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INTRODUCCIÓN

El contenido del presente trabajo abarca todo lo referente al delito de homicidio


por emoción violenta, el cual en nuestra legislación esta siendo punto de una
problemática por su similitud con otros delitos, es por ello que se busca hacer un
análisis un poco mas profundo acerca de todo lo que contiene en si, dicho delito.

Para ello se ha estructurado el presente en dos significativos capítulos de estudio,


el primero de ellos tratando acerca de los antecedentes del homicidio por emoción
violenta. Haciendo énfasis en su evolución como tal en la legislación peruana,
como es que antes no estaba regulado pero con el avance social las propias
circunstancias han llevado a los juristas a tipificarlo y señalar sus causales de
comisión. Asimismo, se ha realizado un estudio de las diversas legislaciones
extranjeras que han servido para llevar a cabo una comparación entre estas y el
derecho peruano (derecho comparado) haciendo, de la misma manera que con lo
del Perú, un análisis de la evolución de la regulación del delito de homicidio por
emoción violenta.

Por otro lado, en el segundo capitulo ya se elabora un estudio especifico del


homicidio por emoción violenta, haciendo un analis de sus agravantes y
atenuantes, que por lo que ya se conoce este delito forma parte de los tantos
motivos de atenuación del delito de homicidio básico, delito básico contra la vida ,
el cuerpo y la salud; para lo cual también se ha tenido que abordar los conceptos
básicos de lo que conlleva una emoción violenta, asi como también sus diferencias
y similitudes con la pasión, siendo pues el crimen pasional un delito con el que
entra en controversia nuesro tema central.

Cabe enfatizar que se ha tocado la problemática del delito de homicidio por


emoción violent dado que se ha generado la controversia de mantener o no
vigente su regulación en la legislación peruana, puesto que algunos legisladore
señalan que tal delito ya sse encuentra contenido en otros por lo tanto su
presencia en el código penal esta demás.

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CAPITULO I: EL HOMICIDIO POR EMOCION VIOLENTA

1. ANTECEDENTES:

Lo que hoy se conoce como homicidio en estado de emoción violenta es producto


de la transformación paulatina del conyugicidio, figura que permitía, hasta los
inicios del siglo XX, el asesinato de la cónyuge infiel sin pena alguna. La exención
obedecía al ejercicio de la venganza privada absoluta que constituía, en esa etapa
del desarrollo del Derecho Penal, la forma de aplicar la represión.

En los siglos XVIII y XIX cada individuo tomaba la justicia por mano propia ya que
entonces el poder coercitivo del Estado no tenía ningún valor para obrar en
defensa de los intereses lesionados. Al aplicarse así la justicia penal, se producían
numerosos y graves excesos; llegando a establecerse la Ley del Talión como una
medida moderadora, en virtud de la cual no podía ocasionársele al ofensor un mal
mayor al que éste había inferido al agraviado. Eso equivalía a que entre el daño
sufrido y el causado, producto de la venganza privada, debía existir una
proporcionalidad. Poco después nació la compensación, mediante la cual se
autorizaba que ofendido y ofensor nombraran representantes que moderaran los
reclamos recíprocos y acordaran la modalidad del castigo.

En la evolución del Derecho Penal el homicidio y las lesiones causadas a los


responsables de adulterio han sido juzgados de distintas maneras. Tres son las
principales soluciones que se han aplicado:

- La excusa absolutoria.
- La aplicación de las penas comunes al homicidio y las lesiones.

- El establecimiento de una regla especial de atenuación.

1.1. EN EL DERECHO ROMANO:

En el Derecho Romano Primitivo, la infidelidad de las mujeres no estaba


penalizada, su castigo lo aplicaba el tribunal doméstico. En esa época, le
correspondía al pater familias la represión del adulterio, en tanto estaba investido

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del derecho de vida y muerte sobre los integrantes de su familia. Posteriormente,
cuando se generalizó el matrimonio libre, esta facultad pasó al marido ofendido. La
Lex Julia de Adulterios, que es una de las leyes más trascendentales del derecho
penal romano, convirtió dicho delito en público: es decir, el delito podía ser
castigado con la relegación de los culpables, con la confiscación de sus bienes y
la infamia.

1.2. EN EL DERECHO ESPAÑOL:

Las leyes españolas del medioevo, siguiendo la tradición romana instituyeron el


derecho de venganza a favor del ofendido. El Código de Eurico, que era una
colección de leyes jurídicas del derecho alemán de 470, reguló el delito de
adulterio concediendo o facultando al marido para ejercitar la acción de perseguir
o privar de la vida a los culpables que fueran sorprendidos en el acto.

Las Siete Partidas de Alfonso X, una de las grandes obras del medioevo por lo
que respecta al derecho positivo codificado, definieron el delito de adulterio y le
reconocieron el carácter de privado; toda vez que el derecho de acción para
perseguir dicho acto se concedió al cónyuge inocente, en su defecto al padre de
éste, a los hermanos y a los tíos. El derecho español estuvo fuertemente
influenciado por los principios morales de la Iglesia. En una sociedad patriarcal
como la española, los comportamientos sexuales de las personas, sobretodo de
las mujeres, fueron rigurosamente normados. La idea del honor desempeñó un
papel preponderante. En materia de sexualidad, la virginidad, el recato, la lealtad
constituían fundamentos de la honra del hombre y de la familia. Por esta razón, la
virtud sexual de las mujeres era celosamente controlada. Además, las mujeres
eran consideradas moral y mentalmente inferiores a los hombres, en razón a su
“tendencia al mal y debilidad ante las tentaciones” lo que justificaba que estuvieran
bajo la tutela masculina.

