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“FE DE RATAS.


De: Daniela Jaimes.
“En un mundo de apariencias,
no podemos contener lo que somos,
así que esperamos el pretexto preciso
para dejar surgir nuestra verdadera naturaleza… ”

“FE DE RATAS”.

PERSONAJES:

Fabiana Gramignoli.

José María.

Comienza la escena en obscuro total, sólo escuchamos el ruido de algo pesado y


grande que se arrastra, se enciende una vela y descubrimos a Fabiana, quien la
sostiene al tiempo que va recorriendo la habitación. El ambiente es misterioso, hay
una chimenea, además de un escritorio repleto de papeles. En la pared principal
está colgado un enorme cuadro donde se observa a un hombre elegante fumando
un puro con expresión dura.

Observa ahora con mayor atención todos y cada uno de los muebles de la
habitación hasta detenerse en el cuadro familiar.

FABIANA- ¡Vaya, vaya! Hete aquí, tan gallardo y lleno de soberbia… ¿Quién diría
que ya no eres nada? … Mírate nada más (lo dice al tiempo que se va quitando
los guantes y el sombrero) Nadie se hubiera imaginado tu triste final... “papá”…
que extraño suena llamarte así, porque tú y yo sabemos que nunca lo fuiste en
realidad, afortunadamente ya no estás en posición de reclamarme mis modales, o
decir que no estuve a la atura de la hija que tú merecías- lo dice en tono irónico al
tiempo que echa una carcajada- Poco a poco se va acabando la rimbombante
familia Gramignoli. Gramignoli López, pero al fin Gramignoli. (Disfruta de la burla)
Tan ridículos y disfuncionales como el apellido mismo ¿Qué? ¿Me vas a decir que
no merezco llevar tal estirpe? Lástima que ya no puedes…

Recorre la habitación hasta llegar a la cava y se sirve una copa de vino.

FABIANA- Hacía años que no venía por aquí, 11 para ser exacta, que bonita
casa, felicidades, el buen gusto siempre te caracterizó, a excepción de tus
mujeres, claro está, pero no vamos a hablar de ese tema, ya sabes que me
produce agruras… Mejor, pasemos a otros asuntos más agradables. Voy a
encender la luz porque quiero que veas lo que traje conmigo, no te vayas a ir a
ningún lado ¿eh?... Claro, como si pudieras… -Encendiendo la luz- ¡Sorpresa!
Soy yo, Fabiana ¿me recuerdas? Mírame, he crecido ¿no? Y tengo un arma, con
esta misma te disparé desde aquella ventana hace unos días, y ni me preguntes
como la conseguí porque tú mejor que nadie sabe que no hay nada a lo que no se
pueda acceder con un poco de dinero y manipulación.

Bueno, ya… No me mires con esos ojos ¿quieres? No soy tan mala, sabes
cuánto intente reparar nuestra relación, te escribí cartas que nunca contestaste,
seguramente estarías muy ocupado, tú, tan popular y querido por el pueblo, gran
médico y actor, hasta yo te admiraba, intención tenía te lo prometo, es una pena
que el resentimiento fuera más grande. Mírate ahora, sólo, rodeado de flores y
falsas condolencias. -Retomando con violencia- ¿De qué te sirve tu fortuna ahora?
¿Dónde está Rominita, tu hija predilecta? la favorita, la que sí merecía tu amor,
¿dónde está tu orgullosa hija pequeña?...Alégrate, ahora estarás con ella, juntos
en el mismo infierno, mientras tanto yo, me tendré que cobrar un poco de todo
aquello que me debes, así que, mira con atención tu caja fuerte, porque ante tus
ojos voy a llevarme lo que me pertenece. ¿Y ahora que vas a hacer? ¿Cómo me
detendrás? … Me encantaría saber si te arrepientes de lo que me hiciste, porque
yo ya casi te perdono, después de todo, es más fácil perdonar después de la
venganza, así que digamos que sólo me estoy curando.

Veo que lograste construir una nueva vida dejando el pasado atrás. ¿Te olvidaste
de que yo existía? Porque yo no me olvidé de ti, y esperé pacientemente el
momento para despedirme hoy que ya no hay nadie, hoy que podemos estar al fin
solos tú y yo para ajustar viejas rencillas, para decirte todo lo que ya no te pude
decir, y es que este odio que acumulé año tras año fue tu culpa, por tu
indiferencia, tu desprecio, por hacerme a un lado y arrebatarme sin piedad el
derecho de ser amada. ¡Creíste que podías librarte de mí como si fuera un perro!
¿Te has preguntado cómo me sentía en ese lugar? ¿Cuántas veces quise volver?
¿Sabes si sufrí ahí adentro? No, claro que no lo sabes, no te importa. ¡Como
puede un padre hacerle eso a su propia hija!... Pues hoy te vengo a decir que los
primeros años fueron los peores, porque miraba la puerta con la esperanza de
verte llegar, me tardé en comprender que estoy sola en el mundo. Pero no te estoy
reclamando, al contrario, gracias a tus abusos, soy ahora una mujer fuerte, ya no
tienes el poder de lastimarme, ni tú, ni nadie porque ya no soy esa niña frágil que
abandonaste a su suerte. Nadie había sido amable conmigo nunca… sólo hubo
un hombre que me tendió la mano ¿quieres saber su nombre? Arturo.
Seguramente te suena conocido, así que no finjas sorpresa. Él sabía mis planes
de escapar y pese a todo, estaba dispuesto a ayudarme, pobre hombre, nunca
debí involucrarlo en esto, él no tenía la culpa de nada… Sabes perfectamente que
no estoy loca, y pude haberme adaptado a lo que sea, ya hasta me empezaba a
habituar a esa vida de encierro, pero que te atrevieras a atacarlo a él, el único
hombre que me ha dado un poco de cariño, eso sí no te lo voy a perdonar. Yo lo
amaba y tú lo mataste, por eso yo te maté a ti y ahora sí estamos a mano. Justicia,
se le llama papi. Y por tu hijita favorita ni te preocupes, personalmente me
encargaré de envíatela al averno, para que no la extrañes.

¿Ya ves? Por eso nunca fuimos una familia normal, si nos hubieras tratado a las
dos igual, esto no estaría pasando ¿Yo qué culpa tenía de tus complejos? Yo no
soy mi madre.

Silenciosamente entra José María cargando un arreglo floral.

