, apenas la mitad de las mujeres de entre 15 y 49 años (un 52%) que están
casadas o viven en pareja toman sus propias decisiones en materia de relaciones
sexuales consentidas, usan anticonceptivos y acuden a los servicios de salud. Esa
estadística se basa en datos disponibles en torno a 2012 sobre 45 países, 43 de ellos de
regiones en desarrollo.
Asimismo, la violencia contra la mujer se exacerba en los conflictos armados. En cambio,
la igualdad de género ayuda a evitar conflictos, pese a lo cual las medidas en pos de una
mayor inclusión, liderazgo y protección de las mujeres en las tareas de la consolidación de
la paz siguen siendo insuficientes y, en algunos lugares, incluso se han producido
retrocesos en este sentido, según un reciente artículo de Onu-Mujeres, la agencia de las
Naciones Unidas defensora de mujeres y niñas.

Falta de fondos
Una de las principales dificultades para prevenir y acabar con la violencia contra las
mujeres y las niñas es la marcada insuficiencia de fondos, que determina que los recursos
para estas iniciativas sean sumamente escasos.
Sin embargo, este año se ha producido una buena noticia en este ámbito, ya que la Unión
Europa y las Naciones Unidas acaban de lanzar la Iniciativa Spotlight que, con una
provisión de fondos de 500 millones de euros, busca sacar a la luz pública la cuestión de la
violencia contra la mujer.
Otra iniciativa que contribuye a poner al descubierto esta lacra es ÚNETE para poner fin a
la violencia contra la Mujer, iniciativa que fue lanzada en 2008 por el entonces Secretario
General de nuestra Organización, Ban Ki-moon, y que ha sido respaldada por su sucesor,
António Guterres.

Que nadie se quede atrás


ÚNETE es la responsable de la campaña 16 días de activismo contra la violencia de
género que tiene por objetivo sensibilizar y movilizar al público en todo el mundo para
lograr un cambio. Estos 16 son los que transcurren entre el 25 de noviembre y 10 de
diciembre, Día de los Derechos Humanos. La campaña de este año se celebra bajo el
tema: «Que nadie se quede atrás: pongamos fin a la violencia contras las mujeres y las
niñas». Este tema refuerza el compromiso de la campaña ÚNETE con un mundo sin
violencia para todas las mujeres y las niñas, al tiempo que se ocupa en primer lugar de las
personas más marginadas y desatendidas, entre otras, las personas refugiadas,
migrantes, las minorías, los pueblos indígenas y las poblaciones afectadas por el conflicto
y los desastres naturales. Como en años anteriores, ÚNETE invita a «pintar el mundo de
naranja», usando este color como símbolo de un futuro más brillante y sin violencia de
género

El 25 de noviembre podría ser el día en que Colombia se


quede sin mujeres

https://www.vice.com/es_co/article/5gvnez/dia-internacional-
eliminacion-violencia-mujeres-feminicidio-abuso-sexual-maltrato

Mañana 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la


Violencia Contra la Mujer, un colectivo propone un acto simbólico
en el que invita a las mujeres a estar ausentes: de sus redes y
trabajos.

VICE Staff
nov. 24 2016, 6:31pm

Foto vía Broadly

En 1960, tres hermanas que hacían parte de la oposición a la dictadura de


República Dominicana fueron emboscadas y asesinadas a manos de
militares. Las mujeres, conocidas como las hermanas Mirabal, habían
sido víctimas de tortura, violaciones y encarcelamientos por parte del
Estado hasta que el hostigamiento terminó en su asesinato el 25 de
noviembre de ese año. Desde entonces, su muerte se ha vuelto un símbolo
en el mundo del problema de las violencias que afectan exclusivamente a
las mujeres y que, aún hoy, no han sido erradicadas.

En 1999, seis años después de haber aprobado la Declaración sobre la


Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Naciones Unidas declaró el
25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la
Violencia Contra la Mujer, un día en que esa organización invita a
gobiernos y organizaciones a realizar actividades y movilizaciones sociales
orientadas a denunciar las violencias que sufren las mujeres, así como a
crear espacios de cambio para eliminar esas violencias.

Desde entonces, el día se ha vuelto esencial para los grupos en Colombia


dedicados a defender los derechos de las mujeres. Sin falta, la séptima y la
Plaza de Bolívar, en Bogotá, se llenan cada 25 de noviembre de
marchantes que le piden al gobierno y a la sociedad en general que le
pongan atención a un tema que, dicen, sigue quedando en el olvido.

Según cifras de ONU Mujeres, 20 años después de que se firmara la


Declaración para erradicar la violencia contra las mujeres, una de cada
tres mujeres en el mundo seguía sufriendo violencia física o sexual,
principalmente a manos de su pareja. Y en la mitad de los casos de
mujeres asesinadas en 2012, el autor había sido un familiar o su
compañero sentimental frente al 6% de casos de hombres que murieron
en la misma situación.

Actualmente, Colombia cuenta la Ley 1257 de 2008 que busca la


prevención y la sanción de las violencias contra las mujeres en el país, así
como de los actos de discriminación. Y más recientemente, a propósito del
asesinato de Rosa Elvira Cely, se sancionó la Ley 1761 de 2015, o Ley Rosa
Elvira Cely, que tipifica el delito de feminicidio en Colombia. Un avance
legislativo que busca contrarrestar los números alarmantes que sigue
habiendo en el país de asesinatos a mujeres por razones que tienen que
ver con su género.

