Está en la página 1de 2

Me fui a buscar las características que definen la ludopatía para plantearme los

paralelismos con la lectopatía, y tratar de comprobar si soy o no una lectópata. Y


basándome en lo que de ella dice Wikipedia, establecí mis paralelismos, así es que
cambiando los términos podríamos definirla como algo así:

- La lectopatía consiste en una alteración progresiva del comportamiento por la que un


individuo siente una necesidad de leer: Eso está comprobado, "necesitamos" leer, pues
si pasamos unos días sin probar nuestra droga, parece que nos falta algo. Y cuando se
nos terminan los libros, somos capaces de leer todo aquello que cae en nuestras manos...
hasta un folleto de publicidad. Siempre, aunque tengamos nuestra agenda muy apretada,
hacemos lo que sea, para sacar un ratito y aplacar nuestra "necesidad de leer".

- Se puede decir que alguien es un lector compulsivo cuando éste lee no sólo ya por el
hecho de ganar conocimientos, sino por el mismo placer de leer y no es capaz de parar:
¿Cuántas veces hemos dicho «cuando termine este capítulo me pongo a planchar» (o
cocinar, o llamar por teléfono, o salgo a comprar...)? pero terminamos y le echamos un
vistazo de reojo al siguiente y... ya estamos perdidas, tenemos que leerlo y nos
justificamos diciendo «total es poco lo que hay de plancha, a la tarde lo hago» o
«con lo que hay en la despensa me apaño, mañana compro». Y está clarísimo que
leemos por placer, que nos sentimos en el séptimo cielo cuando estamos enfrascadas en
la historia y no hay nada ni nadie que sea capa de despegarnos.

- El lector compulsivo es manejado por un impulso incontrolable: paseamos por una


calle, y nos paramos ante el escaparate de una libreria y los minutos se pasan
contemplando las últimas novedades mientras en nuestra cabeza tenemos que resistir el
impulso de entrar y comprar («qué interesante, ya salió el último de la Howard, pues no
parece muy caro y hablaban de él muy bien en el foro»); o vamos a comprar a unos
grandes almacenes y parece que tiran de nosotros para que nuestros pasos se dirigan
hacia el stand donde están las ofertas de los best-seller («¿pero si yo venía a comprar
leche, que narices hago mirando libros...?»); o vemos la larga lista de archivos y el dedo
se nos va al ratón («este, y este, y fíjate de esta autora no he leído nada... ya tengo
bastante para esta semana, pero tal vez necesite uno más... a ver»). Si es que los libros
nos llaman como si tuvieran lucecitas intermitentes, igual que la musiquita de las
maquinas tragaperras llaman a los ludópatas.

- Su comportamiento produce en la familia síntomas de desesperación: Los que no


comparten nuestra afición no entienden que se nos pegue la comida, que no contestemos
cuando nos preguntan, que se haya terminado el pan y no nos hayamos dado cuenta o
que tengamos que comer con un libro delante... porque estamos en otro mundo, del que
es muy dificil sacarnos.

- Disminuye sus interacciones sociales con personas no relacionadas con la lectura:


porque lo que de verdad nos gusta, además de leer, es comentar lo que hemos leído y
eso sólo lo podemos hacer con gente que comparta nuestra aficción y si no la
encontramos a nuestro alrededor la buscamos en los cientos de foros que hay de
lectores.

- Amenaza a los recursos económicos familiares: y si no que se lo pregunten a la pobre


tarjeta cada vez que pasamos por una librería o cada vez que hay un boom de
lanzamientos editoriales.
- Desatención al trabajo: Sí, reconozcamoslo, alguna vez hemos puesto debajo del libro
de texto un libro que estamos terminando y que no puede esperar, mientras el profesor
se enrolla... nosotras a lo nuestro. Y también sé, que algunas en la oficina, cerrais
rápidamente la pantalla del libro cuando el jefe se acerca y simulais que estais haciendo
algo más "serio".

- Actividades ilegales para poder leer: Sin comentarios, ya todas lo sabemos.

En conclusión, después de visto todos los paralelismos, me declaro una lectópata... ¿y


vosotras, padeceis también esta enfermedad, la lectopatía?