FABIANA- Pero aunque no lo merezcas he de confesar que me duele que las


cosas hayan llegado hasta este extremo, lamento que ya sea muy tarde. Me
hubiera gustado saber cuáles fueron tus razones para despreciarme ¿Qué hice
tan mal? ¿Acaso no soy adorable?

José María se muestra algo distraído en un principio, pero después comienza a


interesarse en la plática.

FABIANA- Aún con mis torpezas nunca dejé de extrañarte, y daría lo que sea por
regresar el tiempo hasta encontrar la fórmula que nos faltó para ser una familia
feliz. Quisiera haberte abrazado por última vez.

Antes de jalar el gatillo, lloré de rabia e impotencia, pero procuré que fuera rápido
y justo a la cabeza para que no sufrieras... No así con la desgraciada de tu ex
mujer, a ella si disfrute matarla lenta y dolorosamente. Soy una asesina papi, y no
tengo miedo de hacer rodar la cabeza de quien se atraviese en mi camino. ¿Quién
crees tú que será el siguiente?
Al escuchar la fatal confesión, José María asustado trata de salir sin hacer ruido,
caminando hacia atrás y cae aparatosamente, queda tirado e intenta inútilmente
esconderse tras el arreglo floral. Fabiana se pone en alerta

FABIANA- ¿Quién está ahí?

Silencio, sólo se escucha la respiración agitada de José María. Fabiana lo


descubre y José María lanza un grito despavorido

JOSE MARIA - ¡Ahhh!

FABIANA- ¿Quién demonios eres tú?

JOSE MARIA- Yo solo vine a traer este arreglo.

FABIANA- ¿Cómo te atreves a entrar a una propiedad privada de esa forma?

José María busca entre sus papeles el nombre del difunto tratando de disimular el
miedo

JOSE MARÍA- No, no, no es lo que usted se imagina, estaba abierta la puerta,
pero no se preocupe, yo ya me voy ahorita mismo.

FABIANA- Tú no vas a ningún lado.

Visiblemente nervioso

JOSÉ MARÍA- ¿Por qué? Tengo mucho trabajo el día de hoy, debo entregar otras
flores.

FABIANA- No te vayas.

JOSE MARIA- Discúlpeme por favor, le dejo este arreglo como cortesía de la
casa. No me lo pague, no es necesario, con permiso.

Intenta salir, pero Fabiana le obstruye el paso una vez más, tocando
amenazadoramente su abrigo como insinuando que esconde una arma debajo.

FABIANA- ¡Que no te vas!

JOSE MARIA - Está bien, me quedo un ratito.

FABIANA- ¿Dime quién eres y qué haces aquí?

JOSE MARIA- Sólo traía un arreglo floral para el señor difunto… - Sacando un
papelito visiblemente nervioso- Luis… Roberto Gas… Gran..misñol..

FABIANA- ¡¡Gramignoli!!
JOSÉ MARÍA- Es correcto

FABIANA- ¿Por qué estás tan nervioso?

JOSÉ MARÍA- ¿Yo? No, para nada. (Temblando de nervios)

FABIANA- ¿No?

JOSÉ MARÍA- No, yo sólo vine para…

FABIANA- ¡Silencio! Mira a tu alrededor

José María permanece estático, sólo gira los ojos aterrado

FABIANA- ¿Ves a alguien aquí? …No, Se fueron todos, estamos solos… nadie
puede escucharnos, lo cual sugiere una cosa…

JOSÉ MARÍA- ¿Qué?

FABIANA- El sepelio fue ayer.

JOSÉ MARÍA- Pero yo no tengo la culpa, la orden estaba para hoy, viernes.

(Un día antes del día actual) Dándose cuenta de que se ha equivocado de día,
guarda nervioso el papelito

FABIANA- Hoy es sábado idiota… ¿Desde cuándo estabas escuchando?

JOSÉ MARÍA- Tenía un instante de haber llegado, pero al verla conversando con
el cuadro, como a mí no me gusta enterarme de cosas que no me incumben me
disponía a salir sin interrumpirla.

FABIANA- ¿Entonces no escuchaste nada?

Cada vez más nervioso lucha por mantener la compostura.

JOSÉ MARÍA-¿Yo? No. ¿De qué?

FABIANA- ¿Crees que soy tonta?

JOSÉ MARÍA- No, de ninguna manera.

FABIANA- Entonces no me trates como si lo fuera. Escuchaste una conversación


privada.

JOSÉ MARÍA- ¿Con el muerto?

FABIANA- Con mi padre.


JOSÉ MARÍA- Ah es su padre.

FABIANA- Era…

JOSÉ MARÍA- Pero no puse atención, estaba pensando en mi esposa.

FABIANA- No saldrás de aquí… (mirando el gafete de identificación con su


nombre en letras grandes) José María.

JOSÉ MARÍA- ¿Cómo sabe mi nombre?

FABIANA- Porque soy el demonio.

JOSÉ MARÍA- Tenga misericordia de mí.

FABIANA- ¡No me mires!

José María asustado cambia bruscamente la mirada, cerrando los ojos muy
fuerte, mientras Fabiana se ríe divertida

FABIANA- No necesito poderes extraordinarios para deducir que no eres muy


listo...

JOSÉ MARÍA- Déjeme ir señorita, le juro que no escuché nada del asesinato...
!Ay¡

FABIANA- Sé que lo sabes, así que puedes ahorrarte el ridículo intento de


negarlo.

JOSÉ MARÍA- Está bien, lo sé, pero si me deja ir, le prometo que no diré nada a
nadie.

FABIANA- ¿Cómo puedo estar segura?

JOSÉ MARÍA- Confíe en mí, soy hombre de fe, que trabaja y trata de hacer
siempre lo correcto.

FABIANA- Lo correcto es no entrometerse en asuntos ajenos.

JOSÉ MARIA- Fue un mero accidente, hoy he tenido un espantoso día, no se


imagina, casi me corren del trabajo, discutí con mi esposa, mi hijita está enferma,
le debo dinero a Coppel, tengo muchos problemas.

FABIANA- Ahora tienes uno más…

JOSÉ MARÍA- Hubiera querido no escuchar lo que escuche, pero no la juzgo,


desconozco las razones por las lo hizo.
FABIANA- ¿Quieres saber las razones?

JOSÉ MARÍA- No, así está bien.

FABIANA- ¡Ya sé! Seguramente estarás pensando que soy un monstruo porque
asesine a sangre fría a mi propio padre y odiaba a mi madrastra, por eso me
encargue de matarla con especial saña, a ella y a su perro

JOSÉ MARÍA- ¿Al perrito también?