Según un informe de Medicina Legal, entre 2009 y 2014, en promedio


cuatro mujeres eran asesinadas cada día. Durante esos seis años, esa
entidad realizó 8.020 necropsias en casos de violencia homicida contra
mujeres de los cuales 26 casos fueron de niñas menores de cuatro años y
en los que la mayoría, eran resultado de violencia intrafamiliar. Durante
el mismo periodo se realiza con 127.703 exámenes por presunto delito
sexual de los cuales el 84.3% (107.698) fueron mujeres. En esos casos de
violencia sexual, el agresor más frecuente era un familiar y el grupo de
edad más frecuente eran las niñas de 10 a 14 años. Sin embargo, esas
cifras se basan sólo en los casos denunciados. Según la Encuesta Nacional
de Demografía y Salud el 73% de las mujeres maltratadas no denuncian la
violencia de la que son víctimas.

"El lugar más peligroso para las mujeres es la casa. Sus agresores no están
en la calle. Las mujeres están siendo maltratadas por las personas que,
supuestamente, son las que las quieren", asegura Beatriz Quinte,
Secretaría Técnica de la Red Nacional de Mujeres, una articulación de
más de 63 organizaciones de todo el país. Según ella, el propósito de la
movilización del 25 de noviembre es, además de denunciar la violencia,
lograr un compromiso civil y estatal para que esas agresiones no sean
aceptables socialmente.

Para lograr eso, afirma Beatriz, lo primero es que existan las leyes, y que
se apliquen cuando ya existen, para que no haya impunidad contra los
agresores; lo segundo es atacar el problema en las formas en que se ha
instalado en la cultura, para que la violencia no se evite sólo por el miedo
a ir a la cárcel sino por un cambio en las ideas discriminatorias que
rodean a la mujer y que dan lugar a la violencia. "Para eso estamos
haciendo una campaña que se llama 'Sin mi puño y con mi letra' que está
orientada a los hombres, sobre todo a los jóvenes, a que se comprometan
a la no violencia, y para salirnos de esa idea de que la violencia contra las
mujeres es una cosa solamente de nosotras, sino que es una cosa de
todos".

Lea también: 'Ni una menos': el grito de las latinoamericanas


contra la violencia machista

El evento, que también ha sido gestionado por otra articulación de grupos


de mujeres en el país y que se unieron bajo el nombre de DéjameEnPaz,
contará con varias actividades como conversatorios, proyecciones de
cortos, conciertos, performances y obras de teatro que se realizarán desde
las 10:00 a.m. en el Centro Gabriel García Márquez y desde las 3:00 p.m.
en la Plaza de Bolívar. La marcha, programada para salir a la 1:00 p.m.
del Planetario de Bogotá, culminará en la Plaza de Bolívar, en donde
intervendrán funcionarias y representantes de las iniciativas a favor de los
derechos de las mujeres: la Secretaria Distrital de la Mujer, Cristian Vélez
Valencia, representantes del Festival Internacional Ni con el Pétalo de una
Rosa, como Alejandra Borrero, la Directora General de ONU Mujeres, la
Consejera para la Equidad de las Mujeres, entre otras.

Sin embargo, este año las movilizaciones del 25 estarán acompañadas por
un evento simbólico que tendrá lugar en el Parque Nacional de Bogotá y
cuya convocatoria la ha hecho un grupo de personas que, hace pocos
meses, se volvieron activistas y voceras del tema a fuerza de no haber
encontrado vías efectivas de acción ni reparación.

El pasado 23 de septiembre la revista Semana publicó el testimonio


de María Isabel Covaleda, una abogada que la noche del 17 de septiembre
fue golpeada brutalmente por su expareja, Camilo Sanclemente, quien ya
se había mostrado violento y posesivo durante la relación que sostuvo con
ella. Según el testimonio de María Isabel, después de que la Policía llegara
al lugar en el que estaban ella y su agresor, siguieron una serie de
incidentes por parte de la Policía y la Fiscalía que supuestamente fallaron
en protegerla: ella y su expareja fueron transportados en el mismo carro,
donde él la amenazaría todo el recorrido para que no denunciara; en la
Fiscalía los tuvieron en la misma sala donde él continuaría con las
amenazas; su agresor fue dejado en libertad dos días después.

María Isabel, presa de la impotencia de ver que las instituciones que se


suponía debían protegerla no lo habían hecho, llamó a varios amigos
suyos para que la ayudaran a denunciar y visibilizar una situación que el
Estado habría fallado en atender. Muchos de ellos son personas
vinculadas a puestos gerenciales en empresas de comunicación y
publicidad que automáticamente llevaron la discusión a un plano más
grande. Finalmente, fueron quince las personas que se reunieron para
crear una estrategia de comunicación y denuncia. Gracias a ese esfuerzo,
la noticia empezó a llegar a medios de comunicación y redes sociales, y
muy pronto empezaron a aparecer otras mujeres que aseguraban haber
sufrido agresiones por parte del mismo hombre. Lo que empezó como un
apoyo entre amigos terminó volviéndose una iniciativa más grande que,
como otros grupos políticos y feministas, terminó encontrándose con un
problema gigante en el que las víctimas son muchas y las respuestas de la
ley pocas.

