Está en la página 1de 18

La Educación Rural.

Una mirada desde la Pedagogía Liberadora

Autor: Adriana Hernández

Resumen

El artículo precisa algunos elementos que inciden en la educación del área rural: la
contextualización de los aprendizajes, los criterios pedagógicos, la fragmentación y
desvinculación de los contenidos enseñados, los fines de la educación rural, el papel
del maestro en la escuela rural y su formación. De igual manera, se coloca de
manifiesto la repitencia y deserción escolar como consecuencia de una educación
descontextualizada. El objetivo del artículo es proponer la pedagogía liberadora como
alternativa para la educación rural. En tal sentido, se realizó una revisión documental
a objeto de desarrollar la pedagogía liberadora como un modelo encaminado hacia la
formación de seres autónomos, con conciencia libre, comprometidos con su devenir.
En este orden de ideas, se considera que esta pedagogía será el modelo ideal para la
emancipación de las comunidades rurales pues conduce a un mundo más humano y
justo. Se concluye que la educación rural, bajo una perspectiva liberadora conlleva a
impartir la enseñanza contextualizada, teniendo como objetivo la formación de un ser
humano critico, pensante y transformador de su realidad.

Palabras claves: educación rural, pedagogía liberadora

Introducción

La educación en las zonas rurales se observa bajo una situación de minusvalía


en lo concerniente a la orientación de la práctica educativa con la aplicación de
programas no cónsonos con el medio. Por ello, es necesario cada vez analizar con
mayor énfasis, como hacer eficiente la organización escolar en la educación rural,
como transformar e innovar el modelo curricular, y como centrar el proceso de
aprendizaje en el estudiante. Se trata de incorporar en el aula, en la escuela, la familia
y la comunidad, todos aquellos factores fundamentales para desarrollar una forma de
enseñanza con enfoque y énfasis en educación de calidad.

Es por esta razón, que la educación en las zonas rurales, debe responder a un
acto humanista que integre la realidad de cada alumno con el propósito de la misma,
que conduzca a la formación libre e independiente de cada ser, en el cual la
solidaridad, sea esa fuerza del despertar de la conciencia, que conlleve a un mundo
más humano y digno. Así como lo plantea Freire (1969), “una educación que lleve al
hombre a una nueva postura frente a los problemas de su tiempo y de su espacio.
Aquella de la intimidad con ellos” (p.85); por ello, la necesidad de impartir una
enseñanza contextualizada, acorde con las condiciones de vida propias del sector
rural.

Partiendo de las premisas planteadas anteriormente, el objetivo del presente


artículo, es revisar la educación que se imparte en los sectores rurales, la cual debe ser
evaluada desde el interior de la escuela y el aula, para intentar develar las dificultades
y limitaciones de la praxis pedagógica rural y sugerir una pedagogía desde la
concepción liberadora. En este sentido, Núñez (2010), plantea “los conocimientos
enseñados en la escuela rural, en su mayoría, son abstractos, fragmentados y
desvinculados de la vida y del trabajo” (p. 3). Por lo tanto, urge desarrollar en los
alumnos conocimientos prácticos, bajo a los principios de libertad, responsabilidad y
solidaridad.

Bajo estas consideraciones la UNESCO (1979), sostiene que la educación


rural, no contribuye al arraigamiento del individuo y a la creación de oportunidades
para que éste se lleve a cabo. Por lo que plantea, la necesidad de crear mecanismos
para que la educación potencie valores, cree condiciones de convivencia y fortalezca
los ámbitos socioculturales, y no se quede solamente en el desarrollo de algunas
actividades académicas relacionadas con el agro.

Así mismo, lo plantea, Prieto (2007), en el proyecto de regionalización de las


escuelas “consiste en una adaptación del proceso educativo a un ambiente local, pero
conservando las líneas de dirección educativa y las normas de nacionalización de la
enseñanza” (p.111). La escuela rural ha estado siempre desvinculada de esa realidad
circundante, los planes y programas son concebidos de manera nacional, en forma tal
que la enseñanza en el campo no se ha diferenciado de la ciudad.
De acuerdo con lo antes expuesto, la educación rural debe impartirse bajo los
principios de una pedagogía liberadora, brindándole al alumno la oportunidad de
satisfacer sus necesidades, bajo una orientación acorde con el medio en el cual se
desenvuelve, que le permita integrarse a su comunidad, sembrarlo en la región; para
ello, debe concebirse como el centro de la acción educativa, en el cual la enseñanza
parta de la realidad del sector rural, esto servirá de apoyo para el logro de los
objetivos educativos. En este contexto, al plantear la educación del sector rural, desde
una pedagogía liberadora, implica la participación masiva del alumno en los procesos
educativos; también, la manera como se estructura u organiza una institución
educativa, hasta el desempeño diario en el aula de clase.
En este orden de ideas, el artículo se basa en los ideales de Freire, quien luchó
por la humanización y liberación del hombre y de la sociedad brasileña; su obra se
caracteriza por proponer la educación de las masas; en palabras del autor, “una
educación desnudada de su ropaje alienado y alienante, sea energía de cambio y
liberación, centrada en la búsqueda de ese hombre- sujeto que, necesariamente
implicaría una sociedad también sujeto” (p.56), con una postura de auto- reflexión y
de reflexión sobre su tiempo y espacio. De igual manera, se vinculan los ideales de
grandes profesores venezolanos como Padrino (1940) y Núñez (2010) sobre
educación rural