FABIANA- Sí, pero él no sufrió. -indignada- tampoco soy una demente

JOSÉ MARÍA- No…

FABIANA- Seguramente piensas lo que piensa toda la gente que sólo mira la
superficie, no puedes emitir un juicio si no te asomas un poco más adentro. Si sólo
escuchas la versión de Caperucita, el lobo siempre será el malo. Hay una
asquerosa realidad detrás de las apariencias. ¿Conocías a mi padre?

Después de un silencio prolongado José María intenta decir que no con la cabeza.

FABIANA- ¡Contesta!

JOSÉ MARÍA- Sí, bueno, no, sólo sé que el doctor era querido, salvó a muchas
personas de la muerte.

FABIANA- Pobrecito Dr Gramignoli, como le han llorado sus fans.

JOSÉ MARÍA- Es que era buena gente, yo recuerdo cuando...

FABIANA- Basta ya de escuchar esa mierda de que era buena gente, ¿no te das
cuenta? Era un estafador, a ustedes sólo los utilizó para protegerse de la ley y
justificar su riqueza ilícita, al paso que iba, seguramente se hubiera adueñado de
todo el pueblo… no, no era buena persona.

JOSÉ MARÍA- Pero él siempre nos ayudó

FABIANA- Se ayudó a sí mismo, y ustedes le servían para lavar el asqueroso


dinero de procedencia ruin.

JOSÉ MARÍA- ¿Y por eso lo mató?

FABIANA- No, lo maté porque se lo merecía.

JOSÉ MARÍA- Pero era su padre…


FABIANA- A un hombre así no se le puede llamar padre. Arruinó mi vida, siempre
me desprecio poniéndome por debajo de mi hermana. Por eso ella también debe
morir

JOSÉ MARÍA- La señorita Romina…

FABIANA- La conocías entonces… ¿Sabes dónde está?

JOSÉ MARÍA- No

FABIANA- Quizá ya ni exista, huyó de la casa sin saber la muy estúpida, que la
mandé a envenenar, tres dosis, suficientes para acabar con la vida de cualquier
persona, de manera lenta y limpia, no importa a donde vaya, espero que el trabajo
se haya alcanzado a hacer y si fue así, nadie sospechará de mí. Él único cómplice
que tenía, desapareció.

JOSE MARÍA- No tiene ma… ¿mamá?

FABIANA- No, no tengo. Mi madre traicionó a papá con otro hombre, nos
abandonó, así, sin mayor pudor. Vi caer entonces a mi padre en una terrible
depresión, lastimado, deshonrado, comenzó a beber y perder la cabeza, lo
recuerdo completamente desequilibrado, yo tenía entonces 6 años, no entendía
bien lo que sucedía, pero trataba de ayudarlo, sin encontrar como. Ahora sé, que
nunca perdonó a mi madre y la culpa cayó sobre mí, pues yo le recordaba esa
parte de ella que tanto odiaba. No sé como, pero yo me convertí de pronto en el
instrumento de su venganza… Poco después se casó con otra mujer, la mamá de
Rominita, una bruja miserable que me trato peor que basura, -señalando al cuadro
del padre con dolor- ¡Y él lo permitió!

JOSÉ MARÍA- Yo vivía en este pueblo desde que el doctor llegó y nunca antes la
había visto a usted.

FABIANA- Claro que no, yo estuve muy poco tiempo aquí, cuando ya no les serví
más, me enviaron a un hospital psiquiátrico, argumentando que no me adaptaba a
la nueva familia y necesitaba ayuda psicológica… Eso hizo tu inmaculado doctor
Gramignoli

JOSÉ MARÍA- No lo puedo creer.

FABIANA- ¿Ahora Lo ves? Las apariencias engañan…

JOSÉ MARÍA- Parecía una buena persona

FABIANA- Nadie es tan bueno o malo como parece desde la superficie, porque
todos estamos sujetos a nuestra circunstancia.
JOSE MARÍA- No es la circunstancia, somos seres pensantes y sabemos lo que
hacemos. ¿Me permite un consejo?

FABIANA- No. Vine a esta casa por algo, y apenas lo consiga me largo lejos de
aquí.

JOSE MARÍA- ¿Y usted cree que largándose lejos va a poder escapar de su


consciencia?

FABIANA- No es de la consciencia de quien necesito escapar, sino de la policía.


Apenas encuentre lo que busco y me deshaga de ti, estaré en un avión rumbo a
Suiza.

JOSÉ MARÍA- (asustado) ¿Cómo piensa deshacerse de mí? Disculpe la


indiscreción.

FABIANA- Me das ternura José María, la gente torpe termina por simpatizarme en
algún punto.

JOSÉ MARÍA- Usted no me conoce

FABIANA- Así es, no te conozco ni planeo hacerlo.

JOSÉ MARÍA- ¿Qué tal si no soy tan torpe e inofensivo como parece? Yo podría
ser el instrumento divino que necesita para enmendar su camino

FANIANA- (Divertida) No me digas…

JOSÉ MARÍA- Aunque se burle, he sufrido igual que usted, y no estoy aquí
culpando a nadie de mis errores.

FABIANA- No busco culpables, sólo vine por lo que es mío.

JOSÉ MARÍA- Al final todos libramos nuestras propias luchas internas. Yo


también tengo mis fantasmas, cargo mis propios rencores, por eso sé que escapar
no la va a llevar muy lejos.

FABIANA- ¿Qué puedo hacer? Sólo estoy reaccionando, y por suerte tengo lo
que necesito pasa salir del país con documentos falsos, mira, aquí tengo mi nueva
identidad -señalando su bolsa- ahora sólo debo borrar toda evidencia de mi
pasado.

JOSÉ MARÍA- Alguien sabe que fue usted quien… pues… quien… se…
…(negándose a insinuar la palabra “asesinato”)

FABIANA- No, nadie sabe que fui yo, excepto tú…


JOSÉ MARÍA- Ah, pero yo soy de confianza.

FABIANA- No pretendo quedarme para averiguarlo, seguramente comenzarán a


investigar pronto, sé que no dudarán en tratar de inculparme.

JOSÉ MARÍA- ¿Pero quién podría inculparla?

FABIANA- Mi padre tenía socios, gente que conocía sus manejos ilícitos.

JOSÉ MARÍA- ¿No sintió nada al dispararle?

