Está en la página 1de 10

La acción comunicativa en los cuerpos académicos: Posibilidad para la

producción de conocimiento

Rodolfo Castañeda Ramírez

José Eduardo Bringas Mendoza

Área temática: La producción de conocimiento en los cuerpos académicos

Palabras clave: acción comunicativa, actos de habla, mundo de la vida, crítica.

Resumen:

El ensayo muestra la necesidad de la racionalidad comunicativa como cultura para


la interacción de los cuerpos académicos en su desempeño, que tienen como fin
la mejora de la formación inicial. Es una meta posible, si se asume que la actividad
académica necesita de una racionalidad comunicativa, respaldada por una
referencia epistemológica. En la primera los sujetos comparten un mudo de la
vida, desde donde se salen al encuentro, interactúan a partir de sus actos de
habla orientados al entendimiento, con los que logran un acuerdo. Ésta ha de ser
una actitud dialógica. Necesario es que los interlocutores tengan la apertura
académica para que sus saberes sean susceptibles de crítica, acompañados de
pretensiones de validez. Sus saberes tienen estructura proposicional, entonces
para entenderse han de estar planteados desde posturas epistemólogicas
construidas en colectivo. Esta es la posibilidad de que los cuerpos académicos se
consoliden.

Los integrantes del cuerpo académico al eligir lo que quieren compartir, ha de ser
una elección inteligible para todos, ello facilita que se puedan entender entre sí.
Cada uno de ellos como hablante tiene ha de tener la actitud de comunicar
saberes, para que los otros que actúan en ese momento como interlocutores

1
puedan compartir también sus saberes. Las intenciones comunicativas del
hablante han de ser argumentativas y pertinentes para lograr un consenso en los
saberes que se han de producir y aplicar. Esta lógica académica bien puede
consolidar o destruir el cuerpo académico, destruirlo es con la tecnología
burocrática de la institución.

Necesidad de transición académica.

Los CA (cuerpos académicos) son una idea estética, genialmente académica, más
allá de lo social, o institucional; lo es por esa armonía intersubjetiva de los sujetos
que los integran, que comparten LGAC (líneas de generación y aplicación del
conocimiento) desde las que se proponen generar conocimiento y aplicarlo. Es un
horizonte de aprendices y maestros, que se vuelve trascendental en el momento
en que se busca lo substancial del objeto de conocimiento. En suma es un tejido
intersubjetivamente complejo por sus interacciones, pero que tiene sentido cuando
cada interlocutor coopera lingüísticamente en los consensos generados con las
pretensiones de validez que se anteponen a todo acto de habla orientado al
entendimiento.

Esta pretendida interacción está en potencia con la creación de las academias


institucionales, que aspiran en el discurso propiciar el diálogo entre pares para el
análisis, reflexión, confrontación, e intercambio de experiencias docentes.
Propósito que se logra si se tiene con-ciencia de la colonización de las acciones
teleológicas identificadas por medios y fines, sobre cualquier intento intelectual de
los profesores; emanciparse de esta tendencia implica transitar de la razón
instrumental a la acción comunicativa orientada al entendimiento. Transición que
el ensayo que ahora inicias a leer pretende mostrar, hacerlo es alertar que la
razón instrumental es una patología que promueve el distanciamiento, el desánimo
la nula producción y aplicación de conocimiento del cuerpo académico; la
propuesta es incluir la acción comunicativa como racionalidad cultural que
fortalece académicamente a los cuerpos académicos; transición difícil, pero con
mayores posibilidades de lograr producción de conocimiento y su posterior
“aplicación” en los procesos de formación inicial.

2
La explicación teórica de la transición

La razón instrumental se identifica por su insistencia en los medios, olvida los


fines, concibe al conocimiento como: teórico, práctico y productivo; las situaciones
problemáticas se resuelven desde perspectivas técnicas. Es una noción
reduccionista, Habermas intenta una solución emancipadora con la restauración
de la razón moderna. Aceptar la razón instrumental como racionalidad de los
cuerpos académicos conduce a una simulación intelectual de sus integrantes. La
acción comunicativa como racionalidad no se identifica con la razón como
dominio, la antepone como detonador autorreflexivo, este horizonte es una cultura
que fortalece académicamente al cuerpo académico. Reconocer también que
puede ser una amenaza para su desintegración, la razón: los profesores no
soportan la crítica académica, la reflexión; en su lugar la cómoda determinación
burocrática que se asume sin cuestionar, que bien puede mantener al CA en sus
estereotipos.