Realidad del Sistema Educativo del Sector Rural


La organización del sistema educativo del sector rural ha girado en torno a los
planteles urbanos, lo cual muestra que es excluyente, porque no se toman las
particularidades y realidades de los alumnos partiendo de su contexto. Interpretando a
Aguilar (2000), quien señala que las desigualdades y desequilibrios entre el campo y
la ciudad no son ajenos en el sector educación y aunque en muchos de los discursos y
planes del gobierno aparece como prioridad su erradicación, esto no ha pasado de ser
solo un planteamiento teórico alejado de la realidad que se presenta en la educación
rural.
En este orden de ideas, la educación rural venezolana, se encuentra
funcionando con criterios pedagógicos que son los mismos del sector urbano, lo que
genera una enseñanza descontextualizada. Al respecto Padrino (1940), expresa que la
educación rural venezolana debe perseguir como “fin primordial incorporar de una
manera activa al adulto y al niño campesino a la vida económico-social de la nación;
para el efecto tratará de crear en los campesinos una conciencia colectiva de acuerdo
con las circunstancias y problemas del lugar” (p.15).
En este sentido, es necesario considerar dentro de las problemáticas de la
educación rural en la actualidad, la fragmentación y desvinculación de los contenidos
enseñados; tal como lo señala Núñez (2010), “los contenidos enseñados en la escuela
rural, en su mayoría son abstractos, fragmentados y desvinculados de la vida y del
trabajo” (p.2). Esta situación origina las causas de los altos índices de repitencia,
deserción y desinterés del alumno del campo hacia el proceso escolar. Por ello, se
debe partir del respeto de la vida misma del niño y su natural desenvolvimiento.
Lo planteado anteriormente muestra que los fines de la educación rural, su
concepción del niño, de la comunidad, su orientación, significado, dirección,
cooperación, organización material, técnica, programas y horarios, entre otros, no
están establecidos para el contexto rural. Padrino (1940), indica “el programa a
desarrollar por la escuela rural, implica que cada maestro se convierta en un
investigador del alma del niño campesino, del ambiente, de la comunidad; que
ahonde sus inquietudes y aspiraciones” (p.17). Por lo tanto, la escuela rural
venezolana debe tener como finalidad la investigación extendida hacia la comunidad
y sus problemas, promoviendo la independencia y el pensar libre que responda a los
fines de la vida de la realidad campesina.
Por otra parte, Núñez (2010), revela
La repitencia, la extraedad y la baja asimilación de lo enseñado en la
escuela rural son causas de primer orden en la deserción escolar de los
niños campesinos. En la medida en que un niño repita un grado, la
probabilidad de que se retire de la escuela aumenta proporcionalmente
por lo que el sistema escolar rural tal como está concebido y
operacionalizado, alimenta el fracaso escolar y se convierte en
reproductor de desigualdad social (p. 4)
Lo antes expuesto, indica que la educación rural está desatendida, entre el
cúmulo de deficiencias existente, se enumera la ausencia de supervisores competentes
que orienten el trabajo del docente rural, lo que genera la ausencia de formación
docente y la realización de un trabajo sin apoyo en la solución de los grandes
problemas que les corresponde enfrentar. Es así como la (UNESCO 1979) en su
informe anual, presentado con respecto a la educación venezolana, destaca que la
educación rural no ha respondido a las exigencias socioculturales del campo
venezolano y se sobrepone lo urbano aún en los medios rurales.
De igual manera, sostiene que la educación rural, no contribuye al
arraigamiento del individuo y a la creación de oportunidades para que éste se lleve a
cabo. Es evidente observar en las escuelas rurales como algunos alumnos cursan
hasta cuatro años y no logran comprender lo que leen; esto significa que la enseñanza
de las competencias básicas fundamentales no es eficiente en el sector rural. Por lo
tanto, no tiene sentido representado lo que dice la palabra escrita, se utilizan libros de
textos escolares con abecedarios y párrafos construidos en contextos socioculturales
ajenos al alumno, sin representatividad en situaciones reales de su vida. Freire (1969),
al referirse a las técnicas de lectura y escritura, expresa
Implica no una memorización visual y mecánica de frases, de palabras, de
silabas desgarradas de un universo existencial- cosas muertas o semi-
muertas- sino una actitud de creación y recreación. Implica una
autoformación de la que puede resultar una postura del hombre
transformadora de su contexto. De allí que el papel del educador sea
fundamentalmente dialogar con el alfabetizando, sobre situaciones
concretas, ofreciéndole simplemente, los instrumentos con los cuales él se