FABIANA- No

JOSÉ MARÍA- Apenas puedo creer que el doctor haya hecho todo eso, él siempre
pregonaba paz y felicidad, siempre tenía buenos gestos con nosotros.

FABIANA- Ten cuidado con la gente que es tan buena. Yo prefiero a un maldito
que se muestra tal cual es desde el principio que a un demente capaz de todo,
aparentando pasividad y compasión. La gente “feliz” suele tener un lado muy
obscuro.

JOSÉ MARÍA- Estoy horrorizado, no quiero escuchar más… ¿Qué manejos ilícitos
tenía el difunto?

FABIANA- Era un estafador, fundó una empresa fantasma con la que no sólo
evadía impuestos, también lavaba dinero.

JOSÉ MARÍA- ¿Y su familia lo sabía?

FABIANA- ¿Mi familia? No sé ni siquiera que significa esa palabra.

JOSE MARIA- La familia es lo más sagrado

FABIANA - No para mí. Yo no tengo nada sagrado.

JOSE MARIA- Lo siento mucho

FABIANA- No, no lo sientes, tampoco me conoces y te da lo mismo mi suerte.

JOSE MARIA- Es verdad que no la la conozco, pero me perturba saber que tiene
tanto odio en su corazón, siento que está ciega, llena de coraje, estoy seguro que
usted no es no es una mala persona, sólo está… lastimada.

FABIANA- ¿Cómo puedes estar seguro de que no soy mala persona?

JOSÉ MARÍA- Porqué no me va a matar.

FABIANA se ríe burlona, sin embargo su risa comienza a apagarse poco a poco.
JOSÉ MARÍA- Además todavía tiene cierta bondad en su mirada.

FABIANA- ¿Ah sí? No me digas…

JOSÉ MARÍA- Necesita enfrentar su dolor, sus miedos, su remordimiento. Yo no


sé nada de la vida, mire, no soy muy bueno para expresarme, pero si siente un
vacío en el corazón, quiere decir, que sí tiene corazón. Decir que nuestras
circunstancias nos definen sería justificarse, yo creo que siempre hay elección.

FABIANA- No seas ingenuo José María, en un mundo de apariencias no podemos


callar nuestra esencia, ya somos lo que somos, sólo nos contenemos, esperando
el momento propicio para dejar surgir nuestra verdadera naturaleza. Es el miedo,
el prejuicio lo que nos contiene, pero tarde o temprano, cuando nadie nos mira,
surge quien verdaderamente somos.

JOSÉ MARÍA- Pero siempre nos miran…

FABIANA- Exactamente, sólo somos en esencia, cuando no hay testigos.

José María descubre el galón de gasolina

JOSÉ MARÍA- ¿Eso es gasolina?

FABIANA- Casi sin mirarlo- Sí

JOSÉ MARÍA- ¡Ay señorita! No vaya a hacer una locura. Todos cometemos
errores, pero aun no es tarde, si usted verdaderamente se arrepiente de corazón
aún puede alcanzar el perdón de Dios.

FABIANA- No me hables de Dios ahorita…

JOSÉ MARÍA- Mire - la invita a sentarse- ¿No ha oído sobre la palabra del señor?
eso explica porque no ha tocado su corazón y sólo los invitados…

FABIANA- !Ay no…!

JOSÉ MARÍA- Sí, sí, por favor escúcheme.

FABIANA- Lo último que necesito ahorita es un sermón de católico fanático

JOSÉ MARÍA- Profundamente ofendido- ¿Pero qué le pasa? Yo no soy ningún


fanático católico.

FABIANA- ¡Qué suerte!

JOSÉ MARÍA- Soy testigo de Jehová y me gusta predicar la palabra del señor
cuando veo almas necesitadas como la suya.
FABIANA- ¿Eso te parezco? ¿Un alma necesitada?

JOSÉ MARÍA- Todos en el fondo lo somos. No hay razones para odiar, llegado el
momento cada quien dará cuentas de lo que hizo en esta vida, la palabra dice que
debemos amarnos los unos a los otros, así como Dios nuestro señor nos amó a
cada uno de sus hijos y cubrió con su sangre preciosa nuestros pecados para que
fuéramos llamados a la salvación.

FABIANA- ¿Quién te dijo que yo quiero la salvación?

José María comienza a apasionarse del tema, enfrentando violentamente a


Fabiana, olvidando por un momento las circunstancias en las que se encuentran.

JOSÉ MARÍA- ¡Pero qué blasfemia! Todos la necesitamos

FABIANA- Yo no.

JOSÉ MARÍA- ¡Quééé! Está usted muy mal

FABIANA- Ni siquiera creo merecerla.

JOSÉ MARÍA- Eso no le toca decidirlo a usted ¿Qué puede ser más importante
que la vida eterna?

FABIANA- No sé… el dinero que debo encontrar, por ejemplo.

JOSÉ MARÍA- ¡Perdónala señor, no sabe lo que está diciendo!

FABIANA- Sí, si se lo que estoy diciendo.

JOSÉ MARÍA- ¡Ya cállese! No se condene más, o arderá en el infierno.

FABIANA- No creo que haya peor infierno que esta maldita vida. Por suerte,
puedo disfrutar lo que queda de ella, con el dinero que me llevaré esta noche.

JOSÉ MARÍA- ¿Y todo por el cochino dinero? Yo no tengo grandes fortunas, ni


un auto último modelo, bueno ni un auto, bueno ni pa´l chingado taxy pues, pero
me siento en paz y no cambiaría mi tranquilidad y paz espiritual ni por toda la
riqueza del mundo.

FABIANA- Que bueno, el mundo celebra tu humildad

JOSÉ MARÍA- ¡No se burle! La humildad es uno de los valores más importante
que dicta la sagrada escritura. Mire como soy un ser en paz, mire como estoy
bien, porque estando bien con Dios, estoy bien conmigo mismo y estoy bien con el
mundo – lo dice visiblemente alterado
FABIANA- Que tu Dios te recompence entonces

JOSÉ MARÍA- El altísimo creador ¡ya lo hace! Soy un hombre feliz y siento su
divina manifestación en mi vida, pues el señor me provee

Silencio breve.

JOSÉ MARÍA- ¡¡El reino de Dios es un gobierno celestial que reemplazará a


todos los gobiernos humanos y hará realidad lo que él siempre ha querido para la
tierra!! Esto sucederá muy pronto, pues las profecías de la Biblia dicen que
vivimos en “los últimos días”, y yo les creo!!! ¡¡El Armagedón se acerca!!
¡¡Arrepiéntase de sus pecados ahora que aún hay tiempo!!