El adulterio era considerado consumado aunque la mujer sólo estuviera unida en


esponsales. El varón no sólo tenía el derecho de matar a la mujer infiel, sino
también el deber de hacerlo.

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1.3. EN EL DERECHO PERUANO:

En el Imperio Incaico el castigo de los delitos era derecho exclusivo de los


autócratas y sólo podía decretarse por los ejecutores de ese derecho. Es decir, se
excluía toda forma de venganza personal, no estaba permitido matar a la mujer
adúltera sorprendida in fraganti.

De tal manera que al marido que mataba a “su” mujer adúltera, se le imponía una
pena menor que en el simple homicidio, la de trabajo forzado hasta por un año. En
la Colonia el sistema penal tenía las mismas características de las leyes
españolas: Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias y Las Ordenanzas de
Ballesteros. Si bien en estas leyes no se contemplaba específicamente el
uxoricidio por adulterio, implícitamente consagraban el derecho de matar.

En la República, el primer Código Penal de 1863, establecía en su artículo 234


que “El cónyuge que sorprende en adulterio a su consorte da muerte en el acto a
ésta o a su cómplice o a los dos juntos, sufrirá cárcel en tercer grado (3 años)”.
Figura atenuada del homicidio, para el caso del cónyuge que, llevado por el
imperio de una evidente y poderosa emoción, que altera sus facultades psíquicas,
como es el caso de hallar in fraganti a la cónyuge adúltera, la mata.

Se sustenta, incluso entre los tratadistas y jueces, en el justo dolor producido por
el adulterio que perturba la razón y enerva tanto la voluntad que origina el hecho
delictuoso8 . En el Código Penal de 1924, si bien la figura atenuada del
conyugicidio desaparece, subsiste como circunstancia atenuante del homicidio del
cónyuge el hecho de que éste se produzca bajo el imperio de una emoción
violenta que las circunstancias hicieren excusables.

El Código Penal de 1991 mantiene las mismas figuras; bajo la aplicación de la


atenuante, la pena mínima aplicable se reduce de quince a cinco años.

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2. DERECHO COMPARADO:

2.1.

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CAPITULO II: PROBLEMÁTICA DEL HOMICIDIO POR EMOCIÓN VIOLENTA
EN EL PERU:

1. EL HOMICIDIO POR EMOCIÓN VIOLENTA EN LA LEGISLACIÓN PERUANA:


Artículo 109°:
“El que mata a otro bajo imperio de una emoción violenta que las circunstancias
hacen excusables, será reprimido con pena privativa de libertad, no menor de tres
ni mayor de cinco años.
Si concurren algunas de las circunstancias previstas en el artículo 107, la pena
será ni menor de cinco ni mayor de diez años”.

En este caso, el que mata lo hace porque se encuentra bajo el imperio de una
emoción violenta que las circunstancias hacen excusable. Tiene una pena
privativa de libertad, no menor de tres ni mayor de cinco años. Existe una
agravante que se da cuando concurre el parricidio, teniendo entonces pena
privativa de libertad no menor de cinco ni mayor de 10 años. ·

Nuestro Código también regula que existe una agravante cuando son varias
las víctimas del mismo hecho o cuando el delito es resultado de la
inobservancia de reglas técnicas de profesión, de ocupación o industria; en
este caso, la pena privativa de libertad será no menor de dos años ni mayor de
seis años e inhabilitación para el ejercicio de la profesión.

Obstáculos en la penalización y correcta sanción de los crímenes contra las


mujeres: el denominado homicidio por emoción violenta. Como se ha señalado
anteriormente, el artículo 109 del Código Penal peruano contempla el tipo
penal “Homicidio por emoción violenta”. Pero, ahora veamos ¿Qué implica el
término “emoción violenta”?. En la práctica esta figura penal es utilizada por
los agresores como defensa, constituyéndose en un atenuante a su acción y
disminuyendo –de esta forma y considerablemente– la sanción penal.

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La “emoción violenta” es una excusa, la cual se argumenta mediante la
ocurrencia temporal de un hecho psíquico y de orden afectivo que trastorna
momentáneamente el equilibrio psicofísico de un individuo.
Fragoso (1987) establece: “ la doctrina penal define la emoción como el
estado efectivo que produce momentánea y violenta perturbación de la
personalidad del individuo”. (p.55)
Según esta noción, la consecuencia principal es el relajamiento de los límites
sociales internalizados por las personas durante su vida; por lo mismo, el
principio y valor ético universal que reconoce la prohibición a matar se ve
ofuscado por el trastorno en la estructura psíquica del individuo. De esta
manera se argumenta y excusa un comportamiento destructivo.

1.1. CRITERIOS QUE LO FUNDAMENTAN:


1.1.1. CRITERIO DEL TIEMPO:

Al respecto nuestra jurisprudencia señala que para que se configure la


emoción violenta es necesario que la alteración o transtorno repentino o
abrupto del sujeto activo del delito guarde una relación de inmeditez que
origina su subita y vehemente alteración. Tal como lo establece Tasyco
(2011): “es necesario que el hecho o la causa que origina la emoción violenta
proceda al desenlace fatal” (p.259)

Como se puede advertir, se requiere que entre el acto provocador de la


victima y la reacción del agente haya una inmediatez o contemporaneidad. Sin
embargo, puede ocurrir que la reacción emotiva sea retardada y no inmedita,
repentina o súbita como a veces exige la judicatura.

