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TINKU DE REFLEXIÓN Y AUTONOMÍA

EJES TEMÁTICOS DE LA CONVOCATORIA

¿Llegó la hora de coordinar las variadas luchas y resistencias locales


sociales, ambientales, territoriales y de género?
¿Es ya posible y necesario construir un movimiento integral articulado a nivel
nacional?
¿Es preciso pensar en organizar una alternativa política independiente?

TINKU: Del quechua, encuentro. REFLEXIÓN: Cambio de dirección de la luz


al chocar con un objeto que se le interpone. AUTONOMÍA: Capacidad de
autogobierno. Soberanía, independencia, emancipación y potestad.
Antónimos: dependencia y subordinación.
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La crisis civilizatoria y la necesidad de cambios urgentes y profundos

La humanidad está inmersa en una crisis civilizatoria sin precedentes,


sumatoria de varias y graves crisis simultáneas (alimentaria, sanitaria,
energética, laboral, económica, cultural, ambiental, humanitaria, etc), y puede
sintetizarse en dos grandes cuestiones: crisis del sistema capitalista como
tal y crisis de la humanidad.

Se presenta la paradoja de la necesidad imperiosa de cambios estructurales


urgentes, pero a la vez predominan en todo el mundo procesos, prácticas y
sistemas cuya modificación (en caso de ser posible) demandará tiempos
prolongados. Esto, con el agravante de que los sectores de mayor poder de
decisión (sean económicos o políticos) no demuestran demasiada
preocupación por los graves problemas actuales, y sólo proponen y promueven
más de lo mismo, lo que anticipa iguales o peores resultados a futuro.

Esta difícil y compleja realidad actual y los graves problemas humanitarios y


ambientales que enfrentamos, son la consecuencia natural de la dinámica del
orden social capitalista. Nos muestran que esta sociedad opera como un
monstruo de muchos tentáculos que obedecen al cerebro de la economía y de
sus lógicas demenciales: la maximización de las ganancias y del crecimiento
como valores supremos.
La crisis mundial actual es innegable, y su gravedad implica peligros que no
podemos ignorar a la hora de pensar en impulsar actividades y formas de
interacción alternativas al sistema dominante.

Esto nos debe hacer reflexionar sobre la necesidad imperiosa de trabajar


por el cambio social, de transitar de manera urgente por caminos
alternativos, que contemplen modificaciones a los diferentes “órdenes” de
esta sociedad, que están subordinados y al servicio de la acumulación
desenfrenada de riquezas, de la creciente e incesante concentración de la
misma en muy pocos, y del crecimiento infinito e imposible en el marco de un
planeta que es finito, que lo estamos destruyendo, y que es el único hogar
que tenemos los seres humanos.

Por la construcción de otros mundos

Por esa razón es que bregamos por la construcción de otros mundos posibles
y necesarios, que demandan cambios a nivel individual, de grupos y de toda la
comunidad.

Que requieren otras formas de producir, de consumir y de convivir. Que


necesitan otros pensamientos y otras gafas para mirar la realidad. Que ya
están caminando muchos seres humanos en distintos lugares del planeta y de
nuestro propio país. Que lo ha de construir cada pueblo y cada comunidad en
función de sus realidades y sus culturas. Y con el mayor protagonismo posible
de todos. Porque, en este sentido, lo que hagamos hoy definirá cuál será
nuestro futuro. Y seguir como vamos no es una alternativa, sino el camino
seguro hacia el abismo.

Y ese cambio, además de necesario es posible. Ya está sucediendo en los


diversos órdenes de la sociedad. Aunque atomizado e incipiente, busca
desarrollarse entre los intersticios que dejan los tentáculos del pulpo. Son
las señales de los nuevos mundos que debemos impulsar. En el consumo
solidario y la economía social. En las relaciones de cooperación y ayuda
mutua. En los trabajadores que ante la amenaza de cierre de sus empresas
deciden tomar ellos mismos la responsabilidad de conducirlas. En la soberanía
alimentaria y la agroecología. En la pequeña producción campesina. En las
experiencias de las ecoaldeas, de las ciudades en transición. En las nuevas
fuentes de energía limpias y sustentables. En el trabajo voluntario a favor de
las comunidades relegadas y los barrios periféricos. En la dura tarea de
muchos docentes que no se rinden ante el poder de la verticalidad
institucional y ensayan otras formas de educación y otros contenidos al
servicio de la libertad. En la anónima acción cotidiana de muchos
investigadores que desafían los intereses económicos y las presiones de sus
autoridades, aunque les cueste muchas veces hasta sus carreras. En los
periodistas independientes y los medios populares y alternativos que
enfrentan la censura y las persecuciones, y arriesgan sus fuentes de trabajo,
para denunciar las injusticias del sistema y apoyar las múltiples resistencias.
En los numerosos movimientos sociales y culturales, las asambleas
ciudadanas, los grupos de militancia por los derechos de la mujer, por la
protección del ambiente, por la defensa de los derechos humanos y de la
soberanía nacional. En el ejemplo de los pueblos originarios, que siguen con su
resistencia ancestral contra el genocidio y el saqueo.

Esos son gérmenes del necesario nuevo orden social que debemos construir
entre todos. Un mundo plural y solidario. Una sociedad donde vivamos en
armonía, con nosotros mismos, con nuestros semejantes y con la naturaleza
de la cual formamos parte. Por nosotros, por los miles de millones de seres
humanos que más sufren, y por las futuras generaciones que con el mismo
derecho que nosotros deben seguir viviendo en este planeta.

Cómo articular las luchas y fortalecer el camino hacia otros mundos

Esas múltiples y variadas experiencias en diferentes planos del orden social,


al estar atomizadas y desarticuladas no logran poner en peligro el sistema, y
a veces ni siquiera pueden frenar el avance depredador, genocida y biocida
del poder mundial y de sus aliados en las naciones que lo integran. A veces,
por falta de una perspectiva antisistémica y más amplia, logran victorias
parciales pero que con el tiempo son devoradas por la dinámica avasallante de
este monstruo de mil tentáculos que es el capitalismo.

De ahí la necesidad de debatir y pensar caminos que apunte a la unidad de las


luchas y de su orientación hacia un rumbo superador que potencie a la vez
cada experiencia y al movimiento alternativo en su conjunto. Camino que se
debe ir construyendo de manera autónoma pero articulada, camino que no
está definido de antemano y que puede tomar diferentes direcciones, según
avance el proceso y las reacciones del poder dominante.
Una organización democrática y participativa, que busque superar las
limitaciones y los déficits de las numerosas experiencias políticas y sociales
que avanzaron hacia estructuras burocráticas y jerárquicas que terminaron
en fracaso. Que supere la fragmentación y vaya conformando y consolidando
un poder cada vez mayor.

Lo importante es buscar la unidad en la diversidad, con pluralismo y sin


sectarismo, que sume en todos los frentes abiertos y en disputa, pero
coordinando las acciones en un gran espacio que los contenga.

Construir un espacio desde abajo, coordinado en red entre los múltiples y


diversos integrantes (aprovechando las posibilidades de las nuevas
tecnologías), con acuerdo y principios innegociables que conformen las bases
de la unidad y el marco dentro del cual desplegar la diversidad, que acumule
en lo local, zonal, regional y nacional.

En resumen, se trata de construir de manera creativa una herramienta


política que exprese ese nuevo poder que requiere la compleja realidad
actual, aportando a la lucha inclaudicable de los más diversos sectores
sociales agredidos por este orden depredador y de exterminio, para
transitar hacia nuevos mundos, más equitativos, sustentables y armónicos.