Silencio Breve.

JOSÉ MARÍA- ¿Tiene miedo del juicio final verdad? ¿Qué piensa ahora?

FABIANA- Pienso que esas doctrinas les atrofian el cerebro.

JOSÉ MARÍA- ¿Porqué? He visto gente matar y morir por dinero, los he visto
vender sus almas por un poco de poder. ¿Sabe qué pasa? La gente está enferma
de poder. Yo prefiero ser pobre a estar un minuto en sus zapatos.

FABIANA- Es curioso como los que hablan de humildad son justamente los que
nunca han probado la riqueza. ¿Cómo sabes que no te gusta el caviar si nunca lo
has comido? Estás tan lejos de tu aspiración, que prefieres justificar tu carencia en
ese absurdo dogma de pobreza.

Fabiana intenta prender un cigarro, pero Fabián se lo arrebata violentamente

JOSÉ MARÍA- No es así… Y no fume aquí ¿no ve que hay gasolina?

FABIANA- Sabes que tengo razón. Prefieres negar tu deseo antes de aceptar tu
incapacidad de acceder a él.

JOSÉ MARÍA- No. Tengo lo que necesito para ser feliz y estar en paz.

FABIANA- ¿Estás seguro?

Silencio de José María

FABIANA- ¿Lo ves? Yo no tengo empacho en admitir que todo lo hice por dinero,
mi padre tenía una enorme fortuna valuada en oro y diamantes clandestinos,
pretendía hacerlos llegar al extranjero con algún presta nombres para evitar
sospechas, pero yo le impedí consumar sus planes cuando lo asesine.

JOSÉ MARÍA- ¿Dónde está la fortuna? ¿De qué sirvió tanto dinero?
FABIANA- Todavía de nada, esa fortuna está aquí, por eso vine a esta vieja casa
que tan malos recuerdos me trae.

JOSE MARÍA- ¿Se va a robar el dinero?

FABIANA- No me lo voy a robar, me pertenece.

JOSÉ MARÍA- ¿Fortuna? ¿Poder? ¡Vanalidades! ¿En serio eso la hace feliz?

FABIANA- Claro que sí. ¿Ves esa caja fuerte? Ahí está una parte del botín, me
quedaría aquí contigo a escuchar la palabra del señor, pero necesito encontrar la
llave y por fin abandonar esta casa para siempre.

JOSÉ MARÍA- Con ese mismo ímpetu debería buscar la llave, pero al paraíso

FABIANA- Primero la llave de la caja fuerte.

JOSÉ MARÍA- Yo podría ayudarla a abrir esa puerta.

FABIANA- ¿Del paraíso eterno? Gracias, quizá después.

JOSE MÁRÍA- No, la puerta de la caja fuerte

FABIANA- ¿Sin la llave?

JOSÉ MARÍA- Sí, mi esposa guardaba en una de esas sus diarios, y yo encontré
la forma de acceder a ellos… Fue por una emergencia. ¿Quiere que lo intente?

FABIANA- Sí

JOSÉ MARÍA- Sólo necesito cinta y algo largo y delgado, a ver, intentemos con un
pasador

Fabiana le entrega un pasador que trae en la cabeza, José María se sienta frente
a la caja fuerte y comienza a intentar abrirla, se quita un zapato para utilizarlo de
martillo. Fabiana queda justo detrás de él y lo observa con duda, momento de
tensión, pues Fabiana toma un jarrón y piensa en asesinarlo por la espalda, se le
acerca sigilosamente dispuesta a matarlo, pero se arrepiente. No lo hace.

JOSÉ MARÍA- Se rompió, no se puede con esto, ya no son como las de antes,
necesita conseguir un palo más largo pero que se fuerte, o unas tijeras. Voy a
hacer palanca a ver si se bota el seguro, aunque esta caja si se ve buena, como
que si la reforzaron. No, la de mi esposa era más corrientita porque en esa sí se
podía luego, luego. ¿Quiere que la ayude a buscar las tijeras?

FABIANA- ¿Estás dispuesto ahora a ser mi cómplice?


JOSÉ MARÍA- No dije que quiero ser su cómplice, sólo la estoy ayudando.

FABIANA- ¿Por qué?

JOSÉ MARÍA- Porque soy buena persona.

FABIANA- ¿Eso o quieres una parte del botín?

JOSÉ MARÍA- ¿Pero por quién me toma?

FABIANA- Déjate de falsedades, en el fondo eres igual que todos.

JOSÉ MARÍA- No es así, usted me ha ofendido desde el principio, y luego se


pregunta por qué estamos apáticos a los problemas del prójimo, mientras no me
afecte no me importa, ya quisiera yo que alguien se detuviera a escucharme y
buscar soluciones a mi vida, ya quisiera yo que alguien se interesara por mis
problemas. ¡Claro! Uno no piensa en la injusticia, a menos que la este viviendo…
Sólo quise hacer las cosas diferentes, ayudar al hermano, pero no sirvió de nada,
ahora hasta me ofende. Será mejor que me vaya. Eso me saco por andar de
chismoso, metiéndome en lo que…

José María intenta salir pero Fabiana lo detiene amenazadoramente.

FABIANA- No deberías darle la espalda a una persona armada.

JOSÉ MARÍA- ¿Sería capaz de asesinarme por la espalda?

FABIANA- ¿Quieres ver?

José María se voltea de inmediato, amedrentado.

FABIANA- No he dicho que puedes irte… para sobrevivir en esta jungla debes
saber que si bajas la guardia, estarás muerto. No eres una mala persona, por eso
crees que los demás tampoco lo son, pero te equivocas, no hay enemigo
pequeño. ¿Quieres un consejo? Nunca confíes ni en tu sombra, no seas tonto
José María.

JOSÉ MARÍA- Creer en la gente no significa ser tonto.

FABIANA- Lamento mucho destruir tu mundo rosa de serafines y evangelios, pero


ya es hora de que alguien te lo diga: La naturaleza humana es depredadora, y
nadie dudaría ni un segundo en dar tu vida por salvar la suya. Nadie.

JOSÉ MARÍA- También hay bondad en el mundo y eso me consta a mí… Me da


mucha tristeza escuchar su desesperanza. Aún es joven, yo creo que todavía
puede suceder un milagro que cambie su manera pensar.
FABIANA- No, no lo creo.

