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El concepto medieval de 

soberanía: la Constitución 
mixta. 
Constitución mixta en la Antigüedad 
Ya en la Antigüedad fueron cuatro grandes filósofos los que reflexionaron sobre la 
Constitución mixta: Platón, Aristóteles, Polibio y Cicerón. Ahora haremos una breve 
aproximación de las afirmaciones de cada uno de estos pensadores en respecto al concepto de 
Constitución mixta: 
- Platón consideraba la constitución de Esparta, cuyo gobierno está repartido entre el 
rey, los ancianos y los éforos (nombre dado a ciertos magistrados) como buen ejemplo 
de constitución mixta. Para el filósofo, la polis alcanza la armonía si combina el título 
para gobernar basado en la sabiduría con el basado en otros tipos de superioridad. Los 
ingredientes que consieraba apropiados para la mezcla son: la monarquía (gobierno del 
sabio o del amo) y la democracia ateniense que representa la libertad. Solo así, para él, 
imperaran “las leyes justas decretadas por un legislador sabio y aplicadas por los 
mejores miembros d ela ciudad y del gobierno de la gente común). Más adelante, Platón 
propone la constitución mixta para superar la parcialidad del gobierno tradicional: para 
ello defiende que las leyes depende de los hombres u hombres que la promulgan y 
aplican (dependiendo del sistema: monarquía, tiranía, oligarquía, democracia), pero en 
el caso de cada uno de estos regímenes una sección de la ciudad gobierna al resto, es 
decir, solo tienen en cuenta el interés de una parte y no el común o el de todos, por lo 
que para eliminar este gobierno parcial, el mejor régimen es el mixto, tal y como se 
podía encontrar en Esparta y Creta. También en el libro VI de ​Las Leyes​ vuelve a 
aparecer el tema de la constitución mixta como punto medio entre la ​politèia 
monárquica y la democrática, comentando que resulta preciso mezclar la elección, que 
expresa el valor y la capacidad desigual de cada uno, y el sorteo que alude a la igualdad 
que se da incluso entre los desiguales para reconocer la pluralidad social de la ciudad 
mezclando distintas formas de gobierno que garanticen la presencia política de todas 
las partes. 
- Aristóteles prosigue esta reflexión y critica el modelo de la constitución mixta de ​Las 
Leyes​ de Platón. Este defiende, sin embargo, la constitución mixta en el libro IV de 
Política​, por ser una modalidad de gobierno recta conocida como ​politèia​ (república), y 
cuya forma desviada es la democracia. Está en contra de la lógica democrática que, 
cuando tiene en cuenta la libertad como único criterio político, conduce 
inevitablemente a la anarquía y a que cualquiera delibere sobre cualquier asunto. Para 
el filósofo, la peor forma de democracia es la quinta, caracterizada por anteponer la 
deliberación popular a la fuerza vinculante del nómos (ley). En este caso, las decisiones 
acaban siendo tomadas por demagogos que, gracias a su gran oratoria y no a la validez 
de sus juicios, logran convencer y atraer a las masas. El régimen mixto, que esta entre la 
oligarquía y la democracia, logra ecitar este peligro. Mezcla oligarquía y democracia en 
varios aspectos: para participar en la ​ekklesia (​Asamblea) no sigue ni el criterio 
democrático de expandir este derecho a todos los ciudadanos pero tampoco el 
oligárquico que lo hace depender de un censo elevado, sino que adopta la vía del censo 
medio (​meson)​ entre las dos constituciones anteriores.  
- Polibio nos presenta el régimen mixto en su libro VI de sus ​Historias​ el régimen mixto 
como aquel que permite ralentizar el natural declive, corrupción o degeneracioń de las 
formas rectas y simples de gobierno, realiza, aristocracia y democracia, hacia su 
modalidad degenerada, tiranía, oligarquía y “salvajismo de la fuerza bruta”. Así, la forma 
mixta permite frentar la repetición de las diversas modalidades de gobierno, pues todas 
las demas deben ser rechazadas debido a su inestabilidad, independientemente de su 
legitimidad. Para el filósofo, la constitución de Licurgo (legislador de Esparta) suponía 
uno de los más relevantes ejemplos de constitución mixta, pues comprendió que cada 
variedad de constitución simple degenera en la forma viciosa inferior muy pronto, por 
lo que era conveniente promulgar una institución que no fuera ni simple ni homogénea. 
La clave para la duración del régimen consiste en que la potencia de cada constitución 
fuera neutralizada por las otras, obteniendo así el deseado equilibrio y evitando que 
alguno de los elementos constitucionales tuviera un peso excesivo o prevaleciera 
demasiado: así toda fuerza teme la oposición de la otra, la realeza no incurre en 
arrogancia por miedo al pueblo y el pueblo no desprecia a los reyes por el temor que le 
infunden los ancianos. Sin embargo, Polibio ve sobre todo en la constitución romana el 
mejor caso de la mezcla de gobiernos y del juego de contrapesos que permite la 
armonía o equilibrio entre las distintas partes de la república, entre la monarquía de los 
cónsules, la aristocracia del senado y la democracia del pueblo: así, las tres clases de 
gobierno se administraban y repartían tan equitativamente que nadie podía afirmar si 
se trataba de una aristocracia, una democracia o una monarquía. 