Respecto al tiempo trancurrido entre la provocacion y el hecho, existen dos


posiciones es asi que Tasayco (2011) establece:

No se requiere necesariamente y obligatoriamente que el delito se


cometa en los precisos instantes de la manifestación externa de la
emoción violenta, para todos los casos, sino que existe la posibilidad

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de una reaccion inmediata o diferida. En efecto, si toda regla tiene su
excepción, se debe exigir una regla en el sentido de la coincidencia
temporal entre la emoción violenta y la la ejecución del acto de
matar, y una excepción con discrecionalidad, para calificar la
temporalidada en cada caso concreto.(p.259)

Para calificar la temporalidad de cada caso concreto , Levene citado por Villa
Stin (1997) ejemplifica:

Se ha admitido la atenuante en el caso del arriero que con un joven


peon conducia ganado; por la noche, al disponerse a descansar, el
mayor se aproximo al muchacho con un cuchillo en la mano,
mpidiendole toda resistencia, y lo violo. La vistima guardo su frenda,
espero que el otro se durmiera, y entonces lo agribillo a apuñaladas.
(p.102)

Sin duda, un análisis detenido del criterio del tiempo hace que se torne de
vital importancia la discrecionalidad del juez para detrminar la temporalidada
necesaria que comparte la atenuación de la aplicación. En ese sentido es
Bramont citado por Tsayco (2011), afirma:

No puede transcurrir un largo espacio temporal entre el hecho


provocante y la reacción, dato que tendrá que precisar el juez en
cada caso, por ejemplo; no seria homicidio por emoción violenta
aquel que tiene lugar cuando el sujeto activo, encontrando a su mujer
con el amante, lo mata pasada una semana.(p.260)

El momento exacto en que deben coinsidir el arrebato emocional y su fuerza


impulsadora es bastante difícil de determinar. Es tan difícil como poder
desentrañar una cuestión sentimental o afectiva a través de una ecuación
matemática. Entre el estimulo generador y la reacción emocional, puede
trancurrir un tiempo, acorto o largo plazo, y no obstante ser de aplicación
atenuante. Lo importante es que reacción tenga su causa en la emoción, y
esta, a su vez, en un estimulo externo, sin interferencia de otros motivos o
otras circunstancias impliquen una interrupción de la cadena causal. Tasayco
(2011) respecto al tiempo establece: “el tiempo es un criterio relativo, que
debe ser evaluado en cada caso concreto y en todo su contexto. La ley no
puede ser malvada, tan inmoral que le diga al individuo: mata rápido, que si
no, no te beneficio”(p.260).
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1.1.2. CRITERIO DEL MEDIO EMPLEADO:

De acuerdo con el criterio meido empleado, podemos determinar si estamos o no


antes un homicidio emocional excusable. Asi , los medios empleados por el sujeto
activo son los mas burdos. Ello implica, en lo que respecta el medio empleado,
que el denominador común es que el agente los toma de primera mano. En ese
sentido, habrá homicidio por emoción violenta cuando el agente coje el arma que
tiene a su alcance o se encuentra cerca del lugar de los hechos. Por el contrario,
no se podría alegar emoción violenta cuando se mata con veneno, por que ello
requiere una preparación previa y como se reite la premeditación no se
corresponde con la atenuante.

El medio empleado en la comision el homicidio: en el estado emocional en que se


encuentra el autor, este no puede emplear medios complicados ni puede realizar
hechos que demuestren una reflexión previa. Por ejemplo no se cmeteria este
delito si el sujeto prepara una pócima de veneno o se va a comprara una arma
para matar a su victima.

1.1.3. CRITERIO SORPRESA:

El conocimiento previo de la situación por parte del autor del homicidio emocional,
tal como lo establece Tasayco (2011):

El característico del estado de emoción el que se descencadene por la


aparición súbita de una situación importante para el sujeto. Por ejemplo,
Fernando no podrá cometer este delito si mata a Enrrico, teniendo
conocimiento de la infidelidad de Rita, su mujer, desde hace una año,
hachoe que hace imposible la invocación de esta excusa.(p.261)

En ese sentido, la emoción tiene que ser sorpresiva e inesperada para el que
sufre la agresión. El agente debe terne la mente en blanco, siendo que como la
consecuencia del estimulo povocado por la victima va a generarse un estado de
emoción violenta. En definitiva, si la reacción es endógena se mata, si es exógena
mata a la victima, produciendo asi un homicidio emocional.

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1.2. AUTONOMÍA:

Se discute también sobre la sustantividad de este delito, unos consideran que se


trata de un tipo penal autónomo, pero mayoritariamente se entiende que se tarta
de un homicidio atenuada o privilegiado que al exclurse las circuantancias
subjetivas del estado emocional reaparece el homicidio simple.

2. SIGNIFICADO DE LA EMOCIÓN VIOLENTA:

El carácter violento de le emoción puede poseer una doble significado; por un


lado, denota la recepción súbita, espontánea e inesperada de una situación vital
externa capaz de alterar el ánimo y, por otro lado, puede importar la reacción
tempestuosa y agresiva de una estado emocional que se dirige contra un objeto
del mundo circundante.