JOSÉ MARÍA- ¿Por qué no? Aún podría revertir todo el odio que hay en su alma
con un poco de amor. El amor todo lo cura

FABIANA- El amor sólo vulnera

JOSÉ MARÍA- Pero también fortalece, está comprobado científicamente su poder

FABIANA- Pues ese amor del que me hablas, es un lujo que yo no puedo darme.

JOSÉ MARÍA- Mi hijita tiene leucemia, me dicen los doctores que todo empezó
con un problema en la médula ósea y ahora es cáncer. ¿Se puede imaginar el
dolor que siento cuando la veo tan pequeña e indefensa, luchando por su vida?
Sólo tiene 5 años, y es mi dolor más grande, pero también mi motor, si no fuera
por ella yo no tendría fuerzas para trabajar 3 turnos seguidos, aguantando
hambre, cansancio y malos tratos. El amor te convierte en todo aquello que nunca
pensaste podrías llegar a ser.

FABIANA- Conmigo no funciona así.

JOSÉ MARÍA- ¿Cómo lo va a saber, si nunca ha amado a nadie?

FABIANA- Tú que sabes…

JOSE MARÍA- ¿Estuvo ya enamorada?

FABIANA- Sí.

JOSÉ MARÍA- Ahí está, eso necesita, aunque no sea correspondido, el amor
inspira.

FABIANA- No digas estupideces

JOSÉ MARÍA- No son estupideces, aférrese a ese amor y verá milagros en su


vida.

FABIANA-No puedo, ni siquiera sé donde está ahora mismo, desapareció de


pronto.

JOSÉ MARÍA- ¿Cómo? ¿Sin decirle nada?

FABIANA- Sí, como si se lo hubiera tragado la tierra.

JOSÉ MARÍA- ¿La abandonó?


FABIANA- Claro que no me abandonó, él me quería, si desapareció de pronto fue
porque seguramente lo mataron

JOSÉ MARÍA- ¿Quién?

FABIANA- ¿Pues quién crees? Este infame -apuntando con desprecio al cuadro-
No entiendo porque le molestaba tanto mi felicidad. ¿Por qué me odiaba tanto?

JOSÉ MARÍA- ¿Cómo puede estar segura de que fue él? no le consta, que tal
que…

FABIANA- ¡Claro que fue él! Y ya basta ¿Quieres? No me apetece seguir


hablando tonterías. Tengo poco tiempo y no necesito tu ayuda, ya bastante hiciste
hoy interrumpiendo mi encuentro a solas con papá

JOSÉ MARÍA- Fue un accidente

FABIANA- No me importa, siéntate aquí y mantente en silencio, no quiero


escuchar ni una palabra más, no irás a ningún lado, eres mi rehén hasta que yo
decida lo contrario. ¿Entendido?

JOSÉ MARÍA- Entendido

Fabina comienza a quemar algunos documentos y sienta a José María en una silla
frente a ella para poder vigilarlo.

JOSÉ MARÍA- ¿Así se destruye el pasado?

FABIANA- No, el pasado me tiene sin cuidado, estoy destruyendo el presente,


desapareciendo cualquier documento que me mencione.

JOSÉ MARÍA- ¿Es necesario que los queme?

FABIANA- Sí, el fuego purifica.

JOSÉ MARÍA- Ojalá una nueva identidad fuera suficiente para ser otra persona de
verdad.

FABIANA- No he pedido tu opinión.

Después de un largo silencio, José María comienza a reír.

JOSÉ MARÍA- Mi horóscopo decía que mi vida estaba llena de monotonía y


necesitaba un cambio, una aventura intrépida, algo excitante que contar, pero
nunca me imaginé que se refería a algo así.

FABIANA- ¿En serio crees en esas tonterías? Pensé que era pecado
JOSÉ MARÍA- Lo es. La Biblia condena toda clase de adivinación, por eso Dios
castigó a los antiguos Babilonios… pero yo tengo un secreto… que lamento no
poder contarle a nadie… discúlpeme pero tampoco a usted…

Fabiana sigue buscando en los papeles, ignorándolo por completo

JOSE MARÍA Está bien, usted me inspira confianza, se lo diré: Tengo dotes
espiritistas.

Fabiana se ríe divertida.

JOSÉ MARÍA- No se ría, es verdad. Veo cosas que los demás no ven,

JOSÉ MARÍA observa los documentos que está quemando FABIANA

JOSÉ MARÍA- ¡Uy no! Con razón ha tenido mala suerte, nació usted en un día
marcado por la desgracia

FABIANA- ¿De qué rayos hablas ahora?

JOSÉ MARÍA- Fabiana Gramignoli López, nacida el 3 de enero. ¿Qué no sabe


sobre la maldición del 3 de enero? Está en el libro “Genoveva de Bravante” lo leí
cuando era niño y nunca olvide esa fecha.

FABIANA- No sabía que leías.

JOSÉ MARÍA- Las apariencias engañan ¿no es cierto?

FABIANA- Que bueno que lo tienes tan claro.

Silencio prolongado.

JOSÉ MARÍA- Yo vi cuando su hermana se fue de esta casa.

FABIANA- ¿Cómo dices?

JOSÉ MARÍA- Vivo muy cerca de aquí, y tenía aprecio por el doctor, conocía a su
familia, sólo a usted nunca la vi, ni siquiera aparecía en las fotos, nada, no había
rastro de usted en esta casa, como si al doctor le diera vergüenza mostrarla, sus
razones habrá tenido para pretender que usted no era nadie, que nunca existió,
aunque recuerdo que mencionó alguna vez sobre una hija lejos, pero que no era
nadie de trascendencia, pues estaba enferma y necesitaba tratamiento
psiquiátrico.

FABIANA- ¿A quién se referiría?


JOSÉ MARÍA- No sé, pero a alguien a quien claramente detestaba. Pobre
chiquilla, debió ser duro crecer con el desprecio de su propia familia. La noche en
que Romina se fue yo iba regresando a casa, serían cerca de las 4 de la mañana,
la señorita se veía muy bien, vestía un traje elegante y se veía tan chula con su
precioso y largo cabello suelto. Era amable, por eso la gente del pueblo la
apreciaba, además era hermosa, entiendo porque generaba tanta envidia a su
alrededor.

FABIANA- ¡Cállate!

JOSÉ MARÍA- Es la verdad, la muchacha brillaba con luz propia, las mujeres
bonitas, ni muertas dejan de opacar al resto. El día que se fue llevaba 2 maletas y
un hombre la acompañaba, no me sorprendió tanto, ella siempre inspirando amor
en todos lados

FABIANA- ¿Un hombre? ¿Quién era?