alfabetice. (p.99).
Bajo este contexto, se observa la necesidad de crear mecanismos para que la
educación rural potencie valores, cree condiciones de convivencia y fortalezca los
ámbitos socioculturales, y no se quede solamente en el desarrollo de algunas
actividades académicas relacionadas con el agro, sino que todo conocimiento sea
adquirido directamente sobre las cosas, deseado, exigido y pedido por el alumno,
creando conciencia rural y una verdadera adaptación al medio.
Otras de las problemáticas de la enseñanza en sector rural, refiere Núñez
(2010), es la “enseñanza solo de valores urbanos en los contenidos curriculares de la
escuela rural. La vida en la ciudad, sus normas y comportamientos, las ventajas y
oportunidades que ésta ofrece se exaltan desde la escuela rural como algo ideal de
alcanzar” (p.6). Oponiendo lo que sucede en la vida rural, considerándola como llena
de pobrezas, precariedades, trabajo rudo y escaso avance en función del progreso
moderno de las ciudades.
Es necesario definir con claridad cuál es el fin del sistema educativo del sector
rural. Al respecto Padrino (1940), expone “el fin único que persigue la escuela rural
no es, como muchos lo han preconizado, el adscribir al niño campesino a la vida del
campo, sino incorporarlo a la cultura nacional” (p.370). Se trata de fomentar en el
alumno del campo una conciencia colectiva, que ayude a resolver los problemas del
lugar. Por lo tanto, todo programa, debe llevar como fin primordial el llamar la
atención sobre las cosas que le rodean; enseñarlo a ser observador para que compare e
intérprete los hechos y las cosas.
En este orden de ideas, otra de las particularidades de la educación rural son
las aulas multigrado, originadas de la necesidad de atender a los niños y niñas que
viven en zonas alejadas a lo largo del país, casi todas en lugares rurales y de las
cuales una gran parte se ubica en comunidades campesinas e indígenas. De acuerdo
con Padra (1964)
La escuela unitaria o rural en Venezuela fue creada para dar respuesta, a
través de la participación docente a situaciones sociales prioritarias para
el desarrollo nacional. En el cual el docente consciente de la necesidad de
integración de los diversos grados, procura el afianzamiento del esfuerzo
de los niños, basado en la promoción y participación. (p. s/n).
Esta modalidad educativa tiene elementos académicos específicos para su
funcionamiento, los cuales se deben tomar en cuenta para lograr una eficiente
educación multigrado. Thomas y Shaw (1992), indican que “es necesario capacitar a
los docentes en metodología adecuada al aula multigrado; incentivar la producción de
materiales apropiados para usar con diversos grados; y brindar apoyo local y regional
a estas escuelas, así como equipamiento e infraestructura suficientes” (p.8). Por ello,
se requiere una intervención urgente de todos los involucrados en el sistema
educativo del sector rural a fin de avanzar hacia una mejora de las escuelas,
reconociendo que es mucho lo que se puede hacer desde distintas posiciones y que el
aula multigrado en sí misma no es negativa, sino que la falta de atención a sus
necesidades conduce a resultados pobres.
En este sentido, la agrupación de los alumnos de diferentes grados en un
mismo salón, no sólo es un problema de escolaridad para los niños del campo, es
también un problema económico, social, geográfico que tiene muchas facetas: bajo
nivel escolar, insatisfacción de las necesidades básicas del estudiantado, entre otros.
De acuerdo con Rodríguez (2004), el bajo nivel escolar responde además de otros
factores a que “los contenidos de enseñanza no hacen referencia a las necesidades de
aprendizaje de los niños y niñas ni a sus experiencias culturales; la diversidad es poca
o no existe y las actividades tienden a ser igual para todos los grados” (p.135).
Lo anteriormente expuesto, origina ineficiencia en el sistema escolar del
sector rural, pues el estilo de enseñanza está orientado preferentemente a la
transferencia de contenidos para su memorización por los alumnos, sin diferenciar los
niveles de aprendizaje. Por otra parte, la constitución heterogénea del grupo permite
que el docente favorezca la colaboración entre sus estudiantes, pero al mismo tiempo
le demanda organizar y planificar el trabajo de tal manera para articular y relacionar
los contenidos de los diferentes grados evitando la fragmentación de la enseñanza y
atendiendo a los niños y niñas según su necesidad.
Bajo este contexto, es necesario hablar de renovación pedagógica, la
enseñanza en el contexto rural, se debe constituir en un componente fundamental de
una pedagogía liberadora, centrada en el alumno. Esto indica que hay mucho por
hacer en términos de una pedagogía, que apunte hacia la organización curricular
contextualizada.