- También el Cicerón de ​De República​ considera que el mejor régimen es la “forma 
combinada y moderada que se compone de los tres tipos de república”, pues “conviene 
que haya en la república algo superior y regio, algo impartido y atribuido a la autoridad 
de los jefes, y otras cosas reservadas al arbitrio y voluntad de la muchedumbre. Las dos 
virtudes fundamentales de la constitución mixta son, para el romano Cicerón, la 
igualdad moderada y la estabilidad. En cuanto a la igualdad moderada, la compatible 
con el reconocimiento de las diferencias naturales y sociales, sobretodo de mérito, 
sontituye la única aceptable para el pensamiento político premoderno. El equilibrio 
premoderno se produce siempre respetando la polifonía, la peculiaridad de las partes, 
pobres y ricos, sabios e ignorantes. Lo contrario, la democracia radical, abriría las 
puertas a la anarquía y supondría la desaparición de los principios que clasifican a los 
miembros de la comunidad, y especialmente el que ordena y jerarquiza a los hombres 
según sus méritos. En cuanto a la estabilidad, Cicerón piensa que mientras las tres 
formas puras se transforman constantemente, la constitución moderada, se caracteriza 
por su permanencia. 
Constitución mixta en la Edad Media 
Con la recepción medieval de Aristóteles a partir de mediados del siglo XIII, la constitución 
mixta vuelve a ocupar un papel importante en las reflexiones políticas en la Edad Media. Tomás 
de Aquino es una referencia ineludible. El autor, en su ​Suma Teológica,​ combina el Antiguo 
Testamento y la política de Aristóteles para presentarnos al Gobierno de Israel como primer 
ejemplo de constitución mixta (la mezcla de conceptos cristianos y paganos supone un rasgo 
específico de la Edad Media).  
En principio, los autores medievales como Tomás de Aquino, solían reconocer que el gobierno 
más parecido al de Dios, el monárquico, y no el mixto, era el régimen más perfecto en abstracto, 
es decir, sin tomar en consideración las partes reales de la comunidad. Sin embargo, Dios no 
estableció al principio una monarquía para Israel. Que lo óptimo no siempre resulta lo más 
conveniente es algo sobre la que ya nos advierte Aristóteles, y algo que los filósofos cristianos 
no dejarán de repetir desde Tomás de Aquino. Como ejemplo encontramos a Alfonso de 
Madrigal, el Tostado, de Castilla, que afirma que el legislador ha de elegir el orden político y las 
leyes más convenientes (aunque no sean en sí las más perfectas), citando como ejemplo la Ley 
evangélica y las leyes monacales para demostrar que los mejores preceptos no son los más 
idóneos para ordenar la república. El eclesiástico opina que cuando se trata de gobiernos 
temporales sujetos al mal de la contingencia, las formas mixtas son mejores que la monarquía 
pura. Tomando como referencia a Israel, nos dice que Moisés, el elemento real, proporcionaba 
unidad; los setenta y dos ancianos, el elemento aristocrático, proporcionaba sabiduría; y la 
libertad del pueblo, el elemento democrático, resultaba imprescindible porque para evitar 
rebeliones y la desobediencia de la ley, los ancianos debían ser elegidos de entre el pueblo y por 
el pueblo. Sin embargo, se aparta de Cicerón, pues da primacía al elemento monárquico. De ahí 
que el senado o aristocracia, el consejo de ancianos, tienda a asimilarse a las prácticas del 
consilium real. 
En esta misma línea, Pierre Olivi y Juan de París utilizarán la teoría de la corporación y el 
modelo mosaico de la constitución mixta para explicar el gobierno de la Iglesia. Tomas de 
Aquino se refiere a la cuestión de pesos y contrapesos, a la necesidad de equilibrio como decia 
Polibio, que tan fundamental resulta para comprender la constitución mixta, pero también lo es 
saber que este concepto surge, como apuntan Olivi y Juan de París, de la síntesis de la teoría de 
las formas de gobierno y de la doctrina corporativa u organicista. 
Para los premodernos, el mejor régimen político es el que, sin suprimir la pluralidad y la 
complejidad social, logra la paz y armonía en la ciudad, tal como afirmaba, por ejemplo, Agustín 
de Hipona. Los modernos posteriores sustituiran la mixis, dentro de la cual los miembros de la 
comunidad permanecen distintos, por la krasis o fusión de componentes idénticos. « La ciudad 
o república bien ordenada se compara a la melodía de las voces, en la cual, de diversos sonidos 
proporcionados entre sí, resulta un canto suave y deleitable a los oídos ». El orden armónico 
surge así —citando de nuevo a Agustín— de « la combinación de cosas símiles y disímiles, dando 
a cada una su disposición ». 
Hay que tener en cuenta a la hora de aproximarnos a la constituciń mixta de esta época que en 
todo momento el pensamiento premoderno se halla estrechamente vinculado al problema de 
la mejor constitución, sea mixta o cualquier otra, con el bien de la ciudad y el de la vida 
perfecta o virtud del ciudadano particular. La tensión entre ética y política es más bien uno de 
los problemas de la Modernidad. Sin embargo, en Tomás de Aquino, siempre lector de 
Aristóteles, no podía faltar este punto, más ahora unido a sus convicciones cristianas. La misma 
prudencia del gobernante es sinónimo de sabiduría y de conocimiento espiritual del bien y del 
mal, y por esta razón se trata de una virtud que permite al regente que cada uno de los 
ciudadanos logre el fin más importante, el espiritual. Para el Aquinate, como en general para los 
publicistas cristianos de la Edad Media, se puede apreciar claramente en esta cuestión la 
continuidad entre el plano terrenal y el celestial, entre la ciudad terrena y la divina, o, en 
definitiva, la subordinación del fin temporal al espiritual.