La característica violenta del estado efectivo emocional puede provenir, entonces,


tanto de una impresión súbita e inesperada, de una situación externa que agita el
ánimo (violencia de la impresión) como de una reacción agresiva, arrebatada o
violenta que se dirige a dañar a un objeto o sujeto externo (violencia de la
reacción).

Peña (2009) afirma que:


Es una forma de sentimiento que altera la personalidad. Es un estado subjetivo
súbito, más o menos duradero, cuyo efecto inmediato es la conmoción de ánimo
que se traduce en una marcada exaltación de la efectividad. Se debe tratar, pues,
de un verdadero impulso desordenadamente afectivo, porque éste es destructivo
de la capacidad reflexiva de frenación (p.118).
Podemos denominar a la “emoción violenta” como el estado agudo de la
emotividad humana, que ha de generar efectos marcados en la conducta humana,
mediando una desincronización entre la esfera racional del sujeto con su
capacidad de controlabilidad de reacción, reduciendo al ser humano a una
mecanicidad corporal puramente instintiva.

De aceptarse acríticamente la postura que hace recaer el privilegio del artículo


109° en la violencia de la impresión, incurriríamos en el error de exagerar la

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importancia del facor sorpresa en la emoción, asumiendo, como es de colegiarse,
que solo las circunstancias conocidas de manera inesperada e imprevista tienen
efectos atenuatorios. Se decartaría, a contrario sensu, aquellos supuestos en que
el elemento sorpresa, o lo espontáneo de la impresión, está ausente.

Tendríamos, así, que negar el privilegio del articulo 109° al marido que sospecha
sobre la infidelidad de su mujer y realiza todas las averiguaciones y seguimientos
hasta encontrarla in fraganti, para luego darle muerte (ut supra). En realidad la
violencia en la impresión o el factor sorpresa no puede tener un valor excesivo en
la fijación de la atenuante. Basta contemplar que la idea de impresión súbita e
inesperada está inmersa en el concepto mismo de la emoción para percatarse que
poco o nada se aporta en la comprensión del privilegio legal bajo examen.

El ilícito penal se configura cuando el sujeto activo actúa y da muerte a su víctima


bajo el dominio de una emoción, violenta, la cual surge repentinamente por
circunstancias excusables o, mejor aún, justificables provocadas por el mismo
sujeto pasivo o por un tercero. Se trata de un homicidio realizado en estado de
emoción violenta justificada por especiales circunstancias.
No obstante, no debe pensarse que el legislador pretende que se tenga como
atenuante del homicidio cualquier emoción violenta surgida en el agente, sino que
este estado de la conciencia, debe ser de cierta intensidad que genere un estado
transitorio de conmoción o perturbación en la personalidad del sujeto activo que le
impida controlar sus actos frente a determinadas circunstancias, realizando con
frecuencia conductas irracionales que normalmente no realizaría. En otras
palabras, aparece la emoción violenta como elemento atenuante cuando, en las
mismas circunstancias excepcionales, toda persona respetuosa del orden o
sistema jurídico la experimentaría y realizaría actos impensables en circunstancias
normales. "La conciencia del agente se fija en aquello que ha motivado la emoción
violenta, debilitando considerablemente el control del individuo sobre su conducta
hasta el extremo que realiza· con frecuencia actos irracionales que están en
desacuerdo con su comportamiento habitual".

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A ello debe agregarse que no siempre las impresiones súbitas o inesperadas van
a desencadenar una respuesta agresiva capas de mover al sujeto a la perpetraiín
de un homicidio, pues resulta común que teniendo una emoción súbita el agente
no incurra en alguna respuesta violenta y, por tanto, no cometa delito algún.

No debe confundirse la “emoción” de los “sentimientos”, pues mientras los


primeros surgen de manera súbita e inesperada y duran por un escaso intervalo
de tiempo, los segundos se encuentran incubados en la esfera más interna de
la personalidad humana, gestándose y madurando conforme el devenir del
tiempo, consolidando su propia emotividad, los cuales pueden apoderarse del
ser humano, generando también manifestaciones de violencia criminal. No es lo
mismo el homicidio pasional que el homicidio por emoción violenta, el primero
es un sentimiento que secuestra al individuo, poniéndolo a la merced de sus
consecuencias más volátiles e inesperadas. La emoción es un ruptus, en un
sentimiento súbito; la pasión es un sentimiento obsesivo que se apodera de las
facultades mentales del sujeto y lo pone a su servicio (Peña, 2009, p. 120).

3. PROBLEMÁTICA ACERCA DE LA REGULACIÓN DE ESE ARTÍCULO:


3.1. GENERALIDADES:

El homicidio por emoción violenta posee una existencia controversial en los delitos
contra la vida. Se discute sobre la conveniencia de mantener o no el delito de
parricidio, asi como la de reducir el numero de circunstancias del asesinato, pero
este debate quizás deba ceder a la disertación si es o no adecuado a una correcta
técnica legislativa mantener el delito de homicidio por emoción violenta o si es
conveniente sostener su desaparición de la parte especial, remitiendo la solución a
los principios comunes del Derecho penal contenidos en la parte general. Se
alzan, por un lado, posturas abolicionistas y por el otro, criterios a favor de la
conservación del artículo 109°. Cualquier tesis que se acoja no está libre de
críticas y observaciones, de allí que sea necesario el estudio de una y otra
postura.