Concepción liberadora de la educación


La Pedagogía Liberadora de la Educación se trata de un modelo encaminado
hacia la formación de seres humanos autónomos, pensantes, comprometidos con su
devenir, comprende una educación integradora, inter y transdisciplinaria y, sobre todo,
práctica por su vinculación directa con el contexto de acción de los actores que la
integran. Dewey (1995), como después Freire (1969), afirmaba que “hay que educar
para la emancipación y autonomía de las personas, educar en función de la
comprensión de los secretos de las fuerzas dominantes de nuestras sociedades, la
educación que precisamente menos conviene a estas” (p. 90).
La educación liberadora será el modelo pedagógico ideal para la
emancipación, pues conduce al logro de un mundo humano y justo. En tanto que el
sistema educativo que prevalece en la actualidad no refleja la igualdad, se evidencia
el racismo, el sentimiento dominante de la vida política, de la economía mundo-
capitalista. Por lo tanto, la libertad no existe en donde la igualdad está ausente.
Por consiguiente, es importante plantear para el sistema educativo actual la
pedagogía liberadora de la educación, en el cual se desarrolle la enseñanza mediante
contenidos contextualizados y métodos acordes con las necesidades y los adelantos
científicos, teniendo en cuenta las características de los alumnos que den respuestas a
los requerimientos sociales, por eso Dewey (1995), concibe la educación democrática
o liberal como “una cultura viva, como un modo de vida” (p. 82), lo que implica
hablar de la formación en la personalidad moral, pues los valores democráticos y
ciudadanos son adoptados al vivenciar uno junto al otro; solo así se volverán
habituales predisposiciones para la acción.
En contraste con el sistema educativo actual venezolano, se observa que a
pesar de las continuas reformas educativas introducidas, en las que se que se concibe
un maestro activo, creador y facilitador de experiencias de aprendizajes, aun persisten
en los centro educativos el maestro autoritario. Tal como lo expresa Luque (2011), “la
experiencia de las reformas educacionales, aún siguen mostrando el divorcio existente
entre el discurso desplegado en los fundamentos de las concepciones educativas y la
práctica de las mismas” (p.109), las intenciones tienden a concebir un ser activo,
forjador de su propio aprendizaje, desarrollando los procesos de pensamiento de la
mano con aprendizajes significativos, pero la realidad de las practicas educativas
muestran alumnos con pocas oportunidades para adaptarse socialmente.
Al respecto, Prieto, señala “solo en educación puede nacer la verdadera
especie humana y ningún hombre vive al margen de ella” (p.56). Dentro de las
condiciones históricas de la sociedad es indispensable una amplia concienciación de
las masas que a través de la educación haga posible la autorreflexión sobre su tiempo
y espacio. Esta concepción de educación en, por y para la liberación del hombre es la
matriz que otorga sentido a una práctica educativa que solo puede actualizarse y ser
eficaz en la medida en que exista una participación libre y crítica de los alumnos.
En este orden de ideas Freire (1969), como máximo representante de la
pedagogía liberadora sostiene que el “respeto por la libertad de los educandos es uno
de los principios esenciales de la educación liberadora, donde se debe reconocer el
hecho de la opresión del sistema educativo” (p.19). Por lo tanto, la educación ha
dejado de ser concebida como palanca y motor del cambio, del optimismo
pedagógico que la concebía como fuente del progreso, se ha girado al pesimismo y la
desilusión. Si esto sucede, lo puntualiza Freire, “es sólo porque la toma de conciencia
torna evidente una situación real en la cual los datos más frecuentes son la lucha y la
violencia” (p.25), lo que alimentan propuestas radicales de eliminación del sistema
escolar como única vía de innovación y cambio.
En este sentido, es necesario tomar en cuenta dentro del sistema educativo, los
ideales de la educación liberadora como afirmación de la libertad, pues la realidad
muestra que no se concede el verdadero significado a la igualdad de oportunidades a