JOSÉ MARÍA- No sé, no creo que lo conozca, no era del pueblo, pero lo había
visto antes ya un par de veces, siempre cuidando a la señorita Romina, a un lado
de ella.

FABIANA- Sería su guardaespaldas

JOSÉ MARÍA- No, había una relación entre ellos, eso salta a simple vista, se
veían enamorados.

FABIANA- ¿No sabes su nombre?

JOSÉ MARÍA- No, pero era alto y bien parecido, tenía una cicatriz en la frente, le
gustaban las motos.

FABIANA- ¿Arturo?

JOSÉ MARÍA- ¿Quién?

José María se encoje de hombros sin querer dar más detalles sobre el caso,
mientras que Fabiana visiblemente afectada saca una fotografía de su cartera,
José María continúa hablando.

JOSÉ MARÍA- Pero hacían una buena pareja, él se veía muy enamorado, la
abrazaba en todo momento, como queriéndola proteger, que suerte que Romina si
encontró a alguien que la cuide. Ojalá todos tuviéramos su suerte, para ser
amados.

FABIANA- ¿Era él?


José María mira la fotografía, después de un momento, asiente apenas
comprendiendo la situación. Fabiana se deja caer totalmente desecha y en un
ataque de ira, comienza a aventar todo, llorando de rabia, José María, mira
asustado.

FABIANA- No puede ser… no, no… no puede ser. Todo este tiempo pensando
que le habían hecho daño, acumulando tanta ira y deseos de venganza y el muy
bastardo burlándose de mí… ahora lo entiendo todo…

JOSÉ MARÍA- ¿No me diga que lo conocía?

FABIANA- ¡¡¿Cómo pudiste hacerlo?! Tú, el único hombre en el que creí. Soy una
imbécil ¡¡Cómo no me di cuenta!! ¡¡¡¡Y con Romina!!!! No podría ser peor esta
traición

JOSÉ MARÍA- Yo creo que hasta le contó de sus planes…

FABIANA- Sí, seguramente la puso en alerta, fue él entonces el culpable de todo


esto. ¡¡¡Maldito bastardo!!! En este momento deben estarse riendo de mí.

JOSÉ MARÍA- Ay perdón, no sabía que se conocían.

FABIANA- Pensé que era un hombre sincero, pensé que le importaba.¡¡Lo voy a
matar!! Juro que lo voy a destruir. Los encontraré y se van a arrepentir de
haberme engañado, ¡maldito mil veces! Pero se van a saber quién es Fabiana
Gramignoli

JOSÉ MARÍA- Tranquilícese señorita, entiendo lo que debe estar sintiendo.

FABIANA- ¡¡No, tú no entiendes nada!! ¿Te das cuenta de la inmundicia humana


ahora? ¿Cómo puedes salir a la calle y tener fe en la gente?

JOSÉ MARÍA- Hay personas malas, pero no todos son iguales. No se agüite
señorita, es sólo una decepción amorosa, aún pude salir adelante.

FABIANA- No sé si quiero hacerlo

Fabiana llora desconsolada, mientras que José María trata de reanimarla

JOSÉ MARÍA- Ya no piense en ellos, ni en que estarán haciendo en este


momento. ¡Sabrá Dios! Para que se imagina escenas perturbadoras de ellos
juntos, solos, lejos de aquí y enamorados.

FABIANA- Ya por favor. Me siento vencida y no hay antídoto que alcance para
reparar este dolor… esta rabia. Estoy harta de que hasta seres insignificantes
como tú sientan pena por mí. Ya no puedo más, me rindo.
JOSÉ MARÍA- No diga eso.

FABIANA - Al fin me cansé de ser la mala de la historia, de cualquier forma no


tengo a nadie, si hoy me muero, nadie va a extrañarme. A nadie le dolerá mi
ausencia.

Saca la pistola y se apunta en la cabeza

FABIANA- ¡Vete!

JOSÉ MARÍA- ¡¡¡Dios mío!!! ¿Pero qué hace? Suelte eso.

FABIANA- Déjame, estoy decidida.

JOSÉ MARÍA- No lo haga, por favor.

FABIANA- ¿Por qué te importa?

JOSÉ MARÍA- No quiero presenciar esto, puedo quedar traumado para siempre.
Suelte esa arma, o al menos espere a que me salga

José María corre hacia la puerta pero regresa de inmediato, porque recuerda que
necesita la llave.

FABIANA- Quítate de mi camino.

JOSÉ MARÍA- No sea impulsiva, hasta para ser malvado hay que ser listo,
acuérdese, piense que si se escucha una detonación, esto se llenará pronto de
policías.

Tras un forcejeo, golpean fuertemente el cuadro y cae accidentalmente la llave de


la caja fuerte.

FABIANA- ¡¡Mi padre!!

JOSÉ MARÍA- ¡¡Mi madre!!! -refiriéndose a la llave.

Ambos descubren la llave que abre la caja fuerte, la pistola queda justo en medio
de ellos.

JOSÉ MARÍA- Creo que esa es la llave que estaba buscando para abrir la caja
fuerte. ¿Ya ve? No todas son malas noticias

FABIANA- No puedo creerlo, ha estado aquí todo este tiempo.

Fabiana corre hacia la caja fuerte y la abre sin problemas mostrando gran
asombro al descubrir el interior, José María va detrás y también se asoma.
JOSÉ MARÍA - Eso debe ser mucho dinero.

FABIANA- Lo es.

JOSÉ MARÍA- Nunca había visto tanto.

FABIANA - ¿Sigues pensando que el dinero no vale nada comparado con la


humildad del corazón? ¿Aún pretendes moralidad?

JOSE MARIA- ¿Y usted aún pretende arrepentimiento?

FABIANA- Yo nunca hablé de arrepentimiento.

JOSÉ MARÍA- Pero hace un momento había renegado de su vida.

FABIANA- Todavía no acaba mi misión, no aquí.

JOSÉ MARÍA- ¿Qué quiere decir con eso?

FABIANA- Si voy a morir, no será de esta forma. Después de una existencia


miserable, no quiero una muerte miserable.

JOSÉ MARÍA- Haga lo que mejor le parezca, yo no voy a detener sus planes, es
más, si quiere quitarse la vida, adelante por favor, hágalo. Yo no soy quién para
juzgarla.

José María hace la finta de querer pasarle la pistola, pero Fabiana lo detiene.