3.1.1. TESIS ABOLICIONISTA:

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En apoyo del criterio abolicionista del homicidio por emoción violenta concurren
diversos argumentos. El primero de ellos repara en que las circunstancias
escusantes nos son más que una reminiscencia de ideas éticas y sociales, hoy
superadas, y que se hallan en franco anbandono. Basta echar una ojeada a la
práctica para contemplar que este precepto es utilizado por los maridos
desesperados, por los concubinos iracundos o por los padres afectados de
celotipia enfermiza. Estas cuestiones tornan ilogica desde la perspectiva jurídica la
conservación de una definición legal de este cuño.

El homicidio por emoción violenta aparece como un supuesto legal que brinda
albergue a todo aquel que mata movido por emociones innobles y cuyo pretexto
suelen ser las circunstancia. La definición legal obraría como un escudo de
protección para los temperamentos iracundos y las personalidades impulsivas.

Un segundo criterio, que abona a favor de esta tesis, considera que el homicidio
por emoción violenta es un caso reprobable en el que el Derecho cede el
monopolio del poder estatal a un individuo, beneficiándolo con una causa de
atenuación. Por la fórmula del artículo 109° se daría legitimidad legal a las
hipótesis de venganza privada o se permitiría, con aprobación jurídico- penal, que
un hombre aprovechando las circunstancias del caso dé rienda suelta a sus más
bajas pasiones y sentimientos innobles. Este proceder legislativo reflejaría una
renuncia expresa a las bases garantistas del Derecho penal.

Finalmente, como ultima y mejor crítica a la redacción del homicidio por emoción
violenta, tenemos que su regulación bien puede ser asumida por los principios de
la parte general, evitando así una prática casuística perniciosa, detestable en el
Derecho Penal contemporáneo. Según esta posición la regulación independiente
de la emoción violenta resulta innecesaria en la parte especia, dado que puede
incorporarse en las categorías penales de la parte general.

La fórmula descrita no hace sino repetir una idea presente en la descripción de los
principios comunes. La emoción violenta sería solo una especie de las causas de
inimputabilidad relativa en la modalidad de una alteración de la conciencia.

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3.1.2. TESIS A FAVOR DE LA CONSERVACIÓN DEL HOMICIDIO POR
EMOCIÓN VIOLENTA:

Por su parte, a favor de la teis que matiene la necesidad de conservar el


tratamiento legislativo del homicidio por emoción violenta, existe una serie de
argumentos de no menor calidad. El primero de ellos sotiene que si bien la fórmula
de la emoción violenta puede ser abrazada por la alteración de la conciencia
(causal de inimputabilidad relativa) es también evidente que la definición legal se
justifica por el escaso uso de las categorías incorporadas en la parte general.

Nuestra judicatura, el Ministerio Público y las defensas penales no suele recurrir a


los principios comunes de la parte general al considerar su poca “concreción
práctica”. Basta comprobar la restricción de los jueces a la mera tarea de
tipificación de los delitos in specie, sin plantear que sean circunstancias
agravantes o atenuantes.

Si bien desde una perspectiva técnica la emoción violenta carece de fundamento,


desde el punto de vista práctico encuentra plena justificación en la medida que
permite la aplicación de una circunstancia atenuante qque, de otra nforma, sería
de muy difícil aplicación. En profunda vinculación con este argumento se
encuentra aquel que observa la diferencia existente entre la grave alteración de la
conciencia y la emoción violenta. Así, mientras la primera es una causa de
inculpabilidad, la segunda es una simple causa de atenuación.

En la emoción violenta aún hay exigibilidad; en la grave alteración de la


conciencia, no. Tenemos que la emoción violenta si bien puede encajar dentro de
la alteración de la conciencia, los efectos penales que despliega no son los mismo,
pues la primera impone una disminución prudencial de la pena respecto al
homicidio simple o al parricidio, y la segunda impide la imposición de una sanción.

Un tercer argumento en apoyo de las tesis conservadora hunde raíces en l


necesaria humanidad de la legislación penal, la cual no solo repara en la forma de
redactar las leyes sino en los destinatarios de las mismas.

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No es suficiencite poseer una buena técnica legislativa, crítica común a la emoción
violenta, si falta el reconocimiento a la realidad vital de la persona.

Las leyes no pueden reparar solo en la racionalidad o formalidad de su redacción,


como tampoco puede exigirse que se detengan en la vida efectiva del sujeto. Es
necesario lograr un deseado equilibrio en el que se valore también los elementos
emotivos que el hombre posee y en los que la emoción violenta es sencilla una
manifestación.

4. EMOCIÓN VIOLENTA Y PASIÓN:

Existen diferencias entre ambos conceptos, tal como lo establece Zevallos (1997):

Mientras qe la emocion, es un grado efectivo de gran intensidad, pero


de corta duracion y que suele estar acompañada de alteraciones
organicas, la pasion se indica por un estado emtivo de largo plazo,
permanente o duradero. Son alteracones menos intensas ue las
emociones, pero muchas mas fijas y duraderas o arraigadas (p. 175)

Aquí en el Perú, los homicidios por emoción violenta son muy raros, pues los que
se presentan como si lo fueran, resultan .homicidios pasionales. Estos últimos
tienen como característica que son ocasionados por el amor y tenemos como
ejemplo el uxorlcldio que es el más típico de los homicidios pasionales.

En la doctrina nacional y comparada suele discutirse acerca de que si es


conveniente o no incluir la pasión en los alcances del articulo 109°, como
fenómeno afectivo capaz de atenuar o si es posible destacar los efectos
atenuantes de la emocion.