los alumnos en las aulas de clase. Al respecto, Luque ( 2011), señala “cuando nos
referimos al acceso, a las condiciones de entrada y a la necesidad de nivelar a todos,
nos referimos a estrategias igualadoras de las desigualdades de partida, lo que implica
el desarrollo de políticas compensatorias dirigidas a quien más lo necesite”(p.375).
Por lo tanto, la escuela es generadora de fracaso escolar cuando no atiende las
necesidades de cada alumno.
La educación liberadora tiene antiguas resonancias, anteriores aun al
pensamiento liberal. De acuerdo con Weffort (1969), “persiste desde los griegos
como una de las ideas más caras del humanismo occidental y se encuentra
ampliamente incorporada a varias corrientes de la pedagogía moderna” (p.21). La
idea de libertad en la educación no debe aparecer solo como un concepto, va mas allá
de reconocer el hecho de la opresión, solo así se luchará por formar ciudadanos libres
asumiendo como punto de partida el ser del estudiante.
Bajo esta concepción se articula la educación liberadora, Freire (1969),
sostiene que ésta “contiene las bases para que los oprimidos puedan interpretar la
realidad y transfórmala según sus propios intereses” (p.29). Por lo tanto, implica un
proceso de renovación de la condición social del individuo, considerando al sujeto
como un ser pensante y crítico, reflexivo de su realidad. Con este tipo de educación,
el alumno comprende el mundo; su aprendizaje es duradero, pues propicia la
reflexión de la conciencia sobre sí misma, a través del diálogo y la acción, que
contribuye con la discusión al pensamiento crítico, lo que permite tener una posición
firme frente a diferentes temas.
Del mismo modo, Freire señala que “la educación verdadera es praxis,
reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo” (p. 39) ob. cit. Por
lo tanto, debe ser vista, como el instrumento de una transformación auténtica, global,
del hombre y de la sociedad. Asimismo, sostiene que” la educación es un acto de
amor, de coraje; es una práctica de la libertad dirigida hacia la realidad, a la que no
teme; más bien busca transformarla, por solidaridad y por espíritu fraternal” (p. 22).
De ahí que se deba enfatizar la necesidad de una permanente actitud crítica, único
modo mediante el cual el hombre realizará su vocación natural de integrarse,
superando la actitud del simple acomodamiento o ajuste, aprehendiendo temas y
tareas de su época.
Sin duda, para el autor, la metodología de enseñanza que predomina en el
medio educacional es aquella en la cual el estudiante es visto como un objeto más que
sujeto; por ello, educar es todo lo contrario a “hacer pensar”, y mucho más aún, es la
negación de todas las posibilidades transformadoras del individuo, vueltas hacia el
ambiente natural y social al cual le tocará vivir. Por eso, la crítica al instrumento de
alfabetización, no hay silabario que escape a su crítica, denuncia la concepción
ingenua de la alfabetización, porque esconde bajo un atuendo inexistente “su miedo a
la libertad” (p 18).
En este orden de ideas, la conciencia de un analfabeto es una conciencia
oprimida, puesto que está ajeno a la realidad socio- cultural, no es capaz de ser crítico
ante las situaciones que lo rodean, porque está limitado, inmerso en una esfera que no
le permite ver más allá de lo que otra persona le ofrece. Por lo tanto, la alfabetización,
debe verse como un proceso disciplinado e intencional de acción y educación, que
conduzca hacia una libertad de conciencia con estructuras alternativas para la
humanización y liberación.
De acuerdo con lo antes expuesto, desde el punto de vista sociológico e
histórico implícito en la pedagogía liberadora, se observa una solidaridad
fundamental entre teoría y práctica. Su visión sociológica, centrada sobre el mundo
de la conciencia, surge de una preocupación esencialmente educativa. Según Weffort
(1969) al referirse a Paulo Freire “este educador sabe que su tarea tiene implicancias
políticas y entiende que éstas interesan al pueblo y no a las élites” (p.29). Cuando
alguien dice que la educación es la afirmación de la libertad y toma las palabras en