"Cuando empezamos a acompañar a María Isabel en el proceso de


denuncia, nos dimos cuenta de que no funcionaba nada —asegura
Nathalie Michelou, una asesora en comunicación estratégica y PR que
hizo parte de las 15 personas que se dedicaron a acompañar a María
Isabel—. La ruta de atención no funciona y cuando finalmente logras
poner el denuncio te revictimizan todo el tiempo: la policía te pregunta
qué le hiciste al tipo para que te hiciera eso o te dice que probablemente
es tu culpa, además mientras tanto se pierden las pruebas. Es la hora en
que ella todavía no ha podido instaurar una demanda".

A medida que, para ellas, era cada vez más evidente que las leyes no se
implementaban y que demandar al agresor tenía un montón de
obstáculos, surgieron los testimonios de otras cuatro mujeres que
aseguraron haber sido agredidas por Camilo Sanclemente y muchos otros
testimonios de mujeres que, motivadas por la gestión de María Isabel,
salieron a denunciar los abusos de los que habrían sido víctimas. "Esto
nos hizo darnos cuenta de que todas hemos sido víctimas de alguna u otra
manera de violencia. Yo en el trabajo, por ejemplo, he sufrido acoso
sexual. Tres de las chicas que hacen parte del colectivo fueron abusadas
por sus exparejas y a raíz de esto decidieron denunciar. Ahí vimos que
había que hacer algo mucho más poderoso y, además de hacer una
denuncia, teníamos que hacerle presión a los entes de control", cuenta
Nathalie.

Además de acompañar el proceso de María Isabel y llevar el caso a medios


de comunicación, el grupo creó una campaña en redes sociales, "25.11 El
día que Colombia se quedará sin mujeres" creada por uno de los que se
sumó a la lucha de María Isabel y de su equipo, Alejandro Tafur, quien
además le contó a VICE que la iniciativa le pareció a él y a su equipo,
quienes trabajan en la empresa de publicidad McCANN, la oportunidad
para hacer de la publicidad ya no algo efímero sino un producto que
puede tener impacto real y duradero en la historia. Algo que, para él, tiene
una incidencia y afinidad directa en su vida como padre de tres niñas.

Como parte de la campaña el grupo propuso que el próximo 25 de


noviembre sea un día en el que las mujeres no vayan a trabajar y
desaparezcan de sus redes sociales: una forma de hacer evidente el
silencio y la invisibilización que sufren muchas mujeres agredidas en el
país. "La idea es que nos cuestionemos eso —asegura Nathalie—: ¿Qué
pasa si, de verdad, nos desaparecen a todas? ¿Qué pasa con la familia?
¿Con el trabajo? ¿Qué pasa si en vez de sumarnos a una marcha
multitudinaria hacemos todo lo contrario y visibilizamos nuestra
ausencia?".

Como símbolo de esa ausencia, el grupo hizo una convocatoria en redes


para que varias mujeres asistan al Parque Nacional de Bogotá a dejar un
par de tacones en una instalación que, además, se replicará en
Barranquilla, Cartagena, Cali, Medellín; también en Lima, Perú, Madrid,
España, París, Francia y Londres, Inglaterra. Todo gracias a llamadas y
redes y solidaridad entre amigos. Sin embargo, según cuenta Nathalie, la
idea es que la iniciativa y el acto simbólico estén acompañadas de actos
que se enfoquen también en lo legislativo. Por eso, y gracias al
acompañamiento de senadores, congresistas y concejales, el grupo
organizó una ponencia en el Congreso en donde aspiran a visibilizar los
casos y pedir que las leyes que ya existen, como la Ley 1761 (o Ley Rosa
Elvira Cely), se ejecuten.

"Lo que espero es que logremos romper el silencio —asegura María Isabel
a propósito de todas las iniciativas que ella y los que la han acompañado
han adelantado y de los eventos de este 25 de noviembre—. El de todos los
individuos que hacemos parte de esta nación. El silencio que siembra el
miedo en las víctimas. El silencio cómplice del que observa la violencia y
no se siente responsable. El silencio institucional. El silencio al que ya
nuestra conciencia está acostumbrado y ve la violencia hacia la mujer
como algo normal. Espero ver muchas conciencias despertando, actuando
y pensando que todos tenemos un papel protagonista en la reconstrucción
social colombiana".

En Colombia la violencia contra la mujer no tiene


nombre
Por Isabel Colomna

http://www.senado.gov.co/mision/item/27351-en-colombia-la-violencia-
contra-la-mujer-no-tiene-nombre

Del 21 al 23 de noviembre la Comisión de la Mujer del Congreso,


desarrollará la primera semana de la no violencia contra la mujer
Bogotá. D.C., noviembre 16 de 2017 (Prensa Senado).

La Comisión Legal para la Equidad de la Mujer del Congreso de la República,


tiene una agenda de actividades para la conmemoración del “Día de la no
violencia contra la Mujer”. Teniendo en cuenta que la violencia en contra de
la mujer es considerada como una peligrosa transgresión a los derechos
humanos. Flagelo con más denuncias a nivel mundial.

Cada 25 de noviembre el mundo conmemora el “Día Internacional de la lucha


en contra de la desigualdad y la violencia de género”. Para contrarrestar los
delitos de violencia cometidos contra las mujeres, la Comisión de la Mujer del
Congreso de la Republica, realizará la primera semana de la no violencia
contra la mujer, con el propósito de sensibilizar con mensajes a la población
colombiana, sobre el respeto a los derechos de las colombianas.