El debate no tiene otro contenido que plantear la inclusión o exclusion en el


articulo 109° de los crímentes pasionales. La solución de esta temática permite
que surjan tres pocisiones.

4.1. INCOMPATIBILIDAD DE LA PASIÓN Y LA EMOCIÓN:

La primera de ellas se empeña en destacar la incompatibilidad esitente entre la


emoción y la pasión en el artículo 109° Codigo Penal. Dicho criterio se funda en

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una mayor peligrosidad criminal de aquellos delincuentes y apsionales, los cuales
poseen un carácter intemperante, turbulento y hondamente irascible.

Según Jimeneo (2004) quien sostiene que:

Los crímenes pasionales han existido a lo largo de la historia de la humanidad,


disculpando su gravedad, bajo la concepción de que el acto violento se comete por
“amor. Ya que concurre entre parejas con vínculos amorosos, donde la presencia
del término pasional desata a raíz de determinadas circunstancias a “la violenta”,
la cual se manifiesta muchas veces con la muerte de uno de ellos. (pp. 23-24).

Acordar un privilegio atenuatorio a los sujetos de temperamento explosivo y


pendiendo sería, sostienen los partidarios de esta tesis, un error gravísimo a la
ves que maracaría una inconsecuencia juridica, pues, a una mayor peligrosidad no
corresponde disminuir la pena, sino aumentarla.

Asimismo, se reconoce que emoción y pasión son dos estados psicológicos


sitintos que no pueden equipararse, máxime si la ley acoge solo a la emoción
como atenuante. En toco caso, se dice, aun rescatando algunas apciones, estas
no tenpias efecto privilegiante sino se le debe reconducir al homicidio simple,
actuando como una causal de imputabilidad disminuida en la parte general.

4.2. COMPATIBILIDAD ENTRE EMOCIÓN Y PASIÓN:

Para establecer esta relaciones preciso hacernos esta pregunta: ¿Un estado
pasional puede devenir en una situacion violenta? Para dar respuesta a esta
pregunta tenemos a Tasayco (2011) quien establece:

Es perfectamente posible siempre que, naturalmente, un fenomeno


del mundo real le sirva a la pasion como estimulo desencadenante.
Pensamos que el hombre apasionado, por el mismo hecho de estar
asi, tal vez demuestre propension a emocionarse violentamente con
una dosis adecuada del factor exitante. En efecto los estados de
pasion y emocion, tanto por ser distintos psicologicamente, como
tambien por tener diversas consecuencias sobre la cnciencia y la
vluntad, no pueden ser equiparados juridicamente.(p.268)

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Otro sector doctrinal, mucho más numeroso, establece la inexistencia de
impedimentos para aceptar tanto a la emocion como al apasión. Se apunta que
,más importante que la discusión acerca de si la fuerza subjetiva que afectó al
homicidio era tecnicamente una emoción o una pasión, importa detenerse en si
la afección psicológica debilitó la inteligencia y la capacidad motivacional del
agente. Así, los terminos de la discusión deberían modificarse. Ya no decide ni
la denominación, ni la sustancia del estado psíquico, ni su forma o
temporalidad sino la fuerza debilitadora de los frenos inhibitorios.

Y es que Aristóteles (citado por Jimenez, 1959) afirma que: “La pasión pueda
llevar al hombre a cometer un crimen, pues entiende a ésta como una grande
y terrible desgracia, al estar referida a las cualidades malas, que se aplica
sobre todo a las tendencias deplorables y perjudiciales” (pp. 21-22).

Ademas, se precisa que la distinción ontológica entre emoción y pasión ha sido


puesta en duda por los psicológicos. A la ley solo le interesa la conmoción
anímica impulsiva, o cualquier estructura íntima, sea cual fuere su
denominacióncientífica; peor aun si en el concepto de emoción se distingue la
emoción en shock y la emoción sentimiento o emocion estado (pasión). De tal
manera que si la pasicon no es otra cosa que una emocion prolongada no se
ve la dificultad para insumir en el homicidio por emoción violenta el crimen
pasional. No interesa tanto la diferencia sustancia entre emoción y pasión
como los efectos perturbadores de la capacidad reflexiva que ambos poseen.

Los penalistas han considerado que el estado emocional pasional no permite


que el intelecto reflexione en todo el ámbito de sus posibilidades, pero a pesar
de esto existe una parte de ellos que reconoce la existencia de pasiones
llamadas razonadoras. A pesar de ellos nosotras consideramos que la pasión,
es la cusa de alteraciones psíquicas que modifican las facultades intelectuales,
ya sea dentro de su ámbito positivo o negativo. Siendo generalmente el
negativo el que desata los crímenes pasionales.

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Por otro lado, Se conoce que son múltiples las pasiones del alma pero de estas
principalmente hemos de abordar la del amor, y del odio por ser su antagónico
o contrario, Así hacemos referencia a las pasiones de conservación (amor), de
defensa (odio, temor, celos) teniendo en cuenta que estas se desatan de
acuerdo a las condiciones de vida, la influencia étnica, atávicas, naturales,
sociales, políticas, religiosas.

4.3. DISTINCIÓN ENTRE EMOCIÓN Y PASIÓN:

La tercera posición que explica la vinculación legal de la emocion y la pasión,


plantea un criterio limitativo que sostiene que no toda pasión, por mayor que
sea su efecto perturbador en la inteligencia del agente, puede ser incluida en el
homicidio por emoción violenta, luego de reparar en la diferencia existente
entre los dos fenómenos psíquicos aludidos.