serio, considerándolas en su significación real, se ve obligado en ese instante a
reconocer el hecho de la opresión, al igual que, la lucha por la libertad.
En este sentido, se trata de ir al encuentro de ese pueblo que necesita
insertarse en el proceso histórico críticamente, lo cual se logra como lo expresa Freire
(1969), “con una educación, que por ser educación, debería ser corajuda, proponiendo
al pueblo la reflexión sobre sí mismo, sobre su tiempo, sobre sus responsabilidades,
sobre su papel en el nuevo clima cultural de la época en transición” (p. 57). Esto ha
de traducirse desde la democratización de las condiciones socioeconómicas,
socioculturales y sociopolíticas que permitan satisfacer las necesidades
fundamentales y ofrecer los recursos para el desarrollo de personas reflexivas, criticas
y solidarias.
Del mismo modo, Freire (1997), señala que “el educador democrático no
puede negarse el deber de reforzar, en su práctica docente, la capacidad crítica del
estudiante, su curiosidad, su insumisión” (p.26), estos son elementos esenciales de un
sistema educativo liberal, el que posee maestros que forman críticamente a sus
alumnos, le permiten transformarse en sujetos reales en la construcción y la
reconstrucción del saber enseñado a su lado, que igualmente son sujetos del proceso.
Por consiguiente, el principal impulsor de las variaciones en el aprendizaje
escolar es la calidad de los maestros, es necesario que se reconozca su papel en la
sociedad, por ello, se deben introducir nuevas bases para la renovación de su
formación, que les conduzca a la obtención de resultados adecuados y los mejores
logros en el proceso de enseñanza y aprendizaje de sus alumnos.
En consecuencia, la eficiencia docente está relacionada con su situación
personal, los aspectos que afectan su trabajo, su capacidad para realizar la tarea de
enseñar y los resultados que obtienen. A este respecto Freire (1997), afirma que
dentro del sistema educativo se exigen condiciones que “implican la presencia de
educadores y de educandos creadores, investigadores, inquietos, rigurosamente
curiosos, humildes y persistentes” (p.28), lo cual permite transformar a los alumnos
como sujetos reales en la construcción de sus aprendizajes y de esta manera sería
posible aprender críticamente.
De acuerdo con lo anterior, la práctica docente crítica, reafirma Freire, “está
implícita en el pensar acertadamente, encierra el movimiento dinámico, dialéctico,
entre el hacer y el pensar sobre el hacer” (p.39) ob.cit. Esto implica que la práctica
docente no puede ser espontánea, porque genera un saber ingenuo, hecho de la
experiencia en el cual estaría ausente el rigor metódico. Por lo tanto, el maestro debe
estar inmerso en un profundo proceso de reflexión crítico sobre la práctica; es
pensando críticamente sobre la tarea docente de hoy y la de ayer, como se puede
mejorar la próxima. La realidad de la educación actualmente muestra que el maestro
no asume procesos reflexivos para generar calidad educativa, reflejada en la
formación integral del alumno como lo establece la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela como acuerdo social de todos los venezolanos.
En este contexto, Prieto con sus ideales democráticos de educación dentro del
contexto venezolano (2007), propone una educación para la formación integral del
hombre con énfasis en el desarrollo humanístico. Definió un proyecto educativo para
formar hombres libres con herramientas para desarrollarse económica y socialmente,
luchando así contra un sistema que había excluido a grupos de menor estrato social,
manteniéndolos al margen de la sociedad del conocimiento y recluyéndolos dentro
del analfabetismo.
Así lo plantea en el proyecto de regionalización de las escuelas “consiste en
una adaptación del proceso educativo a un ambiente local, pero conservando las
líneas de dirección educativa y las normas de nacionalización de la enseñanza” (p.111)
ob.cit. La escuela ha estado siempre desvinculada de esa realidad circundante, los
planes y programas son concebidos de manera nacional, en forma tal que la
enseñanza en el campo no se diferencia de la ciudad.