Dentro de las actividades el próximo martes 21 de noviembre, se hará el


lanzamiento de la campaña “la violencia contra la mujer no tiene nombre”,
esta actividad se desarrollará en las Plenarias del Senado de la República y de
la Cámara de Representantes, con la participación de la cantante Yolanda
Rayo. Igualmente se entregará a cada congresista una bufanda color naranja,
como acto de compromiso por la defensa de los derechos de las mujeres.

Seguidamente el día miércoles 22 del presente mes, se generará el panel


“Diferentes formas de Violencia hacia la Mujer”, el cual estará dirigido a
congresistas y funcionarios de la entidad, el evento estará moderado por la
senadora liberal Arleth Patricia Casado. Tendrá lugar en el Auditorio Luis
Guillermo Vélez, a partir de las 9:00 de la mañana.

Así mismo, se abordarán los temas de Violencia Intrafamiliar, orientado por la


Coronela Lurangeli Franco, Jefe Coordinación Internacional y Sector Defensa
Unipep. El tema del Feminicidio será conducido por Carlos Eduardo Valdez
Moreno, Director Instituto Nacional Medicina Legal y el de la Violencia Vial,
por el senador Guillermo Santos Marín (Liberal), presidente Comisión de
Seguridad Vial.

Finalmente, el día jueves 23 de noviembre, se hará una actividad denominada


Violentómetro a cargo del Capacitador y Coach Alexander Devia, encaminada
a los funcionarios del congreso, donde de manera privada se podrán medir los
niveles de violencia de los participantes. El capacitador entregará
herramientas que permitan confrontar los diferentes tipos de violencia de
manera asertiva, se llevará a cabo en el Auditorio Luis Guillermo Vélez, a
partir de las 9:00 a. m. 12 m.

El evento concluirá con el Taller de Origami: Ruta de la no naturalización de


los comportamientos violentos a cargo del psicólogo Alexander Rodríguez, de
la Policía Nacional
Colombia: Comunicación contra la violencia hacia las
mujeres
Por Ángela Castellanos Aranguren

http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1775

Bogotá, julio (Especial de SEMlac).- Por primera vez Colombia está siendo impactada
simultáneamente por tres diferentes estrategias de comunicación sobre las violencias
contra la mujer.
Se trata de campañas que, sin proponérselo, han coincidido en el tiempo debido a la
urgente necesidad de sensibilizar, concientizar e informar sobre el maltrato contra las
colombianas.
De acuerdo con la Fundación Plan, una ONG dedicada a la infancia y adolescencia,
cada hora 20 niñas son víctimas de maltrato y diariamente 100 mujeres son golpeadas
por sus parejas.
Décadas atrás estas agresiones no se contabilizaban. Desde los años noventa se
empezaron a reunir y a estudiar. Pero es ahora que se están registrando y divulgando
masivamente, no sólo por grupos feministas, sino por entidades del Estado, instituciones
académicas, organizaciones no gubernamentales, y hasta por artistas.
De hecho, hoy se aprecia que estas diversas instancias han unido esfuerzos para apoyar
campañas, basadas la una en el arte, otra en la radio y una tercera en la comunicación
personal.
"Ni con el pétalo de una rosa"
"Estamos usando el arte para reflexionar y sensibilizar sobre lo que está sucediendo:
cada seis días una mujer es asesinada por su cónyuge y una de cada cinco niñas ha sido
abusada sexualmente. Y es que el abuso se da incluso sin tocarlas", afirmó a SEMlac
Alejandra Borrero, la cabeza de la campaña adelantada por la institución teatral Casa
Ensamble, con apoyo de la Fundación Plan y la alcaldía de Bogotá.
La campaña, que combina reflexión, participación y creatividad, está conformada por
cuatro muestras artísticas. La primera, "Mimesis y cuerpo", está compuesta por 390
muñecas trabajadas por mujeres desplazadas por el conflicto armado, artistas plásticos
de Latinoamérica y personalidades colombianas.
Las muñecas fueron objeto de intervenciones como dibujos, rasgaduras, letreros, y
demás formas de expresión de lo que cada quien entiende por violencia. Bajo la
curaduría de los argentinos Carla Rey y Juan Carlos Romero, la muestra fue colgada en
la Casa Ensamble.
"Las asistentes se emocionan mucho, dejan cartas y se identifican con al menos una
muñeca", explica Alejandra Borrero, reconocida actriz colombiana.
"Cuando era niña, se decía que a las mujeres no se las toca ni con el pétalo de una rosa;
esa frase me sirvió para defenderme. Hoy queremos revivir ese imaginario que nos
protegía para que sea una herramienta de las mujeres", rememora.
En agosto se inaugurará la muestra "Cuerpo y castigo", basada en fotografías e
instalaciones sobre la violencia física y emocional, así como la que se infringen las
mujeres a sí mismas para alcanzar un modelo estético. Luego, en octubre, se realizará
"Basta la palabra", que consistirá en frases que se exhibirán en toda Bogotá "para
romper los paradigmas que perpetúan la violencia de género".
Para el 25 de noviembre, día de la no violencia contra la mujer, se colgará la muestra
"La violencia interrumpida", que estará compuesta por todo tipo de expresiones
artísticas.
"Para ello, estamos invitando a gente de gran calidad artística, como Juanes (famoso
cantante), pero queremos que participen todos los que están trabajando el tema, por eso
vamos a abrir convocatorias públicas. Necesitamos que todos contribuyan a pasar el
mensaje de que no hay derecho ni excusa para maltratar a una persona que tiene menos
fuerza y menos capacidad de defenderse", puntualizó Borrero.
"Palabra de Mujer: Derecho y Revés"
A través de las 35 emisoras de la Red de Radio Universitaria se transmite semanalmente
"Palabra de Mujer: Derecho y Revés", un programa de media hora sobre los derechos
femeninos.
El programa busca visibilizar los derechos de este grupo poblacional en tres situaciones:
violencia intrafamiliar, ruptura de unión marital; y discriminación laboral.
"También indaga sobre las relaciones de género y el papel que cumplen los hombres",
aseguró a SEMlac Luis Liévano, realizador y libretista.
Paralelamente se desarrolla el micro-programa "Consulta Mujer", el cual busca
aprovechar los consultorios jurídicos y psicológicos de las universidades para brindar
información específica a las mujeres.
Los espacios radiales son una iniciativa del convenio entre la Consejería Presidencial
para la Equidad de la Mujer, la Comunidad de Madrid y la Red de Radio Universitaria.
"El machismo mata"
Entre tanto, en la caribeña Cartagena de indias, han optado por la comunicación
personal para hacer reflexionar sobre el machismo y la violencia contra las mujeres.
Adoptando el lema de la campaña chilena "el machismo mata", un grupo de hombres y
mujeres de la Asociación Santa Rita para la Educación y la Promoción visitan plazas,
parques y campos de fútbol para dialogar con la comunidad sobre las actitudes
patriarcales que subyacen en la violencia basada en el género.
Los jóvenes promocionan la campaña con camisetas (remeras) y botones con la frase
"El machismo mata", las cuales venden a todo el que quiera apoyar la causa.
La campaña ha generado resistencia en esta ciudad, donde el machismo tiene abiertos
defensores. Pero esto no ha desanimado a Carlos Díaz Acevedo, el líder de esta
iniciativa, quien con paciencia y perseverancia ya ha logrado que converjan unos 30
jóvenes, quienes conformar el grupo Hermanados, que significa ’Hombres, mamados
(cansados) de la violencia masculina contra las mujeres’.
P.-S.
Apertura de convocatoria elección de las representantes de las organizaciones
de mujeres ante el comité de seguimiento de la Ley 1257 de 2008 periodo 2018 -
2021
El 7 de noviembre se dará apertura al proceso de elección de las tres representantes
de las organizaciones de mujeres en el comité de seguimiento a la Ley 1257 de 2008
periodo 2018-2021. Durante la semana del 7 al 14 de noviembre se cumplirá la fase de
comunicación a través de las organizaciones de mujeres y en las páginas web y redes
sociales de las entidades integrantes del comité.