La presencia de la razón instrumental despoja a la razón comunicativa de sus


pretensiones fundamentadoras de validez. A través de la racionalidad
instrumental, se generan las bases de un escepticismo dogmático frente a la
propia razón que concluiría en la autodestrucción de la capacidad crítica de ésta.
“La razón en tanto que instrumental, se ha asimilado al poder, renunciando con
ello a su fuerza crítica…ésta se ve en la precisión de describir la autodestrucción
de la capacidad crítica…porque en el instante en que efectúa tal descripción no
tiene más remedio que seguir haciendo uso de la crítica que declara muerta.
(Habermas 1989, 150).

El efecto se manifiesta en la relación del sujeto con el objeto que se reduce a


evaluar el éxito o fracaso, es una perspectiva que define la relación técnica entre
los sujetos. La razón instrumental se identifica claramente con dos elementos:
medios y fines, que se traducen en “reglas técnicas que descansan sobre el
conocimiento empírico. Estas reglas implican en cada caso pronósticos sobre
sucesos observables, ya sean físicos o sociales” (Habermas 1992b, 68). En su

3
lugar la “acción comunicativa (…) es la interacción simbólicamente mediada. Se
orienta de acuerdo con normas (reglas) intersubjetivamente vinculantes que
definen expectativas recíprocas de comportamiento que tienen que ser entendidas
y reconocidas al menos por dos sujetos agentes” (Habermas 1992b, 68-69).

“La racionalidad cognitivo-instrumental extraída del empleo monológico del saber


proposicional se intenta desgajar de la racionalidad comunicativa”. (Habermas,
192, 32). El nudo problemático está en la filosofía de la conciencia, que considera
la existencia de un sujeto que significa los objetos y construye su identidad al
confrontarlos. Es una posición dogmática que no identifica el problema y la
posibilidad de conocimiento e intersubjetividad queda reducida a una acción
cognitiva pragmática. La necesidad de transitar de la acción teleológica a la acción
comunicativa, hasta el momento es la vía trascendental que garantiza que los CA
sean una figura académica que asegura la mejora académica de la institución. No
es posible pensar en producción de conocimiento si el fantasma de la razón
instrumental influye en el pensamiento de acción reflexiva. La transición habrá de
conformarse desde los horizontes del análisis, reflexión y crítica como
competencias profesionales de los integrantes del cuerpo académico, estos signos
hablan realmente de las competencias profesionales de un docente integrado a
cuerpos académicos.

Habermas considera que el modelo con el cual hay que pensar la acción social no
es ya el de una acción subjetiva orientada por fines egoístas de sujetos
individuales, sino el de una acción orientada al entendimiento en el cual los sujetos
coordinan sus planes de acción sobre la base de acuerdos motivados
racionalmente, a partir de la aceptación de pretensiones que apelan a una
estructura dialógica del lenguaje como fundamento del conocimiento y de la
acción, donde la racionalidad está dada por la capacidad de entendimiento entre
sujetos capaces de lenguaje y acción mediante actos de habla cuyo trasfondo es
un mundo de la vida.

4
Para la acción comunicativa, lo genial “no es la relación de un sujeto solitario con
algo en el mundo objetivo, que pueda representarse y manipularse, sino la
relación intersubjetiva que entablan los sujetos capaces de lenguaje y de acción
cuando se entienden entre sí sobre algo” (Habermas 1992a, 489). Los sujetos se
entiende sobre algo se salen al encuentro desde su propio mundo de la vida que
intersubjetivamente comparten “este viene delimitado por la totalidad de las
interpretaciones que son presupuestas por los participantes como un saber de
fondo” (Habermas: 1989, 31). El mundo de la vida resulta propicio para quienes
participan en la comunicación, alude a lo cotidiano, es el horizonte en donde se
dan las acciones humanas, es el mundo en el que vivimos como actores, cualquier
acto vital adquiere sentido si la explicamos desde el mundo de la vida, “es sólo en
el mundo de la vida, donde es posible el encuentro dialógico de cualquier
comunidad. (Habermas, 1987, p. 31)