La pedagogía liberadora como apoyo al sistema educativo del sector rural


El desarrollo del pensamiento se logra con la libertad de expresar opiniones e
ideas, respetando a cada ser humano. En el proceso de enseñanza y aprendizaje, se
alcanza la libertad a través del diálogo entre el docente y el alumno, en el que juntos
reflexionen, investiguen, indaguen y propongan en la realidad estudiada para que
lleguen a ser dueños de la verdad debatida.
Bajo este contexto, es necesario hablar de renovación pedagógica de la
enseñanza en los sectores rurales, la cual se debe constituir en un componente
fundamental de una educación liberadora, centrada en el alumno. Esto indica que hay
mucho por hacer en términos de una pedagogía liberadora: los estímulos para el auto
aprendizaje, la atención individualizada, el trabajo en grupo y el inter aprendizaje, la
organización de contenidos y una estrecha relación entre escuela y comunidad, que
incluye desde la participación de padres y docentes en el manejo de la escuela hasta la
presencia de los padres en las experiencias educativas.
Al respecto Freire (1969), plantea

Una pedagogía de la libertad, tiene sus exigencias y


concretamente, la primera de ellas es reconocer la primacía de
la práctica. Este es el caso cuando la propia elaboración
teórica, en su apertura hacia la historia, ilumina la urgencia de
la alfabetización y la concientización de las masas en un país,
en que los analfabetos constituyen la mitad de la población,
pauperizados por un sistema social marcado por la
desigualdad y la opresión (p. 18).
La pedagogía liberadora se logra desde la práctica, vivida en las aulas de
clases. Se trata de que el docente supere las barreras que impiden llegar a los alumnos
de forma liberal, que convierta el proceso educativo en un acto inducido por esa
fuerza en movimiento, la libertad, en la cual cada ser humano desarrolle el sentido
humanístico hacia sus semejantes y se convierta en sujeto de su propia historia.
Es por esto, que la educación rural y la pedagogía liberadora van de la mano,
se le debe dar participación activa a los alumnos en su proceso escolar, con el fin de
estimular el papel de sujetos en la construcción de conocimientos. Por lo tanto, una
condición básica para generar la participación activa es que se reconozcan, que cada
alumno se identifiquen con los contenidos y procesos para que se sientan estimados y
con libertad de expresar opiniones a partir de sus intereses y necesidades.
De acuerdo con lo expresado anteriormente, el objetivo de la educación rural a
través de una pedagogía liberadora implica formar una ciudadanía con autonomía que
puedan fundamentar para defender sin dificultad sus reflexiones, otorgarle sentido al
aprendizaje para que comprendan la importancia y aplicabilidad de lo aprendido. En
este sentido, cobra valor la contextualización de la educación, en la cual se vinculen
las experiencias de los alumnos con las nociones de la cultura local que se reproducen
en la vida cotidiana
La educación rural por medio de la pedagogía liberadora pretende la
formación de los alumnos para su participación en la sociedad democrática, implica
entonces que la democracia, su organización y toma de decisiones sean contenidos
curriculares y especialmente principios metodológicos en los procesos de enseñanza y
aprendizaje. De igual manera, implica el desarrollo de actitudes y valores como la
solidaridad y la responsabilidad social, que conlleve al desarrollo de un compromiso
de los alumnos con sus compañeros de aula, su comunidad y la sociedad en general,
con el planeta y consigo mismos.
En este orden de ideas, Freire (1969), expresa que “la democracia que, antes
de ser forma política, en forma de vida, se caracteriza ante todo por la fuerte dosis de
transitividad de conciencia en el comportamiento del hombre” (p.76). Por lo tanto,
educar en democracia significa formar ciudadanos capaces de construir su sociedad,
mediante la participación activa en los procesos educativos y sociales; superando la
inexperiencia democrática por una nueva experiencia, la de participación, la de ser
humano protagonista de su propia historia, ser que siente y sufre las consecuencias de
una educación que llama Freire alienante.
En este sentido, debido a la problemática planteada de la educación rural,
implica que es urgente un aprendizaje liberador que impulse la formación de una
conciencia profunda a un desarrollo humano. Desde la pedagogía liberadora, la
educación es una experiencia humana basada en la correspondencia sujeto- sujeto, un
encuentro marcado por el dialogo entre docentes, alumnos y comunidad, mediante un
proceso cargado de subjetividades, sentimientos, trascendencia, necesidades y
motivaciones.
De acuerdo con lo anterior, Freire (1972), manifiesta que “quien actúa sobre
los hombres para adoctrinarlos, adaptarlos cada vez más a la realidad que debe
permanecer intocada, son los dominadores” (p.109). A partir de este postulado se
busca impartir la educación en los sectores rurales, en la cual se le proporcione al
alumno una visión “liberadora y no “bancaria”; el proceso pedagógico no debe ser
impuesto, sino por el contrario, dado que nace del dialogo reflejará los anhelos y
esperanzas de cada ser humano, que tiene el docente en sus manos, para hacerlos
consientes de las realidades que viven en su contexto, rescatando la dignidad del ser.
De acuerdo con lo anterior, la pedagogía liberadora es así, una experiencia
de construcción a través del dialogo de intereses. Por ello, es menester la
comprensión del otro, la interpretación de su intencionalidad, el reconocimiento de la
subjetividad humana; la enseñanza se convierte en un encuentro entre seres que
quieren generar proyectos de vida, en un proceso de totalidad, aportación, historia
orientado al desarrollo, la transformación, la creatividad, el preguntarse que se
aprende, para que se aprende, qué utilidad tiene lo aprendido en la vida del alumno y
la comunidad rural en general.