FABIANA- ¿Y si llegan todos esos policías?

JOSÉ MARÍA- Siempre se les puede explicar lo sucedido.

FABIANA- Eres muy inocente José María, no tienes idea de lo que podría pasar si
te culparan de mi muerte. No sabes lo que es cargar con el estigma de asesino…
Por desgracia, esta noche uno de los dos tiene que morir.

JOSÉ MARÍA- (muy asustado) ¿Cómo?... ¿Por qué?

FABIANA- Sólo hay lugar para un asesino en esta casa, y en eso yo te llevo la
delantera, porque sí tengo experiencia.

Fabiana toma su arma y le apunta sin piedad.

JOSÉ MARÍA- Por favor no me mate, le ruego que no lo haga, para que carga con
una vida más en su consciencia. ¿Qué mal le he hecho yo?

FABIANA- Perdóname, no puedo dejar testigos.


JOSÉ MARÍA- Yo soy inocente de todo lo que ocurre aquí, por favor, déjeme vivir,
yo sólo quise ayudarla de corazón, no merezco morir. La gente buena no merece
morir.

FABIANA- Lo siento…

JOSÉ MARÍA- Haré lo que me pida, tengo un hija pequeña, tiene 5 años, no
quiero dejarla sola, soy padre y único sostén de mi familia. Solo me tiene a mí, va
a entrar a la primaria, me necesita.

Lo apunta con la intención de matarlo, él implora piedad.

JOSÉ MARÍA- Ella que daño le hizo ¿Cree que merece crecer sin su padre? Sólo
me tiene a mí. ¿Qué sería de ella, enfermita y sin su papá? No puedo
abandonarla, no lo haga por mí, hágalo por ella que es un angelito inocente. Mi
pequeña no tiene nada que ver en su venganza, no la condene a repetir la misma
historia de abandono injusto que usted ya vivió.

Momento de tensión hasta que Fabiana baja la pistola y rompe en llanto.

FABIANA- Soy un monstruo, me doy asco a mí misma.

JOSÉ MARÍA- Usted necesita ayuda.

FABIANA- Ni siquiera soy tan mala como quiero hacerme creer, sólo soy
profundamente triste.

JOSÉ MARÍA- Cuanta desesperanza se esconde detrás de toda aparente


maldad…

FABIANA- Tú no entiendes lo que ha sido mi vida, no puede imaginarte lo que


significa crecer sola, sintiéndome rechazada aún por mis propios padres, lo único
que deseaba era que alguien me amara. Me siento tan despreciable.

JOSÉ MARÍA- Yo la entiendo

FABIANA- Yo no quería ser así. Si hubiera nacido en otra familia, si mis


circunstancias no hubieran sido las que fueron, yo nunca hubiera hecho lo que
hice. Sólo quería que alguien me quisiera. Yo no quería, sólo tuve que hacerlo, fue
mi circunstancia. ¿Qué hice tan mal para merecer esta vida de desgracia y
abandono?

JOSÉ MARÍA- Usted no hizo nada, le tocaron cosas que la volvieron dura, pero no
fue su culpa

FABIANA- No, no fue mi culpa.


JOSÉ MARÍA- Confíe en Dios, habrá otra oportunidad para usted.

FABIANA- ¿De verdad lo cree?

JOSÉ MARÍA- Sí, lo creo. Usted aún es joven y la vida le dará eso que más
anhela. Estoy seguro de que podrá encontrar a una persona que la quiera bien.

FABIANA- Quisiera poder tener una familia…

JOSÉ MARÍA- Agárrese de su fe y verá como todo mejorará. La vida le está


dando una segunda oportunidad, no importa que tan mal ha ido hasta hoy, si
amanece, aún puede jugarle la revancha al destino. Eso me lo dice siempre mi
papá.

FABIANA- Vete José María.

JOSÉ MARÍA- ¿Está segura? No le hará bien estar sola en este momento.

FABIANA- Sí, lo necesito.

JOSÉ MARÍA- Puedo llevarla fuera de esta casa, le hará bien.

FABIANA- No, quiero estar aquí.

JOSÉ MARÍA- Está bien, le prometo que nunca le contaré a nadie que una vez
nos conocimos, será nuestro secreto. ¿Ya ve como el horóscopo no mintió? Esto
es la cosa más extraña que me ha pasado en la vida.

FABIANA- Vete rápido antes de que me arrepienta

JOSÉ MARÍA- Espero que llegue bien a Suiza y que construya la nueva vida que
tanto necesita, de todo corazón se lo deseo..

FABIANA- Espera, toma un poco de dinero

JOSÉ MARÍA- No, ¿Cómo cree? No puedo aceptarlo

FABIANA- Por favor, tómalo en agradecimiento.

JOSÉ MARÍA- Bueno, pero sólo poquito y por que insiste.

FABIANA- Ojalá en el mundo existiera más gente como tú.

JOSÉ MARÍA- Haga lo correcto.

José María se retira lenta y desconfiadamente. Fabiana se queda mirando el


cuadro de su padre detenidamente, se sienta frente a público tomando en sus
manos el dinero de manera distante. Entra José María sigilosamente por detrás,
toma uno de los guantes, que ha quedado en la cava y por la ataca por detrás
asfixiándola enérgicamente. Fabiana desfallece frente a él. La arrastra hacia el
centro de la habitación.

JOSÉ MARÍA- Tal vez lo correcto, sólo es aquello que te hace sentir bien. Pero
tenía razón en algo señorita Gramignoli, nadie es tan bueno ni tan malo como sus
circunstancias. No es mi culpa, cualquiera en mi lugar hubiera hecho lo mismo.

José maría se dirige hacia la caja fuerte y utilizando su sweter como costal guarda
el dinero, se detiene un momento para revisar la bolsa de Fabiana, sacando las
pertenencias de valor. Saca el pasaporte y las nuevas credenciales y se las arroja
con cinismo, después se dirige hacia el galón de gasolina y comienza a rociar el
lugar

JOSÉ MARÍA- Aquí está su nueva identidad… Váyase tranquila, que el fuego
purifica… Perdóname señor, pero de todas formas se iba a morir algún día. Haré
penitencia por esto, pero tú sabes cuánto necesito el dinero, no es por mí, es por
mi hija.

Se escucha a lo lejos el sonido de las ambulancias cada vez más fuerte,


mezclándose poco a poco con la música final. Se cierra el telón y sobre este
observamos la proyección de un incendio.

OSCURO.

DANIELA JAIMES
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