Violencia de género aumentó durante el 2016 en


Colombia
Por Opinión & Salud

25 noviembre, 2016

https://www.opinionysalud.com/violencia-de-genero-
aumento-durante-el-2016-en-colombia/

Cada 25 de noviembre se celebra el Día de la No Violencia Contra


la Mujer como una campaña para visibilizar la violencia de
género. Este año a la iniciativa se unió el Congreso de la República.
La Comisión Legal para la Equidad de la Mujeres, con el apoyo de otros
parlamentarios defendió la igualdad de género y envió a los colombianos
un claro mensaje de rechazo a estas prácticas.

Las congresistas preocupadas por el incremento de actos violentos


contra las mujeres, en una sola voz claman que se respete la vida,
la dignidad y los derechos de las colombianas, solicitan que se
aplique de manera oportuna las leyes que las protegen y se castigue a
los agresores. En su intervención, la presidenta de la Comisión,
Arleth Casado del Partido Liberal, habló del compromiso que deben
asumir las instituciones, organizaciones y la sociedad, ante los
incrementos de las estadísticas sobre la violencia, ataques con ácido,
maltrato, abuso sexual y discriminación a las mujeres.

La Defensoría del Pueblo reveló que del 2015 a lo corrido de


2016, se han incrementado en 1.027 los casos atendidos por la
Delegada para los Derechos de las Mujeres y los Asuntos de
Género en todo el país, por lo que se unió a esta conmemoración,
manteniendo su preocupación por los hechos de violencia contra las
mujeres que a diario ocurren en el país. “Estos, no sólo nos llenan de
dolor; nos obligan a trabajar con mayor vehemencia para garantizar que
cada mujer en Colombia goce de manera plena de todos sus derechos”.

La delegada, Diana Rodríguez, expresó que “cada día, somos testigos


de delitos tan graves como el ocurrido en días recientes en Buga, Valle
del Cauca, donde la señora Dora Liliana Gálvez de 44 años, tratando de
encontrar alternativas de trabajo, es torturada y abusada sin piedad, o
el caso de Derly Johana Rivera en la ciudad de Armenia, brutalmente
agredida por su pareja”.

De acuerdo al Instituto Nacional de Salud -INS-, el número de


casos de violencia contra mujeres, presuntamente basada en el
género, ha aumentado considerablemente este año, en
comparación con el número de casos atendidos en el 2015 por las
instituciones de salud. De acuerdo al Boletín Epidemiológico Semanal
No. 44 del año inmediatamente anterior, se atendieron 46.770 casos,
mientras que a la misma fecha se encuentran registrados 54.461 casos
contra mujeres. Un incremento de 7.691 mujeres violentadas que
acuden a salud.