Conclusiones
La pedagogía liberadora presenta elementos puntuales para el proceso
educativo de los sectores rurales, que cambian la visión de la enseñanza en las aulas
de clase. Por lo tanto, el objetivo de la educación rural, debe ser la formación de un
ser humano crítico, pensante y transformador de su realidad y a través de una
pedagogía liberadora se puede llevar a cabo todos estos requerimientos, pues la
concepción de la educación rural debe nacer del contexto, de la experiencia, la
reflexión y la acción como medio de formación. Es por ello, que la pedagogía
liberadora se centra en propiciar el dialogo entre docente- alumno, formular
conceptos y conocimientos que se deriven de la realidad social, tal cual como lo
plantea Freire (1972), “el uso de los temas generadores en la enseñanza revierten de
manera efectiva a la sociedad” (p. 45).
En este orden de ideas, para aprender desde una práctica de libertad se
requiere la puesta en escena de experiencias, sentimientos, emociones, el sentir
propio de quien aprende y de quien enseña. En este sentido, Freire (1969) expone que
“es de ahí que se debe enfatizar la necesidad de una permanente actitud crítica, único
modo mediante el cual el hombre realizará su vocación natural de integrarse,
superando la actitud del simple acomodamiento o ajuste, aprendiendo temas y tareas
de su época” (p.45). Desde esta perspectiva se debe mirar la educación rural,
enseñando lo que sea útil y aplicable por el alumno en el medio en el cual se
desenvuelve.
Es necesario entonces, luchar por el tan anhelado objetivo de contextualizar la
educación rural, en un despertar de conciencia del docente que le permita impartir la
enseñanza con métodos pedagógicos que no estén divorciados de la realidad social y
cultural del entorno campesino, en el cual los alumnos se humanicen cada vez más,
preparándose para ser protagonistas en la transformación de sus comunidades, que el
deseo de superación de cada ser valla mas allá de sus propios intereses , que no exista
la imposición del fuerte sobre el débil, sino el dialogo, el respeto a los derechos de
sus semejantes y sobre todo la práctica de la libertad en cada acción de la vida diaria.
Lo anteriormente expuesto, implica que los docentes del clima cultural del
presente, se deben preparar para que a través una pedagogía liberadora, puedan
enseñar como respetar y hacer cumplir los derechos, la libertad, la humanización, la
enseñanza de cada contenido contextualizado en relación con las vivencias de los
alumnos. De esta manera, se va formando el pensamiento crítico que se necesita, en el
cual los individuos aprendan a valorar el medio en el cual se desenvuelven, cuidando
y protegiendo la naturaleza.
En suma para usar la pedagogía liberadora como apoyo para la educación
rural, es necesario redefinir la relación sujeto- sujeto en las aulas de clase, en la
relación bidireccional docente- alumno, de manera que la enseñanza mediante la cual
el profesor es el que tiene el conocimiento y el alumno solamente copia, queda
caducada, y a cambio se ejerza una enseñanza en la que ambos aprenden en un
proceso investigativo marcado por el dialogo, en el que el conocimiento se construye
día a día a partir del contexto de los estudiantes, retomando la cotidianidad, los
ambientes de aprendizajes y las individualidades en las aulas de clase.

Referencias bibliográficas
Aguilar, M. ( 2000). Educación rural un acercamiento pedagógico. Costa Rica:
programa MHO.

Dewey, J. (1995). Democracia y educación. Madrid:Morata


Freire, P. (1969). La educación como práctica de la libertad. Santiago de Chile:
ICIRA.

Freire, P. (1997). Pedagogía de la autonomía. Mexico: siglo XXI editores s.a de c.v

Luque, G. (1999). Estado, educación y nación. Caracas, Venezuela: Monte Ávila


Editores Latinoamerica, C.A.

Núñez, J. (2010). Pertinencia de la educación rural venezolana y latinoamericana.


Instituto Pedagógico Rural Gervasio Rubio, 52 (7), 1681-5653.

Padra, A. (1964). La escuela rural unitaria. Oficina de planificación integral de


adulto. México: Centro de documentación e información.

Padrino, L (1940). Curso elemental de educación rural. Caracas: editorial elite.

Prieto Figueroa, L B. (2007). El humanismo democrático y la educación. Caracas:


Fondo Editorial IPASME.

Rodríguez, Y. (2004). Estrategias de enseñanza docente en escuelas multigrado.


[Documento en línea]
http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/Peru/grade/20120828112921/estrateg.pdf

United Nations Educational Scientific and Cultural Organization. (1979). Informe


anual presentado con respecto a la Educación Venezolana.

Weffort, F. (1969). Introducción del libro La Educación como práctica de la Libertad


de Paulo Freire. Santiago de Chile: ICIRA.