La emocion y la pasion, se advierte, no pueden ser juridicamente lo mismo,


dado que se afirmaría la sinonimia psicológica de actividades psíquicas
distintas. Es más, forzando la equiparación de uno y otro fenómeno sería como
acpetar la equiparación jurídica de la inteligencia y memoria, cuestión
ciertamente absurda. Cuando el legislador emplea la referencia a un fenomeno
vivencial personal, como la emocion, pretende resaltar la consecuencia
atenuatoria de esta, descartando cualquier otra vivencia psicológica, incluso las
alteraran de manera parecida el ánimo del sujeto.

En caso se sostenga la inclusión del homicidio pasional en el artículo 109° se


olvidaría la separación psicológica existente entre emoción y pasión que en
muchas ocasiones, pese al innegable parentesco, suelen repelerse y constituir
vivencias diametralmente opuestas. Basta recordar la alteración súbita y
transitoria de la emoción respecto a la profundidad, permanencia y frialdad de
muchas pasiones.

Soler (citado por Peña, 2009) , escribe que todo intento por definir pasiones o
emociones como excusables o inexcusables en sí mismas y a priori, debe
necesariamente frustrarse, porque el mismo tipo de pasión o de emoción puede

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presentarse en circunstancias excusables o inexcusables (p.127). En todo caso,
lo que debe verificar el juzgador, al momento de realizar la acción homicida se
encontraba apoderado por el imperio de la "emoción violenta"; la pasión no ha
de eliminar la emoción, es que acaso un hombre apasionado no puede
emocionarse bajo ciertas circunstancias, y tales efecto, la pasión ser sustituida
por la ira, y así dar muerte a su víctima. Esto significa que la ley no excusa al
simplemente emocionado, sino al que es llevado a ese estado por
circunstancias que lo hagan excusable.

4.4. ¿POR QUÉ SE EQUIPARA LA PASIÓN Y LA EMOCIÓN?

Los partidiarios de acoger la pasión dentro de la emoción violenta tropiezan


con una grave confusión muchas veces no advertida, catalogan y equiparan a
la pasión con la emoción, amparándose en sus efectos comunes, examinan
solo la perturbación y alteración del animo provocado por uno u otro fenómeno,
o sostienen, con la absoluta sencillez, que pasión y emoción son lo mismo,
porque ambas representan casos de una visible disminución de la capacidad
motivacional.

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos oído hablar de los


crímenes pasionales dado que este tema a lo largo de la historia nunca ha
pasado desapercibido, y quizá esto se deba a la particularidad que presenta
este delito al ser denominado muchas veces como el “crimen en nombre del
amor”. Donde generalmente se suscitan triángulos amorosos, despecho,
burlas, decepciones, venganzas por el ultraje a la mujer querida, satisfacción
del honor de la amante abandonado (a), etc.

Esta idea es corroborada por Jimeneo (2004) quien sostiene que los crímenes
pasionales han existido a lo largo de la historia de la humanidad, disculpando
su gravedad, bajo la concepción de que el acto violento se comete por “amor.
Ya que concurre entre parejas con vínculos amorosos, donde la presencia del
término pasional desata a raíz de determinadas circunstancias a “la violenta”,
la cual se manifiesta muchas veces con la muerte de uno de ellos. (pp. 23-24).

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Y es que Aristóteles (citado por Jimenez, 1959) afirma que la pasión pueda
llevar al hombre a cometer un crimen, pues entiende a ésta como una grande y
terrible desgracia, al estar referida a las cualidades malas, que se aplica sobre
todo a las tendencias deplorables y perjudiciales. (p. 21)

Según esta última cita, podemos darnos cuenta que para este reconocido
filósofo la pasión puede ser el detonante de cualidades virtuosas y buenas en
un ser humano pero a la vez también puede desatar actitudes malas y
reprochables tanto moral como jurídicamente. Y es justo en base de este lado
negativo de la pasión, por así nombrarlo, que se ejecutan generalmente los
crímenes pasionales.

Es por ello que el crimen pasional se entiende, en el habla popular, como un


delito en él que el perpetrador muchas veces comete un crimen sin
premeditación, es decir no planea matar a su ser amado, lo que sucede es que
actúa cegado por sentimientos como la ira, el desengaño y los celos; quienes
desatan en la persona una violencia incontrolable que produce una alteración
de en su conciencia y percepción de las consecuencias de sus hechos.

La doctrina siempre ha entendido por crimen pasional, aquellos cometidos en


consideración a la “exaltación emotiva en la que ha obrado el agente como una
posible causa de atenuación de la pena” (Lozano, 1990, p.16)

Es decir, algunos doctrinarios consideran que son aquellos delitos


susceptibles de una disminución punitiva de sus efectos, ya que el sujeto
activo de la conducta, los llevo a cabo bajo fuertes estados emotivos, que
alteraron su conciencia moral y la objetividad por lo que no advirtió su
vulneración del deber jurídico. O sea, se presume, que el individuo no actuó
con ninguna clase de premeditación respecto a la conducta punible. Sino que
por el contrario su acto fue motivado por situaciones intersubjetivas y morales,
las cuales como ya hemos dicho caracterizan a este delito frente a otras
formas de homicidio o intento del mismo.