Por su parte, la Defensoría del Pueblo a lo largo de este año ha


atendido y acompañado 2.914 casos de violencias basadas en el
género, encontrando aún obstáculos en el acceso a sus derechos,
mientras que en todo el 2015 acompañó y documentó 1.887 casos.

Estas cifras resultan aún más preocupantes si tenemos en cuenta


que Colombia cuenta con marcos normativos para prevenir,
proteger y actuar frente a la violencia contra las mujeres, gracias
a un importante esfuerzo legislativo, sin embargo, estos no se hacen
realidad en las regiones por lo que el rol de la Defensoría del Pueblo,
tanto a nivel nacional como regional, cobra aún más importancia en la
lucha permanente para la materialización de los derechos y el acceso a
la justicia.
Una organización de mujeres denuncia el "doble silencio" en la violencia sexual de
Colombia

MADRID, 3 Mar. (EUROPA PRESS) - La directora ejecutiva de la organización


colombiana Corporación Humanas, Adriana Benjumea, ha advertido este viernes
de que el "doble silencio" en la violencia sexual sobre las mujeres durante el
conflicto en Colombia se ha convertido en el "caldo de cultivo para la impunidad".
"La violencia sexual es un delito del que no se habla. Los perpetradores, los que
violan a las mujeres, guardan silencio porque no es algo honroso", ha asegurado
Benjumea. "Las ... Leer mas:http://www.europapress.es/internacional/noticia-
organizacion-mujeres-denuncia-doble-silencio-violencia-sexual-colombia-
20170303141000.html

(c) 2015 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la


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Zapatos sobre la rotonda del Parque Nacional. Crédito: Álvaro Tavera.

CRÓNICA

El día en que Colombia se quedó sin mujeres


El 25 de noviembre, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la
Mujer, se celebró en Bogotá un acto simbólico en el que más de 300 mujeres, de todas las
edades, se manifestaron contra los abusos que ellas y sus allegadas han sufrido. Crónica
de una resistencia.
http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/el-dia-que-colombia-se-quedara-sin-
mujeres/60894

2016/11/28

POR ANA GUTIÉRREZ

El 25 de noviembre, Colombia se quedó sin más de 300 mujeres. Marchas y acciones


simbólicas llegaron a las calles en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia
contra la Mujer. Un colectivo de mujeres que nació a raíz del abuso que sufrió María
Isabel Covaleda llamó a las bogotanas a ausentarse del trabajo y dejar un par de zapatos
en el Parque Nacional, para hacer sentir “los espacios vacíos en los que usualmente una
mujer está presente; trabajando dando su amor, siendo madre, profesional, enseñando,
acompañando y aportando al país” en una acción llamada ‘El día que Colombia se
quedará sin mujeres’. Al final del día, recogieron más de trescientos pares de zapatos, y
muchos más en fotos que subieron a Facebook mujeres por fuera de Bogotá. Durante el
transcurso de día, gris y nublado, mujeres de todas la edades, etnias y estilos pasaron por
el parque para manifestar su solidaridad y protestar con su ausencia.

* Al llegar al parque, se veían las organizadoras en camisetas blancas con la fecha y el


título del evento. Estaban detrás del enorme árbol de Navidad de Codensa sobre la
séptima.

No fue difícil distinguir a Nathalie Michelou, la coordinadora: alta, de pelo negro corto,
con una llamativa chaqueta azul. Alrededor del grupo correteaba una niña pequeña con
una melena gruesa de pelo oscuro. “Esa es Teresa. La hija de Maria Isabel”. Es decir,
Covaleda. Michelou me dijo que la madre no estaba porque “esta en el concejo leyendo
el manifiesto” del grupo. Teresa corría feliz, las conoce a todas, y todas la tratan con
afecto. Varias hablaban de sus propias hijas y familiares, un tema recurrente.

El árbol de Codensa, rodeado de los obreros que lo armaban, atrapó la mirada de las
presentes. “Esa es una forma de violencia también, teníamos el permiso para hacernos ahí
y no se pudo” explica Michelou. A pesar de lo que se había acordado, la construcción
desplazó la acción. Unos voluntarios entonces se pararon en la séptima, para dirigirse a
quienes quisieran participar. Era menos visible la rotonda hundida donde irían los zapatos,
pero le brindaba a la acción un simbolismo no intencional pero apropiado: su superficie
tiene la imagen de los continentes americanos.

El día anterior, el colectivo estuvo en la plenaria del senado buscano hacer cambios reales.
“Ahorita el sistema y las personas en él exhortan a las víctimas a quedarse calladas”, me
decía Michelou, mientras sus ojos buscaban a Teresa, feliz entre las mujeres. Hasta le
habían puesto el pintalabios rojo oscuro que estaban usando todas, otra forma de protesta;
una señal clara y fuerte de feminidad no intimidada. De los pocos hombre presentes, en
su mayoría organizadores que luego ayudarían a bajar y subir de la rotonda, estaba Tomás,
el esposo de Michelou. Estaba presente para dirigir entrevistas con víctimas de violencia
que se harían durante el día. A Michelou se le notaba el orgullo cuando contaba que su
hija Candelaria de 13 años los había acompañado en todo: "incluso en el colegio dio una
presentación sobre el movimiento. Hoy se fue al colegio en la camiseta, pero no vino
porque hoy era a la izada de bandera”.
La primera en llegar fue una mujer mayor, que dejó un par de crocs plateados. Se quejaba
de la dificultad en encontrar el lugar, dando una rápida explicación del parque, que
conocía bien: “esta no es la plaza -como dijo alguna organizadora- es la rotonda, y la otra
-donde se está montando el árbol- es la fuente”. Se agarró de un organizador para salir y
se volteó sin aire a decir “muchas gracias por el evento”. Explicó que debía volver a su
trabajo.