Para que los sujetos que actúan comunicativamente puedan entenderse entre sí,
sus interpretaciones han de estar siempre en el horizonte de un mundo de la vida,
por representar el trasfondo aproblemático de donde se obtienen las pretensiones
de validez para la consumación de un acuerdo. Así la racionalidad del mundo de la
vida puede caracterizarse ante todo en la dimensión acuerdo normativamente
adscrito vs. entendimiento alcanzado comunicativamente, se constituye en el
trasfondo desde donde los sujetos se salen al encuentro y se ponen de acuerdo.
La acción comunicativa, es un concepto complementario al mundo de la vida,
desde el cual y sobre el cual puede producirse la reproducción simbólico-social en
acciones lingüísticamente mediadas, en este sentido el mundo de la vida
representa una perspectiva interna como el punto de vista de los sujetos que
actúan y la acción comunicativa puede considerarse como algo que ocurre dentro
del mundo de la vida, es el lugar donde se encuentran el hablante y el oyente,
donde de modo recíproco se plantean pretensiones de validez, desde donde
pueden criticar la validez de lo que dicen como discurso a través de sus
pretensiones, le dan congruencia lógica a sus posibles discrepancias con el apoyo
de la argumentación y puedan llegar a acuerdos, es el espacio donde los actos de
habla se constituyen en un dispositivo fundamental.
5
Para Habermas, el acto de habla es un tipo de acción. No es una acción
independiente, aunque posea cierta autonomía, sino que necesita de una
fundamentación, “esta acción es una acción social, esto es lo que garantiza que la
fundamentación no sea concluyente”. (Habermas 1987, p. 397), representa "el
mecanismo de coordinación de la acción", (Habermas, 1987, p. 143-147). Los
actos habla como manifestación lingüística corresponden a la teoría de la acción
comunicativa, para ello Habermas distingue los actos de habla de otros tipos de
actos no lingüísticos. La función de los actos de habla es dar a conocer la
intención del agente. Esto implica que un oyente puede saber por el contenido
semántico de la emisión cómo se está empleando la oración emitida, es decir, qué
tipo de acción se está ejecutando con ella. Si tiene éxito el acto de habla, la acción
comunicativa termina en el consenso, por lo que hay que estudiar "cuáles son las
condiciones que debe satisfacer un consenso conseguido comunicativamente para
que pueda tener las funciones de coordinación de la acción" (McCarthy, 1987, p.
398).

Con el acto de habla, los sujetos no sólo son capaces de conocimiento, también
de acción, lenguaje y comunicación, los hablantes están en el umbral de la
comunicación interpersonal, establece las condiciones concretas que posibilitan la
comunicación desde el horizonte del entendimiento que conduce a la noción de
intersubjetividad. El acto de habla adquiere su fuerza ilocucionaria en las tomas de
postura que un oyente hace frente a las posibles pretensiones de validez, si esto
tiene cumplimiento el “hablante puede actuar ilocucionariamnete sobre el oyente y
éste a su vez actuar ilocucionariamente sobre el hablante porque las obligaciones
típicas de los actos de habla van asociadas con pretensiones de validez
susceptibles de examen cognitivo” (Mc Carthy, 1987, p. 363) , ésta es ya una
relación interpersonal de entendimiento orientada al acuerdo y el consenso. La
acción comunicativa se aleja de la perspectiva monológica, más bien conduce a
un horizonte dialógico, en donde supone ya un hablante y un oyente que se ponen
de acuerdo sobre un estado de cosas. La actuación del habla en el mundo se ve
sustituida por la acción concreta intersubjetiva de los agentes lingüísticos.

6
La racionalidad comunicativa que Habermas propone se relaciona en cómo los
sujetos que tienen capacidad de lenguaje y de acción hacen uso del conocimiento,
de esta forma marca una diferencia en cuanto que en las emisiones lingüísticas se
expresa explícitamente un saber y en las acciones teleológicas se expresa una
capacidad, un saber implícito, la primera observación es que ambas encarnan un
saber en diferente situación que puede ser criticado por su falta de fiabilidad, de
aquí depende la racionalidad de la emisión o manifestación, esta orientación indica
que ambas son susceptibles de crítica. La “racionalidad de las emisiones o
manifestaciones se mide por las reacciones internas que entre sí guarda el
contenido semántico, las condiciones de validez y las razones que en el caso
necesario puedan alegarse a favor de la validez de esas emisiones o
manifestaciones, a favor de la verdad del enunciado o de la eficacia de la regla de
acción” (Habermas, 1982, p, 26) , la racionalidad comunicativa resulta ser más
amplia por recurrir a la argumentación como reflexión y como pretensión de
validez del discurso, es una validez que se apoya en un saber proposicional con
fines comunicativos, esta situación se va caracterizando por el consenso, un acto
de habla argumentativo en el que se puede observar la superación de los puntos
de vista de los sujetos que hasta antes de la argumentación su saber era
aproblemático, el rasgo de argumentación viene a posibilitar que los participantes
en la comunicación puedan entenderse sobre algo que existe. Así lo que existe
puede ser racional y este rasgo lo puede obtener ( “una afirmación si el hablante
cumple condiciones para el logro de un fin ilocucionario de entenderse sobre algo
en el mundo al menos con otro participante en la comunicación” Habermas, 1982,
p, 28).