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Se olvida, inexplicablemente, que la identidad o diferencia de dos fenómenos
no deben conducir a las consecuencias de los mismo, que en este caso es la
diosminución de la capacidad de culpabilidad, sino a su esencia. Como los
juristas y el Derecho no pueden confundir las manifestaciones psíquicas que la
psicología esclarece, se debe colegir que el Derecho Penal no puede llamar a
la emoción pasión, ni a la pasión emoción.

Un parecer en contrario tendría que ser consecuente y plantear por ejemplo,


en el artículo 20°, inciso 1, la identidad de la grave alteración de la conciencia y
las enfermedades psíquicas en cuanto ambas extinguen la capacidad de
culpabilidad, planteamiento que no resiste el menor análisis.

Por otro lado, los partidiarios de la equiparación entre emoción y pasión


encuentran argumentos a favor cuando reparan tanto en la discusión pre
legislativa de los sucesivos proyectos suizos, en los que se alude
indistintamente a pasión y emoción, como en el hecho que en el vocabulario
usual existe una sinonimia entre dichos términos.

Respecto a la afirmacion primera, debemos observar que el empleo de ambos


terminos por parte del legislador historico, no puede vincular una interpretacion
juridica y, y peor aún, si el hermenauta de la norma se afilia, como lo ahce la
mayoria de la dogmática actual, al criterio de la intepretacion objetivaa la cual
considera como un mero indicativo a la volintad del codificador en el
develamiento del sentido de la ley, si bien el legislador helvético empleó pasión
y emoción sin notar mayor diferencia, no por eso el intérprete debe dejar de
diferenciar dichas locuciones.

Respecto a la segunda afirmacion se debe apelar simplemente a una antigua,


pero a veces olvidada, regla de interpretacion por la cual entre la interpretacion
de un termino (emocion), según su uso corriente y vulgar, y el significado
cientifico del mismo se debe tomar partido por su denominación técnica.de esta
manera, si bien la emocion en el uso corriente suele identificarse con la pasión,

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el empleo de aquel término en una norma jurídcia ha de entenderse en la
acepcion técnica o científica y como tal debe interpretarse.

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CONCLUSIONES

1. Una de las problemáticas que encontramos en el delito de homicidio por


emicion violenta radica en el tiempo trancurrido entre el hecho o la causa
que origina la emoción violenta y desenlace fatal; para autores como Villa
Stein no se requiere necesariamente y obligatoriamente que el delito se
cometa en los precisos instantes de la manifestación externa de la emoción
violenta, mientras que, para outores como Arias Torres, es necesario que
entre el acto provocador de la victima y la reacción del agente haya una
inmediatez o contemporaneidad.
2. Dentro de las problemáticas del delito de homicido por emoción violenta
encontramos, también sobre la sustantividad de este delito, unos
consideran que se trata de un tipo penal autónomo, pero mayoritariamente
se entiende que se tarta de un homicidio atenuada o privilegiado.
3. Uno de los problemas que se tenia anteriormenete entorno al delito de
homcidio por emoción, radicaba en establecer si el homicidio pasinal
quedaría o no excuida dentro del homocicidio por emoción violenta. Esta
problemática actualmente ya ha sido superada, pues se entiende que la
pasión y la emoción, son dos estados psíquicos distintos.
4. El homicidio producido por emoción violenta, dentro de nuestro
ordenamiento jurídico, opera como una circunstancia de atenuación de la
pena, y no como causal de inimputabilidad. A pesar de que en este delito el
imputado actúa por un impulso súbito; que conmociona su ánimo y nubla
por un breve tiempo su conciencia y el discernimiento sobre su accionar.
5. La expresión "estado de emoción violenta" se refiere a un fuerte estallido de
origen afectivo, donde el o los factores desencadenantes pueden o no ser
conocidos con anterioridad por el sujeto; relacionando así la conducta del
agente durante el estado emocional violento con la naturaleza de la crisis
de los sentimientos que la condiciona.
6. La emoción violenta comprende todos los estados emocionales, puesto que
la ley no distingue a ese propósito, como tampoco lo hace respecto de la

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naturaleza de los hechos que pueden constituir la causa del estado
emocional, no circunscribiéndose a causas éticas u honorables.
7. Para que se configure el delito de homicidio por emoción violenta es
necesario que en el estado emocional en que se encuentra el autor, este no
puede emplear medios complicados ni puede realizar hechos que
demuestren una reflexión previa.
8. La diferencia entre emoción y pasión es que la emoción es un estado
afectivo que produce una imprevista y violenta perturbación del ánimo,
como la ira, el pánico, el miedo, la ansiedad, el espanto, la sorpresa, el
placer erótico, el pudor, la vergüenza. Mientras que la pasión es una
emoción permanente y más intensa que se traduce en una crisis
psicológica profunda y duradera, afectando la integridad del espíritu y del
cuerpo, como el amor, la venganza, el odio y los celos.
9. Consideramos que los crímenes pasionales han existido a lo largo de la
historia de la humanidad, que ha venido siendo disculpanda su gravedad,
bajo la concepción de que el acto violento se ha cometido por amor,la cual
se manifiesta muchas veces con la muerte de uno de ellos.
10. La emoción violenta puede presentarse en circunstancias excusables o
inexcusables, por lo que es la labor del juzgador el cual debe de verificarlo
si el sujeto al momento de realizar la acción homicida se encontraba
apoderado por el imperio de la "emoción violenta", la pasión no ha de
eliminar la emoción, es que acaso un hombre apasionado no puede
emocionarse bajo ciertas circunstancias, y tales efecto, la pasión ser
sustituida por la ira, y así dar muerte a su víctima.

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