Las mujeres del país trabajan en promedio 67 horas a la semana, y dedican 7 horas y 23
minutos del día al trabajo no remunerado en oficios como el cuidado de los niños y del
hogar. La brecha salarial con los hombres es del 20%.

Luego del evento, los zapatos se donarían a la fundación Vida Nueva, cuyo “objetivo
principal es el de romper la cadena de prostitución y sus fenómenos colaterales,
amortiguar la indigencia producida por el desplazamiento y enfatizar en la formación de
personas dignas que aporten al mejoramiento del país.”

Dos mujeres, acompañadas de un niños, observaban todo con caras entre complacidas y
preocupadas. Ambas llevaban camisetas blancas con la cara de una mujer joven. La más
joven, madre del niño, me explicó que las llevan puestas porque “a mi prima la mató su
exesposo, pero el caso lo han aplazado seis veces. La violencia contra la mujer es una
realidad en el país y en el mundo. Queremos dar a conocer lo que pasó y a luchar contra
la vergüenza. Hay mujeres que no hablan porque les da vergüenza que la familia sepa que
las cascan”. Sin saberlo, hacía eco a lo que se vería y diría en el parque durante el
transcurso el día: un rechazo al silencio, al sistema y una constante preocupación por la
siguiente generación en un país donde cada 13 minutos una mujer es atacada por su pareja.
Su prima se llamaba Natalia Sanabria Sandoval. La mujer que la acompañaba era su tía,
quien con rabia afirmó que buscaba “protestar las leyes colombianas, que no cuidan a las
mujeres. Necesitan cambiar”.

Una mujer vino con su bebé amarrado a su pecho, y dejó zapatos por ella y botines por
su hija. “Lucho contra el maltrato por mi hija, esto tiene que parar ya”.

La energía era extraña: llena de mujeres nerviosas pero determinadas, con la solemnidad
del momento pero también conversando entre ellas. Casi todas se tomaban selfies, o
pedían fotos. Celebraban el hecho de poder estar ahí. Muchas mencionaban la sensación
de comunidad y apoyo. Casi todas llegaban en grupo, muchas con hijas. Por lo general,
venían un momento, reflexionaban y se iban. La mayoría se devolvía al trabajo.

En una banca, una joven sonreía. No vino con una persona sino con su perrita, Isis. Era
javeriana y alegre. Fueron en transmilenio. Del otro lado de la rotonda se fue formando
un grupo de mujeres: cada vez eran más.

Eran de Codensa.

Al conocer la iniciativa, vinieron para que se sintiera su ausencia. Estaban esperando a


que llegaran todas para dejar sus zapatos juntas.

El efecto de tantos zapatos vacíos era espeluznante. Venía a la mente una enorme
calamidad: ¿Qué pudo haber pasado para que se fueran sin sus zapatos?
Diana La Torre. Crédito: Álvaro Tavera.

Otra mujer bajó a la rotonda con cuidado. Al salir, le pregunté si se estaba ausentando del
trabajo. “Yo soy ceramista”, me dijo, "autoempleada". Se presentó como Diana La Torre.

"¿Y los zapatos, adornados con #romperelsilencio, son suyos?"

“De mi hermana, ella falleció”.

"¿Puedo preguntar cómo?"

“Ella fue violada y un psicólogo, alguien de otra época, le dio un medicamento para la
tensión y eso le provocó una ruptura de aneurisma al año. Fue en Francia, y el proceso
sigue en marcha, desde 2012. El tipo ha sido citado varias veces pero a veces no aparece
y el juez ha hecho todo lo posible para que se caiga todo”. Su hermana era su gemela.

Según la OMS, el 35% de las mujeres en el mundo ha sufrido de violencia sexual o física.
Las mujeres que sufren ese tipo de agresiones tienen el doble de posibilidad de tener un
aborto, depresión severa y de contraer VIH frente a las mujeres que no las han padecido.

Diana participaba para romper la estigmatización, para recordar, para luchar contra la idea
de que “la mujer fue puesta aquí para aguantar la violación y violencia. Para mí, la mujer
es sagrada. En Colombia, por la paz y el acuerdo, debemos superar la violencia en todas
sus formas, en especial contra la mujer”.

Entre el 2001 y el 2009, 489.687 mujeres declararon haber sido víctimas de violencia
sexual dentro del marco del conflicto armado colombiano. De ellas, 74.698
responsabilizaron a actores ilegales (guerrillas y paramilitares), mientras 21.036
señalaron a la fuerza pública. Además de la violación, la prostitución forzada y los abortos
forzados han sido usados como armas de guerra. De estos casos, más del 90% siguen en
la impunidad.