Esta perspectiva sólo es la racionalidad que los CA han de guardar, para abordar
el conocimiento, desde el planteamiento de La Crítica de la Razón Pura, es
inexcusable realizar un examen de las condiciones trascendentales que posibilitan
el conocimiento a través de una crítica epistemológica del conocimiento que se
discute y produce al interior del cuerpo académico. Es una crítica reflexiva que en
la perspectiva de Kant, sólo puede darse como una reflexión de tipo trascendental.
Se alude a “trascendental todo conocimiento que se ocupa, no tanto de los
7
objetos, cuanto de nuestro modo de conocerlos, en cuanto que tal modo ha de ser
posible a priori. Un sistema de semejantes conceptos se llamaría filosofía
trascendental” (Kant 1996, 58). El propósito de la actividad crítica-reflexiva es
comprender e interpretar el conocimiento que se produce. “Razón significa a la vez
voluntad de razón. En la autorreflexión, el conocimiento por mor del conocimiento,
viene a coincidir con el interés por la autonomía. El interés emancipatorio del
conocimiento tiende a la consumación de la reflexión como tal. Así en la fuerza de
la autorreflexión el conocimiento y el interés son uno” (Habermas 1982, 177).

El problema de la emancipación pasa a orientarse, entonces, hacia la búsqueda


de una comunicación libre de dominio que engendre las condiciones necesarias
para una intersubjetividad sin coacciones. “La subjetividad de la naturaleza,
todavía encadenada no podrá ser liberada hasta que la comunicación de los
hombres entre sí no se vea libre de dominio. Sólo cuando los hombres
comunicaran sin coacciones y cada uno pudiera reconocerse en el otro, podría la
especie humana reconocer a la naturaleza como un sujeto y no sólo, como quería
el idealismo alemán, reconocerla como lo otro de sí, sino reconocerse en ella
como en otro sujeto” (Habermas 1992b, 63).

La transición concreta a la producción de conocimiento.

Todo agente que actúe comunicativamente tiene que entablar en la ejecución de


cualquier acto de habla pretensiones de validez para alcanzar un entendimiento, el
logro no es más que la producción de conocimiento del cuerpo académico; en
principio los profesores han de compartir una LGAC, elegir algo inteligible para
entenderse entre sí. Lo inteligible está determinado por el saber proposicional y
por un perspectiva epistemológica constituida mediante actos de habla orientados
al entendimiento. Cada miembro se ha de proponer comunicar un contenido
proposicional; para que el interlocutor pueda compartir el saber del hablante, el
hablante tiene que querer expresar sus intenciones de forma clara. Es decir las
pretensiones de validez que cada hablante antepone han de ser pretensiones
planteadas con razón argumentativa. Esta vía lleva al entendimiento que descansa

8
en el acuerdo de un saber compartido. El acuerdo ha de concluir con en las
pretensiones de validez. “La razón nos motiva a reconocer la pretensión de validez
de una afirmación” (Habermas, 2001, p. 141), aquí el mundo de la vida cobra
relevancia entre los hablantes, porque lo hacen descansar en pretensiones de
validez.

Para concluir: un miembro del CA que está en condición de hablante, se


encuentra en potencia de manifestar una afirmación que en principio ha de
proponerse ser comunicativa. Su aseveración incorpora un saber fiable, es un
intento que puede fallar, además de ser susceptible de crítica; un miembro del CA
puede poner en tela de juicio la afirmación y dudar de su autenticidad. La crítica
tiene la obligación de integrar una pretensión de validez, ésta ha de ser pertinente,
ahí radica la fuerza ilocucionaria del acto o actos de habla de quien participa en el
diálogo, ésta es la vía para llegar a un acuerdo; en esta dialéctica se manifiesta la
capacidad de lenguaje y comunicación de los hablantes. La actitud de los
hablantes ha de ser cooperativa para lograr el consenso que indica el éxito de la
acción comunicativa. Si esto sucede en los cuerpos académicos, puede esperarse
producción de conocimiento, su ausencia es “apapachar” una lógica de fines y
medios.

Referencias Bibliográficas

 Adorno, T. y M. Horkheimer. (1994). Dialéctica de la Ilustración. Madrid:


Trotta.
 Habermas, J. (1982). Conocimiento e Interés. Madrid: Taurus.
 Habermas, J. (1989). El Discurso Filosófico de la Modernidad. Madrid:
Taurus.
 Habermas, J. (1992b). Teoría de la Acción Comunicativa Vol. I. Madrid:
Taurus.
 Habermas, J. (1992b). Ciencia y Técnica como Ideología. Madrid: Técnos.
 Habermas, Jürgen. (2001). Teoría de la Acción Comunicativa:
Complementos y Estudios Previos. Madrid: Cátedra.

9
 Kant, I. (1996). Crítica de la Razón Pura. México: Alfaguara.
 Mc Carthy, (1987). La teoría crítica de Jürgen Habermas, Tecnos: Madrid.

10