Detrás de Diana, Nathalie corría incansable: saludaba, respondía preguntas, llevaba, traía,
se veía su chaqueta azul en todas partes. En un punto se perdió de vista, pero la encontré
cuando oí un grito que creí era, aunque no estoy segura, ‘clitoris!’, en vez de ‘sonrisa’.
Estaba tomándose una foto con un grupo de mujeres. Al rato corrió delante de una joven
que sostenía un cartel que leía: “No me visto para provocarte, mi vida NO gira en torno a
tu pene #NiUnaMenos”. Vino “a apoyar porque conozco muchos casos de violencia y
vengo a protestar”. Es fácil encontrar historias, una de cada cuatro mujeres colombianas
manifiesta sufrido de alguna forma de violencia en el transcurso de su vida.

Crédito: Álvaro Tavera.

Al lado de ella, otro grupo se reunía. Esta vez era mixto y todos venían vestidos de naranja
para apoyar la campaña, un detalle que muchos habían obviado. También eran de una
empresa, Consumer and Insights, también esperando a que llegaran otros para bajar.

Lentamente y en masa, las de Codensa dejaron sus zapatos. En todas sus caras se les veía
determinación, en algunas triunfó y en otras una profunda tristeza. Sus zapatos se unen a
la mezcla de tacones, baletas, sandalias, botas, tenis, zapatos deportivos.

Las que quizás gritaron ‘clítoris’ eran de un colectivo llamado Feminismo Artesanal. En
el momento estaban tres miembras, jóvenes, bonitas, medio punk. Se notaba que habían
estudiado el feminismo de manera más académica. “Es nuestra lucha y libertad. Estamos
abiertas a todo tipo de mujeres, de todas clases, admitiendo nuestras diferencias”. Estaban
esperando al resto del grupo, y mientras tanto iban haciendo carteles. Uno decía “yo soy
la puta que se educa”.

Una mujer con un enorme turbante lila dejó un par de zapatos y se marchó en un volar.
Al lado de ella había una joven de chaqueta azul, con los brazos llenos de flores amarillas.
No traía zapatos pero “quería traer algo, una ofrenda. Las escogí amarillas porque es el
color de la luz, para traer algo de luz entre tanta violencia”. Su sonrisa era algo tímida,
pero las flores fueron recibidas con alegría.

Las mujeres de Codensa salieron de la rotonda y entraron los de Consumer and Insights,
ahora con más personas y un perro negro.

Entre ellos el primer y único hombre que dejó un par de zapatos. Se llamaba Felipe Ávila:
“Esto es muy importante y necesario. Es como ser la punta de lanza y dar ese grito de no
violencia contra la mujer. En el parque pasó lo de Rosa Elvira Cely, así que apoyo ese
pequeño homenaje”.
Mientras hablaba con él, alguien dejó un vestido blanco, tamaño bebé. Cuando pregunté
quién fue, me señalaron una mujer con dos trenzas rubias teñidas y tatuajes. Había llegado
en bicicleta. Me sonrió cuando me senté junto a ella. Le pregunté por el vestido. “Es muy
simbólico y representativo, es mío de mi infancia. Es de esa parte virgen, pura y bonita,
donde no hay maldad. Estoy aquí apoyando a fondo mi género, no quiero más violencia
contra las mujeres, somos todos iguales, tengamos pene o vagina”.

La niña del cartel se acercó y dejó sus zapatos junto a un colorete.

Delante de ella se paró una mujer rubia, grande y atractiva, tenía una escarapela de
Feminismo Artesanal con su nombre: Paula Andrea. Sus manos estaban manchadas de
pintura verde. Era del gremio de modelos ‘plus sized’ colombianas. Venía en nombre de
todas las del colectivo, por su mejor amiga que “fue abusada por un tipo en todas las
formas posibles, él la anuló”. El 62% de las mujeres colombianas sufre algún tipo de
control por parte de su esposo o compañero y 26% es víctima de violencia verbal.

Paula decía haber visto todo tipo de violencia, en especial en el gremio, donde se
combinaba el abuso sexual de la industria del modelaje con el maltrato a las mujeres de
talla mayor. Pero ahora podía "hablar más. La gente siempre piensa en mujeres jóvenes
cuando se habla de abuso pero las abuelas sufrieron también, y a ellas las callaban aún
más. La sociedad no permitía hablar, decían los trapos sucios se lavan en casa. Eso no
debe ser así”.

A unos pasos de Paula Andrea, una mujer llevaba un rato sentada en silencio, con las
piernas cruzadas. Tenía un chal tejido de flores y dos velas en la mano. Estaba aguantando
el llanto. Le pregunté por qué las velas: “por si iba a haber un acto simbólico”. Ya dejó
zapatos. “Soy víctima de violencia intrafamiliar. Tengo un hijo y me siento en
responsabilidad de empezar a cambiar desde mi misma. Al tener un hijo hombre vine
como víctima y mujer para romper el ciclo de abuso”. En la parte de atrás del cuello tenía
tatuado un árbol que florece.

Colombia sufre de una “epidemia” de violencia intrafamiliar, más de 25.000 mujeres han
sido agredidas por su pareja este año.

Detrás de ella venía una mujer sonriente con un hijo alegre, Miguel Ángel, de 8 años. Su
madre, María Andrea, me dijo que “soy psicóloga y he trabajado en proyectos que lidian
con la violencia contra la mujer y además como mujer me parece importantísimo
manifestarme contra todos los abusos y como mamá formar a mi hijo. Por eso me lo traje".

En la rotonda, dos niñas seguían jugando, correteando con Teresa Covaleda, siempre con
cuidado de no tumbar los zapatos.

La gente les sonreía.


Teresa Covaleda corre en la rotonda. Crédito: Álvaro Tavera.